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EFRAÍN ENRÍQUEZ GAMÓN


  EL NOVECENTISMO PARAGUAYO DE RAÚL AMARAL - Prólogo de EFRAÍN ENRÍQUEZ GAMÓN


EL NOVECENTISMO PARAGUAYO DE RAÚL AMARAL - Prólogo de EFRAÍN ENRÍQUEZ GAMÓN
EL NOVECENTISMO PARAGUAYO De RAÚL AMARAL
 
 Prólogo de EFRAÍN ENRÍQUEZ GAMÓN


EL NOVECENTISMO PARAGUAYO.
 
EL AUTOR
 
El profesor don RAÚL AMARAL, desde su ostracismo intelectual -ostracismo sometido por la tiranía del medio ambiente cultural, producto del subdesarrollo-, obsequia hoy esta obra, a la que titula EL NOVECENTISMO PARAGUAYO.

¿Quién es RAÚL AMARAL? Su filiación natural puede ser perfectamente localizada: nació en Veinticinco de Mayo, comarca histórica de la provincia de Buenos Aires, Argentina. Sin embargo, el 7 de octubre del año 2002 cumplió cincuenta años de residir en el Paraguay: en Nuestra Señora de la Encarnación, de Itapúa, en los primeros meses, y luego en Asunción e Isla Valle, Areguá. Desde hace décadas fijó en Asunción, la capital de la República su residencia definitiva.

En una reciente entrevista dijo: "La única nostalgia que tengo es del lugar de donde soy originario, Veinticinco de Mayo. Yo no soy patriota argentino sino patriota de Veinticinco de Mayo, que es otra cosa. Hay una compra que hice, es un libro inmenso en donde está la historia de Veinticinco de Mayo, en versos. No nos preocupan las glorias de pagos lugareños. Nosotros somos patriotas del pago veinticinqueño. De allí somos. Allí está su patriotismo" (1).

Según el historiador lugareño Dr. CARLOS A. GRAU, el nombre de la comarca (ciudad y campo) debe escribirse con letras. Eso es lo que ha hecho siempre don RAÚL AMARAL.

Está con nosotros, en el Paraguay, desde el 7 de octubre de 1952, y naturalizado paraguayo en fecha 16 de julio de 1993, con el voto unánime de la Corte Suprema de Justicia. La nacionalización, por requisito constitucional, la obtuvo de hecho y por derecho adquirido. Su mejor aval, además de su conducta pública y privada, es su propia obra; la inmensa parte de ella de raíz temática paraguaya, sea en la investigación histórica, los escritos literarios, prosa y poesía. Por lo demás, puede decirse, y con justicia, que su obra es ecuménica, con esencia paraguaya, con pasión paraguaya.

En gran medida, pensamos nosotros, con don RAÚL AMARAL -aunque en otra dimensión y circunstancias- se repite la historia de RAFAEL BARRETT y GOYCOECHEA MENÉNDEZ, quienes, en su tiempo, fueron atrapados por el hechizo paraguayo, volcando en su labor de demiurgos, con terca y apasionada paciencia, parte sustantiva del enorme caudal de conocimiento que sólo puede proveerlos el talento y el trabajo sistematizado, provenientes de un verdadero y auténtico obrero de la cultura.

Quizás el primer "flechazo" paraguayo que impactó en Raúl Amaral fue el que alcanzó a lanzar sobre él un hombre excepcional, don Andrés Morel, un karai-guazú con moldes irrepetibles que por entonces residía en Encarnación de Itapúa, ciudad fundada por el evangelizador Roque González de Santacruz, canonizado por el papa Juan Pablo II, como el primer santo paraguayo. Don Andrés, en calidad de propietario, regenteaba entonces un obraje, el beneficio de la madera y una estancia de reses vacunas, en la jurisdicción de San Miguel, situada casi en el linde donde comienza la vasta zona selvática del Alto Paraná, hoy raleada y depredada por la voracidad de las empresas transnacionales, quienes la convirtieron en campos de pastoreo y explotación agrícola. Allí, en esas tierras, apareció el 7 de octubre de 1952, don Raúl Amaral, después de cruzar el río Paraná desde la ribera de Misiones, Argentina, como un peregrino que venía a buscar refugio más seguro, impelido, empujado por el aluvión de las presiones de carácter político desatado en su país de origen.

Ya en Asunción, contactó con diferentes personalidades del mundo cultural y político. Venía nuestro autor munido de una carta de presentación del maestro GABRIEL DEL MAZO, aquella eminencia del reformismo universitario gestado en Córdoba, Argentina, en 1918, e ilustre educador de varias generaciones. No se olvida que la Reforma Universitaria de Córdoba, cuyo contenido y trascendencia, según interpretaban los adalides de su gestación, pasó a ser en el curso inmediato del tiempo, el fermento de cambios que dieron, "después del Centenario de la Independencia, lugar a un vuelco político, social e ideológico en el mapa político intelectual de nuestra América Indolatina". Amaral conoció al maestro del Mazo, de quien fue luego discípulo y amigo en la época en que éste estaba vinculado a FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina), integrada por un núcleo de jóvenes irigoyenistas que abrazaban un nítido antiimperialismo. Allí estaban igualmente RAÚL SCALABRINI ORTIZ, LUIS DELLEPIANE, ARTURO JUARTECHE, ENTRE otros, y en la vertiente indo americana se sumaban personalidades de ideas afines como VÍCTOR RAÚL HAYA DE LA TORRE, RÓMULO GALLEGOS, LUIS ALBERTO SÁNCHEZ, GERMÁN ARCINIEGAS, RÓMULO BETANCOURT y el paraguayo NATALICIO GONZÁLEZ.

Uno de los primeros contactos asuncenos lo hizo con el doctor MARTÍN CUEVAS, quien junto a don HERNANDO BERTONI, en una época posterior, fuera uno de los más notables y mejores Ministros de Agricultura que el Paraguay tuvo jamás. Don Martín fungió de lazarillo y mecenas del joven refugiado argentino veinticinqueño y lo llevó a vivir, a pernoctar, en una casona de Areguá, bien provisto de vituallas o avío hasta para seis meses, según confesión del propio Amaral.

La casona donde vivió Amaral pertenecía a don JUAN BAUTISTA RIVAROLA. Si GABRIEL CASACCIA lo hubiera conocido, en esas circunstancias, de seguro que Raúl Amaral hubiese aparecido como uno de los personajes de sus novelas costumbristas y de contenido social.
Pero seguramente, a la par y por encima de las personalidades que el forzado emigrado rioplatense llegó a conocer y tratar con él, una amistad indisoluble y de conjunción afectiva recíproca, fue nada más y nada menos que con el maestro don JUAN EMILIANO O'LEARY, el cantor de las glorias nacionales, como fuera bautizado por la historia tan ilustre varón. Con el maestro O'Leary, en efecto, don Raúl Amaral estableció el fundamental vaso comunicante del alma nacional. Pertenece a un tipo de amistad filial y solidaria a la vez que, como en la trabazón del ñandutí, todo es justo y perfecto. Maestro y discípulo dentro de la misma certidumbre de afecto y de respeto.
Con el tiempo, ya podemos llamarlo el maestro Amaral, "sorpresivamente" para algunos, fue designado -no siendo aún paraguayo nacionalizado- director de la Biblioteca Nacional, dirigida más de un lustro por el propio maestro O'Leary.

No pocos, y sobre todo aquellos que no saben valorar y atesorar la inteligencia y el ecumenismo de la personalidad humana, habránse sorprendido por la elevación de este "arribeño" argentino a tan delicado y honroso cargo. Es que con Amaral venía la sangre nueva, el bibliotecario de oficio. Felizmente, no corrió la "sangre" en el río y nuestro novel compatriota, nuestro compatriota importado, paraguayo ya por adopción tácita, superó las dificultades propias de la tarea y estableció, para nuestra suerte, nuevos horarios y modernos sistemas de clasificación y fichaje dentro de la vetusta y manoseada Biblioteca.

Así comenzó el maestro Amaral su labor intelectual en el Paraguay. Hizo de todo. Profesor, conferenciante, periodista, bibliotecario, historiador, enderezador de entuertos forjados por las "leyendas negras" -como la exhumación de la verdadera versión de la muerte del prócer Artigas y para cuyo efecto el hilo de Ariadna fue el artículo documentado de HÉCTOR PEDRO BLOMBERG, hijo de la escritora ERCILIA LÓPEZ DE BLOMBERG-. Con esa labor de demiurgo, como se dijo, don Raúl, durante décadas enteras y continuadas nos fue develando mediante pacientes investigaciones, todos aquellos intersticios oscuros -atrapados ex profeso-, de que están "sellados" los vaivenes y cuadrantes de la historia nacional.

No vamos a enumerar aquí ni el conjunto, ni las principales obras de nuestro autor. Empero, no quisiera dejar de mencionar uno de sus últimos trabajos éditos, hecho a brazo partido y con la colaboración del inolvidable RUDI TORGA y un equipo de profesoras, titulado POESÍA DEL PARAGUAY (2).

Esta obra no sólo recoge y registra en un itinerario histórico que comienza con NATALICIO TALAVERA y llega a los poetas modernos y populares, lo más escogido del bagaje poético de tantos y tantos poetas nacionales. Están igualmente insertos allí, en el texto y en el contexto generacional, parte importante de la historia viva de toda una nación que, como el Prometeo de Esquilo, o el mito de Sísifo, tuvo que soportar cuantas veces el intento procaz de vaciar de su seno esa peculiar originalidad que la distingue y deturpar sus riquezas, mutilar su población y desmembrar su ámbito geográfico. Y recomenzar de nuevo en un afán que no tiene fin definido.

El profesor RAÚL AMARAL y RUDI TORGA rescatan, con esta obra magistralmente documentada, acaso lo mejor del oro poético de los innumerables aedas nacionales.

Y así, para fortuna nuestra, don Raúl Amaral se quedó en el Paraguay, para siempre, tanto en su condición humana, que es pasajera y perecible, como en su condición de patriota aceptado y por el valor inmenso de su labor intelectual de polígrafo, la que perdurará hasta el final de los tiempos.

En alguna medida, el Paraguay histórico y cultural con él cobró su venganza de lo que MANUEL BELGRANO intentó hacernos en Tacuary y Cerro Porteño, en la alborada de la independencia patria. De lo que DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO predijo para nosotros, después de la batalla de Curupayty (1866), inspirado tal vez en su FACUNDO PENDENCIERO: "A los paraguayos hay que matarlos en el vientre de su madre". Así apostrofó el sanjuanino. O, porqué no, de los tristes y dramáticos episodios tramados por la infame Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay. Recuérdese que dicho tratado, redactado y firmado por los aliados (Argentina, Brasil y Uruguay) el 18 de julio de 1864, establecía ya, como preludio, la desmembración del Paraguay y el aniquilamiento de su población, el exordio temerario de BARTOLOMÉ MITRE cuando afirmaba con la soberbia iracunda del porteñismo: "En ocho días estaremos en los cuarteles; en quince días en campaña y a los tres meses en Asunción!!!...".

Llegaron, en efecto, a la Asunción y culminaron su carrera apocalíptica en Cerro Corá, sacrificando a millares y millares de combatientes, de uno y otro bando; exterminando casi por completo a su población civil, pero en una cruzada que no insumió tres meses de tiempo, sino cinco largos años, dentro de un terreno y una atmósfera que muy bien pudieran retratarse en el infierno de Dante.

Empero, la labor del rescate histórico la hicieron, además de los valientes que murieron por su patria, con pasión y decencia ciudadana, CARLOS GUIDO Y SPANO, GOYCOECHEA MENÉNDEZ y JUAN BAUTISTA ALBERDI. Y hoy día, sumado a ellos, nuestro compatriota putativo y fraterno, nuestro amigo don Raúl Amaral, hijo adoptivo del Paraguay inmortal.
 
 


LA OBRA Y SU CONTENIDO

Podríamos afirmar, en el contexto de una apreciación histórica, que el Paraguay se caracteriza, hilvanando las secuencias de su proceso de formación y consolidación como nación -y que tiene su relación con el tema tratado-, por tres períodos o momentos significativos en donde los recursos humanos -usando el calificativo tecno-sociológico moderno-, pasaron a ser ponderados como valores culturales sustantivos, tanto en su dimensión como en su profundidad.

Nos atrevemos a decir, en la perspectiva de la obra de don RAÚL AMARAL, que existe una corriente generacional que deja su huella, su sello, en el seno de la comunidad en donde sus miembros fueron procreados, nacieron y maduraron. No creemos en las cualidades que pudieran encubarse por generación espontánea, a pesar del talento natural, el que puede frustrarse en un medio asfixiante; y aún de las condiciones innatas o del genio congénito que adornan a determinados individuos.

Por lo general, los miembros sobresalientes que conforman una generación, se acrisolan en la fragua de una cultura, de un hecho histórico. Y aún podría afirmarse que los mismos son, al mismo tiempo, hijos del dolor y de la esperanza.

Traemos a colación un ejemplo. En un estudio estupendo sobre la GRAMÁTICA DE LA LENGUA CASTELLANA, del eximio ANDRÉS BELLO, el autor de la obra, JAIME VICENS VIVES, sostiene que la labor intelectual de todo autor, en tanto autor y en tanto hombre, debe ser estudiada y extendida a la luz de la globalidad estructural socio-histórica en que vivió y desplegó su actividad. Y cada generación tiende a conformar su propia mentalidad, la que se revela en una serie de afirmaciones políticas e intelectuales. Por eso mismo, es importante establecer, con este criterio, la hornada generacional que caracteriza o identifica en variables comunes a determinados individuos o grupos humanos y en el marco del contexto cultural que los rodea.

Así, cuando se estudia el tema, llegaremos a una primera conclusión y a sostener que, por ley biológica, el hombre en cuanto ser viviente, antecede al autor, aún cuando el ser actor, y la forma de serlo, es un dato que no se puede descartar o desconocer, para medir con más precisión los valores y la intrínseca personalidad del hombre. Sobre los fundamentos de estas ideas intentaremos especificar lo que, a nuestro criterio, distinguen a tres momentos históricos significativos y por lo tanto válidos para ponderar la importancia que asumen los recursos humanos idóneos en la vida y desarrollo de una nación.

El término recursos humanos idóneos lo acuñamos del ejemplo que da JOHN KENNETH GALBRAITH, eminente economista canadá-estadounidense, nombrado por el entonces presidente KENNEDY (1961) como embajador de los Estados Unidos de América en la India.

Estudioso de las complejidades en que se debaten los países subdesarrollados, Galbraith intentó encontrar una respuesta, por lo menos en su matriz teórica, a las principales causas del estado de pobreza en que se debaten más de dos tercios de los países que componen la población mundial. Los criterios primarios los esbozó desde la óptica de un egresado de la Universidad de Harvard; es decir, con los ojos del pensamiento de un país ubicado en el estadio del primer mundo.

Mas, llegado que hubo a la India, vio, palpó y descubrió en la realidad -más allá de la teoría- el terreno vivencial que expresa la pobreza, lo que ella significa, en sus dos dimensiones:

a) la pobreza relativa; y b) la pobreza absoluta, términos socio-antropológicos gráficos que denuncian tanto el grado como la naturaleza del nivel de vida del ser humano. Entonces cambió la óptica de su lente analítico y se dio a escribir un libro con el título de EL DESARROLLO ECONÓMICO, en donde sentaba la siguiente tesis:

Si los países quieren superar el estadio del subdesarrollo económico, social y cultural, deben proponerse contar con tres prerrequisitos fundamentales:

a) Tener conciencia acerca de la necesidad del desarrollo;

b) Tener un gobierno eficiente; y

c) Contar con recursos humanos idóneos.
El primer pre-requisito es responsabilidad y voluntad manifestada de toda la comunidad nacional; el segundo, es esencialmente responsabilidad de la política, y, el tercero, por fin, depende del sistema educativo en vigencia. Empero, la clave para resolver el problema del subdesarrollo, en sus diferentes aristas, está dado por el tercero de ellos, es decir, la educación. Ella es finalmente el instrumento, la vía, que transforma la mentalidad del hombre, afirma el conocimiento y la voluntad política y, al mismo tiempo, permite un ordenamiento racional de los recursos disponibles aplicados, o a aplicarse, con la ayuda de la ciencia y de la técnica, a fin de lograr un desarrollo creciente y sostenible tanto en su matiz cuantitativo como cualitativo.
Traemos a colación, como apoyo de razonamiento, estos principios enunciados por el profesor Galbraith y con ellos ponderar, como se dijo, una apreciación de los recursos humanos idóneos para el desarrollo del pensamiento intelectual y cultural del medio en donde vivimos.

Sin ser demasiado abarcarte, creemos que los momentos históricos aludidos, en nuestro propio país, se dan dentro de los siguientes parámetros secuenciales.
 

PRIMER MOMENTO HISTÓRICO

Se da dentro del proceso que culmina con la independencia nacional, el nacimiento de la nueva República, cuando se rompe con la hegemonía política de la corona española (14-15 de mayo de 1811).

Al advenimiento de la antigua provincia del Paraguay a la vida independiente, en efecto, la nueva República, al amparo de una soberanía relativa y depuestos sus anteriores mandatarios (gobernador, alcalde, etc.), si bien contó entre su clase dirigente con adalides patrióticos, ella estaba muy escasa de recursos humanos para gobernar el Estado nacional.
Los jefes militares de la Revolución de Mayo (Fulgencio Yegros, Pedro Juan Caballero, Mauricio José Troche, Vicente Ignacio Iturbe, entre otros, los más calificados) no eran en puridad individuos formados en academias militares. Eran más bien, dentro de la estrechez generalizada, profesionales leales, capitanes de Urbanos, de corazón guerrero y soldados decididos y valientes. No pasaban de tener una instrucción baja y mediana en el arte de la guerra, pero completamente inexpertos en el arte y ejercicio del gobierno.

Entre los civiles, es cierto, se destacaban el doctor JOSÉ GASPAR RODRÍGUEZ DE FRANCIA, FERNANDO DE LA MORA y MARIANO ANTONIO MOLAS, entre los pocos, pero con un nivel de preparación elemental para la época. La excepción lo fue el Dr. Francia.

Es muy conocido el desesperado reclamo que los próceres de la Independencia, del sector militar, hicieron al Dr. FRANCIA cuando éste, por una desinteligencia entre ellos en el manejo del gobierno, se retiró contrariado a su quinta de Ybyraí, Trinidad. El movimiento emancipador, si bien tenía muy constituido el brazo armado y el apoyo de la población, carecía de cabezas pensantes. Por esta razón, los mismos, misivas mediante, solicitaron del prócer civil de la revolución cuanto sigue:

a) Carta de PEDRO JUAN CABALLERO:

"...Su retirada a la chacra de Ybyraí, Señor Vocal-decano (Dr. Francia), me ha llenado de sentimiento, porque las grandes obras interesantes a nuestra Patria, que se han empezado a establecer bajo su particular influjo y dirección, tal vez no se podía llevar a su perfección, así, pues, he de merecer de Vuestra Merced no me prive de sus bellos y acertados influjos con que aquí ha dirigido los asuntos comunes de ésta nuestra Provincia. A nuestra entrevista espero desimpresionarle de mi conducta en orden a su particular, no obstante ser manifiesto mi adhesión a Vuestra Merced, y mi reconocimiento a su buena y acertada dirección en las arduas empresas que hemos tenido entre mano...".

b) Carta de ANTONIO TOMÁS YEGROS, todavía más patética: "...Dígame pariente, cómo nos hemos de componer, mire que (usted sabe mejor) en cuatro días se pierda nuestra gran obra y por consiguiente nuestra patria con las resultas fue amenaza ya esta conmoción..." (3).

Los próceres tenían ya el concepto de patria, pero se sentían inhábiles para administrar y gobernar un Estado que acababa de nacer a la vida independiente y expuesto a las contingencias del mundo que lo rodeaba.
 


SEGUNDO MOMENTO HISTÓRICO

Advenida la Independencia e instaurado el nuevo gobierno, luego de tres años de ensayo, el Dr. Francia se hizo cargo del gobierno en carácter de dictador supremo, período que duró desde 1814 hasta 1840, año de su muerte. Si no hubiera existido, en el gobierno postfrancista, un CARLOS ANTONIO LÓPEZ, abogado y profesor del Seminario, en donde llegó a enseñar Filosofía y Latinidad, no sabemos qué suerte hubiese afrontado el Paraguay de entonces. ¿Y qué hizo don Carlos, el Obrero Máximo, como lo llamó después el historiador Juan Francisco Pérez Acosta?

Falto de recursos humanos idóneos en las diversas artes y ciencias del saber humano, envió a Europa para el aprendizaje de las mismas a varios jóvenes destacados. Y entre ellos, añadiendo el carácter político, a su propio hijo, el después Mcal. FRANCISCO SOLANO LÓPEZ. Este, en su adolescencia y juventud, estuvo orientado por un maestro de oficio, Juan Pedro Escalada, quien le enseñara nociones de geografía, historia, aritmética, gramática y lectura. La pléyade de jóvenes enviados a Europa por el presidente López, más los técnicos extranjeros de diferentes especialidades contratados en su oportunidad, suplió en gran parte el vacío generacional que no afloró durante el largo gobierno del doctor Francia. Y fueron ellos, al volver al país, los que conformaron, junto con los autodidácticos criollos, la élite de recursos humanos que llegó a construir un Estado moderno para la época, en el interior de la vasta geografía sudamericana.

Pero, a excepción de don Carlos, bajo cuya presidencia (1844-1862) se editaron dos periódicos: EL PARAGUAYO INDEPENDIENTE y EL SEMANARIO, y tal vez el valioso aporte de don JUAN ANDRÉS GELLY, muy exigua era la cantera de intelectuales y políticos. Además, un cometido semejante tiene un proceso de maduración a largo plazo. Los constructores de una nación, en el orden económico-social, político y cultural, no se forjan de la noche a la mañana. Por lo demás, habría que subrayar que si bien durante el largo gobierno francista no afloró con fuerza una élite intelectual, como las que surgieron después, se debe valorar el gran esfuerzo de ese gobernante en la lucha tenaz que durante el tiempo de la dictadura temporal (1814-1816) como la dictadura perpetua (1816-1840), tuvo que afrontar a diferentes factores exógenos que conspiraban en contra de la nueva República. No se olvide la anarquía reinante en las provincias argentinas y el influjo del ideal bolivariano que extendía su impacto hasta el Alto Perú (hoy Bolivia).

Hay que darle a Francia el mérito de crear la patria artesanal con un peculiar sistema económico-social y crear la conciencia doméstica de la nacionalidad. Es casi inédito crear y fortalecer una nación que por largo tiempo tuvo que valerse por sí misma.
En términos modernos podríamos afirmar que el sistema económico francista promovió el desarrollo económico "hacia adentro", con crecimiento introvertido, aprovechando las propias fuer zas productivas internas, sin apoyarse en factores externos condicionantes.

Y casi siempre nos sucede lo que ya todos conocemos: cuando históricamente nos encontrábamos en el momento autoral de un país moderno, con instituciones sólidas y con el concurso de recursos humanos idóneos, estalla la Guerra de la Triple Alianza. Fábricas, astilleros, fundiciones, ferrocarril, proceso productivo organizado y la extensión y profundización de un sistema educativo propio, son destruidos, cercenados, anulados, por la tormenta de esa guerra (1865-1870). Con su carro apocalíptico asoló al Paraguay floreciente dejando a su paso ruinas, población mermada hasta su última extremidad, y sin jóvenes en edad productiva y reproductiva que otearan su futuro inmediato con probabilidades de éxito. Un país empobrecido, en suma, desmembrado, con sus fábricas des-manteladas y con escasos y contados recursos humanos que pudieron suplir con eficiencia y prontitud la orfandad traumática dejada por la guerra. Por un largo período, de casi dos décadas, las energías sobrantes se consumían en las pugnas por el poder político, amén de soportar, por casi siete años, a un rapaz e insensible ejército de ocupación.

 
TERCER MOMENTO HISTÓRICO

Es precisamente en este momento histórico en que, sobre los escombros dejados por la guerra, el Paraguay procrea y madura a una constelación de pensadores, hornada sensacional, a quien el maestro Amaral simboliza como el tema esencial de su investigación histórica y lo titula EL NOVECENTISMO PARAGUAYO, con el subtítulo de LÍNEA BIOGRÁFICA Y DOCTRINAL DE UNA GENERACIÓN, y lo ubica en la época que abarca a los nacidos entre los años de 1870 (culminación de la guerra) y 1880, reconquista de la soberanía nacional; soberanía, empero, que enarbolaba su bandera sobre las vértebras de un país destrozado en sus lindes geográficos y en sus valores materiales y culturales.

AMARAL aclara que este período fue inicialmente indicado por GUALBERTO CARDÚS HUERTA, en 1922, y cuya denominación definitiva le fue dada por el maestro O’Leary como "GENERACIÓN DEL 900", ya en el año de 1950.

Desde el punto de vista doctrinal, el estudio abarca en la obra las ideas, en todo sentido, prevalecientes entre la última década del siglo XIX y la primera del siglo XX.
Los personajes principales del Novecentismo

El maestro AMARAL los registra en la siguiente nómina y menciona a los principales, con obra calificada como generacional.
 
 

1. LÓPEZ DECOUD, ARSENIO ................ (1867-1945)

2. DOMÍNGUEZ, MANUEL..................... (1868-1935)

3. GONDRA, MANUEL ........................... (1871-1927)

4. GONZÁLEZ, TEODOSIO ...................... (1871-1932)

5. MORENO, FULGENCIO R. ................... (1872-1933)

6. GARAY, BLAS .................................. (1873-1899)
 
7. PÉREZ ACOSTA, JUAN FRANCISCO ...... (1873-1968)

8. AYALA, EUSEBIO ............................. (1875-1942)

9. MOSQUEIRA, SILVANO ...................... (1875-1954)

10. CARDOZO, RAMÓN I. ....................... (1876-1943)

11. CARDÚS HUERTA, GUALBERTO........... (1878-1949)

12. AYALA, ELIGIO ................................ (1878-1930)

13. O'LEARY, JUAN E. .......................... (1879-1969)
 
14. MALLORQUÍN, JUAN LEÓN ................ (1880-1947)

15. BRUGADA (H), RICARDO ................... (1880-1920)

16. PANE, IGNACIO A. ........................... (1880-1.920)

17. LEZCANO, J. INOCENCIO ................... (1880-1935)
 
18. SOLER, JUAN JOSÉ ........................... (1880-1963)
 
A su vez, como colofón, Amaral habla del post-novecentismo, cuyas individualidades abarcan a los nacidos entre 1885 y 1900, y la actuación de sus miembros componentes se extiende hasta la post-Guerra del Chaco (desde 1910 hasta 1935).
 


LA TEMÁTICA DEL NOVECENTISMO

El profesor Amaral esquematiza y extiende la temática dentro del siguiente gran cuadro programático:

Denomina MAESTROS a don RAMÓN ZUBIZARRETA (1842-1902), CECILIO BÁEZ (1862-1941) y EMETERIO GONZÁLEZ (1863-1940), y subraya que tanto las ideas como la línea doctrinal de esa generación tienen su sus aproximaciones con lo que se estaba dando en otras latitudes, como España (1898), Argentina (1880), Uruguay, Bolivia, Brasil y Chile (1900).

¿Cómo interpreta Amaral el pensamiento doctrinal del novecentismo?
Los personajes señalados, dice, nutrieron sus ideas fundamentales en fuentes y autores que influyeron sobre los mismos en el proceso de su formación intelectual, amén de sus peculiares talentos intelectivos y de una rigurosa disciplina personal.

Así, se podría afirmar que parte sustantiva del pensamiento novecentista se incuba a través de la lectura de los autores cuyo predicamento dominaba el mundo intelectual de la época, señalando países y autores, tales como:

a) ALEMANIA, con FICHTE, NIETZCHE, SCHOPENHAUER;

b) INGLATERRA, con el aporte de SPENCER, STUART MILL;

c) FRANCIA, vía CHATEAUBRIAND, MICHELET, ZOLA, BALZAC;

d) ITALIA, con FERRI, LOMBROSO; y

e) ESPAÑA, con COSTA.

En cuanto a las ideas matrices, de carácter exógeno, sobresalen el ESPIRITUALISMO ECLÉCTICO (Cousin); KRAUSISMO (Tiberghien, Ahrens); el POSITIVISMO, REALISMO (Augusto Comte, Spencer) y el ANTIPOSITIVISMO, de autores como E. Kant, Fitche.
Respecto de las disciplinas científicas, la influencia provino en los campos de la filosofía, educación, economía e historia. Amaral enfatiza, además, dentro del marco conceptual de su investigación, que podrían fijarse los límites temporales del pensamiento novecentista con los siguientes datos determinantes:

a) la muerte de BLAS GARAY (18 de diciembre de 1899), y

b) la de ELIGIO AYALA (24 de octubre de 1930).

Y, finalmente, tres observaciones más: primera, la era de los precursores, como ARSENIO LÓPEZ DECOUD (1867-1945); MANUEL DOMÍNGUEZ (1868-1935) y el aporte exógeno pero de factura casera, como GOYCOECHEA MENÉNDEZ (Argentina), JOSÉ RODRÍGUEZ ALCALÁ, VIRIATO DÍAZ PÉREZ y RAFAEL BARRETT (España).

SEGUNDA: el gran tema abarcarte, como epicentro, tuvo su razón tutelar en la polémica histórica desatada en 1902 entre el doctor CECILIO BÁEZ y el maestro JUAN O’LEARY; y, TERCERA: el novecentismo abarca literariamente al post-romanticismo, el premodernismo y el modernismo propiamente dicho, período 1897-1927.
 

FINAL

Queremos dejar para el lector el mérito y la ocasión de contagiarse, y tal vez con no poco asombro, de éstos y otros aspectos que conforman la verdadera dimensión de la obra monumental del profesor Amaral.

Sólo un tenaz, empecinado y apasionado amor por la cultura nacional y universal pudo producir y dar cima a una obra semejante que, por lo demás, dentro de su prolífica producción, no es la única. Además de los tomos que abarcaban originalmente el novecentismo, hoy reducido a dos, el autor lleva terminadas 15 obras, hasta ahora inéditas, las que, con diferentes títulos y áreas temáticas esencialmente paraguayas, siguen esperando a las empresas editoras que se interesen por ellas y las acerque a los lectores, tan ávidos y necesitados como están en esta época del consumismo mercantilista, de buenos libros y autores de autoridad y probidad intelectual.

Nos preguntamos: ¿Será esta obra ahora editada el inicio de una retribución que merece recibir el profesor Amaral de los paraguayos, y la ventana abierta para conjeturar el descubrimiento de tanta belleza cultural plasmada en la palabra escrita, y que merecen ser rescatadas de la inacción y del olvido? El tiempo y la conciencia nacional lo dirán.

Para terminar, permítasenos hacer un escarceo alegórico y sentar dos conclusiones.
Ese escarceo tiene esta referencia: en un estudio analítico sobre los poetas MANUEL ORTIZ GUERRERO (1897-1933) y CARLOS A. JARA (1897-1958), decíamos lo que sigue:
"... En una de las composiciones musicales del creador de la guarania, don José Asunción Flores, Punta Karapame Serrato Ndive (en Punta Karapá con Serrato), se escucha, intercalado con los versos cantados, una voz que grita los números de la lotería en el juego imaginario. Llega un momento, casi al final, y dice la voz: "El 90... oupá la bola" (El 90, con él terminan los números de la lotería). Y otra voz responde: "Epytá upepe" (Quédate ahí!), y para la música". Haciendo una analogía de este exquisito cuadro de las costumbres paraguayas, eternizando en la música, se me ocurrió extraer de allí dos conclusiones.
a) Que la generación del 900, aportó el mayor número de personalidades eminentes a la cultura paraguaya, incluyendo el pensamiento sistematizado y las ideas doctrinales.

b) Que las expresiones culturales de nuestro país siguen siendo, no obstante las individualidades que surgen en determinadas épocas, una suerte de lotería que no está programada con objetivos y metas definidos.

Esta última conclusión corrige, en gran parte, la obra de nuestro afamado autor. Y por ello hacemos una acotación final: esta generación, la descrita y estudiada por el profesor Amaral, es la que sienta nuevamente las bases de una continuidad cultural rota o fracturada en su tiempo por la infame guerra de la Triple Alianza (1864-1870) y resurge, como el Ave Fénix de la leyenda, para rescatar la esencia fundamental del alma y del espíritu del ser paraguayo. Esas bases están dadas, además de lo que anota el profesor Amaral, por la poesía, la música, la literatura, la pintura, la sociología, la filosofía y la historia.

Ellos, los integrantes de esa hornada generacional -el NOVECENTISMO-, unieron el genio al ingenio y no solamente en el arte expresivo. También crearon las instituciones, marcaron una línea de pensamiento y desarrollaron sendas ideas políticas. Y es en ese inmenso cuadro de la cultura donde florece con fuerza la poesía nativa, la que se escribe en el idioma vernáculo y conserva y perfecciona la lengua, dándole una dimensión universal. Ellos, por fin, reataron el hilo de las coordenadas históricas en procura de rescatar y consolidar la personalidad de la nación. Hay voces, empero, que sostienen y afirman que en materia de pensamiento político, socioeconómico y de historiografía, existen dentro de ellos muchos mitos y fábulas fantasiosas.
Y sobre este discurrir nos preguntamos: ¿Acaso los griegos, que fueron los primeros grandes pensadores del mundo occidental, no escribieron parte de su historia basada en mitos y leyendas? Mitos y leyendas que afloran dentro de ese arco hermenéutico construido por la preocupación del hombre acerca del milagro y el misterio de la vida.

Si Homero no nos hubiera regalado la Ilíada y la Odisea; Esquilo, El Prometeo Encadenado y Platón en los Diálogos rescatados de Sócrates, parte sustantiva de nuestra propia cultura, pecaría de insuficiencia visceral y de mutilación del pensamiento humano sobre la magia del universo y la belleza de la vida. Y tal vez no hubiéramos tenido a nuestro alcance los fermentos y adobos que nos obsequian el arte poética y la filosofía. Es decir, la belleza de la palabra escrita y la hondura del pensamiento humano.

El secreto de esta generación, como producto de su presencia y de su labor histórica, fue darle sentido de universalidad al Paraguay y a sus pensadores.

Para concluir, decimos del maestro Amaral y de la hornada generacional que nos descubre en el novecentismo, aquello que NATALICIO GONZÁLEZ decía de uno de los novecentistas, en un memorable escrito titulado: "MORENO Y SUS IDEAS ECONÓMICAS" (4).

"El hombre vale como sistema de ideas, como valor espiritual, como cifra de una cultura. Esta verdad se torna patente, a través de la prueba corrosiva de la muerte.
Los afectos del hombre son perecederos como la vida; hasta el dolor es efímero, con durar más que placeres y alegrías.

Lo que resta de los varones preclaros, una vez despojados de sus mortales carnaduras, son los pensamientos que animaron con una emoción humana y la obra de la belleza realizada".
 
 

EFRAÍN ENRÍQUEZ GAMÓN

Dado en Nuestra Señora Santa María de la Asunción, a 20 de diciembre de 2002,
 
último día de la primavera en el Hemisferio Sur.
 

(1) UBALDO CENTURIÓN MORÍNIGO. Nuevas Conversaciones con Raúl Amaral. 50 años de consagración a la Cultura Paraguaya. Edición del autor. Obra número 110. Asunción, Paraguay, 2002.

(2) Poesía del Paraguay. Edición Aramí, marzo de 2001. Asunción, Paraguay, 800 páginas.

(3) Tetralogía Paraguaya. Historia y Literatura en cuatro tiempos, de nuestra autoría. Edic. Archipiélago, México, 2000, pp. 151-152, así como referencias de varios autores más.

(4) REVISTA GUARANIA, N° 28, 20 DE FEBRERO DE 1936, P. 25.
 
 
 
 
Documento Fuente: EL NOVECENTISMO PARAGUAYO
 
HOMBRES E IDEAS DE UNA GENERACIÓN
 
FUNDAMENTAL DEL PARAGUAY
 
 
Editorial Servilibro,
 
Asunción-Paraguay 2006 (563 páginas)
 
 
 
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