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Historia Política

Entrevista de Yataity Corá (12 de Setiembre de 1866 - Mariscal Francisco Solano López, General Bartolomé Mitre y General Venancio Flores)
20/01/2014


LA ENTREVISTA DE YATAITY CORÁ

Por HUGO MENDOZA


El mariscal Francisco Solano López creyó conveniente ne­gociar un armisticio con los aliados o al menos ganar tiempo para fortificar Curupayty. Con ese fin se dirigió con una nota a Mitre solicitando una entrevista.

Al atardecer del día 10 de setiembre de 1866, media hora después de la puesta del sol se presentó frente a la línea de caballería argentina un piquete paraguayo integrado por un oficial y cuatro soldados con bandera de parlamento. La tropa porteña, sorprendida disparó contra ellos y el grupo paragua­yo retornó a sus líneas. El jefe porteño coronel Rivas marchó enseguida al cuartel general para dar parte del extraño inci­dente al generalísimo. Este condenó severamente la conducta de su tropa, agregando que si en verdad se trataba de una dele­gación parlamentaria, retornaría al día siguiente. Efectivamen­te al mediodía del 11 se presentó un nuevo piquete paraguayo el cual avanzó al toque de llamada. Inmediatamente vino la orden para que se lo recibiese. El oficial paraguayo se dirigió a la carpa del coronel Rivas manifestando que era su misión saludar al general Mitre en nombre del Mariscal y entregarle personalmente una nota de la cual era portador.

Rivas acompañó personalmente al parlamentario para­guayo que era el capitán Francisco Martínez, hasta el cuar­tel general donde lo presentó al general Mitre: este rompió el sello y leyó el contenido de la nota. En ella el Mariscal le solicitaba una entrevista en el lugar y hora que el generalísi­mo dispusiese.

Inmediatamente se trasladó al cuartel general brasileño y desde allí hizo llamar al general Flores. Ambos, juntamente con el mariscal del imperio Polidoro, conferenciaron durante media hora resolviendo lo que debía contestarse. Acto segui­do se preparó la respuesta y se hizo llamar al parlamentario paraguayo. Llegado allí recibió de manos del generalísimo aliado la contestación, con encargo de devolver de su parte el saludo que le enviara el mariscal López.

El parlamentario paraguayo y su escolta partieron sin de­mora para el cuartel general paraguayo. Allí Solano López se enteró de que la entrevista se realizaría en el primer cuarto del día siguiente en Yataity Corá.

A las cuatro de la tarde volvió el capitán Martínez con la contestación del Mariscal. Mitre la recibió en la avanzada de la derecha. Decía López en su nota, que se aceptaba las esti­pulaciones del Comandante en Jefe Aliado y que se haría la obligación de estar a tiempo en el lugar pactado.

Al día siguiente 12 de setiembre muy temprano se preparó el Mariscal para la entrevista.

Formaron la comitiva del Mariscal sus hermanos Benigno y Venancio, su cuñado el general Barrios, su ayudante el co­ronel Alén, su secretario el mayor Manuel A. Palacios y varios otros jefes y oficiales.

El jefe paraguayo fue conducido hasta la trinchera en un carruaje americano de cuatro ruedas y desde allí siguió en su caballo melado favorito, Mandyju. Le daban escolta veinti­cuatro hombres del escuadrón de dragones que vestían sus camisetas coloradas de campaña. Parte de esta custodia, un batallón de rifleros, se había emboscado desde temprano en un pajonal de la línea avanzada, no lejos del lugar elegido para la entrevista.

A las nueve de la mañana llegó el mariscal López a kiló­metro y medio de nuestra derecha, precedido de la bandera de parlamento y acompañado de una corta comitiva. El gene­ral Mitre, prevenido de antemano, se anticipó a su encuentro siguiéndole de cerca un oficial porteño que llevaba bandera de parlamento, el general Hornos, ayudante de Estado Ma­yor, cuatro batidores y un piquete de veinte lanceros de gran parada, impecablemente montados.

Ambos séquitos y sus escoltas hicieron alto a cien pasos de distancia mientras se acercaban los dos generalísimos has­ta cruzar los pescuezos de sus caballos. Se saludaron descu­briéndose ligeramente y estrechándose las manos. Ensegui­da se apearon entregando los montados a los ordenanzas, se

aproximaron a una pequeña "isla" y empezaron a hablar al aire libre porque no había en ese lugar casa o rancho alguno. La única comodidad era proporcionada por unas sillas traí­das desde el cuartel general paraguayo.

La histórica entrevista comenzó sin demoras, no teniendo los dos jefes más compañía cercana que sus respectivos ayu­dantes y ordenanzas que se colocaron a respetuosa distancia.

Los dos jefes conferenciaron durante media hora parados o sentados alternativamente.

El jefe paraguayo inició la conversación interesándose de la salud de su interlocutor y diciéndole que "no había cambiado nada desde la última vez que le vio". Se refería a la entrevista que tuvieron ambos en Buenos Aires en 1855 cuando López retornaba de su viaje a Europa y en la cual hablaron sobre la lengua guaraní, tema que apasionaba al gobernante porteño.

Mitre devolvió la cortesía manifestando que tampoco Ló­pez había cambiado nada desde entonces. Expresó enseguida que había recibido la invitación para la entrevista con agrado, resolviendo hacerle el honor que se debía a los enemigos lea­les, lo cual no sería obstáculo para cruzar sus espadas en el campo de batalla.

Habló entonces el mariscal López:

General: mí presencia aquí está explicada por los acontecimien­tos y por los deberes que su posición impone a los hombres que di­rigen la suerte de los pueblos y que son responsables de sus desven­turas. Yo he hecho la guerra al Brasil, porque he creído que aquella nación no se detendría en el dominio del Estado Oriental y que nos amenazaba a los dos. Yo tenía y tengo la más alta estima por el pue­blo argentino y acaso si hubiera tenido mayor contacto con la persona que está al frente de su gobierno, muchas dificultades y muchas desgracias se hubiesen evitado, pero no ha sido así, y yo he hecho la guerra al gobierno argentino por qué lo consideraba ligado al bra­sileño en la cuestión oriental. Hoy creo que la sangre derramada es bastante para lavar las ofensas con que cada uno de los beligerantes se creyese agraviado y considero que puede hacerse que esta terrible guerra tenga un fin, estipulando las condiciones de una paz sólida, duradera, honrosa para todos.

Mitre le contestó así:

Sr. Presidente: como hombre de principios y como gobernante de un pueblo ilustrado, mis votos y mi esfuerzo estarán siempre por el lado de una paz honrosa que pueda dar los resultados que nos vemos obligados a buscar apelando al recurso extremo de las armas en defen­sa de nuestro derecho. ¿Pero cree Y. E. que puede ofrecer esos resul­tados a la alianza, en las condiciones en que nos hallamos? Yo, como representante de ella, en este lugar, no podría ofrecer a V. E., como es de mi deber, otras condiciones que las que estipula el tratado con que para su defensa se han ligado los pueblos aliados; y esto mismo tendría que ser resuelto por los gobiernos respectivos. ¿Creería aun así V. E. que es posible saber del terreno actual de la lucha armada?

López explicó que las condiciones del tratado de la triple alianza "eran inaceptables pero que no podían ser las únicas". Y si lo fuesen las resistiría hasta "el ultimo atrincheramiento". Que esas' condiciones fueron fijadas para un vencido, pero que él no lo había sido ni podrá darse por tal "antes de combatir". Mitre declaró que se había limitado a señalar una dificul­tad, creía que "la paz era en la actualidad imposible" por lo cual proseguiría con la mayor decisión las operaciones de guerra.

¿Por qué es imposible general? -preguntó López- Si V. E. pone la buena voluntad y su justa influencia puede aún arri­barse a una paz honorable.

Con estas palabras se cerró la primera parte de la entrevista. Hasta entonces los miembros de las dos comitivas habían permanecido a caballo; el general Hornos ordenó a los jefes y oficiales porteños que desmontasen; lo mismo hicieron los paraguayos y todos juntos comenzaron a conversar cordial­mente.

El Mariscal presentó a Mitre a sus hermanos Benigno y Venancio, a su cuñado el general Barrios y a Paulino Alén. El generalísimo aliado presentó a su vez a Hornos y a su secre­tario Lafuente.

Mitre ordenó a su ayudante que pasara a solicitar a Po­lidoro y Flores que viniesen a asistir a la entrevista. Contes­tó el jefe imperial que como el llamado era "oficial y no de mera cortesía" siendo el general en jefe el único competente en aquel acto, consideraba innecesaria su presencia, por lo cual se excusaba.

Llegó el general Flores, quien fue introducido por Hornos cuyas maneras y figura - según un testigo- descubrían des­de luego al famoso gaucho del Estado Oriental. Según Cen­turión, el gobernante paraguayo trató duramente al caudillo oriental al que "acusó como el causante de la guerra que aniquilaba a las dos repúblicas en provecho del Brasil... "Flores rechazó el cargo manifestando que "nadie era más celoso que él por la independencia de la patria".

A los pocos minutos de su llegada el presidente oriental se retiró ofuscado del lugar de la reunión.

Se inició la segunda parte de la entrevista que se prolonga­ría varias horas más.

El Mariscal renovó sus manifestaciones a favor de la paz, mas afirmando al mismo tiempo que no aceptaría el tratado de alianza.

Mitre, a su vez, reiteró que el asunto deberían resolverlo los gobiernos "sin que por eso se entendiese que se suspendían ni por un instante las operaciones militares".

A esta altura el presidente argentino declaró que la reso­lución definitiva correspondía a los gobiernos de la alianza. Enseguida se abordaron otros temas prolongándose la con­versación por varias horas.

A pesar de los puntos de vista tan opuestos de los dos in­terlocutores, la conversación y el tono fueron cordiales. Tanto López como Mitre mostraron en el curso de ella modales de grandes señores y correctísimos caballeros.

Al final el Mariscal dictó a su secretario el siguiente pro­tocolo:

"S. E. el Sr. Mariscal López, Presidente de la República del Para­guay en su entrevista el 12 de Setiembre invitó a S. E. el presidente de la República Argentina, General en Jefe del Ejército Aliado, a procu­rar medios conciliatorios e igualmente honrosos para todos los belige­rantes, a fin de ver si la sangre hasta aquí derramada no puede consi­derarse suficiente para lavar los mutuos agravios, poniendo término a la guerra más sangrienta de Sud-América, por medio de satisfac­ciones mutuas e igualmente honrosas y equitativas, que garantan un estado permanente de paz y sincera amistad entre los beligerantes".

El general Mitre, limitándose a oír, respondió que depen­día de su gobierno y la decisión de los aliados, según sus compromisos.

Llegaba a su punto final la histórica entrevista. La trami­tación posterior no tuvo resultado por el veto terminante del Imperio.

El 13 el generalísimo aliado contestó desde Curuzú a Ló­pez su resolución de continuar la guerra, pero cometió un craso error al poner en la nota el lugar donde se encontraba el Comandante en jefe aliado, lo que revelaba nítidamente por dónde vendría el ataque de la tríplice.

Fuente: CURUPAYTY – GUERRE DE LA TRIPLE ALIANZA. Por HUGO MENDOZA - Colección 150 AÑOS DE LA GUERRA GRANDE - N° 12 - © El Lector (de esta edición). Asunción – Paraguay. Noviembre, 2013 (120 páginas)

 

 

 

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