El delegado paraguayo firma en Ginebra un protocolo sobre la prohibición de empleo, en caso de guerra, de gases asfixiantes o tóxicos, o similares, y de medios bacteriológicos.
El 17 de junio de 1925, el Paraguay, junto con representantes de otras naciones, firmó el Protocolo de Ginebra, uno de los acuerdos internacionales más importantes en materia de desarme y derecho humanitario.
El tratado prohibió de forma explícita el uso de gases asfixiantes, tóxicos o similares, así como de medios bacteriológicos en los conflictos armados.
Su nombre oficial fue Protocolo relativo a la prohibición del empleo en la guerra de gases asfixiantes, tóxicos o similares y de medios bacteriológicos.
El acuerdo surgió bajo el impulso de la Sociedad de Naciones, luego del uso masivo de gases venenosos durante la Primera Guerra Mundial.
El Protocolo de Ginebra representó un avance fundamental para limitar el empleo de armas químicas y biológicas en la guerra.
Sin embargo, en su formulación inicial no reguló la producción, el almacenamiento ni la transferencia de estos agentes.
Décadas más tarde, esos vacíos fueron complementados por nuevos instrumentos internacionales, como la Convención sobre Armas Biológicas de 1972 y la Convención sobre las Armas Químicas.
La firma paraguaya del 17 de junio de 1925 integró al país en un esfuerzo internacional destinado a humanizar las normas de la guerra y condenar el uso de armas de destrucción masiva.