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Historia Política

Inestabilidad en la Presidencia de Emiliano González Navero / Hechos del 21 de Setiembre de 1908 - El Gondrismo / Movimiento Armado (Gomes Freire Esteves)
19/03/2013


PRESIDENCIA DE D. EMILIANO GONZÁLEZ NAVERO

4 de Julio de 1908 - 25 de Noviembre de 1910

 

            Un comité revolucionario se había constituido, sobre los hechos, con los ciudadanos Albino Jara, Adolfo Riquelme, Patricio Alejandrino Escobar, Manuel Franco, Gualberto Cardús Huerta, Félix Paiva, Eusebio Ayala, que se hizo cargo de las soluciones gubernativas del momento.

            Entre las medidas asumidas por el Comité se citan: otorgamiento de ascenso de dos grados militares y gratificaciones, a la mayoría de los jefes y oficiales actores del movimiento, y disolución de las Cámaras legislativas, bajo acusación de haber sido organizadas dictatorialmente por el general Ferreira.

            De las Cámaras disueltas, compuestas de 39 representantes, 17 miembros militaban en la oposición en la siguiente forma: Radicales: Dres. Gualberto Cardús Huerta, Félix Paiva, Teodosio González, Justo P. Duarte, Sres. Adolfo Riquelme, Liberato Rojas, Ildefonso Benegas, Ramón Lara Castro, Guillermo Sosa. Colorados: Dres. J. Emilio Pérez, y Francisco Chávez, Sres. Cayetano A. Carreras, Miguel Corvalán, y Marcos Riera. Independientes: Sres. Sebastián Talavera, Modesto Yakisich, Dr. Francisco Rolón.

            Los 22 miembros restantes apoyaban al Gobierno.

            El 4 de Julio, el Vicepresidente de la República D. Emiliano González Navero, asume el mando y nombra sus ministros secretarios de Estado, a los ciudadanos:

            Interior - D. Manuel Gondra.

            Guerra y Marina - Teniente Cnel. Albino Jara.

            Hacienda - Dr. Gualberto Cardús Huerta.

            Justicia C. e I. Pública - Dr. Manuel Franco.

            Relaciones Exteriores - Dr. Eusebio Ayala.

            El mismo día, el nuevo gobierno declara en estado de sitio todo el territorio de la República por el término de un mes.

            El 5, son nombrados los Sres. Adolfo Riquelme y Eduardo Schaerer, respectivamente, jefe de Policía de la Capital e Intendente Municipal, y se dan de baja del ejército y armada a todos los jefes y oficiales leales de la anterior situación.

            El 9, es ascendido a coronel en comisión el teniente coronel Albino Jara, y el 10, a coronel, el comandante Patricio Alejandrino Escobar; a tenientes coroneles, los mayores Manuel Rojas, Carlos Goiburú, Américo Benítez y se designa, a cada uno de ellos, como comandante de un cuerpo de línea.

            El 12, se disuelve el Cuerpo de Bomberos y el Escuadrón de Seguridad; el 13, se nombra al Sr. Pedro Saguier, Encargado de Negocios de la República en Buenos Aires, previa aceptación de la renuncia del ministro plenipotenciario, residente, Dr. Caminos; se suprime la Caja de Conversión, traspasando a cargo del Banco Agrícola todos sus fondos.

            El 17, habiendo arribado D. Manuel Gondra, de Río de Janeiro, se le pone en posesión de su cargo.

            Aparecía, al fin, en la escena del nuevo gobierno, el esperado hombre público, bandera civil y larga esperanza de la juventud paraguaya.

            Él no había producido los sucesos, ni siquiera los esperaba.

            Mientras el cañón tronaba en las calles de Asunción, el ministro plenipotenciario en Río, asediado de los reporteros de diarios, se llamaba a silencio. Recién cuando el triunfo corona el esfuerzo de sus amigos, descubre, en la capital fluminense, sus conexiones con el movimiento. Llamado por las supremas necesidades del momento, todos los hombres -Jara, Riquelme, Cardús, el Presidente Navero-, se lanzan en sus brazos y le delegan la misión de abrir la ruta del porvenir.

            Antes de arribar a la Asunción, su nombre llena todos los labios y es el elegido, incontestado e incontestable, de todos los espíritus agrupados en torno de la victoria.

            Es el momento culminante en que el crítico consumado va a aplicar al medio social, fríamente, sus teorías, de tiempo maduradas, sobre el gobierno del Paraguay y las funciones de la democracia, en todas las partes del mundo y en todos los tiempos.

            Está en sus manos sofrenar la multitud, desbordada hacia el caos, pero lejos de él la idea de hacer uso de su poder sobre ella.

            Llega; y su única idea fija es amasar el futuro, antes que el cuarto de hora en que se embebían los demás personajes del fortuito sacudimiento.

            Tiene autoridad sobrada para dominar, con toda la lucidez de su pensamiento, al diminuto puñado de adeptos que se habían adueñado de los cuarteles y de la cosa pública, invocando inmediatamente su nombre para sincerar la sangre derramada y las promesas del nuevo orden de cosas, ante la Nación.

            Pero, sin faltarle las energías del Dr. Francia, opta, por no dominarlos, limitándose a correr su suerte, a sostenerlos con todos sus vicios y virtudes, en el poder.

            El crítico se decidía por la duración del grupo, antes que por la de su propio pensamiento.

            Tal es su línea de conducta, respecto de los hombres que encuentra al frente de los hechos consumados y desde ese momento, se dirige a aplicar su poderosa visión de conjunto a la formación del Partido gobernante que faltaba improvisar de la nada y forjar, sin pérdida de tiempo, para hacer frente a los peligros de la reacción opositora.

            La juventud, su palanca de Arquímedes en la política nacional, encuentra en él el tapalotodo, la justificación y el desiderátum de sus doradas ilusiones civiles.

            Renuncia del Ministerio del Interior, nombrándose el 25 para reemplazarlo, en dicha cartera, al Dr. Manuel Franco, y en sustitución de éste, al Dr. Emeterio González, Ministro de Justicia C. e I. Pública.

            El 27, se suprime el Estado Mayor General del ejército.

            El 4 de Agosto, se prorroga por un mes más el estado de sitio en toda la República.

            Los trabajos políticos del Sr. Gondra para la constitución del partido gobernante daban sus primeros frutos.

            La Liga de jóvenes constitucionalistas, formada para sostener el reinado de la ley, en 1906, con independencia de los demás grupos y partidos existentes -mediante su intervención personal- se plegaba en masa al nuevo régimen.

            Numerosos ciudadanos, neutrales hasta entonces o alejados de la política, se deciden en el mismo sentido y una gran asamblea popular se anuncia para el día 15, en el Teatro Nacional, donde se establecerían definitivamente, las bases del partido de Gobierno.

            Una profusa invitación fue lanzada al público, subscrita de 200 y tantos ciudadanos, encabezados por el Sr. Gondra, con motivo de la asamblea anunciada, declarando que eran "miembros de diversas asociaciones políticas y ciudadanos que desean cooperar a la obra de constituir un gran partido de gobierno ahora que el Partido Radical considera concluido su período revolucionario y cree llegado el momento de organizarse sobre nuevas bases y con una nueva orientación.

            Llegado el día de la reunión, tuvo ella lugar en el Teatro, sin más controversia que la relativa a la denominación a darse a la agrupación que se trataba de organizar en toda la República.

            Hubo mociones para que se denominara francamente Partido Radical, otras, proponiendo distinta divisa que denotara la fundación de una entidad realmente nueva en la política nacional.

            Al fin, por fundamentación del Dr. Alejandro Audivert, que apoyó la gran mayoría de la asamblea, se acordó que la agrupación se denominara otra vez Partido Liberal.

            Dispersóse la reunión, no sin haber escuchado una arenga de corte clásico, en materia revolucionaria, del jefe aclamado del partido, Sr. Gondra, exaltando la fe del porvenir.

            La personalidad del coronel Albino Jara, que comenzara a inspirar recelos subterráneos a la opinión, se alzaba en medio de la asamblea, ya como una interrogante, ya como el gestor predestinado de aquel advenimiento partidario, y era necesario despertar en él mismo, la conciencia de su rol histórico.

            Estimula Gondra la resistencia como síntoma de salud popular y llama al mismo tiempo a Jara "Pundonoroso militar", a cuya espada, eje en aquel instante de sus planes políticos, dedica el recuerdo de un episodio napoleónico, para demostrarle que sólo puede servir de punto de apoyo lo que ofrece resistencia.

            El 28 de Agosto, es ascendido a teniente coronel el mayor D. Adolfo Chirife, llegado en esos días de Alemania; el 31, se pone término a la misión diplomática del Dr. Pedro Peña y se liquida al coronel P. Alejandrino Escobar sus haberes desde el 1º de Diciembre de 1906 hasta el 30 de Junio del año en curso.

            El 14 de Setiembre, se crea la escuela naval de mecánicos; el 16, se acordó a la Municipalidad de la Capital, un préstamo de $ c/l 400.000.

 

 

HECHOS DEL 21 DE SETIEMBRE

EL GONDRISMO

 

            La oposición había comenzado a organizarse.

            El núcleo de liberales desalojados, repuesto de la caída, como primera medida había editado de nuevo el diario El Cívico e iniciaba desde él la resistencia.

            Algunos jóvenes liberales, hasta entonces ajenos a las rencillas partidarias, abrazan la causa de los vencidos y se lanzan a sus filas, como el escritor Marcelino Pérez Martínez que se incorpora a la redacción activa del diario citado.

            Los principales hombres del gobierno derrocado habían emigrado y se encontraban en Buenos Aires.

            D. Antonio Taboada quedaba en la capital al frente de los trabajos políticos del grupo y se aprestaba a reanudar una vida de combate, no obstante sus días trabajados por la falta de salud.

            Los colorados, disgustados con Jara por su giro al radicalismo, se preparaban a aprovechar la catástrofe del Partido Liberal, y a organizarse con miras de volver al poder.        

            En la prensa y en los comités, el espíritu de la Asociación Nacional Republicana, que parecía muerto desde 1904, se reanima de súbito, se propaga alerta a la campaña y alienta nuevas arrogancias, frente al liberalismo deshecho por la guerra civil.

            El cabecilla Sr. José Gill es su leader del momento. El general Caballero, cada vez más anciano, acaba de llegar de Buenos Aires, y había recibido, con sorpresa, una imponente manifestación, en que pudo constatar el entonamiento de sus correligionarios.

            D. Enrique Solano López, desde el diario Patria, secundaba ardorosamente aquella corriente partidaria.

            El Dr. Audivert, desde La Ley volvía a enfilar en la oposición. Así las cosas, liberales y colorados, habían ideado, separadamente, valerse a su vez del ejército para reconquistar el poder, aprovechando algunas circunstancias que juzgaran favorables a sus designios.

            Los primeros, que contaban en la ciudad al grupo de sus jefes y oficiales militares, dados de baja por el gobierno, encabezados por el ex comandante del II de Infantería, Señor Hipólito Núñez, se informan de que un grupo de clases de los cuerpos de línea sublevados el 2 de Julio, de la Artillería y la Infantería, estaban descontentos y resueltos a reponer en sus puestos a sus ex jefes y oficiales, apoderándose para ello de sus cuarteles respectivos.

            Los segundos, que preparaban desde la administración anterior un movimiento campal, combinado con una rebelión militar en la capital, proseguían en el mismo propósito y cifraban nuevas esperanzas en el nuevo orden de cosas, en que diversos factores de filiación colorada habían participado.

            La Policía da con algunos indicios de los trabajos y plantea al gobierno las medidas del caso, en el mayor secreto.

            Reúnense los hombres dirigentes y se discute un vasto plan de sojuzgación sistemática de la República por medio de medidas extraordinarias de fuerza.

            Jara, Riquelme y Franco sostienen los extremos del plan; los demás convienen en su inaplazable necesidad.

            El Sr. Gondra se concentra más que todos en la fría teoría: su partido estaba aún en el porvenir y lo justificaría todo.

            Fueron acordadas las medidas extraordinarias: el apresamiento de todos los opositores militantes, liberales y colorados, el cierre de todos los diarios independientes, el confinamiento de los cabecillas a lejanos fortines del Chaco, la emigración forzada de los hombres dirigentes de la llanura al extranjero.

            El 21 de Setiembre se prorroga nuevamente el estado de sitio hasta el 30 de Noviembre, y a la 1 p.m., de ese día, comienza la policía a poner en práctica las medidas acordadas.

            Las cárceles, la Policía, los cuarteles, se llenan de presos políticos, calculándose su número en 300, en todo el país; entre ellos, lo más granado del mundo político paraguayo.

            Un vasto proceso criminal se incoa.

            Decía el gobierno en su descargo que un movimiento subversivo había sido descubierto, con designios atentatorios contra la vida de los mandatarios imperantes.

            Fueron igualmente reducidos a prisión numerosas clases de los cuerpos de línea, algunos de los cuales, sometidos a torturas y muertos a azotes, como el sargento de artillería Apolinario Espínola, ultimado por propias manos del coronel Jara.

            Entre los presos figuran dos extranjeros distinguidos, ajenos a todo interés político, que predicaban, como publicistas ideas de altruismo social en una revista filosófica, denominada Germinal: D. Rafael Barrett y D. J. Guillermo Bertotto. Este último fue amarrado a un catre, azotado y obligado a tragar con salmuera un suelto de su redacción.

            Las legaciones estaban repletas de asilados; los diarios independientes habían desaparecido.

            El 28, se prorroga otra vez el estado de sitio hasta el 31 de Marzo de 1909. En la noche del 29, desde las 11 hasta el amanecer, se procedió a embarcar por grupos unos cincuenta presos políticos, a bordo del cañonero Libertad, comandado por el Sr. Emiliano Rojas. Eran los confinados a Fortín Galpón, reducto situado a 20 leguas de Bahía Negra sobre la margen derecha del Río Verde, afluente a su vez del Río Negro, frontera divisoria de la República con el Brasil, en el Alto Chaco.

            Figuraban entre los deportados, los ciudadanos Dr. Cayo Romero Pereira, Dr. Virgilio Silveira, D. Alfredo Duarte, Eusebio Mongelós, Ramón Ayala, Francisco Delvalle, José Silvera, José Souza Lobos, Carlos y Silvio Rodi, Samuel López, Ernesto Schoeder, Alejandro Rodríguez, Leopoldo Escauriza, Juan Báez, G. Candia, Miguel G. Noceda, César Ruso, Felipe González, Gaspar Maidana, Marcos Amarilla, Froilán Ramírez, Salvador Fariña, José M. Sánchez, Juan Luis Ortiz, Isabelino Cortazar, José Asunción Recalde y otros más.

            Engrillados unos con otros y recluidos en la bodega del Libertad, partió éste al día siguiente a Bahía Negra, donde llegó al cabo de cinco días de viaje. De aquel punto, fueron deportados a territorio brasilero, los Dres. Romero Pereira y Silveira y otros, y conducidos los restantes al Fortín, bajo custodia de un destacamento de infantería, comandado por el teniente Eliseo Salinas y el subteniente Gumersindo Pavón.

            La vida de los confinados en el Fortín estuvo sometida a tormentos de todo linaje, ideados por estos dos oficiales.

            Mientras tanto, el país experimentaba la sensación del régimen de medidas extraordinarias, implantadas por el nuevo gobierno.

            El Poder Judicial había sido igualmente desarticulado, desacatándose sus órdenes de Hábeas Corpus.

            Uno de los miembros, el Dr. Manuel Viera, en son de protesta, renuncia de su puesto y se asila en una legación, para emigrar del país.

            Los demás asilados del 21 de Setiembre, los que habían recuperado su libertad por acto gracioso del gobierno, ganan en masa el extranjero y el litoral argentino se puebla de emigrados paraguayos.

            Empero, el partido radical se constituía rápidamente.

            Una manifestación popular, de aplauso al P. E., había sido realizada en la Asunción, bajo la explosión del entusiasmo naciente, con motivo de los arbitrios asumidos.

            Y en la capital y en la campaña, la tarea del proselitismo partidario, reclutaba masas crecientes de pueblo, con el estímulo de los poderes públicos, nivelados a los caudillos.

            Una juventud militar, ciega de fe, está lista noche y día, en los cuarteles, para aplastar con las armas cualquier pronunciamiento de la oposición, y otra juventud civil, surgida del núcleo de ex constitucionalistas, redobla igualmente la guardia, en las tribunas del interior y los comités de la capital, para organizar el Partido.

            El 8 de Octubre, a objeto de constituir nuevas Cámaras Legislativas, se convoca a elección toda la República, para designarse 13 senadores y 28 diputados.

            El 23, son nombrados los Sres. Manuel Gondra, Manuel Franco y Adolfo Riquelme, ministros de Relaciones Exteriores, Justicia e Interior respectivamente.

            La jefatura de Policía se confía, el 27, al Sr Juan Francisco Pérez.

            El 5 de Noviembre se ordena que las Oficinas Recaudadoras depositen diariamente los fondos recaudados en el Banco de la República el 9 se asciende a teniente coronel al mayor Manlio Schenone L.; el 11 se reconoce personería jurídica a la Sociedad The American Quebracho Company el 20 se ordena la entrega al ministerio de Guerra y Marina de la suma de 450.000 para instalación de zonas militares.

            El 5 de Diciembre, se prorroga hasta el 30 de Junio de 1909 la fecha para la integración de la primera serie de acciones del Banco de la República y se envía una delegación del Paraguay al IV Congreso Científico Latinoamericano, a reunirse en Santiago de Chile; el 7, el ministerio del Interior acuerda la verificación de los representantes electos últimamente y los cita a una reunión en el Cabildo para el 15 del mismo, a practicar el escrutinio de ley; el 11, se declara vigente una nueva tarifa de avalúos; el 22, se convoca a sesiones extraordinarias hasta el 31 de Enero próximo entrante al nuevo Congreso Legislativo, constituido desde el 15, para rendírsele cuenta de la administración; el 31 de Diciembre, el Congreso acepta oficialmente la renuncia presentada el 4 de Julio por el general Ferreira de la primera magistratura y declara en ejercicio del P. E. al Vicepresidente de la República, Sr. Emiliano González Navero.

            La nueva representación era de unanimidad gubernista.

            Entra el año 1909 con una incertidumbre general sobre la paz pública.

            El gobierno seguía con el arma al brazo, manteniendo el régimen de extrañamiento de todos los adversarios políticos al extranjero y organizando en el interior, sobre el silencio impuesto por los confinamientos y prisiones en masa, las huestes partidistas que le hacían aún falta. Desde el Pilcomayo hasta Buenos Aires, de Posadas a Corrientes, el litoral argentino se convierte en forzado albergue de una fuerte inmigración de ciudadanos paraguayos, y fatalmente aquel estado de cosa engendra en los proscriptos el designio de la revolución.

            Los colorados son los más numerosos y los primeros en la iniciativa.

            Constitúyese en Buenos Aires un Comité Revolucionario, presidido por el general Caballero, también expatriado después de los sucesos del 21 de Setiembre y otro Subcomité, en Corrientes, dirigido por el comandante José Gill, a objeto ambos de preparar una campaña revolucionaria contra el gobierno.

            Los liberales caídos con el Presidente Ferreira, cuyo Estado Mayor se encontraba a su vez en Buenos Aires, agravaban en el ostracismo, las disensiones producidas entre el Sr. Adolfo R. Soler y el coronel Duarte, días antes del 2 de Julio, y no acertaban a salir de aquel estado de disolución. No obstante, el Sr. Soler, invocando nuevamente la jefatura militar y política del general Ferreira, iniciaba algunos pasos preparativos de otro movimiento armado, que procurase la restauración de sus partidarios en el gobierno del país.

            Duarte tuvo que quedar prescindente.

            Ninguna maquinación, entretanto, prosperaba.

            El gobierno sigue cada vez más fuerte.

            Militarmente, toda la República estaba en pie de guerra, instalándose fuertes zonas destacadas, con las tres armas, en Humaitá, Encarnación, Concepción y Misiones.

            La administración pública, ante las circunstancias políticas que absorbían toda la nación, resintióse de sus agitaciones y hubo de sufrir serios quebrantos.

            Los gastos del Ministerio de Guerra, de contabilización dudosa y absorción desproporcionada sobre las demás esferas de la administración; las filtraciones de las oficinas recaudadoras de rentas, como las Aduanas, el Correo, los Impuestos Internos, que se encubren a la sombra de las alarmas de partido; el incremento, en fin, de la falta de control y de responsabilidad, en el manejo de los caudales públicos, habían cundido y despertaban inquietudes en algunos de los hombres dirigentes. El ministro de Hacienda, Dr. Cardús Huerta, se hizo eco de este malestar en el seno del gobierno y planteó la necesidad de una medida fundamental que tendiese a salvaguardar en el porvenir, con mayores garantías, la administración de los fondos fiscales.

            El nombrado ministro tuvo que medirse con el coronel Jara en el gabinete, en el desarrollo de su programa de control administrativo, iniciando la discusión de sus gastos de contabilización insostenibles en el Ministerio de Guerra y oponiéndose a sus presiones sobre el Tesoro.

            La lucha se entabla entre ambos secretarios de Estado.

            El Dr. Cardús Huerta consigue dotar la República de un arma de defensa de su patrimonio, expuesto a las filtraciones apuntadas y una nueva Ley de Organización Administrativa, estableciendo un control fijo y sistemático, es sancionada y promulgada, sustituyendo la vieja ley de contabilidad pública.

            Pero si el legislador pudo triunfar de las dificultades de orden doctrinario a la implantación de la reforma, el político se ve impotente para modificar la corriente de los hechos y pronto se persuade de la imposibilidad de coexistir con Jara en el ministerio, en espera de una justificación.

            El estado del país, al abrir sus sesiones ordinarias el Congreso aquel año, trasuntaba aquella honda expectativa interior.

            Todas las clases sociales, el elemento productor, el mercado interno y externo del trabajo nacional, aguardaban el desenlace de las anormalidades políticas, para la reanudación de sus actividades ordinarias, y la intranquilidad, fomentada por las amenazas de los emigrados, seguía en aumento.

            No obstante, la fuerza de inercia de la prosperidad encauzada desde 1904 en la vida nacional es superior a las zozobras revolucionarias y a las crisis de la administración: el país sigue produciendo progresivamente y aumentando su comercio internacional.

            La acción de las municipalidades acusa una tonificación sensible, en la capital como en la campaña, habiéndose sancionado una nueva ley de organización comunal, que le otorgaba mayor autonomía en sus manejos y recursos administrativos. Fueron creados los cargos de Intendente Municipal para las ciudades de Villarrica, Concepción, Pilar y Encarnación.

            El año 1908 cerró en la Municipalidad de la Capital con un pasivo de $ 9.131.387.99, para cuyo servicio, el gobierno facilitó otro crédito a la Intendencia de $ 540.000.

            Empréndense algunas obras edilicias de importancia como la construcción del nuevo mercado los embellecimientos de las plazas Constitución, Independencia y San Roque, la pavimentación de un amplio perímetro de la ciudad, un ensayo de adoquinado de madera de 1.000 metros cuadrados en la calle Palma, etc.

            Los trabajos de prolongación del camino de hierro a Encarnación, de acuerdo a la ley de transacción de 1907, proseguían activamente, habiéndose colocado sobre el río Pirapó un puente de acero de 380 metros.

            El 7 de Mayo, un drama sangriento de las persecuciones políticas, sacude nuevamente la República con el recuerdo de las medidas de fuerza, todavía vigentes, del 21 de Setiembre.

            La cárcel de Emboscada, había sido destinada a servir de presidio a una parte de los presos políticos, traídos de Fortín Galpón y remitidos de la capital. Hallábanse entre ellos, los ciudadanos, teniente coronel Hipólito Núñez, teniente Alejandro Duarte, D. José Silvera, D. Samuel López, tenientes Gregorio Rivarola, Alejandro Rodríguez, Ramón Ayala y numerosos más. El estado de espíritu de los recluidos se caldeaba de día en día, de hora en hora, en supremos anhelos de liberación. El ciudadano José Silvera y el teniente Duarte urden un plan de toma a viva fuerza de la guardia, y entendidos con los demás nombrados, el día y la hora convenidos, se arrojan sobre ella, logrando posesionarse de la cárcel, tras una desesperada y sangrienta lucha personal. Quedaba muerto, acribillado de balazos, en el lugar de la tragedia, el teniente de Artillería, D. Alejandro Duarte.

            Los demás presos logran escaparse y ganar, unos, el Chaco argentino otros, el Brasil.

            El gobierno, a todo eso, se preocupaba de allegar fondos a sus arcas y gestionaba la colocación de un empréstito en el exterior para financiar sus planes.

            El 17 de Junio es promulgada la ley pertinente, autorizando al P.E. la contratación del empréstito. Poco después, el Dr. Eusebio Ayala era comisionado al extranjero para las gestiones del mismo, misión que produjo incidencias sensacionales, en Río de Janeiro y París, depresivas del nombre y crédito de la República.

            En el mes de Agosto son enviados como delegados del Paraguay al Congreso Internacional de Medicina e Higiene, a reunirse en Río de Janeiro, los Dres. Fernando Gorriti y Cayetano Masi.

 

 

MOVIMIENTO ARMADO DE SETIEMBRE

 

            Los trabajos revolucionarios de los colorados, lejos de cejar, habían entrado en su fase decisiva en Setiembre.

            Un batallón de voluntarios, a cargo del cabecilla Sr. José Gill, acampaba en los últimos tiempos, a dos leguas de Corrientes, con tolerancia del gobierno de esa Provincia argentina e intención de invadir el Sur de la República.

            Gill proyectaba además una subversión en la zona militar de Humaitá, al mando del teniente coronel D. Adolfo Chirife, por intermedio de unos clases de artillería.

            Una mujer sirve de vehículo a la conspiración. Los clases comprometidos aseguran a aquél la entrega de la zona, en cuanto se constituyese en Pedro González con sus fuerzas, previa una combinación.

            Los Dres. Cayo Romero Pereira y Eduardo López Moreira, entendidos con Gill, se encargan de convulsionar el Norte, en las fronteras con el Brasil, a cuyo fin, arriban ambos a Puerto Murtinho de donde debían de operar, simultáneamente con la invasión del Sur, sobre territorio paraguayo.

            Recibe Gill el aviso del principal clase complicado, y pasa el Paraná con sus fuerzas voluntarias, cuyo número alcanza a cerca de 300 hombres armados.

            Acampa luego en Pedro González, aguardando las nuevas anunciadas de Humaitá, para seguir a posesionarse de la plaza.

            En eso, se encuentra en poder del sargento una carta comprometedora. Sin más trámite ni forma de proceso, es inmediatamente ejecutado por sus superiores, en presencia de todas las fuerzas formadas de Humaitá.

            El comandante Gill, enterado del suceso, intenta apoderarse de Laureles, pueblo guarnecido con 700 hombres, bien armados, a la orden del teniente coronel Américo Benítez, y se arroja con sus voluntarios sobre dicha posición del gobierno. Una sangrienta batallase libra entre ambas fuerzas, durante dos días, al cabo de los cuales, se retira Gill de la acción, derrotado, a repasar el Paraná con el resto de sus tropas deshechas.

            Numerosos prisioneros caen en poder de los gubernistas siendo, en su mayoría, pasados por las armas, después de rendirse.

            El gobierno había convocado a guardias nacionales en la Asunción y un ejército de 3.000 soldados estaba rápidamente formado para todo evento.

            Mil hombres de dichas fuerzas, a la orden del ministro de Guerra, coronel Jara, marchan a cortar, al Sur, la retirada de Gill, y dos mil, al Norte, a cargo del Sr. Manuel Gondra, a dispersar la incursión efectuada de los Dres. Romero Pereira y López Moreira, quienes habían tripulado un barco y avanzaban en jurisdicción nacional, con fuerzas irregularmente armadas.

            La expedición del Sr. Gondra se avista con la flotilla revolucionaria, cerca de Palma Chica y desembarca en el Chaco varios batallones para avanzar por tierra, iniciando el cañoneo del buque insurgente, que seguidamente fue a embicar en costa brasileña, dándose a la fuga sus tripulantes.

            Las fuerzas de desembarco encuentran, en un establecimiento local, una partida de cien ciudadanos sin armas, que se entregan, sin la menor resistencia.

            Varios de estos ciudadanos rendidos fueron igualmente martirizados, llamando la atención, particularmente, el fusilamiento de uno de ellos, el ex-Sargento F. Candia, por el número y circunstancias de sus promotores.

            La intentona republicana quedaba sofocada y terminada en menos de 20 días.

            Gill logró repasar el Paraná.

            El 30 de Septiembre son ascendidos a tenientes coroneles los mayores Alfredo Aponte y Crisóstomo Machuca.

            La paz parecía restablecerse con solidez, no obstante los rigores del estado de sitio y de las persecuciones políticas, que seguían en pie. Los confinados de Fortín Galpón no habían recuperado aún su libertad. Recién, a fines de Diciembre, fueron trasladados de nuevo a la capital, y poco después, lograban en su mayoría expatriarse.

            El año terminaba con un robustecimiento notorio del poder militar y partidista del gobierno y numerosos emigrados políticos tornaban, espontáneamente, al país.

            El mes de Enero de 1910 registra un movimiento de opinión, que despierta general curiosidad: la fundación del diario El Nacional, por los ciudadanos Dr. Vicente Rivarola, D. Juan E. O'Leary, Dr. Manuel Pérez, Dr. Tomás Airaldi, Dr. Rogelio Urizar, Dr. Justo P. Vera, Dr. Esteban Semidei, Dr. Antonio Taboada, D. Eduardo Peña, D. Alfredo Heyn, Dr. Andrés Gubetich, Dr. Francisco Gubetich, D. Arsenio López Decoud y D. Gómes Freire Esteves.

            Era el primer órgano de publicidad independiente que iba a aparecer en la República, desde los sucesos del 21 de Septiembre de 1908. El 1° de Febrero, fue dado a la circulación su primer número con el programa de sus fundadores, que desarrollaba ideas de conciliación nacional, de contralor administrativo y resistencia al militarismo.

            En el seno del partido imperante, la cuestión presidencial próxima, comenzaba a ventilarse, descartándose la candidatura del Sr. Manuel Gondra a la Presidencia, por el apoyo unánime de sus hombres. Susurrábase, no obstante, que el candidato oponía reparos terminantes a su designación.

            La crisis ministerial latente con el entredicho de los ministros Cardús Huerta y Jara, se había producido, retirándose el primero del gabinete. El Sr. Víctor M. Soler, fue nombrado, en su reemplazo, ministro de Hacienda.

            El 1º de Abril, las Cámaras abren sus sesiones ordinarias, con el mensaje de práctica del Ejecutivo.

            Caracterizaba su composición la unanimidad absoluta de opinión de los representantes. Ni un solo miembro de la oposición figuraba entre ellos.

            El P. E. informa del mantenimiento de la paz, en términos que muestran su arraigo final y preconiza la adopción de medidas reparadoras del período de violencias transcurrido desde el año antepasado, como ser una amnistía general.

            Servicios y mejoras, nuevos, de la administración: construcción de 335 kilómetros de telégrafos en el interior; instalación de talleres, chacras, fábricas de ladrillos, con trabajo de los penados: instalación de un museo pedagógico y del Museo Godoy de Bellas Artes, etc. Economías: suspensión de las Obras del Puerto, de las Legaciones al exterior, de la Facultad de Medicina, etc.

            En materia militar, se menciona el proyecto de ley para sancionar el servicio militar obligatorio y la distribución del ejército en 5 zonas. Deuda externa: Al 31 de Diciembre de 1909 queda reducida en o/ s. $ 4.018.217.64. Deuda en el Banco Francés del Río de la Plata, $ oro 750.000.

            Fondos de Conversión, en el Banco de la República, $ oro 450.000. Rentas Generales: c/l 33.178.317, más $ oro 2.727.80. Intereses ganados por deudas al Banco Agrícola, $ 780.696.77. Tipo del oro corriente en 1909, al 40%.

            Ajústanse varios acuerdos internacionales: de extradición con Alemania e Inglaterra, de naturalización y arbitraje con Norteamérica, de legalización de exhortos y cartas rogatorias con la Argentina.

            El 12 de Abril se promulga la ley de amnistía general a los delitos políticos. Con motivo del centenario de la Independencia argentina, a celebrarse en Buenos Aires, el 18 de Mayo, se promulga una ley especial autorizando al P. E. a gastar $ oro 10.000 para costear las delegaciones del gobierno a dicha fiesta internacional.

            Fueron enviados, en grupo, veinte y tantos delegados, entre civiles y militares, encabezados por los ministros del Interior y de Guerra, Sres. Adolfo Riquelme y coronel Jara. A propósito de este último, la delegación a la capital porteña le serviría nuevamente de escenario para llamar la atención pública sobre los rasgos, ya proverbiales, de su desenfadada personalidad.

            Ellos fisonomizan una época.

            Desde el otro día del triunfo de Julio, el mando y sus prerrogativas, se le habían trocado a Jara en una bacanal perpetua.

            El tesoro público debía cubrir sus derroches, sin tasa ni medida; y la autoridad, sus proezas del Bajo Imperio. Día hubo en que un barco de guerra de la nación, era comisionado a Villeta, a su orden, para operar a altas horas de la noche un secuestro femenino a viva fuerza que hizo fasto en la localidad.

            Incurre ahora en la capital porteña en sus mismas dudosas bizarrías y choca con su colega, el ministro Riquelme, que cuida su investidura con otras nociones de conducta.

            Aquellos rozamientos, una vez regresados los delegados a la Asunción, se complican con la cuestión presidencial y las posiciones de ambos secretarios de Estado en la marcha del gobierno.

            Riquelme era el leader civil, consagrado ya, desde el ministerio del Interior, del partido radical; Jara, el cabecilla de la mayoría de los oficiales sublevados del 2 de Julio, a la fecha, ejes de los cuarteles. Una tendencia civil del radicalismo se estrechaba a su derredor, manipulada por los hermanos Liberato y Emiliano Rojas y el Sr. Daniel Codas.

El Sr. Gondra había concluido por abandonar sus hesitaciones de aceptar la futura presidencia de la República, a pedido especial de Riquelme y su círculo, en vista de haber manifestado resueltamente el coronel Jara que si aquél no aceptaba la presidencia, él lanzaría su candidatura.

            Proclamóse así en convención del partido imperante, el 15 de Mayo, con asentimiento inánime de todos, la fórmula presidencial Manuel Gondra Juan Bautista Gaona, para el próximo período constitucional, a inaugurarse el 25 de Noviembre de ese año.

            Vuelve Jara, entretanto, a inquietarse, una vez más, por su suerte.

            La Policía de la Capital ya había pasado a otras manos, por efecto de sus cavilaciones contra el jefe de Policía, Sr. Juan Francisco Pérez, a quien suponía enteramente entregado a la influencia del ministro del Interior.

            Fue nombrado a su pedido en reemplazo del Sr. Pérez, el Sr. Mario Usher, joven iniciado por él en 1904 desde los campamentos de Caí Mbocá y Villa Hayes, de donde lo llevara entre sus fieles a Villeta, a raíz de la sedición conocida.

            El 28 de Julio, se promulga un nuevo Código Rural.

            El 17 de Setiembre se autoriza la inversión de $ oro 7.500 para costear otras delegaciones al Centenario de la Independencia de Chile. Dos erogaciones se autorizan el mismo mes, por decreto legislativo: una de $ oro 10.000 por tomar medidas preventivas contra una posible invasión del cólera, que no se produjo, y otra, también de $ oro 10.000, para la adquisición de materiales bélicos.

            Un nuevo episodio de los emigrados políticos se había producido. Previa inteligencia con el coronel Jara, retornaba al país el cabecilla José Gill, deshaciendo el pacto revolucionario, firmado en Buenos Aires, entre los generales Bernardino Caballero y Benigno Ferreira y sus respectivos partidos, para venir en armas contra el Gobierno.

            El leader del pacto era nuevamente el Sr. Adolfo R. Soler, y el motivo de la ruptura, una distribución de cargos militares para la campaña, impugnada por Gill.

            Se había reunido fuertes recursos y armamentos, constituido campos de concentración en Corrientes, Formosa y Bouvier.

            Los coroneles Juan A. Escurra y Elías Ayala secundarían en el orden militar, a los nombrados generales y los miembros civiles del Comité, constituido para la Revolución, eran D. Antonio Taboada, D. Eduardo Fleitas, Dres. Manuel Benítez y Antonio Sosa.

            Tras la partida de Gill, el movimiento se postergó; luego, se frustró definitivamente.

            Otro cambio ministerial sé efectúa el 11 de Junio: el nombramiento del Dr. José A. Ortiz como ministro de Hacienda, en reemplazo del Sr. Víctor M. Soler, que renunciara anteriormente.

            La candidatura presidencial del Sr. Manuel Gondra era llevada, al fin, a los comicios y salía ungida por los colegios electorales constituidos en ellos.

            El elegido se siente con fuerza para justificarse de todos los acontecimientos desarrollados en la República, bajo invocación de su nombre, desde 1908.

            Piensa tranquilizar la opinión y en una manifestación de simpatía que le dedica su Partido, con motivo de su elección, reclama para la "responsabilidad exclusiva de dichos acontecimientos".

            En labios del jefe, incontestado y auténtico, que así se anticipa al juicio del porvenir, las palabras adquieren el significado de una vasta promesa de justificación, y el país se recoge en una nueva expectativa acerca de su gestión futura.

            Se aproximan los días de asunción del mando.

            El Presidente electo, que pesara aquellas históricas declaraciones, resuelve salir del terreno de impasible connivencia en que se había ubicado, deliberadamente, respecto de los actos y pensamientos de gobierno de sus amigos. Previene al coronel Jara que asumirá la primera magistratura, a condición de enviarle al extranjero, lo mismo que al Sr. Riquelme, con una plenipotencia, a fin de desembarazar su gobierno del entredicho existente entre ambos compañeros de causa.

            El coronel se resiste a dejar el ministerio de Guerra y le impetra le confirme nuevamente en su cargo por un mes más.

            Llega el 25 de Noviembre, y a última hora, el ministro de Guerra conmina resueltamente al Sr. Gondra a reponerle en su puesto, a él y a su colega el ministro de Hacienda, Dr. Ortiz, en las condiciones expresadas.

            Cede el Presidente, y asume el gobierno ese día, satisfaciendo las exigencias del coronel, que se había acuartelado nuevamente en actitud amenazadora.

Fuente: HISTORIA CONTEMPORANEA DEL PARAGUAY (1869 - 1920). Por GOMES FREIRE ESTEVES. Prólogo de ALFREDO M. SEIFERHELD. Reseña biográfica del autor: MANUEL PESOA. Complementos: RAÚL AMARAL. Editorial NAPA. Asunción – Paraguay 1983 (396 páginas)

 

 

 

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