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MANUEL ORTIZ GUERRERO


  NUBES DEL ESTE. POEMAS - Poemario de MANUEL ORTIZ GUERRERO


NUBES DEL ESTE. POEMAS - Poemario de MANUEL ORTIZ GUERRERO
NUBES DEL ESTE. POEMAS
 
Poemario de MANUEL ORTIZ GUERRERO






 POEMARIO
“NUBES DEL ESTE”
ASUNCIÓN 1928 





VERBO DE FE
¡Ave! Majestad:
siempre reina fuiste, celeste Poesía;
¡el verso es el cetro de tu potestad!
Reina entre las reinas, tú, la reina mía:
¡gloria a ti en los bronces de la eternidad!
 
Hace treinta siglos que las multitudes
iban al Parnaso, de la lira al son,
para oír a Homero, loar tus virtudes;
de entonces, perdura sobre el mundo un eco dulce de laúdes
que te anuncia en todas las fiestas florales de la ensoñación.
 
Tu Píndaro esclavo, rompió el caduceo
del audaz Mercurio bajo el Ateneo
y el talón alado miró con desdén,
tu Píndaro esclavo, que ensartó mil perlas del rítmico Egeo
en el hilo de oro del verso-diadema que ciñó a tu sien.
 
Al pie de tu trono mató mil palomas
aquel siervo tuyo que fue Salomón,
cuando de las cumbres verdes de las lomas,
a tu nombre alzaban los fieles del Arte mil nubes de aroma
con mirras y versos desde los braseros de su corazón.
 
Alabada fuistes en el cristalino
verso de los nautas sobre el Ponto Euxino
cuando deliraban, tras tu vellocino, de sed de ideal;
y fue en tu alabanza que lloró el cañuto de son peregrino,
en la transparente Hélade, en la boca de Pan inmortal.
 
Recibió tus lauros Dante en el exilio
cuando en sus tercetos celebró el idilio
con la eterna ahijada tuya: la ilusión,
y por tu milagro, la ática abeja que amó tu Virgilio
labró sus panales de besos y auroras en el corazón.
 
Y aunque ha sido en prosa, también fue en servicio
de tu amor que un día, salió el gentilicio
manchego, molinos de viento a embestir,
y el Sancho escudero, tu gracia mediante, por tal ejercicio,
del gélido olvido su fama achacosa pudo redimir.
 
Reina entre las reinas, tú, la reina mía,
bajo tu celeste pendón de armonía
reyes y pastores clamaron tu don,
más, no falta ha poco quien irreverente diga que se había
caído tu trono... y que ", ya no hay verso, ni luz, ni oración."
 
Te juro, mi reina, te juro ¡no es cierto!
¡tu último esclavo... aun no se ha muerto!
¡Aun las cigarras de oro deliran en el abedul!
Y si no ha bastado que fuera tu heraldo Darío, el experto,
D'Annunzio recoge perlas en las playas de Tirreno azul.
 
Verdad que es terrible saber tu ejercicio,
verdad que es bastante duro tu servicio,
que el jornal de gloria no da de comer;
pero si a los doctos fatiga tu lira, por el sacrificio,
este su vasallo, rimador obscuro, la ha de sostener.
 
¡Yo vengo de lejos! Por la noche obscura,
entre los zarzales de la desventura
vine, despertando tu dormida alondra de oro en el erial;
si caí, habrá sido de sed y de asfixia, ebrio de amargura,
pero limpio siempre sostuve tu bello pendón de ideal.
 
Nada que tu insigne dignidad ofenda,
nada que tu fuego sincero no encienda,
sino versos, rosas de amor en la senda, tras de mí dejé;
no traigo otra prenda, devoto indigente, que valga una ofrenda,
y puesta en el verbo te ofrezco la brasa viva de mi fe.
 
Cuando en los esteros del materialismo
abrió el desaliento bostezo de abismo,
tú diste a mi numen sed de idealidad,
y cuando sentíme con grillos en este mundano ostracismo,
pusiste dos vastas alas en el alma por mi libertad.
 
Reina entre las reinas, abogada mía:
bajo tu inefable cetro de armonía
se sublima el lodo de la realidad;
siempre eres la reina del mundo y del alma, celeste Poesía.,
y está coronada. ¡Gloria a ti en los bronces de la eternidad!
 
Si a tu nombre anuda su dogal la vida
y el dolor tritura la ilusión querida:
mutíleme el alma, por siempre, el saudoso cáncer de tu amor.
Tu puñal de oro clavé en mi garganta con ansia suicida,
y en vez de matarme, por esa mi herida te canto mejor.




GÉNESIS
A Telmo Monacorda
 
 
Soy Jehová: a mi modo yo trabajo mi mundo;
del dolor tenebroso yo amasé mi creación;
vi con júbilo sano, que el dolor es fecundo,
y le di toda el alma, y le di el corazón.

De la ígnea tortura de amar siempre lo bello
en mi noche completa colgué un astro de fe:
cuando vi que era sano, yo aparté su destello
sobre el haz de mi vida, de la niebla aparté.

Y la tarde fue entonces y la mañana un día
a todas las alondras ciegas de mi poesía.

El Edén da mi vida también tuvo el encanto
del manzano y lo sierpe cuya lengua es de flor;
enseñó ella a mi musa el delirio del canto:
este dulce pecado de cantar al amor.

Aves, fieras y flores; trinos, zarpas y aromas
concertaron el ritmo de este mundo orquestal
donde piensa, esponjada, la princesa paloma
en el último verso que ha ritmado el zorzal.

Y también, alfarera y escultora que labra,
mi paciencia en el lodo puso fuerza y palabra.

En el trono de lirios desde donde la diosa
Venus rige el imperio de la azul Fantasía,
puse yo la Urutaú guaraní fabulosa…
¡Y lo diosa aborigen ha de hablar algún día!

En el surco grosero de mi pasta de arcilla
cautivé la simiente de una luz interior,
y germina... germina la viril maravilla;
esperemos un poco su pimpollo de amor.

Aun es hora, mi amigo; nunca llega a deshora
lo perpetua madrina de mi musa, la aurora.




PRIMAVERA
Guirnaldas a la juventud

Ya no abanica el austro. Revuelan las primeras
bandas de golondrinas, nuncio de primaveras.

Abrid, doncellas, vuestros balcones esculpidos
y poned en los labios, como en copas de honor,
mucha miel, mucha alma, que vuestros prometidos
estarán muy sedientos de esperanza y de amor.

Soplad, niñitas rubias, terrenos querubines,
vuestras trompetas de oro de las notas radiosas,
y con sandalias blancas corred a los jardines
a esperar el arribo de vuestras mariposas.

Caros amigos míos de barbas mal nacientes,
que lleváis en los ojos un poquito de aurora
y algún libro en la mano: de rosas bien olientes
vuestro lote de ensueños milagrosos se enflora.
Ornad con esas flores las lancea del destino,
que el sueño es poderoso como el poder divino.

Bienvenidas las negras golondrinas viajeras,
por mí, que necesito de diez mil primaveras.

Llegan hoy de quién sabe qué lejanos países
donde el sol palidece bajo un húmedo tul;
ellas huyen las tardes empañadas y grises,
ellas son las eternas bebedoras de azul.

Son las aves que buscan las estaciones cálidas
como las esperanzas que se nutren de luz:
errabundas hermanas de nuestras novias pálidas
que, sin ver, las amamos hasta en la senectud.

Llegan hoy las alegres golondrinas errantes,
de Inglaterra o de Francia, de la Rusia tal vez.
Visto habrán las Azores, esas islas nadantes,
las Antillas dispersas, y Amazonas después.

Son viajeras que llegan de las islas doradas
donde atraen cien barcas las sirenas del mar;
ellas saben las costas de belleza imantadas
que cautivan, de niño, nuestra fe brujular.

Pasajeras que vuelan tras la estación florida
como van en bandadas los versos por mi vida.


Ha llegado el buen tiempo que al amor nos convida.
¡El corazón rebosa de esencia bendecida!

La primavera canta, la primavera ríe
en un triunfal derroche de luz y de tesoro,
el sol sobre la tierra divino amor deslíe
cual si fuera un diluvio rubio, de puro oro.

Salid a los balcones, doncellas soñadoras,
a urdir vuestro radiante ñandutí de ilusión,
con paciencia inefable, a horas y a deshoras,
en espera de vuestra golondrina de amor.

Ensoñar es la dulce virtud de la esperanza,
luminosa potencia que hacia el enigma avanza.



LA PROMETIDA

Me hablaron mal de Ella: "Una mujer cualquiera
que en míseros andrajos tiene el honor deshecho,
carnicera de oficio, carnívora ramera:
mil machos descansaron sobre su impuro pecho;

su lascivia viola la doncellez austera;
penetra donde quiera para ocupar el lecho.
Cazando por el mundo recorre esta pantera,
¡incontable el estrago que de la vida ha hecho!"

Así me aseveraron de la que es novia mía,
a quien la llamo en verso, el capullo del día,
por ser la presentida flor que dará mi cruz.

La viperina infamia contra mi intacta novia
me llena de zozobras y de pesar me agobia,
en espera de nuestro desposorio de luz.



LA CITA

Por la puerta entreabierta de mi rancho de paja
entra la luna -hostia de mi sonambulismo-
y dentro de mis ojos su lividez se cuaja,
a modo de un asiduo fantasma de mí mismo.

Tras ella entra la Novia -madona o simple maja-
sus ojos fosforecen con luz da cataclismo,
con perlas dolorosas de lágrimas se alhaja,
y hay en su aliento el tufo terrible del abismo.

Al desnudarle el cuerpo, de núbiles cosquillas,
(en la caricia, diestro y en la machihembra, fuerte)
me deslumbra el teclado de sus blancas costillas,

y su vientre desierto... Era ella... ¡la Muerte!
Tómame mi osamenta, si por eso te arrimas:
yo voy bajo los mirtos a recitar mis rimas.



DIANA DE GLORIA

De súbito estallan las rosas,
los lirios, y estallan los versos en salva floral;
los viejos palmares despeinan al viento melenas gloriosas
y agita los bosques de lauros un soplo marcial.

De entre las cenizas del fuego sagrado la luz resucita.
¡La aurora es, por fin!
¡Repican los bronces! ¡Revuela la salva infinita!
¡del labio del épico vate, recita
su diana mbayá de las glorias el áureo clarín!
 
Y el eco viril que retumba
sacude los huesos del Héroe, caído al lanzazo imperial;
sacude y despierta en su tumba
al férreo varón de la guerra que fue el Mariscal!
El rasga con gesto de un dios su mortaja
de injusto baldón;
la mole de negra ignominia su aliento descuaja
y toda la patria se goza y rebosa de su corazón.
 
¿Lo veis? Galopando se va al Campamento
jinete en su blanco corcel mandiyú,
su rostro aleonado ilumina marcial ardimiento,
tal cual se le viera sobre los collados de Paso Pucú.
De nuevo arrebata su invicta bandera de las cien batallas
y lleva a clavarla sobre las colinas de Cerro León.
Hora de diana. Convoca a su tropa diezmada a metrallas:
va a leer el texto de su testamento para la Nación.
 
"Mis fieles leones: la patria os entrega su suerte,
Héroes de Corrales, Tuyutí, Riachuelo, Sauce y Boquerón"...
prorrumpe aquel fuerte
señor de la guerra, con voz de ciclón;
y un tropel de sombras la mirada advierte. . .
Dejando sus tumbas en bosques y esteros, saltando la muerte,
cien mil paladines se alistan bajo el pabellón.
(¡Oh sombras, oh sombras sagradas:
de vuestras hambrientas fatigas y glorias pasadas,
dadme que se nutra de fe y de constancia mi vil corazón!).
 
¡Por entre el tumulto de los gladiadores sin brazos,
sin piernas, sin rostros, pasa Cala-á
llevando la víscera a rastras! ¡Dos pasos
de allí cruza Genes, cíclope de un ojo, y allí cerca está
Díaz mutilado! ¡El otro es un niño cribado a lanzazos! ...
¡Todos resucitan al pie del coloso de Cerro Corá!
 
¡Oh sombras, manes de la historia:
hay quienes grabaron, por vuestro epitafio, este mote: Traidor.
¡Hay quienes escupen ponzoñas en vuestra memoria!
Ellos no supieron del hambre y la asfixia de vuestro dolor,
y a vuestros martirios llamaron "batallas sin gloria",
tranquilos Caines bajo de las carpas del fiero invasor.
 
(¡Oh sombras, oh sombras sagradas:
de vuestras gloriosas carnes lanceadas
dadme las cenizas, que aquí las refresquen mis llantos de amor!).
 
Entre las indómitas huestes reunidas
el Héroe Supremo, cubierto de heridas,
de pie ante su siglo aquel gran paladín,
relee estas grandes palabras vividas:
"¡Vencer o Morir!" puestas en la cinta de su áureo espadín,
 
¡Su espada refulge centellas de muerte y de vida!
¡Su voz electriza a la patria de uno a otro confín!
Y entonces, debajo del lauro de ramas floridas,
su diana mbayá de las glorias recita el clarín.
 


 
NUBES DEL ESTE (POEMAS)
 
ÍNDICE - Verbo de Fe / Génesis / Primavera / Del Fuego Eterno / Amanecer / Amanecer Rosado / Media Noche / Pura Esencia / Arlequín / Ricordo / Adelina / La Prometida / Su Promesa / La Cita / Memento / Mote / Piropo / Canción de Agosto / Discurso Fúnebre / Carta / Mi Instrumento / Trasmutación / Hojuelas / Copla / La Rosa / Endoso Lírico / Setiembre / Munificencia / "Polen" / Profesión / Sonetín / Su Mirada / Sus Manos / La Boca Divina / Niva / Los Veteranos / La Sortija / Diana de Gloria / “Ulf” / Mensaje a la Ciudad de Posadas / Visión Encarnacena / Gratitud / El Desfile de Mayo Rogación.
 
 
 
 

Fuente: OBRAS COMPLETAS de MANUEL ORTIZ GUERRERO. Prólogo de Arturo Alsina. Ilustración de Julio César Vergottini © Patronato de Leprosos del Paraguay. Editorial Manuel Ortiz Guerrero, Asunción-Paraguay 1969 (383 páginas)
 
 

 
 
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Asunción – Paraguay
 
Enero 2010 – 398 páginas.

 
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