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DAVID FERNÁNDEZ


  LA HEREJÍA DE SEGUIR A JESÚS - INTRAHISTORIA DE LAS LIGAS AGRARIAS CRISTIANAS DEL PARAGUAY (DAVID FERNÁNDEZ)


LA HEREJÍA DE SEGUIR A JESÚS - INTRAHISTORIA DE LAS LIGAS AGRARIAS CRISTIANAS DEL PARAGUAY (DAVID FERNÁNDEZ)

LA HEREJÍA DE SEGUIR A JESÚS

INTRAHISTORIA DE LAS LIGAS AGRARIAS CRISTIANAS DEL PARAGUAY

por  DAVID FERNÁNDEZ .

Primera Edición

IEPALA Editorial, Madrid, España, 2003.

Arandurã  Editorial,

Asunción, Paraguay, Abril 2006(315 páginas)

Telefax (595 21) 214 295

e-mail: arandura@telesurf.com.py

www.arandura.pyglobal.com

Asunción, Paraguay, Abril 2006(315 páginas)

 

PRÓLOGO DE LA PRESENTE EDICIÓN

"La verdad no siempre es bella,

pero sí lo es, su búsqueda ".

(Godimer)

El mismo día en que un juez, aquí en el Paraguay, hacía conocer la sentencia de que las tierras pertenecientes a las Ligas Agrarias Cristianas, de la Comunidad de San Isidro del Jejuí, en la Diócesis de San Pedro Apóstol, retornaban a sus dueños originales luego de 30 años de usurpación y despojo, ese mismo día he recibido una llamada telefónica de don José Gil, pidiéndome que hiciera la presentación a la edición en Paraguay del libro LA HEREJÍA DE SEGUIR A JESÚS: INTRAHISTORIA DE LAS LIGAS AGRARIAS CRISTIANAS DEL PARAGUAY.

Cada vez que pasaba por Misiones, Cordillera, Caaguazú, y sobre todo al pasar por más de diez años por Susana, como lo llamaban en aquel tiempo al lugar cercano donde estaba asentada la comunidad de San Isidro del Jejuí y ver el rancho con la bandera paraguaya de don Apolo, enclavada a la vera del camino como esos profetas de esperanza mirando en cada amanecer a las tierras que les pertenecían y en justicia les pertenecen, me preguntaba: qué hubiera pasado, cómo sería el presente, si aquel fatídico febrero de 1975 la dictadura militar de Stroessner no los hubiera asaltado intentando destruir de raíz aquella experiencia de vida comunitaria. Creo que aquí valen las palabras del Apóstol San Pedro, "si esto es de Dios continuará, y si no es de Dios acabará" y allí están las experiencias de las Ligas Agrarias Cristianas en San Pedro, florecidas en las más de mil Comunidades Eclesiales de Base, en las Organizaciones Campesinas, en los grupos sociales que siguen soñando como nuestros ancestros el YVY MARANE’Ỹ (LA TIERRA SIN MAL).

Para los que vivimos en el Paraguay y tenemos cierta sensibilidad y memoria social, escuchar hablar de las Ligas Agrarias Cristianas, es hacer presente un aspecto importante de nuestra historia reciente, tanto de la Iglesia como de la sociedad, por esto nos alegra hoy encontrarnos ante el libro del doctor DAVID FERNÁNDEZ: LA HEREJÍA DE SEGUIR A JESÚS: INTRAHISTORIA DE LAS LIGAS AGRARIAS CRISTIANAS DEL PARAGUAY.

Lo importante de este libro, no es que sea un escrito más, sino sobre todo porque desde su sugestivo título, La herejía de seguir a Jesús, presenta una experiencia religiosa, social, económica, política e histórica desde los aparentemente vencidos a los ojos del poder, pues en cuanto a las Ligas Agrarias Cristianas del Paraguay creo que todavía no se ha dicho la última palabra, y este libro es un gran aporte para las Iglesias Cristianas, para los movimientos sociales, agrarios, políticos, etc.

Además el autor rescata la gran riqueza de la tradición oral elevándola al rigor científico, valorando de esta manera los testimonios de los así llamados LIGARÉ (ex miembros de las Ligas Agrarias Cristianas), quienes algunos de ellos son verdaderos testigos vivientes de nuestra historia reciente.

Algunos podrán encontrar en el libro ausencias, falencias, lagunas, incluso críticas, pues creo que no ha sido intención del autor agotar el tema, pero sí desde una opción bien clara, hacer nos saber desde los más desprotegidos de la historia, desde los vencidos, desde el reverso de la historia, la experiencia vivida por los mismos protagonistas, como la fuente primera de este libro.

Aquí se presenta una gran verdad, la verdad desde los pobres, la verdad de los perseguidos, la verdad de los acallados, de los silenciados y postergados por tantos años, y encuentro en este libro la voz de los sin voz.

Finalmente me alegra este libro y lo recomiendo vivamente, no solamente a los campesinos, sino a los estudiantes, a los agentes de pastoral, a los intelectuales, porque en nuestra historia, ningún gobierno, y no exagero, ningún gobierno ha optado por la clase campesina como sujeto, digo bien, sujeto de organización y liberación, construyendo su propia historia. Y justamente aparece cuando el campo se está convirtiendo en la patria sojera que expulsa a los campesinos de su hábitat natural y les obliga a andar deambulando como parias en las periferias de nuestras ciudades.

No quisiera terminar esta presentación, sin antes, desde estas páginas rendir mi homenaje y reconocimiento a los verdaderos autores del libro que hoy ya no están con nosotros.

Mons. FERNANDO LUGO MÉNDEZ svd

Obispo Emérito de San Pedro Apóstol

Paraguay

 

 

PRÓLOGO DE LA EDICIÓN ESPAÑOLA

El presente estudio representa una novedad en el campo de la investigación acerca del papel de los movimientos religiosos en la historia reciente de América Latina, y en particular de Pa raguay. Por un lado, se trata de un trabajo con una metodología histórica poco frecuente, la del testimonio oral. Se parte de una concepción de la historia lejana a la de los vencedores, buscando presentar el testimonio de grupos que fueron protagonistas di-rectos de los hechos, pero que normalmente no tienen acceso a la historia. David Fernández está cercano, quizás sin un conocimiento explícito ni directo, de la concepción de la historia de Walter Benjamín. El tiempo histórico nace en la conciencia del historiador y en los protagonistas. El relato histórico no se puede identificar sin más con el pasado, ya que una cosa es lo que real-mente ocurrió y otra lo que se cuenta, siempre desde la perspectiva asumida para hablar del pasado, seleccionar en él e interpretarlo. Desde ahí surge la pluralidad de perspectivas históricas, sien-do el enfoque oficial, preferentemente, el de los vencedores, que relegan a los vencidos a mera nota a pie de página al ofrecer la versión de los que han triunfado.

David Fernández, doctor en Historia, es consciente del significado hermenéutico del relato sobre el pasado y de la pluralidad de enfoques, así como del carácter "ideológico", en el sentido fuerte marxista del término, de la presentación que hacen los vencedores. También está cercano a Walter Benjamín en el enfoque ético político, que le lleva a preferir la visión de los vencidos para hablar de los acontecimientos del pasado. Benjamín resalta el carácter discontinuo de la historia, alejándose tanto del positivismo historiográfico como de la dialéctica cientificista marxista, para resaltar el significado de la memoria, la deuda que tenemos en el presente con las víctimas y la importancia de captar el sentido de la historia desde los conflictos, en contra de la linealidad teleológica del progreso que adoptan los historia-dores. Los protagonistas de este libro son los vencidos, que nos colocan ante nuestra responsabilidad histórica, y la de algunas instancias, como la Iglesia institucional. Buscan clarificarnos acerca de la deuda que tenemos contraída. Fernández, como Benjamín, pretende rememorar lo que ocurrió, desde un presen-te que ético políticamente se vuelve hacia atrás. Se potencia así la identidad histórica, al clarificar sus raíces, y se ponen las bases de la transformación del pasado, en cuanto que no está cerrado, sino que es una semilla que tiene que generar un compromiso presente, a la luz de lo que pudo ser y no fue.

Las famosas tesis sobre la historia de Walter Benjamín se inspiran en la teología, viendo en la religión una fuente de significado para la comprensión de los acontecimientos. Fernández nos cuenta aquí el papel de los cristianos de a pie en los movimientos sociales campesinos de Paraguay durante la década de los sesenta y de los setenta. Su metodología es también original, la fuente oral, el testimonio directo de los participantes, que debería ser, al menos, un complemento fundamental de los textos escritos. El autor ya empleó esta metodología en un estudio excelente, "La `Iglesia' que resistió a Pinochet" (Madrid, IEPALA Editorial, 1996) y vuelve a utilizarlo en el presente estudio. La entrevista directa se refleja en el texto, con un lenguaje oral, espontáneo y coloquial lleno de fuerza y colorido para los lectores. De esta forma, el estudio histórico se convierte también en un testimonio de primera mano, en una "fuente" historiográfica que tendrán que valorar los historiadores a la hora de contar la moderna historia social de Paraguay y el papel de los movimientos religiosos en la década de los años sesenta y setenta.

El tiempo en el que se centra este estudio es de especial interés para comprender la evolución reciente de Paraguay. Por un lado, la asamblea general de los obispos latinoamericanos en Medellín, marca un hito para la Iglesia en América Latina. Es el evento eclesial más importante de la Iglesia católica, no sólo en América Latina, sino en general, después del concilio Vaticano II. A partir de ahí, comienza un proceso de concientización y de protagonismo creciente en el ámbito político. Se desarrolla una doctrina social que lleva a la denuncia de las injusticias sociales en el subcontinente, de los abusos a los derechos humanos, y del papel de los gobiernos, especialmente las dictaduras, en el mantenimiento de un orden sociopolítico represivo para la mayoría de la población. Esta toma de conciencia global en el subcontinente tiene repercusión inmediata en Paraguay. 1969 es un año clave en el que hay expulsiones de sacerdotes, ataques a la Iglesia institucional y enfrentamientos entre la jerarquía y el Estado, sobre todo a partir del nombramiento de Ismael Rolón como arzobispo de Asunción en 1970. El arzobispo, con el aval moral de los obispos paraguayos, se negó a asistir a las reuniones del Consejo de Estado, del que formaba parte según la Constitución paraguaya. La causa fue los graves enfrentamientos entre la jerarquía y el Estado, y las consiguientes expulsiones de sacerdotes por parte de las autoridades.

Este conflicto institucional y jerárquico tenía como trasfondo el papel de laicos, religiosos y sacerdotes en el movimiento de las Ligas Agrarias Cristianas, dentro del cual se habían integrado movimientos de Acción Católica desde 1968 y en el que jugaban un papel importante representantes del "Departamento de Laicos" del Consejo Episcopal Latinoamericano. Muchos militantes de las JAC y sacerdotes, así como líderes campesinos de la tercera orden franciscana y simpatizantes de la Democracia Cristiana se integraron en movimientos campesinos de base cristiana y en comunidades de base. Las Ligas Agrarias se extendieron en el ámbito de Asunción, Misiones y Encarnación, para luego expandirse hacia Concepción, Coronel Oviedo y el norte del país. Estas Ligas Agrarias se convirtieron en el núcleo de la resistencia de los campesinos ante los abusos de patrones y autoridades, siendo objeto de persecución policial y de enfrentamientos con otros grupos paramilitares y subordinados al gobierno. De ahí la importancia que asumió el movimiento como catalizador de la resistencia a la dictadura de Stroessner y la repercusión que tuvo el conflicto. Especialmente, en Brasil y en Uruguay, cuyas iglesias apoyaron en diversas ocasiones a la paraguaya y denunciaron la represión que se estaba ejerciendo por parte del gobierno.

Finales de los sesenta y comienzo de los setenta marca el apogeo de las protestas del campesinado y la mayor convergencia entre la iglesia oficial y las organizaciones agrarias. En el campo de los medios de comunicación social juega un papel relevante la Revista Acción de la Compañía de Jesús, que en diversos números se hace eco de la situación explosiva del campo, de los abusos gubernamentales, de la irrupción de fuerzas para-policiales, controladas por los hacendados, y de algunas políticas de control establecidas a nivel oficial. Entre ellas destacó la campaña de planificación familiar, que intentaba encubrir la estructura social dominante y amortiguar la resistencia del campesinado por medio de una disminución controlada del incremento demográfico. También jugó un papel importante la revitalización de la conciencia indigenista, de amplio arraigo en la población paraguaya. Se reivindican sus derechos anteriores al Estado nacional y su identidad colectiva, amenazada por la expansión de las haciendas. En estos años se denunció la creciente tendencia expansiva de la colonización agrícola, favorecida tanto por el Gobierno como por las multinacionales, con la secuela de genocidios, crímenes y abusos a los derechos humanos que llevó consigo. En estas décadas hubo grupos de indígenas que fueron utilizados por las autoridades y hacendados para perseguir, expulsar y asesinar a tribus y familias que obstaculizaban la expansión económica oficial. Es lo que ocurrió con los guayakíes, que fueron expulsados de sus tierras, tras una auténtica caza al hombre, integrados en una colonia y diezmados en ella por enfermedades, sin contar con medios sanitarios ni recursos para defenderse. Desde el punto de vista eclesial se pusieron así las bases de la pastoral indígena, tomando distancia de la comprensión europea del indígena, que era objeto de evangelización pero no protagonista de ella.

Las Ligas Agrarias son también el resultado de una politización de la población guaraní. Esta tomó conciencia de cómo los programas de colonización gubernamentales mandaban a los campesinos a tierras improductivas, remotas y poco accesibles, para evitar una reforma social en profundidad que pusiera coto a los latifundios. Aproximadamente el tres por ciento de los terratenientes controlaban el 75% de la tierra fértil del país, mientras que muchos campesinos trabajaban en tierras difíciles y áridas, de las que además no eran propietarios, sino sólo usufructuarios provisionales y sin títulos. Los militares y el Partido Colorado estaban ampliamente representados en el grupo de los grandes terratenientes, lo cual explica el carácter represivo y expoliador de la política agraria oficial. Esta estructura clarifica también el escaso interés del campesinado por el ahorro y las inversiones productivas, ya que el incremento de la riqueza de sus tierras hacía que éstas se convirtieran en apetecibles para los latifundistas, que esperaban sólo una revalorización del suelo para apropiarse de él.

La autoeducación campesina es la otra cara de la toma de conciencia de la explotación existente, así como del carácter de la alienación como fenómeno no sólo socioeconómico sino también cultural. Esta concientización fue también un resultado de la catequesis masiva del campesinado, fruto del trabajo de laicos cristianos que encontraron en la Biblia un texto fundamental para el análisis de su propia realidad. Los frutos de la teología de la liberación, que oficialmente comienza en 1968, se dejaron sentir pronto en las vanguardias cristianas del campesinado, sobre todo en los que militaban en organizaciones campesinas. Esta toma de conciencia pasaba por la exigencia de escuelas bilingües para los campesinos, ya que el desconocimiento del español de muchas familias llevaba consigo un alto porcentaje de fracaso escolar, con lo que la discriminación lingüística se convertía en una dimensión de la exclusión social. Lo mismo ocurría en lo referente a la liturgia eclesial y a la pastoral campesina por la falta de tradición de una lengua guaraní religiosa y el rechazo del guaraní por una parte de la población urbana. La inculturación en la cultura campesina llevaba consigo el aprendizaje de su lengua mayoritaria y ésta se convertía en la plataforma que hacía posible la evolución hacia una iglesia comunitaria en contra del clericalismo tradicional.

David Fernández se centra en su estudio en las ambigüedades de la iglesia oficial, representada sobre todo por los sacerdotes y religiosos, a partir de la indudable opción institucional por los pobres que durante estos años se dio en Paraguay y en buena parte de América Latina. Por una parte, muestra el papel crucial de los representantes eclesiales en la concientización, movilización y organización del campesinado en general, y de las Ligas Agrarias en particular. Por otra, muestra el desconsuelo y las quejas del campesinado cuando se encuentra confrontado a la represión gubernamental y ve que sus dirigentes eclesiales toman distancia de un movimiento que ellos mismos han genera-do, acusando a los dirigentes de las Ligas de radicalismo, de marxistización y de traición a su inspiración religiosa y cristiana. En este sentido, David Fernández se convierte en exponente de la conciencia colectiva de una parte importante de la población campesina acerca del papel de la Iglesia institucional en el surgimiento y desarrollo del movimiento. La dialéctica de represión, reacción radicalizadora y división interna del movimiento es analizada con detalle por el autor, recogiendo testimonios de primera mano de los protagonistas.

El alegato de Fernández es muy valioso en cuanto que ofrece el testimonio directo de protagonistas silenciados. Hubiera cobrado mayor interés si la fuente oral se hubiera ampliado a algunos eclesiásticos, e incluso a políticos, que jugaron un papel en los acontecimientos, aunque su perspectiva fuera desde la ciudad y no desde el campo. La evaluación del movimiento, con sus logros y también con sus fracasos, se enriquece desde la pluralidad y heterogeneidad de los grupos, aunque lógicamente siempre hay que poner un límite a las fuentes, y no siempre los implicados están dispuestos a pronunciarse sobre el pasado. Hubiera sido también interesante esta fuente oral para comprender las divisiones y enfrentamientos que se produjeron dentro de las mismas Ligas Agrarias, y que David Fernández recoge con minuciosidad e interés. Lógicamente este primer estudio no pretende agotar toda la temática y habrá que dejar para ulteriores investigaciones complementos que enriquezcan la obra que comentamos.

Otro de los elementos del estudio que presentamos es el teológico. Desde el primer momento su autor se distancia de la mera historiografía, mucho más de una concepción positivista de la historia, entendida como una acumulación de hechos, para presentar el estudio como una nueva iniciativa de seguimiento religioso. De ahí, que el estudio se presenta desde la perspectiva de la "herejía de seguir a Jesús", dando realce al papel de las comunidades de base como célula fundamental de esta "iglesia campesina" que analiza. El potente desarrollo comunitario de los grupos cristianos integrados en los movimientos sociales se basó en una toma de conciencia de los males del individualismo, muy arraigado en la población guaraní y favorecido por las instancias gubernamentales y, a veces, por los mismos eclesiásticos. La cultura de consumo que se propagaba en los medios de comunicación de masa era también favorecedora del individualismo y destrozaba las raíces comunitarias del campesinado y la cultura tradicional (las fiestas populares, la minga, los lazos de hospitalidad y vecindad, etc.). Se favorecía la yuxtaposición de personas, que favorece el protagonismo de los líderes y de los jefes políticos, respecto de la horizontalidad comunitaria. Esta dinámica era una de las bases de la estructura verticalista y jerárquica de dominio del Partido Colorado, del gobierno y, en general, de la sociedad paraguaya, dentro de la cual hay que comprender a la misma Iglesia.

Este trabajo muestra cómo se leía la Biblia en una clave comunitaria y liberacionista, pasando de la hermandad a la comunidad de base, y haciendo de ésta la célula de resistencia y de concientización del campesinado. La pedagogía que empleaban era la usual de las comunidades de base latinoamericanas: encuentros en que se reflexionaba sobre los hechos de la vida campesina; iluminar las causas estructurales de su marginación y explotación social, haciendo hincapié en los condicionamientos sociopolíticos; y confrontación con la palabra de Dios y la historia de salvación. A partir de ahí surgía la acción transformadora, así como la insistencia en una no violencia activa, que llevaba a buscar la colaboración de los dirigentes eclesiales y la potenciación de las asociaciones y movimientos campesinos. El conflicto se hizo inevitable a partir de la sangrienta represión de Jejuí, en febrero de 1975, en que se diezmaron las comunidades de base de la zona de San Pedro, Tuna y Acaray, en nombre de un pretendido plan terrorista contra el Estado que legitimó la violencia gubernamental contra los campesinos.

El debilitamiento de los lazos comunitarios en favor de los cargos dirigentes, fue una de las causas de la división interna de las Ligas, de los enfrentamientos entre grupos y de la pérdida de potencialidad del movimiento en su conjunto. La rivalidad entre movimientos y asociaciones laicas y campesinas, lo que se llamó el "movimentismo", se convirtió en una de las grandes lacras del campesinado y de las comunidades de base. Estos conflictos internos favorecieron también el neoclericalismo de sacerdotes que asumieron el rol de dirigentes, en lugar de dar protagonismo a las comunidades, y, dentro de ellas, a los oprimidos para que fueran activos en el proceso de liberación. El proteccionismo clerical se convirtió en un elemento más del verticalismo social y eclesial del entorno existente, que amenazaba a las comunidades, siendo también la deserción de muchos sacerdotes el resultado de la potenciación de la comunidad y, a veces, de la radicalización política de sus dirigentes.

Evangelización y socialización van a la par en el proceso de construcción comunitaria, instaurándose una cultura de diálogo y debate interno que es uno de los focos de la democratización política del campesinado. Buena parte de la historia social de América Latina se basa en este binomio de comunidad y Biblia, desde el cual hay que entender tanto la socialización como la evangelización de los guaraníes. Ofrece también la clave para entender algunos de los cambios que se dieron entre los sacerdotes más afectos al movimiento, que abandonaron su papel tradicional cultual y asistencial, en favor del de animador de las comunidades. De esta forma, la comunidad se convirtió en la base de una renovada teología de los ministerios y se pusieron los fundamentos para una renovación en profundidad de la Iglesia. Esta pasaba de ser institución jerárquica y vertical, basada en el binomio clero y laicos, a convertirse en comunión de comunidades, cada una con pluralidad de ministerios y carismas.

Por eso, el estudio que presentamos no es sólo una "intrahistoria de las Ligas Agrarias Cristianas" sino de la misma Iglesia paraguaya, especialmente de la controvertida y denostada "Iglesia popular" o de base, así como del laicado y del campesinado cristiano. David Fernández ofrece aquí una nueva página del seguimiento de Jesús en Latinoamérica, como hizo con la Iglesia de Chile en tiempos de Pinochet, que deberá ser tenido en cuenta a la hora de hacer la historia "oficial" de los últimos cuarenta años. El libro ilustra, conmueve y da que pensar. Se lee con interés, a veces como si se tratara de una novela, e interpela no sólo a creyentes sino también a lectores con sensibilidad social y humana. Una breve pero bien escogida bibliografía final, completa el estudio. Esperemos que tenga la acogida que se merece, no sólo entre los paraguayos y latinoamericanos, sino también en Europa y en España.

JUAN ANTONIO ESTRADA

(Universidad de Granada)

 

 

A MODO DE EPÍLOGO

PALABRAS PARA ABRIR SURCOS

¿Y ahora qué?

Hemos leído la continuación del evangelio de Jesús de Nazaret entre los pobres del Paraguay y fue una lectura desafiante y comprometedora.

Nos desafía en primer lugar a la honestidad, a ser sincero para con Dios y los campesinos de las Ligas Agrarias, los cuales -Dios y los campesinos juntos-fueron protagonistas de los acontecimientos que se narran en este libro testimonio. El autor, mu-nido del espíritu de los escritores evangélicos, narra esa experiencia única y emocionante de conquistar el Reino de justicia y del amor por parte de los campesinos de las Ligas Agrarias en la época de iniquidad que dominaba en Paraguay durante la dictadura de Alfredo Stroessner.

Sabemos que la historia no se repite, pero sabemos también que tampoco es negación del pasado, sino fundamento de lo nuevo, la materia con que se amasa una nueva creación. Por eso este libro nos desafía de cara al futuro que debemos construir y nos orienta hacia "un no-lugar", hacia algo que no está dentro del sistema, invitándonos a fijar la atención en lo que unos pobres campesinos, desde la marginalidad del sistema, fueron capaces de desafiar rompiendo el miedo que atenazaba a toda la sociedad, consiguiendo poner en marcha, desde el no poder, un proyecto de solidaridad fraternal que se oponía al egoísmo reinante, con una audacia y un coraje capaces de hacer frente a las injusticias y los desafíos de muerte que alimentaban a los mantenedores del régimen.

Y así como los evangelios están constituidos por tradiciones y experiencias variadas de las comunidades cristianas en su vivencia del acontecimiento central de la vida, muerte y resurrección de Jesús, David Fernández reúne la multiforme experiencia de los campesinos, investiga en el "archivo de las palabras", en la memoria viviente, poniendo al descubierto un plus en el acontecer exterior de los campesinos. Sus fuentes van más allá de lo que suele ocuparse la historia tradicional, basada en la documentación escrita. David quiere también presentarnos la historia interior, los afectos, los sentimientos y las pasiones, y penetrar así en las huellas interiores que los acontecimientos de muertes, torturas, desapariciones y vejaciones de toda índole dejaron en la carne humana de los campesinos. La intrahistoria de las Ligas Agrarias está escrita sobre papel, pero antes fue leída en los cuerpos, en la carne viva de los campesinos, que revelaron de este modo que el espíritu de Jesús de Nazaret se hacía carne en ellos.

Las Ligas Agrarias Cristianas del Paraguay fueron en su tiempo denuncia y crítica. Denuncia contra los enemigos que sustentaban el sistema, y crítica hacia los amigos y hermanos que pre tendían servir a dos señores, coqueteando con el régimen para beneficiarse de sus migajas y al mismo tiempo queriendo ser seguidores de Jesús. En un tiempo en que los "verdaderos" eran los prudentes, los que no osaban romper totalmente con los lazos que les ligaban al régimen, las Ligas aparecieron para muchos como "herejes" por seguir a Jesús, es decir, por enfrentar desde la fe los conflictos sociales en vez de huir de ellos. Fe que fue el ingrediente fundamental con que los campesinos enfrentaron los desafíos y las situaciones de crisis.

Muchos pretendieron y pretenden desvirtuar el dinamismo cristiano de las Ligas Agrarias a causa de la presencia de fallas humanas, de pecados personales de sus miembros. ¿Acaso los seguidores de Jesús tienen que ser puros, santos e inmaculados siempre? ¿Es éste el espíritu de Jesús? Esto pertenece más bien al espíritu griego pagano y no a la espiritualidad de Jesús, quien vino a buscar a los pecadores y no a los santos, porque el Dios de Jesús es un Dios-Amor, y su amor es incondicional.

Nadie ama más que quien da la vida por los que ama. Por eso este libro es la continuación de la Buena Nueva anunciada por Jesús con palabras y hechos. Hechos dolorosos de la pasión, hechos dolorosos del silencio cómplice de quienes debieron hablar y callaron, hechos dolorosos por la traición que condujo a la entrega por un mísero valor económico de treinta denarios. Hecho doloroso de transformar el beso, símbolo de la amistad, en signo de entrega y traición. Hechos dolorosos por la alianza del poder político con el poder religioso, que llevaron al Justo a la muerte. Hecho doloroso del miedo cobarde del magistrado ro-mano que entrega al Inocente a la tortura, por temor a perder prestigio y poder. Todo esto es también la historia de los campesinos de las Ligas Agrarias Cristianas. Bajo la dictadura en el Paraguay, seguir a Jesús era ser perseguido como hereje y arrojado en la hoguera de la desaparición, donde ni las cenizas pueden recogerse. Jesús tampoco dejó cenizas porque resucitó. ¡Y los muertos de las Ligas, los desaparecidos, y tanto dolor, están también transformándose en alegría de resurrección!

Así como el dolor de la pasión culminó con el triunfo de la resurrección, así estamos viviendo la resurrección de las Ligas Agrarias. Una resurrección que implica vida nueva, energías y dinamismos que impulsan hacia un futuro de esperanza. La esperanza de los pobres surge de la gratuidad pues no se adquiere en el mercado, ni se imparte en las escuelas, ni es una recompensa de méritos, es simple gratuidad por ser pobres y pertenecer a los predilectos de Aquel que habitó entre nosotros haciéndose él mismo pobre.

Esta historia es historia de la salvación, de la liberación inconclusa, que se extiende hacia el futuro como una promesa a las nuevas generaciones. Es liberación que acontece en la trama humana entretejida de pecados y dones, de debilidades y fuerzas, como en la historia paradigmática de la Biblia. La fuerza subversiva de los pobres está precisamente en su carencia del poder militar, del poder dominante, pero lleva en sí la fuerza de la solidaridad en el compartir, y en la alegría que festeja el don recíproco, el perdón incondicional y la entrega sin límites.

Para que este libro pueda producir frutos hay que leerlo con humildad, dispuestos a escuchar y a "rumiar" lo que nos dice, dispuestos a aprender y recoger su semilla con generosidad y sembrarla con esperanza y audacia. No es un libro de literatura, es un testimonio comunitario y personal. Al finalizar su lectura sentimos necesidad de decir: "Esto es palabra de Dios", o lo que es lo mismo, signo de Dios para nuestro tiempo.

Este libro es también un desafío a la reconciliación, reencontrarnos con el pasado para superarlo y entregarlo purificado al futuro, por eso es un libro de historia, de historia plena, que busca no sólo narrar el acontecimiento con hechos exteriores sino en su gestación en el cenáculo del corazón o en la temporalidad del espíritu encarnado. Por eso es un libro que cuenta una historia que nos envuelve como sujetos para hacer fecunda la simiente que se nos entrega.

Es, finalmente, un libro comprometedor porque nos desafía a romper la indiferencia arrogante que nos lleva a ignorar la realidad histórica y a mantenernos en la inmovilidad para inmunizarnos de los cambios necesarios. El libro nos habla precisamente de cambios que fueron operando en la realidad por las transformaciones que antes se dieron en la conciencia campesina. Cambio tan trascendente que rompiendo sus propios límites penetró en la sociedad, custodiada por armas que parecían in-vencibles, sacudiendo su baluarte de cemento y hierro. Y ni tan siquiera los consagrantes de la tradición pudieron evitar ser impactados por los cambios y al final tuvieron que acogerlos en su tradición.

Los campesinos de las Ligas Agrarias sacudieron con su modesta terquedad los cimientos de la dictadura, y los combatió con las armas de los valores negados por ellos. Y las más decisivas batallas las libraron cuando arrancaron de sí al opresor que se les había metido dentro. Con coraje abrieron nuevos caminos a la solidaridad, a la gratuidad del don y a la alegría festiva que celebraba la fraternidad. Hoy se nos ofrece como alimento del hombre nuevo y de la nueva sociedad, que sigue siendo un proyecto inconcluso.

Y todo esto surgiendo de una fe sencilla en el Jesús de Nazaret que se hizo pobre para que se descubriera la dignidad del hombre marginado, rechazado y burlado, de modo que nunca más se pretenda servir a Dios sacrificando vidas humanas en el altar de la patria o en el altar de los supermercados modernos de nuestras ciudades. Muchos han muerto o tienen mutilados sus cuerpos para que nosotros podamos vivir y ser enteros. En la comunidad de Jejuí hemos empezado a realizar nuestro proyecto alternativo de sociedad y economía solidaria. Jejuí fue un lugar de referencia cercano, palpable y atrayente por su efectividad, por eso lo pretendieron aniquilar y reducir a nada. Y hoy, aunque muchos de sus fundadores ya no están entre nosotros, Jejuí nuevamente se levanta y nos dice: "No existe dolor inútil, la lucha continúa, y ya hemos reconquistado las tierra que se nos arrebató". El espíritu está pronto. Es necesario fortalecer la voluntad, reunir fuerzas comunes. ¡Jejuí es una esperanza reconquistada!

David Fernández pudo escribir este libro porque él supo desaparecer en estos textos para que sólo crezca y resuene la palabra y la vida de los campesinos. El, como los autores bíblicos, prestó su lenguaje, su estilo y su disciplina intelectual al servicio de esta buena nueva en tiempo de la tiranía del Faraón. David Fernández, él también seguidor del Nazareno, posee la clave adecuada de interpretación de la vida campesina. No nos escribe desde un castillo intelectual, que mira desde lejos a los pobres. Él también puso su tienda entre nosotros. David penetró en las chozas de los campesinos, durmió en el duro suelo como ellos y recorrió sus caminos por las diversas compañías, dialogó con ellos y, sobre todo, los escuchó con atención y viveza. Salió transformado de cada encuentro con ellos convirtiéndose en uno de ellos. Algún campesino pudo decirle a David con certeza: "Nde ndaha'evéima ndé oréva" ("Tú ya no eres tú, tú eres nosotros"). La fe y adhesión a la persona histórica de Jesús de Nazaret que animó a las Ligas sigue siendo un referente necesario para el futuro, especialmente ahora con la crisis de las ideologías. Junto a esto es necesario señalar como un factor válido para el presen-¡te y el futuro la educación liberadora que sirvió de instrumento eficaz en el esbozo de la sociedad futura. La educación que se practicó en las Ligas es un método que surgió fuera del sistema, y fue el descubrimiento propio de los oprimidos, de los negados y marginados como la realidad más antagónica al sistema de dominación. Alimentó la audacia de pensar su propio pensar y decir su propia palabra. Los efectos de esta educación fueron tan potentes que ni las balas de muerte, ni las torturas y vejaciones pudieron romperlas.

Una educación que partía de la humildad de saberse que nadie sabía más que otro y que juntos podían encender una hoguera, y en torno a ella encontrar luz para el camino. Por eso era necesario saber preguntar, para descubrir la realidad; saber problematizar, para profundizar en ella; y voluntad firme, para buscar la acción adecuada que lleve a los cambios. Y por sobre todo, sentirse inserto en un cambio liberador que conlleve siempre preguntarse críticamente si los cambios son correctos, si conducen a la construcción del hombre nuevo y de la nueva sociedad.

Por eso las Ligas Agrarias nunca fueron dogmáticas. Ideológicamente, apostaron por una sociedad socialista, pero distanciándose críticamente de las grandes debilidades del socialismo histórico, y eso mucho antes de la caída del muro. Del mismo modo su adhesión al Evangelio y a Jesús de Nazaret les hizo lúcidamente críticos ante algunos sectores de la Iglesia por su complicidad con el sistema, o señalando las contradicciones de una Iglesia lenta y aletargada en producir los cambios que el seguimiento de Jesús exigía y con los que la Iglesia se había comprometido en el Concilio y Medellín.

Esa educación liberadora me atrevo a afirmar que es aún más necesaria ahora en el Paraguay que en aquel tiempo. El mundo se halla ante una crisis histórica de las ideologías, y las Ligas con sus experiencias nos advierten que debemos dotarnos de instrumentos que nos vengan sobre todo de los que están fuera del sistema, para diseñar el futuro que queremos. Ahora bien, ¿cómo construir este futuro?

La persona humana debe estar en el centro de nuestro enfoque. Por ello debemos destacar los supuestos de nuestro accionar en las Ligas Agrarias:

1. Vivimos un tiempo de "retroceso histórico" donde los derechos de los trabajadores son disminuidos a favor del capitalismo, afirmar entonces la prioridad del trabajo humano sobre el capital.

2. La economía debe responder a las necesidades del pueblo.

3. La realidad social sobre la propiedad privada.

4. La economía solidaria como alternativa a la sociedad de consumo.

5. Ante la ausencia de proyectos estratégicos, definir los roles: el Estado y la sociedad (los políticos y movimientos sociales) deben participar en la distribución de la renta nacional a los más pobres.

6. Definir las prioridades: no es la actividad comercial la que produce el desarrollo sino la apuesta por la actividad productiva y las inversiones en la educación y la salud.

7. La distribución de la tierra, o reforma agraria, debe incentivar la fraternidad, la cooperación común (yopoi) y la planificación común.

Todas estas realidades estaban en el horizonte de nuestras búsquedas y de nuestras acciones, siguen siendo una necesidad en la realidad de un mundo globalizado. Ellos también, los G 7, o los siete grandes del mundo, quieren construir una sociedad con "nuevo" rostro, pero sin nosotros. Sospechamos que el viejo capitalismo sólo quiera lavarse la cara. Entonces, no podemos garantizar que trabajen por una sociedad que garantice cambios sustanciales en las relaciones económicas, comerciales y de defensa ecológica como presupuestos de la paz y seguridad de las naciones.

¿Y qué hacer, o qué debemos aprender de las Ligas Agrarias? La única fuerza de cambio es el pueblo organizado. Organizar las bases debe ser el punto de partida. Así empezamos y así crecimos.

• Elevar el nivel de conciencia del pueblo. El "conocimiento" debe socializarse. Multiplicar gente con conciencia de su realidad y que quiera cambiarla.

• Estimular la lucha. El pueblo aprende en la lucha. Practicar el socialismo, práctica de sus valores. La conducta socialista no se improvisa ni surge de un día para otro. Mostrar con nuestra conducta el socialismo que queremos.

• La solución es movilizar al Pueblo en el proyecto que que-remos para el país.

• Medir la correlación de fuerzas y quiénes pueden ser nuestros aliados. Tener en cuenta la historia personal en el momento de interpretar los hechos.

Todo esto iba surgiendo en mí mientras leía el libro. Lo leí desde mis raíces aún entre los campesinos del Paraguay, pero invernado en un largo exilio en Noruega, un país con tantas libertades que no saben qué hacer con ellas. En Noruega se construyen muros de contención a su propia libertad. Pueden ser más libres, pueden dar mayor participación a la población, pero temen lo nuevo. El miedo a la libertad los paraliza en viejos esquemas liberales. Y vivo en un continente que exportó la opresión y la esclavitud, que cultivó la muerte al mismo ritmo que destruía la naturaleza. Europa construyó la sociedad del bienestar sobre vidas humanas segadas y la naturaleza aniquilada. Por eso Europa no es un modelo a seguir, por eso debemos excavar nuestro propio pozo, y sacar de él el agua que pueda saciar también la sed de miles de europeos que tienen hambre y sed de un nuevo mundo con dimensiones humanas y espirituales. El pueblo europeo está saliendo de su letargo consumista y autosuficiente, y es una reserva de energías libertarias. Se experimentan ya unos temblores sociales subterráneos que ponen en vilo al sistema. Aquí tenemos aliados reales y efectivos, y es que nuestras luchas también deben globalizarse.

Que este libro sirva a los campesinos de ayer a reencontrar sus raíces y animarse a continuarla. Y las nuevas generaciones tengan la audacia de desenterrar el "plata ybyguy" que existe en la cultura y la sociedad campesina del Paraguay, y pulirlo como proyecto de la sociedad que queremos. El compromiso de David al escribir sobre nosotros nos dice que no estamos solos, que nuestras luchas han trascendido, que se han globalizado y que entramos plenamente dentro de la energía universal por el cambio.

LIDIO DOMÍNGUEZ

 

 

BIBLIOGRAFÍA

LIBROS

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ÍNDICE:

PRÓLOGO DE LA PRESENTE EDICIÓN:  MONS. FERNANDO LUGO MÉNDEZ SVD, OBISPO EMÉRITO DE SAN PEDRO APÓSTOL, PARAGUAY.-

PRÓLOGO DE LA EDICIÓN ESPAÑOLA: JUAN ANTONIO ESTRADA (UNIVERSIDAD DE GRANADA).-

CAPÍTULO I

MEMORIA SUBVERSIVA

1-       SEGUIR A JESÚS ES UNA HEREJÍA.-

2-       UNA HISTORIA MOLESTA Y SIGNIFICATIVA.-

3-       LA ORALIDAD.-

4-       LIGAS AGRARIAS CRISTIANAS.-

CAPÍTULO II

EL MISTERIO DE LA IGLESIA

1-       MÁS PIEDRA QUE PIEL: LA OPCIÓN POR EL PODER.-

2-       EL CONCILIO MUEVE EL PISO.-

3-       UN HECHO INSÓLITO, PROFÉTICO Y RÁPIDAMENTE DESECHADO.-

4-       … PERO NO DESTRUYE EL TEMPLO.-

5-       LA INCÓMODA MIRADA DE LOS POBRES Y DE QUIENES OPTAN POR ELLOS

CAPÍTULO III

 “LEVÁNTENSE, GRITEMOS, HORA YA ES DE DESPERTAR”

1-       LA URGENCIA DE IR A LOS POBRES

2-       NACIMIENTO DE LA ORGANIZACIÓN: PROMOTORES, SIGNIFICADO Y DIFUSIÓN.-

3-       ¿POR QUÉ DOS FEDERACIONES?.-

4-       LOS CAMPESINOS TOMAN LAS RIENDAS.-

CAPÍTULO IV

LA RELIGIÓN VERDADERA

1-       CUANDO LOS OPRIMIDOS SON REALMENTE CONSTRUCTORES DE UNA TEOLOGÍA LIBERADORA.-

2-       ENTRE LA TRADICIÓN GUARANÍ Y EL SEGUIMIENTO DE JESÚS: LA FORJE DE UN NUEVO MODO DE SER.-

CAPÍTULO V

LA INQUIETANTE VIVENCIA DE LA FRATERNIDAD

1-       ESCUELITAS CAMPESINAS.-

2-       LA NIÑA DE SUS OJOS: LA COMUNIDAD DE SAN ISIDRO DE JEJUÍ.-

3-       ACARAY: EL SUEÑO MESIÁNICO DE UN PROFETA.-

CAPÍTULO VI

TOCAR EL AVISPERO

1-       JOPOI

2-       PLANTAR CARA AL RÉGIMEN.-

3-       ESTRATEGIAS ANTE LA ENCRUCIJADA.-

4-       ¿Y SI EL BUEN SAMARITANO HUBIERA LLEGADO UN RATO ANTES?.-

CAPÍTULO VII

“COMO TIGRES BUSCAN DEVORARNOS”

1-       “TODOS SOMOS…”

2-       EL INFIERNO EXISTE.-

3-       DE MIERDA HACER MIEL.-

CAPÍTULO VIII

EL ESPÍRITU DE LOS LIGARÉ

1-       LA DISCIPLINA DEL TEMPLO.-

2-       DESENMASCARAR LA SOLIDARIDAD NEOLIBERAL.-

3-       UN PROYECTO SIN FECHA DE CADUCIDAD.-

A MODO DE EPÍLOGO

PALABRAS PARA ABRIR SURCOS – POR LIDIO DOMÍNGUEZ.-

BIBLIOGRAFÍA 

 




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