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EPIFANIO MÉNDEZ FLEITAS


  EPIFANIO VERSUS UNIDAD - HISTORIA DE UNA INFAMIA COLORADA, 1954


EPIFANIO VERSUS UNIDAD - HISTORIA DE UNA INFAMIA COLORADA, 1954

EPIFANIO VERSUS UNIDAD

HISTORIA DE UNA INFAMIA COLORADA

Asunción – Paraguay

1954 (30 páginas)

 

 

PRÓLOGO

Presentamos nuevamente en esta serie de publi­caciones de "Historia de una infamia colorada" al falsario máximo de la política, Epifanio Méndez.

Locuaz inverecundo, vacuo y sin conceptos, artífi­ce fracasado del desprestigio partidario, vengativo como todo ser inferior, causó cuántos males pudo al pueblo colorado.

Hizo tabla rasa de la Unidad Partidaria. Del vocero oficial del partido hizo un pasquin. Desde sus columnas esgrimió el puñal de la traición, del odio y de, la igno­minia, acuciado por el miedo derivado de sus crímenes y sus robos.

En la gesta cívica del 27 de Octubre de 1955, besó, como Judas, el sello del reencuentro que trató de evitar. En aquella ocasión, ocultó su cobardía tras su felonía inveterada, pronunciando palabras que no estaba dis­puesto a respetar.

Nunca quiso que los colorados formaran un solo pueblo. Prefirió el claquismo nefando, la adulonería farisaica, el elogio rastrero de sus cómplices, la loa cir­cunstancial con acompañamiento de una guitarra pul­sada por sus paniaguados.

Payaso sin jerarquía al que sólo pudieron seguir otros bufones de su condición, arquetipo del cinismo, demagogo consuetudinario, se jacta de ser autor de la unidad.

Mentira! Su bisturí emponzoñado cercenó cuanto pudo la Unidad Partidaria dejando huellas imposibles de olvidar.

Su fuerza es un mito en el que no cree ni él mismo. Su "firmeza", una máscara grotesca que no alcanza a ocultar su debilidad.

Su campaña difamatoria contra correligionarios honestos y capaces, demuestra su proterva mentalidad. Su charlatanería insustancial ya no alcanza a engañar ni a los más ingenuos. Su esquizofrenia, su megaloma­nía, su mesianismo, se traducen en una dialéctica vipe­rina, en la que sólo entran la intriga, la calumnia, la mentira.

Para dar testimonio de su rastrera condición, no hacen falta comentarios. Basta presentar al Arquetipo de la Discordia Colorada en su verdadera dimensión de falso apóstol de la Unidad Partidaria.

En estas páginas, que están al margen de la dis­cusión porque su autor es él mismo, el lector podrá apre­ciar los males causados por este traidor no solamente al partido como agrupación política, sino también, y en especial, a los más genuinos mentores del coloradismo.


 

DEFINICIÓN DE UNA ÉPOCA

Evidentemente, la posición del Partido hubo de su­frir un socavamiento a fondo, con la cooperación consiente o inconsciente de diversos factores... El Partido estaba demasiado confiado en la buena fé universal de los hombres..., el espíritu de tolerancia y apaciguamien­to que dominaba y domina en el Partido, facilitó la pene­tración enemiga en sus cuadros directivos y populares, no haciéndose cuestión de merecimientos efectivos para la admisión en las altas posiciones gubernativas y parti­darias. Bastaba que la gente se aviniera a trabajar por el país bajo el patrocinio del Partido, para que tuviese a mano todos los medios de acción deseados. Se entien­de que esta oportunidad era ofrecida particularmente a los correligionarios; pero no todos los correligionarios eran leales a la situación política imperante ni, menos, que todos pudieran reunir merecimientos positivos a su favor. De este modo fuese formando poco a poco una especie de confabulación gremial de los sin historia de solidaridad combativa para la creación del orden traba­josamente establecido, contra los otros que, en una u otra forma, habían prestado su concurso en horas de suprema significación para el país y para el Partido.

Estos hechos provocaron, de rebote, la insurgencia casi espontánea de métodos y situaciones que se desconocían hasta entonces en la vida partidaria: el predo­minio de los transfugas, traidores y usureros políticos, para la extensión de la propaganda, en la calle y en el Partido, bajo invocación presidencial, contra la gente más abnegada e, incorruptible del régimen. Y sobrevino, lógicamente, una tormenta de intrigas, calumnias e infamias, comparable tan solo con la época siniestra del Natalicismo. Como no podía ser menos, pues había ocurrido esta rara coincidencia: que, paso a paso, el régimen del 26 de febrero y del 7/11 de setiembre del 49, había ido recayendo, por fragmentos, en manos de los mismos que habían constituido aquel sistema de iniquidad.

Los correligionarios deben distinguir en adelante a los falsarios del Partido que, so capa de un puritanismo que lo explotan para la industria propia, se emperran. entre tanto en disminuir el valor moral de los que; a pesar del descalabro conceptual reinante, todavía man­tienen el pudor y la honradez por escudos. Y los corre­ligionarios deben también distinguir en el futuro a los servidores del país por el Partido, de los que solo ambi­cionan el poder para la exhibición oropelesca, el ma­niobrerismo artero y los negociados. Una vez más ha ocurrido que "los que siembran vientos recogen tempes­tades". Así también los que siembran intrigas y fraguan mentiras, no podrán escapar al final forzoso de los calumniadores; y es que, tarde o temprano, caigan envueltos en las redes de su propia perversidad.

Así pues, la hora es de definiciones fundamen­tales: o se está con el sistema del camandulerismo venal y traicionero, que uno contra otro nos conducirá a la lapi­da y al olvido; o se está con el nuevo régimen, o sea con el espíritu renovado del Partido, para la defensa intransigente de los altos intereses de la Nación; con "firmeza", lealtad y patriotismo. Pero, para eso, hay que hablar claro y ser hombre.

De "Patria", del 20-5-54


 

LOBOS DISFRAZADOS DE CORDEROS

Desde los las precursores del Atraco a la Conven­ción del Coloradismo, se viene agitando la bandera de la "unidad partidaria" a modo de fórmula sacramental de la escisión. los que hoy la proclaman de nuevo no estarían imbuidos de idénticos propósitos?. Si así procedieron en el pasado y no cambiaron de espíritu al presente, será posible creer en la buena fé sin reser­vas de tales objetivos?.

La larga experiencia que llevamos de trato con esos “lobos disfrazados de corderos” nos impele a que si hemos de pisar este Terreno, lo hagamos con pie de plomo. En realidad, sería engañoso pensar que el Par­tido no esté confrontando problemas de orden interno, difíciles y delicados. En política, mas vale reconocer los hechos como son, que fundar premisas sobre falseda­des para luego poner el grito en el cielo ante el primer desengaño. Que es lo que caracterizó al guionismo; cuando llegó la hora del derrumbe, llenó de injurias a sus víctimas, tachándoles por su caída, como si en ella hubiesen otros culpables que no sean sus propios errores y fracasos.

Ciertamente el Partido atraviesa por un período de crisis innegable; pero de ahí a arbitrar la solución a la manera guionista, es ya una cuestión más compleja de lo que pueda parecer a simple vista. La política es una materia dúctil como la cera, si se la maneja con criterio meramente oportunista, pero siempre que se la administre dentro de normas y principios cardinales -que es la única forma de dignificar y enaltecerla para su eficacia redentora- la cosa cambia por completo. Entonces ya no es cuestión de que nos llenemos de mimos y abrazos y profesemos "in vote" la religión de la "unidad", mientras al propio tiempo estemos nomás en espera de la ocasión para hincar las uñas en la carne de los correligionarios. La táctica predilecta de los po­líticos a la antigua, de pensar una cosa, decir otra y hacer una tercera, es posiblemente la principal de las causas por que el Partido esté así como está.

Pero, hay que convenir que esa política nunca ha sido la de los demócratas; si alguna excepción hubo en limitados sectores en los últimos tiempos, salta a la vista que ello se debió más bien a la infiltración -de elementos contradictorios en las filas del Partido que como se vio después, su único aporte visible fue el des­quicio espiritual que promovieron en todas partes, hasta dejar de nuevo en tierra el orden de paz difícil­mente logrado en cinco años de trabajo. En este sentido, nadie podrá señalar a los demócratas de la más remota culpabilidad; cada uno a su turno, cuando las circuns­tancias lo exigían, abandonaron tranquilamente sus posiciones, y hasta sus hogares, para ahorrar problemas al Partido. Esa es la verdad al desnudo, que no habrá malicia capaz de tergiversarla. Si el régimen guberna­tivo se vino abajo, fue por causas de orden estructural que no por espíritu de contradicción. Ningún régimen puede sobrevivirse, como en el caso de los demócratas, si antes estuviera minado por la anarquía.

En cambio, no puede decirse lo propio del guio­nismo. Promotor delictuoso del Atraco a la Convención del 47; autor responsable del asalto a las finanzas y a la economía del país, al amparo de un régimen de terror que llenó de ignomia el historial del Partido; desquicia­dor por antonomasia del sistema de convivencia respetuosa entre los correligionarios; no será por cierto fácil de armonizar con su espíritu la posición serena y sin dobleces de los demócratas. El momento es de su­mar, sin duda; pero de cifras con signos coincidentes, que no de signos contrarios, que a la postre nos deje con menos haber y poder que nunca. Los demócratas sabemos lo que son esos "lobos disfrazados de corderos".

De "Patria", del 21-5-54.


 

MENTALIDAD LLAMADA A DESAPARECER

Como último recurso para volver a la actualidad, los guiones han lanzado a la circulación un panfleto en los días da la pasada semana, creyendo que así aparecerían simpáticos ante la opinión de los colorados y se ganarían la confianza de la población imparcial y bien intencionada del país, sin militancia en las filas del Partido. En su vano intento por la recuperación de las posiciones partidarias perdidas, por su inconse­cuencia y deslealtad a los principios sustentados por nuestra nucleación, se permitieron invocar una investi­dura que no les correspondía, ni puede corresponderles, dada la situación equívoca en que se encuentran, desde la cual pretenden, con sofismas y hueca literatura en­gañar a -los ciudadanos que permanecen fieles a sus idea­les de colorados y paraguayos.

De ningún modo, estos señores pueden conseguir el propósito que con tan malsana intención -se están afanando por alcanzar. Nuestro pueblo, educado en la escuela del deber, dé la corrección y del sacrificio, ha dejado de ser un rebaño o ten elemento de fácil manejo para los malos conductores. Pasaron las épocas en que los acostumbrados a las engañifas y tortuosas maquina­ciones, disponían a su antojo de la valiente masa republicana, para mantener, contra viento y marea, su preeminencia política, aun cuando sus nefastos planes trajesen como consecuencia la destrucción de la Patria y el mutilamiento de sus instituciones. Estamos compro­bando que el país está viviendo una etapa de su recu­peración, no obstante las interferencias de sus MALOS HIJOS por evitar que prosiga el derrotero de su pro­greso, de su tranquilidad y de su bienestar. Y es, de esta clase de ciudadanos sin escrúpulos, que nuestro pueblo ya no quiere saber nada.

Alguna vez tenían que recibir el castigo que me­recidamente les ha aplicado la opinión nacional y partidaria, justamente en estos instantes qué todos los paraguayos y especialmente los colorados, se encuen­tran comprometidos en la gran tarea de forjar una Patria digna, rica y respetada. Antes de ahora no qui­sieron doblegarse a la evidencia de su impopularidad dentro del Partido; o, pensaron talvez, que con posturas teatrales podrían reivindicarse en el concepto partidario. Pero, falsos como son, no echaron de ver que también eran falsas las esperanzas alimentadas y que, por eso mismo, eran inútiles sus ilusiones de volver a con­quistar el corazón del pueblo colorado.

Los guiones constituyen una mancha que debe ser borrada del organismo de nuestra asociación política, por involucrar un peligro constante frente a la acción salvadora del Partido. Es un peligro, porque su doctrina y su mente, se hallan envenenadas de maldades que no tienen remedio. El deber de todo colorado, está en aportar su cooperación valiosa en este sentido a fin de que la República disfrute de paz y los paraguayos gocen de los beneficios que ella reporta. Cuando haya llegado el día -y este llegara sin mayor demora, porque así lo quiere el patriotismo colorado- el clarear de una nueva aurora despejará de sombras el cielo de la Patria. Y entonces si que, como nunca, la mentalidad guionista tendrá mucho menos motivo de subsistir.

De "Patria", del 2-6-54.


 

LA DISYUNTIVA INTERGIVERSABLE: O "DEMOCRATAS" O "GUIONEROS"

La política es realidad, y en la realidad, no hay disimulo. Es el punto en que disentimos con muchos; pues, se ha hecho escuela de la simulación y la mentira política. A esta circunstancia se suma actualmente el utilitarismo, dando por resultado una mezcla de doblez y de cinismo universalizados.

Nos referimos sí, a aquellos copetudos que, al par de medrar en altas posiciones oficiales no pierden ocasión para denostar contra el régimen y sus hombres representativos.

Porque hay que comprender, al fin y al cabo, que el actual Gobierno responde a una orientación preesta­blecida por virtud de acaeceres históricos, que ya no está en manos de nadie modificar.

En efecto, la preeminencia del sector demócrata, antes que sea determinado por el capricho personal de dos o tres, es el fruto de la lucha sostenida entre las fuerzas desquiciadoras del Guionismo, por una parte, . y el espíritu de orden y de progreso del Sector Demó­crata, por la otra.

Es posible que mucha gente ignore, o simule ignorar, esta realidad; por interés personal o convenien­cia de círculo. Pero, es indudable que un alto porcenaje de los que jamás abandonaron la arena y que siguen manteniendo el viejo espíritu de lealtad a la causa abrazada, saben que todavía resta un largo trecho a cumplir, para que logremos dejar a salvo esos peligros que acechan a nuestras obras -que, entre paréntesis, las hay algunas, en méritos de los que nos combaten porque no las tienen en absoluto- y también a las conquistas de índole espiritual con que, evidentemente, se ha trabajado para la paz y la tranquilidad de la República.

Todo ello correría el riesgo de perderse y confun­dirse con Guionismo. Nadie como nosotros para estimar, en su crudeza aleccionadora, semejante eventualidad. Por tanto, fuéramos delictivamente inconscientes, si no diéramos la señal de peligro, en presencia de los procedimientos que han puesto en marcha' los enemigos de nuestro régimen, con el fin de desorientar y confundir a los correligionarios. Y no tan sólo, ya a éstos, que todo el país conoce la mentalidad guionista, y no-hace falta exagerar la nota, para que nadie se deje sorprender por sus maquinaciones.

Así pues, hay que insistir una y otra vez, allí donde sea necesaria, que el problema no está en que los enemigos del Gobierno se retuerzan de impotencia y de despecho, ante la "firmeza" de los demócratas con historia combativa y con fuerza moral irreductible; sino que, por debilidades de carácter, o por intereses menudos, los amigos se dejen engañar por los cantos de sirenas del Guionismo.

La disyuntiva no ha cambiado desde el 26 de Febrero del 49; o Demócratas o Guiones; esa es la cuestión. Ni los últimos, ni nosotros, podríamos disimular este hecho indisputable. Ante la realidad del problema están demás las palabras mentirosas.

Esta manera de encarar el problema, no es cierta­mente de un energúmeno, como quieren hacer creer nuestros enemigos, porque no nos prestamos a secun­darlos en ninguna forma...

Es, justamente, la peregrina pretensión de nues­tros inefables "unionistas". Pero, hay que padecer de insanable estupidez para dejarnos engatuzar tan man­samente; otra cosa fuera, si al menos nos hablaran con franqueza; que así podríamos talvez discutir.

De "Patria", del 3-6-54.


 

"UNIONISMO" O "DIVISIONISMO"

El llamado Consejo Nacional de Unificación Parti­daria, en su propósito nada concorde con el buen sentido que siempre ha caracterizado a nuestro pueblo, creyendo que las masas coloradas le responderían en sus planes disociante, para salir con las suyas de "en río revuelto, ganancia de , pescadores", sigue con inaudita inconciencia, propalando la absurda especie de que, quienes tienen interés por el Partido y quieren ver a la Asociación Nacional Republicana libre de ata­duras, han de alistarse en sus filas, como única manera de servir a la Patria y a los bien entendidos intereses del Coloradismo.

La campaña de anarquización en que afanosa­mente se hallan empeñados sus componentes; los mé­todos que ponen en práctica para conseguir que el engaño penetre entre los correligionarios, no les darán el resultado que ellos apetecen, porque, con la mentira, la doblez y la deslealtad a los principios partidarios, les pasará lo que suele pasar a quienes levantan edi­ficios sobre arenas movedizas, que al soplo del más insignificante vendaval, se desploman, no quedando siquiera rastros de haber existido sobre la tierra. Vano será el propósito de esta clase de colorados que no pueden, por la mezquindad de su espíritu, realizar algo que sea perdurable en bien del Partido. Ellos consideran, que con la indisciplina y el desacato a las normas de la convivencia partidaria, podrán efectivizar el reinado de la paz y la justicia y aquietar el desborde de las pasiones, sembradas por ellos en todos los rincones de la República.

Con propagandas como las que están desencade­nando, al margen de la más elemental consecuencia con los ideales de nuestra gloriosa nucleación política, anarquizadoras y destructivas de los valores morales y espirituales del Partido, lejos de realizar la unión que predican, no hacen más que destruirla, sembrando por todos los vientos la discordia y la duda entre los corre­ligionarios. Son como los lobos disfrazados de corderos, que recurren a fementidos procedimientos, con tal de arribar a la meta de sus insanos objetivos. Pero, la hora de la mentira y las traiciones, han dejado de sonar en el reloj de nuestro acaecer histórico, que marca, para las huestes cívicas del Coloradismo, la hora del más rotundo mentís a los falsarios de la política, que sólo buscan convertirla en vehículo de intereses inconfesables.

De "Patria", del 5-6-54.


 

COMUNISMO INTERNACIONAL Y GUIONISMO COMUNISTOIDE

Como siempre, el espíritu guionista se encamina hacia lo duplicidad comunistoide, realizando paralela­mente las dos formas específicos de destrucción social: la visible, que es pública, notoria, de conocimiento de todos; y la visible, que es secreta, clandestina y co­rrosiva en sumo grado.

En efecto, los guionerosimplicados en estas maniobras, proceden exactamente como los comunistas. Por un lado no cesan de clamar, aun sin necesidad, su absoluto acatamiento a la Junta de Gobierno, su in­tención más que angelical de promover el abrazo de los correligionarios, de deponer pasiones personales, etc., etc. Pero, por otro lado, mandan emisarios a los cuatro vientos, con instrucciones de levantar a las seccionales del interior contra lo Junto de Gobierno, cuyo autoridad, según ellos no representa el mando partidario, instándoles asimismo o promover una serie de problemas en la próxima Convención, etc., etc.

Se entiende que los correligionarios del interior, antes que llevarles el apunte, están preparados a pararle el carro como corresponde, en el supuesto de que pretendieron llevar adelante sus negandos propósitos. La verdad es que, los últimos cuatro meses sobre­venidos a fuerza del push de Enero pasado, los guioneros comenzaron a sacar de nuevo las uñas como en los viejos tiempos; y el famoso pleito partidario, que ya casi estaba relegado al olvido, gracias a la política de paz desarrollada por los demócratas en toda la Re­pública, y en especial por el Gobierno, cobró actualidad como nunca se hubiese pensado.

Claro está, no esperaban les fallara el golpe militar, en la forma que lo venían encauzando, por manos de los mismos demócratas que habían renegado de su credo y de su pueblo; abandonando a uno y otro; para dejar a las masas populares del Partido, que habían puesto en ellos su fé y su confianza, libradas a su propia suerte, inermes e indefensas; para ser pas­tos, una vez más, del genocidio guionero. ¡Porque, había que ver lo que fueron esos cuatro meses de auge “gunionista" para la gente humilde del Partido, y que es la más numerosa y desinteresada que nos acompaña en todo el país!

¡Si no las van a saber estas cosas las Seccionales Partidarias del interior, que son las que más sufren por la falta de firmeza de sus directores! ¡Si les van a con­vencer estos guioneros de que, de la noche a la mañana, habrían cambiado de moral y de espíritu! Ya verán sobre los hechos, que no son ellos los llamados a ponti­ficar sobre el respeto al correligionario ni, mucho menos, sobre la mentada "unidad" y que tan poca prueba de convicción la dieron al respecto en cuantas ocasiones les cupo actuar en el Partido. Las gestiones de los últimos tiempos, hechas en su nombre, son más que significativas.

Se ve que todavía necesitan su Jordán -pero mucho más caudaloso que el bíblico arroyo- para sa­berse depurados del atraco a la Convención Nacional del Coloradismo...

De "Patria", del 8-6-54.


 

NI HIPÓCRITAS NI DEMAGOGOS

Ayer habíamos señalado los peligros que repre­senta para la libertad de los pueblos, la falsa estimativa de los merecimientos a causa de la influencia, casi inevitable en nuestro tiempo, de lo que Alberdi llama "tenorios y eunucos de la democracia".

En efecto, que peor servicio puede prestarse a un país con dejar, en nombre de la libertad, abierto el camino para que sus mejores elementos sean víctimas de ataques irresponsables e inmerecidos, sólo porque ellos constituyan obstáculo al predominio de los menos aptos, o de las mediocridades ambiciosas.

Lógicamente, si la libertad ha de funcionar en perjuicio del pueblo, eliminando a los valores positivos para dar lugar a aquellos otros de que nos habla AI­berdi, acaso fuera preferible un régimen sin tanto alarde de ella, pero con un más alto sentido de la conservación social, para la protección de las virtudes y méritos verdaderos. Una sociedad donde tales cuali­dades caen fácilmente en menosprecio -no importa el mecanismo que lo produzca- será siempre una sociedad en decadencia, en que la libertad propiamente no puede sobrevivir.

Demás está señalar que, para que eso suceda, ha menester previamente concurran determinados factores que habrán de provocarlo. Entre estos puede citarse justamente aquellos que en la terminología alberdiana son catalogados, alegóricamente, como los "tenorios" y "eunucos" de la Democracia. Tenorios, sería en este caso, los conquistadores empedernidos de las masas, . con fáciles halagos y promesas irrealizables, pero que logran embaucar a los incautos; esto es, demagogia vocinglera e irresponsable. Y al revés, los "eunucos", que ni prometen ni convencen, pero actúan de ordinario en la sombra, completando con sus bajas y rastreras maniobras, con intrigas comadrescas y calumnias mise­rables, la labor de los primeros, para el desquicio y la anarquía.

Es natural que en una situación semejante, la li­bertad corra el riesgo de perderse. La libertad es un principio que no puede sobrevivir allí donde primen las pasiones subalternas, en perjucio de los merecimientos legítimamente ganados. Por eso, la demagogia y el oportunismo suelen desechar por sistema los métodos racionales de análisis y de discernimiento, para apelar preferentemente a los bajos fondos del primitivismo y de la pasión animal que, como un resabio del- salvajismo y la barbarie, los cobijamos todavía, siquiera sea en potencia, la mayoría de los hombres: el odio y el rencor, la maldad y la envidia, la ambición y el egoísmo. Todo lo cual, sólo conduce al objetivo de onnubilar las mentes y desorientar los espíritus. La historia está llena de ejem­plos aleccionadores sobre esta manera de alzar a las masas en su propio daño.

Por consiguiente, los que aman la libertad de su pueblo, tiene la obligación de echar previamente una ojeada en torno suyo, para ver de evitar que sean pre­sas de la ambición e intereses subalternos, en mengua de la razón serena y elevada de los objetivos más tras­cendentes y perdurables del país y del Partido; antes de pronunciarse en una disyuntiva semejante, en que no se juegue tanto el amor a la Causa, como el encono y el odio pasionales...

Así pues, los correligionarios que habrán de vér­selas con estas cosas, o algo parecido, en la próxima Convención Partidaria, es menester vayan discrimi­nando desde ahora los términos del proceso a que se verá abocada la Magna Asamblea. Pues, nunca estará demás recordar, en ocasiones semejantes, la famosa frase de Nariño con la que cerrara su más grande dis­curso y uno de los más célebres en los anales de la oratoria política: "Desde la hora en que triunfe el hom­bre atrevido, desvergonzado, adulador, (como Epí) el reino de Tiberio empieza, y el de la libertad acaba".

De "Patria", del 1096-54.


 

MENTALIDAD DE ATRACADORES

Todavía resuena en nuestro oído la voz de uno de los convencionales que decía: "Por qué, señores, tanta recordación por el atraco? Por qué remover todos los días la misma cosa? Por qué no comenzar una historia nueva, perdonándonos recíprocamente nuestras faltas y ofensas?". Bellísimas palabras las de este correligio­nario. Pero, palabras al fin, los más, apenas si pudieron comprender su verdadera intención, se preguntaban por dentro, a su vez: "Pero, qué hacer para eso? Cómo comprenderlo?".

Es inútil engañarnos al respecto. Todos sabíamos adonde iba el orador. La solución era, evidentemente, la "unidad partidaria". Más, faltaba aclarar la política a que servía el protagonista; la aceptación o el rechazo de la fórmula, dependía enteramente, de quien y que objeto le movía entre telones.

La realidad es que la "unidad partidaria" es y no es al mismo tiempo un problema que pueda dilucidarse en la Convención. Es, porque hasta cierto punto, la observancia de las normas partidarias en la Magna Asamblea, condiciona el proceso armonioso de las deli­beraciones y facilita la solución de las contradicciones internas, por medio de la discusión y el sufragio libres. Pero, tampoco lo es, en un sentido estricto, desde el momento que el "espíritu de unidad", que es la fuerza integradora del Partido, no se forma en la Convención sino en la relación cotidiana y en la constante eleva­ción moral y cívica de los correligionarios.

De qué serviría proponernos a la "unidad" si es­tamos espiritualmente escindidos?. Esa es la razón por que los "demócratas" mentamos a menudo el atraco del 47. Porque, los que habían conculcado las normas partidarias y, por consecuencia, provocaron la escisión, todavía persisten en los métodos con que destruyeron la unidad orgánica del Partido. Es decir, la unidad que se afirma en la observancia de las leyes y principios partidarios.

Este hecho viene a probar, una vez más, que la oposición "democrática" a la táctica guionera del "unio­nismo", es menos de. forma que de fondo: lo que en realidad repugna al espíritu "democrático", es, justa­mente, esa mentalidad de atracadores que le dio naci­miento y caracteriza al Guionismo.

De "Patria", del 20-6-54


 

LA FARSA, GUIONERA Y EL IDEAL REPUBLICANO

Con la última Convención del Partido, se ha ofre­cido al país la demostración palpable de que la Nación ha entrado por la vía firme de la estabilidad política. Esta consolidación le augura mejores días y una etapa de franco florecimiento.....

Punto central de ese Magno Acto, constituyó, des­de luego, la alocución dirigida al país por el candidato del Partido, General Don Alfredo Stroessner, con de­claraciones trascendentales para el porvenir de la Repú­blica. Esas afirmaciones, aseguran que su Gobierno estará presto para acudir a las necesidades sociales; que trabajará incansablemente por el progreso moral de la Patria y por el bienestar de la familia paraguaya. Este lineamiento general de su futura actuación gu­bernativa, configurará una nueva etapa en la vida nacional, y que será, a la vez, una era de afirmación republicana, de respeto a las instituciones fundamen­tales de la Nación.

Frente a este panorama promisor de política cons­tructiva -en lo nacional e interno partidario- realiza­ exitosamente por nuestra Junta de Gobierno, se aiza la política negativa de los llamados "unionistas" parecida -valganos el símil- a la que el vulgo denomina "actitud de avestruz". Primero gestan, delibe­radamente, causas de distanciamientos y repudios; llá­mense atracos, conspiraciones, etc. Luego se autocon­sideran "postergados", por un presunto "divisionismo", encubriendo toda esta tramoya con meloso palabrerío.

Y es entonces cuando llega el momento en que se desviven por la unión. Se desgañitan día y noche por ella. La desean con ansias; y sigue la farsa. Total, no faltarán inocentes que tragasen la pildora.

Así hacen creer que todo es miel sobre hojuelas, en sus maquinaciones; sin confesar naturalmente, cuales son sus verdaderos propósitos. En sus perora­tas farisaicas llegan a reducir -con fines meramente tácticos- a sólo dos puntos la milagrosa panacea que, por obra de magias, solucionará el "desequilibrio par­tidario". 1º) Reorganización de las Seccionales; 2°) Am­nistía para todos los correligionarios (léase guioneros).

Es decir, que estamos sobre aviso. La reorgani­zación tenderá a restablecer el reinado de la confusión y la anarquía; de otro modo, no habría la menor posi­bilidad de resucitar la imagen osamentaria del Guio­nismo. Este no puede sobrevivir sino en un ambiente de caos y de arbitrariedades; la sola política de paz -que es, en síntesis la diseñada por el preclaro Candi­dato- se da de por si un golpe de muerte para la secta infortunada.

Por otra parte, la "amnistía" de que hablan estos "guioneros", tampoco pasa de ser palabra de conde­nados; la desesperación de que padecen, a causa del complejo de su actuación desquiciadora, les impulsa a poner el velo de una hipócrita "hermandad", sobre la ruina y la desolación que sembraran, a su paso por el Gobierno. Pero, con todo, esa amnistía vendrá en su hora; no la que ellos pregonan ciertamente, sino la que el Gobierno y el Partido determinen, en función de su política de orden y de pacífica convivencia ...

De "Patria", del 30-6-54.


 

HOMOGENEIDAD PARTIDARIA

Hemos dicho ayer que hay que evitar el injerto de elementos espúreos en el proceso político que pro­tagoniza el Coloradismo, a fin de defender la pureza de los principios orientadores del Partido.

Una asociación política, en sus ideas y sus hom­bres, debe integrarse con riguroso criterio selectivo, pues, como factor destinado al servicio de un propósito de alcance social, no admite la coexistencia de fuerzas distintas que rompa la estricta homogeneidad reque­rida para el éxito.

Estas ideas surgen de experiencias dolorosas, por las que atravesara el Partido, que ya conoce los efec­tos nocivos de las concesiones que se hacen a sistemas de ideas contrarios al Coloradismo.

Hemos visto que la connivencia accidental con intereses que no sean los del Partido, ha producido males que superan las eventuales ventajas obtenidas con las componendas,-y el mal suele subir de punto cuando dichas concesiones involucran una declinación de los principios constitutivos de su caudal doctrinario e ideológico.

El Coloradismo es la expresión orgánica de ideas, sentimientos y propósitos sociales y,como tal, tiene su­ modopeculiar de manifestarse y actuar en demanda de sus fines; y los que no participan integralmente del espíritu del partido, no podrán producir al milagrode ser consecuentes servidores de su causa.

Es fácil ofrecer ejemplos de las implicaciones nocivas de la admisión de elementos extraños al pen­samiento y a los propósitosque animan un movimiento, que busco plasmar en la realidad una doctrina y un programa.

Para ello, basta evocar la lucha, difícil y abnega­da del sector democrático contra la desviación guionera.

Aquella brega, fue protagonizada en un principio por el sector democrático exclusivamente, sin la parti­cipación de ningún elemento extraño. Posteriormente, conspícuos miembros del Natalicismo, cayeron en la corriente que buscaba la reivindicación de los principios calculadosy los derechos usurpados  la admisión de tales elementos fue la componenda -razones tácticas talvez lasjustificaban- que vicia la pureza de la causa democrática, y restó firmeza al desenvolvimiento ponedor de las ideas restauradoras que, al comienzo, anidaban única y exclusivamente en el sector represen­tativo del auténtico Coloradismo.

Lo preeminencia del sector democrático más tarde, no significó por eso la restauración inmediata de los valores que sintieron el impacto del Atraco. Fueron necesarias otras luchas,y hasta hoy estamos luchando por afirmar el orden anhelado.

Es menester, pues, asimilar las enseñanzas que surgen 6a los qcoeceres pasados. Esos enseñanzas aconsejan la defensa de la homogeneidad del Partido, en su expansión ideológica, política y humana.

De "Patria",del 2-7-54.

 

 

 

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