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IGNACIO ALBERTO PANE


  LA MUJER ANTE LA CAUSA OBRERA (Discurso) y INDIFERENCIA (Poesía)


LA MUJER ANTE LA CAUSA OBRERA (Discurso) y INDIFERENCIA (Poesía)
Autor: IGNACIO A.
PANE
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )


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LA MUJER ANTE LA CAUSA OBRERA (Discurso)
(A los miembros de la «Sociedad Tipográfica del Paraguay»)
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** Para vosotros viene como de molde la dedicatoria de esta disertación, no porque me hayáis invitado a hacerla, sino por una especial circunstancia. En estas páginas me propongo llamar la atención sobre la importancia del factor moral en la redención del obrero de nuestras modernas sociedades mercantilistas, es decir, en el reconocimiento y sanción de los derechos del trabajo, en nuestros tiempos.
** Ahora bien; en el concepto de muchos tratadistas, no toda actividad humana, a la que vulgarmente se llama trabajo, es trabajo para la economía política. Sólo lo es cuando sirve directamente para la producción y distribución de la riqueza. Y hasta, según algunos, sólo cuando sirve a la producción.
** Teniendo ello en cuenta, ¿es trabajo el vuestro? ¿Sois trabajadores en el sentido económico o sólo en el sentido vulgar? Yo creo que en ambos significados, con una ventaja particular para vosotros.
** De un lado, sois el obrero material de ese gran medio de expansión comercial contemporánea que se denomina réclame, comprendiendo desde el modesto aviso hasta el cartel o el folleto cromolitografiado. Y este recurso vital de los periódicos, impuesto que paga el comercio al pensamiento, pertenece a la actividad económica, porque es su auxiliar y complemento obligado, en nuestros tiempos.
** Pero todavía, de otro lado, sois algo más: como obreros materiales del periodismo, trabajáis también para lo moral, para la expresión y para la expansión del pensamiento.
** Y en esta doble actividad o única actividad semieconómica y semimoral, sois los más aptos para comprender y emplear la ventaja de las ideas y sentimientos superiores en la defensa y propagación de la causa obrera, así como de todas las causas justas y buenas de la humanidad.
** Sois, pues, los encargados de procurar que al factor huelga; al factor mitin, protesta y revuelta; al factor sindicato o liga de resistencia; al factor ley, se agregue el factor moral e intelectual, es decir, de la educación, sobre todo del sentimiento.
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** Hablando Napoleón Colajanni, una de las eminencias del pensamiento científico de Italia, del imperialismo que, por su base militar y su objetivo comercial con todas sus consecuencias, «indujo a Kropotkin a prever la quiebra del sistema industrial,» hace referencia a Kipling, popular escritor inglés, que es un representante del imperialismo en el arte, y nos dice que este Kipling, en realidad, canta «las violencias y bribonadas que el inglés comete con los hombres y gobiernos de otros países».
** Si empiezo por recordar al sabio catedrático italiano, es para llamar vuestra atención sobre el siguiente gran pensamiento que enuncia a propósito del imperialismo y de Kipling: “Esta aberración de moral y de arte, fruto de ese diabólico prejuicio que a tantos hace creer que la fuerza de una nación está, principalmente, constituida por ciertas brutales cualidades primitivas”
** Quiero llamaros la atención sobre la circunstancia de que demostrar ese principio, condenar esas cualidades primitivas, es hacer obra de cultura y de progreso social.
** Sé que con ello me separo un tanto del tema que se me ha señalado, que es «El trabajo y la necesidad de las asociaciones obreras». Pero me parece que no me separo mucho. En efecto, para no extenderme en largas consideraciones, básteme recordar, en comprobación, el siguiente hecho manifestado patentemente en las recientes huelgas de Bilbao, y parece que hasta en las actuales de Francia: que para asegurar el derecho al trabajo y el derecho del trabajo, con sus resultados benéficos para el obrero, el capitalista y la sociedad en general, así como para asegurar los resultados benéficos de las asociaciones obreras, no entra únicamente como factores las condiciones materiales del capital, de la oferta y demanda de brazos; las proporciones de una huelga; el número de horas de trabajo; pesetas o centavos más o pesetas y centavos menos; los fusiles del gobierno; las bombas del anarquista... Entran y entrarán siempre, como factor tal vez principal, la intransigencia y el capricho de los patrones, el odio y las violencias del obrero, el abuso, el desprecio y el orgullo sistemáticos de arriba y las violencias y las injusticias también sistemáticas de abajo.
** Yo, señores, desde que he estudiado y meditado sobre estas cuestiones, me he sentido inclinado, con preferencia, hacia la causa obrera.
** Y creo: 1°, que la solución, en muchos casos, es de hecho, 2º, que debe tratar de hacerse jurídica y legal; 3°, que debe también apoyarse en la ciencia y en el arte, pero sobre todo creo que debe apoyarse en lo moral, en los sentimientos, en una actividad educativa.
** Cierto es que lo material es lo que nos forma, pero sucede que nosotros, los hombres, tenemos el privilegio de sacar de esa misma fuente, maravillosas fuerzas que llamamos psíquicas o espirituales, para reobrar o reaccionar sobre lo material, sobre los fenómenos físicos que nos rodean, de modo que podemos hacerles servir para nuestro indefinido perfeccionamiento.
** Cierto es que los éxitos del proletariado se han debido, al parecer, directamente, a la confabulación y las imposiciones materiales de la huelga, a la necesidad de brazos, a la propaganda incendiaria y amenazadora de los periódicos y folletos apasionados, hasta a las protestas del anarquismo que recuerdan la violencia primitiva.
** Cierto es que esos éxitos han pasado de parciales a ser completos, de inseguros a fijos y definidos, gracias a las leyes protectoras del trabajo, promulgadas por los estadistas previsores o alcanzadas por los oradores parlamentarios más elocuentes del socialismo.
** Pero no es menos cierto que la fuerza material, venga de donde venga, no es más que un medio, nunca un fin; medio puesto al servicio del bien, unas veces, y del mal, las más de las veces. La fuerza, en su sentido material o mecánico, no es causa, tratándose del progreso social: es un mero auxiliar. En el progreso social, la gradación es como sigue: el sentimiento busca, consciente o inconscientemente; el pensamiento concibe; la fuerza obtiene, pero sólo la razón y la cultura superior del sentimiento aseguran las conquistas del derecho y del bien.
** Lo que sólo por la fuerza se origina y sólo por la fuerza se sostiene, es efímero. Está condenado a desaparecer bajo la presión de las fuerzas de la naturaleza o ante las fuerzas contrarias de la misma sociedad.
** Así también no se dictan leyes sino cuando la razón ha concebido y determinado principios y preceptos, y la educación moral o sentimental ha Fecho posible su aplicación. La aplicación de una ley por la fuerza, es ficticia o efímera cuando no va apoyada por la educación del sentimiento y la razón en la colectividad.
** De todo ello se desprende que es útil y que se haya desarrollado mucho la labor del economista y del jurisconsulto en la solución de los problemas del trabajo y las asociaciones obreras.
** Se ha llegado así a determinar que, por interés mismo del capital y de las grandes industrias, conviene la elevación material y moral del obrero. Ejemplo insustituible es el de Norte América, con sus salarios elevados, pero en que, sin embargo, la expansión industrial se va sobreponiendo a la de Inglaterra. Y eso que los triunfos del proletariado en Inglaterra se deben principalmente, al tradeunionismo. Y es que en ningún país como en Norte América se atiende tanto, a la instrucción y la educación de las masas. Otro tanto puede decirse de Alemania.
** Me adelanto a ciertas objeciones especiosas que suelen hacerse a los que predican (como yo creo hacerlo modestamente) educación moral e intelectual, trabajos de cultura espiritual al lado del trabajo material, entre las masas obreras. Esas objeciones que oí hace poco en boca de un jornalero) más charlatán que trabajador, son: Primera: ¿Cómo, decía ese charlatán, nosotros podemos desarrollar nuestro cerebro, ni educar nuestro gusto este tico, ni imbuimos en la ciencia social, cuando tenemos que emplear todas nuestras energías en procurarnos el pan de cada día para nosotros, nuestras mujeres y nuestros hijos?
** Segunda objeción: Que nosotros (decía el charlatán) tenemos defectos morales e intelectuales, ¿qué importa? ¿Acaso los capitalistas, los burgueses, los intelectuales, no tienen tantos o peores defectos?
** Y yo he contestado: falso, especioso.
** El obrero tiene medios para instruirse: las escuelas nocturnas, la lectura de los periódicos, la concurrencia a las fiestas escolares, académicas y otras de carácter intelectual. Y podría tenerlas más: podría pedir, con la seguridad de conseguirlo, clases prácticas sobre ciencias exactas, físiconaturales y sociales, especialmente económicas y jurídicas, en los colegios, escuelas y facultades universitarias.
** El obrero tiene tiempo para adquirir educación científica y artística. Ya no pueden considerarse como excepción la jornada de ocho horas y el des canso dominical. De las dieciséis horas que le sobran al día, puede dedicar perfectamente dos para la asimilación fácil de las nociones elementales de la ciencia y la educación del sentimiento por la mano suave y segura del arte superior. ¿Que la ciencia es árida, pesada, difícil? No, señores; hasta la abstracta y a primera vista terrible mecánica entra por los ojos, cuando, sino necesidad de ser, precisamente, un Echegaray, se exponen sus principios con método, pero con comedida amenidad literaria. Flammarión no es genio único, sino un simple maestro de vulgarización.
** El obrero tiene energías suficientes para esa educación. No se desgasta con ella. No hay la imposibilidad o inconveniencia de un trabajo espiritual debido al cansancio físico. Cuatro horas bien distribuidas para la comida diaria, más ocho horas destinadas al sueño, total doce horas, permiten suficiente descanso físico a las ocho de trabajo, para que esas dos horas consagradas al arte y a la ciencia no perjudiquen el organismo. O si os parece mucho dos horas, me permitiréis que se dedique una a tres cuartos de hora o media; siempre este esfuerzo pequeño será de provecho grande.
** El obrero tiene ventajas con esa educación.
** El intelectual sube a las capas más altas de la sociedad por el conocimiento de la naturaleza; el capitalista y el político, por el de la sociedad, especialmente de la sociedad económica. Pues bien; el obrero que emplea la fuerza material, y que tiene, además, la superioridad del número, ¿cómo no ha de tener ventaja, cómo no ha de poder alcanzar y hasta superar a esas otras clases sociales que se llaman superiores, si a su fuerza muscular y numérica agrega un poco de esas fuerzas espirituales de conocimiento de la naturaleza y de la sociedad y de la consiguiente aptitud moral para imponerse en la lucha por la vida?
** Sobre todo, el obrero tiene medios, tiempo, energías y ventajas en educar su sensibilidad y su inteligencia, ante la elocuencia de los hechos, cuando se observa la realidad en que se mueve. Es más: ante la incontrastable fuerza de la verdad, el obrero tiene necesidad indispensable de esa educación, para que su trabajo pueda valer y sus asociaciones tengan el empuje irresistible de esas oleadas de la historia, transformadoras de la humanidad, que se han llamado cristianismo, islamismo, cruzadas, revolución francesa, derechos del hombre, etc.
** Me permitiréis, para probarlo, que hable de los defectos del obrero. Debéis saber que los que disimulan, toleran o halagan vuestros defectos, son vuestros enemigos. El traidor adula, el vividor explota, el cobarde calla y el enemigo excita los defectos ajenos. Sólo el amigo advierte y el padre reprende nuestros defectos.
** El obrero (no siempre y no todos, pero en gran parte) tiene tiempo, medios y energías para ir a beber más de lo prudente en un boliche o almacén; tiene tiempo, medios y energías para ir a jugar por dinero, ¿qué digo?, por lo que posee y por lo que no posee; tiene tiempo, medios y energías para ir a gastar en lo que se llama diversiones, y lo que yo llamaría embriagueces morales, que excitan sin fin útil y agotan sin beneficio, como las carreras, las riñas de gallos, las corridas de toros, los espectáculos groseramente emocionantes..
** Pero todo esto me lo explico y lo perdono (perdonadme a mí también este rasgo de suficiencia).
** Los ricos, los sabios, los grandes señores, tienen iguales o peores defectos. Lo que no me explico, lo que para mí es imperdonable, es que el descanso del obrero y la única actividad que necesariamente tiene algo de social, algo de moral, algo de sentimental y a lo cual se dedica, sea la sensualidad del instinto sexual.
** Está comprobado por la ciencia y por el testimonio de la historia, que la barbarie, la cultura o la corrupción de un pueblo se mide, como los cambios atmosféricos por el barómetro, por los caracteres de la relación sexual predominantes.
** Naturalmente, el lazo sexual entre dos o más individuos u organismos, es común a los animales y a las plantas superiores. Hermafroditismo, asexualidad, reproducción por estacas, etc., son peculiaridades de organizaciones inferiores. Por eso, como el hombre es superior a los otros animales, desde los orígenes grotescos del culto del dios Falo, la humanidad ha manifestado la tendencia de convertir esa relación sexual en algo más que en una excitación y un placer corporales, en algo de carácter moral, en algo elevado, hasta convertirlo en todas las grandes religiones, en una cosa tan alta como el sacramento cristiano del matrimonio, y en todos los pueblos cultos, en una cosa tan trascendental como toda institución de orden público.
** Por todo ello, lo grosero, lo bárbaro, lo puramente salvaje, lo que es incompatible con cualquier adelanto, lo que ha impedido, impide e impedirá siempre las grandes y duraderas conquistas del progreso humano, es el considerar a la mujer como simple carne de placer, que se arrebata o se compra, para probarla y arrojar luego los huesos al estercolero, de la misma manera que ha sido y es bárbaro e incompatible con el progreso indefinido del hombre, el considerar al pueblo, a la masa obrera como carne de cañón o carne del trabajo rudo, que se emplea, se aniquila y se sustituye con indiferencia.
** Por eso, el más lógico de los socialismos, el alemán, y el más legítimo y natural fruto de la democracia política, el norteamericano, han empezado, ante todo, por colocar a la mujer al nivel del hombre, para convertirla en su aliada.
** Meditad bien esto, vosotros mis compatriotas, vosotros los obreros paraguayos, vosotros los hijos del tenorio castellano y el sensualismo guaraní.
** Piénselo bien el obrero que pierde más de un día entero a la semana, más de cuatro o cinco horas diurnas o nocturnas cada día, más de la tercera parte del año y casi la mitad de la vida, en buscar una mujer para satisfacer un día o dos su apetito sensual y arrojarla luego a la miseria junto con un ser que lleva su sangre libertina y pervertida, para buscar en seguida a otra mujer, en quien gastar fuerzas pecuniarias, físicas y morales, y arrojar nuevamente estas energías, mujer e hijos, a la vorágine del mal.
** Piénselo bien el obrero paraguayo, hijo de la lascivia y de la conquista. El peor enemigo de la sociedad, especialmente del proletariado, es el pauperismo, sobre todo el pauperismo acompañado de degeneración o invalidez física o moral. Y el factor más poderoso de ese pauperismo está, no, principalmente, en la gente adinerada que siembra con sus pesos fuertes una descendencia ilegítima y viciada, sino en el obrero, que imita de la aristocracia los vicios, y junto a la mujer seducida y abandonada no deja más que un niño mal alimentado y una bolsa o una mesa vacías.
** Piénselo bien el obrero paraguayo. No haga el alarde del gaucho o del siguiente cantar español:
Estando en gracia de Dios
Maté a mi mujer de un palo
Yo no sé qué hubiera sido
Estando en gracia del diablo.
** Entre los seres humanos mejor es tener de compañero un amigo que un siervo, un compañero que un esclavo, un aliado fiel que un ayudante forzado.
** Cuando el hombre trata a la mujer con alguna consideración moral, y no solamente con la pasión momentánea que excita sus carnes; sobre todo, cuando el hombre dispensa a la mujer el mismo trato que da a los otros hombres, se presenta, no solamente hermoso, sino fuerte, utilísimo, fecundo, el ejemplo de la más íntima, noble y poderosa solidaridad humana. En ese caso, la mujer no es la cosa que gusta un momento, pero lo que más cansa, estorba y pesa después, sino la excelente colaboradora. Así vemos en la política, las Isabeles y Catalinas del monarquismo europeo; en la ciencia y el arte, las hermanas, esposas e hijas de Curie, Taine, Westermarck, Renán, Milton, y en todos los pueblos cultos, las verdaderas socias de la sociedad conyugal.
** Convertid todos a la mujer en vuestra aliada; no hagáis que aumente el mal social can el hijo con que la dejáis y el abandono en que la sumís. Este solo hecho, esta sola corrección valdrá más para vuestra causa que cincuenta mil huelgas y bombas de dinamita.
** Preferid a vuestra mujer, contentándoos con una, a dos o tres. No vayáis tanteando la carne femenina como el criado que va a comprar barato y bien para el puchero de cada día, tantea la del cerdo o la del buey. Así habréis dignificado vuestro trabajo, porque vuestro trabajo se vería recompensado con el aporte de un buen socio, en el ahorro equivalente la supresión de un gran derroche, con la disminución del pauperismo, de la degeneración y con una fuerza numérica y moral aplastadora en las reivindicaciones socialistas.
** Y sobre estos resultados positivos de un trabajo, que bien o mal remunerado por el capitalista, será siempre más fructífero con vuestra socia industrial, la mujer aparecerá también para vosotros con la ventaja de la más pura y la más fuerte de las asociaciones: la asociación de dos debilidades, la femenina y la obrera, que ha de producir, sin ser paradoja, una gran fuerza positiva: la unión de los verdaderos débiles, única unión firme, por ser única unión sincera, como que es unión de iguales.
** De esta manera, educándoos, tratándoos bien unos a otros, emulando no en ser cuimbaevé, gauchové, icuñájhetavéva, de más suerte en el juego, etc., ni os impondrán la fuerza bruta de las tiranías de la política y del capital, ni el valor salvaje de la violencia física, sino el valor humano de las energías morales; ni os engañarán el que más grita en la oratoria, el que más promete en el partidismo, lo que más suena en lo que oís ni lo más brillante en lo que veis...
** Al contrario, instruyéndoos, o educándoos un poco, lograréis imponer vuestro número y vuestra fuerza manual de hormigas.
** En vez de ser cimiento oculto de la sociedad, llegaréis a ser base visible, pedestal firme pero notorio y respetado del edificio social.
** Vuestras asociaciones, fundidas así en la justicia de vuestras reclamaciones, irán armadas con el prestigio moral, eternamente irresistible, de las grandes causas defendidas por las grandes virtudes, y constantemente triunfarán.
** Así seréis, para el capitalismo que os odia y la politiquería que os explota, no la horda que reclama pan y se contenta con un mendrugo de carne con cuero, una copa de alcohol y dos o tres fuegos artificiales y galopas, sino los cruzados, los caballeros, humildes como los primeros cristianos, pero también como los primeros cristianos poderosos caballeros, defensores de una gran transformación social.
** De otro modo no habrá trabajo ni asociaciones que valgan, ni para los pobres ni para la sociedad, ni para el presente ni para el porvenir.
** En una palabra, es evidente ante la historia, ante la economía política, ante la moral, ante el derecho, la necesidad de las asociaciones obreras para garantir el trabajo y los frutos del trabajo.
** Pero no es menos evidente la necesidad de empezar por el principio, la necesidad de colocar firmemente el cimiento, que es la asociación sexual, lo que implica la necesidad de colocar a la mujer en el puesto que le corresponde.
** Al decir del poeta:
La unión es la firmeza,
La unión es la armonía,
La unión es la belleza.
** Y la primera unión, la más íntima y la más alta, es la del hombre y la mujer. ¿Y os parecería que merece el nombre de unión la relación entre el hombre y algo inferior como por ejemplo, entre el hombre y el pedazo de pan que come? No.
** La ciudad eterna fue grande cuando Lucrecia se imponía con sus virtudes; pero fue vil cuando la degradación de la mujer se alzó hasta el trono de Mesalina. Así también si la mujer tenía o no tenía alma; cuando el prototipo de los héroes ibéricos, el Cid Campeador, era el matador de su suegro, coincidiendo con el Tenorio clásico; cuando un poderoso se permitía las libertades familiares de que era objeto la mujer del Cid, una sola de las cuales hubiese hecho ahora que Díaz Mirón, de ser él el Cid, matase a una docena de hombres; cuando tan mal se consideraba a la mujer, es natural que el mundo europeo se agitase en las convulsiones, en gran parte, tan estériles de la Edad Media, gestación caótica de la civilización moderna. ¡Qué groserías e iniquidades, desde los siervos de la gleba hasta las alturas del papado!
** Me parece que alguien observa que, en vez de hablar de mi tema, hablo de la mujer.
** No, señores: yo hablo del hombre. Y no creáis que lo hago por sentimientos superiores. No, señores, lo hago por egoísmo; lo hago porque crea que nos conviene elevar, dignificar, respetar a la mujer.
** Se que me estoy haciendo fastidioso, convirtiendo en defecto, en exageración, en fealdad la predisposición que todos tienen a ratos en favor de la mujer. Pero como sé que «los silbidos no aturden más que a los tontos y los aplausos no aturden más que a los fatuos», para concluir, me es indiferente cualquier juicio sobre el defecto que tengo de traer siempre a colación a la mujer, aunque sea por los cabellos.
** Confieso que cojeo de ese pie. Pero lo mismo que muchos cojos ilustres como Quevedo, Talleyrand, Walter Scott, lord Byron, lo lindo sería que todos cojeáramos de ese pie. Ojalá todos, tapando ese defecto físico con muchas cualidades sobresalientes, como lo hicieron esos sublimes cojos de la historia, nos convenciésemos de que a obreros y capitalistas, a políticos, colegiales, comerciantes, religiosos, cte., nos conviene considerar a la mujer, no precisamente como a un ser que debe usar pantalones y lenguaje bigotudo, pero tampoco no corno un juguete, como un dije, como una eterna niña e incapaz para la vida social plena, sino como igual, como socia, como colaboradora indispensable, ya que, como madre nuestra, como madre de nuestros hijos, como madre de nuestros nietos y de nuestras madres, es el laboratorio maravilloso en que se ha forjado y se forjará eternamente la humanidad.
** Recordad que las tres veces que se ha conmovido y revolucionado más profundamente el mundo, fueron: primero, el cristianismo, en que a la Venus hermosa, pero adúltera del clasicismo, sustituyó la mujer madre, pero madre digna, la de Jesús; luego la irrupción de los bárbaros, cuyo consejero era la mujer, y después la Revolución Francesa, formidable emancipación de los humildes, de los obreros, en que había comadres de la guillotina, pero a la vez las Mmes. Roland, inspiradoras de los prohombres y las Josefinas, salvadoras y así segundas creadoras de los héroes como Napoleón.
** Señores organizadores de esta fiesta: ¡sois cien mil obreros! Sois una legión. Pero convertid a las cien mil obreras que os acompañan, no en bestias de carga, sino en socias,
.
INDIFERENCIA (Poesía)
¡Cuántas veces ¡oh patria! tu grandeza
Cantar y la belleza
Quise de tus campiñas siempre pura!
¡Cuántas veces hallando en tus anales
Los héroes inmortales
Que alzan tu nombre a sin igual altura;

Las sangrientas batallas de esa guerra
Que hizo temblar la tierra
A impulsos de su recia sacudida,
Timbres de gloria y de valor dechados
Al porvenir legados
Por los titanes que su historia anida,

He querido cantar altivo y fiero,
Tu intrépido guerrero,
De Marte encarnación, hijo del rayo,
Tu gloria inmensa, tu sin par renombre,
Con voz que al mundo asombre,
Con estro por valiente paraguayo!

Y he sentido oprimir el alma mía
Letal melancolía
Al soplo helado de esta edad grosera;
Han llegado hasta mí como la nieve
Que sobre el campo llueve
Copos de la frialdad que en torno impera.

Y el fuego que en mis venas infundía
La magna valentía
Que puebla de laureles tu pasado,
La torpe indiferencia del presente,
Bajo tu sol ardiente,
En hielo de los polos ha trocado.

Salir procuro de tan duro trance
Sin que mi fuerza alcance
A romper de este yermo las cadenas;
Quiero encenderme en el sagrado fuego
Y te miro y no llego
A comprender tu majestad apenas.

¡Tan negra y tan profunda es la tiniebla
Que tu presente puebla!
¡Tu mismo sol, esclavo de tu suerte,
Se apaga y como lámpara que expira,
Al corazón inspira
Miedo de tumbas, soledad y muerte!

¡Oh sociedad sin fe, sin ideales,
Presa de vivos males,
Que vas con paso incierto por la tierra!,
¡Por qué no das en pago a sus blasones
El pan a los campeones
Que quedan hoy de la pasada guerra?

Ya que una luz en tu desierta vía
Los pasos no te guía,
Ya que no buscas de la costa el faro,
Vuelve la vista atrás por un momento
Y mira el firmamento
Por mil estrellas reluciente y claro,

Y verás a tus padres defendiendo
En el combate horrendo
La patria cuya suerte no te importa,
Y lo mismo culpable que inocente
Se encenderá tu mente
A la sagrada voz que los exhorta.

Míralos sí, y a los que viven premia:
La justicia te apremia,
La patria sin cesar te lo reclama...
Tal vez ese acto mismo en lo futuro
Para ti tan oscuro
Hará brillar la salvadora llama.
Octubre de 1898
.
Fuente: IGNACIO A. PANE ANTOLOGÍA, Editorial EL LECTOR, Colección Literaria (34), Presentación: FRANCISCO PÉREZ-MARICEVICH, Asunción-Paraguay 1996. 207 páginas.
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