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MARGARITA DURÁN ESTRAGÓ


  CONVENTOS, ERMITAS IGLESIAS Y PARROQUIAS DEL PARAGUAY COLONIAL - Por MARGARITA DURÁN ESTRAGÓ


CONVENTOS, ERMITAS IGLESIAS Y PARROQUIAS DEL PARAGUAY COLONIAL - Por MARGARITA DURÁN ESTRAGÓ

CONVENTOS, ERMITAS IGLESIAS

Y PARROQUIAS DEL PARAGUAY COLONIAL

MARGARITA DURÁN ESTRAGÓ

LA HISTORIA DEL PARAGUAY - ABC COLOR

FASCÍCULO Nº 9 - CAPÍTULO Nº 6

Asunción – Paraguay

2012

 

 

 

            El Patronato Real que funcionó en Hispanoamérica y por ende en el Paraguay colonial concedió a los reyes de Castilla la autoridad para establecer y organizar la Iglesia en sus colonias de ultramar.

 

            Clérigos y frailes de la orden De la Merced estuvieron presentes cuando la fundación del fuerte de Asunción en 1537. Años más tarde fueron llegando otras órdenes religiosas y a cada una de ellas se le fueron otorgando sitios donde fundar conventos e iglesias, destinadas estas al culto público. También se construyeron ermitas dedicadas a ciertos santos y santas a quienes los españoles profesaban especial devoción.

            Además de las iglesias conventuales a cargo de religiosos, se levantaron algunos templos parroquiales para españoles y otros destinados a indígenas, negros y mulatos, llamados comúnmente iglesias de naturales.

 

             CONVENTO DE LA MERCED 

 

            El gobernador Domingo Martínez de Irala entregó un solar destinado para convento e iglesia De la Merced a fray Juan de Salazar, primer superior de los religiosos mercedarios.

            Esas tierras estaban ubicadas en el mismo lugar donde después se construyó la Casa de los Gobernadores, en la Plaza Mayor o de Armas, actual Plaza Independencia.

            Hechos relevantes de la historia colonial del Paraguay tuvieron lugar en ese convento. El mismo obispo fray Pedro Fernández de la Torre, el primero que llegó a ocupar la sede de Asunción en 1556, tuvo como residencia el convento mercedario. Así lo manifestó años más tarde: "Habernos estado recogido en la casa de Nuestra Señora de la Merced por nuestro aposento y morada al tiempo que venimos dedos dichos reinos del Perú".

            El convento De la Merced sirvió de cárcel al teniente gobernador Felipe de Cáceres cuando el citado obispo lo apresó en la Catedral acusándolo de "luterano". Antes de que el obispo lo condujera preso a España para entregarlo a los tribunales de la Inquisición, Cáceres fue "cogido de los cabellos, golpeado y llevado a volandas al convento de la Merced, donde lo encerraron, engrillaron y ataron a una cadena que remataba en un cepo, cuya llave estaba en poder del obispo, que vivía en el cuarto inmediato al de la prisión".

            A fines del siglo XVII la iglesia conventual de la Merced se hallaba en ruina y antes de reconstruirla, como se pensaba, decidieron trasladarla a otro solar más amplio donado por el capitán Diego de Yegros, "quien tomó a su cargo la nueva construcción". Ese sitio corresponde hoy a la Plaza de la Democracia y sus adyacencias, y allí, en 1757, el convento y la iglesia que formaban un cuadro se componían de 16 celdas: al sur se hallaba el noviciado, donde se impartían clases de gramática; la iglesia se encontraba situada al oeste, que era de "tres naves con arquería de madera pintado con lodo el techo de varios colores". Muy cerca de ella pasaba el arroyo Pozo Colorado, que dio nombre al barrio. Con el tiempo se le conoció como barrio De la Merced. Detrás del convento estaba la ranchería de esclavos, hoy hotel Guaraní; allí vivían 16 esclavos y 18 esclavas provenientes de la estancia de los mercedarios de Areguá, por los años de 1778.

            En la ranchería funcionaban la cocina de los religiosos y una herrería, además de 21 viviendas asignadas a los esclavos. Delante del convento e iglesia se extendía la "Plazuela De la Merced", la que limitaba al norte con la actual calle Palma. El convento grande de San José fue Sede del Congreso de 1813, y cuando en 1824 el doctor Francia extinguió las comunidades religiosas, el mismo quedo convertido en cuartel de artillería.

            En un plano de Asunción de mediados del siglo XIX ya no aparece el convento mercedario; en dichas manzanas, una letra P señala la ubicación de la nueva plaza de abasto. La imagen de la Virgen de la Merced que fuera patrona del convento fue entregada a los franciscanos cuando estos regresaron al Paraguay a fines del siglo XIX.   La misma se halla en el retablo mayor de la parroquia de San Francisco de Asunción.

            Los mercedarios nunca más volvieron al Paraguay.

 

 

            CONVENTO DE SAN FRANCISCO DE ASUNCIÓN

 

            Los primeros franciscanos que llegaron a Asunción con Álvar Núñez Cabeza de Vaca, en 1542, no construyeron convento alguno. Tampoco los que vinieron del Perú en 1568, de Tucumán en 1570, ni fray Luis Bolaños y su maestro Buenaventura en 1575. Ese mismo año se unieron las Custodias de San Jorge de Tucumán con la del Nombre de Jesús del Paraguay, y para el efecto vino a Asunción el custodio fray Pascual de Rivadeneira, quien empezó a construir el primer convento franciscano de Asunción hacia 1580. Lo hizo con ayuda de los pocos frailes residentes en ella. La obra quedó inconclusa durante cinco años al irse el citado custodio "a los reinos de España a dar cuenta a su Majestad del estado de esta tierra".

            Hacia 1585 Bolaños y Buenaventura se encontraban misionando en el Guairá cuando recibieron un llamado de fray Alonso de la Torre, sucesor de Rivadeneira, que venía de Tucumán para proseguir la construcción del convento. En 1587 el general de la orden, Francisco Gonzaga, escribió un informe donde cuenta que en Asunción se estaba "edificando un convento minoritario, consagrado al Seráfico Padre San Francisco, donde moran -dijo- cuatro religiosos".

            Este convento se construyó sobre la ribera del río, al este de la iglesia y cementerio de San Blas, en la loma Karapa, entre las actuales calles Caballero y México, hoy Chacarita.

            Desde sus inicios, la iglesia de San Francisco fue lugar de enterramiento de la mayoría de los pobladores de Asunción, que en su testamento expresaba el deseo de ser sepultado "en el monasterio e casa del bienaventurado Señor San Francisco".

            Uno de los primeros superiores del convento fue fray Luis Bolaños, que compartía el alto cargo con el trabajo misionero de las reducciones por él fundadas. Este convento contó con una escuela de primeras letras, un noviciado fundado en 1649 y un centro de estudios superiores regentados por los mismos frailes. Como todos los de la época, el Convento de Nuestra Señora de los Ángeles contó con una cárcel o casa de disciplina en la que se encerraban a los frailes "por contumacia y otros delitos graves"; el cepo se aplicaba en los casos de fuga.

            A comienzos del siglo XVIII, la proximidad de la barranca y la antigüedad del convento hicieron que su precaria construcción, principalmente la iglesia, corriera peligro de derrumbarse.

            Los franciscanos solicitaron el sitio baldío de San Jerónimo para construir allí un nuevo convento; el Cabildo les concedió aquel predio que en un principio perteneció a los frailes jerónimos, partidarios del depuesto Álvar Núñez Cabeza de Vaca.

            Para 1730 el nuevo convento contaba con un noviciado y casa de estudios de teología y filosofía; se hallaba ubicado en las actuales calles Iturbe, México, 25 de Mayo y Eligio Ayala.

            La Plaza Uruguaya fue ranchería de esclavos y corral del ganado que los frailes recibían de limosna. En 1731, durante la Revolución Comunera, el convento franciscano sirvió de asilo político al capitán Dionicio de Otazú, alférez real y partidario del Común. La Iglesia conventual de San Francisco miraba al oeste, con su plazoleta sobre Iturbe.

            El terreno fue entregado por doña Catalina de Ávalos y San Miguel en 1716, "en pago del limera de un negro de su propiedad". Según Aguirre, la iglesia quedó inaugurada en 1748. Ella sirvió de Catedral entre 1842 y 1845, mientras se realizaban la nueva construcción y habilitación de la actual.

            El padre Argañaraz, religioso franciscano, vino de la Argentina en 1872 a visitar el ex convento de San Francisco convertido por Francia en Cuartel del Tercer Batallón del Ejército; para entonces la iglesia ya había sido demolida y su retablo mayor lucía en la actual Catedral. El citado sacerdote regresaría en 1882 describiendo el edificio como un cuadrilátero de un solo piso en su mayor parte: "Los materiales de sus muros fueron tapias de tierra, adobes crudos y cocidos y piedras: los techos fueron cañizos, maderas y mucho de palma y ladrillos en las cubiertas; las galerías corrían entre paredes y pilares de madera. El convento tuvo más de un patio, una enfermería, una espaciosa huerta y oficinas".

            Por decreto del 17 de abril de 1873 se ordenó la venta en papel nacional de la propiedad fiscal del Cuartel de San Francisco. La Plaza San Francisco, situada frente al mismo, también desapareció en 1885 al cambiársele por Uruguaya, con motivo de la devolución de los trofeos de guerra por parte del gobierno del general Máximo Santos, del Uruguay. De entre las órdenes religiosas del Paraguay, la primera en regresar después de la Guerra contra la Triple Alianza fue la de los franciscanos.

            En 1882 llegó fray Francisco Javier María González, en calidad de comisario general de Tierra Santa, y con él se reataron los hilos de la presencia franciscana, aunque la Tercera Orden Seglar de San Francisco nunca desapareció del Paraguay desde sus inicios que datan del siglo XVI.

 

 

 

 

 

            CONVENTO FRANCISCANO DE VILLA RICA

 

            La antigua provincia del Guairá fue adoctrinada por los franciscanos desde los albores de la conquista. Por allí pasaron Armenia y Lebrón cuando acompañaron hasta Asunción a Álvar Núñez Cabeza de Vaca, en 1542. Otros franciscanos la visitaron en compañía del capitán Hernando de Trejo, en 1554; este pidió a los frailes que levantaran en tierras de los yvyraya "una casa de oración para decir misa y doctrinar algunos indios.

            Aunque no se conoce la fecha exacta de la fundación del convento de Santa Bárbara de Villa Rica, se sabe mediante las actas capitulares de dicha villa que el citado convento se había iniciado "al tiempo que se descubrieron estas provincias".

            Cuando en 1594 Ruy Díaz de Melgarejo trasladó la primera fundación a la desembocadura del arroyo Kurimbatay, los franciscanos comenzaron a construir un pequeño convento bajo la advocación de Santa Bárbara y desde entonces este corrió la misma suerte que la andariega Villa Rica del Espíritu Santo.

            Azara habla de un "conventillo franciscano" ubicado hacia 1634 junto a los ríos Jejuí Guazú y Jejuí Miní. El mismo quedó inconcluso al tener que abandonar sus pobladores dicho sitio en busca de mejor paraje. En 1636 volvieron a levantar convento e iglesia, esta vez en la ribera del río Curuguaty, siendo esta la quinta estancia en algo más de medio siglo.

            Durante el gobierno de Cristóbal de Garay de Saavedra, en 1653, el convento obtuvo la licencia real y el apoyo del provincial de la orden, fray Juan Garay, quien visitó "la dicha iglesia reedificada".

            Muchos asentamientos provisorios tuvo la villa antes de ubicarse definitivamente en el Yvytyruzú, en 1682, y en todos ellos hubo convento aunque muy precario como la misma villa.

            El convento de Santa Bárbara fue el centro de expansión y al mismo tiempo el refugio de los doctrineros franciscanos que misionaban en las reducciones de Caazapá, Yuty, Itapé y otros poblados de la región.

            En 1752 el visitador Parras admiró la afabilidad de su gente señalando que es "muy afecta a nuestro santo hábito..." y al convento lo calificó de "muy bueno", distante de Caazapá doce Leguas. Allí funcionaron un noviciado y una casa de estudios superiores, además de una escuela de primeras Letras. En 1824, por orden del Dr. Francia, la iglesia conventual quedó convertida en parroquia de la Concepción y el convento en comandancia militar. Convento e iglesia estaban situados donde hoy se levanta la Municipalidad de Villarrica del Espíritu Santo. Los franciscanos regresaron a ella en 1938.

 

 

            CONVENTO FRANCISCANO DE LA RECOLETA

 

            La Recoleta o recolección franciscana tuvo su origen en la reforma que San Pedro de Alcántara hiciera en el siglo XVI en España. Este austero sacerdote reformó muchos conventos y fundó otros, imponiendo en ellos la observancia de unas constituciones muy severas. Un punto importante de la vida recoleta, además de la estricta pobreza evangélica, fueron el rezo de maitines y laúdes de medianoche, ayunos continuos, completa descalcez y silencio, rara vez interrumpido.

            Los trámites para la fundación de un convento recoleto en el Paraguay estuvieron a cargo de fray Pedro del Castillo, paraguayo residente en la Recoleta del Pilar de Buenos Aires.

            Vino al Paraguay en 1725 en compañía del gobernador Bruno Mauricio de Zavala durante la Revolución Comunera. En esa ocasión presentó al Cabildo de Asunción una carta de su superior solicitando la fundación de un Convento de Recoletos en el Paraguay. El Cabildo aceptó la propuesta y mandó asignar un sitio conveniente para ella mientras esperaba la licencia real.

            Para 1729 los recoletos ya contaban con un hospicio ubicado a una legua de la ciudad, en tierras donadas por José de Rojas y Aranda, actuales iglesia parroquial y cementerio de la Recoleta. Allí los religiosos poseían un convento denominado Recolección de Jesús María, la iglesia y una pequeña huerta. Con la licencia real obtenida en 1748 pudo terminarse la edificación del mismo. En 1756 contaban con un noviciado y una casa de estudios de gramática, retórica y mística, además de una escuela de primeras letras que funcionó desde sus orígenes.

            A partir de 1820 y por orden de Francia, los franciscanos del convento de los Ángeles y de Jesús María formaron una sola comunidad en la Recoleta hasta 1824, año en que se extinguieron las comunidades religiosas y la iglesia conventual se convirtió en parroquia de la Recoleta en 1829, en tanto que el convento pasó a ser cuartel de Caballería. En el antiguo solar de los frailes, los cónsules López y Alonso crearon el Cementerio General de la Recoleta en 1842. La iglesia fue demolida y don Carlos la mandó reedificar en el mismo sitio que la anterior y fue bendecida en 1860 y no en 1850 como hoy se lee en el escudo repintado.

 

 

 

 

            CONVENTO DE LOS JESUITAS

 

            Aunque la Provincia Jesuítica del Paraguay data de 1604, el primer convento e iglesia de la Compañía de Jesús en Asunción quedó inaugurado en 1595, un año después de haber llegado la licencia real para la fundación del mismo.

            Hernandarias obsequió tierras de labranza a los padres para que puedan sustentar el colegio abierto en 1610 y el Cabildo les adjudicó un "pedazo" de Armas para edificar el convento, iglesia y colegio, también los vecinos de Asunción hicieron donaciones de tierras para el efecto. Los jesuitas mandaron reedificar la iglesia hacia 1630 pues tres años después uno de ellos escribió afirmando que "en esos años ha labrado la iglesia de curiosa y excelente arquitectura da suerte que vendrá a ser la mejor y más suntuosa de todas estas tres gobernaciones que abarca nuestra provincia". Como los demás conventos, el de los jesuitas también contó con una ranchería de esclavos donde estos tenían sus viviendas cubiertas con tejas de palma.

            En 1649, durante los incidentes con el obispo Bernardino de Cárdenas, este clausuró la iglesia y ordenó el traslado a la Catedral de una parte del retablo mayor.

            A la muerte del gobernador Diego de Escobar y Osorio, en marzo de 1649, un Cabildo abierto nombró gobernador del Paraguay al obispo Cárdenas, elección que fue desautorizada tanto por la Audiencia como por el Virrey con el apoyo de los jesuitas.

            Durante ese breve tiempo Cárdenas expulsó a los padres de la Compañía de Jesús, por lo que estos, con un ejército de indígenas de las reducciones al mando de Sebastián de León, nuevo gobernador, hicieron su entrada en Asunción, provocando muertes, robos y saqueos.

            Cabe señalar que los jesuitas, juntamente con algunos prebendados rebeldes a la autoridad del obispo, erigieron una catedral cismática en la iglesia de la Compañía de Jesús. Entretanto, mantuvieron preso al obispo en la Catedral de Asunción.

            "Para estrechar más el cerco -dice Alonso Carrillo en un informe al Rey- puso el gobernador (Hinestrosa) en cada puerta de la catedral 511 soldados de guarda, con pena de vida, que no le dejasen hablar con alguna persona, ni le entrasen comida, y se clavaron los cerrojos de las puertas por defuera".

            Cuando los jesuitas lograron expulsar a Cárdenas del Paraguay, volvieron al convento y mandaron refaccionar su iglesia con ayuda de indígenas de las encomiendas de Juan de Vallejo y Melchor Casco; aquéllos trabajos costaron más de 600 pesos.

            Con la expulsión definitiva de los jesuitas en 1767, medida que fue materializada recién al año siguiente, el colegio, incluyendo convento e iglesia, así como sus cuantiosas estancias, tierras de labranza, esclavos y haciendas pasaron a manos de la Junta de Temporalidades.

            El colegio de Asunción fue sede del Real Colegio Seminario de San Carlos, inaugurado en 1783, y parte del edificio se convirtió en Real Factoría de Tabacos, en tanto que la iglesia fue propuesta para Catedral de Asunción, proyecto que no llegó a concretarse.

            Parte de aquella construcción quedó integrada al conjunto del edificio que por mucho tiempo fue sede del Colegio Militar y que hoy ocupa la Cámara de Diputados.

            Los jesuitas retornaron definitivamente al Paraguay en 1927.

 

 

            CONVENTO DE LOS DOMINICOS

 

            La orden de Predicadores, llamada dominicos por su fundador Santo Domingo de Guzmán, fue la última en asentar convento en el Paraguay colonial. Recién en 1621 y en compañía del obispo dominico fray Tomás de Torres llegaron "algunos religiosos, entre ellos el principal fray Lorenso (Durán) por expresa solicitud de la Asunción".

            Se les entregaron como convento la iglesia de La Encarnación y algunas oficinas donde alojarse los tres primeros religiosos que formaron la incipiente comunidad: el obispo Torres, fray Lorenzo Durán, prior del convento, y fray Esteban Martínez, primer dominico paraguayo, nieto del conquistador Andrés Benítez.

            Como después de unos años se hizo urgente la reparación del convento, los religiosos se trasladaron al solar que fuera la Casa de Recogidas y Huérfanas y fue aquí donde recibió en 1727, el título oficial de Convento de Santa Catalina Virgen y Mártir.

            También ocuparon por un tiempo la ermita de Santa Lucía cuando en 1742 fue demolido el convento; esta ermita estaba ubicada probablemente en las cercanías de las actuales calles 15 de Agosto y Oliva. Documentos del siglo XVIII hablan de esta última como "la calle antigua nombrada de Santa Lucía".

            Al año siguiente volvieron a La Encarnación y a fines del siglo XVII reedificaron el convento en el lugar donde se levantó el estadio Comuneros, espacio que hoy quedó convertido en una plaza.

            En ese convento e iglesia subsistieron los religiosos hasta 1824, año en que fue extinguida la comunidad al igual que las demás existentes en el Paraguay. La Encarnación continuó siendo parroquia a cargo del clero secular hasta que un incendio arruinó el retablo mayor y parte del edificio en 1889. A partir del siglo XX quedó inaugurada la actual iglesia de La Encarnación, ubicada sobre la calle Eduardo Víctor Haedo y 14 de Mayo.

            Los dominicos regresaron al Paraguay en 1966, siendo el padre Álvaro Más el primero en establecerse, luego de más de un siglo de ausencia.

 

 

 

Para adquirir el presente material debe contactar con ABC COLOR

Fuente digital: www.abc.com.py

Registro: Setiembre del 2012

 

 

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