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Historia Política

Presidencia del General Juan Bautista Luis Egusquiza Isasi (25 de noviembre de 1894 al 25 de noviembre de 1898)
08/06/2010


PRESIDENCIA DEL GENERAL JUAN BAUTISTA EGUSQUIZA: 1894-1898

 

            Asumió la presidencia el 25 de noviembre de 1894, con la Vice Presidencia del Dr. Facundo Ynsfrán. El séptimo período presidencial se inició con la participación de los liberales en el Parlamento y en la administración de Justicia.

            Egusquiza, otorgó una marcada importancia a la educación. En ese campo, se envió al joven abogado e historiador Blas Garay a Europa en carácter de Secretario de legación en Inglaterra, Francia y España. En este último país, en el Archivo de Indias de Sevilla, estudió profundamente, los derechos del Paraguay sobre el Chaco, cuya soberanía se disputaba con Bolivia.

            Se creó la Escuela de Agricultura a cargo de Moisés Bertoni, igualmente se estableció la Escuela Normal de Maestros a cargo del profesor Francisco Tapia y la Escuela Normal de Maestras a cargo de las hermanas Adela y Celsa Speratti. Estas instituciones fueron creadas en 1896, pero recién iniciaron sus funciones el año siguiente. El égusquicísmo, sector formado por los seguidores del Presidente, era el grupo de opinión política más influyente en ese tiempo y no le fue difícil conseguir el apoyo del Partido Nacional Republicano para impulsar la candidatura presidencial de sus adeptos: Emilio Aceval y Héctor Carvallo. La dupla "egusquicista" fue electa por el Colegio Electoral.

Fuente: HISTORIA DEL PARAGUAY. Por MARY MONTE DE LÓPEZ MOREIRA - FACULTAD DE FILOSOFÍA - UNA. Editorial SERVILIBRO - www.servilibro.com.py  . Tel. 595 21 444770. Asunción – Paraguay, 2011 (334 páginas)

 

 

El general Juan Bautista Egusquiza fue presidente del Paraguay

entre el 25 de noviembre de 1894 y el 25 de noviembre de 1898,

en el séptimo periodo constitucional,

y tuvo como vicepresidente al doctor Facundo Insfrán.

 

 

 

Séptimo Periodo Constitucional.

Presidente: General de Brigada JUAN BAUTISTA EGUSQUIZA.

Vice Presidente: Dr. FACUNDO INSFRÁN.

25 de noviembre de 1894 al 25 de noviembre de 1898.

 

Biografía del Gral. Egusquiza.

 

Nació en 1845. En su juventud se había enrolado en la legión paraguaya, en Buenos Aires, al comenzar la guerra, retirándose pronto de la misma.

En 1890, el Tte. Cnel. Egusquiza era comandante militar de las Misiones. Ante la sorpresa de muchos, el Presidente JUAN G. GONZÁLEZ le designa MINISTRO DE GUERRA Y MARINA. En tal carácter, le cupo reprimir el golpe del 18 de octubre  de 1891. Pero más tarde, ya afianzado en el poder, fue uno de los promotores de la deposición del propio Presidente, en 1894.

Poseía una sólida cultura. Había cursado estudios en el colegio de Concepción del Uruguay. Durante su gobierno, la paz no fue turbada y pudo realizar una fecunda labor. Llegó a ser muy popular y en el seno de su partido gozó de mucho predicamento.

Crea un nuevo orden de cosas, el “EGUSQUICISMO”, que tenía otras aspiraciones, transformando el viejo régimen de los gloriosos generales Caballero y Escobar, que ya estaban en los lindes de la ancianidad y habían cumplido con creces su patriótica misión. Fue uno de los fundadores de la Asociación Nacional Republicana y figura entre los firmantes del acta labrada en tal ocasión (11-IX-87).

Había sido promovido al grado de Coronel en 1891 (agosto/91) y poco después de la fallida intentona del 18 de octubre de 1891, a General de Brigada.

Por consenso de sus conciudadanos, asumió la primera magistratura de la nación, demostrando ser un estadista de certera visión y fecundas iniciativas.

Cronológicamente, fue el 10º Presidente de la era constitucional. Falleció a los 57 años de edad, el 24 de agosto de 1902, siendo senador de la nación. Estuvo desposado con doña CASIANA ISASI y residía en la casa de las calles Humaitá y Chile (acera Noroeste), ya demolida.

AL ASUMIR, CONSTITUYE ASÍ SU GABINETE:

INTERIOR: Angel María Martínez; RELACIONES EXTERIORES: Dr. Héctor Velázquez; HACIENDA: Agustín Cañete; JUSTICIA, CULTO E INSTRUCCIÓN PÚBLICA: Rufino Mazó; GUERRA Y MARINA: Emilio Aceval.

Los Generales Caballero y Escobar ya no ejercían la influencia de otrora en el gobierno y en el ejército. Pero contemporizan con el nuevo mandatario, aunque existía entre ellos manifiesta disidencia.

El 30 de enero de 1895 el Papa León XIII nombra al Pbro. JUAN SINFORIANO BOGARÍN, egresado del seminario conciliar en 1886, Obispo de la diócesis del Paraguay y el 3 de febrero se le consagra solemnemente Obispo de Asunción. La ceremonia estuvo a cargo de Monseñor LUIS LASAGNA, de grata recordación. Reemplazó al administrador de la diócesis Pbro. CLAUDIO ARRÚA, quien ejercía el cargo desde 1891, fallecido el obispo Aponte.

El 19 de marzo de 1895 se acepta la dimisión del canciller Dr. Héctor Velázquez. Desaparecido el Mayor Eduardo Vera, surge el General Benigno Ferreira, el "hombre de las luces y las sombras", como uno de los líderes más prestigiosos. Es llamado Ferreira, que vivía en la Argentina desde su exilio en 1874, 20 años después, en 1894, con el objeto de continuar la lucha y desarrollar una política revolucionaria de trascendencia. Este hecho origina una sorda oposición de algunos integrantes del partido liberal, como Cecilio Báez, Fernando A. Carreras y otros. No obstante, llegado el Gral. Ferreira, es designado presidente del directorio liberal (febrero/95), contando con la adhesión de otros caracterizados ciudadanos. Comienza entre ambos bandos una polémica relativa a los empréstitos del 71 y 72 y sobre la cuestión ferroviaria. Renuncia Ferreira y lo reemplaza Queirolo. Esto apresura la escisión del partido. El Dr. Báez sería el líder del sector radical. Se disgrega el partido liberal y culmina este proceso con la formación de dos facciones: CÍVICA y RADICAL. Esta tiene un órgano periodístico: "EL PUEBLO", los cívicos, cuyo mentor era el Gral. Ferreira, "EL CÍVICO".

Asunción, que antaño no era la bulliciosa y acromegálica ciudad que es hoy, y sí una grande y apacible aldea de estampa colonial, no obstante, había progresado bastante en el orden edilicio. Como reinaba la paz, se observa en todo el país un saludable resurgimiento que hacía vislumbrar una era de progreso y bienestar.

El 4 de junio del 95 son nombrados José Segundo Decoud y el Dr. Benjamín Aceval, Ministros de Relaciones Exteriores y Hacienda, respectivamente. El progreso de la ciudad exige nuevos medios de transporte, pues es sabido que en aquella época cada familia asuncena contaba con uno o más caballos que eran atendidos con el mayor esmero y prestaban valiosos servicios en la traslación de sus dueños. Son introducidos los primeros coches de alquiler, los livianos carruajes con negra capota, tirados por caballos, que hicieron época. También existían los tranvías a mulas.

En diciembre de 1895 se resuelve fundar una Escuela de Agricultura en Trinidad, que es organizada por el sabio Moisés Bertoni, afincado en el Alto Paraná. Por fin, se concreta el anhelado proyecto de años anteriores.

El mismo mes viaja a Europa el joven Blas Garay, eminente abogado, historiador y periodista, en carácter de secretario de la legación en Inglaterra, Francia y España. Garay hizo propicia la ocasión para realizar profundos estudios en el archivo de Indias de Sevilla, sobre la cuestión limítrofe con Bolivia y otros aspectos de nuestra historia. El malogrado escritor publicó luego cuatro medulosos libros, revelando una fecundidad y capacidad de trabajo admirables. Falleció en 1899, a los 26 años.

En junio-julio de 1895 se constituye el Instituto Paraguayo, una entidad cultural, aprobando el P.E. los estatutos y acordándole una subvención. El Instituto, en 1933, se fusionó con el Gimnasio Paraguayo y nace el nuevo Ateneo Paraguayo.

Egusquiza propugna la pacificación espiritual del país y para el efecto recaba la colaboración de los prohombres opositores radicales, ocupando los mismos bancas en el Congreso. El Presidente se entendía más con los cí vicos. Se crean los pueblos de Ayolas, Irala y Hernandarias (Ley 7-VII-96). Como índice de prosperidad económica el peso paraguayo se valoriza rápidamente, y el gobierno tuvo que frenar dicha alza para evitar perturbaciones y lo fijó en 570% con relación al peso oro.

El asunto ferroviario apasiona a la opinión pública. Se firma un convenio entre el representante del F.C.C.P., Sr. White y el Ministro del Interior, Ángel María Martínez, que fue impugnado enérgicamente por la prensa y en el parlamento. A pesar de todo, el mismo fue aprobado el 26 de setiembre de 1896. Se proyectaba prolongar la vía férrea desde el río Pirapó hasta Encarnación. En realidad, era un convenio leonino cuyas cláusulas favorecían casi exclusivamente a la empresa.

A pesar de las promesas del Presidente de no recurrir a nuevas emisiones de papel moneda, se autoriza al P.E. a efectuar una emisión de $ 8.000.000.- para obras públicas y otros rubros.

En 1896 se crea la Escuela Normal de Maestros (Decreto 7-111-96). Poco después, es creada la de Maestras. Ambas son inauguradas en el año 1897. Para organizarlas, fueron llamadas las meritorias educacionistas Adela y Celsa Speratti, dirigiendo Adela la de Maestras. La de Maestros la dirigió el argentino Francisco Tapia. En principio, la Escuela Normal funcionó en el demolido caserón que fuera residencia del Presidente Carlos Antonio López, sito en El Paraguayo Independiente e Independencia Nacional.

El 29 de junio de 1897 se funda la CAJA DE CONVERSIÓN, que se encargaría de todo lo atinente a las emisiones de papel moneda, recaudación de rentas fiscales, etc. Su directorio fue integrado así: José Urdapilleta, Dr. Benjamín Aceval, Luis Patri, Franciso Milleres, Arnaldo Schoch y otros. Se aumenta a 10.000.000 $ el papel moneda en circulación.

Viajan a Chile becados los jóvenes Atilio Peña, Adolfo Chirife, Albino Jara, Eugenio Alejandrino Garay, Manlio Schenoni, Manuel Rojas A., Carlos Goiburú, Pedro Mendoza y otros, para seguir la carrera militar. Los mismos llegarían a desempeñar un papel preponderante en el gobierno y en el ejército.

Por ley del 22 de agosto de 1898 se crea la GUARDIA NACIONAL, un cuerpo de reserva para la defensa de la soberanía patria.

Se aproximaba la época de designar candidatos a Presidente y Vice para el próximo período. El "EGUSQUICISMO" era de hecho el dueño de todos los resortes en el gobierno. Pero el "CABALLERISMO" también acechaba la oportunidad de volver a predominar.

El Dr. FACUNDO INSFRÁN, ilustrado médico, sobrino del Gral. Caballero, era entonces Vice Pdte. de la República y se perfilaba como uno de los candidatos más prestigiosos en el bando del "caballerismo".

El Dr. Blas Garay, que había regresado de Europa, funda el diario "La Prensa", que hizo época (10-II-98) y apoya a esta última facción. Pero otro ciudadano, EMILIO ACEVAL, a la sazón Ministro de Guerra y Marina, reúne, a juicio del Presidente, las condiciones para sucederle y se presenta su candidatura.

El Paraguay había concurrido con éxito a la exposición universal de Bruselas y obtuvo unos 50 premios por diversos productos exhibidos.

En 1898 se reabre la Facultad de Medicina que estuvo clausurada por un tiempo. En 1903 egresan de la misma los primeros médicos. Funcionó de nuevo hasta 1908, en que es clausurada parcialmente.

Es nombrado Ministro de Hacienda Guillermo de los Ríos, en reemplazo de Agustín Cañete (6-IV-98), y el de Justicia, Culto e Instrucción Pública Rufino Mazó suplanta a Ángel María Martínez, en Interior. J. Mateo Collar es designado secretario de estado en el departamento de Justicia. La Asociación Nacional Republicana (Partido Colorado), había apoyado la fórmula EMILIO ACEVAL-HÉCTOR CARVALLO, la cual es electa.

El 25 de noviembre de 1898 el PRESIDENTE EMILIO ACEVAL asume el mando.

Fuente: HISTORIA DEL PARAGUAY CONTEMPORANEO 1869 - 1983. Autor: OSVALDO KALLSEN, Imprenta Modelo S.A., Asunción – Paraguay 1983 (215 páginas).

 

 

EL EGUSQUICISMO, SUS ORÍGENES

Por GUSTAVO ACOSTA

 

3.1. LA CAÍDA DE UN PRESIDENTE Y EL "INICIO DE UNA NUEVA ERA"

Durante el intenso año del gobierno de Juan G. González, la consecuencia de la crisis económica se dejó sentir, especialmente en la campaña. La Democracia, en su editorial del 5 de enero de 1894, denunciaba la situación desesperante de los pobladores del interior del país, quienes a causa de "infinitos males", la '“prolongada seca y la voraz langosta", todo lo habían perdido, lo único que se varón fueron los yerbales. La necesidad de alimentos obligó a la gente a recurrir a la caza, a los cocoteros y a frutos silvestres para entretener la vida:

Se ha apoderado de aquellos pueblos el más profundo desaliento, distanciándose más que nunca de sus espíritus la propensión al trabajo que es la única fuente de bienestar y regeneración (...) No hay ánimo en la mayor parte de los departamentos para el cultivo de la tierra porque la gente no ve, siquiera sea a la distancia algún aliciente que le prometa la compensación de sus afanes (...)Y en cambio ve amenazas y peligros en todos lados (...) Si no son la seca y las langostas las causas de sus grandes pérdidas, son las elecciones a la manera que la hacen nuestros hombres públicos, con las comisiones especiales que recorren los departamentos asustando a todo el mundo, y los enrolamientos ahuyentando a los trabajadores. Y de aquí que vayan desapareciendo toda afición al trabajo viviendo los campesinos la vida primitiva, o vegetando siempre como las plantas, a falta de seguridad o de estímulos. (367)

La falta de productos agrícolas impactó sobre la economía nacional, la exportación disminuyó y ello perjudicó las recaudaciones aduaneras. Solucionar el problema, a criterio de La Democracia, sería difícil si no se combatía la causa que la generaba:

El atraso del país solo es debido a la ambición inmoderada de algunos cuantos que se resisten a hacer sana política para el bien de todos. La maldita ambición de ganarse por medios inexplicables presidencias, ministerios, cámaras, tribunales, etc. etc., es la verdadera causa de las desgracias del país. (368)

Los políticos que seguían el modelo del "juarismo argentino", ante el año electoral que se iniciaba, desde los primeros meses, se embarcaron en sus respectivos proyectos, por ello, más que concentrarse en la búsqueda de soluciones a la crisis, optaron por enfocarse en las presidenciales de ese año.

Ante la posibilidad de que el presidente González designara un sucesor, fuera del "circulo gobernante”:

Por razones tácticas, que los viejos generales de la Guerra Grande las empleaban eficazmente en la política, estos se le adelantaron en hacer proclamar por el Partido Colorado las candidaturas del general Bernardino Caballero y del coronel Manuel Antonio Maciel, para Presidente y Vice de la República, respectivamente. Lo hicieron al solo efecto de obligarlo a negociar su futuro político, reconociendo la autoridad de la conducción partidaria. Pero el presidente González, en el deseo de canalizar las contradicciones internas del Partido -que, por lo demás, venían de antes-, intentó hacerse el prestidigitador, jugando a un tiempo la carta Egusquiza contra la de Caballero y Maciel, y viceversa, para terminar sacando de su manga el as de espada José Segundo Decoud, su recontrapariente, como candidato "transaccional”. (369)

El presidente tenía su propio proyecto, su puesta en marcha provocó la ruptura del gonzalismo con el caballerismo, parte de la estrategia fue convencer al general Egusquiza de que una eventual candidatura suya contaría con el apoyo presidencial, aunque en privado el candidato oficialista era José S. Decoud, antiguo amigo de la Legión y pariente. (370)

En este marco especulativo, el 17 de abril de 1894 González aceptó la renuncia de Juan B. Egusquiza a los cargos de ministro de Guerra e interino del Interior, esta renuncia obedeció a la fuerza que iba ganando ante la opinión pública, la probable candidatura del héroe del 18 de octubre, para ocupar la presidencia de la República durante el período 1894-1898. En su remplazo, fue designado, como ministro del Interior, Otoniel Peña.

Sin embargo, al quedar en evidencia que el verdadero candidato de González era Decoud, el acuerdo al que arribaron los generales Egusquiza, Caballero y Escobar para enfrentar el escenario fue una cuestión de sobrevivencia política, aunque circunstancial. En efecto, el egusquicismo era muy liberal en tanto que el caballerismo era conservador.

El gonzalismo aglutina a notorios legionarios, alentado por el propósito de instaurar en el país el sistema liberal, con una economía abierta a la voracidad del poder financiero rioplatense y una sociedad reglada por el principio del darwinismo que consagra el triunfo del más fuerte. Con Bernardino Caballero a la cabeza, la vieja guardia de Cerro Corá pone todo su empeño en compatibilizar la realidad impuesta por la derrota con el legendario modelo que de 1811 a 1870forjó la grandeza de la patria. No es casualidad que junto a Caballero se alineen los más fieles y heroicos soldados de Solano López. Son dos concepciones de la nación, de la política, de la economía y de la soberanía las que chocan. Aquella, fiel a su cuño meteco, representa la línea oligárquica-legionaria; esta expresa todo los valores del modelo nacional y popular. El enfrentamiento era pues decisivo, como que de su resultado dependiera un largo trecho de la historia patria. (371)

Para el caballerismo, José S. Decoud no podía ser presidente, la única vía para dejar sin efecto su candidatura era la destitución de González de la primera magistratura, hecho que se gestó el 9 de junio de 1894. (372)

Ante la negativa del presidente a presentar su renuncia, los periódicos presentaron los acontecimientos que provocaron el "cambio de situación ", la manera en que los generales Egusquiza, Caballero y Escobar maniobraron los cuarteles de Caballería e Infantería, y que los diputados Mazó, Mongelós y Careaga entraron al despacho del presidente para pedirle su renuncia, de qué forma el senador Ángel Martínez y el diputado Federico Bogarín se apoderaron de la guardia del Cabildo, y cómo el secretario de la Cámara de Diputados F. Zelada y el miembro de la oficina Recaudadora de Frutos, Miguel Gill, condujeron preso al ministro del Interior, Otoniel Peña, y a los demás ministros. Señalan también que la Policía estaba en manos de los golpistas; González fue dirigido a la Caballería, donde se mantuvo en su negativa de presentar renuncia, pidiendo ser embarcado para Buenos Aires.

A la una de la tarde se publicó en Boletín el siguiente manifiesto:

 

AL PUEBLO PARAGUAYO

La situación ha cambiado para la felicidad de la patria. Una nueva era comienza desde hoy: la era de las reparaciones de nuestras grandes desgracias. Este dichoso cambio se ha operado pacíficamente, sin que costara a la nación ni una sola gota de sangre. El orden perfectamente guardado no se ha alterado en lo más mínimo. Los que suscriben, que han unido sus fuerzas y voluntades para dar al traste con la situación que se había vuelto insoportable, garanten la tranquilidad absoluta de todos los ciudadanos, esperando vuestro fallo, seguros de que no los habéis de condenar y de que por el contrario sus actos merecerán vuestra aprobación. Firman Caballero, Egusquiza y Escobar. (373)

En otro manifiesto el general Juan B. Egusquiza, asumiendo la responsabilidad sobre la destitución del presidente, comunicaba los hechos al pueblo, “…Conciudadanos, acabo de deponer al Gobierno de Juan G. González, asumiendo la responsabilidad del movimiento revolucionario. Debo una explicación a mi patria y a la historia. (374)

Continúa su manifiesto señalando que el presidente de la República debió mostrarse prescindente de las cuestiones electorales para evitar mayores males a la nación, pero que tal cosa no ocurrió al apoyar la impopular candidatura de José Segundo Decoud, "contando con las bayonetas y el poder corruptor del oro, únicos medios de burlar la soberanía de la nación y de imponer un nombre que todos los ciudadanos rechazaban." (375)

Advierte que para llevar adelante su plan, el presidente depuesto manipulo las pretensiones de los comerciantes, maltrató, por medio del periódico La República, a los demás candidatos, envió emisarios a la campaña para trabajar a favor de su candidato, retardó la firma del decreto por el cual se convoca a elecciones, buscó por todos los medios desprestigiar a Juan B. Egusquiza, para:

(...) favorecer con esa política infidente la de su cuñado José S. Decoud, que surgiría a última hora cuando se hubiera conseguido inutilizarme ante la opinión pública. Hasta los tiros de Winchester con que se alarmaron a los ciudadanos el 29 de Abril, en el momento de las inscripciones, cuando un correligionario mío y un liberal se disputaban una banca en el Congreso, entraban indudablemente en estos planes tendentes a hundirme en el más completo desprestigio. (376)

También el manifiesto de Egusquiza evidencia un hecho que demuestra la manera en que eran utilizados los jefes políticos de la campaña, al señalar entre las causas del derrocamiento:

(...) 9º El haber sido llamado a la capital los jefes políticos de campaña, que inspiraban mayor confianza al Presidente de la República y que recibieron instrucciones en el Ministerio del Interior en el sentido de acompañar los trabajos a favor del candidato del presidente. (377)

Justifica, finalmente, que la destitución de González fue un acto heroico llevado a cabo contra quien atentaba contra la institucionalidad de la República, al violar la libertad electoral. Para que no haya dudas de la honestidad de su acción ruega que no se mocione su candidatura al siguiente período electoral, deja al Congreso la responsabilidad de determinar quién sucedería a González:

(...) no he vacilado en poner término a la zozobra pública deponiendo al Presidente de la República que maquinaba contra el espíritu de nuestras instituciones, desconociendo su base principal - la libertad electoral. Con este paso queda garantido el derecho que tiene todo ciudadano de optar por el ciudadano que le dicte su voluntad y de esta manera salvados los principios. Mi nombre nada significaba ante el peligro inminente que amenazaba al país y para que nadie pueda dudar de la sinceridad de los móviles que me guiaron al valerme de los medios que empleado para alcanzar un fin que juzgo noble, desde ya ruego a mi amigos prescindan de mi candidatura, procurando así que ninguna pasión deshonrosa ha roído mi alma al tomar mis resoluciones. (378)

Se desprende del manifiesto que el general Egusquiza no tuvo ningún reparo en asumir la responsabilidad del golpe de Estado que derrocó a González. Una causa, políticamente importante para justificar ante la opinión pública la destitución del presidente se encuentra en el apoyo, por parte de este, a la candidatura de José S. Decoud, con lo que pretendía, dicen sus detractores, imponer abiertamente el gobierno de familia, aludiendo al parentesco de los señores González, Peña y Decoud. La idea de impedir que el gobierno sea patrimonio de una familia no es nueva en la historia política paraguaya, una declaración explícita al respecto la tenemos en el acta de ratificación de la Independencia del Paraguay, hecha por el Congreso extraordinario de los 400 diputados, en 1812. Si esa era la pretensión de González, se lo impidieron los tres generales. El general Caballero era otro que supo rodearse en el poder de la lealtad de sus parientes cercanos. A Escobar no se le detecta nada parecido, tal vez por la falta de parentesco con algún posible candidato. Egusquiza, emparentado con Aceval, logró para el mismo la presidencia.

Sobre este punto es importante aclarar que más que "gobiernos de familia", los periódicos usaban permanentemente la expresión "gobierno de círculo". De este último tipo de gobierno, se deduce, forman parte los "caciques", que siempre se encuentran rodeados de algunos "ilustrados" para guardar las formas. Los partidos políticos estaban sometidos a estos círculos y de hecho gobernaban con el círculo o para el círculo. El presidente de la República, la mayor parte de los representantes del pueblo, así como los miembros del Superior Tribunal de Justicia, por lo general, eran miembros de estos círculos. Este sistema convirtió la administración pública en una suerte de empresa privada de los detentadores del poder político, empresa cuya misión consistía en utilizar las rentas de la nación en la creación y distribución de cargos públicos entre los miembros del círculo.

Por si surgiera algún inconveniente, siempre se contaba con el control y el apoyo de las Fuerzas Armadas; sin el "pretorianismo" el sistema de "gobierno del circulo" no podría funcionar. (379)

Ambas Cámaras reunidas en Congreso designaron el 10 de junio al vice presidente Marcos Morinigo presidente de la República para completar el periodo presidencial. El Poder Legislativo no da motivos de la salida de González y el decreto lleva el cúmplase de Egusquiza, que era miembro del Senado de la nación.

Marcos Morinigo conformó un gabinete fruto de las circunstancias, donde el ministro de Guerra y Marina, teniente coronel Antonio Cáceres, jefe de uno de los regimientos que ha tomado parte en el motín, respondía enteramente a Egusquiza igual que el ministro del Interior, el senador Ángel María Martínez; el ministro de Justicia Culto e Instrucción Pública, el coronel Manuel A. Maciel, fiscal de sangre de los tribunales de López fue llevado al Gobierno por el general Patricio Escobar; el ministro de Hacienda Agustín Cañete era caballerista, igual que el ministro de Relaciones Exteriores, Gregorio Benites, exagente diplomático de Solano López en Europa. Por su parte, Marcos Morinigo era amigo del general Caballero y su sobrino político, pues había contraído matrimonio con Ramona Bareiro Caballero, hija de Anastasio Bareiro y Basilia Caballero, hermana del general. (381)

El senador Ángel M. Martínez fue designado ministro del Interior, el vice 1º del Senado, Bernardino Caballero, pasó a ocupar la presidencia provisoria del mismo, el general Escobar a su vez asumió la vicepresidencia. El senador Santiago Gómez Sánchez, detractor acérrimo de Egusquiza, solicitó permiso para ausentarse por el resto del periodo, alegando problemas de salud. (382)

El 10, en el vapor "Las Mercedes", partió al exilio Juan G. González, llegó a Buenos Aires el 14 y allí el 30 de junio lanzó un manifiesto a sus conciudadanos, donde señalaba que la intriga fue la causa de su caída.

A bordo del mencionado vapor, el presidente depuesto concedió una entrevista a un periodista de "El Municipio de Rosario", quien luego de afirmar que el ex presidente viajaba en compañía del ex ministro de Relaciones Exteriores Venancio López y de su exjefe de Policía, José C. Meza, describió a González como "un hombre sencillo y espontáneo en su trato con las personas tanto que a poco de conversar con él, quien lo hace se cree en presencia de un antiguo conocido. No deja de contestar a ninguna pregunta que se le hace por más indiscreta que esta sea". (393)

En la entrevista sostuvo que Egusquiza no respondió a la confianza que le había depositado, igualmente consideraba "traidor " al Tte. Cnel. Antonio Cáceres, jefe de la escolta presidencial quien, por esta "felonía", dijo, fue elevado al cargo de ministro de Guerra en el nuevo gabinete. Además de responsabilizar a los generales Caballero, Escobar y Egusquiza, acusa como involucrados en el suceso a los senadores Ángel M. Martínez y José Tomás Aquino, los diputados Federico Bogarín, Eduardo Fleytas, Rafael Careaga, Rodolfo Saguier, hijo del ministro paraguayo en Buenos Aires, Eusebio Mongelós, Patrocinio Zelada, Arsenio López Decoud, el presidente de los diputados Rufino Mazó, el intendente municipal Ramón Silva y Emilio Aceval, hermano del doctor Benjamín Aceval.

Finaliza el "repórter" su entrevista afirmando: "El señor González no es la primera vez que viene a Rosario, aunque siempre con motivo que obedecen a causas lamentables. La otra vez que estuvo aquí, también durante pocas horas, fue en 1889, con motivo de la muerte de Sarmiento, cuyo cadáver acompañaba en su carácter de ministro de relaciones exteriores del gobierno de su país." (384)

Respondiendo al manifiesto lanzado en Buenos Aires por Juan G. González, el periódico La Unión, órgano del Partido Nacional Republicano, que simbolizaba la unidad del partido sellada con el pacto de los generales Caballero, Escobar y Egusquiza y cuya redacción estuvo a cargo de Blas Garay y Fulgencio R. Moreno, calificaban a aquel de "vulgar preocupado únicamente en aumentar su fortuna sin reparar en medios", y que el mismo salió del país como "un fardo averiado". En una suerte de justificación del motín militar, el mencionado medio periodístico defendió su legitimidad y que la misma se ajustada a la Constitución Nacional, acerca de su gobierno afirmaba que:

(...) Debe pues su cargo al Gral. Caballero y no al pueblo paraguayo. Tampoco es cierto qué iba a permitir elecciones libres, todo apuntaba a que influenciaría para dejar el mando a su cuñado José Segundo Decoud. Para ello buscaba desacreditar la candidatura de Egusquiza, la tendencia decuista de La República, órgano del Presidente González, los emisarios y circulares enviados a la campaña y los trabajos de la sociedad secreta Los Negros Unidos dirigidos por don Otoniel Peña y cuyo presidente era el propio González; la demora del decreto convocando a los ciudadanos para la elección; el llamamiento a los jefes políticos de la campaña para que persiguieran a los caballeristas y egusquicistas. (385)

Cabe destacar que en esas jomadas ninguno de los medios de comunicación, al hacer mención de los hechos, atribuyó responsabilidad alguna en la deposición de González al Dr. Amaro Cavalcanti, ministro plenipotenciario del Brasil. Recién en 1898 encontramos una referencia periodística que hace mención a la participación del mismo en el motín; El Pueblo afirmaba que lo del 9 de junio "se ha llevado a cabo bajo la protección de la legación brasilera a cargo del señor Amaro Cavalcanti, quien al efecto disponía de una escuadrilla". (386)

La causa de la caída de González fue analizada desde la perspectiva de las relaciones internacionales por Harris Gaylord Warren, luego de señalar que la historiografía tradicional siempre ha considerado que el golpe de Estado fue planeado por el general Egusquiza para asegurarse el poder en las elecciones que se avecinaban; con documentos muy bien manejados, sostiene que la misma fue en verdad una obra bien planeada y ejecutada por la Cancillería brasileña quien, a través de sus ministros en Asunción, Henrique Mamede Lins de Almeida (2 de julio de 1892/ 9 de marzo de 1894) y luego el Dr. Amaro Cavalcanti, lograron tumbar la candidatura de José S. Decoud por considerarlo pro argentinista y que su política exterior apuntaría a anexar al Paraguay a la Argentina, lo cual iba en detrimento de las pretensiones brasileñas. (387)

La alianza estratégica entre los gobiernos paraguayos de esta época y el Brasil, como ya hemos señalado, data de 1874, durante la rebelión de los mayores Molas y Ávalos, no era un secreto que el Partido Colorado bajo la dirección de Caballero era “brasilerista", fue con Egusquiza que se volvió "argentinista”. (388) Por su parte, José S. Decoud, en entrevista concedida al periódico La Nación de Montevideo, daba su versión sobre las causas del golpe militar que derroco a Juan G. González, manifestando que ante el temor de un enfrentamiento armado entre ambos partidos con motivo de las próximas elecciones, los comerciantes solicitaron la mediación del presidente para desactivar los rumores de violencia política que podía afectar aun más la grave crisis económica y financiera por el que atravesaba el país. Fue en estas circunstancias que el presidente:

(...) citó para una conferencia que tuvo lugar el primero del mes corriente y a la cual asistió también el general Escobar. Expuestas las razones que lo habían determinado a dar aquel paso el presidente González pidió a los dos candidatos rivales que respondiendo de una manera digna de sus antecedentes a la solicitud del comercio del país, desistieran de su empeño y designaran de acuerdo a la persona que según ellos podría obtener los sufragios de los elementos con que ambos contaban para iniciar y proseguir la lucha. Manifestándose en todo conformes con lo expuesto por el presidente, los dos jefes de filas declararon que no tenían inconveniente en hacer lo que se les pedía y que estaban dispuestos a unir sus esfuerzos a favor de un tercer candidato, el Sr. José Segundo Decoud, por quien se comprometía también a trabajar el general Escobar: (389)

En otra entrevista concedida a El Diario de Buenos Aires el 12 de junio, Decoud se ratifica de sus dichos a La Nación de Montevideo, sobre todo en que su "nombre había sonado ya sobre todo en esferas comerciales e industriales del país”, ante consultas del periodista señaló que aceptó la candidatura "como solución dada la crisis como conciliación entre ambos partidos", preguntado si hubo alguna desavenencia entre González y Egusquiza respondió: "Sí, algunas; al abandonar aquel el ministerio de la Guerra quiso imponer un sucesor que por sus condiciones morales no podía revestir semejante cargo. Por eso hubo una lucha que pronto se terminó, al menos aparentemente, es todo lo que tengo que decirle por hoy". (390)

En otro reportaje al ministro Decoud hecho por El Siglo de Montevideo el 12 de junio, éste había afirmado:

El general Egusquiza y el general Caballero, después de haber prometido al presidente González que renunciarían a sus candidaturas y sostendrían la del Dr. Decoud, resolvieron, hacer todo lo contrario; y considerando al doctor Decoud un peligro inminente, una barrera infranqueable para sus aspiraciones de mando y de prepotencia personal, formaron alianza ofensiva y defensiva para escalar arbitrariamente el poder, y decidieron empezar su campaña por el motín”. (391)

Tras los sucesos del 9 de junio, Decoud renunció a su cargo de ministro residente en la República Oriental y el Brasil. La Democracia, haciendo una suerte de balance de la vida política de José Segundo Decoud, sostenía que:

La vida pública de este hombre es una cadena de errores y claudicaciones, una serie de humillaciones y tristezas. Se inició en la vida pública como prosélito del doctor Machain; pero bien pronto le alejaron de ella los sucesos políticos. El presidente Gill le volvió a ocupar en calidad de escritor oficial reemplazándole a don Teodoro Chacón, que redactaba La Patria en 1876. Don Segundo cambió el nombre del diario por el de La Reforma. Escribía ya contra los argentinos, ya contra los brasileros, según los cambios de la política de Gill. Bareiro le dio entrada en el Ministerio. El general Caballero le mantuvo en él hasta 1886, desempeñando siempre un papel subalterno. El periodo de la administración de Caballero fue de prueba para don Segundo. Siendo él ministro, miró impasible las persecuciones de su hermano Héctor, uno de los fundadores de El Heraldo para conservar su puesto. En 1887 el general Escobar lo eligió senador contra viento y marea, con el encargo de hacerse periodista oficial. Al efecto se fundó La Nación, diario que redactó en compañía de su viejo amigo don Teodoro Chacón. Por la renuncia del doctor Aceval, volvió al ministerio. En esta época el Senado, dirigido por Caballero, le hizo un soberano desprecio: Habiendo solicitado su padre don Juan Francisco Decoud permiso para usar una condecoración de la Triple Alianza, que acababa de conferirle la República Argentina, aquel alto cuerpo legislativo rechazó con indignación la solicitud del viejo soldado de la Alianza. Advino don Juan González a la presidencia de la República, y le nombró su ministro de Hacienda. En esta época se saqueó el Banco Nacional, y se creó la Intendencia Municipal para uno de sus parientes quien se apresuró a hacer lo que el público sabe. Posteriormente fue enviado de Ministro Plenipotenciario al Brasil. Estando en Montevideo, los colorados conspiraron contra su candidatura, y los generales Egusquiza, Escobar y Caballero dieron el golpe del 9 de junio de 1894 lanzando un manifiesto dirigido contra la familia Decoud –Peña, diciendo que esta pretendía perpetuarse en el poder. Con Egusquiza, que le había dado el puntapié, volvió a servir de Ministro de Relaciones Exteriores. Egusquiza le jugó una mala partida en connivencia con Silvano Godoy, pero él siguió siendo ministro. El presidente Aceval le mantuvo algún tiempo en el Ministerio, hasta que por fin le sacó de allí la alianza Ferreira con Aceval y Egusquiza. Como en 1887, ahora le ofrecen de nuevo una plaza en el Senado a trueque de redactar un diario oficioso, que es La Prensa. Tal es, a grandes rasgos, la vida del héroe del oficialismo, pero siempre de segundo orden. Puede decirse que toda su vida ha sido: como ministro redactor de notas; fuera del ministerio redactor oficial. Ni más ni menos. (392)

José Segundo Decoud declinó finalmente su candidatura, posición que dio a conocer por medio de un manifiesto en el que informaba a sus correligionarios que se adhería a la decisión del Partido Colorado en el sentido de apoyar la candidatura del general Juan B. Egusquiza. (393)

El 25 de junio, Marcos Morinigo fijó el 19 de agosto como fecha de elecciones generales para electores de presidente y vicepresidente de la República para el 7º período presidencial 1894-1898. En ese contexto, debido a la ascendencia del general Egusquiza luego del golpe liberal del 18 de octubre de 1891, el Partido Colorado se había ya dividido en dos facciones, egusquicistas y caballeristas. Esta división fue zanjada en esa ocasión por medio de un pacto entre ambos generales proclamándose la candidatura de la dupla Egusquiza-Insfran.

En un principio, la oposición manejaba la candidatura del Dr. Benjamín Aceval para presidente y la de Juan G. Gaona para vicepresidente, pero, ante la situación política reinante, el Centro Democrático decidió abstenerse de participar en la contienda electoral argumentando que ella se imponía por "inercia de las circunstancias", debido a que todos los poderes constituidos estaban puestos a apoyar a los golpistas del 9 de junio. En un manifiesto señalaba la comisión directiva que ante dicha situación la contienda electoral era inútil, además:

El general Egusquiza y sus amigos de causa nos han invitado a un acuerdo, manifestando alimentar verdadero amor al país y sus instituciones (...) pero por las razones aludidas creemos que es tan innecesario la lucha como innecesario el acuerdo. Por eso optamos por la abstención. Firman Manuel Frutos, Fernando Carreras en Asunción el 7 de julio de 1894. (394)

 

3.2.   LA DIVISIÓN DEL PARTIDO COLORADO Y EL NACIMIENTO DEL CLUB POPULAR EGUSQUICISTA

El 18 de noviembre del893, la comisión directiva de la Asociación Nacional Republicana remitió una nota informando al general Caballero su intención de proponer su candidatura en nombre de la agrupación durante la Asamblea General Extraordinaria que realizaría el partido el día 17 de diciembre, a fin de proclamar sus candidatos para las siguientes elecciones. La carta fue firmada por el Vicepresidente 1º Patricio Escobar, el general Caballero ejercía la presidencia de la nucleación. La aceptación de la nominación fue dada a conocer por parte de Caballero, por medio de una carta programa donde advertía que ante el lamentable estado de la campaña y la preocupante situación general de la República se proponía gobernar con los ciudadanos idóneos sin importar su filiación partidaria. (396)

Se desprende de esa carta programa que, en general, la situación del país está bastante parecida a la que se encontraba a inicios de los 80, la situación crítica del campesinado, la industria casi inexistente, el despilfarro de los gobiernos de turno; propone el general Caballero gobernar con todos los ciudadanos idóneos sin consideración de banderías políticas, mejorar el sistema vial y la colonización amparando al extranjero.

La mencionada Asamblea fue suspendida por decisión de la misma comisión directiva por considerarla innecesaria ante la "evidencia" de que la candidatura de Caballero era apoyada por una "abrumadora mayoría" y debido a la prisión de una minoría con apoyo del gobierno. (397)

Esta decisión de la comisión directiva de la ANR fue la causa de la división del Partido Nacional Republicano, la respuesta a la misma fue dada a través de un "Manifiesto del Comité Nacional Republicano Disidente", por medio del mismo señalaban su disconformidad con la actuación de la comisión directiva al apoyar la dupla Caballero-Maciel. (398)

Señalan los disidentes que la designación de la dupla Caballero-Maciel fue llevada adelante por el "círculo exclusivo", "formado de parientes y parciales", sin respetarse la voluntad de los electores de esa nucleación, primando "los intereses de familia y propósitos personales ", maniobrando sobre la elección del local para la reunión con el solo propósito de "ejercer una presión sobre la libertad de palabra y de reunión de los partidarios" con lo que se impidió la formación de la "opinión pública" sobre el tema.

El periódico La República abordó ese mismo día la cuestión afirmando que la comisión directiva legalizaba el interés de una familia, y que la resolución, tomada en un conciliábulo, ofendía al resto del partido, acercándolo a un trágico fin, por lo que los disidentes decidieron crear un comité provisorio:

(...) que prestigiará la candidatura de los señores General don Juan Bautista Egusquiza y Doctor Don César Gondra, para Presidente y Vicepresidente de la República, respectivamente en el 7° periodo constitucional, ciudadanos que por sus méritos personales y los sentimientos de patriotismo que les animan, son dignos de ser designados por la voluntad de la Nación para aquellos elevados puestos. La asamblea... resolvió también convocar a sus correligionarios de la República y al resto del pueblo que simpatizara con la noble causa que abarca el Comité, a otra asamblea popular que deberá reunirse en la Plaza Uruguaya el día 10 de Diciembre próximo y en cuyo acto se consultará la voluntad de los ciudadanos para la proclamación definitiva de los candidatos nombrados...(399)

La fractura del partido y el distanciamiento entre ambos sectores fue profundizándose:

Así nació esta cáfila de demagogos insignificantes, que se han dado en llamarse club egusquicistas, y que, como se ve, no es más que una rama podrida desprendido del corpulento árbol del Partido Nacional Republicano (...) El Partido Colorado, propiamente dicho, y/ o comunidad caballerista con quien está identificado, no debe nunca cometer la insensatez de reintegrar a su seno una turba de turbulentos vulgares que ya ha repudiado por la presión misma de los acontecimientos (...) Así se verá que una componenda entre ambos es de todo punto imposible (...) Nadie puede tomar una poción fatal a sabiendas, como lo haría el caballerismo con reasimilarse al elemento egusquicista. (400)

Sin embargo, la "componenda" entre ambos grupos no fue imposible como presagiaba La Libertad, la misma fue acordada a mediados de junio y comunicada a la opinión pública a través de sendos manifiestos; el general Caballero por esta vía ponía a conocimiento de la opinión pública los motivos de su actuación y solicitaba el apoyo a la dupla Egusquiza-Insfrán.

Empieza el manifiesto del general Caballero relatando las circunstancias que lo llevaron a participar del golpe del 9 contra González, al igual que los otros protagonistas, asegura que fue la  retensión de González de dejar el gobierno a un integrante de su familia lo que le llevó a obrar en esa dirección; además, afirma que la otra poderosa razón que influyó sobre él fue la posibilidad de unir a las dos "fracciones en que desgraciadas divergencias de opiniones lo han dividido", y que conseguido su propósito retiraba su candidatura y rogaba a sus partidarios:

(...) que presten su más sincero y eficaz concurso a los del General don Juan B. Egusquiza, que la Comisión Directiva del Partido Nacional Republicano ha recomendado ya a todos sus afiliados.

Correligionarios: Vuestra Comisión Directiva os propondrá en breve al General don Juan B. Egusquiza y al doctor don Facundo Insfrán para Presidente y Vice Presidente de la República. Compatriotas dignos los dos, ciudadanos que desean ardientemente la felicidad nacional, espero que sus nombres sean vuestra bandera en la lucha próxima ya a empeñarse. (401)

A pesar de sus esfuerzos, no logró evitar la escisión al interior de su propio movimiento, los descontentos se aglutinaron tras la figura del senador Santiago Gómez Sánchez, quien difundió sus ideas por medio de un manifiesto, en él denuncian que los jefes políticos egusquicistas reprimieron violentamente a numerosos caudillos caballeristas de la campaña; sugiere que ante la renuncia de Caballero, Egusquiza haga lo propio y el partido proclame otra candidatura. (402)

Siempre por la vía del manifiesto, el 24 de junio, el Club Popular Egusquicista explicaba a sus adherentes la razón del acuerdo alcanzado con los caballeristas para apoyar solo la candidatura de Egusquiza; el manifiesto empieza recordando los orígenes del Club Popular Egusquicista:

La nueva faz política del país obliga a la Comisión Directiva del "Club Popular Egusquicista" a daros cuenta de sus actos desde el día de su erección y a proponeros las medidas aconsejadas por la fuerza de las circunstancias y la necesidad de vigorizar los trabajos electorales en pro de nuestro candidato a la presidencia de la República. Fundado el "Club Popular Egusquicista" por los que concurrieron a la Asamblea Pública celebrada en la Plaza Uruguaya, el 10 de Diciembre del ppdo. año a invitación de la Comisión Disidente del Partido Nacional Republicano, y proclamadas las candidaturas de los ciudadanos Gral. Juan B. Egusquiza y Dr. César Gondra, para Presidente y Vicepresidente de la República en el 7º periodo Constitucional, fue también nombrado la Comisión que suscribe para encargarse de propiciar el triunfo legal de los designados por la voluntad uniforme de la Asamblea para gobernante del país. (403)

Continúa explicando que la destitución de González liberó a los ciudadanos de las "trabas ", puestas por la intermisión del oficialismo, a la libertad de sufragio, tras lo cual el Congreso restableció la institucionalidad entregando poder al vicepresidente. El Partido Colorado logró unificarse y tras la renuncia de Cesar Gondra a su candidatura para la vicepresidencia se proclamó la dupla Juan B. Egusquiza-Facundo Insfrán, por lo que la comisión directiva pedía;

(...) prestéis vuestra aprobación a la combinación proclamada por el Partido Republicano por ser una garantía de unión, tan necesaria para la paz y felicidad de la Patria. Y siendo un hecho real la fusión de los dos fracciones del Partido Republicano y debiendo encargase su Comisión Directiva de la dirección oficial de los trabajos políticos tendentes a obtener el triunfo deseado, y como con la existencia de dos Comisiones que persiguen un mismo fin podría perjudicarse la unidad de acción tan eficaz en las luchas electorales, vuestra Comisión Directiva os aconseja deleguéis en aquella Comisión, las facultades de la que le habas munido en la Asamblea de Diciembre del año pasado. Esta delegación no importa una renuncia a los trabajos políticos, al contrario, los disidentes del Centro Republicano están más obligados que antes a aceptar la combinación propuesta, pues así cumplirán con el compromiso de honor que habían contraído a favor de la candidatura nuevamente proclamada hoy y prestigiaran a la vez la resolución de su propio partido. En cuanto a los liberales y personas no afiliadas a ningún circulo político que han concurrido a prestarnos su concurso desinteresado, contribuyendo con su adhesión espontánea a engrosar nuestras filas, deben seguir acompañándonos y así se les pide, y se lo exigen la consecuencia política y el carácter de buenos ciudadanos. Patriótico es que ellos mancomunen sus aspiraciones y esfuerzos con el Partido Republicano para realizar el adelanto y el bienestar del país. (404)

Firman este manifiesto Rufino Mazó en carácter de presidente; Emilio Aceval y Federico Bogaría como vice 1º y 2º, respectivamente; en carácter de vocales, Rodolfo Saguier, Dionisio Loizaga, Francisco González, Juan B. Villasanti, Juan E. Silva, Federico Muñoz, Juan de la C. Arrúa, Prudencio Oscariz, Patrocinio Zelada, Eusebio Mongelós, Miguel Corvalán, Antonio Sosa, Arsenio López Decoud, Tifón Gorostiaga, Manuel A. Amarilla, Benito Escauriza, Rodolfo Guanes, Fernando Saguier y Riquelme, José W. Benítez, Manuel Bogarín, Aniceto Garcete; tesorero, Ángel M. Martínez; secretarios, Benigno Riveros, Roque Encina y José Ramón Silva. Estos firmantes constituyeron el primer anillo del egusquicismo. (405)

Afirma la comisión directiva del Club Popular Egusquicista que la “componenda" con el Caballerismo se impuso por la "ley de la necesidad"', a pesar de su enorme aceptación popular, por admitir en su seno a todos los interesados sin importar sus banderías políticas, a pesar de sus ideas "progresistas" que le garantizaba un triunfo electoral en condiciones normales, el hecho de que el presidente tuviera otro candidato no garantizaba el libre voto en las elecciones, fue por ello que los generales Egusquiza, Caballero y Escobar se vieron forzados a destituir a González a fin de garantizar los derechos políticos de los ciudadanos. Destituido González, el sistema electoral estaba salvado, por ello el Partido se volvió a unir proclamando la fórmula Egusquiza-Insfrán.

Este pacto dejó secuelas al interior del caballerismo, donde a raíz del acuerdo se formó un grupo de "caballeristas disidentes ", quienes utilizando también la vía del manifiesto, señalaban a sus "correligionarios " que los egusquicistas se apoderaron de la ANR en contra de las legítimas posturas del caballerismo, su redactor principal fue el Senador Santiago Gómez Sánchez; finalmente, se terminó conformando un "Club de los caballeristas disidentes ", con la presidencia de este y, como hacían referencia en el manifiesto, sugerían a sus correligionarios "absteneos de concurrir a las urnas y por consiguiente, de contribuir moral ni materialmente a la traición de los estatutos de nuestro partido, que es la Constitución de nuestra organización". (406)

Para los "caballeristas disidentes" era obvio que el caballerismo fue el motor de la "revolución del 9 de junio", pero que, sin embargo, debido a la falta de liderazgo de sus dirigentes, no atinaron a impedir el avance del egusquicismo en su pretensión de anular el prestigio de los generales Caballero y Escobar; para este sector, Egusquiza era un "ídolo de barro, levantado en la Plaza Uruguaya por ello hicieron sentir su voz de protesta. (407)

 

3.3.   DATOS BIOGRÁFICOS DE JUAN BAUTISTA EGUSQUIZA

Fue hijo de Juan Bautista Camilo Egusquiza y de Juana Isabel Isasi, nació en Asunción el 25 de agosto de 1845. De sangre vasca, del lado paterno y materno. Vinculado a la familia Decoud, a través de doña Ramona Egusquiza de Decoud, madre de Petrona Decoud Egusquiza (compañera de Benigno López) y abuela del escritor Arsenio López Decoud. Aunque se desconocen los motivos, las familias Egusquiza y Decoud, así como otras que demostraron cierta oposición a los López, fueron al exilio. Contrajo matrimonio con su prima hermana Casiana Isasi. (408)

Estudió en el Colegio Nacional de Concepción del Uruguay, en la provincia Argentina de Entre Ríos, donde fue condiscípulo de Julio Argentino Roca, quien en su momento también ejercería la presidencia de su país.

Su vinculación a la Legión Paraguaya es evidente, su nombre figura en un pedido de utensilios y uniformes militares de la Legión a las tropas argentinas: (409)

Se retiró formalmente de la Legión junto con los hermanos Decoud, Benigno Ferreira, Salvador Jovellanos y otros, por desavenencias entre los líderes de dicha agrupación, don Juan Francisco Decoud y don Fernando Yturburu, quedando solo este último como comandante militar de la Legión, e ingresando, en tal carácter, con los ejércitos de ocupación a la capital paraguaya en enero de 1869. Es de señalar que su paso por el ejército aliado le permitió a Egusquiza acceder al grado de capitán de Sanidad, cumpliendo funciones en esa área del ejército argentino. Al regresar al país, en 1869, el Gobierno Provisorio le reconoció su grado militar, equiparándolo incluso al grado de sargento mayor.

Por decreto del presidente Juan B. Gill del 8 de febrero de 1876 fue designado jefe político y militar de los pueblos de Carapeguá, Quiindy, Quyquyhó, Acahay, Ybycuí y Mbuyapey. Prosiguiendo su carrera militar, asumió el grado de teniente coronel junto con la Comandancia Militar de Misiones, el 5 de mayo de 1890; ese mismo año fue designado ministro de Guerra y Marina por Juan G. González, interinando además el del Interior en dos oportunidades. Ascendió a coronel en agosto de 1891 y finalmente a general de Brigada el 14 de agosto de 1892.

En el campo político, en la inmediata posguerra acompañó al grupo liderado por Cándido Bareiro y el general Bernardino Caballero en las revoluciones de 1873 y 1874, enfrentándose así a Benigno Ferreira, por entonces hombre fuerte del gobierno de Salvador Jovellanos; como estos levantamientos fueron zanjados gracias a la mediación de las fuerzas militares brasileñas que ocupaban el Paraguay, Egusquiza, integrante de las comisiones negociadoras, tuvo ocasión de contactar con el representante diplomático del mencionado país, Antonio de Araujo Gondim, quien lo consideraba uno de los más ilustrados del sector revolucionario. En 1880 ingresó a la Cámara de Diputados de la Nación.

Con lo expuesto señalamos su activa participación política desde los inicios de la posguerra, así como su cercanía con el grupo político que se constituyó en el centro del poder político tras la primera década. Este hecho le permitió suscribir el Acta de Fundación de la Asociación Nacional Republicana en 1887; a pesar de todo su protagonismo político tendrá brillo propio recién tras los sucesos del 18 de octubre de 1891.

Fue presidente a los 49 años de edad, su estrella declinó a partir de los sucesos del 9 de enero de 1902. Falleció el 24 de agosto de 1902, siendo senador de la República. Vivió en la actual sede del Colegio Dante Alighieri. (410)    

Por otra parte, su vicepresidente, el doctor Facundo D. Insfrán era hijo del jefe de las fundiciones de Ybycuí, muerto en la heroica defensa de la fundición por las fuerzas que mandaba el coronel oriental Hipólito Coronado. Había realizado sus estudios en el Colegio Nacional de la Capital y luego se trasladó, a Buenos Aires, donde se matriculó en la carrera de Medicina. Una vez graduado, volvió a país y a pesar de su juventud, fue pronto nombrado ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública en el gabinete de Juan G. González, cargo, del que renunció, igual que otros ministros, en protesta contra los trabajos ya iniciados por el presidente González para hacer elegir un sucesor, no todos sus colegas persistieron en tal actitud.

Después de la revolución del 9 de junio de 1894, el doctor Insfrán fue designado y elegido para desempeñar la vicepresidencia de la República". (411)

Además de las dos fuentes periodísticas específicamente citadas algunos datos utilizados en esta biografía son mencionados por Raúl Amar al en su obra Los presidentes del Paraguay; otras por Alberto Nogués en su 'Tarantela Presidencial", publicado en el Vol. XXXV (II) del Anuario de la Academia Paraguaya de la Historia.

 

3.4 EL 18 DE OCTUBRE DE 1891 EN LA VIDA DE JUAN B. EGUSQUIZA

El levantamiento liberal del 18 de octubre de 1891, políticamente significó un enorme retroceso a los afanes hegemónicos del caballerismo. La rápida reunión del general Egusquiza había salvado al Gobierno de una derrota casi segura, esto catapultó su figura política hasta convertirlo en el árbitro indiscutido del momento, no solo al interior del partido sino en el escenario político nacional. Los descontentos con el caudillismo exclusivista del caballerismo fueron sumándose paulatinamente alrededor del poder emergente, jóvenes aunque ya consumados intelectuales como Blas Garay, afín al caballerismo, Manuel Domínguez, Benjamín Aceval, Fulgencio R. Moreno y otros, comenzaron una política de acentuado acercamiento hacia el egusquicismo.

 

3.5.   SU PROYECTO POLÍTICO

Su candidatura, perfilada antes y asegurada después de los sucesos del 9 de junio, vino a darse en medio de un empeoramiento en las condiciones económicas del país. La tendencia inflacionaria no había disminuido; el aumento indiscriminado del presupuesto de gastos del gobierno, la baja en las exportaciones, mostraban un difícil panorama en el terreno económico.

Al asumir la primera magistratura integró su gabinete con Miguel María Martínez, en la cartera del Interior, siendo luego reemplazado por Mateo Collar. El Ministerio de Relaciones Exteriores fue confiado primeramente al Dr. Héctor Velázquez, quien renunciaría el 19 de marzo de 1895 siendo reemplazado pon José Segundo Decoud. En Hacienda fue designado Agustín Cañete, reemplazan do luego por Emilio Aceval, quien a su vez lo fue por Guillermo de los Ríos. Rufino Mazó ocupó la cartera de Justicia y Emilio Aceval el de Guerra y Marina.

Fueron nombrados miembros del Superior Tribunal los doctores Emeterio González, Inocencio Franco y Emilio Pérez, (412) entre quienes se incluyó la figura del caudillo anatema para los colorados, el general y doctor Benigno Ferreira. (413)

Al presentar la lista anual de "hombres buenos" que debían reemplazar a los miembros del Superior Tribunal de Justicia, en caso de que estos se inhibieran, figuraban José Segundo Decoud, Cecilio Báez y Alejandro Audibert, revolucionarios ambos del 18 de octubre de 1891.

Otro gesto de buena predisposición fue el nombramiento, en el cargo de fiscal general del Estado de Pedro P. Caballero, quien fuera jefe de una de las columnas rebeldes del 18 de octubre.

En su mensaje dirigido a la nación en ocasión de asumir el mando contiene su programa de gobierno (414); el mismo, en líneas generales, plantea lograr los mismos objetivos que todos sus antecesores, además afirmaba que llegaba al poder:

(...) sin odios ni rencores y en la firme convicción de que si he merecido el espontáneo voto de mis compatriotas, tampoco me negarán su valioso contingente todos los hombres capaces de buena voluntad. (...) La colonización es el medio más seguro para alcanzar aquellas ideas y mi gobierno, dada nuestra situación geográfica, como procedimiento más fácil de conseguirla, pensará seriamente en la obtención de una comunicación directa con Europa. Pero los milagros de la agricultura se anidan si no se facilita la distribución de sus productos mediante vías de comunicación por donde corran libre y fácilmente (...) El peor enemigo de los pueblos nuevos como el Paraguay, es el desierto, se ha dicho y la acción del gobernante debe aspirar a suprimirlo. Uno de mis ardientes deseos es mejorar la instrucción pública, recordando que mediante su difusión, Rivadavia primero y más tarde en más vasta proporción Sarmiento, aseguraron el porvenir de la República Argentina (...) hará (su gobierno) cuanto le sea posible por extender la instrucción superior, creando la facultad de Matemáticas y la de Medicina, como complemento de la enseñanza de Derecho en nuestra Universidad, tendiendo siempre a nacionalizar la educación. Una escuela de Artes y Oficios en donde se forme el elemento obrero, bajo una acertada dirección técnica y el acrecentamiento de las escuelas primarias existentes, completarán el programa de mi administración en lo referente a la instrucción pública. (415)

Se observa que el discurso inaugural es, en líneas generales, similar al de González o al mismo programa tentativo presentado por el general Caballero en las preliminares de las presidenciales que lo llevaron al poder. Pretendió gobernar con todos los hombres idóneos, fomentar la agricultura y promover los programas vinculadas al poblamiento del "desierto”; un postulado fundamental del pensamiento de Juan B. Alberdi, no duda en citar a Rivadavia o al mismo Sarmiento como sus fuentes de inspiración en cuanto a la instrucción pública, donde sin embargo, al igual que Juan G. González, se propuso apoyar con más fuerza la formación de los jóvenes en Artes y Oficios, con lo cual se ubica en la línea de acción trazada por Alberdi para este campo.

Sus ideas acerca de la educación muestran la influencia que ejercieron en su formación los pensadores argentinos: "Uno de mis ardientes deseos es mejorar la instrucción pública recordando que mediante su difusión, Rivadavia primero y más tarde Sarmiento, aseguraron el porvenir de la República Argentina". (416) En aras q difundir la instrucción pública, "se creó la Escuela de maestros, el 7 de marzo de 1986 y luego la de maestras inaugurada en el 97. Estuvieron organizadas por Adela y Celsa Speratti. La de maestros era dirigida por el argentino Francisco Tapia." (417)

El presidente, en su mensaje de apertura de las sesiones parlamentarias de 1895, afirmó que con su gobierno se daba inicio al "periodo de transigencias entre los partidos, tras de los grandes odios".

Afín de apuntalar su pretendida intención de acabar con los grandes odios, recurrió a la ayuda de un connotado religioso, el padre Fidel Maíz, quien pronunció un discurso durante una celebración religiosa llevada a cabo el 20 de enero de 1895, abogando a favor del gobierno y del proyecto político de Egusquiza. Afirma haber recibido una carta del general que pasó a leer a sus feligreses:

(...) "Creí, dice, antes de tomar posición del mando, y ahora sigo creyendo que el Paraguay que ha pasado por tan duras penas, precisan del concurso de todos sus buenos hijos si aspira a realizar la obra de su reconstrucción. Consecuente con esta manera de pensar, mi administración tenderá a borrar los odios que dividen a la familia paraguaya, y a utilizan todos los elementos aptos de que se pueda disponer. Somos tan pequeños y tan pocos qué cualquiera eliminación egoísta por fuerza tiene que ser odiosa, y al par de odiosa antipatriótica. "En mi manifiesto al Congreso he dicho que deseaba que un grito de conciliación saludara mi gobierno, y lo he dicho de veras. Mi más íntimo anhelo es que desaparezca la lucha de hermanos contra hermanos, lucha que ha esterilizado en gran parte la vitalidad de nuestro pueblo, impidiéndole que corra libre y sin obstáculo por el sendero del progreso. "¡Que bello espectáculo debe ser el que ofrezca el Paraguay, si todos sus hijos, enlazados por la misma aspiración, se entregaran a la fecunda obra de la reconstrucción nacional! Feliz de mí si logrará realizar algo en el sentido expresado" (418)

Señala el padre Maíz en su homilía que las intenciones del presidente, por nobles, le imponían el deber de apoyarlo, por ello se preguntaba:

(...) ¿Por ventura, no debo yo aplaudir, no debo hacer propaganda de esta política tan sana, de esta administración tan expansiva del Jefe de Estado, que nos rige a la constitución, y consiguientemente a la paz a la unión (...) ¿Soplaremos aun la tea de la discordia por pasiones egoístas, para qué arda la lucha fatal de hermanos contra hermanos? (...) Y sobre toda política, y máxime sobre una política rastrera y exclusivista, está la justicia con su sanción imprescriptible, está la moral con sus eternos principios. "Arriba de todas las consideraciones, os diré mejor con el General Egusquiza, están la razón y la justicia; arriba de todas las consideraciones esta la patria y su porvenir. Paz y unión, pues; amor y fraternidad. Y cada cual con sus convicciones, y cada cual con sus colores; pero sin odios ni rencores. Y en obsequio a la libertad, que todos idolatramos; y con el derecho de la igualdad, de que todos gozamos; y por los fueros sagrados de la conciencia individual, que a todos hace dueños de sí mismos -cada cual, según la frase del Apóstol, abunde en su modo de pensar; pero sin romper el dulce círculo de la caridad. (419)

Consecuente con su política de contar con todos los hombres capaces e idóneos, el Poder Judicial, con sus tribunales y juzgados, fue reorganizado casi en su totalidad, con la designación de ciudadanos militantes de la oposición.

Siempre en el plan de pacificar el país, el 16 de abril de 1895, el Parlamento aprobó una ley de amnistía amplia y general a todos los ciudadanos perseguidos por razones políticas. Muchos exiliados retornaron del extranjero, se facilitó el regreso de los connacionales que residían en la Argentina, Uruguay y Brasil; el ministro de Relaciones Exteriores dirigió en octubre una circular a los cónsules paraguayos en aquellos tres países, autorizándoles a dar pasajes gratis para regresar al país a todos los que manifestasen su deseo de regresar.

Al igual que sus antecesores era consciente que la economía nacional dependía del éxito de los programas de colonización y del desarrollo de la agricultura, "una de las preocupaciones de mi administración será fomentar la agricultura que en un país como el Paraguay constituye una fuente inagotable de riqueza". (420) Su gobierno, por ley del 26 de setiembre de 1894, exoneró del servicio militar a quienes obtenían una determinada cantidad de cosechas. (421)

La colonización era una forma de poblar los campos, consideraba que el peor enemigo de los pueblos nuevos como el Paraguay, es el desierto, se ha dicho, y la acción del gobernante debe aspirar a suprimirlo (422) Reconocía, sin embargo, que “las grandes corrientes de inmigración no llegan todavía al Paraguay. Este inconveniente en parte reconoce por causas la posición mediterránea del país y el hecho de ser poco conocido en Europa. (423) Coherente con su discurso sobre la necesidad de poblar el campo, durante su administración se crean los pueblos de Ayolas, Irala y Hernandarias por ley del 7 de julio de 1896.

 

3.6.   EL ACERCAMIENTO AL PARTIDO LIBERAL

Su afán por incorporar a la administración pública a todos los hombres capaces y de buena voluntad, lo había llevado a gestionar la participación de los liberales en el Congreso de la nación.

(...) Si tal cosa se realizase, se habría dado un gran paso republicano democrático de gobierno. Las diversas fracciones tendrían su representación en las Cámaras Legislativas El sistema absorbente, exclusivista e ilegal sostenido por el General Caballero con propósitos de lucro, habría perdido terreno, encaminándose los sucesos a la realización de una verdadera representación nacional. El Partido Liberal excluido constantemente del Congreso por medio de la violencia y el fraude electoral, podría hacer escuchar su voz y su voto en las altas cuestiones de interés nacional (...) Este acuerdo, pues, sería una especie de transacción, en la cual la situación oficial abandona su temperamento exclusivista y el Partido Liberal, siempre amante de la paz y del progreso del país, cede su actitud revolucionaria en busca de una evolución política tendente a regularizar las instituciones, por el régimen del gobierno del poco a poco (...) Con cuatro diputados y dos senadores que representen dignamente al Partido Liberal, este habría dado un gran paso en la consecución de sus altos fines. No tendría seguramente el voto de la mayoría en el Congreso, pero tendría la voz de la razón y del derecho, que ejercerá su poderosa influencia sobre las conciencias, para inclinar la balanza de la justicia a favor de los intereses públicos. (424)

El órgano oficial del Partido Liberal se muestra así favorable al "acuerdo político" con los egusquicistas "liberales" y los caballeristas "exclusivistas", consideraba que esto sería una forma de poner fin al “sistema, absorbente e ilegal sostenido por el General Caballero con propósitos de lucro" y permitiría al Partido Liberal ocupar espacios en el Poder Legislativo, órgano del que fueron excluidos por medio de la "violencia y el fraude electoral". La "transacción" pondría término a la "actitud revolucionaria" de los liberales; la representación, aunque mínima, daría la oportunidad a que se haga escuchar la “voz de la razón y el derecho".

Esta política de acercamiento al Partido Liberal, con el propósito de lograr la participación de estos en las elecciones parlamentarias de 1895, provocó, sin embargo, la ruptura al interior del mencionado partido.

Los cívicos, bajo la dirección de Benigno Ferreira, eran partidarios de la cooperación con Egusquiza, mientras que los radicales rechazaban todo acercamiento. No obstante, los líderes radicales, Cecilio Báez y Alejandro Audivert, prestamente aceptaron el nombramiento como miembros del Superior Tribunal de Justicia, para luego hacerse de las candidaturas para la Cámara de Diputados. Ambos fueron electos en abril de 1895, luego de la cual renunciaron a su magistratura. En apariencia, no hubo mayores sobresaltos al contemplar a jueces del tribunal más alto de la República realizando campañas políticas eleccionarias. (425)

 

3.7.   EL PACTO DE 1895 O EL FINAL DEL "EXCLUSIVISMO CABALLERISTA"

Tras las negociaciones de rigor, las elecciones para diputados y senadores de 1895 contaron finalmente con la participación de los liberales. En un manifiesto dado a conocer tras las elecciones, el partido, a través de su comisión directiva señalaba que la apertura por parte del oficialismo ponía punto final al exclusivismo como sistema practicado durante años por el Partido Colorado y que sus seis representantes, una vez incorporados a las respectivas cámaras prestarán, sin duda alguna, importantes servicios al país y a nuestra sociedad política:

(...) Ellos son los siguientes: -Senador por Encarnación y Lambaré, el señor Emiliano González Navero: - Senador por el 1º y 2º distritos de campaña, el señor Ildefonso Benegas -Diputado por el 1º distrito, el doctor don Cecilio Báez; -Diputado por Encarnación y Lambaré, el señor don Avelino Garcete; -Diputado por el 7º distrito, el señor Antonio Taboada; -Diputado por el 9º distrito, el doctor don Alejandro Audibert. Estos ciudadanos fueron proclamados candidatos del Partido Liberal en la Asamblea General celebrada el día 12 de Enero del corriente año en esta Capital, a excepción del señor Benegas, que lo fue por la Comisión Directiva, por delegación de aquella". Benigno Ferreira, Fernando A. Carreras, Secretario, Asunción, febrero 28 de 1895. (426)

Para estas elecciones, los liberales disconformes con el pacto, presentaron; candidaturas en los distritos 1º y 9º, por lo que en estos lugares si hubo competencia electoral; aunque triunfaron los candidatos oficiales, la "indisciplina partidaria" de quienes presentaron sus candidaturas en contra de lo establecido en el pacto, obligó a que se apliquen "medidas supremas de rigor contra un antiguo afiliado, a fin de salvar y hacer efectivas la disciplina y aquella misma unidad del Partido Liberal." (477)

Al interior del Partido Liberal era la comisión central la encargada de la elección de los candidatos; para las elecciones parlamentarias de 1895, como se ha señalado, el candidato designado para el distrito 9º fue el doctor Alejandro Audivert, el mismo se encontró con la oposición de Juan Ascencio Aponte, a quien, según El Cívico (428), "hubo de expulsarse porque contrarió los mandatos de la Comisión Central, que eran ley para los afiliados''. (429)

El pacto político entre los dos partidos mejoró sustancialmente el ambiente político nacional, aunque, como se ha observado, elevó la tensión al interior de ambos partidos.

La retracción económica se había venido profundizando desde inicios de la década; en general, desde la posguerra la economía nacional sufrió constantemente los males propios de su deficiente estructura económica. La insuficiencia de los ingresos fiscales generaba dificultades para que los gobiernos cubrieran los gastos propios de la administración o que pudieran cumplir los compromisos de la deuda externa. Ya en su momento, como se ha visto, el presidente González propuso una reforma tributaria que permitiera al Estado depender menos de la recaudación aduanera.

Para Egusquiza, el estancamiento de las exportaciones era causada por la escasez de productores, los procedimientos rudimentarios de producción y la escasez de inmigrantes:

Entre tanto la situación económica y financiera ha variado poco. Las cantidades exportables no aumenta en una proporción halagadora y la verdadera causa de este hecho es que en cuanto al número de productores y a procedimientos de cultivo agrícola, el país adelanta por grados hasta ahora insignificantes, ni puede suceder de otro modo desde que no recibimos poderosas corrientes de inmigración, las únicas que transfiguran rápidamente a los pueblos nuevos. (430)

Para enfrentar la crisis recurrió a la siempre peligrosa emisión monetaria. El pago de la deuda externa era un tema que interesaba a todos; si se pretendía obtener algún préstamo internacional para desarrollar al Paraguay, era fundamental ponerse al día con este crédito, que para 1896 estaban nuevamente en mora. Siendo ministro de Hacienda, Benjamín Aceval arribó a un acuerdo con los acreedores, que tras largos meses de interminables debates fue aprobado por el parlamento nacional. (431)

Una de las mejores contribuciones de Egusquiza a la economía fue la elección de Aceval para sustituirlo en la presidencia de la República. Se esperaba que este exitoso empresario trajera una administración competente y racional a los negocios del Estado. Aceval fue la coronación del leseferismo paraguayo. Con él, aparentemente, se daba término a la política de los caudillos para inaugurar la política de los expertos. (432)

 

3.8 LA RENOVACIÓN DEL PACTO, 1897

La polarización de las posturas en el debate generado sobre la participación o no en las elecciones de senadores y diputados produjo la fractura del Partido Liberal; en efecto, en enero de 1897, a la reunión de la Convención, fijada para el 31 de enero por la comisión central, se opuso otra, convocada para el mismo día por los señores Antonio Taboada y Pedro P. Caballero, quienes se atribuían la autoridad del partido.

Por el local del periódico El Cívico giraban los que adoptarían el nombre de cívico-liberales, al sostenimiento de la causa de este círculo respondía el mencionado órgano periodístico. En sus páginas fue publicado un manifiesto fechado el 1 de enero de 1897, donde se advertía que el partido iba hacia "la división profunda y definitiva." (433)

El Pueblo, órgano del sector oficialista del partido, ante la gravedad de la crisis, hacía un llamamiento, lanzando a su vez otro manifiesto, con el que pretendía disuadir a los divergentes:

Cívico-liberales: suprimid esa convocación de una Convención ilegal y acatad las resoluciones de la Comisión Central. La única autoridad legal del Partido Liberal, establecida en su ley Fundamental y organizada por la Convención del 14 de Mayo último. Si en la próxima obtenéis mayoría constituid la Comisión Central que cuadre a vuestras miras; y si perdéis, someteos a la voluntad de la mayoría, y tened paciencia hasta la siguiente Convención. Librad la lucha dentro del Partido. (434)

Ante la grave crisis desatada al interior del Partido Liberal y:

Para evitar las luchas sangrientas de las facciones, que aspiraban a representaciones en el Congreso, se produjo nuevamente el acuerdo entre los partidos, bajo los oficios del primer magistrado, y todos los núcleos en que se dividía la opinión, tuvieron acceso a las Cámaras. (435)

Este pacto incluyó a los liberales ''radicales'', con lo que la idea de la conciliación avanzó hacia la posibilidad de llegar a acuerdos que pongan fin a la crisis desatada al interior del Partido Liberal, tras el pacto de 1895. El presiden le de la República, recordaba a los presentes en la sesión inaugural del Congreso de 1897, "Consecuente con esta manera de pensar, la política conciliadora que inicié ha seguido siendo una de las promesas de preferente atención en mi programa de gobierno”.(436)

Los pormenores del acuerdo alcanzado en ese año nos muestra, la profunda división reinante dentro del Partido Liberal. Así, en un manifiesto, el Comité Ejecutivo Provisorio, que se había hecho cargo de la conducción del partido, a raíz de un acuerdo al que se había arribado con la comisión central para evitar la ruptura, y que estaba integrada por los "cívicos'', recordaba a los militantes que era la:

(...) única corporación en quien reside actualmente el gobierno del Partido Liberal, por renuncia de la Comisión Central constituida por la Convención reunida el 14 de Mayo del año ppdo. y por asentimiento unánime y deliberado pronunciado en la reunión de notables, efectuada en la casa del doctor Duarte el 13 de Noviembre último. (437)

Recordaba el manifiesto mencionado a los liberales de la República la cuestión interna y las razones que llevaron a un acuerdo con el Partido Colorado:

(...) nuestros adversarios políticos tampoco miraban indiferentes la fecunda idea de un acuerdo, y entonces, se celebraron conferencias que dieron por resultado la reserva de cuatro bancas en la Cámara de Diputados para el Partido Liberal", este acuerdo fue sometido por parte del Comité Ejecutivo a la decisión de un análisis en el seno de "otra reunión de notables efectuada el 28 del mismo mes mereciendo igual sanción por mayoría respetada de 18 votos contra 3, haciéndose notar entre estos el señor González Navero, con su voz y con su voto, sin pesar lo suficiente la circunstancia de ocupar actualmente, dicho señor, un asiento en el Senado Nacional, mediante un avenimiento análogo". El mencionado Comité era consciente que el acuerdo no era suficiente "pero si se tiene en cuenta el estado crítico de nuestro partido, la división profunda que comienza a dibujarse en el horizonte, habrá de convenirse, en que no nos era dado ser exigentes al extremo de comprometer el éxito de negociaciones llamadas a asegurarnos ocho votos en la Cámara de Diputados, con las cuatro bancas anteriormente obtenidas. (438)

La autoridad del mencionado Comité Ejecutivo Provisorio fue rechazada posteriormente por los miembros renunciantes de la comisión central que fuera electa el 14 de mayo de 1896, los mismos sostuvieron que continuaban siendo la única autoridad legítima del partido considerando que su renuncia a favor del Comité Ejecutivo Provisorio no podía hacerse efectiva hasta tanto y en cuanto una nueva Convención la oficialice, y que ante la renuncia del señor Manuel I. Frutos como miembro del Comité Ejecutivo, así como la presentación de la candidatura de Pedro P. Caballero, otro de sus miembros para diputado por uno de los distritos electorales disolvía el mencionado Comité Ejecutivo, al que por un acuerdo conciliatorio celebrado al interior del partido, como un miento supremo de evitar la crisis, se había entregado la dirección ejecutiva provisoría del partido.

La renuncia de Manuel I. Frutos fue visto por el Comité Ejecutivo Provisorio como fruto de presiones ejercidas sobre el mismo, a fin de lograr la disolución del Comité y la retoma del poder por parte de la Comisión Central, cuyos miembros tendrían otros candidatos para el Poder Legislativo, de paso buscaban evitar el triunfo probable de Pedro P. Caballero.

De acuerdo al Comité Ejecutivo Provisorio, los miembros renunciantes de la Comisión Central no desconocían el derecho que tenían los primeros de negociar con el oficialismo, solo que "cuando vieron preparado el terreno, la mesa servida y la digestión próxima a operarse, sin los peligros que la interrumpieran, si recordaron de que podían entrar nuevamente en acción, y tranquilamente imponer ni Partido Liberal los candidatos de su devoción". (439)

Se preguntaban, en el manifiesto en cuestión:

Pero ¿cómo reasumieron los poderes esos señores de la Comisión Central? Sencillamente, reuniéndose la mitad más uno, con lo que se forma quorum; pero no se ha tenido presente que cabe sesionar con aquel número, en la inteligencia de que diez de sus miembros estén en ejercicio. Art. 10 de los Estatutos. Esa mitad más uno la constituyeron con el señor Frutos, miembro renunciante del Comité Ejecutivo, e inhabilitado, ya que tanto se invoca la moral política y la delicadeza personal, para votar la disolución de una corporación de que fue miembro el día anterior, con el agregado de que la causa de esa disolución estribaba en la dimisión de dicho señor". Asunción, Enero 1 de 1897, Antonio Taboada, Pedro Pablo Caballero, Adolfo R. Soler, Secretario. (440)

Este manifiesto fue respondido por Emiliano González Navero de manera particular a través de un manifiesto publicado en El Pueblo (441), y por Alejandro Audivert en nombre de la Comisión Central, de manera institucional. Si en su descargo Emiliano G. Navero afirmó que el manifiesto de la Comisión Ejecutiva era falso por presentar los hechos "con manifiesta adulteración de la verdad", Audivert, en nombre de la Comisión, lo trata de "subversivo", advirtiendo además que los miembros del Comité Ejecutivo "desconocen maliciosamente la legítima e indiscutible autoridad de la Comisión Central, consagrada por los Estatutos y nombrada por la Convención, y se proclaman a sí mismos, la autoridad legal de la asociación". (442)

Señalaba, además, Audivert que el mencionado Comité surgió del seno de la Comisión Central, la que el 13 de noviembre de 1896:

(...) a fin de establecer la armonía o unidad de acción del Partido, después de haber oído a algunos otros afiliados llamados notables, confirió a los señores Antonio Taboada, Manuel I. Frutos y Pedro P. Caballero, el mandato o comisión expresada en la siguiente nota: "Señores don Manuel I. Frutos, don Pedro P. Caballero y don Antonio Taboada, miembros de la Comisión Ejecutiva Provisoria del Partido Liberal". "De conformidad a lo acordado en la reunión de notables celebrada en la casa del doctor Justo P. Duarte, fecha de hoy, en el interés de restablecer la armonía entre los liberales renunciamos a nuestro cargo de miembros de la Comisión Central que nos ha conferido la Convención del 14 de Mayo último, quedando delegadas nuestras facultades en los tres señores arriba nombrados, de acuerdo con los Estatutos. “E. González Navero, F. A. Carreras, Blas I. Caballero, D. Godoy, Justo P. Duarte, Eustaquio Casco, Francisco Guanes, Raimundo Machaín, A. Taboada, Manuel I. Frutos, A. Audivert, Amando Insaurralde, Cecilio Báez, Juan Molinas, Pablo A. Garcete, Tomás Varela. (443)

En una sucinta relación de los hechos, el manifiesto escrito por Audivert en nombre de la Comisión Central, sostenía que la misma era la autoridad legítima del partido, considerando que fue establecida por una Convención y que sus funciones, de acuerdo a los estatutos partidarios, se prolongarían por espacio de dos años, por lo que la misma, ajustándose a lo dispuesto en el artículo 1979 del Código Civil, como “mandatario, aunque renunciase con justa causa, debe continuar sus gestiones hasta que el mandante (La Convención) pueda tomar las disposiciones necesarias para ocurrir a esta falta.”  (444)

En estos principios del Código Civil hallaban, pues, argumentos para recuperar el poder delegado:

La Comisión Central, pues, a pesar de su renuncia está obligada a continuar en la dirección general del Partido hasta la reunión de la Convención Extraordinaria que, con tal motivo, debe convocarse (Art. 10 Reglamento Interno) - y la Comisión Ejecutiva Provisoria, estaba necesariamente subordinada a ella, puesto que la había creado y nombrado, delegandola sus atribuciones sin abdicar su autoridad superior, por cuanto la delegación de facultades fue hecha, de acuerdo con los Estatutos. La Comisión Central podía, pues, en cualquier momento quitarle su autoridad por revocación de los poderes que ella le dio, como cualquiera persona puede revocar el poder que a otra persona da, para la dirección de sus negocios. (445)

Igualmente para la Comisión Central:

(...) la Comisión Ejecutiva Provisoria, llamado Comité Ejecutivo, quedó sin autoridad legal, por el solo hecho del retiro o renuncia del señor don Manuel I. Frutos. Si a esta circunstancia se agrega, la dispersión de los otros dos miembros; el uno, que abandona la capital, asiento del gobierno del Partido y se va a Villa Rica hasta el presente; y el otro, qué se lanza a trabajos por su candidatura para diputado, fácil os será entender, con mayor razón, creada por la Comisión Central, quedó disuelta, dispersa, muerta para el ejercicio de sus funciones. (446)

Al reasumir sus funciones, la Comisión Central:

(...) no podía dilatar la designación de candidatos del Partido, porque el término señalado por el Art. 30 del Reglamento Interno había vencido con exceso. Por el Art. 11 inciso 3º de los Estatutos, ella es el Tribunal constituido para elegir los candidatos para senadores y diputados al Congreso Legislativo, de entre los ciudadanos propuestos por los departamentos de cada distrito electoral respectivo; y por delegación de sus atribuciones, los señores de la Comisión Ejecutiva Provisoria quedaron organizados en Tribunal para elegir los candidatos de entre los propuestos por los departamentos. Si alguno de ellos quiere ser candidato para diputado al Congreso, debió rehusar un cargo incompatible con sus aspiraciones; porque nadie puede ser juez y parte. Sin embargo el manifiesto mencionado contiene un rasgo de audacia incalificable; pues se atreve a decir, que nada existe en los Estatutos que pueda inhabilitar la candidatura de uno de los miembros de la Comisión Ejecutiva Provisoria, olvidándose así que para ser candidato es preciso: 1º ser propuesto por los respectivos departamentos; 2º No ser juez y parte, en la designación, porque los Estatutos se inspiran en los grandes propósitos del Preámbulo de la Constitución Nacional, entre los cuales figura en primer lugar, el de establecer la justicia; esto es, dar a cada uno lo que es suyo. ¿Cómo podría la Comisión Ejecutiva Provisoria hacer justicia, eligiendo los candidatos de entre los propuestos por los departamentos respectivos, si sus miembros o uno de ellos es parte interesada en la decisión? (447)

Una cuestión planteada en el manifiesto del Comité Ejecutivo Provisorio hacía referencia al hecho de que, en ocasión del pacto de 1895, Alejandro Audivert, Cecilio Báez y Emiliano González Navero eran candidatos, a la vez que miembros activos de la Comisión Central, situación que no fue tomada como mi impedimento por los miembros de la Comisión Central de ese entonces y que sin embargo lo querían imponer, en esa ocasión, a los miembros del Comité Ejecutivo Provisorio.

La Comisión Central respondió esta acusación en el manifiesto analizado, replicando que:

La respuesta se encuentra en el Art. 8º de los Estatutos de entonces que dice: "todas las veces que el pueblo sea llamado a hacer uso del sufragio, la Comisión Directiva convocará a los miembros a Asamblea General para la discusión y proclamación de los candidatos por quienes deba trabajarse, siendo obligación de todos los asociados trabajar a favor de aquellos que la mayoría designase, bajo la dependencia y dirección de la Comisión”. Ellos pues no se propusieron candidatos, ni eran los jueces constituidos para la elección o proclamación de sus candidaturas". Asunción, Enero 12 del897 E. González Navero, Cecilio Báez, A. Audivert, Justo P. Duarte, Manuel I. Frutos, Fernando A. Carreras, M. Gerónimo Soler, Eustaquio Casco, Blas I. Caballero, Juan Carreras, Tomas Varela. (448)

Emiliano González Navero, en su manifiesto de respuesta, sobre este mismo punto, afirmó:

Esto es una grosera falsedad en cuanto se refiere a mi persona. La Asamblea general a que se alude celebrada el 13 de Enero de 1895, me proclamó candidato a Senador y me eligió POR PRIMERA VEZ, para integrar la C. Central. Antes de aquella fecha, nunca forme parte de la Comisión por haber ejercido la magistratura judicial hasta fines de Noviembre de 1894. Los señores Taboada y Caballero, testigos de ello como asistentes a la Asamblea dicen sin embargo en el manifiesto que yo, siendo miembro de la Comisión trabajé por el triunfo de mi candidatura. Si de una manera tan a sabiendas se falsea la verdad, mala de ser las causas que por tales medios se defiende

De lo expuesto se deduce que la crisis desatada al interior del Partido Liberal se debió en gran medida al deseo de sus miembros por ocupar las bancas de diputados y senadores otorgadas al partido por el pacto político acordado con el egusquicismo.

El apoyo de la facción cívica del Partido Liberal al egusquicismo no fue bien visto por El Pueblo, órgano del partido, el que por medio de un editorial sostuvo que apoyar al oficialismo “es apuntalarlo, prestigiarlo, en detrimento de la autoridad moral de nuestra asociación ", proponía dejar al Partido Republicano que “gobierne al país con sus miembros ya gastados e inútiles para el progreso y bienestar de la patria. Es necesario que ellos se inutilicen por completo en el mecanismo del gobierno. Pretender aspirar el Partido Liberal a uno o más ministerios, es un error de primer orden”. Con relación al pacto, afirmaba que:

(.,.)El actual presidente está maniatado por sus compromisos secretos con los otros generales y las diferencias que hacen ver, son verdaderas comedias políticas, para desorientar a la opinión pública (...) Y los del Comité Ejecutivo disuelto del Partido Liberal y los cívicos que le siguen, están desempeñando el papel más triste de la historia política de nuestra asociación. (...) Taboada es un corazón, pero no es cabeza que piensa, que reflexiona con los dictados de la lógica. Pedro P. Caballero, solo aspira a ser candidato prestigioso, con ambición de triunfar contra el Partido Liberal y el mundo, si el mundo se opone. A este efecto se presta admirablemente al gobierno, para contar con su apoyo oficial y los recursos necesarios. El General Ferreira, después de más de veinte años de ausencia, está confundido, no se da cuenta del medio en que actúa. Adolfo Soler, con su actividad y entusiasmo juvenil, sin madurez en las ideas, lo anima y precipita en el descontento público. Y todos forman esa corriente cívica, que conduce a la división profunda y definitiva del Partido Liberal, que el adversario político, ha tratado de obtener, bajo todos los periodos de gobierno. (450)

La convocatoria a Convención llevada adelante por los cívicos, fue vista por el oficialismo partidario como un intento de dividir al partido, sembrando la confusión y la anarquía en su seno:

Esa titulada Comisión Central del Partido Liberal presidida por Taboada y Víctor Soler solo busca introducir la confusión y la anarquía en la asociación, y explotar el nombre el sentimiento de los liberales. La Convención legal y la Comisión Central del Partido Liberal son las que figuran en el EL PUEBLO, órgano del Partido (...) Para mejor dividir a la asociación, su Directiva ha tomado el título de Comisión Central del Partido Liberal. (451)

A continuación, se sigue con la copia del acta de la Convención llevada adelante por el oficialismo, y una importante resolución:

 

ACTA DE LA CONVENCIÓN DEL PARTIDO LIBERAL

Celebrada el día 31 de Enero de 1897:

En la ciudad de Asunción a los treinta y un días del mes de Enero de mil ochocientos noventa y siete, reunidos los señores convencionales inscritos al pie de la presente acta en la casa particular del doctor Cecilio Báez, a las nueve de la mañana, por convención de la Comisión Central, en asamblea extraordinaria conforme al artículo 6º de los Estatutos del Partido Liberal, el señor Presidente de la misma, que suscribe, declaró abierta la sesión (…) Igualmente, la Convención, a moción del Dr. Báez, considerando las causas por las cuales había sido separado del Partido el señor Juan A. Aponte, votó por unanimidad su reincorporación al mismo en calidad de miembro de la Comisión Central en prueba de que nunca habían desmerecido en el concepto público como leal partidario. (...) E. González Navero Presidente J. Guillermo Rojas Secretario. (452)

En la mencionada Convención extraordinaria del oficialismo, la memoria presentada a los delegados contiene un relato pormenorizado de la causa de la crisis partidaria, en ella se afirma que todo se originó con la cuestión ferrocarrilera.

La Comisión en mayoría resolvió la posición que debía asumir el órgano periodístico del partido comunicándose al señor Raymundo Machain que el doctor Cecilio Báez había sido designado para combatir las bases del arreglo presentadas por el representante de la empresa del Ferrocarril. Pero Machain se negó a publicar los artículos del doctor Báez en la forma acostumbrada y los aceptó como mera colaboración. De aquí nació la división en el seno de la Comisión, habiéndose puesto la minoría al lado del administrador rebelde. La disputa continuó hasta que se acercaron las elecciones.

Convencidos aquellos de que la disidencia dificultaría la solución del pleito electoral, invito a la minoría y otros afiliados a una reunión para cambiar ideas sobre el modo de poner término a las diferencias surgidas. Después de haber oído a los concurrentes, a fin de restablecer la armonía entre los liberales y asegurar la unidad de acción del Partido, resolvieron renunciar a su cargo de miembros de la Comisión y delegar sus facultades los señores Manuel I. Frutos, Antonio Taboada y Pedro P. Caballero que bajo el nombre de Comisión Ejecutiva Provisoria, convocarían la Convención. La delegación de facultades se hizo de acuerdo con los Estatutos del Partido y al solo objeto de concluir con las desavenencias existentes. La mayoría de la Comisión, con esa medida, dio pruebas de desinterés y desprendimiento, a la vez que de estar animado del patriótico deseo de conservar la unidad de nuestra asociación. Pero la Comisión especial no correspondió a la confianza en ella depositada. Gestionó y firmó un acuerdo con los contrarios políticos, sin autorización eficiente; por el que se suprimía la lucha electoral y se reservaba a los liberales cuatro distritos, por donde tiene que elegir igual número de Diputados al Congreso. (453)

Esta Convención, que se había reunido en la casa del doctor Cecilio Báez, eligió además nuevas autoridades partidarias, siendo electo presidente el doctor Cecilio Báez, vicepresidente 1º el doctor Justo P. Duarte, vicepresidente 2ºManuel I. Frutos, secretarios, M. Gerónimo Soler y Fernando A. Carreras, tesorero, Juan Miltos y vocales E. González Navero, Alejandro Audivert, Daniel Candia, Gabriel. (454)

El haberse llevado adelante la Asamblea de los disidentes, definió aún más el curso de los acontecimientos políticos, El Pueblo, afirmaba que ya no debía discutirse sobre la legalidad o no de la asamblea de los cívicos, que era un hecho la conformación de una nueva agrupación política desprendida del Partido Liberal; sus principales dirigentes eran Benigno Ferreira, Antonio Taboada, Víctor Soler y Pedro Pablo Caballero, con las mismas tendencias que el partido cívico acuerdista de Buenos Aires; afirma, igualmente, que la asociación cívica ha lardado ocho años en nacer:

(...) En 1889, el presidente general Escobar propone a los liberales la fórmula González- Soler para la futura presidencia y vice presidencia de la República. Fue la primera manzana de la discordia lanzada al campo liberal. Los señores Taboada, Víctor Soler y Caballerito aceptan la oferta y logran formar mayoría en el seno de la Comisión directiva, la cual se descompone en mayoría y minoría. Esta es la causa de la primera división de los liberales de la capital, división que ha existido siempre. Esa es también la ocasión en que se ha manifestado por primera vez la tendencia que hoy se revela en toda su desnudez: la transacción con el poder. (455)

Un interesante análisis del pacto y sus consecuencias sobre la democracia es el que se lee en uno de los editoriales del periódico La Democracia; para este medio, la supresión de las elecciones tenía que producir fatales consecuencias:

(...) Mediante los pactos, individuos determinados se aseguraban en las bancas de la representación sin el asentimiento de los distritos electorales, con la sola venia de los directores pactantes. (...) Los que, so pretexto de evitar graves disputas y derramamientos de sangre, aceptaron los pactos y los prestigiaron, son los primeros que hoy recurren a la fuerza depresiva y al billete corruptor, medios vedados por la probidad y la decencia, para satisfacer sus pasiones e intereses bastardos. (,..)Y no se han improvisado más candidatos contra los pactistas, en todos los distritos convocados a elegir, no por otra causa que por la de carecer otros tantos pretendientes de los medios pecuniarios más indispensables para abonar sus trabajos y sus elecciones. Los candidatos no tienen el menor escrúpulo: les basta alimentar la esperanza de salir airosos, de ser elegidos por los pueblos. Van a palacio a implorar el apoyo oficial; recurren a los círculos en demanda de protección; a los bancos y demás prestamistas, solicitando dinero, etc.; y luego mediante la imposición de la fuerza o la influencia del billete prestigian sus nombres en los distritos. El elector que no se rinde ante el corruptor billete, no va lejos de ser aplastado por la fuerza opresora. (...) Es el resultado de los pactos, repetimos; de esos pactos de que deriva la supresión del sufragio libre, de modo que los pueblos no elijan sus representantes, sino que se concreten a legalizar los nombramientos hechos entre cuatro paredes por el personal dirigente de los partidos. (456)

El presidente de la República, por su parte, tema otra visión acerca de los acuerdos partidarios, se refirió al último pacto en su mensaje de 1897:

Los partidos políticos militantes con motivo de las elecciones últimas de Senadores y Diputados al Congreso, llegaron a un acuerdo que evitando las luchas encarnizadas de otros años más ocasionadas a exacerbar los ánimos y a fomentar los delitos que a servir de escuela para la educación cívica en las condiciones actuales del pueblo. Ese pacto no ha impedido que se enconaran las pasiones y se distrajeran a tantos trabajadores de sus tareas, y si las elecciones no fueron tan tranquilas como las deseaba el P. E. ello se debe a que algunos ciudadanos no aceptaron el acuerdo empeñándose en luchas aisladas que el P. E. respetó como era su deber limitándose a garantir el orden. (457)

Tal como lo afirmara Egusquiza, las elecciones, especialmente la de diputados, fueron salpicadas por acusaciones de fraudes, contra los cívicos:

Al fin pudo celebrar sesión la Cámara de Diputados ayer a las 5 de la tarde, merced a la notificación que hicieron varios comisarios policiales a algunos diputados remisos y que fueron a formar la mayoría necesaria. Previos los debates del caso fueron aprobadas las actas de los señores Isasi por el distrito 14, y Soler por el 10; este último a pesar de una viva oposición que por poco no tuvo resultado. Las actas de Catedral y Recoleta y de Encarnación y Lambaré fueron anuladas por inmensa mayoría. La Cámara tuvo en cuenta las piezas documentadas y las protestas de los candidatos liberales, señores Carreras y Galeano y sus partidarios, contra los votos favorables a sus adversarios cívicos señores Insaurralde y Caballerito. Quiere decir esto que los primeros han alcanzado un remarcable triunfo, pues raras veces son atendidas las protestas electorales. (...) Aquella grotesca ostentación de pretendida popularidad, hecha por los cívicos trayendo a numerosos campesinos pobres a exhibirlos en las principales calles de la Asunción, ha indignado naturalmente a todos y tenía que dar este resultado. (...) Aquí, en el caso que tratamos, no se ha derramado dinero; pero se ha enrolado gente extraña, de varios departamentos, en número de 2500 hombres, como decía La Opinión, con el objeto de ejercer presión sobre los verdaderos electores. Estos campesinos establecieron un cordón infranqueable en la iglesia de la Encarnación, impidiendo a los electores llegara los comicios. Importaba esto naturalmente un gran escándalo electoral, un grave abuso que venía a viciar lo más profundamente concebible nuestro sistema eleccionario. (458)

Para los radicales era obvio que el pacto del 97 había sido el fruto de las negociaciones de los cívicos con Egusquiza y los caballeristas; el pacto dejó de lado al sector radical del partido, por lo que estos presentaron candidaturas propias dándose origen a la confrontación electoral, la anulación de las elecciones en los distritos electorales de la capital se debió a acusaciones de fraudes electorales llevados adelante por los cívicos. La Cámara de Diputados, integrada en su mayoría por egusquicistas, anuló las elecciones de Lambaré y Catedral, este hecho, según los cívicos, se debió a la injerencia del caballerismo dominante en el Senado:

(...) Últimamente, algunos liberarles (que son los cívicos de hoy día), con motivo de tener que renovarse el Congreso, fueron a pedir al general Egusquiza que volviera a influir en el Partido Republicano o caballerista para celebrarse nuevo pacto sobre bancas; y el presidente Egusquiza efectivamente influyó, máxime cuando esa misma línea de conducta le aconsejaba su ministro de guerra y marina señor Aceval, que es también cívico. En consecuencia, aquel disuelto Comité Ejecutivo compuesto de los señores Antonio Taboada y Pedro P. Caballero, vino a un acuerdo con el Partido Republicano: trataron con los generales Caballero y Escobar, el coronel Centurión y otros miembros de su Comisión Directiva, y se adjudicaron a los cívicos cuatro bancas. (...) De aquí que los cívicos designaron para sus candidatos a cuatro de sus miembros. Pero los cívicos no contaban con la huéspeda; existían los liberales que también tenían sus candidatos; y, efectivamente, la lucha se empeñó entre liberales y cívicos. Las elecciones anuladas son las que corresponden a los distritos de la capital en que han porfiado liberales y cívicos. Y ellas fueron anuladas, no por culpa de los primeros, sino de los segundos, que hicieron votar a campesinos. Los cívicos pues cometieron un grave fraude electoral; y este fraude es el que ha castigado la Cámara anulando dichas elecciones. De esto se quejan los cívicos, y atribuyen el hecho a manejos del caballerismo, dando a entender que nosotros los liberales nos hemos entendido con él para el efecto. (459)

Las elecciones de diputados en Asunción fueron particularmente violentas, El Pueblo del 19 de abril describía que la inscripción de electores en el distrito electoral de La Encarnación y Lambaré, donde el candidato cívico era Pedro P. Caballero, terminaron en una tragedia, allí murieron dos ciudadanos y fueron heridos otros. En la Catedral y Recoleta, donde el candidato era Antonio A. Carreras, no se observaron disturbios por el hecho de que, inicialmente, el mismo no tenía oposición a raíz de que sus ocasionales adversarios desistieron para dar cumplimiento al pacto, aunque finalmente tuvo que competir por el escaño con el candidato del oficialismo partidario, Amancio Insaurralde, quien obtuvo un triunfo apoyado por el aparato estatal. (460) El Cívico, de alguna manera, trató de minimizar los incidentes.

A pesar de la crispación que se generó en el ambiente político, el pacto de 1897 permitió "... el ciclo de oro de la vida parlamentaria del país, el de aquel año por el elenco de hombres representativos que la prestigiaban con su investidura y emulaciones generosas." (461)

 

3.9 LAS RELACIONES EXTERIORES DEL PARAGUAY DURANTE EL GOBIERNO DEL GENERAL EGUSQUIZA

Un análisis interesante acerca de la realidad política interna e internacional del país fue realizado por un periódico de Buenos Aires, en él se afirmaba que tras la guerra contra la Triple Alianza, en el Paraguay emergieron dos partidos políticos, "cuyas tendencias no difieren sustancialmente", ya que en ellas lo que importa son los liderazgos personales más que los principios. El Partido Republicano, que gobierna el país desde 1873, dice, lo integran los seguidores del Mariscal López, en tanto que el partido democrático estaba constituido por "elementos heterogéneos y de poca consistencia". Sobre el general Egusquiza, opinaba que no pertenecía a ninguna de estas agrupaciones, aunque tanto "rojos “y "azules" le prestaban su colaboración; en su gobierno, los generales Caballero y Escobar jugaban un rol fundamental, apoyándolo y sosteniéndolo en el poder. Cree el periódico en cuestión que en el Paraguay los verdaderos problemas políticos no se han planteado siquiera, si bien existe una constitución liberal, los poderes públicos no obraban lo que de ellos se esperaba, carecían de vigor y “la actividad humana se encuentra todavía estancada”, se preguntaba igualmente "¿cuál tiene que ser el sentimiento predominante en el pueblo paraguayo respecto de sus vecinos ?, concluía que los "rojos'' no sienten afinidad ni simpatía hacia las idea argentinas; sin embargo, la causa no estaría en el rechazo que Francia y los López tuvieron a las pretensiones expansionistas de los porteños, era casi seguro que los sentimientos de rechazo eran extraños al pueblo paraguayo, aunque. “doloroso es confesarlo, en los hombres dirigentes del gobierno del Egusquiza y en los viejos caudillos formados después de la guerra, existe algo como una obsesión de que la Argentina pretende absorber su nacionalidad. De ahí instintivamente, su espíritu anti argentino." (462)

Consideraba este periódico que la génesis de la mala imagen que se tenía de la Argentina en el Paraguay, se debía a la diplomacia brasilera que fue la que cimentó ese sentimiento en los gobiernos de la posguerra. Consideraba incluso que existía una suerte de "contubernio " de paraguayos dirigentes, con la política brasilera", cuya diplomacia se inmiscuye en los asuntos internos de la República del Paraguay, como en el caso de la destitución de González:

(...) dónde, las cañoneras de guerras brasileras, estacionadas en el puerto de la Asunción, se hallaban con sus fuegos encendidos; y en la orilla del río, frente mismo al bajo donde se levantaba la casa de gobierno, los marineros armados, en sus embarcaciones. ¿Qué esperaban? Era sencillamente que el ministro brasilero, avisado de la conjuración contra el presidente, y dispuesto a favorecerla o en el peor de los casos a ofrecer seguro asilo a sus promotores, hacia lujo y gala de su intromisión en el desorden que debía derribar a un gobierno constitucional y amigo. La nueva situación que surgió de aquel acto de fuerza y dio el poder al general Egusquiza, mereció inmediatamente el reconocimiento del agente brasilero, y -lo que es más curioso aún- nuestra legación... se apresuró también a acatarla y reconocerla sin demora...(463)

Otros acontecimientos vinculados a las relaciones internacionales del Paraguay, en una apretada síntesis, fueron:

Tras la renuncia del doctor Héctor Velázquez, ocurrida el 19 de marzo de 1895, y después de un breve interinato la del señor Agustín Cañete, fue nombrado, a principios de junio, ministro de Relaciones Exteriores don José S. Decoud. Eusebio Machain fue nombrado ministro plenipotenciario ante los gobiernos de Inglaterra, Francia y España, por fallecimiento de Femando Saguier; en Buenos Aires fue nombrado ministro del Paraguay en la Argentina el doctor Fernando Iturburu.

Un acontecimiento destacado por la prensa de entonces fue el conflicto del gobierno con los colonos franceses, quienes a criterio de La Democracia, en el Paraguay han producido siempre resultados inferiores a los alemanes o italianos:

(...) Instigados por su cónsul varias familias francesas de la Colonia Nacional, intentaron abandonar el país sin satisfacer sus deudas al gobierno y al Banco Agrícola. El gobierno de Asunción por decreto de 20 de Marzo retiró el Exequátur concedido el 30 de julio de 1894, así como la patente del cónsul de Francia señor Augusto Francois cesando este en las prerrogativas y exenciones inherentes a aquel cargo y el ministro señor Cañete, comunicó al plenipotenciario de Francia en el Paraguay, residente en Buenos Aires los graves motivos que se tuvieron en cuenta para adoptar aquella resolución. El gobierno del Paraguay perdonó las deudas de los colonos franceses, rescindió sus contratos y les permitió la libre salida del país eximiéndoles de toda responsabilidad, impidiéndoles solamente que abandonasen todos juntos la colonia, y se embarcasen para el exterior con falsos aparatos de miseria y de persecuciones imaginarias (,..)Enl886el gobierno francés, casó el exequatur al cónsul del Paraguay en París, Mr. Meulemans, sin alterar en nada las buenas relaciones de amistad y estima entre ambos gobiernos según expresó el Ministro de Relaciones Exteriores de Francia, en nota del 19 de Marzo de aquel año a la Cancillería del Paraguay Montevideo, Diciembre 31 de 1895 M. A. C. (464)

El entredicho de límites con Bolivia volvió nuevamente a solicitar la atención de la Cancillería. Se consideró necesaria una documentación completa de los títulos y derechos de la República sobre el Chaco. A tales fines, se encomendó al Dr. Blas Garay la misión de estudiar en los Archivos de Indias, todos los antecedentes históricos sobre límites jurisdiccionales del Paraguay con Bolivia. Además de esta medida, por decreto legislativo se autorizada al P. E. a constituir una comisión científica que practique el estudio y exploración de las fronteras con Bolivia, según títulos históricos, e informe al cuerpo legislativo con la brevedad posible. (465)

 

3.10.EL EGUSQUICISMO Y SU RELACIONAMIENTO CON EL EJÉRCITO

El ejército fue uno de los sectores objeto de preferente atención por parte de su gobierno, para profesionalizar a sus integrantes envió becados a numerosos jóvenes tanto a la Argentina como a Chile:

Esta decisión de 1896 tuvo una gran trascendencia en la historia militar del Paraguay, ya que prácticamente cada uno de los becados tuvo protagonismo castrense: algunos como Manlio Schenoni y Eugenio A. Garay con brillantes fojas de servicio en defensa de la patria y otros como Albino jara y Adolfo Chirife que entregaron sus vidas en guerras civiles donde defendieron causas ajenas a la institucionalidad militar. Una de las primeras medidas de la seriedad con que Egusquiza tomaba la necesidad de someter al ejército al control gubernamental fue el nombramiento como Ministro de Guerra y Marina en su gobierno al doctor Emilio Aceval, un civil de actividad económica que así pasó a ocupar el cargo castrense más elevado, por debajo del Comandante en jefe constitucional. (466)

Además de los nombrados por Caballero Aquino, fueron becados a Chile Atilio Peña, Manuel Rojas, Pedro Mendoza, Carlos Goiburu y otros, que posteriormente formarían el plantel de la oficialidad superior del ejército; también fueron a formarse en la Escuela de Policía de Buenos Aires algunos ciudadanos cuidadosamente seleccionados, entre quienes se destacaría después Elías García por su eficiencia profesional y su capacidad de organización.

El 22 de agosto de 1898 se creó la Guardia Nacional, un cuerpo de reserva para la defensa de la soberanía. Su organización fue autorizada por una ley que el Senado y Cámara de Diputados sancionaron el 17 de agosto de 1898 y que fuera promulgada por el Poder Ejecutivo el 22 del mismo mes y año; la misma, a criterio de La Democracia, "ha venido a colmar las aspiraciones de la juventud y pueblo paraguayo que ha tiempo anhelaban la creación de dicho cuerpo". (467)

¿Cuál fue la razón de la creación de la Guardia Nacional?

Egusquiza no ignoraba que aparte de unos pocos jefes y oficiales leales, el grueso del ejército por vocación e inclinación sentía lealtad hacia Caballero y Escobar. Por ello se puso en la tarea de organizar la Guardia Nacional, compuesta de estudiantes y profesionales de Asunción, como fuerza paralela con adiestramiento en combate. La siempre latente crisis con Bolivia disfrazaba las intenciones netamente políticas de Egusquiza al forzar al coronel Escurra su aquiescencia en la creación de la Guardia. (468)

 

3.11.JUICIO CRÍTICO SOBRE SU ADMINISTRACIÓN

A cuatro meses de haberse iniciado su gobierno, un editorial del influyente periódico La Democracia afirmaba que todas las esperanzas depositadas en las promesas hechas por el general Egusquiza, al asumir la presidencia, se iban desvaneciendo, aumentando la desconfianza hacia sus propuestas:

Al emitir esta idea nos apoyamos en los hechos. ¿ Qué medida política o administrativa de carácter práctico y reparador de la montaña de errores y abusos del pasado, se ha realizado por el actual gobierno en el tiempo que lleva de existencia? La misma marcha; los mismos abusos en la capital como en la campaña; la misma desmoralización administrativa de política, ya en las elecciones que han tenido lugar, ya en los delitos de desfalco, como el recientemente habido en la municipalidad, y sobre el cual, según lo dice la opinión pública por los distintos órganos de la prensa, no se han tomado medidas enérgicas cual correspondía al decoro de los poderes públicos; viene apoyando lógicamente el indiferentismo en las promesas de los gobernantes. (...) La campaña azotada por los jefes políticos que siguen cometiendo los mismos abusos, las mismas torpezas, las mismas persecuciones y hostilidades a los pocos hombres laboriosos que no son de los aduladores de esos caciquillos, irritantemente ensordecidos con la tolerancia de sus malos procederes a pesar del clamor de las infelices familias de la campaña y de las constantes denuncias de la prensa. (469)

El Congreso nacional estaba próximo a iniciar su periodo legislativo, por ello este artículo sostenía que probablemente Egusquiza estaba esperando su instalación para empezar a presentar proyectos de ley que modificaran profundamente el curso de los acontecimientos, según el mismo si tal cosa no ocurriera su gobierno terminaría siendo más de lo mismo.

En esa misma línea de reflexión continuaba el periódico en cuestión en otro editorial:

Hace cinco meses que se ha constituido el nuevo gobierno, sin que hasta la fecha se haga notar más que por algunos nombramientos de jefes políticos y jueces suplentes. (...) En lo relativo a la política interna, se siente, de una manera apremiante, la necesidad de que se mejore el gobierno de la campaña, porque los abusos y las arbitrariedades de los jefes políticos han subido de punto, se han hecho absolutamente intolerable. La intranquilidad y el desasosiego son permanentes en la campaña, y la emigración de los agricultores sigue en aumento, en razón de las persecuciones y de la falta absoluta de garantías. (...) Escasean los maestros; millares de niños no reciben educación alguna, y los pocos que frecuentan las aulas recogen notaciones muy imperfectas. (...)El Ministerio de Relaciones Exteriores está vacante, y eso se explica. El gobierno, lejos de cultivar amistosas relaciones con los demás países, las desatiende por completo. Actualmente estamos en quiebra con la República Francesa, que a la revocación del exequátur de su cónsul por el gobierno, ha respondido con la retorsión. (470)

El Pueblo coincide con La Democracia acerca de la inacción del presidente ante la grave situación que vivía el país; afirmaba a través de un editorial del mes de abril del 95 que el presidente no se mostraba firme porque tenía temor de enfrentarse radicalmente con los hombres del pasado, por ello sugería que la salvación vendría trayendo al gobierno a la nueva generación:

Estamos a cinco meses del comienzo de una administración, en la cual se han cifrado esperanzas que podían introducirse en realidades, mejorando la situación general del país, tan abatido en su crédito, tan escaso de rentas, tan falto de justicia y tan ansioso de libertad y progreso. (...) El país está pobre, su comercio languidece, los productos de su agricultura no tienen mercado y las dificultades financieras y políticas crecen de día en día. No seremos nosotros los que inculpen en su totalidad al actual gobierno semejante situación, y por el contrario reconocemos que en mucha parte es la triste herencia de malos gobiernos anteriores(471)

En el mes de mayo, La Democracia, en otro editorial, vuelve sobre el mismo tema:

Parece que nos encontramos en plena época de transición. Todos los resortes del mecanismo gubernativo hállanse en la más completa inacción. Las Cámaras Legislativas no dan señales de vida, demostrando palmariamente una culpable indiferencia por la cosa pública. El P. E. no tiene otra ocupación que firmar decretos insignificantes y tratar de influenciar sobre los diputados para que se pongan siempre en guardia contra toda interpelación que tienda a cavar hondo. El Poder Judicial, si bien hasta el presente va procediendo con altura e independencia en sus atribuciones, no demuestra tampoco como sería de desear la actividad necesaria para el fiel cumplimiento de su cometido. No se preocupa en lo más mínimo de los juzgados de paz de la campaña, que son una verdadera calamidad encontrándose en frente de ellos hombres completamente ineptos y llenos de vicios que antes que, otra cosa, son un peligro público. (...) las autoridades se ríen de los vecinos se quejan inútilmente de los jefes políticos y jueces de paz, lo mismo que de los padres de familia que por amor a sus hijos recurren ante los funcionarios respectivos a formular sus quejas contra ciertos preceptores de escuelas por su incapacidad o mala conducta. Es que tanto los jefes políticos y jueces de paz, como los maestros son nombrados en virtud de repugnantes favoritismos, los cuales, en mérito de ello, deberían subsistir en sus puestos, pese a quien pese. Y lo que pasa con estos, sucede con la mayor parte de los puestos públicos; no se buscan hombres para los puestos sino puestos para los hombres. (472)

La sensación de inacción gubernativa durante el año 1895 es observada por El Pueblo, el que en una suerte de síntesis del año sostuvo:

Nada halagüeño ha sido para el país el año que hoy fenece. Durante él, la crisis económica de tiempo atrás ha persistido con fuerza. La colonización no ha mejorado absolutamente en nada y la decadencia de la industria agrícola sigue en aumento. (...) El gobierno de la campaña no ha mejorado. Las jefaturas políticas y las comandancias militares despotizan a los pueblos, pesan sobre ellos como losas de plomo, porque son ejercidas, generalmente, por rudos e ignorantes soldados sacados de los cuarteles. Las instituciones políticas lejos están de encarnarse en el pueblo. Lo impide la ignorancia en que aún se mantiene a las masas, y lo impide la brutalidad de las autoridades de la campaña. La Intendencia Municipal es un castigo que Dios ha enviado a la capital. La institución municipal es un fantasma, una sombra, lo mismo en la Asunción que en los pueblos. (473)

Esta postura asumida por los medios periodísticos de oposición se mantendrá invariable a lo largo de su gobierno, es así que al concluir el mandato del mismo, La Democracia lo evaluó como si de un gobierno más se tratara:

Llega a su fin el gobierno del general Egusquiza sin que el Paraguay haya adelantado absolutamente nada. Encuéntrase en el mismo o peor estado que en 1894. (...) Este calado de cosas ha llegado tan a su colmo durante el actual gobierno que tal vez feliz o desgraciadamente, llega a su ocaso. (...) Aceval, dice todo el mundo, no hará nada nuevo. Mudara éste o aquel empleado que hará lo mismo que el anterior con la diferencia de que este servirá más ciegamente a Aceval que aquel, aunque aquí se sirve al que manda sin pararse a distinguir si es Juan o Pedro. (474)

Por su parte, El Cívico, mucho más conciliador, al concluir el período de gobierno del general Egusquiza, enjuiciaba de esta manera su administración

No puede decirse que su administración fue modelo, ni que colmó las legítimas aspiraciones del país; por el contrario, la crítica severa e imparcial tendría palabras de censura para muchos de sus actos, pero aun con todo eso, en justicia debemos confesar que su gobierno ha sido el mejor, por muchísimos conceptos. (...) Elevado por un partido, dueño de la situación por más de cinco lustros, su administración tenía necesariamente que según hasta cierto punto las huellas de las anteriores, el camino estrecho y profundo formado por los abusos, desaciertos y errores del pasado. La división de la familia paraguaya era también profunda, las luchas y las pasiones ardorosas y la intransigencia política privaban al país del concurso de sus mejores hijos. Pues bien el general Egusquiza, sin olvidar su credo político, pero quebrando radicalmente el funesto sistema, impulsó a la administración del Estado por un sendero más amplio; su política conciliadora y de concordia, hizo que se estrecharan las distancias y se apagara dentro de lo posible el incendio de odios y rencores que ha devorado durante treinta años la energía y el esfuerzo que debió aplicarse aunado a la reconstitución de la patria. He aquí su mérito como mandatario, que cumple a nuestra lealtad proclamar, hoy que nuestra palabra, siempre sincera, no puede ya prestarse suposiciones caprichosas. (475)

Dos años más tarde, una crónica periodística recoge un discurso pronunciado por Juan Silvano Godoy, en ocasión de un banquete ofrecido en Buenos Aires al general Egusquiza; lo transcribimos por considerar que la misma ofrece una síntesis de su administración desde la óptica de uno de sus adherentes de referencia:

Existe el convencimiento de que ha sido durante vuestro gobierno que se ha puesto término a las persecuciones y a los asesinatos políticos; que vuestro gobierno tuvo el bastante valor cívico de abrir las puertas a los emigrados políticos, después de veinte años de prescripción; que de vuestro gobierno data la garantía individual, la inviolabilidad de la persona; que a vuestro blando y tolerante gobierno se debe la iniciativa de pactar con los partidos militantes de oposición, dándoles representación proporcional en el congreso, el poder judicial y los ministerios; que es vuestro gobierno el que ha preconizado la libertad absoluta de la prensa periódica; que a vuestra influencia, como personalidad representativa del partido político imperante, se le atribuye el que actualmente rija los destinos de la República un ciudadano honorable y decente, acreedor al respeto de los hombres honestos; y que gracias a vuestro decidido concurso, en fin, va a poseer la ciudad de Asunción el primer símbolo de arte, en el busto de bronce que se va ha inmortalizar al vencedor, glorioso de Curupaiti. (476)

En síntesis, para la prensa de oposición, que constituía la caja de resonancia de una parte de la opinión pública, durante la administración del general Juan B. Egusquiza, se observan los mismos vicios que en los gobiernos anteriores, corrupción administrativa, incapacidad y abuso por parte de las autoridades de campaña, ausencia del Estado en la atención de la instrucción pública, carencia de mercados para los productos agrícolas, y la misma crisis financiera y económica arrastrada desde finales de la administración Escobar parecía sin solución, los proyectos de colonización siguieron sin lograr el éxito que se esperaba.

Por otra parte, los oficialistas consideraban que a pesar de todo su gobierno fue mejor que los anteriores por llevar adelante una política conciliadora, con lo que hay que concluir que si bien descomprimió la tensión política, en general su administración no dio respuestas satisfactorias a las demandas de la sociedad civil.


NOTAS

367. "Actualidad". La Democracia, 5 enero 1894.

368. “El mismo tema”. La democracia, 6 enero 1894

369. Méndez, Epifanio. (1989). Lo histórico y lo antihistórico en el Paraguay. Asunción: Ñandutí Vive/Intercontinental Editora, pp. 34-35.

370. “Política del día”. La democracia, 27 noviembre 1891

371. Prieto Yegros, ob. cit., p. 330

372. Smilt. “Candidato funesto”. La Libertad, 17 de noviembre 1893

373. "Cambio de situación. Breves detalles". La Democracia, 9 junio 1894.

374. "Manifiesto DEL GENERAL DON JUAN BAUTISTA EGUSQUIZA AL PUEBLO PARAGUAYO". La Democracia, 9 de junio de 1894.

375. Ibíd.

376. Ibíd.

377.  Ibíd.

378.  Ibíd.

379. "El 9 de Junio". La Democracia, 3 enero 1898.

380. El Látigo Inmortal. 5 julio 1891.

381 "Revolución paraguaya". La Democracia, 21 junio 1894.

382. "Noticias. Senado Nacional". La Libertad, 13 junio 1894.

383. El Municipio de Rosario. "La Revolución paraguaya". La Libertad, 27 junio 1894.

384. Ibíd.

385. "El manifiesto del Sr. González". La Unión, 14 julio 1894.

386. "Proceso político". El Pueblo, 11 mayo 1898.

387. Warren, Paraguay: Revoluciones…., ob cit, pp 45 y sgts.

388. "Proceso político". El Pueblo, 11 mayo 1898.

389. "Revolución paraguaya". La Democracia, 21 junio 1894.

390. El diario de Buenos Aires. “Don José Segundo Decoud y el derrocamiento del 9”. La Democracia, 22 junio 1894.

391. El Siglo, de Montevideo. “Sucesos Paraguayos”. La democracia, 22 Junio 1994

392. "José Segundo Decoud". La Democracia, 9 enero 1901.

393. Ver Manifiesto en Anexo 10

394.  "Al Partido Liberal". El Pueblo, 7 julio 1894.

395.  El Látigo Inmortal. 8 marzo 1891.

396. Ver la carta programa en Anexo 7

397. "MANIFIESTO DE LA COMISIÓN DIRECTIVA DEL PARTIDO N. REPUBLICANO A SUS CORRELIGIONARIOS". La Libertad, 14 diciembre 1893.

398. Ver el Manifiesto en Anexo 8.

399.  "Comité N. Republicano disidente". La República, 27 diciembre 1893.

400.  "EL Coloradismo". La Libertad, 10 mayo 1894.

401. "MANIFIESTO del General don Bernardino Caballero". La Democracia, 20 junio 1894.

402. Ver el manifiesto en Anexo 9.

403. "MANIFIESTO DEL CLUB POPULAR EGUSQUICISTA. A sus correligionarios". La Libertad, 25 junio 1894.

404. Ibíd.

405. Ibíd.

406. "MANIFIESTO DE LOS CABALLERISTAS DISIDENTES DEL PARTIDO NACIONAL REPUBLICANO, A los pueblos de la República". La Libertad, 16 agosto 1894.

407. Ibíd.

408. Nogués, Alberto. (1995). "Parentela Presidencial", Anuario de la Academia Paraguaya de la Historia. Vol. XXXV (II). Asunción: El Gráfico, p. 32.

409. Gill Aguinaga. La Asociacion parguaya,,, ob cit p 190

410.  "El cambio de presidentes. Los que cesan. El general don Juan Bautista Egusquiza. Presidente de la República". La Prensa, 25 noviembre 1898.

411. "El cambio de presidentes. Los que cesan. Dr. D. Facundo Insfrán. Vicepresidente de la República". La Prensa, 25 noviembre 1898.

412.  Freire Esteves, ob. cit., p. 294.

413. Caballero Aquino, ob. cit., p. 202.

414. Ver discurso en Anexo 11

415.  "Mensaje presidencial". La Democracia, 26 noviembre 1894.

416.  “AYER EN EL CONGRESO. DISCURSO DEL GENERAL EGUSQUIZA AL RECIBIRSE DE LA PRESIDENCIA DE LA REPÚBLICA". La Democracia, 26 noviembre 1894.

417.  Kalssen, Osbaldo.(1983). Historia del Paraguay Contemporáneo 1869-1983. Asunción: Modelo, pp. 68-71.

418.  "DISCURSO DEL REVERENDO PADRE FIDEL MAÍZ". La Opinión, 30 enero 1895.

419. Ibíd.

420.  "AYER EN EL CONGRESO. DISCURSO DEL GENERAL EGUSQUIZA AL RECIBIRSE DE LA PRESIDENCIA DE LA REPÚBLICA". La Democracia, 26 noviembre 1894.

421.  Registro Oficial. 26 setiembre 1894.

422.  "AYER EN EL CONGRESO. DISCURSO DEL GENERAL EGUSQUIZA AL RECIBIRSE DE LA PRESIDENCIA DE LA REPÚBLICA". La Democracia, 26 noviembre 1894.

423.  Egusquiza, Juan Bautista. (1897) Mensaje a la nación.

424.  "Acuerdo Político". El Pueblo, 26 noviembre 1894.

425.  Caballero Aquino, ob. cit., pp. 183.

426.  “PARTIDO LIBERAL MANIFIESTO DE LA COMISIÓN DIRECTIVA A SUS CORRELIGIONARIOS". El Pueblo, 2 marzo 1895.

427.  Ibíd.

428. Este periódico era propiedad de Adolfo Soler, apareció su primer número el 1º de Setiembre de 1896, tras la división del Partido Liberal pasó a ser vocero de los "cívicos"; en la hemeroteca nacional existen copias hasta diciembre del año 1900.

429. "EL COMITÉ EJECUTIVO A LOS LIBERALES DE LA REPÚBLICA". El Cívico, 2 Enero 1897.

430.  Egusquiza, Juan Bautista. (1897). Mensaje a la nación.

431.  Cfr. Caballero Aquino, Ricardo. La Segunda República; Ashwell, Washington, Historia Económica, T. I.

432.  Caballero Aquino, ob. cit., p.186.

433.  "EL COMITÉ EJECUTIVO A LOS LIBERALES DE LA REPÚBLICA". El Cívico, 2 enero 1897.

434. "La Convención". El Pueblo, 13 enero 1897.

435.  Freire Esteves, ob. cit., p. 256.

436.  Egusquiza, Juan Bautista. (1897). Mensaje a la nación.

437.  "MANIFIESTO DE C. DIRECTIVA DEL PARTIDO LIBERAL". El Cívico, 2 enero 1897.

438. Ibid435.       Freire Esteves, ob. cit., p. 256.

436.  Egusquiza, Juan Bautista. (1897). Mensaje a la nación.

437.  "MANIFIESTO DE C. DIRECTIVA DEL PARTIDO LIBERAL". El Cívico, 2 enero 1897.

438. Ibíd.

439.  Ibíd.

440.  “MANIFIESTO DE C. DIRECTIVA DEL PARTIDO LIBERAL ", El Cívico, 2 enero 1897.

441.  "Del Sr. González Navero. Rectificación". El Pueblo, 4 enero 1897.

442.  Ibíd.

443. “La Comisión Central A LOS LIBERALES DE LA REPUBLICA”. El Pueblo, 13 enero 1987.

444. Ibíd.

445. Ibíd.

446. Ibíd.

447. Ibíd.

448. Ibíd.

449. “Del Sr. González Navero. Rectificación”. El Pueblo, enero 1897.

450. "OBSERVACIONES POLÍTICAS". El Pueblo, 22 enero 1897.

451. "DOBLE COMISIÓN CENTRAL DEL P. LIBERAL". El Pueblo, 1 febrero 1897.

452. Ibíd.

453. "MEMORIA DE LA COMISIÓN CENTRAL DEL PARTIDO LIBERAL PRESENTADA A LA Convención extraordinaria reunida el 31 de Enero de 1897". El Pueblo, 1 de febrero 1897.

454. “Acta de la Convención del Partido Liberal”. El Pueblo, 1 febrero 1897.

455.  "Política Liberal". El Pueblo, 2 febrero 1897.

456.  "Defectos políticos". La Democracia, 13 febrero 1897.

457. Egusquiza, Juan Bautista. (1897). Mensaje a la nación.

458. “RECHAZO DE ACTAS”. La Democracia, 1 abril 1897

459. “Los cívicos y el caballerismo” El Pueblo, 2 abril 1897.

460. "PARTIDO LIBERAL. NUEVOS SÍNTOMAS DE DESCOMPOSICIÓN". El Pueblo, 19 abril 1897.

461. Freiré, ob. cit., p. 256.

462. El Tiempo de Buenos Aires. El Pueblo, 297, 12 de febrero de 1895.

463. Ibíd.

464. M.A.C “Reprospecto de 1895. Relaciones Internacionales”. La Democracia 13 enero 1896

465. Freire Esteves, ob. cit., p. 257.

466.  Caballero, Aquino Ricardo. El Egusquicismo: primer intento de gobierno pluralista, 1981 -1982. Academia Paraguaya de la Historia, Vol. XXXV, 1195 (II), Asunción, p. 203.

467.  “LA GUARDIA NACIONAL SU ORGANIZACIÓN". La Democracia, 24 agosto de 1898.

468.  Caballero, Aquino. El Egusquicismo: primer intento de..., ob. dt., pp. 206-207.

469.  "EL MISMO SISTEMA". La Democracia, 18 marzo 1895.

470.  "INACCIÓN". La Democracia, 19 de abril de 1895.

471.  "POLÍTICA". El Pueblo, 27 abril 1895.

472.  "VAMOS MAL". La Democracia, 23 mayo 1895.

473.  "EL AÑO QUE VA Y EL AÑO QUE VIENE (1895 -1896)". El Pueblo, 31 diciembre 1895

474.  "OCASO DE UN GOBIERNO". La Democracia, 8 noviembre 1898.

475. "Pasado y presente". El Cívico, 26 noviembre 1898.

476. "EL BANQUETE AL GENERAL". La Tribuna, 20 noviembre 1900.

Fuente: POSGUERRA CONTRA LA TRIPLE ALIANZA. ASPECTOS POLÍTICOS E INSTITUCIONALES (1870 – 1904). Por GUSTAVO ACOSTA. Editorial SERVILIBRO. Dirección editorial: VIDALIA SÁNCHEZ. Diseño de tapa: ANA MABEL VEGA RAMÍREZ. Asunción – Paraguay, junio del 2013 (349 páginas)

 

 

 

 

 

 

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