ÓSCAR CREYDT, EL DIVULGADOR CIENTÍFICO
(Parte II)
Por RICCARDO CASTELLANI
El autor de este artículo pone en contexto la singular y postrera obra de Óscar Creydt, titulada “Del universo inconsciente a la formación del trabajador consciente racional” y publicada en 1987, ofreciendo un resumen del texto y una crítica a sus ideas.
La segunda parte de la obra que estamos comentando está dedicada a la formación y evolución de los sistemas vivientes. Comienza con la crítica a las definiciones de vida que ponen énfasis en la reproducción.
En lugar de asignarle una finalidad, asegura que lo esencial de la vida es la vida misma: el trabajo que efectúa el ser viviente al explotar los recursos del medio para autosustentarse.
La reproducción no sería el objetivo de vivir, sino una optimización. Llegado a cierto nivel de desarrollo, resulta más práctico subdividirse y continuar el trabajo en forma dispersa.
El otro dogma que ataca Creydt es el del papel regulador del ADN como órgano genético. Para el autor, el ADN no sería más que un molde para las cadenas de ARN, utilizadas por los ribosomas para la reproducción de proteínas.
Los cambios en su estructura no dependerían de la mutación y selección del medio, sino del trabajo reorganizador de las propias enzimas, produciendo nuevas variantes y nuevas especies para una mejor explotación del medio. En los organismos unicelulares, que son capaces de reproducirse por división, los nuevos caracteres persisten al copiarse a sí mismos.
En los organismos pluricelulares, más complejos, es necesario un paso previo: la reducción del sistema viviente a una célula, el ovum, que contiene el poder y los componentes necesarios para reconstituir el sistema entero.
La evolución no se da así por herencia y mutaciones aleatorias, sino por la persistencia del sistema viviente, incluidas sus variaciones tecnológicas de trabajo, en esa reducción de sí mismo que es el ovum.
En concordancia con su crítica a la herencia genética, los últimos capítulos del libro muestran de qué forma la actividad de los sistemas vivientes acaba por dar lugar al ser humano.
El factor principal de la evolución será el modo de explotación del medio. Un sistema viviente es “la materialización estable de una determinada ‘tecnología’ exploratoria de un medio específico”.
Cuando el medio o el modo de trabajo cambian, las variaciones se transmiten al ovum, persistiendo en las próximas generaciones.
En las criaturas con cerebro, este órgano cumple un papel fundamental en la transmisión de nuevas tecnologías. Cuando una población se ve en la necesidad de cambiar su modo de trabajo, es el cerebro el que dirige y promueve los esfuerzos necesarios.
Este órgano habría surgido a causa del modo de trabajo de los hemicordados, animales semejantes a gusanos que perforan el fondo marino con la cabeza. En esta especie se formaron los rudimentos del cerebro y la columna vertebral.
Fuera del mar, es la vida arbórea, que exige desplazamientos esforzados y seguidos, además de precisión y rapidez, la que servirá de base a los linajes más exitosos de la tierra: el de los reptiles, del que evolucionarán las aves, y el de los mamíferos, del que evolucionará el humano.
En los mamíferos, la exploración de los árboles dará lugar en diversas especies al movimiento braquiante: la utilización de manos en lugar de piernas para el desplazamiento por las ramas. Este movimiento genera naturalmente dos variaciones, la bipedia braquiante, combinación de brazos y piernas, y la bipedia libre con postura erecta.
En los primates, la exploración intensiva del suelo boscoso será determinante para la aparición de especies exclusivamente bípedas. La postura permanentemente erecta, con la cabeza libremente movible sobre la columna, ejerce una notoria influencia en las vocalizaciones, un cambio en la fonética que permitirá la formación del lenguaje.
Durante millones de años, los antepasados del ser humano fueron desarrollando las características que los distinguirían de los primates, generando un nuevo nivel de la evolución animal. (1) El trabajo planificado, que extenderá el razonamiento a todo su comportamiento; (2) el trabajo colectivo, que dará paso a la sociedad; (3) el empleo de instrumentos; (4) el uso del lenguaje para la comunicación social y el razonamiento y (5) la influencia predominante del cerebro, desdoblado en hemisferios especializados.
Con el dominio del fuego, la humanidad dio el salto revolucionario a la organización en familias. Con el tiempo, las organizaciones de parentesco generaron gradaciones en los grupos: los adultos adquirieron un rango superior.
Los hombres viejos y adultos formaron luego asociaciones masculinas excluyentes. Por su influencia, las organizaciones familiares dieron paso a una formación de nivel superior, la tribu, en la que aparecieron las primeras justificaciones ideológicas para validar la organización: las mitologías.
Las tribus pasarán de la recolección a la producción agrícola y a la vida sedentaria. Ya en el Neolítico, la diferenciación social y económica comenzó a acentuarse y, en la Edad de Hierro, la acumulación de recursos en manos de una minoría “generó la posibilidad objetiva de utilizar a los propios seres humanos como instrumentos para aumentar la producción en escala creciente y crear un sobreproducto útil”.
Con la aparición de formas de servidumbre, los humanos instrumentalizados ya no trabajarán (es decir: ya no vivirán) para sí y los suyos, sino para la minoría dominante. Esta desviación suprime la dignidad propia del ser humano. “Este hecho lamentable no es anulado por el hecho de que millones de hombres y mujeres que alquilan su fuerza de trabajo lo consideran todavía como una relación acorde con su dignidad humana. Sin esta ideología de conformidad […] el sistema del trabajo por salario no podría funcionar”.
La jerarquización cada vez más marcada, con caracteres sacerdotales, tenderá a formar un aparato burocrático separado que se eleva por encima de la sociedad, dando nacimiento al Estado, que para asegurar su dominio formará fuerzas armadas de represión.
Con parte de la humanidad convertida en objeto de explotación, la sociedad generó su propio contrario: la esclavitud. Esta situación, que se mantiene en el capitalismo actual, dura ya unos miles de años. Sin embargo, insiste Creydt, la naturaleza humana, formada en el curso de millones de años, solidaria, cooperativa y social, terminará por imponerse a los factores antihumanos de la situación que estamos viviendo.
(1) Una ontología basada en el radión parece tan abstracta como la nube de electrones y el campo cuántico que critica, con el agravante de que no explica nada nuevo y deja más lagunas que certezas.
(2) Su sistema de evolución retrocede al lamarckismo del siglo XVIII y parece cargar con el bagaje del tristemente célebre Trofim Lysenko, quien llevó la biología soviética por ese camino durante décadas con el apoyo de Iósif Stalin.
(3) Su sección de antropología comete el error común de considerar la evolución de Occidente como el modelo para todas las demás culturas. Aunque él mismo constata que la cultura guayakí del Paraguay difiere del capitalismo, no la considera contemporánea a este sistema, sino prehistórica.
En cuanto a las virtudes del libro, la más importante está señalada en la conclusión: “La lucha contra el dogmatismo en sí misma puede ser útil para el avance de la humanidad en todos los frentes. (…) Liberar la mente es condición necesaria para comprenderla y cumplir con nuestros deberes históricos”.
Estudiantes de física, química, biología y antropología necesitan aceptar sin reflexión un gran conjunto de teorías para avanzar en sus carreras, acarreando de polizones un contingente de sesgos políticos.
Por otra parte, el esfuerzo por encontrar la continuidad de estos campos de estudio, cada vez más dispersos y especializados, es también una tarea necesaria.
Yendo al detalle, la ontología del radión, surgida de una multiplicidad indiferenciada (la radiación de fondo) y constituida ella misma por una relación, da paso a una filosofía de la composición que resuena con Baruch Spinoza y sus continuadores, permitiendo actualizar su ética en un lenguaje actual.
En la segunda parte del libro, su aseveración de que la vida se tiene a sí misma como fin, demostrada a partir de la actividad constante de autopoiesis de los seres a partir de los materiales del medio en el que se establece, puede pensarse desde la simbiogénesis.
La teoría de simbiogénesis de Konstantin Merezhkovsky, con Lynn Margulis como principal desarrolladora e impulsora, podría dar un camino alternativo para la explicación de la evolución, desplazando el papel rector del ADN y la lucha malthusiana por la vida, reemplazándolos por la solidaridad y la creatividad.
En la última parte, la importancia de la tecnología como propiciadora de cambios puede pensarse junto al concepto de cosmotecnias del pensador chino Yuk Hui, que da una salida al problema de una sola línea histórica. Creydt mismo, aunque luego describa la historia como un proceso unificado, anota que los caminos de la evolución pueden ser muy variados y no todos llevan a la misma tecnología exploratoria.
Una filosofía del ser como relación y de la evolución por composición. Una afirmación de la vida como trabajo por la vida. Una posibilidad de fuga del capitalismo apostando por la solidaridad. “Del universo inconsciente a la formación del trabajador consciente racional” está poblado de falencias, pero estos tres puntos son suficientemente valiosos para darle una oportunidad.
Fuente: www.lanacion.com.py
Domingo, 22 de Enero de 2023
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