El gobierno consular decreta la prohibición de enterrar cadáveres en el interior de las iglesias y crea el cementerio de la Recoleta.
El 20 de octubre de 1842, el gobierno consular integrado por Carlos Antonio López y Mariano Roque Alonso reglamentó y estableció formalmente el Cementerio General de la Recoleta en Asunción.
La medida puso fin a la antigua costumbre de realizar entierros dentro de los templos o en sus atrios, práctica heredada del período colonial.
La creación del nuevo camposanto respondió principalmente a razones de higiene y salubridad pública, por lo que fue ubicado en terrenos que habían pertenecido a los frailes franciscanos recoletos, entonces alejados del centro urbano.
El Cementerio de la Recoleta fue bendecido el mismo 20 de octubre y comenzó a recibir inhumaciones pocos días después, el 23 de octubre de 1842.
Con el paso del tiempo se convirtió en uno de los principales sitios históricos y funerarios del Paraguay, donde descansan presidentes, militares, intelectuales, artistas y numerosas personalidades de la vida nacional.