EL ESPÍRITU DE LA “TRIPLE ALIANZA” ESTÁ PRESENTE
Por JORGE RUBIANI
“El tratado es secreto, la sesión es secreta, sólo la ignominia es pública”; escribían dos eminentes argentinos: Miguel Navarro Viola y Carlos Guido Spano, en el diario ”La América” de Buenos Aires, en 1866. Se referían a la Triple Alianza.
El objeto de aquel documento fue la destrucción del Paraguay y se pretendió ocultarlo. Los tratados de ITAIPÚ y YACYRETA, ya con signatarios paraguayos, no fueron secretos pero crearon instituciones herméticas, completamente ajenas a los controles administrativos de los estados al punto de constituirse en entidades supranacionales. En el fondo, tienen idéntico fin pues a argentinos y brasileños parece animarles el mismo propósito del 1865. Comparado el Tratado de la Alianza con los de Itaipú y Yacyreta, puede notarse sin embargo una gran diferencia: los paraguayos que firmaron el certificado de nacimiento de estas “binacionales” o acompañaron su deforme crecimiento, son la antítesis de aquellos que se opusieron a la ”tríplice” con entereza y patriotismo.
¿Y porqué comparamos estos acuerdos? Porque nada como las acciones de las que fuimos testigos en estos últimos años, retrata con tanta claridad las similitudes. Y nada de lo que se hiciera alrededor de Itaipu o Yacyreta es tan elocuente como el entreguismo de los negociadores o gobernantes paraguayos que suscribieran, o mantuvieran, aquellos documentos en sus condiciones originales.
Para sufrir las tribulaciones de siempre, Paraguay no necesitaba de otros tratados. A éstos se los incumple desde el 12 de Octubre de 1811. Para seguir con los padecimientos de antaño, no necesitábamos de mercados comunes. Bastaba que se desmantelaran las trabas arancelarias que en los puertos argentinos vienen surgiendo desde los tiempos de los “puertos precisos”. ¡En cuántas ocasiones las aguas del Plata se enturbiaron con los cargamentos de tomates o naranjas paraguayas que se arrojaban al cauce luego de haberse podrido en el puerto de Buenos Aires esperando “soluciones” a las trabas ”de turno”! Y cuando no eran frutas o legumbres, eran maderas, carne o algún otro producto, en volúmenes tan modestos que jamás pudieron haber puesto en peligro “los intereses argentinos”. Para contar con el mayor caudal de energía eléctrica del mundo (que no usamos y malvendemos) nuestras autoridades no deberían haber aceptado que aquellos acuerdos sigan vigentes sólo para obtener regalías, compensaciones o como se llame la humillación del momento. Deberían haberse opuesto desde el principio y con energía, a cualquiera que pretendiera recomponer virreinatos o reverdecer imperios. Y ahora mismo, es el momento que demanden, exijan u obliguen una justa distribución de prerrogativas y beneficios en la administración de los recursos naturales del Paraguay. ¡Y juzguen y condenen a los responsables nacionales de tantos desatinos!
Los argentinos suelen preguntarse porqué los paraguayos somos generalmente mas hostiles con ellos que con los brasileños. Y la respuesta suele diluirse en frases irónicas, con las que -cada quien- esconde la verdadera naturaleza de esa bronca. Que es tal como la sienten los argentinos. Y es porque si bien las agresiones históricas al Paraguay fueron de mayor volumen y persistencia desde las fronteras lusitanas -antes- y brasileñas después, los argentinos pudieron habernos evitado muchas de las penurias que sufrimos... y no lo hicieron. Pudieron ponerse “del lado de las repúblicas del Plata” como sugiriera Anacarsis Lanús a su amigo Bartolomé Mitre en 1865. Pero los argentinos privilegiaron las relaciones con el Imperio, como ahora, siempre. Y aunque el río convoque a los paraguayos hacia el sur, los argentinos pudieron haber hecho mas que el abrigo que dieron a muchos compatriotas, evitándole al Paraguay el peso de cuanta medida los expulsara de su propio suelo.
Nos duele Yacyreta, porque cuando los argentinos demandan apoyo y comprensión para sus negociaciones con el FMI por la deuda externa; o con Gran Bretaña por las Malvinas; o con el Uruguay por las papeleras, los paraguayos esperamos que, al mismo tiempo se empeñaran en no insultar nuestra amistad con las mismas injusticias a las que nos someten .... o por las que protestan y reclaman a las demás. La actitud, propia de estados modernos y de autoridades responsables, se inscribe dentro de lo que se llama “doctrina”. Pero si no es así, nos demuestran que no les interesa la doctrina, ni la integración, ni la amistad. Y siguen apegados al bloqueo con el que nos castigaron desde que nos atrevimos a la Independencia. Tal como sucedió cuando nos impusieron una cuantiosa "deuda de guerra" y nos dejaron sin recursos, sin gobierno y sin la "civilización" que había justificado la invasión a nuestro suelo.
JR
Fuente:
http://www.jorgerubiani.com.py
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