El 1 de mayo de 2009. Regresa al país, Sabino Augusto Montanaro, ex ministro del Interior, exiliado en Honduras.

El 1 de mayo de 2009, tras 20 años de exilio en Honduras, regresó sorpresivamente al Paraguay Sabino Augusto Montanaro, uno de los hombres más poderosos y cuestionados del régimen de Alfredo Stroessner.
Su retorno al país marcó un momento de fuerte impacto político y judicial, ya que Montanaro era considerado uno de los principales responsables de la represión durante la dictadura stronista. Había ocupado el cargo de Ministro del Interior entre 1966 y 1989, convirtiéndose en una figura clave del aparato de seguridad del régimen.
Montanaro llegó al Aeropuerto Internacional Silvio Pettirossi en la madrugada del Día del Trabajador. Debido a su avanzada edad y delicado estado de salud, fue trasladado en silla de ruedas y llevado primero a un sanatorio privado, y luego a un hospital policial bajo custodia.
A su regreso enfrentaba varias causas judiciales vinculadas a graves violaciones de derechos humanos, entre ellas denuncias por torturas, desapariciones forzadas, persecuciones políticas y asesinatos. También fue señalado por su presunta participación en la Operación Cóndor, el sistema de coordinación represiva entre dictaduras sudamericanas para perseguir opositores políticos.
Su presencia en el país generó protestas de víctimas, familiares de desaparecidos y organizaciones de derechos humanos, que reclamaban justicia y su reclusión en una cárcel común. Aunque llegó a ser trasladado brevemente a la penitenciaría de Tacumbú en junio de 2009, posteriormente se le concedió arresto domiciliario debido a su estado de salud.
Sabino Augusto Montanaro falleció en Asunción el 10 de septiembre de 2011, a los 89 años, sin haber recibido condena definitiva en la mayoría de los procesos abiertos en su contra.
Su regreso, ocurrido el 1 de mayo de 2009, quedó registrado como uno de los episodios más significativos del Paraguay posterior a la dictadura, porque reabrió heridas históricas y volvió a poner en primer plano la deuda pendiente de justicia, memoria y reparación para las víctimas del stronismo.