JORGE RUBIANI

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Nacimiento:
15 de Enero de 1945

PASADO DE GLORIA, PRESENTE DE IGNOMINIA - Por JORGE RUBIANI - Lunes, 20 de Junio de 2011

PASADO DE GLORIA, PRESENTE DE IGNOMINIA - Por JORGE RUBIANI - Lunes, 20 de Junio de 2011

PASADO DE GLORIA, PRESENTE DE IGNOMINIA


Por  JORGE RUBIANI


Durante las celebraciones del Bicentenario, muchos se han preguntado si los paraguayos somos realmente independientes. Si alguna vez lo fuimos. Blas Manuel Garay Argaña, un patriota como muchos de un Paraguay hoy ignorado, lanzó a propósito este "J’accuse" (casi contemporáneo al célebre alegato de Èmile Zola). Dolido ante el fraude de una clase política que renunciaba a lo único que, ayer como hoy, puede hacernos verdaderamente independientes: la dignidad. El insigne compatriota moriría seis meses más tarde, como consecuencia de un disparo de revólver. Tenía 26 años.   

El  año de 1810, la Provincia del Paraguay abandonada a sus solas fuerzas, rechazó las intimaciones de sometimiento que le hizo el gobierno revolucionario de Buenos Aires; las rechazó en el terreno diplomático, por resolución del Congreso de la Provincia, que no quiso reconocer ninguna autoridad que directamente no emanase de España; las rechazó en el campo de batalla, venciendo en Paraguarí y en Tacuarí al ejército que venía a sojuzgarla. Las negociaciones diplomáticas que se sucedieron, coronadas por el tratado del 12 de Octubre de 1811, aseguraron la independencia del Paraguay.   

En 1812, fuerzas portuguesas ocuparon nuestro abandonado fuerte de Borbón. Fuerzas paraguayas, inmediatamente enviadas por un subalterno que antes de consultar con sus superiores proveyó a lo que el honor de nuestras armas exigía, consultando sus sentimientos de patriota, lo recuperaron inmediatamente.   

En 1813, el Gobierno del Paraguay rompió sus relaciones con Buenos Aires que se negaba a dar satisfacción a sus quejas. Las relaciones se reanudaron solo cuando el Paraguay obtuvo las satisfacciones que reclamaba.   

En 1814, fuerzas paraguayas invadieron el territorio argentino para evitar una invasión con que estaba amenazado nuestro territorio.   

En 1818, una escuadrilla paraguaya atacó el puerto de Corrientes y ejerció actos de represalia por la manera como se hostilizaba a nuestro comercio en la navegación del Paraná.   

En 1824, Francia se negó a recibir al ministro argentino Cossio, a causa de la conducta anterior de su gobierno con respecto al Paraguay.   

En 1826, despidió al enviado brasileño Correa da Cámara y cortó las relaciones con las provincias del norte, porque no se atendía sus reclamaciones.   

En 1829, Francia, como condición previa para reanudar sus relaciones con el Brasil, exigió que se fijasen los límites del Paraguay, en su parte septentrional en el Río Blanco y en el Jaurú en la sección occidental, y no siendo aceptadas estas proposiciones, despachó al encargado de Negocios que le envió el Emperador.   

En 1831, Francia protestó de la venta hecha por el Gobierno argentino de los terrenos ubicados entre el Aguapey y el río Uruguay, alegando sobre ellos, en favor del Paraguay, derecho de soberanía y amenazando con destruir todos los establecimientos que en ellos se hicieren.

En 1842, fuerzas paraguayas atacaron a las de la República de Río Grande y las arrojaron del territorio nacional que habían violado despojándoles del botín que habían recogido. 

En 1844, el Gobierno paraguayo amenazó al de Corrientes con invadir esa provincia, reuniendo numerosas tropas sobre sus fronteras, obteniendo gracias a la amenaza la celebración del tratado del 2 de diciembre que abrió la navegación del Paraná.  

En 1845, el Paraguay declaró la Guerra a la Confederación Argentina e invadió su territorio.  

En 1848, López (Carlos Antonio) expulsó por la fuerza a los argentinos de las islas de Atajo y de Apipé, en el Paraná, tomando posesión de ellas en nombre del Paraguay.  

En 1849, fuerzas de nuestro ejército ocuparon militarmente el territorio de la margen izquierda del Paraná, que nos disputaba la Confederación Argentina. 

En 1850, expulsamos de Pan de Azúcar a las tropas brasileñas que estaban posesionadas de dicho cerro, que reclamaba López como nuestro.   

En 1853, López envió sus pasaportes al ministro brasileño Pereira Leal y le hizo salir del país por no guardar al Jefe del Estado todos los respetos que se le debían.   

En 1854, el Gobierno casó el exequátur del cónsul norteamericano Hopkins, por insolente.  

En 1855, el vapor de guerra norteamericano "Water Whitch" fue rechazado a cañonazos por el fuerte de Itapirú, por desobedecer las intimaciones que se le hacían para retirarse de un canal estratégico del Paraná, en que se había introducido.  

En el mismo año de 1855, una poderosa escuadra brasileña fue enviada contra al Paraguay, al mando de don Pedro Ferreira de Oliveira, para apoyar las reclamaciones del Imperio, mientras nuestras fronteras terrestres eran amenazadas por dos ejércitos, en el norte y en el sud. El comandante de las Tres Bocas negó el paso a los doce o catorce buques de la escuadra, que hubo de detenerse; y Oliveira llegó a Asunción en el "Amazonas", único a quien se permitió remontar el río, y suscribió un tratado que le valió en su patria ser llevado ante un consejo de guerra.   

La Santa Sede se negó a investir del episcopado a la persona propuesta por el Gobierno paraguayo, y el Gobierno paraguayo comunicó a Su Santidad que no estaba dispuesto a renunciar a ninguno de los derechos del patronato y que lamentaría que por desconocerlos Su Santidad, hubiera que separarse de su obediencia la Iglesia Paraguaya. El obispo fue ordenado.   

En 1859, el Paraguay garantizó y prometió hacer cumplir con sus fuerzas el tratado de paz entre Buenos Aires y la Confederación Argentina.  

En 1864, el Paraguay se lanzó a una guerra que había de durar casi seis años, contra tres potencias aliadas, por defender a la República Oriental del Uruguay de las acechanzas del Brasil y la República Argentina.   

Tal es nuestro pasado. Es el pasado de los tiranos; pero nos consuela de nuestro abyección presente. Sí, esta es la palabra: ministro extranjero hay que hace alarde de su influencia omnipotente con este gobierno y de la participación que toma en los negocios internos del país; ministro nacional hay, que no se ha justificado hasta ahora del crimen de traición a la patria que se le imputa, y está confesado tácitamente; y mientras tanto celebra con el extranjero convenios diplomáticos ignominiosos. Y hay cámaras, compuestas de paraguayos, que contemplan estas cosas y cobardemente callan y las encubren.   

Grande desgracia, pero gloriosa, fue el aniquilamiento de la nación en la guerra; desgracia mayor es su envilecimiento, que la destruye moralmente. Y para consolarnos, triste cosa, no podemos mirar el porvenir; ¡da de si tan mezquino fruto la juventud! ¡Hay que buscar consuelo en el pasado, en los hechos de la tiranía, que son nuestra única gloria!  

¡Pobre Paraguay!

Fuente: ABC Color

www.abc.com.py

Sección POLÍTICA

Lunes, 20 de Junio de 2011

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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