LAS MENTIRAS DE LA POLICÍA NACIONAL
galiboc@tigo.com
Como a usted, a mí también me costó creer que un grupete de policías entusiastas atracara a balazos, por su cuenta y riesgo, un local privado. Eso no existe, obedecieron órdenes. Pero ¿quién las daría? Ningún jefe policial se jugaría su carrera dando una instrucción tan temeraria como la de asaltar violentamente la sede de un partido opositor. Eso es tan bárbaro que necesariamente tendría que provenir de una indicación precisa del más alto nivel nacional.
Hasta a un ingenuo como yo escandalizó la indolencia del Ministerio Público a la hora de investigar el origen de la orden que terminó con el asesinato de un joven. A los fiscales debería caérseles la cara de vergüenza, porque los datos más relevantes fueron aportados por la querella adhesiva y no por ellos.
Pero lo que superó mi inocencia fue la transcripción de las conversaciones radiales entre los jefes policiales y sus subalternos que dicha institución entregó a la Fiscalía. La grabación se inicia a las cero horas del 1 de abril, cuando en el centro de la ciudad había todavía algunos focos de conflicto, aunque los últimos enfrentamientos estaban ocurriendo en las calles cercanas al local del PLRA. En esos primeros 25 minutos se registran 216 comunicaciones, lo que demuestra el interés de los comandantes por lo que estaba sucediendo. Pero súbitamente las llamadas cesan justo unos diez minutos antes de la muerte de Rodrigo Quintana, ocurrida a las 0.34 horas, segundos después del ingreso de los policías.
Ese silencio ilógico dura casi media hora; es decir –según la Policía–, en el momento crucial, el tema dejó de interesar a quienes hasta entonces habían estado tan activos por radio. Nadie habla, nadie averigua qué pasa con la persecución a los manifestantes liberales, nadie da ninguna orden. ¿Estarían cenando los jefes policiales? ¿No se les ocurrió mirar sus redes sociales? ¿No escuchaban ninguna radioemisora? Porque –según ellos– simplemente dejaron de hablar del PLRA justo cuando sus agentes invadían a balazos su local y ejecutaban a un militante opositor. Curiosamente, hubo una comunicación que revela que los equipos funcionaban: alguien informó sobre un caballo muerto en la vía pública. Minutos antes de la una de la madrugada se vuelve a escuchar una conversación surrealista: uno de los jefes pregunta cómo están las cosas en el PLRA y recomienda no ingresar. Hacía media hora que los policías habían entrado, matado y abandonado sin auxiliar al joven. Según los superjefes nadie en la Comandancia se enteró de lo sucedido. Al ex comandante Críspulo Sotelo lo entiendo, estaba contestando tantas llamadas de José Ortiz y Luis Canillas que no le quedaba tiempo de enterarse de nada.
La defensa de Quintana evidenció que en el archivo magnético –no en la transcripción escrita enviada por la Policía– se descubren 131 comunicaciones claves borradas y que la orden tardía de no ingresar habría sido producto de un burdo montaje. Si esto es cierto, es terrorismo de Estado. Pero lo más espantoso es que los fiscales que tienen que investigarlo están más asustados que nosotros.
Fuente: UH - ÚLTIMA HORA (Online)
Sección: Opinión
Sábado, 26 de Agosto de 2017
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