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JULIO CÉSAR CHAVES


  LA REVOLUCIÓN PARAGUAYA DE LA INDEPENDENCIA (Obra de JULIO CÉSAR CHAVES)


LA REVOLUCIÓN PARAGUAYA DE LA INDEPENDENCIA (Obra de JULIO CÉSAR CHAVES)

LA REVOLUCIÓN PARAGUAYA DE LA INDEPENDENCIA

BIOGRAFÍA DE LOS PROCERES

Obra de JULIO CÉSAR CHAVES

INTERCONTINENTAL EDITORA

Asunción – Paraguay

2010 (155 páginas)

2010

© INTERCONTINENTAL EDITORA S. A.

Caballero 270; teléfs.: (595 21) 496 991 - 449 738

Fax: (595-21) 448 721

Pág. web: www.libreriaintercontinental.com.py

E-mail: agatti@libreriaintercontinental.com.py

Diagramación: Gilberto Riveros Arce

Hecho el depósito que marca la Ley N° 1328/98.

ISBN: 978-99953-73-53-8

 

 

CONSEJO DIRECTIVO DE LA FUNDACIÓN CABILDO

PRESIDENTA - MARGARITA AYALA DE MICHELAGNOLI

VICE PRESIDENTA - DRA. TERESA MARÍA GROSS BROWN DE ROMERO PEREIRA

MIEMBROS TITULARES

FÁTIMA DE INSFRÁN // GABRIEL INSFRÁN // MARGARITA MORSELLI //

YOLANDA BOGARÍN // MARÍA LUISA SACARELLO DE COSCIA //

GILDA MARTÍNEZ YARYES DE BURT // MIGUEL ALEJANDRO MICHELAGNOLI

MIEMBROS SUPLENTES

EDGAR INSFRÁN // PAZ BENZA.

 

 

 

ÍNDICE

PRÓLOGO A LA SEGUNDA EDICIÓN

CAPÍTULO  I: LA REVOLUCIÓN DE MAYO

I.       LA INICIACIÓN DE LA REVOLUCIÓN

II.      EL CONGRESO DEL 24 DE JULIO

 III.    PREPARATIVOS BÉLICOS

CAPÍTULO II: LA EXPEDICIÓN DE BELGRANO

I.       EL PARAGUAY ANTE LA INVASIÓN

II.      BATALLA DE PARAGUAY (19 DE ENERO DE 1811)

III.     VICTORIA DE TACUARÍ (9 DE MARZO DE 1811)

IV     NEGOCIACIÓN CON EL JEFE PORTEÑO

CAPÍTULO III: PREPARATIVOS REVOLUCIONARIOS

I.       DESCONTENTO EN LA PROVINCIA

II.      CABALLERO E ITURBE EN ASUNCIÓN

III.     TRABAJOS SUBVERSIVOS EN EL MES DE ABRIL 

CAPÍTULO IV: EL MOVIMIENTO DEL 14 Y 15 DE MAYO

I.       EL PLAN DE LA REVOLUCIÓN

II.      LA MISIÓN ABREU

III.     SE DESCUBRE LA CONSPIRACIÓN

IV.     LOS CUARTELES

V.       LA NOCHE DEL 14 DE MAYO

VI.    LA ALARMA EN LA CIUDAD

VII. INTIMACIÓN DE LOS REVOLUCIONARIOS A VELASCO (15 DE MAYO)

VIII.  LOS MOTIVOS O CAUSAS DEL MOVIMIENTO

IX. LA MAÑANA DEL 15 DE MAYO: LAS TROPAS Y EL PUEBLO EN LAS CALLES

CAPÍTULO V: EL NUEVO GOBIERNO

I        NUEVAS EXIGENCIAS DEL CUARTEL

II       ELECCIÓN DE LOS DIPUTADOS ADJUNTOS FRANCIA Y ZEBALLOS (16 DE MAYO DE 1811)

III      BANDO DEL 17 DE MAYO DE 1811

IV     LA REVOLUCIÓN EN ITAPÚA Y CORRIENTES

V       FULGENCIO YEGROS EN ASUNCIÓN

CAPÍTULO VI: EL CONGRESO DEL 17 DE JUNIO

I.       LA CARTA DE CARLOS GENOVÉS

II.      LA DESTITUCIÓN DE VELASCO (8 DE JUNIO DE 1811)

III.     EL CONGRESO DE JUNIO DE 1811

IV     EL DISCURSO DEL GOBIERNO

V       VOTO DE MARIANO ANTONIO MOLAS

CAPÍTULO  VII: GOBIERNO DE LA PRIMERA JUNTA

I.       LA NOTA DEL 20 DE JULIO DE 1811

II.      CRISIS INTERNA

III.     EL TRATADO DEL 12 DE OCTUBRE DE 1811

IV.     LA OBRA DE LA JUNTA PARAGUAYA

V.       CONGRESO DE OCTUBRE DE 1813. EL PRIMER CONSULADO

BIOGRAFÍA DE LOS PRÓCERES

I.       FULGENCIO YEGROS

II.      JOSÉ GASPAR RODRÍGUEZ DE FRANCIA

III.     PEDRO JUAN CABALLERO

IV.     MARIANO ANTONIO MOLAS

V.       VICENTE IGNACIO ITURBE

VI.    FERNANDO DE LA MORA

VII    ANTONIO THOMÁS YEGROS

VIII.  JUAN BAUTISTA RIVAROLA 

IX.    MANUEL ATANASIO CAVAÑAS

X.      FRAY FERNANDO CABALLERO

XI.    MAURICIO JOSÉ TROCHE

XII.   FRANCISCO XAVIER BOGARÍN

XIII.  JOSÉ AGUSTÍN MOLAS

 

 

PRÓLOGO A LA SEGUNDA EDICIÓN

Este libro de Julio César Chaves se publicó en 1961, para celebrar los 150 años de la Independencia paraguaya. No pretendía ser una investigación profunda sobre el tema, sino una obra de divulgación para uso de los estudiantes y el público en general. Sigue teniendo utilidad porque, además de un resumen de los hechos, ofrece biografías de los héroes de la Independencia. Por eso se ha decidido reeditarlo, con la debida autorización de los herederos del historiador.

En esta, como en otras publicaciones suyas, Chaves ha mostrado que la emancipación paraguaya no fue el resultado casual de un golpe militar efectuado el 14 de mayo de 1811. La exitosa insurrección de Pedro Juan Caballero, Vicente Ignacio Iturbe y otros oficiales jóvenes no fue la primera ni la única tentativa de terminar con el régimen colonial, sino la culminación de un proceso en que se manifestó el descontento de la provincia del Paraguay con aquel régimen. Las causas del descontento han sido explicadas por Fulgencio R. Moreno en su libro Estudio sobre la Independencia, que también publicaremos en esta serie. En esta obra, Chaves no analiza aquellas causas, sino que presenta un esquema de los principales hechos nacionales e internacionales.

Conviene recordar que, a partir de 1808, España quedó invadida por el ejército de Napoleón Bonaparte. Napoleón apresó al rey de España, Fernando VII, y lo retuvo en Francia, junto con el resto de la familia real española. En lugar de Fernando VII, el Emperador francés colocó en el trono español a su hermano, José Bonaparte. Entonces se desarrolló una sangrienta lucha entre los invasores franceses y los españoles sublevados, que formaban Juntas de Gobierno en los pueblos y ciudades (las Juntas, una tradición hispánica, eran gobiernos provisorios creados a causa de la desaparición o ausencia de autoridad nacional). Todas esas Juntas locales se sometieron la autoridad de la Junta Central de Sevilla, que representaba al gobierno español paralelo, que gobernaba en nombre del prisionero Fernando VII. Las colonias americanas de América también reconocieron la autoridad de la Junta de Sevilla y se negaron a aceptar al rey impuesto José Bonaparte. Pero, en enero de 1810, el ejército francés logró grandes victorias en toda España. La Junta de Sevilla huyó de Sevilla y quedó disuelta. Entonces se pensó que Napoleón había triunfado y España quedaría anexada a Francia.

La noticia de las victorias francesas produjo una serie de insurrecciones en América. Si ya no existía un gobierno español en España, los americanos tenían derecho a formar juntas para gobernarse. El año 1810 vio juntas y levantamientos en Caracas, Buenos Aires, Santiago de Chile, Quito, Santa Fe de Bogotá y Nueva España (hoy México). Por razones políticas, aquellas Juntas de Gobierno juraron fidelidad al rey Fernando VII, pero buscando la independencia total y suponiendo que Fernando seguiría preso en Francia.

En 1810, Buenos Aires era la capital del Virreinato del Río de la Plata, que abarcaba, aproximadamente, los territorios de las actuales repúblicas independientes de la Argentina, Uruguay, Paraguay y Bolivia. El 25 de mayo de 1810, Buenos Aires formó la Junta revolucionaria que derrocó al virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros. Algunas regiones del disuelto Virreinato reconocieron la autoridad de la Junta bonaerense, rechazada por el Paraguay, la Banda Oriental (Uruguay), Córdoba y el Alto Perú (Bolivia). Aquel rechazo de la Junta se debía a dos razones: (1) los españolistas no querían la independencia y (2) muchos partidarios de la independencia de España querían también la independencia de Buenos Aires.

El gobernador español de la provincia del Paraguay, Bernardo de Velasco, no quería la independencia. En julio de 1810, Velasco organizó un congreso en Asunción, para declarar la lealtad a España y el no reconocimiento de la Junta de Buenos Aires. Para entonces, Velasco estaba en contacto con los grupos españolistas del Río de la Plata para organizar un movimiento contra la Junta de Buenos Aires.

La Junta no permaneció inactiva. Mandó un "ejército auxiliador" para combatir a los españolistas de Córdoba y el Alto Perú, y otro ejército del mismo tipo, mandado por Manuel Belgrano, para vencer la resistencia españolista del Paraguay. Las cosas resultaron más difíciles de lo previsto por la Junta porteña. Si bien los paraguayos no sentían simpatía por el sistema colonial español, tampoco aceptaban la idea de depender de Buenos Aires. Por eso, el ejército auxiliador de Belgrano fue derrotado en las batallas de Paraguay y Tacuarí (enero y marzo de 1811). Aquellas victorias paraguayas tuvieron consecuencias imprevistas: los soldados paraguayos, que habían rechazado una imposición extranjera (la porteña), juzgaron que podían prescindir de la otra (la española). Esto explica lo sucedido en Tacuarí: después de quedar completamente derrotado y rodeado, Belgrano se retiró con el resto de sus tropas y sus armas, despedida cordialmente por los paraguayos. Los oficiales superiores de ambos ejércitos habían llegado al acuerdo de aliarse en contra de los españoles, considerados el enemigo común. Prueba del acuerdo es el documento firmado por Manuel Cabañas y Belgrano, comentado por Chaves en este libro.

Entre las disposiciones del documento aparecen éstas: (1) se formará una Junta en Asunción, cuyo presidente será Bernardo de Velasco. Era la destitución de la autoridad española, pero en el estilo de la época: dejar al gobernador o virrey como figura inocua en un gobierno revolucionario. Si en mayo de 1811 se formó en Asunción un Triunvirato y no una Junta, fue porque se adelantó el golpe, como se verá. (2) Una vez formada la Junta, el Paraguay enviará un representante al Congreso de las provincias del Río de la Plata, que se reunirá en Buenos Aires. Ese Congreso tenía el carácter de una asamblea constituyente: debía redactar una Constitución para las provincias del disuelto Virreinato del Río de la Plata, que se quería conservar con sistema republicano. (3) Habrá paz y alianza entre el Paraguay y Buenos Aires. El Paraguay no podía aliarse con un enemigo de España (como Buenos Aires) sin convertirse en enemigo de España. (4) Terminarán los monopolios estatales, los impuestos excesivos y las trabas a la libertad de comercio. Esto era liquidar el sistema económico español, y respondía a los deseos e intereses de los americanos, perjudicados por ese sistema,

Naturalmente, el gobernador Velasco rechazó aquel acuerdo, que Cabañas le entregó para su ratificación. El hecho de haber firmado un pacto con el vencido Belgrano era una insubordinación, que Velas co prefirió pasar por alto. En aquel momento, hubiera sido muy peligroso para el gobernador español castigar a un jefe victorioso como Cabañas. En vez de chocar con los hombres armados, Velasco disolvió el ejército con la mayor brevedad. A algunos oficiales prestigiosos los ascendió y envió a puestos alejados de la capital; así, Fulgencio Yegros consiguió un puesto honroso en Itapúa.

Desde el punto de vista de la administración colonial, fueron medidas acertadas. Sin embargo, como demuestra Chaves, no podían detener el espíritu subversivo, que ya se había manifestado antes de la invasión porteña. A finales de 1810, Velasco descubrió actividades subversivas en Concepción y Asunción. En enero y abril de 1811, se conspiraba de nuevo en Itá, Yaguarón y Asunción: Participaban en aquellas conjuras civiles y militares; la de mayo fue una unión de civiles y de militares.

Esta última, mejor organizada, se proponía organizar una "marcha nacional", como dijo Branislava Susnik. El plan inicial era el siguiente: en Itapúa debía sublevarse Fulgencio Yegros, quien marcha ría con sus hombres hacia las Cordilleras, donde se le sumaría Manuel Cabañas con un grupo de insurrectos del lugar. Juntos marcharían hasta Asunción, donde les abrirían las puertas de los cuarteles Pedro Juan Caballero, Vicente Ignacio Iturbe, Mauricio José Troche y otros oficiales que se encontraban en la capital. Paralelamente, Blas José de Rojas, oficial paraguayo que ocupaba la ciudad argentina de Corrientes, se sublevaría para dirigirse a Asunción y sumarse a las demás fuerzas rebeldes. El descubrimiento de la conspiración por parte de Velasco obligó a adelantar el golpe a Caballero y otros oficiales cuyas edades rondaban los veinticuatro años. No es necesario repetir lo que relata Chaves sobre el desarrollo del golpe del 14 de mayo, pero debe señalarse lo siguiente: En la mañana del 15 de mayo, cuando los militares ocupaban la plaza principal de Asunción, una considerable cantidad de civiles se unió a los hombres armados para apoyarlos. La acción militar incruenta contó con el apoyo popular.

También debe señalarse la importancia del acuerdo firmado en Tacuarí por el vencedor Cabañas y el vencido Belgrano. El contenido de ese acuerdo está presente en tres textos fundamentales de 1811: la resolución del congreso asunceno de junio; la nota de la Junta del 20 de julio y el tratado del 12 de octubre. El congreso reunido en Asunción entre el 17 y e1 20 de junio de 1811 formó la Junta integrada por Fulgencio Yegros, Pedro Juan Caballero, Fernando de la Mora, José Gaspar Rodríguez de Francia y Francisco Javier Bogarín. Además de formar la Junta, el congreso decidió enviar al doctor Francia al congreso que debía reunirse en Buenos Aires; buscar la paz y la alianza con Buenos Aires; abolir el monopolio del tabaco, los impuestos abusivos y las trabas a la libertad de comercio. Estas resoluciones del congreso de junio fueron expresadas en la nota del 20 de julio de 1811, enviada por la Junta paraguaya a la Junta bonaerense, como base para establecer las relaciones entre las dos naciones. Belgrano, que a principios de aquel año llegó al Paraguay como jefe militar, regresó al país meses más tarde, como emisario diplomático, para firmar el tratado del 12 de octubre entre las autoridades de Asunción y las de Buenos Aires. Aquel tratado, que aceptó las condiciones paraguayas de la nota del 20 de julio, significó el reconocimiento de la independencia del Paraguay (como señalaría Carlos Antonio López años después).

Aquel tratado de 1811 permitía esperar que las relaciones entre los signatarios fueran buenas. Pero en 1812 (como explica Chaves), las relaciones binacionales se deterioraron y, al año siguiente, se llegó al rompimiento. El congreso de octubre de 1813 decidió apartar al Paraguay de la política del Río de la Plata y establecer un Consulado compuesto por Fulgencio Yegros y el doctor Francia. El Consulado terminó con la Junta de Asunción, de corta vida, como las demás Juntas americanas del momento. Pero la duración (dice Chaves) no es el criterio para juzgar el proyecto político de aquella Junta, cuyo desempeño en medio de las dificultades merece elogio. Los derechos ciudadanos, la superación de las diferencias sociales mediante la educación, la profesionalización de las fuerzas armadas, el desarrollo económico, el fomento de la agricultura y la responsabilidad de los funcionarios públicos son ideales de Mayo que siguen vigentes.

GUIDO RODRÍGUEZ ALCALÁ

 

 

CAPÍTULO SEGUNDO

LA EXPEDICIÓN DE BELGRANO

 

I. EL PARAGUAY ANTE LA INVASIÓN

La serie de medidas de fuerza adoptadas por la Junta de Buenos Aires contra el Paraguay tuvo su culminación con el envío de una expedición auxiliadora [o ejército]. El 22 de septiembre de 1810 fue designado jefe de ella Manuel Belgrano 10. El objetivo del ejército era el de sujetar a la obediencia al territorio del Paraguay y unirlo a la justa causa de la revolución. La Junta manifestó que era de absoluta necesidad "auxiliar con fuerza armada a los pueblos del Paraguay para ponerlos a cubierto de cualquier insulto o vejamen"; agregaba que tenía noticia de que el gobernador Velasco marchaba con sus fuerzas a atacar a su vez, dispersando la gente reunida, y, pasando al Paraguay, a poner a la Provincia "en completo arreglo".

En sus instrucciones, la Junta ordenaba a Belgrano: "Interpelará a nombre del Rey al Gobernador, al Cabildo y al Obispo para que salgan del mal paso en que se hallan empeñados; si se aviniesen a su partido, les ofrecerá toda garantía a nombre de la Junta, a condición de que se presenten a esta Capital [Buenos Aires]; sacará del Paraguay [a] los vecinos sospechosos, y si hubiere resistencia de armas, morirán el Obispo, el Gobernador y su sobrino, con los principales causantes de la resistencia"11.

Según Belgrano, la decisión se tomó porque se creía que en el Paraguay había "un gran partido de la revolución", de acuerdo a los informes suministrados por el coronel Espínola a su regreso.

Mientras Belgrano preparaba su fuerza expedicionaria, se intensificaba en el Paraguay el espíritu de resistencia. Toda la provincia rodeó a su gobernador para la defensa del terruño amenazado. De los más apartados lugares llegaban los criollos a alistarse en el ejército, viajando por su propia cuenta y por sus propios medios. Los que no podían combatir ofrecían sus ganados o sus cosechas. Velasco cuenta que a los dos días de haber lanzado su proclama, se vio rodeado de 6.000 hombres prontos a derramar la última gota de sangre antes que rendirse.

Belgrano, durante toda su marcha, realizaba una intensa campaña de propaganda dirigida a los criollos paraguayos: difundía manifiestos, hacía promesas y enviaba emisarios 12. Pero sus esfuerzos resultaban vanos. A su paso por el territorio paraguayo sólo encontraba un impresionante vacío.

La mayoría de los pueblos y de las casas habían sido abandonados por sus moradores, los que se retiraban llevando sus ganados y sus útiles. Por ningún lado aparecían los supuestos partidarios de la Junta. Todo era hostilidad y odio. "Así es que han trabajado para venir a atacarme de un modo increíble, venciendo imposibles que solo viéndolos pueden creerse", relató Belgrano posteriormente.

10.    Manuel Belgrano era vocal de la Junta, pero nunca había sido militar; su profesión era la de abogado. A pesar de ello, la Junta de Buenos Aires lo improvisó como general y lo puso al frente del ejército destinado al Paraguay:

11.    Estas duras instrucciones fueron redactadas por el secretario de la Junta de Buenos Aires, el doctor Mariano Moreno.

12.    Por todas partes iba buscando Belgrano a los partidarios de la Junta, de que hablara el coronel Espínola, pero solo encontraba un vacío impresionante.

 

II.      BATALLA DE PARAGUARÍ [19 DE ENERO DE 1811]

Velasco concentró su ejército en el pueblo de Yaguarón. Bajo su dirección, ejercían los principales comandos el coronel Gracia, el comandante de escuadrón Juan Manuel Gamarra y el teniente coronel Manuel Anastasio Cabañas. Contaba el ejército [paraguayo] con un efectivo de más de 6.000 hombres, pero era aquella una masa sin instrucción militar y no disponía de más de 500 fusiles. La caballería sólo tenía 200 sables; la artillería no contaba sino con 4 cañones en buen estado. Lanzas, chuzas, machetes, garrotes y otros elementos completaban el armamento. La falta de armas y medios se suplió con un gran entusiasmo. Velasco había prometido reiteradas veces morir al frente de sus "leales paraguayos". En otra ardiente proclama, se preguntaba el gobernador: "¿qué fundamento tiene esa Junta turbulenta para deducir que sus honrados parientes y paisanos habían de seguir sus detestables ideas? No creáis a los que pretenden persuadiros de que viene contra nosotros un formidable ejército; son indignos del nombre español los que tales especies propalan y, si vuestro justo enojo puede contenerse, denunciadlos al Gobierno y veréis prontamente castigada su infamia. ¡A las armas, valerosos habitantes!".

El ejército porteño contaba, por una parte, con 1.200 soldados cuya buena instrucción y superior armamento compensaba la diferencia de efectivos.

Belgrano no cesaba de distribuir proclamas y manifiestos asegurando "a los nobles paraguayos, paisanos míos" que el objetivo de su venida era liberarlos de la opresión, establecer un comercio franco [libre] y suprimir los derechos de aduana. Los funcionarios españoles (según Belgrano) tenían engañados a los paraguayos a los cuales "les chupaban sudor y sangre".

Esa intensa propaganda, por el momento, no alcanzó ningún efecto.

Los dos comandos habían elegido el día 19 para el ataque; en la madrugada de esa jornada y en plena oscuridad chocaron las primeras fuerzas, produciéndose un gran entrevero y enseguida una total confusión. El centro del ejército paraguayo se desbandó y fue perseguido con intensidad por el enemigo, que en su avance llegó hasta el mismo pueblo de Paraguay y capturó el cuartel general, en cuyo saqueo perdió un tiempo valioso. Velasco, con unos pocos fieles, huyó precipitadamente hacia la Cordillera de los Naranjos, perdiendo en su fuga su archivo y su equipaje. Apenas y con gran dificultad pudo salvar la vida. Los otros jefes españolistas (Gracia, de la Cuesta) huyeron también, quedando el ejército criollo "sin general y sin cabeza".

La batalla parecía decidirse en favor del ejército de Belgrano cuando se produjo una reacción inesperada. Las dos alas paraguayas mandadas por Cabañas y Gamarra reaccionaron y contraatacaron a los porteños realizando un movimiento de flanco. La tropa de Belgrano, que había ocupado la población de Paraguay, se vio sorpresivamente atacada y tuvo que retirarse en precipitada fuga. Trató Belgrano desesperadamente de contraatacar, pero ni la oficialidad ni la tropa le respondieron. A medio día finalizaba la acción con el triunfo de los paraguayos. El ejército invasor, que había sido rechazado, inició su retirada hacia el Paraná.

Debemos referirnos ahora brevemente a los sucesos de Asunción. Al llegar a la ciudad, la noticia de que en su avance inicial los porteños se habían apoderado de Paraguay y que el gobernador Velasco había huido, el pánico hizo presa de la ciudad. Las familias de los principales españolistas decidieron salvarse embarcándose en los barcos del puerto con el armamento y un millón de pesos fuertes, dejando a la ciudad inerme. Pero muchos criollos corrieron a los cuarteles en busca de armas y municiones, y en eso estaban cuando un chasque trajo la noticia de la reacción del ejército paraguayo y la derrota del invasor. Se echaron a vuelo las campanas y desembarcaron los que horas antes habían buscado refugio en los barcos dispuestos a partir con destino a Montevideo.

 

III.    VICTORIA DE TACUARÍ  [9 de marzo de 1811]

Lentamente realizó su retirada el ejército de Belgrano. Éste, al parecer, se hallaba completamente desilusionado y convencido de que el Paraguay sólo podía ser liberado por la fuerza. Sin embargo, mientras marchaba rumbo al Paraná, intentó atraerse por medios diplomáticos a los criollos paraguayos. En una conversación mantenida con Antonio Tomás Yegros, quien le vistió como parlamentario, le aseguró que no había venido a conquistar al Paraguay, sino a auxiliarlo, y que le repugnaba derramar la sangre de los paraguayos; vino a sacar al Paraguay de las cadenas, quitar el estanco [monopolio] del tabacol3. Esta negociación prosiguió en secreto durante veinte días.

Por su parte, los españolistas deseaban aprovechar la victoria de Paraguay; su plan era arrojar al invasor al otro lado del Paraná para protegerse con la caudalosa corriente de este río, y redoblar los esfuerzos para ponerse en comunicación con Montevideo. (Montevideo siguió en poder de los españoles hasta 1814. (N. del E.))

En los primeros días de marzo están de nuevo frente a frente los dos ejércitos. Uno de los principales jefes, Cabañas, y varios de sus compañeros son partidarios de un acuerdo pacífico con Belgrano. Pero e1 7 de marzo llega al campamento el teniente coronel Gamarra, quien trae instrucciones de Velasco de definir la situación por la fuerza. El plan de Cabañas es cruzar el Tacuarí a una legua de distancia por un puente construido en forma improvisada por el comandante Luis Caballero; pasar por el puente mil hombres y tres cañones y con ellos atacar al enemigo por la espalda. Esta columna fue confiada al mando del comandante Gamarra. A la aurora se hizo el cruce del río, mientras los cañones que quedaron en la línea paraguaya bombardeaban intensamente al enemigo.

A las 7 de la mañana se inició la batalla campal. Belgrano, con parte de su infantería, sostuvo la línea del Tacuarí, destacando a su segundo, Machaín, para tratar de contener a la columna Gamarra que le amenazaba por la retaguardia. Las tropas de Machaín establecieron su reducto en una isleta que fue rodeada por las tropas de Gamarra. Machaín y los suyos se rindieron a discreción.

Otra parte del ejército porteño se desbandó. Belgrano, al frente de sólo 250 soldados, mantuvo la resistencia. Pero todo resultó inútil. Totalmente derrotado y sin posibilidad de salvación, el jefe argentino envía un parlamentario solicitando un armisticio que le es acordado con todos los honores. Al retirarse Belgrano con sus tropas vencidas, las fuerzas paraguayas le presentan armas. En el ejército, muchos critican que se hayan acordado condiciones tan ventajosas y honrosas al general acorralado. Ignoraban que estaba dando sus frutos la negociación mantenida con Antonio Tomás Yegros; después de Paraguarí.

 

IV     NEGOCIACIÓN CON EL JEFE PORTEÑO

En seguida se reanuda la negociación del jefe porteño con los criollos paraguayos. Belgrano conferencia con Fulgencio y Antonio Tomás Yegros, Vicente Ignacio Iturbe, el padre Agustín Molas, y les propone: (1) Paz, unión, entera confianza, franco y liberal comercio de todos los frutos de la provincia, incluso el tabaco, con los del Río de la Plata y, particularmente, con Buenos Aires. (2) Nombrar un representante del Paraguay que vaya a Buenos Aires. (3) Formar una junta en la ciudad de Asunción; cuyo presidente será el gobernador Velasco (Estas propuestas tenían un carácter subversivo. Proponer la paz entre el Paraguay y Buenos Aires era ignorar que Buenos Aires se había rebelado contra España y sus partidarios en América, como eran las autoridades de Asunción y Montevideo. La abolición de los monopolios y trabas comerciales violaba las leyes coloniales. Cuando el golpe de mayo formó un nuevo gobierno en Asunción, puso como presidente del mismo a Velasco. Fue un recurso político utilizado en varios países americanos de la época. La transcripción total del documento puede verse en Mariano Antonio Molas, Descripción de la antigua provincia del Paraguay (Asunción. Buenos Aires. 1957), pp. 113-114. Compárese con el voto de Molas (pp. 137-139), aprobado por el Congreso de junio, que comentamos más adelante. (N. del E.))

Las demás proposiciones [de Belgrano] se refieren: (4) al pago de la caballada y ganados usados y consumidos por el ejército porteño; (5) que no se moleste para nada a las familias que se unieron al ejército auxiliador; (6) que sean puestos en libertad los prisioneros de Paraguay y Tacuarí; (7) que sea puesto en libertad el mensajero Ignacio Warnes; (8) que sean puestos en libertad los detenidos en Fuerte de Borbón por adictos a la causa de la Junta [porteña].

Cabañas y los principales jefes paraguayos comparten ampliamente los puntos de vista de Belgrano, pero nada pueden resolver sin el consentimiento del gobernador. La negociación entre ellos y el jefe porteño se prolonga durante los meses de marzo y abril. Belgrano pide a Cabañas que persuada a Velasco de la importancia de la paz, unión y amistad entre el Paraguay y Buenos Aires.

Velasco sabe del contacto entre los jefes de los dos ejércitos y del espíritu nuevo que está naciendo. Considera peligrosa la situación, marcha a Santa Rosa de Misiones y allí adopta una serie de medidas que le concitarían la antipatía general: releva a Cabañas del mando; desmoviliza la mayor parte de las tropas sin pagarla; prohíbe toda comunicación con el ejército de Belgrano.

A estas medidas agrega el envío a Montevideo de los prisioneros de Paraguay y Tacuarí en condiciones humillantes. Todo esto crea un clima de subversión.

 

CAPÍTULO QUINTO

EL NUEVO GOBIERNO

 

I.       NUEVAS EXIGENCIAS DEL CUARTEL

En la tarde del 15 de mayo, Caballero envió dos nuevas notas al gobernador. En la primera reiteró el pedido de entrega de la documentación sobre la misión de Abreu y las llaves del Cabildo. En la segunda pidió que las municiones, la pólvora y varios cañones fuesen entregados al cuartel.

LA PRIMERA COMUNICACIÓN DECÍA:

Hemos recibido el oficio de V E. del día, en que accede a nuestras proposiciones como el más interesado en la tranquilidad de este vecindario, asignándose desengañar con documentos de la materia la entrega de esta Provincia a dominio extranjero.

La promesa es buena y hubiera sido mejor si con la contestación de V E. viniesen originales los documentos pero, como ellos no han aparecido para el colmo de nuestro júbilo, ni se ha designado hora en que exhibirlos, nos ha dejado en el mismo desconsuelo por la demora, que el que nos asiste en orden a la retardada entrega del armamento confiado al Cuerpo de Miñones; dejándonos margen para discurrir que, bajo de la dilación, se propende a alguna desesperada disposición, que ya no nos será posible evitar si inesperadamente así la experimentamos.

En cuanto a la llave de la Casa Consistorial [Cabildo], y su entrega a los diputados, contestamos que a la hora deseamos ser depositarios de ella, sin permitir pasar más tiempo ni demora su existencia en manos del presidente ni de V S. por convenir así a nuestra satisfacción y no por género de desconfianza. Dios guarde a V S. muchos años. Cuartel General, mayo 15 de 1811. Pedro Juan Caballero.

LA SEGUNDA NOTA DE LOS OFICIALES PARAGUAYOS DECÍA:

"No es menos del caso clamar por toda la pólvora, balas, municiones y plomo que haya en esta ciudad y su distrito, tanto en los buques armados de guerra, cuanto en casas particulares por distribución en cartuchos, sin excluir especie alguna de esta naturaleza ni porque exista en el dominio de mercaderes, pues conviene que toda munición propia, y perteneciente al Cuartel General como son también de otra clase los madreros (Posiblemente pedreros, cañones que disparaban balas de piedra. (N. del E.)) montados en dos buques, y dos cañones volantes que tiene V S. en el patio de su casa, vengan a custodiarse en dicho cuartel, y no queden en el dominio de dichos mercaderes por títulos de propiedad las demás especies sin vender previamente al Cuartel, que considera caudal efectivo para haberlo de contado en las arcas del Ramo de Guerra, o de Real Hacienda, ordenando por punto de bando que inmediatamente entreguen sus precarios poseedores, y vendan los propietarios dueños. Así esperamos de la puntualidad de V E. Dios guarde a V S. muchos años. Cuartel General, mayo 15 de 1811. Por mí y por mis Oficiales. Pedro Juan Caballero".

LA CONTESTACIÓN DEL GOBERNADOR VELASCO A ESAS DOS COMUNICACIONES FUE DADA EL DÍA 16 DE MAYO Y DECÍA:

"En oficio que recibí ayer tarde de ese Cuartel se echa de menos que no hubiese remitido con mi anterior contestación los documentos que en ella cito, los que tengo entregados al escribano, a fin de que quede en esta secretaría copia testimoniada, y pasar los originales para que enterados de ellos Ud. y sus subalternos, puedan formar el concepto que merezca su contenido.

No ha habido el menor retardo en la respuesta a ese cuartel de las armas que en virtud del bando se me han presentado, y es equivocación creer que los miñones todos estaban armados, constándome que la mayor parte se retiraron con licencia mía de la capilla de Paraguarí, depositando allí sus armas antes de ponerse en marcha, y si es caso que alguno no ha dado cumplimiento a dicho bando, sufrirá el castigo a que por esta falta se ha hecho acreedor.

Las llaves que en dicha mi contestación manifesté haberme entregado al alcalde del primer vocal y las que después recibí de la tesorería, las tenía reservadas para entregar luego que se presentase alguno de los socios, y como Ud. me dice que desean ser depositarios de ellas, las manifesté al capitán Rivarola, por si las quería llevar; me contestó que pasaría primero a informarse de Ud. y no habiendo habido hasta ahora resulta alguna, espero que envíe Ud. un oficial que se reciba de ellos. Dios guarde a V muchos años. Asunción, 16 de mayo de 1811. Bernardo de Velasco".

Al atardecer fue arriada la bandera que se izara por la mañana y se dispararon nueve cañonazos. Y con esto finalizó la gloriosa jornada del 15 de mayo de 1811.

 

II.      ELECCIÓN DE LOS DIPUTADOS ADJUNTOS FRANCIA Y ZEBALLOS [16 DE MAYO DE 1811]

La integración del nuevo gobierno se trató en la noche del 15 de mayo en el cuartel. Estaban presentes los oficiales triunfantes y varios civiles, entre esos el doctor Somellera (asesor legal de Velasco pero partidario de los patriotas). Había que designar los diputados que gobernarían como adjuntos de Velasco. Alguien propone al doctor José Gaspar de Francia. Es objetado por uno de los presentes, probablemente por Iturbe. Replican sus partidarios que es el paraguayo más capaz. La discusión se prolonga y es urgente llegar a un acuerdo. Como medio conciliatorio se manda llamar a fray Fernando Caballero, franciscano, partidario entusiasta de la revolución. Llega y, requerido sobre las ideas del candidato, contesta: "Yo respondo con mi sangre del modo de pensar de mi sobrino Gaspar".

Entonces Caballero, en esquela escrita de su puño y letra, le hace llamar.

El otro diputado elegido es el capitán Juan Valeriano Zevallos, español, partidario de la revolución.

CABALLERO COMUNICÓ LA DECISIÓN AL GOBERNADOR VELASCO CON LA SIGUIENTE NOTA:

"Consiguientemente al oficio de V S. del día de ayer, ha nombrado este Cuartel por Diputados al Dr. Don Gaspar José de Francia y al capitán Don Juan Valeriano Zevallos, por diputados, a fin de que en consorcio de ellos se dé expediente a las providencias gubernativas que exigen las circunstancias; en la inteligencia de que este régimen deberá ser puramente interino, hasta tanto que este Cuartel, en unión con los demás vecinos de la provincia, arregle la forma de gobierno. Dios guarde a V S. muchos años. Cuartel General, mayo 16 de 1811. Pedro Juan Caballero".

VELASCO RESPONDIÓ A LA NOTA DE CABALLERO:

"Por oficio que acabo de recibir quedo enterado haber nombrado ese Cuartel al Dr. Don Gaspar José de Francia y al capitán Don Juan Valeriano Zeballos, por diputados, a fin de que en su consorcio pueda dar expediente a los providencias de Gobierno, ínterin se arregla la forma del que se debe seguirse con la concurrencia de los que deban intervenir en este importante punto. Dios guarde a V S. muchos años. Asunción, 16 de mayo de 1811. Bernardo de Velasco".

En la mañana del 16 se recogió la artillería al patio del cuartel quedando en las bocacalles guardias de 8 hombres. Se presentaron varios requerimientos a los oficiales principales (Caballero, Iturbe, Rivarola), quienes contestaron "que nada podían determinar sin que llegaran los dos diputados [Francia y Zevallos] y los oficiales de la plana mayor a quienes habían hecho llamar".

El teniente Abreu fue esa mañana al cuartel para informarse del motivo de su demora o impedimento. Le contestó Caballero que pidiera cuando quisiera, pero que no era conveniente que saliese de la ciudad antes de la llegada de los nombrados oficiales de la plana mayor. La sencilla ceremonia del juramento se llevó a cabo en el cuartel en la tarde del 16, asistiendo los diputados electos doctor Francia y capitán Zevallos y los siguientes oficiales: Pedro Juan Caballero, Juan Bautista Rivarola, Vicente Ignacio Iturbe, Carlos Argüello, Juan Bautista Acosta y Juan Manuel Iturbe (Llama la atención que entre los firmantes no figure Mauricio José Troche.). Se levantó el acta siguiente:

En la Ciudad de Asunción del Paraguay, mayo diez y seis de mil ochocientos once años, habiendo nombrado este Cuartel por diputados adjuntos de Gobierno al Dr. Gaspar José de Francia y al Cap. Don Juan de Zevallos para providenciar interinamente, hasta tanto se arregle la forma de Gobierno que sea más conveniente, en virtud de lo convenido con el señor Gobernador Intendente, comparecieron los sobredichos adjuntos y, enterados del nombramiento hecho verbalmente en sus personas, dijeron que lo aceptaban y juraron por Dios y una cruz, obligándose a usar de ese oficio fiel y legalmente, atendiendo a la tranquilidad y felicidad de la provincia, en fe de lo cual firmaron conmigo y los oficiales principales de este Cuartel de que certificamos (No está de más señalar que el Triunvirato integrado por Velasco, Francia y Zeballos se integró el 16 de mayo, después de una negociación con Velasco, quien siguió en el gobierno, pero acompañado por dos "diputados". En realidad, Velasco ya había perdido el poder, y seguía en la residencia de gobierno sólo por una cuestión política. (N. del E.)).

 

III.    BANDO DEL 17 DE MAYO DE 1811

Se divulgó al día siguiente (17 de mayo) el primer bando del nuevo gobierno, el Triunvirato. Dicho bando decía: (1°) Que el gobernador Velasco y los oficiales habían convenido en que el primero actuase asociado con el doctor Francia y el capitán Zevallos, hasta tanto los vecinos de la provincia estableciesen el régimen y forma de gobierno. (2°) Que las intenciones del nuevo gobierno y de la oficialidad no eran las de entregar o dejar la provincia al mando, autoridad o disposición de la de Buenos Aires ni de ninguna potencia extraña. (3°) Que el pueblo debía permanecer tranquilo, en la seguridad de que todos tendrán la protección de las leyes. Por tanto, debían abrirse las tiendas y casas de comercio, mercados y proveedurías, reanudándose las ocupaciones y negocios. (4°) Que se exigía la entrega, en el plazo de 24 horas, de las armas de fuego, cortas o largas, así como de la pólvora, munición y plomo, en poder de los particulares.

En los días siguientes se tomaron nuevas medidas de seguridad. Fueron apresados los coroneles José Teodoro Fernández y Juan Manuel Gamarra, y los capitanes y marineros de los barcos, propiedad de europeos (En aquel tiempo se llamaba europeos a los españoles. A los demás europeos se los llamaba por sus nacionalidades: franceses, ingleses, etc. (N. del E.)), surtos en el puerto.

El teniente Abreu fue nuevamente al cuartel a pedir que lo dejasen partir. Se le contestó que ya estaba por llegar "el nuevo gobernador" Fulgencio Yegros y que, una vez que arribase, se decidiría su suerte.

 

IV.    LA REVOLUCIÓN EN ITAPÚA Y CORRIENTES

Al mismo tiempo que el movimiento revolucionario explotaba en la capital, Itapúa y Corrientes eran teatro de acontecimientos de trascendencia. El 16 de mayo (de acuerdo con el plan general de la revolución) el jefe de las fuerzas paraguayas que ocupaban Corrientes [Blas José de Rojas] se sublevó, apresó a todos los europeos, los desarmó y los embarcó. (Es grave error circunscribir exclusivamente la independencia al golpe del 14 de Mayo. Fue un movimiento mucho más vasto, una verdadera revolución. El primero que aclaró todo esto fue Julio César Chaves en su trabajo Relato de la revolución del 14 y i5 de Mayo, publicado en El Diario, 15-V-1938.)

Fulgencio Yegros, por su parte, detuvo en Itapúa a 115 europeos, se apoderó de todas las embarcaciones y se preparó a marchar rumbo a la Cordillera, donde le esperaba Cabañas con centenares de hombres.

Era esta la situación cuando, en las últimas horas del 18, Fulgencio Yegros recibió la noticia del golpe del 14 de mayo. Se la transmitió su hermano Antonio Tomás, quien se encontraba en la estancia familiar de "Santa Bárbara" (Quiquió). Antonio Tomás escribió a Vicente A. Matiauda, que se encontraba en Candelaria:

Acabo de leer y despachar a mi hermano [Fulgencio] el parte que da Caballerito de haber avanzado el cuartel, apoderándose de todas las armas, municiones y barcos, suspendiendo al señor Gobernador, tomado el Archivo y todo los demás; llegaron a suspender al portugués o portugueses y a instancias de varios no hizo caso, y se mantiene duro aguardándonos para la Junta y forma del Plan de Gobierno. Llegó a extremos de sacar a la plaza 5 cañones, y gente armada, y los hizo temblar a los miñones. No esperaba menos de él; pero siento no haber estado.

 

V.      FULGENCIO YEGROS EN ASUNCIÓN

Al recibir la noticia del movimiento de Asunción partió Fulgencio Yegros, el verdadero jefe de la revolución, cubriendo en tres jornadas la distancia que separa Itapúa de la capital. Su acogida fue triunfal. Desde temprano (el 21 de mayo), salió mucha gente hacia la Recoleta a esperarlo. Llegó a ese punto, en las afueras de la ciudad, a las 4 de la tarde. Desde allí siguió con gran acompañamiento, siendo saludado al entrar a la capital por una salva de 21 cañonazos. Al día siguiente se celebró un tedeum por su feliz llegada.

El Dr. Francia, Caballero e Iturbe fueron a saludar al teniente Abreu en nombre del gobierno. Dos días más tarde, el emisario portugués recibió la respuesta de los triunviros a la nota del general Sousa. En ella se explicaba que el solo objeto de la revolución había sido terminar las diferencias con Buenos Aires, restablecer un sistema de buena armonía, unión y correspondencia para el comercio y prosperidad de ambas provincias y defender la causa común "sin subyugarse una a otra". La intención del gobierno es mantener la mejor relación con los pueblos de los dominios de Su Majestad Fidelísima, el Rey de Portugal.

La nota terminaba pidiendo a Sousa un auxilio de 400 fusiles, pólvora, plomo, balas, etc.

A fines de ese mismo mes de mayo se tomó una decisión de importancia: evacuar y dejar libre la ciudad de Corrientes, que nuestras tropas ocupaban desde abril. Se fundó la medida en la necesidad de dar al pueblo de Buenos Aires y al mundo imparcial un ejemplo de moderación y generosidad.

 

 

CAPÍTULO SEXTO

EL CONGRESO DEL 17 DE JUNIO

 

I.       LA CARTA DE CARLOS GENOVÉS

Se realizaban activamente los preparativos para la reunión del congreso anunciado en el bando del 17 de mayo, cuando un hecho inesperado provocó la aceleración del proceso. Blas José de Rojas interceptó una carta de Carlos Genovés a Velasco. Dicho oficial había ido a Montevideo conduciendo a los oficiales [del ejército de Belgrano] prisioneros de Paraguarí y Tacuarí. La carta, de fecha 27 de abril de 1811, decía:

"Mi general. Por lo que pueda suceder, sírvase V S. redoblar sus contestaciones con los portugueses: que éstos cubran inmediatamente la costa oriental del Paraná"; que los del Norte (Mato Grosso] caigan, si es posible, sobre el Paraguay inmediatamente y que las fuerzas del mar cubran aquel punto.

La gloriosa batalla naval del 2 de marzo, nos libró de indecibles males (Batalla entre la flota españolista de Montevideo y la flota de Buenos Aires. La flota de Montevideo dominó los ríos hasta febrero de 1813, cuando José de San Martín le causó un duro golpe en San Lorenzo. (N. del E.)) Ya somos dueños de todo el río y, teniendo nuestra la costa occidental, somos los dueños de la América del Sur.

 

Yo no perderé momento. Ya ve V S. que sé la situación política de la Provincia. En el entretanto, y pues el tiempo es muy corto, quedo todo de V S. su afectuoso súbdito Q.B.S.M. (Que besa sus manos, antigua fórmula de cortesía. (N. del E.)) con el mayor respeto. Carlos Genovés.

[Posdata] Si fuese posible, sírvase V S. disponer las cosas de modo que el señor Sousa despliegue su izquierda sobre el punto de la Bajada [Paraná], cuanto antes; pues dicho Señor parece era esta la determinación; en el día es muy urgente por que el señor Michelena se retiró por orden de Su Excelencia y los tunantes se desplegaron bandoleramente entre los Ríos [Entre Ríos].

Ayer un tal Tarragona, vocal de Santa Fe, pasó un exhorto a... con un inglés para que se uniese a ellos. La contestación fue arrimarle una barra y remitirlo a Montevideo con el [barco] San Luis.

Quisiera decir más; pero no hay tiempo. La contestación con los portugueses es muy importante; muy útil, utilísima. El Paraguay será el restaurador de la América del sur; Unión con esta Corte [portuguesa] y no necesitamos más; si es posible sostengamos a Corrientes. Dispénseme V S. este modo de explicarme. Soy muy interesado por mi Rey, por mi general y por la patria de mi mujer y mi hijo. Dígnese V S. dispensarles toda protección y dando mis cordiales expresiones al Señor Don Benito, queda todo de V S. siempre afectísimo (...) Carlos Genovés

 

II.      LA DESTITUCIÓN DE VELASCO [8 DE JUNIO DE 1811]

Esta imprudente misiva probaba en forma definitiva la convivencia de Velasco con los portugueses. La situación del gobernador se hizo insostenible. Fue definitivamente depuesto el 8 de junio. Los oficiales del cuartel lanzaron un manifiesto afirmando que la carta de Genovés era la prueba definitiva de que se maquinaba entregar la Provincia a una potencia extranjera. Había que adoptar medidas de seguridad y defensa, por lo cual se resolvió suspender al gobernador y a los miembros del Cabildo y tenerlos "en un lugar de seguridad". Hasta la reunión del congreso, el gobierno sería ejercido por los diputados adjuntos Francia y Zeballos.

En el bando del 17 de mayo, el primero lanzado por el nuevo gobierno, ya se había anunciado que una asamblea establecería el nuevo régimen y forma de gobierno y decidiría la suerte de la Provincia. En un bando del 28 de mayo, se hizo saber que "era conveniente disponer la celebración de la junta general consiguientemente a lo que tenían acordado en conformidad con los oficiales y demás tropas acuarteladas en esta plaza, según se notició [informó] al público por medio del bando del 17 del corriente, con el justo fin de establecer el régimen y gobierno que deba observarse en adelante y cimentar la forma de unión y relaciones que esta provincia haya de tener con la de Buenos Aires.

 

Y aunque deseaban que cuanto antes se verificase esta Asamblea, considerando que debían asistir a ella no sólo los diputados en las villas y poblaciones, más también muchos vecinos principales, moradores en campaña a largas distancias, señalaban el día 17 del siguiente mes de junio acordando, al mismo tiempo, que los referidos consocios de gobierno verificasen la citación y convocatorias por medio de oficios y esquelas". Copia de esta resolución se pasó a todas las autoridades de las villas y poblaciones para que la pluralidad de votos eligiesen sus diputados. A los vecinos se les hizo llegar la siguiente esquela, firmada por Francia y Zeballos y con fecha 1 de junio: "Los consocios del gobierno tienen el honor de citar a vuestra merced para la Junta General que se ha de celebrar en esta Capital el diez y siete del corriente para el establecimiento del Gobierno y fijar las relaciones de esta Provincia con la de Buenos Aires y las demás del continente".

 

III.    EL CONGRESO DE JUNIO DE 1811

El 17 de junio inicia el Congreso sus sesiones en la histórica casa del Cabildo. Es brillante el concurso que asiste a ella. Los revolucionarios civiles están representados por varios doctores de Córdoba y Chuquisaca: Marco Ignacio de Baldovinos, José Gaspar de Francia, Ventura Díaz de Bedoya, Manuel José Báez y varios otros. El clero tiene también una lucida representación: están presentes fray Fernando Javier Bogarín, los padres Sebastián Patiño, José Baltasar de Casajús y Manuel Antonio Corvalán y los representantes de las cuatro órdenes religiosas. En los escaños reservados a los militares se sientan el coronel José Antonio Zavala y Delgadillo, fundador del Fuerte de Borbón; los vencedores de Paraguarí y Tacuarí, Manuel Atanasio Cabañas y Juan Manuel Gamarra; e n los otros lugares, toda la juventud dorada, la que había combatido con los ingleses en Montevideo, peleado en las dos jornadas y realizado la revolución: son ellos los Yegros, los Caballero, los Iturbe, los Montiel, los Rivarola.

Asisten al Congreso más de 350 personas. En medio de la expectativa general los diputados del Gobierno [Francia y Zeballos], que presiden el acto con el capitán Pedro Juan Caballero, declaran abierto el acto y se lee el discurso inicial.

 

IV.    EL DISCURSO DEL GOBIERNO

El discurso, leído por el doctor Francia en nombre del Gobierno, comenzaba así:

"Los males y padecimientos de nuestra provincia, han sido tan graves y tan notorios, que creeríamos perder el tiempo en querer individualizarlos. Hasta aquí hemos vivido humillados, abatidos, degradados y hechos el objeto de desprecio, por el orgullo y despotismo de los que mandaban. Ha llegado este exceso al extremo de querer reagravar nuestras cadenas, intentando disponer de nuestra libertad, de nuestra suerte y de nuestras personas mismas, como quien dispone de un rebaño de ganados, de una hacienda, o de una cosa mueble, sin atender a la dignidad y derechos de un pueblo grande, ni la voz de la naturaleza que clama, que los infelices paraguayos han padecido bastante en cerca de tres siglos, en que han sido indignamente vilipendiados y postergados. A1 fin han pasado esos desgraciados tiempos de opresión y tiranía. La oscuridad en que yacíamos ha desaparecido y una brillante aurora empieza a descubrirse en nuestro horizonte (Aunque el discurso fue pronunciado en nombre del Gobierno, entonces integrado por Francia y Zeballos, porque Velasco ya había sido destituido, los historiadores concuerdan en que el autor del discurso fue Francia. (N. del E.))”.

Aludía seguidamente el orador a la libertad alcanzada mediante la revolución de mayo:

"La provincia del Paraguay volviendo del letargo de la esclavitud, ha reconocido y recobrado sus derechos y se halla hoy en plena libertad, para cuidar y disponer de sí misma y de su propia felicidad. Este y no otro ha sido el objeto de nuestras tropas patrióticas y de los valerosos vecinos que tomaron parte en la dichosa revolución del 15 de mayo, día grande, día memorable, que hará la más señalada época en los fastos de nuestra provincia. Todas las medidas oportunamente tomadas surtieron el mejor efecto y, al modo de un viento saludable que dispersa y deshace las densas nubes que amenazan una tempestad, se han desconcertado y descubierto los planes de los que por distintos rumbos, por diversos medios y por varios fines se habían propuesto oprimirnos y hacerse árbitros de nuestra libertad; de suerte que podemos decir, que el cielo favorece visiblemente la justicia de nuestra causa".

Finalizó [Francia] la exposición gubernativa haciendo referencia a la grave crisis planteada, a la importancia de la decisión que iba a tomarse y a la absoluta libertad en que se dejaba a la asamblea para manifestar su opinión.

 

V.      VOTO DE MARIANO ANTONIO MOLAS

En nombre del partido de los patriotas habló don Mariano Antonio Molas. Los principales puntos de su propuesta fueron los siguientes: (1) Que don Bernardo de Velasco, por los motivos expuestos en el bando y por haber abandonado a nuestro ejército en Paraguarí, quede privado de todo mando, reemplazándole una junta compuesta por el coronel Fulgencio Yegros [presidente] y los vocales: doctor José Gaspar de Francia, capitán Pedro Juan Caballero, presbítero doctor Francisco Javier Bogarín y Fernando de la Mora. (2) Que todos los miembros del Cabildo queden igualmente privados del mando. (3) Que todos los empleos u oficios políticos civiles y militares sean ocupados en adelante con naturales de la provincia. (4) "Que esta provincia no sólo tenga amistad, buena armonía y correspondencia con la ciudad de

Buenos Aires y demás provincias confederadas, sino que también se una con ellas para el efecto de formar una sociedad fundada en principios de justicia, de equidad y de igualdad", con las siguientes condiciones:

Primera: que mientras no se forme congreso general esta provincia se gobernará por sí misma sin que la junta de Buenos Aires pueda disponer y ejercer jurisdicción sobre su forma de gobierno, régimen, administración, ni otra alguna causa correspondiente a esta misma provincia.

Segunda: que restablecido el comercio, dejará de cobrarse el peso de plata que anteriormente se exigía por cada tercio de yerba con nombre de sisa y arbitrio. [...]

Tercera: quedará extinguido el estanco del tabaco, quedando de libre comercio como otro cualquier fruto y producciones de esta provincia. (...)

Cuarta: que para los fines convenientes de arreglar el ejercicio de la autoridad suprema o superior y formar la constitución que sea necesaria, irá de esta provincia un diputado con voto en el congreso general en la inteligencia [de] que cualquier reglamento, forma de gobierno o constitución que se impusiese no deberá obligar a esta provincia hasta tanto se ratifique en junta plena y general de sus habitantes y moradores. A este efecto se nombra desde ahora por diputado al doctor José Gaspar de Francia, respecto a que ya anteriormente lo había sido por el ilustre cabildo, para que con una regular dotación se ponga en camino de Buenos Aires luego que por parte de la Excelentísima Junta y generoso pueblo de aquella ciudad no se ponga reparo como se espera en estas proposiciones. (1)

Por último [...] que quede suspendido todo reconocimiento de las Cortes, Consejo de Regencia y toda otra representación de la autoridad suprema o superior de la nación en estas provincias hasta la suprema decisión del Congreso General que se halla próximo a celebrarse en Buenos Aires.

La palabra del bando españolista fue llevada por el diputado Francisco de Haedo, que pidió la reposición de Velasco en el gobierno. Intervinieron también en el debate los presbíteros Manuel Antonio Corvalán, Sebastián Patiño y José Baltasar de Casajús; los señores Juan Bautista de Achard, Marco Ignacio de Baldovinos, el coronel José Antonio Zavala.

La gran mayoría de los asistentes apoyó el voto de Molas (290 sobre 330 congresales).

Antes de disolverse el Congreso, que duró cuatro días [17 al 20 de junio] prestaron juramento los miembros de la nueva Junta, el coronel Fulgencio Yegros, doctor Francia, presbítero Bogarín, capitán Caballero y don Fernando de la Mora. Hubo júbilo general en la capital y el interior.

1.- La libertad de comercio, la abolición de monopolios e impuestos coloniales, como el envío de un representante paraguayo al Congreso General de Buenos Aires fueron puntos debatidos entre Manuel Belgrano y los oficiales paraguayos después de la batalla de Tacuarí. El doctor Francia, representante del Paraguay al Congreso, no fue a Buenos Aires. (N. del E.)

 

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DOCUMENTO RECOMENDADO:

LA PROVINCIA DEL PARAGUAY (1810 - 1811)

Obra de MARIANO ANTONIO MOLAS

Colección: INDEPENDENCIA NACIONAL

INTERCONTINENTAL EDITORA

Asunción – Paraguay

2010 (155 páginas)

 

 

 

 

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