APORTES EDUCATIVOS DEL NOVECENTISMO
SALVADORA GIMÉNEZ
Por una cuestión metodológica, consideramos conveniente presentar este trabajo en dos partes. En un primer momento, analizaremos las doctrinas educativas predominantes que inspiraron la práctica pedagógica del novecentismo paraguayo y, en este sentido, las teorías emergentes que en ese período representaban las fuentes de inspiración de nuestros pedagogos y pensadores. En un segundo momento, nos centraremos más en las figuras representativas de la educación paraguaya de este período y el consecuente estudio de sus prácticas educativas.
LAS TEORÍAS EDUCATIVAS INSPIRADORAS DE LA PRÁCTICA PEDAGÓGICA DE LOS NOVECENTISTAS
El aspecto doctrinal o del pensamiento inspirador de los intelectuales paraguayos novecentistas debe ubicarse en el contexto del pensamiento europeo y americano que en ese momento estaban a la vanguardia, pero con una acotación: En la mayoría de las veces las doctrinas filosóficas, literarias o educativas llegan tardíamente a nuestro ámbito académico. Sin embargo, muchos de nuestros intelectuales, aunque no todos, combinaban la práctica docente con la política, razón por la cual tuvieron oportunidades de viajar a los grandes centros culturales europeos o al menos frecuentaban espacios culturales latinoamericanos en donde circulaban copiosamente las grandes corrientes del pensamiento occidental.
En este contexto generacional, encontramos un cúmulo de teorías que han tenido su influjo en el quehacer educativo de nuestro país: el Krausismo español, el positivismo de corte evolucionista a través de la lectura de Herbert Spencer más que directamente de Auguste Comte, el pragmatismo de William James, pero sobre todo la versión del pragmatismo conocida como instrumentalismo del filósofo, psicólogo y pedagogo norteamericano John Dewey; pero también podemos notar la influencia del vitalismo y el espiritualismo, que fueron una suerte de reacción de muchos intelectuales latinoamericanos de principios del siglo ante el avance de la doctrina positivista. La práctica pedagógica de los albores del siglo veinte recibió como herencia espiritual del siglo anterior, nos indica el maestro Ramón Indalecio Cardozo268, una pedagogía caracterizada por:
a) El cientificismo, que equivale, en general, a una imitación servil del estilo y métodos propios de las ciencias de la naturaleza, hecha en el ámbito de las ciencias humanas; como si a éstas se les exigiera ese servilismo, so pena de no ser científicas.
b) El racionalismo, que es una actitud filosófica de confianza en la razón, las ideas o el pensamiento, que exalta su importancia y los independiza de su vínculo con la experiencia.
c) El humanismo, en el sentido de una filosofía que se interesa básicamente por el sentido y el valor del hombre y de lo humano, tomándolo como punto de partida de sus planteamientos.
d) El laicismo, que se basa en el principio de que la educación religiosa corresponde al ámbito familiar y de las iglesias respectivas, tratando de emancipar la cultura humana de toda concepción religiosa, defendiendo la independencia de la ciencia y de la cultura de toda coacción externa y postulando un estricto neutralismo frente a cualquier confesión religiosa. Ya en 1792 el filósofo francés Condorcet afirmaba que "no se puede admitir en la instrucción pública una enseñanza religiosa que destruya la igualdad de las ventajas sociales y conceda una prima a dogmas contrarios a la libertad de opinión". Aunque el laicismo en la educación no se implantó hasta la reforma escolar del pedagogo francés Jules Ferry en 1882, que abrió la puerta a la adopción de leyes que sustituyeron la enseñanza religiosa, hasta entonces dominante, por la enseñanza moral y cívica.
e) El utilitarismo, que establece que "lo bueno es aquello que promueve la felicidad" y a la vez que "el mayor bien es la mayor felicidad para el mayor número posible de personas". Como ética teleológica que es, aplica el principio de valorar las acciones humanas no por lo que son en sí mismas, sino por las consecuencias que producen. Sus propulsores fueron los filósofos ingleses Jeremy Bentham y John Stuart Mill, doctrina que caló hondo en la cultura norteamericana.
Pensadores de la talla de Fichte, Comte, Herbart, Spencer, Rousseau, Pestalozzi, entre otros, lucharon tanto en la teoría como en la práctica para humanizar la enseñanza; democratizar la escuela y hacer función del Estado la instrucción en sus diversos grados.
Veamos más detenidamente algunas de las teorías más influyentes de este período en el terreno pedagógico, fuentes de las cuales bebieron los maestros novecentistas. Cuando hablemos de cada uno de estos maestros explicaremos mejor la manera como han recibido estos influjos. Por ahora, es preciso bosquejar algunas de estas doctrinas pedagógicas.
EL KRAUSISMO ESPAÑOL
Este es un movimiento filosófico de difusión de las ideas del filósofo idealista alemán Karl Christian Friedrich Krause (1781-1832), que adquirió relevancia en España, donde, a mediados del siglo XIX, se contrapuso al conservadurismo del panorama filosófico (la escolástica). Como se desarrolló especialmente en España, debe hablarse de krausismo español, el cual adquirió su mayor relevancia en la renovación de la enseñanza y en las teorías pedagógicas. Krause defendía, en filosofía, un panenteísmo269 inspirado en el idealismo alemán y en Spinoza: por su panenteísmo defendía la presencia de Dios en todas las cosas, y por su vinculación con las corrientes mencionadas elaboró una síntesis metafísica y moral de ideales humanitarios impregnados de misticismo. El impulsor e introductor del krausismo español fue Julián Sanz del Río (1814-1869). Este logró crear los elementos para una reforma institucional de la enseñanza, y vio la posibilidad de una nueva fundamentación progresista de la moralidad, basada en un espíritu humanista y humanitario, tolerante, no autoritarista y antioscurantista. En definitiva, el polo opuesto al tradicionalismo dominante en la España de la segunda mitad del siglo XIX.
En definitiva, el krausismo fue un intento de escuela nueva, de orientación racionalista e ilustrada, que se inspiraba en las grandes ideas de la filosofía europea de su época. Los ideales de esta institución estaban puestos en una sociedad tolerante y progresista, abogaban por la libertad de cátedra y la descentralización administrativa, y pretendían una educación integral, orientada a la formación de una ética superior, ideales que calaron profundamente en los pedagogos y pensadores de nuestro país desde finales del siglo XIX.
EL POSITIVISMO
Esta corriente filosófica se incorpora simultáneamente en varios países de Latinoamérica. Para muchos es la primera doctrina filosófica que se impregnó profundamente en la cultura latinoamericana. La mentalidad latinoamericana de las últimas décadas del siglo XIX era un excelente caldo de cultivo para la propagación de esta doctrina, en primer lugar porque no había una fuerte presencia filosófica en nuestros países, la ausencia de "ejercicio filosófico normal", como diría Ortega y Gasset; en segundo lugar la anarquía política y la inestabilidad social propiciaban la instauración de esta doctrina. Nuestro país, en este sentido, reunía estas condiciones para que el positivismo fuera aceptado como la doctrina salvadora de una sociedad devastada, con larguísimos períodos dictatoriales y sin mucho porvenir económico. La presencia de esta corriente será de singular significación para la instauración de los diversos sistemas educativos que se sucederán desde las últimas dos décadas del siglo XIX. Una figura fulgurante salta inmediatamente al escenario intelectual paraguayo: el Dr. Cecilio Báez, padre del positivismo paraguayo, cuyo nombre impregna medio siglo de la vida cultural del país. De él hablaremos más detenidamente en la segunda parte de este trabajo.
Ahora bien, ¿cuáles son los rasgos distintivos de esta doctrina que tan hondamente caló en la filosofía de la educación paraguaya?
Básicamente, le caracteriza una actitud crítica ante la filosofía tradicional, en especial la metafísica, y afirma que también la filosofía ha de ser científica. La ciencia experimental es el único tipo de conocimiento válido y cada ciencia es independiente una de otra con métodos propios. La justicia, por ejemplo, quedará en el ámbito de lo expresamente tipificado en las leyes. Esta concepción es hostil a todo dogmatismo religioso o filosófico.
En el caso del positivismo paraguayo, señala Justo Pastor Benítez, el que más adeptos ganó fue el positivismo evolucionista de Herbert Spencer, que sostenía un progresivo y perfectible evolucionismo universal del hombre y la sociedad, que se explican como parte de un organismo único, realidad cósmica cuya intelección no puede ir más allá de un naturalismo inmanente270.
EL PRAGMATISMO INSTRUMENTALISTA DE JOHN DEWEY
El filósofo, psicólogo y pedagogo norteamericano John Dewey (1859-1952) contrastó sus principios educativos en la famosa escuela laboratorio de carácter experimental, denominada Escuela Dewey; instituida en la Universidad de Chicago en 1896. Los principios educativos proponían el aprendizaje a través de actividades de diferente índole más que por medio de los contenidos curriculares establecidos y se oponían a los métodos autoritarios. Dewey pensaba que lo ofrecido por el sistema educativo de su época no proporcionaba a los ciudadanos una preparación adecuada para la vida en una sociedad democrática. Consideraba, además, que la educación no debía ser meramente una preparación para la vida futura, sino que debía proporcionar y tener pleno sentido en su mismo desarrollo y realización. Sus trabajos, tanto experimentales como teóricos, influyeron significativamente en los profundos cambios llevados a cabo en la pedagogía de Estados Unidos en los inicios del siglo XX, manifestados en el cambio del énfasis de lo institucional y burocratizado a la realidad personal del alumno. Criticó la educación que enfatizaba tanto la diversión relajada de los estudiantes, como el mantenerles entretenidos sin más, así como la orientación exclusiva hacia el mundo profesional.
Como filósofo, Dewey subrayó todo lo práctico, esforzándose en demostrar cómo las ideas filosóficas pueden actuar en los asuntos de la vida diaria. Su planteamiento lógico y filosófico era de cambio permanente, adaptándose a las necesidades y a las circunstancias concretas. El proceso de pensamiento en su filosofía es un medio de planificar la acción y de superar los obstáculos entre lo que hay y lo que se proyecta.
FIGURAS REPRESENTATIVAS DE LA EDUCACIÓN PARAGUAYA
EL MAESTRO DR. CECILIO BÁEZ
Como lo adelantamos, este insigne intelectual es considerado el padre del positivismo paraguayo. Perteneció a la primera tanda de bachilleres del Colegio Nacional de la Capital. Vivió en carne propia, como muchos de sus coetáneos, las devastadoras consecuencias de la Guerra Grande, pues nació pocos años antes de la guerra, en 1862. Fue discípulo del también gran maestro Ramón Zubizarreta, cuya enseñanza fue de fuerte orientación krausista. Luego de sus estudios en el exterior, regresó con las ideas positivistas y con fuertes convicciones antilopistas y, en general, contra cualquier forma de despotismo. Introdujo en la Universidad Nacional de Asunción, de la que fue reformador y principal figura por mucho tiempo, la cátedra de Sociología, ciencia nueva que surgió con el positivismo de Comte. Revisó con agudeza la historiografía nacional y fue implacable crítico de la educación jesuítica, la dictadura del Dr. Francia y los López.
Observemos algunas ideas ilustrativas de la presencia positivista en el pensamiento del Dr. Cecilio Báez y, concretamente, en su filosofía de la educación. En su polémica obra La tiranía en el Paraguay271 constata que tras el hecho visible de la tiranía yace inadvertida su principal causante: la ignorancia. De manera que será la educación el pilar sobre el cual debe descansar el progreso espiritual y material de una nación. Educación y libertad son términos afines e inseparables. A menos que una sociedad esté enferma, la instrucción pública será el mejor antídoto contra la sumisión. Báez sostiene que es imposible domesticar a ciudadanos ilustrados y absolutamente fácil reducir a la servidumbre a los pueblos iletrados.
Aboga por la educación del pueblo tanto por la instrucción como por los actos de buen gobierno, porque un pueblo se desmoraliza por los atentados gubernativos, se corrompe por el despotismo y se cretiniza por la falta de instrucción."272 Luego agrega: "Las tiranías vuelven cretinos a los pueblos, anulando su voluntad y corrompiéndolos. El despotismo trastorna los fundamentos de la moral, porque hace bendecir el crimen, arrancando del corazón y de la conciencia, así el sentimiento del honor, así la idea de la propia personalidad, como las nociones del bien y el mal (...), sólo la escuela de la libertad es el arca de salvación de los pueblos".273 Agrega, además, que por la falta de instrucción, el pueblo paraguayo no tiene costumbres democráticas y que el pueblo campesino es muy ignorante, que en el Parlamento no hay ideas (igualito que hoy, 100 años después).
Cecilio Báez ha mostrado su sesgo positivista al referirse en más de una ocasión a los pueblos indígenas como bárbaros y salvajes. Achaca a los jesuitas la culpa de haber descuidado la educación en el Paraguay, como así también el haber desoído al rey que dispuso que los paraguayos fuesen aleccionados en el idioma castellano. Cree que el desconocimiento de esta lengua hizo que el Paraguay no sólo soportara el aislamiento geográfico y cultural, sino que no pudiera en modo alguno comunicarse con el mundo exterior y que el guaraní le impuso una segregación irremediable respecto a las naciones civilizadas.
Una de las características del positivismo es el rechazo de la filosofía especulativa. Pues bien, Báez afirma que "a los pueblos es ocioso suministrarles libros de filosofía, porque no la entienden. Para despertar la conciencia de los pueblos, hay que presentarles las enseñanzas de la historia274 .
Como gran reorganizador del Colegio Nacional de la Capital y la Universidad Nacional de Asunción, Cecilio Báez marcó pautas en la cultura nacional. Al mismo tiempo, dejó su impronta en la concepción pedagógica de cuño positivista. La Universidad Nacional estuvo profundamente marcada por esta idea: cada Facultad se mantuvo aislada una de otra, atomizada, sin permitir los aportes interdisciplinarios, pues las ciencias eran concebidas como entidades autónomas; tampoco la prioridad dada a las ciencias experimentales ha tenido éxito, fundamentalmente por la ausencia de recursos para el desarrollo de las actividades científicas.
LAS HERMANAS SPERATTI Y LA ESCUELA NORMAL
La corta existencia de Adela Speratti (1865-1902) dejó una profunda huella en la joven generación de educadoras de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Tuvo el privilegio, al igual que su hermana Celsa, de realizar una destacada formación docente en la entrerriana Escuela Normal de Concepción del Uruguay, que, junto con la de Paraná, simbolizaba las aspiraciones de modernidad y progreso social propias de la época.
La línea pedagógica de la Escuela Normal tuvo dos orientaciones: la del curso normal para aspirantes a maestros y la de la Escuela de Aplicación, destinada a la práctica de la enseñanza por parte de las futuras docentes. Uno de sus propósitos principales consistía en responder al espíritu de formación femenina, con un sentido práctico.
En cuestión de aprendizaje, esta escuela tenía un régimen de aprendizaje imbuido por los principios de Pestalozzi275. Al mismo tiempo que se facilita al niño la observación y la discriminación consecuente, en las alumnas pre docentes se fomenta el hábito del juicio y del discernimiento. La educación moral se imparte en todo momento y trasciende el ámbito áulico. Tampoco se descuida el cultivo de la sensibilidad estética a través del dibujo y la música.
Adela se encontraba entre las practicantes de la Escuela de Aplicación. Había ingresado en 1882 y egresado en 1885, habiendo sido contratada al año siguiente como docente por haber sido una estudiante destacada. Se tendía a facilitar la libertad de acción y la espontaneidad, recomendándoseles a las alumnas-docentes a no esclavizarse a un plan elaborado, ni a un método, pudiendo elaborar algún método original, no recurrir a la memorización ni a las ilustraciones efectistas. Los profesores debían dar una bibliografía de consulta que contribuya a ampliar los conocimientos contenidos en los textos oficiales.
En torno al alumno se promovían discusiones o debates dirigidos por profesores, en los que estaba permitida la libertad de opinión para ayudar a la formación del juicio personal de los estudiantes.
La madre espiritual y orientadora de Adela Speratti fue la educacionista norteamericana Isabel King, cuya presencia en la Escuela Normal de Concepción evolucionó notablemente la educación, pues tenía influjo de las ideas filosóficas francesas e inglesas del siglo XIX, con fuerte influencia de Rousseau y Pestalozzi, con un "trasfondo spenceriano", como diría Raúl Amaral.
En un "torneo de inteligencia" la maestra Adela Speratti disertó sobre "La importancia de las ciencias naturales en la educación de la mujer", que el periódico de la época El Uruguay juzgó en estos términos: "es una filigrana literaria y científica sobre un fecundo tema tratado con admirable síntesis".
Gracias a la gestión del Superintendente de Educación del Paraguay, esta maestra fue recuperada para el país en la última década del siglo XIX. Estas hermanas emprendieron una verdadera cruzada contra la ignorancia y el analfabetismo, organizando la Escuela Graduada y la primera Escuela Normal de Maestras. Entre sus discípulas figuran ilustres paraguayas como Serafina Dávalos, María Felicidad González y otras. Bajo la influencia del normalismo argentino, Adela influyó enormemente en la educación paraguaya en su corta pero fructífera vida, al igual que su hermana Celsa, que le sobrevivió 36 años.
LA ESCUELA DE LOS EDUCADORES DEL GUAIRÁ
Este grupo de pedagogos tuvo una enorme repercusión en la educación nacional. Mencionemos el aporte de dos de sus más insignes representantes: los maestros Delfín Chamorro (1863-1931) y Ramón Indalecio Cardozo (1876-1943), sin olvidar la importancia de otros integrantes de esta escuela, tales como Simeón Carísimo, Anastasio C. Riera y Nicolás E. Sardí.
A Delfín Chamorro se lo recuerda como un maestro de gran talante moral, una figura carismática y de firme formación intelectual. No fue amante de las meras modas pedagógicas, de las raras pedagogías, sino más bien impuso el método de la sencilla y simple pedagogía que apunta fundamentalmente al corazón de los discípulos, inculcándoles la disciplina, la honradez y la solidez moral.
En gramática castellana fue seguidor del maestro venezolano Andrés Bello y, como una importante aportación a la educación paraguaya, sustituyó la vigencia de una gramática extranjera por otra de propia elaboración. Póstumamente se publicaron sus lecciones con el título de "Hacia la gramática" (1932). Como poeta, es heredero del posromanticismo paraguayo con obras como "Todo está perdido" y "Adiós a Yvyty". Fue un grande de la educación nacional cuya vida transcurrió con suma modestia.
Por su parte, el destacado pedagogo paraguayo don Ramón Indalecio Cardozo afirma en "Mi vida de ciudadano y maestro" que "apenado por la ignorancia de la masa campesina, hice un esfuerzo por concluir mi carrera de maestro...".
Su primera publicación fue "Pestalozzi y la enseñanza contemporánea", que recibió elogios de la intelectualidad paraguaya. Pero en 1904 ya había realizado tres trabajos que merecieron reconocimiento en el Primer Congreso Pedagógico realizado en Asunción. Estos trabajos son "La Escuela Rural", "La enseñanza de la lectura" y "Plan de estudios". Fue el primer director de la primera Escuela Normal de Villarrica. Rechazó el cargo de senador que le ofrecieron, para no abandonar la carrera de magisterio (¡qué lección!), pues decía que éste le llenaba de gozo espiritual. Entre sus varias obras destacan los tres tomos de la "Pedagogía de la Escuela Activa".
Cardozo fue el gran emprendedor de la reforma educacional de 1922. Escribió los libros de lectura de la escuela primaria con el objetivo de fomentar el nacionalismo, puesto que hasta entonces los niños aprendían a leer con textos de origen argentino.
El profesor Cardozo fue un educador nato, estudioso de la problemática educativa y de la historia nacional, con gran sentido de comprensión de los problemas nacionales. Destacaba la necesidad de la educación individual y social en la formación del individuo.
"La educación -sostenía- tiene por objeto el desarrollo completo del hombre para realizar su propio destino individual y el de la colectividad".
Con respecto a la Escuela Activa afirmaba que no era otra cosa que la institución social que enseña al niño de acuerdo con las leyes biológicas, sociológicas y psicológicas, que rigen su desenvolvimiento. Es un laboratorio de la vida real en que el niño es obrero de su propio porvenir.
Habiendo leído a Dewey, de quien aprendió la importancia de la educación democrática, considera que no se debe emprender una educación meramente utilitaria, sino que debe desarrollar armónicamente la potencialidad humana.
Este pedagogo enseña que las perfecciones perseguidas por la Escuela Nueva son la perfección física, espiritual y social; por lo tanto, recomienda que se dé igual importancia a los juegos, a la gimnasia, a la actividad manual, a la educación de los sentidos, a la educación social, a la actividad mental y a la formación del carácter.
El educador, según Cardozo, debe acercarse a sus alumnos para comprender las necesidades que en ellos se suscitan y provocar las reacciones adecuadas. El educador debe procurar imitar la bondad del Maestro, Jesús, pues sólo la bondad siembra bondad.
Frente a la escuela tradicional, que prepara para la opresión, para la dictadura, la Escuela Nueva propone formar hombres para la democracia, la paz y la justicia, predica un nacionalismo racional, basado en el verdadero amor a la patria, donde el niño es el centro y el eje de la enseñanza, con la fe puesta en él y en sus esfuerzos. Está en contra del enciclopedismo y el memorismo y la escasa educación moral.
Finalmente, con la Reforma Educativa de 1922, Ramón Indalecio Cardozo consiguió plasmar en gran medida sus ideas educativas, su capacidad organizativa y su dote de educador que lo ubica en un elevado sitial de la educación paraguaya.
NOTAS:
268CARDOZO, Ramón I. 1939. Psicología de la Escuela Nueva, tomo I, Asunción.
269Panenteísmo es una doctrina que sostiene que todo está, o existe, en Dios. El término fue creado justamente por Krause, quien recurrió a diversos neologismos para precisar sus ideas: el de "panenteísmo" lo aplicaba a un sistema intermedio entre el panteísmo y el teísmo. Diccionario de filosofía. 1996. Editorial Herder SA, Barcelona.
270BENÍTEZ, Justo Pastor, El Positivismo en el Paraguay, Ediciones NAPA, Asunción, 1983, p.73.
271BÁEZ, Cecilio. 1993. La tiranía en el Paraguay, Intercontinental Editora, Asunción.
272Ídem, p. 25.
273Ibídem.
274Ídem, p. 62.
275Johann Heinrich Pestalozzi (1746-1827), reformador de la educación, suizo, cuyas teorías establecieron los cimientos para la moderna educación elemental. Pestalozzi defendía la individualidad del niño y la necesidad de que los maestros fueran preparados para lograr un desarrollo integral del alumno más que para implantarles conocimientos.
FUENTE (ENLACE INTERNO - HACER CLIC SOBRE IMAGEN):
EL RÉGIMEN LIBERAL 1870-1930
SOCIEDAD, ECONOMÍA Y CULTURA
JUAN M. CARRON ;
MARÍA G. MONTE DE LÓPEZ MOREIRA ;
ANSELMO AYALA y
SALVADORA GIMENEZ
ACLARACIÓN:
El trabajo de investigación que sirvió de base para la siguiente publicación, fue financiado por el Rectorado de la Universidad Nacional de Asunción. Los resultados que se derivan del mismo son propiedad de la Universidad Nacional de Asunción, Paraguay. Las opiniones que se encuentran vertidas en la publicación son de exclusiva responsabilidad de los autores, y no necesariamente reflejan la posición de la Universidad Nacional de Asunción.
Unidad de investigación de la facultad de filosofía de la UNA.
Con financiación del Rectorado de la Universidad Nacional de Asunción durante el año 2004
Investigador principal:
Dr. JUAN M. CARRÓN
Co-investigadores:
Prof. MARÍA G. MONTE DE LÓPEZ MOREIRA
Prof. ANSELMO AYALA
Prof. SALVADORA GIMÉNEZ
A cargo de la Prof. María Monte de López Moreira estuvo el estudio del contexto histórico de la época estudiada. A cargo de Anselmo Ayala las ideas filosóficas, así como las ideologías dominantes. Las ideas pedagógicas estuvieron a cargo de la Prof. Salvadora Giménez. El Dr. Camón se ocupó de la coordinación general, de analizar el contexto socioeconómico y de elaborar las conclusiones. El Prof. Miguel Ángel Fernández participó en la etapa inicial de preparación del protocolo de investigación y en la discusión de los primeros avances de la misma; no así en la redacción última de los capítulos que conforman la obra.
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Octubre de 2005 (220 páginas)