PUEBLOS CONDENADOS
Por JORGE RUBIANI
Si las listas cerradas no nos han deparado ni auguran mejores días, sus resultados negativos se han relacionado hasta aquí y casi exclusivamente a la actuación de los representantes del Congreso Nacional. En los gobiernos municipales del interior, la cuestión se agrava dramáticamente pues a las generalmente pésimas labores de los ejecutivos locales, se suman los escasos aportes de los concejales. Tanto, que de las respectivas gestiones no solemos enterarnos como debería ser en la sección correspondiente de los diarios, sino en las páginas policiales. Y es que además de los usuales e inacabables conflictos entre bancadas, o entre concejales e intendentes, sobre unos y otros tenemos habitualmente acusaciones de fraude, malversación, nepotismo, abigeato y delitos varios demasiado extendidos, conocidos y reiterados como para que los estamentos partidarios no los corrigieran o condenaran. Además de los archisabidos e ilegales privilegios a familiares, amigos y correligionarios. Y hasta habría más que castigar, el día que la "omisión de responsabilidades" ingrese en la categoría de delito. Aunque fuera para los funcionarios electos.
Mientras, los municipios vegetan en la más desoladora pobreza, en la ausencia completa de planes, de proyectos; y en la más absoluta carencia de recursos materiales y de ideas que tiendan a reducir al menos, sus graves problemas. Los que por otro lado, a nadie parecen preocupar demasiado porque estallan lejos: en Asunción, Ciudad del Este, Encarnación o Pedro Juan Caballero. En los "polos de desarrollo" en los que la frustración y la emigración interna elevan los índices de pobreza, promiscuidad, prostitución y una amplia gama de problemas sociales y legales, hasta los más altos estándares mundiales. Pero he aquí que en Paraguay, confiados exclusivamente a la sacrosanta voluntad de los partidos políticos, sin exigencias ni condicionamientos de ninguna laya, este drama es respondido con una lamentable colección de pésimos gobiernos locales. Sin siquiera la contrapartida de calidad, contraloría o gestión positiva que podrían haber representado las Juntas Municipales. Llenas estas, aunque con justas excepciones, de "punteros políticos" absolutamente discapacitados de conocimientos, de ideas y con nulas posibilidades de solucionar los crecientes problemas de los pueblos del interior.
Se sabía ya antes del cierre del siglo XX que en la primera década del siglo XXI, la población urbana sobrepasaría en grandes proporciones según el país y las regiones a la rural. Y que las carencias generales en materia de servicios, de calidad ambiental, de viviendas, de infraestructura, se irían agravando constantemente si no se elaboraban planes y no se hacían grandes esfuerzos e inversiones. Pero aun así, los parlamentarios del Paraguay sigue creando nuevas municipios. Atomizando territorios, sustrayendo recursos de las ciudades madres y dispersando miseria. No para favorecer autonomías o descentralizar el Estado. Sino para "crear" cargos aunque estos municipios, los nuevos y muchos de los ya antiguos, apenas recaudan para pagar los sueldos de intendentes y concejales. Hay pueblos inclusive, que tienen más concejales que funcionarios. Insólito y lamentable. Debe tenerse en cuenta que en el interior, todos los municipios tienen territorios más vastos que el de la capital. Y cuentan con ejidos urbanos y rurales que reclaman el mantenimiento de caminos, la provisión de diversos servicios y la atención a los múltiples problemas de la comunidad en una gran extensión territorial. Pero carecen de recursos o herramientas esenciales. No ya de vehículos o maquinarias sino de lo indispensable y elemental: cortadoras de césped, carretillas, palas, rastrillos o personal de limpieza. Ni siquiera tienen computadoras. Llenan sí, sus plantillas con agentes de tránsito (fuente de "multas" y arbitrariedades varias), sin siquiera atisbar el mundo de la gestión o del relacionamiento para captar cooperación o asistencia. Pero la Ley Electoral y las listas cerradas, junto a la proverbial insensibilidad y falta de patriotismo de los líderes partidarios, hacen caso omiso del fenómeno.
Definitivamente, los pueblos naufragan en la miseria. Pero en cada período eleccionario, poderosas camionetas 4x4 nos insultan con calcomanías tales como: "Cachito Gómez, trabajando con la gente". Las avenidas se llenan de pasacalles y desde los afiches, los maquillados y sonrientes rostros de los candidatos parecen burlarse de nuestro infortunio. En al aire, atruenan los altoparlantes. Todo es vida y promesas. Estamos listos para otro período de ilusiones truncas...
Fuente: ABC Color
www.abc.com.py
Sección OPINIÓN
Lunes, 21 de Junio de 2010
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