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BERNARDO NERI FARINA

  JOSÉ BOZZANO Y LA GUERRA DEL MATERIAL (BERNARDO NERI FARINA)


JOSÉ BOZZANO Y LA GUERRA DEL MATERIAL (BERNARDO NERI FARINA)

JOSÉ BOZZANO Y LA GUERRA DEL MATERIAL

BERNARDO NERI FARINA

Editorial EL LECTOR

COLECCIÓN PROTAGONISTAS DE LA HISTORIA Nº 10

www.ellector.com.py

Tel.: 595 21 491966 // 610639

Director General: PABLO LEÓN BURIÁN

Coordinador Editorial: BERNARDO NERI FARINA

Director de la Colección: HERIB CABALLERO CAMPOS

Diseño de Tapa: DENIS CONDORETTY

Asunción – Paraguay

2011 (146 páginas)

 

 

 

 

CONTENIDO

PRÓLOGO

INTRODUCCIÓN

LOS BOZZANO Y LA INMIGRACIÓN ITALIANA

LOS ITALIANOS EN PARAGUAY

PARAGUAY DE FINALES DEL SIGLO XIX 

LOS ARSENALES DE LÓPEZ

BOZZANO EN CAMBRIDGE

EL NUEVO DESTINO

EL REGRESO.

LOS ARSENALES DE BOZZANO

LA MUDANZA

EL MARINO ENAMORADO

UN AÑO CRUCIAL

LA POBREZA

 LA LLEGADA DE LOS MENNONITAS

LA MISIÓN ESTRATÉGICA

LUNA DE MIEL, BARCOS Y ESPIONAJE.

TRAFALGAR SQUARE

EN PARÍS CON SCHENONI Y ESTIGARRIBIA

UN ESPÍA PARAGUAYO EN LONDRES

LA PREOCUPACIÓN DE SCHENONI

NEGOCIACIONES FINALES SOBRE LOS CAÑONEROS

LA RESPUESTA DE ASUNCIÓN

LA MUDANZA A GÉNOVA.

EL DRAMA DEL FORTÍN VANGUARDIA

LA VUELTA DE SCHENONI.

LA BOTADURA DEL HUMAITÁ

A ASUNCIÓN CON NAVEGANTES FASCISTAS

EL VIAJE INOLVIDABLE      

LOS ARSENALES ANTE LA GUERRA

LOS FUSILES "MATA PARAGUAYOS"

LA LUCHA MODERNA

COMIENZA LA ACCIÓN

LAS CÉLEBRES KARUMBE'I

OTROS SERVICIOS DE LOS ARSENALES

LA CRUZ DEL CHACO

DESPUÉS DE LA GUERRA

EL HÉROE HUMILLADO

BOZZANO Y LA MUERTE DE ESTIGARRIBIA

EL EXILIO, EL REGRESO Y EL FINAL

ANEXO

BIBLIOGRAFÍA

EL AUTOR

 

 

PRÓLOGO

Este libro magníficamente escrito por Bernardo Neri Farina, tiene el mérito de presentar la vida y la labor de un gran paraguayo, el capitán José Bozzano.

El capitán Bozzano es un actor extremadamente importante pero a la vez olvidado para el logro de la victoria en la contienda Chaqueña.

Como bien lo sostiene el autor, Bozzano se destacó por su talento tecnológico y por su capacidad de trabajo en el desarrollo de aquellos dispositivos necesarios para el combate. Mediante sus consideraciones técnicas se diseñaron y construyeron los cañoneros PARAGUAY y HUMAITÁ.

Bozzano fue uno de los pocos paraguayos que estudio en el MASSACHUSSETS INSTITUTE OF TECHNOLOGY, de los Estados Unidos. El MIT, como se lo conoce, es hasta la fecha uno de los centros más destacados en materia de enseñanza e investigación en el área de las ingeniería y la tecnología.

El libro está muy bien escrito y sumamente documentado, además enriquecido con anécdotas provenientes de los propios apuntes del capitán Bozzano. El autor tiene la capacidad de recrear el ambiente social y cultural en el cual se desarrollo la vida del biografiado.

Así mismo la biografía va aportando datos que hasta la fecha estaban inéditos al igual que varias fotografías en las que se pueden observar las pruebas realizadas por los cañoneros en Génova.

Por último al autor nos permite observar otra faceta de la Guerra del Chaco, como muy bien lo describe el título de la obra, la "guerra del material", ese material fundido, moldeado y fabricado en los Arsenales de la Marina ubicados en el Puerto Sajonia.

Este libro es un aporte más en la colección de PROTAGONISTAS DE LA HISTORIA, pues rescata del olvido a un gran paraguayo que fue arrinconado por sus ideas políticas y porque lamentablemente en nuestro país el espíritu de facción es más fuerte que el sentido de pertenencia a la comunidad nacional.

No sólo hay que agradecer al periodista y escritor Bernardo Neri Farina por esta excelente obra sino también porque mediante ella descubriremos aspectos desconocidos e inéditos de nuestro pasado.

Asunción, abril de 2011

HÉRIB CABALLERO CAMPOS

 

  1. LOS BOZZANO Y LA INMIGRACIÓN ITALIANA

En su libro de memorias, titulado REMINISCENCIAS y publicado en 1962 por la hoy desaparecida Casa Editorial Toledo de Asunción, como parte de la llamada SERIE GUERRA DEL CHACO, el capitán José Bozzano recordaba lo que le contaba su abuelo respecto a que un tío abuelo, constructor naval, ya había venido al Paraguay en el año 1852, cuando comenzaba la efervescencia constructora del gobierno de don Carlos Antonio López (1844-1862). El año mencionado por Bozzano, 1852, fue justamente cuando se logró, luego de una dura puja, la libre navegación de los ríos, con lo cual crecería de manera inusitada el comercio exterior paraguayo. Don Carlos vio la necesidad de adquirir más buques para satisfacer las exigencias de dicho crecimiento. Conseguirlos, así como contratar técnicos especializados, fue una de las misiones que llevó Francisco Solano López a Europa.

Otras embarcaciones fueron construidas en el astillero asunceno y para los trabajos fueron contratados constructores navales europeos. Don Carlos creó también los arsenales, junto con los astilleros, que en conjunto formaban parte complementaria de la siderurgia de Ybycuí, tal como señala Juan Francisco Pérez Acosta en su libro Carlos Antonio López. Obrero máximo. Los Arsenales del Estado fueron dirigidos por el inglés William Whitehead.

Indudablemente, el apellido Bozzano está consustanciado con la actividad naval. Aquel constructor naviero que habría estado ya por acá en tiempos de don Carlos, y del cual hablaba su sobrino nieto, José Bozzano, volvió luego a su tierra natal sin haber dejado rastro aquí.

Los Bozzano provienen de Varazze, un pequeño municipio italiano en la Provincia de Savona, región de la Liguria, sobre el mar Mediterráneo. Actualmente, el municipio tiene unos 15.000 habitantes, los varazzini (su gentilicio). Hacia el siglo X ese lugar de la Liguria era conocido como Varagine, que algunos estudiosos señalan como una palabra del latín vulgar que se podría traducir como "lugar donde se construyen barcos". De ahí que los habitantes de Varazze, como los Bozzano, lógicamente, están identificados con los astilleros, los navíos y la navegación. El capitán José Bozzano traía en sus genes esa “vocación” naval desde el propio origen de su estirpe.

Varazze se constituyó en municipio autónomo en 1227 y se convirtió, pocos años después, en parte de la República de Génova. Se integró luego a Francia cuando Napoleón Bonaparte, en 1797, decretó la disolución de la república genovesa. A partir de 1815, tras la caída del emperador francés, se unió al reino de Piamonte-Cerdeña y luego, con la unificación, al Reino de Italia en 1861.

De ahí vinieron los ascendientes del capitán José Bozzano a Sudamérica.

José Alfredo Bozzano Baglieto nació en Asunción el 7 de diciembre de 1895. Esta es la fecha correcta de su venida al mundo, aparece en su legajo del Ministerio de Guerra y Marina y ha sido corroborada por su hija, la señora Virginia Bozzano Vda. de Llamosas. En algunas publicaciones se hablaba de otra como la fecha de su nacimiento, lo que ha generado bastante confusión al respecto.

Su hija Virginia adujo que tal confusión se originó quizá en el hecho de que su padre había sido bautizado en la antigua iglesia de María Auxiliadora, de los padres Salesianos, que sufrió un incendio tiempo después. Al reconstruirse el documento, pudo haber ocurrido el error. Aunque hay que decir también que el propio capitán Bozzano daba una fecha diferente a la de su verdadero natalicio.

En aquella era, finales del siglo XIX, las actas de bautismo constituían un verdadero documento oficial de identidad no solo por la ascendencia de la Iglesia Católica sino, por sobre todo, debido a su organización estructural, muy superior a la del Estado de entonces, zarandeado éste por los vaivenes políticos que muchas veces terminaban en violencia generalizada y guerras civiles con su secuela de destrucción de la cosa pública.

Los padres del capitán fueron el italiano Giuseppe Bozzano Craviotto y la argentina Benedicta Barbara Baglieto Canepa (también de origen italiano), quienes se casaron en la parroquia San Juan Evangelista, de la ciudad de Buenos Aires, Argentina, posiblemente el 10 de junio de 1893, de acuerdo con datos proporcionados por fuentes familiares.

Los padres de Giuseppe Bozzano Craviotto, a su vez, fueron los inmigrantes italianos Giuseppe Bozzano y María Craviotto. Por su parte, Benedicta Bárbara Baglieto Canepa, nacida en la Argentina, provenía de los también inmigrantes italianos Giuseppe Baglieto y Ángela Canepa.

La web ITALIA PARA TODOS, respecto al padre de Giuseppe Bozzano Craviotto (y por ende abuelo del Capitán) reseña cuanto sigue:

"El 21 de febrero de 1886  llegó al Paraguay el señor José Bozzano, italiano. Durante un año trabajó como simple operario en la casa de señor Andrés Scala. Luego se trasladó a los grandes obrajes que en el Alto Paraguay poseían los señores Vierci Hermanos, donde construyó la chata 'San Vicente', que fue adquirida por la 'Industrial Paraguaya'.

Algún tiempo después el señor Bozzano vino a radicarse en Asunción, dedicándose especialmente a las construcciones navales. En 1902 fundó con los señores Isidro Mayor y Diego Martínez, una sociedad colectiva bajo la razón social de Mayor, Bozzano y Cía. En los talleres dé esta casa se construyó el primer vapor de hierro fabricado en el Paraguay: el Ipiranga, por cuenta de Moret y Cuy, de Cuiaba. Desde 1904, el señor Bozzano volvió a trabajar solo.

Fallecido don José Bozzano, quedó al frente de la casa el señor José Bozzano (h) quien, a su vez tiene un hijo del mismo nombre recibido de ingeniero naval en Norteamérica, donde hizo estudios por cuenta propia, y es el jefe de la comisión que corre con la inspección de la construcción de dos barcos de guerra paraguayos en Italia: "Humaitá" y "Paraguay", que ya próximamente emprenderán viaje para Asunción."

Como se puede notar, este texto sería de alrededor de finales del año 1930 o comienzos de 1931, y resulta extraña la alusión al motivo de la presencia del capitán José Bozzano Baglieto en Italia, puesto que eso era prácticamente un secreto de Estado.

Giuseppe Bozzano (el abuelo) es, entonces, la primera generación de los Bozzano en el Paraguay como una familia afincada definitivamente en el país.

Don Giuseppe Bozzano y doña María Craviotto, de acuerdo con testimonios familiares, habrían tenido tres hijos. Uno de ellos se habría establecido en el Brasil, otro en la Argentina y por último, Giuseppe Bozzano Craviotto se instaló junto con su padre en Asunción, aunque se casó en la Argentina.

Giuseppe Bozzano Craviotto y Benedicta Bárbara Baglieto Canepa tuvieron once hijos: José Alfredo (el que sería luego el Capitán), María (fallecida muy pequeña), Alcira, Romualdo, Ubaldo, Deolinda, Humberto, Delia, Rumilda, Santa (con 96 años de edad, todavía vive al momento de la redacción de este libro) y Rogelio Godofredo.

El menor de los hermanos Bozzano Baglieto, Rogelio Godofredo (15 de setiembre de 1917 - 16 de octubre de 1997), fue un connotado químico y empresario. Fundó una empresa llamada Capasa donde fabricó una caña cuya marca tuvo un considerable prestigio durante varios años: Gotas de oro. El doctor Rogelio Godofredo Bozzano Baglieto, casado con Margarita Zeneida Saguier, tuvo 10 hijos.

El primer Giuseppe (José) Bozzano en el Paraguay formó parte de la corriente migratoria italiana de la posguerra del 70, que fue muy importante por su aporte a la reconstrucción del país y por su decisiva participación en el difícil recobro de la economía nacional y en servicios con los que aquel país devastado por la tragedia bélica no contaba.

 

LOS ITALIANOS EN PARAGUAY

En 1870, los italianos ya eran varios en Asunción. Algunos de ellos protagonizaron, en setiembre de ese mismo año, un enfrentamiento con derivaciones luctuosas con periodistas y tipógrafos del periódico LA REGENERACIÓN, de José Segundo Decoud, debido a una publicación errónea que el medio no quiso, al parecer, rectificar: se acusó a un inmigrante italiano de haber asesinado a una mujer. Aquello derivó en un asalto al local del periódico por parte de una verdadera turba de italianos que terminó con un saldo devastador: 16 muertos y 13 heridos, de acuerdo con lo que manifiesta Luis Verón en Su libro LAS TINTAS DEL TINTERO.

Uno de los primeros italianos en afincarse en Asunción fue el doctor Francisco Morra, quien llegó al Paraguay en 1869 con la sanidad del ejército argentino, a la cual prestaba servicios. Se quedó aquí y desplegó una destacada labor. Era uno de los pocos médicos en la Asunción de entonces. A él se debe el hoy señorial barrio de Villa Morra, pues aquellas tierras donde luego se fundaría el barrio (entonces muy alejadas del casco asunceno) le pertenecían.

Los italianos llegaron al Paraguay en grupos más compactos a partir de 1882, huyendo de la pobreza extrema que los asolaba en la Italia de aquella era. Venían a Sudamérica (muchos con toda su familia) buscando un destino mejor. Había entre los que llegaron a nuestro país, arquitectos, ingenieros y constructores. No faltaron los expertos en la construcción naval y el transporte fluvial.

Fue notable la cantidad de constructores italianos que vinieron a Asunción y cuya obra (residencias, palacetes y mansiones) todavía se erigen despertando admiración por su estética. Varios de esos constructores inmigrantes dieron origen a respetadas familias en nuestro país. Algunos de ellos -llegados entre fines del siglo XIX y comienzos del XX- fueron: Sebastián Grassi, Carlos Hoffer, Bartolomé Talente, José Gratarola, Simón Agato, Andrea Andreatta, Eugenio Andreatta, Ernesto Baradello, Luis Bianchi, Pedro Botti, Carlos Carparoli, Sebastián Canclini, Luis Clérici, Antonio Covelli, Emilio de Tone, Héctor Giovanelli, Ángel Morassi, Guillermo Movia, Antimio Pettirossi (padre de Silvio Pettirossi), Stefano Rapetti, Natalio Rapetti, Tomás Sachero, Carlos Spada, Domingo Tramonti, Juan Barbero (padre del médico y filántropo Andrés Barbero), Antonio Marchesse, José Angelino, José Buccini, Rafael Buongermini, Francisco Cacase, Estefano Caligaris, Juan Caselli, Luis Colla, Botti Fiore, Domingo Montanaro (abuelo de Sabino Augusto Montanaro), Pedro Monetti, Augusto Movia, Antonio y Nicolás Orsi, Lorenzo Orsini, Augusto Paván, Vicente Petinetti, Fiorillo Savorgnan, Pidali Valoriani, Carlos Pozzi, Ángel Dellavedova, Gerónimo Faitini y Antonio Allegri.

Respecto a la actividad del transporte fluvial, el sitio Web ITALIA PARA TODOS dice que "también está dignamente representada en el Paraguay por italianos que en su esfera han sabido hacer honor a esta característica, como por ejemplo:

Andrés Scala, José Bozzano, Jorge Barzi, Juan B Vierci y otros fundadores de astilleros navales y de empresas navieras".

A continuación, dicho sitio virtual hace una semblanza de algunos de aquellos italianos que, a más de Bozzano, se destacaron en la modalidad naviera y contribuyeron con la historia de los armadores fluviales en este país para el que tal actividad fue vital con miras a superar el problema de no tener costas marítimas. He aquí dos ejemplos que se transcriben desde el sitio mencionado.

Andrés Scala. "El señor Scala nació en 1844 y muy joven aún, a los 16, comenzó en 1860 su rudo aprendizaje en el ramo de las construcciones navales en los astilleros de su padre y su tío en Génova. A la edad de 21 años vino a América y se instaló en la Boca, en Buenos Aires (1865) y durante 17 años se consagró allí sin descanso al mismo ramo. Por entonces no había aquí (en Asunción) una canoa y tanto éstas como las chatas para los yerbales destinadas al Paraguay, las construyó en sus talleres de la Boca siendo el encargado de traer dichas embarcaciones don Nicolás Bado, dueño del goleta “Adela” y socio de don Nicolás Oxilia, que después se radicó en Pilar. En el año 1882 teniendo 38 años, en plena edad viril, vino a establecerse en el Paraguay con el producto de sus economías ganadas en largos años de labor honrada y tesonera. Aparte de esto, cuando vino de la Argentina trajo consigo y por su cuenta constructores navales, carpinteros de ribera, calafates y todo el personal necesario de maestranza para las construcciones de buques y de embarcaciones menores, personal que por entonces no había en el país. Entre los que con él vinieron, figura Miguel Pomatta, José Amigo, Francisco Bernazza y otros bien conocidos en el gremio".

Jorge Barzi. "En 1893 se hizo cargo del taller que fue de Scala y después de Fassardi y Cía. Antes de esta fecha trabajó como primer maquinista en varios vapores de la antigua compañía “La Platense” y el “Lloyd Argentino”. Ha construido también desde 1894, varios vapores y embarcaciones para los ríos como el “Presidente Dalfovre”, de 80 toneladas, y el “Aurelia”, de 50, a rueda. A su perseverancia y esfuerzo se debe en buena parte la hoy sólida constitución de la sociedad recreativa 'El Mbiguá' que posee un hermoso local flotante en nuestra bahía, siendo miembro honorario de la Sociedad Italiana."

El Club Nacional de Regatas El Mbiguá fue fundado en 1902 y el "hermoso local flotante" que poseía fue consumido luego por un incendio.

Por otra parte, el inmigrante italiano Jorge Barzi fue el propietario del primer automóvil que apareció en el Paraguay. Lo adquirió en el año 1906, y representó una novedad extraordinaria en aquella Asunción tan raída cuyas calles no eran -en su gran parte- sino arenales, lodazales y bretes sembrados de pedregullos, escenarios de torrentosos raudales en los días de lluvia.

El automóvil ya era vastamente conocido -para entonces- en la región. A la Argentina, por ejemplo, la primera máquina había llegado en el siglo XIX. En 1899 Dalmiro Varela Castex, apodado "Cacerola" y nieto de Florencio Varela, el célebre escritor, periodista y político argentino, poseía ya un flamante auto marca Daimler, con el que solía sacar a pasear al presidente de la Nación, Julio A. Roca.

 

PARAGUAY DE FINALES DEL SIGLO XIX

José Alfredo Bozzano Baglieto nació en 1895, durante el gobierno del general Juan Bautista Egusquiza (1894-1898), quien tenía como vicepresidente a Facundo Ynsfrán. Egusquiza había sido electo el año anterior. Era un hombre de gran prestigio, vencedor de los liberales en el alzamiento de éstos el 18 de octubre de 1891, con una cultura ampliamente superior a la que poseían los militares compatriotas en aquel tiempo. Había estudiado en el célebre Colegio Nacional de Concepción del Uruguay, en la provincia argentina de Entre Ríos, donde compartió aulas con quien después sería presidente de la Argentina, Julio A. Roca.

Egusquiza sirvió al ejército argentino durante la Guerra de la Triple Alianza y luego se instaló en el Paraguay para desarrollar aquí su carrera militar y política. Fue uno de los fundadores del Partido Colorado.

Aunque culto y respetado, Egusquiza, de origen vasco, no tenía el carisma de, por ejemplo, el general Bernardino Caballero. Con todo, creó la corriente interna colorada, el egusquicismo, que fue el más duro adversario del caballerismo.

Su gobierno se caracterizó por el afán de pacificar los ánimos (su antecesor, Juan Gualberto González, no había podido terminar su período, finalizado luego por el vicepresidente en ejercicio de la presidencia, Marcos Morínigo). En ese afán, incluyó en su gabinete a hombres que formaban parte de la oposición a su movimiento, tales como Benjamín Aceval y José Segundo Decoud. Incluso se acercó al Partido Liberal, que en ese tiempo tenía dos internas irreconciliables: los radicales y los cívicos. Se preocupó, además, de encauzar las finanzas del Estado, siempre muy precarias.

Dio mucha importancia a la cultura y a la Educación. Adela Speratti se hizo cargo de la Escuela Normal de Maestras y se creó la Escuela de Agricultura y Granja del Estado. El 15 de febrero de 1896 el Ejecutivo aprobó los estatutos de fundación del Instituto Paraguayo, una entidad cultural que se constituyó en tribuna del pensamiento paraguayo y de la promoción intelectual. Para que cumpliera mejor su labor, el propio Gobierno le otorgó una subvención.

Aquella fue época de una humilde prosperidad pero prosperidad al fin. Gomes Freire Esteves, en su libro HISTORIA CONTEMPORÁNEA DEL PARAGUAY, señala que "la ciudad de Asunción había prosperado considerablemente. La edificación urbana anota en 1894 la construcción de 88 casas, 49 murallones con veredas, 9 murallones, numerosos empedrados y veredas".

Rememora, asimismo, Freire Esteves: "El tráfico urbano de la capital se resentía de la falta de vehículos adecuados y no satisfacía las necesidades de la población. Los hábitos coloniales de marchar a pie o de utilizar el único servicio de tranvía a sangre que existía, cedían a las exigencias nuevas de la ciudad, de su ensanche y confort. Establécense las primeras cocherías de carruajes de alquiler, fomentándose la libre introducción de estos últimos".

El gobierno de Egusquiza ya tenía en aquel entonces noción de lo que era el marketing. Al respecto, apunta Gomes Freire Esteves que a efectos de propiciar la introducción de los productos nacionales en los mercados extranjeros y organizar la propaganda de los mismos en el exterior, "se autoriza el 31 de julio (de 1895) la inversión de $ 1.000 oro mensuales".

Se hicieron grandes esfuerzos para participar en exposiciones internacionales, como parte de la visión que tenía el Gobierno respecto a que el Paraguay se mostrara al mundo. El 27 de mayo de 1896 se autorizó por decreto legislativo al Poder Ejecutivo a invertir para que el país estuviera presente en la Exposición Internacional de Bruselas, que se celebraría en 1897.

La cuestión del Chaco con Bolivia tuvo la atención preferencia) de Egusquiza, quien tomó una decisión que sería fundamental en los acontecimientos venideros y en la historiografía del país: comisionó al Dr. Blas Garay a España. Allá, en el Archivo de Indias de Sevilla, Garay -un joven prodigio de 23 años de edad- acopiaría una frondosa documentación histórica para hacer valer los derechos del Paraguay sobre el Chaco.

En 1897 fueron enviados a Chile, en condición de becarios, los jóvenes Atilio Peña, Adolfo Chirife, Albino Jara, Eugenio Alejandrino Garay, Manlio Schenoni, Manuel Rojas, Pedro Mendoza, Carlos Goiburú y otros, que posteriormente formarían el plantel de la oficialidad superior del ejército.

Schenoni trabajaría años más tarde con José Bozzano en la adquisición de armas en Europa para la Guerra del Chaco y Eugenio Alejandrino Garay, emblema del soldado paraguayo, sería el inolvidable héroe de la toma de Yrendagüe, e18 de diciembre de 1934.

El gobierno del general Juan Bautista Egusquiza, el primer Presidente que gobernó desde el Palacio de López, terminado de construir por su antecesor, Juan Gualberto González, fue uno de los mejor recordados de aquellas épocas no exentas de turbulencias.

El doctor Miguel Ángel Pangrazio, en su libro Historia política del Paraguay, Tomo 1, afirma que "la gestión administrativa y política de presidente Egusquiza fue aceptada incluso por la oposición".

A Egusquiza sucedería en la Presidencia de la República Emilio Aceval, quien no terminaría su mandato debido a un golpe propiciado por el sector liderado por Bernardino Caballero para que éste retomara la preeminencia en el Partido Colorado y, por consecuencia, en el gobierno nacional.

El 9 de enero de 1902, la sesión del Congreso realizada para decidir la sucesión de Aceval, terminó en una balacera en la que murió el presidente del Legislativo, Facundo Ynsfrán (sobrino de Caballero y vicepresidente en el gobierno de Egusquiza), y fue herido de bala Bernardino Caballero. Ese fue el primer balazo que recibió Caballero, incluso sin haber sido herido en toda la Guerra de la Triple Alianza.

Aquel hecho de intolerancia política, por causa de que el caballerismo quería recobrar-a toda costa-la supremacía en el poder tras la corta vigencia del egusquicismo, vino a empañar el tiempo de estabilidad y de realizaciones que estaba viviendo el Paraguay. Regresó el viejo caudillismo colorado con el gobierno impuesto del coronel Juan Antonio Escurra, referente del caballerismo, que luego acabaría derrocado dos años después, en 1904, por la revolución liberal que trajo un cambio notorio en el signo de Gobierno.

Ese fue el escenario en el que transcurrió la primera infancia de José Alfredo Bozzano Baglieto, quien nació en los alrededores de la Loma San Gerónimo, muy cerca de los viejos Arsenales de López, y luego se mudaría al barrio Sajonia, donde se instalarían "sus" Arsenales. Se puede decir que Bozzano y los Arsenales de Guerra estuvieron siempre juntos.

La vieja calle 15 DE MAYO, que luego pasaría a llamarse avenida CARLOS ANTONIO LÓPEZ, corazón del barrio Sajonia, vería pasar día tras día a Bozzano, durante mucho tiempo, rumbo a su tarea cotidiana de calentar la fragua de los Arsenales para fabricar los fierros de la guerra.

 

 

II. LOS ARSENALES DE LÓPEZ

 

Don Carlos Antonio López dio un impulso inusitado a la vida económica del Paraguay. Hubo un progreso notable sobre todo en lo que concierne a obras públicas. Las relaciones con los países vecinos se intensificaron y el comercio alcanzó un impulso excepcional. De acuerdo con documentos de la época, en 1853 entraron al puerto de Asunción unas 85 embarcaciones mercantiles.

Había una necesidad imperiosa de contar con una flota mercante propia, capaz de sostener el comercio exterior por la ya entonces activa Hidrovía Paraguay-Paraná. Así nació el Arsenal y Astillero de Asunción, como complemento de la fundición de Ybycuí, ubicada en la región de la Cordillera. El Arsenal (o los Arsenales, como también se lo denominaba) estaba ubicado a la entrada misma de la bahía "respaldada por la antigua batería de la Loma San Gerónimo", según recordaba don Juan Francisco Pérez Acosta en su libro CARLOS ANTONIO LÓPEZ, obrero máximo. El astillero se hallaba, a su vez, a unos 200 metros.

José Bozzano rememora en su libro REMINISCENCIAS que en Ybycuí se producían los lingotes de hierro fundido que luego eran transportados a los talleres del Arsenal de Asunción "ubicado en la margen izquierda de la ría del Jaén cuyas márgenes llegan, hacia el Oeste, hasta la prolongación de la calle Don Bosco y hacia el Este en barrancas que se iniciaban en la calle Garibaldi, rematando en esa barranca las calles Estrella, Oliva y General Díaz hasta los puentes en las calles Colón y Coronel Martínez (hoy Haedo) ".

En esos talleres trabajó el joven José Bozzano entre los años 1908 y 1914. El mismo narra que allí se reparó el avión DUPERDUSSIN PARASOL, de Silvio Pettirossi, en el año 1912 y se construyó la primera hélice aérea del Estuario del Plata, con peterevy hu y ka'avove'i para el motor GNBOMERHONE ALFA de 6O HP del DUPERDUSSIN.

El 20 de enero de 1855, a su regreso de Europa en el primer viaje del buque TACUARY, Francisco Solano López trajo consigo al ingeniero inglés John William K. Whitehead, quien sería el fundador y director de los Arsenales entre el 10 de diciembre de 1855 (fecha de inicio de su contrato) y 1865. Whitehead sería también nombrado superintendente de la fundición de Ybycuí. Asimismo, en el TACUARY vino otro inglés, Mr. Richardson.

El historiador Pérez Acosta afirmaba que después de los astilleros de Río de Janeiro, el de Asunción "era el mejor montado que había en estos países".

El Arsenal y el Astillero del Viejo López prestaron al país grandes servicios, tanto en el ramo de las construcciones navales y obras mecánicas, como en la preparación de elementos de defensa, de acuerdo con lo aseverado por Pérez Acosta.

Después de la guerra, los aliados desmontaron el Arsenal, que prácticamente desapareció. La mayoría de las herramientas del taller mecánico y la herrería fue llevada por las fuerzas de ocupación brasileñas a Ladario, donde se formó con ellas el Arsenal de Ladario, en Corumbá. Sin embargo, un señor llamado Juan Bautista Couland se encargó de recoger las dispersas piezas de sus maquinarias que se salvaron del saqueo y las montó nuevamente en su lugar original.

En el año 1922, don Andrés Scala colocó los primeros varales del actual Varadero en Sajonia. Debido a la inestabilidad política de la época (ese año se iniciaría la más larga y destructiva guerra intestina en el Paraguay que duraría 13 meses, hasta 1923), el proyecto de creación y organización de los Arsenales no pudo concretarse.

 

 

III. BOZZANO EN CAMBRIDGE

 

Desde 1908, con apenas 13 años de edad, José Bozzano Baglieto ya andaba de barco en barco. E121 de setiembre de 1917 ingresó a la Armada Nacional con el grado de Guardiamarina en comisión. Él no fue un oficial de carrera. De hecho, la Escuela Militar había sido puesta en funcionamiento un año atrás, 1916, creada por orden del presidente de la República, Eduardo Schaerer, bajo la dirección del entonces mayor Manlio Schenoni.

Bozzano había dejado sus estudios de Derecho en el segundo año y se dedicó a estudiar cálculo integral, cálculo infinitesimal y geometría analítica, con un profesor francés de apellido Lacroix.

Después de revistar en el aviso de guerra TRIUNFO, fue trasladado al taller de manutención del tren de dragado de los viejos Arsenales. Allí, el mayor César Fretes Ayala, comandante de la recientemente creada Dirección del Material Naval dependiente del Ministerio de Guerra y Marina, le ordenó que instalara las máquinas y las herramientas que había adquirido el capitán de navío Manuel Duarte, en su condición de Ministro de la citada cartera de Estado, en Alemania y Holanda.

Ya por entonces Bozzano diseñaba y construía aparatos para los talleres.

Mientras se montaba el taller, el joven Guardiamarina en comisión construyó, ayudado por su padre (dueño de un astillero), un yate crucero de madera al que dieron el nombre de YGUREY. José Bozzano construyó varias embarcaciones más gracias al talento innato que poseía para tal menester.

El 29 de abril de 1918, por decreto número 8406 firmado por el presidente de la República, Manuel Franco (19161919), Bozzano fue nombrado jefe de la Segunda Sección (Arsenales), dependiente entonces de la Dirección de Materiales de Guerra. Otro decreto de ese mismo año (día 18 de julio) lo destinó a prestar servicios en los Arsenales de Guerra y Marina.

Una mañana de julio de 1919, el capitán de navío Atilio Peña, militar de gran prestigio y esmerada cultura, llegó de visita a los Arsenales, para llevarle una comunicación expresa a Bozzano.

-El ministro de Guerra y Marina, coronel Adolfo Chirife, lo va a llamar al Ministerio; es un asunto importante.

"Me quedé pensando en descubrir cuál sería el asunto importante", recuerda el mismo Bozzano en un manuscrito hasta hoy inédito. Una mañana muy temprano llegó a los

Arsenales el secretario del Ministerio, capitán Dalhquist, con una orden directa para Bozzano.

-Guardiamarina, mañana a las 8 deberá presentarse en el Ministerio pues recibirá otro destino.

El Nuevo Destino

Bozzano se presentó con sable y guantes pues pensaba que quizá sería destinado a la Escuela Militar. Sin embargo, cuando estuvo frente al ministro de Guerra y Marina, coronel Adolfo Chirife, éste lo sorprendió con un anuncio que no esperaba.

-Guardiamarina, el Gobierno ha decidido que usted viaje a los Estados Unidos para realizar estudios de Ingeniería Naval en cursos que siguen oficiales de la Marina norteamericana.

Usted dependerá allá del Ministerio de Marina. Entregará usted la dirección técnica de los Arsenales de Guerra al ingeniero Neuman. Preséntese al capitán Dalhquist quien le dará otras instrucciones y le arreglará el asunto de los pasajes y los documentos.

 

Bozzano hizo legalizar su título de Bachiller logrado en el Colegio Nacional y obtuvo una constancia de que había hecho estudios de cálculo diferencial, cálculo infinitesimal e integral. Por otra parte, tenía un inglés aceptable en aquel tiempo. En la Contaduría del Ministerio le dieron un giro contra el Banco de Londres en Buenos Aires y cinco mil pesos nacionales.

No hay una constancia documental exacta de cuándo partió Bozzano hacia su nuevo destino. En los manuscritos que dejó solo recuerda que viajó por tren a Buenos Aires puesto que una huelga marítima había paralizado el tráfico fluvial. En la capital argentina le dieron dólares en monedas de oro. Allá visitó al ministro (embajador) paraguayo, Pedro Saguier, y mantuvo un encuentro con Manuel Gondra. Luego se embarcó en el buque VESTRIS para Nueva York en pasaje de segunda.

En dicha ciudad norteamericana, a la cual llegó en el mes de diciembre de 1919, pleno invierno con temperaturas entre 15 y 20 grados bajo cero, los pocos dólares que llevaba se le acabaron bien pronto. En tren llegó luego hasta el MASSACHUSSETS INSTITUTE OF TECHNOLOGY (MIT) de Cambridge.

Luego de cuatro años intensos de estudio, el Guardiamarina (seguía siéndolo aunque ya de manera efectiva) José Bozzano se graduó de arquitecto e ingeniero naval. Corría entonces el año 1924. Inmediatamente después tomó un curso de posgrado en Ingeniería Aeronáutica y se graduó de Máster en el mes febrero de 1925. Además, aprendió a volar y se recibió de piloto. Podía pilotar aviones de fotografía aérea y aviones porta torpedos.

Pasó luego a la Escuela de Guerra Naval de Connecticut y posteriormente a la 5á Base Naval y Aérea de Hampton Roads Newport News.

 

EL REGRESO

 

Mientras Bozzano estudiaba en Estados Unidos, el Paraguay vivió una era terrible de anarquía y soportó la guerra civil más larga y devastadora, la que se dio entre 1922 y 1923 y que duró trece meses.

Bozzano había partido durante la presidencia de José P Montero, quien había sustituido en el gobierno al doctor Manuel Franco, muerto de un paro cardíaco el 5 de junio de 1919. El ministro de Guerra y Marina era el coronel Adolfo Chirife.

El 15 de agosto de 1920 asumió el doctor Manuel Gondra como presidente de la República, electo por segunda vez; la primera había sido en 1910 y renunció a muy poco de iniciar su mandato. Fuertes desavenencias con otro caudillo liberal, Eduardo Schaerer -quien había sido presidente de la República entre 1916 y 1920 y fue el primer civil que pudo terminar su mandato presidencial-, motivaron una nueva renuncia de Gondra. Su vicepresidente, Félix Paiva, también renunció y se creó un vacío de poder. El congreso designó al senador Eusebio Ayala como presidente provisional. La medida tuvo la anuencia de Schaerer, convertido entonces en el árbitro principal de la política en el Paraguay.

El Partido Liberal, en el poder, estaba entonces dividido en dos facciones exóticas. Por un lado, los llamado sáko mbyky, de saco con faldón corto, partidarios de Schaerer; y por el otro, los denominados sáko puku por sus sacos con faldón largo, moda traída por los pitucos venidos de Europa, y que representaban el sector innovador, que tenía como figura central a José Patricio Guggiari, adversario frontal de Schaerer.

El Congreso, que respondía al schaerismo, sancionó a mediados de mayo de 1922 una ley que llamaba a elecciones presidenciales. Dichas elecciones deberían llevarse a cabo en el mes de julio para que el 15 de agosto siguiente asumiera el Presidente electo con miras a finalizar el período presidencial de Manuel Gondra, en 1924.

Los schaeristas comenzaron a divulgar la versión de que se lanzaría la candidatura del coronel Adolfo Chirife. Schaerer mismo pensaba que seguiría gobernando el país por intermedio del militar referido, el mismo que había sido ministro de Guerra y Marina en los gobiernos de Manuel Franco y José P Montero, y que había comunicado al guardiamarina Bozzano su viaje de estudios a los Estados Unidos de América.

Eso hizo reaccionar a Eusebio Ayala, quien tenía por seguro que él sería el candidato para seguir en la presidencia de la República hasta 1924. Para sorpresa de todos, Ayala vetó la ley sancionada por el Congreso y eso precipitó un alzamiento militar promovido desde el propio seno del Legislativo, dominado por los schaeristas. El jefe de la sublevación fue el coronel Adolfo Chirife, quien se sintió ofendido por la decisión de Ayala, pues creyó que la misma fue atentatoria contra su dignidad personal.

Ayala quiso salvar la situación de violencia que se estaba generando al proponer entonces que el ministro del Interior, coronel Manuel Rojas -otro compañero de estudios militares de Chirife en Chile- asumiera la presidencia provisional. Chirife aceptó la propuesta pero el sector gondrista (seguidores de Manuel Gondra), que todavía tenían alguna influencia en el Congreso se opusieron pues consideraban a Rojas otro hombre de Schaerer.

Se desató de esa manera -el 30 de mayo- la larga revolución de 1922-1923. El gobierno, que continuaba en poder de Eusebio Ayala, fue defendido por el entonces coronel Manlio Schenoni, como líder militar. Schenoni y Chirife, compañeros en Chile adonde habían sido enviados por el gobierno del general Juan B. Egusquiza a finales del siglo XIX para que siguieran su formación militar, se encontraron enfrentados en esa lucha fratricida.

La revuelta fue muy sangrienta. Los revolucionarios contaban con jefes prestigiosos -los coroneles Chirife, Pedro Mendoza y Francisco Brizuela- y una tropa de línea bien disciplinada. Las fuerzas gubernistas estaban más bien sustentadas en los efectivos de la Escuela Militar (los cadetes se convirtieron en comandantes de pelotón y fueron ascendidos para este conflicto) y tropas civiles conformadas especialmente por los miembros de la Liga de Obreros Marítimos del Paraguay.

Ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo para terminar con la contienda, en abril de 1923 Eusebio Ayala presentó renuncia como presidente de la República, buscando de esa forma que se apaciguaran los ánimos. Lo sustituyó en el cargo el ministro de Hacienda, doctor Eligio Ayala.

La guerra civil terminó en julio de 1923 con la derrota total de las fuerzas sublevadas. El coronel Adolfo Chirife, en tanto, había muerto de neumonía el 18 de mayo de 1923, en un estado prácticamente de abandono. En esa guerra entre connacionales, en las tropas que defendieron al Gobierno se había destacado un militar que después sería fundamental para el país: el mayor José Félix Estigarribia.

La guerra civil del 22 al 23 destruyó gran parte del parque de guerra y dejó fuera de circulación a casi el 60 por ciento de la oficialidad paraguaya, gente de la primera generación de oficiales formados en la Escuela Militar fundada en 1916.

Pese al fin de la beligerancia, la situación política en ese año de 1923 no se calmó. La lucha intestina del Partido Liberal por la presidencia de la República fue feroz. El 17 de marzo de 1924, Eligio Ayala renunció a su cargo de Presidente provisional para presentarse en las siguientes elecciones constitucionales. Lo sustituyó, tras una muy reñida puja entre varios postulados por las distintas fracciones liberales, Luis A. Riart para culminar el mandato.

El 15 de agosto de 1924 se llevó a cabo la asunción presidencial constitucional del doctor Eligio Ayala, luego de superarse una época caótica que duró 4 años.

Fue Eligio Ayala, quien a comienzos del año 1925, a través de una orden impartida por el capitán de Corbeta Raúl Leforet, decidió que el guardiamarina José Bozzano, quien se hallaba en misión de estudios en los Estados Unidos de América, regresara al Paraguay. Aquí debía comenzar otra misión.

Con la orden para que volviera al Paraguay, el guardiamarina José Bozzano recibió un cheque por 500 dólares, con lo que inició el operativo retorno desde Boston, pasando luego por Nueva York.

Regresó a Buenos Aires -por extraña coincidencia- en el mismo barco en el que se había ido, el VESTRIS. Desde la capital argentina, Bozzano llegó a Asunción en el barco GUARANÍ, con su mismo uniforme de Guardiamarina con el que cinco años atrás se había ido a los Estados Unidos.

"Mi beca no daba para más", confesaría Bozzano mucho tiempo después.

 

 

IV. LOS ARSENALES DE BOZZANO

 

Al día siguiente de haber arribado a Asunción tras su regreso de los Estados Unidos de América, el guardiamarina José Alfredo Bozzano Baglieto se presentó al capitán Raúl Leforet con todos sus títulos y sus certificados, incluso las libretas de vuelo y el título de aviador naval de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos de América.

Leforet le comunicó que sería nombrado director de los Arsenales (el Arsenal'i, como se le decía) que entonces estaban todavía ubicados donde Bozzano los había dejado. Tal nombramiento se dio por decreto número 20.228 del 9 de marzo de 1925, del presidente de la República, doctor Eligio Ayala.

Bozzano le reclamó -además- a Leforet, a través de una nota, que tenía ocho años de antigüedad como Guardiamarina y que deseaba ascender, más aún teniendo en cuenta sus títulos de arquitecto e ingeniero naval, máster en Ingeniería Aeronáutica y piloto naval de la Fuerza Aérea norteamericana.

Leforet le respondió que, de acuerdo con la Ley Orgánica Militar número 12, le faltaba un tiempo como comando de tropa, pero que consultaría con el Tribunal Militar de Calificaciones. La respuesta del organismo castrense fue positiva y por decreto número 20.548 del 8 de abril de 1925, el guardiamarina José Alfredo Bozzano Baglieto fue promovido al grado de Teniente 2° (hoy Teniente de Corbeta) de Marina.

Bozzano, en su libro REMINISCENCIAS, recuerda:

"Allí comienza el destino de mi vida militar y naval y el Arsenal de guerra y Marina cobra forma orgánica, y con tesón constancia, esfuerzo y venciendo dificultades, se esboza el Arsenal que hizo la Guerra con Bolivia. Más de 4 promociones de oficiales navales pasan los primeros años de su carrera en ese laberinto de crear y dar formas a la Institución".

En ese tiempo ya Bozzano advertía las dificultades de seguir manteniendo los Arsenales en su antiguo emplazamiento y presentó un informe al respecto. Dicho informe fue elevado al Ministerio de Guerra y Marina por el conducto de la Dirección del Departamento de Marina. Una de las dificultades principales en el lugar era la imposibilidad de erigir un apostadero o base en la bahía que permitiera la reparación de los buques.

El esbozo que tenía Bozzano en la cabeza para un nuevo Arsenal exigía unas 4 hectáreas de terreno. Cuando recibió la orden de que tratara de hallar un lugar conveniente para construir el nuevo Arsenal Naval, tal cual él lo concebía, Bozzano recorrió el río Paraguay desde Villa Hayes hasta Puerto Pabla buscando el emplazamiento apropiado.

Tras un minucioso estudio, llegó a la conclusión final: el lugar elegido era Puerto Sajonia. El terreno por el que se decidió el teniente segundo Bozzano había sido un pequeño astillero y varadero que perteneció a don Jorge Barzi y que fuera luego adquirido por el Estado y dirigido desde entonces por el capitán de Fragata ingeniero Federico Schóeling.

Allí estaba apostado en ese momento un batallón de Infantería, que hacía guardia presidencial en el Palacio de Gobierno, a las órdenes del capitán Arturo Bray.

Un domingo a la tarde, Bozzano tomó un tranvía y fue a observar detenidamente el lugar. Se encontró con el capitán Bray y se pusieron a conversar largamente.

Lo hicieron en inglés, idioma que ambos dominaban perfectamente.

Bray había estudiado Medicina en Inglaterra (no terminó la carrera) e incluso había combatido en la Primera Guerra Mundial formando parte de las tropas británicas y llegó a obtener el grado de teniente primero. Tras su vuelta al Paraguay, en 1920, se incorporó al ejército nacional con ese mismo rango militar.

La conversación con Bray fue amena (desde ese día fueron muy amigos) pero éste le advirtió a Bozzano que si pensaba construir el Arsenal ahí, sus tropas no abandonarían el lugar.

Tras esa visita Bozzano elaboró un voluminoso informe que presentó al Ministerio de Guerra y Marina. En ese informe establecía la necesidad imperiosa de crear, en Puerto Sajonia, los nuevos Arsenales como institución fundamental para atender los servicios de la Armada y su urgente desarrollo.

Bozzano tenía la certeza de que la Marina debía dominar los ríos pues para él Bolivia terminaría por atacar al Paraguay, parecer que compartía plenamente con el presidente de la República, Eligio Ayala.

Las razones técnicas que esgrimió Bozzano para los Arsenales en Sajonia eran varias. En primer lugar, había corriente eléctrica suficiente, pues a 100 metros del terreno se halla la usina de la ASUNCIÓN TRANWAY, LIGHTT AND POWER -que luego sería la ANDE-; el terreno tenía un declive natural utilizable para varar buques, existía la disponibilidad de terrenos adyacentes no ocupados con más de 10 hectáreas.

Por otra parte, había fácil acceso desde la ciudad mediante el tranvía eléctrico que llegaba hasta dentro mismo del predio. La calle 15 DE MAYO, que luego sería la avenida CARLOS ANTONIO LÓPEZ, estaba empedrada (apedreada, decían los vecinos) en toda su extensión, desde COLÓN hasta el terreno elegido.

Asimismo, Bozzano señalaba que Sajonia era un barrio de masa obrera especializada donde vivían fraguadores, enchapadores, tubistas, carpinteros de ribera, calafates, mecánicos, maquinistas navales, contramaestres y marineros.

 

LA MUDANZA

 

Tras ese informe, en los primeros días de enero de 1926, por orden del Gobierno, Bozzano y sus hombres se hicieron cargo del lugar.

El capitán Arturo Bray, quien le había dicho a Bozzano que el batallón a su cargo no abandonaría ese lugar para que ahí se instalaran los Arsenales, tuvo que marcharse. Contaba el propio Bozzano, en uno de los manuscritos que dejó, que Bray y su batallón fueron obligados a trasladarse a pie a Paraguarí.

En su libro ARMAS Y LETRAS, Tomo 1, Bray confirma que "hacia la Navidad del año 1925 nos trasladamos con armas y bagajes a Paraguarí, a fin de que los Arsenales de Guerra, remozados y ampliados con la dirección del teniente de marina José Bozzano (h), recibido de ingeniero naval en los Estados Unidos, se instalaran en los cuarteles de Puerto Sajonia".

Ocupado el predio, Bozzano se vio ante un cuadro desolador. Ahí había que hacer todo de nuevo. No había nada, ni las más mínimas comodidades para la gente ni los elementos técnicos necesarios para la realización de los trabajos propios de los Arsenales.

Se compraron los elementos del astillero que había sido propiedad de don Andrés Scala, el mismo que a finales del siglo XIX había dado trabajo como operario a don Giuseppe Bozzano, el abuelo de José Alfredo, recién llegado de Italia. Scala había tenido problemas económicos y terminó muy pobre. Bozzano lo contrató para que trabajara en los Arsenales y lo designó jefe técnico del varadero. Esa era también una forma de reconocimiento a un inmigrante que hizo mucho por la construcción y el transporte naval del Paraguay en la época de la posguerra contra la Triple Alianza.

Bozzano fue a Buenos Aires con el fin de adquirir maquinarias y materiales para los Arsenales de Guerra y Marina.

La construcción de los Arsenales demandó un trabajo febril, que contó con todo el apoyo del Gobierno de Eligio Avala. Es que la guerra con Bolivia se venía y había que prepararse dentro de las tremendas precariedades del país.

En un bello párrafo de REMINISCENCIAS, dice Bozzano: "La institución despierta como los lirios del campo. Floreció sola, sobre las bases dadas por Whitehead, Morice, Von Morgensten y Trujillo, que del '58 al '62 forman y crean hombres y cosas para la guerra del 64-70. Y es la Marina de Guerra la que concibe y engendra estas dos unidades que en el ayer lejano y en el ayer reciente fueron el sitio augural, donde interpretados los vuelos proféticos de nuestra preocupación, deseos y ambiciones patrios nos indicaron que se podía ir, no morir en la batalla y retornar". A1 hablar de "estas dos unidades", Bozzano se refería a los Arsenales de Guerra y Marina y a la Escuela de Especialidades, de la que egresaron los jóvenes técnicos especialistas que hicieron el delicado trabajo específico de los Arsenales de Bozzano.

Pero apenas comenzada la organización y el equipamiento de los nuevos Arsenales de Guerra y Marina en Sajonia, el presidente de la República, doctor Eligio Ayala, tenía ya pensada una nueva gran misión para el teniente 2°- José Alfredo Bozzano Baglieto.

Para esa misión que vendría, Bozzano estaba plenamente preparado. Es más: nadie más que él podía cumplirla.

 

 

V. EL MARINO ENAMORADO

 

El joven teniente 2°- de Marina José Bozzano, con sus títulos de arquitecto e ingeniero naval logrados en la prestigiosa MASSACHUSSETS INSTITUTE OF TECHNOLOGY; máster en Ingeniería Aeronáutica y piloto naval de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos de América; director de los Arsenales de Guerra y Marina, era, a sus 31 años de edad (con los que contaba en el año 1926), un partido apetecible para las damas casaderas de la sociedad paraguaya.

Aquellos eran tiempos en que los militares tenían un notable prestigio, y especialmente los marinos, considerados una especie de clan de mejor formación intelectual dentro del estamento castrense.

Poco y nada se sabe de la vida amatoria de José Bozzano hasta el año más arriba mencionado, aunque referencias familiares hablan de una novia cuyo nombre se perdió en la desmemoria.

Pero un hecho marcaría para siempre la vida privada (la vida real, dirían algunos) de Bozzano. El 14 de mayo de 1926 aceptó una invitación oficial y concurrió a un baile en el Palacio de López, ofrecido por el Gobierno del doctor Eligio Ayala, en conmemoración de un aniversario más de la Independencia Nacional.

En medio de la fiesta divisó a una dama que inmediatamente le llamó la atención. También le llamó la atención que dicha dama no le quitaba los ojos de encima y no paraba de insinuarle con la mirada que se le acercara en algún momento.

Hasta que ocurrió el acercamiento y de pronto la dama y el marino se encontraron bailando alegremente a los sones de Valencia, la célebre pieza musical española que por aquel tiempo ya estaba popularizada en todo el mundo de habla hispana.

El teniente 2° José Bozzano acababa de conocer a Virginia Cardozo, una bella guaireña, hija del ya prestigioso educador Ramón Indalecio Cardozo, que el año anterior, 1925, había intervenido en la reforma de la enseñanza normal y había publicado su primer libro de lectura para escolares, con lo que comenzó su labor de dotar de libros paraguayos a los estudiantes de nuestro país. Anteriormente a Cardozo, todos los libros de lectura en la enseñanza nacional eran de origen argentino por lo que forzosamente la historia del Paraguay, por ejemplo, era aprendida desde la visión rioplatense.

Desde aquel baile, José Alfredo ya no dejó de ser parte de la vida de Virginia, quien tenía un hermano llamado Efraím, joven estudiante muy prometedor en materia intelectual.

La casa de los Cardozo en Asunción quedaba en la calle Aquidabán casi Independencia Nacional. José Alfredo no dejaba transcurrir oportunidad alguna para hacerle una pasada a Virginia, envuelto en su elegante capa de oficial de Marina.

Había un solo problema para que el acercamiento fuera total: Virginia tenía un novio. Sin embargo, el problema pronto fue solucionado. La guaireña optó por el marino y se inició un romance que derivaría en casamiento poco tiempo después.

La ceremonia de matrimonio entre Virginia Cardozo Sosa y José Alfredo Bozzano Baglieto tuvo lugar en la iglesia de María Auxiliadora de los padres salesianos e18 de diciembre de 1926.

Virginia, con su amor, tuvo la virtud de distraer la atención de José Alfredo de sus graves responsabilidades con el país, pues él estaba organizando los nuevos Arsenales de Guerra y Marina ante el peligro inminente de una conflagración bélica con Bolivia. Además, en ese entonces Eligio Ayala sabía ya que Bozzano sería una pieza insustituible en el tablero nacional de cara a la contienda cercana.

Un hecho curioso: aquel desbancado -y resignado novio de Virginia (cuyo nombre también se perdió en la desmemoria) fue invitado a la fiesta de casamiento. Como regalo de boda, entregó a Virginia un reloj, con el ruego de que cuando lo oyera sonar se acordara de él. A José Alfredo no le hizo mucha gracia tal obsequio pero lo consintió de manera caballeresca. La historia no registra si Virginia alguna vez relacionó el tic tac del reloj con el recuerdo del novio que terminó doblegado por el marino en el lance amoroso.

Otro hecho curioso: un día Virginia y José Alfredo fueron de paseo al Jardín Botánico. Allí había un hombre de origen alemán, cuyo apellido era Bauer. El personaje tenía fama de poder adivinar el futuro de la gente. Virginia se acercó a él y el enigmático individuo le hizo un presagio que en principio ella lo tomó como una broma.

-Pronto vas a viajar muy lejos.

Virginia pensó cuán lejos podría viajar si apenas había salido de su Villarrica natal para llegarse a Asunción. Le contó del vaticinio de Bauer a José Alfredo pero éste no le prestó tampoco gran atención.

 

 

VI. UN AÑO CRUCIAL

 

Corrían los días finales de 1926. Un año crucial para Bozzano (era un feliz recién casado) y para el país. El gobierno constitucional del doctor Eligio Ayala llevaba dos años. El país se había pacificado en cierto modo. Fue la calma que sobrevino luego de la tormenta del 22 al 23.

Ayala puso toda su capacidad para organizar las finanzas del país, un país cuya economía no tenía anteriormente estructura. En ese período, con el cese de los conflictos internos, se estabilizó la moneda y se logró un equilibrio económico que posibilitó a la vez la creación de fuentes genuinas de trabajo, sobre todo en el comercio, pues el Paraguay era un país que carecía prácticamente de industrias.

Eligio Ayala hizo la reforma aduanera más importante en la historia del país, hasta ese tiempo. Fueron reformas resistidas por muchos (como lo serían si se las hiciera hoy) pero se impuso la ascendencia moral de Ayala y éste logró con ellas animar el comercio honesto y evitar la evasión fiscal.

En su mensaje al Congreso en ese año-según rememora Alfredo Viola en el tercer tomo de su biografía de Ayala el Presidente apuntaba que hasta el establecimiento de las reformas aduaneras "no pagaban despachos aduaneros más que los comerciantes honestos. Los audaces, los que podían granjearse influencias de los políticos válidos, se eximían a sí mismos cómodamente de la obligación de pagarlos".

Carlos Zubizarreta, en su libro CIEN VIDAS PARAGUAYAS, decía:

"En el gobierno, la labor de Eligio Ayala fue extraordinaria. Dejó la política partidaria confiada a jefes hábiles y se entregó exclusivamente a la administración pública. Con su proverbial honestidad, su ingénita desconfianza, su sabiduría de estadista, realizó el milagro de sanear las finanzas de la nación".

Efraím Cardozo recordaba:

"En 1926 el Presidente anunció al Parlamento un suceso insólito en la historia financiera del país: el resultado definitivo del balance arrojaba un superávit considerable que enjugaba todos los déficits anteriores. Las exportaciones dieron un salto extraordinario. Los frigoríficos reanudaron sus actividades y surgieron nuevas industrias".

Por su parte, Arturo Bray afirmaba que "Eligio Ayala (...) fue un ejemplo viviente de lo que puede llegar a producir la absoluta consagración al bien público, alfa y omega de sus desvelos de ciudadano. Hombres así, paraguayos chapados a la hermosa y antigua tradición de darse por entero, sin temores ni favores, al servicio de la comunidad, no se veían desde mucho tiempo atrás en nuestra tierra, cuya riqueza natural soportaba el calambre de fariseos, levitas y mercaderes", concluía Bray.

La Pobreza

El Paraguay de aquellos años era muy pobre. Asunción era una aldea grande donde existían graves problemas de higiene por falta de agua corriente y desagües. Diarios de aquel año denunciaban que las lavanderas seguían lavando la ropa de la población de la ciudad en el Varadero, lugar "donde se bañan los enfermos del pabellón de tuberculosos y en donde desemboca la cloaca del Hospital Nacional".

En tiempos de Eligio Ayala se incrementó el transporte automotor urbano, aunque se hablaba de un mal servicio: exceso de velocidad de los camiones, maltrato a los pasajeros, gente que fumaba en el interior de los transportes. El tranvía era el medio de locomoción preferido.

En la ciudad, había pocos atractivos. Quizá por eso motivó tanta curiosidad el anuncio, en ese año de 1926, del inicio de los trabajos de construcción de la gran Escalinata (la hoy conocida como Escalinata Antequera y Castro) que estaría a cargo del constructor Carlos Pozzi.

El cinematógrafo era una de las diversiones predilectas de la comunidad y surgían ya voces que pedían un mayor control a la asistencia de menores dada la proliferación de "cintas" de "escasa moralidad". El cine teatro GRANADOS era el foco principal de la cuestión. Solo que muchas veces las funciones terminaban en grescas dada la guerra de salivazos que proliferaban entre pandillas de jovenzuelos o el peligroso entrecruzar de cigarrillos encendidos que como balas trazadoras cruzaban la oscuridad para hacer blanco en mantillas, cabelleras, sombreros, blusas, en medio del griterío de la -al parecer- no muy culta platea.

Ya existía en aquellos años 20 otro de los dramas que todavía subsisten: los niños de la calle, a los que eufemísticamente hoy se los llama "niños en situación de calle", como si cambiando la nomenclatura del hecho se variara la situación de los afectados. Los diarios hablaban constantemente del tema al que rotulaban entonces, de manera arbitraria, "vagancia infantil". Tantos artículos periodísticos movieron entonces al jefe de Policía, Raúl Cazal Ribeiro, quien ordenó "una batida de los menores vagos que pululan por las calles de la ciudad".

Al diario PATRIA (12 de marzo de 1926, página 3), de acuerdo con una cita de Alfredo Viola, preocupaba que a los niños de bajo nivel económico seguían las patotas de "niños bien' de esos que alguien -según el periódico de marras- llamó "indios en frac".

Pero en esos años hubo algo que trascendería toda la historia de nuestro país. La célebre Banda de la Policía, dirigida por los italianos Nicolino Pellegrini (quien sería profesor de piano de José Alfredo Bozzano) y Salvador Dentice, se hallaba preparando la mejor generación de músicos paraguayos de todos los tiempos: Félix Fernández, Herminio Giménez, Mauricio Cardozo Ocampo, Darío Gómez Serrato, José Asunción Flores, entre otros. Todos ellos jovenzuelos que estaban por dar el gran salto.

Un año antes, 1925, Flores, un muchachito de poco más de 20 años, había creado un nuevo género musical, la Guarania, que pasaría a ser la música paraguaya por excelencia. La primera melodía del flamante género se llamó Jejuí, y fue estrenada en enero de 1926, en un espectáculo llevado a cabo en la terraza del Hotel Cosmos, con la presencia del presidente Eligio Ayala, por el trío compuesto por los maestros Alfredo Kamprad, Enrick Piezunka y Alfredo Brandt.

En ese momento, otro jovenzuelo que llegaría a grande, Herminio Giménez, llenaba de música la ciudad de Corrientes, que lo adoptó como a uno de sus hijos dilectos.

El fútbol era ya también una gran pasión y motivo de ruidosas discusiones en mercados, plazas y cafés de Asunción.

El año 1926 fue inolvidable para el club Nacional. Ese año logró el título de campeón de punta a punta, capitaneado por uno de sus emblemas históricos: Manuel Fleitas Solich, nombre mayúsculo de la historia del fútbol paraguayo. Hubiera sido campeón invicto si no fuera por el hecho de que el último partido del torneo (con Nacional ya consagrado por adelantado) que debía disputar con Olimpia (donde ya brillaba otra celebridad, Aurelio González) se llevó a cabo el 26 de diciembre. El tema es que los nacionalófilos, ya campeones, festejaron la Navidad hasta poco antes de la hora del partido y perdieron contra los decanos por 3 a 1.

A la selección, ese año le fue terroríficamente mal en el Sudamericano de Chile. El público y gran parte del periodismo deportivo (incipiente pero periodismo al fin) se habían opuesto a la participación. Pero la Liga Paraguaya decidió asistir al torneo y allá fue la Albirroja, que perdió 8 a 0 contra Argentina; 6 a 1 contra Uruguay y 5 a 1 contra Chile. El consuelo fue la victoria contra Bolivia por 6 a 1.

La Llegada De Los Mennonitas

1926 fue un año esencial también para que el Paraguay marcara presencia, de una manera muy efectiva, en el Chaco. Ese año se produjo la llegada de los contingentes adelantados de colonos Mennonitas, provenientes de Canadá y Rusia.

Los primeros contactos de esta comunidad religiosa, conocida por su extraordinaria laboriosidad en materia de producción agrícola, con un interlocutor paraguayo se produjeron en Washington, en 1919. Ese interlocutor era el Ministro (Embajador) ante el gobierno de los Estados Unidos de América, Manuel Gondra, quien al año siguiente sería electo presidente de la República.

En 1921 arribó al Paraguay un grupo de seis representantes Mennonitas para ver dónde se podría instalar el contingente que vendría desde Canadá. También solicitaban una ley especial que les protegiera bajo unos privilegios especiales como nunca antes había tenido otra comunidad de inmigrantes.

El proyecto de ley respectivo se discutió duramente en el Senado. El Partido Colorado se opuso de manera tenaz a que se les otorgaran a los Mennonitas los privilegios que solicitaban. Los parlamentarios de la ANR juzgaban "inconstitucional" tal proyecto de ley Sin embargo, el 21 de julio de 1921 el Parlamento sancionaba la ley respectiva, que sería promulgada cuatro días después por el presidente de la República, don Manuel Gondra.

Tres años después, el 21 de mayo de 1924 (gobierno provisorio del doctor Luis A. Riart), tras enterarse de que el Paraguay admitió la presencia del primer grupo de inmigrantes canadienses que se instalarían en el Chaco dos años más tarde, el gobierno de Bolivia, a través de su Legación en Asunción, presentó una nota de protesta dirigida al Ministro de Relaciones Exteriores, Rogelio Ibarra.

En dicha nota, el Encargado de Negocios boliviano, Benjamín Mujía Fernández, indicaba que su Gobierno se enteró de que era "un hecho la venida de los colonizadores Mennonitas a quienes el gobierno paraguayo concediera extensiones considerables de tierras en el interior del Chaco". Seguía la misiva del representante del país vecino:

"Importando dicha concesión ejercicio de soberanía por parte del Paraguay sobre territorios que afectan la soberanía de Bolivia, me cumple, señor Ministro, de acuerdo con instrucciones, solicitar informes de Vuestra Excelencia acerca del hecho arriba mencionado, dejando desde luego constancia de la protesta de mi gobierno, en salvaguarda de los derechos soberanos de Bolivia, por actos que el gobierno de Vuestra Excelencia haya podido realizar en oposición al compromiso de observar el statu quo."

En fecha 26 de julio del mismo año, el gobierno paraguayo rechazaba la nota boliviana, aduciendo que las propiedades que afectarían a la colonización mennonita en el Chaco se hallaban fuera del territorio del statu quo de 1907.

El primer conjunto de gente mennonita arribó e129 de diciembre de 1926. Eligio Ayala sabía que eso constituía un elemento muy importante para sentar soberanía en el Chaco. Iba a ser el primer contingente civil organizado en instalarse en ese inmenso desierto desconocido.

Pero Ayala sabía, también, que debía prepararse para la guerra contra Bolivia, país que para entonces ya no parecía predispuesto a dirimir la cuestión del Chaco por las buenas.

Aquel orden financiero y económico que Ayala había logrado (gracias también a la pacificación del país), en medio de una pobreza que seguía siendo atosigante, debía tener como resultado la consecución de los recursos necesarios para adquirir los materiales bélicos de los que el Paraguay carecía, de cara a enfrentar nada menos que una contienda bélica internacional.

Ayala, visionario y previsor, sabía de esto. Había tomado sus medidas dramáticas; tenía ya un hombre en Europa adquiriendo los "fierros". Pero necesitaba más. Y pensaba en otro hombre fundamental. Sus planes de defensa lo requerían. Pensaba en Bozzano. Tenía para él una estratégica misión.

 

 

VII. LA MISIÓN ESTRATÉGICA

 

Finales de diciembre de 1926. Era una mañana calurosa cuando, temprano, el automóvil del ministro de Guerra y Marina, doctor Luis A. Riart, llegó hasta donde se hallaba José Bozzano. Del auto bajó el secretario del ministro, Mauro Cabañas, portando una orden por escrito. El enviado se lo anunció a Bozzano antes de entregarle la nota oficial.

-Debe presentarse inmediatamente en el Palacio. El presidente Ayala quiere hablar con usted.

En menos de una hora, el teniente 2°- de Marina José Bozzano estuvo en el despacho presidencial. Entró tal como se lo indicaron y encontró al presidente Eligio Ayala solo, con el ceño fruncido y con aire de preocupado.

Adelántese, Bozzano. Lo que le voy a decir es de carácter reservadísimo.

Ayala le dio la espalda al Teniente y observó la bahía. -Estoy convencido de que Bolivia no se avendrá a negociar por acuerdo directo o por arbitraje el diferendo de límites. Debemos prepararnos para lo peor. El general Schenoni ya está en Europa para la formalización del contrato de compra de 10 mil fusiles. Adquirirá también artillería moderna, ametralladoras pesadas y livianas, aparatos de aviación y otros elementos fundamentales. Pero el dominio del río es fundamental para la defensa del Chaco - Eligio Ayala giró hacia Bozzano.

-Usted presentó una nota reservada al ministro de Guerra informando que la Marina consideraba esencial la construcción u obtención de dos buques cañoneros para el servicio de transporte logístico, la defensa del litoral y la defensa antiaérea de los puertos. La nota informaba que usted tiene los planos de esos cañoneros. Lo he llamado para pedirle que mañana a las 7 se presente usted aquí, con esos planos y una descripción técnica de su proyecto.

La audiencia no se prolongó mucho más. Bozzano volvió al Arsenal y se encerró a preparar el informe. Era un pésimo dactilógrafo y el escrito le llevó mucho tiempo. A las 2 de la mañana del día siguiente terminó su informe y a las 7 estuvo en el Palacio.

Ante su presencia, el propio Presidente ordenó a un funcionario que nadie lo molestara hasta las 7:45.

Ayala miró detenidamente los planos, indagó sobre muchos detalles. Le impresionaron la velocidad, el calado y la artillería antiaérea de las naves. Le sorprendió la posibilidad de que un buque pudiera transportar de una sola vez un regimiento pesado de 1.500 hombres con todo su equipamiento.

-Cuánto tiempo llevaría la construcción y cuánto costaría cada uno de estos cañoneros, Bozzano.

-Estimo que el tiempo de construcción sería de 2 años y medio, señor Presidente. En cuanto a lo otro, no tengo los precios actuales en Europa pero presumo que costarán unas 130 mil libras esterlinas.

El Presidente calló por un buen rato. Su silencio se hizo largo y, sobre todo, preocupante para el marino. -Déjeme todo lo que trajo, Bozzano. Todo esto debe ser reservadísimo. Es secreto militar. El ministro de Guerra lo llamará oportunamente.

Una tarde de calor bochornoso de enero del 27, el ministro de Guerra y Marina, doctor Riart, llegó a los Arsenales en Puerto Sajonia. Le pidió a Bozzano que dispusiera una lancha para dar una vuelta por el río. Y le solicitó (ordenó) algo más.

-Por favor, usted mismo conduzca la embarcación. No es conveniente que nadie más oiga lo que le voy a decir.

Riart decidió que navegaran aguas arriba. Pasaron Punta Ñaró, Ita Pytá punta y entraron a la bahía. Sentado a proa, al lado del timón, el ministro permanecía en silencio. De pronto habló.

-La guerra contra Bolivia se viene. Es irreversible. Para nosotros es fundamental dominar la navegación fluvial hasta Bahía Negra de una manera segura y firme.

El ministro Riart se acomodó y le reveló a Bozzano que las armas y los equipos que el general Schenoni estaba contratando en esos momentos en Europa llegarían al Paraguay en dos años más. Luego, el funcionario, hombre de entera confianza del presidente Ayala, comenzó a adentrarse en el tema que había ido a tratar directamente con Bozzano.

-La Marina, según informó usted, Bozzano, no tiene sino dos buques débilmente artillados. Los buques mercantes serán movilizados. Usted indicó también que el Paraguay no tiene artillería antiaérea de ninguna clase; que no existe defensa en el litoral norte para una eventual incursión de naves bolivianas.

-Así es, señor ministro.

-Sigue siendo posible, de acuerdo con un informe muy reservado que proporcionara en su momento el doctor Manuel Gondra, que el Brasil ceda a Bolivia su flotilla de guerra de Corumbá-Cuiaba.

-Son seis buques bien artillados y con poco calado, doctor. -Con esa flotilla Solivia puede dominar el río Paraguay y en esas condiciones nuestro ejército quedaría aislado. El servicio logístico normal sería imposible. Todo nuestro material está en la región Oriental - Bozzano escuchaba atentamente. Riart le revelaba todo como si estuviera hablándose a sí mismo.

-Estamos informados que Bolivia está adquiriendo más de 30 aviones caza y de reconocimiento. El Estado Mayor boliviano está preparando su ejército para actuar contra Chile e inmediatamente atacar el Chaco.

Luego calló nuevamente hasta que pasados algunos segundos.

Riart ordenó a Bozzano que iniciara el regreso a los Arsenales. Entonces lanzó la carga pesada.

-Su proyecto para construir los buques cañoneros ha sido aprobado, Bozzano. Usted va a viajar a Europa. Esta información se la traigo en nombre del presidente de la República. Dentro de dos años esos cañoneros deben estar en Asunción.

A Bozzano le vino a la mente, como un asalto, una sola idea: la guerra. Estaba siendo informado, de la manera más oficial que podría haber, de que la guerra en el Chaco era ya indetenible.

-Vea quién le puede sustituir en su cargo. Usted debe viajar dentro de 15 días a lo sumo. Prepare para mañana a la tarde un memorándum de lo que debe hacerse en los Arsenales y preséntese a las 17 en la Presidencia. Yo voy a estar ahí esperándolo junto con el Presidente.

Cuando a la tarde siguiente Bozzano se presentó en el Palacio, en el despacho presidencial lo estaban esperando el presidente Ayala, el ministro Riart y el general Manuel Rojas. Poco más tarde llegaron tres personas más, entre ellas el senador Eliseo Da Rosa. Se sumó luego el capitán Raúl Leforet.

Sobre el escritorio del Presidente estaban extendidos tres planos y al lado, el informe que había sido preparado por Bozzano.

Las preguntas sobre los buques cañoneros que proyectó empezaron a buscar las respuestas del marino.

Bozzano comenzó explicando que sus cañoneros podrían hacer dos viajes cada uno a Bahía Negra sin necesidad de recargar combustible. El doctor Da Rosa consultó cuántas rajas o carbón consumiría cada nave, a lo que Bozzano respondió con un dejo de suficiencia.

-Estos cañoneros no serán a leña. Utilizarán fuel Oil. El capitán Leforet cruzó entonces.

-En el Paraguay no tenemos petróleo. Si se importa el combustible habrá que hacerlo en tambores de 200 litros, y para cargar cada cañonero se precisarían unos mil tambores. La respuesta de Bozzano fue tajante.

-Ese, señor, es un problema que la Marina y el Paraguay deberán resolver.

Eligio Ayala seguía callado. El general Rojas aprovechó el silencio para lanzar otra pregunta.

-Los regimientos que se formarán tendrán un efectivo de 1.400 hombres. ¿Sus buques podrán transportarlos?

-Sí, señor General. Las plataformas de sus dos cubiertas pueden aguantar esa cantidad. En 30 horas esos hombres podrán estar en Puerto Casado. Los dos cañoneros estarán acondicionados para transportar dos regimientos en un día y medio a Casado y en conjunto pueden hacer cuatro viajes sin tomar combustible.

Rojas aceptó con la cabeza y preguntó más y quedó impresionado por el poderío de la artillería de los buques cuando Bozzano explicó que con un campo de tiro de 10 kilómetros, los cañoneros podrían, en menos de 10 minutos, destruir cualquier escuadrón naval boliviano que apareciera por el río.

Las explicaciones siguieron en torno a la gente capacitada disponible para el manejo de estos buques "tan complicados", como advirtió el capitán Leforet; el costo y el tiempo que insumiría la construcción de las naves en Europa. A algunos, el plazo de dos años les pareció exagerado, pero alguien en el grupo recordó que las armas que estaba comprando Schenoni no llegarían antes de ese tiempo. Riart preguntó si no sería posible comprar barcos ya hechos, a lo que Bozzano respondió que en el Asia había buques de río, que habían sido construidos en Inglaterra, pero cuya capacidad de armamento y posibilidades de transporte de tropa no era lo que el Paraguay necesitaba en ese momento.

Bozzano tenía respuestas para todo pues él había estudiado a fondo, durante mucho tiempo, todas las probabilidades existentes. De hecho los dos cañoneros fueron parte fundamental de su tesis para que el MASSACHUSSETS INSTITUTE of TECHNOLOGY, la sacrosanta universidad de tecnólogos de los Estados Unidos y faro universal que forjaba los mejores científicos del mundo, le otorgara el título de Máster en Arquitectura e Ingeniería Naval.

En los Estados Unidos había trabajado en el diseño durante ocho meses a razón de ocho horas por día.

Con esos dos cañoneros, el Paraguay pasaría, de un equipo pobre y anticuado, a poseer lo más moderno y potente en buques de guerra fluviales en el mundo entero. Ambas máquinas bélicas, por velocidad, autonomía, potencia artillera naval (con sus 5 vigorosos cañones de fuego antiaéreo) y su poco calado, pondrían a la Marina paraguaya en una ventajosa posición de defensa y de ataque y en óptimas condiciones para satisfacer todas las necesidades del Ejército del Chaco.

Mientras regresaba a su unidad tras aquella reunión, Bozzano trataba de extraer alguna conclusión de lo discutido en el despacho presidencial.

De hecho, Bozzano sabía de antemano que el presidente Eligio Ayala ya había tomado la determinación de mandar construir los buques, tal como le informara el doctor Riart en aquel paseo por el río Paraguay. Lo que Ayala quiso con aquella reunión vespertina en su despacho presidencial era observar la reacción de su entorno respecto a la idea.

El doctor Riart estaba preocupado por el plazo de entrega de las naves y al general Rojas le intranquilizaba lo complicado que sería manejar esos barcos de guerra tan sofisticados.

Pero la ascendencia de Ayala era inmensa. Era un líder que sabía que debía tomar resoluciones extremas en un momento extremo. Y las tomó.

 

 

VIII. LUNA DE MIEL, BARCOS Y ESPIONAJE

 

En medio de eso que era técnicamente un preparativo bélico, José Bozzano vivía aún la magia de la vida conyugal inaugural con Virginia Cardozo.

En eso pensó también el presidente Eligio Ayala, quien dispuso que el teniente 2° de Marina y su esposa viajaran juntos a Europa. Sería una luna de miel -como tal vez ambos no soñaron tenerla- mezclada con la excitante e incitante misión de Bozzano, de la que en mucho dependería la suerte del Paraguay en la guerra que se aproximaba de manera lenta pero irremediable. Era un viaje en el que Eros tendría una presencia avasallante pero con la sombra de Tánatos amenazando a la distancia.

A finales de febrero de 1927 el teniente 2° de Marina José Alfredo Bozzano Baglieto entregó el mando del Arsenal al teniente de Marina Rómulo Masi, a quien le dio las instrucciones técnicas necesarias para el manejo de la unidad que se había establecido en su nueva sede de Puerto Sajonia y le informó que partía rumbo a Europa para comprar materiales.

En ese momento, el Paraguay estaba desbordado de agitación. Un nuevo hecho trágico había abonado -con su carga de indignación- la sensación de mayor proximidad de la guerra con Bolivia. El 25 de febrero del 27, el teniente Adolfo Rojas Silva había sido asesinado por fuerzas bolivianas en el Fortín Sorpresa, un enclave boliviano en territorio que el Paraguay consideraba suyo.

La muerte de Rojas Silva se convirtió en un acontecimiento que entró luego en el Olimpo de las leyendas. El primer testimonio documentado de los hechos reales al respecto aparecería en el libro titulado POR QUE NO PASARON, escrito por el mayor Sindulfo Barreto, excelente cronista, héroe de la guerra y uno de los férreos defensores de Nanawa a las órdenes del coronel Luis Irrazábal.

Ese suceso también originó, pocos días después de ocurrido y conocido, una de las canciones épicas más notables de Emiliano R. Fernández: ROJAS SILVA RECÁVO, que se cantaba con unción patriótica en bares, en cuarteles, en escuelas y en burdeles. En los años 60 alcanzaría otro pico de gran popularidad nacional en la voz de Aníbal Lovera.

La letra incita a la movilización para vengar al teniente sacrificado. Emiliano llama a los bolivianos guaikuru, nombre de una etnia indígena cuya mención en aquel tiempo tenía un sentido decididamente peyorativo y sonaba a insulto. La primera estrofa de la canción (escrita en guaraní) dice cuanto sigue:

Jaku'éke Paraguái, oguahéma ko la hora jahamívo jaheka Rojas Silva retekue. Navengáne katuete umi cobarde ojapóva, anichéne opuka guaikuru ñanderehe. (Movilicémonos paraguayos, ya llegó la hora de ir todos a buscar el cuerpo de Rojas Silva; venguemos lo que hicieron aquellos cobardes, no sea que los guaikuru se rían de nosotros).

El ministro de Guerra y Marina, Luis A. Riart, le comunicó personalmente a Bozzano que en Londres le estaría esperando el Encargado de Negocios del Paraguay en la capital inglesa, Venancio B. Galeano. El secretario de Riart, Mauro Cabañas, le entregó dos pasajes para el paquete fluvial con Buenos Aires como primer destino.

De la Giraduría del Gobierno el viajero percibió 5.000 pesos para gastos y un giro por 400 pesos oro que debía hacerlo efectivo en la capital argentina. Junto a ese dinero, Bozzano recibió una advertencia de Riart.

-Usted reservará siempre 400 pesos oro para volver, de cualquier manera, si la guerra se precipita.

Bozzano, en compañía de Virginia, tenía programado partir a Buenos Aires el domingo 20 de marzo, tras mantener una última entrevista con Eligio Ayala (el viernes 18), de quien escuchó sus buenos deseos y una última instrucción.

-En París, vea al general Manlio Schenoni.

El domingo, a las 6 de la mañana, Bozzano y Virginia estaban embarcados ya en el buque GUARANÍ. A las 7 llegó el ministro Riart con un voluminoso sobre de instrucciones. "Me recomendó leer detenidamente los papeles y no perderlos", recordaría Bozzano muchos años más tarde.

Riart, fiel a su pensamiento de que se podrían comprar buques ya terminados, dio una última recomendación al marino próximo a viajar.

-Si es posible conseguir del Almirantazgo inglés buques similares a su proyecto, comuníquelo inmediatamente al Gobierno.

Le dio, además, otra indicación.

-El general Schenoni no está enterado de la misión que lleva usted. Infórmele de todo una vez que se reúna con él en París.

Trafalgar Square

Tras una breve estadía en Buenos Aires, el matrimonio Bozzano Cardozo partió rumbo a Londres el viernes 1 de abril en la motonave inglesa ALCÁNTARA. El buque arribó a la capital de la isla el día martes 19 de abril.

Bozzano no perdió tiempo y comenzó inmediatamente sus gestiones en la búsqueda de una empresa astilles inglesa que pudiera construir las cañoneras que él había diseñado. Pero antes buscó la forma en que Virginia también aprovechara su tiempo en la ciudad sin que tuviera que depender de él, que estaría imbuido totalmente de su deber como enviado del Gobierno paraguayo.

Virginia no hablaba inglés y, por lo tanto, José Alfredo creó un sistema para que ella pudiera salir a caminar sin el peligro de perderse. Le entregó una libreta y le recomendó que un día saliera del hotel hacia el norte y fuera anotando los nombres calle por calle. De manera que al dar media vuelta pudiera corroborar por dónde había ido. En los días sucesivos, acudiendo al mismo mecanismo, podía salir al sur, al este y al oeste.

Al día siguiente de su llegada a Londres, Bozzano buscó a un amigo inglés, el capitán de Aviación de apellido Vickers, que había estado en Asunción un año atrás.

Vickers le conectó a Bozzano con oficiales del Almirantazgo inglés, que ocupaba un enorme y vetusto edificio en TRAFALGAR SQUARE, en el centro mismo de Londres. Allí, un almirante típicamente británico, cuyo nombre quedó perdido en los traspapeleos de la historia, miró los planos de los cañoneros de Bozzano y, fijándose en los detalles de velocidad, autonomía, calado y potencia de fuego, se dirigió a Vickers.

-La Marina inglesa no tiene en Asia nada similar. La artillería de este proyecto es muy superior a los mejores destroyers de nuestra fuerza naval.

A Bozzano le sugirieron que visitara los astilleros YARROW, en las cercanías de Glasgow. Se comunicó con Sir Alfred Yarrow y dos días después ambos conversaban en la típica residencia escocesa de éste, rodeada de jardines boscosos poblados de venados.

Los técnicos proyectistas de YARROW -acostumbrados a fabricar barcos de río para Persia y China- quedaron sorprendidos por la velocidad y autonomía de los buques diseñados por Bozzano y explicaron que la fábrica no producía artillería; que para ello habría que recurrir a ARMSTRONG o a VICKERS o al propio Almirantazgo inglés, que podría proveer del armamento a la flota paraguaya. La fábrica más recomendable era VICKERS, que tenía la capacidad de fabricar la central de tiro con sus correspondientes predictores, según lo ideado por el Teniente 2° de Marina.

VICKERS prometió planos, especificaciones y precios para un mes después. ARMSTRONC y YARROW, por su parte, pidieron un plazo de 20 días para presentar sus respectivas propuestas.

En París Con Schenoni Y Estigarribia

En tanto esperaba las respuestas, Bozzano viajó a París para encontrarse con el general Manlio Schenoni, quien esperaba al capitán Arturo Bray para que le ayudara en la compra de las armas. Schenoni quedó estupefacto cuando el Teniente 2° le informó de su misión en Europa y le enseñó los planos de sus cañoneros, con su potencial de fuego y su velocidad.

- ¿Tenemos oficiales capaces de manejar estos buques tan complicados?

-Por ahora no, señor, pero dentro de dos años los tendremos.

-Usted me viene muy bien, Bozzano, puede ayudarme para recibir la artillería Schneider, como marino aeronáutico puede encargarse de recibir los ocho aviones Potez 25 A dentro de 6 meses.

Unos contactos de Schenoni en París le recomendaron a Bozzano que negociara con la CHANTIER NAVAL. FRAN~AIS, un astillero que -según le dijeron- podría ser capaz de fabricar sus cañoneros tan complejos.

Al día siguiente conversó con un ingeniero naval de la firma, en su hotel. Este encuentro tuvo una consecuencia llamativa, pues ingenieros franceses de la empresa señalada visitarían directamente Asunción y hablarían con el doctor Da Rosa, para presentar por cuenta propia un proyecto alternativo a los buques de Bozzano.

En el tiempo restante en la capital francesa, Bozzano aprovechó para visitar al entonces mayor Juan B. Ayala, quien sería uno de los héroes del Chaco. En esa ocasión tuvo su primer encuentro con un hombre que sería trascendente: el mayor José Félix Estigarribia. Ayala y Estigarribia estaban en París estudiando en la Escuela Superior de Guerra.

"Estigarribia me impresionó mucho por su concepto de Estado Mayor; más todavía sabiendo que en el Paraguay el Ejército carecía de un verdadero Estado Mayor", recordaría más tarde Bozzano en sus apuntes personales.

Tras todas las averiguaciones que hizo, Bozzano llegó a la conclusión de que no había barcos listos que pudieran ser utilizados en nuestros ríos, que tuvieran las características necesarias para afrontar una situación difícil como la guerra eventual.

Informó de esto a Asunción y decidió viajar a Italia. Schenoni telegrafió al doctor Gubetich y éste contestó que esperaba a Bozzano en Génova, con reservaciones en el hotel ROYAL AQUILA.

Bozzano, siempre con Virginia, llegó a la ciudad célebre por sus vínculos con la navegación. Conocía por referencias la empresa ANSALDO y el cónsul paraguayo en Génova, el doctor Peralta, le organizó un encuentro con directivos de la empresa.

Los técnicos de ANSALDO se mostraron preocupados por el calado y la velocidad de los buques. Después de dos días de discusiones, Bozzano retornó a Londres, ciudad a la que él llamaba "mi base de trabajo".

En la capital británica, Bozzano esperaba tener respuestas de VICKERS, ARMSTRONG, YARROW y CHANTIER NAVAL, FRANÇAIS. No encontró nada. Sin embargo, recibió una visita inesperada.

Un ingeniero italiano de apellido Serro (así figura en un manuscrito del Capitán) llegó hasta Bozzano para decirle que la firma a la cual representaba, la Odero - Terni - Orlando, estaba al corriente del problema naval del Paraguay y que se hallaba en condiciones de prestarle una ayuda. No hizo mención a cómo había obtenido la información sobre la necesidad paraguaya.

A pesar de lo sorpresivo de su aparición, Bozzano confió en el hombre y le dio todos los datos que éste precisaba para preparar un informe y un presupuesto, pese a que en Italia no existían barcos de las características de los que proyectaba el marino paraguayo. Quedaron en verse en un mes más.

Mientras, Bozzano seguiría aguardando la respuesta de las firmas inglesas y la francesa, en un pequeño hotel londinense cerca de SELFRIDGES y MARBEL ARCH, cuya tarifa estaba acorde con su muy ajustado presupuesto.

 

UN ESPÍA PARAGUAYO EN LONDRES

 

Una mañana, en el lobby del hotel londinense, un hombre alto, de cara y porte germánicos, trataba de hacerse entender en un alemán elemental. No hablaba inglés, por lo que se podía comprobar. A Bozzano le llamó la atención la escena y se puso a observar calladamente.

Al retirarse el personaje, el empleado del hotel que había atendido a aquel hombre le dijo a Bozzano que el señor que trataba de hacerse entender era un mayor del Ejército boliviano, cuyo apellido era Banzer. Al contrario de lo que ocurría con el boliviano, en el hotel Bozzano era solo un turista más. Nadie sabía que era un oficial de la Armada del Paraguay ni, mucho menos, la misión que lo mantenía en la capital inglesa.

De forma inmediata, Bozzano recurrió a su amigo Vickers que tenía contactos muy importantes con los servicios ingleses. Así, Bozzano se enteró que el mayor Banzer era el encargado de recibir el material que el jefe de la Comisión Boliviana de Adquisición de Armamentos, un general de apellido Galindo, había adquirido. Esa comisión boliviana tenía su sede europea en Bruselas, Bélgica.

El guardiamarina Bozzano también pudo obtener información sobre lo que los bolivianos habían comprado: artillería, cañones, obuses, aviones, ametralladoras livianas y pesadas, proyectiles para artillería y ametralladoras, gas mostaza en botellones y tanques de asalto livianos.

En sus apuntes inéditos, Bozzano señalaba:

"No me fue fácil obtener la lista del material contratado (por los bolivianos). Era impresionante la cantidad de proyectiles para artillería y para ametralladoras pesadas, que las vi casi listas en Barrow-in-Furness. Me llamó la atención que podían hacer fuego en depresión hasta -10-. No había duda de que estaban destinadas esa artillería y esas ametralladoras para actuar en montañas. ¿Para qué zona quería el ejército boliviano esas potentes máquinas? ¿Chile, Perú? El monto de la operación sumaba más de 700 mil libras esterlinas."

Toda esa información que logró el espía José Bozzano con sus contactos en Londres, la trajo a Asunción el doctor Venancio Galeano en uno de sus viajes ante el llamado del presidente Eligio Ayala. Galeano estaba comisionado para tratar el caso de aquellos préstamos ingleses al Paraguay en la posguerra del 70 y que se agotaron prácticamente en el pago a intermediarios y en el robo de las monedas en el puerto de Asunción. Eligio Ayala estaba buscando la forma de solucionar ese problema que le ponía dificultades a la hora de hacer cualquier tipo de negociación con el exterior.

A Bozzano le llegaría a molestar sobremanera que con el tiempo se dijera que aquella información que él había conseguido en Londres, le había sido proporcionada al gobierno paraguayo por "una potencia amiga".

LA PREOCUPACIÓN DE SCHENONI

En tanto aguardaba la oferta de los ingleses, Bozzano viajó a París para visitar el astillero francés con el que había contactado. Aprovechó la ocasión para ver a Schenoni y acompañarlo en la inspección y el recibimiento las ametralladoras MADSEN, de procedencia danesa, y para ver la construcción del armamento MÁUSER para los aviones POTEZ y WIBULT.

A Schenoni le angustiaba la escasez de dinero para la compra de todo el armamento necesario, que debía hacerse indefectiblemente al contado. El General, en el transcurso de su misión, demostró una honestidad a toda prueba.

Su ayudante en esas gestiones, Arturo Bray, escribiría luego en el Tomo II de sus MEMORIAS:

"Ya en el ejercicio de mi nuevo cargo, me di de lleno a la tarea de cooperar con el citado General (Schenoni) en la labor pertinente de la adquisición de material de guerra para nuestro país, en cuyo transcurso hube de comprobar, una vez más, la capacidad de trabajo y la honestidad de Schenoni, en el desempeño de tan delicada misión que le había confiado nuestro Gobierno. En el Banco de Inglaterra estaban depositados -en libras esterlinas- los fondos a la orden del general Schenoni, quien lejos de percibir la obligada comisión que, conforme a las normas establecidas y sin asomos de coima, adjudican las fábricas de armas al agente comprador, invertía esas comisiones en adquirir otros materiales, que no figuraban en el presupuesto del plan de rearme. Así, por ejemplo, los sables para oficiales -adquiridos en Bélgica- no le costaron un céntimo al erario público; otras compras fueron solventadas con los intereses devengados por los depósitos en los bancos europeos".

Schenoni hizo de Bozzano un confidente de sus preocupaciones respecto a la guerra que se veía venir. Así, el General le pidió al marino que no volviera a

Londres tan pronto y se quedara en París por lo menos un día más. Visitarían la tumba de Napoleón y hablarían de muchas cosas.

Era un día sábado -recuerda Bozzano- y ambos se encontraron en el Consulado paraguayo. Salieron a caminar por los Campos Elíseos hasta llegar a la Plaza de la Concordia y el monolito a Cleopatra. Cruzaron el río Sena por un puente y llegaron a las Tunerías, en el centro de París. Caminaron varios kilómetros.

A Schenoni le preocupaba la organización del Ejército. Había pocos oficiales y la Escuela de Oficiales de Reserva preparaba gente con cualidades de sub oficiales a la que daba el rango de tenientes de Reserva de Infantería. El Ejército no tenía orgánicamente un Estado Mayor.

Las preocupaciones de Schenoni tenían fundamento. Él fue el verdadero organizador del Ejército moderno e institucional en el Paraguay, numen directriz de su formación y elaborador de la Ley Orgánica N°- 152 que dio forma y contextura al Ejército. Fundador de la Escuela Militar, fue gestor y adquirió materiales de acuerdo con su plan de armar al Ejército. Estaba solo en la misión (antes de recibir la asistencia de Arturo Bray) y debía atender el embarque de las armas y la parte administrativa de todo el operativo.

Cuando Bozzano le informó de los datos que había obtenido en Londres respecto a las compras de armas por parte de los bolivianos, Schenoni quedó más preocupado aún. Esa información de Bozzano corroboraba lo que el general Belloni, Jefe de la Misión Militar Argentina en Europa, le había proporcionado respecto a los preparativos de Bolivia.

Schenoni sostenía que el Paraguay no tenía un plan de guerra porque no teníamos un Ejército bien encuadrado.

No teníamos hombres de Estado Mayor. La política estaba formando sectores de oficiales que se preocupaban más de cuestiones caudillistas que de la programación de actividades militares. Eso exacerbaba a Schenoni, militar de profunda convicción profesional.

También expresó su preocupación acerca de la Marina, que, para él, carecía de jefes y de elementos suficientes para cumplir su misión en un caso de guerra.

Cuando regresaban a su hotel, en un taxi, Bozzano entendió que Schenoni había logrado algo: extenderle sus preocupaciones. Esa conversación en un sábado a la tarde, le había pintado un panorama de pobreza del Ejército paraguayo.

 

NEGOCIACIONES FINALES SOBRE LOS CAÑONEROS

 

En el mes de julio llegó a Londres un voluminoso sobre con instrucciones tácticas en alemán y un giro para que Bozzano se trasladara a Berlín. Le ordenaban adquirir 12 boyas luminosas para río de una firma alemana ubicada en las cercanías de Berlín.

José Bozzano viajó a la capital alemana junto con Virginia. A1 volver a Londres Bozzano encontró una carta de ANSALDO y otra de ODERO-TERNI-ORLANDO que le pedían, cada uno por su parte, viajara a Génova para discutir el asunto del calado, la velocidad y la artillería de los buques que había diseñado.

Ya en Génova, Bozzano se trasladó a ANSALDO, donde verificó el anteproyecto elaborado sobre los dos cañoneros. A los técnicos les preocupaba el poco calado de 5 pies y 6 pulgadas en agua dulce. El jefe técnico de la empresa, un capitán de navío, ingeniero naval, le dijo de manera brusca a Bozzano que con 4.000 S.H.P en 5 pies y medio y un pie de agua de baja de quilla no se podía obtener una velocidad a plena carga de 18 nudos. Bozzano le replicó que su proyecto lo había probado con un modelo de parafina 10 pies en el EXPERIMENTAL TANK SIMPSON, cerca de Washington, y que el resultado de las pruebas indicaban que con 4.000 S.H.P en las hélices, 2.000 por hélice, ello era posible.

ANSALDO informó que con 4.000 S.H.P se podrían obtener 16 nudos. Para 18 nudos de velocidad lo mínimo necesario eran 5.600 S.H.P., lo cual aumentaba el consumo de fuel Oil. Además, la autonomía que pedía el proyecto, de 4.000 kilómetros con ese calado, era difícil conseguirlo, salvo que los cañoneros llegasen a 76 metros en eslora. Ante las diferencias, no se pudo llegar a un acuerdo. Al día siguiente le entregaron el proyecto con las especificaciones técnicas y el precio.

Dos días después de ese encuentro, Bozzano estaba reunido con el cuerpo técnico de ODERO-TERNOORLANDO. El señor Odero, senador del Reino de Italia, era un veterano proyectista de destroyers. Estaba también presente el ingeniero Gincomazzo, experto en calderas y turbinas. "Aquello era solemne y para mí preocupante; cinco contra uno. Todos señores de más de 50 años y almirantes. Yo era apenas teniente de Marina", recordaría Bozzano tiempo después.

Salvo una diferencia de calado, el resto de lo planificado por Bozzano fue aceptado en todas sus partes y eso constituyó para el marino paraguayo "un verdadero triunfo". Le entregaron el proyecto completo, y con él en el portafolio, siempre acompañado de Virginia, volvió a París.

Los días siguientes fueron de gran actividad. Sir Alfred Yarrow llegó con los planos y las especificaciones.

Todo estaba de acuerdo con la idea de Bozzano, salvo la potencia total. El precio de Yarrow era superior al de Odero y menor que el de Ansaldo.

A su vez, Vickers también le entregó su proyecto, que satisfacía las expectativas del enviado del gobierno paraguayo. El precio era más elevado que el de Ansaldo. La Armstrong no remitió planos, pero sí especificaciones, que eran muy similares a las de Vickers. El precio de Armstrong era el más elevado.

LOS franceses de la CHANTIER NAVAL FRANÇAIS, por su parte, le informaron a Bozzano que enviarían el proyecto, con un técnico, directamente a Asunción, tal como efectivamente ocurriría algún tiempo después.

Con todo en su poder, el teniente 2°- Bozzano preparó el informe para el gobierno de Eligio Ayala, enviado a Asunción por encomienda postal vía marítima, como era natural en aquella época.

Pasaron algunos meses de espera. Mientras, a Virginia Cardozo de Bozzano le llegó su propio "barco". El 21 de setiembre de 1927, nació en Londres Elena Alcira, la primera hija del matrimonio paraguayo enfrascado en las negociaciones para la construcción de los cañoneros que defenderían el río Paraguay.

 

LA RESPUESTA DE ASUNCIÓN

 

En los primeros días de octubre de 1927, Bozzano recibió por fin una nota del Ministerio de Guerra y Marina en la que se le comunicaba que el Gobierno había recibido las propuestas y los planos, con las especificaciones y el cuadro tabular de características y precios.

El Ministerio le confirmaba además que el Gobierno había decidido la construcción de los cañoneros ya que no era posible obtener buques adaptados para el río Paraguay concordantes con las características básicas requeridas.

Por último, se le solicitaba a Bozzano un informe particular suyo, con su opinión, respecto al proyecto más conveniente.

Después de tomarse unos días para estudiar todas las especificaciones de los proyectos que había recibido, Bozzano aconsejó la contratación con ODERO-TERNIORLANDO. Informó además sobre las condiciones de pago más convenientes que había propuesto esta empresa.

En diciembre llegó otra nota del Paraguay confirmando la contratación. Asimismo, al Encargado de Negocios de nuestro país en Londres, doctor Venancio B. Galeano, le llegó un poder para firmar el contrato en nombre del gobierno paraguayo. El ingeniero Serra, de la firma italiana, llegó a la capital inglesa con el proyecto de contrato. El mismo fue traducido al castellano y estuvo listo para la firma cuatro días después.

Galeano, para evitar mayores gastos, resolvió que el contrato se firmara en el Consulado paraguayo en Marsella.

En los primeros días de enero de 1928, el BARCLAYS BANK le comunicó a Bozzano, en el Consulado de Londres, que el gobierno del Paraguay le remitió a su nombre un giro de 40.000 libras esterlinas, y pocos días después otra nota del Ministerio de Hacienda le confirmó la remisión de fondos para el pago de la primera cuota contractual de los dos cañoneros.

 

 

IX. LA MUDANZA A GÉNOVA

 

En junio de 1928, 14 meses después de que el matrimonio Bozzano llegara a Londres desde Asunción, comenzó el operativo de la mudanza a Génova, vía París, para que el diseñador de los buques supervisara la construcción de los mismos.

En dicha ciudad italiana, Bozzano instaló una mesa y unos útiles de dibujo y equipó una oficina que denominó pomposamente Comisión Naval del Paraguay en Europa. Dicha comisión no era muy frondosa. Estaba compuesta por José Alfredo Bozzano, Virginia Cardozo de Bozzano y Elena Alcira Bozzano Cardozo, de apenas ocho meses de edad.

Los trabajos de construcción eran intensísimos. En principio, los cañoneros se iban a llamar COMODORO MEZA y CAPITÁN CABRAL, respectivamente.

Un detalle que quedó por atender fue que el contrato firmado en Marsella no incluía las respectivas centrales de tiro. En los días siguientes Bozzano firmó un documento con la SAN GIORGIO DE CORNIGLIANO para el suministro de telémetros, altitelémetros, aparatos de dirección de tiro, graduadores de espoletas, la central de tiro en sí. Esto tuvo un costo adicional de 7.800 libras esterlinas.

En julio de 1928 todo estaba contratado en cuanto al recio armamento de los cañoneros. Bozzano, para engrosar la Comisión Naval del Paraguay en Europa, empleó como dactilógrafo a un joven italiano que hablaba español, Giovanni Tiraoro, quien luego vendría a Asunción con los cañoneros.

La MARCONI WIRELESS TELEGRAPH AND SIGNAL COMPANY, de Inglaterra, se encargaría de la construcción de las cuatro estaciones de radiotelegrafía y radiotelefonía (2 por buque), con onda larga a proa y onda corta a popa.

La empresa mencionada había sido fundada por el científico Guillermo Marconi, creador de la radio y Premio Nobel de Física en 1909. Bozzano lo conoció personalmente al sabio en esa oportunidad, en su laboratorio flotante instalado en el yate ELECTRA. Marconi incluso llegó a dedicarle una fotografía autografiada.

Quedaban por conseguir las minas submarinas, doce en total, seis por barco. Las mismas fueron suministradas por la Marina de Guerra Italiana. Para lograr el acuerdo pertinente, Bozzano debió viajar a Roma, donde acordó un contrato con el capitán de navío Ferrari, ayudante naval del primer ministro Benito Mussolini. Mussolini fue primer ministro del reino de Italia, con poderes dictatoriales, desde 1922 hasta 1943, cuando fue depuesto y encarcelado; fue ejecutado en 1945.

 

 

EL DRAMA DEL FORTÍN VANGUARDIA

 

 

En diciembre de 1928, estando dinámicamente atareado en el control de la construcción del casco, las turbinas y la artillería de cada uno de los cañoneros, Bozzano se fijó en el titular de un matutino genovés, SECCOLO, que decía: "El Paraguay asaltó un forte boliviano. Paraguay moviliza su ejército". El teniente 2°- quedó estupefacto. Su temor por el desencadenamiento inmediato de la guerra era enorme.

Él sabía que Bolivia aún no había recibido el armamento contratado con la VICKERS. El Paraguay, tampoco. Desde Asunción, un telegrama cifrado preguntaba cuándo podrían estar los cañoneros. La respuesta fue rápida: muy probablemente a fines de 1930, es decir, dos años después.

Luego de algunos días, Bozzano recibió otro telegrama urgente, proveniente de París. A través del mismo, el diplomático compatriota Ramón Caballero Bedoya (hijo de Bernardino Caballero y María Concepción Bedoya de Caballero) le solicitaba que lo encontrara en la capital francesa para luego acompañarlo a Ginebra, donde se reuniría la Liga de las Naciones con el fin de tratar el delicado tema del conflicto con los bolivianos. Bozzano tomó un tren nocturno vía Sempione y llegó a París. De ahí, ambos partieron juntos a Ginebra.

Bolivia había acusado al Paraguay de ser agresor en el caso de Vanguardia. Caballero Bedoya no sabía siquiera dónde quedaba el Fortín Vanguardia. Bozzano, tampoco, pero éste por lo menos tenía noción de que estaba situado al noreste de Bahía Negra.

En el Palacio de la Liga de las Naciones, los paraguayos se entrevistaron con el delegado de Francia ante la Liga de las Naciones, un señor de apellido Brian. Caballero Bedoya insistía en que Bolivia había violado el statu quo del Tratado Soler-Pinilla. El francés afirmó que en Sudamérica el uti possidetis de jure no era una realidad contractual y que el uti possidetis de facto regulaba las cuestiones atinentes a los diferendos de límites.

Entonces el francés preguntó quién estaba en el fortín antes del ataque. Indudablemente, Bolivia. Ante esto, el delegado expresó que en este caso, donde la línea delimitadora de frontera no está definida, la posesión es derecho en los asuntos sudamericanos. Era un verdadero veredicto que ponía al Paraguay en la situación de país agresor.

En esa circunstancia, Bozzano tuvo que volver a Génova a continuar su tarea. Caballero Bedoya permaneció en Ginebra.

 

LA VUELTA DE SCHENONI

 

Bozzano enviaba sus informes quincenales al Gobierno. En una de las respuestas recibió una comunicación llamativa: los cañoneros iban a cambiar sus respectivos nombres originales. El número 1, que iba a llamarse COMODORO MEZA, pasaría a denominarse HUMAITÁ. El número 2, que iba a inscribirse con el nombre de CAPITÁN CABRAL, sería conocido como PARAGUAY.

En enero de 1929, según recuerda Bozzano, llegó a Génova el teniente 2°- de Marina Rufino Martínez, con la misión de ponerse a las órdenes del Jefe de la Misión Naval, es decir, Bozzano. No era un técnico sino más bien un marino de los llamados combatientes.

Una tarde, sorpresivamente fue llegando a Génova el general Manlio Schenoni, junto con su esposa y una pariente de ésta. Se despedía de Bozzano para regresar a Asunción, luego de cumplir con su cometido de adquirir las armas en Europa. Iría a ser nombrado ministro de Guerra y Marina.

Ahí Schenoni observó los planos del casco, las máquinas, la artillería, la central de tiro, los circuitos eléctricos y las minas de ambos cañoneros.

- ¿Todo esto lo diseñó usted, Bozzano? -Sí, señor.

El veterano militar quedó impresionado.

Ambos aprovecharon para hacer un balance de las armas con las que podría contar el Paraguay en 1930. Schenoni, con todo lo que pudo comprar gracias al tremendo esfuerzo financiero del país y sobre todo a la labor de Eligio Ayala, expresaba que el armamento adquirido más lo poco que sobraba en el Paraguay (en cuanto a fusiles, por ejemplo, un total de casi 30.000) era insuficiente para armar los 40.000 hombres que él juzgaba necesarios para afrontar la guerra. Además, pensaba que faltaban jefes de Estado Mayor.

-Estos dos cañoneros van a ser vitales para la defensa, Bozzano.

Así creo yo también, señor. Pero igualmente van a ser importantes los Arsenales para el municionamiento y la logística del Ejército.

 

LA BOTADURA DEL HUMAITÁ

 

A mitad de junio de 1930, el HUMAITÁ fue botado, ya casi completo pero sin artillería aún. El buque estaba reluciente con siete manos de pintura en carena y cinco en todo el resto. De acuerdo con una orden del Ministerio de Defensa, transmitida desde Asunción, la madrina de la nave fue Virginia Cardozo de Bozzano.

Asunción urgía la terminación de las naves. Ante una pregunta ansiosa, Bozzano envió una contestación: el PARAGUAY será botado en noviembre de 1930, y en abril de 1931 los cañoneros podrán estar en el Paraguay. Además, Bozzano remitió una recomendación al Gobierno: es conveniente preparar oficiales, maestranzas y marineros para tripularlos. Por lo menos 75 hombres por buque. En total, 150 tripulantes.

Bozzano recuerda en sus apuntes que la ceremonia de botadura del cañonero HUMAITÁ fue emocionante. Hasta se presentó un presbítero paraguayo que se halla estudiando en Florencia, el padre Julio César Duarte Ortellado. Estuvieron presentes, invitados por la ODERO en nombre de la Comisión Naval del Paraguay, el podestá (alcalde) de Génova, el prefecto de Puertos, el cónsul del Paraguay, doctor Peralta; el jefe de Carabineros con traje de gala y los civiles de jacquet con galera y guantes. La guardia de honor estuvo a cargo de unos gigantescos carabineros.

"Yo me emocioné y mucho. Los técnicos y operarios italianos me estrechaban la mano diciéndome tante belle cosa. Y recordé al Paraguay', escribiría Bozzano años después.

En noviembre se repitió la ceremonia, con el otro cañonero. Todo estaba casi listo para la partida hacia Asunción_

A Asunción Con Navegantes Fascistas

Ante una consulta de Bozzano, Asunción respondió que no había fondos ni oficiales de graduación para enviarlos a Génova con el fin de que conformaran la tripulación de los cañoneros.

Entonces no quedó otro camino que elegir una tripulación italiana. La ODERO-TERNI pagó a dos maquinistas. El Paraguay se encargó de contratar a dos técnicos de radio de la Marina italiana y al resto de la tripulación, que constaría de 25 hombres por buque. Los técnicos de radio fueron Faraone (quien se quedaría a vivir en Asunción) y Tertore (retornaría luego a Italia). Para la artillería se designó a Termini (artillería 120) y Peccioni (artillería de 76). Este y un hermano se radicarían luego definitivamente en el Paraguay.

La central de tiro durante el viaje quedaría a cargo de los señores Porzio y Petrone. Ambos formarían familia en el Paraguay. Petrone pasaría a ser cuñado de Bozzano al casarse con la hermana de éste, Santa (quien es la única Bozzano Baglieto que vive a la hora de escribirse este libro).

Bozzano le solicitó al teniente 2° Rufino Martínez que se encargara de alistar los buques. Martínez era el más antiguo entre los dos, pero todo quedaría a cargo de Bozzano por sus conocimientos técnicos.

La tripulación general quedó conformada con miembros de la Asociación de Navegantes Fascistas (no había posibilidad de otra asociación en esa Italia de Mussolini), hombres de mucha experiencia seleccionados por Bozzano. A cargo de Martínez quedó la elección del médicos (uno por buque), los cocineros y los contramaestres.

Todos estaban a sueldo bajo contrato, que incluía el pasaje de vuelta a Génova en segunda clase. El contrato preveía, además, hasta el tipo de menú de los tripulantes. En días específicos la comida debía ser sobre la base de hongos y albahaca Basílico. Cada hombre tenía derecho a medio litro de vino por día.

Los menajes fueron proveídos por gentileza de la Marina Italiana. En enero de 1931 fueron embarcadas sábanas de hilo con el escudo nacional para 20 oficiales por barco, mantelería, toallas, servilletas y frazadas.

Desde esos primeros días de enero se hicieron todas las pruebas técnicas y de la artillería de ambos buques en pleno mar, con la presencia de los técnicos de la ODERO.

Los cañoneros fueron asegurados por la LLOYD'S de Londres. La póliza se fijó en 140 mil libras por buque. Poco antes del retorno, el podestá de Génova le comunicó a Bozzano que el Rey de Italia había decidido otorgarle la condecoración Comendador de la Insignia de la Corona de Italia. La distinción la recibió el marino en el Palacio real hasta donde llegó acompañado por el cónsul Peralta y el teniente 2°- Rufino Martínez.

Al día siguiente de la ceremonia, los marinos paraguayos fueron a Spezia a embarcar las minas. Luego retiraron las libras esterlinas del BARCLAYS BANK, parte de las cuales la convirtieron en liras italianas. Bozzano entregó el mando de la flotilla al teniente 2°- Rufino Martínez, quien se haría cargo de la navegación de ultramar hasta llegar a Asunción.

Al atardecer del 19 de abril de 1931, los majestuosos cañoneros HUMAITÁ y PARAGUAY, construidos a imagen y semejanza del genio de José Bozzano, salieron de Génova con rumbo a Asunción. Mar picado. Neblina cerrada. Viento norte. Frío tremendo.

 

 

X. EL VIAJE INOLVIDABLE

 

El viaje a Asunción comenzó con un blooper en Gibraltar. El teniente 2°- Rufino Martínez comunicó al jefe de la base de la flota inglesa del Mediterráneo que una flotilla paraguaya entraría a dicha base a las 8:30. Pero cometió una equivocación en los términos y en vez de señalar que las naves paraguayas recalarían ahí por razones de navegación, comunicó una visita oficial de dos cañoneros a la base.

Ante esto, los ingleses, solemnes como eran, hicieron un despliegue imponente para recibir dicha visita dentro de un cerrado protocolo, con formación de buques pesados, cruceros de batalla, cruceros livianos, destroyers y submarinos. El buque insignia inglés era el crucero de combate RENOWN, de 35.000 toneladas.

La tripulación inglesa estaba formada en cubierta, mientras en los buques paraguayos no había tripulación para retribuir los honores. La situación creaba obligaciones de acuerdo con el ceremonial marítimo.

En la lancha del Humaitá, Bozzano, Martínez, el piloto Runcini (quien tenía un traje naval) y el foguista Ántola (luciendo una chomba), llegaron a bordo del RENOWN, donde fueron recibidos por un capitán de Fragata, uniformado de gala y con sable en mano.

En medio de esa situación incómoda para los paraguayos ante el despliegue inglés, apareció un oficial británico con un ejemplar del JANE'S FIGHTING SHIPS, la célebre publicación anual que contiene información sobre todos los navíos de guerra del mundo ordenados por nación, incluyendo información sobre los nombres, dimensiones y armamento. En el libro figuraba todo sobre los dos cañoneros paraguayos recién fabricados. Señalando con el índice de la mano derecha la publicación, el comandante de la flota inglesa de Gibraltar (cuyo nombre Bozzano mismo no recordaba) lanzó una expresión admirativa.

-El Paraguay tiene dos cañoneros modernísimos. Por su calado y autonomía son actualmente los mejores y más potentes de todo el mundo fluvial. Tienen una potencia de fuego superior a la de nuestros destroyers leaders.

En el JANE'S FIGHTING SCHIPS figuraban también los avisos de guerra paraguayos ADOLFO RIQUELME y TRIUNFO. Cuando el comandante inglés, siguiendo el protocolo de reciprocidad, visitó los cañoneros, se sorprendió al no hallar tripulación paraguaya. Bozzano le aclaró el tema.

-La tripulación paraguaya se va a embarcar en el Río de la Plata.

Al día siguiente los cañoneros siguieron viaje rumbo a las Canarias. De ahí, hacia Recife. Al cruzar la línea del Ecuador, Faraone informó alborozado a Bozzano: "Stacione paraguayana".

Era una radio del Fortín General Bruguéz que recibía un llamado del Departamento de Marina de Asunción. La onda se perdió luego y no la volvieron a poder sintonizar hasta acercarse a Asunción.

Llegaron a Pernambuco, donde los cañoneros fueron confundidos con buques holandeses, debido a la similitud de las banderas de Paraguay y Holanda. Desde ahí, Bozzano se comunicó con el embajador paraguayo en Río de Janeiro, doctor Fulgencio R. Moreno. Los cañoneros tenían combustible pagado hasta la entonces capital del Brasil. Luego todo debía quedar a cargo del gobierno paraguayo. Se precisaban 100 toneladas de combustible por buque, lo que suponía un costo de 1.000 libras esterlinas o 50.000 dólares, al cambio de la época.

Tras llegar a Río y encontrarse personalmente con el embajador Moreno, Bozzano y sus hombres esperaron las instrucciones. Al cuarto día llegó un cable desde Asunción en el cual se expresaban las felicitaciones a la tripulación de los cañoneros y se notificaba que los fondos para el combustible estarían listos vía BANCO DE LONNDRES en 10 días más.

Después de una tediosa espera -sobre todo para Bozzano, quien no veía la hora de llegar al Paraguay-matizada solo por la amabilidad de Fulgencio R. Moreno con quien el matrimonio Bozzano almorzaba todos los días, al décimo día tras aquel telegrama desde Asunción, un representante de la SHELL subió a bordo del HUMAITÁ para informar que por orden del gobierno paraguayo debía entregar hasta 200 toneladas de combustible y hasta 2.000 litros de aceite.

Con ese auxilio, empezó la travesía hasta Montevideo. Fue la peor parte del viaje. El viento comenzó a arreciar casi sin tregua. Al aproximarse al cabo Santa María, costa uruguaya, las ráfagas, medidas por el anemómetro de los buques, alcanzaron picos terribles de 140 kilómetros por hora.

Eso era alarmante para los cañoneros cuyo poco calado constituía una desventaja temeraria. Las olas alcanzaban de 8 a 10 metros y de cresta a cresta algunas llegaban a tener un largo de 100 metros. El HUMAITÁ y el PARAGUAY cabeceaban hasta más de 15°.

Para hacer más angustiosa la situación, al viento se sumó una lluvia inquietante por lo cerrada. Cada vez que los barcos hundían su proa en una onda, su estructura crujía.

Durante una noche y un día casi nadie pudo comer salvo algunas galletas marineras. Un marinero se rompió un brazo al resbalarse frente a una caldera. El padre Duarte Ortellado hacía dos días que no podía abandonar su camarote. Los cañoneros se veían imposibilitados en avanzar más que a 6 millas por hora.

A las 17, en medio de una situación desesperante, avistaron Punta del Este. Con el esfuerzo supremo de la tripulación, en medio de la tempestad lograron rumbear al Este buscando la isla de Flores. A las 20, el océano Atlántico despidió con furia a los cañoneros que, dejando atrás aquellas olas bravas, entraron al Río de la Plata. El temporal había amainado algo y aquello le pareció un milagro a Bozzano. A las 22 atracaron en el puerto de Montevideo.

Bozzano apuntó para el futuro: "Estábamos todos rotos. Hacía 30 horas que no comíamos ni dormíamos. Pero nos encontrábamos en Montevideo".

El resto del viaje hasta el Paraguay fue un paseo comparando con todo lo que había sucedido. En Buenos Aires estaba esperando la tripulación de oficiales y marineros paraguayos.

Los cañoneros, que costaron en conjunto 300 mil libras esterlinas (293 mil de las cuales le tocó pagar al gobierno de José P Guggiari), serían de enorme importancia para el Paraguay en la guerra. El comandante del HUMAITÁ durante la contienda, capitán Rodolfo Dávalos, señalaba en Su libro ACTUACIÓN DE LA MARINA EN LA GUERRA DEL CHACO, que los dos buques tenían como misión esencial conducir tropas desde Asunción hasta Puerto Casado y algunas veces hasta Bahía Negra. Eran unos 1.500 hombres por vez.

Asimismo, transportaban materiales, combustibles, proyectiles. La velocidad de los cañoneros fue de cuantiosa importancia. De acuerdo con Dávalos, "mediante estos oportunos y rápidos refuerzos, conducidos entre los dos cañoneros en 26 horas, nuestro Comandante en Jefe del Ejército del Chaco ha salido airoso en más de una operación o situación comprometida".

El primer contingente de reservistas movilizados con destino al Chaco paraguayo fue conducido por el cañonero HUMAITÁ (C1), a finales de julio de 1932. Al comienzo, los embarques se hacían en Puerto Sajonia, pero luego ya se los efectuaba en el puerto de Asunción.

Los cañoneros prácticamente no fueron atacados en su labor fluvial. El Estado Mayor boliviano nunca desplegó su aviación, en lo que el capitán Dávalos juzga como "un error" de los bolivianos que "nos facilitó el trabajo".

Uno de los pocos incidentes que tuvo el HUMAITÁ ocurrió el 22 de diciembre de 1932. Tres aviones bolivianos habían atacado Bahía Negra. Uno de ellos fue derribado por el cañonero TACUARY. Los dos restantes, un bombardero y un caza, huyeron del lugar pero a lo lejos avistaron al HUMATTÁ, que navegaba a la altura de Puerto Leda, y se dirigieron hacia el mismo.

Las dos aeronaves volaban a ras de los palmares de la costa pero fueron avistadas por el vigía del cañonero ya a unos 2.000 metros de distancia. EL HUMAITÁ SE defendió con toda la potencia de fuego de su cañón antiaéreo de proa, de 76, cuyos disparos evitaron que el bombardero se acercara lo suficiente como para dejar caer uno de sus proyectiles. El único que lanzó la aeronave boliviana cayó a unos 300 metros del buque. El caza, por su parte, disparó sus ametralladoras pero sus tiros no causaron mayor daño a la blindada solidez del cañonero.

El cañonero PARAGUAY (C2) fue asimismo un transporte de tropa que brindaba una seguridad tranquilizados a los transportados. Los soldados sentían que los cañoneros en que viajaba rumbo al Chaco eran inexpugnables.

Daniel Flores, en una entrevista que mantuvo con Antonio Pecci para el diario ÚLTIMA HORA, en 1992, recordaba que a comienzos de la guerra su hermano, el maestro José Asunción Flores, formó una orquesta que actuaba en el cañonero PARAGUAY alentando a las tropas que iban al frente.

Con el tiempo, después de la guerra, el cañonero PARAGUAY tendría un protagonismo político internacional cuando, en el puerto de Buenos Aires brindaría refugio al presidente argentino general Juan Domingo Perón, derrocado tras el golpe de estado que se produjo el 16 de setiembre de 1955.

Según reportes de la Armada Nacional, el cañonero HUMAITÁ transportó durante la guerra a 62.546 combatientes aguas arriba hasta Puerto Casado. De bajada conducía prisioneros y heridos. En total hizo 84 viajes.

Por su parte, el cañonero PARAGUAY, en un total de 81 viajes, transportó 51.867 combatientes aguas arriba hasta Puerto Casado.

El 5 de mayo de 1931, Asunción toda se conmovió ante el arribo de los dos señoriales buques de guerra. Los mejores que tuvo el Paraguay en su historia. Los mejores barcos bélicos fluviales del mundo en su momento. Diseñados por un genio tecnológico paraguayo: José Bozzano. Adquiridos al contado mediante la colosal ingeniería financiera del mayor estadista que tuvo nuestro país: Eligio Ayala. Era un milagro para un país inmensamente pobre.

Ayala no pudo ver la concreción de aquel proyecto que él apoyó desde su Presidencia. Murió el 25 de octubre de 1930, con apenas 50 años de edad, en el clímax de una tragedia pasional.

Bozzano se había ido a Europa, enviado por Ayala, con unos planos en el papel que asombraron a los constructores del Primer Mundo y con una convicción madurada desde la fuerza del presidente de la República. Volvió con dos majestuosas realidades flotantes cubiertas de acero.

 

 

XI. LOS ARSENALES ANTE LA GUERRA

 

"Nuestro torvo enemigo se nos vino al ataque con un concepto pleno de la guerra moderna." fosé Bozzano REMINISCENCIAS Por las informaciones que había obtenido en Londres, Bozzano sabía bastante acerca de cómo se preparó Bolivia, en términos de armamentos, para la guerra contra el Paraguay. "Era la guerra técnica moderna a base de armamento mecánico; armas automáticas, aviación, tanques, lanzallamas, trenes de vehículos, equipos modernísimos de radiocomunicaciones, buen avituallamiento y un cerebro de Estado Mayor perfectamente consustanciado con aquel exuberante material", escribiría Bozzano en su libro REMINISCENCIAS.

Los años de la preguerra fueron muy difíciles en el Paraguay políticamente hablando. Mientras los comunistas hacían campaña para oponerse a "una guerra imperialista", instando "al pueblo' a "unirse contra los lacayos de Pinasco, Casado, la Liebigs, la Standard Oil, etcétera", sectores colorados, liderados especialmente por Natalicio González y Víctor Morínigo, soliviantaban a la gente desde medios periodísticos partidarios acusando al Gobierno de ser causante de "la indefensión del Chaco'. Adriano bala y Juan Stefanich, de la Liga Nacional Independiente, desde el diario LA NACIÓN, también lanzaban fuertes críticas contra el presidente José P Guggiari, por este mismo supuesto motivo. Y no faltaba la eterna interna liberal. El siempre litigante Eduardo Schaerer aprovechaba ese descontento creado intencionalmente contra Guggiari, para atacarlo desde

La TRIBUNA. Otros liberales, como Policarpo Artaza, tampoco fueron muy "amables" con Guggiari.

Los artículos periodísticos llegaban a la escala de insultos personales contra el Presidente. Los estudiantes, por su parte, también se acoplaron a ese ambiente caótico y sumaban huelgas y manifestaciones en las que no faltaban los apedreamientos a los domicilios particulares de funcionarios del Gobierno incluyendo el del propio Jefe de Estado.

El 21 de febrero de 1931 un grupo marxista encabezado por Obdulio Barthe y Facundo Duarte se apoderó por algunas horas de la Villa de Encarnación. Los ocupantes terminaron huyendo luego de que el alzamiento no tuviera eco favorable en el resto del país y ante el desplazamiento de un contingente del ejército regular para reprimirlos. Aunque esta acción no tuvo relación directa con la protesta contra la presunta indefensión del Chaco, es una muestra de los hechos contra los cuales tuvo que bregar el Gobierno mientras se preparaba de manera callada la maquinaria que afrontaría la guerra.

Guggiari no podía salir a defenderse públicamente contando, por ejemplo, que desde 1927 se estaba en un proceso de armar al país para la contienda del Chaco. Ni siquiera la llegada de los flamantes cañoneros de Bozzano a Asunción, logró descomprimir el acoso opositor al Gobierno. La Liga de las Naciones había demostrado desde un primer momento una abierta animadversión contra el Paraguay y un armamentismo publicitado podía haber complicado aún más las cosas en el campo diplomático.

El Gobierno ni siquiera confiaba en la Comisión de Milicias del Congreso Nacional, dado que en 1930, de acuerdo con un testimonio de Arturo Bray, desapareció sin dejar rastros un mapa confidencial de las posiciones paraguayas en el Chaco, de manos de un diputado colorado.

Ese ambiente caldeado explotó posteriormente con la tragedia de123 de octubre de 1931.

El inicio de la guerra marcaría una especie de tregua política pues todos los sectores (menos los comunistas que seguían oponiéndose a la "guerra imperialista") priorizaron la defensa nacional.

Los Fusiles "Mata Paraguayos"

En medio de todos los problemas suscitados en 1931, acaeció uno que tomó enseguida ribetes políticos y que ocasionó un verdadero escándalo que por poco no derivó en un incidente diplomático con España.

En 1925 el doctor Eusebio Ayala había firmado un contrato con el gobierno español para la provisión de unos 10 mil fusiles. Las armas llegaron al Paraguay en 1927. Ese año, el general Schenoni había ido a Madrid, donde el encargado de Negocios del Paraguay era Juan E. O'Leary, para apurar el envío de las armas al Paraguay. El entonces jefe de Gobierno español, general Miguel Primo de Rivera, marqués de Estepa, ante el apremio paraguayo debido al incidente del Fortín Sorpresa donde fuera muerto el teniente Adolfo Rojas Silva, ordenó a la fábrica de armas, situada en Oviedo, acelerar los trabajos.

Esos fusiles serían motejados más tarde de "mata paraguayos". El Ejército informó que reventaban y explotaban y que no servían más que para "matar paraguayos'. Dirigiéndose a Justo Pastor Benítez, Bozzano señalaba: "Tú sabes muy bien la alharaca que en el Congreso se hizo al respecto de estas armas".

A su vez, el coronel Arturo Bray expresa en el tomo II de sus MEMORIAS: "De todo ello se haría luego cuestión política pues por casualidad o por lo que fuera, las fallas del fusil español producíanse siempre en las unidades comandas ¡mera casualidad, por supuesto! por el entonces mayor Rafael Franco". Franco estaba acusado de ser un consuetudinario conspirador contra todo gobierno liberal (en aquel entonces corría la presidencia de José P Guggiari).

A Bozzano le llamó la atención que el Ejército no hiciera un estudio serio para detectar cuál era en realidad el problema de dichas armas (en depósito había 9.872 fusiles de fabricación española). La Dirección de Material de Guerra tenía solo cinco armeros pero ninguno era experto en reparar armas; solo se dedicaban a conservarlas.

La Dirección de los Arsenales decidió intervenir en el caso previo permiso del Ministerio de Guerra y Marina. Se hicieron unas pruebas, entre el 7 y el 12 de diciembre de 1931, con 10 fusiles españoles modelo 1927 tomados al azar de los cajones y dos fusiles Máuser 1908.

Arturo Bray afirmaría que el problema no era el fusil español sino la pólvora de los cartuchos adquiridos en Bélgica.

Las pruebas hechas por los técnicos de los Arsenales dirigidos por Bozzano, dieron como resultado que con dichas pólvora belga, de la marca CAULILLE, de las partidas adquiridas en 1928 para la movilización hecha en aquel año ante la inminencia de la guerra, las presiones excesivas eran capaces de hacer reventar cualquier fusil de cualquier fábrica de armas. Con dicha pólvora, durante las pruebas reventaron dos fusiles y una carabina provenientes de España, un fusil Máuser paraguayo de 1908 y un fusil Máuser argentino.

Analizadas en los laboratorios las pólvoras CAULILLE, se notó que estaban descompuestas; no hacían combustión gradual sino que deflagraban. No tenían ingredientes estabilizantes para el almacenamiento a largo plazo. Los proyectiles habían sido apilados bajo cualquier techo o depositados en el Chaco, donde se podía.

Pero pese a que la causa principal de que los fusiles reventaran fue la mala pólvora, las armas fabricadas en España tenían defectos. Esos fusiles no presentaban una buena terminación. De acuerdo con el informe de los Arsenales: "las recámaras no estaban levigadas; su campo estriado era regular pero corso; la precisión para el tiro era defectuosa". Pero ninguno de esos defectos podía ocasionar que el fusil reventara. Las pólvoras CAULILLE fueron retiradas de las unidades en un porcentaje mayor al 70% de su existencia total.

"La cuestión estaba pues en las pólvoras que bajo al apremiante atmósfera del año 1928 de Vanguardia fueron adquiridas como se podía, según se nos informó y Bélgica vendió esas pólvoras informando que eran para uso inmediato", especificaría el capitán José Bozzano.

En los Arsenales, se les reformó las recámaras a los fusiles españoles y a muchos de ellos se les cambiaron los cañones, utilizando una partida de 900 cañones que, como repuestos, habían sido adquiridos en el año 1908 y que se encontraban encajonados en la Dirección del Material de Guerra después de 20 años, según apuntaría luego Bozzano.

Hubo un informe a la fábrica española sobre los defectos detectados. Pero mientras se intercambiaban especificaciones estalló la guerra y los fusiles "mata paraguayos", tan vilipendiados por políticos y por militares como Rafael Franco, entraron en acción en Boquerón. Justamente el Regimiento 6 Boquerón, comandado por el mayor Arturo Bray, estuvo armado en gran medida con esos fusiles españoles modelo 1927.

Después ya entraron a operar en Yucra, Arce y Aliguatá. Que se sepa, esos fusiles jamás mataron a paraguayo alguno "y sí dieron cuenta de más de un boliviano", según apuntaba Bray.

 

 

 

LA LUCHA MODERNA

 

 

Al comenzar la guerra, ya con la jerarquía de capitán de Corbeta, José Bozzano era director de los Arsenales de Guerra y Marina, unidad de la que dependían además la Escuela de Especialidades, la Escuela de Chauffeurs (choferes), la Escuela de Radioperadores y la Estación Aeronaval.

El Capitán tenía exacta noción de la importancia de su papel en los Arsenales. Juzgaba que la Marina poseía la visión de lo que podría ocurrir. "Era indudable que las acciones no se desarrollarían únicamente con bayonetas, sables, caballos y lanzas. La lucha sería moderna", afirmaba.

Ponía de resalto:

"El enemigo nos trajo una guerra en la que el material, en todas sus formas, constituía el factor decisivo. Aquella fue la primera guerra, en todas las Américas, donde las comunicaciones, el transporte mecánico, la aviación, la radio, el tanque, el lanzallamas y las minas entraban en acción como consecuencia de la mecánica industrial."

Destacaba además lo fundamental que resultarían los medios de transporte, las máquinas automáticas, la criptografía, los teléfonos los telégrafos, el personal técnico, los servicios técnicos de retaguardia, los campos de aterrizaje, la aviación naval. "Por sobre todas las cosas, el dominio seguro, incontrastable del río Paraguay debía ser un elemento básico de la lucha", decía.

Para él, la dominación del río Paraguay era un factor innegociable. Por ello mismo, muchos años antes de la guerra ya había pensado en los cañoneros. Estos, durante toda la contienda, imperaron en la vía fluvial y fueron los transportes inquebrantables de tropas y elementos. Hubo gente que adujo que el armamento de ambos cañoneros era excesivo.

Por ejemplo, el coronel Arturo Bray, en el tomo II de sus Memorias Armas y letras señalaba:

"...costaba comprender la necesidad de adquirir naves tan poderosamente anilladas, incluso dotadas de dispositivos para sembrar minas, pues era obvio que Bolivia no estaba en condiciones de disputarnos el dominio del río Paraguay, ya que no contaba con un solo barco armado de guerra. Verdad es que nuestros cañoneros prestaron calificados servicios en la guerra para el transporte de tropas entre Asunción y el teatro de operaciones; pero por el precio de esos dos barcos, hubiéramos podido adquirir cuatro o cinco buques de transportes, armados -en último caso- con artillería antiaérea."

Lo que Bray no sabía era que Bozzano, al diseñar tal tremenda artillería, había previsto la posibilidad (que no se llegó a cumplir) de que Brasil ayudara a Bolivia facilitándole buques de guerra con los cuales los bolivianos podían intentar una aventura en el río Paraguay.

Por otra parte, existen testimonios de soldados que fueron transportados en los cañoneros al Chaco en cuanto a la seguridad absoluta que sentían en cada viaje. Navegaban con la certeza de que ante un eventual ataque boliviano por aire o por agua, serían defendidos con ventajas por esos cañones magníficos desde el punto de vista bélico.

A criterio de Bozzano, el Ejército no se preocupó por los preparativos técnicos ni tecnológicos, más allá de las armas que requería. De ahí que recaería sobre la Marina (y sobre Bozzano, sobre todo) el factor decisivo del mantenimiento (y en algunos casos creación) de los "fierros”.

El Ejército disponía de una Dirección del Material de Guerra que según Bozzano era nada más que un almacén, el depósito de material y de municiones.

Apuntaba en sus memorias el Capitán:

"Los Arsenales de Marina, en estado embrionario, fueron denominados de Guerra y Marina. El Ejército nada tenía de similar. Es decir, el Ejército se presentó a la acción sin ningún servicio de manutención de su equipo. No tenía un Departamento o Sección, denominándolo como se creyere conveniente, de municionamiento del Ejército de línea."

 

 

COMIENZA LA ACCIÓN

 

Un factor crucial durante toda la guerra sería el transporte en el Chaco. Los camiones, que debían transitar en un hábitat en el que no había un solo camino adecuado para esas máquinas.

En un primer momento, aún bajo la presidencia de José P Guggiari, el Gobierno adquirió 100 camiones a los cuales se les debían acoplar las respectivas carrocerías que respondían a un prototipo diseñado en los Arsenales.

La primera carrocería con su correspondiente cabina demandó siete hombres y siete días. Pocos meses después, para mediados de 1933, los Arsenales fabricaban cinco carrocerías por hora.

A mediados de 1932 comenzó el embarque de soldados rumbo al frente. Esos primeros embarques se hicieron frente a la playa de los Arsenales. Se evitó utilizar el puerto de Asunción por temor a los espías bolivianos, que los había en Asunción.

La playa frente a los Arsenales no reunía las condiciones para la tarea de embarcar a tantos hombres. Entonces, la Marina de Guerra se encargó de buscar a los espías para desbaratar los informes subrepticios sobre movimientos de tropa paraguaya a Bolivia. Cayeron tres extranjeros: un doctor Mas, de la Sanidad Militar; el capitán Lafrenz, que operaba en la Aviación, y un dibujante técnico de apellido Rembela, emboscado nada menos que en los Arsenales de Guerra y Marina.

Una vez apresados éstos, ya se pudo embarcar en el puerto asunceno sin el peligro de los espías.

Otro de los graves problemas para poner a punto 0 reparar armas lo constituía el control de la Liga de las Naciones (la actual Organización de las Naciones Unidas, ONU), que monitoreaba estrictamente a las fábricas exportadoras de material bélico. Para más, pesaba una interdicción sobre las fábricas alemanas por el Tratado de Versalles, y por ende la MAUSER WERKE OBERNDORF WAFFENSYSTEME GMBH, de Alemania, que había fabricado gran parte de los fusiles con que contaba el ejército paraguayo, no podía exportar material. Eso implicaba una dificultad extrema para el mantenimiento y la reparación de los fusiles Mauser y otros fusiles adaptados a las características de dicha arma germana.

Sin embargo para abril de 19331a Sección Armamentos de los Arsenales disponía ya de un abundante y preciso material de vitolas, calibres, contracalibres para el campo estriado, alzas, recámaras y cerrojos para atender y reparar fusiles.

Bozzano registraría luego en REMINISCENCIAS: "Todo este instrumental fue adquirido de la Mauser Werke. A pesar del Tratado de Versalles y de la interdicción de la Liga de las Naciones, la Casa Ferreira (N. del R.: de don Manuel Ferreira) de Asunción fue capaz de obtener ese instrumental. Llegó desde Polonia (Danzing) como implemento agrícola".

Apuntaba también Bozzano que con ese equipo se pusieron a punto miles de fusiles paraguayos y muchos más bolivianos que durante la contienda se estropeaban, rompían o llegaban destrozados "e impregnados de sangre y algunos con trozos de piel pegados a sus culatas".

 

 

LAS CÉLEBRES KARUMBE’I

 

Bozzano, tras analizar el desarrollo de varias batallas ya libradas en el Chaco, llegó a la conclusión de que las granadas de mano eran esenciales. La granada de mano ofensiva era un elemento fundamental para la defensa de la trinchera, mientras la granada defensiva lo era para las patrullas.

Entonces, ordenó que se trabajara, bajo su supervisión directa, en un proyecto para diseñar una granada de mano que se pudiera fabricar en el Paraguay. En eso trabajaron eminentes ingenieros químicos paraguayos, como Gustavo Crovato, miembro fundador de la Sociedad Científica de Paraguay y quien en ese entonces ejercía como Intendente Municipal de Asunción (1 de setiembre de 1932 al 20 de febrero de 1936), cargo en el que había sucedido al doctor Bruno Guggiari.

Otro ingeniero químico que trabajó en el diseño de la granada de mano paraguaya, conocida luego como el Karumbe’i (tortuguita, en idioma guaraní), fue Ricardo

Boettner Gautier, hijo de alemán y de francesa, hermano menor de Juan Max, y doctorado en Química por la Universidad de Múnich, Alemania.

Un tercer protagonista de esta investigación en la búsqueda de diseñar una granada de mano genuina fue el ingeniero químico Zimowsky. El diseño del arma lo realizaron técnicos mecánicos mientras el Gabinete Técnico de la Dirección de los Arsenales se encargó de la producción en serie.

El primer día, tras una jornada de trabajo de 16 horas, se terminaron de confeccionar 30 granadas de mano. Para la segunda batalla de Nanawa, de12 a16 de julio de 1933, los Arsenales producían 160 granadas por hora. Bozzano se conmovía al proclamar:

"Vibraba el Arsenal y no dio paz en las 24 horas del día, ni en los días semanales ni en los meses anuales. Éramos el alma de la raza en acción. Era la guerra del material."

A la par del trabajo de los Arsenales, se movilizaron los talleres de los astilleros privados: Cusmanich, Venzano, Mayor, Arestivo, Bozzano, Sapucay, Puerto Pinasco y los Talleres de Casado.

Bolivia importaba de Bélgica las granadas SIP que tenían un precio (traducido en moneda paraguaya de entonces) de 300 pesos por granada. El Karumbe’i, que explotaba y fragmentaba mucho mejor que su "colega belga", le costaba al Estado paraguayo 12 pesos por unidad.

Su fabricación fue un alarde de ingenio de parte del personal de los Arsenales de Guerra y Marina, ante el hecho de que no se podía importar insumo alguno, especialmente los explosivos.

El Karumbe’i, sumamente apreciado por los soldados paraguayos dada su efectividad tanto en ataque como en defensa, fue otro prodigioso material creado por los Arsenales de Bozzano para librar con éxito ésa que fue la "guerra del material".

 

 

OTROS SERVICIOS DE LOS ARSENALES

 

La Marina organizó el servicio criptográfico para la Nación. En el segundo semestre del año 1931, se puso a cargo de los Arsenales el contralor total del sistema de transmisiones y la Unidad organizó, entonces, la formación de criptógrafos.

Correspondió a oficiales navales conseguir en Europa, por cualquier medio, una máquina de cifrar y descifrar de una potencia europea. Los Arsenales terminaron construyendo 18 máquinas -y más tarde otras 10 más complejas- para el Ministerio de Relaciones Exteriores.

Otra de las contribuciones de los Arsenales fue la organización del transporte automotriz en la retaguardia del Ejército del Chaco

Bozzano recuerda que el tifus, el paludismo, la disentería, el escorbuto, la desnutrición, la fatiga mental y el cansancio demandaban tantas cosas y entre ellas, camillas, las conocidas parihuelas.

Los Arsenales suministraron 4.300 camillas de tubos de hierro o de madera. Fabricaron y proveyeron camas, estufas, autoclaves "y hasta fresas para trepanar cerebros a indicación del coronel de Sanidad Dr. Masi", según Bozzano.

Otro singular aporte brindado por el genio y el ingenio prevalecientes en los Arsenales de Guerra y Marina durante el conflicto del Chaco fue la fabricación de bombas para los bombarderos POTEZ. El Paraguay no las tenía al comienzo de la guerra y tampoco poseía la materia prima para fabricarlas, debido el celoso bloqueo de la Liga de las Naciones.

Sin embargo, se apeló a la iniciativa excepcional de los técnicos, que utilizaron elementos extraídos de otras armas. La Sección Explosivos de los Arsenales resolvió la parte balística, mientras el Gabinete Técnico solucionó el tema mecánico. Ayudaron los talleres de Venzano y Cusmanich. En total, se llegaron a fabricar -apelando a prodigios técnicos, prácticamente de la nada- más de 2.000 bombas de aviación.

Con esto, los Arsenales de Guerra y Marina hicieron ahorrar a la Nación unos 3.000.000 de francos suizos, o sus equivalente, entonces, 200.000 mil dólares americanos. Rememora Bozzano:

"Y entonces, al estar aturdidos por ese pandemonio durante tantos días sin cesar, sin relevos, puede ser que muchos, forzando un poco sus molleras, lleguen a entender algo de algo de la intensidad, del esfuerzo de los hombres que trabajaron en los Arsenales. Éramos soldados y cumplimos con la orden máxima de defender a la Nación de una, quizá, inexorable derrota."

Y como si no tuviera todo el trabajo que tenía en los Arsenales, el Gobierno, por decreto número 46.665 del 7 de marzo de 1933, lo nombró a Bozzano Director General de la Aviación Militar "sin perjuicio de sus funciones como Director de los Arsenales de Guerra y Marina".

 

 

LA CRUZ DEL CHACO

 

Apenas finalizada la guerra, en julio de 1935 el propio Presidente de la Victoria, doctor Eusebio Ayala, impuso al capitán José Bozzano la condecoración Cruz del Chaco. La citación señalaba:

"Soldado disciplinado, modeló las aristas de su personalidad técnico-profesional en centros extranjeros de enseñanza. Le caracteriza un singular apego a la responsabilidad y una indeclinable decisión de servir bien a la Patria. Le sorprendió la guerra en la Dirección de los Arsenales de Guerra y Marina. Más tarde tuvo que confiársele la Dirección del Material de Guerra y la Dirección General de Aviación. Esta pluralidad de funciones no amenguó el coeficiente elevado de eficiencia en los distintos servicios. Ponderable energía, gran capacidad de trabajo, inteligencia bien cultivada y de frutos óptimos son las cualidades sobresalientes de este abnegado servidor de la Patria que se empeña en los distintos cargos citados a dar el máximo de beneficio y que a criterio de la Superioridad se desempeña en forma digna y encomiable. Con justo título cabe señalarlo como uno de los más auténticos obreros de la victoria."

Bozzano recibió la medalla rodeado de su esposa, su padre, su madre y sus hijos. El comandante de los Arsenales contuvo la emoción, mas no lo pudieron hacer los suyos, incluyendo los miles de duros soldados que forjaron en esos Arsenales "el material" con que munieron a los combatientes del frente.

El 13 de setiembre del 35, el comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, general José Félix Estigarribia, visitó por primera vez los Arsenales y dejó unas palabras para la historia:

"Soldados que defendisteis la Patria desde los Arsenales de Guerra y Marina, vuestras labores durante la campaña fueron dignas de Vulcano y de los cantos de Hornero. Yo vengo para expresaron conmovido los agradecimientos del Ejército del Chaco por la colaboración patriótica y eficiente en el sacrificio común. Y vengo a proclamar aquí vuestra parte brillante en la gloria nacional (...) Observadores superficiales del esfuerzo enorme realizado en estos talleres pueden fácilmente atribuir a un milagro, a algo sobrehumano lo que aquí se ha elaborado paciente y patrióticamente. Yo veo, sin embargo, después de recorrer complacido estos talleres donde forjasteis el hierro que salvó a la Patria, que esta obra es sencillamente una obra humana porque ha tenido la única dirección digna de vuestro patriotismo inmenso; esta obra maravillosa, soldados, se debe a la inteligencia superior de un hombre extraordinario, se debe al patriotismo, al genio constructivo del Capitán Bozzano."

Bozzano reflexionaría después: "Heroica fue la actuación del guerreo en el Chaco, en la Marina y en la Aviación, y fue heroica y estoica la de los hombres de los Arsenales".

 

 

XII. DESPUÉS DE LA GUERRA

 

EL HÉROE HUMILLADO

 

Después de la guerra del Chaco, el capitán José Bozzano continuó siendo Director de los Arsenales de Guerra y Marina, hasta que e122 de febrero de 1936, dos días después de que asumiera como presidente de la República el coronel Rafael Franco tras el golpe de estado del 17 de febrero de dicho año, por Orden General N-° 9 quedó a disposición del Comando en Jefe de las Fuerzas Armadas, cargo que ejercía el conductor del golpe de febrero, coronel Federico Wenman Smith.

Smith, tras el triunfo del golpe dirigido por él contra el desgastado régimen liberal, pretendió imponer como presidente de la República al general Manlio Schenoni, respetado maestro de toda la camada militar que hizo la guerra del Chaco. Sin embargo, la Liga Nacional Independiente, que había sido fundada por Adriano bala y que estaba liderada entonces por Juan Stefanich, hizo una fuerte campaña que culminó con la designación del coronel Rafael Franco, quien en el tiempo del alzamiento militar se hallaba exiliado en Montevideo. Vendría al Paraguay para asumir su nueva e inesperada condición de presidente de la República, a bordo de un avión del diario argentino CRÍTICA, propiedad del periodista de origen uruguayo Natalio Botana.

Bozzano fue apresado, conducido a la sede de la Policía Militar, en un edificio de la calle Coronel Bogado y Tacuary (frente a la iglesia de San Roque) para poco después ser enviado preso al campo de concentración de Peña Hermosa. Bozzano era institucionalista y no se había plegado al levantamiento militar.

Con Bozzano, entre otros, también "viajaron' a Peña Hermosa por orden de Rafael Franco, el teniente coronel Ramón L. Paredes -héroe del Chaco, condecorado con la Cruz del Chaco, la Cruz del Defensor y la Medalla de Boquerón-, el teniente coronel Raimundo Rolón, el coronel Alfredo Ramos -comandante del mítico Regimiento de Caballería Valois Rivarola en la Guerra; Cruz del Chaco, Cruz del Defensor, Medalla de Boquerón-, el coronel Paulino Ántola -Cruz del Chaco, Cruz del Defensor, Medalla de Boquerón -, el mayor Amando Pampliega - condecorado con la Cruz del Chaco, la Cruz del Defensor, la Medalla de Boquerón-, teniente coronel Atilio Benítez -comandante del célebre RI 14 Cerro Corá en la guerra; Cruz del Defensor y Cruz del Chaco-, capitán Rufino Benítez -el compañero de Bozzano en la travesía con los cañoneros desde Génova- y Mutshuito Villasboa.

Lamentablemente, el coronel Rafael Franco mancilló su gloria militar y su conducta humana humillando de manera gratuita a tantos héroes de la guerra. Aunque a él también lo perseguirían con una malevolencia a la que respondería con la estoica entereza que lo caracterizó siempre, aún en medio de sus errores políticos.

Tras hacer apresar al general José Félix Estigarribia, por ejemplo, en el casi paroxismo de una intención de apocar y deshonrar al adversario, le hizo poner como guardián a un prisionero boliviano, de acuerdo con el testimonio del general Pampliega, capturado junto con Estigarribia.

En la noche del 27 de febrero de 1936, los militares citados, encerrado en la sede de la Policía Militar, fueron llevados, por orden de Franco, a un paraje denominado Cure Cua, en los bajos del Hospital de Clínicas, para ser embarcados en una chata que era utilizada para transporte de animales y que pertenecía a la firma CARLOS CASADO. "El olor a bordo era nauseabundo y nos dimos más de un resbalón en los excrementos de los anteriores pasajeros", recordaría luego el general Amando Pampliega en su libro Fusil AL HOMBRO.

El viaje de los prisioneros hacia Peña Hermosa fue penoso. Según el relato de Pampliega:

"La chata era tremendamente incómoda. La chapa de zinc del techo convertía el sitio en un horno. (...). La temperatura habrá rondado los 40 grados y solamente nuestra juventud nos permitía soportarla. Pero algunos de los nuestros como Bozzano y Martínez, por ser más entrados en edad, parecían más agobiados, aunque no lo hicieron notar".

Los comandantes Antonio E. González y Vicente Machuca, adherentes del golpe del 17 de febrero, increparon a Franco por haber hecho sufrir a sus camaradas. Sin embargo, el Presidente no cambió de parecer.

En una carta fechada en Peña Hermosa, e14 de marzo de 1936, la primera que escribió Bozzano desde esa prisión a Virginia, a su esposa, el capitán señalaba:

"Para mí, esa chata llena de estiércol y de restos de alfalfa y detritus de alimentos para bestias me pareció durante todo el largo y callado viaje, un sarcófago de mis ilusiones militares para una nación que era mi Patria. ¡Cuánta injusticia y barbarismo hay en todo esto! ¡Cuánto de incultura, de odio, de diatriba en la actitud de unos inconscientes que al embadurnar el porvenir de la Patria, ensañábanse tan cobardemente conmigo. Mi delito máximo fue ser leal y haber salvado a mi patria de ser vencida por Bolivia en la guerra que fue".

La muerte de don Giuseppe Bozzano hizo que le permitieran a su hijo dejar el campo de concentración de Peña Hermosa, al que ya no volvió. Además, la presión del propio entorno militar de Franco hizo que éste hiciera retornar a los prisioneros desde aquel no muy amable lugar para que quedaran detenidos en Asunción. Algunos de ellos tuvieron prisión domiciliaria bajo estricta vigilancia.

En una carta fechada en Buenos Aires el 11 de abril de 1936, Efraím Cardozo le decía a su hermana Virginia, esposa de Bozzano:

"Menos mal que a Bozzano lo tienes ahora en Asunción, y no en Peña Hermosa pasando hambre y frío. Supongo que no lo mantendrán incomunicado y que podrás verte con él todos los días. Dile que no le escribo porque cuanto lo que quiero escribirle no es de aquello que pueda pasar por la censura.

Aquí (en Buenos Aires) nadie comprende la prisión de Bozzano, menos aún que la de Ayala y Estigarribia quienes, a pesar de todos sus méritos, por las posiciones que ocuparon y los difíciles problemas que tuvieron que afrontar, bien pudieron crearse enemigos. Pero Bozzano, que jamás hizo política, que no tuvo otra preocupación que servir al país, ¿de qué se le puede acusar? ¿Cuál es el delito que hoy expía? Es lo que se preguntan todos y nadie puede responder".

El 13 de agosto de 1937 otro golpe militar derrocó al gobierno del coronel Rafael Franco. Los militares, encabezados por el teniente coronel Ramón L. Paredes y el mayor Dámaso Sosa Valdez, decidieron que un civil debía ser el Presidente y optaron por el doctor Félix Paiva, hombre muy respetado y decano de la Facultad de Derecho.

Con Paiva llegó la reivindicación del capitán José Bozzano, quien ocupó sucesivamente los cargos de Intendente municipal de Asunción, Ministro de Guerra y Marina y Ministro de Economía, durante ese gobierno, que duró hasta la asunción del presidente José Félix Estigarribia, el 15 de agosto de 1939,

 

BOZZANO Y LA MUERTE DE ESTIGARRIBIA

 

El 7 de setiembre de 1940 ocurrió la tragedia que les costó la vida al presidente de la República, general José Félix Estigarribia; a su esposa, Julia Miranda Cueto de Estigarribia, y al piloto aviador militar, héroe del Chaco, Carmelo Peralta. El avión en que se trasladaba la pareja presidencial rumbo a San Bernardino, capotó en las inmediaciones de Altos.

Siendo éste un país en el que se sospecha de todo y de todos, en algunos sectores comenzó a hablarse de la posibilidad de que la muerte de Estigarribia no hubiera sido accidental sino que habría respondido a un atentado.

Sin embargo surgiría un estudio técnico muy serio hecho por el propio capitán José Bozzano, el hombre más idóneo para hacerlo, amigo y admirador de Estigarribia y hombre de insospechada moral, que explicó acabadamente las circunstancias del suceso.

Pero antes del testimonio de Bozzano es importante recordar las aseveraciones del capitán de Fragata Víctor Urbieta Rojas, en aquel tiempo responsable de la Aeronáutica. El mismo sostuvo, en una entrevista brindada a Alfredo Seiferheld, que el viernes 6 de setiembre, con previa autorización del presidente Estigarribia, el avión BREDA que éste solía utilizar para sus desplazamientos, fue destinado al Chaco para traer a un soldado herido.

Urbieta Rojas pensó que el Presidente no viajaría ese fin de semana. Sin embargo, para su sorpresa, ese mismo viernes a la tarde el edecán militar del Jefe de Estado, mayor Raúl Fernández Decamilli, le comunicó que Estigarribia iría al día siguiente a San Bernardino y que pedía le prepararan su avión. Ante esto, Urbieta Rojas ordenó el regreso de la nave desde el Chaco. La máquina salió de López de Filippis alrededor de las 16. Debido a la bruma existente, el piloto, capitán Enrique Dentice, decidió aterrizar en Pinasco para pasar la noche, dado que no quería llegar a Asunción en plena oscuridad. Al día siguiente, sábado 7 de setiembre, el BREDA emprendió vuelo y volvió a aterrizar, esta vez en Concepción, para cargar combustible con miras a continuar hacia Asunción.

Esa mañana Estigarribia llegó a la aero-base de Ñu Guazú acompañado de su esposa y de su edecán. A1 no haber regresado aún su avión, le ordenó a Urbieta Rojas que le preparara otro pues el viaje sería muy corto. Urbieta Rojas le rogó al Presidente que esperara 40 minutos pues el BREDA ya estaba en camino de regreso. Estigarribia insistió en que le proporcionara otro transporte aéreo.

Ante esto, Urbieta Rojas hizo disponer un POTEZ "recientemente sometido a reparación general y que el día anterior y el mismo día sábado fuera probado en vuelo y dado de alta". En un primer momento, el propio Urbieta Rojas decidió pilotar el avión pero al final se lo dejó a Carmelo Peralta, quien volaba generalmente con esa nave.

Ese avión debió haber conducido esa mañana de sábado al capitán José Bozzano al Fortín Nuevo Pilcomayo, donde debía encontrarse con el general argentino Baldomero de Biedma y el teniente general boliviano Aguirre, con el fin de fijar detalles del hito de Pozo Hondo o Esmeralda y otros trabajos, en el Segundo Sector del Pilcomayo.

Pero en la tarde del viernes el presidente Estigarribia le había ordenado a Bozzano que le presentara el lunes "a primera hora" un informe por escrito sobre el trabajo que estaba haciendo en la actividad demarcadora de límites en la zona del Pilcomayo. Ante esto, Bozzano decidió posponer el viaje que ya tenía pensado hacer.

Cuando se suspendido ese viaje del Potez, Bozzano le pidió a Urbieta Rojas que Carmelo Peralta hiciera con su POTEZ "5 corridas" entre las verticales de los puntos astronómicos de Lambaré y el Parque Carlos Antonio López, con miras a "determinar la variación de la brújula ', pues esos datos le servirían a Bozzano para hacer "la curva de las variaciones magnéticas de las brújulas" del POTEZ. Este avión había estado en un proceso de reparación, justamente a cargo de Bozzano, en los Arsenales.

Entre las 10 y las 11 de la mañana de ese sábado, el POTEZ de Peralta estuvo haciendo los vuelos solicitados que pasaban justamente por encima de la casa de Bozzano, quien controlaba los movimientos de la aeronave. A las 12, este avión levantaría vuelo hacia el infortunio.

Después de la tragedia, el Estado Mayor solicitó al Centro Paraguayo de Ingenieros que investigara las causas técnicas de la misma. Intervinieron en el análisis, además del ingeniero y arquitecto aeronaval José Bozzano, el ingeniero Pablo Daumas Ladouce, el doctor en ingeniería Krisvosheim y los entonces estudiantes de ingeniería Pastor Gómez y Bedoya.

El resultado de la pericia decía: "Cristalización del acero del año 1926; histéresis, cansancio o fatiga por sincronización de vibraciones y la clásica y fatal rotura del cigüeñal en la base del cono de la hélice".

Agregaba Bozzano en sus MEMORIAS que mucho se conjeturó al respecto "de este accidente fatídico" y que incluso "se describieron actos de sabotaje imaginarios". Sin embargo, el Centro Paraguayo de Ingenieros, a su criterio, "puso las cosas en su lugar".

Bozzano era amigo y admirador de Estigarribia. Además de ser un experto tecnológico, era un hombre de una honestidad incontestable.

 

EL EXILIO, EL REGRESO Y EL FINAL

 

A la muerte de Estigarribia, asumió como presidente provisional de la República el general Higinio Morínigo, designado por sus camaradas militares para hacerse cargo de Poder Ejecutivo por unos " 2 0 3 meses" para llamar luego a unas nuevas elecciones. Sin embargo, Morínigo se instaló en el poder con fuerza e instauró una dictadura con fachada institucional.

Pese a que el nuevo hombre en el poder conocía sobradamente a Bozzano, éste comenzó a sentir un persistente hostigamiento y una persecución que le dificultaba incluso su trabajo particular en el astillero familiar.

En 1945, Bozzano decidió irse del país. Fue contratado en el Uruguay para trabajar en su profesión de arquitecto e ingeniero naval.

En Montevideo fue designado Director del Departamento Naval del Astillero Carmelo, perteneciente a la firma uruguaya METALÚRGICA Y DIQUES FLOTANTES S. A. (MDF). Su labor fue destacada en todos los sentidos. La página web Historia y Arqueología Marítima señala, al referirse al citado Astillero:

"Pero sin duda lo más destacable y novedoso fue que se construyeran en serie, utilizando soldadura al arco eléctrico, seis buques de 1.000 toneladas denominados 'Motonaves P20C'. Además eran los únicos buques -por esta región provistos de grúas mecánicas para la carga y descarga de las mercaderías. El diseño de estos barcos de cabotaje fue realizado por la firma estadounidense Cox y Stevens, y adaptado por el Ing. José Bozzano, con la aprobación de la más alta calificación del Lloyd's Register of Shipping".

 

Según el diario EL PLATA de Montevideo, cuando botaron el buque PRESIDENTE BERRETA, construido en el Astillero Carmelo bajo la dirección de Bozzano, en octubre de 1947, el representante de la LLOYD'S REGISTER OFF SHIPPING -la máxima autoridad en registros de embarcaciones en el mundo en aquel entonces-, William Reinie, alabando la nueva embarcación expresó:

"Los materiales empleados y la mano de obra son del estándar más elevados y a mi entera satisfacción. Gran crédito y merecidas felicitaciones son para el señor ingeniero don José Bozzano, director del Departamento Naval, y al personal a sus órdenes".

En mayo de 1947, en plena guerra civil en el Paraguay, los cañoneros HUMAITÁ y PARAGUAY, unidos a las fuerzas rebeldes como toda la Marina paraguaya, salieron de Buenos Aires rumbo a Asunción pero sufrieron desperfectos en aguas jurisdiccionales argentinas frente al puerto uruguayo de Carmelo, ahí donde estaba el Astillero dirigido por Bozzano. No hay referencias indubitables de si ese reencuentro entre Bozzano y sus cañoneros fue casual o premeditado.

La turbina del cañonero Paraguay fue reparada por Bozzano en el astillero de la MDF en Carmelo. Esto originó una nota de protesta del gobierno del general Morínigo ante su par del Uruguay, presidido entonces por Tomás Berreta. Dicha protesta iba acompañada por un largo memorando en el que se describía todo el apoyo que recibían los cañoneros, tanto en servicios técnicos como en provisión de armas y víveres, desde el astillero uruguayo del cual Bozzano era director. En la nota se acusaba también al capitán de Fragata de la Marina uruguaya Francisco Risso de colaborar con Bozzano para efectuar los suministros a los cañoneros.

En represalia a esta ayuda de Bozzano a "sus" cañoneros, los pynandí colorados que actuaban a las órdenes de Higinio Morínigo ametrallaban periódicamente la casa del Marino, donde vivía su familia. El amedrentarniento desde entonces fue constante. Doña Virginia Cardozo de Bozzano colocaba colchones detrás de las puertas y las ventanas para proteger a sus hijos de los disparos.

El 18 de setiembre de 1947, por decreto número 22.128, se le dio de baja absoluta y se le canceló su situación de militar retirado al capitán Bozzano.

Pero así como alguna vez terminó el gobierno de Rafael Franco que había sido un suplicio (absolutamente gratuito) para él, acabó también la dictadura de Higinio Morínigo.

El capitán José Bozzano regresó al Paraguay en 1950. Se dispuso a colaborar con sus hermanos Humberto y Ubaldo, quienes dirigían el Astillero Bozzano.

El primer local de dicho astillero, en Montevideo y Playa, se había incendiado. Luego de ello la empresa se mudó al barrio Varadero, en las inmediaciones del Hospital de Clínicas. Bozzano se dedicó también a la docencia, que fue otra de sus pasiones.

En 1963, gracias a la intermediación del general Germán Martínez, por decreto número 30.636 del 14 de agosto de dicho año, logró recuperar su condición militar y le acordaron el retiro temporal.

Con esto, un siguiente decreto, del 22 de octubre de 1963, le asignaba un haber de retiro de 20.300 guaraníes. A él no le importaba mucho el dinero sino la recuperación de su dignidad como soldado que había cumplido con su deber y que precisaba de un reconocimiento, sobre todo moral.

Veterano de tantos tiempos de angustia, el capitán Bozzano se impuso a sí mismo, tras todas las vicisitudes experimentadas, una vida serena, sin mayores sobresaltos. Convivía con sus eternos diseños navales, con sus libros, con sus discos. Enternecida por la visión en la mente, su hija Virginia lo recuerda tocando al piano, en medio de una sobrecogedora penumbra, los sones de El conde de Luxemburgo.

Compañero complaciente de sus nietos, su nieta María Lourdes Llamosas Bozzano tiene nítido en la memoria aquel 20 de julio de 1969, cuando sentados todos al lado del abuelo rodeaban la radio de onda corta que iba transmitiendo en inglés la llegada del hombre a la Luna. El Capitán de recio porte, cuya voz imperativa y estentórea retumbara antes en los Arsenales de Guerra y Marina exigiendo más ímpetu y vigor en la producción de los fierros de la guerra, les iba traduciendo apaciblemente lo que el locutor narraba.

Poco tiempo después, un cáncer de páncreas le galoparía el cuerpo para llevarlo al campo de las leyendas eternas.

José Alfredo Bozzano Baglieto, el Capitán, el creador de los cañoneros, el Héroe de los Arsenales, el Jefe de los Héroes de los Arsenales, el máster en ingeniería y arquitectura naval del MIT, el piloto naval de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos de América, el Genio constructor de barcos, el visionario que se preparó para la guerra del material, el hombre que nunca entendió de odios ni revanchas; Bozzano en la voz de los guerreros, "Pepito" en la voz de Virginia Cardozo, compañera de tristezas y alegrías, murió en el Sanatorio Español el 14 de diciembre de 1969.

 

CAPITÁN JOSÉ BOZZANO.

Firme, Señor.

 

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ABC COLOR. Miércoles 20 de abril de 1983.

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La TRIBUNA. Domingo 2 de febrero de 1969.

ULTIMA Hora. Suplemento cultural El Correo Semanal. 25 de enero de 1992.

 

FUENTES DIGITALES

Italia para todos http://www.italiaparatodos.com/conozca.php?start=5

 

Vicente Almados Almoacid http://earlyaviators.com/ealmona2.htm

 

Blog de las Fuerzas de Defensa de la República Argentina

http://fdra.blogspot.com/2011/01/armadas-armadaparaguaya.html

 

Historia y Arqueología Marítima

http://www.histarmar.com.ar/InfHistorica-2/AstCarmeloNDF-1.htm

 

 

 

 

ARTÍCULOS PUBLICADOS EN EL DIARIO ABC COLOR REFERENTES AL LIBRO: JOSÉ BOZZANO Y LA GUERRA DEL MATERIAL

 

Inédita foto del cañonero Paraguay,

tomada el 2 de febrero de 1931 mientras hacía pruebas de mar.

 

REAVIVAN MEMORIA DE JOSÉ BOZZANO, UN HÉROE OLVIDADO

El libro, del mismo nombre, escrito por Bernardo Neri Farina, aparecerá con el ejemplar de ABC Color en el marco de la serie bibliográfica publicada por la editorial El Lector. El título completo de la obra es “José Bozzano y la guerra del material”.

 

El capitán de Marina José Bozzano, considerado por sus contemporáneos un “genio tecnológico de aquellos tiempos”, fue factor fundamental para la victoria paraguaya en la Guerra del Chaco.   

Ingeniero y arquitecto naval y aeronáutico recibido de tal en el paradigmático Massachussets Institute of Technology (MIT) y piloto naval de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos de América, José Bozzano fue el diseñador de los cañoneros Humaitá y Paraguay, los dos buques de guerra fluviales más modernos del mundo en su época.

Científico puro como era, mucho tiempo antes de que estallara la contienda contra Bolivia, supo que esa sería lo que él denominó “la guerra del material”.   

Al comenzar las operaciones bélicas, con la jerarquía de capitán de Corbeta, José Bozzano era director de los Arsenales de Guerra y Marina, unidad de la que dependían además la Escuela de Especialidades, la Escuela de Chauffeurs (choferes), la Escuela de Radioperadores y la Estación Aeronaval.   

El capitán tenía exacta noción de la importancia de su papel en los Arsenales. Juzgaba que la Marina poseía la visión de lo que podría ocurrir. “Era indudable que las acciones no se desarrollarían únicamente con bayonetas, sables, caballos y lanzas. La lucha sería moderna”, afirmaba.

Ponía de resalto que “el enemigo nos trajo una guerra en la que el material, en todas sus formas, constituía el factor decisivo. Aquella fue la primera guerra, en todas las Américas, donde las comunicaciones, el transporte mecánico, la aviación, la radio, el tanque, el lanzallamas y las minas entraban en acción como consecuencia de la mecánica industrial”. 

Destacaba además lo fundamental que resultarían los medios de transporte, las máquinas automáticas, la criptografía, los teléfonos, los telégrafos, el personal técnico, los servicios técnicos de retaguardia, los campos de aterrizaje, la aviación naval. “Por sobre todas las cosas –decía–, el dominio seguro, incontrastable del río Paraguay debía ser un elemento básico de la lucha”.   

Para él, la dominación del río Paraguay era un factor innegociable. Por ello mismo, muchos años antes de la guerra ya había pensado en los cañoneros. Estos, durante toda la contienda, imperaron en la vía fluvial y fueron los transportes inquebrantables de tropas y elementos.

3 de Mayo de 2011

Fuente digital: www.abc.com.py

 

“JOSE BOZZANO Y LA GUERRA DEL MATERIAL”, DE NERI FARINA

UN LIBRO QUE RESCATA A UNA GRAN PERSONALIDAD

“Este libro magníficamente escrito por Bernardo Neri Farina tiene el mérito de presentar la vida y la labor de un gran paraguayo, el capitán José Bozzano”, y mediante la obra “descubrimos aspectos desconocidos e inéditos de nuestro pasado”, señala el historiador Herib Caballero Campos, en el prólogo del volumen que aparecerá el domingo, con el ejemplar de ABC Color.

 

 

Capitán José Bozzano, uno de los más notables genios.

 

Este libro, cuyo título completo es “José Bozzano y la guerra del material”, es el número 10 de la Colección Protagonistas de la Historia, publicada por El Lector.   

Herib Caballero, quien es director de la mencionada Colección, recuerda en su prólogo que el capitán Bozzano es “un actor extremadamente importante, pero a la vez olvidado, para el logro de la victoria en la contienda Chaqueña”. El marino fue el diseñador de los cañoneros Humaitá y Paraguay, cuya construcción él mismo fiscalizó en Génova, Italia, y a la vez fue, durante la Guerra del Chaco, director de los Arsenales de Guerra y Marina.   

Bozzano fue uno de los pocos paraguayos que estudió en el Massachussets Institute of Technology, de los Estados Unidos. El MIT, como se lo conoce, es hasta la fecha uno de los centros más destacados en materia de enseñanza e investigación en el área de las ingenierías y la tecnología. Bozzano había sido enviado allá por el gobierno del doctor José P. Montero (1919-1920), quien asumió como presidente tras el súbito fallecimiento del jefe de Estado, doctor Manuel Franco, ocurrido el 5 de junio de 1919.   

El prologuista, al referirse al libro de Bernardo Neri Farina, expresa que “está muy bien escrito y sumamente documentado, además enriquecido con anécdotas provenientes de los propios apuntes del capitán Bozzano. El autor tiene la capacidad de recrear el ambiente social y cultural en el cual se desarrolló la vida del biografiado”.   

Bozzano había dejado una especie de diario en el que relató buena parte de lo que vivió en Europa, durante el cumplimiento de la misión que le había encomendado el presidente Eligio Ayala (1924-1928) para la construcción de los dos cañoneros. Ese documento de gran valía le fue proporcionado al autor de la obra por los descendientes del Capitán.   

En otro párrafo de su prólogo, Herib Caballero Campos afirma que el libro va aportando datos que hasta la fecha estaban inéditos al igual que varias fotografías en las que se pueden observar las pruebas realizadas por los cañoneros en Génova.   

“Por último –señala el prólogo– el libro nos permite observar otra faceta de la Guerra del Chaco, como muy bien lo describe el título de la obra, la guerra del material, ese material fundido, moldeado y fabricado en los Arsenales de la Marina ubicados en el Puerto Sajonia”.   

A continuación puntualiza Caballero Campos que este libro es un aporte más en la colección de El Lector.

4 de Mayo de 2011

Fuente digital: www.abc.com.py

 

 

PRESENTAN UN TRIBUTO A JOSÉ BOZZANO, UN GENIO TECNOLÓGICO

La Colección Protagonistas de la Historia, publicada por El Lector, presentará el domingo, con el ejemplar de ABC Color, su volumen número 10: “José Bozzano y la guerra del material”, escrito por Bernardo Neri Farina.

 

Este es el primer libro biográfico elaborado sobre quien Farina señala como “un genio tecnológico y un paradigma ético como hubo pocos en el Paraguay”.    


–En primer lugar, ¿por qué la biografía de José Bozzano?  

–Porque fue un paraguayo ejemplar, excepcional, fundamental para la victoria en el Chaco, al que la historia arrinconó en el olvido. Diría que fue un genio tecnológico y un paradigma ético como hubo pocos en el Paraguay.   

–¿Podría contarnos quién fue José Bozzano?   

–El capitán de navío José Bozzano (1895-1969), ingeniero y arquitecto naval e ingeniero aeronáutico por el célebre Massachusetts Institute of Technology de Cambridge, fue el hombre que diseñó y supervisó en Génova la construcción de los cañoneros Humaitá y Paraguay, los barcos de guerra fluviales más modernos de su época en el mundo; fue durante la Guerra del Chaco director de los Arsenales de Guerra y Marina, donde se forjaron los “fierros” que contribuyeron a ganar la contienda; fue el hombre que desplegó el concepto de que la del Chaco sería “la guerra del material” y actuó en consecuencia para apuntalar la labor de los combatientes. Pero habría que leer el libro completo para saber cuán grande fue Bozzano.   

–En el libro  nos pinta la Asunción de comienzos del siglo XX y los italianos en ese contexto. Usted muestra a un hijo de italianos que no duda en defender la causa paraguaya.   

–Bozzano fue hijo y nieto de italianos inmigrantes, pero siempre se sintió paraguayo. Con la capacidad intelectual y técnica que tenía, podría haber triunfado en cualquier país del mundo, pero él comprendió que su lugar era el Paraguay, que corría un grave riesgo ante una guerra latente ya desde finales del siglo XIX. El sabía íntimamente que podría contribuir, con otros grandes de aquel tiempo, a salvar al Paraguay.   

–¿Bozzano fue un técnico o un científico?   

–Indudablemente, fue un científico. Los cañoneros, por ejemplo, él no los diseñó solo en su arquitectura o en su estética, sino en todos sus complejos elementos: estructura, calado, velocidad, blindaje, comunicación, potencia y artillería. Para eso usó las ciencias físicas y matemáticas y también sus conocimientos de química. Los detalles de esos barcos causaron admiración en el almirantazgo inglés. Además, fue un técnico, si aplicamos la tercera acepción que le da el diccionario de la Real Academia al término técnico: “persona que posee los conocimientos especiales de una ciencia o un arte”.   

–¿Podría explicarnos cómo el capitán Bozzano ayudó a que se ganara esa guerra del material?  

–Bozzano era un hombre de enorme capacidad intelectual y un visionario. Como conocedor de los avances de la tecnología bélica en el mundo, sabía que en el Chaco no bastarían por sí solas la valentía del soldado
.

 

 

5 de Mayo de 2011

Fuente digital: www.abc.com.py

 

 

 

JOSE BOZZANO Y LA GUERRA DEL MATERIAL

UN LIBRO CON DATOS HISTÓRICOS INÉDITOS Y A LA VEZ EMOCIONANTES

 

En esta segunda parte de la entrevista mantenida con Bernardo Neri Farina sobre su libro “José Bozzano y la guerra del material”, el mismo narra cómo accedió a documentos inéditos sobre esta singular personalidad histórica. El libro aparecerá el domingo, con ABC Color, como parte de la Colección Protagonistas de la Historia, de El Lector.

 

 

Junio de 1930. Génova.

El podestá (prefecto) de la ciudad llega para el acto

de botadura del cañonero “Humaitá”.

 

–Tengo entendido que parte de la información utilizada en el libro es inédita, extraída del propio diario del capitán Bozzano.   

–Gracias a descendientes del capitán accedí a una documentación de riquísimo contenido hasta hoy inédito, que él elaboró a su retorno de Europa para narrar las peripecias vividas desde su partida hasta su retorno al mando de sus cañoneros. Un capítulo extraordinariamente revelador de su sagacidad e inteligencia es el relativo a cómo descubrió en Londres las compras de material bélico por parte de los bolivianos en Europa y cómo accedió a la lista completa de los armamentos adquiridos por el futuro enemigo. Hay también pasajes humanos conmovedores. Mientras escribía el libro, llegué a emocionarme en varios pasajes. Es que la vida de Bozzano fue auténticamente emocionante. Pero, pese a ello, traté de no perder la objetividad histórica en el relato.   

–¿Se puede afirmar que gracias a Bozzano y otros jefes se ganó la guerra?   

–Yo me animaría a decir que la guerra la ganó el pueblo paraguayo, unido como nunca (salvo algunas excepciones) ante la desgracia. Pero ese pueblo tuvo un conductor civil como Eusebio Ayala y un conductor militar que fue, sobre todo, un estratega brillante como Estigarribia. En el frente hubo jefes tremendos como Franco, Fernández, Ramos, Irrazábal y tantos otros. Y tras ellos, sirviendo en la retaguardia, el genio de Bozzano.   

–¿Qué ocurrió con el capitán Bozzano tras la guerra?   

–Como tantos héroes del Chaco, terminó preso y confinado en Peña Hermosa tras la revolución de 1936, sin nada que justificara este hecho pues Bozzano jamás fue político. En el gobierno de Félix Paiva fue reivindicado y ocupó cargos ministeriales tras ser intendente municipal de Asunción. Morínigo también lo persiguió tenazmente.   

 –Fue expulsado de las filas del ejército a consecuencia de la guerra civil de 1947.   

–Y conste que él se había ido del país en 1945 precisamente para eludir el hostigamiento de la dictadura del general Morínigo. Felizmente para él, en los años 60 fue reivindicado y le devolvieron la dignidad de militar retirado con sus haberes correspondientes.   

–¿Podría decirse que por su posición política fue olvidado en la historia paraguaya?  

– Primero, Bozzano no fue político; segundo, yo diría que la historia de la guerra se escribió más bien desde lo bélico, de lo que ocurría en el frente, y tras la contienda poco a poco fue olvidándose a la gente que trabajó de manera portentosa en la retaguardia. Incluso hubo políticos colorados que tuvieron una tarea ciclópea en los organismos de apoyo logístico sin que robaran una sola galleta que debía ser destinada a los soldados.   

–¿Cuál fue el principal desafío al escribir la biografía de un personaje olvidado pero tan importante para la historia del ejército, de la técnica, como el capitán Bozzano?   

–Traté de ser digno de semejante personalidad. Mostrar a Bozzano es como abrir la ventana para que entre un soplo de frescura a nuestra autoestima nacional. Cuando hoy vemos a tanta gente encumbrada en el poder que se caracteriza más por corrupta y cretina que por alguna virtud, es gratificante recordar que hubo un Bozzano sobresaliente, honesto y patriota. Un espléndido modelo de paraguayo.   

Bernardo Neri Farina es periodista y escritor.

6 de Mayo de 2011

Fuente digital: www.abc.com.py

 

 

 

 

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