...ÉRASE UNA VEZ UNA ISLA
Se construye sin conciencia de lo que se destruye
Por JORGE RUBIANI
En el Paraguay se construye sin conciencia de lo que se destruye. Seguimos aceptando vidrios de colores a cambio de nuestro valioso patrimonio. Hoy sucede con el lago Ypacaraí y la avenida Ñu Guasu, y ayer fueron las represas de Itaipú y Yacyretá.
En cuanto a la primera de ellas y cuando la simple aplicación del Tratado de Límites del 9 de enero de 1872 hubiese permitido conservar las siete caídas del Salto del Guairá, nos convencieron que Itaipú era “indispensable” para todos y ¡oh casualidad!, la traza impuesta hizo que los saltos más caudalosos del mundo ¡enteramente paraguayos! fueran completamente cubiertos por las aguas del embalse. Hagámonos a propósito estas simples preguntas:
¿Hubiesen acordado norteamericanos y canadienses cubrir las cataratas del Niágara ...por rentables o fructuosos que fueran los proyectos para su aprovechamiento hidroeléctrico?
¿Admitirían brasileños y argentinos que una próxima megarrepresa sumerja las cataratas del Yguazú? ¿Hipotecarían otros gobiernos los atractivos naturales más visitados de sus países en aras de concretar algún proyecto económicamente ventajoso?
¡Nadie lo haría! ¡Ningún gobierno consentiría –ahora o antes– semejante desdén y menosprecio a una maravilla natural tan supremamente valiosa como los desaparecidos Saltos del Guairá! ¡El hecho fue el tácito reconocimiento de los brasileños que los saltos ERAN PARAGUAYOS! Es la única explicación posible a semejante dispendio! Habrían sentenciado: “Si los paraguayos van a salirse con la suya y quedarse con los Saltos ... mejor los inundamos”. Y hubo paraguayos que consintieron y, además, defendieron a capa y espada los tratados que propiciaron tan inaudita entrega!
El mismo razonamiento nos dice que si la isla Yasyretá hubiese sido argentina, su salvataje estaría en la consideración de los proyectistas de la represa. Pero como se trata “solamente” de territorio paraguayo, la isla siguió la suerte de los otros 80% de solar guaraní cubierto por las aguas.
Con la misma displicencia e irresponsabilidad, se construye hoy la autopista Ñu Guasu, que hará trizas un cinturón verde de 2,5 kilómetros de largo para dar lugar a una carretera inexplicable, si no fuera por la “sed de obras públicas” de algunos personeros de adentro y fuera del Gobierno.
Una autopista que recogerá el caos vial que viene desde Luque y lo depositará en el caos que ya es hoy la avenida Artigas, sin aportar ninguna solución más que la simple “rapidización” de la vía.
El cuento es que empalmará con la segunda etapa de la avenida Costanera. Dejando pasar el detalle que esta tardó 20 años en concretarse ... ¿y mientras tanto? Sin embargo, el cinturón verde, único tramo intacto de la antigua vía férrea, hubiese permitido un cordón ajardinado desde el parque Ñu Guasu para llegar al Jardín Botánico y desde allí empalmar por la Costanera hasta el mismo centro de la capital. En un trayecto completamente plano, entre el follaje y la costa del río, ideal para una caminata o el paseo en bicicletas, pasando por una veintena de barrios de Asunción. Inaudita y criminal ceguera de quienes prohijaron semejante dispendio.
Proyecto Dermasur
Allá en el sur, en el departamento del Ñeembucú, a algunos se les ocurrió una “idea genial”: secar 100.000 hectáreas de los humedales de la zona (más que el doble de toda la superficie de la isla Yasyretá), para convertirlos en terrenos cultivables.
Así decían los carteles que anunciaban el “emprendimiento” y los nombres de las entidades auspiciantes: Ministerio de Agricultura y Ganadería y el JICA del Japón. Se construyeron enormes “balos” (cunetas de drenaje) a lo largo del estero, verdaderos torrentes de agua que fueron DESERTIFICANDO de a poco lo que fue por milenios un ecosistema que albergaba miles de especies de la fauna y de la flora. En contraste con esta decisión, a unos pocos kilómetros al otro lado del Paraná, los argentinos consiguieron la declaración de Patrimonio de la Humanidad para los “Esteros del Yvera”. Por lo que los hoteles de la zona no dan abasto para tanto turismo y naturaleza a salvo.
En cuanto al severo daño infligido a nuestros humedales, delito ambiental como pocos, debe asegurarse que ni la Guerra contra la Triple Alianza produjo tanto. Hoy, los carteles con el anuncio del proyecto, ya desaparecieron... pero los “balos” siguen funcionando a plenitud. Nos preguntamos: ¿A quiénes beneficiaban las “100.000 hectáreas de terrenos cultivables” en el Ñeembucú? ¿A cuatro o cinco ganaderos y especuladores de tierras? Es así como tenemos lo que tenemos...
Fuente: ABC Color
www.abc.com.py
Sección POLÍTICA
Lunes, 09 de Junio de 2014
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