¿QUIÉN PEDIRÁ PERDÓN?
Por JORGE RUBIANI
Suele decirse que “Pedir perdón puede ser parte de una buena campaña publicitaria”. El consejo es poco usado a pesar de que el perdón es predicado común de consignas morales y religiosas.
Especialmente entre los que se dicen “correligionarios” por pertenecer a la misma cofradía político/partidaria. Aunque entre estos, no suele percibirse la saludable contrición, reconocimiento de culpas y errores, como preludio a la solicitud del perdón correspondiente. Y debieran hacerlo, especialmente aquellos que asumen de paradigmas de la sociedad, por la expresión de sus talentos, logros académicos o responsabilidades concretas. Si es que no están dispuestos a enfrentar el inevitable y progresivo socavamiento del pedestal de modelos en el que creen sostenerse. Por alguna razón, Platón dejó esta sentencia: “Todo se le perdona a un líder, menos que se equivoque”.
Pero los líderes ya no son los de antes. Alineados a la expresión de Cecilio Báez: “En el Paraguay nadie gana ni pierde prestigio”, los de ahora reiteran errores con orgullosa prestancia de ignorantes por aquello de: “La ignorancia afirma o niega rotundamente; la ciencia duda....”. En el caso de los que llegan al escalafón de candidatos ante una elección, solo se fían de asesores y expertos que prometen hacer realidad sus sueños de poder. Y se colocan en la pista de largada con dinero de todos y para todos, concediendo y prometiendo lo que la platea aguante. Su “estrategia comunicacional” consiste en una irracional y agresiva hostilidad hacia quienes se atrevan a pretender el mismo cargo; mientras atiborran la ciudad, con afiches de efímera existencia mostrándose en ellos, convenientemente “tuneados”, sonrientes y felices. Total que en el “día D” (el día después) si ganan, nadie les pedirá explicaciones. Si pierden, ninguno dará explicaciones a nadie ni pedirá perdón por nada.
Los candidatos de los partidos tradicionales, por ejemplo, que gastaron decenas de millones de dólares en propaganda electoral, empachándonos de polución visual y auditiva; que nos sometieron a un cansancio físico y mental insoportable; que nos insultaron con su vocacional menosprecio a la tolerancia democrática, debieran ir en caravana (entrenamiento y vehículos no les falta) a la casa de la familia Almirón a pedir perdón de rodillas por la muerte de Anita, una inocente criatura que esperó más de DOS AÑOS por un donante, o la adquisición de un corazón artificial que le permitiera esperar con esperanzas ante la renuencia de nuestro “pueblo heroico” por donar un órgano. Algún sentido de responsabilidad debió inducirlos a considerar que un poco de sensatez y sensibilidad en ese dispendio, pudo salvar la vida de la niña.
Estos desvergonzados, porque así se llama a los que pierden la vergüenza, que reciben multimillonarios subsidios del Estado Nacional, dinero que se le escamotea al pueblo, a la maltrecha economía del país, debieran pedir perdón a los miles de niños y maestros que dan clase bajo los árboles o en aulas ruinosas, con mínimas condiciones de seguridad, higiene, y sin los elementales complementos didácticos para una enseñanza –o aprendizaje– mediano/regular.
Debieran pedir perdón a los que sufren “la epidemia del dolor” , como recientemente se definió al calvario del crecido padrón de compatriotas con enfermedades terminales, con escasa o nula cobertura estatal.
Debieran pedir perdón a los ancianos abandonados, a los niños y jóvenes sin futuro, a las mujeres maltratadas, discriminadas o ninguneadas por una de las manifestaciones más perversas de la ignorancia humana: el “machismo” ejercido tanto por varones como por mujeres. A propósito, las listas de candidatos para los próximas elecciones ya no debieran contar solamente con un determinado porcentaje de candidatos del sexo femenino, sino con 0% de varones con antecedentes de discriminación, paternidad irresponsable o maltrato a la mujer. Y también a propósito, debiera terminar el Paraguay de los dirigentes que alternan desde las páginas sociales o deportivas de los medios a las de policiales, por alentar, proteger o financiar “barras bravas”, mientras que miles de sacrificados jóvenes sueñan con una beca que les permita terminar sus estudios; o con un trabajo digno con el que ayudar a sus padres o hermanitos menores. Una par de preguntas (o su falta de respuesta) permite desnudar la manifiesta complicidad entre unos y otros: ¿expulsan los clubes deportivos y sociales a sus respectivos “Trottes” de sus listas de socios? ¿Lo ha hecho el glorioso Club Olimpia con el suyo?
En fin... la lista de perdones ausentes... o concedidos con nuestro pertinaz silencio, es larga y la frustración lastima. Algunos buscarán refugio en la oración o consuelo en los ritos religiosos dominicales, en los que nos dicen que Alguien perdona nuestros pecados. Pero ...¿de dónde saldrá la luz, el resplandor de una inteligencia virtuosa, de un Partido o de una religión comprometida con la verdad y el perdón, el perdón verdadero, para la elevada misión de hacer que falsos líderes, mentirosos consuetudinarios, antiguos “mercaderes del templo”, defraudadores de esperanzas, nos pidan perdón a todos, al Paraguay entero, por tanto dolor ocasionado... antes de retirarse hacia las sombras del olvido definitivo?
Fuente: ABC Color
www.abc.com.py
Sección OPINIÓN
Domingo, 12 de Mayo de 2013
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