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EUSEBIO AYALA

  EUSEBIO AYALA, 2011 (Obra de MANUEL PEÑA VILLAMIL)


EUSEBIO AYALA, 2011 (Obra de MANUEL PEÑA VILLAMIL)

EUSEBIO AYALA

Obra de MANUEL PEÑA VILLAMIL

Editorial EL LECTOR

COLECCIÓN PROTAGONISTAS DE LA HISTORIA Nº 11

www.ellector.com.py

Tel.: 595 21 491966 // 610639

Director General: PABLO LEÓN BURIÁN

Coordinador Editorial: BERNARDO NERI FARINA

Director de la Colección: HERIB CABALLERO CAMPOS

Diseño de Tapa: DENIS CONDORETTY

Asunción – Paraguay

2011 (152 páginas)

 

 

 

CONTENIDO

PRÓLOGO

I. SU ORIGEN 

II. UNIVERSIDAD Y AMISTADES 

III. LA FAMILIA DE EUSEBIO AYALA 

IV AÑOS DE DECISIONES. PRIMERA PRESIDENCIA 

V LA CONTIENDA CIVIL 1922-1923 Y LA ACTUACIÓN DEL PRESIDENTE EUSEBIO AYALA

VI. EUSEBIO AYALA DIPLOMÁTICO 

VII. LA SEGUNDA PRESIDENCIA DE EUSEBIO AYALA

VIII. LA GUERRA DEL CHACO 

IX. LA POSGUERRA 

X. EL DERROCAMIENTO 

XI. IN MEMORIAN

 

FUENTES CONSULTADAS 

EL AUTOR

 

 

 

PRÓLOGO

 

         Manuel Peña Villamil, es una de las figuras emblemáticas de la historiografía paraguaya, quien falleció el 29 de diciembre de 2010.

         Su tarea intelectual es vasta y profunda, tanto en su faceta jurídica como en su faceta historiográfica. Aquí nos referiremos brevemente a su tarea como historiador.

         Desde 1958 el doctor Peña Villamil fue miembro numerario de la Academia Paraguaya de la Historia, institución que presidió.

         Su obra historiográfica de envergadura se inició coincidentemente con la conmemoración del Sesquicentenario de la Independencia Paraguaya en 1961, con sus investigaciones sobre Los CABILDOS Y LA EMANCIPACIÓN AMERICANA, presentada en Buenos Aires al igual que CAUSAS Y EFECTOS EN EL PROCESO DE LA EMANCIPACIÓN PARAGUAYA.

         Esta obra sobre Eusebio Ayala es el resultado de una profunda investigación realizada por el doctor Peña Villamil, quien es el historiador que ha estudiado con mayor dedicación y esmero la memoria y la vida de uno de los presidentes más destacados del siglo XX; destacado porque logró la no menor hazaña de conducir al país a la victoria en la Guerra del Chaco.

         La riqueza de ésta obra no sólo radica en la calidad de quien la escribió sino en las fuentes inéditas con las cuáles el autor nos presenta facetas poco conocidas de la vida y el pensamiento de quien fue llamado con justicia el "Presidente de la Victoria".

         Este libro póstumo del doctor Peña Villamil es una contribución más fruto de una vida dedicada al estudio y a la investigación histórica. En las páginas siguientes los lectores encontrarán no sólo al político Ayala, sino al hombre y al estadista que terminó sus días como muchos políticos paraguayos alejado del terruño.

         Es indudable que la obra historiográfica de Manuel Peña Villamil será referencial para todo aquel estudioso del pasado de nuestra sociedad y en particular para quienes desean conocer sobre la vida de Eusebio Ayala.

Asunción, abril de 2011

Herib Caballero Campos

 

 

 

I. SU ORIGEN

 

         Abdón Bordenave, su padre, era de origen francés, de la ciudad de Garrís, llegó al Paraguay con su hermano Francisco, poco tiempo después de concluir la guerra de la Triple Alianza, otros hermanos se establecieron en Buenos Aires donde formaron familia. Ambos se dedicaron a negocios de frutos del país, razón por la cual viajaban al interior de la República.

         Abdón conoció a Casimira Ayala en Barrero Grande de cuya unión nació un hijo que llamó Eusebio, el 14 de Agosto de 1875. Abdón Bordenave casó más tarde con la paraguaya Dolores Franco Centurión perteneciente a una familia de arraigo en el país. Doña Dolores Franco, era conocida dentro del círculo de sus amistades por sus virtudes y trato afable, recibió al joven Eusebio con cariño y aprecio, como un hijo más. Esta actitud fue gratificante para el joven Ayala. Abdón Bordenave formó familia con su esposa con quien tuvo cinco hijos, entre ellos un único varón, el doctor Enrique Bordenave, que tendría brillante carrera, ocupando cargos importantes como Ministro de Estado y diplomático. Le cupo desempeñar un papel destacado durante la guerra con Bolivia en calidad de Ministro Plenipotenciario ante el Gobierno del Presidente Franklin Delano Roosevelt.

         Eusebio Ayala se destaca bien pronto en el nuevo medio que debe actuar. Con sus hermanos Bordenave Franco mantuvo siempre una cordial relación fraterna, mostrando afecto por ellos quiénes correspondían en la misma forma, reconociendo su mayorazgo por gravitación natural.

         Ayala tenía otro hermano que llevaba al igual que él -el apellido materno- su nombre era Críspulo, fue militar y vivía en Concepción al comenzar el conflicto del Chaco.

         Por su parte su tío Francisco Bordenave, se estableció en San José próximo a Barrero Grande, tuvo larga descendencia de su unión con la paraguaya Benjamina Irala, madre de Antolín, Adriano y Adolfo Irala, quienes tendrían destacada actuación años más tarde. Con todos ellos Eusebio Ayala mantuvo también estrecha relación por encima del parentesco reconocido.

         El ingreso de Eusebio Ayala al Colegio Nacional de la Capital marca una etapa significativa, teniendo en cuenta la importancia de esa institución de enseñanza en la época y donde toma contacto generacional con jóvenes que más tarde actuarían en la vida pública.

         Su estadía en Asunción le abría nuevos horizontes, sobre todo considerando que venía de una existencia distinta como fue su vida en Barrero Grande. Por otra parte, la relación con su nueva familia le haría olvidar recuerdos del pasado campesino.

         Asunción era capital de la República y por tanto la vida tenía otro ritmo y costumbres. El Paraguay pugnaba por recuperarse después de haber pasado por momentos dramáticos, invadidos, saqueados y después abandonados a su suerte.

         La promulgación de la Carta Constitucional de 1870, cambió por otra parte, el sistema institucional del país. Después de los gobiernos del Dr. Francia y los dos López, se abrió la posibilidad de que la nación ingresara a la democracia, pero esto necesariamente implicaría situaciones traumáticas para que la forma republicana de gobierno se afirmara adecuadamente.

         La vigencia de los derechos y garantías consagrados en la Constitución de 1870, necesitaba libertad de opinión, que sólo es factible por medio de una prensa libre. Años después nace un periodismo activo de carácter político, que agrupa diversas tendencias, sin ser diferenciadas sus doctrinas y principios, como fueron LA REGENERACIÓN, LA DEMOCRACIA, EL PARAGUAYO, LA NACIÓN, LA PATRIA y ya en los comienzos del siglo EL DIARIO donde haría sus primeras armas Eusebio Ayala, EL NACIONAL, ALON, y EL LIBERAL. Entre tantos, los diarios aparecían y se cerraban siguiendo el ritmo violento de las ideas y de los acontecimientos.

         El Colegio Nacional de la Capital, desde su fundación (1877) y por muchos años, constituyó una institución importante en la formación cívica y cultural de la República. De sus aulas salieron los futuros dirigentes de la Nación, como también los que ingresarían en la Universidad Nacional, fundada en las postrimerías del siglo XIX. Fueron sus directores prominentes intelectuales como Benjamín Aceval, José Segundo Decoud, Cleto Romero; este último, es el que firma el diploma de "Bachiller en Ciencias y Letras" de Eusebio Ayala, llevando la fecha del 10 de febrero de 1896. Entonces tenía veinte años.

         Durante la década de 1880 el país fue agitado por una intensa actividad política que por gravitación natural influía en los sectores más diversos de la época.       En ese período ocurre la fundación de los partidos políticos de mayor significación durante el presente siglo, que actuarían en continuos enfrentamientos con características extremadamente violentas.

         El "Centro Democrático" y la "Asociación Nacional Republicana" fundados el mismo año (1887) dieron origen a los Partidos Liberal y Colorado, respectivamente, cuyos principios y doctrinas no diferían sustancialmente, lo que no impedirían los agrios enfrentamientos. Era el precio de la democracia, de convivencia civilista y racional.

         En la década de 1890, más precisamente el 18 de octubre de 1891, se produce un intento más para derrocar el gobierno que por ese momento correspondía al sexto período constitucional bajo la Presidencia de don Juan B. González, del Partido Colorado.

         Los liberales pugnaban vanamente afirmarse en el Congreso. En esa fecha el movimiento dirigido por el mayor Eduardo Vera y don Antonio Taboada, realiza un ataque contra los cuarteles de la ciudad. El intento es rechazado y muere en la refriega el jefe liberal mayor Eduardo Vera.

         Asunción fue conmovida, no obstante el partido del gobierno quedó firme. La entrada en la escena política de una nueva figura como el general Juan B. Eguzquiza de tendencia moderada y amplia, frente al tradicionalismo ortodoxo de los jefes históricos del Partido Colorado, Caballero y Escobar, permite avizorar un ambiente de apertura política, como así manifiesta Eguzquiza en su mensaje presidencial de 1895: "período de transigencia entre los partidos, tras los grandes odios".

         En el mensaje del año 1896 el presidente Eguzquiza ratifica su posición, expresando:

         "Mi programa de seguir una política generosa y amplia a cuya sombra quepan todos los ciudadanos, sin distinción de colores partidarios, de consiguiente no ha variado.

         En esta política conciliadora, la más racional y conforme con los hermosos principios de nuestra Carta Fundamental y la que mejor puede garantir el porvenir de la República, espero que me secunden todos los hombres de buena voluntad, deponiendo en aras del bien público sus tendencias partidistas."

         En el capítulo dedicado a las Relaciones Exteriores el Poder Ejecutivo informa del nombramiento -decreto del 3 de julio de 1895- de don Eusebio Machaín, como Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario ante las Cortes de Gran Bretaña, España y a República Francesa.

         Con un sentimiento esperanzado cierra el Mensaje de ese año el Presidente Eguzquiza: "podemos abrigar fundadas esperanzas de ver a nuestro país construido en un tiempo menos lejano del que hizo suponer la magnitud de sus desastres".

         Los párrafos entresacados del Mensaje Presidencial de 1896, debieron impresionar de algún modo la mente despierta e inquieta de Eusebio Ayala, que ese año obtenía el título de Bachiller del Colegio Nacional. Lo que se expresa, no proviene de algún juicio directo del bachiller Ayala, es apenas una mera conjetura del pensamiento vivo del prócer. Entre los papeles recogidos, pertenecientes su archivo personal se ha encontrado un folleto de escasas fojas, descolorido y quebrado por el tiempo, casi un siglo donde está impreso el mensaje presidencial de 1896.

         Eusebio Ayala en su larga como intensa vida pública no era inclinado a guardar papeles, para él el futuro era más importante que el pasado. Su mente privilegiada, podía retener el pensamiento válido que alumbra el porvenir, como igualmente en su paradójica personalidad llevaba siempre oculto algún nostálgico recuerdo que sólo él sabía guardar.

         En el año 1900, Eusebio Ayala es nombrado Secretario de Legación. El primer cargo que recibe, para actuar al lado del plenipotenciario don Eusebio Machaín Fue un comienzo brillante que aprovechó intensa e inteligentemente. Sólo él sabía qué nostalgias despertaron en su corazón, el recuerdo de aquellos años, para conservar ese pequeño y descolorido folleto del mensaje presidencial de 1896, en donde se nombra al que sería su futuro jefe en París.

         Un hecho auspicioso del gobierno del presidente Eguzquiza, es la creación de la Guardia Nacional, cuyo objetivo principal es formar oficiales de reserva, con mejor preparación y con el fin de modernizar las Fuerzas Armadas.

         En el año 1899, Eusebio Ayala cumple con su deber militar e ingresa en la Guardia, y al cumplir su período recibe el certificado correspondiente de manos del Inspector del Ejército General, Juan B. Eguzquiza. La libreta respectiva anota las siguientes señas personales: "Regimiento 22 Batallón 1s, estado soltero, domiciliado en la calle Oliva 341, - esté es el domicilio de su padre Abdón Bordenave, profesión educacionista, edad 23 años". Fue siempre una constante en la vida de Ayala cumplir con sus deberes de ciudadano. Conservó la libreta cívica de su actividad como elector.

         El año 1899, muere en Asunción su padre Abdón Bordenave a los 55, años de edad. Este hecho, aunque esperado, debió cambiar el sentido de su vida, nada particular; es el proceso de adaptación a nuevas circunstancias. El seguiría manteniendo relaciones con la viuda de su padre y con los hijos del matrimonio. Él Será en adelante el jefe de la familia por sus condiciones naturales y por la diferencia de edad que lo separaba de sus otros hermanos.

         Los hechos que ocurren en la vida de Eusebio Ayala son aceptados por éste con un sentido positivo. Tenía 23 años, seguía la carrera de Derecho y al mismo tiempo ejercía la cátedra en colegios. En plena juventud se destaca naturalmente en un medio de mayor actividad. Su personalidad se perfilaba, firme y constante, mostrando interés en la actividad cultural y educativa.

         Debe mencionarse en este momento otro hecho auspicioso para sus inclinaciones, la fundación en mayo de 1895 del Instituto Paraguayo. Este centro de la cultura paraguaya de fines del siglo pasado fue un alto exponente de las inquietudes que en esos años movían a artistas, filósofos, literatos, historiadores para impulsar la vida intelectual del Paraguay. En 1896 se crea la REVISTA DEL INSTITUTO PARAGUAYO que periódicamente fue publicando trabajos relacionados con los distintos sectores del conocimiento humano. Asimismo participaron como socios y profesores personalidades de los diversos círculos intelectuales del país. Eusebio Ayala no estaba ajeno a este movimiento cultural y participó activamente con otras personalidades de ese momento, como Cleto J. Sánchez, Juan F. Pérez, Cecilio Báez, Moisés Bertoni, y otros muchos más colaboradores de la REVISTA durante los años de su existencia, llegando a ser una publicación de gran renombre y autoridad, tanto en el país como en el exterior. Su primer director fue Eusebio Ayala. En los años siguientes, después de su regreso del primer viaje a Europa, continuaría ligado a la actividad cultural del Instituto, no obstante los inquietos años de la política.

         El esmerado archivo del Colegio Nacional de la Capital entre 1890-1896, registra el paso de Eusebio Ayala en esa importante institución de enseñanza.

         El ingreso ocurre el 4 de marzo de 1890 conforme con la solicitud que dirige al director del Colegio, D. Fortunato Toranzos. Se acompaña con el pedido de ingreso, la constancia expedida por el Superintendente de Instrucción Pública, don Atanasio Riera, que expresa: "que el joven Eusebio Ayala es alumno de la escuela nacional del distrito de San José de los Arroyos; ha cursado los conocimientos que exige el 3er. grado del programa de estudios para las escuelas comunes habiendo obtenido la clasificación media de distinguido en los exámenes del pasado año escolar 1889".

         El Colegio Nacional de la Capital, favorecía a los alumnos de escasos recursos con la calificación distinguida como mínimo, con el pago de una beca, 25 pesos mensuales. Eusebio Ayala, en 1894, cursando el cuarto año de estudios presenta una petición dirigida al Consejo Secundario y Superior para acogerse a los beneficios de dicha beca de estudios. El año 1893, ingresa a la carrera de Perito Mercantil mientras seguía los estudios de educación media, juntamente con su compañero de estudio Pastor Ibáñez. Ambos viven en la casa de la calle 14 DE MAYO 120 esquina HUMAITÁ, según así manifiesta Ayala en uno de sus escritos de petición al Colegio Nacional. Las calificaciones de los exámenes rendidos en las materias correspondientes a esta carrera tienen todas el puntaje 10 (sobresaliente). Suscriben las actas correspondientes D. Jorge López Moreira, don Rafael Lebrón y M. Irala.

         Compañeros de los estudios mercantiles, además de Pastor Ibáñez, están Zacarías Battilana de actuación destacada posteriormente al acompañar a Juan B. Gaona el 12 de diciembre de 1904 para la firma del Pacto del Pilcomayo, que señaló el comienzo de los gobiernos liberales. Eran igualmente sus condiscípulos Nicolás Chiriani, Julián Ayala, Sinforiano Buzó Gómez, Juan B. Bidondo y otros. Todos con las más altas calificaciones.

         El libro de becados que cubre los años (1893-1896) registra los nombres de jóvenes que más tarde tendrían destacada actuación pública: Félix Paiva, Belisario Rivarola, Eligió Ayala, Evaristo Acosta, Federico Chaves, Francisco Chávez, Carlos Isasi, Ramón I. Cardozo, Benito Serrano, Blas Garay, Albino Jara, Manuel Franco. Entre los nombrados, seis de ellos, incluido Eusebio Ayala, ocuparon la Presidencia de la República en distintos períodos y épocas.

         Es un acto de justicia evocar la función destacada del Colegio Nacional de la Capital donde se formaron generaciones brillantes, gracias a la esmerada educación impartida en esa alta casa de estudios con más de un siglo de existencia.

 

IV - AÑOS DE DECISIONES.

 

PRIMERA PRESIDENCIA

 

         Al seguir el itinerario de Eusebio Ayala desde su temprana adolescencia hasta sus últimos años, se observa la coherencia de un pensador sin fisuras como su indoblegable carácter.

         Entre lo que Ayala piensa en su juventud y lo que con madura reflexión sostendría, años después, existe una perfecta solución de continuidad sin que el lapso transcurrido signifique un aferramiento a moldes arcaicos, por la extraordinaria transformación del siglo. Eusebio Ayala se adelantaba a su tiempo y con sentido profético iluminaba el futuro, que no era comprendido por las masas, casi siempre descreídas de las promesas, aún en aquellas situaciones en que se expresaba con la claridad y la verdad que lo caracterizaban.

         Sus palabras reflejan la clara concepción, de lo que debe ser el servidor público. Todo hombre público está sujeto a los juicios críticos más opuestos que, algunas veces, con demoledora impiedad hieren la honra de las personas. Ayala padeció sin misericordia los juicios que sobre su actuación pública le dirigían sus conciudadanos. Mantenerse sereno e inconmovible en estas circunstancias es siempre difícil, pero no imposible cuando la verdad lo acompaña.

         El período que corre entre los años 1912-1923 se destaca por la intensidad de su vida pública. Es una época histórica de grandes enfrentamientos, en todo orden, internacional como interno; la guerra mundial (1914-1919) y la revolución de 1922 a 1923.

         Estos hechos toman a Ayala en su mejor momento de vigor como intelectual dando pruebas acabadas de su capacidad de estadista.

         En solitarios soliloquios enfrentó, en más de una ocasión, perturbadores problemas de conciencia, que no trascendieron de su fuero íntimo. Refiere don Ramón I. Cardozo en sus MEMORIAS con motivo de una cuestión suscitada entre el prestigioso educador guaireño y el Ministro de instrucción Pública Dr. Justo P. Prieto en el reciente inaugurado período presidencial del doctor Ayala, al comenzar el conflicto con Bolivia. Señala Cardozo en la oportunidad citada, "Ayala no manifestó interés en la cuestión".

         Este hecho debió molestar a Cardozo, "por la actitud 'búdica' (sic.) del Presidente", según comenta el educador. ¿Estaba justificada la observación de Cardozo? ¿Pensó en la preocupación del Presidente frente al conflicto bélico que en ese momento se enfrentaba? Aún en el supuesto que la razón estuviera de parte del calificado educador paraguayo y condiscípulo: ¿era oportuno en ese momento desautorizar a un ministro de Estado?

         Durante todo el lapso de la guerra, solo una vez se produjo un cambio en el gabinete del Dr. Ayala, ampliamente explicado y justificado por el Presidente. Este hecho ocurre cuando su ministro de Relaciones Exteriores doctor Justo Pastor Benítez es nombrado Ministro Plenipotenciario a Río de Janeiro. Señalaba entonces el Presidente Ayala que el cambio se justificada plenamente por cuanto la estrategia diplomática requería colocar "al hombre correcto en el lugar correcto", como textualmente, sin rodeos, declaró. En el cambio no había nada oculto ni segundas intenciones.

         Siempre que fue necesario tomar una decisión extrema, en donde los resultados podrían resellar adversos y con consecuencias imprevistas, Ayala no titubeó asumir sólo la responsabilidad plena, sin pensar dos veces.

         Sobre el ataque a la capital del 9 de junio, Tomas de los Santos describe con suma precisión los detalles de la contienda bélica desde su comienzo hasta el final. Relata ese momento:

         "Después de dos semanas de intensa expectativa, en la madrugada de este día las fuerzas sediciosas emprendieron el ataque a la capital.

         Como es sabido, el 30 de mayo, las fuerzas de los coroneles Chirife y Mendoza, se posesionaron de Luque: a partir de esta fecha, las avanzadas de ambos ejércitos o destacamentos exploradores de caballería, pequeños núcleos por otra parte, libraban constantemente ligeras escaramuzas, encuentros sin importancia, reducidos a algunos minutos de tiroteo sin comprometer una acción seria. "

         Más adelante destaca De los Santos las alternativas del ataque a la capital que tendría su culminación el día 9 de junio:

         "Serían las 6:30 cuando comenzó el primer ataque por la avenida Venezuela. Las tropas chirifistas venían en formación cerrada, no siendo posible desplegarse en orden disperso con una furia suicida. Era el momento álgido de la lucha. El fragor de las ametralladoras, de la fusilería y de los cañones por ambas partes era infernal y ponían los nervios en tensión.

         Eran las 11:30 más o menos cuando el ataque a la capital había fracasado; la derrota de las tropas de Chirife y Mendoza se pronunciaba por completo."

         Marcelle Durand, comenta sobre ese día del ataque; "El 9 de junio de 1922 nos despertó un cañoneo". El doctor Ayala vivía en una casa en pleno centro de la ciudad (ESTRELLA y 15 DE AGOSTO). Era casi las siete de la mañana. Se vistió rápidamente y dijo a su familia inquieta: "Voy a la Escuela Militar. Permaneced tranquilamente en casa, es la única cosa que se puede hacer y partió", según refiere su esposa.

         "Esa tarde -sigue recordando- cuando el Dr. Ayala regresó a su casa, no lo había abandonado su serenidad habitual. Pero es de suponer que le atormentaban graves preocupaciones."

         Dedica la memorialista largos comentarios a esos momentos de la revolución del año 1922, donde el doctor Ayala mostró sus condiciones de gobernante. "Un oficial leal, el coronel Manlio Schenoni fue puesto al mando de las tropas que perseguían a los revolucionarios (...) de victoria en victoria, llegó a Villarrica donde estableció su Cuartel General". En otro momento menciona la actuación del teniente Estigarribia para decir que "los que escribieron o escriban la historia de la revolución de 1922 -1923 deberán interesarse muy especialmente en la maniobra extraordinaria y brillante realizada por el Teniente Estigarribia y sus soldados en Ca'í Puente".

         Es de hacer notar el estilo llano y sencillo con que escribe la esposa del Dr. Ayala, sobre momentos de la vida de éste, sin ningún boato grandilocuente, pero evidentemente refleja la realidad.

         A partir de la retirada de las fuerzas revolucionarias, que habían fracasado en su ataque a la capital, comenzaba la parte más difícil de la revolución que con tanta irresponsabilidad iniciaron las fuerzas militares al mando de los coroneles Chirife y Mendoza. A estos dos importantes jefes seguirían otros: el Tte. Cnel. Francisco Brizuela, el comandante Fermín Casco, mayor Enrique Olivier, mayor Eugenio Garay, mayor Honorio Alfonso y otros más.

         En las filas leales del gobierno se destacan: el coronel Manlio Schenoni, capitán Luis Irrazabal, mayor Arturo Bray, mayor José Félix Estigarribia, capitán Nicolás Delgado, capitán Camilo Recalde, Juan B. Ayala, Rafael Franco, Higinio Morínigo, Carlos Fernández y otros más.

         Todos estos oficiales y jefes que participaron en la revolución en ambos bandos, volverían a actuar durante el conflicto chaqueño.

         La contienda bélica seguiría con alternativas diversas en los distintos frentes, con consecuencias funestas para el país.

         El presidente Ayala demostró en todo momento ser un conductor civil y militar de imponderable capacidad que estuvo a la altura de los acontecimientos. La rebelión debía ser vencida, pero al mismo tiempo la nación debía continuar, sus instituciones preservadas y los derechos de todos los ciudadanos protegidos conforme con la Constitución.

         La revolución se había extendido al campo y en la penosa coyuntura el Presidente de la República está presente para acompañar a las fuerzas del gobierno. La prensa se hace eco de la actitud presidencial: "El Presidente de la República doctor Eusebio Ayala acompañado de los ministros de Relaciones Exteriores Doctor Alejandro Arce y el Ministro de Justicia doctor Elíseo Da Rosa juntamente con el alto comando avanzó a Caballero desde Sapucay, siguiendo de cerca a la Infantería del Ejército legal, el cual vitoreaba al Primer Magistrado de la Nación". "Es el primer ejemplo, quizás que el Primer Magistrado de la Nación se identifica tanto con la causa del pueblo que su sola presencia basta para infundir el ánimo", agrega.

         Al fin del mes el mismo periódico anunciaba el regreso del Presidente del frente de lucha.

         Ayala, no obstante la magnitud de la guerra civil desatada, trató en la medida que las circunstancias permitían, desenvolver la acción gubernativa conforme con la constitución y las leyes. Prueba de ello fue su posición frente a la actitud del Congreso al no autorizar la declaración del estado de sitio que correspondía ante el estado de rebelión del ejército frente al poder civil. El Congreso dejó de reunirse deliberadamente por ausencia de la mayoría de sus miembros. Por esta causa recién en el mes de setiembre de 1922, el Poder Ejecutivo adoptó la medida de excepción, caso contrario podía caerse en una grave anarquía fuera del control del gobierno, fijando el plazo de vigencia del estado de sitio hasta el 31 de diciembre del año en curso.

         Un testigo del momento señala al respecto de la actuación del Presidente Ayala:

         "Este distinguido estadista fue el salvador de los principios institucionales y de la libertad. Cualquier otro menos ponderado que él como hombre de Estado, no hubiera quizás vacilado en el uso de medios coercitivos que al parecer exigían las circunstancias excepcionales y sin precedentes porque atravesaba entonces la República.

         Su ecuanimidad, su reposada energía dignas de admiración no se alteraron jamás ni en las horas graves, de ansiosas expectativas."

         Consecuentemente con la actitud asumida desde que inició su mandato presidencial por nombramiento del Congreso Nacional, exigió de las autoridades de todo el país una conducta que se ajustará a la ley sin desviaciones de ninguna forma. Tal es el sentido de la circular que el Presidente de la República dirige a "las autoridades políticas de la campaña desde Asunción enero 2 de 1923".

         "He recibido quejas respecto a algunas persecuciones de que son víctimas ciudadanos que pertenecen a la oposición, de parte de las autoridades y de parte de amigos políticos del gobierno. Sería muy desagradable que esas quejas tuvieran fundamento. Las autoridades nacionales no deben obrar bajo la influencia de inspiraciones, ni menos de pasiones políticas. Quienes no entienden así su misión deberá abandonar el cargo, pues el gobierno no está al servicio de ningún interés partidario, sino para proteger y amparar a todos los habitantes, sin distinción alguna.

         El deseo del gobierno, por otra parte, es practicar una amplia política del olvido, a fin que los ciudadanos puedan dedicarse en paz y concordia al trabajo.

         Acuse recibo. Saludo a Ud. atte. Eusebio Ayala".

         Poco queda para el comentario, la circular del Presidente de la República, que en forma inusual dirige personalmente a las autoridades. Cuando un presidente se sitúa al nivel de sus ciudadanos, su grandeza adquiere perfil excepcional.

         El comité central del Partido Liberal Radical a su vez, el 31 de enero de 1923, lanzó un manifiesto explicando todas las alternativas de los acontecimientos que provocaron el alzamiento militar de los coroneles Chirife, Mendoza y Brizuela. Como los esfuerzos realizados por el Ejecutivo para evitar el conflicto armado que cubría de luto a la nación. En la parte final del manifiesto señalaba: "La Comisión Central recomienda, asimismo, a todos los correligionarios que presten su más decidido apoyo a las gestiones gubernativas del doctor Eusebio Ayala, correligionario eminente de probada capacidad, que después de haber salvado del naufragio a las instituciones democráticas está empeñado en realizar una administración honesta y progresista". Suscribieron el documento los miembros titulares del directorio liberal: Belisario Rivarola, Presidente; Raúl Cazal Ribeiro, Secretario; Justo Pastor Benítez, Secretario; Vocales: José P. Guggiari, Emiliano González Navero, Manuel Burgos, Luis A. Riart, Lisandro Díaz León, Eladio Velázquez, Francisco Campos, Venancio B. Galeano. Manuel Peña, Luis Escobar, Rodolfo González, Luis De Gásperi.

         El desastre de los insurrectos en Ca'í Puente (Coronel Bogado), marca el inicio de la derrota revolucionaria, que buscaría como último recurso reagrupar sus fuerzas vencidas y dirigirse hacia el norte del país.

         En vista de la marcha de los acontecimientos el Directorio del Partido Liberal Radical, invita al Presidente Provisional doctor Eusebio Ayala, para comunicarle que el partido propiciaría su candidatura a la presidencia de la República para el nuevo periodo a iniciarse el año siguiente.

         El Presidente Ayala aceptó el ofrecimiento, pero al mismo tiempo manifestó que renunciaría inmediatamente, pues no debía presidir su propia elección.

         Existían muchos que solicitaban al presidente Ayala dejar la presidencia y aparentemente el ofrecimiento hecho, era una oportunidad adecuada. Dejaba el alto cargo para el que fue elegido con la plena conciencia que había cumplido su misión, cual era; hacer frente al alzamiento militar. Correspondería a su sucesor completar su obra, que podría hacerlo con más libertad.

         El doctor Ayala durante su gobierno provisional, no obstante la grave situación que debió superar, no estuvo exento de críticas por parte de sectores más radicalizados tanto del gobierno como de las autoridades partidarias, que exigían mayor dureza frente a los rebeldes. Ayala era de parecer que cualquier oportunidad u ocasión era buena para llegar a una concertación de paz, siempre que se respetara a la autoridad constituida, sin venganza ni revanchismo, que era lo que fervientemente combatió el Presidente durante, su difícil gobierno provisorio.

         Para Ayala era todavía algo lejano el ofrecimiento de su posible candidatura. Por otra parte estaba satisfecho con la sucesión presidencial, en su Ministro de Hacienda el Dr. Eligió Ayala; consideraba que la designación de su substituto no podía ser más acertada.

         Resuelta la renuncia del Presidente por las causas señaladas anteriormente, éste dirige su último mensaje al Congreso al inaugurar el nuevo período legislativo.

         Empezaba así e documento:

         "Hace un año esbocé a V. H. un programa de acción gubernativa que fue seguido luego de varios proyectos tendientes a resolver problemas esenciales para el bienestar y el progreso de la República. Entendía entonces que era preciso desviar las actividades políticas hacia una labor constructiva de carácter nacional, apartándola así de la senda peligrosa que ya había provocado un atentado contra el orden legal. Mis sinceros empeños de restaurar la base partidaria del Gobierno se estrellaron ante intransigencias tenaces, ante enconos irreductibles. El Congreso, en vez de colaborar en la tarea de apaciguar los espíritus y devolver al país el goce de la paz institucional, se afanó en exacerbar pasiones apenas reprimidas."

         El tono y el contenido del mensaje difiere del dirigido el año anterior, que si bien existía suma intranquilidad en el ámbito político, el Presidente Ayala alentaba la esperanza de conducir a la nación hacia la ejecución de un plan que hiciera olvidar los recíprocos agravios políticos. Era esta la razón por la cual el Presidente Provisional intentaba establecer un clima de tolerancia y respeto para encauzar la acción del gobierno. En el anterior mensaje se destaca con claridad los objetivos y la forma práctica de cumplirlos.

         La rebelión militar que se inicia el 27 de mayo de 1922 crea otra situación bien distinta, y obliga al presidente Ayala a defender enérgicamente el orden constitucional que se pretendía desconocer, en la persona del primer magistrado de la nación y las autoridades legítimamente constituidas.

         El gobierno rechazó con energía el asalto a la capital de las fuerzas revolucionarias el 9 de junio de 1922, sin estado de sitio, porque el Congreso válido de "una mayoría adventicia" no se reunió para prestar el acuerdo constitucional necesario. Difícilmente podrá encontrarse un ejemplo igual en la agitada vida política de la nación, ni de ningún gobierno de otro país en situación semejante. Con el mismo valor y decisión que enfrentó el asalto bélico a la capital, actuó ante un congreso cuya obligación era apoyar al gobierno constituido.

         Más adelante, con relación expresaba al mensaje presidencial, comenta De los Santos:

         "En los primeros días de setiembre el Poder Ejecutivo declaró el estado de sitio en toda la República hasta el 31 de diciembre y en la fecha prorrogó hasta el 15 de abril (1923). Se hizo de la facultad extraordinaria un uso moderado, respetando la libertad pública."

         En plena guerra civil el estado de sitio fue aplicado en forma moderada, "respetando la libertad de las personas". Concluía el corto y dramático mensaje de abril de 1923:

         "Gobierno y pueblo, partido de la situación y partidos opositores; nacionales y extranjeros, ricos y pobres, todos en fin, los que tienen su vida, su afecto o sus intereses vinculados a este país, necesitan aunar sentimientos y voluntades en favor de la paz nacional basada sobre la ley."

         Ayala estaba demostrando que la fortaleza de un gobierno está en la justicia de la causa que defiende y en la conducta que aplica para gobernar tanto a los leales ciudadanos, como aquellos que se desviaron del cauce de la ley, sin entrar a juzgar la justicia de sus reclamos.

         Cuando unánimemente el Congreso en pleno, con la anuencia del oficialismo y opositores, el doctor Eusebio Ayala asume la primera magistratura de la nación muchos pensaron que se prestaría fácilmente el juego de los intereses de los unos y de los otros. El tomó el timón del gobierno con la brújula de su conciencia y su clara inteligencia. Al producirse el alzamiento del 27 de mayo, el gobierno enfrentó al 90% del ejército permanente, a cuya cabeza estaban militares de reconocido prestigio, pero los cañones no votan y tarde o temprano el sufragio vence al cañón, porque el derecho supera siempre a la fuerza bruta.

         "El Partido Liberal Radical -comenta De los Santos- con elocuente unanimidad acordó propiciar la candidatura del doctor Eusebio Ayala, para Presidente de la República, en el próximo período constitucional, rindiendo así un merecido homenaje a sus relevantes dotes de auténtico hombre de estado, probados airosamente en uno de los períodos más caóticos y difíciles de nuestra vida democrática..."

         El Presidente después de aceptar agradecido el honor que se le discernía, manifestó: "que no debiendo presidir su propia elección, en la oportunidad presentaría su renuncia al elevado cargo que ejercía".

         La revolución se encontraba vencida, al no conseguir en el primer momento cumplir su objetivo de apoderarse de la capital. Todo era cuestión de tiempo y de mayor decisión del gobierno para aplastar sin contemplaciones a los rebeldes, aspecto éste último, que no estaba en la praxis del Dr. Ayala. La autoridad del Presidente era incuestionable, pues había demostrado cualidades superiores de conductor en los momentos más críticos, respetado por amigos y adversarios. Por otra parte, no era verdad lo que propagandistas interesados hacían correr como rumor, que la dirigencia partidaria presionaba por mayor energía para derrotar a la revolución insinuando su renuncia. Ayala había sido elegido por el Congreso en pleno, no por el directorio del partido liberal, sabía que su mandato era legítimo y aparte su posición en el gobierno era firme después de un año de lucha sin tregua.

         Al presentar su renuncia al cargo lo hizo con la plena conciencia que había cumplido con su compromiso, por otra parte estaba plenamente seguro que su sucesor, el Dr. Eligio Ayala, Ministro de Hacienda, continuaría con la misma política de gobernar el país y vencer la rebelión.

         La renuncia del presidente fue aceptada por el Congreso el día 12 de abril e inmediatamente, después de breves deliberaciones, fue elegido para suceder al renunciante, conforme prescribe la constitución; el Dr. Eligio Ayala, Ministro de Hacienda en ejercicio.

         El nuevo presidente electo recibe de su antecesor, Eusebio Ayala, el mando presidencial de acuerdo con las previsiones legales y constituye su gabinete en la siguiente forma: Dr. Modesto Guggiari, Ministro del Interior; en Relaciones Exteriores, Dr. Rogelio Ibarra Legal; Ministro de Instrucción Pública y Justicia, Sr. Lisandro Díaz León; de Guerra y Marina, Coronel Manlio Schenoni Lugo.

         Eusebio Ayala consideró oportuno alejarse del escenario político momentáneamente, por estimar que por más apartado que quisiera estar del quehacer gubernamental, sería difícil su alejamiento total si permanecía en Asunción, por lo que decide viajar a Europa.

         Días antes de su viaje sus correligionarios y amigos le ofrecen una demostración de despedida. Esta fue ocasión propicia para demostrar al ex Presidente el gran prestigio que gozaba por su actuación en el gobierno. En nombre de los presentes el Dr. Belisario Rivarola, presidente del Partido Liberal Radical, en un conceptuoso discurso, puso de manifiesto las cualidades excepcionales del ex presidente. Mencionó en la oportunidad el Dr. Rivarola:

         "En nombre y representación de nuestro partido le ofrezco esta fiesta, que es cita de cordialidad y solidaridad política, como merecido homenaje por la destacada actuación en el poder supremo, que con honra acaba de dejar, en cumplimiento de un compromiso contraído con nosotros para que su nombre sea oportunamente propiciado como candidato a la Presidencia de la República para el próximo período constitucional." Más adelante señalaba el orador:

         "Es grande la energía que desplegó el doctor Ayala para oponerse al avance de la demagogia que era fruto de una política absorbente, basada en los intereses de un círculo de hombres carentes de todo lastre moral. El digno compatriota e ilustre correligionario, que ahora vuelve a ocupar modestamente, el puesto de soldado de la democracia después de cumplir con honra su mandato que se le confiara en momentos azarosos, levantando una barrera infranqueable a los desbordes de las pasiones y a los apetitos de un grupo de logreros políticos y de mercenarios de la pluma y la espada se ha ganado los respetos, la gratitud y consideración de todos nosotros y que, si, hoy tal vez se le regateen fuera de nuestra comunidad mañana, estoy seguro, se le hará plena justicia a su patriotismo, honestidad, acreditadas en el desempeño de la Presidencia de la República (...) Dr. Ayala; su mayor título de gloria es haber puesto dique a la eclosión de una ominosa dictadura militar, cuyos prohijadores y agentes, hoy, a estas horas se guarecen como salteadores de caminos."

         Por su parte el homenajeado contestó la demostración con un discurso, propio del estadista que era, señalando con altura el grave momento nacional, y ofreciendo una cátedra del buen gobierno.

         "Señores:

         Atribuyo lo que el señor Rivarola ha dicho, a la amistad y a la solidaridad política, las palabras benévolas que he escuchado de sus labios respecto a mi persona.

         La obra de gobierno que he podido realizar en este año de crisis, no es mi obra, es la obra de todos Uds., de todos nosotros, de todos los que, dentro y fuera, del Partido Liberal tenemos conciencia de lo que es y debe ser la institución del gobierno.

         Yo, en medio de esta tormenta, he ocupado el puesto más visible, quizás el puesto de más responsabilidad, pero no hubiera podido realizar nada si no hubiera contado con la voluntad del Partido Liberal, con la voluntad del pueblo, del pueblo anónimo que instintivamente ha sentido la necesidad de ponerse detrás de esta entidad que se llama Gobierno, que en los países civilizados es la protección de todos los partidos, de todos los ciudadanos, de todos los habitantes. El pueblo tiene muchas veces un instinto seguro, en los días de zozobra hemos visto a este pueblo acudir en defensa del gobierno, no en defensa de determinadas personas, ni quizás de determinados partidos, acudió en defensa de un gobierno, que si bien no había realizado nada grave por no tener tiempo, como no lo había tenido el del señor Gondra, cuya labor fue truncada en mala hora; pero que por lo menos, era un gobierno que había respetado las libertades, había respetado y amparado el trabajo de los individuos que es su deber primordial".

         Las palabras del doctor Ayala fueron más allá de un discurso de circunstancia, protocolar como tantos, que se pronuncia en situaciones parecidas.

Cada juicio tenía el contenido de un texto de política y lo que es más el significado de la función gubernamental cuando deben tomarse decisiones drásticas para defender la constitución sin necesidad de violar sus normas escritas. Sus raíces campesinas afloran a través del discurso exacto de un profesor de alto nivel, que no se detiene en sutilezas para asumir responsabilidades.

 

 

V - LA CONTIENDA CIVIL 1922-1923

Y LA ACTUACIÓN DEL PRESIDENTE EUSEBIO AYALA

 

         No se caerá en reiteración innecesaria, puntualizar algunos hechos sucedidos durante la contienda civil de comienzos de la década de 1920 como sus efectos posteriores, donde el doctor Ayala tuvo un papel destacado dentro de los dramáticos acontecimientos que debió enfrentar en ese momento y que solo ahora pueden ser juzgados con ecuanimidad. Demostró tener una clara concepción del momento político y por sobre todo sus derivaciones futuras. El costo de la rebelión fue preocupante por sí mismo, pero sus repercusiones internas e internacionales podrían haber sido mayores.

         Después de haberse rechazado el ataque rebelde del 2 de junio de 1922, y vencida la revolución, se produce una evolución político-institucional en el marco jurídico adecuado. Esto permitirá las presidencias constitucionales de Eligió Ayala y José Patricio Guggiari, con la vuelta a la normalidad, la recuperación económica y financiera y la organización de la defensa nacional.

         La sucesión pacífica del mando a favor del doctor Eusebio Ayala hizo posible que la máquina de Estado como sus instituciones estuvieran organizadas para enfrentar el conflicto bélico. La unión nacional fue posible precisamente por la normalidad institucional de los dos periodos presidenciales que se sucedieron después de concluida la revolución del 1922.

         Eusebio Ayala demostró tener las condiciones necesarias de un gran estadista y no la de un mero transeúnte en el poder. Afrontar y resolver ejecutivamente en un estado de subversión y no detener la marcha del Estado, requiere una capacidad imponderable de virtudes que hacen de un gobernante "el hombre cierto, para el momento cierto".

         La contienda civil-militar que se dio entre 1922 y 1923, conmovió a la nación. Buscar responsables, autores o inspiradores, fue difícil, como señalar en el fragor de la lucha, cuando las pasiones desbordan los objetivos.

         Muchos pensaron, con rara coincidencia, que al asumir Ayala la responsabilidad de la Presidencia Provisoria, daría satisfacción a las ambiciones personales de los unos y de los otros. Nadie llegó a comprender que el hombre que asumió la primera magistratura de la nación, estaba decidido a gobernar y no ser gobernado a mandar y ser obedecido sea como Presidente o Comandante en Jefe, porque tenía conciencia de su responsabilidad constitucional.

         El presidente Ayala estaba dispuesto a defender con férrea voluntad los principios e ideales que siempre había sostenido dentro del marco de la constitución y de las leyes.

         Con la perspectiva de los años transcurridos se puede juzgar mejor esa década decisiva de 1920-1930, y no solamente el período de la revolución.

         No es el propósito de esta biografía sacralizar a un personaje mitológico y providencial, todo lo contrario, es colocar al prócer en su dimensión humana en esos años decisivos.

         La primera presidencia de Ayala durante el conflicto, como las motivaciones de su conducta pueden juzgarse más cabalmente cuando corrido el velo que envuelve la época, se observa la secuencia posterior de los acontecimientos. Ayala estaba por encima de las malquerencias que envolvían a civiles o militares, liberales radicales o schaeristas, azules o colorados. Asumió en forma solitaria responsabilidades y decisiones difíciles con visión de estadista más allá de las circunstancias traumáticas de la contienda.

         El Presidente se percata que el enfrentamiento no es institucional o ideológico entre civiles y militares envueltos en la contienda bélica. Todo se reducía a la ambición de mando y poder conjuntamente, por ello respetó e hizo respetar el orden constitucional, caso contrario una dictadura militar se hubiera apoderado del poder por el poder, y nada más; sin objetivos ni propósitos reales.

         El presidente provisorio era consciente de la legitimidad de su poder, que emanaba de un mandato constitucional con las garantías del "debido proceso legal". Fue elegido, no votado por un Congreso Extraordinario. El Poder Legislativo con la intervención de todos los sectores y partidos de la oposición, se decide por la única alternativa posible del momento. No había otro hombre más capaz, llevando oculto el carisma de un gran gobernante de férrea voluntad, que no sería manejado.

         El coronel Adolfo Chirife formado en instituciones militares de Chile y Alemania gozaba de merecido prestigio por su formación profesional. No era temperamental como Albino Jara.

         Chirife era ambicioso del mando militar, que comenzaba en el cuartel y terminaba en el cuartel desde donde creía se podía gobernar una nación dentro de patrones prusianos. Para ejercer el mando absoluto necesitaba por tanto el poder civil, pero para ello era necesario tener conciencia cívica. Ese fue el motor que lo inspiró a ambicionar la primera magistratura, pero no fue lo que manifestó en el comienzo de la rebelión. Manuel Gondra decide renunciar al cargo creyendo que de ese modo se superaría la situación. Ayala por el contrario se niega; al vislumbrar con su genio clarividente la dictadura militar.

         Historiadores y políticos consideraron la contienda civil del 22-23 como un enfrentamiento entre dos facciones partido liberal: radical y schaeristas. Nada más errado, y así lo entendió Ayala al mantenerse firme en el gobierno para rechazar la fuerza militar rebelde que representaba el coronel Chirife y sus camaradas que lo acompañaron en su mayoría oficiales y jefes del cuadro permanente.

         Eduardo Schaerer fue un gran político, dirigente y caudillo. Su presidencia (1912-1916) fue una de las mejores y más progresistas. Se lo considera el inspirador y jefe de la rebelión, pero no era así, pues fue solo el caudillo civil que los rebeldes militares, Chirife a la cabeza, necesitaban para dar fuerza popular a la causa revolucionaria. Bray crítico severo y actor en la contienda a favor del Gobierno, comenta: "Schaerer se hallaba enfermo de algún cuidado y no tuvo intervención directa en aquellas trapisondas; incluso se aseguró que era contrario al levantamiento, pero ante los hechos consumados, no le quedó otro recurso que hacer causa común con sus partidarios y con los jefes militares sublevados".

         Eduardo Schaerer pronto percibió que el presidente Ayala no era el bondadoso esteta que era Gondra. Ayala tenía el carisma de un senador romano, que abandona sus tareas civiles y se pone al frente de su legión para combatir y gobernar al mismo tiempo. Julio César el conquistador de las Galias era de esa pasta. Ayala con el mismo genio, aplastó una rebelión militar y reconquistó el Chaco Paraguayo.

         Adolfo Chirife era un militar capacitado para dirigir su tropa y mandar sobre sus subordinados, pero no son las batallas las que deciden, conforme el pensamiento wilsoniano: "Nunca la guerra fue una cuestión de hombres y cañones. Ella no puede hacerse sino por la fuerza organizada".

         La contienda bélica del Chaco fue ganada, por un jefe del talento militar de Estigarribia, porque sabía que sus espaldas y la retaguardia de su ejército, estaban cubiertas por el Comandante en Jefe, que era mucho más que un cuerpo de ejército.

         El doctor Rogelio Urizar médico eminente, militó en las filas del partido liberal, en el sector cívico; escribió LOS DRAMAS DE NUESTRA ANARQUÍA, en dos volúmenes. No es un libro de historia propiamente dicho, sino la crónica un tanto apasionada de las vicisitudes del Paraguay desde los albores coloniales hasta nuestros días.

         Al ocuparse de la Revolución del 22 lo hace en forma extensa y detallada, tanto en el aspecto civil como militar. Para la relación del conflicto y sus alternativas en ambos bandos contó con una fuente original valiosa; los apuntes y comentarios (inéditos) del coronel Manlio Schenoni.

         El doctor Ayala ajustó su gobierno provisorio dentro del marco jurídico. Era evidente que tenía un plan que iba más allá de la contienda revolucionaria; le preocupaba el futuro.

         Comenta Urizar el momento que el Presidente Ayala renuncia a la primera magistratura para entregar a su sucesor Eligió Ayala:

         "Este cambio de gobierno obedecía al descontento manifestado por el Directorio del partido con el temperamento conciliador que el doctor Eusebio Ayala observó desde el primer momento de la sublevación del 29 de octubre, buscando armonizar los intereses de ambos bandos, y también por la lentitud con que marchaban las operaciones militares. En el Directorio gondrista había personas que criticaban el temperamento neutral del presidente, que no permitía a su vez ninguna intervención muy directa en los actos de su gobierno."

         La deducción de Urizar se ajusta a lo que externamente se percibía, pero para Ayala la realidad era otra, a quien debía vencer era a la rebelión militar, que después del fracaso de apoderarse de la ciudad el 2 de junio de 1922, retrocedía hacia el interior, extendiéndose peligrosamente la contienda civil. Ayala sabía que la rebelión estaba vencida, pero aspiraba como gobernante evitar una agonía que incidiera en ambos bandos y consecuentemente en el país.

         El juicio de Ayala sobre Schaerer, en cierto modo aclara lo que consideraba más importante frente al conflicto:

         "He sido amigo del Sr. Schaerer, aprecio mucho alguna de sus cualidades. El señor Schaerer ha sido víctima sobre todo de su ignorancia, por qué no decir la verdad. La ignorancia de los gobernantes es un peligro grande para la República. El señor Schaerer habrá tenido buenas intenciones pero no ha tenido clarividencia. No ha tenido el sentido de la psicología, ni el de la historia, estas dos grandes maestras de la política. El señor Schaerer creyó que se puede hacer gobierno con solo el apoyo de la política y del ejército, respondiendo oficial por oficial, comisario por comisario, a los caudillos directores; pero éstas son las seguridades que deben tener un gobierno, hay un esfuerzo imponderable que es la única base segura del gobierno y es la opinión, pero la opinión es algo anónimo, algo vago, algo incierto, para sentirla es necesario precisamente tener el sentido que le faltaba al Sr. Schaerer, el sentido psicológico, el sentido de la intuición. La voz de la opinión no se oye, se siente que está con uno y el que es capaz de sentirla no la sabe apreciar, y de ahí vienen los grandes errores políticos que han costado muchas lágrimas, mucha sangre y mucho dinero al país.

         Para cuando termine la sedición se presentan otros problemas: el problema de la estabilidad política, o sea, el regular funcionamiento de las instituciones de acuerdo con las leyes, que los gobiernos sucedan, que las cámaras se reúnan, que los presidentes salgan y entren sin conflictos, sin choques violentos. Esto es lo que se llama estabilidad política, es decir, mantener incólume los principios en medio del cambio continuo de los hombres.

         Y bien; para llegar a esta solución, de la estabilidad política, tenemos que resolver un problema previo, el problema del ejército. El ejército ha estado en nuestro espíritu como un factor no de seguridad sino de inseguridad. Es necesario que su papel cambie totalmente, que se convierta en un factor de orden, en cimiento inconfundible de la vida democrática.

         Que los civiles respeten el ejército y los militares respeten el uniforme y su juramento. El que busca vincularse en el ejército es un hombre peligroso. Ningún político necesita de jefes, oficiales o fuerzas del ejército. La policía y el ejército deben ser neutrales. El gobierno no debe hacer obra partidaria por medio de la autoridad."

         Comenta Urizar respecto a este discurso memorable pronunciado por Ayala después de abandonar la presidencia, en una comida ofrecida por sus amigos con motivo de su viaje a Europa:

         "Y durante largo rato continúo hablando de honestidad, tolerancia política, como si hubiera querido predicar a sus amigos principios, que en verdad, eran muy de actualidad y que revelaban en el orador gran discernimiento y capacidad. El doctor Ayala no se imaginaba que al terminar la Guerra del Chaco la impudicia y la falta de patriotismo llevaría escribir con la mano de los militares las páginas más vergonzosas de nuestra historia".

         La transcripción del discurso precedente confirma plenamente la visión profética de Ayala. A partir de su gobierno provisorio se inaugura un proceso de consolidación constitucional con los períodos presidenciales de Eligió Ayala, José Patricio Guggiari

y la vuelta de Eusebio Ayala a la presidencia. Son doce años de efectivo gobierno civil, estabilización política, económica y financiera, defensa del Chaco bajo la preparación profesional de militares que respetaban al gobierno constituido. Cuando estalla el conflicto militar internacional alrededor del presidente Ayala se consolida la unión nacional que permite la marcha victoriosa del ejército del Chaco hasta el legendario Parapití. Pocos habían percibido que el gran arquitecto de la unión nacional fue Eusebio Ayala cuando vence la rebelión militar y se consolida el poder civil con los mejores hombres del momento.

         Al iniciarse el período parlamentario del año 1922 una mayoría de conveniencia, formada entre colorados y schaeristas se propone obstaculizar al Ejecutivo. Por iniciativa del bloque colorado se presenta un proyecto de ley de convocatoria a elecciones de Presidente de la República para provocar la terminación del mandato de Ayala. Lo paradójico de este planteamiento era que la autoridad partidaria de la Asociación Republicana había manifestado que de llamarse a elecciones no participaría en la confrontación si no se modificaba la actual ley electoral. Contra viento y marea se aprueba la ley de convocatoria a elecciones, sabiendo el Congreso que las condiciones para los comicios no estaban dadas por la abierta actitud de rebeldía del coronel Chirife.

         El 22 de mayo de 1922, el Ejecutivo con la firma de todo el gabinete envía un mensaje al Congreso vetando la ley de elecciones por los fundamentos jurídicos y políticos que se expresaban en el mismo documento.

         Frente al silencio constitucional sobre el punto, el Ejecutivo sostenía que la presidencia provisoria debía completar el período de cuatro años del ex-presidente Manuel Gondra. Los precedentes constitucionales existentes sobre la convocatoria a la elección presidencial, eran dos. El primero cuando el general Bernardino Caballero, asume la presidencia provisional (1880-82) para completar el período de don Cándido Bareiro (1878-82) que fallece en 1880 y el vicepresidente Adolfo Saguier es obligado a renunciar. Sin abandonar el poder, Caballero inaugura otro período constitucional (1882-1886). El segundo precedente ocurre cuando el año 1912, después de la anarquía jarista se llama a elecciones, antes de cumplirse el período constitucional de don Manuel Gondra, derrocado por Albino Jara, accede a la Presidencia de la Nación; don Eduardo Schaerer, el 15 de agosto de 1912. Es decir, existían dos criterios opuestos sobre la materia, en vista del silencio constitucional.

         El criterio del Ejecutivo era completar el mandato conforme la Constitución, al señalar:

         "El período es de cuatro años, y el término de la presidencia provisoria, es la elección de un nuevo presidente. No hay ninguna razón política ni económica que justifique esta alteración de los períodos presidenciales y ni el país ni los partidos están en condiciones de realizar una elección legal y pacífica."

         Urizar comenta: "Lo que justificaba plenamente la oportunidad del veto era la intención de proclamar candidato al jefe militar acusado de ser el principal culpable del golpe de estado y que conservaba todavía, el comando de las tres zonas militares".

         Impedir la posibilidad que un militar rebelde asuma la presidencia de la República por un acto eleccionario que no podía realizarse, era el justificado objetivo del presidente Ayala o sea cerrar las puertas a la dictadura militar a la que siempre se había opuesto el Partido Liberal.

         Después del ataque a la capital del 9 de junio al mando del coronel Chirife y su rechazo por parte de las fuerzas del gobierno, Ayala vuelve a enviar un Mensaje para explicar su conducta frente a los acontecimientos.

         "Habiendo sido llamado a la Presidencia provisoria como medio de evitar la discrepancia del partido gobernante y en consecuencia la guerra civil, no podía cumplir moralmente mi mandato si no oponía mi más firme voluntad a las elecciones, que en el ambiente que entonces reinaba no podía conducir a otra cosa que a una terrible anarquía. Me afané por convencer a los bandos, de la necesidad de llamar a elecciones antes de resolver el problema partidario. Ofrecí espontáneamente mi renuncia para que otro hombre más capaz que yo intentara de nuevo lo que yo no había conseguido. Rehusé del fondo de mi alma servir de instrumento para conseguir el triunfo de la fuerza sobre la legalidad. A pesar de mis instancias, la convocatoria fue vetada. No se podía decir honradamente de lo que iba significar las elecciones."

         Concluye el mensaje en estos términos:

         "El mandato es de origen parlamentario (se refería a su presidencia provisional), Su duración está subordinada a la elección de un nuevo mandatario en comisión. Pero aún así declaró ante el país, que ninguna consideración que toca a mi persona ha de ser obstáculo para devolver al pueblo su tranquilidad bajo un gobierno de orden.

         Nuestra responsabilidad es grande. No se diga de nosotros, ni hoy ni después, que fallamos en el empeño de dar a los habitantes de esta tierra siquiera la paz que tanto necesita. 15 de agosto de 1922.

         Eusebio Ayala".

 

         Ratificaba Ayala el principio que había sostenido, respecto a la elección constitucional del nuevo mandatario, el que le sucedía debía ser en comisión hasta cumplir el período presidencial del ex presidente Gondra.

         La sucesión presidencial se realiza normalmente, asume la Presidencia provisoria el doctor Eligió Ayala, Ministro de Hacienda en el gabinete anterior; el 12 de Abril de 1923.

         El nuevo gabinete queda constituido en la forma siguiente: Ministro de Instrucción Pública, Dr. Lisandro Díaz León; Relaciones Exteriores, Rogelio Ibarra Muñoz; Hacienda, Dr. Luis A. Riart; Interior, Dr. Modesto Guggiari. Comenta Urizar, "Eligió Ayala, era más camarada de la juventud radical y creían seguramente más accesible a las impaciencias del grupo, pero el Dr. Eligió Ayala resultó menos accesible".

         El texto de la renuncia del presidente Ayala, del 7 de abril de 1923, decía:

         "Honorable Congreso de la Nación

         Tengo el honor de dirigirme a V.H. para presentar renuncia del cargo de Presidente Provisional de la República que fui designado por Resolución de V.H. el día 7 de Noviembre de 1921.

         Eusebio Ayala. "

         El doctor Laurentino Olascoaga, durante los años agitados de la primera presidencia (1921-1923) del doctor Eusebio Ayala, actuó como Ministro Plenipotenciario en Asunción. Años después, en junio de 1942, le escribió a su amigo don Juan Francisco Pérez, sobre sus impresiones de aquellos momentos y a la vez hizo una semblanza del presidente Ayala.

         Las palabras del diplomático tienen valor inestimable, por ser juicio serio y ecuánime de un extranjero que conoció de cerca al ilustre mandatario.

         "Cuando en el año 1921 -escribe el diplomático- me encontraba representando a mi patria como ministro argentino en Asunción, debió asumir el cargo de Presidente Provisorio el doctor Eusebio Ayala y el pueblo sin distingos políticos decía que era el hombre para el puesto. 'Vox populis Vox Dei'. Y bien solo este ciudadano eminente podía levantar la moral de su pueblo y apaciguar los ánimos con espíritu ecuánime y con actitudes de gran patriota."

         Las palabras del doctor Olascoaga conservan actualidad permanente, a pesar del tiempo transcurrido, para apreciar en su dimensión exacta el temple del prócer desaparecido.

 

 

VII. LA SEGUNDA PRESIDENCIA DE EUSEBIO AYALA

 

         EL DIARIO en víspera de la convención del Partido Liberal publicó la siguiente nota:

         "Una auspiciosa unidad de miras. Para el P.E. constituye un timbre de honor la pugna, culta y serena y el elevado espíritu democrático que mantienen los parciales de dos eminentes personalidades, igualmente dignas para acceder a la primera magistratura como son; los doctores Luis A. Riart y Eusebio Ayala, pugna sin asperezas ni irritaciones reveladoras del alto desarrollo de las virtudes cívicas que enaltece la actividad democrática.

         Riaristas y Ayalistas no tienen inconveniente en formular y hacer pública su solidaridad con los rumbos trazados por el Canciller Gerónimo Zubizarreta comprometiendo amplia y categóricamente su solidaridad."

         Lo expresado por el periódico, no fue sino la consecuencia de las declaraciones del Partido Liberal, formuladas anteriormente, en sintonía con las actividades políticas.

         "13 de Noviembre de 1931.

         Declaración del Partido Liberal.

         Que reafirma el Principio cardinal de su política de tolerancia y de respeto mutuo, de asumir la responsabilidad del gobierno con el contralor de la misma.

         Que en consecuencia resuelve promover de inmediato la reforma de la ley electoral, de suerte, que ella mediante puedan verse representados todos los sectores ponderados y responsables de la opinión pública y para el caso que esta reforma no fuera suficiente, estudiar también a reforma de la C. N." (EL DIARIO).

        

         La convención del Partido Liberal se realizó en el TEATRO GRANADOS el día domingo 17 de enero de 1931. En la ocasión fue designado presidente de la reunión el doctor Manuel Burgos. Después que la Comisión de Poderes produjo su informe, quedó formalmente inaugurada la convención partidaria. Una de las primeras mociones aprobadas fue la de apoyo al Presidente de la República, doctor José P. Guggiari, y como al Canciller doctor Gerónimo Zubizarreta.

         El día lunes 18 quedó fijado para proceder a la elección del candidato del Partido, para las próximas elecciones de Presidente y Vicepresidente de la República.

El doctor Horacio Fernández en nombre de los postulantes del doctor Eusebio Ayala, expresó: "Acatar la decisión de la convención; caso que el voto fuera adverso al candidato propuesto apoyarían leal y sinceramente el candidato electo". En igual forma se expresó el doctor Gerónimo Riart en nombre de los convencionales, que apoyaban la candidatura del Dr. Luis A. Riart.

         El escrutinio de votos dio el siguiente resultado: doctor Eusebio Ayala 94 votos; doctor Luis A. Riart 86 votos.

         Con motivo de la elección del doctor Eusebio Ayala, EL DIARIO se refirió sobre la personalidad del candidato electo, antiguo colaborador del periódico en épocas anteriores. Como el mejor homenaje al doctor Ayala, se reproducía el artículo del periódico publicado el 17 de Agosto de 1920 en ocasión de ser nombrado el mismo, ministro de relaciones exteriores del gabinete de Don Manuel Gondra. Decía así: "La designación del doctor Eusebio Ayala como ministro era un hecho esperado también por la opinión pública, tanto por la amistad que lo vincula con el Presidente electo, como por las singulares dotes de su preparación y experiencia que lo señalan para ocupar los puestos de consejos desde donde se gobierna con los auxilios de la experiencia y moderación que son sus cualidades características".

         "Colaborador ilustrado de todos los presidentes radicales de 1912, sobre todo del extinto Presidente don Manuel Franco. EL DIARIO expresa su satisfacción por la acertada designación al frente de nuestra cancillería", concluía la nota periodística de esa época.

         El escaso margen de votos de los candidatos propuestos indicaba con claridad la existencia de una confrontación democrática en un ambiente de tolerancia y respeto.

         La convención eligió para la Vicepresidencia de la República al doctor Raúl Cazal Ribeiro, en oposición con el doctor Benigno Escobar.

         La convención realizada representó una demostración pública de la madurez política alcanzada por la nucleación política, sin presiones ni coacciones de ninguna clase. Pocos días después de realizada la convención del Partido Liberal presentaron sus renuncias al gabinete del entonces Presidente en ejercicio don Emiliano González Navero; el doctor Gerónimo Zubizarreta Canciller; doctor Luis A. Riart, Ministro de guerra y marina; doctor Rodolfo González, Ministro de Hacienda. Los tres ministros renunciantes hacen declaraciones a la prensa para manifestar que sus renuncias no tienen una relación especial con la elección del candidato a la presidencia doctor Eusebio Ayala, sino más bien una consecuencia normal para dejar en libertad al Poder Ejecutivo a seguir la política que más convenga a los intereses nacionales, considerando el próximo cambio presidencial. El doctor Zubizarreta explica, "que su renuncia no tiene ningún propósito oculto salvo su acatamiento a la convención realizada".

         Las expresiones formuladas por los ilustres ex ministros constituían manifestaciones de la cultura cívica existente, lo que permitía una flexible transferencia de poderes sin afectar en lo más mínimo los intereses de la nación. El doctor Justo Pastor Benítez que tuvo destacada actuación en la convención del partido, su renuncia fue motivada por haber sido electo para el cargo de senador.

         Un hecho importante fue la resolución dictada por la Cámara de Diputados en pleno, conforme disposiciones constitucionales, declarando "que no hay lugar a formación de causa contra el Exmo. Señor Presidente de la República, doctor José Patricio Guggiari".

         Con esta resolución, el presidente Guggiari asumió nuevamente el mando presidencial para continuar gobernando hasta el 15 de agosto del mismo año, en que hace entrega del mando al candidato electo Dr. Eusebio Ayala.

 

 

VIII. LA GUERRA DEL CHACO

 

         El 15 de agosto de 1932 el doctor Eusebio Ayala asume la Presidencia de la República inaugurando el decimoséptimo período constitucional.

         El presidente José Patricio Guggiari en sencilla ceremonia transfiere el mando presidencial. No se producen situaciones emocionales, dentro del marco sobrio del protocolo. El mandatario saliente, como el que asumía la alta función eran figuras experimentadas de la política; serenos y responsables. Ambos fueron conscientes de las horas difíciles por la que atravesaba la nación. Puesta ésta en pie de lucha, enfrentó los momentos más dramáticos de su historia, pero igualmente los de mayor gloria.

         Sobre la contienda bélica, en su aspecto militar se ha escrito bastante; en el Paraguay y Bolivia. Existen igualmente trabajos de expertos militares de otras naciones que se han ocupado sobre el conflicto bélico.

         La bibliografía de autores paraguayos sobre la guerra, sus alternativas, causas y orígenes, es abundante especialmente con referencia a la actuación personal de sus actores, en los distintos frentes y unidades.

         El mariscal José Félix Estigarribia fue el Comandante en Jefe del ejército paraguayo en campaña, desde el comienzo del conflicto hasta el final. Esta continuidad en el mando señala su capacidad en la conducción bélica. En este sentido el Presidente de la República y Comandante en Jefe, Eusebio Ayala, le dio su aval en todo momento. El Mariscal Estigarribia dejó escritas sus memorias de guerra, de indudable significado por constituir un testimonio insustituible como fuente histórica.

         Para la justa apreciación de las "memorias", se debe conocer como fueron escritas y posteriormente publicadas, para comprender su alcance y meritar su valor testimonial. Las "memorias" de Estigarribia despiertan interés, para conocer la actuación del doctor Ayala como factor decisivo para la victoria de las armas.

         Con el título LA EPOPEYA DEL CHACO fueron publicadas las "memorias" del mariscal José Félix Estigarribia, con el pie de imprenta del Ministerio de Hacienda.

         Las "memorias" tienen un Prólogo de la primera edición en español, escrita por el doctor Edgar Lineó Insfrán (1971). En el prólogo Insfrán explica cómo llegó a sus manos los originales que los guardaba el doctor Pablo Max Insfrán. Transcribe Edgar Insfrán, párrafos de la carta recibida de su tío Pablo Max, que decía: "Estigarribia escribió esas 'memorias' para defenderse".

         En base a las propias anotaciones del General Estigarribia siendo ministro plenipotenciario en Washington, le fue dictando a Pablo Max Insfrán sus memorias. Este a su vez se encargaba de redactar y dar forma al pensamiento de Estigarribia, en colaboración no visible, como se conoce en este tipo de relación; "escritor fantasma". Es esto normal, por ser corriente que una persona -actor principal- escriba sus memorias, con el auxilio de un escritor conocedor del idioma y la forma correcta de expresarse. Agrega Max Insfrán; "Yo seguí puliendo el trabajo, y estábamos por hacer juntos una revisión general, cuando él murió."

         De la síntesis anotada se desprende que el contenido de las "memorias", pertenece a Estigarribia. Pablo Max Insfrán le dio forma y estilo, lo que permitió comprender mejor el pensamiento de su autor. Aparentemente, en este sentido, el pendolista actuó con fidelidad. No obstante conviene señalar que al desaparecer el autor de los "apuntes", tal cual quedaron escritas, está la duda de las correcciones o rectificaciones que posiblemente hubiera hecho, no sólo por la omisión de nombres, como aclara, sino igualmente de concepto o juicio.

         En lo que respecta al aspecto civil, político o diplomático con relación al desarrollo del conflicto, los trabajos son muy limitados y parciales, fuera de las publicaciones oficiales; Libro Blanco del Ministerio de Relaciones Exteriores, folletos y mensajes presidenciales, que todos deben ser tenidos en consideración.

         Con respecto a la gestión diplomática de antes y después del conflicto se destacan y lucen las MEMORIAS DIPLOMÁTICAS el doctor Vicente Rivarola, en tres volúmenes, con un aporte documental importante. Es un testimonio veraz y auténtico. Vicente Rivarola merece bajo todo concepto el bien de la Patria. Actuó en sus misiones –Santiago de Chile y Buenos Aires- como un diplomático de alta escuela; por su tenacidad como devoción a la causa nacional. Verdadero patriota; capaz, valiente y honrado. El inmerecido olvido de su recuerdo no se justifica y pone en evidencia la mezquindad humana cuando llega el momento del reconocimiento.

         Volviendo a las "relaciones" como fuentes para la historia de la contienda, debe mencionarse el comentario que hace sobre el particular la hija del mariscal; Graciela Estigarribia de Fernández; "Estigarribia el gran desconocido", se expresa así:

         “Prevenida por amigos leales, realicé todos los esfuerzos para impedir el atropello a las cláusulas de la orden paterna. Al no detenerse la ‘funesta edición’ recurrí a la opinión pública con la siguiente solicitud".

         Transcribe seguidamente la protocolización de una declaración por la publicación de dichas memorias.

         Fue una época envilecida, donde nada se respetó, ni siquiera la memoria del ilustre conductor del Chaco.

         Después de estas consideraciones, cabe afirmar que las "reminiscencia" del Mariscal Estigarribia responden a una realidad; están incompletas. Una obra de esta índole por el tema como la importancia del autor, no debe considerarse concluida. Queda siempre el juicio final del autor. Esta fue una zona totalmente vedada para quien se encargó de redactarlas.

         Las "memorias", como se ha señalado, constituyen fuentes de valor, no obstante sus falencias. Para apreciar el juicio que a Estigarribia le mereció la actuación de Ayala durante la guerra como Presidente y Comandante en Jefe, debe tenerse presente que, Estigarribia acató la jerarquía del Presidente de la República no por un precepto constitucional, sino por el mutuo respeto con que cada uno trató al otro, estando ambos por encima de cualquier suspicacia. No existió entre ellos celos ni rivalidades, por estar compenetrados de sus respectivas funciones en la gran batalla que iniciaron juntos.

         Expresan las "memorias", algo que aparentemente reflejó la opinión pública, dice así: "Con relación al problema del Chaco se había explotado en contra suyo su espíritu transaccional, y se lo creía demasiado tibio para convertirse en el hombre de la hora... Los hechos felizmente demostraron muy pronto que las sospechas relativas al Presidente Ayala carecían de fundamento. El doctor Ayala fue en rigor el hombre de la hora, ante todo por su serenidad y lucidez. Era desde luego expeditivo condición esencial en aquellos días de perplejidad y vacilación, y lo era porque tenía confianza en sí mismo y al hablar y proceder con aplomo inyectaba confianza en los otros"

         Estas apreciaciones escritas con sobriedad, ponen de resalto la impresión que Ayala causaba, cuando más arreciaba la tormenta, su optimismo no era fruto de vagas ilusiones. Era la expresión de un verdadero gobernante, en la paz y en la guerra: "El alma está templada a todos los rigores, y la Patria mañana será, más grande y más bella que hoy". Las palabras fueron pronunciadas el 15 de Agosto de 1932 cuando asumía el mando presidencial, recibiendo las insignias del Presidente de la República".

         La iniciación de las hostilidades, después de la agresión boliviana al Fortín Pitiantuta el 15 de junio de 1932, señala el comienzo de la guerra que duraría tres años.

         En ese momento las comunicaciones entre el comandante de la 1a. División de Infantería en el Chaco; Estigarribia y el Estado Mayor en Asunción, eran bastante confusas desde el momento que no existía una coincidencia de criterio en la estrategia a seguir.

         Esta situación cambia al asumir Ayala la Presidencia, el 15 de Agosto y decide tomar la iniciativa y buscar coincidencia con el Comandante Estigarribia, a quien conocía de muchos años. A este respecto comenta Estigarribia: "...el recibo el 1º de Setiembre de uno de los más curiosos documentos". El mayor Manuel Garay era el portador del documento, que aunque sin firma, procedía del Presidente de la República, como autenticó el portador del documento. Su contenido era bien explícito en cuanto al objetivo bélico; Tomar Boquerón. Las consideraciones siguientes tenían el propósito; de evitar colocar al Paraguay en la iniciativa de la acción militar, por razones diplomáticas, desde el momento que las negociaciones entre ambos beligerantes continuaban en Washington.

         Estigarribia hizo sus observaciones, no en cuanto al objetivo, sino a la táctica a aplicar en una operación militar de importancia donde no serían escaramuzas de patrullas, sino una batalla decisiva. Alguna reacción debió provocar en el Presidente la actitud crítica del Comandante en jefe del ejército en Campaña. Fueron los comienzos, en lo que respecta a Estigarribia, de imponer sus ideas tácticas; sin tener en cuenta la situación internacional y sus consecuencias.

         Ayala no era militar, ni tenía formación de ese tipo, pero conocía las reacciones de los militares, sujetos a reglamentos, estrategias y tácticas, como el acatamiento debido a los mandos superiores. Era el momento de ir ajustando la conducción militar, evitando conflictos innecesarios. Fue fundamental establecer un relacionamiento coordinado entre la jerarquía militar y el gobierno civil, razón por la cual en adelante Ayala se haría presente donde estaba el Comando en Jefe, consecuente con el pensamiento wilsoniano: "la guerra no fue solamente una cuestión de hombres y cañones. Ella no puede ser hecha sino por la fuerza organizada".

         Transformar una economía simple como era la nuestra en un economía de guerra, con todas sus demandas, implicaba un gran esfuerzo, pero sobre todo organización. El momento no era para explicaciones de orden ideológico ni actitudes heroicas, sino dar solución a la demanda imperativa de la acción militar y si no había, encontrar la alternativa. Nada debía detenerse por ello, la orden de “Tomar Boquerón” fue un imperativo categórico.

         Estigarribia comentaba sobre el "Memorándum" del Presidente, "como uno de los más curiosos documentos que se han elaborado en el curso de la guerra del Chaco".

         "Curioso" dicen las "memorias". Cuál es el sentido del adjetivo? a quién correspondió la elección? a Estigarribia o Insfrán? Tal vez el propósito fue calificar el documento como insólito, desacostumbrado, no común, ni ordinario. "Curioso" es quien tiene curiosidad y ésta significa, deseo de saber o averiguar alguna cosa.

         Cualquiera sea el sentido que pudo tener el adjetivo; en el lector despierta curiosidad el sentido ideológico, más qué semántico.

         Dos propósitos tienen el memorándum del Presidente Ayala; primero Reconquistar Boquerón; Segundo, Sondear el pensamiento del Comandante Estigarribia con quien debía unirse en una gran cruzada donde estaba en juego el destino de la Patria: "El Paraguay tendrá el Chaco o dejará de existir. Esta es la sentencia que dirime el pleito".

         Ayala planeaba una estrategia global, Estigarribia miraba el objetivo militar. Cómo y cuándo debían ser el resultado de una concertación de bases de entendimiento entre el Presidente de la República y el Comandante en jefe del ejército en campaña.

         El Coronel Víctor Ayala Queirolo, expresa un juicio oportuno con respecto a las funciones de los dos responsables de la conducción en tiempo de guerra: "El Presidente Ayala superó su timidez inicial y pasó a ser el "Conductor de la guerra", que no es lo mismo que ser el "Conductor militar". Pues el Presidente dirige el empleo de TODAS las Fuerzas del potencial para conquistar el objetivo político propuesto, en cambio la "conquista de un objetivo militar es atribución del Comandante y este acto no implica necesariamente la conquista de un objetivo político".

         La apreciación del Coronel Ayala Queirolo, es la de un profesional. Ayala pacifista o belicista, tenía una sola meta: "Durará la guerra lo que dure, nos traerá victorias o derrotas, solo hay una cosa cierta y es que ningún paraguayo firmará la clase de paz que Bolivia pretende".

         Agrega Estigarribia respecto al memorándum del Presidente: "Aún cuando se lo someta a un análisis somero, destacanse en este documento dos razones esenciales: mucho escrúpulo y mucha timidez". Este juicio fue después de la guerra. Fue esto lo que pensó Estigarribia antes de Boquerón?

         Ayala tuvo la oportunidad de escribir sus "Memorias", no lo hizo por honestidad y grandeza. Creía que la epopeya del Chaco no merecía someterla a la controversia, ni para denigrar, ni quemar incienso a héroes. Ayala no necesitó defenderse. "Los golpes que he recibido -dijo en una oportunidad- no los he devuelto, no por ignorancia del arte de golpear, ni por resignación cristiana, sino por espíritu partidario y en cierto grado nacional, y también -por qué no decirlo- tales golpes no han alcanzado a hacerme daño, ni han perturbado siquiera la serenidad de mi alma".

         En el capítulo III "Boquerón y sus repercusiones", Estigarribia expresa un juicio de valor, por encerrar una actitud táctica que aplicó invariablemente en las batallas más decisivas:"…estaba resuelto a sacar el máximo provecho de la vasta dispersión del ejército boliviano, originada por el error de habérsele asignado más de un objetivo. Los paraguayos aunque muy inferiores en número, nos encontrábamos en condiciones de hacer nuestra concentración principal donde más nos conviniera..."

         Llegó el 29 de Setiembre de 1932: "era un triunfo rotundo de la estrategia paraguaya. Boquerón reveló a Bolivia como amargo despertar que la guerra del Chaco no iba a ser lo que supuso y deseó el Presidente Salamanca". Se había plantado en Boquerón el primer hito de un camino difícil y doloroso.

         "El Paraguay no cederá -sostenía Ayala, por su parte- El Paraguay se bate en defensa de lo que es suyo y se bate en defensa de lo que es pertenencia común de los pueblos: El Derecho".

         Al referirse a la caída de Boquerón y sus consecuencias, el autor de las "Memorias", anota al pie de página (80): "4. Obsérvese que la orden de ataque procedía del Presidente no del Comando". De este modo se explica Estigarribia, la supresión del "Alto Comandó", como intermedio en los mandos entre el Comandante en Jefe Presidente de la República y el Comandante del Ejército en Campaña.

         Durante el mes de setiembre de 1932, iniciada la batalla de Boquerón, la Comisión de Neutrales de Washington continuaba sesionando en busca de un arreglo, con la presidencia del Honorable Francis White de los Estados Unidos. A medida que el cerco sobre Boquerón se cerraba Bolivia hacía esfuerzos desesperados para llegar a una tregua que le permitiera salir del asedio. Paraguay se mantuvo firme; Tregua no. Armisticio y retiro de las fuerzas, bajo garantías de paz.

         En esa ocasión el Delegado paraguayo en Washington Dr. Juan José Soler, siguiendo instrucciones de la Cancillería actuó con firmeza ante la presión de la Comisión de Neutrales y la desesperación de Bolivia por salvarse de la derrota inminente en Boquerón.

         El 28 de setiembre de 1932, la Comisión de Neutrales recibió una transcripción de la comunicación de la Cancillería Paraguaya, en estos términos: "Señor Presidente de la Comisión de Neutrales. El gobierno paraguayo, se halla dispuesto a iniciar gestiones de conciliación y arbitraje amplio, pero juzga indispensable la terminación de las hostilidades y no una mera tregua. Al efecto insiste en la necesidad de establecer previamente un régimen de seguridad recíproca, consistente en la desmilitarización total del Chaco y en la reducción de los ejércitos. Una vez concertado un acuerdo sobre estos puntos, se contemplará la creación de una comisión de militares neutrales. Demás está insistir en que las proposiciones paraguayas constituyen un todo orgánico que es imposible desarticular, porque responden a la necesidad de fijar condiciones de seguridad antes de iniciar gestiones para el arbitraje o suspender las hostilidades. Justo Pastor Benítez. Ministro de Relaciones Exteriores".

         La comunicación de la Cancillería paraguaya expresa firmeza y coherencia en un estilo impecable. Fue un ultimátum diplomático.

         El Presidente Ayala debió luchar en dos frentes simultáneamente; Washington y Boquerón. El de Boquerón fue una acción bélica sangrienta y difícil, no cabe duda, pero igualmente en Washington debió librar una batalla contra la Comisión de Neutrales integrada por países del continente, de acción igualmente traumática. La responsabilidad de ambos frentes recaía inexorablemente sobre el Presidente de la República y Comandante en Jefe.

         El ultimátum paraguayo por conducto de la Comisión de Neutrales, fue hecho en el momento cierto, cuando Bolivia estaba por perder la batalla de Boquerón y lo que es más su prestigio por haber fallado totalmente en su avance sobre el río Paraguay. Zook toma nota de esta situación y hace un comentario con suma perspicacia: "El Ministro del Exterior del Paraguay, expresó no tener interés en una tregua, sino en un incondicional arbitraje. La Paz, comenta Zook, veía la proposición paraguaya como un subterfugio, porque estaba claro el arbitraje sobre la totalidad de la reclamación paraguaya; esto era imposible admitir, desde la Conferencia de Buenos Aires, porque esto incluía territorios que ella consideraba indisputablemente boliviano".

         Las operaciones militares continuaron, como igualmente las negociaciones en Washington con la Comisión de Neutrales. Esta el 15 de diciembre de 1932, formuló una propuesta concreta a Bolivia y Paraguay, con el objeto de salir del "impasse", que dificultaba todo entendimiento para un cese del fuego definitivo. La Comisión de Neutrales proponía entre otras cosas, el retiro del ejército paraguayo sobre el río Paraguay y el ejército de Bolivia atrás de una línea que se extendía del fortín Ballivian hasta Vitriones. La proposición fue rechazada de plano por el gobierno paraguayo. La respuesta de la Cancillería expresaba: "Mi gobierno ha recibido la proposición de la Comisión de Neutrales del quince del corriente. La proposición deja al ejército boliviano en mitad del Chaco -línea Ballivian Vitriones- mientras se obliga al ejército paraguayo a abandonar totalmente el Chaco y a retirarse sobre el litoral del río Paraguay, sin contemplar el litoral del río Pilcomayo y el río Negro ocupado por nosotros desde tiempo inmemorial. En ella se otorga la función de policía a Bolivia en la zona laudada por el Presidente Hayes..."

         La propuesta significaba un total desconocimiento de la realidad, en que estaba en ese momento el conflicto, como igualmente de la división territorial propuesta.

         La situación creada motivó la decisión del gobierno paraguayo de retirar su representante, doctor Juan José Soler, de su función de Delegado ante la Comisión de Neutrales de Washington.

         Al quedar disuelta la Comisión de Neutrales, el conflicto pasaba a la jurisdicción de la Liga de la Naciones en Ginebra.

         Cambios en el alto mando boliviano. El nuevo Comandante en Jefe del ejército boliviano General Hans Kundt. Anota Estigarribia en sus "memorias". Por aquella misma época (principio de diciembre de 1932) llegaba a La Paz el general Hans Kundt, contratado por el gobierno boliviano a raíz de los primeros reveses de la guerra".

         "La presencia del nuevo comandante en jefe levantó la moral del pueblo boliviano como de su ejército. Se conocían las ideas tácticas del general alemán. Este militar extranjero de Bolivia, fue el organizador del ejército de ese país. Llegó a infundir tanto en el ejército como en el pueblo boliviano un poderío muy por encima de la realidad, una sobreestimación que forzosamente lo precipitaría al abismo. Zook comenta a este respecto sobre la petulancia de la dirigencia boliviana, "cuando el señor Francis White escuchó la exposición de Enrique Finot sobre el poderío militar de Bolivia, él irónicamente comentó: "Estoy temblando por la seguridad de los Estados Unidos!".

         Mientras el general Kundt al comenzar el año 1933, se organizaba para atacar con todas sus fuerzas el objetivo de llegar al río Paraguay, Estigarribia se concentraba en el sector Nanawa, para pasar a la defensiva. De este modo comienza la primera fase de la batalla de Nanawa, que pondría en dura prueba al ejército paraguayo, al pasar de la ofensiva a la defensiva.

         El 4 de enero de 1933, anota el ministro Rivarola el recibo de una carta del Presidente Ayala. La carta refleja moderado optimismo y por sobre todo infunde confianza, que era lo que Estigarribia comentaba respecto a Ayala. Dice en uno de sus párrafos: "Según le telegrafió estamos bien lo militar. Flaqueamos algo en noviembre, por múltiples causas pero se ha reaccionado. Nuestro ejército está con el mismo espíritu de Boquerón a pesar de los derrotistas que pululan fuera del frente. Con todo yo siempre estoy dispuesto a cooperar decididamente por la paz. Hoy mismo -escribe Ayala a Rivarola- recibí un despacho de Estigarribia:

         "Nuestra situación militar excelente. Organización es completa. Según informes prisioneros bolivianos tropiezan con dificultades terribles para las provisiones; los soldados pasan a veces dos días sin comer... etc."

         "No hay que juzgar -escribe Ayala- las fuerzas por el índice de los depósitos de armas y municiones, ni por el dinero, ni por la población, sino por la eficacia de los ejércitos que entran en línea de combate. Hay cierta tendencia a pensar que a la larga Bolivia tiene que vencernos totalmente. Yo creo todo lo contrario; a la larga vencerá el Paraguay. Tenemos los medios de hacer durar esta guerra un año. No creo que Bolivia pueda decir lo mismo. Bolivia resistirá menos financieramente que el Paraguay. Militarmente Kundt seguramente no hará milagros",

         La designación de Kundt como Comandante en jefe del Ejército de Bolivia, significaba concretamente atacar con todos los medios y fuerzas disponibles.

         Comenta Estigarribia en su "Memorias": "Era un devoto ferviente de la ofensiva, según sus jefes de la Guerra Mundial, y su procedimiento favorito consistía en atacar siempre y en todas partes en rígidas formaciones. En el ejército de su cargo como General en jefe del ejército boliviano confirmarían plenamente las apreciaciones que anteceden".

         Al respecto el bien informado ministro Rivarola en sus memorias escribe: "Hacía rato que venía yo sabiendo por informes verbales y escritos de diverso origen, en mi poder, y que invariablemente comunicaba a Asunción que el ejército boliviano preparaban una fuerte ofensiva contra las fuerzas paraguayas en el Chaco, sin determinarse fijamente el lugar que elegirían a ese efecto; hasta que en la primera semana de enero de 1933, al mismo tiempo de tener la confirmación de dichos informes, pude ya saber concretamente y en forma fehaciente, cual era ese lugar, apresurándome a poner aviso al Ministerio de Guerra el siguiente telegrama: 5 de enero. "En el transcurso de la semana pasada se alistaron en Villa Montes 30 aviones de caza y bombardeo para hacerlos intervenir en la gran ofensiva que se prepara para una fecha muy próxima a Nanawa y Fernández".

         El 9 de enero volvió a comunicar el ministerio boliviano al Ministro de Guerra: "se tiene noticias que las tropas bolivianas atacarán en estos días con mucha intensidad Nanawa... sea cual fuere el resultado..."

         Estas dos informaciones tan importantes, comunicadas por Rivarola desde Buenos Aires, sorprenden por su extraordinaria precisión y veracidad, lo que explica la alta labor, más que diplomática de espionaje, que Rivarola desde Buenos Aires llevaba a cabo.

         La última propuesta de la Comisión de Neutrales de Washington -Diciembre de 1932- fue inaceptable, bajo cualquier concepto para los derechos del Paraguay y marcó el final de las tratativas, con el retiro del Delegado paraguayo doctor Juan José Soler.

         Ante la situación creada, los cancilleres de Argentina y Chile; doctor Carlos Saavedra Lamas y doctor Miguel Crouchaga Tocornal se reúnen en la ciudad de Mendoza en el verano de 1933 con el propósito de buscar el camino para reanudar las negociaciones diplomáticas con relación al conflicto bélico del Chaco que se agravaba por momentos. El encuentro de los cancilleres dio lugar a una declaración conjunta, conocida como "Fórmula de Mendoza" de fecha 2 de febrero de 1933.

         El acuerdo era un primer paso, de modus vivendi de carácter económico, comunicando a la vez a los gobiernos de Brasil y Perú el contenido del Acta de Mendoza. En un documento complementario se establecían precisiones con el objeto de encontrar una fórmula que permitiera reanudar las negociaciones diplomáticas entre ambos beligerantes, en base al arbitraje y el retiro de las tropas a posiciones más alejadas.

         El gobierno del Paraguay dio respuesta a la consulta formulada por los signatarios del Acta de Mendoza, fijando las condiciones y modificaciones con relación al arbitraje y la desmilitarización propuestos.

         Las negociaciones del Acta de Mendoza fracasaron, dando lugar a que la Liga de las Naciones se avocara al tratamiento de la cuestión entre Bolivia y Paraguay, miembros de la entidad ginebrina. De este modo, en el aspecto internacional, el conflicto entra en una nueva fase al estar las negociaciones a cargo de un organismo extra-continental, que era precisamente lo que las naciones americanas trataban de evitar.

         En medio de las fatigosas negociaciones en el seno de la Conferencia de Paz, el gobierno paraguayo debió resolver la política a seguir respecto al límite del Río Pilcomayo, que ante la situación de no existir un cauce fijo, constituyó, en ese momento, un motivo de diferencias con el gobierno argentino.

         La mediterraneidad del Paraguay dentro de los grandes ríos, ha sido, es y será, razón determinante para fijar una política internacional coherente.

         La Conferencia de Paz, designó un Comité de Prisioneros integrado por representantes de las Partes y de tres de los países mediadores. En representación del Paraguay actuaron Doctor Higinio Arbo y Doctor César A. Vasconcellos. El Comité fue presidido por el Embajador Spruille Braden, el comité quedó en funciones el 19 de julio de 1935.

         Un primer Informe de la Comisión se presentó el 14 de Agosto de 1935. Este fue observado por las partes. Como la repatriación de los prisioneros era una cuestión que guardaba relación con otros aspectos de las negociaciones de Paz, el Paraguay exigió sean aclarados, especialmente en materia de seguridades sobre el armisticio existente, como a la necesidad de declarar, formalmente, la cesación del estado de guerra entre ambos beligerantes. Con este fin una Comisión especial de la conferencia de Paz se trasladó por vía aérea hasta Asunción, con el objeto de entrevistarse personalmente con el Presidente Ayala y el Canciller Riart.

         Como consecuencia de la entrevista con el Presidente Ayala el día 22 de diciembre de 1935, el "Comité de prisioneros" redactó un segundo informe que aproximaba a la solución del canje de prisioneros que para el gobierno boliviano era motivo de permanente tensión ante la presión de la opinión pública de ese país.

         El 21 de enero de 1936 se suscribió en Buenos Aires el Acta protocolizada confirmando las obligaciones derivadas del Protocolo del 12 de junio de 1935 y acordando la repatriación de prisioneros. En representación del Paraguay suscribieron el documento el Presidente de la Delegación Dr. Gerónimo Zubizarreta y el Ministro Plenipotenciario Dr. Vicente Rivarola. Este acto diplomático, fue la última intervención de la representación paraguaya designada por el gobierno del Presidente Eusebio Ayala. La ejecución del canje de prisioneros tuvo lugar con el gobierno constituido después del golpe del 17 de Febrero de 1936, siendo Canciller del Paraguay el doctor Juan Stefanich.

         El 8 de Enero de 1936 la Comisión especial que se entrevistó en Asunción con el Presidente Ayala, presentó su informe a la Conferencia sobre el resultado de la misión. Suscribieron el informe; Spuille Braden, F. Nieto del Río, José de Paula Rodríguez Alvez, L. A. Podestá Costa. Los componentes de la misión reflejan la importancia que daban al interlocutor en Asunción; el presidente Ayala. Los informantes destacaron los aspectos que el doctor Ayala estimaba importante aclarar: "que de ninguna manera, la conferencia definiría conceptos que pudieran ser interpretados como prejuzgamiento de la posesión o de la cuestión territorial o de límites; y agregamos que de eso dejábamos constancia, mostrándonos satisfechos con las afirmaciones solemnes y categóricas expresadas por el señor Presidente en el sentido de la precariedad de toda o cualquier línea o líneas que fuesen señaladas en el documento que ahora se firmase...".

         El propósito de haber señalado, sintéticamente el proceso del canje de prisioneros, es para resaltar como el Presidente de la República conducía las negociaciones, en perfecta armonía con el Presidente de la delegación Dr. Zubizarreta. Los integrantes de la misión eran destacados negociadores de la diplomacia americana. S. Braden no era diplomático de carrera, pero tenía el respaldo político del presidente Roosevelt de los Estados Unidos, además hábil hombre de negocio de la clase que el Presidente americano elegía para misiones internacionales difíciles. Rodríguez Alves conocía al Presidente Ayala y en ese momento era considerado como uno de los diplomáticos más capacitados de Itamaraty. Podestá Costa y Nieto del Río no eran menos, en cuanto habilidad negociadora, sobre todo cuando el interlocutor era un estadista como el Dr. Ayala. Una vez más el Paraguay se reafirmaba en su tesis tradicional; seguridades y respeto de la línea fijada por la Comisión de Neutrales, los demás podía esperar y el Presidente Ayala sabía que el tiempo estaba a su favor si las negociaciones eran encauzadas por la recta adecuada, con el equipo que representaba al país y la unidad nacional como el mejor apoyo. Ayala llevaba las negociaciones como una cuestión de hecho, en cuanto a los límites alcanzados por el ejército paraguayo. De los títulos históricos se había pasado a la realidad de los hechos consumados irreversibles. Ayala en ningún momento dejó traslucir sus propósitos pero los enviados de la Conferencia de la Paz percibieron que estaban frente a un verdadero estadista.

         La señora de Ayala tenía con el hijo continua correspondencia, como le hacía notar la madre; "al ver las carpetas de correspondencia que a través de los años hemos tenido, me doy cuenta que mucho tiempo estuvimos separados, por razón de tus estudios". Ella le hacía permanente comentarios y a la vez le daba noticias del padre y sus actividades públicas, cuando las mismas eran dignas de mención. En una carta del 25 de diciembre de 1935, le decía la señora de Ayala a su hijo: "...Te envío por correo ordinario el discurso pronunciado por el delegado norteamericano, Mr. Braden con motivo del banquete ofrecido por el Canciller Luis A. Riart... Al despedirse de tu padre, él le había dicho: "Es la primera vez que encuentro un hombre con una gran reputación, que sobrepasa esa reputación". (2)

         En el mes de Setiembre el P. Ejecutivo envió al Parlamento un mensaje, para crear en el escalafón militar el grado de General de Ejército una asignación de 1.500 pesos oro mensuales. El Parlamento aprobó el merecido ascenso del conductor victorioso, sin embargo esta justa asignación sería duramente cuestionada por aquellas personas desafectas al gobierno y también dentro del círculo de militares, que cuestionaba los méritos del General Estigarribia.

         El gobierno estaba haciendo frente a la mayoría de los problemas derivados de una guerra costosa y cruel, pero las impaciencias procedentes de círculos interesados comenzaron a manifestarse. Los excombatientes que regresaron del frente, eran los que tenían mayores exigencias, sin entrar a considerar la existencia de otras demandas igualmente imperiosas. Por otra parte, el organismo de Ex-Combatientes recientemente creado adoptaba una actitud fuertemente política que desvirtuaba los fines de la entidad. Todo esto sucedía dentro de un clima de absoluta libertad de opinión.

         Una línea de conducta internacional firme por parte del Paraguay como país mediterráneo, es un reclamo imperioso y vital para su existencia como nación. "La historia es voluntad del hombre; la geografía es voluntad de Dios. La voluntad del hombre contra la voluntad de Dios es el mal..." Estas palabras del Dr. Ayala tendrán siempre valor, para el Paraguay como país mediterráneo y se debe complementar necesariamente con otro enunciado del prócer: "Toda cuestión internacional de alguna importancia tiene que sustraerse de la pugna partidaria.... Renunciemos a tener diplomacia radical y diplomacia colorada... En el Exterior no cabe más que una diplomacia: La del Paraguay, formulada y sostenida por azules, rojos, verdes; todo el arco iris político en suma..."

         Debe reconocerse el valor profético del pensamiento del doctor Ayala, expresado hace más de medio siglo, por su aplicación a la situación internacional creada por sus grandes ríos; rio Paraguay; Paraná y Pilcomayo. El primero es un río internacional que nos une y nos limita con dos vecinos, es el que actualmente menos problemas tiene, aunque existen cuestiones que deben ser consideradas con nuestros vecinos y que forman parte de la Política Internacional, por encima de las circunstancias coyunturales. Respecto a los ríos Pilcomayo y Paraná, actualmente las cuestiones son más serias y complejas. El Río Pilcomayo, es un "rio vagabundo" y el Paraná, es un "rio cautivo" y como diría el doctor Ayala: "No es un problema de historia sino de geografía que afecta la soberanía nacional".

         El río Pilcomayo tiene un largo antecedente histórico desde los tratados de límites con la Argentina después de la Guerra de la Triple Alianza, el Laudo Hayes, los instrumentos demarcatorios y acuerdos suscritos con ese país sobre esta frontera, pero debe encararse como un problema geográfico igualmente. Le decía Ayala a Rivarola sobre el problema del Pilcomayo, para hablarle sin ambages. "Los incidentes recientes tienen ciertas raíces que tal vez sean ignoradas: el cuatrerismo...".

 

FRACASO DE UN ENTENDIMIENTO DIRECTO

 

         Después del armisticio del 12 de junio el General Estigarribia mantuvo contactos personales con el General boliviano Peñaranda. En uno de esos encuentros se habló de la posibilidad de una entrevista entre los dos presidentes: Eusebio Ayala y José Luis Tejada Sorzano.

         Comenta Foianini Banzer, ambos mandatarios se conocían y "habían trabado amistad en diversas oportunidades como delegados en asuntos oficiales y económicos... En mi opinión inclusive hasta tenían un leve parecido físico y sobre todo una gran similitud de pensamiento".

         Foianini Banzer realizó una segunda visita después del armisticio con el propósito de buscar un entendimiento directo sobre la cuestión de límites complementado con un acuerdo económico.

         Los dos intentos de acercamiento fueron iniciativas de Bolivia, según se desprende de las afirmaciones de Foianini Banzer. Sobre la posibilidad del encuentro presidencial este autor no hace ninguna referencia concreta.

         Por su parte, el ministro Vicente Rivarola, siempre bien informado, de ejemplar actividad y celo, hace una referencia sobre el posible encuentro presidencial. En sus "Memorias" cita, al respecto, una comunicación del presidente Ayala. Dice así: "Creo que hay ambiente propicio para un entendimiento. Nuestra intención es volver al punto principal de la delimitación. Según Estigarribia, los militares bolivianos muestran buena disposición. Será conveniente no apresurar las cosas allí (conferencia de Paz). Si las circunstancias nos favorecen, llegaremos al resultado anhelado..."

         Comenta Rivarola sobre la carta del presidente Ayala: "Las conversaciones a que refiérese el presidente entre el general Peñaranda y el General Estigarribia, habíamos llevado a cabo, efectivamente, en base a un posible entendimiento entre ambos sobre una posible fórmula de paz, cuyos resultados auspiciosos, en un principio, serían desbaratados por el presidente boliviano señor Tejada Sorzano..." Sigue Rivarola comentando las alternativas y comunicaciones que dieron lugar los sondeos iniciados entre los dos comandantes militares -Estigarribia y Peñaranda- para concluir; "Una vez más, pues, el gobierno de La Paz había impedido la posibilidad de un acuerdo directo entre Paraguay y Bolivia, tantas veces sugerido por el presidente Ayala".

         Entre los papeles del Dr. Ayala se registra un borrador de puño y letra del presidente, confirmando los hechos relatados, dice así: "General Estigarribia. Creo conversación con Presidente de Bolivia puede ser útil sobre los puntos siguientes: 1º. Posibilidad de acuerdo sobre delimitación de fronteras y sobre régimen de cooperación económica; 2º. Bases de una política para establecer confianza recíproca; 3º. Cambio de ideas para abreviar negociaciones de paz. Autorizo a Ud. a convenir las modalidades de la entrevista y avisarme con suficiente anticipación fecha. "No lleva firma ni fecha. El Dr. Ayala durante su larga vida pública tuvo cuidado de guardar copias de sus cartas, como igualmente las que recibía. (8)

         La causa de la frustrada entrevista presidencial, poco se sabe fuera del comentario del ministro Rivarola. Señalaba Foianini Banzer el "conocimiento personal de ambos mandatarios". Ayala se manifestó abierto y seguro para conversaciones directas, no así, al parecer, Tejada Sorzano, que conocía la aplastante capacidad dialéctica de su oponente.

         En las "Cartas Diplomáticas. Eusebio Ayala a Vicente Rivarola, complemento importante de la "Memorias" están publicadas las notas intercambiadas en esa oportunidad, entre el presidente Tejada Sorzano y el general Peñaranda, como la escrita por el presidente Ayala al general Estigarribia, comentando la propuesta boliviana. Esta última tiene fecha 4 de setiembre de 1935, lo que permite ubicar el momento en que ocurre este intento, frustrado, de una entrevista; Ayala-Tejada Sorzano.

 

X. EL DERROCAMIENTO

 

         El día lunes 17 de febrero de 1936 se produce el golpe militar que en un comienzo, no manifestaba una actitud coherente, pero la rebelión se extiende, primero en Asunción y más tarde en todo el país.

         Durante esos días de dramática incertidumbre, Marcelle Durand de Ayala mostró el temple de su coraje al luchar sola ante la adversidad, sin saber el destino de su esposo. Fiel a su marido, fiel a sus principios, enfrentó sola la cobarde agresión a su domicilio. Su reacción fue la propia de una mujer de su estirpe.

         Marcelle Durand de Ayala, envía a su hijo una carta el 24 de febrero de 1936 viajando a bordo del vapor General Alvear que la llevaba a Buenos Aires en busca de apoyo a favor de su esposo enfermo, preso e incomunicado, que estoicamente soportaba la indigna prisión de sus carceleros. Se expresa así: " He aquí lo peor ha llegado. Tú no sabes todavía las circunstancias, pues existe censura rigurosa, que nada se filtra".

         "Hace exactamente ocho días que esta situación horrible existe, yo no obstante he tenido un permiso para salir o quedar asilada donde yo estaba". La Señora de Ayala se refugió en la Legación de Italia, hacia donde se dirigió caminando. La esposa del Presidente era francesa de nacimiento y paraguaya por adopción y convicción, en ningún momento recurrió a la Legación de su país en busca de protección, prefirió la suerte de su esposo y no se asiló. Explica así:" Tú no te imaginas como estoy sufriendo después de ocho días, vivir así es terrible. Me dicen que él tiene una moral excelente, lee novelas, me ha pedido ropa de cambio, sus medicamentos. Masi ( su médico) fue a ver al coronel Franco, Presidente, para hablarle de su estado de salud de tu pobre padre" que no era del todo brillante, después de un tiempo, tiene azúcar en la sangre...".

         "Yo trabajo intensamente por la libertad de tu pobre padre, que es la única cosa que me preocupa, Ayer he sabido por Masi que él está bien, que solo él lo ve..."

         En el mes de marzo la señora de Ayala estaba en Buenos Aires gestionando la libertad de su esposo, apoyada por ilustres personalidades, como el general Justo Presidente de la Argentina, como asimismo los miembros de la Conferencia de Paz. Los países americanos del área no podían imaginar que el Presidente Ayala y el General Estigarribia dos figuras excepcionales en el ámbito internacional americano, estuvieran presos y vejados como delincuentes de acuerdo con la "proclama libertadora" El Presidente Eusebio Ayala constituía el cuerpo del delito más acabado espécimen de traidor nato a su país...".

         El 12 de junio el doctor Ayala estaba viviendo en el City hotel de Asunción (Actual Ministerio de Hacienda). El 24 de junio vuelve a escribir a su hijo para anunciarle que han permitido al doctor Ayala estar arrestado en su casa, con guardia domiciliaria. Las condiciones han mejorado notablemente, el nuevo Jefe de Policía Mayor Federico Varela se muestra más flexible que el anterior. Las cartas que con posterioridad a esta fecha escribe al hijo, reflejan el mejor espíritu de la esposa del Presidente, siempre esperanzados en poder salir del país, más aún con la noticia de la próxima llegada del hijo a Asunción. Ayala viaja a Buenos Aires juntamente con el general Estigarribia, en el barco de la carrera BERNA, el domingo 5 de septiembre de 1936. En el puerto le acompaña don Segundo Reyes, gerente de la compañía de navegación.

         La llegada al puerto de Buenos Aires, fue un acontecimiento emocionante y demostrativo del prestigio de estos dos próceres. Pleno de Optimismo sin demostrar amargura ni rencor. Ayala fue al exilio definitivo, en el sentido que nunca más volvería a la política.

 

XI. IN MEMORIAN

 

         Al fallecer el doctor Ayala el 4 de julio de 1942 en Buenos Aires, sus restos fueron inhumados en el panteón de la familia Schaerer un matrimonio de origen francés, sin hijos. Durante muchos años, el féretro del ex-presidente permaneció en dicho panteón.

         Posteriormente, al fijar definitivamente la señora de Ayala y su hijo residencia en Asunción, los restos del ilustre prócer quedaron al cuidado del doctor Justo Prieto, viejo amigo y fiel colaborador del doctor Ayala. Durante ese tiempo, el doctor Prieto tuvo la noble misión de velar los restos de su amigo.

         Fallecido el matrimonio Schaerer, sin descendencia directa, y por testamento de última voluntad, el panteón de la familia debió ser clausurado definitivamente, por lo que los restos del doctor Ayala fueron trasladados a otro sitio. El año en que esto Ocurrió no lo puedo precisar con certeza. Transitoriamente el féretro estuvo en el panteón de una familia amiga del doctor Prieto, de apellido Ortiz Machado. Pero también esa estada fue concedida transitoriamente y así lo hizo saber el doctor Prieto a Roger, en carta del 8 de octubre de 1967. Escribe el doctor Prieto: "No he podido obtener otro panteón y se me ocurre tener que depositarlo en el Columbarium de la Chacarita en espera de que usted concluya la construcción del panteón o que lo llevemos al Panteón de los Héroes. El Partido, en su última Convención ha resuelto por aclamación gestionar la repatriación de los restos. Así, pues, creo que hay que tomar ya una decisión urgente al respecto".

         Roger Ayala -que ya por esa época no andaba bien de salud- autorizó por carta al doctor Prieto para "el traslado de los restos de mi padre hasta el sitio que mejor estime adecuado. Al expresarle mi más profunda gratitud por las gestiones que con tanto afecto usted realiza en nombre de la memoria de mi padre, me valgo de la ocasión..." (17-X-67)

         En noviembre de 1967 el doctor Prieto le hacía saber que gracias a la valiosa colaboración del amigo don Francisco Rodríguez y otros radicales del Pueblo, estarían en depósito los restos del Dr. Ayala en el Panteón de esa nucleación política hasta tanto pueda trasladarlos a Asunción. Todo esto era muy penoso, por cierto, y yo que estaba inmerso en estas gestiones sabía el efecto que producía en mi amigo esta circunstancia de impotencia que lo sensibilizaba aún más. El doctor Prieto, después de darle el detalle de los gastos ocasionados, le agrega que para el caso del traslado hasta Asunción dichos gastos serían incrementados en unos veinte mil pesos argentinos aproximadamente.

         En diciembre del mismo año vuelve el doctor Prieto a escribirle a Roger para informarle que el féretro había sido ubicado, después de algunos arreglos hechos al ataúd, en el "Pabellón Transitorio" (Cat.10, grada inferior) donde "los amigos a quienes debo que se me haya facilitado la complicada gestión de traslado y ubicación, son el ingeniero Bernardo Jaroslavsky, el doctor Francisco Rodríguez y Fermín García, todos radicales del pueblo y que expresaron su satisfacción y el honor que para ellos significaba su intervención, dada la admiración y la estima que sentían por la personalidad del ex-presidente Ayala". Inmediatamente, a pedido de mi amigo, redacté la carta respectiva dirigida al ingeniero Jaroslavsky, cuya copia se guarda (15-XII-67).

         Durante los años siguientes siguió la correspondencia Prieto-Ayala sobre el mismo tema. El 8 de noviembre de 1969, por pedido de Ayala, le escribí al doctor Prieto para expresarle: "Le escribo a usted por encargo de nuestro común amigo Roger Ayala y en el mío propio. Roger ha recibido su atenta carta referente a los restos del doctor Ayala, que están a su cuidado en Buenos Aires, y hubiera sido su deseo escribirle personalmente para expresarle, una vez más, el reconocimiento para usted por su desinteresada ayuda, pero, lamentablemente, él está pasando por un período de crisis en su agotadora dolencia, que le repercute hondamente en su espíritu..." "Por el momento, los restos del doctor Ayala, cuando lleguen aquí, serán depositados en el panteón de la familia Díaz León, hasta tanto su hijo termine su panteón que empezará a construir inmediatamente para recibir los restos de su padre.

         En ese momento, tal vez, sea la oportunidad, siempre que las circunstancias permitan, rendir al doctor Ayala el homenaje que la Patria le debe". "Yo me encargaré de tomar aquí; en Asunción, las medidas necesarias para coordinar que todo se haga de acuerdo a los deseos de Roger..."

         Un mes más tarde volví a escribir al doctor Prieto sobre el mismo tema, haciéndome cargo, desde ese momento, de todas las gestiones, por mandato del hijo.

         Desde fecha anterior tenía comenzadas gestiones antes la Municipalidad de Asunción para el traslado de los restos del doctor Ayala, a través de un trámite engorroso que la burocracia municipal exige para la inhumación de cualquier persona común.

         Como resultado de estas diligencias, se dictó la Resolución Nº 273 D.P.P. del 12 de enero de 1970... "para proceder al traslado de los restos de Eusebio Ayala del cementerio de Buenos Aires, previo pago de los derechos correspondientes, con intervención del Departamento de Higiene del Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social. Art. 2º: Notifíquese, pásese copia a la Sub-sección Defunciones de la Sección Patrimonio y al Administrador del Cementerio y Cumplido, archívese. Firma Cnel. (SR) Plinio A. Frutos". Todos los trámites fueron cumplidos y las tasas correspondientes abonadas, tal como el ilustre ciudadano merecía...

         Desde el primer momento la intención de Roger Ayala fue que el traslado se hiciera totalmente en forma privada, conforme con las circunstancias del momento.

         Conversando con mi amigo y en la espera de las noticias del doctor Prieto, le sugerí la conveniencia de comunicar a las autoridades el traslado de los restos del doctor Ayala a Asunción. Mi preocupación era que, no obstante haber llenado todos los requisitos legales exigidos, la llegada de los restos diera lugar a alguna enojosa intervención por "orden superior", que el ilustre estadista no se merecía. Mi amigo estuvo de acuerdo y redacté una nota explicativa dirigida al entonces Ministro del Interior, Sabino Augusto Montanaro. (Abril 3 de 1970) Personalmente hice entrega de la nota al Ministro, sin tomar la precaución de presentar en Mesa de Entradas para dejar constancia fehaciente de la comunicación escrita. El Ministro me recibió inmediatamente. Enterado del contenido, me explicó que consultaría con el Presidente de la República. Una semana después volví a visitar al Ministro, quien me dijo que aún no había consultado con el Presidente Stroessner, que viajaría a Bariloche por Semana Santa y que a la vuelta me daría la contestación. En la última audiencia me informó que no era conveniente en ese momento la repatriación del Prócer, según así le había comunicado el Presidente Stroessner. Tiempo después tuve la duda de si efectivamente el Ministro Montanaro había hecho la consulta, según me comentó un funcionario muy cercano al entorno áulico.

         Entretanto, el problema de los restos del doctor Ayala en Buenos Aires se hacía más difícil, dado que el doctor Prieto tenía resuelto regresar al Paraguay, y al no existir una autorización expresa debía tomarse alguna determinación, pues el "Pabellón Transitorio" -donde se abonaba una tasa- como su mismo nombre lo indicaba no podía ser permanente. El 5 de marzo de 1970 me comunicaba el doctor Prieto que "conforme a mi pedido se suspendía la repatriación de los restos por las causas mencionadas..."

         Esta situación de total incertidumbre había afectado hondamente a mi amigo Roger, repercutiendo ello en su precaria salud. El me pidió que viajara a Buenos Aires y resolviera cualquier situación de acuerdo con mi propio criterio, dado que yo conocía todos los problemas existentes y que su confianza en mí era absoluta y esperaba que se hicieran las cosas en la forma debida, al no estar ya el doctor Prieto en Buenos Aires para atender, como lo hacía, con verdadera devoción todos los años pasados. Ante esta circunstancia, resolví viajar a Buenos Aires, para cuyo efecto llevé un poder "especialísimo", dada la naturaleza de las gestiones en otro país y la ausencia del único heredero. Ante el escribano público, Dr. Julio César Troche, en fecha 4 de junio de 1970 se extendió el poder a mi favor, usando un exagerado casuismo, a fín de evitar situaciones imprevistas. Expresaba el mandato:"...a fin de que realice cuantos actos fueren necesarios, especialmente relacionados con la exhumación, reducción, incineración, traslado por cualquier vía o medio de los restos de su padre, el doctor Eusebio Ayala, que se encuentran depositados en el Cementerio de la Recoleta de la ciudad de Buenos Aires, pudiendo efectuar todos los actos, de cualquier naturaleza o ante cualquier jurisdicción que fueren necesarios para el mejor cumplimiento del presente mandato. Este mandato no revoca el anterior otorgado al doctor Manuel Peña Villamil el año 1944; poder general amplio".

         Inmediatamente después de llegar a Buenos Aires visité al director del Cementerio de la Recoleta, señor Miguel J. Lasalle. Este señor me recibió con cortesía y al conocer el propósito de mi visita -como quien era la persona cuyos restos debían ser trasladados- puso su mayor solicitud para abreviar los trámites burocráticos. Personalmente me acompañó hasta el "Depósito Transitorio", donde pude comprobar el lamentable estado del ataúd, debido al tiempo transcurrido. Sin dudar un instante le manifesté al señor Lasalle mi deseo de proceder a la incineración de los restos, a lo que me contestó que no habría inconveniente, pero para ello debían ser trasladados hasta el Cementerio de la Chacarita. A partir de ese momento encargué a una empresa especializada hacer el traslado de los restos. Me puse igualmente en comunicación con la señora Margot Legeren de Bordenave, quien había ofrecido a Roger ubicar las cenizas del doctor Ayala en el panteón de la familia Lesea parienta de la señora de Bordenave, hasta que pudieran ser trasladadas a Asunción.

         El día 15 de julio de 1970, un solitario cortejo integrado por la señora de Bordenave, mi hijo José María y yo, siguió el coche funerario que conducía el féretro del Presidente de la Victoria hasta la Chacarita para su posterior incineración, lejos de su Patria y de su Pueblo. SIC TRANSIT GLORIA MUNDI.

         En la Chacarita nos atendió el señor Jorge Chenaut con toda deferencia, y nos hizo pasar a su despacho mientras se llevaba a cabo la incineración de los restos. Dirigiéndose a mí me ofreció presenciar la cremación, si así lo deseaba. Le agradecí el gesto, manifestándole que esperaría recibir la urna en su despacho. Luego de media hora, un funcionario me hizo entrega de la urna funeraria, que personalmente había elegido. Era de bronce y como única inscripción tenía el nombre del ilustre difunto.

         Con la urna en mis manos, nos dirigimos las mismas personas al panteón de la familia Lesea, donde la deposité en un rincón. Esa misma tarde envié un telegrama a mi amigo Roger comunicándole: "Todo arreglado satisfactoriamente..."

         Si se ha hecho un relato circunstanciado de la cremación de los restos del ilustre desaparecido, es en razón de que desde esa fecha, algunas voces en el parlamento, la prensa u otros medios de comunicación, se han ocupado sin mayor conocimiento sobre los restos del doctor Ayala. En el parlamento de esa época, se levantaban voces aisladas para rendir homenaje en el aniversario de la muerte del doctor Ayala. En una de esas ocasiones, la prensa se hizo eco del homenaje propuesto en el seno de la cámara de diputados. El autor de la nota era el conocido escritor José María Rivarola Matto, quien la tituló "Eusebio Ayala y la Historia". En una de sus partes, decía lo siguiente: "...El diputado Emilio Vallejos Chenú propuso un minuto de silencio en memoria del conductor civil de la Guerra del Chaco. Sin tener en cuenta la moción, y cuando ya varios diputados se habían puesto de pie, dándola por aprobada el presidente en ejercicio de la Cámara Baja dio autorización para empezar a considerar el Orden del día..." Comenta Rivarola Matto en el mismo escrito: "...Lejos está de nuestra intención faltar el respeto al diputado Luis María Argaña que presidía la sesión, a pesar de que éste no se ha ajustado a las formas en el trato a sus colegas camaristas. En rigor, creemos que el honorable diputado Luis María Argaña se ha insultado a sí mismo. En cuanto al doctor Eusebio Ayala, el sitial que -mal que les pese a algunos- ocupa en nuestra Historia no puede ser conmovido por un acto tan torpe..."

         En un tiempo más reciente, en otra nota periodística vuelve a comentar el debate parlamentario ocurrido por la misma causa; la repatriación de los restos del doctor Eusebio Ayala, con el título "La historia no ofende" "...apareció la voz de los supuestos autores y mentores de la prohibición (de la repatriación de los restos del doctor Ayala) en la entonación del diputado Leandro Prieto Yegros, afirmando que" "... no fuimos nosotros (los colorados) los que vejamos y deportamos al doctor Eusebio Ayala y al mariscal Estigarribia..." en directa alusión a los autores del movimiento del 17 de febrero de 1936. Afirmó igualmente el diputado oficialista que "...cuando los liberales recuperaron el poder en 1937, el doctor Ayala no regresó al país, insinuando, tal vez, su voluntad de no retorno, por un mayor apego a tierras extrañas..." "...Había estado ligado, en su carácter de abogado, a empresas extranjeras (multinacionales se le dice ahora) que explotaron bienes y hombres del Paraguay..." concluye denotando el diputado Prieto Yegros.

         No se oculta la secreta intención del orador, más que de ofender al prócer -por cierto muy lejos de sus posibilidades- mostrar la obsecuencia incondicional al tirano. El doctor Eusebio Ayala fue un abogado de alto prestigio internacional, por méritos propios, y cuya trayectoria difícilmente podrán empañar los sirvientes de la dictadura.

         Todos los hombres públicos, sin excepción, pueden ser objeto de críticas, pero no servir de pedestal demagógico de nadie, que sólo demuestra las falencias de sus ocasionales detractores.

         La memoria del doctor Eusebio Ayala -aún después de muerto- no fue respetada, sin tener los ofensores en consideración su insobornable patriotismo unido para siempre con el destino del Paraguay.

         El 14 de agosto de 1975 se cumplió el centenario del nacimiento del prócer. Para celebrar ese aniversario se constituyó una comisión de sus amigos y admiradores, presidida por el doctor Justo P. Prieto. En esa ocasión, tuve la oportunidad de colaborar con la misma, en una serie de audiciones por Radio Cháritas, la única emisora que otorgó generosamente un espacio para recordar la figura del prócer desaparecido. Se procuró rendirle un homenaje por medio de un acto cívico, recurriendo a diversos locales de la capital para cumplir con la ceremonia conmemorativa, en un acto sin ninguna magnificencia. En todas las partes se recibió una discreta negativa, seguramente para no turbar el humor del tirano. El acto más emotivo fue, sin embargo, el homenaje que se rindió en el pueblo natal del Presidente de la Victoria, al colocarse una placa en el solar de su familia. En esa ocasión, se fletó un ómnibus hasta el lugar del acto. No éramos más de quince personas...

         En Eusebio Ayala se reunieron además ciudadanos y familiares para participar del homenaje. La prensa local independiente se hizo eco recordando la figura del prócer.

 

 

FUENTES CONSULTADAS

 

ARCHIVOS CONSULTADOS

Colegio Nacional de la Capital

Carlos Pastore

Privado de Emilio Aceval

Privado de Eusebio Ayala

Privado de Rogelio Ibarra

Ministerio de Relaciones Exteriores

 

LIBROS

Archivo del Liberalismo. Estado General de la Nación durante los gobiernos Liberales. Asunción. Tomos, I,II y III.

Anales de la Universidad Nacional de Asunción Ayala, Eusebio. Temas Monetarios y Afines. Asunción.

Ayala, Eusebio. Patria y Libertad. Asunción, Carlos Schauman

Benítez, Justo Pastor. Ensayos sobre el Liberalismo Paraguayo

Bray Arturo, Armas y Letras, Asunción, Editorial NAPA.

Cardús Huerta, Gualberto. Arado, Pluma y Espada.

Creydt Oscar (Director). Revista de Derecho y Ciencias Sociales.

Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados.

Diario de Sesiones de la Cámara de Senadores.

Durand, Marcelle. Recuerdos. Asunción, Editorial Histórica

Fernández, Carlos J. La Guerra del Chaco.

Foianini Banzer, Dionisio. Misión Cumplida. Santa Cruz.

Freire Esteves, Gomes. Historia Contemporánea del Paraguay

Gaona, Francisco. Historia Gremial y Social del Paraguay. Tomo II.

Jaegli, Alfredo. Albino Jara un varón meteórico, Asunción, Editorial Napa.

Riart. Gustavo. El doctor Luis Riart y la Defensa del Chaco. Asunción.

Rivarola, Vicente. Memorias.

Urizar, Rogelio. Los Dramas de Nuestra Anarquía. Rosario. Editorial Ross.

Santos de los, Tomás. La Revolución de 1922. Asunción, Editorial El Lector.

 

PERIÓDICOS

El Paraguay

El Cívico

El Diario

El Nacional

El Liberal

La Patria

Patria

 

ARTÍCULOS PUBLICADOS EN ABC COLOR SOBRE EL LIBRO

 

 

 

OBRA PÓSTUMA DE MANUEL PEÑA VILLAMIL SOBRE AYALA

Manuel Peña Villamil, el historiador recientemente fallecido, dejó una obra sin lugar a dudas muy importante sobre Eusebio Ayala, el Presidente de la Victoria, el hombre que condujo al país durante la Guerra del Chaco. Este libro aparecerá el domingo, con el ejemplar de ABC Color, en el marco de la Colección Protagonistas de la Historia, de la Editorial El Lector.

De acuerdo con lo que señala el historiador Herib Caballero Campos, director de la colección, en el prólogo del libro, esta obra sobre Eusebio Ayala es el resultado de una profunda investigación realizada por el doctor Peña Villamil, quien es el historiador que ha estudiado con mayor dedicación y esmero la memoria y la vida de uno de los presidentes más destacados del siglo XX; destacado porque logró la no menor hazaña de conducir al país a la victoria en la Guerra del Chaco.   

La riqueza de esta obra, agrega el prologuista, no sólo radica en la calidad de quien la escribió, sino en las fuentes inéditas “con las cuáles el autor nos presenta facetas poco conocidas de la vida y el pensamiento de quien fue llamado con justicia el Presidente de la Victoria”.   

Manuel Peña Villamil, una de las figuras emblemáticas de la historiografía paraguaya, falleció el 29 de diciembre de 2010.   

Su tarea intelectual es vasta y profunda, tanto en su faceta jurídica como en su faceta historiográfica. Desde 1958, el doctor Peña Villamil fue miembro numerario de la Academia Paraguaya de la Historia, institución que presidió en un momento dado.   

Su obra historiográfica de envergadura se inició coincidentemente con la conmemoración del Sesquicentenario de la Independencia Paraguaya en 1961, es decir, hace 50 años, con sus investigaciones sobre “Los Cabildos y la emancipación americana”, presentada en Buenos Aires, al igual que “Causas y efectos en el proceso de la emancipación paraguaya”.   

En el libro de Peña Villamil a ser entregado al público el domingo 15, los lectores encontrarán no solo al político Eusebio Ayala, sino al hombre y al estadista que terminó sus días como muchos políticos paraguayos, alejado del terruño.   

Es indudable que la obra historiográfica de Manuel Peña Villamil será referencial para todo aquel estudioso del pasado de nuestra sociedad y en particular para quienes desean conocer sobre la vida de Eusebio Ayala.   

Ayala se encontraba en París cuando le comunicaron su designación como candidato presidencial. Asumió como presidente constitucional el 15 de agosto de 1932, cuando la Guerra del Chaco ya estaba en marcha. Fue el gran conductor civil durante la contienda.

11 de Mayo de 2011

Fuente: www.abc.com.py

 

 

APARECE HOY LA BIOGRAFÍA DE EUSEBIO AYALA, GRAN ESTADISTA

Esta es una de las más logradas semblanzas de las hechas hasta el presente del presidente de la República que condujo civilmente al Paraguay durante la guerra del Chaco hasta la victoria final.



PRESIDENTE DEL PAÍS

El 15 de agosto de 1932, el doctor Eusebio Ayala asumió la Presidencia de la República inaugurando el decimoséptimo período constitucional. La guerra del Chaco ya entonces estaba en marcha.  

Sobre la contienda bélica, en su aspecto militar se ha escrito bastante; en el Paraguay y Bolivia. Existen, igualmente, trabajos de expertos militares de otras naciones que se han ocupado sobre el conflicto bélico.   

Una de las decisiones más importantes de Ayala, entonces, fue darle al comandante José Félix Estigarribia la máxima responsabilidad conductora de las fuerzas en operaciones.  

Las hostilidades después de la agresión boliviana al Fortín Pitiantuta, el 15 de junio de 1932, desataron la guerra, que duraría tres años. En ese momento, las comunicaciones entre el comandante de la 1ª División de Infantería en el Chaco, Estigarribia, y el Estado Mayor en Asunción eran bastante confusas desde el momento en que no existía una coincidencia de criterio en la estrategia a seguir.   

De acuerdo con el libro de Peña Villamil, esa situación cambió al asumir Ayala la Presidencia, que tomó la iniciativa y buscó coincidencia con el comandante Estigarribia, a quien conocía de muchos años. A este respecto comenta Estigarribia en sus Memorias: “...el recibo el 1 de setiembre de uno de los más curiosos documentos”. El mayor Manuel Garay era el portador del documento, que aunque sin firma, procedía del Presidente de la República, como autenticó el portador. Su contenido era bien explícito en cuanto al objetivo bélico: tomar Boquerón. Las consideraciones siguientes tenían el propósito de evitar colocar al Paraguay en la iniciativa de la acción militar, por razones diplomáticas, desde el momento que las negociaciones entre ambos beligerantes continuaban en Washington.   

Estigarribia hizo sus observaciones, no en cuanto al objetivo, sino a la táctica a aplicar en una operación militar de importancia donde no serían escaramuzas de patrullas, sino una batalla decisiva. Alguna reacción debió provocar en el Presidente la actitud crítica del Comandante en Jefe del ejército en campaña. Fueron los comienzos, en lo que respecta a Estigarribia, de imponer sus ideas tácticas sin tener en cuenta la situación internacional y sus consecuencias.   

Ayala no era militar, ni tenía formación de ese tipo, pero conocía las reacciones de los militares, sujetos a reglamentos, estrategias y tácticas, como el acatamiento debido a los mandos superiores. Era el momento de ir ajustando la conducción militar, evitando conflictos innecesarios. Fue fundamental establecer un relacionamiento coordinado entre la jerarquía militar y el gobierno civil, razón por la cual en adelante Ayala se haría presente donde estaba el Comando en Jefe.

15 de Mayo de 2011

Fuente: www.abc.com.py

 

 

EUSEBIO AYALA FUE DESDE JOVEN UN HOMBRE DE CULTURA

Eusebio Ayala, el presidente de la victoria en la Guerra del Chaco, fue hombre preocupado desde joven por su formación profesional y cultural. Fue condiscípulo de otras personalidades que luego también descollarían en distintas disciplinas en la vida nacional.

 

Esta etapa formativa de Ayala está inserta en el libro de Manuel Peña Villamil, que se publicará mañana con el ejemplar de ABC Color, como volumen número 11 de la Colección Protagonistas de la Historia.   

Terminado el ciclo formativo en el Colegio Nacional, Eusebio Ayala ingresó a la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional, llevando un buen bagaje de conocimiento y mostrando inclinación temprana por los estudios económicos, tal vez como consecuencia de la facilidad para las matemáticas, aunque nada que implicara aprender le era ajeno.

PERITO MERCANTIL

Se recibió de perito mercantil, posiblemente entusiasmado con los estudios iniciados en esta rama por su amigo y condiscípulo del Colegio Nacional Pastor Ibáñez. Éste, al igual que Ayala, venía del campo –nacido en Caapucú en el año 1874– como muchos jóvenes de la época que llegaron a la capital, centro de la política y la economía del país, para ampliar sus horizontes. Aunque siguieron caminos distintos, mantuvieron siempre el culto de la amistad. Luego Ibáñez ocuparía cargos importantes en la administración pública, como ministro y senador de la nación.   

La esposa de Ayala, Michelle Durand, menciona una anécdota, reflejo de la personalidad de su esposo, con relación a su amigo Ibáñez. En una ocasión, Ayala se presentó para un concurso de empleo en la administración pública, relacionado con la carrera de contador. Al saber que su amigo Ibáñez estaba también en la competencia, se retiró del concurso.   

La anécdota fue recordada a menudo por Ayala, según anota ella: “Cuán distinta hubiera sido mi vida si hubiese obtenido ese empleo de contador”, a lo que agregó su esposa: “supongamos que no lo lamentaba... quién sabe”.   

ESTUDIOS UNIVERSITARIOS

Ayala siguió sus estudios universitarios con intensa dedicación. Más allá de la elección de una profesión liberal, le interesaba la cultura de los pueblos civilizados. Europa sería su meta próxima.   

Del grupo de egresados del Colegio Nacional, condiscípulos de Eusebio Ayala también fueron Andrés Barbero y Juan B. Benza, ambos siguieron posteriormente la carrera de Medicina en la Facultad de Buenos Aires.   

El Dr. Benza fue un destacado cirujano, militó en el Partido Liberal y ocupó la banca de senador de la nación. El doctor Barbero sería un meritísimo filántropo y estudioso botánico, creador de los importantes museos de ciencias naturales, que eran sostenidos por él. El doctor Félix Paiva, también compañero del Dr. Ayala, actuaría pronto en política activa en cargos relevantes durante la época liberal, para más tarde ocupar la Presidencia de la República (1936-1939).   

EL AUTOR

Manuel Peña Villamil nació en Asunción el 3 de agosto de 1916. Realizó sus estudios en la ciudad de Buenos Aires. Durante la Guerra del Chaco trabajó sirviendo a la patria en el Comanchaco. Posteriormente ocupó el cargo de director de la División de Asuntos Políticos y Diplomáticos de la Cancillería paraguaya.   

Se graduó como abogado en 1941 y posteriormente obtuvo el doctorado en Derecho y Ciencias Sociales. Ejerció la docencia en la Universidad Nacional de Asunción y en la Universidad Católica Nuestra Señora de la Asunción. Fue secretario del Instituto de Cultura Hispánica, miembro de la Academia Paraguaya de la Lengua Española y miembro de la Academia Paraguaya de la Historia, de la que fue presidente en varios períodos.   

Publicó varios libros de historia, como ser: El Cabildo de Asunción; Espíritu de la legislación española en Indias; Silvia, la hija del Silencio; Eusebio Ayala y su tiempo; Historia de la Diplomacia y las Relaciones Internacionales. Entre las obras jurídicas se pueden mencionar: Derecho Administrativo; La Concesión de Servicios Públicos; Curso de Finanzas; Curso de Derecho Tributario.   

Manuel Peña Villamil falleció el 29 de diciembre de 2010.

14 de Mayo de 2011

Fuente: www.abc.com.py

 

 

 

 

ENLACE INTERNO AL ESPACIO DE LECTURA RECOMENDADA

Décimo Séptimo Período Constitucional.

Presidente: Doctor EUSEBIO AYALA.

Vice Presidente: Dr. RAÚL CASAL RIBEIRO.

15 de agosto de 1932 al 17 de febrero de 1936.

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