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CARLOS R. CENTURIÓN


  LA GUERRA DEL CHACO - Por CARLOS R. CENTURIÓN


LA GUERRA DEL CHACO - Por CARLOS R. CENTURIÓN

LA GUERRA DEL CHACO

Por CARLOS R. CENTURIÓN



EN VÍSPERAS DE LA GUERRA DEL CHACO


Eligio Ayala, cumplido su período presidencial, hizo entrega de las insignias del mando a JOSÉ PATRICIO GUGGIARI, el 15 de agosto de 1928.

Venía éste de las entrañas del pueblo. José P. Guggiari, caudillo a la manera moderna, vigoroso conductor de masas, nació en la Asunción, en 1884. Cursó estudios primarios en Villarrica y obtuvo el título de bachiller en el Colegio Nacional de su ciudad natal, en 1900. En la Universidad Nacional graduóse de doctor en derecho y ciencias sociales, en 1910. En la administración pública ocupó diversos cargos hasta 1912. Fue miembro del Consejo Nacional de Educación, fiscal del crimen y fiscal general del Estado. Actuó en las revoluciones de 1904 y 1912, y no estuvo ausente en ninguna de las actividades del Partido Liberal en todo aquel agitado período de su historia. En 1913 José P. Guggiari ocupó una banca en la Cámara de Diputados. En el recinto de dicha asamblea lució, más que ante el Tribunal de Jurados, su verba donosa, cálida y sonora. El joven parlamentario se reveló un tribuno hábil en la dialéctica, pujante en el ataque, movido en la defensa. En 1918 ocupó, por la primera vez, la presidencia de la Cámara. Era su sitio: la presidencia de la democracia paraguaya. Porque José Patricio Guggiari es un "demócrata ingénito. Su personalidad se enraíza en las intimidades anímicas del pueblo. Ella no es concebible fuera del marco multitudinario y nunca en actitud de superioridad sobre el común, sino delante del mismo, como su abanderado.

Así llegó a la jefatura del Partido Liberal. Ha sido su mentor, su guía. Desde ese sitio acompañó a Eligio Ayala, mientras este ciudadano ejercía la primera magistratura de la Nación. EL espíritu armonizador de Guggiari evitó incidentes, limó asperezas y abrió cauces en aquel período de 1924 a 1928, facilitando la tarea del estadista. Antes de esa época, en el año 1920, integró el gabinete del presidente Gondra, en carácter de ministro del interior.

En 1928 realizáronse en la ciudad de Buenos Aires conferencias tendientes a buscar solución al conflicto fronterizo con la República de Bolivia. Sendas delegaciones fueron enviadas por este último país y por el Paraguay. La delegación nacional, en su primera época – porque dos épocas deben ser contadas en aquellas conferencias –, hallábase integrada por Eusebio Ayala, José P. Guggiari, Manuel Domínguez, Francisco C. Chaves y Fulgencio R. Moreno. El capitán de navío Elías Ayala actuaba como asesor técnico. El miembro expositor de esta delegación lo fue siempre Guggiari. (39)

Proclamada su candidatura a la presidencia de la República, tuvo por rival en las elecciones de marzo de 1928, a Eduardo Fleitas, candidato de la Asociación Nacional Republicana. Vencedor en dicha justa cívica, realizó una jira de cortesía, visitando la Argentina, el Brasil, Chile y el Uruguay.

El 15 de agosto de aquel año hízose cargo de la primera magistratura de la Nación. Su gobierno se inició en un ambiente de profunda inquietud nacional ante el avance boliviano en el Chaco Boreal. No era un secreto para nadie la proximidad de la guerra. El país del altiplano estaba resuelto a someter la cuestión limítrofe a las ordalías del fuego. Este hecho agitaba el espíritu público y la honda y patriótica preocupación exigía medidas heroicas y urgentes. Los trabajos practicados en tal sentido no satisfacían la ansiedad popular.

Las aludidas circunstancias fueron aprovechadas por la oposición para llevar recios ataques al gobierno del presidente Guggiari. No obstante los hechos apuntados, pudo mantener aquél la paz pública y proseguir la tarea de la defensa. Pero ya no le fue posible evitar la guerra con Bolivia.

Los repetidos incidentes entre patrullas de ambos ejércitos, que se sucedían en forma alarmante, hicieron crisis, al fin, el 15 de junio de 1932, en las lejanías de Pitiantuta.

El gobierno de Guggiari recogió esta vez el guante con toda la altiva y viril dignidad que le imponían nuestra tradición y nuestra historia. Ordenó la retoma de aquel fortín y aguardó, con entereza y serenidad, las consecuencias. Las tropas paraguayas se internaron en la selva. Al frente de ellas iba un joven capitán llamado Abdón Palacios. Le acompañaban otros oficiales entre quienes revistaban el capitán Wenceslao López y el capitán y médico Gerardo Buongermini. La acción de Pitiantuta fue vengada. Levantóse nuevamente la bandera nacional en el tosco mástil del avanzado retén. Fue el 29 de julio de 1932. Pero el ejército de Bolivia irrumpió en Platanillos, Corrales, Toledo y Boquerón. En este lugar tuvieron los bolivianos la postrera notificación paraguaya de que la lucha sería terrible. Las huestes del teniente Eulalio Facetti escribieron en aquel fortín, de broncíneo nombre, a tiros de metralla, la primera página de audaz sorpresa en la historia de la guerra del Chaco. El recuerdo de esa escaramuza, en la imaginación popular, tiene hogaño sabor de travesura legendaria. Se parece a la sonrisa, la última, llena de desdén provocativo y de malicia, que lanza el "raído" a su rival al salir a la "cancha" donde ha de probar, al precio de su propia vida, la agilidad de sus músculos, la destreza de su cuerpo, la ligereza de su concepción y de su vista y el poder agresivo y reluciente de su facón.

Mientras estos acontecimientos se desarrollaban en el Chaco, el gobierno de Guggiari había decretado la movilización general. Era la guerra. La clarinada inicial fue el toque de atención que, bajo la advocación de Dios y de la Patria, unió fraternalmente a todos los paraguayos. Las disidencias políticas de la víspera, que se creían muy profundas, desaparecieron. De un confín a otro de la República levantóse la nación en armas. Desde ese instante, la única enseña enarbolada, flameante y cimera, fue la bandera nacional; el único himno escuchado, el que llama al combate, elCampamento Cerro León. El "verde-olivo" entró, desde entonces, a integrar el iris de las glorias paraguayas. Existe una proclama emocionante del presidente Guggiari, en la que expresa al mundo su protesta y convoca al pueblo a la defensa. Los días postreros de su histórico gobierno se caracterizaron por un trajín afanoso de preparación para la gran jornada.

José P. Guggiari, desde el punto de vista intelectual, debe ser considerado como uno de los oradores más completos con que cuenta el Paraguay contemporáneo. Su palabra es fluente, de sonoridad broncínea, aderezada de castellanismos y plena de conceptos en los que se armonizan la hondura del pensamiento con la galanura de la expresión. José P. Guggiari cultivó la oratoria forense, la parlamentaria y la de las asambleas populares. En todos esos aspectos rayó siempre a gran altura, favoreciendo aún más la brillantez de su verbo, la virilidad y la elegancia de sus mímicas y su natural prestancia tribunicia. Es también un prosador de claro estilo. Pruebas de ello son susMensajes presidenciales, redactados personalmente, los manifiestos y proclamas partidarias más importantes, a contar de 1920, y sus artículos periodísticos aparecidos en "El Liberal" y "Heraldo, diarios que dirigió en repetidas ocasiones.

Su obra de gobernante, desde el punto de vista puramente cultural, cuenta con la reforma universitaria, la creación de la Escuela de Odontología, base de la actual Facultad del mismo nombre; la fundación de la Escuela Superior de Guerra; el envío de misiones de estudiantes al extranjero; la contratación de profesores eminentes para la Universidad Nacional; la creación de gran número de escuelas primarias y la protección de institutos de enseñanza superior. (40)


La Escuela Superior de Guerra fue fundada en el mes de marzo de 1931. Como base para su creación se obtuvo los servicios técnicos de una misión militar argentina. La dirección del nuevo establecimiento se entregó al jefe de dicha misión, coronel Abrabam Schweitzer.

En el mes de setiembre del año siguiente hubo que suspender sus cursos a causa de la guerra con Bolivia.

En 1937, durante la presidencia provisional de Félix Paiva, creóse un "Curso Preparatorio" para la escuela de guerra. En ese mismo año reanudáronse las clases de la Escuela Superior de Guerra, bajo la dirección del coronel Ernest Petit, jefe de una misión militar francesa. Luego de alejarse el nombrado oficial con destino a Europa, con el propósito de defender a su país en guerra contra Alemania, hízose cargo de la dirección del citado instituto militar de cultura superior, el teniente corone Pierre Clermont, quien a su vez, tiempo después, hizo entrega de la misma al entonces teniente coronel Eulalio Facetti.

En el año 1931 desempeñaba la dirección de la Escuela Militar, el mayor ARTURO BRAY. En tal carácter dirigía el órgano oficial de aquel instituto. Si bien antes de ese tiempo había ya publicado artículos diversos en algunos diarios de la metrópoli, debe contarse como punto de partida de la vida intelectual, vale decir, del escritor que es Arturo Bray, su estada en la dirección de la primera institución militar de la República. Nacido en la Asunción, en el año 1898, educóse en el Colegio de San José de dicha capital. Desde su niñez amó la carrera de las armas. Mas, el trágico suceso en el que perdió la vida Adolfo Riquelme, tío suyo, y el espectáculo ingrato de tantas guerras civiles que, por aquel tiempo, devastaban nuestro país, con su secuela de odios, luto y penurias, obligáronle a tomar otros rumbos. Estudiaba medicina en Inglaterra cuando estalló la conflagración de 1914. Alistóse en los ejércitos de Gran Bretaña. Sirvió en los campos ensangrentados de Francia. Una bala teutónica prendió en su cuerpo, violentamente, la roja condecoración de una herida. Su actuación en las líneas de fuego le valió el ascenso a teniente primero de infantería de las fuerzas armadas de Inglaterra.

Terminada la contienda europea, inesperadamente, Arturo Bray llegó a la ciudad de Encarnación. Venía a abrazar a sus padres: él, un súbdito del Imperio Británico; ella, una dama de la sociedad paraguaya. Incorporado al ejército del Paraguay, sirvió como oficial de planta en la Escuela Militar. Y otra vez el combate. En 1922 estalló la revolución más prolongada que conoció nuestro país en lo que va de este siglo. El capitán Bray estuvo en la defensa de la Asunción, el 9 de junio de aquel año. Después del triunfo, al frente de un batallón, viósele por la avenida Colombia, en misión de perseguir al enemigo. Eran las diez de una mañana fría y brumosa. Alguien, al saludarlo, preguntóle ingenuamente, en qué bando actuaba. Y contestó: "Este sable está al servicio de las instituciones y no pienso mancharlo". En 1924 fue edecán del presidente Eligio Ayala; y después, sucesivamente, jefe de los fortines del Pilcomayo, secretario de la comisión de adquisición de armamentos en Europa y director de la Escuela Militar. De esta época son su famoso discurso a los cadetes egresados y su actuación en los sucesos de octubre de 1931, la que le dio notoriedad en los ajetreos políticos del Paraguay. Fue, posteriormente, por dos veces, jefe de policía de la Asunción y ministro del interior en el gabinete del presidente Paiva, en 1938. En la guerra del Chaco comandó el regimiento 6 de infantería "Boquerón" y la IV división de infantería. En el terreno diplomático representó a nuestro país, en carácter de ministro plenipotenciario, ante los gobiernos de España, Portugal y Chile.

En materia literaria, además de sus discursos, que son elocuentes piezas oratorias, tal aquél pronunciado sobre la tumba del sargento Fatecha, en Caacupé, cuéntanse sus artículos en diarios y revistas del Paraguay y del extranjero, y los de índole profesional, que vieron la luz pública en laRevista Militar, así como los últimamente aparecidos enLa Nación de Buenos Aires.

Sucesos políticos han obligado a Arturo Bray a vivir en el exilio. Las penurias del proscrito no han podido, sin embargo, agostar la recia vocación del escritor. Cinco años de destierro florecieron en cinco libros:Hombres y épocas del Paraguay, con dos ediciones. La, primera fechada en la capital argentina en enero de 1943, y la segunda, en la misma ciudad, seis meses después;Satanás con sombrero de copa, traducción de la obra escrita en inglés por Tibor Koëves;Los generales alemanes frente a Hitler, traducción también del original inglés, de Curt Riess;La España del brazo en alto, filiada en Buenos Aires, en el mes de julio del mismo año; ySolano López, soldado de la gloria y del infortunio, aparecido en la capital porteña en 1946. Tiene, además, inédito,Los primeros diez mil, libro referente a la guerra del Chaco.

Hombres y Épocas del Paraguay,escrita en prosa clara, salpicada de modismos castellanos, es un conjunto de siete biografías de personalidades paraguayas, estudiadas dentro del marco de sus respectivos ambientes;Satanás con sombrero de copa, es una acertada versión española de la vida y milagros de un diplomático alemán contemporáneo;Los generales alemanes frente a Hitler, es una obra vastamente conocida;Ea España del brazo en alto, condensa el estudio objetivo del régimen español imperante en la madre patria después del derrumbe de la segunda república;y Solano López, soldado de la gloria y del infortunio, es un estudio historiográfico de aquel personaje principal del drama esquiliano de la guerra que sostuvo el Paraguay contra la tríplice, desde 1864 hasta 1870.

En 1949, Arturo Bray colaboraba asiduamente en La Prensa de Buenos Aires.



LA GUERRA DEL CHACO


Un largo y enojoso conflicto mantenía al Paraguay y Bolivia, desde 1852, en una perenne situación de recíproca hostilidad. Aquel año fue signado en la Asunción un tratado de navegación, comercio y límites entre nuestro país y la Argentina, una de cuyas disposiciones establecía que el río Paraguay pertenecía, de costa a costa, hasta su confluencia con el río Paraná, a la República del Paraguay. Esta cláusula dio motivo a lo que hoy se conoce en la historia diplomática con la denominación de Protesta Benavente. (41)

El encargado de negocios de Bolivia en Buenos Aires, Juan de la Cruz Benavente, el 22 de agosto de 1852, elevó una nota al gobierno de Buenos Aires, expresando que el país que representaba se consideraba ribereño del río Paraguay en su costa occidental y entre los grados 20, 21 y 22. Este documento constituye el punto de partida del prolongado pleito fronterizo entre ambos países. Desde 1852 hasta 1932, vale decir, en el lapso de ochenta años, buscóse afanosamente una solución pacífica al conflicto, sin éxito alguno. No vamos a hacer el historial del litigio. Recordaremos, sí, que fueron signados en la Asunción, el 15 de octubre de 1879, el proyecto de tratado Decoud-Quijarro; el 16 de febrero de 1887, el proyecto de tratado Aceval-Tamayo; y el 23 de noviembre de 1894, el proyecto de tratado Benítez-Ichazo. Los tres llevan el nombre de sus signatarios y basan la solución del diferendo en propósitos de paz y armonía, "sin discusión de títulos ni antecedentes". Los tres documentos no fueron aprobados por el Parlamento paraguayo. Por el contrario, fueron violentamente rechazados por la opinión pública de todo el país. (42)

En el año 1907, el 12 de enero, arribóse a un acuerdo en la ciudad de Buenos Aires. Con los auspicios del canciller argentino, Estanislao S. Zeballos, firmóse en aquella fecha y en dicha ciudad, el protocolo Soler-Pinilla. Se recomienda la solución del diferendo, por dicho documento, al fallo arbitral del presidente de la República Argentina, y se demarca, en el mismo, el territorio cuya propiedad sería sometida al laudo. Lo esencial para el Paraguay fue, en esa emergencia, el statu-quo pactado en el artículo 7º del protocolo.

Una cuestión posteriormente suscitada entre la República Argentina y Bolivia, interrumpió el cumplimiento de lo estipulado en el protocolo Soler-Pinilla.

A este acto, de indudable trascendencia, siguieron las negociaciones Domínguez-Cano, realizadas en la Asunción en cumplimiento del acuerdo del 12 de enero de 1907, y en el mismo año, pero ellas fueron suspendidas por la renuncia irrevocable del presidente argentino, José Figueroa Alcorta, al cargo de árbitro y por el fallecimiento del diplomático boliviano, Emeterio Cano, ocurrido en la capital paraguaya en 1907. (43)

Años después, el5 de abril de 1913, firmóse en la Asunción el protocolo Ayala-Mujía, punto de partida de las negociaciones Moreno-Mujía, iniciadas en la capital paraguaya, en 1915, y proseguidas en La Paz, en 1918. Estas negociaciones fueron prorrogadassine-diae con motivo del derrocamiento del presidente de Bolivia, José Gutiérrez Guerra, y del retiro de Ricardo Mujía de la cartera de relaciones exteriores de su país. (44)

El 22 de abril de 1927 fue firmado en Buenos Aires el protocolo Díaz León-Gutiérrez, por cuyas disposiciones se reiteraba la aceptación de los buenos oficios del gobierno argentino para la solución pacífica del diferendo; se convenía en designar plenipotenciarios que fijarían las materias que serian objeto de las deliberaciones y se estipulaban las cláusulas de arbitraje, fijándose, además, las condiciones del mismo.

Durante el transcurso de todas estas negociaciones, el ejército de Bolivia avanzaba en el Chaco, fiel a su tesis – la cuestión es territorial y no de límites – opuesta diametralmente a la tesis paraguaya, insinuada por Carlos Antonio López y concretada por el canciller Juan Cancio Flecha.

Bolivia se apresuraba a llegar al río Paraguay y apoderarse por la fuerza de todo el Chaco Boreal. En estas condiciones, presionados por estas circunstancias, realizáronse en Buenos Aires las conferencias de 1927-1928, en las que el Paraguay y Bolivia estaban representados por sendas delegaciones. Presidía las sesiones un delegado del gobierno argentino, Isidoro Ruiz Moreno.

A las conferencias de Buenos Aires, que no fructificaron en resultados positivos, siguieron las conferencias de Washington, a las que dieron origen los hechos sangrientos del 5 de diciembre de 1928, conocidos en la historia con el nombre de "Incidente de Vanguardia". (45) De dichas conferencias surgió otra, la que, por invitación de Bolivia, debía realizarse también en Washington, con el propósito de signar un pacto de no agresión. (46)

Mientras se realizaban las conversaciones tendientes a arribar a la conclusión de dicho pacto, las fuerzas armadas de Bolivia atacaron, el 15 de junio de 1932, a la guarnición paraguaya destacada en el fortín denominado Carlos Antonio López o Laguna Pitiantuta.

Esta inesperada agresión fue el origen ocasional de la guerra más sangrienta y cruel que se registra en la historia de la América latina en lo que va de este siglo.

La orden de movilización general sorprendió al Paraguay en trámite de apresurada defensa. Todavía sufría nuestro país las consecuencias de la guerra contra la triple alianza. No debe olvidarse que aquellos años de lucha sin paralelo convirtieron al pueblo paraguayo en un cementerio impresionante. De casi un millón de habitantes de anteguerra, en todo el Paraguay sólo quedaron, después de Cerro Corá, doscientos treinta mil famélicos. En 1932, su economía estaba apenas renaciendo. Habíase acumulado, pacientemente, una reserva de oro en los depósitos bancarios para respaldar su vida económica y financiera y salvar su crédito interno y externo, sin que para ello se apelara al cómodo medio de oprimir al pueblo con subidos impuestos, ni al socorrido amparo del empréstito. Obligado por la situación amenazante, el gobierno adquirió algunas partidas de elementos bélicos modernos para las fuerzas armadas. Creóse la Escuela Superior de Guerra; instaláronse arsenales; construyéronse algunos cuarteles; y, sobre todo, se formó un ejército nacional y no partidario, como base principal de la defensa.

Afanosos hallábanse pueblo y gobierno en estos menesteres preliminares, cuando se desencadenó la tormenta. Creíase en Bolivia que toda esa paupérrima realidad material paraguaya referida, abonada por el distanciamiento de los hombres en sus luchas democráticas, ofrecería facilidades para "un paseo militar". Y estimuladas por esa convicción, sus legiones provocaron la lucha. Empero, error de apreciación hubo – y grave – de parte de los hombres dirigentes del altiplano. No contaron, al hacer sus cálculos, con un factor importante, decisivo, siquiera invisible e imponderable: el alma de la raza. Pueblo amante de la paz, el paraguayo es, sin embargo, guerrero nato. El toque del clarín tiene en su espíritu extrañas y milagrosas resonancias.

Al llamado de la patria en peligro, se acallaron todas las protestas, terminaron todas las disputas, se olvidaron todos los agravios y parecía que el pueblo íntegro se estrechara en un grande y emocionado abrazo.

Ningún espectáculo es comparable con aquel históricosursum corda de 1932. Es que la Nación se preparaba a vencer en la lidia o a sucumbir en la demanda, digna de su tradición y de su historia.

La retoma de Pitiantuta insufló optimismo. Pero vino la caída de Platanillos, y luego, en seguida, las de Corrales, Toledo y Boquerón. Corría el mes de julio de 1932.

El Paraguay, en tanto, se había convertido en un laboratorio de la guerra. Nadie estaba ocioso. Ninguno perdía la fe. No se temía a nadie ni a nada. Con ese espíritu salieron los primeros contingentes, río arriba, en pos de la victoria o de la muerte. No había término medio posible; ¡había que vencer o perecer!

La retoma de Pitiantuta y, después, la de Boquerón señalaron al pueblo el camino de la gloria. La raza se había reencontrado en el sangriento trajín de la batalla. Mientras, quedaba para siempre en las fosas del fortín de nombre resonante, el agraz de la derrota que acibaró su corazón desde la caída honrosa de Cerro Corá. La estirpe se reconoció en la ordalía. El linaje se puso de pie ante la historia. Podían seguir, en su sueño de siglos, Díaz y Cala-á, Caballero y Genes, que montaba guardia hogaño el antiguo imaginaria de la Patria, vestido de "verde olivo". Toledo, Corrales, Nanawa, Herrera, Gondra, mojonan el primer año de la lucha. Han de seguirles Campo Vía Cañada Tarija, Muñoz, Ballivián, El Carmen. Se irán escribiendo, con "sangre, sudor y lágrimas", páginas dantescas de sed, hambre y frío, dolores morales y físicos, pestes de toda laya; y a fuego vivo, capítulos de luchas memorables, cuyos protagonistas triunfales ascenderán las empinadas laderas de todas las metas del heroísmo. Yrendagüe, Mandeyupecuá, Charagua, Ingavi serán la coronación gigantesca del gigantesco esfuerzo nacional.

Tres años habrá de durar la lidia. Y al final, podrá decirse, sin ambages ni eufemismos, que la epopeya fue digna de sus autores. ¿Cuál es el deber de la posteridad? Dar a quienes estuvieron en la lucha, a los hombres y a las mujeres, a los niños y a los ancianos, a gobernantes y gobernados, a soldados y jefes, a estudiantes y obreros, con estricta justicia, sin regateos amenguantes y odiosos, el lote de honor que han sabido conquistar para bien de la Nación y para enseñanza y ejemplo de quienes osen vacilar, alguna vez, en la fe en Dios y en los destinos de la Patria.

Diversas y nobilísimas gestiones pacificadoras iniciadas durante los tres largos años de guerrear sin tregua, no obtuvieron éxito. La Sociedad de las Naciones sólo intervino para disminuirse en autoridad y prestigio. Sus personeros fueron desleales a la alta finalidad de esa institución. El Paraguay retiróse de Ginebra.

En junio de 1935 emergió la paz de la ciudad de Buenos Aires. Puso fin a la contienda el protocolo Riart-Elío. Siete meses después signóse el protocolo Zubizarreta-Elío, complementario del primero, pero principalísimo en la cuestión de fondo. El punto terminal definitivo del conflicto señala el tratado de paz, amistad y límites, signado en la capital argentina, el 21 de julio de 1938, por el canciller Dr. Cecilio Báez, el general José Félix Estigarribia, el Dr. Luis A. Riart y el Dr. Efraím Cardozo, en representación del Paraguay.


El 15 de agosto de 1932, José P. Guggiari entregó las insignias de mando presidencial a Eusebio Ayala.

El territorio del Chaco Boreal, la planicie infinita, misteriosa, llena de leyendas, ardía en el fuego de una guerra de harta fiereza. Al doctor Ayala se le presentaba el problema de realizar una defensa pronta y valerosa. Materia prima no faltaba. Pero, ¿y los medios? Había que hallarlos, crearlos a todo escape, sobre la marcha. Y Eusebio Ayala realizó ese milagro, poniéndose a la altura de las tradiciones patrias, haciéndose digno de su estirpe y digno de revistar en la historia como un prócer de la Nación paraguaya y un heraldo del derecho y de la justicia americanos.


EUSEBIO AYALA nació en Barrero Grande – ciudad que hoy lleva su ilustre nombre – en el año 1875. Obtuvo el diploma de bachiller en el Colegio Nacional de la Asunción, veinte años después y el grado académico de doctor en derecho y ciencias sociales, en la Universidad Nacional, en 1900. Su tesis verso sobrePresupuesto Nacional. Dedicóse a la enseñanza desde su juventud. Fue profesor de historia del Paraguay en la Escuela Normal y ganó, en concurso de oposición, la cátedra de filosofía en el Colegio Nacional de la misma ciudad. En la Facultad de Derecho dictó cursos de derecho constitucional, sociología, derecho penal estadísticas en 1906. Siendo profesor de economía política, fue designado miembro del Consejo Universitario.

Eusebio Ayala viajó, en diversas épocas, como estudioso. Recorrió Europa y América. Poseía varios idiomas. Es el único paraguayo que dictó conferencias en el local de la "Asociación de Derecho Internacional" de París, presidida por el profesor De la Pradelle, en correcto francés. Una de ellas sobre elUti-possidetis juris de 1810.

En 1908, el 2 de julio, vióse a Eusebio Ayala, fusil al hombro, cruzar las calles de la Asunción. Tomaba parte activa en la violenta subversión del ejército en contra del gobierno de Benigno Ferreira. Así era su temperamento. Meditaba para decidirse; pero, resuelto el problema, actuaba, con energía, con rapidez y peligrosamente.

En 1909 desempeñó las funciones de ministro de justicia, culto e instrucción pública; después, las de ministro de hacienda y de relaciones exteriores. Fue, posteriormente, representante del Paraguay en numerosos congresos internacionales entre los que pueden citarse la Segunda Conferencia Científica Panamericana, reunida en Washington en 1915; la Conferencia Panamericana de Buenos Aires, en 1916; la Conferencia Económica y financiera de Washington, en 1919; las conferencias reunidas en Buenos Aires – 1927-1928 – con motivo del conflicto de límites con Bolivia.

Eusebio Ayala también ocupó, en varias ocasiones, un asiento en la Cámara de Diputados y en el Senado de la Nación. De una de estas bancas, en 1921, fue llevado a la Presidencia de la República. Tocóle en suerte, en esa oportunidad, afrontar una de las revoluciones más asoladoras que castigaron al país. Casi todo el ejército se había sublevado contra su gobierno por haber vetado una ley de elecciones presidenciales. Al primer magistrado no le quedaron sino la Escuela Militar, la Policía y la Marina. Y con ellas venció, el 9 de junio de 1922, en el combate de la Asunción, a las fuerzas subversivas, y las persiguió hasta Cai-Puente, hoy Coronel Bogado.

De la Presidencia de la República, Eusebio Ayala partió con destino a Europa. En el viejo continente siempre estuvo al servicio de la Nación. Hallándose en París, en 1932 estalló la guerra can Bolivia. En ese tiempo se lo había proclamado candidato electo a la primera magistratura del país. El 15 de agosto de 1932 tomó posesión del cargo. Y desde ese instante, el hombre de vocación y de convicción pacifistas, por una paradoja del destino, tomó la dirección de la guerra que estaba viviendo el Paraguay. Y la tomó con tanto fervor, que aparece en el panorama de la historia, con derecho propio conquistado en la lidia sin tregua, ardorosa y llameante del Chaco Boreal, como el símbolo de la voluntad y del talento triunfantes, como elPresidente de la Victoria.

Después del armisticio de Buenos Aires, vale decir, después del 12 de junio de 1935, el doctor Ayala preparábase a completar su obra, desarrollando un plan revolucionario y constructivo. El mismo, en ocasión de ser condecorado por el Congreso Nacional, lo dijo: "El desaliento ha rondado por las esferas en donde se escudriña más el pasado que el alma del presente y en donde la aureola de lo legendario empaña la visión de las nuevas generaciones a que pertenecemos; hemos enseñado nuestro pasado como la cumbre de donde fuimos precipitados al abismo de la decadencia. La guerra del Chaco reanudó el curso de nuestra historia y restableció la filiación de los sucesos. El Paraguay es uno e indivisible en el espacio como en el tiempo.

"Una profunda revolución se está operando en nuestra nación, revolución cuyo proceso radica, por hoy, íntegramente en las conciencias. No nos aferremos, nosotros que pretendemos ser guías e inspiradores del pueblo, a las viejas concepciones que van caducando. Un inmenso soplo de esperanza corre por los ámbitos del país. Una intuición de mejores días alienta a las masas. Falta que las clases responsables de la sociedad asuman el papel que les corresponde en nuestra democracia". (47)

El párrafo transcripto expresa, elocuentemente, lo que eran el pensamiento y el estilo de Eusebio Ayala. No se perdía éste en la hojarasca; iba directamente a la médula del asunto, utilizaba la palabra como el buen cirujano el bisturí: con firmeza, sin vacilaciones ni miedo. Como aquel otro gran gobernante, Carlos Antonio López, le interesaba siempre el fondo de la cuestión, el concepto esencial, la idea madre de toda cuestión más que su expresión verbal. No aspiraba a ser un gramático y menos un esteta. Se valía del vocablo para exteriorizar su criterio, para dar forma a su juicio, no para hacer filigranas. Por eso su prosa era desaliñada y seca. No expresaba ni sugería bellezas, pero obligaba a meditar.

A breve lapso de haber pronunciado las palabras transcriptas más arriba, el 17 de febrero de 1936, rebeláronse contra su gobierno dos regimientos de infantería de la guarnición de la Asunción. Comandaban a los sublevados los tenientes coroneles Camilo Recalde y Federico W. Smith. No obstante, los verdaderos autores de la subversión fueron tres jóvenes capitanes: Federico Varela, Juan Martincich y Cirilo Antonio Rivarola. Luego de una lucha que duró desde el amanecer hasta las diez de la noche, Eusebio Ayala – quien se había escapado primeramente de sus enemigos y luego dirigió la defensa – redactó, firmó y entregó su renuncia al alto cargo que desempeñaba, a una delegación integrada por el citado coronel Recalde, el capitán de navío Manuel T. Aponte y el señor Bernardino Caballero, nieto del héroe y caudillo del mismo nombre. Fue a bordo del cañonero "Humaitá". Días después de este suceso, encontróse en la prisión con José Félix Estigarribia, el Vencedor del Chaco. La adversidad caía, así, sobre ambos, simultáneamente, para embellecer sus vidas y glorificar sus destinos. La celda es, en tales casos, la antesala de la inmortalidad.

Seis meses sufrieron al unísono el ultraje de la prepotencia ensoberbecida. Hubo gente afanada en fusilarlos. Mas, el hado quiso que ambos próceres salieran juntos de la cárcel, y juntos tomaran rumbo hacia el destierro. Así se los vio llegar una mañana de agosto de 1936 en el puerto de Buenos Aires. Acogidos por el afecto del pueblo argentino, Eusebio Ayala fijó su residencia en la capital porteña. Vivió en el exilio como gran señor, que lo era, digno siempre de su infortunio y de su gloria. Regresó al Paraguay un día, furtivamente, para llorar sobre la tumba de su hermano, Enrique Bordenave. La desaparición de este gran espíritu le hirió de muerte, en el corazón.

En 1942, Eusebio Ayala emprendió el gran viaje hacia lo desconocido. El deceso se produjo en la capital argentina, mientras dormía. Así entró el gran repúblico en los dominios de la eternidad. Ahora, su memoria pertenece al pueblo. Es una página de honor de la historia patria. Sus despojos han de reposar, no dista mucho el día, bajo las bóvedas del Panteón Nacional, y su nombre constituirá un motivo de orgullo de las generaciones que le fueron contemporáneas y de las que le sucederán, en esta parte del continente, en el correr de los siglos venideros.

La obra intelectual de Eusebio Ayala es ingente. Publicó Informe pedagógico sobre la enseñanza alemana, en 1914, y Temas monetarios y afines, en 1917. Pero en sus conferencias, discursos y mensajes es en donde ha de buscarse la expresión integral de las diversas facetas de su vigorosa personalidad. Más aún; su sabia palabra, desde la cátedra, contribuyó en manera singular en la formación espiritual de la juventud paraguaya, la que se le alejó un tiempo. Y no es extraño este suceso. Los valores reales son casi siempre incomprendidos por sus coetáneos. Necesitan de la propia desaparición física y del transcurso del tiempo para la consagración que ha de ser perenne. En 1932, sus amigos editaron Ante el País, colección de conferencias dedicadas a la juventud universitaria.

Desde el punto de vista de sus actividades de dirigente en la defensa del Chaco – mando que fue, realmente, el último liberal desde 1904 – se señala un hecho histórico de trascendental importancia. El 17 de febrero de 1936, a las diez de la noche, cuando Eusebio Ayala redactó y suscribió su renuncia al alto cargo de presidente de la República, a bordo del cañonero "Humaitá", las fuerzas paraguayas acampaban, victoriosas, casi en los linderos arcifinios del Chaco Boreal, y la bandera nacional flameaba, enhiesta, en las cercanías de las márgenes lejanas y leyendosas del Parapití! Esta verdad histórica es su más alta y justa gloria y la de su gobierno.

La personalidad política de Eusebio Ayala es discutida como la de todos los grandes varones de la historia. Gracias a la enconada disputa que ella ha suscitado entre sus compatriotas, se la ve agigantarse a medida que se aleja en la perspectiva de los años. Es que el político no está destinado a arrebujarse, como la impoluta imagen de los santos, entre las flores, las luces y el sahumerio de los altares, para ser adorado por el creyente. El imperativo de su vida y de su sino le señala la obligación ineludible de erguirse siempre, valiente y firme, sobre las tribunas ciudadanas, en las bocacalles o en las plazas públicas, como el bronce de las estatuas, sin temor al calor del sol ni al frío del relente, en actitud de perenne desafío al embate de todos los vientos y al restallido de todas las lluvias.


Hemos hablado, antes de ahora, de dos instituciones que realizaron, cada una en su tiempo y en su esfera, proficua labor cultural. Nos referimos al Instituto Paraguayo y al Gimnasio Paraguayo.

En el mes de diciembre de 1933 prodújose la fusión de ambas entidades. El nombre de la nueva corporación fue adoptado en recuerdo de otra similar, que tuvo corta pero fecunda vida algunos años después de la tragedia de Cerro Corá: "Ateneo Paraguayo". La fusión se realizó con los auspicios del ministro de educación y justicia, Justo Prieto, y el acta fue firmada en representación del Instituto Paraguayo, por M. Eliseo Sisa y Remberto Jiménez, y del Gimnasio Paraguayo, por Venancio Galeano y Baltazar Ballario.

En sendas asambleas de ambas entidades, el 21 de enero de 1934, se aprobó el acta de unión respectiva y el estatuto de la nueva entidad.

El Ateneo Paraguayo tiene por fines esenciales "estimular el cultivo y la difusión de las ciencias, artes y educación física en sus principales manifestaciones, y estrechar los vínculos de amistad y solidaridad entre sus asociados". En cumplimiento de tales propósitos, dispone de un local de enseñanza y reunión social, de una tribuna de conferencias y de una biblioteca y ha editado una revista. También ha instituido premios y organizado concursos literarios, audiciones de música de cámara y exposiciones pictóricas y posee un elenco teatral dirigido, en su primera época, porFernando Oca del Valle, y un coro polifónico cuyo organizador y director fueJulio Basterreix.


En diversas oportunidades se ha intentado la reorganización del antiguo Círculo de la Prensa, fundado en la Asunción en 1907. No obstante, todo esfuerzo fue malogrado por las disensiones políticas y las pasiones sectaristas. La más seria iniciativa fue la de 1934. Constituyóse, entonces, la nueva entidad, bajo la presidencia del director deEl Diario, decano a la sazón de los periódicos paraguayos, y mediante los afanes del ministro plenipotenciario de Méjico en el Paraguay, D. Fortunato Vega.

La reunión tendiente a la organización de aquella corporación tuvo lugar en la sede de la legación del nombrado país. Integróse la comisión directiva en la forma siguiente: presidente, J. Eliseo Da Rosa; vicepresidente, Julio J. Bajac; tesorero, Adolfo F. Antúnez; secretario, F. Arturo Bordón; vocales: Policarpo Artaza, José Antonio Pérez Echeguren, Roque A. Gaona, Marco Antonio Laconich y Juan José Soler.

Los sucesos del 17 de febrero de 1936 dieron fin a la entidad. Casi todos los componentes de la comisión directiva fueron deportados. El archivo quedó en poder del señor Adolfo F. Antúnez.

Posteriormente realizáronse nuevos trabajos de reorganización. Empero, todos los esfuerzos, hasta hoy, han resultado estériles.


Como en los trágicos tiempos de la guerra de 1864 a 1870, contra la triple alianza, en los días sangrientos de la epopeya del Chaco la prensa paraguaya estuvo representada en las trincheras. El III Cuerpo de Ejército poseía un periódico:Nanawa. Lo dirigía el teniente Juan Angel Benítez.

Nanawa es un monumento labrado por el cañón y bautizado con sangre paraguaya. El histórico fortín se levanta en el corazón del Chaco Boreal, como emblema de fe, de abnegación y de heroísmo. Por Nanawa entró el III Cuerpo del Ejército paraguayo en los dominios de la historia, de la leyenda y de la gloria.

Y ese nombre exótico, raro resonante hogaño como una clarinada, fue elegido por Juan Angel Benítez para ponerlo en portada de su periódico. Nanawa se editaba bajo las carpas. Lo redactaban jefes, oficiales y soldados. Tenía una sección de caricaturas a cargo del sargento Narciso Benítez. En papel tosco impreso en mimeógrafo, la volandera hoja informaba las novedades del día y hacía comentarios jugosos de los acontecimientos. Sus artículos fueron reproducidos por rotativos de Buenos Aires, Montevideo y Madrid. Se publicaron cuarenta y tres números. De rato en rato, traía en sus columnas versos escritos bajo las tiendas, en horas de descanso, como estos que siguen, y que aparecieron en el número treinta deNanawa, el 1º de agosto de 1934. (48)


PALO SANTO


Palo santo:

árbol sin atracciones y sin sombras,

árbol desheredado

del incentivo rojo del tanimo,

árbol que nada ofreces a la vista

con tus hojas agrestes y menudas

y a pobreza gris de tu ramaje humilde;

en ti, árbol bendito,

se agita, una doliente paradoja:

eres de nacimiento un aristócrata,

y fuiste afiliado entre plebeyos

que te comprendieron y dignificaron.

¿Por qué no han de quererte como a la vida misma,

si tras de tu corazón en las trincheras

escudan ellos con seguridad la vida,

y si en las crudas noches invernales

calientan sus cuerpos ateridos

con el tizón de tus cortezas,

y es deshilachan la ebriedad de sus recuerdos

saturados con el perfume de su incienso?

¿Por qué no han de quererte, Palo Santo,

si eres todo de ellos?


PEDRO P. DOMINGUEZ

Campos de Ballivián, junio 31 de 1934.


¿Quién PEDRO P. DOMÍNGUEZ? Oriundo de Concepción, nació en el año 1911. Educóse en el Colegio Nacional de la Asunción. Sirvió como oficial de la reserva en la guerra del Chaco. Fue laureado en juegos florales estudiantiles. Terminada la guerra con Bolivia, se radicó en Montevideo. En aquella ciudad siguió cursos de derecho y ciencias sociales y continúa escribiendo versos llenos de armonías y de evocadores encantos.


JUAN ANGEL BENÍTEZ el director deNanawa, es oriundo de San Lorenzo del Campo Grande. Nació en el año 1904. Cursó estudios en el Colegio Nacional de la Asunción. En aquel tiempo ya colaboraba en periódicos estudiantiles. Fundó y dirigió después,El Independiente, que aparecía en su ciudad natal. Durante la guerra del Chaco fue secretario del III Cuerpo de Ejército y del tribunal militar de Nanawa. Escribió un drama intituladoLa victoria de Curupayty, estrenado en el salón de la Sociedad Italiana y publicado enMundo Paraguayo.

Nanawa,el periódico de las trincheras, no sólo fue fundado por Angel Benítez, sino también costeado con su sueldo de teniente primero. Radicado en Coronel Oviedo, es poseedor ahora del más nutrido e interesante museo indigenista con que cuenta nuestro país.

EnNanawa colaboraban también dos plumas juveniles y brillantes que, después, rendirían el tributo de sus vidas en holocausto de la Patria, en las trincheras chaqueñas: NORBERTO CANIZA Y ROBERTO DA PONTE. Ambos eran oriundos de la Asunción y alumnos de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales. Comenzaron a escribir para la prensa de la capital paraguaya. Colaboraban enEl Liberal y en periódicos estudiantiles. El clarín que llamaba al combate, en 1932, trocó en sus manos el libro por el fusil y, vestidos de "verde olivo", partieron un día hacia las líneas de fuego. Cuando aparecióNanawa, la nutrieron con su prosa chispeante, juntamente con Luis Irrazábal, Silvio Lofruscio Juan Esteban Carrón y otros. Después... ¡la muerte! Pero de ellos queda el recuerdo, que es bella página de historiay es eslabón de gloria.

A pocos días de la victoria de Cañada El Carmen apareció el primer ejemplar de una hoja escrita a máquina, más que con pretensiones de revista o periódico de campaña, como una humorada de campamento, a la que fue dado el nombre de la épica jornada, orgullo de la famosa maniobra del I Cuerpo de Ejército. Se divulgó escasamente – diez o quince ejemplares – reproducidos en carbónico, entre las distintas unidades del Cuerpo.

A instancias del entonces teniente primero de reserva Amado Vega Zayas, director y redactor principal, colaboró como editorialista, el también teniente primero de reserva Hermógenes Rojas Silva. Ilustraban sus páginas Ciro Benedetti y el mismo Vega Zayas.

Este primer número, por su escaso tiraje, desgraciadamente no hemos podido conservarlo en nuestro poder. Los dibujos e ilustraciones fueron calcados a mano sobre cada ejemplar.

La aparición deEl Carmen fue acogida favorablemente por los combatientes y, especialmente, por el comandante de la gran unidad, coronel Carlos J. Fernández, quien puso de inmediato a disposición de los redactores un viejo mimeógrafo en que se redactaban circulares y proclamas, y los útiles y materiales de la sección cartográfica, para la edición de un segundo ejemplar.

El número dos de la revista, que constaba de ocho páginas, apareció con mayores pretensiones y con nuevos colaboradores, entre los cuales figuraba el teniente Joaquín Rovira S. El grabado del nombre,El Carmen, con fondo de paisaje chaqueño, selva enmarañada, nubarrones, un ranchito y resaltando en medio de todo aquello una efigie del soldado paraguayo, es una xilografía de Ciro Benedetti, hecha en negativo sobre madera de lapacho e impresa en tinta, a presión, sobre la carátula.

El papel de la portada es de hoja "ozalid", para reproducciones heliográficas, y en él se ha impreso, copiado al sol, un retrato del coronel Carlos J. Fernández, dibujo del citado Benedetti, en una imitación fidelísima a grabado xilográfico. El original fue hecho sobre papel transparente y en tinta china. En la contratapa, aprovechando el mismo papel heliográfico, aparecen dos caricaturas, entonces de actualidad bélica, debidas al lápiz de Vega Zayas.

El resto de la impresión está hecho en copia mimeográfica sobre papel diario común. Esta edición tuvo aproximadamente cincuenta ejemplares, los que fueron repartidos entre las distintas unidades del Cuerpo y remitidas al "Comanchaco" y demás comandos de cuerpo.

El número tres, en preparación, dejó de aparecer por los continuos traslados del I Cuerpo de Ejército, en vísperas de la firma del armisticio, y signado éste, a causa del permiso que obtuvieron los redactores Vega Zayas y Rojas Silva para trasladarse a Tinfunqué, en procura de los restos del malogrado mártir de la defensa del Chaco teniente Adolfo Rojas Silva, expedición que entonces fracasó por la enorme creciente del estero Patiño.


En las lejanías del norte chaqueño, ROBERTO HOLDEN JARA fundó y redactóLa Voz de Bahía Negra. Colaboraba con éste el poeta Jorge Báez.

Pocos números de aquel periódico vieron la luz pública, pero ellos condensan la historia de esa región durante los días de la guerra.

Su fundador y director, Roberto Holden Jara, es un artista del pincel y del lápiz, y también un aficionado a las letras. Oriundo de la isla Yasyretá – situada entre las rompientes del caudaloso río Paraná –, nació en el año 1899. Cursó estudios en la Asunción y después en Italia, Francia, Alemania y España. Ha recorrido casi toda Europa y gran parte de América. Su destino y su arte le han hecho soñador y trashumante. Hoy en París, mañana en las silentes y misteriosas lejanías del Chaco Boreal, siempre en compañía de la paleta y del pincel, y con las pupilas vigilantes, oteadoras y captadoras de bellezas. Cuando vestía el "verde olivo" fundó, en el "jalón secular de nuestra soberanía", el primer vocero de esa histórica población del alto Paraguay.

También debe ser recordadoCarachá, periódico satírico que se editaba en Puerto Militar, frente a Concepción.


El "compuesto" tradicional emergía de la soldadesca del ejercito del Chaco como claro surgente. Se lo cantaba en los vivaques, en las horas de descanso, al son de la guitarra. Algunos regimientos tenían sus compuestos propios. Eran narraciones en verso de las acciones en que actuaron o se inspiraban en el recuerdo del "valle" lejano, que lloraba al compás de la bordona.

He aquí uno de aquellos "compuestos", cuyo autor fue ELADIO PAREDES, oriundo de San Bernardino, soldado del regimiento 15 de infantería,Lomas Valentinas:

 

I

"Ocho de marzo" ko’ême

oprepará lo mitâ

"un asalto paraguayo"

"boliviano" peguarâ.

II

"Metralla" otereteté,

"fusilaría" katu hyapu,

"mortero" ha "setenta y cinco"

áraicha ma osununu.

III

Jahecha ko Paraguay

ombyasy’ŷva hecove,

hesa pirírô guarâ

"posición" pe ma oĝuahe.

IV

R. I. 15 che "regimiento",

tamombe’u peikuaa haĝua;

Tte. Codas che ruvicha,

"lo boliviano" kyhyjeha.

V

Aipotánte peikuaa

che ruvicha ipy’aguasuha

"punta" itépe ko "avanzá",

oñanimáva mitârusu.

VI

"Al trote" ma ro marchá,

ha "fortín" pe ma roikepa;

sapy’aitérô guarâ

"lo boliviano" oremongorapa.

VII

Upépe ko jahecha

orrespondéva "oficialidá";

Tte. Codas ha Raúl Centurión

"cerco bolí" ma otrosapá.

VIII

Upérupi rosêmba,

"cañadón" re ro enfilá;

ha "la indiada boliviana"

i "gusto" itépe ore raha.

IX

Ha’e ramo nda epái,

paraguay y"vale" ha;

¡"mortero" ko oî ore ári,

ha bala-í ko ojuasasa!


Luego de terminada la contienda del Chaco, algunos de sus actores dedicáronse a anotar sus memorias. Valiosa contribución para la historia. El general NICOLAS DELGADO fue uno de los primeros en editarlas en libro. Titúlase ésteHistoria de la guerra del Chaco. Mis recuerdos personales, y fue publicado en la Asunción, en 1939. Lleva un prólogo del mariscal José Félix Estigarribia. La obra total consta de tres tomos. El primero abarca desde el 27 de setiembre de 1932 hasta el 14 de abril del año siguiente; el segundo, que vio la luz pública en 1943, se ocupa del período que abarca del 12 de junio de 1933 al 30 de setiembre de 1934; y el tercero aún se halla inédito. Al referirse al libro, dice el Vencedor del Chaco que "el patriota de verdad podrá recoger en el mismo enseñanzas de gran valor, así como también el jefe que aspire al comando supremo de las tropas en guerra".

El general Delgado pertenecía a la promoción de 1912. Oriundo de Ypacaraí, nació en 1892. Realizó estudios de perfeccionamiento en la Escuela de Infantería de Chile y recibió su brevet de Estado Mayor en la Escuela Superior de Guerra de París, en 1932. Comandó durante la guerra del Chaco la IV División de Infantería y el I Cuerpo de Ejército, el Sector Norte y el III Cuerpo de Ejército. Recibió la "Cruz del Chaco" sobre el campo de batalla. Cúpole, posteriormente, a la terminación de la campaña, desempeñar el comando en jefe de las fuerzas armadas de la Nación y los ministerios del interior y de guerra y marina. Soldado en la más noble acepción del vocablo, su sable siempre estuvo al servicio de la ley. Falleció, en el destierro, en Buenos Aires, en 1947.


RAIMUNDO ROLÓN es también militar. Nació en Paraguarí, en el año 1903. Educóse en el Colegio Nacional y en la Escuela Militar de la Asunción. Durante la guerra del Chaco prestó servicios en diversas unidades del ejército. Fue citado en la orden del día y ostenta la "Cruz del Chaco".

A consecuencia del motín militar del 17 de febrero de 1936 se retiró del servicio activo. Después del 13 de agosto de 1937, se reincorporó a las fuerzas armadas. Desempeñó la jefatura del Estado Mayor y el comando en jefe del ejército nacional. En 1947, fue jefe de policía de la capital y, después, embajador de la dictadura de Higinio Morínigo en Río de Janeiro. En 1949 fue Ministro de Defensa Nacional y, luego, presidente provisional de la República.

Además de algunas publicaciones de carácter técnico, el general Raimundo Rolón ha editadoLa batalla general de Zenteno, Gondra, Nanawa y rendición de Campo Vía, Asunción, 1940; yAlgunos aspectos del Brasil con respecto al Paraguay, Asunción, 1940.


CARLOS A. PASTORE, periodista y político, ha publicado interesantísimas crónicas de la guerra del Chaco. Las primeras de esa índole vieron la luz pública en 1935. Posteriormente, estos trabajos fueron divulgados desde las columnas deGuarán y otras revistas.

Carlos A. Pastore es oriundo de Mbuyapey. Nació en el año 1907. Educóse en el Colegio Nacional de la Asunción y se graduó de doctor en la universidad de la capital paraguaya. En la administración pública desempeñó cargos importantes. Fue jefe de la sección cartográfica del Estado Mayor General del Ejercito durante la guerra del Chaco, y director del Departamento de Tierras y Colonias, durante el gobierno del mariscal José Félix Estigarribia. Ha publicado además, tres libros:Estatuto Agrario del Paraguay, El Paraguay y la tiranía de Morínigo yLa lucha por la tierra en el Paraguay.


CÁNDIDO A. VASCONCELLOS nació en Paraguarí, en 1894. Cursó el ciclo del bachillerato en el Colegio Nacional de la Asunción, y fue laureado en medicina y cirugía en la Real Universidad de Roma, en 1920. En la Facultad de Medicina, de la capital paraguaya fue profesor de psiquiatría y neuropatología.

Durante la guerra del Chaco actuó en el frente como médico de regimiento, en 1932, y como director general de la sanidad del ejército en campaña, desde abril de 1934 hasta junio de 1935. Teniente coronel de sanidad, condecorado con la "Cruz del Chaco", fue designado como delegado del Paraguay ante el Primer Congreso Interamericano de Higiene Mental de Río de Janeiro.

Cándido A. Vasconcellos ha publicado.Mis memorias de la sanidad en campaña, con notas personales, 1º de mayo de 1934 - 12 de junio de 1935.


ANTONIO GONZALEZ ha escritoLa guerra del Chaco. Se editó este libro en San Pablo, Brasil, en 1941. También ha sostenido una interesante polémica desde las columnas dePatria, diario que aparecía en la capital paraguaya. Tiene, además, varios trabajos de índole histórica, dispersos en diarios paraguayos y extranjeros. El mayor Antonio González es oriundo de Quiindy. Nació en el año 1906 y se educó en la Escuela Militar de la Asunción.


CESAR GAGLIARDONE ha dado a la estampaArmas al brazo bajo el seudónimo deCherry Mirror. Esta obra, editada en el año 1940, contiene relatos de la guerra del Chaco.Su autor, que es medico, ha llevado al libro las impresiones recogidas en los hospitales frontales y en los campos de batalla de la región occidental, durante los tres años sangrientos que duro la guerra con Bolivia.

Cesar Gagliardone es oriundo de Pilar. Nació en el año 1909 y se educó en el Colegio Nacional y en la Facultad de Medicina de la Asunción. Fue ministro de Salud Publica en 1947. Ha publicado también numerosos trabajos de índole profesional.


MIGUEL SOLANO LOPEZ, hijo de Enrique Solano López y nieto del héroe de Cerro Corá, pertenece a una familia de alcurnia intelectual y política. Protagonista en la guerra del Chaco, ha condensado sus impresiones de la tragedia y las ha volcado, en prosa sencilla y amena, llena de evocaciones y de citas históricas, en un trabajo ya publicado en parte en diarios y revistas del Paraguay y de la Argentina. Miguel Solano López nació en la Asunción, en 1911.


SERGIO GÓMEZ, actor en la guerra con Bolivia, ha escrito y publicado sus recuerdos de la cruel, larga y sangrienta lidia chaqueña. En prosa clara y no desprovista de gracejos, rememora pasajes vividos en los cañadones, montes y poblados de la región occidental, y aporta datos de interés para el historiador. Sus colaboraciones publicáronse en diarios y revistas de la capital paraguaya. Es el primer autor, cronológicamente considerado, de un álbum gráfico de la guerra del Chaco.

Sergio Gómez era oriundo de la Asunción. Nació en 1904 y se educó en la "Escuela de Comercio Jorge Lopez Moreira" de la misma capital. Falleció en su ciudad natal, en 1945.


ÁNGEL F. RÍOS, nació en Santiago de las Misiones, en 1903. Curso estudios en el Colegio Nacional de la Asunción y en la Facultad de Medicina de Buenos Aires y se graduó en la Facultad de Medicina de la capital paraguaya. Tiene publicados numerosos trabajos sobre su especialidad profesional. Actuó en la Sanidad Militar, en el frente, durante la guerra del Chaco. Ha editado, en Buenos Aires, en 1950,La defensa del Chaco – Verdades y mentiras de una victoria, libro bien documentado, que constituye una contribución fundamental para el esclarecimiento de la verdad histórica en relación con el tema en él desarrollado.

Tienen también escritas sus memorias de la contienda chaqueña, aunque todavía inéditas, el general Paulino Antola, el general Eduardo Torreani Viera, el coronel Juan Manuel Garay, el coronel Carlos J. Fernández, el coronel Gaudioso Nuñez, el coronel Alfredo Ramos, el Tte. Coronel Cesar R. Centurión, el Tte. 1º de reserva Raúl M. Centurión y otros protagonistas.

LasMemorias del Mariscal Estigarribia, en ingles, han sido editadas, en Austin (Texas), bajo los auspicios de la Universidad de aquel estado norteamericano.


NOTAS

En vísperas de la guerra del Chaco

39-Actas de las Conferencias de Buenos Aires.

40-Registro Oficial, 1928-1932.

La guerra del Chaco

41-Exposición de la cansa del Paraguay ante el Consejo de la Sociedad de las Naciones. Libro Blanco.

42-MANUEL DOMÍNGUEZ, Nuestros pactos con Bolivia.

43-MANUEL DOMÍNGUEZ. Las negociaciones Cano-Domínguez.

44-FULGENCIO R. MORENO, Negociaciones Moreno-Mujía.

45-Actuaciones de la comisión de investigaciones y conciliación boliviano-paraguaya.

46-CARLOS R. CENTURIÓN. El Conflicto del Chaco Boreal – Gestiones Diplomáticas.

47-Discurso pronunciado en el Parlamento el 3 de octubre de 1935.

48-V. colección.

 

 

(Fuente: HISTORIA DE LAS LETRAS PARAGUAYAS – TOMO III. Por CARLOS R. CENTURIÓN.

EPOCA  AUTONÓMICA. EDITORIAL AYACUCHO S.R.L. BUENOS AIRES-ARGENTINA (1951), 500 pp.

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1.- Tte. Escobar / 2.- Tte. Frutos / 3.- Tte. Chaparro / 4.- Tte. Enrique Sánchez / 5.- tte. Demattei

6.- Tte. Carobini / 7.- Tte. Pane / 8.- Tte. Marecos / 9.- tte. Ramón Codas

10.- Tte. Tuñón / 11.- Tte. Médico Dr. Rodríguez

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