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THOMAS L. WHIGHAM


  LA ECONOMÍA DE LA INDEPENDENCIA (Obra de THOMAS WHIGHAM) - Año 2010


LA ECONOMÍA DE LA INDEPENDENCIA (Obra de THOMAS WHIGHAM) - Año 2010

LA ECONOMÍA DE LA INDEPENDENCIA

Obra de THOMAS WHIGHAM

Colección: INDEPENDENCIA NACIONAL

INTERCONTINENTAL EDITORA

Asunción – Paraguay

2010 (155 páginas)

© INTERCONTINENTAL EDITORA S. A.

Caballero 270; teléfs.: (595-21) 496 991 - 449 738

Fax: (595-21) 448 721

Pág. web: www.libreriaintercontinental.com.py

E-mail: agatti@libreriaintercontinental.com.py

Diagramación: Gilberto Riveros Arce

Hecho el depósito que marca la Ley N° 1328/98.

ISBN: 978-99953-73-53-8

 

 

CONSEJO DIRECTIVO DE LA FUNDACIÓN CABILDO

PRESIDENTA - MARGARITA AYALA DE MICHELAGNOLI

VICE PRESIDENTA - DRA. TERESA MARÍA GROSS BROWN DE ROMERO PEREIRA

MIEMBROS TITULARES

FÁTIMA DE INSFRÁN // GABRIEL INSFRÁN // MARGARITA MORSELLI //

YOLANDA BOGARÍN // MARÍA LUISA SACARELLO DE COSCIA //

GILDA MARTÍNEZ YARYES DE BURT // MIGUEL ALEJANDRO MICHELAGNOLI

MIEMBROS SUPLENTES

EDGAR INSFRÁN // PAZ BENZA

 

ÍNDICE

DEDICATORIA  

PRÓLOGO

CAPÍTULO I: YERBA MATE

 -       ORÍGENES

 -       EL TRABAJO EN LOS YERBALES

 -       EL CRÉDITO Y LA CRISIS DE LA INDEPENDENCIA

 -       NUEVOS CAMBIOS

 -       LA "LIBERACIÓN" DE LOS PUEBLOS DE INDIOS

 -       UNA NUEVA ERA: LA DÉCADA 1850-1860

CAPÍTULO II: TABACO

 -       CULTIVO

 -       LA RENTA DE TABACOS

 -       EL TABACO EN TIEMPOS DE FRANCIA

 -       TABACO: LA CONEXIÓN CORRENTINA

          -       EL COMERCIO LIBRE DEL TABACO

 -       EL TABACO Y LA POSIBILIDAD DEL DESARROLLO

CAPÍTULO III: GANADERÍA

 -       LA CRÍA DE GANADO A COMIENZOS DEL PERIODO NACIONAL

 -       MEJORÍAS EN CORRIENTES

 -       ALGUNOS CONTRATIEMPOS

 -       RECUPERACIÓN DE CORRIENTES

 -       GANADERÍA EN LA FRONTERA BRASILERA

 -       GANADERÍA PARAGUAYA: LA ERA DE LÓPEZ

 -       LA DÉCADA DE 1860

 -       EL GANADO: UN COMERCIO SECUNDARIO

 

 

PRÓLOGO

Los comienzos de la era independiente presenciaron una continuación de las prácticas coloniales. Así puede resumirse este estudio sobre la economía del Paraguay y parte de la Argentina, en especial la actual provincia de Corrientes, que el autor llama el Alto Plata (la región norteña de los ríos Paraguay y Paraná). El autor, Thomas Whigham, analiza un periodo de noventa años de historia regional (1780-1870); vale decir, el periodo comprendido entre la consolidación económica del Virreinato del Río de la Plata y la Guerra de la Triple Alianza.

Aunque el Virreinato del Río de la Plata se creó en 1776, debieron pasar algunos años antes de que comenzara a funcionar como una zona económica integrada (dentro de las limitaciones del sistema colonial). En el Virreinato, que abarcaba aproximadamente los territorios del Paraguay, Uruguay, la Argentina y Bolivia, se había producido un crecimiento económico relativo para el tiempo de la independencia. La provincia del Paraguay tenía asegurada la venta de es yerba y el tabaco en las provincias del sur, que enviaban ganado a las del norte, y recibían plata de las minas del Alto Perú (hoy Bolivia). Buenos Aires enviaba al Paraguay las libranzas (cartas de crédito) que financiaban la producción de yerba mate. Buenos Aires (la capital del Virreinato) también dirigía la producción y venta del tabaco paraguayo mediante el estanco o monopolio del tabaco.

Aquella integración y aquel crecimiento económico relativos se veían limitados por factores políticos. Dentro del sistema colonial era más importante aumentar la recaudación de los impuestos que aumentar la producción económica. A la larga, las decisiones políticas que impedían el pleno crecimiento de la economía fueron negativas para la recaudación de impuestos, pero pocos políticos han tenido visión de largo alcance. La cortedad de miras -según demuestra Whigham- se dio antes y después de la independencia y en más de una joven nación hispanoamericana.

En su investigación sobre la independencia paraguaya (publicada en esta colección), Fulgencio R. Moreno señaló las causas económicas del proceso. Whigham continúa aquella línea de análisis económico, en que no puede olvidarse la yerba mate, principal producto de exportación del Paraguay colonial y luego del independiente. En tiempos del Virreinato, la yerba paraguaya llegaba al sur del Brasil, Montevideo, Buenos Aires, Santiago de Chile, Quito y Guayaquil. En 1798 el Paraguay exportó 330.480 arrobas de yerba (una arroba tenía 11,5 kilos). Las exportaciones disminuyeron después de 1811, mayormente a causa de las guerras de la independencia y a las restricciones al comercio exterior impuestas por el doctor Francia. En 1839 el Paraguay exportó solamente 9.084 arrobas, que representaban e1 53, 1% de sus exportaciones. La actividad yerbatera repuntó bajo el gobierno de Carlos Antonio López pero, en ese rubro, no pudo alcanzar el nivel de los tiempos coloniales, a pesar de todos los esfuerzos gubernamentales. En 1846 don Carlos declaró propiedad del Estado los yerbales, independientemente de la propiedad de la tierra, creando así un monopolio estatal. En 1848 don Carlos confiscó las propiedades de los pueblos de indios, con lo cual obligó a trabajar para el Estado a miles de indígenas. Aunque la medida permitió al Estado contar con mayores recursos y mano de obra para la producción yerbatera, la venta en el mercado internacional se vio dificultada por los precios fijados por el Gobierno paraguayo, con un criterio aún colonial.

El segundo rubro de exportación del Paraguay colonial fue el tabaco, sólo en parte beneficiado con la creación del Estanco de Tabaco hacia 1780. La imposición de un monopolio estatal sobre el tabaco ya se había dado en otras regiones del imperio español en América. En el Virreinato lo característico fue que solamente la provincia del Paraguay quedó autorizada a producir tabaco. Aquel privilegio tenía sus desventajas: el productor paraguayo solamente podía vender al Estanco, único comprador autorizado. Por cierto, el Estanco introdujo la economía monetaria en el Paraguay, que hasta entonces se había manejado con el trueque, a causa de la escasez o falta de moneda. Con la llegada de la moneda se crearon nuevas oportunidades, pero teniéndose en cuenta el beneficio del Estado antes que el del productor. El Estanco compraba por dos pesos el tabaco de primera calidad, que revendía a nueve pesos; por otra parte (como señala Whigham), no estaba interesado en aumentar la producción, que hubiera aumentado si se hubiera autorizado la venta en el mercado libre -algo que no estaba en la mente de los funcionarios coloniales-. En 1789 el Estanco prohibió la producción del llamado tabaco torcido y ordenó reducir la del tabaco sin procesar. Muchos agricultores se arruinaron, y a partir de entonces decidieron dedicarse a otra actividad, con lo cual el Estanco sufrió tremendas pérdidas. Los controles estatales, por otra parte, no pudieron impedir el contrabando de tabaco, una reacción comprensible de los agricultores agobiados por reglamentaciones nocivas arbitrarias. Es comprensible que una de las primeras medidas de la Junta paraguaya de 1811 hubiese sido la abolición del odiado monopolio del tabaco, una traba para el crecimiento económico. El Paraguay independiente, por desgracia, debió enfrentar una traba imprevista: la interrupción del comercio internacional a causa de las luchas por la independencia. Sólo con el Gobierno de Carlos Antonio López se dio el debido apoyo al importante producto. El tabaco paraguayo llegó a Europa, donde su calidad fue muy apreciada. Pero la Guerra de la Triple Alianza terminó con las posibilidades de desarrollar una industria promisoria y -huelga decir- arruinó la economía del país.

Después de la yerba y el tabaco venía la ganadería como actividad destacada de la provincia del Paraguay. Pero, así como la yerba paraguaya no tenía rival en calidad, la ganadería no fue su fuerte.

Los viajeros de fines del siglo XVIII (Azara, Aguirre) afirmaban que ni el suelo ni el clima paraguayos eran ideales para la ganadería. Como contrapartida, la provincia de Corrientes tenía excelente ganado vacuno y caballar, de la cual provenía a la provincia vecina. Entre 1780 y 1797, Corrientes envió al Paraguay 149.000 cabezas de ganado (cifra que no incluye ni el contrabando ni el abigeato, comunes en la era colonial y después). Para 1800, según Azara, había en el Paraguay unos dos millones de cabezas de ganado. Las guerras civiles e internacionales que conmovieron el Río de la Plata independiente no afectaron mayormente al Paraguay. Bajo el gobierno del doctor Francia la ganadería progresó en el Paraguay, porque el Supremo la apoyaba y porque resultaba más segura que la producción de yerba y de tabaco, afectada por la interrupción del comercio internacional. Francia continuó una práctica colonial: la creación de estancias del Estado que, de Estancias del Rey, pasaron a llamarse Estancias de la República. Ellas tenían como objetivo proveer carne, caballos y cueros al ejército. Los López no modificaron la política ganadera heredada, exceptuando la apropiación de las tierras y el ganado de los indígenas.

¿Y el desarrollo autónomo del Paraguay entre 1811 y 1870? Algunos autores lo dan por un hecho; Whigham demuestra que, antes y después de 1811, el Paraguay fue básicamente un exportador de yerba, tabaco y cueros.

Para concluir, este libro es una versión abreviada de Lo que el río se llevó, obra más extensa de Thomas Whigham, a quien agradecemos la autorización para realizar esta publicación. Agradecemos también a Ignacio Telesca, quien publicó la versión integral por intermedio de la Universidad Católica y también nos dio su necesaria autorización.

GUIDO RODRÍGUEZ ALCALÁ

 

CAPÍTULO I

YERBA MATE

Y decía un amigo mío

Que de arrebato y malo

Mató a su mujer de un palo

Porque le dio un mate frío.

José Hernández

 

En los albores de la Independencia, el comercio en el Paraguay giraba en torno a la exportación de la yerba mate. Debido al hecho de que este codiciado arbusto no crecía en las templadas zonas del Plata, la yerba paraguaya gozaba de una demanda casi exclusiva en Buenos Aires, como en todo el territorio meridional del continente. El volumen de yerba exportada era tal que los demás productos regionales, en comparación, se vieron marginados durante cierto tiempo. Este arbusto dominaba la vida de pobres trabajadores, quienes pasaban más de seis meses al año en las aisladas selvas cerca de Concepción, y en la zona más allá de Villarrica. Había muchos riesgos en el tráfico de la yerba: los comerciantes y especuladores en Asunción dependían de las ganancias obtenidas de la exportación yerbatera, pero con mala suerte, se podían perder todas sus inversiones.

No obstante el rol clave que ejercía, el "té del Paraguay" se vio afectado por la inestabilidad política del siglo XIX: ciertos yerbales en Misiones y Corrientes, anteriormente productores de muy buena calidad, quedaron abandonados durante aquellas convulsiones. En el Paraguay los gobiernos surgidos después de la Independencia se propusieron restringir la influencia de los comerciantes de la yerba, y de esa forma interrumpir la cadena económica que hacía a la yerba lucrativa. El establecimiento de un monopolio estatal sobre este producto de exportación no hizo nada para aliviar la tendencia decreciente de su comercio. Finalmente, con el paso de las décadas, la yerba brasileña de las provincias del Río Grande del Sur y de Paraná se apoderó de una gran parte del mercado que anteriormente estaba reservado casi exclusivamente a la yerba paraguaya. Aquella competencia puso al Paraguay en una posición bastante más débil en el comercio porteño; gracias a la yerba brasileña, la ciudad de Buenos Aires no sufrió una carestía durante la guerra de la Triple Alianza. La política estatal y las exigencias de la guerra conspiraron contra una industria en la cual el Paraguay tenía una ventaja obvia y natural.

 

ORÍGENES

La práctica del uso de ilex paraguaiensis para la preparación de un tipo de infusión se originó en los tiempos precolombinos. Los primeros colonizadores usaron la bebida estrictamente para fines medicinales pero muy pronto aprendieron a apreciar sus vigorizantes cualidades derivadas de un alto contenido de cafeína. Preparaban y bebían el té de la misma manera que hoy en día. El agua caliente se echaba sobre una cantidad de yerba puesta en un recipiente, una calabaza llamada mate, se usaba un canuto o bombilla de madera o plata para succionar la infusión. El hábito de tomar yerba de esta forma gradualmente se volvió una costumbre social, en que grupos de hombres pasaban el mate recargando la calabaza con el agua caliente.

Inicialmente los colonizadores españoles consideraron un vicio el uso habitual de la yerba, pero ese juicio cambió con el paso de los años y las posibilidades económicas que la yerba proporcionaba. Como la yerba era una producción espontánea de la tierra, en la legislación española fue considerada un mineral. Como los otros minerales, podía ser explotada por personas privadas bajo el sistema de licencia (beneficios); el propietario absoluto era el monarca. El Rey reconoció tarde el valor potencial de su propiedad.

Según un autor, durante la primera mitad de siglo XVII, el mayor centro de producción yerbatera estaba localizado en el nordeste del Paraguay, cerca de la cordillera de Mbaracayú, pero es más probable que la zona de verdadera explotación se encontrara más al centro de la colonia, quizás entre los actuales pueblos de San Pedro y Caazapá. Al final de la década de 1680, el uso de la yerba como bebida se había extendido desde el Paraguay y las Misiones jesuíticas a casi todas las regiones meridionales de América del Sur, y como 50.000 arrobas de yerba paraguaya y misionera pasaban anualmente por Buenos Aires 1.

Con el crecimiento de la demanda, la producción yerbatera se mostraba más y más vinculada con las Misiones jesuíticas. La gran popularidad de la yerba mate pronto mereció la atención de la Compañía de Jesús, cuyas numerosas comunidades indias se encontraban bastante al sur del Paraguay y más cerca de los mercados de las provincias de abajo (del sur). La zona de las Misiones, entonces, estaba bien situada para fomentar su propia industria yerbatera. Los jesuitas también tuvieron éxito en cultivar el arbusto de la ilex, un hecho no repetido por sus competidores seculares en el Paraguay donde se utilizaba el proceso precolombino de extraer las hojas directamente de yerbales silvestres llamados minerales de la yerba. Los padres jesuitas emplearon el trabajo de miles de indios misioneros para trasplantar arbustos desde los bosques hacia las plantaciones al lado de cada reducción. Allí los trabajadores indios ponían las plantas en liños y las cuidaban con mucha atención. Los jesuitas habían aprendido que si podían sacar las semillas silvestres directamente después de sazonadas, podían echar la pulpa con facilidad y así las plantas germinarían más rápidamente. Esas innovaciones, tanto como los cambios favorables en la política y en el comercio, indicaban que la producción de yerba paraguaya iba a concentrarse en manos jesuíticas. Sin embargo, no llegó a eso sin crearse un antagonismo fuerte con los especuladores de la yerba radicados en la Asunción.

Al principio, los jesuitas cultivaban la yerba para el consumo local y para ayudar a pagar el tributo anual requerido por la Corona española. Solamente años después la yerba se convirtió en una fuente de ganancia segura para ciertas comunidades misioneras, y hacia los años de 1700 el gobierno colonial, por parte de sus funcionarios de Buenos Aires, limitó la exportación de yerba jesuítica a 12.000 arrobas por año 2. Esta restricción, de cierto modo, era más que un entendimiento entre la Compañía de Jesús y los comerciantes asuncenos, un entendimiento de muy poca duración.

Por lo general, un resentimiento prolongado caracterizaba las relaciones entre los jesuitas y los colonizadores españoles en la región situada al norte del río Tebicuary y en Corrientes. A diferencia de los jesuitas, los colonizadores tenían menos disponibilidad de trabajadores indios (o, mejor dicho, siempre querían más trabajadores). Los colonizadores envidiaban a los jesuitas, particularmente por sus conexiones políticas, su éxito en el comercio de la yerba, y su control de los trabajadores indígenas 3. Las rebeliones comuneras de  los años 1710 y 1720 que comenzaron en el Paraguay y luego sucedieron también en Corrientes, demostraban las frustraciones de los colonizadores frente a los jesuitas. Aunque las autoridades españolas apoyaron a los religiosos en ese caso, los tiempos empezaron a cambiar en otra dirección 4.

Las potenciales ganancias dé la yerba jesuítica ya eran reconocidas por todos. Se habían desarrollado mercados para la yerba en Chile, Alto Perú, y centros tan lejos como Quito; además, el gobierno comenzó a levantar sus restricciones contra el comercio. En consecuencia, las misiones triplicaban y cuadruplicaban sus exportaciones totales; en 1673, por ejemplo, sólo 10.531 arrobas fueron enviadas a las provincias de abajo vía Santa Fe, pero en 1734 casi 44.000 arrobas fueron exportadas por la misma rutas. Sin embargo, al final, los jesuitas tuvieron demasiado oposición y no sólo a nivel local. Los últimos Borbones, particularmente Carlos III, se negaron a brindar el mismo apoyo que los jesuitas habían disfrutado anteriormente. A partir de la década de 1750, la Corona celosa, siguiendo el consejo de cortesanos regalistas, iniciaba la revocación de los privilegios jesuitas en todo el imperio español. En el Río de la Plata el régimen colonial transfirió algunos territorios jesuíticos situados al este del Río Uruguay, a los portugueses. Y en 1767 vino la dramática expulsión de la Orden de la América españolas.6

Después de la expulsión, la región misionera pasó a manos de administradores civiles (corregidores o gobernadores) en un arreglo que teóricamente respondía a los intereses de los indios. Sin embargo, esos administradores robaban sistemáticamente a las Misiones y, con el apoyo de empresarios correntinos, reducían a los guaraníes de su cargo a una condición de semi-esclavitud (aunque esta situación variase mucho una misión a otra). La avaricia de los españoles, que les llevaba a buscar ganancias con la exportación de la yerba, significaba el descuido de la otra economía misionera, la de autoabastecimiento. Por eso, algunas comunidades entraron en una etapa de mala alimentación crónica. Las autoridades seculares de la región mostraban poco interés, no atendiendo ni a las necesidades básicas de los indios, como la de vestir. Al escribir un informe en 1799, Félix de Azara, un funcionario del rey de España, comentaba tal situación señalando lo siguiente: "creo que puedo decir positivamente que ni un solo pueblo ha recibido ropa, ni una sola vez, desde la expulsión de los jesuitas, y enfatizo [...] que no exagero" 7

Tan deplorable tratamiento ayuda a explicar el éxodo de esos indios hacia el sur; una emigración que llegó a ser un abandono total de la región misionera por los años de la independencia. La decadencia demográfica en las misiones no tuvo igual ni en la guerra del 70 8. En el proceso, los indios dejaron al cuidado de la naturaleza las plantaciones de la yerba que habían sido tan bien cultivadas anteriormente. Las campañas militares de José Gervasio de Artigas y del general portugués Francisco das Chagas Santos a fines de la década de 1810, al destruir las últimas comunidades misioneras, convalidaron un triste proceso ya consumados. 9

Con la decadencia de las misiones, la situación para la yerba paraguaya mejoró. Con su crédito asegurado por los inversores porteños y con un tránsito ribereño abierto, los comerciantes de yerba en la Asunción se convirtieron en exportadores dominantes. También fueron las figuras más destacadas en la apertura de las fronteras del norte a la explotación yerbatera; en la década de 1780, el centro de la producción de la yerba se había movido bastante hacia el norte de las antiguas misiones, hacia nuevos yerbales en las cercanías de los ríos Apa, Ypané, y Jejuí. El total de arrobas exportadas de esa zona no era tan impresionante como el de las Misiones, pero se multiplicaban rápidamente con el descubrimiento de nuevos bosques de yerba. Los envíos de yerba paraguaya alcanzan solamente a 27.000 arrobas en 1776 10.

Sin embargo se puede ver en la tabla I, pocos años pasaron antes de que la exportación anual fuese casi diez veces la del total anterior. Las reformas fiscales asociadas con la creación del Virreinato del Plata formaban un catalizador al generar ese comercio; pero tampoco podemos negar la inmensa demanda en las provincias de abajo, ni el interés casi demencial sentido por los comerciantes hacia este equivalente paraguayo del oro.

 

1. Adalberto López, “The Economics of Yerba Mate in seventeenth – Century. South America,” Agricultural History, 48: 4 (1974) 498 - 99

2. Magnus Mörner, the Political and Economic Activities of the Jesuits in the La Plata Región. The Hapsburg Era (Estocolmo, 1953) p. 129; algunas de las leyes restrictivas sobre el envío de yerba se pueden ver en Archivo General de la Nación IX (Compañía de Jesús) 7-1-1 N° 576. Ver también Juan Carlos Garavaglia, "Un modo de producción subsidario: La organización económica de las comunidades guaranizadas durante los siglos XVII XVIII en la formación regional alto peruano-rioplatense~, Cuadernos de Pasado y Presente 40 (1.973), pp. 161-91.

3. Barbara Ganson, The Guaraní under Spanish Rule in the Río de la Plata (Stanford, 2003), pássim.

4. Adalberto López, the Reoolt of the Comuneros, 1721-1735: A Study in the Colonial History of Paraguay (Cambridge, 1976); James Schofield Saeger, "Origins of the Rebellion of Paraguay", Hispanic American Historical Review 52 (May, 1972), pp. 215-29. Sobre Corrientes ver. Mantilla, Cronica Histórica, 1: 89-92; Raúl de Labougle, Historia de los Comuneros (Buenos Aires, 1952), pássim.

5. Citado en Nicolas R Cushner, Lords of the Land. Sugar, Wine, and the Jesuit Estates of Coastal Peru, 1600-1767 (Albany, 1980), p. 160.

6.Magnus Mörner, "The Expulsion of the Jesuits from Spain and Spanish America in 1767 in Light of Eighteenth-Century Regalism", the Americas 23 (1966), pp. 156-64.

7.Félix de Azara al Virrey Avilés, 8 mayo 1799. Citado en Richard Alan White, Paraguay's Autonomous Revolution (Alburquerque, 1978), p. 28.

8.José M. Mariluz Urquijo, "Los guaraníes después de la expulsión de los jesuitas", Estudios Americanos 6 (1953), 323-330; Ramón Gutiérrez, "Los pueblos, jesuíticos del Paraguay: reflexiones sobre su decadencia", Suplemento Antropológico 14 (1979), pp. 179-99.

9. V Martin de Moussy, "Mémoire Historique sur la Décadence et la Ruine des Misiones des Jésuites dans la bassin de la Plata leur Etat Actuel", in Description Géographique et Statistique de la Confederation Argentine, 3 vols. (Paris, 1864), III: 656-716.

10. Félix de Azara, Descripción e Historia del Paraguay y del Río de la Plata (Madrid, 1849) I: 313; Jerry W Cooney, An Ignored Aspect of the Viceroyalty of the Río de la Plata", Intercambio Internacional 2 (enero 1977), pp. 10-13.

 

TABLA 1.1

EXPORTACIONES DE YERBA PARAGUAYA, 1781-1812

Año           Arrobas Exportadas             Año                     Arrobas Exportadas

1781                   125.271               1797                              236.205

1782                           s/d                1798                              330.480

1783                   247.290               1799                                    s/d

1784                   111.533               1800                            217.110

1785                           s/d                1801                            281.790

1786                   161.258               1802                              246.833

1787                   166.207               1803                              231.928

1788                   120.353               1804                              283.544

1789                   169.875               1805                              263.344

1790                   148.837               1806                              279.992

1791                   142.245               1807                              297.800

1792                   234.787               1808                              327.150

1793                   116.145               1809                              204.547

1.794                   130.163               1810                            151.425

1.795                   154.058               1811                            162.097

1.796                   201.172               1812                            150.300

 

FUENTE: Libros de Asientos de guías, tornaguías, y alcabalas, 7.783-1812, ANANE 11,80, 115, 188, 418, 1159, 1167, 1186, 1790, 2900, 3089, 3337, 3341, 3345, 3356, 3360; y Félix de Azara, Geografía física y esférica del Paraguay, (Montevideo, 1904), p. 434.

 

La producción yerbatera se expandió a en territorios anteriormente no tocados por el comercio de la yerba mate. Podemos ver un ejemplo de este crecimiento en Concepción, un puerto pequeño pero importante sobre el extremo norte del río Paraguay que era un centro para la exportación de la yerba. Por el año 1804, más de sesenta empresarios en Concepción controlaban alrededor de 4.000 trabajadores de la yerba (yerberos o yerbateros). El Virrey consideró esas actividades tan importantes que en el mismo año aconsejó al consulado de Buenos Aires mandar un representante a Concepción para poner en práctica las regulaciones comerciales. El nombramiento vino dos años después 11.

La yerba también estimulaba la colonización del norte del Paraguay. Alrededor del río Ypané, el gobierno colonial concedió una serie de mercedes de tierra a estancieros paraguayos con la esperanza de que ellos pudieran proveer ganado para el consumo de los yerbateros de Concepción, y de cueros para enfardar el té. La misma política de colonización llevó a estancieros hasta el río Blanco (hoy día en el Mato Grosso). En cada ocasión, el aumento de estancias aumentaba también el potencial comercial de la ganadería paraguaya, porque el cuero de esta zona también fue exportado a las provincias de abajo. De esta manera, la industria yerbatera estimuló el comercio en otros sectores 12.

 

11. Marqués de Sobremonte a Miguel Cayetano Soler, Buenos Aires, 29 agosto 1804, Colección Manuel Gondra (Universidad de Texas) después, MG, volumen 294; ver también Germán O. E. Tjarks, El Consulado de Buenos Aires y sus proyecciones en la historia del Río de la Plata, 2 vols., (Buenos Aires, 1962), II: 82324.

12. Ver, por ejemplo, Expediente relativo al fomento de la población de Belén y fundación de una estancia en sus tierras, 1768-1771, ANA-SH 136 N° 15. Acerca de la frontera con Brasil, ver Félix de Azara, Correspondencia Oficial e inédita sobre la demarcación de límites entre e el Paraguay y el Brasil, 1784189.5 (Buenos Aires, 1836), pássim.

 

EL TRABAJO EN LOS YERBALES

La recolección y preparación de la yerba para el mercado eran una tarea muy difícil:

Era de una naturaleza tan dura, que aunque muy lucrativa, estaba conducida por jóvenes, aprendices en la vida, o por hombres de estratos bajos, quienes, como mineros envueltos en un sistema de juegos, ganaban y perdían fortunas; siempre eran pobres, y al final murieron en los yerbales. Había excepciones a esa regla pero muy pocas. Como sus amos, los peones también eran jugadores. Tanto que después de una larga estadía en los bosques, pronto se veían obligados a volver a ellos 13.

La recolección de la yerba era físicamente muy agotadora y además dependía de arreglos de crédito que eran esencialmente leoninos. En Asunción, un comerciante pagaba en forma adelantada a un empresario de yerba (habilitado o beneficiador) que, por su parte, controlaba entre veinte y cincuenta yerbateros. El préstamo recibido por el habilitado consistía en una poca cantidad de efectivo y muchas provisiones (charqui, harina de mandioca, machetes, y otras herramientas necesarias para recoger y curar la yerba). Todo debía ser devuelto en yerba al comerciante a un precio relativamente alto. Una parte de aquellos artículos quedaban en posesión de las familias de los yerbateros, mientras ellos trabajaban en los yerbales 14.

Por su parte, el habilitado adelantaba esas provisiones a los yerbateros, que entraban entonces a los bosques bastante endeudados porque el habilitado les había cobrado el doble por todo: ponchos, tabaco, licor, naipes y hachas. Generalmente, un yerbatero encontraba su sueldo empeñado por uno, dos o tres meses, antes de llegar a los yerbales 15.

La situación no era mejor para el habilitado, que podía perder toda su inversión si sus trabajadores decidían fugarse de los yerbales... algo que pasaba con frecuencia, para profundo disgusto de los comerciantes y habilitados.

El viaje a los yerbales era difícil. Generalmente, un baqueano indio era mandado a la zona, algunas semanas antes de enviarse a los trabajadores para buscar yerbales explotables. Después de su regreso, la expedición en sí podía comenzar. Los únicos animales capaces de cruzar los esteros y montes eran bueyes y mulas, que ayudaban a transportar provisiones, yerba y hombres. La amenaza constante de las serpientes, tigres e insectos venenosos hacía el viaje no sólo duro sino también peligroso. Era común que los trabajadores usasen suelas o cueros de oveja para protegerse la cara y brazos. Durante la noche, se prendían grandes fogatas para espantar a los animales. Llegado al interior de la provincia, el grupo de trabajadores debía vigilar para enfrentar los ataques de los indios, especial, mente de los mbayá y monteses, que vivían en las cercanías.

Al llegar a los yerbales, el habilitado elegía un sitio adecuado para el establecimiento de un campamento. Las preparaciones para el trabajo comenzaban inmediatamente después con la construcción del Tatacuá, un pequeño suelo plano y cercado, donde se curaban las hojas de la yerba en forma inicial. Los yerbateros aplanaban el suelo hasta que estuviera bien plano. Cuatro postes fuertes eran insertados en los ángulos del cuadro hecho en el terreno para cercar el espacio mientras adentro los yerbateros ponían una serie de trozos de madera, que se encendían para chamuscar la yerba traída de los bosques. Viendo que las ramas de la ilex pueden ser cortadas cada dos o tres años sin causar daño alguno a la planta, los yerbateros podían deshojar completamente las ramas, ubicar las hojas en mazos, y tirarlos encima del Tatacuá. Después de un período corto, las hojas chamuscadas eran rastrilladas por encima de un cuero curtido (raído) y llevadas al barbacuá para el siguiente paso de la elaboración.

El barbacuá era una especie de cobertizo, cuyo techo era un armazón de varas de aproximadamente cinco a siete metros cuadrados, apoyado en tres fuertes caballetes; el caballete central formaba el punto más alto de la estructura. La yerba a medio secar se ponía sobre el techo del Tatacuá en cantidades de 50 a 100 arrobas. Luego se prendía un fuego por debajo, tratando de mantenerlo con la menor llama posible, mientras los trabajadores removían la yerba del techo para que el calor pudiera alcanzarla regularmente y sin quemarla.

Al lado de la barbacuá los trabajadores fabricaban una plataforma alta de madera donde se ubicaba el habilitado o capataz (urú) para controlar el proceso de secado. Las fogatas quedaban prendidas desde la madrugada hasta el atardecer y el secado generalmente se completaba a las cuarenta y ocho horas. Si se secaba correctamente, la yerba perdía la mitad de su peso. Sin embargo, si llovía durante este período, la yerba debía ser puesta a secar de nuevo; el producto resultante siempre era inferior en calidad.

Cuando la yerba quedaba totalmente seca, la fogata se apagaba y se barría el suelo; la yerba, empujada desde dentro del Tatacuá, caía al suelo, donde se la golpeaba con instrumentos de madera hasta convertirla en un polvo grueso. Lista ya para el consumo, la yerba se llevaba a los depósitos, donde se la enfardaba colocándola sobre un cuero mojado, golpeándola luego con un pesado objeto de madera y cosiendo luego los extremos del cuero. El cuero se encogía al secarse, y así se formaba un fardo compacto con un peso de aproximadamente ocho arrobas. Estos fardos; llamados tercios, eran conducidos en carretas a los arroyos más cercanos, donde otros trabajadores los ponían a bordo de jangadas con destino a Concepción y la Asunción 16

Normalmente, se producían dos tipos de yerba. El más barato, conocido como yerba de palos, crecía solamente en los montes; generalmente estaba pulverizada sobre tierra después de haber salido de la barbacuá, y por eso presentaba palitos, arena, y tal vez otra sustancia ajena. El otro tipo, llamado caaminí, se vendía al doble del precio de la yerba de palos. El arbusto que producía esta yerba crecía en las llanuras y tenía hojas más gruesas, finas y amarrillas que la variedad del monte. Los yerbateros generalmente molían la caaminí en agujeros rodeados por cueros, logrando de esta manera un producto limpio sin palos ni tierra 17.

Los modos de transportar y procesar la yerba cambiaron poco durante el período aquí indicado. Los sistemas de trabajo y de pago también cambiaron poco. Los yerbateros generalmente trabajaban en parejas, excepto cuando se contrataba un tercer hombre para ayudar en la construcción del barbacuá. Los yerbateros recibían un vale de crédito por cada porción de yerba entregada al habilitado, y al final de su estadía en los bosques, se cambiaban esos vales de crédito por una cantidad de efectivo y efectos de acuerdo con la cantidad de arrobas entregadas. Comparando con la ganancia considerable obtenida por el comerciante de la yerba, el yerbatero ganaba muy poco y eso se consumía rápidamente en el pago de viejas deudas. La situación era la misma para el habilitado:

La ruina del peón se calcula en decenas, la de su patrón en centenas o millares. Ambos son esclavos; esclavos de su vanidad y sus pasiones. Habiéndose satisfecho por una estación, ambos están contentos de volver a la ardua tarea de trabajar en los yerbales y de proveer, con nuevos sacrificios y nuevo trabajo, para el renovado apagamiento de aquellas costumbres que la indulgencia temporaria, lejos de sojuzgadas, ha sólo fomentado para que se vuelvan tendencias más inveteradas 18.

Las comunidades provisorias dentro de los yerbales se parecían a los campamentos de mineros. A pesar de su aislamiento, contaban con una variedad de diversiones simples, especialmente bebidas alcohólicas y juegos de naipes. Los changadores asuncenos estaban contentos de proveer damajuanas de aguardiente o caña en cambio de yerba ilegalmente extraída. Los funcionarios coloniales no podían impedir las actividades de tales contrabandistas; quienes debían de tener sus propios contactos lucrativos con los comerciantes de la provincia 19. En cuanto a otras debilidades humanas, pocas mujeres iban a los yerbales, pero resulta claro que las relaciones homosexuales eran algo común. En 1806, un caso lo mostró con franqueza. Ocho peones de Concepción se fugaron de los cercanos yerbales porque, según manifestaron seguidamente, su capataz los había forzado a tener relaciones íntimas, ofreciéndoles en cambio ropas nuevas al principio, y luego exigiendo la relación sexual sin recompensa alguna. La posterior investigación de este caso reveló una variedad de irregularidades sexuales en el bosque. El urú inculpado se salvó de las acusaciones y salió en libertad cuando se demostró que las acusaciones eran falsas y se debían a que los peones estaban endeudados con él y él les había prohibido el juego de naipes 20

Entre los que más sufrían en la cadena comercial de la yerba estaban los yerbateros de los pueblos de indios situados al este del Paraguay. Esas comunidades de indígenas, como las ex-misiones jesuíticas, estaban administradas por funcionarios seculares (administradores de naturales) que supuestamente actuaban como agentes o protectores de los indios, Sin embargo, los administradores colaboraban a menudo con los españoles foráneos al forzar a los indios a comprar efectos a crédito con tasa de interés usuraria. Las deudas se debían pagar totalmente en yerba, y de ese modo los indios debían trabajar en los yerbales sin percibir ninguna paga. Félix de Azara, al escribir sobre el pueblo de San Estanislao en 1786, notaba que sus indios adeudaban a su administrador "36.000 arrobas de yerbas como pago por préstamos varios y otras 6.000 a prestadores foráneos 21

También era común que el sistema de fomentos yerbateros afectase negativamente la vida de familia en las varias comunidades paraguayas a causa de la ausencia, por muchos meses, de hombres jóvenes que trabajaban en los yerbales. Algunos de estos últimos viajaban aún más lejos, participando en un contrabando de yerba, consistente en llevar varios tercios del producto por la vía de Ygatymi y desde allí río abajo por el Paraná (evitando fácilmente a la aduana en Corrientes al pasar de noche). Aunque el contrabando en yerba nunca llegó a ser tan lucrativo como el del tabaco, ofrecía varias ventajas tanto para el yerbatero como para el comerciante. 22

 

16. Ibid., III: 142-145; Thomas J. Page, La Plata, the Argentine Confederation, and Paraguay, (New York, 1859) pp. 585-586.

17. López, "The Economice of Yerba Mate", p. 501; Mariano Antonio Molas, Descripción histórica de la antigua provincia del Paraguay (Asunción, 1957), p. 63.

18.Robertson, Letters, II; 150.

19. Acerca de changadores, vea Manuel Gutiérrez al comandante de Concepción, 15 diciembre 1807, ANA-SH 203, N° 4; y José Espínola, comandante de Concepción, al Gobernador-Intendente Eustaquio Giannini, Concepción, 20 febrero 1809. ANA-SH

20. Demanda contra Juan Bautista Almada, Concepción, 30 septiembre 1806, ANA SJC; Los prostíbulos estuvieron presentes en los yerbales hasta la década de los 1840 cuando un oficial notaba que los yerbateros habían entrado en "placeres sórdidos e indecorosos", vea Pedro Ignacio Franco a Carlos Antonio López, Tacuati, noviembre (?) 1848, ANA-SJC 1514.

21. Azara, Viajes Inéditos, (Buenos Aires, 1873) p. 210.

22. Cooney, "North to the Yerbales", p. 141.

 

EL CRÉDITO Y LA CRISIS DE LA INDEPENDENCIA

Desde la óptica local, el comerciante de la yerba en Concepción era el actor clave en el comercio colonial de exportaciones paraguayas gracias a sus manipulaciones del crédito. La realidad era más complicada porque él era solamente un pequeño eslabón en una amplia red que llegaba hasta España misma. El comercio de la yerba era distinto al del tabaco y cuero, porque su desenvolvimiento requería grandes inversiones de capital externo. Esto significa que el Paraguay dependía esencialmente de los prestamistas y comerciantes de Buenos Aires, el único grupo con suficiente capital y con influencia política como para apoyar la producción yerbatera y la venta de la yerba. No cabe duda de que los comerciantes porteños ganaban mucho con aquella clase de arreglo. Como informaba al rey el gobernador del Paraguay Agustín Fernando de Pinedo:

No hay ningún mercader, que comercie con caudal propio. Las facturas que traen les fían en Buenos Aires, y les dan muy caras, y con la obligación de pagar un ocho por ciento de réditos, todo lo que demorase la paga en el plazo que les ponen que suele ser de un año, o año y medio, por la experiencia, que tienen, de que los habilitados al Paraguay no han de acabar de pagarles en seis, ocho, o más años. Llegan aquí con esta carga tan pesada, y al considerar sobre sus experiencias las pérdidas a que se arriesgan, fían sus géneros a un Beneficiador de Yerba, que nada tiene suyo, y con la mira de subsanar su pérdida, la ganancia a que aspira, y los cargados que trae los géneros desde Buenos Aires le pone unos precios exorbitantes. Llévalos el Beneficiador procura venderlos, ¿y a quién? a los miserables peones, a quienes la desnudez, y suma desdicha obliga a ofrecer, lo que no pueden pagar 23

El sistema de crédito y la actividad que la creó tenían en parte el efecto de proletarizar a los pequeños productores llevándoles más allá de una economía de autoabastecimiento. A pesar del efectivo y los géneros que tal sistema proveía a los trabajadores, sin duda ellos pagaban un precio social muy alto. Lejos de sus familias, no se sentían miembros de una comunidad con valores tradicionales y un sentimiento de pertenencia. Algunos decidían pasar sus vidas en los yerbales, como los soldados que habían pasado demasiado tiempo en los combates, a tal punto de que les era difícil adaptarse a una vida hogareña. Llamados por ello desarraigados o vagos, no tenían una relación firme con sus viejas costumbres en los pequeños pueblos del interior paraguayo

Pese a aquellas pérdidas sociales, muchos trabajadores obviamente sentían que su vida en los yerbales, con todos sus riesgos, era preferible al de trabajar en la chacra.

El comercio de la yerba (tanto el legal como el ilegal) terminaba fortaleciendo al aislamiento del Paraguay. Producía altas ganancias para los comerciantes prestatarios y changadores, las suficientes como para causar una amplia recaudación fiscal para el Estado colonial. Según una fuente, en el quinquenio de 1788 a 1792, el Paraguay exportaba un promedio anual de 292.653 pesos de yerba a Corrientes, Santa Fe y Buenos Aires (más de tres cuartas partes se dirigían al consumo porteño); de aquellas exportaciones, el .Estado ganaba el 11 por ciento, o sea 32.182 pesos anuales. Esa recaudación, realizada mediante la alcabala y varias comisiones, constituía una suma impresionante para la época 24

Luego de considerar las importaciones, puede verse que el beneficio obtenido por el Paraguay del comercio entre 1788 y 1792 alcanzaba un promedio de casi 137.000 pesos anuales. Aunque no sabemos cuánto quedaban en la provincia; probablemente una buena porción era invertida en el comercio local, en la compra de terrenos, de objetos de plata (bombillas, cuchillos, adornos, etc.) y de ganado adquirido de Corrientes. De esta manera, el comercio de la yerba favorecía el desarrollo económico del Paraguay, una provincia que anteriormente era una lejana zona periférica del Virreinato. En las provincias de abajo, la preferencia hacia la yerba del Paraguay aumentó mucho, y ocupaba un lugar permanente en la alimentación porteña. Los precios de la yerba variaban mucho (generalmente entre uno y uno y medio pesos la arroba, según la calidad), aunque la demanda siempre era alta. De esta manera el Paraguay se encontraba firmemente vinculado a la economía del imperio español.

La Independencia trajo finalmente una radical reestructuración de las posibilidades en el mercado de yerba. El sistema de crédito que tuvo tanto éxito bajo los Borbones dejó de funcionar total mente porque las fuerzas revolucionarias no podían impedir las actividades de corsarios realistas que operaban desde Montevideo. Hay que recordar, además, que muchos de los prestamistas eran españoles peninsulares que sufrieron bajo el nuevo orden revolucionario y de esta manera no tuvieron dinero para prestar a los comerciantes del Alto Plata, es decir, al Paraguay y Corrientes. Más tarde, los artiguistas también empeoraron ese estado de cosas ya caótico. La situación de los comerciantes de yerba paraguaya se volvió desesperada, mientras que el comercio se hacía cada vez más peligroso. Los comerciantes pidieron la protección de los cabildos y juntas revolucionarias en la región, pero nadie podía asegurar el tráfico del río. Las instituciones gubernamentales ya habían perdido el control político y nunca contaban con suficiente fuerza militar como para estabilizar esa situación deteriorada. Los regímenes posteriores, aunque más fuertes, tuvieron menos interés en promover el comercio de la yerba que en mantener su propio poder.

El gobierno del Dr. Francia (1814-40) fue un modelo en ese sentido. El Dictador, favorecía las rentas ganadas sobre las exportaciones de la yerba, que, como veremos, mantuvieron su volumen alto hasta 1819 25. No obstante, Francia consideraba más importante la consolidación de su sistema, y todos los objetivos económicos fueron subordinados a ese fin. Los comerciantes de la yerba se habían sostenido hasta aquel momento; habían sobrevivido a la caída del Virreinato o sus instituciones correlacionadas, como el Consulado, la Intendencia y la libranza [carta de crédito]. Habían sobrevivido también los ataques de corsarios realistas y merodeadores artiguistas, pero tuvieron poca posibilidad en evitar la sospecha del Dictador.

Los comerciantes dependían de conexiones de crédito con Buenos Aires que se volvieron cada día más precarias. A los ojos del Dr. Francia, tales conexiones los hicieron aliados naturales de los porteños y los peninsulares. El origen peninsular de muchos comerciantes constituía aún otro problema en el ambiente xenófobo de Asunción; en medio de la inseguridad, ellos debieron supeditar sus negocios al consentimiento del Dictador. Y así los antagonismos locales, sumados a la guerra civil en el sur, hicieron menos atractivo el comercio de la yerba a los comerciantes que quedaban en el Paraguay, quienes ya no podían contar con ninguna seguridad en sus negocios.

La situación de la yerba había cambiado fundamentalmente. Los habilitados no podían contar con los préstamos porque la mayoría de los comerciantes que podían ofrecer tales préstamos ya se habían fugado del país o se habían retirado a la vida en la campaña. El Gobierno frugal del Dictador solamente en casos raros daba crédito pero el costoso sistema de impuestas y licencias -en casi su totalidad- era todavía una herencia del período colonial.

Dadas estas dificultades prácticas, los habilitados podían contar sólo con limitadas fuentes de capital para sus empresas; por eso y a consecuencia de que los mercados tradicionales para la yerba se habían reducido, los empresarios abandonaron las operaciones en los yerbales más lejanos. Ciertos grupos indígenas sacaron ventaja de la confusión en el norte y lanzaban ataques feroces contra los últimos establecimientos durante las décadas 1810 y 1820.

Durante un ataque en 1815, los indios llegaron hasta Concepción, y mataron trece yerbateros 26. Francia respondió inicialmente estableciendo nuevos puestos militares y hasta colonias, como la de Tevegó, pero éstas resultaron efímeras porque el Dictador no quiso gastar mucho en defender una zona que era ya improductiva 27. Cada vez más, la cosecha de la yerba quedaba a cargo del ejército de Francia, que, a diferencia de la milicia colonial, trabajaba el año entero, requiriendo amplias provisiones de yerba.

La exportación de la yerba mate, que hasta mediados de la década de 1810 había sido relativamente libre de restricciones, fue sometida a controles rígidos. A partir de 1823, el Dr. Francia insistió en que un tercio de todas las exportaciones desde Itapúa (uno de los dos "puertos libres" en el sur del país) proviniera de los depósitos que eran propiedad del Cabildo municipal 28 Aunque ese decreto dejaba lugar para exportadores particulares, contribuyó a desalentar la iniciativa privada en favor de los emprendimientos estatales. El Estallo paraguayo, como la Corona española, era teóricamente dueño de los yerbales. Sin embargo Francia nunca hizo de la exportación de la yerba un monopolio del Estado, aunque su gobierno participaba en un comercio miles de arrobas por cuenta propia. Un historiador norteamericano ha sostenido que Francia creó una economía interna equilibrada mediante una redistribución justa de las ganancias de ese comercio externo 29 En realidad, Francia no hizo nada parecido, su política comercial seguía la simple lógica mercantilista de acumular ingresos estatales mientras que el comercio de exportación declinaba rápidamente, como podemos ver en la tabla 1.2, las exportaciones de yerba paraguaya acusan una caída drástica. La cifra de 1816 muestra una exportación superior a cualquiera de los últimos veinte años, pero después de 1820 las exportaciones jamás alcanzaron más de un décimo de la cifra anterior y algunas veces, corno en 1829 y 1839, cayeron todavía más drásticamente. Es evidente que la exportación de yerba desde el Paraguay se volvió errática e insegura durante la etapa francista.

 

23. Agustín Fernando de Pinedo, "Informe del gobernador del Paraguay a S.M. el Rey de España Revista del Instituto Paraguayo 6 (1905), pp. 5-G. Hay que mantener cierto cuidado con el uso de este informe, que no carecía de interés para el mismo gobernador-intendente; era bastante conocido que Pinedo quería aseender en la burocracia real, por lo tanto le gustaba exagerar los desafíos que se enfrentó con la economía paraguaya; la mejor manera de presentarse al rey corno un oficial responsable, serio y trabajador. Igualmente, el informe es muy importante para el historiador.

24. Azara, Descripción e historia I: 313-14.

25. Tan tarde como 1.819 envíos regulares de yerba han sido mandados desde el Paraguay hasta Chile vía la ruta de Santa Fe. Vea José Tomás Ysasi a Administrador de Aduana, Buenos Aires, 29 abril 1819, Archivo del Banco de la Provincia de Buenos Aires 031, 6-2 N° 9.

26. Carlos de Ysasi a Francia, San Pedro de Ycuamandyyú, 16 noviembre 1815, ANA-SH 382 N° 4; ver también John Hoyt Williams, "The Deadly Selva. Paraguay's Northern Indian Frontier", the Americas 33 (Julio 1976), 1-24.

27. John Hoyt Williams, "Tevegó on the Paraguayan Frontier: A Chapter in the Black History of the Americas", Journal of Negro History 56 (1971), 72-84.

28. Decreto de Francia, Asunción, 12 septiembre 1823, ANA-SH 231.

29. White, Paraguay´s Autonomous Revolution, pp. 158-160.

 

 

TABLA 1.2

EXPORTACIONES DE YERBA PARAGUAYA - ETAPA FRANCISTA

               Año            Arrobas      % de la Exp. Total      Pesos fuertes                        

1816         289.920               74,1                     289.920

1818         205.482               70,2                     205.482

1819         109.520               57,0                    109.520

1820           42.365               73,6                       42.364

1829           11.222               24,2                       15.845

1830              184*                 s/d                            s/d

1831            2.120                     s/d                       s/d

1832         26.018                58,4                       55.228

1833             400*                  s/d                            s/d

1835         24.016                11,4                       17.283

7 837         27.447                31,3                       46.811

1838          28.196                48,7                       55.915

183 9           9 084                53,1                       14.006

* Representa solamente las exportaciones de Itapúa.

FUENTE: Cuaderna de Extracción, Itapúa, 1830, ANA-NE 2928; Cuaderno del derecho de: extracción, Itapúa, 1831, ANA-NE 2936, Cuaderno del derecho de extracción, 1.8:33 ANA-NE 2951, y; White, Paraguay's Autonomous Revolution pp. 227-37.

 

Sabemos que la preferencia hacia la yerba paraguaya se mantenía en Buenos Aires. Viendo que la demanda seguía siendo alta en todas las provincias de abajo, la comunidad mercantil siguió esperando un comercio más abierto. Los pocos comerciantes europeos residentes en Buenos Aires querían introducir textiles y herramientas en el mercado paraguayo a cambio de yerba y tabaco30. Esos mismos comerciantes pensaban que sus propios intereses en reconstruir el comercio podrían realizarse al apoyar la posición porteña, a pesar de las posibles repercusiones de la misma para el Paraguay y el interior argentino. Un periódico rosista, el British Packet, and Argentine News, expresó claramente esa perspectiva:

El verdadero interés del Paraguay [...] consiste en una cercana unión con la República Argentina; no importa si es como un Estado Independiente o como provincia de la Federación, los beneficios de tal conexión serían inmensos: derechos protectivos, otra política adoptada por Gobiernos sagaces para la promoción del comercio doméstico; rápidamente esta política podría restaurar el comercio del Paraguay y eliminar toda competencia extranjera 31.

Sin embargo, una política semejante requería una cultura política común e intereses compartidos, que eran difíciles de encontrar en el Plata; las dificultades entre Buenos Aires y las provincias del litoral se prolongaban y el comercio de la yerba, como el resto del comercio, sufría como resultado.

A pesar de esos problemas, la yerba mate conservaba su posición clave en la economía paraguaya. Es cierto que muchísimos trabajadores, antiguos yerbateros, regresaban a la vida de la chacra y en ese sentido el ambiente económico bajo el gobierno de Francia no fue nada progresista sino reaccionario, pues cambió un sistema abierto basado en salarios pagados en efectivo por uno de trueque. Sin embargo, siempre estaba el mercado local y todos los sectores sociales en el Paraguay preferían la yerba más que otras bebidas. Aunque la producción yerbatera se orientara más hacia el consumo doméstico, su exportación no terminó completamente. El gobierno del Paraguay, tanto como el de Corrientes, todavía ofrecían concesiones a los beneficiadores que quisieran explotar la yerba 32. Los gobiernos también continuaban concediendo licencia para el comercio local de la yerba 33. La exportación, aunque siempre resultara difícil, no des apareció; la yerba paraguaya llegaba a los consumidores en el sur por la vía de las Misiones. Por ejemplo, una serie de documentos de febrero de 1830 ilustra el envío de veinte arrobas de yerba desde Itapúa hasta San Borja, que cruzó el río Uruguay, pagó derechos en el pueblo correntino de Curuzú Cuatiá, y después fue enviada a Santa Fe por el pequeño puerto de Esquina 34. La complejidad de esa ruta indica necesariamente que sólo una exportación de pequeño volumen podía llegar al sur.

 

30. Ver Comodoro Thomas Hardy a John Wilson Croker, M. P., HMS Creole (Buenos Aires), 22 diciembre. 1820; G. S. Graham y R. A. Humphreys, eds., the Navy and South America (London, 1962), pp. 322-323.

31. British Packet and Argentine News, 22 noviembre 1828.

32. Para Paraguay, ver Solicitud de José Ignacio Gómez, San Estanislao, 7 febrero 1818, ANA-NE 3228; Francia al Administrador de Caazapá, Asunción, 11 agosto 1837, ANA-SH 243 N° 6. Para Corrientes, ver Ley autorizando el beneficio de la yerba mate, Corrientes, 29 oct. 1832, ROPC III: 103-4, decreto de Pedro Ferré, Corrientes, 9 noviembre 1832, ibíd., pp. 140-42. Ambos decretos correntinos tienen que ver con yerbales situados en lejanas zonas de las Misiones en una región disputada entre el Paraguay y Corrientes.

33. El comercio interno tenía centenares de yerbateros. Ver Guías otorgadas, Curuguaty, 1831-31, ANA-NE 2583, 2584. Licencias e impuestos estaban pagados en yerba. Ver, por ejemplo, Receptoría de la Villa de San Isidro, 1832-33, ANANE 1863.

34. Manifiestos de Mariano Rivas, Curuzú Cuatiá, 9 febrero 1830 y 15 febrero 1830, AGPC-EA 1830, legajo 29. Documentación parecida existe para marzo de 1833. Ver AGPC-EA 1833, legajo 38.

 

NUEVOS CAMBIOS

La escasez de yerba paraguaya en las provincias de abajo resultaba en precios elevados. En los últimos años de la década de 1820, una arroba de yerba paraguaya vendida por siete pesos en Corrientes podía venderse a un precio varias veces superior en Buenos Aires 35. Los precios altos estimulaban en forma directa la expansión yerbatera en tierras que aún no habían conocido el ilex. Ciertas regiones periféricas del Brasil, como el interior de la provincia de Paraná y ciertos distritos en Río Grande de Sur podían beneficiarse con el cultivo de la yerba y así llegaban inversores desde tan lejos corno Montevideo, Buenos Aires y hasta Santa Fe para participar en la explotación de la yerba brasilera. Como resultado, a mediados de la década de 1820, el Paraguay ya no podía contar con un mercado cautivo en el Sur. Para dar un ejemplo del efecto de esa fuente (llamada yerba de Paranaguá por su puerto de embarque), en 1828 aproximadamente unos 19.000 bueyes que llevaban yerba partieron de Curitiba para cargar barcos con destino al Plata 36. Si cada animal llevaba cuatro tercios, entonces la exportación total de yerba paranaense debería llegar hasta casi setenta toneladas, una suma bastante mayor que la de las exportaciones paraguayas. Una cierta cantidad de la yerba brasileña llegaba hasta el mismo nordeste platense 37 A partir de aquel momento, como el cultivo de la yerba llegaba también al Mato Grosso y otros lugares, los paraguayos no pudieron ignorar la competencia de la yerba brasileña.

Otro efecto previsible de altos precios de la yerba paraguaya fue el incremento del contrabando. Hasta donde la yerba brasileña estaba disponible, se prefería la paraguaya por su mejor gusto, y así se fomentaba el contrabando cuando no había otro modo de exportación. En 1833, por un corto período, el gobierno correntino trató de impedir el tráfico ilegal prohibiendo la venta de yerba importada en la provincia 38. Después de un año, las autoridades decidieron que tal decreto era un fracaso y quedó sin efecto. Sin embargo, los correntinos impusieron nuevos derechos (seis a ochos reales la arroba) sobre la yerba importada legalmente y en esta forma hicieron más atractiva la yerba traída de contrabando 39. Por su parte, los paraguayos también tenían sus dificultades con los contrabandistas de yerba, aunque la documentación del Archivo Nacional de Asunción sobre el asunto no sea siempre clara. Parece que el Dr. Francia tenía tantos problemas con el contrabando de la yerba dentro del Paraguay como los que tenía con el de más allá de sus fronteras 40.

En cualquier caso, la muerte del Dictador en 1840 no causó ningún cambio esencial. El comercio externo era casi inexistente, aunque los comerciantes de varios países mostraron su interés en la yerba paraguaya. Considerando lo confuso de la situación, esas personas mostraban mucha ingenuidad profesando tanto optimismo. El British Packet señaló la verdad de la situación.

Se piensa que ya ocurrió un cambio radical, y que aquel El Dorado de tantos sueños está esperando la llegada de los aventureros extranjeros para sacar sus riquezas superabundantes... (Pero) el sistema del Dictador vive aún más que su fundador, y... los fundamentos que constituyen su base siguen en vigor. (No) ha ocurrido ningún cambio de importancia en el modo en que el Dictador imponía y recogía sus derechos, ni en la manera patriarcal de conducir sus negocios 41.

La yerba mantenía su importancia en el nivel local. En 1843 el gobierno paraguayo concedió 147 licencias para el beneficio de yerba, la gran mayoría en el lejano norte entre Concepción y San Pedro 42. Como en los tiempos de la colonia, los comerciantes usaban la yerba en vez de dinero efectivo: la podían cambiar por ganado y otros efectos en las tiendas estatales 43. A pesar de que en sus informes el gobierno siempre contabilizaba tales negocios en términos de pesos y reales, eran muy raras las ocasiones en que las partes contratantes podían hacer un trato en efectivo. En 1844, en una ocasión, la Colecturía General pagó 604 pesos a la cuenta de la comunidad norteña de Belén por yerba a un precio fijo de cinco reales la arroba, pero reteniendo casi la mitad de esa suma para el pago de flete y varios impuestos. Además, los yerbateros de Belén generalmente podían retirar su saldo a favor solamente en mercaderías con precios fijados por el gobierno. Si la comunidad debía al Estado anticipos entregados por el Estado, ellos también se deducían del saldo 44. En muchos sentidos, entonces, la práctica de la explotación y la usura asociada con la yerba sufrió muy pocos cambios en el Paraguay independiente. El paternalismo demostrado por Francia a los chacareros no se extendía a los yerbateros, quienes siguieron sufriendo como antes.

En casi la misma época, la venta de yerba riograndense contribuyó a financiar la revolución de los Farrapos en el Brasil. Los historiadores asocian a los Farrapos con las zonas ganaderas del norte de la frontera uruguaya, sin embargo el gobierno republicano también controlaba los ricos yerbales de Alegrete y Cruz Alta en las Misiones brasileras (Missóes). Los Farrapos apoyaban el desarrollo de la agricultura e instituyeron una serie de tarifas protectoras contra la yerba, trigo y papa importada 45 Por un decreto separado se liberó a la yerba riograndense de todos los impuestos de exportación 46 La explotación de los yerbales locales continuó normalmente, y las contribuciones a la causa de los Farrapos se hicieron a veces en yerba 47

Así como lo había sido para los paraguayos, el contrabando fue un problema para las autoridades farrapas en la zona de San Borja e Itaquí, donde las embarcaciones transportaban con facilidad al otro lado del río Uruguay la yerba a Corrientes. La seguridad para el comercio legal en esta parte de la cuenca del Plata siguió siendo precaria hasta después de la finalización de la rebelión de 1835-45. La única ruta segura para la exportación de la yerba era Montevideo y de ahí a Buenos Aires. Para aquel entonces, la yerba riograndense demostró su valor comercial y en el transcurso de unos años, compitió con ventaja en el mercado porteño.

Para mediados de la década de 1840, Carlos Antonio López (1798-1862) había consolidado su poder en el gobierno paraguayo y dirigía su atención más directamente a los asuntos económicos. Lo más importante para él era el mantenimiento de la autoridad estatal en las exportaciones. Entre sus primeros actos de gobierno estableció un estricto monopolio estatal en las exportaciones de yerba paraguaya 48 López tenía una inclinación más legalista que el ex dictador, y deseaba legitimizar el control sobre el comercio, algo que Francia daba por sentado. Esta medida imposibilitó cualquier competencia futura con comerciantes extranjeros que pudieran desear entrar al revivido comercio de la yerba. La documentación del Archivo no registra la reacción local a la creación del monopolio, pero si la falta de popularidad del antiguo monopolio del tabaco (estanco) es un signo indicativo, los potenciales especuladores de yerba no estarían contentos con la creación de una institución semejante. La administración estatal de todas las exportaciones de yerba contribuyó al crecimiento económico desparejo de la región, aunque los gobiernos tardaron muchos años en reconocer los efectos perniciosos de esos monopolios 49.

Los acontecimientos en las provincias de abajo ya habían creado un nuevo interés en el comercio del norte de la cuenca del Plata. El bloqueo anglo-francés de Buenos Aires forzó a los porteños a bus car nuevas formas de abastecimiento de yerba y tabaco. Rosas liberalizó las regulaciones tarifarías con el propósito de alentar el movimiento y entrada a Buenos Aires de ambos productos 50. A medida que los ríos se volvieron vías comerciales más seguras, la yerba y otros productos paraguayos podían entrar con ganancias en los mercados de las provincias de abajo. Tanto el Estado como los comerciantes prosperaron; aunque ciertos impedimentos institucionales tuvieron que ser resueltos primero.

35.Francia al delegado de Itapúa, Asunción, l4 junio 1828, ANA-SH 240 Nº 2. Las fluctuaciones en los precios estaban registradas en las varias revistas y periódicos gubernamentales durante el periodo. Para Buenos Aires, ver La Gaceta Mercantil (1823-1852) y British Packet and Argentine New (1828-1848); para Corrientes ver El Pacificador (1846), Corrientes Confederada (1848), La Organización Nacional (1851), La Libre Navegación de los Ríos (1853), El Comercio (1854-185?), La Opinión (185?-1859), La Unión Argentina (1860), La Nueva Época (1861), La Libertad, (1862), y El Progreso (1863-1865); para el Paraguay, ver El Semanario de Avisos y Conocimientos ; tiles (1853-1868).

36.Citado en Temístocles Linhares, Historia Económica do Mate (Rio de Janeiro, 1969), p. 84. Para detalles del comercio de la yerba de Paranaguá, ver Cecilia María Westphalen, "O Porto de Paranaguá no ano de 1826", Boletim da Universidade do Paraná 2 (diciembre 1962): 1-47; y "Paranaguá et le Rio de la Plata au XIX Siécle" Histoire Quantitative du Brésil de 1800 a 1930 (Parir, 1973): 315-34, Antonio Dos Santos Vieira, Memória Histórica da Cidade de Paranaguá e seu Municipio (1850) (Curitiba, 1952).

37.Juan de la Cruz Maydana al Receptor de Alcabalas, Curuzú Cuatía, 26 enero 1830, AGRC-EA 1830, legajo 28, notando el envío de cuatro tercios de yerba desde Itaqui vía el río Uruguay hasta Curuzú Cuatiá.

38.Decreto de Pedro Ferré, Corrientes, 1 febrero 1833, ROPC III: 187.

39. Decreto de Rafael Atienza, Corrientes, 24 Ene. 1834, ROPC III: 224.

40.Por ejemplo, vea Proceso contra Alejandro Caballero por haber transportado 368 arrobas de yerba desde la ciudad de Rosario sin licencia autorizada, Limpio, 8 agosto 1837, ANA-SJC 1711.

41. British Packet and Argentine News, 16 Julio 1842.

42. Cuaderno de anotaciones de patentes, 1843, ANA-NE 1355.

43.Para un ejemplo de 1841, ver Carlos Antonio López al Comandante de Pilar, Asunción, 19 abril. 1841, ANA-SH 247, N° 1

44.Carlos Antonio López al Colector general, Asunción, 22 agosto 1844, ANA-NE 798.

45.    Charles Gary Lobb, "The Historical Geography of the Cattle Regions along Brazil's Southern Frontier", Tesis doctoral, Universidad de California (Berkeley, 1970), p. 148.

46. Decreto del Ministro de Estado Domingos José de Almeida, Piratini, 4 abril 1830, O Povo (Piratini), 20 octubre 1838.

47. Ibíd. (Caçapava), 10 octubre 1839.

48. Decreto de Carlos Antonio López. Asunción, 2 enero 1846. El Repertorio Nacional (Asunción) 1846.

49. Adam Smith fue el primero en indicar los efectos desafortunados de monopolios como los del gobierno paraguayo. Él demostró que tales arreglos permitían solamente ganancias, mientras que, a largo plazo, los monopolios dañaban al propio país que los estableciera. Ver an Inquiry finto the Nature and Causes of the Wealth of Nations (Nueva York, 1965) pp. 592-606.

 

 

LA "LIBERACIÓN" DE LOS PUEBLOS DE INDIOS

El Estado paraguayo vio como un impedimento el carácter semiautónomo que continuaban teniendo los veintiún pueblos de indios. Desde antes del período borbónico los pueblos habían mantenido una relación privilegiada con el Estado; por ejemplo, los funcionarios coloniales limitaban la explotación de los recursos de la comunidad por parte de los extraños (aunque en los hechos esto ocurría con bastante frecuencia). El gobierno trataba como inalienables las tierras de propiedad indígena. Al menos cinco de los veintiún pueblos (San Estanislao, Belén, Yuty, Caazapá y San Joaquín) controlaban los caminos y los peones necesarios para el trabajo de varios de los yerbales más importantes del Paraguay.

López reconoció el potencial económico latente de esta área, y las posibles ganancias que el Estado podía obtener. Anteriormente, con el comercio de la yerba limitado al mercado interno, había muy poco estímulo para la explotación en gran escala de las tierras en poder de los indios pero, con el aumento de la demanda externa, López vio una oportunidad de aumentar las recaudaciones fiscales provenientes de la yerba y, en octubre de 1848, sancionó un decreto por el cual quedaban suprimidos los Cabildos de los pueblos de indios. La nueva norma legal hizo que los hombres estuvieran obligados a cumplir con el servicio militar y también pudieran ser empleados como mano de obra. Los términos del decreto establecían que a partir de 1852, se imponía a los indios el pago de todos los impuestos agrícolas y ganaderos, los que debían ser pagados en yerba mate. Además, casi todas las tierras comunales, así como una cantidad importante de efectos y bienes inmuebles de propiedad de los Cabildos pasaron inmediatamente a manos del Estado paraguayo 51. Al entrar en vigencia ese decreto, unos 25.000 jornaleros se incorporaron al mercado laboral paraguayo. Esto hizo que la renovada explotación de los yerbales fuera más fácil aún. Y así, con gran astucia, López de un plumazo se aseguró una cantidad suficiente de mano de obra para satisfacer las necesidades de la producción, lo cual posibilitó mayores exportaciones de yerba en los años siguientes.

Queda a los investigadores, pesquisar los cambios sociales ocasionados por la disolución de los pueblos de indios. Lo que sí aparece con claridad es el aumento de la producción en las zonas de los yerbales 52.

La liberación de los pueblos de indios y el bloqueo anglo-francés allanaron el camino para un considerable comercio de la yerba mate, pero en realidad fueron muy pocas las mejoras permanentes durante el período en el que los barcos de guerra continuaban obstruyendo la navegación.

50. Rosas redujo derechos de importación por un tercio. Ver John Lynch. Argentine Dictador, Juan Manuel de Rosas, 1829-1852 (Oxford, 1981) pp. 149-50.

51. Decreto de Carlos Antonio López, 7 octubre 1848, ANA-SH 282 N° 24.

 

UNA NUEVA ERA: LA DÉCADA 1850-1860

La caída del régimen de Rosas en 1852 permitió que los barcos comerciales pudieran remontar el río sin ser molestados y luego regresar con cargamentos de yerba y otros productos. También los créditos con los comerciantes porteños fueron posibles nuevamente. Esas nuevas circunstancias para el comercio llamaron la atención de López, quien deseaba que su gobierno se beneficiara con la yerba como se habían beneficiado con ella los comerciantes coloniales. López estableció destacamentos militares en los yerbales de Villarrica y en el extremo norte con el propósito de defender esos lugares del ataque de los indios. Los soldados permanecieron en la zona para cosechar gran parte de la yerba destinada a la exportación. Los jefes militares reclutaban con frecuencia a los pobladores de esos asentamientos para aumentar la mano de obra en las labores de los yerbales. El pago se hacía con vales otorgados por el Estado, utilizables en almacenes estatales; debe decirse que el cambio de los vales era muy desventajoso para los trabajadores 53.

López se dedicó a aumentar la producción en los yerbales. La mano de obra dirigida por los militares era a todas luces insuficiente para esa tarea, por tal razón López acertadamente evitó la eliminación del antiguo sistema de explotación de los yerbales. Para atraer a nuevos empresarios, López redujo los impuestos sobre la yerba, proceso ya comenzado en 1842, cuando rebajó los impuestos para las obras públicas del 15 al 5 por cientos 54. López fue más lejos aún cuando en 1848 sancionó una medida draconiana contra los yerbateros que, por temor a los ataques de los indios, abandonaban su trabajo en los yerbales: esos `desertores' eran posibles de la pena de muerte `como en los combates 55. El Gobierno consideraba a la fuga cíe los yerbales como un delito común; el habilitado podía obtener resarcimientos importantes, y a veces lo hacía, cuando las autoridades capturaban a los peones fugitivos. Si los trabajadores no podían pagar, el gobierno rara vez los dejaba sin castigo de azotes 56. Fue así como López buscó alentar la explotación privada de la yerba.

A pesar de tales esfuerzos, las exportaciones de yerba no alcanzaron a igualar el éxito indiscutible de otros productos paraguayos, y en particular el tabaco. La producción de la yerba era mucho más irregular, como se puede observar en la tabla 1,3, aunque resulta claro que las ganancias seguían siendo lo suficientemente significativas como para permitir una buena recaudación fiscal para el gobierno de López.

 52. Carlos Pastore, La lucha por la tierra en el Paraguay (Montevideo, 1972), pp. 127-132. El historiador marxista Oscar Creydt mantiene que la toma de los pueblos liquidaba un orden feudal. A1 transformar a los indios en trabajadores con sueldo, López engendró el crecimiento del capitalismo en el país. Así, según Creydt, el decreto de 1848 era una reforma progresiva, aparte de que tal "progreso estaba ganado a expensa de las masas". Creydt, Formación histórica de la nación paraguaya (s/d 1963), pp. 42-43. En cuanto a la "supresión" de los pueblos de indios por el Estado paraguayo, ver Thomas Whigham, "Paraguay's Pueblos de Indios: Echoes of a Missionary Past," en The New Latín American Mission History, editado por Erick D. Langer y Robert H. Jackson (Lincoln y Londres, 1995), pp. 157-188.

53. Acerca de los problemas con indios en los yerbales y de la necesidad de tropas, ver Benedicto Cardoso a Carlos Antonio López, Villarrica. 9 agosto 1843, ANASH 403; para una descripción de soldados utilizados como yerbateros, vea Page, La Plata, the Argentine Confederation and Paraguay, pp. 136-37.

54. Decreto de López y Mariano Roque Alonso, Asunción, 5 julio 1842, ANA-Sección Copias de Documentos 26 N" 35.

55. Decreto de López, Asunción, 26 septiembre 1848, ANA-SH 282 N° 18.

56. Ver por ejemplo, Demanda de Gaspar Otazú, Asunción, 10 julio, 1858, ANASJC 1976.

 

 

TABLA 1.3

EXPORTACIONES DE YERBA PARAGUAYA - ETAPA LOPISTA

Año                      Arrobas exportadas               Valuación en pesos fuertes

1845                            81.988                                      81.270

1846                                s/d                                          s/d

1847                                s/d                                          s/d

1848                            28.455*                                      s/d

1849                                s/d                                          s/d

1850                                s/d                                          s/d

1851                            85.923                                    233.204

1852                            68.195                                    157.108

1853                            123.449                                  304.378

1854                            85.676                                    282.485

1855                            168.000                                  336.000

1856                            85.519                                    508.115

1857                            124.951                                  749.820

1858                            92.575                                    574.040

1859                            130.540                                  781.210

1860                            178.537                               1.093.860

1861                            254.513                                  674.367

1862                            187.559                                  706.204

1863                            191.836                                  965.435

1864                            224.381                               1.231.998

1865                                78.60                                  531.065

* Cifras incompletas (exportaciones de Pilar solamente).

FUENTE: ANA-SH 274, NE-866; El Semanario, 1 octubre 1853, 8 octubre 1853, 24 diciembre 1853,11 enero 1855, y 16 febrero 1861 hasta 8 de julio 1865; Alfred Marbais Du Graty, La República del Paraguay (Besançon, 1862), pp. 346-350; Juan Carlos Herken Krauer, "Proceso económico en el Paraguay de Carlos Antonio López; la visión del cónsul británico Henderson (1851-1860)", Revista Paraguaya de Sociología 19 (mayo - ago. 1982), pp. 83- 116.

Varios factores explican los altibajos de la exportación de yerba paraguaya en esa época. Por un lado, aumentaron las exportaciones de yerba brasileña al Río de la Plata durante ese período, lo que influyó considerablemente en las ventas paraguayas en las provincias de abajo. Los yerbales de Río Grande del Sur se habían recuperado totalmente del conflicto de la rebelión de los Farrapos y eran trabajados con mayor eficiencia, en algunos casos bajo contratación de extranjeros. Una firma francesa en la aislada localidad de Itaquí procesó 66 toneladas de yerba en 1858. En el término de siete años las exportaciones de Itaquí superaron dieciséis veces aquella cantidad 57. La tabla 1.4 indica que la yerba riograndense encontró un mercado ávido en las provincias del Plata. Dado que estas cifras no incluyen las exportaciones de la Provincia de Paraná, se puede suponer que el total de la exportación brasileña a la región platense fue mucho mayor.

57.    Robert Ave-Lallement, Viagem pelo sul do Brasil ao ano 1858, 2 vol. (Rio de Janeiro, 1953), II: 254.

 

TABLA 1.4

EXPORTACIONES DE YERBA,

RÍO GRANDE DEL SUR A LA REGIÓN PLATENSE

Año                               Arrobas*                       Valor en milreis

1850                            97.958                                    142.133

1851                            77.766                                    116.282

1852                            128.195                                  191.943

1853                            168.133                                  253.258

1854                            124.926                                  223.997

1855                            216.881                                  419.867

1856                            268.879                                  970.241

1857                            342.363                                  1.314.768

1858                            317.547                                  1.060.358

1859/60                         309.951                                  908.674

1860/61                         308.957                                  925.170

1861/62                         291.080                                  804.115

1862/63                         397.398                                  818.202

1863/64                         279.876                                  759.092

1864/65                         437.912                                  787.159

1865/66                         357.358                                  795.750

(*) Las cifras originales eran listados en términos de arrobas brasileñas (33 libras a la arroba en vez de 25 libras para la medida platense). Para más claridad, las medidas brasileñas han sido cambiadas a sus equivalentes platenses.

FUENTE: Adaptados Del Arquivo Histórico de Rio Grande do Sul, secção diversos pequeñosguapos, caixa 90; y Antonio Eleutério de Camargo, Quadro Estadístico e Geográfico da Província do São Pedro do Rio Grande do Sul (Porto Alegre, 1.868), Vól. II, pp. 34-35, 39-40.

Las plantaciones de yerba hechas por los jesuitas en Misiones habían sido abandonadas a la naturaleza muchos años antes. Sin embargo los empresarios habían continuado trabajando las plantaciones en forma periódica como si fueran yerbales silvestres y esto también afectó el mercado. Antes del reconocimiento argentino de la independencia del Paraguay, nadie había delimitado con precisión la frontera de las Misiones. Los Gobiernos consideraban por lo general que los antiguos asentamientos sobre el río Uruguay pertenecían a Corrientes, y aquellos situados entre el Alto Paraná y el río Aguapey, eran paraguayos. Sin una clara demarcación de la frontera, la explotación de los yerbales durante este período fue, sino secreta, al menos muy informal.

Sin embargo, el tratado de 1852 garantizó al Paraguay el libre acceso a San Borja a través de Misiones, lo que alivió el espinoso asunto del tránsito por esta región58. La distensión en la frontera hizo posible que surgiera un renovado interés oficial en la yerba. Los correntinos no se demoraron y actuaron con rapidez, así Amado Bonpland, el famoso botánico francés, y alguna vez prisionero del Dr. Francia, se desempeñó como agente del gobierno correntino en esta empresa. En sus numerosos informes al gobernador Pujol, con un tono exuberante, proponía planes detallados para el cultivo de la yerba y la importación de maquinarias59. Aunque excesivamente optimista en sus expectativas respecto de la industria de la yerba en Corrientes, esta actividad tuvo algún éxito. Para fines de la década de 1850 abundaron los yerbales en la zona este con trabajadores correntinos. Un yerbal en las afueras de San Javier produjo 3.000 arrobas en 1857, en su mayor parte para la exportaciónb60

Aunque la competencia brasileña y correntina afectó al mercado, la culpa de la irregular producción de yerba recae sobre el mismo López. El Estado, en su función de único distribuidor de yerba en el mercado interno, mantuvo el precio del producto artificialmente bajo en el Paraguay y, aunque esto tenía ciertos réditos políticos, también limitaba las potenciales ganancias que con la yerba podían tener los beneficiadores y trabajadores de la yerba. No existía pues ningún incentivo que alentara la competencia privada en el Paraguay, con lo que el mercado interno resultaba estático.

Esto no ocurría en el comercio exterior. El Estado paraguayo, en una actitud distinta de la adoptada sobre el tabaco y los cueros, manipulaba las exportaciones de yerba y -aparentemente creyéndose dueño de un mercado cautivo río abajo-estableció precios exorbitantes sobre la yerba. Esta situación alentó a los brasileños, quienes con facilidad suministraron el producto a Buenos Aires a menor precio. Un observador británico, en una carta al hijo del presidente paraguayo, comentaba lo siguiente:

Encuentro que el mercado de la yerba es desastrosamente malo. ¡No se puede vender a más de 40 a 42 reales de plata la arroba!!! El hecho es que la yerba de las Misiones o del Brasil cuenta con el favor del mercado en razón de su bajo precio -en calidad esta, yerba es muy inferior a la paraguaya- pero el precio es aproximadamente la mitad. Por lo tanto, la gran mayoría del pueblo compra el producto barato y, a su vez, gustarán de esa yerba, lo que tendrá serios efectos sobre el comercio del Paraguay y será bueno que su Gobierno efectúe arreglos para reducir el precio de la yerba 61

 

58.    Tratado de Límites, Amistad, Comercio y Navegación con la Confederación Argentina. Asunción, 15 de julio 1852, ANA-SH 298 N° 17.

59.    Aimé Bonpland a Gobernador y Capitán General Juan Pujol. San Borja, 14 enero. 18,53; Bonpland a Pujol, Restauración, 9 marzo 1854, citado en Juan Pujol, Corrientes en la organización nacional (Buenos Aires, 1911) III: 9-11 y IV: 68-71. La yerba misionera se convertiría en producto de nueva importancia en el mercado porteño. Vea Alfredo Bolsi, "El primer siglo de la economía yerbatera en Argentina", Folia Histórica del Nordeste 4 (1980), PP. 119-182.

60.    La Opinión (Corrientes), 16 diciembre 1857.

61.    G. F. Morice a Francisco Solano López, Buenos Aires, 26 diciembre 1859, ANA CRB, I-29, 34, 30, N° 12.

 

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López permaneció sordo a esos consejos, prefiriendo controlar las condiciones del comercio más que su volumen. Al hacer esto impidió el crecimiento del comercio de la yerba. Entre 1856 y 1860 el Gobierno paraguayo fijó el precio de exportación de la yerba en seis pesos la arroba, sin importarle las fluctuaciones de la oferta, y la demandas 62. Como la yerba brasileña se vendía en Buenos Aires a precios constantemente más bajos, la estrategia paraguaya de fijación de precios fue abiertamente contraproducente y aseguró el predominio de la yerba brasileña en el mercado porteño ya que la gente de pueblo no quería pagar el mayor precio del producto paraguayo. Así y todo, la política mercantilista de altos precios sirvió a los requerimientos inmediatos de un gobierno ambicioso. López necesitaba dinero para comprar armamentos de los proveedores extranjeros, lo cual no era un asunto de menor importancia, ya que la afluencia de dinero proveniente de la yerba representaba regularmente el 40-50 por ciento de las divisas obtenidas por las exportaciones paraguayas 63. López no comprendió el efecto dañino que los precios altos provocaban a largo plazo o -lo que parece más probable- sólo tenía en cuenta los réditos políticos a corto plazo. Evidentemente, creía que la alta calidad de la yerba paraguaya iba a asegurar el mercado de las provincias de abajo a pesar de la competencia.

Tenemos un ejemplo de la confusa estrategia de López cuando en 1860 y a regañadientes, redujo el precio de la yerba a dos pesos y medio la arroba. A pesar de ciertas afirmaciones modernas en sentido contrario, estas reducciones no fueron hechas para contrarrestar la competencia brasileña 64 Más bien se hicieron -tal como lo expresa en el decreto- por la necesidad de López de conseguir dinero efectivo sin demora para la compra de ganado vacuno para su infraestructura militar en Humaitá 65. En el mismo decreto, López trasladó la pérdida a los habilitados al bajar el precio de compra por el Gobierno de Asunción a once reales la arroba; de ese modo la producción cayó rápidamente, ya que los habilitados no podían obtener ganancias en tales condiciones.

Aparentemente, la reducción del precio de la yerba paraguaya tuvo solamente una incidencia menor en Buenos Aires, y afectó poco a la competencia brasileña. De hecho, las cifras de las exportaciones de 1860-61 indican que la demanda porteña era inelástica, el precio que se cobraba en años anteriores había sido un mejor reflejo de las posibilidades del mercado. Con el fin de incrementar las ganancias totales del Estado paraguayo, el precio bajo hubiera tenido que inducir a duplicar el volumen de venta, pero nada de eso ocurrió. Por eso, para 1862 López decidió elevar los precios de la yerba a los niveles anteriores (ver la tabla 1.5). Es posible que López no le hubiera dado al mercado de Buenos Aires tiempo suficiente para adaptarse a la nueva política de precios, como también que los comerciantes porteños hubieran celebrado contratos para recibir yerba brasileña, y no pudieran romper los compromisos previamente asumidos

62.    Los observadores extranjeros siempre condenaban al monopolio estatal. Ver William Hadfield. Brazil and the River Plate in 1868 (Londres, 1869), pp. 21314. El gobierno paraguayo, por su parte, trataba siempre de desenfatizar el monopolio, manteniendo que no dañó al comercio. El Semanario, 24 Junio 1859.

63.    Annual Report on the Commerce, Industry, and Agriculture of Paraguay for the year 1855. Consul Charles A. Henderson. Asunción, 3 febrero 1856, Public Record office. Foreign Office (Londres) 59/15.

64.    Linhares, Historia Económica do Mate, p. 129.

 

TABLA 1.5

CAMBIOS DE PRECIOS DE EXPORTACIÓN EN ASUNCIÓN DE YERBA PARAGUAYA

Año                              Pesos por Arroba

1852                                      2,30

1853                                      2,47

1854                                      3,30

1855                                      2,00

1856                                      5,94

1857                                      6,00

1858                                      6,20

1859                                      5,98

1860                                      6,13

1861                                      2,65

1862                                      3,77

1863                                      5,03

1864                                      5,49

1865                                      6,76

* Este precio se basa en las exportaciones de enero a junio de 1864, que fueron las últimas exportaciones antes de la imposición del bloqueo brasileño.

FUENTE: El Semanario, 19 de octubre de 1853; 8 de octubre de 1853; 24 de diciembre 1853;11 de enero de 1855 y 16 de febrero 1861 a 8 de julio 1865; Alfred Du Graty, La République du Paraguay, p. 346-350, Herken Krauer "Proceso económico", 83116.

 

En un aparente esfuerzo para aplacar a los habilitados López permitió entonces a los particulares vender yerba dentro del Paraguaya66. Este cambio de política liberó al mercado interno de los con troles estatales, haciendo que el comercio respondiera más a la demanda. Con eso fue posible que los habilitados obtuvieran ganancias de nuevo.

La producción aumentó, y eso se reflejó claramente en el aumento de los beneficios de yerba otorgados, que ascendieron de 269 en 1864 a 351 un año más tardes67.

En 1862 sucedió a López su hijo Francisco Solano López, quien había sido el principal promotor de la yerba en Europa. Llevó a Inglaterra varios tercios del producto durante su viaje de 1853-54 y continuó promocionando la yerba en la década siguiente. Desafortunadamente para el Paraguay, los europeos nunca adquirieron el gusto por la infusión, que en Inglaterra se vendía exclusivamente como hierba medicinal. La yerba siguió siendo importante en Buenos Aires, Montevideo y otras ciudades de las provincias de abajo. Sin embargo, los esfuerzos del joven López para promocionar la demanda de yerba en Europa merecen nuestra atención. Como gesto simbólico, demostró una nueva manera de ver las cosas en el Paraguay, así como el deseo de diversificar sus mercados, y de esta forma romper finalmente la dependencia de Buenos Aires, como consumidor dominante. 69

La yerba paraguaya nunca tuvo una plena recuperación en la década de 1860. Los efectos conjuntos del alto precio y la competencia brasileña mantuvieron las exportaciones paraguayas en los ni veles de 1780, generalmente por debajo de 250.000 arrobas anuales. No obstante, la yerba continuó representando casi el 40 por ciento del total de las exportaciones paraguayas. El mercado doméstico para la yerba sólo exhibió mejoría después del decreto de 1862, aunque el mismo no tuvo mayores consecuencias para los yerbateros paraguayos, quienes rara vez (o nunca) obtuvieron verdaderas ganancias 70 Siguieron viviendo precariamente, con muy pocas esperanzas inmediatas de un cambio de vida. 

La situación de producción yerbatera en la poco poblada Corrientes se mantuvo con pocos cambios. Aunque muchos empresarios iniciaron planes para mejorar la industria, sus esfuerzos tuvieron aparentemente poco éxito 71. La única zona de las cercanías donde se produjo una mejoría frente al período colonial fue la región de Río Grande del Sur, en la frontera del río Uruguay que se extendía al este a Alegrete y Cruz Alta. Esta zona aumentó sus exportaciones de yerba a las provincias de abajo, y aprovechó la confusión existente en Corrientes en lo relativo a la producción de, yerba, y también las medidas desacertadas del Estado paraguayo para mantener precios altos sin tomar en cuenta la competencia brasileña.

La Guerra de la Triple Alianza dio por tierra con cualquier esperanza de expansión de la yerba paraguaya a los mercados del sur. El bloqueo brasileño de la navegación cerró efectivamente el comer cio fluvial y la región volvió a caer en el aislamiento. Nuevamente las provisiones de yerba de Paranaguá ingresaron para satisfacer las demandas del mercado. Las realidades posteriores a la guerra impusieron nuevas condiciones a la yerba mate. Por un lado, con el correr del tiempo, la, yerba se cultivaba cada vez más en grandes plantaciones en vez de extraerse de los yerbales difíciles de localizar. Esto ocurría en Misiones, donde el trabajo de los inmigrantes europeos y el capital privado porteño trajeron el incentivo para una industria yerbatera en gran escala, que empezó en la década de 1890.

Al volver al sistema de las plantaciones de yerba, Misiones retornó en un giro de 360 grados al ejemplo de los jesuitas. El mismo fenómeno se dio, aunque en menor escala, en Río Grande de Sur y en Paraguay.

Al finalizar la guerra, el Estado paraguayo abandonó el control sobre las exportaciones de yerba. Para aquel entonces, la mano de obra necesaria para desarrollar la industria de la yerba no estaba disponible o simplemente no existía. Muchos yerbateros habían muerto en el conflicto; otros que hubieran podido entrar en los yerbales, encontraron mejores oportunidades en la industria del tanino del capital extranjero. A mediados de la década de 1880, el empobrecido Estado paraguayo puso en subasta todos los yerbales que aún estaban en manos del Gobierno.

El comercio de la yerba paraguaya fue víctima del caos político imperante en los primeros años del siglo XIX. El bloqueo de las vías fluviales destruyó las conexiones comerciales con las provincias de abajo, que habían representado hasta 1818 un mercado de más de 200.000 arrobas para la yerba del nordeste. Aun después de 1852, las prácticas arbitrarias del monopolio estatal paraguayo, junto con una competencia brasileña plenamente establecida, impidieron el crecimiento de la yerba. La Guerra de la Triple Alianza fue sólo una traba más en la serie de problemas para el comercio de la yerba mate, que al final no pudo sobrevivir a esa manifestación de orgullo nacional paraguayo.

Notas:

65. Decreto de Carlos Antonio López, Asunción, 28 abril 1860, ANA-SH 329, N" 4. Negociaciones para obtener unas 5.000 cabezas de ganado correntino en cambio de yerba habían comenzado en 1859. Ver Ministro de guerra Francisco Solano López al Colector general Luis Caminos, Humaitá, 30 septiembre 1859, citado en Juan Livieres Argaña, Con la rúbrica del Mariscal (Asunción, 197071) VI: 738.

66. Decreto de Carlos Antonio López, Asunción, 7 junio 1862, ANA-SH 331 N° i.

67. Registro de Libranzas de yerba. ANA-NE 1693; Beneficios de yerba. Asunción, 16 de julio, ANA-N.E 2303.

68. J. y A. Blyth a Francisco Solano López. Londres, 8 septiembre. 1857, ANACRB I, 29, 35, 36, n° 26; en 1864, los paraguayos trataban de regalar yerba a Bismarck y unas 5.000 libras estuvieron enviadas al ejército de Prusia. Vea José Berges a Cándido Bareiro. Asunción, 21 Julio 1864, ANA-CRB I-22, 11, 5 N° 381.

69. Para ejemplos de ventas de yerba en Montevideo y Buenos Aires, vea Félix Egusquiza a Francisco Solano López, Buenos Aires, l5 octubre 1862, MG 2010a.; ver también Correspondencia Comercial. Buenos Aires, l7 octubre 1863, en El Semanario, 13 octubre 1863.

70. Mariano González al Inspector de Pueblos Francisco Bareiro, Asunción, 23 agosto 1864, ANA-NE 2790, foja 61...

71. Los yerbales argentinos, La Unión Argentina, 25 marzo. 1860. Martin de Moussy, Description Géographique et Statistique, I: 428-34; ver también Vicente G. Quesada a Juan Pujol, Buenos Aires, 21 diciembre 1857, citado en Pujol, Corrientes en la Organización nacional, 7: 192-94.

 

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Fuente:

LO QUE EL RÍO SE LLEVÓ

ESTADO Y COMERCIO EN PARAGUAY Y CORRIENTES,  1776-1870

Obra de THOMAS WHIGHAM

Biblioteca de Estudios Paraguayos - Volumen Nº 75

Director: JOSÉ ZANARDINI ,

Colección Bicentenario a cargo de IGNACIO TELESCA

Biblioteca de Estudios Paraguayos

CEADUC – CENTRO DE ESTUDIOS ANTROPOLÓGICOS

DE LA UNIVERSIDAD CATÓLICA "NUESTRA SEÑORA DE LA ASUNCIÓN"

Página web: www.ceaduc.uca.edu.py

Asunción – Paraguay, 2009 (372 páginas).

 

 

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DOCUMENTO (ENLACE) RECOMENDADO:

 

LA ESCLAVITUD EN EL PARAGUAY

Ensayos de JOSEFINA PLÁ

Colección: INDEPENDENCIA NACIONAL

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Asunción – Paraguay

2010 (155 páginas)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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