SA SU, POPA SU, PO SU, ETC.
Un extranjero a quien acompañaba por el centro de Asunción se acercó a una vendedora de artesanía y, con sonrisa turística, le preguntó: "¿Tiene cambio de sa su guaraní?". Había estado observando y admirando la lengua nativa y se dispuso a practicarla. La vendedora lo miró inquieta. "¿Sa su? ¿Mbae piko péa che karai?", me inquirió. "Quiere saber si tiene vuelto de cien mil guaraníes", le aclaré. Un extendido "aaaaaahaa", en si sostenido mayor, me hizo saber que para ella las cosas quedaron claras.
Mas no así para el foráneo, que casi indignado por su fracaso me reclamó: "¿Por qué ponen en el billete palabras que la gente no entiende?". Lo que pasa es que la señora es de otra etnia le expliqué y su lengua no está declarada oficial por la Constitución. Un gran "aaaaaahaa" escuché nuevamente; esta vez en una nota indeterminable.
Nadie contó todavía de dónde se obtuvieron los vocablos con que, según los billetes de banco, se expresan las cifras en guaraní. El billete de cien mil dice ser sa su guaraní. El de cincuenta mil es popa su; el de veinte mil: mokoy pa su; el de diez mil es pa su; el de cinco mil dice ser po su; el de dos mil mokoi su; y el de mil es, simplemente, su.
Siguiendo las reglas de la sana lógica, de lo dicho se infiere que siendo su, mil, y po, mano, po su significa mil manos. Si entendemos que la mano tiene cinco dedos, y cada uno vale mil, entonces logramos introducir siquiera un pie (o sea un py), en esta novísima experiencia semántica.
Sin embargo, el padre José Cardiel, cronista quizás el más puntilloso de todos los jesuitas, nos cuenta que los guaraní solo disponían de palabras para contar hasta cuatro; el cinco era representado por una mano (petey po); seis: petey po petey; diez: mokoi po; y así sucesivamente, pero con escasa proyección, porque la acumulación de vocablos que como chorizos se iban agregando a medida que aumentaba la cifra hacía que el sistema funcionara muy mal una vez superada la cantidad visualizada con los veinte dedos de las manos y pies.
Así que todo esto del po, del sa y del su tuvo que haber sido creado recientemente en algún laboratorio lingüístico, al cual supongo las autoridades del Banco Central, habida cuenta de que este es un país pluricultural y bilingüe, le solicitaron fabricaran los vocablos necesarios para significar las cifras en los billetes en imprenta.
Prevemos que si pronto no se reducen los tres ceros de nuestra obesa divisa, necesitaremos billetes de 500 mil y de un millón. ¿Habrá que encargar nuevos vocablos al laboratorio? La opción de recurrir al modo guaraní original es impracticable, porque para expresar 500.000 habría que mostrar las dos manos abiertas cincuenta mil veces; cosa que podría simplificarse un tanto utilizándose también los dedos de los pies, con lo que se abarataría la exhibición a solo 25.000 movimientos de pies y manos. Más que una operación contable acabaría siendo una larga y extenuante sesión de gimnasia.
A los nativos les resultaba suficiente contar las cosas con los dedos de la mano pues, en su mundo, nada había que fuera tan numeroso. Las cifras más elevadas requeridas para la cotidianeidad serían las necesarias para contar las flechas que llevaban, los enemigos que mataban, los venados que cazaban y los hijos que tenían. Para lo que superara esos números cuenta Cardiel tenían una única palabra: heta. Hasta hoy, preguntando a un campesino cuánto ve que hay de cualquier cosa numerosa, responde: hetáaa oî.
Como muchos, me pregunto si el laboratorio guaranítico contemporáneo conseguirá alguna vez que en el mercado podamos operar corrientemente con los sa su, pa su, po su, popasu, y que logremos entendernos con alguien; es decir, sin parecer que estamos ordenando la comida en un restaurante chino.
Hay lingüistas meritorios empeñados en salvar al guaraní del desuso y renovarlo con vocablos ajustados a los tiempos; pero no todo empeño, solo por bien intencionado, resulta práctico. Por eso, no preguntaré si es razonable este intento ni arriesgaré más inquisiciones porque sé que podría dar origen a furibundos e interminables debates de los que, por cierto, más de uno podría salir lastimado. Me limitaré solamente a preguntar: Después de varios años de utilizar los sa su, pa su, po su, etc., ¿ya se puede mostrar algún resultado positivo del experimento?
Manuel Domínguez, criticando que los jesuitas no enseñaran en castellano a los indígenas reducidos, decía: "Hubiera sido divertido exigir á los maestros jesuitas de las Misiones una demostración científica en guaraní puro: por ejemplo, que el cuadrado de la hipotenusa es igual á la suma de los cuadrados de los catetos". Ahora, con el nuevo guaraní, parece que esto ya se puede hacer.
Fuente: ABC Color (Online)
www.abc.com.py
Sección: OPINIÓN
Domingo, 12 de Setiembre de 2010
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