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CARLOS ANTONIO HEYN SCHUPP


  LA PERSONALIDAD PATRIOTICA DEL MARISCAL ESTIGARRIBIA - Por CARLOS HEYN, SDB - Año 1993


LA PERSONALIDAD PATRIOTICA DEL MARISCAL ESTIGARRIBIA - Por CARLOS HEYN, SDB - Año 1993

LA PERSONALIDAD PATRIOTICA DEL MARISCAL ESTIGARRIBIA

Por CARLOS HEYN, SDB

Separata de HISTORIA PARAGUAYA

Anuario de Academia Paraguaya de la Historia

Director: Rafael Eladio Velázquez

Volumen XXXII – Asunción, 1993 (II)

 

 

Conferencia pronunciada en la Academia Paraguaya de la Historia,

en la recordación del centenario del nacimiento

del conductor paraguayo de la Guerra del Chaco.

 

         Vengo, señoras y señores, amigos todos, con humildad pero con mucha satisfacción a levantar la voz, en esta augusta sala en que el aura -siempre antigua y siempre nueva- de la Historia suele llenar nuestros espíritus, a fin de cumplir con el gratísimo propósito de honrar la memoria de un gran hombre de esta Patria Paraguaya, el Mariscal José Félix Estigarribia, no tanto con mis propias palabras cuanto repitiendo algunos de los conceptos que otros -más autorizados que yo- han vertido acerca de la singular personalidad plurifacética de este poliedro humano...

         En este año centenario de su nacimiento, y en vísperas! del glorioso día del 12 de junio, fecha sagrada del cese de la guerra victoriosa del Chaco, para mí como para todos Ustedes, ha de ser de honda gratificación el evocar las principales rasgos de esta figura prócer de nuestro pasado, de nuestro presente, de nuestro porvenir.

         Comenzaré, pues, leyendo una página de uno de los más eminentes ex-miembros de esta Academia, el Dr. Efraín Cardozo, uno de los abogados de la Paz del Chaco.

         "Hasta 1932 -dice- sólo de figuras contradictorias, llena de luces y de sombras, estaba hecha la historia paraguaya.   Los hombres cumbres del siglo XIX habían sido todos grandiosos, pero sombríos. Tuvieron la majestuosidad de la selva paraguaya, con su pujanza tropical y su belleza bravía, pero encerraban también en su seno insondables y misteriosos abismos, desde cuyo fondo se alzan hasta hoy coros de lamentaciones y de anatemas. Vivieron dominados por la pasión fanática y violenta del amor a la patria, pero también por muchas otras no menos fanáticas y no menos violentas. Actuaron sin freno y fuera de todo cartabón moral. No les interesó el aplauso o la execración de sus contemporáneos. Hicieron la historia en grande y fueron inmensurables en sus virtudes y en sus vicios, en sus genialidades y en sus crímenes.

         Tal historia era incompleta por demasiado trágica. En el coro de figuras ululantes faltaba un protagonista, que dijera su parte en el drama paraguayo con acento distinto, lo suficientemente poderoso para hacerse escuchar entre tantas voces borrascosas, pero con tono más humano, menos soberbio; no tan alucinado por aureolas sangrientas, y cuya apostura no menoscabará la grandiosidad del conjunto épico. Un nuevo protagonista que trajera el equilibrio, dentro del equilibrio, diera a la historia paraguaya el sello de sosiego que le faltaba e introdujera en la polifonía bárbara de los héroes desmesurados y enloquecidos un ritmo de armonía y de serenidad.

         Ese nuevo héroe apareció un día y fue tal como reclamaba la lógica histórica; después de tanta exaltación, era lúcido y puro, más espíritu que sangre, más carácter que voluntad. Ese nuevo protagonista de la historia paraguaya fue José Félix Estigarribia... Su figura se alzó en una gesta heroica, sobre el estruendo de las batallas y el dolor de su pueblo, y avanza hacia la inmortalidad entre laureles y trofeos para proclamar ante el mundo que el Paraguay al fin había forjado el eslabón entre sus edades, resuelto sus contradicciones y completado los ciclos de su vivir tormentoso.

         José Félix Estigarribia apareció en 1932 en una hora de peligros mortales para su patria, cuando el pueblo paraguayo se encaraba, una vez más, ante la perpetua disyuntiva de su historia: ser o no ser.

         Más que un símbolo, fue conjunción de épocas y síntesis de historia. Venía del pasado paraguayo más remoto, entroncaba, con el presente y era nuncio del porvenir. Tuvo de Irala y de los primeros conquistadores la obsesión del Chaco y la abnegación sin desmayos, y también del guaraní el estoicismo silencioso. Había en él el sentido americanista de Hernandarias y la concepción ecuménica de fray Hernando de Trejo. Estaba poseído del ardor místico del misionero, de la convicción democrática del comunero y de la pasión de patria de los revolucionarios de 1811. Se perfilaban en él la prestancia de gran señor de Fulgencio Yegros; la austeridad diamantina de Gaspar de Francia, sin su crueldad siniestra; el afán civilizador de Carlos Antonio López, sin su absolutismo y la energía sobrehumana del Mariscal López, sin sus apocalípticos delirios. Le animaban la intuición política de Bernardino Caballero y de Antonio Taboada, fundadores de partidos, y la altura moral de Manuel Gondra y Cecilio Báez, creadores de conciencia. Y tuvo, finalmente, el aplomo y el volumen internacional de Eusebio Ayala, su compañero de la epopeya, en el infortunio y en la gloria.

         Si la historia exige de sus elegidos cualidades merecedoras del poema, también reclama la postura digna del bronce. La presencia de Estigarribia se acusaba por características propias de una poderosa y nada vulgar individualidad" (Graciela, p. 129-31).

         Para una charla, como la que en esta noche nos reúne cordialmente, quise yo entresacar, destacándolas -de una decena de los mejores libros que sobre Estigarribia se han escrito- DIEZ FACETAS de su rica y múltiple PERSONALIDAD.

         Repetiré que tales facetas las fui desgranando de los estudios -quizá los más perspicaces- que ya están escritos tras eruditas investigaciones de sus mas clarividentes conocedores. (Algunas de estas obras bibliográficas son)

         1. Las "Memorias de la Guerra del Chaco", del propio Mariscal Estigarribia.

         2. De los Comunicados Oficiales de la Guerra del Chaco, "Los Partes del Conductor".

         3. De su hija Graciela Estigarribia de Fernández: "Estigarribia el gran desconocido".

         4. De Justo P. Benítez: "Estigarribia el Soldado del Chaco".

         5. De Alfredo Seiferheld -el conspicuo joven investigador que tan reciente y prematuramente, con el designo inescrutable de Dios, cambiara este mundo por la inmortalidad, ex-miembro de número de esta misma Academia, a quien como a un amigo sincero enalzo mi más emocionado y devoto homenaje, y que nos dejara uno de los libros más eruditos, documentados y justicieros que repone en su firme lugar, la figura egregia del Mariscal Estigarribia, en su mejor obra ciertamente: "Estigarribia, veinte años de política paraguaya".

         6. De Carlos Fernández: "La Guerra del Chaco".

         7. De Arturo Bray: "Armas y Letras. Memorias".

         18. De Beatriz Rodríguez Alcalá de González Oddone: "El Mariscal de América".

         9. De. Carlos Zubizarreta: "José Félix Estigarribia".

         10. Del P. Ernesto Pérez Acosta: "En la Contienda del Chaco" y "De Nanawa a la Paz".

         11. De Justo P. Benítez: "Bajo el signo de Marte", etc.).

         Diré también de entrada que es de justicia que emplee yo el turibulo solamente en las funciones propias del templo... Y que hablaré de un hombre, depositario no sólo de cualidades, sino también de defectos, con el realismo de los grandes, realismo y objetividad que no rehúyen la humana mezcla de luces y de sombras!

 

 

 

         1º FACETA: CAMPESINO. NATIVO

 

         José Félix Estigarribia nació en Caraguatay, uno de los bellos ejemplos de la campiña paraguaya. Del campo, en efecto, han emergido numerosas, meritorias, encumbradas personalidades paraguayas, que han sido auténticos nativas de tierra adentro, de la sana extracción rural.

         Su pueblo fue llamado "santuario patriótico", (Carlos R. Centurión), junto al Yhaguy, en cuyo recodo se auto inmolara en 1866  la primera escuadra guerrera de la flota paraguaya, cuyos restos hasta hoy son un mudo, elocuente monumento de heroísmo paraguayo.

         "Y es en las márgenes de su plateada corriente, entre empinadas colinas y verdes naranjales, en un hogar modesto, de techumbre arcaica y amplios ventanales, en que el crucifijo impera y la paz; y el trabajo son leyes de la existencia, donde, el 21 de febrero de 1888, la Providencia quiso que naciera José Félix Estigarribia. En la antigua Iglesia de Caraguatay recibe las aguas bautismales. Y es su infancia como la de todos los niños de su edad y de su clase. La escuelita rural, perdida en la ladera, sabe de sus primeras inquietudes. Es su maestro el de todos los niños campesinos, ese apóstol del bien que construye la patria desde su retiro eremítico.

         Completado el ciclo escolar, se traslada a Capiatá, donde reside un tiempo. De ese pueblo, en los años iníciales del novecientos, se lo ve partir un día, con su grupo de ensueños, por el camino de la Asunción. Viene destinado a la "Escuela de Agricultura", en Santísima Trinidad. (1903) Allí enseña a amar la naturaleza ese poeta de las ciencias que se llama Moisés Bertoni. Tiene su pieza de internado en la morada solariega de los López, bajo cuyo techo colonial comienza a tejer, en el cañamazo de la vida, sus primeros idealismos ciudadanos. Aprende a manejar la mancera, a cuidar la simiente, a fecundar la tierra, en el mismo lugar en que el viejo patriarca dictaba las órdenes que hicieron la grandeza de la nación por el esfuerzo mancomunado de sus hijos, por los caminos de la paz y la concordia"' (Cent. II, 523).

         Es un hijo más de la selva. Habrá crecido "como los niños del campo en contacto con la naturaleza, explorando el monte para perseguir pájaros y recoger frutas; aprendió a nadar en los arroyos, fortalecióse en las largas caminatas con los pies descalzos. Era un típico campesino con "hondita" y sombrero de paja, curtido por el sol. Su padre fue Mateo Estigarribia, agricultor y platero; su madre, ña Casilda Insaurralde que falleció en Paso Barreto, junto al Aquidabán. (J.P. Ben. 33-4).

         "Esa vida austera, esa especie de orgullo de la pobreza, es un inconveniente para el progreso material. Pero sus habitantes parecen hidalgos alimentados de tradición, aunque escasos de comodidades". "Ambos apellidos, aunque vascos, provienen de los tiempos de la independencia".

         "Ignoran el aspecto agradable y sensual de la vida, pero la profundizan espiritualmente". Como cualquier paraguayo de entonces "no ha dominado del todo la exuberante naturaleza; se disuelve en el paisaje, frecuenta el contacto con la tierra, se baña en el arroyo, sabe dormir a la intemperie, se levanta con el lucero de la madrugada, hace la siesta, gusta de la hamaca y saluda los lánguidos crepúsculos con un largo grito que parece una oración". (Id. 18).

         "La agricultura es, por su lado, un oficio de paciencia, una colaboración con la naturaleza". "Esa formación quedó impresa en el alma del soldado; le ayudó a mirar los acontecimientos con calma; a aprovechar las madrugadas, a confiar en sus propios brazos, a cavar hondo para arrojar las semillas. En el guerrero continuó latente el campesino en sus gustos y preferencias" (Id. 35).

         "Graduado de perito rural, deja la casona añeja para iniciarse en las labores del agro".

         "La vida de Estigarribia resulta así una expresión del conjunto; surge del suelo y se eleva; agricultor y guerrero; habla correctamente el guaraní; un fruto de la tierra, cuyo sabor se percibe en su existencia. O se es un "paraguay rapó pyré", o artificio, copia, burda, figura de cartón" (Ben. 36).

         Y ya en la guerra, "observó las mismas costumbres sencillas. Se consagró a los deberes de su cargo y sólo regresó a la Capital después de cuatro años de ausencia". Se levanta temprano; a pesar de ser paraguayo no toma mate; fuma dos cigarrillos en el día. A las siete acude al casino para el desayuno; a las doce para el almuerzo; en el interregno trabaja; concede audiencias de 10 a 11 y media. Después del almuerzo hace un paseo a pie de una hora. De tarde vuelve al trabajo; a las 17 monta a caballo. A las 20 acude a la mesa y toma un vaso de leche. A las 21 recibe el último parte.

         Se acuesta temprano. Nada puede hacerle variar el ritmo. En los instantes críticos conserva la serenidad. Cuando le anunciaron el repliegue y cerco del segundo cuerpo en Carandayty, a la tardecita; se redujo a decir: "Vamos a consultar con la almohada". A la mañana siguiente se levantó a la misma hora, se afeitó, desayunó y se puso frente al mapa para ordenar el golpe de Cañada "El Carmen". (Ben. 70-71).

 

 

         2º  FACETA: PARAGUAYO: CON LAS VIRTUDES Y DEFECTOS DE ESTE

 

         ¿Qué es el Paraguay? ¿Cómo es el paraguayo?

         El historiador y sociólogo Justo Pastor Benítez así lo pinta:

         "Pueblo sufriente, pero indomado, celoso de su independencia alcanzada contra factores geográficos y políticos; es una creación de la voluntad, una expresión social, la forma exterior de la tierra colorada, y ardiente, refrescada por el viento de la selva y los grandes ríos. En sesenta años ha conocido los rigores de dos guerras internacionales, ha luchado para crear sus Instituciones, tiene que someter su trabajo a los rigores de la geografía adversa. Su población escasa, es preponderantemente agricultora y ganadera, habla dos idiomas, se halla rodeado de vecinos poderosos, pero ha sabido configurar una individualidad y conservar las riquezas de su espíritu. Es una de las naciones definidas de América; una reserva de pasiones fuertes, un pueblo homogéneo. La historia de la civilización del Río de la Plata no se concibe sin su colaboración... Su capital social se llama el HOMBRE PARAGUAYO, individualidad plena sin hipertrofia de soberbia ni cobardía renunciante. Es dominador de la selva, de donde ha venido saliendo para imprimir su cuño. Siempre ha tenido paladines desde Domingo de Irala. Ese arquetipo culminó en José Félix Estigarribia que supo conducir a su pueblo a la victoria. Estigarribia no fue sino el más HABIL DE LOS PARAGUAYOS de su tiempo; culminación de las cualidades de su raza, valiente como sus soldados, abnegado como sus oficiales. Resumía. Era una emanación social y, al mismo tiempo, racial. Pudo triunfar, porque era suficientemente duro para mandar". (Ben. 20-21).

         Ya durante la guerra quedan como clásicos estos rasgos paraguayos: "El paraguayo es un soldado". En Isla Poi siete ranchos de caranda’y y techos de paja son los despachos de la alta oficialidad. Y el mismo comando del jefe es también un "rancho", que con finura ajena "aparecía, adornada de orquídeas". El jefe quería estar cerca de sus soldados. "Al iniciarse la segunda ofensiva, se trasladó al "Cruce"; más tarde en 1934, se instaló en Camacho. En la última etapa de la ofensiva, se estableció en Oruro, luego, en Capirendá. Nunca se metió en los abrigos subterráneos para resguardarse de los bombardeos aéreos (Ben. 70).

         "El paraguayo, aún en los momentos más difíciles, es un soldado de buen humor, tiene la bayoneta como la lengua, afilada; hace una mueca a la muerte; pone apodos como "mercantes" preciosos, sabe encontrar el lado flaco de sus superiores" (Id. 71).         Escuchen cómo pinta el mismo Estigarribia, en sus "Memorias" una marcha del 3er. cuerpo, por la recta de Cabezón, semejante a una "peregrinación a Caacupé"; un retrato del pueblo paraguayo, en que va todo, desde la unidad combatiente, a enseres domésticos, guitarras, arpas y sanidad"... "En esta ocasión -escribe- pude comprobar personalmente hasta dónde había llegado el esfuerzo del III Cuerpo de Ejército en su larga y laboriosa marcha a lo largo del río Pilcomayo para alcanzar el punto donde ahora se encontraba. Tenía ante mis ojos una caravana impresionante y pintoresca. En el transporte se había empleado todos los animales utilizables: caballos, burros, perros y hasta cabras. Aquel conglomerado heroico así a pié desde Nanawa, en medio de rudos combates y de maniobras agotadoras, había recorrido no menos de 500 kilómetros. Allí estaba la explicación del milagro realizado por nuestro PUEBLO en el Chaco. También habían llegado mujeres de la retaguardia, esposas, madres, hijas de los combatientes, y todas transportaban alguna cosa en esa peregrinación inverosímil detrás del enemigo" (Memorias, capítulo 12).

         En los campamentos menudea el "mate caliente" entre los choferes ateridos. De los camiones han salido tres guitarras y un violín dé la orquesta de Julián Rejala. La polka vuela con el viento, llega a los corazones como la voz de la selva, el verbo de la raza traducido en el pentagrama:

         "Fortín Nanawa che campamento

         la muralla viva oje'éva ha

         Oimé vaerácu ore raperáme

         ore ra aróvo laurelty pyahú".

 

         "Honda impresión se recibe cuando se escucha de lejos, a la madrugada, el canto de los regimientos antes de marchar al combate, y la oración en voz alta que, de noche, rezan los soldados ante la cruz de un compañero" (Ben. 75).

         Es decir, Estigarribia "es grande porque interpretó a su PUEBLO, trasuntó sus virtudes, se acercó a él, e ilustró su historia,"! (Id. 136).

 

 

         3º FACETA: PENSADOR Y REFLEXIVO INTELIGENCIA Y CULTURA

 

         Desde la adolescencia, Estigarribia comienza a recorrer, primero en su tierra y luego allende los Andes y allende los Alpes, los importantes caminos de la formación intelectual y cultural.

         Del campo, por imperativos concretos y vocacionales, pasa a la ciudad. Prosigue su bachillerato en la Capital y trabaja -1906- -a los 18 años- como ujier de los tribunales. (En una hermosa fotografía de ese año aparece pulcro y elegante, robusto y con esa seriedad que caracteriza su rostro de mirada penetrante; joven "chusco" sin ningún rasgo de afectación...).

         Creo, señores, que esta es una de las características más sobresalientes de su personalidad: su capacidad de PENSAMIENTO y de REFLEXION.

         Así lo demostró en la seriedad con que encaró sus estudios, primero en Chile (durante un año y medio: VIII-1911 a V-1913) y luego en Europa (tres años: de XI-1924 a IX-1927).

         "Impresiona vivamente -escribe nuestra colega la académica Beatriz Rodríguez Alcalá de González Oddone- leer, en sus libretas de apuntes de aquellos años de Chile, sus comentarios y acotaciones, hechos diariamente tras asistir a clase, lo que nos da una idea clara de la responsabilidad con que se afanaba en sus estudios" (p. 27).

         "En Chile sirvió en el Regimiento Buin, de infantería. Allí moldea su espíritu de soldado, se educa en la disciplina de su ejército moderno y adquiere los conocimientos básicos". "Desde lejanas tierras piensa en la Patria dilacerada, por la anarquía, mientras Chile ha debido su progreso a cien años de orden institucional. Si hubiera quedado en el país, hubiera pasado las noches velando la guardia; el viaje al extranjero le salvó de la quema. Su juventud maduró bajo el cierzo helado de los Andes". (Ben. 38).

         Dice al respecto escuetamente su foja de servicios: "Durante, su permanencia en dicha unidad obtuvo muy buenas recomendaciones de su aprovechamiento y estudio" (Seif. 455).

         En la luminosa -y juerguista- Paris de la época su seriedad es magistral y su responsable dedicación, ejemplar. En carta prolija desde Nancy al Dr. Eusebio Ayala su amigo -1°-V-1925- entonces en Washington, escribe Estigarribia: "Tantas cosas interesantes estoy observando, que, con la gran actividad que pongo en juego, confío poder capacitarme suficientemente, a fin de llevar a nuestro Ejército muchas prácticas útiles y conocimientos necesarios. Cuento con toda clase de facilidades para el desempeño de mi misión; todas las autoridades militares y compañeros de mi regimiento me han dispensado la más cordial acogida". (id. 41).

         Y reflexiona con agudeza de paraguayito: "Al incorporarme a la vida militar de los oficiales franceses, he notado el vacío inmenso de lo que entre nosotros constituye la alta dirección militar; veo aquí cosas básicas, indispensables por tanto, que jamás en nuestro país se había insinuado siquiera. Los encargados de hacerlo, me refiero a los jefes militares, nunca ni han hablado de ello. Y esto, mi estimado doctor, me ha conducido a amargas reflexiones, de las cuales siempre he llegado a conclusiones condenatorias para dichos jefes. Ahora comprendo las causas del desprestigio de nuestro ejército y comprendo también lo monstruoso de enviar a Europa oficiales que nunca han estudiado nada y quienes solo pasean o atienden enfermedades contraídas en el vicio, En fin, con lamentar no se gana nada, lo importante es no reincidir y yo confío mucho que no se reincidirá"... (Ben. 41-42).

         Y en la de julio 5 de 1925: "Como Ud. dice, no vale la pena hacer críticas de cosas que no están en manos de uno remediar, lo importante es prepararse para una acción eficaz cuando la oportunidad llegue. Y es justamente con ese pensamiento que me ESTOY ESFORZANDO, toda lo que puedo, en ACUMULAR EXPERIENCIAS, observando y ESTUDIANDO las cuestiones militares que desde el punto de vista de nuestras CONVENIENCIAS sean las más importantes: Pongo en juego TODAS MIS FACULTADES en la PORFIADA persecución de lo que a mi ver ha de contribuir a aliviar la aflictiva situación de nuestro desdichado Ejército. Y me sentiré satisfecho si logro, como lo espero confiadamente, concretar un PLAN o PROGRAMA de acción que permita vivificar y orientar aquella inorganización temible que ambula en nuestro escenario con el nombre de Ejército y Marina. Lo que más duele a mi PATRIOTISMO es ver a nuestras instituciones armadas, tan dignas de mejor suerte, llegar a tal punto de desorientación, que sean los mismos componentes los encargados de pervertirlas más y más" (Obsérvese atentamente la precisión de su pensamiento personalísimo, y hasta lo perfecto de sus expresiones claras y castizadas). Terminada la guerra va al destierro y ocupa en Montevideo una cátedra para la Escuela Superior de Guerra.

         No desdeña, sin embargo, la cultura y la sociabilidad. Dice de sus buenos modales el citado Benítez: "Sus buenas maneras, su modestia, su sencillez, le aseguran un puesto descollante en la vida social; ha apagado toda rudeza; es un soldado CULTO; viste con corrección y baila con elegancia" (p. 43).

         Es el mismo sentido de seria y convincente reflexión, que aparece en sus "Memorias" (hoy publicadas). Cuando comienza la guerra, así describe con lucidez cerebral y con un avance marcial de argumentos racionalmente convincentes su proceder, aun a riesgo de desobedecer el parecer de sus superiores jerárquicos:

         "De este desconocimiento del terreno, probablemente derivaba la teoría, dice, tan tenazmente sustentada por varios jefes, de que había que "Organizar la defensa del Chaco sobre la costa del Río Paraguay", o en otras palabras, que había que defender el Chaco después de haberlo entregado al enemigo.

         "Mi discrepancia con tan palmaria contradicción era el origen de las vicisitudes de mi carrera a mi regreso de Europa, que resumí en las páginas precedentes. Colocábame la guerra que se desencadenaba, en una situación dramática frente a dificultades que nunca había confrontado Comandante alguno. Un poderoso ejército enemigo se movía en ejecución de su plan, y para oponerle yo no disponía en un principio de más de 500 hombres, dispersos en centenares de kilómetros sobre la línea paraguaya de ocupación; a lo cual se sumaba la disparidad que me separaba de las autoridades militares de Asunción, disparidad que influiría necesariamente en ellas para que no se me prestara el apoyo requerido por la ejecución de un plan cuyo éxito dependería enteramente, sin embargo, de la rapidez de la acción.

         "Según aquella escuela, el único procedimiento adecuado para detener la avalancha boliviana, era organizar la defensa sobre el Río Paraguay; en vista de la extrema precariedad de elementos disponibles para la defensa, y sobre todo, teniendo en cuenta la falta de preparación del país para la guerra. Esta concepción de la defensa empezaba por desentenderse de las posibilidades que ofrecían las imperfecciones del ambicioso plan enemigo recién esbozado, entre otras, su estructura por demás simplista, que lo basaba todo excesivamente en la sorpresa, al extremo de no contar casi para nada con la voluntad paraguaya. El plan de la defensa sobre la costa se atenía, ciertamente, a la realidad de nuestra indefensión (como no lo podía dejar de hacer) pero le faltaba el resorte de alguna confianza mejor cimentada, y renunciaba anticipadamente, con notorio espíritu derrotista, a los frutos posibles de alguna audacia. Por mi parte, yo me apoyaba en el conocimiento de nuestro pueblo, y en lo que él era capaz de dar en estos casos, así como también en principios técnicos a cuya fructuosa aplicación se prestaba ampliamente el presuntuoso plan boliviano; y sostenía que, lejos de permitir que el enemigo llegara impunemente sobre la ribera del Río Paraguay, facilitándole así la marcha por el desierto, la defensa debería ir a su encuentro, a la mayor distancia, posible del río, de modo que ese desierto fuese nuestro aliado en el esfuerzo de trabar su avance.

         "En la defensa sobre la costa, los paraguayos estaríamos obligados a diseminar nuestras pocas tropas a lo largo de más de 1.000 kilómetros desde el Fortín Galpón hasta el Río Pilcomayo, como se había intentado en 1926, con motivo del incidente del "Vanguardia"; es decir, nos declararíamos vencidos de antemano en todas partes, porque, mientras nosotros nos encontrásemos esparcidos en débiles fracciones, el enemigo, con todas sus tropas reunidas, podría accionar libremente sobre cualquier punto elegido por él. Y la aparición en fuerza del enemigo sobre un punto cualquiera del Río Paraguay, ya implicaba también la posibilidad de que el ejército enemigo viviera de nuestros propios recursos, y la pérdida para nosotros, desde el comienzo de las hostilidades, de una vasta zona del país, donde están instalados grandes establecimientos fabriles y donde hay ganado vacuno en abundancia.

         "Lo esencial, pues, para la defensa paraguaya, era precisamente lo contrario: no permitir la reunión de las columnas enemigas que en un amplio despliegue marcharían hacia su objetivo; sino, tratar de romper los dientes de cada tenaza antes de que se cerrasen. Y esta sólo podía hacerse lejos del Río Paraguay". (Obsérvese, de nuevo, en esta larga citación, lo preciso de los numerosos argumentos lógicos, hasta llegar límpidamente a la misma conclusión de aquello que se busca con certeza!). He aquí, pues, una página y media de la robustez de su PENSAMIENTO LOGICO.

         Y creo que así fue en todo su proceder, en todos los momentos importantes de su vida: en la guerra, en la diplomacia, e incluso en los tortuosos caminos de la política casera...

         Es decir: "En la vida de Estigarribia NO HAY IMPROVISACIONES ni el AZAR juega papel. Responde a un sistema; es una VOLUNTAD AL SERVICIO DE UN IDEAL; su base es la CULTURA PROFESIONAL, pero no se reduce a lo que ha aprendido, sino que se ilumina a ratos con atisbos INTUITIVOS. Tiene su mística esa fuerza que constituye el soporte moral de los hombres destinados a magnas empresas; elabora su propio destino, CON LA CABEZA, EL CORAZON Y LAS MANOS; la voluntad operante, fe y entusiasmo silencioso".

 

 

         4º FACETA: RESPONSABLE SU DISCIPLINA

 

         Muy clara y elocuente es esta otra página de Justo P. Benítez: "El equilibrio preside sus actos; el tiempo colabora en su formación. Sabe DISCIPLINAR los impulsos; disimula sus defectos. Es sano, fuerte y amable; su frente tiene las arrugas que deja la REFLEXION; su rostro no presenta crispaciones de iras o de ambición insatisfecha; no tiene premura; es exacto y medido. Era la negación de la mediocridad dorada; no aspira ni acepta la cómoda tranquilidad; arde en su espíritu una llama quemante. Elevados son sus sentimientos; ama el sacrificio. Su triunfo es un programa de vida y un ejemplo para los que abracen esa carrera; su vida podría servir de cartilla cívica al soldado paraguayo, pues no tiene mancha ni se caracteriza por la egolatría. La victoria le presta resplandores que ocultan los errores que pudo haber cometido, en la difícil faena de dirigir un ejército improvisado y de coordinar la acción de jefes que, a veces, parecían inconciliables, rivalidades ardientes que él atenuaba. Se suele preguntar por qué el doctor Ayala confirmó, mantuvo y fue promoviendo a Estigarribia: El doctor Ayala era un frío observador; se impresionaba sólo con hechos. Desde años atrás reconoció en Estigarribia al hombre de acción probado en el desarme de los guardia cárceles, en la defensa de Asunción en Ybytimi y en Carmen. Le impresionaba también su capacidad de disciplina. Ayala era voluntarioso; Estigarribia voluntad disciplinada. Amén de eso, le interpretaba bien. Y se complementaban. Pocas veces divergieron en puntos de vista sobre acontecimientos o planes, y siempre se avenían rápidamente. Ayala le necesitaba a Estigarribia; Estigarribia le tenía a Ayala como su consultor máximo. No fue una elección por acaso. Ahí está uno de los méritos del estadista: encontrar el hombre de acero" (Ben. 33).

         Esta es otra de las aristas más notables de la personalidad de Estigarribia. Su sentido de Responsabilidad, y de Disciplina. "La primera etapa de su carrera tiene el sello de la DISCIPLINA, de la contracción. Sabía esperar; no tenía impaciencia de figuración; las ambiciones vulgares nunca inquietaron sus noches. Nunca soñó con un ministerio, ni lo pidió, ni lo ocupó. No rehuyó responsabilidades; cuando recibe un golpe sabe sufrir; cuando le infringen una derrota se contiene. Como una prueba vale la serenidad con que comentó la frustrada maniobra de Cañada Esperanza (Strongest) donde el 1er. Cuerpo de Ejército, sufrió un contraste, dejando en poder del enemigo un millar de prisioneros. Relata el hecho, valora las pérdidas, explica las causas del fracaso, refuta la versión magnificada de los bolivianos, rinde un homenaje al capitán Estigarribia que cayó prisionero después de resistir tres días un cerco de hierro y fuego y concluye: "He aquí todo lo ocurrido en Cañada Esperanza. Hasta ahora no se conoce más responsable que YO de aquel episodio; situación de orfandad que contrasta nítidamente con la filiación de la victoria de Campo Vía, cuya paternidad se atribuyen no menos de cuatro ceñudos estrategas, cada uno, exclusivamente para sí" (Mem. cap. XII).

         "Sus partes son escuetos; habla en primera persona en plural; no cita los nombres de los Jefes actuantes ni de las unidades por medidas de precaución; la opinión pública pronto se acostumbró con ese estilo casi espartano, que conservó en sus Memorias, con la omisión injusta de sus colaboradores y que desluce la obra capital del Conductor" (Ben. 44).

         Todavía al comienzo de la guerra, escribía: "Debemos prepararnos con tenacidad para la prosecución de la campaña, a cuyo fin debemos aumentar nuestras posibilidades de transportes. Debemos proceder, además, a reemplazar más o menos el 50% de las tropas que se hallan muy gastadas físicamente por el esfuerzo muy continuado que les exigió, y que necesitan un descanso reparador, de un par de meses por lo menos. El enemigo nos amenaza con un ejército de 30 a 40 mil hombres para el término de un mes o mes y medio. Convendría trabajar para tratar de confirmar esta posibilidad..." (id. 64).

         Y al despedirse, su estupenda proclama final: "A los jefes, oficiales, clases y soldados del ejército en campaña: "Con profunda emoción os anuncio la cesación de la lucha. En tres años de guerra habéis demostrado ser dignos de vuestros mayores, realizando una obra que las generaciones del porvenir recordarán con orgullo. Quiera Dios que ellas se inspiren siempre en vuestro ejemplo. Habéis vencido en jornadas inolvidables a un enemigo tenaz y a una naturaleza hostil. La nación no olvidará a quienes combatieron y sufrieron para salvarla de la mutilación y de la deshonra. Si un pueblo debe ser grande por la inteligencia, el valor y el sacrificio de sus hijos, digo que el nuestro está llamado a los más altos y nobles destinos. En este día tan feliz, recuerdo especialmente, con el corazón dolorido a los hermanos que cayeron desde "Pitiantuta" hasta "Charagua". Sea para ellos nuestro homenaje y sírvanos de ejemplo en todo tiempo el santo ideal que les llevó a la muerte en plena juventud".

         "Jefes, Oficiales, Clases y Soldados combatientes y de los Servicios: A todos, mi gratitud de paraguayo y de soldado: yo llevaré a la tranquilidad de mi hogar como el más grande honor de esta guerra el haber sido vuestro comandante en jefe". José Félix Estigarribia. Junio 14 de 1945". (Los partes...).

 

 

         5º FACETA: ORGANIZADOR. HOMBRE DE INICIATIVA

 

         "La iniciativa es otra de las características, de su PERSONALIDAD. Forzar antes que someterse al empleo de un instrumento inadecuado; aprovechamiento de las lecciones de la realidad en torno para dominarla; la voluntad consciente antes que la obediencia pasiva" (Ben. 11). Y ya hemos citado la larga argumentación de cómo se debía comenzar la defensa del Chaco, no sobre el río, etc...

         Era en las primeras semanas de la guerra. Comandante de la 1ra. División, sentía la tremenda responsabilidad de actuar como jefe:

         "P.C. julio 30-1932. Al Comando en Jefe. Asunción. Las nuevas agresiones bolivianas a nuestras posiciones de Corrales y Toledo han de llevar por fin al Gobierno

Nacional la convicción de la existencia del estado de guerra con Bolivia. Hay que arrojar a este sector toda población válida del país, para salvar a la Nación, y hay que hacerlo en el perentorio plazo de veinte días para poder vencer al Ejército boliviano. Si no se resuelve accionar así, habremos perdido la única ventaja decisiva que podemos obtener sobre el enemigo en la campaña que se inicia y la suerte de nuestras armas correrá el riesgo más grave que se pueda imaginar, si es que no se le ha herido. Decisiones graves, enérgicas y rápidas, son las que deben tomarse en estos momentos sin contemplaciones de ninguna clase. La extrema gravedad de la hora así lo aconseja".

         "Así inició la campaña del Chaco, con una contradicción que constituía la afirmación de sus concepciones estratégicas, con un enunciado de su pensamiento al cual permanecía leal por encima de las formas. El hombre estaba en su puesto; se sentía jefe y con responsabilidad; con la confianza que le caracterizó en toda la campaña. Su fuerza anímica era la confianza en sí, en el resultado de sus meditaciones, de los atisbos de su intuición. Nunca vaciló" (Ben. p. 11).

         Pocos meses después, desde el fortín Francia, le escribía al Presidente Eusebio Ayala (14-XI-32):

         "Tratamos por todos los medios de mantener nuestras tropas siempre reunidas, y así seremos invencibles allí donde estemos, cualesquiera sean las reacciones del enemigo".

         Y en otra misiva del 8-XII-32: "Procedo con cautela y recurro más bien a la habilidad para tratar de hacerlos salir de sus trincheras y batirlos en campo abierto, por más que el enemigo se muestra poco dispuesto a medirse con nosotros en estas condiciones. Será necesario, pues, armarse de un poco de paciencia".

         En la misma, carta no elude enfrentar con su jefe los "inconvenientes" (transportes, sanidad, recuperación), así como las "insinuaciones" que enumera "muy respetuosamente". He aquí al estratega que organiza y planifica con paciente inteligencia:

         "Un mapa colgado en la pared constituyó durante tres años el paisaje de su espíritu introvertido. Es reservado y prolijo. Medita sus planes, los traza con parsimonia; luego concurre a las unidades para sugerirlos. Deja amplio margen a sus colaboradores en la ejecución; no tiene preferencias personales; no está allí para enjuiciar el pasado, sino para aprovechar capacidades; elige los jefes con elevado criterio. Eso no quiere decir que haya sido siempre certero, lo cual equivaldría a sacarlo del área humana. Disimulaba bien los fracasos para no desalentar a los subordinados, a muchos de los cuales supo estimular en momentos depresivos, inclusive condecorándolos" (B. 72).

         Como consecuencia de sus "insinuaciones" a su jefe, el Presidente Ayala, en diciembre del 33, antes de su más grande victoria, Campo Vía. "en que emplea todos sus recursos y la totalidad de sus fuerzas superiores numéricamente a las que empleó el Mariscal López en Tuyuti... cerca de 25.000 hombres", "el ejército se reorganiza. Ya no será la milicia de Boquerón que llegará a punta de bayoneta a Platanillos y a la Cañada de Saavedra. Los regimientos son encuadrados con oficiales profesionales y de reserva que se va forjando" (Ben. 77).

         "En un frente de 70 kilómetros que iba de Nanawa hasta Charata". Por lo cual, escribe Eusebio Ayala, el mismo día de la victoria, 11-XII-19133:

         "El éxito alcanzado no es fruto del azar, sino el resultado lógico de un plan concebido con inteligencia y ejecutado con alto espíritu de abnegación y firme voluntad de vencer. El Pueblo paraguayo, revive en estas horas su pasado de gloria, está demostrando al mundo que su tradición de honra, de bravura y patriotismo es mantenida. El nombre del Paraguay se dibuja de nuevo en la historia con fulgores de heroísmo. En nuestros corazones de ciudadanos late con fuerza la fe en la Patria inmortal. P.C. del General en Jefe: Eusebio Ayala".

 

 

         6º FACETA: VARON DE CARACTER. SU VALOR, SERENIDAD Y ENERGIA

 

         Lapidarias son estas afirmaciones de su biógrafo Benítez sobre Estigarribia: "Estigarribia, en la plenitud viril que señala Augusto Comte, y respetaban los guaraníes como ‘tuyá’ (no viejo, sino pleno) fue el conductor de la juventud dorada como maizales en granación. Jefes y oficiales desafiaron la tormenta con su insolente juventud; una primicia primaveral se ofrendaba en holocausto. El ejército paraguayo era una mañana de la vida" (86).

         El 14-XI-32, escribía a su jefe, dando el principio doctrinal de su actitud: "Nuestra misión consiste en allanar todo; comprendemos que las dificultades no existen más que para ennoblecer el esfuerzo hecho para superarlas. Por eso accionamos día y noche, con todo el ardor y la energía que las circunstancias requieren, sin perder de vista, no obstante, el equilibrio o correspondencia que debe existir entre los medios disponibles y las aspiraciones a satisfacer, es decir, la noción de la posibilidad" (Ben. 63).

         Su vida plena abarca los ocho años, del 32 al 40, desde Boquerón hasta su muerte. Dice Benítez: "En esta corto lapso luce y actúa lo que ha venido preparándose al conjuro de sus virtudes naturales y de la capacidad adquirida. No es, por cierto, improvisado. El azar entró una sola vez en su vida, y fue para truncarla, su destino obedeció al método, a la paciente labor, a un ideal inspirador. Su biografía es un ejemplo de voluntad. Bajo los ademanes suaves y la palabra tersa se oculta la energía al servicio de una insofrenable audacia. Examínense detenidamente los hechos fundamentales de su vida, y se encontrarán esas vetas que le daban personalidad propia y revelaban una confianza ilimitada en su sino. Estigarribia había contraído, según una enigmática anotación en su libreta diaria, "un compromiso con el destino". Intuía, reflexionaba, y, una vez maduro el pensamiento, se lanzaba a su ejecución con una sorprendente audacia. Jugaba con el factor psicológico como con una certeza matemática, clara manifestación de su genio guerrero, que se mostraba con mayor brillo en los instantes confusos, en las horas inciertas, ocurrió, en las jornadas de El Carmen y de Irendagué, y, sobre todo, cuando se opuso a defenderse en la costa y resolvió, en cambio, atacar al adversario en el corazón del desierto, antes de terminar su movilización y adelantándosele a la iniciativa" (Ben. 134).

         "Cuando sufría percances sabía aguantarlos, tal como ocurrió con la maniobra de Cañada Strongest (Esperanza), en la cual una contramaniobra de los bolivianos castigó seriamente al 1er. Cuerpo de ejército, que logró zafarse, dejando, en poder de ellos un millar de prisioneros". "Lo mismo ocurrió con la retirada del IIº cuerpo, de Carandayty a Picuiba".

         "En los momentos críticos conservaba y apreciaba con exactitud las situaciones; reflexionaba con calma y obraba. Su papel consistió en hacerse el centro de gravedad del Ejército, en coordinar voluntades por un pensamiento rector".

         Escribió en sus Memorias (cap. XIV): "En aquel mes yo estaba particularmente preocupado con el debilitamiento del entusiasmo de nuestra oficialidad y no ahorraba esfuerzo para reavivar nuevamente en ella el fuego de los primeros meses. Hacía dos años que se batallaba, se marchaba y se contramarchaba, sin relevo casi. En realidad nadie se daba ningún descanso y era natural que esta tensión sobrehumana llevara, al agotamiento.

         Por otro lado, combatíamos contra un enemigo tremendamente duro, que se sobreponía a los desastres más abrumadores, cuya resistencia era rapaz de exasperar al propio Hércules. Y a todas estas circunstancias se agregaba la clara conciencia de que nuestro ejército no ocupaba una situación estratégica alentadora. Había, pues, sobrada razón para que se quebrantara un poco la robusta moral de nuestros bravos combatientes, sometidos a todo género de privaciones.

         Pero se imponía evitar que este aflojamiento repercutiera en nuestro empuje frente al enemigo, y de ahí que yo no cesara un solo día de predicar el optimismo, de estimular a todos. Confieso que me pasmaba ante los resultados de mi esfuerzo. Apenas yo comunicaba una nueva concepción y aquellas gentes exhaustas se recobraban como por obra de magia y respondían magníficamente al llamado que les hacía. De esta manera, después de haber destruido a un poderoso ejército enemigo, vamos a batir a otro más poderoso aún".

         Pero el hombre no cejaba; marcharía a los contrafuertes andinos para conservar la iniciativa y separar Villa Montes de Santa Cruz". "En lugar de esperar el golpe se adelanta; se defiende atacando. Con escasísimos medios de transportes mecánicos, imposibilitada de emplear la caballería por falta de agua para el ganado, con escasa aviación, bajo el sol abrasador y dentro de un área de cerca de 15.000 leguas cuadradas, con un frente que alcanza 1.000 kms. y con efectivos que no pasan de 25.000 combatientes. Enfrenta al adversario y atraviesa el desierto a la cabeza de soldados sobrios, infatigables, vestidos de brin color verde olivo, tocados de un sombrerito de tela verde, calzados sin medias, provistos de una modesta manta, una bolsa de víveres y una caramañola... verde olivo imagen de la Patria en armas, tuétano" (Ben. 116-8).

         Durante la guerra Estigarribia no enfermó. Se informa, escucha y ordena con tranquilidad. No grita. No se le ha visto airado ni deprimido. Es reservado, pero no grave; le gustan las anécdotas, las salidas chispeantes"... "A pesar de la intensidad de su vida, de su carácter introvertido, en su alma no había quebradas. No deslumbra; pero, tampoco ensombrece; es regular; no aturde ni confunde. No vivió la tragedia ni es un atormentado; tenía un rostro amable de guerrero, contradicción que sólo se explica por su estoicismo. En tres años de guerra no ordenó un solo fusilamiento" (132).

 

 

         7º FACETA: EL GUERRERO

 

         Estigarribia "surgió como el general Díaz en el fragor de las batallas. No subyugó por su prestancia; creció con sus hazañas como un destino que tuviera lógica. Tuvo rivales y émulos, pero se impuso por su corrección y su equilibrio; ganó el comando como una jerarquía moral; en sus galones reverberaban resplandores de batallas. Era un poliedro regular, un guerrero humano, de gesto medio, de firmeza sencilla, de exterior modesto. Se inicia en Boquerón en una carpa de campaña, sin que nada logre perturbarle. Irá lejos porque abriga altas ambiciones, voluntad, imaginación, dureza para la ejecución. Acepta, los hechos y los conduce forzando las normas rutinarias; sabe aprovechar los materiales. No tiene premuras, sabe que la guerra tiene que ser larga" (130).

         "Es un guerrero, y de los de mayor calibre de América" (Ben. 69).

         Frente a Campo Vía, Estigarribia "manejó las huestes con la sencillez de un ajedrecista; golpeando por etapas; sufriendo retardos; obligando al enemigo a sucesivos repliegues hasta establecerse en líneas fijas y permitiera la acción fundamental. Vigiló la trepidante lucha con visión del conjunto. El 3 de diciembre asumió el comando directo de la batalla... Críticos militares de países vecinos llegaron a manifestar que la ofensiva había sido detenida. Estigarribia siguió impertérrito, sin suministrar detalles ni informaciones. Se afirmaba en su decisión de destruir el principal núcleo boliviano. Kundt no apreció en toda su magnitud los propósitos del comando paraguayo...". La tenaza apretaba, hasta ahogar. El 10, Estigarribia, después de anunciar el cerco, dictó a sus comandos subordinados las condiciones de rendición. El 11, se produjo el colapso boliviano: a las 12 se rendían las divisiones IV y IX, con todo su material, 250 jefes y oficiales y 8.000 soldados prisioneros; 24 piezas de artillería; 11.000 fusiles; 80 camiones y algunos millones de cartuchos de infantería, fueron sus pérdidas" (Ben. 79-80).

         Mas el guerrero también debía ser fuerte en las malas, como en los días del retroceso por Carandayty (cap. 15 de las "Memorias"): "En la guerra, como se sabe, una maniobra en retirada es siempre de las más difíciles. Por primera vez, en dos años de pujantes acciones ofensivas, nuestras tropas debían de retroceder en condiciones espantosas, y esto deprimió por igual a oficiales y soldados. No faltaban razones, sin embargo. El retroceso se llevaba a cabo en un vasto desierto completamente desprovisto de agua. Cada hombre apenas recibía 250 gramos de agua por cabeza y por día, desde mediados de agosto. Entre tanto, había que marchar, maniobrar y combatir durante semanas enteras, incesantemente, sin reemplazos contra un enemigo muy superior en número que se mostraba en aquel período particularmente emprendedor. Yo me daba perfecta cuenta de la tragedia, pero me mostraba duro con mis subordinados porque la retirada se realizaba con una rapidez mayor que la calculada para que hubiere tiempo de preparar la acción decisiva que de acuerdo con mi plan, se dirigía contra "El Carmen" (cap. XV).

         "El Carmen fue una batalla concebida con elegancia y ejecutada con admiración y coraje. El Presidente dirigió al Comando en Jefe esta felicitación: "Al General Estigarribia: El heroico esfuerzo de nuestras tropas, acaba de obtener el precio de una magnífica victoria. La audaz maniobra concebida por Ud. y ejecutada por jefes, oficiales, clases, y soldados con vigor y tenacidad, venciendo tremendos obstáculos culminó hoy con la derrota aplastante del invasor. A los defensores de la Patria envío en este día de júbilo nacional las felicitaciones del Gobierno de la República como una expresión del amor de nuestro pueblo a su Ejército y del legitimo orgullo que siente por su gloria. Eusebio Ayala".

 

 

         8º FACETA: CONDUCTOR Y JEFE

 

         En el "Perfil del héroe" escribe su mejor intérprete, el Dr. Justo Pastor Ben.: "La suerte de la Patria no iba a la grupa del bridón de guerra de un raudo caudillo, sino en la cartera documentada de un militar de escuela, de un guerrero moderno, más que comandante, CONDUCTOR, más que combatiente, inspirador, porque Estigarribia fue siempre eso: espíritu e impulso, "SEÑALERO" Y GUIA, pastor de almas que sabia arrancar, con voz suave, nuevas notas a los nervios de la raza, infundiéndole confianza. Escaso era su parque, pero ilimitado en realidad su potencial bélico, formado por un genio guerrero y las virtudes tradicionales de un pueblo que defendía su tierra, su propia existencia, en una encrucijada de su perenne lucha por la independencia".

         "Estigarribia vino a ser algo más que un guerrero victorioso; el Mariscal del Chaco tenía que ser, llegó a ser, el rectificador de su pueblo, EL HOMBRE LLAMADO A CONDUCIR A SU PUEBLO, para lo cual se coloca a su cabeza para atravesar el desierto. De nuestros mayores, como supremo elogio, se pudo escribir en la última condecoración, cuando marchaban al sacrificio: "Venció penurias y fatigas". El soldado de Estigarribia más afortunado, pudo hacer grabar en su medalla "Venció al Chaco y al adversario". Penurias y fatigas, sed y arena calcinante, hosca y rala vegetación que niega al hombre el verde refrescante y la sombra protectora, desierto, adversario tenaz y numeroso, sorpresas y emboscadas, trincheras casi inaccesibles y nidos de ametralladoras, bien saben que si los ha enfrentado el soldado guaraní fue porque su empuje heroico tenía como DIRECCION y brújula el vigilante genio militar de Estigarribia". (Ben. 135-61).

 

 

         9º FACETA: EL HUMANO CON SUS DEFECTOS. EL POLÍTICO

 

         (Aquí tendríamos que leer los capítulos del tríptico póstumo de Arturo Bray, no para aceptarlos tal cual están escritos -ni mucho menos- sino para que seamos conscientes que también los grandes y también los   héroes -desde que son humanos- tienen sus defectos y sus fallas!.

         Y nadie -a pesar de que a los paraguayos tanto nos cuestan la autocrítica y el disenso!- podrá negárselos al Mariscal Estigarribia... (Lo único que ya no tenemos ni tiempo ni calma para detenernos demasiado en ellos).

         Y es mucho más oportuna, como dijimos al principio, la clarificadora visión de fundamentada corrección y precisaciones del conspicuo historiador y tan llorado amigo, el Dr. Alfredo Seiferheld, a aquellas afirmaciones por demás exageradas; y subjetivamente unidireccionales... Pero apuntemos, no obstante, algunas notas por lo menos:

         a) A causa de la separación de Estigarribia de la jefatura del Estado Mayor -julio de 1930- dice Benítez que "ese incidente marca su carácter vasco. Guardaba los agravios para referirlos al tiempo... De ahí y de otras cuestiones doctrinarias provino su separación del viejo jefe, el general Manlio Schenoni; a quien no llamó a colaborar en la Campaña del Chaco. Era acérrimo en sus resentimientos, sin ser vengativo, aunque sabía reconciliarse como ocurrió con los coroneles Luis Irrazábal y Carlos J. Fernández, combatientes máximos" (Ben. 40-1).

         b) Ciertamente, "tuvo errores que le hacen más humano; su buena fe le indujo a veces al descuido. En ocasiones dejaba de tomar medidas precauciónales, de proveer por exceso de confianza, es así como no sentó las bases firmes para consolidar la obra de pacificación iniciada, dejándolas al albur de, gente sin responsabilidad" (id. 132).

         Es de Seiferheld esta opinión referente a la ida de Estigarribia al Chaco, inminente al golpe del 17 de febrero en la posguerra.: "El estado anímico de Estigarribia no debió haber sido el óptimo en aquellos momentos de tanto inconformismo en el Ejército", anterior y posterior a la terminación de la guerra, con "altos jefes" que, "guardaban un no disimulado rencor al Conductor por las medidas disciplinarias tomadas en el curso de la guerra contra ellos (p. 214).

         Cuando a principios de febrero Estigarribia actúa personalmente contra Franco, "la medida -en opinión de Alfredo- no fue de modo alguno el procedimiento adecuado"; y en la del capitán Speratti "fue el elemento detonante de la revolución"...

         c) Sobre la paz definitiva con Bolivia, criticada con pasión por los adversarios a la política del partido que apoyaba a Estigarribia, es imposible que aquí sea tratada (de todos modos, puede ser remitida a la lectura del amplio capítulo 16 de la obra del citado Seiferheld...).

         d) Fue discutible también la particular Constitución de su primer Gabinete ministerial como Presidente de la República...

         e) Sería interesante, en otra instancia -me parece- indagar las motivaciones que le indujeron a Estigarribia a inscribirse en la Masonería... (como lo ha publicado el Dr. Amadeo Báez Allende).

         f) La acción POLITICA de Estigarribia es la que puede prestarse a mayores críticas. Así opina Carlos Zubizarreta: "La Historia podrá enjuiciar con reparos la acción política emprendida por Estigarribia después de la guerra del Chaco que la tragedia dejó trunca" (p. 301).

         Y el Dr. Luis G. Benítez: "La actuación política del general Estigarribia fue desafortunada; produjo al amparo de su prestigio, un irreparable deterioro del orden institucional, obligando la autodisolución del Congreso. Por decreto asumió la plenitud de los poderes políticos del gobierno, de la República, y por un Decreto-Ley promulgó una constitución de neto corte paternalista".

         Sobre la muy cuestionada Constitución del 40, bástenos por ahora concluir con la síntesis de Seiferheld, dejadas muchas otras críticas existentes: "La situación internacional requería adecuar las condiciones internas a los probables desenlaces bélicos en Europa y, en lo nacional, el país no podía seguir sin un elemento fundamental para su ordenamiento institucional. Estigarribia, fastidiada por una demora que él entendía injustificada, hizo primar, con apoyo de varios ministros allegados suyos el concepto de urgencia al de trascendencia" (p. 439).

 

 

         10º FACETA: LA CALIDEZ DE SU VIDA FAMILIAR

 

         Comencemos diciendo que incluso su conducción militar no dejó de ser humana, sin descartar el humor: "La mesa del Comando era cordial. Además de los jefes del Comando General, allí toman asiento algunos universitarios que colaboran en los trabajos de clave, redacción, secretaría y comunicados. Se comenta con picante espiritualidad todas las cosas divinas y humanas, menos las operaciones de guerra. La estrategia se reserva para los cafés asuncenos... Son permitidos los chistes de "cuerpo presente", vale decir, las alusiones personales. El general escucha el torneo con buen humor" (Ben. 1).

         Es que "el campamento acerca a los hombres, el peligro los prende; la familiaridad cobra imperio en los momentos riesgosos. En la trinchera se sienten hermanos. Después del jefe, las jerarquías más acatadas son las del médico y del ranchero... El general bebe su habitual vaso de leche; toma asiento con el mismo gesto risueño que ha gastado en el viaje... Le gusta salpicar la conversación con alusiones irónicas propias del genio guaraní; pero conserva la corrección en el lenguaje y en los ademanes" (73).

         Tampoco faltaban al Estigarribia ex-guitarrista la música, las bandas y las fiestas en el vivac chaqueño.

         La vida, la dulce vida familiar, es, todo un largo, ininterrumpido capítulo en la desconocida vida del insigne guerrero... "Es el padre afectuoso que, desde la cárcel, sin ningún rencor para nadie, dirá a la bien amada hija: "Gracielita: estaba preocupado porque no mejorabas de salud, pero ahora estoy tranquilo, porque me dices que sigues mejor y que mamacita se encuentra bien. Las naranjas son muy lindas, muchas gracias". O el marido amante que, Ministro en Washington, en mayo de 1938, escribe a la esposa que no se resigna a las penurias económicas que éste sufre: "Julieta de mi corazón: Tú no debes llorar más, lo has hecho ya demasiado y, además, debemos armarnos de coraje que nunca nos faltó para seguir luchando indefinidamente; nuestro destino es ese; DIOS LO HA DISPUESTO ASI".

         Y en otra de sus cartas escribía a la esposa distante: "Ponte alegre; tomemos la vida así. Pienso dedicarte mis Memorias a ti que me acompañaste y sufriste conmigo, y nuestra hijita que salvó mi archivo del saqueo que hicieron a nuestra casa...".

         Es, sin dudas, en el seno de la propia familia donde se vive lo más placentero y cálido de la vida.

         En tal sentido, todo el libro femenilmente delicado de la entrañable hija Graciela (hoy tras los muros del convento, "por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido"), titulado "Estigarribia el gran Desconocido", es un extenso testimonio indiscutible de ello.

         Su humano destino terrenal, sobre todo con la esposa, bellamente lo resume Justo Pastor Benítez en esta breve pero muy inspirada frase:

         "Lo que el amor unió, Dios bendijo y la Muerte misma ha respetado"!

         En efecto, como síntesis de muchos más datos de humanidad y de familiaridad del hombre Estigarribia -de carne y hueso, no obstante todo lo heroico que he dicho de él-.

         "Julia Miranda Cueto -la concepcionera, de aquellas que hacían sin falta caer en la Perla del Norte a quienes, guerreros armados, el duro Chaco no pudo hacer tambalear!- y José Félix Estigarribia MURIERON abrazados en el avión, (un 7 de setiembre en Aguai-y) -en los mismos altozanos campestres en donde habían nacido-. Hay en la unión de estas dos vidas identificadas, un significado. La vida del héroe hubiera sido incompleta sin ese AMOR que la embelleció, la alentó y la cierra con un abrazo en el desesperado esfuerzo de no separarse ni por designio de la muerte!

         Contrajeron matrimonio en plena juventud; aquella mujer mansa vivió la vida del marido, como un corazón isócrono colocado en otro organismo. Amor grande que llenó de perfumada unción y que fue su fuerza animadora; que explica la placidez del combatiente por el amparo y la influencia sedante de la compañera, que peina con sus dedos mágicos la cabellera agitada. Fueron dos ojos más que otearon su camino y dos bellas manos que se unieron para ROGAR A DIOS POR EL, en su carrera de soldado; consuelo de las horas tristes, firmeza en la incertidumbre. Estrella guiadora, Julia ejercía sobre el marido una influencia grande, cuanto menos visible. Era una suma de vida que embellecía, y calmaba" (Ben. 133).

         COLOFON: Las referidas son, entonces, las diez perlas que juzgué engalanaron el Rosario de la Existencia del MARISCAL, las diez refulgentes caras que muestran el poliedro de la luciente Personalidad de esta singular Vida, la de José Félix Estigarribia.

         El final JUICIO DEFINITIVO, que lo digan nuevamente con la perspectiva del tiempo los que mejor lo estudiaron:

         - Carlos Zubizarreta: "No fueron el acaso ni la fortuna, los brazos que lo empujaron al rol protagónico, sino las condiciones singulares que el destino exige al Héroe para la realización de la hazaña. Porque la heroicidad no es sólo una vocación. Es también potencialidad. Y José Félix Estigarribia reunía ambas condiciones" (302).

         - Efraín Cardozo: "Su actuación como Conductor' militar pertenece no sólo a la historia paraguaya (de donde yo he comenzado esta exposición') sino también a la Historia mundial. La crítica militar, en los principales centros de estudio de Estados Unidos y Europa, le proclaman uno de los grandes Capitanes de la Historia" (Efem. 79).

         - Enrique Bordenave: "Lo que no puede discutirse es su condición de hombre de superior personalidad al que en dos distintos momentos, cruciales y en dos distintos planos -el militar y el político- la Nación recurrió por creelo el instrumento humano indispensable para el caso".

         - Alfredo Seiferheld: "El comandante en jefe del ejército del Chaco, el general Estigarribia, fue de características ponderables como gran conductor moderno. Incansable para la acción, de inteligencia, clara, con una cultura profesional de madurados conocimientos, gran amor a la responsabilidad, físicamente de hierro, de gran equilibrio psicológico, pues era sereno tanto en la buena como en la mala fortuna, y por sobre todo supo que la primera batalla a ganar fue la que se presentó en el dominio y el perfecto conocimiento del alma de su pueblo... La guerra del Chaco, nos dio, pues, un Modelo de gran conductor sudamericano... Estigarribia nos ha dado bases para el futuro".

         - Justo Pastor Benítez: El maestro en estas reflexiones. "Estigarribia es la figura egregia de un gobernante que sembró en el alma de su pueblo fe en su destino y esperanza de grandeza. El guerrero afortunado resultó así un sembrador de ideales, un maestro de la nacionalidad, un paradigma de la ciudadanía... Alzó la bandera hasta los espacios sidéreos, para adornarla de estrellas, como dice la canción chaqueña".

 

         Muchas gracias!

 




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