MISERIA Y MISERABLES
Por JORGE RUBIANI
No puede ignorarse que el escalofriante y persistente porcentaje de compatriotas en estado de pobreza extrema tiene una estrecha relación con la “actividad” de la clase política nacional. Y es vergonzoso que la sociedad entera, a través de sus componentes más connotados: comunicadores e intelectuales, líderes religiosos y gremiales, no exija clara y firmemente poner coto a tanta desgracia. Es triste que casi todos admitamos la miseria de connacionales, como si las penurias que padecen fueran simples daños colaterales de “la falta de educación”, “las desigualdades estructurales”, o de la ausencia “de oportunidades laborales”. Que apelemos a cualquier excusa para ignorar las escalofriantes condiciones en las que sobreviven miles de compatriotas, ensayando frases retóricamente perfectas pero carentes de todo sentido de la realidad, como: “ellos no pueden estar en la calle”; “¿dónde están los padres de estos niños?”; “no hay que darles dinero sino a través de las organizaciones de ayuda”, y otras semejantes.
Ya no debería admitirse ninguna elección de autoridades sin que los candidatos a cargos públicos nos hagan saber su estrategia para reducir -al menos- los índices de pobreza en el Paraguay. A partir de ayer, no debería asumir ni un solo Gobierno sin que difunda ante la opinión pública un plan serio, con protocolos de trabajo medidos, plazos y medios disponibles, en procura de erradicar la pobreza extrema y los fenómenos negativos que ella genera, partiendo del hecho de que el segmento que la sufre, discapacitado y sin esperanzas, representa un capital humano desperdiciado irresponsablemente. La orquesta de reciclados de Cateura es una prueba más que elocuente del gran contingente de talentos en las artes, en los deportes, en las ciencias, que hoy se pierden por falta de atención e interés de las autoridades.
Pero será difícil que los políticos asuman este desafío. De seguro no lo harán. No solo porque los pobres son “funcionalmente útiles” al perverso engranaje de la “democracia electoral” con que nos castiga la clase partidaria, sino porque, para ella, el pobre es nada más que un pretexto ideológico, una cuestión matemática irresoluble; un problema cuya atención debe quedar según ellos -y de hecho es así- en manos de “luchadores sociales”, operadores de diverso pelaje y las ONG de dudosa eficacia. No se atreverán, porque el cometido debería empezar combatiendo con severidad y rigor la corrupción en la administración pública. Y porque el proyecto de reducir o erradicar la pobreza en el Paraguay DEBE SIGNIFICAR la implementación de draconianas medidas para reducir el dispendio a mansalva de los recursos del Estado, hoy dilapidados en subsidios, concesiones varias e impúdicas licitaciones que “lobbistas” y pervertidos traficantes de influencia gestionan a la sombra de los altos niveles de gobierno.
No querrán siquiera considerar la atención real y eficaz a la pobreza porque, para comenzar, un proyecto semejante tendrá que eliminar la superposición de cargos o funciones que simplemente se inventaron para “dar lugar” a punteros políticos, correligionarios, amigos, parientes e impresentables de toda laya. Y porque será absolutamente indispensable concretar la desaparición de estamentos oficiales sin utilidad alguna: Consejos nutridos de consejeros sin conocimientos de nada ni capacidad específica para algo; Gobernaciones y Juntas Departamentales que no son sino el triste remedo de las antiguas “Delegaciones de Gobierno” de la época stronista, sin funciones ni utilidades claras y que solo sirvieron hasta hoy para sustraer atribuciones, competencias y recursos a las municipalidades del país.
Será menester cerrar todas aquellas oficinas creadas por la clase política para desarrollar actividades que son de exclusiva competencia del Estado: en el ámbito de la educación, la salud, el transporte, la cultura y el ambiente, al solo efecto de habilitar “ventanillas laborales” financiadas por el Presupuesto Nacional. Y finalmente, porque para responder al desafío de “MISERIA CERO”, debe terminar la peligrosa confusión de roles entre los poderes de Gobierno, la que ha concretado en pocos años de “democracia” la desaparición del necesario contrapeso que debe existir entre los mismos, sin la ominosa injerencia de la clase político/partidaria que desde el Parlamento interviene en prácticamente TODAS las gestiones de gobierno. Porque desde allí condiciona la labor del Poder Ejecutivo y controla al Judicial, sin que nada y nadie castigue los desbordes de la clase partidaria instalada en el Congreso.
Ortega y Gaset escribió: “La realidad es todo aquello que tú no puedes ignorar”. La extrema pobreza de nuestros compatriotas es una realidad insoslayable. La otra es que nuestra “democracia electoral”, costosa, enrevesada y tramposa, lejos está, muy lejos, de la verdadera democracia, pues solo consagra autoridades que, antes que hacer lo que SE DEBE, se ocupan de la “gobernabilidad” como si las instituciones no existieran. Por lo que, hasta hoy, la misma solo ha significado el reparto de prebendas, el cuoteo partidario para la distribución de cargos, la dilapidación de recursos económicos y humanos, la mediocrización del gobierno junto a un notorio desprestigio de sus componentes, antes que imponerse como un propósito noble y fundamental la concreción de lo que hoy es el sueño de millares de paraguayos: techo, pan, salud, educación y trabajo. ¿Es demasiado pedir?
Fuente: ABC Color
www.abc.com.py
Sección OPINIÓN
Sábado, 03 de Agosto de 2013
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