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JULIA VELILLA LACONICH

  ELIGIO AYALA EL ESTADISTA, 2012 - Por JULIA VELILLA LACONICH


ELIGIO AYALA EL ESTADISTA, 2012 - Por JULIA VELILLA LACONICH

ELIGIO AYALA EL ESTADISTA

Por JULIA VELILLA LACONICH

Editorial SERVILIBRO

INTERCONTINENTAL EDITORA

Centro Cultural de la República EL CABILDO

Fotografía de portada: ELIGIO AYALA;

Colección JAVIER YUBI

Edición al cuidado: JOSÉ SAMUDIO FALCÓN

Asunción – Paraguay

2012 (112 páginas)

 

 

 

PRESENTACIÓN

 

         Eligio Ayala es, sin duda alguna, la más ilustre figura del escenario político paraguayo, en general, y en particular del Partido Liberal al que perteneció. Esta virtud está avalada por su intensa participación en la vida nacional, intervención que propició la instauración en nuestra sociedad de un modelo nuevo que privilegiaba la construcción de un país deseoso de modernidad. Para ello se empeñó en realizar una gestión que reprobaba la violencia y el fanatismo, transmutándolo por una concepción pacifica, creadora y fructuosa en provecho de toda la Nación.

         Es así como se abocó a pacificar el país concluyendo la etapa anárquica que causó estragos y luto en el periodo 1922/1923, ocasión en que estableció nuevas prácticas políticas y sociales que consolidaron la paz y trajeron el sosiego a una sociedad convulsionada por las incertidumbres. Y al iniciar en 1924 el período constitucional de su gobierno se abocó a la realización de innumerables acciones hasta entonces postergadas, ingente tarea que supo desarrollar mediante el impecable, translúcido manejo que hizo de la cosa pública, la que administró con férrea honestidad y con benéfica visión de ahorro, no sólo en función del progreso integral que diseñaba sostenidamente para el bien de la República, sino también como medida preventiva para enfrentar el desafío de la cuestión del Chaco que ya entonces arrastraba presagiosos nubarrones: gracias a su previsora gestión el Paraguay trazó y ejecutó un meticuloso programa de apresto bélico, preparación que se coronó con la adquisición de los dos célebres cañoneros, navíos que fueron emblema de caución de nuestra soberanía.

         Son innumerables lo ejemplos que dio de su intachable honestidad. Uno de ellos está inscrito en los anales de la dignidad: luego de cumplir con su período de gobierno, uno de los más productivos de la gestión presidencial en el Paraguay, el 15 de agosto de 1928 hizo entrega del mando a José P. Guggiari, quien lo designa como su ministro de Hacienda. Y ya en el ejercicio de este cargo el presidente Guggiari le envió una nota solicitándole un rubro para un asistente, pedido al que contestó, de puño y letra y en la misma hoja, con estos términos: "Si el Presidente de la República quiere un secretario fuera de presupuesto, que lo pague de su bolsillo". Y lo firmó. ¡Qué paradigma de probidad!

         Podemos deducir que su acrisolada personalidad se enriqueció con su estadía en Europa. Asediado por la intolerancia política, en 1911 se trasladó al Viejo Continente. Allí, en la Universidad de Heidelberg, Alemania, y en la de Zürich, Suiza, prosiguió sus estudios, entablando amistad con connotados intelectuales y políticos europeos que frecuentaban esos centros de enseñanza. Y desde allí supo observar al Paraguay con óptica distinta, esclarecida, reflexión que lo llevó a escribir en Berlín el libro "Visión del Paraguay desde Europa", texto éste que refleja la lenta maduración que fue haciendo de una patria nueva, a la que en su momento logró imprimir su magnífica condición de Estadista, uno de los pocos que tuvo nuestra Nación.

         Sería ocioso entonces que esta Presentación, que tiene el solo objetivo de saludar la reedición de este texto que escribiera Julia Velilla Laconich desde la perspectiva histórica del cometido de Eligio Ayala, abundase en citar detalles de la descomunal gestión del gran estadista liberal. La lectura de este libro, presentado con ocasión de la inauguración de la biblioteca del Palacio de Gobierno que lleva su nombre como merecido homenaje a este gran paraguayo, será un material imprescindible para conocer a Eligio Ayala en facetas poco divulgadas de su servicio a la patria y servirá de faro para quienes se interesen en conocer mejor la vida y la obra de este verdadero prohombre de la República del Paraguay.

 

         Federico Franco Gómez

         Presidente de la República

 

 

 

 

 

ELIGIO AYALA, EL ESTADISTA

 

         Hace treinta y cuatro años, cuando la Academia Paraguaya de la Historia me abrió sus puertas, con extrema benevolencia, para formar parte de ella como académica numeraria, vacilé en la elección del tema que debía desarrollar en el solemne discurso de incorporación.

         Trajinando por la historia de nuestra América, advertimos que en nuestros países han abundado los caudillos, bárbaros y letrados, retóricos y políticos, tanto como han escaseado los estadistas.

         Por eso, decidí referirme al estadista Eligio Ayala, y de la influencia que su vida y su obra tuvieron en el destino nacional. Muchas veces me he preguntado qué habría sido de este país sin la presencia providencial, en su hora, de este ciudadano ejemplar.

         Adivinar el curso de la Historia que no ha sido, es empresa aventurada. Pero, si bien el futuro no es obra exclusiva de un hombre, como no lo ha sido ningún proceso histórico de consecuencias durables, no se puede negar que Eligio Ayala es una de las claves para un destino óptimo del Paraguay.

         Y decimos clave, porque él puso los cimientos de una obra que había de sobrevivirle... Y sin cimientos, nada puede edificarse. Su vida parece una oblación consagrada al bien público. Solo el Dr. Francia, otro gran solitario de nuestra historia, aunque con muchas diferencias, tiene perfiles parecidos.

         Eligio Ayala es un hombre que intuye un destino para el que se preparó como lo haría un príncipe heredero que sabe que debe regir los destinos de su pueblo. Adquiere, en diez años de estudios en Europa, una sólida preparación que lo habilita para ser lo que fue: un estadista excepcional, que sin desmedro hubiera podido gobernar cualquier país de América. Pocos ocupantes del Palacio de López alcanzaron la talla de este gigante de nuestra historia.

         El homenaje que se le rinde bautizando con su nombre la biblioteca que, para consultas mínimas, debe albergar, imprescindiblemente, nuestro Palacio de Gobierno, sede de la Presidencia de la República, es un merecido tributo a un intelectual de altísimos quilates, que ocupó con méritos indiscutibles el máximo sitial de la conducción de la patria para honrarla y, enaltecerla como pocos.

         La única pasión del Dr. Ayala fue servir a su país, que, crucificado en su historia, arrastraba un destino penoso e incierto. Guerras civiles, pasiones mezquinas, laceraban su economía y comprometían su futuro. Eligio Ayala, exiliado voluntariamente diez años en el Viejo Mundo, se preparó para devolverlo a un destino de grandeza que estaba cabalmente probado.

         El drama de este gran hombre es que, habiéndose habilitado para ello, debió enfrentarse a otra realidad, a una de las encrucijadas más dramáticas de nuestra historia, como lo fue la guerra del Chaco.

         Eligio Ayala avizoró, como pocos, desde esa altura vital que había adquirido, la sombra de la tragedia que se avecinaba. Y postergando proyectos que había acariciado toda su vida, se consagró con pasión casi mística a preparar a su patria para enfrentar ese destino.

         Si consideramos las difíciles condiciones del país, cuando le tocó al Dr. Ayala hacerse cargo de los destinos nacionales, no puede menos que causar asombro todo lo que pudo hacer con tan precarios medios y menguados recursos para asegurar la defensa nacional.

         Ayala no solo hizo prodigios de administración, autoridad y energía en diez años de labor tesonera, honrada, silenciosa y efectiva, debió también enfrentar la incomprensión, la envidia, los egoísmos y hasta la ceguera de sus propios compatriotas. Vivió sufriendo y muriendo como un Prometeo encadenado.

         No podemos utilizar, en este breve ensayo, toda la extraordinaria documentación que acumulamos, durante muchos años, sobre su vida y su obra, y pedimos disculpas por abusar de las citas, pero cuando se resume la historia, es preferible que los documentos hablen. Ellos nos darán una idea de la vida y pasión de este paradigma de estadista.

         Los pueblos no deben olvidar a sus benefactores y menos en los momentos felices de su historia. A más de ciento treinta años del nacimiento del Dr. Eligio Ayala, con entera prescindencia de toda tendencia o apreciación política, deseamos rendir, con este trabajo, un homenaje a esa figura prócer que debe ser mirada por encima de intereses subalternos, porque todos los que sirvieron a la Nación con espíritu de patria, pertenecen a la patria misma. Los hombres que iluminan nuestro camino, no deben quedar como exiliados de nuestra propia historia.

 

 

EL RETORNO A LA PATRIA Y

EL MINISTERIO DE HACIENDA

 

         "Tengo mi juicio formado sobre los grandes problemas de la vida. Estos juicios no son meros conocimientos. Ellos son emanaciones de mi mismo, floraciones de mi propia complexión psicológica. Comprendo que mis convicciones son sustancias de mi propio espíritu. Ahora, regreso a mi patria, sin un céntimo, pero con la conciencia bien neta de mis actividades, de mis fuerzas, con un caudal de convicciones espontáneamente brotadas y sazonadas en mi persona, es el único patrimonio que poseo a mi regreso".      Está preparado para asumir su papel en la historia. El hombre de conciencia vuelve con plétora de ciencia. El nuevo ministro se impone objetivos esenciales, y en pos de ellos trabaja sin importarle las opiniones y reacciones que provoca.

         Ayala tiene una idea clara de lo que debe ser un Estado moderno e inicia la tarea de poner orden en un país donde casi todo estaba desorganizado.

         Después de tantos años de ausencia, es penoso para Ayala comprobar que la política criolla seguía absorbiendo las mejores energías de los valores nacionales. Aun la juventud mostraba poco o ningún interés por abocarse al estudio de las ciencias sociales y económicas.

         En carta autógrafa, se quejaba: "En nuestro país, cabe decir, que ni se han iniciado estos estudios"; y agrega: "que no había ni sombra de preocupación por los factores que influyen en la vida de una nación".

         "En la clase dirigente misma, hasta entre los Ministros, hay muchos que no saben ni lo que es una moneda".

         "Todos quieren dinero, pero nadie presume siquiera lo que es, sus leyes, su origen, sus consecuencias, su régimen".

         A manera de paliar su crítica tan veraz, afirma: "Pero esto, al fin y al cabo, qué importa, dirán todos. Así como para devorar una buena ensalada no es preciso ser botánico, para adquirir dinero o gastar el ajeno no es menester ser economista. Y la verdad que nada puede ser más evidente".

         En el fondo, el nuevo ministro subleva, porque trae una nueva interpretación de los fenómenos económicos, de los hechos políticos, un nuevo sistema de valores. Eligio Ayala, desde el Ministerio de Hacienda, procura tecnificar, moralizar la administración pública, contrariando algunos intereses nacionales y extranjeros que se benefician con esas anormalidades.

         Se propone limitar los gastos que cree innecesarios y choca contra los militares acostumbrados a disponer del presupuesto nacional. Ilustrativa es aquella anécdota de un jefe que exigía demasiado dinero para alimentar la caballada de su regimiento; y recibe al pie de su requerimiento, por toda respuesta, aquella apreciación: "¡Quién fuera caballo!"

         Algún tiempo después, siendo ya presidente de la República, relatando una conversación con su ministro de Hacienda, Eligio Ayala escribía: "Debe Ud. considerarse feliz, señor Ministro, en el desempeño de su cargo. Ha actuado Ud. en condiciones muy diferentes de las que me rodeaban a mí en este mismo puesto. Se sucedían en mi despacho, jefes y oficiales cuyos apetitos desaforados me producían rubor, cuyas insolencias no me dejaban trabajar. En el Congreso, una prepotencia militar entorpecía mis esfuerzos de saneamiento financiero. Ud., señor Ministro, no ha visto un solo militar en su camino...".

         Su rígida política económica, científica y honrada perjudicó a algunos caudillos políticos y militares, y es una de las causas de la revolución de 1922-23.

         En un folleto titulado Jornadas Democráticas, escrito por José P. Guggiari y Justo Pastor Benítez, en 1925, leemos: "La tranquilidad política es la verdadera garantía de la prosperidad de los negocios y del desenvolvimiento económico. Ambos propósitos fueron realizándose, honesta y seguramente, bajo la dirección del Dr. Eligio Ayala, cuya enérgica política de saneamiento es indisputablemente una de las causas del golpe de estado, al cerrar al caudillismo licencioso las puertas de las oficinas recaudadoras y el camino de los negocios fáciles, hechos a la sombra del poder".

         El senador Schaerer y el Cnel. Chirife encabezan el golpe de estado del 29 de octubre de 1921. Renuncia el presidente Gondra y, por acuerdo de las facciones en lucha, asume como presidente provisional Eusebio Ayala (5.11.21). Eligio Ayala continúa ordenando económica y financieramente el país. Un veto presidencial provoca el pronunciamiento armado del 27 de mayo de 1922 que volvió a sumir al Paraguay en una larga guerra civil. En abril de 1923, renuncia a la Presidencia Eusebio Ayala.

         Una comisión de su partido, integrada, entre otros, por los Dres. Eladio Velázquez y Lisandro Díaz León, fue a visitar a Eligio Ayala para ofrecerle la Presidencia. Y se produce este hecho singular: Era la hora de la siesta, y Ayala descansaba como se acostumbra en nuestras tórridas tierras. Recibe a la Comisión que le informa de su intención de ofrecerle la Presidencia de la República.

         Ayala se incorpora, no ensaya un gesto de falsa modestia, tiene demasiada conciencia de sí mismo, no agradece que se le dispense ese honor. Simplemente considera que llegó la hora de cumplir la misión para la que, durante toda su vida, se había preparado. Se viste y por toda respuesta les dice a los personeros de esa Comisión: "Vamos". El voto del Congreso lo confirma Presidente Provisional.

 

 

PRESIDENTE PROVISIONAL

 

         Con mano firme asume el timón del gobierno, un ataque infructuoso a la capital (9 de julio) pone término a la subversión. "El país empobrecido y arruinado espera su resurgimiento de la pacifica labor de sus buenos hijos".

         Ayala es el vencedor de la guerra civil y por primera vez en nuestra atormentada historia la vendetta no es un recurso político. Cree que los paraguayos, equivocados o acertados, del gobierno o de la oposición, son paraguayos, a los que nada ni nadie puede negarles el derecho a la patria, el supremo de los derechos.

         En su mensaje al Congreso (1925), decía: "Sin alardes hemos restablecido la calma y el orden, hemos abierto sendas legales para que los desterrados puedan reincorporar sus energías a la actividad productora del país, hemos procurado serenar las pasiones airadas y rencorosas, y disminuir el fanatismo y la intolerancia en política, hemos desusado el lenguaje de la exaltación y la injuria permanente, y hemos recurrido a la inteligencia, antes que a los mórbidos instintos del pueblo. Hemos asegurado la libertad del sufragio y la verdad del escrutinio".

         Las olas de la incomprensión y del odio golpean contra los graníticos acantilados de su patriotismo y de su inmaculada honradez. Aun sabiendo que esas marejadas de saña desaparecerán ante el juicio de la posteridad, no puede permanecer inmune al dolor que la incomprensión le causa.

         Los gestos de civismo y honradez lo conmueven y alientan. Proporcionada por el Académico Dr. Carlos Pastore, no resisto a la tentación de transcribir una carta manuscrita, dirigida a un joven Canciller del Consulado del Paraguay en Montevideo, quien sugiere al ministro que se suprima su puesto, para ahorrar dinero al país.

         La carta dirigida a Marco Antonio Laconich dice así:

 

         Presidencia de la República

         Correspondencia Privada

         Asunción, Abril 23 de 1928

 

         Estimado Señor Laconich:

         He leído inesperadamente su interesantísima carta. Me ha asombrado sobremanera el hombre que he encontrado en ella, un hombre, el "todo un hombre" que es desde luego extraordinariamente raro en el Paraguay. Y más aún, uno que pide se suprima el empleo que desempeña.

         Nosotros acá, en este Estero Patiño de la depravación política, estábamos acostumbrados a un bodrio muy diferente. En vez de buscar un hombre para el empleo, se crean los empleos para los vividores, que es casi como decir, para la escuálida y corrompida camarilla del Guggiarismo.

         Le agradezco muy cordialmente el hermoso concepto que me brinda -algún valor he de tener-, puesto que proviene de un hombre que pide se le suprima su empleo, y se dirige a otro que tal vez merecidamente, se ha sumergido en el ocaso.

         Saludos muy cordiales

        

         Eligio Ayala

 

         El pueblo confiaba plenamente en su honradez y en su capacidad, y la convención de su partido lo proclama candidato a la Presidencia de la República (1924).

         En gesto de profunda convicción democrática, renuncia al cargo de Presidente Provisional para iniciar su campaña proselitista. No engaña a nadie con poses demagógicas ni hace promesas imposibles. En su mensaje de 1925, resumiendo su campaña política, decía: "En ningún momento hemos desplegado ante el pueblo la visión de grandezas originales" y agregaba: "providencialismo candoroso, cuyo monopolio dejamos a los arbitristas y redentores".

         El sufragio y la masiva expresión de la voluntad ciudadana le permiten gobernar sin estado de sitio y sin que nadie haya sido perseguido por sus ideas. Ayala es el presidente de los paraguayos, y los paraguayos, por primera vez en muchos años, permiten a un gobernante terminar su mandato.

         Cuando asume la Presidencia de la República el 15 de agosto de 1924, se entrega con fervor cívico a cumplir el programa que había enunciado en su mensaje al Congreso. Rehúye toda actividad política y aun social. Piensa que este tiempo puede emplearlo en trabajar, y dice: "Un régimen genuinamente republicano, excluye las actitudes de vana ostentación, y los alardes de falso valer que tanto recrean a ciertos espíritus". Y agrega: "Los problemas de gobierno son tan graves, tan múltiples, tan complejos y difíciles en nuestros días, que es preciso estudiarlos honradamente y con calma. Y no se puede meditar, reflexionar en ellos... si se anda a la disparada de una reunión pública a otra y si se pierde el tiempo en hacer en ellas contorsiones y promesas hipócritas...".

         Según Ayala, el tiempo conspiraba en su contra y -en este breve bosquejo de su obra- también contra nuestro deseo de extendernos como merece el análisis exhaustivo y documentado de la labor de este estadista singular. Nos limitaremos, pues, a la enumeración de ese importante macizo de obras, que, en conjunto, componen la gestión de su gobierno.

 

 

ELIGIO AYALA Y SU OBRA DE GOBIERNO

 

         Bajo la dirección de Ramón I. Cardozo, realiza la reforma de la instrucción primaria. Sus fundamentos se detallan en la Pedagogía de la Escuela Activa.

         Ayala, con la participación de profesores que contrató en Europa, convirtió a la Facultad de Medicina en un verdadero centro de investigación y difusión científica. Entre los destacados profesionales que prepararon a los jóvenes universitarios de la época, podemos citar a Gabriel Delamare, profesor de Clínica Médica, con quien se formaron Profesores como Carlos Gatti y Ramón Giménez Gaona. El profesor Charles A Py, de Clínica Quirúrgica, fue maestro de profesores como Manuel Giagni, Manuel Riveros y Felipe Molas, todos eminentes cirujanos. El profesor de Histología y Anatomía Patológica, Dr. Gery, formó al sabio Prof. Dr. Juan Boggino. El notable profesor Roger, Decano de la Universidad de Paris, permaneció varios meses en la Asunción invitado por el Gobierno para dictar cursos y conferencias sobre materias de su especialidad.

         Para preparar a los técnicos que debían colaborar en el desarrollo del país, fundó la Facultad de Ingeniería. Con ironía, decía en uno de esos «dardos diarios» a los que era tan afecto al escribir a sus amigos y colaboradores: "que los ingenieros del país confundían electricidad con espiritismo". Varios profesores rusos blancos integraron el plantel de profesores y también ayudaron, con singular eficiencia, en la reorganización del Departamento de Obras Públicas.

         La reorganización de la función pública, en pos de la ciencia administrativa, fue otra de sus obras importantes. "La carencia de coordinación de las reparticiones públicas, decía Ayala, se debe a la falta de formación y a la falta de una conciencia colectiva".

         Como medidas necesarias a la salud económica, se propuso detener la espiral inflacionaria y asegurar la estabilidad económica, buscando que el flujo de los medios de pago no supere al de los bienes, evitando préstamos, ordenando los créditos y manteniendo el justo nivel de los salarios mediante la defensa de su poder adquisitivo. Su tesis era esta: "Lo que más importa no es tener mucho dinero con el que se pueda comprar poco, sino poder comprar mucho con poco dinero".

         Según su propio análisis, durante la guerra europea, el Paraguay había disfrutado de una prosperidad económica excepcional, pues los productos que podía exportar se habían valorizado, pero decía: "Pocos años después todo se abismó en un pavoroso desastre económico, alucinados por la favorable balanza comercial se descuidó la balanza de pagos. La Oficina de Cambios, que era el organismo que controlaba la circulación monetaria, fue -según Ayala- arrastrada por la corriente". Por ello propuso la creación de un Banco Central como "órgano poderoso de una política económica reflexiva". Pero la oposición parlamentaria no le permitió concretar su proyecto.

         La modificación del sistema impositivo dio extraordinario desarrollo al país. En 1927, anunciaba al Parlamento: "Desde la estabilización del cambio monetario, se han producido grandes transformaciones en los componentes de la riqueza pública. Los impuestos estaban mal repartidos. Podíamos aumentarlos sin estorbar el progreso económico y desalentar el ahorro".

         Considera a las aduanas como uno de los instrumentos más eficaces para el desenvolvimiento económico de un país. Para completar sus funciones y delimitarlas dicta la histórica Ley N° 667 de Tarifas y Avalúos, conocida como Ley Vorfeld, nombre del técnico norteamericano que la elaboró bajo la supervisión directa del Dr. Ayala. Los mismos beneficios había producido esta política aduanera durante la época del Dr. Francia. "Al reducir los impuestos a un mínimo, recibía su mayor ingreso de la venta de artículos importados", comenta Richard Allan White en su libro sobre el Supremo. El Dr. Ayala, con el uso inteligente y honesto del régimen aduanero, financió, en parte, las necesidades de la defensa nacional.

         "Las dos funciones más importantes del Poder Ejecutivo, afirmaba, son las de coordinar y fiscalizar la administración en general... por ese motivo nos hemos preocupado de crear el control efectivo y preventivo de todos los actos administrativos". Dictó la Ley de Organización financiera para robustecer ese control.

         Introdujo reformas fundamentales para encarar la política agraria. Explica a los Diputados, como un padre enseña a sus hijos las primeras letras, lo que son las leyes de la reforma agraria, la historia de su aplicación en nuestro país. Hay claridad en lo que dice, su pensamiento es una lección de técnica económica, de derecho administrativo y de buen gobierno.

         Para Ayala, en síntesis, el problema fundamental no era solamente el traslado de dominio en la tenencia de la tierra, lo que importaba era darle al campesino, también, asistencia técnica, seguridad de precios remunerativos, educación, atención sanitaria. Rechaza, por inconvenientes, las expropiaciones. Tanto como al latifundio, teme al minifundio.

         La estabilidad de su Gobierno, la paz interna, su administración ordenada y honrada produjeron confianza, la estabilidad de su Gobierno, la paz interna, su administración ordenada y honrada, todo se tradujo en confianza de la población, que debía completarse con la recuperación del crédito público. Los adversarios de Ayala sostenían que habiendo necesidades urgentes, era innecesario e inconveniente el pago de la deuda externa. Él piensa que era necesario oxigenar, sanear el prestigio económico del Paraguay, y dice: "Justamente el mejor medio de satisfacer los reclamos financieros, de aumentar los recursos, es la confianza general. Y nadie confiará nunca en un Estado que apele a la insolvencia, la mala fe, la morosidad maliciosa contra sus acreedores. Pedir préstamos después, equivaldría a la humillación de implorar caridad, o de resignarse a las condiciones más usuarias y perdemos la libertad de negociar un empréstito".

         Ayala explica: "Si nosotros mismos aniquilamos el crédito público, no podremos emplearlo cuando lo necesitamos". Él pagó las deudas del Paraguay, aun aquellos empréstitos contratados en días aciagos para la República y que no habían beneficiado al país. Y dice: "No estamos arrepentidos del arreglo. Preferimos hasta ahora, un acuerdo leal, franco, caballeresco, a las malas artes y matrerías de los especuladores. Afortunadamente no han quedado en vilo las esperanzas depositadas en el. El crédito del Paraguay ha renacido en la consideración pública. Ratifican esta aserción los préstamos obtenidos hace pocos meses, en condiciones que no han sido aventajadas en el pasado".

         Con su preocupación absorbente por las necesidades de la defensa nacional, se opuso, aun al precio de su popularidad, a la ejecución de obras que el mismo había soñado, como dotar a la Asunción de aguas corrientes y servicios sanitarios. De qué servirían, si perdíamos la República, era la alternativa que pesaba en su alma, en esas épocas grávidas de incertidumbre y peligros.

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Ayala, Eligio: Migraciones. 1941.

Bazán, Francisco: Eligio Ayala, el pensador Ediciones Curupí, Asunción 1976.

Benítez, Justo Pastor y José P. Guggiari: Jornadas Democráticas. 1927.

Bozzano, José Alfredo: Reminiscencias, Casa Editorial Toledo 1962.

Cardozo, Ramón I.: Pedagogía de la Escuela Activa. 1939.

Hemeroteca de la Biblioteca Nacional. Periódicos: El Plata, El Liberal, El Diario, Crítica.

Pastore, Carlos. Archivo personal.

Velilla Laconich, Julia. Archivo personal.

Whitte, Richard Alan: La primera Revolución Radical en América. Ediciones La República 1976.

 

 

 

CONTENIDO

 

Presentación

Eligio Ayala, el estadista

Una familia de rancia estirpe intelectual

Una década fundamental en Europa

El retorno a la patria y el Ministerio de Hacienda

Presidente provisional

Eligio Ayala y su obra de gobierno

La Defensa Nacional

La ocupación del Chaco

La organización del Ejército

La preparación para la guerra

Las cañoneras

La angustia de patria

Su legado de estadista

 

APÉNDICE

La ilustre prosapia de los Ayala

Los descendientes de Eligio Ayala

San Eligio el Breve

Bibliografía

 

 

 


 

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