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RAÚL CASAL-RIBEIRO VELAZCO
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RAÚL CASAL-RIBEIRO VELAZCO


Datos biográficos:

 

CASAL-RIBEIRO VELAZCO, RAÚL: Periodista y vicepresidente de la República. Nació en Asunción, el 14 de agosto de 1887, hijo de Joaquín Casal-Ribeiro y Elodia Velazco. Su padre fue comandante del buque brasileño "Río Branco" y se radicó en el Paraguay luego de la Guerra de la Triple Alianza, contrayendo matrimonio.

Raúl, fue el segundo de diez hermanos (Joaquín, Elodia, Yiyita, Ester, Aída, Amanda, Estela, Sarita y Livia). Realizó sus estudios en el Colegio Nacional de la Capital, prosiguiendo luego su carrera universitaria en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Asunción.

Fue un conspicuo dirigente estudiantil y uno de los presidentes del Centro de Estudiantes de Derecho. También se dedicó a la docencia, enseñando en escuelas, colegios y en la Escuela Militar.

Se dedicó, entre otras actividades al periodismo,dirigiendo el periódico "El Liberal”.

Desde muy joven se afilió al Partido Liberal, iniciando su carrera política.

El presidente Eligio Ayala le nombró Jefe de Policía y como tal, fue el organizador de la Policía Montada y de un Cuerpo de Bomberos de dicha institución. Posteriormente fue senador y ministro de Guerra y Marina del gobierno del presidente José P. Guggiari.

Le correspondió la responsabilidad de llevar adelante las gestiones de organización de las fuerzas armadas ante la inminencia y posterior declaración de la guerra con Bolivia.

Fue elegido Vicepresidente de la Repúblicapor el período 1932-1936, acompañando el desarrollo del conflicto paraguayo-boliviano desde tan importante cargo y desempeñando a lo largo de la guerra numerosas misiones encomendadas por el gobierno del doctor Eusebio Ayala.

Luego del derrocamiento del presidente Ayala -el 17 de febrero de 1936- partió al exilio, de donde volvió en 1937, luego de la deposición del presidente Franco, pero, con la asunción del general Morínigo, nuevamente seexilió en la Argentina, de donde volvió 12 años después, en 1952.

Fuente: FORJADORES DEL PARAGUAY – DICCIONARIO BIOGRÁFICO. Realización y producción gráfica: ARAMÍ GRUPO EMPRESARIAL. Coordinación General: Ricardo Servín Gauto. Dirección de la obra: Oscar del Carmen Quevedo. Tel.: 595-21 373.594 – correo: arami@rieder.net.py– Asunción-Paraguay 2001 (716 páginas).

 

 

 

RAÚL CASAL RIBEIRO. ANTECEDENTES FAMILIARES. ADOLESCENCIA

Los Casal Ribeiro, padre y abuelos, descienden de los "brasileros", cuyos orígenes provienen de una mezcla de raza blanca y negra, por un lado de los colonizadores portugueses y, por otro, de nativos o esclavos africanos, que a la vez tuvieron sus raíces en Yoruba-Quimbundu¬Bonin (Nigeria y Angola). A ellos fueron agregándose los colonizadores franceses y holandeses que se instalaron en el norte del Brasil. En el siglo XX, inmigrantes alemanes, italianos, de Polonia y Japón, aportaron lo suyo para el fortalecimiento de la nueva mezcla racial de este extraordinario país que tuvo, sin embargo, la influencia predominante de los portugueses.

El Brasil, caracterizado por su mayor número de inmigrantes que de emigrantes, siempre se preocupó de tener una fuerte corriente inmigratoria, fundamentalmente porque Don Juan VI, que fuera Rey de Brasil, promulgó una ley -en noviembre de 1808- que autorizaba a los extranjeros a poseer tierras. Es así que el apellido Casal Ribeiro tiene que provenir de esa mixtura y sin lugar a dudas es un apellido de fuerza y templanza, como se verá más adelante. El pueblo brasileño, para cuya formación participó un reducido número de mujeres blancas que acompañaron a los portugueses, quienes a su vez se relacionaron con las indias o con esclavas negras, así como la fusión de los mulatos y mamelucos a ellos, tiene la fuerza y vitalidad que se observa en su gente, muy emprendedora y capaz. Allí está el origen de este apellido ilustre.

El nacimiento de Raúl se produjo en Asunción el 14 de agosto de 1887 en el seno de la familia Casal Ribeiro-Velazco. Su madre, Doña Elodia Velazco, uruguaya, era descendiente del Gral. Velazco, de activa participación en la guerra de la independencia de los "33 Orientales", de la República hermana del Uruguay, y su padre, Don Joaquín Casal Ribeiro, brasileño, llegó al Paraguay recién hacia el final de la Guerra de la Triple Alianza. Era miembro del Ejército brasileño y comandaba el barco de transporte "Rio Branco". Contaba con 21 años cuando conoció a la joven Elodia, con quien, luego de un trato de dos años, contrajo matrimonio, abandonando su carrera militar.

Dedicado al comercio, se asoció a Don Pedro Rocha y fundó en el Uruguay una sociedad de almacenes y ramos generales. El 30 de mayo de 1880, los socios abrieron una sucursal en Asunción, que importaba y exportaba productos nacionales al por mayor, especialmente tejidos.

A fines del año 1882, la sociedad instaló su sede central en Asunción, en virtud del trato afable del señor Joaquín, quien estableció una tienda-una de las primeras de ese tipo- que se ubicó en Palma y 25 de Diciembre, y se denominó "Bazar de la Asunción", prosperando en forma inmediata. Dueño de varias propiedades, la mejor adquisición tal vez haya sido la de 1884, cuando pagó con la utilidad líquida de un año de producción la adquisición de la fábrica de fósforos de los hermanos Manzoni para la sociedad constituida por Casal Ribeiro & Cía. El prestigio de Don Joaquín era reconocido por sus cualidades de buen comerciante, motivo por el cual los bancos le recibían con las puertas abiertas. Hacía sus compras en Europa y en los mercados de Montevideo y Buenos Aires. Fue uno de los principales importadores de las sales de Cádiz, que tanto consumo tenía en el país para el engorde de la hacienda y la salazón de cueros y pieles. Raúl, cuando pequeño, trabajaba con él como mandadero y le deleitaba visitar la estancia "Katygua", de Arroyos y Esteros, para estar en contacto con la naturaleza y cuidar los bienes de su padre.

Duro golpe constituyó para esta distinguida familia -que por su trato afable y cordial merecía el aprecio de todos- la pérdida de Don Joaquín, fallecido en París, Francia. Al respecto, el "Diario de los Sucesos" del 21 de noviembre de 1885, publicó lo siguiente: "Dolorosa impresión ha causado la noticia del fallecimiento del señor Casal Ribeiro en Europa. El extinto gozaba en el seno de nuestra sociedad universales simpatías. Infatigable, inteligente y trabajador, perteneció a la falange del esforzado pionero extranjero que ha dado rumbo a nuestro comercio y ha hecho nacer la industria sobre nuestro suelo fecundo". A su muerte se hizo cargo de la administración su hijo mayor, Joaquín, joven e inteligente comerciante que atendió el antiguo bazar de la calle Palma y 25 de Diciembre y se estableció en la calle Garibaldi al 200, que le sirvió para ser posteriormente un acaudalado importador.

Prematuramente herederos de los bienes fueron su viuda Doña Elodia Velazco y sus diez hijos, quienes vivieron en la vieja casona paterna de Montevideo y Estrella. Raúl era estudioso, muy amigo de los libros. Le gustaba la lectura. Fue alumno del Colegio Nacional para escoger posteriormente la carrera de abogacía.

Su juventud transcurrió en la vieja casona que tenía en la parte lateral unos corredores hermosos, rodeados de jazmines y naranjales. Allí reinaba la alegría y las niñas eran de extraordinaria belleza, que practicaban la religión católica profundamente y con devoción. Allí el piano nunca dejaba de sonar. Se recitaban poemas y se comentaban obras teatrales. Los hermanos Casal Ribeiro salían, en su juventud, y eran admirados por las jóvenes, entre ellas por Anselmita Heyn, de notable belleza. Cada uno formó su propio hogar. Joaquín, el mayor, convertido en un próspero despachante de aduana, que también poseía un negocio de almacén al por mayor, tenía su oficina en la calle Garibaldi al 200 y se unió en matrimonio a Doña Martha Guanes, descendiente de una conocida familia de estirpe de Asunción. Raúl desposó a Lilí Gautier, mujer de fina talla, de origen francés, quien le dio una hija de belleza sin par que se llamó María Teresa Casal Ribeiro Gautier.

Las hermanas Casal Ribeiro formaron también sus respectivos hogares. Elodia, la mayor, fue la esposa de don Antonio Vierci. Yiyita se casó con Juan Gaona, hijo del ex-presidente Don Juan B. Gaona. Esther unió su vida a un descendiente de una familia de Rio de Janeiro, de noble estirpe: los Gomensoros. Aída se casó con el ganadero de Concepción, Don Enrique Zavala; Amanda con el odontólogo Don Lorenzo Cassanello. Enrique Mares, próspero comerciante, fue marido de Estela, y Romilio Llano de Sarita. Esta pareja se afincó en corrientes (R.A.). Livia, por su parte, lo hizo con Don Raimundo Antonio Llano Chamorro.

El único nieto de Don Joaquín -y entre los bisnietos el señalado por haber heredado, aparte de un extraordinario parecido, la inteligencia, la brillantez y la visión para los negocios- es Don Antonio J. Vierci, quien ha creado un complejo que reúne a 16 empresas, con más de 36.000 clientes registrados y tiene alrededor de 1.250 empleados. A.J. Vierci & Cía. trascendió las fronteras y tiene sucursales en La Paz, Santa Cruz y Puerto Aguirre (Bolivia), Buenos Aires (Argentina), Iquique (Chile), Montevideo (Uruguay) y en Sao Paulo (Brasil). Tiene diez sucursales en el Paraguay, y últimamente hizo una inversión de 2.500.000 dólares en la instalación de una fideería, con tecnología de punta que actualmente funciona en Itauguá.

A todas estas inversiones de Don Antonio J. Vierci, se suma además el Canal 4 de Televisión, que desde hace poco tiempo atrás está en período de pruebas técnicas antes de su presentación oficial.

JUVENTUD Y POLÍTICA

Raúl cursó sus estudios en el Colegio Nacional, de donde egresó como Bachiller. Sus estudios universitarios fueron realizados en la vieja casona que perteneció a Madame Lynch, esposa del Presidente de la República y Mariscal Francisco Solano López, que sirviera de asiento a la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales y cuya parte principal estaba ubicada sobre la calle Wilson, actualmente denominada Presidente Eligio Ayala, entre Yegros e Iturbe.

Condiscípulo de Don Hernán L. Sosa, de brillante actuación en la más alta magistratura de la República, Raúl recibió la influencia del Dr. Cecilio Báez, varias veces Presidente de la República del Paraguay. Atendía los consejos del ex Presidente paraguayo don Manuel Franco, así como los de don Eduardo Schaerer. Tenía fluidos tratos con el Cnel. Albino Jara, el Gral. Benigno Ferreira; el Cnel. Adolfo Chirifeyel Gral. Manlio Schenone, porque era un hombre de buen temperamento y brillante actuar, que conquistaba la simpatía en forma inmediata.

Gustaba ejercer la profesión de abogado, inclinándose hacia el Derecho Administrativo, que era la parte del Derecho que más le gustaba, sin descartar la parte civil y comercial. Leía con frecuencia los libros del Dr. Bielsa. Concurría a menudo para adquirir libros a la Librería Puibon, así como a la Casa Villadesau para escuchar música clásica. Tenía un amigo, entre varios, que se destacaba, y era el joven correntino Dr. Hugo Alsina, que posteriormente sería uno de los grandes comentaristas del Código Civil argentino y autor del Código Procesal Civil, quien se embarcaba en su provincia natal y desembarcaba en Asunción. En el muelle lo esperaba su joven y radiante amigo, el que lo trasladaba hasta la casa paterna de Montevideo y Estrella. De allí se iba a la Estancia "Katygua", en Arroyos y Esteros, para pasar los quince días de vacaciones con que contaba.

Fue también maestro, profesor de Derecho y Ciencias Sociales de distintas escuelas, colegios y principalmente de la Escuela Militar, que había sido creada bajo la presidencia de Don Eduardo Schaerer, allá por el año 1916. Sus clases impartidas en esta última eran concurridísimas, generalmente no había asiento libre, los jóvenes alumnos militares lo escuchaban con atención a este profesor, que estaba a la altura de Don Emiliano Gómez Ríos y de Don Juan José Soler, aquel que perfeccionaría sus estudios de maestro en la ciudad de Paraná, República Argentina.

Muy joven se afilió al Partido Liberal, siguiendo los consejos de su cuñado, Don Juan Gaona, hijo del ex Presidente de la República Juan B. Gaona, quien también tenía influencia en sus principales amigos políticos. Fue en este tradicional Partido que cumpliría un destino providencial al frente del ministerio de Guerra y Marina. Por entonces cortejaba a una joven de la familia Aguilera, a la par que hacía lo propio con la hermana menor el que fuera con posterioridad profesor Don Emiliano Gómez Ríos, Director General de Escuelas. Luego, prendado de la gracia y hermosura de Lilí Gautier, la eligió como compañera de la vida, desposándose con ella.

En el año 1911 surge la idea del importante "Club Juventud Salteña" del Uruguay, de realizar una peregrinación al Paraguay y se envía, ya en el año 1912, una nota al presidente del Centro de Estudiantes de Derecho, Raúl Casal Ribeiro, quien se encarga de organizar la recepción de los uruguayos. Fue una fiesta nacional a nivel de pueblo, estudiantes y gobierno. Sólo Casal Ribeiro tenía esa cualidad muy especial de organizador, y lo hizo con admirable capacidad, llevando a feliz término la labor que se había impuesto. La nota del Club Juventud Salteña decía:

"Salto, diciembre 4 de 1912.

"Señor Presidente de la Asociación de Estudiantes de Derecho, Don Raúl Casal Ribeiro.

"De nuestra mayor consideración: La Comisión Directiva del Club Juventud Salteña, que actualmente organiza una peregrinación a ese hermoso país de nuestros grandes afectos...

".. . Y es por eso que solicitamos de la Asociación de Estudiantes de Derecho haga las gestiones del caso para que nos permita colocar una placa en la tumba del heroico General José Eduvigis Díaz, homenaje de la juventud oriental al proverbial valor paraguayo.

Américo G. Villa     César R. Pocimani

Presidente                   Secretario"

 

La contestación no se hizo esperar. Héla aquí:

"Asunción, enero 8 de 1913

Señor Presidente del "Club Juventud Salteña", don Américo G. Vila:

"Por la Comisión Directiva del "Centro Estudiantes de Derecho", que presido, tengo el honor de dirigirme a usted acusando recibo de su nota de fecha 4 de diciembre último.

"Portadora de un mensaje particularmente grato para nosotros, la comunicación de la juventud del Salto ha sido acogida con general aplauso por los miembros de este Centro, como por la sociedad paraguaya y el pueblo entero.

"Bienvenida será la juventud uruguaya entre nosotros. Su hermana del Paraguay no podrá brindarle ni la ruidosa pompa, ni la fastuosa recepción de las grandes capitales, pero acaso podrá ofrendarle con creces la franqueza de un corazón, la sencillez de un alma y la sinceridad de un cariño.

"Sea el Uruguay, antes que nadie, el primero de los adversarios de ayer, que nos envíe su hermosa legión de juventud, para sellar sobre la tumba de dos héroes la reconciliación definitiva, ya que fue también el Uruguay el primero que supo tendernos la mano en la hora angustiosa del infortunio, restituyéndonos reliquias guerreras y condonando deudas que jamás debieran ser. Y sean testigos de este hecho histórico, comunión de dos razas, conjunción de dos almas, la sombra de Artigas, el padre de un pueblo, y la sombra de Díaz, centinela del otro.

"Aprovecho esta oportunidad para saludar al señor presidente con mi consideración más distinguida.

Raúl Casal Ribeiro

Presidente

 

Juan Stefanich

Secretario".

 

Refiriéndose a la recepción, decía al día siguiente el diario Colorado: "El acto de ayer ha sido, en su género, realmente excepcional. Nunca se ha visto recepción diplomática como ésta, jamás se ha exteriorizado en forma más franca y espontánea el aprecio del pueblo por enviados de un país amigo".

Extracto del mensaje de José Enrique Rodó: "Única patria es América; pero dentro de esta unidad hay pueblos que con más singular fraternidad se atraen y que más eficaz y claramente perciben la armonía de sus destinos. Paraguayos y orientales forman, sin duda, el más cabal ejemplo americano de aquella "grande amistad" que Michelet soñaba ver consagrada en las relaciones de los pueblos. Reciprocidad de afectos y comunidad de intereses, los vinculan. El Uruguay es el Paraguay atlántico; el Paraguay es el Uruguay de los trópicos...".

Extracto del mensaje de Zorrilla de San Martín: "... Y ese amor de orientales y paraguayos será edificante para todos y cada uno de los miembros tan queridos de nuestra joven ibérica familia; proclamará la sola ley que puede hacernos y nos hará fuertes y felices, en la luz y la armonía; será ejemplo y será gloria. Hasta la vuelta, pues, mis buenos viajeros al Solar del Sembrador. No olviden mis recuerdos. Buen viaje... Hasta la vuelta".

Mensaje del doctor Luis Alberto de Herrera: "Me faltan palabras para agradecer a la juventud paraguaya su noble recuerdo. Sólo los espíritus yermos pueden establecer paralelo entre los éxitos positivos y el encanto indecible que deriva de las grandes sanciones morales. Soy, pues, deudor de una emoción muy dulce a los estudiantes del país hermano, ya que no es cierto -y ahora por experiencia lo afirmo- que el corazón declina, marchito, cuando empiezan a platearse las sienes. La peregrinación patriótica de orientales al Paraguay marca un acontecimiento memorable...".

***

 

¡SED BIENVENIDOS!

Eloy Fariña Núñez

 

Sed bienvenidos, nobles uruguayos,

Hijos de la gentil Montevideo,

A la tierra solar donde durmiera

El gran Artigas su glorios sueño,

Y donde no seréis jamás extraños

Desde que disteis el viril ejemplo

De perdonar la deuda de la guerra

Y de restituirnos los trofeos.

 

Estáis en vuestra tierra, en vuestra casa:

La sal de la comida os ofrecemos,

El pan vital partimos con vosotros

Y os brindamos el mate solariego.

La paz de nuestro escudo, con vosotros

Sea, al posar la planta en nuestro suelo,

Teatro del Honor y el heroísmo

Y trágico testigo del denuedo

Con que lucharon vuestros fuertes padres

En singular combate con los nuestros,

Allá en los campos donde hoy florecen

Vuestros recuerdos y nuestros recuerdos.

 

Bienvenidos seáis y enaltecidos

Al país del naranjo y del ensueño.

En su homenaje, atruene el aire el Himno

Que a un oriental homérida debemos;

Fúndanse sus estrofas inmortales

Con las palpitaciones de ambos pueblos;

Y al extinguirse en la celeste altura

 

La postrer vibración del patrio verso,

Sientan los uruguayos con nosotros,

En la fraternidad de los recuerdos,

Sobre la sugestión de la poesía,

La santa bendición de nuestros muertos.

 

Venís con un laurel en vuestras manos,

De la gaya y sin par Montevideo,

En cuyo oriente asoma tempranera

La claridad del pensamiento nuevo,

Mientras Ariel, el genio luminoso,

Al centro de la luz levanta el vuelo

Y el sacro olivo, consagrado a Palas

Susurra gravemente en vuestros huertos.

Venís de la ciudad encantadora,

Asilo hospitalario en el destierro,

Enemiga del duro despotismo

Y amante esclarecida del derecho.

Venís de la preclara villa nuestra

A la noble Asunción del comunero,

Cuyo destino en el pasado ha sido

Cerrar los ojos de los grandes muertos,

Ya funde una nación y Artigas sea,

Ya un luchador y llámese Sarmiento.

 

Con la mirada fija en vuestras glorias,

Bajo la esplendidez de nuestro cielo,

Evocad libremente la gran sombra

Del paladín sin mácula y sin miedo,

En el solar que viera sus angustias

Y donde meditara tanto tiempo

Bajo el grave mirar del hosco Francia,

 

Que lo contemplaría en su aislamiento

Como la encarnación más eminente

De la sagrada libertad de un pueblo.

Evocadlo en sus horas postrimeras,

Agobiado de gloria y sufrimiento,

Labrando, a modo de un varón antiguo,

La madre tierra con fecundo esfuerzo,

Después de haber sembrado en los espíritus

Grandes ideas y elevados sueños.
y jurad con valor por sus cenizas

Permanecer leales al derecho

Que sostuvo su mente generosa

En la guerra, en la paz y en el destierro.

 

Orientales, la tierra hospitalaria,

Que os acoge con júbilo en su seno,

Conserva en sus entrañas la simiente

Que echara un día el sembrador de pueblos

Con un altivo gesto catoniano

En la profundidad del surco abierto.

La campiña que veis, toda florida,

Vio su figura de varón austero;

Todo este sitio sacro fue testigo

De sus meditaciones y sus sueños,

Aquí vio aproximarse lentamente

La hora fatal del sueño sempiterno,

Lejos de todo lo que amara en vida

Y ejecutó su brazo justiciero;

Y aquí cesó de palpitar un día

Su corazón, impávido y sereno,

Cubriéndolo de flores los naranjos

En símbolo nupcial de su himeneo,

Con la inmortalidad augusta y pura

De las encarnaciones del derecho.

 

Sed bienvenidos, pues, nobles, hermanos,

Al hogar que fue pío y que fue bueno

Con el varón magnánimo y valiente

Cuando, impelido por el hado adverso,

Buscaba entre los hombres un asilo

Donde exhalar su generoso aliento,

Con la frente cargada de laureles,

Pero sangrando de dolor su pecho.

Inclinamos la frente con vosotros,

En el altar común de los recuerdos,

Ante la efigie luminosa y grande

Del numen tutelar de vuestro pueblo.

Y poniendo su sombra, por testigo,

unos y otros en su honor juremos

Luchar unidos en el Nuevo Mundo

Por las ideas libres del progreso.

***

La peregrinación fue un éxito total. Los uruguayos desembarcaron en Encarnación, luego en tren hasta Asunción, donde fueron recibidos por el señor Presidente de la República, Don Eduardo Schaerer, en el Palacio de López. Posteriormente fueron recibidos en el Congreso Nacional, donde pronunció un discurso el diputado José Patricio Guggiari.

***

Cuando sus múltiples labores, a veces particulares y otras oficiales, le permitía tomarse unas vacaciones, gustoso recorría pueblos que no conocía. En una ocasión, y para retribuir la visita de su amigo, el destacado civilista argentino Alsina, viajó a Corrientes. Descartó la tradicional vía fluvial y lo hizo en tren desde Asunción a Paraguarí. De allí se desplazó en aquellos "Expresos", colectivos de la marca Ford, hasta San Ignacio, pasando por Carapeguá, Quiindy, Caapucú, Villa Florida, San Miguel y San Juan Bautista. Continuaba su viaje en auto más pequeño, no sin antes visitar diversas estancias ubicadas a su paso que pertenecían a familiares, y llegaba al río Paraná sobre caballo. Cruzaba el río sobre el "Kaí Puente" y se dirigía a la calle Plácido Martínez y Córdoba, muy cerca de la costanera de Corrientes, sobre el río. Culminaba este viaje en un barco que lo traería de retorno a Asunción, luego de pescar en canoa en uno de los brazos del río Paraná, de escuchar la música de aquella época, interpretada por la orquesta típica de Don JuanD'Arienzo, en el Jockey Club, y pasar por la calle Junín, que es como nuestra calle Palma, por ser la principal de Corrientes.

Tan anecdótico viaje permitió a Raúl pasar unos días con su cuñado, Don Raimundo Llano, en San Juan Bautista. Para llegar se debía cruzar el arroyo Guaviyú, pasando por un lugar denominado "Tala" que hoy es reconocida como una de las mejores cabañas o "ranch" del mundo, y sus propietarios son Don Raimundo Antonio Llano e hijos. "Yegua Retó" es de la época de los jesuitas y posterior a la guerra se denominó "Estancia de la

Patria", vendida a ganaderos correntinos. Su propietario actual es un querido ganadero de la zona, cuyo nombre es Florencio Llano.

En San Juan, sitio que visitó una sola vez, el pueblo liberal, al saber que él estaba, concurrió masivamente con sus banderas azules a saludarlo. Este viaje coincidió con la fecha aniversario de la hermana República Argentina. En la casa grande de los Llano vivía Teodolfa, hermana de Don Raimundo, casada con Don Carlos Avalos Bilinghurt, Cónsul Honorario de la Argentina. En homenaje a ello los cuñados organizaron una fiesta nocturna en la plaza denominada actualmente "José Félix Estigarribia", frente a la Catedral de San Juan, y al son de los himnos argentino y paraguayo se escucharon los discursos del Cónsul argentino y de Don Raúl Casal Ribeiro.

Durante los meses de enero y febrero solía ir de vacaciones a la estancia "Katygua", de Arroyos y Esteros, que tenía diez leguas y albergaba a más de 10.000 cabezas de ganado. Allí salía al amanecer con la peonada para juntar a los animales que llegaban a eso de las siete al rodeo para el control general y las curaciones de los terneros. Terminada esta tarea, cerca de las nueve de la mañana, llevaba al arroyo-ion los personales a cargo de Don Arnaldo González- a los caballos para nadar y gozar del agua fría. Allí se les sacaba la montura y se subían en pelo. Era un espectáculo del cual Don Raúl gozaba con extraordinaria alegría. Al atardecer se reunían junto al fogón, a pesar de que durante el día se había tenido 30

grados de temperatura. Allí se hablaba sobre temas generales y el capataz González, aparte de ser gran conocedor del campo, contaba las anécdotas que le había transmitido su padre referentes a su participación en la (Guerra de la Triple Alianza, como integrante del Ejército del Mariscal Francisco Solano López, desde Curupayty hasta Cerro Corá. Comentaba cómo fueron tomados prisioneros en Cerro Corá, el Cnel. Juan Crisóstomo Centurión y el Gral. Bernardino Caballero. El primero recibió un balazo que le atravesó el cuello y la mandíbula y el Gral. Caballero fue enjaulado y enviado primeramente a Concepción para ser trasladado luego a Rio de Janeiro. Al padre de González lo dejaron en libertad en Asunción. De allí fue a Arroyos y Esteros para establecerse y formar su hogar. Las hermosas anécdotas que recordaban la experiencia del hombre de campo eran escuchadas con atención por Don Raúl, quien gustaba de reunirse con esa gente que había nacido y se había curtido en el campo de la sierra del Departamento Central.

Los hermanos Casal Ribeiro, Joaquín y Raúl, tenían sus preferencias hacia sus hermanas mellizas, muy conocidas en el ambiente asunceno. Aída, casada con el ganadero Enrique Zavala, era la mimada de Don Joaquín, y Livia lo era de Raúl. Aída tenía en su casa de la avenida Colombia un frondoso árbol de mango, del cual pendía una hamaca de madera en la que Don Joaquín solía hamacarse al atardecer, mimando a su sobrina y conversando con su hermana. Los días previos a la Semana Santa, iba todos los días para ver a los fieles católicos que iban con sus lamparitas prendidas a vela, cantando y rezando oraciones con fe y devoción, y caminaban sobre el empedrado desde la iglesia de San Francisco hasta la Recoleta. Las canciones llegaban a lo más profundo y los hermanos Casal observaban atentos.

Don Raúl amaba a todos sus sobrinos, siempre las puertas de su casa estaban abiertas a ellos. Sin embargo, tenía cierta preferencia con las mujeres, entre las que se destacan: Amandita Cassanello de Lebrón, Estela Mares de Camperchioli, Elodia Gaona de Bilbao, Marta Casal Ribeiro de Rodríguez Alcalá. Entre los varones lo fueron Horacio Gaona, Horacio Cassanello, Juan Bautista Vierci, Enrique y Fernando Zavala, entre otros.

EL JEFE DE POLICÍA

Durante la presidencia del Dr. Eligio Ayala se lo nombró como Jefe de Policía. La característica fundamental de este Presidente era que durante su mandato debía regir paz, orden y trabajo y al nombrar al Dr. Raúl Casal Ribeiro sabía que el cargo era para un hombre de temperamento y capacidad. Los cuatro años de gobierno así lo demostraron, al ser ese período el de mayor tranquilidad, dentro de un marco de austeridad y patriotismo. También fueron los años en los cuales se previeron muchas cosas, pues se veía venir la guerra con Bolivia.

Este Presidente civil, a quien no gustaba ni temía la prepotencia de los militares, fue el que determinó que era necesario contar con una fuerza naval y un ejército especializado, como la aviación. Fue él quien dio importancia a la Escuela Militar y a la Marina de Guerra, en una época de respeto al adversario político y a todo ciudadano de bien. Ejerció el cargo con dinamismo patriótico, siguiendo siempre las indicaciones del señor Presidente, que establecía claramente que en su gobiernodebía de primar esos principios fundamentales. Generalmente las órdenes eran impartidas por medio de escritos, cartas u oficios que el elegido cumplió a cabalidad. El Paraguay era un oasis de paz y seguridad durante esos años y todo se hacía principalmente en base a la austeridad, como ya lo dijimos, y al cuidado de la cosa pública. El funcionario empleado debía ser intachable, honesto y dedicarse con responsabilidad a su trabajo.

Por ese tiempo fueron adquiridos los cañoneros "Paraguay" y "Humaitá", construidos en Italia, así como armas para la defensa nacional y se fundaron nuevos fortines. El Presidente Ayala era de poco hablar. A los militares les llamaba por su grado, a los correligionarios y funcionarios de gobierno como a los opositores, por su apellido o profesión. Muy pocos eran llamados por su nombre, entre los cuales se encontraba su Jefe de Policía. A él le decía que había que tener una inmigración fluida y permanente y que había de procurar que viniera gente de bien, es así que durante dicho período se confirmó el contrato con los mennonitas, por el cual se llegó a un acuerdo para que vinieran a radicarse en el país. El libro denominado "La Inmigración en el Paraguay", escrito por el Presidente, influyó sobre el tema. También el Jefe de Policía tenía el libro "Inmigración: Inmigrar es poblar", que formaba parte de una colección de 18 tomos del reconocido estadista argentino Dr. Juan Bautista Alberdi, que simpatizaba con la causa paraguaya y cuyos volúmenes en la actualidad se encuentra en la Biblioteca del Dr. Gustavo Ruiz Portaluppi.

En una visita que efectuara el Director de la Escuela Militar, General Manlio Schenone y ante un planteamiento del mismo, el Dr. Casal Ribeiro le manifestó: “Debemos olvidar los rencores, mirar el futuro. Muchas veces es conveniente que por el bien de la patria se cierren los ojos para mirar hacia adelante y el Paraguay necesita muchas, pero muchas cosas. No perdamos el tiempo en odios, rencores y en no querer olvidar el pasado. Vivamos el presente, General, y miremos con fe el futuro de la Patria olvidando los rencores".

Esas palabras las pronunció la vez que el Gral. Schenone le comentó que todos y cada uno de sus camaradas recibidos con él a principios de siglo en la hermana República de Chile lo fueron traicionando, quejándose hasta de la conducta del Cnel. Chirife. Las del Jefe de Policía en respuesta a ellas fue un mensaje a la vez para los diputados y senadores que debían ser elegidos a finales de este siglo.

Como anécdota, el Dr. Casal Ribeiro solía comentar que durante su jefatura nunca fue detenido por la comisión de un delito de robo, estafa, herida o maltrato a un ciudadano de origen judío, o que lleve el nombre de David, Mauricio o un apellido castizo como el de Flores. Al respecto de los primeros decía que todos aquellos que lo visitaban entraban por la puerta grande y eran recibidos cortésmente. Algunos de los que conversaban con él sobre temas nacionales y alguna que otra inquietud, fueron Don Mauricio Libster, Don Jacobo Tauber, Don Enrique Matalón, los Mendelson, quienes accedían a su despacho sin inconvenientes.

Organizó la Policía Montada, constituida por soldados jinetes con caballos tipo Cuarto de Milla y Pecherón, con sus respectivos jefes, que formaban prácticamente un regimiento. Ellos salían a realizar vigilancias especiales, preferentemente los espectáculos muy concurridos, como los partidos de fútbol que se realizaban en las canchas del Club Olimpia, Cerro Porteño y Estadio Sajonia, que por aquel entonces quedaba cerca de la ribera del río Paraguay.

Creó el Primer Cuerpo de Bomberos de la Policía y se ocupó en especializar no sólo al personal componente de esa agrupación, sino de las otras creadas para el mejor cumplimiento de sus funciones. La Central de Policía ocupaba un gran espacio que prácticamente cubría dos manzanas, que, se extendía desde la calle Presidente Wilson, que hoy vendría a ser Presidente Franco, desde la esquina de Independencia Nacional, donde funcionaba la vieja Escribanía de los Livieres, reconocida por su prestigio en la época, hasta la calle Chile, donde estaba ubicado el frente y lindaba con el establecimiento de la firma "The Derby", y la casa de una tradicional familia que veneraba en una capillita a la imagen de la Virgen Nuestra Señora de la Asunción, y terminaba en el límite con el Teatro Municipal, sobre la actual calle El Paraguayo Independiente.

En esa institución había un lugar destinado a los presos comunes, que posteriormente concurrían, citados por los jueces, al Tribunal que quedaba en Palma entre Chile y Alberdi, denominada Palacio de Justicia, o "Tribunal-i".

Por ello y ante la visita de un enviado del diario "La Opinión" que le preguntó dónde estaban los delincuentes, ladrones y criminales, si los bandidos estaban en los barrios Ricardo Brugada, Obrero, La Encarnación, San Roque, en el nuevo denominado "Sajonia", le respondió: "Allí, en esas dos manzanas, que no los busquen más en otra parte", sorprendiéndole al periodista.

El Presidente de la República era muy cuidadoso y estaba enterado de todo lo que sucedía en la Policía, por medio de nota intercambiadas con su jefe policial, y era él quien finalmente tomaba las determinaciones más importantes, que eran transmitidas al Dr. Casal Ribeiro, quien cumplía las órdenes, salvo en algunos casos en los cuales manifestaba su preocupación y alguna forma de pensar distinta al del Presidente. Éste no era amigo de que se le trate de imponer alguna idea o algún mandato, pero generalmente se revertía dicha posición ante los argumentos que le daba. Tenía la costumbre de visitar por sorpresa el Cuartel, al retirarse del Palacio, de ida a su casa situada en las actuales calles Eligio Ayala y Estados Unidos, y que aún conserva su fachada.

Al llegar decía: "Raúl, hoy vengo a comer la comida de los oficiales", entonces se preparaba inmediatamente la mesa para ellos, a más de cinco oficiales de más alta jerarquía. Se comía en un marco de absoluto silencio. La comida era generalmente puchero o locro, con abundante ensalada de lechuga, tomate y cebolla, acompañado de mandioca o batata. Luego hacía las más insólitas preguntas referentes a casos comunes o especiales, preguntaba si se había procedido contra tal o cual delincuente; si había acudido al llamado del Juez el Crimen fulano de tal; si se había previsto cuidar en determinada fecha tal o cual sector o barrio. En fin, esta reunión exigía de los comensales la máxima atención.

El postre consistía en dulce de mamón con queso y al final un café. El Presidente disfrutaba de estas comidas, daba la impresión de sentirse muy a gusto y como en su casa. Al salir se despedía de todos ellos sonriente, cosa rara en él, que sorprendía a todos.

MINISTERIO DE GUERRA Y MARINA

En las declaraciones formuladas a un diario de  Cochabamba por el Dr. Salamanca, delegado boliviano con motivo de la conferencia de limites realizada en la ciudad de Buenos Aires, Comisión Paraguayo-Boliviana, éste manifestó lo siguiente: "La conferencia ha fijado las posiciones contradictorias entre los países contendientes respecto al statu-quo establecido en el Protocolo de 1907 y prorrogado por los protocolares posteriores. El resultado negativo de la conferencia no es malo si Bolivia quiere aprovechar el tiempo para asentarse en el Chaco, pero puede convertirse en malo si Bolivia se descuida. Creo que a Bolivia le conviene más que al Paraguay discutir el statu-quo, sosteniendo su significado puramente posesorio. La renuncia a mi cargo de consejero se debió al desacuerdo con el gobierno tocante a la mediación argentina, que considero un error de ambos gobiernos. Creo que esa intervención es inconciliable con la política de reivindicación de los derechos bolivianos sobre el Chaco. Agoté mi influencia ante el gobierno boliviano para apartarlo de ese camino. Fui a Buenos Aires al servicio de mi país; el

desarrollo de su política internacional claramente establecida era desviada por el gobierno y como mi posición se volviera falsa, renuncié al cargo, como era mi deber".

El Dr. Salamanca, que al comenzar la guerra fue Presidente de la República de Bolivia, pensaba que su país debía llevar una guerra victoriosa y llegar, si era posible, hasta el mismo río Paraguay.

Al comienzo del año 1931, nuestro Ministro de Guerra y Marina, General Manlio Schenone, pronuncia un discurso de tipo subversivo y de tinte dictatorial, que crea zozobra en el gobierno y en el pueblo en general. A principio de la quincena del mes de enero, vuelven los regimientos destacados en el Chaco. Con ese motivo fue ofrecido un banquete en los jardines del Botánico, con la presencia del Presidente de la República como invitado especial y al que asistió la totalidad de los oficiales del Ejército, entre los que no se encontraba prácticamente un solo civil sentado en medio de ellos. A los postres, el señor Presidente pronunció un categórico discurso que decía que el Ejército estaba para velar las fronteras, para cuidar nuestro territorio nacional, cumplir con los reglamentos y ordenanzas y todo lo expuesto y previsto en la Constitución Nacional y por sobre todas las cosas defender la heredad patria, sin inmiscuirse en política, recibiendo por ello un caluroso aplauso que toda la oficialidad le brindó de pie y al que, muy a pesar suyo, tuvo que adherirse el General Schenone, Ministro de Guerra y Marina, quien forzosamente tuvo que felicitarlo.

A comienzos de marzo, la fórmula Luis Riart-Raúl Casal Ribeiro ganó las elecciones internas del Partido Liberal Radical; asimismo, en ocasión de la renuncia presentada por el Ministro Luis De Gásperi, el Presidente de la República le ofreció la cartera del Ministerio del Interior, honrosa y alta distinción al que declinó para continuar en el Senado.

Durante el mismo mes se nombró al Dr. Eusebio Ayala como Embajador Extraordinario ante el Gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica, quien para poder cumplir con su misión y sufragarse los gastos de traslado hasta la sede de sus funciones, que era Washington, tuvo que vender su auto y otros bienes que poseía. Mientras tanto, empezó a cundir la desesperación, la desesperanza y el pánico ante la desorganización total. Hasta había indisciplina y desórdenes en los distintos regimientos. La tormenta se cernía sobre la República. Había que buscar un hombre providencial que organice la defensa, que prepare a la patria para defenderse ante el peligro de la inminente guerra ante un enemigo mentalizado para la guerra, un soldado valiente como el boliviano y que estaba comandado por el General Kuntz, uno de los más destacados militares de Europa. Bolivia estaba preparada y equipada para la contienda. El Paraguay necesitaba al hombre que salve la República, por la situación caótica en la que se hallaba. Gobierno y pueblo no dudaron en elegir a Don Raúl Casal Ribeiro, que en ese entonces estaba en Buenos Aires junto a su cuñado Don Juan Gaona, y que acudió presuroso al llamado de su Presidente.

Al llegar al puerto de la capital, le tomó un estado gripal con alta fiebre que lo tuvo postrado en su casa paterna de Montevideo y Estrella. Allí acudió el señor Presidente de la República para ofrecerle el cargo, que aceptó en nombre de la Patria, porque estaba en peligro la heredad nacional ante el enemigo que se cernía sobre nuestro territorio. La radiante mañana del día 15 de abril de 1931, en el Palacio de López, a las once horas, el Presidente le lee las cuartillas correspondientes y Casal Rieiro responde: "Sí, juro en nombre de Dios y de la Patria". Y desde ese momento ese juramento solemne llega de Bahía Negra hasta la lejana Pilar, desde Presidente Franco hasta General Díaz; ese compromiso de hombre de temple, de decisiones rápidas, de una energía ejemplar, que acudió al Ministerio de Defensa y Marina para cumplir con su designación el deber de hacerlo en nombre de la Patria. Ese día firmó el primer Decreto por el cual se rendía honores fúnebres a Don Emilio Aceval, ex Presidente de la República, que dice así:

"Asunción, abril 15 de 1931. Habiendo fallecido el ex Presidente de la República, Don Emilio Aceval, y siendo un deber del Gobierno honrar la memoria de los ciudadanos que han ejercido la alta dignidad de Primer Magistrado y teniendo en consideración los importantes servicios prestados a la Nación por el ilustre extinto, como soldado de la Patria en la guerra de 1864-7, y varios elevados cargos de la Administración Pública y en el Parlamento, de acuerdo con el parecer del Consejo de Ministros.

"El Presidente de la República, DECRETA:

"Art. 1°.- Declárase a duelo nacional el ocasionado por la muerte de Don Emilio Aceval, debiendo permanecer la bandera nacional a media asta en los cuarteles, buques de la Armada y en los edificios públicos durante los días 16, 17, 18, 19 y 20 del corriente mes.

"Art. 2°.- Al izar la bandera nacional a media asta en el Palacio de Gobierno, una batería de plaza disparará once cañonazos.

"Art. 3°.- En el acto del sepelio hará uso de la palabra, a nombre del Poder Ejecutivo el señor Ministro del. Interior.

"Art. 4°.- El señor Ministro de Guerra y Marina dispondrá que en el acto del sepelio una batería de artillería y un batallón de infantería rindan honores militares.

"Artículo 5°.- Comuníquese, publíquese y dése al Registro Oficial.

"José P. Guggiari - Justo Pastor Benítez - Gerónimo Zubizarreta - Eladio Velázquez - Raúl Casal Ribeiro".

***

Con este triste motivo, el diario "El Liberal", del 16 de abril de 1931, en su nota editorial, publicó:

"Ayer, a las 10 y 50 a.m. entregó su alma al Creador este varón ejemplar de nuestra sociedad, este repúblico eminente de la democracia paraguaya.

"Para que nada faltara en el acervo de sus destacados servicios a la Nación, los inició en una corta pero cruenta campaña en las postrimerías de la guerra contra la Triple Alianza, de Itá Ibate a Rubio Ñú, donde cayó prisionero ostentando las insignias de sargento. "Terminada la guerra, su familia lo mandó a estudiar a los Estados Unidos de Norteamérica, de donde vino a radicarse y a trabajar en la República Argentina.

"Posteriormente, hecho ya todo un hombre, volvió al país, dedicándose a la ganadería y prestando ocasionalmente su concurso a la administración pública, en puestos políticos de responsabilidad y confianza.

"Puede decirse que su actuación en la política nacional se inicia cuando a fines de 1894 fue llamado por el General Egusquiza al Ministerio de Guerra y Marina, donde reveló sus grandes condiciones de organizador y de hombre de gobierno.

"Le sucedió al General Egusquiza en la Presidencia de la República, ocupando así la Primera Magistratura con el aplauso y confianza manifiesta de la opinión pública.

"En su Presidencia inició grandes obras y mejoras en todos los órdenes de la administración pública, porque su espíritu vivió en eterna inquietud y desvelo por la suerte de su patria.

"La cuestión magna de la sucesión presidencial desencadenó sobre su gobierno el vendaval de todas las pasiones, con su secuela obligada de grandes y pequeñas ambiciones, que culminaron en el cuartelazo del 9 de enero de 1901, que lo desalojó del gobierno.

"La campaña feliz del Partido Liberal en la revolución de 1904, donde colaboraron en su preparación ciudadanos bien intencionados de todos los matices, hizo que hombres de gran relieve, como Don Emilio Aceval, Don Guillermo De los Ríos, Don Francisco Campos y otros apartaran al partido el concurso de su abnegación, desinterés y patriotismo.

"Desde entonces fue Don Emilio Aceval la figura patricia en nuestra democracia. Llevó a la política la alta distinción de su prestancia de caballero, de su educación de abolengo y de su proverbial hombría de bien. Su intervención en los asuntos públicos era un seguro de que jamás se defraudarían los intereses superiores de la nacionalidad: era de los contados políticos que practican la religión del patriotismo sin alarde ni ostentación.

`Baja a la tumba después de una vida activa sin haber ofendido a nadie, sin dejar tras sí una amargura por palabras, actitudes o hechos suyos en relación con sus semejantes.

"Cuando hace varios años alguien le promovió un pleito sobre limites dominales, decía que a los sesenta y cuatro años de su edad tenía la desgracia de pleitear, defendiendo lo que era suyo, muy suyo. Felizmente, los tribunales le dieron la razón.

"No se puede diseñar esta alta personalidad paraguaya en todos sus aspectos en los estrechos límites de un editorial necrológico, bajo la urgencia de la hora para el homenaje que la conciencia pública reclama en justicia".

***

Casal Ribeiro dedicó a sus actividades del Ministerio prácticamente todo el día, desde las cuatro de la mañana hasta las veintitrés horas, para dar curso a todos los requerimientos formalizados por el Cnel. José Félix Estigarribia.

Tenía una difícil misión porque el Estado no disponía de muchos fondos. El escaso dinero que existía en las arcas del Estado apenas alcanzaba para algunos gastos. Se emitieron entonces bonos, inclusive los empleados públicos donaron un mes de sueldo para ayudar a comprar armamentos, equipos, remedios, utensilios, barcos, camiones; o sea, todo lo que fuera necesario para dotar a la tropa y a la Intendencia de lo más mínimo, a fin de hacer frente a la guerra.

En los primeros meses de tesonera labor se consolidaron tres Cuerpos de Ejército. Cumplió una labor sorprendente. Se preparó una Aviación y una Marina de Guerra capaz de hacer frente al enemigo. El Ministerio dejado por el Gral. Schenone no era el indicado para una contienda. Este civil que lo sucedió hizo extraordinarios esfuerzos para revertir lo que el propio Cnel. José Félix Estigarribia, en sus Memorias había descrito del Ejército: “Pasada la crisis de vanguardia, que por lo demás puso de relieve la tremenda desorganización en que se encontraba el Paraguay militarmente para afrontar una emergencia seria en el Chaco, el Ministro de Guerra y Marina me propuso mi vuelta a la Jefatura del Estado Mayor General; le opuse serios reparos, pero el Ministro insistió y yo accedí por último con la esperanza de llevar adelante mi punto de vista sobre la organización de la defensa del Chaco. Desgraciadamente la incomprensión al problema en esa época era grande. El poco trabajo que durante mi primera actuación en el Estado Mayor General yo había realizado en el territorio en peligro estaba totalmente paralizado o abandonado, a tal extremo que se registraron actos de indisciplina entre las tropas de la guarnición en el Chaco, por la completa desatención en que la dejaron las autoridades centrales. Por supuesto que traté sin demora de reanudar mi trabajo de organización en el Chaco. En concordancia con mi idea de siempre, y esta insistencia no tardó en concitarme la mala voluntad del prepotente Ministro. Y hacia fines del año 1930, con un pretexto cualquiera, me vi nuevamente separado, sin mucha ceremonia, de la jefatura del Estado Mayor General”.

"A principios del año 1931 entré a ejercer funciones en la cartera de un civil, que en los primeros ocho meses realizó una misión verdaderamente sorprendente. De un ejército inexistente, de una desorganización total, reconocida hasta en la Memoria del Cnel. José Félix Estigarribia, como ya lo dijimos, se preparó un ejército como se debía. El Dr. Casal Ribeiro me encomendó la Inspección General del Ejército, cargo que acepté en vista de la buena disposición del Ministro de atender la preparación de la defensa del Chaco. Pero como las funciones de Inspector General eran meramente burocráticas, sin atribución suficiente para una acción vigorosa como requerían las circunstancias, me ofrecí para ir al Chaco a organizar una División de Ejército que sería la primera con que contaría nuestro país".

Es decir, esta tesonera y encomiable labor, sin parangón de 15 meses de intenso trabajo hizo que para junio de 1932 este Ministerio haya dado todo de sí para dotar a la aviación naval de los hidroaviones, "los Machis 18", de reconocimiento y bombardeo astillados con ametralladoras Maxen proveídas por la aviación militar y que fueron destinados a Bahía Negra, al mando del entones Tte. 1° Ramón Martino, quien era ayudado por el Capitán Ramón Díaz Benza.

La Marina contaba, aparte de sus dos cañoneros “Paraguay" y "Humaitá", con dos barcos identificados con la Comisión Naval de Adquisición, formada por él entonces y que la componían los Capitanes de Fragata Don José Bozzano y Don Rufino Martínez.

Como parte integrante de la Marina se hallaban los Arsenales de Guerra y Marina, que con un trabajo cotidiano, ha cumplido y ha entregado todo lo que se ha podido dar para el logro de la victoria paraguaya. Hay que reconocerle al Cap. Bozzano su tesonera labor, pues él fue el artífice de esa obra grandiosa: los arsenales ya citados. En sus talleres se reparaban y hasta se fabricaban piezas de armas automáticas y portátiles de mortero y artillería. Acicateados por la guerra y la falta de medios de transporte, en sus talleres fueron construidas siete lanchas tipo fortín, de apenas dos pies de calado, y otras tantas chatas del mismo calado y 25 toneladas de porte y con las cuales la Marina atendió las necesidades emergentes de la guerra, como ser, aprovisionamiento a los fortines Delgado, Hurugues, Santo Palmar y varios otros ubicados sobre las líneas del Pilcomayo.

La aviación naval paraguaya también fue preparada e indudablemente entorpeció la acción de los bolivianos al mantenerlos a raya durante todo el curso de la contienda. La base de operaciones y asiento de los aviones Potez con que contábamos, era la Isla Poí. Sus pilotos, recios, bravos y decididos, fueron los auténticos caballeros del aire que realizaron acciones legendarias, de vibrante heroísmo, al conjuro de la patria, en los cielos del gran Chaco.

Para la organización de su cuadro aéreo fueron llamados profesionales de diversas especialidades que se incorporaron durante la guerra el Chaco. Los más destacados fueron los Ttes. 2° Don Manuel Battilana Peña y Don Raúl Mendoza, el Oficial de Administración Don Roque Bueno de los Ríos y los especialistas Ismael Pavetti y Catalino Lenguaza, entre otros.

En los primeros días de julio de 1932 llegaron a Isla Poí tres aviones Potez, recién adquiridos, y que estaban a cargo del Tte. 1° Atilio Ibáñez Rojas, acompañado por los Ttes. 1° Carmelo Peralta, Trifón Benítez Vera, Isidoro Jara y Román García.

El barco "San Francisco" prestó muchísima ayuda como transporte entre Asunción-Concepción-Puerto Pinasco. Otros buques también fueron movilizados, como el "Chaco", "Pingo", `Posadas", "Holanda", "Argentina", "Cap. Gómez", así como chatas, embarcaciones menores, lanchas y remolcadores.

La parte de transporte fue conformada con camiones "Ford" y la compra de 600 autos de diversos tipos. En lo que se refiere a la Intendencia, se puede decir que la Junta de aprovisionamiento colaboró con ella, proveyendo alimentos a las tropas y apoyando también la información. Había una Junta Nacional de Auxilio para atender todos los requerimientos de los movilizados. De la provisión de carne se encargó una Comisión de Ganadería que dependía de la Dirección General de Economía y Abastecimientos en la cual tuvo una laboriosa e importante labor Don Enrique Zavala, que cumplió una patriótica misión. Algunas veces no había carne, por las dificultades de transporte entre Puerto Casado hasta el frente de los sucesos, le suplía entonces el "vaca-í", que era práctica reemplazante de la carne cuando había carencia, pero producía muchísima sed.

Para la Artillería fueron adquiridas armas de la marca "Schneider 75".

El Estadio de Sajonia, hoy denominado con justa razón "Defensores del Chaco", fue habilitado para albergar a la tropa movilizada que llegaba a Asunción, así como el Club Corrales, que ocupaba un local sobre la calle Gral. Santos y parte de lo que hoy es el Club Olimpia y el gran baldío que ahora es el Hospital Militar también.

En aquel tiempo, el Paraguay contaba con un cuerpo diplomático de lujo, que estaba preparado para defender nuestros derechos antes los diferentes organismos mundiales, especialmente en las Comisiones de Límites Paraguayo-Bolivianas. Se destacaron como diplomáticos: el Dr. Fulgencio R. Moreno; Don Juan E. O'Leary; Don Juan José Soler, aquel maestro, profesor que se educara en el Paraná, Provincia de Entre Ríos y que luego fuera uno de los mejores profesores de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Asunción. Así como el Dr. Eusebio Ayala y tantos otros que cumplieron una labor patriótica. Se utilizaban como hospitales para los heridos que venían del frente de batalla algunos barcos que funcionaban como hospitales navales, también se habilitaron galpones y depósitos que estaban al costado de las vías del tren circundantes a la quinta del Gral. Bernardino Caballero, que fueron centros de movilización y hospital. Grandes casonas en Concepción como en Asunción, lo fueron, así como también la iglesia de La Encarnación, cuyas columnas fueron donados por Don Joaquín Casal Ribeiro, luego de aquel incendio que la daño en el año 1889, hasta la destrucción. Hubo que reconstruirla y el 27 de agosto de 1893 se colocó la piedra fundamental del nuevo templo. Los planos del edificio fueron realizados por el arquitecto Juan Colombo, y la obra técnicamente dirigida por él, quedó inconclusa a su muerte. Muchas personalidades de la época contribuyeron con la reconstrucción. El propietario de la cantera de Tacumbú, Don Juan Uriarte, donó las piedras para los cimientos, el piso fue donado por la señora Rosa Ortúzar de los Ríos. Los vitrales fueron aporte de las familias Bibolini, Gaona, Heyn, Llano, Rius Casaccia, Uriarte y Villamil.

En la época que Casal Ribeiro accedió al cargo de Ministro de Guerra y Marina los fortines no eran otra cosa que rancheríos carentes de vida, de vías de acceso, sin comunicación. Carecían de planos y vías de comunicación, que permitió a los bolivianos el avance silencioso que culminó en el ataque al Fortín Vanguardia. La represalia no se hizo esperar y fue así que se puso en evidencia la carencia y el abandono total. Se priorizó entonces el fortalecimiento de las guarniciones, los fortines y las vías de acceso. En pocos meses esta situación fue revertida al punto de que se contaba con una comunicación perfecta y se estaba preparado para la guerra. El Mayor de Sanidad, Prof. Dr. Ernesto Gruhn, viajó prontamente desde Alemania para dirigirse al frente como Director de la Cruz Roja en Campaña y permanecer en el Chaco todo el tiempo de la guerra y organizar toda la parte relativa a sanidad, la parte médica, de remedios y laboratorios.

Se preparó un Arsenal en el Chaco que tenía un stand de tiro para prueba de los materiales de guerra. Allí se confeccionaron cargas y embalajes de bombas de avión, mortero, granadas de mano y los famosos "Carumbé'i, todas ellas armas paraguayas para el salto y la rotura del frente enemigo.

La Aviación tenía cinco bombarderos de modelo pesado, siete aviones de reconocimiento y entrenamiento, dos estaciones radiográficas y diez teléfonos livianos de campaña.

Todo esto hizo que se revirtiera la situación en que el Dr. Casal Ribeiro encontró el Ejército y en sólo quince meses cumplió con su heroica misión.

En Pinasco se tenían cinco regimientos de Infantería con 800 hombres, tres Regimientos de Caballería con 600 hombres; dos grupos de Artillería con 350 hombres; una Flotilla de Guerra con 400 hombres y aproximadamente 150 hombres en la Aviación, así como un Batallón de Zapadores de 200 hombres. Las Fuerzas Armadas se componían de un Estado Mayor General; una Escuela Superior de Guerra; una Escuela de Suboficiales; una Escuela de Especialidades de la Armada; una Escuela de Servicio de Sanidad; Transporte de Arsenales de Guerra y Marina; un Departamento de Marina y Escuela de Aviación y era Comandante en Jefe del Ejército en el Chaco el Gral. de División Don José Félix Estigarribia. Lo apoyaban: el Estado Mayor General del Ejército en el Chaco: Cnel. Manuel Garay. Tenía un Batallón Escolta al mando del Cap. Luis C. Cacavelos y un Tribunal Militar de Apelación; una Auditoría Militar de Guerra, una Cámara de Apelación, un Servicio de Intendencia del Ejército en el Chaco; Capellanía General; Juzgado de Instrucción en Puerto Casado, R. I. 26 "Cerro León; una Dirección General de Etapas en Puerto Casado y una Estación de Etapa "Cnel. Martínez", así como una cuadrilla aeronaval.

Se tenía también: Departamento de Transmisiones; Cuartel Maestre; Batallón de Zapadores; Tribunal Militar; Regimiento de Infantería N° 21 "Humaitá", cuyo Comandante fue el Cnel. Julián Arias; una Dirección del Servicio de Sanidad del Ejército en Campaña, así como los hospitales "Villa Militar", "Hernandarias", "Camacho", "Puerto Casado", `1° de Marzo", "Mayor S. Rodríguez", "Sector Parapití", "Tte. Ochoa", "Yrendagué", "Oruro", "Estrella", "Aguada América", "Gabino Mendoza", "Puerto Max", "Puerto Fonciere", "Sector Ingavi", "Sector Norte".

Estaba la Dirección de Comunicaciones, el Batallón de Zapadores de Agua, cuyo Director fue el Cap. Lezcano (en el cuadernillo Maq. 3" Alberto D'Oliveira); Jefe de Plaza "Villa Militar" fue el Mayor César Fretes; los hospitales "Minas Cué", "Garrapatal", "Fortín Falcón", "Fortín Francia", Sanidad de "Villa Militar", "Fortín Herrera", "Fortín Boquerón", "Estación Acumuladora Km. 180", y las demás estaciones distribuidoras de Villa Militar; Regimiento de Infantería N° 2 "Aba-í", cuyo Comandante fue el Mayor Santiago de Filippis; los Arsenales de Guerra del Km. 180; Regimiento de Infantería de Marina N° 1 "Riachuelo"; Comdte. de Regimiento Tte. 1° de Marina Juan C. Páez; Batallón de Zapadores de Marina; Regimiento de Caballero N° 8 "Gral. Díaz", Comandantes de Regimiento: Alberto Gardel, Ireneo Aguilera, José C. Meza, Eliseo Duarte. Un servicio de Remonta y Veterinaria del Ejército en el Chaco; una Remonta "Laguna Misión", Remonta "Salazar Espinoza", Remonta "San Vicente", Remonta "Pozo Colorado", Depósito de Ganados Km. 100 "Puerto Pinasco", a cargo del Tte. 2° Juan Servín; Grupo de Artillería N° 4 "Mayor Albertano Zayas", Comandante TCnel. Pablo Sanabria; Cuartel Maestre General del Ejército en el Chaco: Cnel. José María Torres, Anastacio Sosa, Cap. Ramón Rolón, Enrique Mazó; Ramón J. Cartés, Indalecio Ayala; Cuartel Maestre General "Regimiento Tren N° 1", Comandante de Batallón Cap. Fructuoso Flores, César R. Centurión, Nicolás Núñez C.

Fuente: RAÚL CASAL RIBEIRO - VICEPRESIDENTE DE LA VICTORIA. Por MARIANO LLANO. Asunción – Paraguay. Junio, 1997 (211 páginas)




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