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CARLOS R. CENTURIÓN

  LA FUNDACIÓN DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS TRADICIONALES - Por CARLOS R. CENTURIÓN


LA FUNDACIÓN DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS TRADICIONALES - Por CARLOS R. CENTURIÓN
LA FUNDACIÓN DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS TRADICIONALES
HISTORIA DE LAS LETRAS PARAGUAYAS
 

 
 

El período presidencial del general Patricio Escobar, que se inicia el 25 de noviembre de 1886, no solamente tiene en su haber la inauguración de la Universidad Nacional. Otro acto de trascendental importancia para los destinos del país en el orden político, a fundación de los dos grandes partidos llamados tradicionales, tuvo lugar apenas iniciado ese gobierno. El 2 de julio de 1887, en un atardecer de invierno, echáronse las bases del Partido Liberal. Fueron sus iniciador José Zacarías Caminos, Fabio Queirolo, José de la Cruz Ayala, Juan Bernardo Dávalos, Víctor M. Soler, Antonio Taboada y Juan Ascencio Aponte. En la casa de la calle Asunción Nº 1, hoy Coronel Bogado, vivienda de Juan Bernardo Dávalos, reuniéronse aquel día algunos ciudadanos que acordaron fundar un núcleo político con la denominación de "Centro Democrático". El acta definitiva de la fundación fue signada el 10 de julio del mismo año. Formaban parte de esta entidad "gente recia y selecta, que iba a lanzarse con verdadero espíritu de sacrificio a una lucha desigual, y cuyos hombres harían vibrar el ambiente patrio por muchos años, excepción hecha de José de la Cruz Ayala, que moriría prematuramente y en el destierro, como primera víctima propiciatoria de nuestra democracia". (40) He aquí el acta de fundación, redactada por José Zacarías Caminos: "En la ciudad de la Asunción, a los diez días de julio de 1887, por cuanto el pueblo paraguayo, en su constitución política ha acordado a los ciudadanos entre otros derechos como el de la libertad de prensa y el de la palabra, el de la reunión y declarado asimismo inviolable la ley electoral, a fin de que por estos medios, que se consideran los más eficaces, pueda establecerse ara los actos de los gobiernos, no solamente una barrera a sus avances posibles, sino también un medio de ilustrar a los mismos en el examen y resolución de las cuestiones de su competencia que afecten los intereses de la comunidad e intervenir espontánea y libremente en la formación de los poderes del Estado que deban encargarse de los destinos de la República.

"Y considerando que en el derecho de la reunión está comprendido el de la formación de asociaciones políticas para hacer más eficaz el uso de esos mismos derechos, por cuanto la unidad de acción lleva consigo mayor cooperación de inteligencia en los exámenes de los negocios del Estado e imprime mayor autoridad moral en el ánimo de los gobernantes, encaminándolos de este modo por el sendero que les señala la verdadera voluntad del pueblo.

"Y teniendo presente la necesidad sentida de un tiempo a esta parte, de una, agrupación semejante nos, los abajo firmados, nos hemos reunido espontáneamente y constituido por resolución unánime en una sociedad política que denominamos "Centro Democrático", para hacer uso de los derechos que nos acuerda la Constitución Nacional y las leyes de la República en la forma que se determinará en los Estatutos respectivos. Cirilo Solalinde, I. Benegas, José Ayala, F. Soteras, Octaviano Rivarola, Pedro J. Alarcón, Florencio Quintana, Juan Filisbert, P. P. Domecq, F. Ramírez, S. Ibarra Legal, Manuel Paradeda, Evaristo Torres, Pedro V. Gill, Rosendo Fernández, Eduardo D. Doria, Emilio Cabañas, José Franco, Cornelio Escobar, Mariano Riquelme, Simeón Irigoitia, Pedro Antonio López, Victoriano Palacios, Guillermo González, M. Fleitas, Rafael A. García, J. C. Mendoza, A. S. Echanique, Adolfo R. Soler, Liborio Palacios, L. Rivarola, G. Viveros, José M. Fretes, Avelino Garcete, Patricio Gadea, F. Torrens, M. Ávila, Diego Téllez, Teófilo Manzano, José F. Fernández, F. Bogado, Z. González, Pedro P. Caballero, D. Candia, Cecilio Báez, Miguel G. Ortiz, Juan B. Dávalos, Luis Caminos, Genaro Pérez, P. Bobadilla, M. Rodas, Juan I. Vargas, E. Giménez, Sinforiano Cano, José Z. Caminos, F. Queirolo, J. G. Gómez, Venancio León, Vicente F. Espínola, A. Zayas, Liberato M. Rojas, J. Mena, A. Fernández, A. Gaona, A. Taboada, F. Fernández, Evaristo Román, Ignacio Ibarra, José Z. Ibarrola, Víctor M. Soler, Juan A. Jara, Pastor Idoyaga, J. M. Collar, José J. Goiburú, E. Núñez, J. Martínez, Tomás Armoa, Jesús María Carrillo, P. Ríos, José Astigarraga, H. Gayoso, Salvador Fernández, Faustino Díaz, Juan A. Aponte, Juan J. Alvarenga, Juan de la Cruz Ayala, R. Decamilli, Manuel I. Frutos, Silvano Castelví, E. Fernández, José M. Ortellado, Jaime Téllez, Fernando Franco, Apolinario Ortiz, José Vera, Lucas Amarilla, Onofre Romero, Elías Maldonado, José M. Delvalle, Serapio Méndez, F. E. Mena, Antonio Peralta, Donato Ugarte, Victoriano López, Juan B. Villalba, M. Urdapilleta, Anselmo Mareco, José C. Ríos, Pedro R. Ortiz, Juan Martínez, Lorenzo Palacios, Enrique Regis, Lino Bogado, Juan A. Duarte, Manuel Sosa, Ignacio Astigarraga, Francisco Sosa, José María Meza, Félix Rodríguez, José Domingo Gayoso, José Valiente, Valentín Gómez, Sebastián Báez, Miguel Castro, Lino Vergara, Manuel Velázquez, Antonio González, C. Talavera, Marcos Riera, Juan B. Ayala, Constantino Arrúa, Doroteo Trujillo, J. A. Alfaro, Benjamín Moliné. (41)

Días después, el 25 de agosto de 1887, constituyóse el bando adverso. El nombre de la nueva agrupación política era "Asociación Nacional Republicana". El 11 de setiembre, en el teatro "Olimpo" de la Asunción, realizóse la primera asamblea del "Partido Colorado", en cuya reunión aprobáronse los estatutos y programa del mismo. El acta de su Constitución, redactada por José Segundo Decoud, dice: "En la ciudad de la Asunción, a los once días del mes de setiembre de mil novecientos ochenta y siete, reunidos en Asamblea General los socios y los que se adhieren al patriótico pensamiento de la Asociación Nacional Republicana, a invitación de la Comisión Provisoria nombrada en la primera reunión del 25 de agosto del mes próximo pasado con el objeto de discutir y aprobar los Estatutos y el Programa confeccionados por dicha Comisión; abierta la sesión, y dada lectura a cada uno de los expresados documentos, fueron aprobados sucesivamente por aclamación y sin modificación alguna. "En seguida y a moción del socio señor Carlos Rojas, fueron propuestos y electos para componer la Junta Directiva los ciudadanos siguientes: Presidente, Bernardino Caballero; Vicepresidente 1º, José Segundo Decoud; Vicepresidente 2º, Higinio Uriarte; Secretario, Juan G. González; Pro-secretario, Remigio Mazó; Tesorero, Santiago Cardozo; Vocales, Miguel Alfaro, Angel Benítez, José González Granado, Juan C. Centurión, Zacarías Samaniego, José R. Mazó, Federico Muñoz, Juan de la C. Giménez, Germán Miranda, Cantalicio Guerreros, Esteban Rojas, Miguel Viera, Félix de los Ríos y Jaime Peña.

"Acto continuo se resolvió por aclamación que todos los socios presentes recorrieran en procesión cívica las calles Palma y Progreso hasta la quinta del general don Bernardino Caballero, como una manifestación de la importancia de esta asociación y la popular y general aceptación del patriótico pensamiento que le sirve de credo y de norma para sus futuros trabajos políticos.

"Con lo que terminó el acto firmando a continuación todos los ciudadanos presentes. Bernardino Caballero, Presidente; José Segundo Decoud, Vicepresidente 1º; H. Higinio Uriarte, Vicepresidente 2º; Juan G. González, Secretario; Remigio Mazó, Pro secretario; Santiago Cardozo, Tesorero; Vocales: Miguel Alfaro, Angel Benítez, José González Granado, Juan C. Centurión, Zacarías Samaniego, José R. Mazó, Federico Muñoz, Juan de la Cruz Giménez, Germán Miranda, Cantalicio Guerreros, Esteban Rojas, Miguel Viera, Félix de los Ríos, Jaime Peña. (Siguen las firmas). (42)

Desde ese instante, ya frente a frente los adversarios, trabaráse la lucha que habría de prolongarse en el tiempo, con ardor y fe. En los atrios, en la prensa, en el parlamento, en los campos de batalla, los dos rivales emularánse en el esfuerzo que exige la pugna sin treguas, la lidia varonil, recia y ardiente y no siempre exenta de épicas bellezas.

Al comentar la fundación de los partidos políticos tradicionales, dice un escritor contemporáneo: "El civismo paraguayo está nuevamente en pie; la siesta de Cerro Corá toca a su fin. De ahí en más, ese civismo hará correr torrentes de sangre preciosa y útil; de ahí en más, el paraguayo que vota en las urnas, o lucha en los combates fratricidas, será liberal o colorado; todos los demás "ismos", fracciones y desprendimientos no serán sino episodios de tránsito, o producto de una pasajera descomposición. Cualquier amago de formar nuevos partidos políticos resultará estéril, porque en el alma cívica sólo habrían arraigado dos convicciones profundas y definidas: liberalismo y coloradismo. Y para hace todavía más visible aquella separación, los nuevos partidos adoptan una divisa de color: azul los liberales, y rojo los colorados". (43)

Al referirse al origen de tales divisas, el periodista F. Arturo Bordón – hijo de Bernardino Bordón, cofundador del Partido Liberal y protagonista de los sucesos que se recuerdan en seguida – dice en carta que conservamos en nuestro archivo: "En las elecciones del 12 de junio de 1887, el Club Popular, de Villarrica, sostuvo las candidaturas de los señores Esteban Gorostiaga y Antonio Taboada, para senador y diputado, respectivamente. El día de la elección como era de costumbre, los contendientes formaron filas aparte. Los oficialistas llevaban, como distintivos, pañuelos y cintillos rojos. Para diferenciarse de ellos, los del Club popular lucieron pañuelos y cintillos azules. Todo género de este color quedó agotado en la ciudad. Tomados presos los dirigentes políticos, a raíz de los tiroteos de la banda encabezada por Santiago Gómez Sánchez y otros, apostados cerca de los atrios, fueron conducidos a la capital y alojados en la Policía, donde ejercía la jefatura el coronel Zacarías Jara. Las damas asuncenas, al saber este apresamiento, se apersonaron en la jefatura de Policía, llevando a los presos ramilletes de flores y medallitas atadas con cintas azules. Fundado, días después, el Centro Democrático o Partido Liberal, como consecuencia de estos incidentes, adoptó oficialmente, como divisa partidaria, el distintivo azul".

Ambos partidos adoptaron también su himno: la Polca Liberal y Colorado.

La Polca Liberal fue compuesta por un violinista, Miguel de los Santos, en 1888. Su autor la dedicó a Nicolás Vargas, el famoso Lampiño, a José Santos Fernández, Rudecindo Duarte y Cala-í San Francisco, nombre de batalla este último de un caudillo de los tiempos heroicos del liberalismo. La primera ejecución de la polca la realizó su autor – Santo Jhú –, con acompañamiento de guitarra a cargo de Teófilo Ochoa, músico nativo de San Lorenzo del Campo Grande. (44)

Colorado es obra de un extranjero, el italiano Antonio Guerresi, maestro integrante de la Banda de Policía de la Asunción, quien la compuso durante la época presidencial del general Patricio Escobar, en 1887. (45)

En 1891, la Polca Liberal fue sustituida, espontáneamente, por la 18 de Octubre. Su origen es popular, anónimo. Se le atribuye, sin embargo, a Buenaventura González. Cuando los sucesos políticos ocurridos en la capital, el 18 de octubre de aquel año, el general Juan Bautista Egusquiza, luego de someter a los rebeldes y de dominar la situación, llevado por el entusiasmo, llamó a unos músicos callejeros y les mandó ejecutar la polca nueva, sin nombre, que por entonces era recién conocida. Fue ésa la ocasión de su bautizo. Desde entonces se llama 18 de Octubre. (46)

Ha de agregarse a esto que, desde el punto de vista puramente intelectual, la fundación de los partidos políticos y sus luchas, contribuyeron en manera fecunda para la evolución cultural del Paraguay. De aquel tiempo datan, en realidad, el progreso notorio de la prensa nacional, el desarrollo de la oratoria parlamentaria, la forense y la tribunicia o popular, que se exhibía en las bocacalles y en las plazas públicas. De aquella época emerge la rivalidad en la mejor enseñanza docente, la emulación entre intelectuales colorados y liberales en la multiplicidad del producir, en el afán de superación integral en el noble comercio de las letras. De este tiempo, en verdad, debe contarse la vida intelectual del Paraguay contemporáneo.

 
Pertenece también al período presidencial del general Patricio Escobar la fundación del Diario Oficial, creado por ley del 5 de octubre de 1889, publicación de innegable importancia, sustituto del antiguo Repertorio Nacional y del Boletín Oficial de la Nación.

 
Durante la época de gestación de los dos grandes partidos políticos tradicionales, en las filas del Partido Liberal surgieron, en la prensa, además de Ignacio Ibarra, otros valores intelectuales. Citaremos a ALEJANDRO AUDIBERT, JOSÉ DE LA CRUZ AYALA y JUAN MANUEL SOSA ESCALADA.

El primero era oriundo de Acahay. Nació en el año 1859. Cursó estudios en Buenos Aires. Fue alumno del Colegio del Caballito, del Colegio Nacional y de la Universidad de aquella capital, donde obtuvo el grado de doctor en jurisprudencia, en 1883. En ese mismo año fue designado por el gobierno paraguayo para desempeñar la fiscalía en lo criminal, cargo en que actuó hasta 1884, y que renunció para cumplir el de miembro adjunto del Superior Tribunal de Justicia. En 1887, ocupó la presidencia de ese alto poder del Estado. Durante su permanencia en esa función emprendió una campaña moralizadora, sosteniendo con verdadera independencia y firmeza de carácter, los fueros judiciales contra los avances de la Cámara de Diputados. Ésta, en 1885, decretó el arresto de Manuel Curuchet y otros redactores de El Heraldo, por desacato a su autoridad, y el Superior Tribunal dictó auto de habeas corpus a favor de los detenidos.

"Los diputados resolvieron formar causa contra el doctor Audibert y el señor Mateo Collar, por desconocimiento de los privilegios de la Cámara.

"El presidente de la República, entonces, general Bernardino Caballero, buscó una solución amistosa al conflicto. El señor José Tomás Sosa, presidente de la Cámara de Diputados, propuso retirar la acusación a condición de que los miembros del referido Superior Tribunal se comprometiesen a reconocer los privilegios de la Cámara para arrestar por desacato de la Prensa.

"El Dr. Audibert respondió: "La Cámara de Diputados puede producir las acusaciones que estime oportunas y el Poder Ejecutivo puede dirigir sus cañones contra el despacho del Poder Judicial; por mi parte, iré a pronunciar el fallo que me dicta la conciencia".

"La Cámara acusó ante el Senado, y los magistrados fueron absueltos.

"En 1889 se produjo el mismo hecho contra el señor Marcelino Fleitas, cronista del diario El Independiente. Interpuesto por éste el recurso de habeas corpus, el Superior Tribunal de Justicia, presidido por el doctor Audibert, declaró ilegal, nula y sin ningún valor la prisión decretada por la Cámara de Diputados, por las publicaciones hechas por la prensa, ordenando la inmediata libertad del reo.

"La Cámara de Diputados acusó a los tres miembros del Superior Tribunal de Justicia por violación de sus privilegios. La defensa del doctor Audibert fue un verdadero proceso de la situación. Esta vez el Senado los destituyó; pero quedó afianzada la libertad de la prensa. La sentencia fue notable y se impuso a la opinión de los poderes públicos.

"Desde entonces las Cámaras Legislativas no volvieron a pretender usar una facultad contraria al texto y espíritu de la Constitución del Paraguay.

"El Dr. Audibert profesa esta doctrina: la ley debe ser sostenida en los puestos públicos hasta ser destituidos. El que tiene la conciencia tranquila por el deber cumplido, no debe temer a las publicaciones de la prensa ni a los juicios políticos. Sobre la injusticia de los magistrados está el poder invisible de la verdad". (47)

Alejandro Audibert, en 1884, dictó lecciones de derecho romano en las aulas de la Escuela de Derecho, anexa al Colegio Nacional de la Asunción. Suspendiéronse dichas clases el año siguiente, por carencia de recursos. Audibert ofrecióse entonces para dictar todas las que fueran necesarias, gratuitamente, hasta tanto se salvaran los inconvenientes. De esta manera, desde 1888 hasta 1891, enseñó derecho comercial, penal, internacional público, economía política, estadística y procedimientos judiciales.

En política, actuó principalmente en la oposición, y era su fuerte el periodismo. Redactó El Independiente. Desde este diario combatió vigorosamente la candidatura presidencial oficialista de Juan G. González. También atacó duramente los proyectos de tratados de límites con Bolivia – desde dicho diario y La Opinión – el de 1879 y el de 1887, y, más tarde, desde La Democracia y El Pueblo, el de 1894, hasta llevarlos al fracaso total.

En 1890, a pedido del gobierno, escribió una exposición de los derechos del Paraguay sobre el Chaco y, posteriormente, hallándose en el exilio, editó en Buenos Aires, en 1893, su obra intitulada Los límites de la Antigua provincia del Paraguay. Este trabajo le valió su designación como miembro correspondiente de la Real Academia de la Historia de Madrid.

En el año 1894, fue nombrado catedrático de derecho constitucional y derecho administrativo en la Universidad Nacional. Y el año siguiente ocupó, por primera vez, una banca en la Cámara de Diputados. Después fue decano de la Facultad de Derecho, presidente del Partido Liberal, ministro plenipotenciario en Buenos Aires, canciller de la República.

Alejandro Audibert fue catedrático, periodista y orador. Su verba era fluente, castiza, grávida de conceptos, salpicada de ironías. Falleció en Yabebyry, en el año 1919.
 
 
JOSÉ DE LA CRUZ AYALA venía también de lejanas campiñas. Oriundo de Mbuyapey, nació en 1864. Su niñez fue mecida entre dramas y tragedias. Los primeros años de su vida fueron velados por los episodios candentes y dolorosos de la guerra de la triple alianza y por el recuerdo de su padre y su hermano Juan Bautista, bárbaramente asesinados, en 1869.

Aprendió las primeras letras en su pueblo natal. Como becario de Mbuyapey fue, en 1877, interno del Colegio Nacional de la Asunción, donde hizo amistad con Cecilio Báez. En 1882 integró el grupo de bachilleres de aquella promoción. "Sus compañeros recuerdan la afición de Ayala a los estudios clásicos. Paseó su mente juvenil en la evocación del Foro Romano y templó su entusiasmo en la lectura de Plutarco. Grecia le seducía a través de los siglos". (48)

Ganó, por concurso, la cátedra de historia griega en el Colegio Nacional, a pesar de habérsele herido con una injusticia.

En aquella época apareció en la Asunción un periódico de combate: El Heraldo. Sus fundadores fueron el periodista español Domingo Jiménez Martín, profesor de historia, y el argentino Manuel Curuchet, dos espíritus de recio temple. José de la Cruz Ayala se unió a ellos y comenzó a escribir artículos terribles, fustigando sin piedad al gobierno allí donde él creía hallar un desacierto. Adoptó el seudónimo de José de la Concepción. Más tarde lo sustituyó por el de Alón, con el cual perdura en la historia del periodismo paraguayo.
Una de las campañas de El Heraldo molestó a la Cámara de Diputados, algunos de cuyos miembros promovieron acusación pública. El director del periódico fue llevado al recinto "como culpable del delito de predicar la libertad". Domingo Jiménez Martín, sentado en el banquillo, escuchaba un tremendo libelo. Próximo a ser condenado, una voz resonó virilmente en toda la sala: ¡Ese hombre es inocente! ¡Yo soy Alón!" Vióse, entonces, a José de la Cruz Ayala erguirse sobre la multitud, airado, altivo. Reclamaba para sí la sanción. No era hombre esquivo de responsabilidades. Esta actitud le ganó el afecto de las masas populares. Pero también le conquistó el odio del pretorio. Fue reclutado juntamente con José Tomás Legal y Carlos Marchaín. Se le envió al Chaco. Sirvió de custodio, en esas planicies, al agrimensor Antonio Codas. Mientras tanto, aprendió el manejo del teodolito y la práctica de la mensura.

De regreso a la capital, escapó gracias a la colaboración de Avelino Garcete, y se internó en el Chaco argentino. Visitó Buenos Aires con el propósito de proseguir sus estudios. Trabajó modestamente en aquella capital en la redacción de un diario. Más tarde, retornó al Paraguay. Fue candidato a una banca de diputado. Las elecciones, teñidas en sangre, a usanza de la época, le favorecieron. Pero se opuso el sable corvo del cuartel de caballería. Ayala fue procesado por rebeldía. Se ocultó, entonces, en la casa de Juan Antonio Jara, fundador también como Alón, del Partido Liberal. Desde su escondite escribió y mandó publicar en La Democracia una serie de artículos que conmovieron a la opinión pública. Se intitulaban Cartas del Infierno. Después desapareció de la Asunción. Disfrazado, se embarcó una noche en un barco que hacía viajes a Buenos Aires. De esta ciudad se trasladó a Paraná donde contaba con la amistad de un ilustre paraguayo, el doctor Justo Román Pérez. Falleció en dicha ciudad, el 29 de enero de 1892.

"Alón es ante todo y sobre todo un periodista, expresa Justo Pastor Benítez. Apenas terminado el bachillerato se lanza a la palestra. Escribe y combate, critica y censura con insólita valentía en aquellas horas primarias de la democracia paraguaya. Su juventud es un desafío, su talento una provocación, su altivez la guerra cruel, larga, que sólo tiene que terminar con la muerte o la proscripción. Es el destino de los que abren picadas en la selva virgen. Allí hay víboras, fiebre maligna y también fieras.

"Su estilo es fogoso, sin matices, incorrecto, como arma de una lucha primitiva. La selva sólo se desbroza con armas de esa laya.

"Confusamente diseña sus ideales. Casi no los puede concretar en otra forma que en la libertad de prensa, comicios limpios y honestidad administrativa. No es un maestro sino un combatiente. Ni un pensador que predica, sino un demócrata que escribe y habla, porque tal es su derecho y en su defensa puede morir.

"Su verdadera obra fue su vida, justificada por la forma de gastarla, dignificada por el sacrificio. La vida del hombre sería un capítulo de zoología si un fin superior no lo elevara.
"Una de las pocas páginas literarias que le sobreviven es la Leyenda del Urutaú, promesa de escritor no cultivado suficientemente.

"Sería falsear su personalidad buscar en ella el artista, que se encuentra en civilizaciones ya firmes, en horas menos tumultuosas y en espíritus más cultivados. A la primavera no se le puede pedir frutos.

"Alón es un hombre de guerra del medioevo. Sólo que en lugar de lanza usa la pluma y su palenque lo constituyen las siete columnas de su periódico". (49)
 

 
JUAN MANUEL SOSA ESCALADA nació en la villa de San Pedro de Ycuámandyyú, en 1860, y fue educado en Buenos Aires, en cuyo Colegio Nacional obtuvo diploma de bachiller. También estudió derecho en la universidad de aquella ciudad. Varios años después de Cerro Corá, regresó al Paraguay. Hizo vida política desde las filas del Partido Liberal. Ocupó una banca en el Senado. Fue también juez en lo civil e intendente municipal de la Asunción. En 1904 actuó, decididamente, en las acciones revolucionarias que llevaron a su partido al gobierno de la Nación. Desde 1908 se radicó en Buenos Aires, ciudad en la que halló la muerte en 1939.
Juan Manuel Sosa Escalada fue periodista de pluma ágil e incisiva. Redactó y colaboró en numerosos órganos de publicidad aparecidos en el Paraguay y en el extranjero. Entre sus obras, cabe citar Conferencias sobre limites paraguayos, Asunción, 1895; Caballero, Asunción, 1911; El Paraguay Occidental, Buenos Aires, 1934; La fundación de las ciudades de Asunción y de Buenos Aires, Buenos Aires, 1938; El Pilcomayo como límite argentino-paraguayo, Buenos Aires, 1939; y Breves apuntes sobre el Chaco Boreal.
 
 
Al grupo de que nos ocupamos han de agregarse los nombres de ERCILIA LÓPEZ DE BLOMBERG y ARTURO Y OVIDIO REBAUDI.
La primera, nacida en la Asunción, era hija del coronel Venancio López y, en consecuencia, nieta de Carlos Antonio López. Siendo muy niña fue llevada a Buenos Aires, ciudad en la que se educó y donde se halla radicada desde la terminación de la guerra contra la triple alianza.

Ercilia López de Blomberg ha colaborado en La Prensa, de la capital argentina, y en diversas revistas aparecidas en dicha ciudad. Ha escrito cuentos, ensayos literarios y novelas breves.
También ha vertido al español poesías escritas en la lengua de Shakespeare. En el año 1942 presentó al Concurso de Novelas Americanas un trabajo ingenioso, escrito en prosa correcta y galana. Don Inca se titula la novela. Se halla inédita hasta la fecha.
Ercilia López de Blomberg es madre del conocido escritor argentino, Héctor Pedro Blomberg.

 
ARTURO REBAUDI, nacido en la Asunción, en 1859, educóse en Italia. Fue alumno del "Colegio Carlos Alberto" y del "Royal College", de Pisa. En Florencia graduóse de médico, en 1883.
Poco tiempo permaneció en el Paraguay, luego de su regreso de Europa. Fijó su residencia en Buenos Aires. En esta ciudad escribió y publicó Guerra del Paraguay, La Conspiración, El Lopizmo, en 1913; Vencer o Morir, editado en 1920, y Un Tirano en Sud-América – Francisco Solano López, en 1925. En las citadas obras, sobre el valor literario o histórico que pudieran tener, exáltase una pasión, casi morbosa, contra la memoria del mariscal Solano López.
 
Arturo Rebaudi falleció en Buenos Aires, en 1926.

 
Hermano del anterior era OVIDIO REBAUDI, doctor en química, egresado de la Universidad de Pisa. Autor de numerosos trabajos en su juventud, valiéronle ellos para que la Universidad de Chicago le otorgase el diploma de doctor en ciencias. Radicado en Buenos Aires, cursó estudios superiores en la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. En el año 1905 fue designado profesor de química analítica en la Universidad de La Plata. Abandonó dicha cátedra para regresar al Paraguay, donde ejerció el cargo de rector de la Universidad Nacional en 1908. Durante el tiempo que estuvo en la Asunción, fundó la Oficina Química y representó a nuestro país en varios congresos internacionales, como el realizado en Buenos Aires y Viena, en 1910. En 1915, fue nombrado profesor de biología y de química médica en la Facultad de Medicina del Paraguay. En 1924, el gobierno del Perú invitó a Ovidio Rebaudi, teniendo en cuenta su grande labor científica, para asistir al Tercer Congreso Científico Panamericano, y el gobierno paraguayo le confió el cargo de miembro de su delegación ante dicha asamblea.

En el año 1900, Ovidio Rebaudi descubrió un glucósido, parecido a la sacarosa, que él extrajo de una planta paraguaya descubierta por el naturalista Moisés S. Bertoni. Los laboratorios de Berlín y Viena confirmaron el descubrimiento y denominaron Rebaudiana al nuevo glucósido.

Entre las obras publicadas por Ovidio Rebaudi deben citarse: La presencia del ácido nitroso en las aguas potables no es siempre sinónimo de contaminación, La goma de la palma negra, El mechoacá y su principio activo, Las aguas del río Paraguay, Las aguas del consumo de la ciudad de Asunción, Depuración biológica de las basuras, Las ruinas del comercio, Nuevo procedimiento para el dosaje del tanino activo para el cuero, Procedimiento para la separación de la materia colorante de las pastas alimenticias, La materia es un estado transitorio de la energía, – confirmado, medio siglo después, por la energía atómica – Minería paraguaya, El agua, El extracto de carne y la Industria de la refrigeración y otras más. Entre las numerosas conferencias pronunciadas por Rebaudi, se recuerda una, muy interesante, dada en la Sociedad Italiana, en la Asunción, en la cual exaltaba la labor gubernativa de Carlos Antonio López.

Fue también director de la Revista de Magnetología. Ovidio Rebaudi nació en la capital paraguaya, en 1860, y falleció en Buenos Aires, en 1931.

 
Deben ser también nombrados entre los periodistas de esta época que venimos estudiando, primigenia del diarismo de la transguerra, Fabio Queirolo – político de noble alcurnia –, Abdón Alvarez, Bernardino Wasmosy, Fernando Antolín Carreras y Constantino Arrúa, paraguayos, y José Sienra Carranza, Matías Alonso Criado, Eduardo Anaya, orientales, redactor este último de El Paraguay; Antonio Aguayo, español, redactor de La Reforma; Ricardo Brugada, español también, fundador, director y redactor de El Comercio; Plácido Casajús, español, redactor de El Látigo Inmortal; y Antonio Ruiz Hernández, argentino, redactor de El Paraguayo.
 
 
 
 
 
 
 


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