PARA COMPRENDER LA HISTORIA QUE NOS DUELE
A PROPÓSITO DE LA REEDICIÓN DE SERIE DE FASCÍCULOS
Por JORGE RUBIANI
La reedición de la Historia del Paraguay que ABC Color pone en sus manos todos los domingos, 10 años después de que la primera viera la luz, indaga en aspectos generalmente ignorados de nuestro pasado: sociales, religiosos o culturales, junto a aquellos más conocidos y de cuyos dolorosos muñones todavía padecemos y, pareciera, marcan a fuego nuestros hábitos y conductas.
Aunque los textos fueron redactados por varios especialistas, a nuestro recordado y lamentablemente ausente Helio Vera le cupo abordar algunas de los épocas más dramáticas y crueles por las que pasó el Paraguay: la guerra de la Triple Alianza y las décadas posteriores a su finalización, el inicio del siglo XX con el advenimiento del llamado “período liberal” (1904/1940), los antecedentes y consecuencias de la Guerra del Chaco hasta el ascenso del Gral. Alfredo Stroessner al poder. Componentes de la historia patria que tuvieron, como casi todos los demás, desafíos y oportunidades fallidas, así como sueños y esperanzas deshechas una a una, sin que la “clase gobernante” atinara poner fin a tantas frustraciones. Las que de tanto repetirse se agravaron al punto que parecen formar parte de nuestro destino.
A pesar del lirismo puesto por Helio en los relatos, puede notarse el desencanto que le producía recordar hechos de tan triste memoria, los que metódicamente repetidos en los tiempos que llevamos de democracia convierten a aquellos en nefasta premonición.
Puestos a justificar el fraude a tanta esperanza, podríamos alegar como Umberto Eco: “Si te dieran la verdad enseguida, no la reconocerías si no está purificada por una larga interrogación”. Expresión que obliga a un repaso de la larga lista de desgracias (o interrogaciones) que nos impidieron “el reconocimiento de la verdad”. Pues resulta imposible creer que tanto sufrimiento no haya servido para que seamos mejores, más eficientes, solidarios y fraternos, más respetuosos de la ley y más responsables de su aplicación y cumplimiento. Puede que la educación –común pretexto–, su falta, o lo que hayamos enseñado o aprendido mal, sean efectivamente la causa de nuestros males. Pero debemos reconocer también que hubo compatriotas con una gran educación y excelente formación académica, que no se pusieron a la altura de sus responsabilidades en el ejercicio de los más altos cargos de la República, para “reconocer la verdad” y evitarnos una larga y penosa interrogación. En momentos en que, además de ilustración o talento, se requirieron de coraje y sacrificio para tomar las medidas convenientes y necesarias. No lo hicieron; tal vez porque fueron incomprendidos, no realizaron una buena lectura de “sus circunstancias” o no tuvieron el acompañamiento de sus contemporáneos. Además de otros que, argumentando “no querer derramar sangre de paraguayos”, dejaron el campo libre para que atracadores y aventureros de diverso pelaje se adueñaran del poder.
Sangre que, sin embargo, se derramaría a torrentes más tarde, precisamente como resultado de la pusilanimidad y cobardía de aquellos a quienes quedó –seguramente– demasiado holgado el sayo de mandantes de la ciudadanía. Podría compararse la actitud a la de un cirujano que no quiere extirpar un tumor maligno porque “el paciente puede sangrar mucho” o porque la cirugía “será dolorosa”.
¡Inconcebible!
La historia de la larga lucha por la libertad de América nos ha enseñado que la sangre que –por desgracia– tenga que derramarse para salvar a la patria debe derramarse para salvar a la patria. Es la razón por la que muchos no comprenden al Mcal. Francisco Solano López en su empecinada, costosa y sangrienta defensa del Paraguay durante la Triple Alianza. ¿Que murieron muchos compatriotas? ¡¡¡Desgraciadamente SÍ!!! Pero el Paraguay fue salvado.
Porque si en cualquier momento de la guerra, López se hubiese entregado “con la totalidad de su ejército y sin condiciones”, como rezaban las indiscutidas e inapelables disposiciones del Tratado Secreto; o como demandaba la obstinada determinación de Pedro II, hoy ya no nos jactaríamos de encontrarnos “en el corazón de la América del Sur”, ni sufriríamos por ser mediterráneos... ni sentiríamos el orgullo de llamarnos paraguayos. Porque si López se hubiese rendido, el Paraguay habría desaparecido del mapa y hoy seríamos argentinos o brasileños. Así de simple...
Cada domingo, estas incógnitas de nuestro pasado se van develando para nuestros lectores. Ojalá nuestros gobernantes y maestros las lean. Ojalá todos aprendamos de ellas.
Fuente: ABC Color
www.abc.com.py
Sección ARTES Y ESPECTÁCULOS
Domingo, 30 de Diciembre de 2012
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