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JUAN MANUEL MARCOS

  IDEOLOGÍA Y DOCTRINA DEL PLRA (PARTIDO LIBERAL RADICAL AUTÉNTICO) - Ensayo de JUAN MANUEL MARCOS


IDEOLOGÍA Y DOCTRINA DEL PLRA (PARTIDO LIBERAL RADICAL AUTÉNTICO) - Ensayo de JUAN MANUEL MARCOS

IDEOLOGÍA Y DOCTRINA DEL PLRA

(PARTIDO LIBERAL RADICAL AUTÉNTICO)

JUAN MANUEL MARCOS

Departamento de Prensa

Directorio del Partido Liberal Radical Auténtico

Asunción – Paraguay

2009 (Segunda Edición)

 

 

JUAN MANUEL MARCOS

 

Director del Departamento de Prensa, y miembro del Directorio, el Comité Político y el Comité Ejecutivo del Partido Liberal Radical Auténtico. Fue reelegido de manera ininterrumpida miembro del Directorio desde 1992; ejerció cinco veces la vicepresidencia y una vez la presidencia provisoria del Partido.

Ha sido elegido diputado (1993) y senador (2003-2008) por el PLRA, desempeñándose como líder de bancada y presidente de varias comisiones parlamentarias nacionales e internacionales.

Vinculado a la redacción de EL Radical, la revista cultural Criterio y el movimiento Nuevo Cancionero Paraguayo, experimentó prisión política, asilo diplomático y doce años de exilio durante la dictadura de Stroessner, época en la que se graduó como Doctor en Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid y Doctor en Letras en la de Pittsburgh, y cursó estudios postdoctorales en Filosofía Política en la de Yale y Administración Universitaria en la de Harvard (Estados Unidos).

Ha ejercido la cátedra en universidades paraguayas y extranjeras, como la de California, Los Ángeles, y la Nacional, la Católica y la del Norte, de Asunción, de la que es Rector desde 1991, así como en el Instituto de Altos Estudios Estratégicos (ex Colegio Nacional de Guerra) del Ministerio de Defensa Nacional, desde 1995. Ha sido distinguido como Profesor de Honor de las universidades de Kansas, Federal de Río de Janeiro, Nacional de Mar del Plata, y UCES de Buenos Aires. También ha sido miembro titular del Consejo de Universidades del Estado paraguayo, Presidente del Centro de Estudios Democráticos, auspiciado por el Instituto Internacional del Partido Demócrata de los Estados Unidos de América, y Director del Centro de Estudios de la Realidad Paraguaya (CERPA), auspiciado por la Fundación Friedrich Nauman del Partido Liberal de la República Federal de Alemania.

Es autor de catorce libros, cincuenta monografías publicadas en el exterior y sesenta ponencias en congresos internacionales, entre los cuales se encuentran El invierno de Gunter (Premio Libro del Año 1987), Roa Bastos, precursor del postboom (Premio Internacional Plural 1983 de México), y Poemas (Premio René Dávalos 1970).

La primera edición de Ideología y doctrina del PLRA fue publicada por el CERPA en 1995. Desde entonces ha superado en varias reimpresiones una circulación de 30.000 ejemplares, la mayor de un ensayo político en nuestro país desde entonces.

 

 

LA IMPORTANCIA IDEOLÓGICA DEL PUNTO DE VISTA

 

La palabra "ideología" fue inventada en 1796 por el filósofo francés Destutt de Tracy con la intención de servir de nombre a una "ciencia de las ideas", que nunca se desarrolló.

Actualmente se usa la palabra IDEOLOGÍA para designar un conjunto sistemático de ideas sobre el Estado, la persona humana, la economía y el mundo en general desde el punto de vista de un determinado grupo social o político.

El punto de vista es muy importante para definir una ideología. Por ejemplo, cuando un contrabandista disfruta de una casa de millones de dólares en la villa veraniega uruguaya de Punta del Este, le puede parecer que el contrabando es una institución útil y placentera; en cambio, cuando un padre de familia no encuentra remedios en el puesto de salud ni escuela para sus hijos por falta de aulas y de maestros, puede pensar que el dinero que no pudo invertir el Estado en salud y educación es precisamente el dinero no pagado en impuestos con que el contrabandista compró su lujosa casa. Cada uno opina desde el punto de vista de sus intereses. La ideología refleja esos intereses particulares. Por eso no es una representación científica del mundo. Por ejemplo, la gente de trabajo, que no disfruta de privilegios y sufre muchas injusticias, ve la realidad como algo que necesita cambiar, ya que ellos viven mal en ella. Para vivir mejor, esa gente quiere progresar y hacer progresar la sociedad.

La gente de trabajo son los agricultores, los obreros de estancias, fábricas y talleres, los empleados, los profesionales y técnicos, los intelectuales, artistas y artesanos, los empresarios honestos. Ellos saben que solo a través del cambio se llega al progreso. Su ideología es progresista, porque saben que el Paraguay jamás avanzará sin realizar cambios profundos en su estructura económica, social y cultural.

La gente de trabajo fundó el 10 de julio de 1887 un partido político para defender sus intereses: el Partido Liberal Radical Auténtico, el más antiguo de nuestro país, que es el partido progresista del Paraguay. Es el partido que quiere cambiar la sociedad, para hacerla progresar. Además, los liberales radicales auténticos sabemos que si la mayoría de la población es moral y económicamente fuerte, también nuestra patria será fuerte.

Por otro lado, los que se enriquecen mediante los privilegios del poder, de una dictadura o de una sociedad aplastada por la corrupción del Poder Judicial y el crimen organizado, ven la realidad como algo que no necesita ser cambiada porque no les conviene el cambio, ya que ellos viven muy bien en ella. Estos privilegiados forman parte de un grupo de gran poder económico que se llama la oligarquía.

La oligarquía está integrada por los dueños de los casinos, las playas de ventas de autos robados, las financieras constituidas con el dinero de los narcotraficantes, los contrabandistas de cigarrillos, perfumes, bebidas alcohólicas, armas, bebés, prostitutas y drogas, los evasores de impuestos y divisas, los latifundistas de tierras mal habidas, los beneficiarios de créditos públicos irregulares, licitaciones fraudulentas y monopolios ilegales como el del algodón, los fiscales y jueces corruptos, los chantajistas y los coimeros. Todos ellos quieren conservar sus privilegios económicos. Su ideología es conservadora.

El 11 de septiembre de 1887 fue fundado un partido político para defender los intereses de la oligarquía: el Partido Colorado, que es el partido conservador del Paraguay. Es el partido que intenta que nunca cambie nada, que el Paraguay continúe siendo un país atrasado, pobre e injusto en manos de los mismos egoístas que se enriquecieron durante la dictadura de Stroessner, y que siguen fomentando y disfrutando la corrupción mediante su dominio injusto del Poder Judicial. Los oligarcas saben que si la mayoría de la población es pobre y los funcionarios públicos son corruptos, el Paraguay no será un país fuerte sino débil, pero a ellos nada de la patria les importa con tal de que puedan seguir disfrutando de sus lujos sin trabajar ni ser competitivos.

Después de la caída del la dictadura se formaron varios pequeños partidos políticos como Encuentro Nacional, Patria Querida, País Solidario, Democrático Popular, Patria Libre, Tekojoja y P-Mas, por parte de la gente acomodada que estaba paralizada por el miedo a la policía de Stroessner, y en menor grado, por exponentes del extremismo de izquierda y destacados luchadores independientes contra el régimen, algunos de ellos amigos de figuras de la Iglesia. En general la tendencia de estos pequeños partidos también es conservadora, pues a diferencia de los también pequeños partidos, Comunista, Febrerista y Demócrata Cristiano, que enfrentaron abiertamente a Stroessner durante su reinado del terror, estas formaciones nuevas solo quieren impedir que el PLRA llegue al poder para beneficio del pueblo.

En general, con honrosas excepciones, estos pequeños partidos están dominados por los oligarcas. Hay sólo una diferencia entre ellos y los colorados: es que los colorados, en realidad, son sinceros, porque siempre han hecho la propaganda de valores conservadores como el orden, la jerarquía, el sometimiento del poder civil al poder militar, el servilismo a un único líder, el fanatismo, la irracionalidad, el anticomunismo, el antiliberalismo y el "agrarismo", que consiste en tratar de que el Paraguay sea siempre agrario en las garras de los latifundistas, nunca progrese, y jamás tenga industrias.

En cambio los pequeños partidos nuevos quieren engañar al pueblo usando encuestas falsas y diciendo que son progresistas. En realidad son conservadores, como se nota por su odio al PLRA, que intenta solucionar los problemas sociales y hacer que el pueblo viva mejor. Sin ninguna duda, la lucha entre estos nuevos conservadores y los viejos conservadores del Partido Colorado es una lucha interna entre los grupos privilegiados y oligárquicos del Paraguay.

El partido Unión Nacional de Ciudadanos Éticos (UNACE) surgió impulsado por colorados descontentos con el régimen de Stroessner. Su líder, el general Lino César Oviedo, fue uno de los jefes militares que arriesgaron su vida en el golpe de Estado de febrero de 1989, que derrocó al dictador. En numerosas ocasiones, ha actuado aliado al PLRA.

Existen también algunos colorados y afiliados a los nuevos partidos que son honestos y patriotas, que no están sometidos a la cúpula de su partido, y que disienten con sus malos manejos. Los buenos colorados y afiliados a los nuevos partidos, así como los febreristas, demócrata cristianos, comunistas, independientes, del UNACE y todos los buenos paraguayos serán siempre bienvenidos para colaborar con el Partido Liberal Radical Auténtico en un gobierno nacional para todos los paraguayos. Tienen las puertas abiertas para construir juntos un Paraguay mejor.

La oligarquía pretende imponer a la mayoría de la sociedad la ideología conservadora del conformismo, porque no quiere que cambie la situación económica y política que le favorece. Por ejemplo los antiguos periodistas de "La Voz del Coloradismo" y algunos periodistas de ahora, a sueldo de la oligarquía, quieren convencer a la gente de trabajo que los liberales somos unos demonios porque tienen el temor y la certeza de que si el PLRA llega al poder cambiará totalmente la situación, a favor del pueblo. A pesar del triunfo popular del 20 de abril de 2008, el PLRA sigue fuera del poder porque ningún nombramiento del Poder Ejecutivo ha sido consultado hasta ahora al Directorio del Partido. Los actos de los ministros y funcionarios liberales son responsabilidad exclusiva de dichas personas, que en general son excelentes, pero no comprometen al Partido. Durante el breve gobierno de coalición del Presidente Luis González Macchi, los ministros liberales fueron nombrados por el Directorio, no por el Presidente. El Presidente Fernando Lugo puede tener las mejores intenciones, pero mientras no consulte al Directorio para el nombramiento de al menos los principales miembros liberales del Poder Ejecutivo, no se podrá decir que el Partido esté institucionalmente en el poder.

Abusando de su poder en algunas radios, diarios y canales de televisión, la oligarquía intenta estupidizar a la gente de trabajo para que no defienda sus intereses, que son comunes con los del PLRA, sino para que defienda los intereses de la oligarquía, que son los de la cúpula del Partido Colorado y los nuevos partidos minoritarios, egoístas y fanáticos.

El PLRA, en cambio, defiende claramente los intereses da la mayoría de los pobres, las clases medias y los empresarios progresistas, quienes desean cambiar la situación social y política del país para que todos vivamos mejor. El PLRA no busca ni le importa el voto de los contrabandistas, los narcotraficantes y los privilegiados. Sabemos que son una minoría corrupta. Con el apoyo del pueblo, el Partido Liberal Radical Auténtico gobernará en favor de toda la gente de trabajo, patriota y honesta. Así, el PLRA, con un gobierno de unidad nacional, construirá un Paraguay fuerte y respetado.

El PLRA es un partido responsable. No tiene ningún compromiso con ningún grupo económico ni del país ni del exterior. Solo tiene un compromiso sincero con su electorado: no busca el poder para que se aprovechen sus dirigentes sino para que viva mejor la gente de trabajo.

La auténtica gente de trabajo, al conocer verdaderamente la propuesta del PLRA, estará siempre dispuesta a apoyar al Partido, porque está formado desde el punto de vista de los intereses del pueblo y de la patria.

 

 

LAS IDEOLOGÍAS SON UNIVERSALES

 

Las ideologías son universales; no tienen fronteras nacionales. Todos los conservadores, los liberales, los socialistas, los demócratas cristianos del mundo tienen respectivamente la misma ideología.

Todas las personas que comparten una ideología liberal, defienden las mismas ideas generales básicas. Un liberal paraguayo piensa ideológicamente igual que un liberal estadounidense, alemán, español, chino o sudafricano.

La ideología liberal es igual en todas partes. Los partidos liberales del mundo están nucleados en una asociación solidaria fundada en 1947, con sede en Londres (Inglaterra), que se denomina la Internacional Liberal.

 

Hay tres aspectos de la ideología liberal universal:

1. EL LIBERALISMO POLÍTICO;

2. EL LIBERALISMO ÉTICO;

3. EL LIBERALISMO ECONÓMICO.

 

Un liberal tiene que ser simultáneamente un liberal político, ético y económico. Si le falta el aspecto político, será un totalitario; si le falta el aspecto ético, será un demagogo; y si le falta el aspecto económico, será un conservador. La única forma de ser liberal es respetar y actuar conforme a los tres aspectos de la ideología liberal.

 

 

EL LIBERALISMO POLÍTICO

 

El padre del liberalismo político es el filósofo inglés JOHN LOCKE (1632-1704), ideólogo de la Revolución Liberal de 1688. Después de un siglo de guerras civiles entre liberales y conservadores, esta revolución llevó por primera vez al poder a los liberales. Los conservadores, partidarios de la monarquía absolutista, fueron derrotados. Los liberales, partidarios de una monarquía constitucional, triunfaron. Así se estableció en Inglaterra el primer gobierno democrático del mundo moderno, que hasta hoy perdura, después de haberse impuesto con líderes como Winston Churchill (1874-1965) a todas las formas totalitarias que conoció Europa.

Las principales ideas de Locke están reunidas en un libro llamado Segundo ensayo sobre gobierno civil (1690). La idea fundamental de Locke es la idea del PACTO.

Locke considera que la única forma legítima de gobierno es la que se basa en un pacto entre gobernantes y gobernados: los gobernantes se comprometen a respetar la misma ley que los gobernados, y los gobernados se comprometen a respetar el gobierno que salga electo por el pueblo.

La forma constitucional de dicho sistema es la DEMOCRACIA REPRESENTATIVA, es decir, el gobierno del pueblo a través de sus representantes elegidos en forma libre y limpia.

Si los gobiernos violan el pacto y abusan de su poder, se convierten en tiranos. Locke dice que si una tiranía es demasiado larga e insoportable, el pueblo puede usar su derecho a la insurrección y derrocar al gobierno por medio de la fuerza.

Este concepto del Derecho a la Insurrección, de Locke, es importantísimo. En dicho concepto se basaron Thomas Jefferson (1743-1826) para redactar la Declaración de la Independencia de los Estados Unidos del 4 de julio de 1776, y Fernando de la Mora (1785-1830) para escribir la Nota del 20 de julio de 1811 que proclamaba la Independencia del Paraguay.

El otro componente clásico del liberalismo político  es el concepto de  EQUILIBRIO DE PODERES. Esta idea es un aporte del filósofo francés CHARLES LOUIS DE MONTESQUIEU (1689-1755), precursor de la Revolución liberal francesa, quien fue un gran admirador de Locke.

En su obra Del espíritu de las leyes (1748), Montesquieu propone que el gobierno sea ejercido por tres poderes: El Poder Legislativo, el  Ejecutivo y el Judicial; de manera que el ciudadano esté mejor protegido de los  posibles abusos de los gobernantes, y que dichos Poderes se controlen  mutuamente.

El Poder Legislativo hace las leyes; el Ejecutivo ejecuta las acciones del gobierno; y el Judicial entiende en casos de conflictos entre particulares  y delitos contra la sociedad. Recursos como el desafuero, el veto, el juicio político y el enjuiciamiento de magistrados forman parte de los mecanismos de control recíproco de los Poderes. La Constitución paraguaya vigente, de 1992, consagra el liberalismo político. El artículo 1 proclama que "la República del Paraguay adopta para su gobierno la democracia representativa", y el artículo 3 dice que "el gobierno es ejercido por los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial en un sistema de separación, equilibrio, coordinación y recíproco control".

La palabra "coordinación" del artículo 3 de nuestra Constitución se refiere al concepto más moderno del liberalismo político  que es el de GOBERNABILIDAD, surgido en los años setenta. En efecto, si los Poderes del Estado no coordinan sus políticas, es imposible gobernar ningún país  en forma democrática y eficiente.

En su artículo sobre Gobernabilidad de la Enciclopedia  de las Instituciones Políticas (1987) editado por Vernon Bogdanor, de la Universidad de Oxford, el profesor B. Guy Peters, de la Universidad de Pittsburgh, define la Gobernabilidad como "la capacidad de las instituciones políticas de un país para dirigir la economía y la sociedad" especialmente cuando se presenta "la  dificultad de traducir los mandatos de los electores en políticas realistas"

Es imposible que un país sea gobernado al mismo tiempo por el oficialismo y la oposición. Menos aún cuando el oficialismo, es decir, la  fuerza política que controla el Poder Ejecutivo, es minoría en las cámaras del  Congreso Nacional. Por lo tanto, cuando se produce esa dificultad  a la que se refiere el profesor Peters, los gobernantes se deben poner de acuerdo para tratar de coordinar sus políticas. Cuando el gobierno no tiene mayoría en el Congreso, los líderes de los Partidos políticos más importantes se reúnen y hacen un pacto o acuerdo de gobernabilidad para que el país avance y sea posible gobernarlo. Eso es también lo que establece nuestra Constitución cuando habla de "coordinación" de Poderes en su artículo 3.

En resumen, los tres puntos básicos del liberalismo político son: la Democracia Representativa, el Equilibrio de los Poderes del Estado, y la Gobernabilidad.

 

 

EL LIBERALISMO ÉTICO

 

La extraordinaria diferencia entre el liberalismo y todas las demás ideologías consiste en que la ideología liberal es la única que propone limitar el poder. Para los liberales, la persona humana está siempre por encima del Estado. El Estado es siempre un medio para alcanzar la felicidad de la persona humana, y no un fin abstracto. En un Estado liberal, nada puede ser más importante que la dignidad humana.

Las otras ideologías, como el fascismo, el comunismo, etc., dicen qué van a hacer si llegan al poder: el dictador fascista alemán Adolf Hitler, por ejemplo, prometía que los pueblos de supuesta raza germánica reinarían en todo el mundo durante mil años; el dictador comunista soviético José Stalin prometía que gracias a su gobierno la humanidad viviría en un paraíso social donde cada cual produciría de acuerdo a su capacidad pero ganaría de acuerdo a su necesidad; el dictador fascista paraguayo Alfredo Stroessner pronosticaba que si él desaparecía el país sería destruido por el comunismo y una sangrienta anarquía. Con esos pretextos, estos dictadores perseguían ferozmente a sus opositores, sin ningún respeto por la dignidad humana. Naturalmente, los disparates que decían no pudieron sostenerse, y todos cayeron del poder.

El liberalismo, en cambio, no intenta adivinar el futuro, ni promete ilusiones para engañar al pueblo. Lo que le interesa es limitar el poder para que los gobernantes no abusen de él y para que el Estado no aplaste a los ciudadanos. Ningún partido tiene el derecho de torturar a nadie bajo ningún pretexto ideológico o de "seguridad nacional"; todo atentado contra la dignidad humana, para el liberal, es siempre un gravísimo delito

El padre del liberalismo ético es el filósofo alemán IMMANUEL KANT (1724 -1804), quien publicó un libro titulado Fundamentación de la metafísica de las costumbres (1785), donde propone una norma moral universal que debe regir la conducta humana. Kant denominó dicha norma como el "imperativo categórico".

El imperativo categórico de Kant no es más que la expresión  del sentido común del pueblo. Es una norma sencilla, no inspirada  en el miedo a la policía ni al infierno, sino en la razón humana. No se basa en la  ley ni  en la religión, sino en lo que distingue a la persona humana de las bestias: la inteligencia.

La norma de Kant, la máxima norma ética liberal, consiste en que no debemos hacer a los demás lo que no queremos que los demás nos hagan a nosotros. Debemos desear que lo que rige nuestra conducta sea una norma universal para todos. Por ejemplo, si torturamos a alguien, nuestra conciencia siempre nos dirá que estamos obrando mal porque para la conciencia es evidente que jamás querremos que algún día el torturado nos torture a nosotros: Para Kant, la persona humana debe ser tratada siempre como un fin, y jamás como un medio.

Kant insiste en la aplicación de esta norma para asegurar una convivencia feliz con la gente. Según Kant, esta norma es superior a la caridad cristiana, a pesar de la nobleza del sentimiento de amar al semejante. La norma ética liberal es una exigencia para toda la humanidad, sin importar que los que deban practicarla sean ateos ni a qué religión pertenezcan. De lo contrario, los ateos podrían hacer lo que les diera la gana; hasta ahora hay grupos fanáticos y supersticiosos que se matan unos a otros por motivos religiosos, creyendo que así se irán al Cielo.

La base de la ética de Kant es el concepto de dignidad  humana, que  se debe aplicar a todas las personas, sin distinción de raza, religión, condición social, sexo o edad. El artículo 1º de la Constitución Nacional consagra dicho principio liberal, afirmando que la democracia que establece está "fundada en el reconocimiento de la dignidad humana".

Los dos mejores discípulos contemporáneos de Kant, en el aspecto político de su filosofía ética, son el filósofo y estadista paraguayo Eligio Ayala (1879-1930), y el filósofo y catedrático estadounidense John Rawls (1921-2002).

En el siglo XX surgió un gran pensador liberal francés, ALBERT CAMUS (1913-1960), quien completó la teoría ética de Kant con un libro titulado El hombre rebelde (1951).

Camus se preocupa por la llamada "condición existencial", es decir los sentimientos y sufrimientos reales del individuo. Para Camus, todos los que hacen soñar a la gente con paraísos en el futuro son unos farsantes. Lo único que tiene valor es lo que se hace para ayudar a ser feliz a la gente que está viva en este mismo instante. Ninguna ideología puede servir de pretexto para hacer sufrir a ningún individuo concreto.

Camus se opone a las revoluciones que causan grandes pérdidas de vidas y de patrimonios culturales. Hay terroristas que, por ejemplo, ponen una bomba en un teatro y matan a muchos inocentes en nombre de hermosas ideas. Camus admira a los líderes que son capaces de inspirar grandes ideales, pero al mismo tiempo de hacer disfrutar a quienes los siguen de los resultados de su lucha y de su esfuerzo. Por lo tanto, Camus dice que los liberales deben intentar siempre, en la medida de lo posible, el camino de una reforma gradual y pacífica, basada en ideas realistas y razonables, y no en fanatismos delirantes a causa de los cuales generalmente muere la gente más pobre e indefensa.

Camus fue un gran artista del lenguaje, galardonado con el Premio Nobel de Literatura; anhelaba que los liberales y los ciudadanos en general tuvieran un gran respeto por la cultura. "Todos los que luchan por la libertad", escribió, "combaten al mismo tiempo por la belleza".

En resumen, los dos puntos básicos del liberalismo ético son el respeto absoluto a la dignidad humana, y el cambio profundo, pero gradual y pacífico.

 

 

EL LIBERALISMO ECONÓMICO

 

El liberalismo inventó el sistema más potente creado hasta ahora por la humanidad para producir riqueza en más cantidad y en más corto tiempo el capitalismo. Todos los otros sistemas que se usaron hasta ahora, como el feudalismo o el estatismo, quedaron obsoletos y fracasaron. El capitalismo  triunfó ampliamente sobre todos ellos.

Según el sociólogo liberal alemán Max Weber (1864-1920) las características económicas propias del capitalismo son el comportamiento ahorrativo, la racionalidad técnica, la elección del mejor medio posible al menor coste, la propiedad privada de los medios de producción, las técnicas de cálculo y el desarrollo de mercados para todos los bienes y servicios, incluido el dinero, el aumento de la competencia, y la especialización de la división del trabajo: según el profesor Andrew Gamble, de la Universidad de Sheffield, el pronóstico de Weber, de que la economía socialista no poda conservar la  riqueza creada por el capitalismo y al mismo tiempo abolir la instituciones que la crearon, resultó más exacto que el pronóstico, demasiado optimista, del filósofo socialista alemán Karl Marx (1818-1883).

Ahora bien, el capitalismo no es una ideología, sino un sistema económico, que al mismo tiempo que produce cosas maravillosas para hacer  más cómoda y sana la vida de la persona humana, también puede producir graves injusticias sociales con sus secuelas de desamparo, hambre y enfermedad de una parte a veces grande de la población. La aspiración del liberalismo, como ideología, es que la riqueza de la sociedad alcance al mayor número posible de personas, y que nadie sufra condiciones de vida infrahumana como consecuencia de la falta de solidaridad social.

El padre del liberalismo económico es el filósofo escocés ADAM SMITH (1723-1790), quien expuso sus ideas principales en un libro titulado La riqueza de las naciones (1776).

A Smith le llamaba la atención cómo era posible que naciones más chicas, con menos población y recursos naturales, podían ser más ricas que naciones más grandes, con mayor población y recursos naturales, Aún hoy,  por ejemplo, el Japón es más rico que China, a pesar de tener menos territorio, población y recursos. Smith quería saber cuál era la causa de la riqueza de las naciones.

Tras muchas investigaciones y comparaciones, Smith llegó a la conclusión de que dicha causa era la forma de organización económica. Los países donde la competencia estaba mejor desarrollada eran más ricos, y aquellos donde no había libre competencia o donde había una competencia mínima eran atrasados y pobres. El mercado libre, es decir, el interés individual en el marco del libre juego de la oferta y la demanda, era la fuente de la mayor riqueza.

La gente se esfuerza más cuando compite con otros, y por lo tanto, produce más. Cuanto más me esfuerzo, más produzco. Por ejemplo, si yo fuera zapatero, trataría de fabricar zapatos de más calidad y más bajo precio que los demás zapateros, para que la gente me comprase a mí; eso haría que los demás zapateros también se esmerasen en mejorar su producto para vender más zapatos que yo. La falta de competencia genera pereza, desgano y mediocridad. El monopolio, la burocracia, el estatismo y la corrupción destruyen la competencia. Cuando más libertad y menos trabas hay para competir, el resultado total de la producción de todos los que compiten es siempre mayor y mejor.

Adam Smith publicó su libro antes del desarrollo del capitalismo maduro, que tuvo lugar en el siglo XIX, a partir de la Revolución Industrial con la creación de las grandes fábricas. Si bien había subrayado la importancia de la solidaridad social en su libro titulado Teoría de los sentimientos morales (1759), Smith no llegó a ver las graves injusticias que causó el advenimiento del capitalismo. La clase obrera industrial, así como la población campesina y marginal, experimentaron condiciones calamitosas de existencia. Esta gente no tenía ninguna protección del Estado. Las leyes sociales no existían.

Muchos filósofos, como Marx, y líderes mundiales, como el papa León XIII (Joaquín Pecci, 1810-1903), protestaron contra estas injusticias. En el Manifiesto comunista (1848) y Crítica al Programa de Gotha (1875), Marx propuso que los obreros se unieran, crearan su propio partido y establecieran una dictadura revolucionaria del proletariado para destruir el capitalismo. Posteriormente, el filósofo y político alemán Eduard Bernstein (1850-1932) argumentó que los pronósticos de Marx acerca del deterioro irreversible de las condiciones de vida de los obreros estaban equivocados  y recomendó a los trabajadores luchar por sus reivindicaciones en forma pacífica.

En su encíclica Rerum Novarum (1891), León XIII sugirió que los católicos debían comprometerse en organizaciones de laicos para hacer realidad en la sociedad la caridad cristiana. Este documento junte con la encíclica Quadragésimo Anno (1931) del papa Pío XI (Achine Ratti, 1857-1939), fundador de la Acción Católica, sirvieron de base para la llamada Doctrina Social de la Iglesia. En su encíclica Mater et Magistra    (1961), el papa Juan XXIII (Ángelo Roncalli, 1881-1963) extendió la responsabilidad social de los católicos a la problemática de la explotación del Tercer Mundo, exigiendo que los países industrializados ayudasen a los países subdesarrollados. En la encíclica Populorum Progressio (1967), su sucesor, Pablo VI (Giovanni Battista Montini, 1897-1978), insistió en que "la opulencia superflua de los países ricos debe ser puesta al servicio de las naciones pobres”.

De las ideas de Marx y Bernstein surgieron respectivamente los partidos comunistas y socialistas. Las ideas de León XIII y los  demás papas sirvieron de aliento para la aparición y la evolución de los partidos demócratas cristianos.

En el Paraguay, el Partido Revolucionario Febrerista es miembro de la Internacional Socialista, y el Partido Demócrata Cristiano está asociado a la Internacional Demócrata Cristiana, también denominada Internacional Demócrata de Centro.

Con el desarrollo del capitalismo en el siglo XIX, se produjo una gran división en el campo del liberalismo, entre los radicales y los conservadores.

El padre del Radicalismo, es decir, del liberalismo moderno social a progresista es el filósofo y político inglés JOHN ATUARTMILL (1806-1873), un genio que aprendió griego a los tres años, y latín a los ocho años, además de varias otras lenguas y conocimientos enciclopédicos.

Con su amante, la escritora y agitadora Harriet Taylor (1807-1859), esposa de un empresario culto y tolerante, Mill difundió gran parte de las ideas más revolucionarias de su época.

En sus obras Sobre la libertad (1859) y La sujeción de la mujer (1869), Mill expuso ideas avanzadas en defensa de los derechos de las minorías y de las mujeres. Las ideas económicas de John Stuart Mili, contenidas principalmente en su monumental libro Principios de Economía Política (1848), vinieron a completar las de Adam Smith para conformar el sistema ideológico del liberalismo económico.

Siguiendo a Smith, Mill admite la competencia como el motor más dinámico de la prosperidad económica, pero también es consciente de las injusticias sociales creadas por el capitalismo. No está de acuerdo con las ideas comunistas, sociales ni clericales. Piensa que aunque la dictadura comunista llegará a corregir la desigualdad, toda dictadura es mala y acaba en el fracaso; no se puede combatir la injusticia social con una injusticia política. También opina que las predicaciones de los papas, aunque son justas y oportunas, no podrán nunca forzar a enmendarse a los egoístas y explotadores.

John Stuart Mill comparte con los socialistas la defensa del sistema democrático y del derecho a la huelga, y la creencia en que la propiedad privada mal organizada puede ser perniciosa para la sociedad, pero discrepa con ellos en su preferencia por el estatismo. El Estado debe permitir y estimular la mayor iniciativa privada posible. Mill está convencido de que una economía competitiva privada basada en cooperativas puede alcanzar alta productividad, con empresas en manos de la gente de trabajo, sin los defectos sociales propios del capitalismo clásico. También es partidario de impuestos sobre la herencia y la tierra, que impidan el agravamiento y la perpetuación de la iniquidad social.

Estas ideas escandalizaron a un grupo de liberales renegados de la ciudad inglesa de Manchester, encabezados por Richard Cobden (1804-1865), quienes se opusieron totalmente a que se concediera a los trabajadores la libertad de asociaciones y de huelga. Los llamados desde entonces manchesterianos son partidarios de la norma del laissez faire [que debe pronunciarse: lesé fer; signica "dejar hacer", en francés]. Esta norma se refiere a que el Estado no debe intervenir jamás y en ninguna circunstancia en la actividad económica de la sociedad.

Los "leseferistas" retomaban así algunas ideas del padre del conservadurismo, el filósofo irlandés Edmund Burke (1729-1797), quien en su libro Reflexiones sobre la Revolución Francesa (1790) había criticado abiertamente el concepto de pacto de Locke. Burke afirma que la sociedad no es solamente un pacto entre los vivos, sino también con los muertos y con los que todavía no nacieron, de manera que no podemos destruir lo que los muertos construyeron ni tampoco sabemos qué querrían conservar los que todavía no nacieron, así que lo mejor es no cambiar nada.

De todas estas absurdas ideas manchesterianas, leseferistas y conservadoras surgió recientemente el mal llamado neoliberalismo (la expresión correcta debe ser: "neo-conservadurismo") del profesor austríaco Friedrich von Hayek (1899-1992) y otros como Ludwig von Mises, Milton Friedrnan y Robert Nozick. En su libro Derecho, legislación y libertad (197379), Von Hayek afirma que el ideal de justicia social es irrealizable en una economía de mercado. La aplicación de las ideas "neoliberales" causó el estrepitoso fracaso de la política económica de George W. Bush en Estados Unidos y Carlos Menem en la Argentina.

Cuando los conservadores no pueden conservar sus privilegios económicos en forma pacífica, recurren a un sistema inventado por el dictador italiano Benito Mussolini (1883-1945), conocido como fascismo. Según el profesor Zeev Sternhell, de la Universidad Hebrea de Jerusalén, el fascismo se caracteriza por la dictadura de un partido policiaco, el terrorismo de Estado, el anticomunismo, el desprecio a la cultura y la inteligencia, la demagogia, el racismo, el culto a la fuerza, la violencia y la brutalidad, la exaltación de un caudillo sagrado, el totalitarismo prebendario, al aplastamiento de la dignidad individual, y sobre todo, el más profundo odio al liberalismo y la democracia. Además del propio Mussolini, han sido ejemplos de dictaduras fascistas los gobiernos de Adolf Hitler en Alemania, Francisco Franco en España, Alfredo Stroessner en Paraguay, Augusto Pinochet en Chile, y los demás dictadores militares del Cono Sur. Alguien sugirió en forma figurada que el neoliberalismo no es más que un apaleador fascista disfrazado de señora de sociedad.

La contribución más importante de John Stuart Mill al liberalismo económico es el concepto de igualdad de oportunidades, que consiste en que el Estado debe ayudar con preferencia a los desventajados, mediante la educación, la asistencia técnica, la reforma agraria y financiera, el sistema de salud pública, el apoyo al desarrollo industrial y tecnológico, y las obras de infraestructura como los caminos, los servicios y el transporte. Sin democracia económica no hay verdadera libertad económica, no hay competencia, y la economía no funciona.

Sin igualdad de oportunidades, la competencia no sería competencia, porque el más rico, educado y fuerte ganaría y sometería siempre al más pobre, iletrado y débil. Al poner en acción el principio de la solidaridad, ayudando a los desventajados a situarse en condicionas de competencia equitativa con los aventajados, el Estado incrementa las energías de toda la sociedad, expande el mercado, califica la mano de obra, mejora la producción de bienes y servicios, alienta el ahorro, eleva la calidad de vida, asegura la estabilidad democrática y hace más fuerte al país.

El sistema de la solidaridad del Estado con los desventajados para asegurar la igualdad de oportunidades fue aplicado con mucho éxito por grandes estadistas liberales como los estadounidenses Franklin D. Roosevelt (1882-1945) y John F. Kennedy (1917-1963), y los paraguayos Manuel Gondra (1871-1927) y Eligio Ayala (1879-1930) quienes llevaron a sus respectivos países a su mayor prestigio internacional. Dicho sistema constituye también un bello testimonio de la grandeza moral del liberalismo económico, que ha sido definido en forma insuperable por la célebre frase de John Stuart Mill: "no puedo ser feliz si veo sufrir a mis conciudadanos".

La Constitución paraguaya de 1992 consagra el principio del liberalismo económico en su artículo 107, que dice: "Toda persona tiene derecho a dedicarse a la actividad económica lícita de su preferencia, dentro de un régimen de igualdad de oportunidades. Se garantiza la competencia en el mercado."

En resumen, los dos puntos básicos del liberalismo económico son la competencia y la igualdad de oportunidades.

 

 

LAS DOCTRINAS SON PARTICULARES

 

La DOCTRINA es la aplicación de una ideología. La doctrina liberal paraguaya es la adaptación de la ideología del liberalismo a las circunstancias históricas, políticas, sociales, económicas y culturales del Paraguay.

La doctrina no es universal; es particular. Tiene fronteras regionales y nacionales. Por lo tanto, desde el punto de vista doctrinario, un liberal europeo y un liberal latinoamericano no son iguales. Las circunstancias en que vive un liberal de Suiza no son las mismas que las de un liberal de Paraguay. La doctrina de un liberal de un país riquísimo como Suiza es muy diferente que la doctrina de un liberal de un país subdesarrollado como Paraguay.

La doctrina del Partido Liberal Radical Auténtico es exclusivamente paraguaya. No hay ningún otro partido liberal en el mundo que tenga una doctrina igual a la del PLRA. Cada partido tiene una doctrina propia.

Por ejemplo, una de las mayores aspiraciones de la ideología liberal universal es que el Estado sea mínimo, que permita la mayor iniciativa privada posible en la vida económica y cultural de la sociedad. Todos los liberales del mundo quieren que el Estado sea mínimo: ese es un ideal común, universal, al que no se puede renunciar sin dejar de ser liberal.

Sin embargo, la doctrina del PLRA dice en el Artículo Primero de sus Estatutos, inciso (c), que el Partido Liberal Radical Auténtico tiene como objetivo, en el orden social, "un régimen de justicia social a fin de que la riqueza nacional se administre mejor para la felicidad colectiva, haga posible la extensión y la difusión de la propiedad y los bienes a todos los habitantes de la República y disminuya las desigualdades sociales y económicas".

Desde el punto de vista doctrinario del liberalismo paraguayo, el Estado no puede ser mínimo en las condiciones sociales actuales de nuestro país. Debe intervenir de manera decisiva en la economía para corregir las gravísimas desigualdades e injusticias que sufre la inmensa mayoría del pueblo.

Por ejemplo, en el Paraguay, el 1% de la población tiene el 77% de las mejores tierras del país; e1 37% de los pequeños agricultores tiene apenas el 1 % de las tierras cultivables. Existen al menos trescientas mil familias campesinas sin tierra para cultivar. E1 35% de los productores no tiene crédito, y el 90% del resto de ellos recibe crédito a través de los acopiadores a una tasa de interés del 100%. El 60% de los niños campesinos menores de cinco años sufre de anemia y desnutrición, y el 60% de todos los niños del país sufre de bocio endémico. El sector campesino carece de seguridad social, atención médica y jubilación. El índice de analfabetismo en el campo es del 80%. De cada cien niños que empiezan la primaria, sólo catorce terminan el colegio y sólo tres ingresan a la universidad (cf. "Economía & Análisis", diario Noticias, 6 de noviembre de 1994).

En cuanto a la vivienda, el 80% de la población carece de agua potable, y e160% de cloaca. E1 73% de las casas de la zona rural tiene paredes rudimentarias, el 75% techos con goteras y el 76% piso de tierra. El 81% no cuenta con baño moderno (Ultima Hora, 11 de noviembre de 1994).

En Suiza, en cambio, donde ya se superaron la pobreza, el analfabetismo, las enfermedades endémicas y otras calamidades sociales, el Estado puede ser mínimo.

 

 

EL PRECURSOR DE LA DOCTRINA DEL PARTIDO LIBERAL RADICAL AUTÉNTICO

 

El precursor intelectual del liberalismo paraguayo es uno de los próceres de la Revolución de Mayo, el doctor FERNANDO DE LA MORA (1785-1830), Vocal Secretario de la Primera Junta Gubernativa, que gobernó del 20 de julio de 1811 al 30 de setiembre de 1813. El retiro de los doctores José Gaspar de Francia y Francisco Javier Bogarín convirtió a la Junta en un Triunvirato, compuesto por De la Mora, Fulgencio Yegros y Pedro Juan Caballero, quedando el primero a cargo del gobierno y los demás a cargo de la milicia.

Aplicando la teoría de la soberanía popular de Locke en varias notas y bandos. De la Mora elabora la doctrina de la Independencia Nacional y el proyecto de una sociedad democrática y moderna sobre bases liberales.

En la Nota de la Junta paraguaya a la de Buenos Aires, del 20 de julio de 1811, que viene a ser la Declaración de la Independencia del Paraguay, el doctor De la Mora afirma: "Abolida la representación del poder supremo [el Gobernador del Rey], éste queda naturalmente refundido en toda la nación. Cada pueblo se considera entonces participante del atributo de la soberanía, y aún los ministros públicos han menester su libre consentimiento para el ejercicio de sus facultades".

Fernando de la Mora adopta aquí el concepto de pacto democrático representativo de Locke. Más adelante extiende su teoría del derecho a la insurrección, no solamente respecto a la Corona española, sino también a cualquier otro poder extranjero, como podían ser en aquel momento Portugal y la provincia de Buenos Aires. Declara necesario que el Paraguay "se resolviese seriamente a recobrar sus derechos usurpados, para salir de la antigua opresión en que se mantenía, agravada con nuevos males de un régimen sin concierto, y para ponerse al mismo tiempo a cubierto del rigor de una nueva esclavitud de que se sentía amenazada".

Y concluye con la frase más famosa de la historia política paraguaya: "Se engañaría cualquiera que llegase a imaginar que la intención del Paraguay había sido entregarse al arbitrio ajeno, y hacer dependiente su suerte de otra voluntad. En tal caso nada más habría adelantado, ni reportado otro fruto de su sacrificio, que el cambiar unas cadenas por otras y mudar de amo".

Esta frase está estampada en la pared de entrada de la Casa de la Independencia, de la calle 14 de Mayo de Asunción, cerca de un retrato al óleo del Prócer, realizado en la Escuela de Bellas Artes de Madrid. Todos los liberales debemos visitar la Casa de la Independencia, que es el verdadero templo del liberalismo y los demócratas del Paraguay.

Se debe al puño y a la letra del doctor Fernando de la Mora la mejor definición doctrinaria del liberalismo paraguayo. Se cierra con ella la Nota del 20 de julio. Ningún paraguayo, y tal vez ni siquiera John Locke, escribió nunca una frase más sencilla y clara: "La libertad es el edificio de la felicidad común".

La política de fomento a la educación, la cultura y el desarrollo del presidente Carlos Antonio López (1792-1862), de 1841 a 1862, estuvo inspirada por las ideas del estadista de la Revolución de Mayo.

 

 

EL PARTIDO LIBERAL RADICAL AUTÉNTICO

 

El Partido Liberal Radical Auténtico fue fundado en Asunción e110 de julio de 1887 por tres núcleos de personas: gente de trabajo, de la Sociedad de Artesanos del Paraguay, como Manuel Paradeda y Juan Cirilo Mendoza; héroes de la Guerra contra la Triple Alianza, como don Antonio Taboada, el mayor Eduardo Vera y el coronel Florentín Oviedo; y jóvenes intelectuales como José de la Cruz Ayala (Alón) y Cecilio Báez.

El fundador y primer presidente del Partido fue don ANTONIO TABOADA (1848-1913), natural de Villarrica, héroe de la guerra, diputado nacional, que sufrió prisión y exilio durante los gobiernos de los "legionarios".

Los "legionarios" eran aquellos paraguayos enemigos del gobierno nacional que colaboraron con el ejército argentino durante la guerra;' después de la muerte del mariscal López muchos de ellos se hicieron ricos saqueando los altares de las iglesias y las casas de las familias patricias, robándoles sus cubiertos, alhajas y campos, y entregando las tierras del Estado a los latifundistas extranjeros. Entre los fundadores del PLRA no figura ningún legionario. Según documenta el doctor Carlos Pastore, La Industrial Paraguaya S. A., que adquirió más de dos millones quinientas mil hectáreas en la región Oriental a precio insignificante, ganó en diez años más de cinco veces el capital invertido. Uno de los fundadores y propietarios de esta sociedad fue el general Bernardino Caballero, bajo cuyo gobierno fue ordenada la venta de los yerbales del Estado. El brillante intelectual colorado, doctor Manuel Domínguez, afirmó en 1904 que los gobiernos de su propio partido "habían malbaratado las tierras públicas".

Según el investigador estadounidense Frank O. Mora, las compañías angloargentinas La Industrial Paraguaya y Carlos Casado pasaron a ser propietarias de más de la mitad de la Región Oriental y casi todo el Chaco.

Los legionarios constituyen la base de la formación social de la oligarquía nacional. El Partido Colorado fue fundado por veintitrés legionarios. Uno de ellos, José Segundo Decoud, afirma en su folleto Cuestiones políticas y económicas (1877) que la única solución para el Paraguay es "el elemento extranjero", porque los paraguayos "son poco afectos al trabajo y prefieren en su mayor parte la vida haragana y vagabunda". En 1879, Decoud suscribió con el canciller Quijarro, de Bolivia, un tratado que cedía al país andino todo el territorio del Chaco al norte del paralelo del Río Apa; dicho tratado no fue ratificado por el Congreso Nacional, pero causó una gran indignación popular.

El primer periodista del Paraguay, José de la Cruz Ayala (Alón), uno de los fundadores del PLRA, escribió como respuesta a dicho folleto: "el pueblo paraguayo no puede confiar sus destinos a los que ayer han empuñado el acero fratricida contra sus mismos hermanos. El Paraguay no puede ser esclavo de otro pueblo. La Asociación Republicana sigue la ruta que le trazan las inspiraciones de un traidor a la patria. Su cerebro es el cerebro de un anexionista que quiere conducirnos a la muerte de la nacionalidad paraguaya" (El imparcial, 9 de octubre de 1887).

Don Antonio Taboada fue uno de los organizadores de la gesta popular del 18 de octubre de 1891 contra el gobierno colorado del legionario Juan Gualberto González, en cuyo gabinete Decoud se desempeñaba precisamente como ministro de Hacienda. Ese día murieron heroicamente por la libertad el mayor Eduardo Vera y el diputado Juan Machaín. Aunque los liberales fueron derrotados el 18 de octubre, el ejemplo de sus mártires inspiró nuevos sacrificios y luchas.

En agosto de 1904, Taboada encabezó una nueva insurrección popular, que contó con el apoyo de gran parte de los propios colorados, contra la dictadura del coronel Juan Antonio Escurra. El jefe militar de la revolución fue un brillante general y abogado, Benigno Ferreira, sobrino de Fernando de la Mora. Esta vez los liberales triunfaron. Con gran humildad, Taboada declinó el ofrecimiento que le hicieron sus partidarios de ocupar la primera magistratura. El 19 de diciembre de 1904 el Congreso Nacional nombró como Presidente de la República a don Juan Bautista Gaona (1845-1932). Era el primer liberal paraguayo que llegaba a ese cargo.

Con plena justicia escribió el doctor Cecilio Báez en el epitafio de don Antonio Taboada, quien falleció en Villarrica el 16 de mayo de 1913; "El Partido Liberal está en el poder. Allí lo ha colocado su fundador". La Comisión Directiva del Partido Colorado exaltó la actuación de Taboada "en la vida democrática nacional", en una nota oficial de condolencias firmada por Pedro Peña y Enrique Solano López e121 del mismo mes.

 

 

LA DOCTRINA DE LOS CÍVICOS

 

Antonio Taboada fue el líder de un importante movimiento del Partido Radical Auténtico, los llamados cívicos.

Este movimiento tuvo una influencia fundamental durante los primeros ocho años de gobiernos liberales, que correspondieron a los presidentes Gaona (1904-1095), Cecilio Báez (1905-1906), Benigno Ferreira (1906 1908), Emiliano González Navero (1908-1910), Manuel Gondra (1910-1911), Albino Jara (1911), y Liberato Rojas (1911-1912).

Taboada falleció precisamente al final de dicho período, y se puede decir que su movimiento se extinguió con él.

González Navero y Gondra no eran cívicos sino radicales. Como tales eran mucho más progresistas que los cívicos, especialmente en el aspecto social, pero no pudieron imponer sus criterios. Cuando fue electo presidente en 1910, Gondra se declaró heredero de los ideales sociales de Alón, y anunció que su gobierno pondría "especial cuidado al problema social de la tierra". Gondra apenas gobernó cincuenta y tres días. Este fue un periodo de inestabilidad política y económica, enervado por las ambiciones personales del coronel Albino Jara, que concluyó con una breve presidencia del colorado Pedro Pablo Peña en 1912.

Si bien la doctrina de los cívicos era algo conservadora en el aspecto social, hay que destacar en ella una interesante característica política, que fue la permanente actitud de concordia y de diálogo.

La mejor exposición de la doctrina del diálogo de los cívicos está sintetizada en el discurso que pronunció don Antonio Taboada, como Presidente del Partido, en la convención del 22 de abril de 1906: "La revolución se hizo a base del Partido Liberal, pero sin bandera partidista. Acaso esta sabia medida haya constituido su mayor fuerza. En la revolución pudieron alistarse liberales, colorados y neutrales; todos los que perseguían el mismo ideal de regeneración. El Pacto del Pilcomayo ha depuesto las armas, y lo que es más, los odios y los rencores. Desde el día siguiente no había vencedores ni vencidos. Es menester una política de prudencia, moderación y tolerancia".

En efecto, por el Pacto del Pilcomayo, firmado por Escurra y Ferreira el 12 de diciembre de 1904, liberales y colorados acordaron una transición moderada y pacífica: el reemplazo de Escurra por Gaona, la conservación de los ministerios del Interior y de Justicia e Instrucción Pública por los colorados, y una amnistía política general.

 

 

LA DOCTRINA DE LOS RADICALES

 

MANUEL GONDRA (1871-1927) fue el líder de los radicales, el movimiento que sucedió a los cívicos en la conducción partidaria.

Gondra había nacido en Buenos Aires, de padre argentino, pero su madre paraguaya le infundió un amor al Paraguay tan intenso, que su hijo prefirió la patria materna, a la que sirvió mediante una larga carrera docente y literaria, y arriesgando varias veces la vida en combate por la libertad de su pueblo. Como político y maestro, gozaba de gran influencia sobre los jóvenes dirigentes radicales porque había sido profesor de la mayoría de ellos en el Colegio Nacional.

Según testigos de la época, don Manuel Gondra fascinaba a la gente por sus cualidades humanas, éticas e intelectuales. Caso notable, pero no inusual, de un patricio dedicado a la reivindicación de la clase popular, a veces contra los intereses de su clase de origen. José Asunción Flores dedicó a Gondra una de sus primeras guaranias.

El Partido gobernó el Paraguay con su programa radical desde el 22 de marzo de 1912 hasta el 17 de febrero de 1936. Esta fue la época en que el Paraguay alcanzó indudablemente mayor fuerza moral y material, así como mayor prestigio internacional. Desde la época del Presidente Carlos Antonio López el Paraguay no conocía tanto desarrollo económico, estabilidad política y equidad social. A lo largo de veinticuatro años de brillantes gobiernos, los radicales sanearon la economía, racionalizaron el Estado, moralizaron la administración pública, abrieron las puertas de los Poderes del Estado a los ciudadanos de todas las tendencias políticas, consolidaron una Justicia honesta e independiente, desarrollaron la educación y la cultura, aplicaron leyes sociales y organizaron unas Fuerzas Armadas modernas de alta calidad profesional, que defendieron la soberanía nacional durante la Guerra del Chaco bajo el mando de un Comandante en Jefe civil y democrático manteniendo en poder del Paraguay lo que es hoy e162% del territorio nacional. Ciertamente pocos Partidos del mundo hicieron tanto por su país en todo el curso de la historia.

Dicho período corresponde a los presidentes Emiliano González Navero (1912), Eduardo Schaerer (1912-1916), Manuel Franco (1916-1919), José P. Montero (1919-1920), Manuel Gondra (1920-1921), Luis A. Riart (1923), Eligio Ayala (1923-1928), José P. Guggiari (1928-32), y Eusebio Ayala (1921-1923; 1932-1936).

Entre estos presidentes se encuentra el mayor estadista paraguayo de todos los tiempos, el doctor Eligio Ayala.

Aunque Gondra falleció en 1927, el movimiento siguió conduciendo el Partido bajo el liderazgo de José Patricio Guggiari (1884-1957) y de Carlos Pastore (1907-1996).

La línea cívica proponía una búsqueda de acuerdos con los demás partidos, y una posición conservadora en materia social. La línea radical planteaba lo opuesto: un compromiso profundo con las reivindicaciones de los desventajados y una intransigencia dura y combativa respecto a todos los adversarios políticos.

El pueblo entendió perfectamente el compromiso de los radicales en aquellas circunstancias. Por ejemplo, en 1923 el gobierno de Asunción entregó armas a los trabajadores, con el objeto de defender la capital del ataque de una coalición oligárquica de militaristas, colorados y cívicos, que fueron derrotados.

La mejor exposición de la línea dura radical está sintetizada en el célebre discurso titulado "También somos la fuerza", que pronunció don Manuel Gondra en la convención del Partido, que tuvo lugar en el Teatro Nacional (hoy Municipal), el 15 de agosto de 1908.

Dijo Gondra: "Yo comprometo el honor y el nombre de los ciudadanos del Partido Radical en el sentido de que, si se ha tenido que recurrir a la fuerza, ha sido sólo para remediar los males que aquejaban a nuestra patria. Ejercitemos nuestros derechos sin vacilación y así no volveremos a correr el peligro de atravesar periodos en que un extranjero, al salir de la República, pudiera bajar y escribir sobre las ruinas de Humaitá, "pueblo de siervos, no os falta sino un dictador". Se equivocan quienes piensan que venimos con propósitos hostiles hacia esta agrupación o aquella otra, negándoles el reconocimiento de sus derechos. ¡No! Lo que queremos es que en la República alguna vez sea verdad el principio de que es el pueblo quien realmente gobierna. Con el olvido generoso de los errores todos los ciudadanos cultivarán los sentimientos altruistas y nobles y rendirán culto a nuestra querida patria".

Y concluía: "Aceptemos el pasado íntegro de nuestra patria, con sus errores, con sus glorias, con sus sufrimientos y con sus martirios. No busquemos faltas ni errores en la tradición y respetemos todo el pasado, respetemos hasta nuestra tiranía, ya que nuestro tirano ha sido el único de los tiranos de América que supo morir teniendo en sus labios el nombre de la patria. Así pues, señores, con estas ideas y estos sentimientos, debemos constituir el Partido Liberal, porque únicamente así podremos realizar el común anhelo de confraternidad y de concordia entre todos los ciudadanos. Su divisa deben ser estas palabras: somos la razón, la justicia, somos el derecho; pero cuando se nos obliga, también somos la fuerza".

Gracias a la política dura y ascética de los radicales, el Paraguay mejoró su situación social, su defensa nacional y sobre todo, su cohesión moral, que permitieron la victoria del Chaco en 1935. Lo que el gobierno de los Ayala y Guggiari y el pueblo del Paraguay hicieron en aquella circunstancia, ante la invasión de las tropas bolivianas, fue aplicar al pie de la letra la doctrina gondrista, y demostrar que teníamos tanto el derecho como la fuerza.

 

 

LA DOCTRINA ACTUAL DEL PLRA

 

En los años treinta surgió en el mundo una gran epidemia política de dictadores fanáticos y salvajes. Desde 1936 el Paraguay padeció varias dictaduras militares. La peor y más larga de ellas fue la del general colorado Alfredo Stroessner, de 1954 a 1989. Fue una larga y oscura etapa de verdadera vergüenza nacional, plagada de atraso, miseria, corrupción y violación de los Derechos Humanos.

El principal interés del dictador y sus secuaces eran enriquecerse con el dinero del pueblo. Robaron las arcas del Estado mediante coimas, licitaciones fraudulentas, adjudicaciones ilegales de tierras, contrabando de cigarrillos, perfumes y licores, evasión de divisas e impuestos, tráfico de drogas, de coches, de bebés, de pieles silvestres, de rollos y de armas, prostitución, casinos, estafas, chantajes, lavado de narcodólares, y usura.

Los ciudadanos que denunciaban estas fechorías amenazaban él bolsillo de los narcotraficantes; usureros y contrabandistas, de manera que debían ser asesinados, torturados, encarcelados, exiliados, calumniados y aterrorizados. En la escuela militar se enseñaba que el enemigo no era ya una posible potencia extranjera sino la gente decente de dentro del país. Toda persona honrada era comunista y subversiva.

Nunca el pueblo pudo acceder a una buena educación, una vivienda digna, una atención adecuada de su salud, unos préstamos razonables ni una asistencia técnica para desarrollar el país.

El dinero que faltaba para atender al pueblo era el mismo dinero con que los ladrones compraban sus palacios en Punta del Este, Miami, Guaratuba y otros balnearios extranjeros, donde manifestaban a sus anchas su odio al Paraguay, enceguecidos por orgías, borracheras y cocaína, mientras la gente de trabajo moría de hambre. En medio del atraso, la miseria y la incomunicación de unas rutas escasas, incómodas, inseguras, mal trazadas y siempre en estado calamitoso, el avión privado de los ladrones se convirtió en el símbolo de la injusticia social. Ellos eran los únicos que se libraban del barro, los baches, las lluvias y los accidentes. Con sus aviones, los bandidos se dedicaban impunemente al contrabando y el tráfico de drogas, sobrevolaban nuestra patria sin caminos, y despreciaban desde la altura a nuestro heroico pueblo que tenía en la bandera azul el símbolo de su más gloriosa e imbatible esperanza.

Durante esos difíciles años de lucha y resistencia, el Partido contó con la dirección de ilustres presidentes, como los doctores Carlos Pastore, Gustavo González, Efraím Cardozo, Carlos Alberto González y Domingo Laino. Líderes políticos como ellos, pastores religiosos como Ramón Bogarín Argaña e Ismael Rolón, y grandes artistas populares como José Asunción Flores y Maneco Galeano se convirtieron con el tiempo en auténticos símbolos nacionales por saber encarnar la dignidad del pueblo paraguayo en momentos tan difíciles.

Los grandes ladrones, así como los idiotas y mercenarios que los rodean, y en general todas las personas que odian a la patria, agredían y siguen agrediendo al PLRA porque no quieren perder sus privilegios económicos ilegales. Aun hoy, después de dos décadas de vigencia aunque imperfecta de la democracia, los grandes ladrones aprovechan su control de gran parte de las fiscalías y el Poder Judicial para atacar a la gente decente, usando contra los liberales la difamación y la violencia, como antes usaban la picana y la pileta.

Desde el punto de vista doctrinario, la doctrina actual del Partido Liberal Radical Auténtico ha superado la antinomia de los cívicos y los radicales paraguayos.

Aglutinando en una política inteligente y estable la flexibilidad política de los cívicos y la intransigencia social de los radicales, los principales dirigentes actuales del PLRA proponen una fórmula sencilla, responsable y seria: un gobierno de unidad nacional abierto a todos los paraguayos con la única condición de que luchemos juntos para profundizar la democracia y acabar con la injusticia social.

Con la mística de un partido de masas como el Partido Liberal Radical Auténtico, cuyo pueblo altruista no responde a prebendas sino a su propia convicción, el Paraguay podrá alcanzar el destino que soñaron Fernando de la Mora, Carlos Antonio López, Antonio Taboada, Manuel Gondra y Eligio Ayala.

 

 

 

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