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ANDREW NICKSON


  LAS GUERRILLAS DEL ALTO PARANÁ, 2013 - Por ANDREW NICKSON


LAS GUERRILLAS DEL ALTO PARANÁ, 2013 - Por ANDREW NICKSON

LAS GUERRILLAS DEL ALTO PARANÁ

Por ANDREW NICKSON

COLECCIÓN GUERRAS Y VIOLENCIA POLÍTICA EN EL PARAGUAY

NÚMERO 16

© El Lector (de esta edición)

Director Editorial: Pablo León Burián

Coordinador Editorial: Bernardo Neri Farina

Director de la Colección: Herib Caballero Campos

Diseño de Tapa y Diagramación: Jorge Miranda Estigarribia

Corrección: Rodolfo Insaurralde

I.S.B.N. 978-99953-1-354-8

Hecho el depósito que marca la Ley 1328/98

Esta edición consta de 15 mil ejemplares

Asunción – Paraguay

Abril 2013 (134 páginas)

 

 

 

 

CONTENIDO

 

Prólogo

A manera de Introducción

Capítulo I

Precursores del Movimiento 14 de Mayo

Capítulo II

El Movimiento 14 de Mayo para la Liberación del Paraguay

Capítulo III

La gran invasión

Capítulo IV

La segunda ola del M-14

Capítulo V

El Frente Unido de Liberación Nacional

Capítulo VI

¿Por qué fracasaron las guerrillas del Alto Paraná?

Capítulo VII

Consecuencias de las guerrillas del Alto Paraná

Conclusiones

Bibliografía

Cronología

Anexo 1:

Acta de Constitución del Movimiento 14 de Mayo

Anexo 2:

Proclama del Movimiento 14 de Mayo

Anexo 3:

Informe al Directorio del Partido Liberal sobre el M-14

Anexo 4:

El Programa del Frente Unido de Liberación Nacional

Anexo 5:

Listado de paraguayos "Entrenados en Cuba"

Anexo 6:

Listado de civiles muertos en las guerrillas del Alto Paraná

Anexo 7:

Listado de militares muertos en las guerrillas del Alto Paraná

Anexo 8:

Prisioneros del Movimiento 14 de Mayo quienes se fugaron del penal militar de Peña Hermosa el 27 de abril de 1961

Anexo 9:

Abordaje al "Bahía Negra"

Anexo 10:

Discurso de Juan José Rotela en Buenos Aires

 

 

PRÓLOGO

 

         Esta obra escrita por el destacado investigador británico Andrew Nickson, aborda las acciones armadas de los grupos opositores al régimen de Alfredo Stroessner a fines de la década de 1950.

         LAS GUERRILLAS DEL ALTO PARANÁ, permitirá a los lectores conocer uno de los capítulos de la historia reciente que deliberadamente olvidado por quienes ningunearon durante años a los valientes jóvenes que pensaron que era posible derrocar al régimen a través de la decidida acción de pequeños grupos armados.

         El autor presenta tanto el contexto nacional como internacional para explicar porque se recurrió a este tipo de lucha y cuáles fueron los factores que influyeron negativamente tanto en la organización así como también en el desarrollo de las acciones emprendidas por las columnas del Movimiento 14 de Mayo y por el FULNA entre 1959 y 1960.

         Además de describir los acontecimientos que marcaron la acción de los grupos armados, el autor analiza los variables que influenciaron para que los objetivos trazados no pudieran cumplirse tanto en lo militar como en lo político.

         El lector podrá comprender como los disensos entre los dirigentes, así como la falta de apoyo de los Partidos de la Oposición y la acción de contrainsurgencia del gobierno de Alfredo Stroessner terminaron por favorecer la tarea de los efectivos del ejército paraguayo.

         El autor describe no sólo porque fueron derrotados ambos grupos armados, sino también describe las sanguinarias y salvajes acciones de los comandantes militares y de los jefes civiles que reprimieron la incursión armada. Esos actos de lesa humanidad no fueron el resultado de la voluntad de los jefes militares de la represión, sino que respondía a una táctica por la cual se extendía en la población civil de la región el miedo, pues dichos vejámenes serían el destino para quienes osen desafiar al poder del régimen stronista.

         Este libro es una indudable contribución a la historiografía paraguaya, por lo cual agradecemos al autor que lleva varios años investigando sobre nuestro país, y quien ha logrado reflejar un capítulo fundamental de la historia reciente del Paraguay, en el cual se evidenciaron los peores aspectos de un régimen que imperó durante 35 años.

 

         Asunción, abril de 2013

         Herib Caballero Campos

 

 

 

A MANERA DE INTRODUCCIÓN

 

         La lucha armada fue un acontecimiento poco frecuente durante la dictadura de Alfredo Stroessner (1954-1989), quien gobernó al Paraguay por más tiempo que cualquier otro líder en la historia del país. Este libro trata del auge del movimiento guerrillero durante 1959-1960 cuando un total de aproximadamente 250 opositores, mayormente jóvenes, entraron clandestinamente al país por la selva del Alto Paraná con miras a derrocar la dictadura. Pertenecían a dos movimientos separados: el Movimiento 14 de Mayo (M-14) y el Frente Unido de Liberación Nacional (FULNA). En su gran mayoría, estos rebeldes murieron en una lucha tan desigual que bordeaba lo quijotesco.

         En este trabajo se explica la coyuntura nacional e internacional de ese momento, y se cuenta la experiencia de cada una de las varias incursiones. Esta investigación apunta a contestar una pregunta clave: ¿Por qué esta oposición armada fracasó tan rotundamente frente a uno de los regímenes más autoritarios de América Latina?

         De entrada, cabe señalar que, hasta ahora, no existe un estudio pormenorizado sobre esta experiencia subversiva. Debido a la fuerte represión cultural, su historia real casi no fue divulgada en absoluto durante el la "era stronista". Además, por diferentes razones, los mismos líderes de cada movimiento no tenían interés en que se destapen los errores fundamentales cometidos por sí mismos. Fue solamente desde el inicio de la transición democrática en 1989 que empezó a aparecer un reducido número de testimonios escritos por los pocos sobrevivientes de la experiencia insurgente. Del M-14 existen solo dos libros testimoniales: el de Mario Esteche y el de Juan Gerónimo Ventre Buzarquis; pero hasta ahora no existe semejante testimonio de los muy escasos sobrevivientes del FULNA. En parte esto se debe a la represión más extrema del régimen de "no tomar prisioneros comunistas vivos" pero también por el control posterior del Partido Comunista Paraguayo (PCP) sobre sus afiliados para sí evitar una verdadera autocrítica de lo sucedido. Si bien el PCP publicó un informe al respecto, Relatorio sobre la actividad enemiga de Oscar Creydt, esto fue motivado principalmente para echar la culpa del fracaso a su líder del entonces, Creydt. En cuanto al liderazgo civil del M-14, por rencillas internas, posteriormente nunca realizaron un informe o autocrítica en forma colectiva sobre la experiencia.

         Entre 1987 y 1989, Aníbal Miranda publicó tres libros sobre los aspectos geopolíticos del conflicto, basados en documentos desclasificados norteamericanos que revelaban el fuerte apoyo del gobierno de Estados Unidos a la contrainsurgencia. A partir de 2004 el estudioso Carlos Federico Pérez Cáceres, inspirador del grupo "Memoria". Ha publicado sus importantes entrevistas suyas con sobrevivientes del M-14 y del FULNA. En 2005 la etno historiadora argentina Diana Arrellano aportó mucho a la historia de la "gran invasión" del M-14 desde la perspectiva de la memoria del exilio basado en entrevistas con sobrevivientes. En 2010 apareció la "Colección Tito Aranda", cuyo dossier contiene informaciones desconocidas hasta entonces acerca de columnas del FULNA en ciernes en Brasil.

         Recién en 2012, con la aparición de Letras de Sangre, editados por la historiadora Milda Rivarola, por primera vez salieron importantes documentos originales, como el diario de líder guerrillero del M-14, Rufino Marcial Arce, y el relato de un guerrillero anónimo de la Sanidad, además del diario de campaña del Cnel. Marcial Alborno, uno de los principales jefes de la contrainsurgencia. También han salido varias novelas, entre ellas Hay un sitio (2003) y Esa hierba que nunca muere (2009), que ficcionan la aventura guerrillera. En base a estas y otras fuentes, este trabajo intenta distinguir entre lo real y lo imaginario de todo lo que rodea la historia de las guerrillas del Alto Paraná.

 

         LOS ANTECEDENTES NACIONALES

 

         Aun cuando las insurrecciones contra los gobiernos de turno eran comunes durante la era liberal (1870-1936) en el Paraguay, casi siempre terminaron apoyando a una u otra facción oligárquica dentro del partido gobernante, el Liberal. Por ende, estos levantamientos militares no representaron amenaza al orden establecido. Si bien en la Guerra del Chaco (1932-1935) los soldados paraguayos -llamados "guerrilleros de la muerte"- habían a veces utilizado las tácticas de guerrilla, la guerra civil de 1947 se caracterizó más bien por enfrentamientos militares de tipo convencional. Fue solamente a partir de finales de la década del 50 durante la fase de consolidación del régimen de Alfredo Stroessner (1954-1967) y su destrucción de la oposición democrática, cuando aparecieron los movimientos armados de otra índole; aquellos que predicaban una transformación estructural de la sociedad paraguaya.

         Stroessner había llegado al poder en mayo de 1954 a raíz de un golpe militar contra el gobierno colorado de Federico Chaves. En octubre de 1955, se reunificó el Partido Colorado bajo sus términos, lo cual le permitió forzar la renuncia y posterior exilio (en marzo de 1956) de su principal rival, el populista y pro peronista Epifanio Méndez Fleitas.

         En noviembre de 1956 falló el primero de varios intentos de derrocar a Stroessner por las armas. Tramado éste entre los dirigentes liberales en el exilio y utilizando un grupo de jóvenes liberales quienes hacían el servicio militar en el Chaco. Varios militares exiliados de la guerra civil del 47 quienes posteriormente tendrían un protagonismo en el M-14, participaron del frustrado golpe militar. Entre estos veteranos se destacaron: el capitán Juan Bartolomé Araújo, cabeza de la sublevación de Concepción el 8 de marzo de 1947; el capitán Luis Parra, cabeza de la sublevación de Pedro Juan Caballero; y el coronel Alfredo Ramos. Los tres ingresaron en forma clandestina al país pero cuando el régimen se enteró de su plan -programado para el 4 de noviembre de 1956-, lograron escaparse a Formosa. Así fue que evitaron la gran represión del 1 y 2 de noviembre que tocó a unos ochenta jóvenes liberales del Club ALON, febreristas y militares. Muchos de ellos fueron después enviados al campamento militar "Kilómetro 180", Fortín Ingavi, Fuerte Olimpo y a Peña Hermosa, todos en el Chaco. Entre ellos estaba el joven estudiante Mario Esteche Notario, futuro líder del M-14, quien pasó ocho meses de detención en Mariscal Estigarribia.

         Si bien el plan de golpe estaba organizado por los liberales, dirigentes febreristas como Juan G. Granada y el capitán (SR) René Speratti fueron detenidos a causa del fallido intento de retorno del exilio, el día 3 de noviembre, de su líder Coronel Rafael Franco, quien arribó al país por vía aérea y fue inmediatamente deportado. Como consecuencia de la ola de represión, el grueso del liderazgo del Partido Liberal se encontraba desde entonces en el exilio.

         Merced a esta fuerte represión del Partido Liberal, Stroessner se sentía con la fuerza necesaria en 1957 para imponer uno de los primeros programas de estabilización económica propuesto por el Fondo Monetario Internacional (FMI), de 11 millones de dólares, para controlar la creciente inflación, medida que también contó con un sólido apoyo por parte del gobierno de los Estados Unidos.

         En ausencia de una burguesía industrial significativa, el régimen se ganó la creciente aprobación del sector agro-exportador y financiero. Ellos fueron los principales beneficiarios de este programa de estabilización, lo cual enfatizó el congelamiento de los salarios y recortes al gasto público. Con este apoyo empresarial, el régimen estuvo en mejores condiciones para lidiar con los fuertes cuestionamientos a su autoridad que empezaban a surgir de la sociedad en general y de los sindicatos obreros en particular y posteriormente en el mismo Partido Colorado.

         El 9 de febrero de 1958 Stroessner fue "reelegido" en elecciones en que ni siquiera participaba un candidato "títere" de la oposición. Muy pronto este brusco giro hacia un extremo autoritarismo llevó a una creciente división dentro del propio Partido Colorado. La eventual ruptura del coloradismo, en mayo de 1959, enviaría un importante mensaje para el Partido Liberal: que su muy soñada "apertura democrática" fue una imposibilidad.

         Mientras tanto, la fuerte caída del ingreso real familiar causada por el plan de estabilización condujo a un creciente descontento laboral. Esto culminó en la huelga general del 27 de agosto de 1958, doce días después que Stroessner asumiera en pleno segundo periodo presidencial (1958-1963). Fue la más extendida hasta entonces en la historia del país. Una vez reprimida la huelga, se impuso un liderazgo sindical stronista en el seno de la Confederación Paraguaya de Trabajadores (CPT). Dicho liderazgo estaba dirigido por Enrique Volta Gaona, líder de una asociación sindical paralela, la Organización Republicana Obrera (ORO), establecida en 1946 por los llamados "guiones rojos", grupo colorado radical licierado por Natalicio González, para combatir la influencia comunista en el movimiento sindical. Inmediatamente después, el régimen aprobó una legislación laboral autoritaria que restringió severamente los derechos de los trabajadores. A la vez, el 12 de agosto, días previos a la huelga general, los principales líderes del Partido Comunista Paraguayo (PCP): Antonio Maidana, Alfredo Alcorta y Julio Rojas, fueron apresados. Pasarían los próximos veinte años en el calabozo de la Comisaría Tercera en el pleno centro de Asunción.

         Posterior a esta represión contra el Partido Liberal, contra el movimiento obrero y contra el PCP, el régimen pasó a aplastar la oposición dentro del propio Partido Colorado. El 12 de marzo de 1959, diecisiete diputados colorados pertenecientes a las tres facciones del partido -guiones rojos, chavistas y epifanistas- enviaron una nota al Congreso protestando contra la represión de manifestantes estudiantiles y pidiendo el levantamiento del estado de sitio, una amnistía para los exiliados políticos, la libertad de prensa y la redacción de una nueva Constitución. La nota fue aceptada por la Junta de Gobierno del Partido el 24 de marzo y se la derivó a Stroessner. En respuesta, el 28 de abril, el Presidente levantó el estado de sitio pero al mes siguiente volvieron las manifestaciones callejeras y protestas estudiantiles, que culminaron en una violenta represión policial. Con una estrecha mayoría, el 29 de mayo, la Cámara de Representantes condenó la brutalidad policial, lo que en realidad significó un voto de no confianza a Stroessner. La respuesta de éste fue contundente: disolución del Congreso, reimposición del estado de sitio y envío de las tropas de la Caballería a ocupar a Asunción. El 1 de junio, cientos de    estos llamados "civilistas" fueron arrestados y muchos fueron deportados a la Argentina, donde formaron un movimiento contra el dictador, llamado Movimiento Popular Colorado (MOPOCO).

         Tras el cierre del Congreso, el 28 de julio el régimen promulgó el Decreto Ley 204 que creó la Junta Electoral Central (JEC) para llamar a nuevas elecciones legislativas. En una cínica movida, el Ministro del Interior, Edgar Ynsfrán, invitó al Partido Liberal y al Partido Febrerista a nombrar representantes para integrar la JEC, con miras a preparar elecciones para una nueva legislatura unicameral. Sin embargo en una declaración conjunta el 29 de octubre, ambos partidos rechazaron esta invitación para contribuir a la "normalización institucional". Como consecuencia de su boicot, el nuevo Congreso votado en las elecciones del 14 de febrero de 1960 estaría integrado exclusivamente por Colorados de diferentes facciones pero unidos en su lealtad a Stroessner.

         El cúmulo de estos factores, que en su conjunto restringieron enormemente a la opción no violenta a Stroessner, llevó a muchos activistas, sobre todo jóvenes de los partidos de la oposición, tanto dentro como fuera del país, a la consideración de la lucha armada como la única vía disponible para derrocar la dictadura.

 

         EL CONTEXTO INTERNACIONAL

 

         Además de estos antecedentes internos, varios factores geopolíticos de la coyuntura internacional también contribuyeron a la aparición de la lucha armada contra el stronismo. En primer lugar, los primeros años del régimen coincidieron con el auge de la Guerra Fría entre las dos superpotencias, EE.UU. y la Unión Soviética. La plena identificación de Stroessner con los Estados Unidos, hizo que Moscú lo considerara como un enemigo a quien había que combatir a toda costa como parte de su lucha geopolítica a nivel mundial.

         Como veremos, este apoyo soviético a los opositores a Stroessner -canalizado mayormente, pero no solamente, a través del pequeño PCP- tendría una fuerte influencia en el comportamiento de los movimientos guerrilleros.

         En segundo lugar, factores geopolíticos más cercanos en el Cono Sur también incidían en la aparición del movimiento guerrillero. Desde la caída del general Juan Domingo Perón en Argentina, Stroessner estaba mal visto en círculos militares del país vecino.

         Las relaciones entre Perón y Stroessner fueron estrechas en su momento. El general argentino fue el salvador del Partido Colorado durante la guerra civil de 1947 cuando envió armamentos y equipo militar a las fuerzas del gobierno de Morínigo que defendían a Asunción, y cuyo comandante fue el mismo Stroessner. Pero el asilo otorgado por el gobierno paraguayo a Perón en septiembre de 1955 produce el alejamiento en las relaciones diplomáticas con el gobierno militar del general Aramburu (noviembre de 1955 - mayo de 1958). Aramburú se obsesionó con la creencia de que Paraguay bajo Stroessner se convertiría en una base peronista contra su propia junta militar.

         Las relaciones empeoraron en mayo de 1958 con la llegada a la presidencia argentina de Arturo Frondizi, de la Unión Cívica Radical (UCR). Dada la percepción que Stroessner aparentemente se había aliado con Perón, quien era el principal opositor de Frondizi, el nuevo gobierno argentino inicialmente veía con buenos ojos los intentos de derrocar al dictador paraguayo por las armas. De hecho, el general Carlos Toranzo Montero, Comandante en jefe del Ejército argentino, y el almirante Isaac Rojas, colaboraron con la oposición paraguaya, a tal punto de ofrecerles entrenamiento en bases militares de las fuerzas armadas del vecino país, además de entregarles pequeños lotes de armamentos, canalizados en forma clandestina a través de la Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE). Pero detrás de este apoyo tácito había otro factor más profundo: el deseo de sucesivos gobiernos argentinos de contrapesar la creciente influencia brasileña en Paraguay y así restablecer el tradicional nexo entre Buenos Aires y Asunción.

         Esta creciente influencia brasileña, canalizado ahora a través de quien fuera ex becario en un curso de balística entre 1940 y 1941, tenía su más importante manifestación en la financiación de un conjunto de infraestructuras físicas que permitiría a Paraguay tener otro acceso al Atlántico que no sea por el Río de la Plata; este proyecto se trataba de la construcción entre 1956 y 1957 de una ruta entre Coronel Oviedo y Ciudad Presidente Stroessner (hoy Ciudad del Este), la construcción del Puente de la Amistad sobre el Río Paraná, y el otorgamiento de un puerto franco a Paraguay en Paranaguá en la Costa Atlántica.

         Quizás el factor externo que más influyó en la aparición del movimiento guerrillero en Paraguay fue la inspiración de los convulsionados acontecimientos en el Caribe. En 1958, el dictador militar Marcos Pérez Jiménez, amigo fiel de Stroessner, fue destituido en Venezuela. En su remplazo el 7 de diciembre de ese año fue elegido presidente Rómulo Betancourt, una de las principales figuras de la izquierda democrática en América Latina. Pero más importante aún, menos de un mes después en Cuba fue derrocado Fulgencio Batista.

         Un aspecto de la Revolución Cubana en particular animó al creciente número de políticos paraguayos exiliados en Argentina, el hecho de que un pequeño grupo de revolucionarios, reunidos en el Movimiento 26 de julio, fueron capaces de "levantar al pueblo" y derrocar a una odiada dictadura en poco tiempo y maquinando la revolución desde el exilio. De este hecho, muchos opositores paraguayos sacaron una sencilla pero muy errada conclusión: que, siguiendo el mismo método, podrían fácilmente derrocar a Stroessner. Esta comparación simplista olvidaba una gran diferencia entre la situación política de los dos países. En Cuba ya había una extensa red de activistas opositores dentro del país al cual los guerrilleros que llegaban desde afuera podían acoplarse, algo que no existía en el Paraguay.

         Así fue los sectores más radicalizados de los partidos Liberal y Febrerista conformaron el Movimiento 14 de Mayo (M-14) y el Partido Comunista Paraguayo (PCP) conformó el Frente Unido de Liberación Nacional (FULNA), ambas organizaciones armadas eran de carácter guerrillero, pero como veremos más adelante, las dos tenían diferentes estrategias.

         Mientras el M-14 no tenía una orientación definida, esperando provocar con su accionar un golpe de Estado o un levantamiento popular espontáneo que pusiera fin a la dictadura, el FULNA preconizaba un "movimiento de liberación nacional", con todas las características de otros levantamientos ocurridos por esos tiempos en América Latina, particularmente la Revolución Cubana. Por dos razones, Argentina fue el caldo de cultivo de ambos movimientos. Primero, fue lugar de refugio por excelencia de casi la totalidad de los miles de paraguayos exiliados por la guerra civil de 1947 y por la creciente represión a la oposición desatada por el régimen de Stroessner desde 1956 en adelante. Segundo, por las diferentes razones arriba esbozadas, y a diferencia de Brasil, sucesivos gobiernos argentinos ostentaban una postura ambivalente hacia el mismo Stroessner.

 

 

 

CAPITULO I

 

PRECURSORES DEL MOVIMIENTO 14 DE MAYO

 

         Como hemos visto al referirnos al fallido complot de noviembre de 1956, el Movimiento 14 de Mayo (M-14) no apareció de la nada. En 1958 hubo dos intentos de incursión armada desde Argentina, protagonizados por opositores que, en su mayoría, eran oficiales retirados del ejército paraguayo en el exilio, y quienes posteriormente se plegarían al M-14. Dichas acciones operaban aún con los criterios de los ejércitos regulares.

 

         EL ATAQUE A CORONEL BOGADO

 

         En la madrugada del 1 de abril de 1958 un pequeño grupo armado -posiblemente tan solo cinco personas- aparentemente vinculados al febrerismo y al mando de Tte. Corazón Chamorro y Tte. José A. Prieto, cruzó el Río Paraná e intentó tomar la comisaría del entonces pueblito de Coronel Bogado, Departamento de Itapúa. Existe tan poca información acerca del ataque que hasta ahora no se sabe bien si se trató de un intento aislado o si fuera una misión de reconocimiento. Hasta existe la versión de que el ataque fue parte de un complot desestabilizador, organizado por militares argentinos opuestos a la entrega oficial del poder al nuevo gobierno electo de Frondizi (Arrellano: p. 60). Según constata un comunicado del Ministerio del Interior, en el ataque murieron un policía y dos guerrilleros:

         "...un grupo de maleantes políticos que cruzó desde la República Argentina a la altura de San Cosme, perpetró un vandálico asalto a la laboriosa ciudad de Coronel Bogado. Afortunadamente, la ejemplar conducta del alcalde policial Crispulo Ibarra, secundado por su pequeña dotación y por colaboradores civiles, rechazó la criminal agresión. Murieron en la acción un gendarme y dos maleantes; herido y prisionero quedó el sujeto José Prieto. El alcalde Ibarra también resultó herido. La ciudadanía entera condena el insólito atraco. El Gobierno Nacional reprimirá con energía e implacable severidad cualquier intento que pretenda alterar la tranquilidad y el orden público..." (Diario Patria, 2 de abril de 1958).

         La reacción de la dictadura fue fulminante y dio el primer indicio del "tsunami" de violaciones de Derechos Humanos que caracterizaría a la dictadura de Stroessner.

         Se inauguró una ola de intensa represión policial con una ferocidad nunca conocida en la vida política nacional hasta ese entonces. Cientos de opositores fueron apresados y torturados, casi todos sin participación alguna en el ataque. Hubo una fuerte represalia en Coronel Bogado, con el apresamiento y tortura de diecisiete personas. En torno a este caso, la Comisión de Verdad y justicia (CVJ) pudo recoger información acerca de cinco víctimas de desaparición forzada y ejecución extrajudicial: los tenientes Ciriaco Gauto y José Prieto; un sargento de apellido Duarte; el teniente coronel (SR) Espiridión Chamorro; y Ramón Aquino, un campesino afiliado al Partido Liberal.

         Según relatos de testigos a los que pudo acceder la CVJ, se sabe que al menos Prieto y Gauto estuvieron detenidos en el Departamento Central de la Policía de la Capital soportando torturas y maltratos por espacio de tres años, cuando fueron trasladados al penal de Tacumbú. Según el testimonio de Juan G. Granada, en algún momento de 1961 "...un oficial de Policía nos dio a entender que Prieto y Gauto habían sido eliminados, nos dijo que 'ellos ya no están acá' y agregó que el día anterior las autoridades habían ordenado que sacaran dos cadáveres totalmente tapados de la cárcel..." (Simón: p. 60). Luego de su apresamiento nada se sabe del destino final ni de que se abriera algún proceso judicial a Duarte o a Chamorro. Tampoco se sabe algo acerca de la suerte de Ramón Aquino, quien fue arrestado en su casa y trasladado directamente a la tenebrosa División Nacional de Asuntos Técnicos (DNAT) del Ministerio del Interior en Asunción. Fueron los primeros entre los muchos presos desaparecidos, fenómeno que caracterizaría el régimen de Stroessner.

 

         EL INCIDENTE BOUVIER

 

         En el segundo intento, el llamado "Incidente Bouvier", el 24 de octubre de 1958 unos cien exiliados del Partido Liberal dirigidos por el Tte. Coronel Eliseo Salinas intentaron cruzar la frontera desde Puerto Bouvier -en el litoral argentino de Formosa- hacia Villeta. Pero la incursión se abortó cuando cincuenta de ellos fueron arrestados en forma muy embarazosa por la Gendarmería argentina después de que los camiones que los llevaban al Río Paraguay se empantanaron en el barro. Cabe mencionar que entre los integrantes del intento estaban Juan José Rotela, Mario Esteche Notario y Gabriel Armoa, futuro líderes del M-14.

         La fuga de opositores a la Argentina aumentaba ante la represión desatada a consecuencia del fracaso de estos primeros intentos. Pero a pesar de estos fracasos, los planes para la lucha armada seguían igual, sostenidos por una mezcla de idealismo e ingenuidad. El analista Carlos Federico Pérez nos ofrece un sucinto resumen del efecto explosivo que dos factores durante este periodo tendrían sobre el liderazgo de los partidos de oposición en el exilio: sus apreciaciones equivocadas acerca de la realidad política, producto de tantos años fuera del país; y la atracción tentadora de la novedosa "lucha guerrillera" para lograr sus objetivos en remplazo del método tradicional de la conspiración armada.

         "Luego de la finalización de la guerra civil de 1947, con la derrota de los sectores democráticos, la oposición se vio alejada del escenario de lucha, sin la vinculación con sus bases sociales y políticas, llámese trabajadores, campesinos, estudiantes y otros. Esta nueva realidad imposibilitó a las direcciones políticas de los partidos el reconocer las pulsaciones del pueblo, las necesidades más profundas y, sobre todo, sus aspiraciones. Mientras las direcciones de los partidos de oposición se encontraban a 1500 kilómetros de distancia, los acuerdos, las maniobras y las acciones entre colorados de diferentes movimientos, con los militares y parte de la ciudadanía, se llevaban a cabo, consolidando a la dictadura. Esta realidad generó en las direcciones partidarias ciertas dificultades para ubicar un país concreto y objetivo. Era un país del que no se tenía un pulso detallado y preciso, del que no había datos claros para aquellas direcciones políticas. Entonces se fue forjando cada vez con más fuerza la idea de que se podía terminar con la dictadura, sólo bastando que un grupo de guerrilleros diera el paso inicial. Otro elemento que tuvo su influencia para que se pensara que la guerrilla era la alternativa posible, fue el fracaso de muchos intentos de golpes militares preparados por la oposición." (C. F. Pérez: Materiales para un conocimiento más exacto de nuestra historia política, en Colección Tito Aranda)

 

 

 

CAPÍTULO II

 

"MOVIMIENTO 14 DE MAYO PARA LA LIBERACIÓN PARAGUAYA"

 

         El primer movimiento guerrillero estructurado que apareció bajo la influencia de los factores internos y externos citados arriba se llamaba el "Movimiento 14 de Mayo para la Liberación de Paraguay" (M-14), en recordación de la fecha oficial de la independencia paraguaya en 1811. Fue dirigido principalmente por activistas del Partido Liberal, sector opositor muy castigado después de su derrota en la guerra civil de 1947. La mayor parte del liderazgo del movimiento vivía hace ya una década en el exilio en Argentina. Para muchos de ellos, la ruptura dentro del Partido Colorado y la expulsión del país de sus llamados dirigentes "democráticos" fueron evidencias que la base política del régimen se achicaba. Además, el empeoramiento de las relaciones diplomáticas entre Stroessner y el gobierno argentino de entonces, les sugería que cualquier intento de derrocarle podían contar con el visto bueno de Buenos Aires.

         El origen del M-14 se remonta a reuniones convocadas a mediados de 1958 en Lanús, Buenos Aires, entre jóvenes paraguayos exiliados que pertenecían a los sectores disidentes de los respectivos Partido Liberal y Partido Revolucionario Febrerista, cuyas direcciones nunca apoyaban oficialmente la lucha armada.

         El inspirador histórico del movimiento fue José de la Cruz Ayala (1854-1893), periodista y miembro fundador del Centro Democrático en 1887, grupo precursor del Partido Liberal. Ayala fue uno de los primeros políticos en expresar inquietud por la suerte del campesinado a raíz de las ventas de tierras fiscales después de la Guerra de la Triple Alianza. Opinaba que la sublevación en contra de un gobierno opresor tenía su fundamento en la Constitución de 1870, postura que derivó en su persecución y, posterior exilio. Llegó a ser una fuente de inspiración para varias generaciones de la facción radical del Partido Liberal, y en 1945 la juventud del partido adoptó su seudónimo, ALON.

         Los dos líderes iníciales del movimiento, Arnaldo Valdovinos (1908-91) y Benjamín Vargas Peña (1910-2003), eran excombatientes de la Guerra del Chaco e intelectuales exiliados en Argentina desde la derrota en "Revolución del 47". Valdovinos, uno de los gestores de la "revolución febrerista" de 1936, fue líder de la facción Vanguardia Febrerista que castigaba al liderazgo de su partido por su falta de apoyo a la lucha armada como táctica para derrocar a Stroessner. Sin embargo no aceptaba la ideología claramente izquierdista de la otra facción disidente del partido, el Bloque Febrerista. Por su lado, Vargas Peña dirigía la facción Renovadora del Partido Liberal, que también criticaba el liderazgo de su partido por su debilidad en enfrentar el régimen. Lo que se les acercó fue este común rechazo a la postura de sus respectivos partidos. En especial, los componentes de la "vieja guardia" del liberalismo evitaban cualquier confrontación con el stronismo, y para ellos las tácticas guerrilleras y el programa de reforma agraria del M-14 fueron inaceptables.

         De hecho, después de que Valdovinos y Vargas Peña crearon el M-14 con miras a una lucha armada contra el régimen, el 21 de noviembre de 1959 el liderazgo de ambos partidos firmó la llamada "Unión Nacional Paraguaya" (UNP), un compromiso vago e impreciso de lucha contra Stroessner. Antes de adherirse a la UNP, Carlos Pastore, el más respetado miembro de la dirigencia exiliada del Partido Liberal, se había reunido en secreto en Montevideo con Fidel Castro, el 4 de mayo de 1959. Según comentó en una entrevista en 1989, Pastore cuestionó el argumento de Castro acerca de la viabilidad de la guerra de guerrillas en el caso paraguayo, opinando de la forma siguiente: "En vez de eso, lo que podía hacerse en Paraguay, según la experiencia, era aglutinar elementos civiles con militares, preparar un bueno plan y tomar de un buen golpe el poder (...) Esa era la forma como se hacían las cosas en Paraguay" (Miranda, 1989:36). Esta conversación solo confirmó la convicción de Pastore de que las incursiones guerrilleras estaban destinadas o fracasar.

         Cabe destacar dos aspectos de estos líderes iníciales del M-14. Primero, por más que abogaban por una lucha armada contra Stroessner, ambos eran de ideología derecha y fuertemente anticomunista, factor que haría imposible la construcción de un frente amplio de lucha contra el régimen. Segundo, aún cuando eran reconocidos intelectuales de su época, en los años previos a la fundación del movimiento ninguno se había destacado por realizar un análisis crítico del sistema social imperante en Paraguay. Vargas Peña fue un médico de profesión e historiador de la Independencia, destacándose en sus escritos por su radical posición en contra del Dr. Francia. Su principal libro, La bandera del Paraguay (1946), analizaba el origen de la bandera nacional. Por su lado, el libro principal de Valdovinos, La Incógnita el Paraguay (1945), ofreció una visión mística y romántica del país, que empieza con unas extraordinarias afirmaciones:

         "Dentro del cuadro demográfico del Paraguay no existe una población indígena guaraní, al lado, frente o debajo de otra mestiza o criolla. No hay más que un solo cuerpo nacional que piensa, siente y se expresa de la misma manera. Es de aquí de donde hay que partir para comprender, en lo político-social, la vocación instintivamente democrática del pueblo paraguayo y en lo cultural autóctono, la falta de causas que pudieren determinar la manifestación de sentimientos plañideros, quejumbrosos o nostálgicos propios de una clase oprimida por otra." (Valdovinos: p. 5)

         En síntesis, fueron escasas las credenciales progresistas de ambos líderes y, curiosamente, a pesar de sus respectivas famas de ser intelectuales de la época, en los años posteriores a la derrota del M-14, ninguno escribió sus memorias de la experiencia. Para peor, evidencia de una fuerte lucha (o pugna?) interna entre ellos por el liderazgo en el movimiento. Según un historiador norteamericano:

         "Valdovinos viajó, supuestamente, a Venezuela, donde consiguió un fondo apreciable para financiar las actividades del movimiento, pero a su retorno encontró que Vargas Peña había tomado control de movimiento en su ausencia. Entonces, Valdovinos se retiró, con el dinero" (Lewis: 139).

         Pero este supuesto "fondo apreciable" refiere en realidad a una pequeña donación de 10.000 dólares americanos que supuestamente el Che Guevara entregó a Valdovinos en Cuba en septiembre de 1959, después de que Fidel Castro se negó a brindar apoyo material al M-14. Sin embargo, en una entrevista, décadas después, Valdovinos negó rotundamente haber recibido semejante donación. Al responder a la pregunta de dónde obtuvieron el dinero para la compra de armas, dijo sencillamente: "No había dinero, nadie tenía dinero" (Seiferheld: 157).

         Estos antecedentes de los dos líderes titulares dan la pauta de los alcances limitados del Movimiento 14 de Mayo, cuya fecha de fundación oficial fue el 4 de mayo de 1959, en el quinto aniversario del golpe que llevó al poder a Alfredo Stroessner. Curiosamente, esto fue en mismo día del encuentro entre Carlos Pastore y Fidel Castro, durante su visita de 48 horas a Montevideo.

         Además de Vargas Peña y Valdovinos, entre los que firmaron el acta fundacional figuraban varios militares excombatientes de la guerra del Chaco, quienes habían apoyado el breve gobierno febrerista que derrocó a los liberales en 1936, y otros de la guerra Civil de 1947, como Modesto Ramírez, el capitán René Speratti, el coronel Alfredo Ramos, y el capitán Américo Villagra Cano, quien desaparecería en Argentina el 13 de diciembre de 1975, presuntamente entregado a la policía paraguaya vía Operación Cóndor. A ellos se sumaban el compositor Herminio Giménez (1905-1991) y Víctor Carballo, tío del presidente Federico Franco.

         Según su acta de fundación (Anexo 1), el M-14 se creó "con el propósito de luchar por el derrocamiento de la dictadura imperante en el Paraguay para hacer posible el advenimiento de una era de libertad para todo el pueblo de la nación". El hecho que ni se mencionó por su nombre a Stroessner y a los grupos que detentaban el poder, evidenció la falta de claridad en su orientación ideológica.

         En su plan programático, pretendía liquidar el sistema estructural económico, político y social de la dictadura, la recuperación de los bienes públicos y privados mal habidos, así como el castigo a los culpables.

         Cabe también notar lo poco "radical" del tercer punto de este plan, que abrió la posibilidad de un retorno a la Constitución de 1870, tan odiado por reformistas desde la década de 1920 debido a su enfoque laissez faire, a continuación:

         "El gobierno revolucionario se regirá por un estatuto jurídico Revolucionario de carácter constitucional o, en su defecto, por la Constitución Nacional de 1870, cuyas disposiciones serán puestas en vigencia, salvo aquellas que contraríen los fines expresos de la revolución."

         El M-14 se lanzó públicamente el 12 de junio de 1959 en acto en Buenos Aires. Su dirección estaba a cargo de una Junta Nacional Revolucionaria, entre cuyas responsabilidades estaba la ejecución de los planes para lograr la revolución nacional, integrar una sola fuerza revolucionaria y reclutar combatientes de distintas banderas políticas y constituir un gobierno provisorio representativo de las fuerzas combatientes.

         Ya disgustado por la pugna estéril entre Vargas Peña y Valdovinos, una generación más joven de exiliados paraguayos empezaba a cuestionar el liderazgo de ambos. Su máximo exponente fue Juan José Rotela, presidente del Club Alón de Buenos Aire quien saltó al escenario político entre los exiliados paraguayos en el primer semestre de 1959, cuando dio un improvisado y acalorado discurso en una reunión latinoamericana de jóvenes revolucionarios en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional (Anexo 10).

         Juan José era hijo de un exiliado militar brasileño, Pedro de Lacerna, y había nacido el 9 de diciembre de 1933 en la compañía Jakare Pytá (distrito de Yegros, Departamento de Caazapá). Después de terminado la guerra del Chaco, se trasladaron a Ybytimí, Departamento de Paraguarí. Al fallecer su padre en 1949, y debido a las persecuciones políticas sufridas por su familia al finalizar la guerra civil, a los 16 años se mudó a Buenos Aires junto a su madre. Alcanzó solamente la educación secundaria y nunca había vivido en Asunción. Al cumplir los 17 años volvió a Paraguay para realizar su servicio militar por dos años en la Artillería de Paraguarí. Curiosamente, existe una extraordinaria afirmación, no comprobada, de que el entonces Sargento Rotela fue uno de los encargados de "buscar a Stroessner en la costa argentina a imponerle posteriormente en la comandancia del Regimiento de Artillera en Paraguarí de donde había sido defenestrado meses antes" (Palazón: p. 120).

         A pesar de su limitada experiencia militar, por sus evidentes calidades de liderazgo y carisma los integrantes del M-14 lo eligieron su jefe principal y hasta se suponía que una vez triunfante la revolución, Rotela asumiría la presidencia transitoria.

 

 

 

CAPÍTULO III

 

LA GRAN INVASIÓN

 

         Desde septiembre de 1959 en adelante se estima que más de 250 voluntarios llegaron desde Buenos Aires y se acamparon por meses en chacras y estancias de simpatizantes en varias ciudades fronterizas, principalmente Posadas. Aun cuando estaban embarcados en un proyecto de guerra de guerrillas, los militares excombatientes de la Guerra del Chaco los entrenaron más bien para una confrontación convencional. Uno de los campamentos principales se encontraba en LAS MARÍAS, una extensa propiedad en la provincia de Corrientes perteneciente a la empresa de té TARAGÜI, de la familia Navajas Centeno. El suministro de armas y pertrechos dependió de las contribuciones de los exiliados y de opositores dentro del país, así como de los aportes solidarios de grupos políticos de izquierda, pero las pocas municiones, armas, explosivos y equipos de trasmisión fueron obtenidos, en su mayoría, del Ejército argentino.

         La organización y los planes del M-14 no eran del todo desconocidos para los organismos de seguridad de la dictadura, que habían recibido una alerta de su informante "L.N.P", que tenía Información que "uno de los miembros del Comando Vanguardia Febrerista sería enviado a Posadas, en donde 'otros amigos' le enviarán hasta la zona de Caazapá y Guairá para tomar contacto con dirigentes colorados epifanistas que cuentan con armamento para apoyar un eventual levantamiento". Además según este mismo informante, "uno de los agentes infiltrados acompañó al capitán Parra y al teniente Cabrera a retirar cartuchos y otros implementos para la fabricación de granadas de mano en Buenos Aires" (CDyAR 250F 2212).

         Poco antes de la invasión, el M-14 lanzó una proclama (Anexo 2), con un lenguaje aún más vago y floreado que su acta fundacional, enfatizando la lucha por "los ideales de Paz, Justicia y Libertad", pero sin mención alguna de su intención de derrocar la dictadura de Stroessner. Aun así, la hostilidad del Partido Liberal hacia el M-14 se endureció, tal como demuestra un informe interno enviado desde Buenos Aires al directorio del partido en Asunción, alegando infiltración comunista en el movimiento y exigiendo la sanción de sus principales líderes, Herminio Giménez, Juan José Rotela y Mario Esteche (Anexo 3).

 

         LA PRIMERA OLA

 

         La primera ola de incursiones obedecía a una estrategia de frentes múltiple con el propósito de dificultar la respuesta de las fuerzas armadas del régimen. Las columnas planeaban entrar al país en el mismo momento -a la mañana temprano del sábado 12 de diciembre de 1959- con el objetivo de desencadenar un levantamiento popular contra Stroessner mediante acciones rápidas, toma de pueblos, concientización rápida de la gente e ir sumando para marchar a Asunción. Esta "gran invasión", que según informes exagerados de la inteligencia norteamericana llegó a desplegar 250 combatientes, tuvo resultados terribles para el M-14. Tan desastrosas fueron las medidas de seguridad de los rebeldes que el Gobierno se enteró de la invasión el día antes cuando el corresponsal de Prensa Latina en Argentina envió un despacho dando detalles de la operación que se iniciaría al día siguiente. El cable fue retransmitido en la misma tarde del 11 de diciembre desde  su oficina central de La Habana y cuando rebotó en Santiago de Chile, la embajada paraguaya transmitió la información a la cancillería en Asunción. Además se desmanteló la célula insurgente de Asunción, que tenía que dirigir un levantamiento urbano cuando uno de sus miembros pasó los detalles a un periodista uruguayo.

         La llamada "gran incursión" consistía de cinco columnas: un grupo de asalto y cuatro grupos de penetración. Pero el número de insurgentes fue limitado por la extrema escasez de armamentos, sobre todo la falta casi total de armas automáticas. Todas las cuatro columnas de penetración estaban mal equipadas, ninguna llevaba raciones adecuadas, y por más que había una radio clandestina ZPX que operaría como enlace de todas, la falta de transmisores de radio hizo que las columnas no pudieran comunicarse entre sí. A continuación detallaremos, la suerte de cada una de las unidades que participaron en esta primera ola del asalto revolucionario.

 

         LA COLUMNA LIBERTAD

 

         La Columna Libertad fue el grupo de asalto que debía ocupar Encarnación, atacando la prefectura, el batallón de frontera y la delegación de Gobierno, estableciendo así una cabecera de playa permanente. El propósito era de desviar y ocupar la atención de las fuerzas del régimen mientras las otras columnas de penetración, con órdenes de evitar cualquier confrontación armada con el enemigo, se dirigían silenciosamente a la serranía de Ybyturusú en los Departamentos de Caazapá y Guairá. Con tan solo 18 miembros buscaba cruzar el río desde el balneario "El Brete" a unos dos kilómetros al sur de Posadas, en tres canoas al mando de Arnaldo Clérici, Mario Esteche Notario y Juan José Rotela. Sin embargo, las canoas de los dos primeros fueron interceptadas en el medio del río por una lancha patrullera de fuerza naval paraguaya.

         Todos sus integrantes fueron detenidos, incluyendo Rubén Ayala Ferreira y Carlos Madelaire -hijo del propietario de LT4 Radio Misiones, la única radio de Posadas del entonces-, quien llevaba un pesado equipo transmisor de radio. Quizás por haber sido aprehendidos por la fuerza naval, no fueron ejecutados. El testimonio de Ayala es llamativo:

         "Había en la acción militar un grado considerable de improvisación que nos llevó al fracaso en el momento de la incursión a territorio paraguayo. Esta se produjo en dos botes (canoas) desde el balneario "El Brete" de Posadas, con dos remeros de nacionalidad argentina, Edmundo Mondo e Iván Leandro Pereira, que vivían en las inmediaciones del lugar. Éramos doce en total, con armas de dudosa calidad que nos fueron entregadas minutos antes, en medio de la obscuridad. Nosotros observamos que desde la parte alta del Parque 'República del Paraguay' de Posadas, varias personas que estaban estratégicamente ubicadas realizaban señales de luces con automóviles que eran captadas en territorio paraguayo. Teníamos la certeza de que sabían de nuestra presencia y lógicamente nos estaban esperando. Pero nuestra convicción era más fuerte que la conciencia del peligro y el temor, que obviamente teníamos, de ser asesinados o capturados. Igual decidimos no aplazar y lanzarnos a la acción. Simultáneamente, desde el puerto de Encarnación partían dos lanchas de las que realizaban el cruce del río trayendo y llevando pasajeros. Sobre el techo de cada una de esas lanchas se encontraban (poco después lo sabríamos) dos piezas de ametralladoras. Pudimos ver dos puntos oscuros en el horizonte, pero como tenían los motores parados (venían aguas abajo por el canal), parecía que no estaban navegando, cuando sorpresivamente comenzaron a gritarnos 'pe pytá peê aña memby!' (quédense hijos del demonio) y comenzaron a disparar hacia nuestras frágiles embarcaciones, que se bamboleaban por las oleadas." (Ayala: 21/02/11)

         Mientras tanto, el grupo de Rotela se alejó del lugar, logrando desembarcar en Piraí a dos kilómetros de Encarnación. Al escuchar la señal de una bomba arrojada desde una avioneta, un grupo de conspiradores en Encarnación debían unirse al grupo de asalto. Pero cuando la bomba no explotó, los insurrectos encarnacenos no reaccionaron. Ante el fracaso del plan, el grupo de Rotela no tuvo alternativa más que volver el mismo día a Posadas.

 

         LA COLUMNA MAINUMBY

 

         Los treinta miembros de esta unidad al mando de dos veteranos de la Guerra del Chaco, capitán Blas Ignacio Talavera y el teniente Servían Brizuela, cruzaron el río desde Puerto Rico, en el litoral Argentino frente a Capitán Meza, al norte de Encarnación. Esta unidad fue la única que tenía como miembro a una mujer, Gilberta Verdún, la esposa de Blas Talavera, además acompañada por su hijastro, Carlos Talavera. En su libro Prisión, torturas y fuga uno de sus integrantes, Juan Gerónimo Ventre Buzarquis, ofrece uno de los pocos relatos testimoniales de esta columna insurgente. La falta de preparación lo revela el mismo Ventre. En ese entonces tenía solo 19 años y Carlos Talavera le contactó para plegarse a la unidad a la salida del colegio en la mismísima noche de la incursión.

         Los problemas aparecieron casi al llegar al territorio paraguayo cuando Carlos Talavera se hirió en el pie durante un ataque a una comisaría fronteriza. Rehusando volver, los demás miembros tuvieron que llevarle en camilla, reduciendo la movilidad de la unidad. Sin raciones y perseguidos por una numerosa fuerza militar que sé transportó por avión a la selva, después de cuatro días la mitad de la unidad había desertado. A pesar de estas dificultades, los restantes trece miembros de la columna alcanzaron llegar a Ñu Cañy, pocos kilómetros al sur de San Juan Nepomuceno, lugar de aterrizaje de los aviones DC3 de las fuerzas armadas.

         En esos días, ocurrió una terrible matanza perpetrada por la dictadura a 30 kilómetros al noroeste, la misma fue repetidamente publicitada bajo el titular "Doce rebeldes ultimados a machetazos esta madrugada en Estación Fassardi":

         "Esta madrugada un grupo compuesto de 12 rebeldes hicieron su aparición en Estación Fassardi, Km. 37.500 del ramal Borja-Abaí, con el propósito de apoderarse de la estación del ferrocarril. La guardia urbana de la Seccional colorada local se percató del ataque y el Jefe de la Brigada, señor Manuel de Jesús Pereira, ordenó de inmediato un movimiento envolvente dejando atrapados a los maleantes. Antes de que los atacantes pudieran tomar posiciones, unos ciento cincuenta milicianos colorados, al mando del mencionado Pereira, cayeron sobre los rebeldes ultimándolos a machetazos. Después de la refriega quedaron 12 cadáveres en el lugar, todos pertenecientes al bando rebelde. La hábil maniobra del jefe de las milicias coloradas, señor Pereira, determinó que la lucha terminara en contados minutos con la total aniquilación del grupo atacante." (Diario Patria, 17 de diciembre de 1959).

         Hasta ahora no se sabe si estos supuestos "rebeldes" fueron simpatizantes locales del M-14 o miembros de la misma Columna Mainumby. Desde tiempo atrás una célula del PCP operaba en Fassardi entre los obreros de la empresa ferroviaria y la empresa maderera de José Fassardi y existe la posibilidad de que el régimen aprovechó el momento para liquidar a los miembros de dicha célula bajo el pretexto de ser "insurgentes" del M-14. Cabe notar que el mencionado Pereira tendría un papel sanguinario durante 1960 en la represión del M-14 y del FULNA en la misma región del país. Posteriormente, sería envuelto en acusaciones al régimen de Stroessner de genocidio por su tratamiento inhumano de indígenas Aché. Más de la mitad de los indígenas capturados por Pereira entre 1963 y 1968 murieron de enfermedades en un campamento oficial bajo su control, Cerro Morotí (Hill: 261).

         De todos modos, al enterarse por radio del fracaso de las otras columnas y la llegada por avión de un fuerte contingente de tropas de la contrainsurgencia, los miembros de la columna decidieron volver desde Ñu Cañy a la costa. Pero el 23 de diciembre fueron interceptados casi al llegar al río en frente a Puerto Rico. Cuatro murieron en un enfrentamiento al buscar una canoa. Ocho, incluyendo a Ventre Buzarquis, fueron detenidos y solo Talavera logró escapar del cerco. Traídos en canoa hacia Capitán Meza, uno de los presos, Higinio Álvarez, se lanzó al río pero murió en el agua ametrallado por sus captores. A Talavera lo capturaron herido el día siguiente. Le negaron tratamiento médico bajo la custodia del entonces sargento José Ignacio Irrazábal, Talavera murió de sus heridas en una celda en Capitán Meza, en presencia de su esposa y su hijo. Ignacio Chamorro, el único que logró huir de la contrainsurgencia, cayó preso el 1 de enero de 1960 en San Juan Nepomuceno. Sometido a bárbaras torturas en Villarrica y Asunción, pasaría casi 18 años en la cárcel sin juicio alguno hasta su liberación el 23 de diciembre de 1977.

 

 

         LA COLUMNA PATRIA Y LIBERTAD

 

         Recién en julio de 2004, dos sobrevivientes de la Columna Patria y Libertad, Silvio Velázquez y Sebastián Castillo, se atrevieron o relatar sus experiencias por primera vez. Velázquez fue el único sobreviviente de las guerrillas que llegaría a ocupar un cargo político a nivel nacional después de la caída de Stroessner, siendo electo Senador de la República en el período 1989-1993 por el Partido Liberal Radical Auténtico. Divididos en dos grupos, los cuarenta miembros de la Columna, compuesta mayormente de febreristas, dejaron su campamento en Oberá Esteche y cruzaron el río en canoas desde Puerto Yguazú. Un primer grupo apuntó a Puerto Presidente Franco, pero una de sus canoas se hundió y varios de sus integrantes se ahogaron. Alertados por el alboroto, las autoridades paraguayas tirotearon a los sobrevivientes, matando a su líder, el Tte. Patricio Paraguayo Ortúzar.

         El otro grupo cruzó el río sin incidentes, tomando sin dificultad una pequeña guarnición y luego Puerto Embalse (Acaray). Pero cuando el primer grupo no llegó al lugar de encuentro acordado en un aserradero, tuvieron que abandonar su plan original de atacar la sede de la Quinta Región Militar en Puerto Presidente Stroessner. En cambio, atacaron a la municipalidad de Hernandarias, y retuvieron por un breve lapso al intendente y al jefe de policía del lugar. Después decidieron desplazarse tierra adentro en vehículos robados hacia Itakyry. Eran unos 30 miembros bajo el mando de Denis Cibils, secundado por Manuel Ceferino Halley y Silvio Velázquez. Al llegar se encontraron con la sorpresa de que en Itakyry ya habían evacuado a los civiles.

         Al enterarse por radio del fracaso de los otros frentes, y con aviones de las FF.AA. sobrevolándolos, decidieron en consenso abandonar el plan original de llegar hasta la serranía de Yvytyrusu. Entraron al monte y se dividieron en tres grupos con plan de volver caminando los 100 kilómetros a la costa. En la mañana del 16 de diciembre fueron delatados por personal de una estancia y después de un enfrentamiento esa misma noche sin bajas, pasaron los próximos días en una marcha sin incidentes hacia el río, llegando el día 20. Al ser sorprendidos por el gran despliegue de la contrainsurgencia, los comandantes Cibils, Halley y Velázquez se rindieron ante un pelotón bajo el comando del General Gregorio Morínigo. El resto del grupo escapó pero fueron apresados el día siguiente.

         Fueron llevados a un campamento, donde se reencontraron "con los otros compañeros, menos Varela y Gaona, que fueron asesinados por civiles de la zona, bajo el mando del presidente de la seccional colorada de Puerto Paloma, Departamento del Alto Paraná" (Castillo, 2/7/2004). El general Morínigo desautorizó la orden del Ministro del Interior, Edgar Ynsfrán, de no tomar presos vivos y al contrario él envió unos treinta presos a Asunción. Solo Rufino Marcial Arce logró escapar, y se reintegró en Argentina a la Columna Libertad.

 

 

 

         LA COLUMNA PILARENSE

 

         Esta columna, dirigida por el capitán Modesto Ramírez, veterano de la Guerra del Chaco y fundador del M-14, abandonó su plan original de atacar a Pilar cuando la lancha que tenía que llevarles desde Corrientes se descompuso. En un cambio brusco de planes, el 15 de diciembre intentaron abordar el buque de guerra paraguayo BAHÍA NEGRA, anclado en el puerto de Corrientes.

         Existen acusaciones no comprobadas de que, confiando en la neutralidad argentina, Benjamín Vargas Peña comunicó detalles del previsto ataque al Prefecto de Corrientes. Los que estaban en el interior de la embarcación comenzaron a defenderse, apoyados inesperadamente por la Prefectura correntina.

         Con la muerte de dos miembros de la columna en el tiroteo, Subteniente de aviación Félix Germán Pérez Núñez, oriundo de Luque, y Julián Rojas, oriundo de Borja, Departamento del Guairá, y con seis heridos en sus filas, el resto de la columna se retiró sin lograr el objetivo. Posteriormente, Pascual Caballero, sobreviviente de la columna, escribió una poesía, "Abordaje al Bahía Negra", en memoria a los caídos (Anexo 9).

 

         LA COLUMNA DE AMAMBAY

 

         Esta unidad en el extremo nordeste del país, liderada por Filemón Valdez y Gabriel Armoa, fue la única que pretendía entrar por tierra desde la zona de Ponta Porá, Brasil. Pero "en la ausencia inesperada de quién debía dirigirlas" todos sus integrantes fueron arrestados por las autoridades brasileñas y sus armamentos incautados.

         En fin, para el 23 de diciembre ya las tres columnas de penetración y las columnas "Pilar" y "Amambay" habían sido desbaratadas y solamente la unidad dirigida por Rotela logró cumplir su misión sin bajas. Pero el apresamiento de cientos de sus colaboradores dentro del país quitaría al M-14 de su apoyo logístico a largo plazo.

         Como uno de sus líderes después reconoció, el impacto de esta primera ola de incursiones para el M-14 fue "muy negativa'. (Esteche, 1989: p. 73)

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO VI

 

¿POR QUÉ FRACASARON LAS GUERRILLAS DEL ALTO PARANÁ?

 

         Los movimientos armados en contra del régimen de Alfredo Stroessner: Movimiento 14 de Mayo (M-14) y el Frente Unido de Liberación Nacional (FULNA) fracasaron rotundamente. Ni el uno ni el otro fue capaz de establecer bases seguras de apoyo entre la población y, en consecuencia, fueron eliminados en forma muy rápida. Todos los testimonios de sobrevivientes y allegados resaltan la extraordinaria falta de planificación y coordinación de los respectivos grupos.

         Sin duda, los dos movimientos demostraban muchas señales de voluntarismo. También se destacaban por un muy débil nivel de entrenamiento militar, generalmente padecían de un inadecuado nivel de seguridad personal de sus cuadros, y muchas veces pecaban de altos niveles de indisciplina.

         Al mirar hacia atrás, sería muy fácil atribuir este fracaso a la locura de líderes irresponsables o egocéntricos, o al aventurismo político por parte de unos ingenuos, o a un intento muy simplista de copiar la Revolución Cubana. Pero como hemos señalado, estos movimientos surgieron como respuesta a una coyuntura histórica específica, tanto en términos de circunstancias nacionales como internacionales.

         Como Treherne apunta tan acertadamente al referirse al caso del FULNA:

         "Si se hubiera derrotado a los guerrilleros de Castro en Cuba, ellos serían relegados a un pie de página en los libros de la historia, y en 1958 no había nada para sugerir de que su intento fue otra cosa más que el aventurismo político. En forma similar, si el Che Guevara no hubiera muerto en Bolivia se hubiera ignorado por completo en el mundo la lucha guerrillera en ese país y los que murieron a su lado serían igual de olvidados como son sus contrapartes paraguayos." (Treherne: 53-54).

         Por ende, es menester identificar explicaciones más analíticas para entender el porqué de este fracaso. Son varios los factores que explican el extraordinario éxito del régimen de Stroessner en cortar de raíz ambos intentos de oposición armada antes de que llegara a constituir una amenaza real a su poder. En otro trabajo hemos identificado cinco mecanismos sostenedores que fueron cruciales para permitir que Stroessner se mantenga en el poder durante más de tres lustros. Tres de estos factores que tuvieron especial relevancia en el caso de las guerrillas del Alto Paraná: un sistema de represión eficaz; el apoyo del gobierno de los Estados Unidos; y el uso de la ideología nacionalista.

 

         UN SISTEMA DE REPRESIÓN EFICAZ

 

         El sistema represivo del régimen tuvo un papel central en el mantenimiento del control sobre la sociedad paraguaya durante el stronismo. Sin embargo, en un aspecto importante este sistema difería del de los "regímenes de excepción" en el Cono Sur: no se crearon unidades policiales paralelas ni milicias clandestinas. Por el contrario, las graves violaciones de los Derechos Humanos fueron realizadas por las mismas estructuras formales y visibles del Estado. No se montaron centros de detención ni de tortura clandestinos, sino que la tortura se realizó en los mismos cuarteles de la policía y los presos de larga duración fueron detenidos en comisarías policiales. Estos rasgos del sistema represivo son evidentes en la estrategia militar de combatir al M-14 y al FULNA, dirigida por los generales Hipólito Viveros y Patricio Colmán, comandantes respectivamente de las Agrupaciones Operativas No.1 y No.2 del Regimiento de Infantería 14 del Ejército paraguayo con el apoyo abierto de cientos de milicianos y baqueanos de las seccionales coloradas de los Departamentos del Alto Paraná, Itapúa, Caazapá y Guairá. La tortura y posterior ejecución ilegal de más de cien combatientes apresados se realizaban en el mismo puesto de comando de operaciones de la fuerza contrainsurgencia que pasaba entre Tavaí, Abaí, Charará, Ñu Cañy y la Estancia Tapyta.

         Durante toda la era stronista, el centro de inteligencia del aparato represivo se centró en la Dirección Nacional de Asuntos Técnicos para la represión del Comunismo (DNAT), más conocida como "la Técnica", creada en 1956 dentro del Departamento de Investigaciones de la Policía de la Capital (DIPC).

         La DNAT consistía en una red extendida de informantes parapoliciales para la vigilancia regular de las actividades de opositores, canalizada a través del Departamento de Política y Afines (DPA) del DIPC. Estos informantes (pyragüés) operaban dentro de la administración pública, en el servicio diplomático y, sobre todo, entre las seccionales del Partido Colorado. Pocos de ellos llegaron a recibir una remuneración mensual estable y a la mayoría se les pagaba una suma determinada o se les daba un favor político como retribución por su útil información. De hecho, el Archivo de Terror -dos toneladas de documentación relativa al DIPC y a la DNAT descubierto en diciembre de 1992- constata que tanto el M-14 como el FULNA fueron sumamente infiltrados por informantes del régimen operando tanto dentro del país como en Argentina.

         Una faceta importante de la estrategia de contrainsurgencia, la llamada "represión preventiva", revelada públicamente por primera vez por el general Gerardo Johansen en una reunión de la Junta Interamericana de Defensa celebrada en Montevideo en 1972, fue un principal factor en el mantenimiento del control social durante la dictadura. Se estima un total de 19.862 arrestos arbitrarios entre 1954 y 1989, de los cuales no menos de 18.772 (94%) implicaron algún tipo de tortura. En contraste, se reportaron solamente 59 ejecuciones extrajudiciales, 336 desapariciones -la gran mayoría de combatientes del M-14 y FULNA- y 3.470 casos de exilio político forzado, según datos recogido por la Comisión de Verdad y Justicia.

         Bajo esta estrategia, ante la menor indicación de una oposición armada al régimen, las fuerzas de seguridad respondieron de una manera totalmente desproporcionada pero nunca descontrolada. De esta forma, los servicios de contrainsurgencia fueron exitosos al "cortar de raíz" cada uno de los intentos de oposición armada, antes de que pudieran constituir una amenaza real para el régimen. Esto implicó arrestos, interrogatorios, torturas y encarcelamiento de un círculo de individuos, cuyo único "crimen" era el de ser pariente, amigo, compañero de trabajo o vecino de ese pequeño número de personas que estuvieron dispuestas a participar en la resistencia armada al régimen. Esta estrategia, que tenía forma de detenciones de corto tiempo durante las cuales el uso de la tortura era la norma, fue eficaz para inculcar un clima de terror en la gran mayoría de la población. Tal como lo constata durante décadas la memoria colectiva de pueblos como San Juan Nepomuceno, Caazapá y Villarrica, ni hablar de los cientos de compañías en sus alrededores, la práctica común de redadas y los rumores de radio so'o, inculcó una arraigada cultura del miedo, desconfianza y autocensura (ñemongyhyje) en las poblaciones de la zona del conflicto.

         El uso extendido de detenciones masivas en épocas de auge de resistencia al régimen dio, a veces, la falsa impresión de un sistema de represión torpe y desorganizada. Al contrario, el contenido del Archivo del Terror reveló una forma de operación sumamente sistemática, con listas muy precisas y actualizadas de todos los detenidos por motivos políticos. La contrainsurgencia demostraba el mismo nivel de sistematización, hasta con listas detalladas de los supuestos "muertos en combate" del M-14 y del FULNA, combatientes quienes, como la demuestra los mismos informes militares, en su gran mayoría en realidad fueron interrogados y posteriormente ejecutados en forma extrajudicial (Rivarola). El diario de campaña del Cnel. Marcial Alborno, Jefe de Estado Mayor del Gral. Colmán también confirma que el Comandante en Jefe de la Fuerzas Armadas, Alfredo Stroessner, recibió detallados informes cifrados por télex varias veces por día acerca del desarrollo de actividades de la contrainsurgencia y de que en 1960 visitó el centro de operaciones en por lo menos tres ocasiones. Estos informes registraban la fecha exacta y el nombre de cada combatiente del M-14 y FULNA apresado entre el 2 de mayo al 11 de agosto de 1960. Ya que en su totalidad estos presos fueron ejecutados y después aparecieron como "muertos en combate" en fechas previas a su respectivo apresamiento, se supone que fue el mismo Stroessner quien dio la orden de "no tomar presos vivos".

 

         EL APOYO DEL GOBIERNO DE LOS ESTADOS UNIDOS

 

         El gobierno de los Estados Unidos fue cómplice en la génesis del gobierno colorado después de la guerra civil de 1947 y en la preparación del terreno para el régimen de Stroessner pues los militares norteamericanos lo "alimentaron" desde principios de la década de 1950.

         En mayo de 1953, menos de un año antes de su ascenso al poder, Stroessner hizo su primera visita a los EE.UU. y a la zona del canal de Panamá por invitación del ejército estadounidense. Días después del golpe de mayo de 1954 que derrocó a Chaves, Stroessner viajó a Lima donde se reunió con los jefes del Comando Estratégico norteamericano. Desde entonces, dicho Gobierno tuvo un rol central en el mantenimiento del régimen durante su fase de consolidación a cambio de su postura anticomunista en el fragor de la Guerra Fría entre las dos superpotencias: EE.UU. y la Unión Soviética. Durante la fase comprendida entre 1954 y 1960, Paraguay se convirtió en el tercer destinatario de la ayuda norteamericana en Latinoamérica bajo el programa "Alianza para el Progreso". Sin embargo, los Estados Unidos hicieron la "vista gorda" al hecho de que mucha de esta ayuda se desvió como resultado de la corrupción desenfrenada. La coyuntura geopolítica en los años neurálgicos de la Guerra Fría fue el factor predominante que explica este fuerte apoyo de EE.UU. al régimen, a pesar de la ausencia total de democracia antes y durante las guerrillas del Alto Paraná. Una clara manifestación de este apoyo fue su reacción hacia la "reelección" de Stroessner, el 9 de febrero de 1958, cuando no se presentó ningún candidato de oposición. Por " un lado la embajada norteamericana en Asunción notaba que "en Paraguay el Partido Comunista es ilegal y para todo propósito práctico también lo son los partidos Liberal y Febrerista pues no les está permitido activar en política de ningún modo y consiguientemente les resulta imposible presentar candidatos para la presidencia o el congreso". No obstante ello, el presidente Eisenhower más adelante felicitaría por carta a su "gran y leal amigo" Stroessner, con motivo de la reasunción al mando presidencial por parte de este último.

         En aras a esta lucha global contra la Unión Soviética, el gobierno norteamericano fue cómplice en la creación de la Dirección Nacional de Asuntos Técnicos (DNAT), unidad especializada de inteligencia contrainsurgente dentro del Departamento de Investigaciones de la Policía Central (DIPC). Entre 1956 y 1958 el coronel norteamericano Robert Thierry organizó la DNAT como parte de un programa de asistencia técnica de la USAID (en español, Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional) supuestamente dirigido a la reforma de la administración pública" bajo la etiqueta de "lucha contra el comunismo", la "Técnica" estableció una red extendida de informantes de la policía y pasó a ser el principal centro de tortura de los detenidos políticos a lo largo del gobierno de Stroessner. Su único director, Dr. Antonio Campos Alum, sirvió como enlace clave del régimen con la CIA y el FBI de los Estados Unidos. Hombre culto, discreto, de perfil bajo, que nunca desplegó actividad política ni tuvo visibilidad pública, Campos Alum fue preparado por los Estados Unidos en lucha antisubversiva en 1957.

         De hecho el régimen recibió un gran flujo de información de las agencias de espionaje norteamericano acerca de los contactos político-militares del M-14 y FULNA en Buenos Aires, La Habana y Caracas, lo cual se canalizó a través de la DNAT. Una parte importante de su propaganda de desinformación, buscaba tildar a los opositores de MOPOCO de ser comunistas disfrazados. Por ejemplo, la CIA preparó un listado de 40 paraguayos "entrenados en Cuba en la Escuela de Guerrillas" (Anexo 5). Ninguno de cinco miembros de MOPOCO citados en el folleto sirvió con el FULNA.

         La fuerza aérea paraguaya transportaba las unidades de combate en aviones DC-3 y C-47 facilitados por el gobierno de EEUU a las improvisadas pistas de aterrizaje en el Alto Paraná cercano a los lugares de enfrentamiento. El gobierno norteamericano prestó asimismo asistencia técnica de expertos en contrainsurgencia que trabajaron estrechamente con las tropas de la Caballería e Infantería comandadas por los generales Hipólito Viveros y Patricio Colmán, tropas que fueron culpables de graves violaciones contra los Derechos Humanos. En una carta dirigida al Gral. Beverly Jones, jefe de la Misión del Ejército norteamericano en Paraguay y fechada el 6 de junio de 1960 -en plena época de la contrainsurgencia- el Gral. Leodegar Cabello comunica los nombres de los tres militares paraguayos que asistirían a una conferencia latinoamericana militar en la Zona del Canal de Panamá entre 8 al 12 de agosto del mismo año. Dos de los nombrados: el Gral. Hipólito Viveros y el Cnel. Marcial Alborno, por la propia admisión de los telegramas y cifrados de las agrupaciones operativas del R.I. 14 y del diario del mismo Alborno, fueron culpables de graves crímenes de lesa humanidad.

 

 

 

         EL USO DE LA IDEOLOGÍA NACIONALISTA

 

         El régimen de Stroessner utilizó hábilmente el discurso de la identidad nacional para realzar su legitimidad. Basándose en la contra narrativa que elaboró la Generación del 900, adaptó y manipuló la historia de la nación. Esto se repitió a través de un sistema público de educación altamente centralizado (en materias como Historia, Geografía e Instrucción cívica), en la literatura, en la prensa, con órganos como el diario PATRIA y el programa radial LA VOZ DEL COLORADISMO y en la cultura popular, a través de historias, imágenes, paisajes, símbolos y rituales. Más importante aún, el Partido Colorado, las Fuerzas Armadas y, sobre todo, el propio Stroessner estuvieron incluidos en la narrativa como una continuación de la línea histórica de los héroes nacionalistas. De hecho, como Peter Lambert sostiene, la hábil lectura de las tradiciones históricas y culturales, del discurso y de la identidad nacional, eran un factor tan importante en la permanencia del régimen como la represión abierta. El régimen también fue hábil en manipular estos arraigados sentimientos populares contra la "invasión extranjera", como legado de la derrota en la Guerra de la Triple Alianza, con miras a promover sus propias credenciales nacionalistas. Durante las guerrillas del Alto Paraná, los propagandistas del régimen se refirieron a los guerrilleros del M-14 y del FULNA como "legionarios", término peyorativo utilizado para referirse a los paraguayos que pelearon en las filas enemigas durante la mencionada guerra.

         Desde 1920, una generación de ideólogos nacionalistas, como Juan E. O'Leary, Manuel Domínguez e Ignacio Pane, ampliaron el término para referirse, sin ninguna moderación, a los miembros del Partido Liberal en general, debido a su hostilidad hacia Francisco Solano López. Al "capturar" de esta manera el sentido del nacionalismo, el discurso del régimen fue igualmente exitoso en la redefinición de los movimientos armados, tildándolos de mezcla diabólica de liberalismo legionario y del comunismo internacional, cuyo elemento en común era la funesta amenaza que significaban para la nación. Este discurso patriótico se convirtió en una potente fuerza para obtener el apoyo de los pynandí, la extensa red de milicia colorada heredada de la "Revolución del 47", y esto apoyo apuntaló grandemente al esfuerzo de contrainsurgencia durante las guerrillas del Alto Paraná. En consecuencia, el apoyo del campesinado al M-14 y al FULNA resultó muy limitado.

         La postura ferozmente anticomunista del régimen -cuyo principal ideólogo fue el Ministro del Interior, Edgar L. Ynsfrán- no fue una simple estrategia oportunista diseñada para acceder a la ayuda norteamericana. La guerra entre el Paraguay (Estado y sociedad) y la subversión nacional e internacional, del "bien contra el mal", permitió al régimen justificar y legitimar la represión doméstica. No fue solamente que el conflicto de clases, en particular, e incluso el conflicto político, en general, violaran los principios de la unidad granítica, tal como lo señalaba la letra de la Constitución -el artículo 71 de la Constitución de 1967 prohibiría "el odio entre los paraguayos o la lucha de clases"- sino que esto le permitió a Stroessner proclamar la defensa de la nación, la religión y lo autóctono contra la (mítica) amenaza del extranjero, el traidor, el ateo y lo exótico, en una repetición de los conflictos pasados del Paraguay. De ahí el trato especialmente barbárico reservado para los pocos combatientes extranjeros (argentinos y uruguayos) que se plegaron a las filas del M-14 y FULNA. El Cnel. Alborno nos ofrece un ejemplo en su diario de campaña: "Tomé declaración especial al bandido argentino Luís Gaón, alias Chiro, y luego ordené su liquidación" (Rivarola: 96).

         El énfasis en el discurso sobre la tradición e aislamiento condujo a un síndrome defensivo, a una mentalidad sitiada y a una hostilidad hacia el cambio y las nuevas ideas. Como consecuencia, el alzamiento popular nunca se produjo y por el contrario la propaganda del régimen entre 1959-1961 -"invasión del territorio nacional por bandidos comunistas y renegados liberales con fusiles del ejército argentino"- dio resultado.

 

 

  

 

BIBLIOGRAFÍA

 

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Zamorano, Carlos. Paraguay Insurreccional del siglo XX. Buenos Aires: Editorial Sapucai, 1992.

 

 

 

 

EL AUTOR

 

         Andrew Nickson es oriundo de Liverpool (Inglaterra). Es egresado de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Cambridge y ejerce la cátedra de Gestión Pública y Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Birmingham, en su país. Tiene varios trabajos publicados sobre Paraguay, entre ellos cinco libros: Paraguay: Power Game (1981); Historical Dictionary of Paraguay (1993); Annotated Bibliography of Paraguay (1999); The transition to democracy in Paraguay, como coeditor (1997); y The Paraguay Reader (2013), con Peter Lambert. Además publicó quince artículos académicos sobre la política, historia, y gestión pública paraguaya.

 

 

 

 

ARTÍCULOS PUBLICADOS EN EL DIARIO ABC COLOR SOBRE EL LIBRO

 

 

LA GUERRILLA DEL 60 FUE REPRIMIDA CON BRUTALIDAD

 

“Las guerrillas del Alto Paraná” es el libro que presenta hoy la Colección Guerras y violencia política en el Paraguay. Esta obra es la decimosexta de esta serie de ABC Color y El Lector. El autor de la misma, el británico Andrew Nickson, se refiere a aspectos esenciales del contenido, con una alusión especial a la brutalidad de la represión del régimen stronista.

–El comandante de las fuerzas del Gobierno fue el general Patricio Colmán. ¿Cómo puede catalogarse su actuación?

–Las operaciones de contrainsurgencia fueron dirigidas por los generales Hipólito Viveros y Patricio Colmán, comandantes respectivamente de las Agrupaciones Operativas N° 1 y N° 2 del Regimiento de Infantería 14 del Ejército paraguayo, con el apoyo de cientos de fanáticos milicianos y baqueanos de las seccionales coloradas.

–Se habla de métodos de represión brutales.

–Los métodos comprobados de Colmán –algunos citados en el libro– fueron de una brutalidad tan extrema que hoy en día merecerían su apresamiento y enjuiciamiento en la Corte Internacional de La Haya por crímenes de lesa humanidad.

–¿Por qué el FULNA ingresó al país por el mismo lugar en que lo hizo el 14 de Mayo meses antes?

–Realmente no sé. Es una incógnita que levanto al final del libro, al igual del porqué una vez ingresada la Columna Ytororó del FULNA se dirigió al mismo lugar donde seis semanas antes habían diezmado a la Columna Libertad del M14 (serranía del Yvytyrusu).

–¿Era un lugar estratégico para la guerrilla?

–Solo se puede decir que ahí las tropas de contrainsurgencia ya habían instalado varios puestos de comando y de apoyo logístico. Sin exagerar, fueron a la boca del león. La responsabilidad de esa decisión trágica cae sobre Óscar Creydt.

–¿En qué cambió la acción del Gobierno respecto al FULNA?

–Por ser dirigidos por el Partido Comunista Paraguayo, Stroessner no les brindó a esos combatientes ni tan siquiera las atribuciones de prisioneros de guerra. Al contrario, la política fue de no tomar “prisioneros comunistas vivos” y eso incluía a la ‘segunda ola’ de M14 en 1960, también tildados de comunistas.

–¿Mataron prisioneros?

–La gran mayoría de los muertos de la Columna Ytororó de FULNA y de la Columna Libertad de M14 perecieron por tortura y ajusticiamiento.

–¿Hubo sobrevivientes de las columnas del FULNA?

–De los 54 guerrilleros (51 hombres y tres mujeres) de la Columna Ytororó del FULNA solo sobrevivieron tres. Posiblemente dos de ellos, que fueron Gregorio Geranio Aguilera, oriundo de Itacurubí de la Cordillera, y un tal Arzamendia, joven argentino hijo de paraguayos. Se dice que Aguilera ingresó nuevamente al país para reorganizar la Columna Mariscal López de FULNA y que fue localizado y detenido en Itacurubí de la Cordillera y ejecutado en Santa Elena en 1967, mientras que Arzamendia murió ahogado al intentar cruzar el Paraná en la zona de Encarnación.

–¿Y de la segunda ola del M14?

–Solo tres sobrevivientes fueron presos: Ramón Alvarenga, Gregorio Alcaraz e Ireneo (o Bruno) Godoy, quien después fue ultimado en la cárcel.

–¿Qué consecuencias tuvo la derrota de los grupos armados?

–A largo plazo, la derrota de las guerrillas del Alto Paraná tuvo dos consecuencias. En el ámbito interno aceleró la consolidación del régimen de Stroessner, inculcando un temor generalizado entre la población. Con la muerte o destierro de tantos activistas, el cambio en la correlación de fuerza en los partidos Liberal y Febrerista hizo que los entreguistas negociaran más fácilmente su incorporación al proceso de legitimación del régimen.

–¿Y en lo externo?

–En el ámbito externo, aceleró el giro en la política exterior hacia Brasil, país que apoyaba a Stroessner a cambio de beneficios.

–¿Qué rol jugó el Gobierno argentino en la organización de ambos grupos armados?

–El Gobierno argentino ofreció entrenamiento a los del M14, además de entregarles pequeños lotes de armamentos, en forma clandestina. La ayuda se cortó cuando el anticomunismo superó el antiperonismo y el Gobierno argentino tragó sapos y mejoró sus relaciones con Stroessner.

Artículo publicado en el diario ABC COLOR

En fecha 7/Abril/2013

Fuente en Internet: ABC COLOR DIGITAL / PARAGUAY

 

 

 LA LUCHA ARMADA CONTRA EL DICTADOR ALFREDO STROESSNER 

La lucha armada fue un acontecimiento poco frecuente durante la dictadura de Alfredo Stroessner. Al respecto, el domingo 7 aparecerá, con el ejemplar de nuestro diario, un libro sobre el tema: “Las guerrillas del Alto Paraná”, del historiador y escritor británico Andrew Nickson.

Este libro, escrito de manera especial para la Colección Guerras y Violencia Política en el Paraguay, de ABC Color y la editorial El Lector, trata del auge del movimiento guerrillero durante 1959-1960, cuando aproximadamente 250 opositores, mayoritariamente jóvenes, entraron clandestinamente al país por la selva del Alto Paraná con miras a derrocar la dictadura.

Pertenecían a dos movimientos separados: por una parte, el Movimiento 14 de Mayo (M14) y, por otro lado, al Frente Unido de Liberación Nacional (Fulna). En su gran mayoría, estos rebeldes murieron en una lucha tan desigual que bordeaba lo quijotesco.

El M14 estuvo integrado preferentemente por jóvenes liberales, mientras que los del Fulna eran casi todos comunistas.

El texto comienza en la finalización de la guerra civil de 1947, para ir explicando toda la inestabilidad originada en la puja entre los diversos sectores del gobernante Partido Colorado, que pretendían hacerse con el poder y excluir a los adversarios internos.

Señala Herib Caballero Campos en el prólogo del libro, que en esta obra hay una visión cruda y clara de la intolerancia y la persecución a la población excluida de las discusiones políticas y que estaba sumida en la pobreza y el aislamiento, sobreviviendo en paupérrimas condiciones de vida.

El autor describe no sólo porque fueron derrotados ambos grupos armados, sino también narra las sanguinarias y salvajes acciones de los comandantes militares y de los jefes civiles que reprimieron la incursión armada.

Esos actos de lesa humanidad –expresa Caballero Campos en su prólogo– no fueron el resultado de la voluntad de los jefes militares de la represión, sino que respondían a una táctica por la cual se extendía en la población civil de la región el miedo, pues dichos vejámenes serían el destino para quienes osaran desafiar al poder del régimen stronista.

A su vez, en la introducción del libro, Andrew Nickson apunta que en este trabajo se explica la coyuntura nacional e internacional de aquel momento (finales de los años 50 e inicios de los 60), y se cuenta la experiencia de cada una de las varias incursiones.

Artículo publicado en el diario ABC COLOR

En fecha 3/Abril/2013

Fuente en Internet: ABC COLOR DIGITAL / PARAGUAY

 

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