“FIELES DE FECHOS”
Por JORGE RUBIANI
Cada vez que en función de gobierno se realiza, negocia o decide algo por fuera de los mecanismos institucionales, se fortalece la presunción de que la autocracia solo ha cambiado de apariencia. Cuando alguien declara: “el Presidente me autorizó”, “...el jefe ordenó”, “lekaja quiere”... solo nos confirma que la obediencia debida sigue campante y excusando lo injustificable.
Cuando esto sucede (y sucede frecuentemente); cuando los actos de gobierno se gestan por fuera de los procedimientos normados o cuando solo sirven para otorgar un barniz de legalidad a lo que parece un perverso contubernio, es porque optamos por el desprestigio de lo correcto, democrático, sistemático y legal, para dar lugar al intrincado y costoso mecanismo de la “gestión personal” concretado por alguien ligado al poder. Algún personaje de probada experiencia para desenvolverse en “cancha embarrada” y conocedor de vericuetos burocráticos inalcanzables para el resto de los mortales. Son los inacabables “fieles de fechos”: oscuros personajes que medran a la sombra de los gabinetes de cualquier poder del Estado.
¿De dónde proviene la habilidad de estos protagónicos –y al parecer imprescindibles– accesorios del poder? En la mayoría de las veces son simples socios circunstanciales o “caballeros de compañía” de los “capos”, sin función específica ni utilidad probada en el esquema de gobierno (en la parte útil y virtuosa del esquema). En otras, no son sino “amigos de la infancia” sin más luces que la coraza de afectos y “lealtad incondicional” que prodigan a su ahora jefe. O peor aún, apenas expertos en asados, cebadores de mate o tereré, gestores de francachelas o de actividades nocturnas que una persona privilegiada con elevadas responsabilidades, podría encarar con quienes no suelen contar con los escrúpulos como bagaje esencial. A propósito, la dorada época democrática debería dilucidarnos ¿qué quiere decir exactamente “funcionarios de confianza”? ¿Que los otros no lo son?... o que los de confianza tendrán la obligación de apañar nuestros errores o trapisondas?
Por alguna razón que debiera ser ejemplo, en países con democracias consolidadas y políticos temerosos del vigor de la opinión pública, los mandatarios no interfieren jamás en trámites que tienen sus ámbitos institucionales bien pautados; ni presionan para forzar la ley o favorecer un innecesario protagonismo –de ellos o sus mandantes– en ciertos negocios del Estado.
El “fiel de fechos” mejor conocido en la historia nacional, fue Policarpo Patiño, quien se suicidara poco después del fallecimiento de su jefe, el dictador José Gaspar Rodríguez de Francia, en 1840. Don Polí era un personaje dispuesto a soportar cualquier humillación porque él y nadie más, determinaba y autorizaba los contactos con el Supremo. E inevitablemente, hacía de polea de transmisión de sus órdenes. Mandatos a los que Patiño agregaba alguna crueldad o algo de distensión, según la pena prescripta o la identidad del condenado.
Los que conocen, hablan de la importancia que tuvo un Mario Abdo Benítez o el inefable Narciso Soler en la corte de Stroessner. Que de simple cocinero pasó a formar parte de la selecta cofradía de “los de confianza” con el dictador.
Dignatarios extranjeros hubo que tuvo el suyo. Si no de aquellos que se suicidaban cuando perdían a su jefe, algo parecido en cuanto a las posibilidades que le otorgaban sus vínculos con el poder. Como el compañero de francachelas y salidas nocturnas de Pedro I del Brasil: Francisco “Chalaza” Gomes da Silva. Un siniestro portugués del Río de Janeiro de los tiempos en que Pedro dejaba la adolescencia. Mas antes, en el siglo XVI, el sacerdote catalán Antonio de Monserrat, fue imprescindible para el Gran Jefe Mogol Akbar “el Grande”. Tanto como en la dinastía rusa de los Romanov lo fue Grigori Yefimovich Rasputín, también conocido como “el monje loco”.
Como aquellos, los “fieles de fechos” subsisten porque hay mandatarios que precisan de ellos. Que prefieren la adulonería antes que una orientación sensata y virtuosa sobre lo que debe y no debe hacerse en función a los intereses del Estado y la Nación. Puede el lector observar a quienes rodean a algunos connotados “líderes democráticos” de la actualidad y tendrá su propia lista de Policarpos y Rasputines. Se sorprenderá del numeroso contingente resultante pues los fieles de fechos son una especie en permanente renovación. Refinados o torpes, brillantes u opacos, les caracteriza sin embargo su pusilanimidad y la disposición absoluta en favor del amo de turno. No les preocupa la crítica ni las descalificaciones pues se amparan en la frase que una prostituta dejara escrita en un libro autobiográfico: “los que nos combaten en público, nos utilizan en privado”. Por lo que seguirán vivos y coleando, hasta que una verdadera democracia florezca en Paraguay y la poderosa voluntad de la nueva política, prensa y opinión pública, logre destrancar las oxidadas cañerías del Estado Nacional y nos libre de estos malandrines.
Fuente: ABC Color
www.abc.com.py
Sección OPINIÓN
Martes, 29 de Mayo de 2012
ENLACE INTERNO A ESPACIO DE VISITA RECOMENDADA
(Hacer click sobre la imagen)
ENLACE INTERNO A ESPACIO DE VISITA RECOMENDADA
(Hacer click sobre la imagen)