EL DESPRESTIGIO DEL PODER
Por JORGE RUBIANI
En Uttar Pradesh, al norte de la India... “capos mafiosos, timadores y asesinos encabezan las listas electorales”. La competencia sin cuartel en pos del voto de los más de 200 millones de electores “...ha arrastrado a los políticos a buscar el apoyo de mafiosos y caciques locales, a los que suponen capaces de captar votos en el mejor de los casos, y en el peor, manipular de un modo u otro los resultados para lograr la victoria”.
La crónica detalla que en los partidos más populares y antiguos se ha computado desde 28 a 44% de candidatos manchados con antecedentes criminales. “Para ellos... ¿qué puede ser más atractivo que ser diputado? Tu status se eleva –alegan–, la Policía, que en teoría debería perseguirte, te obedece. Logras una inmunidad de facto gracias a los nexos con la burocracia, los empresarios y los políticos”.
El fenómeno mencionado en el cable –y puede decirse que lo mismo sucede en Oriente Medio y la mayoría de países latinoamericanos– refiere la misma historia, “que de tanto saberla la ignoramos”, como escribiera el poeta. La que nos enseña que las promesas de democracia, civilización o justicia han degenerado casi siempre en lo opuesto: anarquía y corrupción con rebrotes de distintas formas de violencia que se irán agudizando si no hacemos lo que deba hacerse para superar los estados anteriores. No en balde la totalidad de los más insignes patriotas de la independencia americana murieron en el exilio o en manos de sus propios compañeros de lucha. Ignorar esta historia ha llevado a nuestros gobernantes de fracaso en fracaso. Y tras cada uno de ellos, el tic de mirar sobre los hombros buscando culpas donde no existen. En ese sentido, pocas veces se ha verificado lo que arrojó la crisis griega del 2010, cuando representantes de todos los partidos políticos reconocieron ¡por fin!: “Hemos fallado… la crisis no es solo económica sino profundamente política, por culpa de un Estado clientelista y un modelo de poder que nos condujo a la bancarrota”.
Sin que hayamos llegado a estos excesos (creo), en el Paraguay no hemos recogido –todavía– las enseñanzas de nuestra propia historia. Pues cada vez que nos arropamos con alguna esperanza, nos dimos de narices con la terrible revelación de nuestra innata incapacidad para aprender de los errores. Desde finalizada la guerra de la Triple Alianza hasta la revuelta de la Candelaria en 1989. Y ha sido así porque los “libertadores” nunca estuvieron a la altura de sus ideales. Los combativos protagonistas de la lucha contra el régimen anterior –por ejemplo– ni siquiera pudieron darse cuenta de que la dictadura no se había ido con el dictador y, determinados a apurar el trago democrático, se alinearon a la perversa retórica de justificar desbordes o vicios porque son “el precio de la democracia”, de la misma manera que antes fueron “el precio de la paz”.
A más de 22 años de la ida de Stroessner, nuestras más visibles expresiones democráticas se remiten al uso de las “listas sábana” para disimular la impresentable mediocridad de la mayoría de nuestros representantes; apelar a las “urnas delivery” para contrarrestar la apatía de los votantes y miles de planilleros en la Justicia Electoral para estimularla. Hecho que –de paso– alivia la “carga laboral” de los partidos políticos. Tenemos a estos cada vez más desnutridos de valores y más dispuestos a justificar la indecencia, más desprovistos de pensadores y cada vez más embelesados con los “luchadores sociales”. Por lo que, incapaces de elaborar un programa o sostener un concepto de gobierno, se limitan a implorar que un religioso carismático, un millonario, un “zar de algo”, un comunicador exitoso acepte ser candidato. Y de un candidato solo se reclama que junte votos, no que gobierne. Que para esto ya habrá tiempo, “pactos de gobernabilidad” y muchos asesores...
Estos fenómenos no son sino las muestras de las graves “malformaciones” de nuestra democracia, las que han derivado en un desencanto claro y explícito hacia sus mecanismos. Exactamente como sucede en la India. La pregunta que se impone es: ¿cuánto tiempo más transcurrirá para que de nuestros vicios, todavía corregibles, pasemos al modelo que nos ofrece Uttar Padesh?
Fuente: ABC Color
www.abc.com.py
Sección OPINIÓN
Martes, 03 de Abril de 2012
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