HOGAR, DULCE HOGAR
Obra teatral de GREGORIO LÓPEZ GRENNO
PERSONAJES
ABUELA TUGA (TORTUGA)
PONCIANO
SARA
VICTORIA
PEPE
JUAN
LUZ
MÉDICO
PERRITO
COMISARIO
POLICARPO
HÉRCULES
LA SERPIENTE
GREGORIO LÓPEZ GRENNO
Nació el 5 de septiembre de 1948 en Asunción. Realizó estudios en Bélgica (Cooperación Técnica al Desarrollo, Periodismo y Sociología, Universidad Libre de Bruselas) y Asunción (Arquitectura). Ha realizado trabajos de historiografía paraguaya y documentales: El lago Titikaka, ese alto espejo andino; Tiawanaku; y Chiloé, archipiélago sonoro; De barro y fibra de coco; Paula Sánchez, ceramista; Poncho de sesenta listas; Josefina Plá; Imagineros. Fue miembro del grupo teatral Tiempoovillo (1973). De 1990 a 2000 dirigió el Taller Municipal de Títeres de Arenas de Málaga. Fundador del Teatro Didáctico de Títeres TAIAUMA, en 1975. Desde sus inicios su interés por la educación a través del teatro de títeres lo llevan a elaborar guiones, construir títeres-, escenografías, montajes, dirección y puestas en escena de 7 obras relacionadas con la ecología, la igualdad de género y la violencia doméstica: Las Cuatro Estaciones, La Cabra de Cómpeta, Historias de Capa y Ozono, Un Error Maravilloso, En Casa Somos Iguales, Retablillo de Don Cristóbal (de García Lorca) y Hogar, Dulce Hogar. Sus más recientes piezas son: De esto sí se habla (2003) y SIDA no da (2005), relacionadas con la educación sexual. Actualmente se desempeña como jefe de Artes Visuales del Centro Paraguayo- Japonés de Asunción.
PRIMER ACTO
PERSONAJES
ABUELA - TUGA (TORTUGA) - PONCIANO JARA -VICTORIA -PEPE
ESCENARIO: Tapa de un libro grande, que tiene escrito: "Hogar, dulce hogar"
(voz en off): ¡Abuelaaaa! ¡Abuelaaaaa!
ABUELA: ¡Quéee...!
Voz: Salí yaaa, que te estamos esperandoo.
ABUELA: No, no me toca a mí.
VOZ: ¡Cómo que no!
ABUELA: No, no me toca.
VOZ: ¿Qué no? ¿A quién le toca entonces?
ABUELA: A Tuga, el viejo tortugo.
VOZ: ¡Tugaaa! ¡Tugaaa!
TUGA: ¡Quée!
VOZ: ¡Dale, salí ya, que te estamos esperando!
TUGA: A mí no me toca.
VOZ: ¡Cómo que note toca!
TUGA: ¡No, no me toca!
VOZ: ¿Y a quién le toca entonces?
TUGA: A las manos.
VOZ: ¡Ah!... A las manos. ¡Bueno, manos, a salir ya! ¡Música! ¡Música! (Suena la música. Salen bailando las manos al son de música y abren el libro del telón de fondo en el primer decorado. El interior de la casa de Victoria y Ponciano. Música funde. Aparece la Abuelo por derecha.)
ABUELA: (Al público.) ¡Hola chicos, hola chicas! ¿Han visto a Tuga, el Viejo tortugo? (Llamando a Tuga.) ¡Tugaa! Vení, apurate, que ya están las niñas y los niños de... (mencionar lugar donde se actúa.)
TUGA: (Aparece también por la derecha, con tranco lento.) Ya VOY, Abuela. Vos sabés, soy muy lento.
ABUELA: "Tuga, Tuguita, mira, estos son los niñas y éstas son las niñas de... (lugar donde se actúa.)
TUGA: ¡Hola Chicas! ¡Hola Chicos! ¿Qué tal están? Sí, Abuela. ¿Para qué me llamabas?
ABUELA: Vení pronto Tuguita, que tenemos que ir a una fiesta.
TUGA: ¿A una fiestaaa?
ABUELA: Sí, a una fiesta.
TUGA: (Contento.) ¡Qué bien, con lo que me gustan a mí las fiestas! (Al público.) ¿A ustedes también les gustan las fiestas? ¡Bueno, están todas y todos invitados...!
(A la Abuela.) Pero, ¿qué fiesta es, Abuela?
ABUELA: Es una fiesta que le hacen a mi nieta Sara.
Tuga: (Extrañado.) ¿Que le hacen una fiesta a Sara?
ABUELA: Sí, porque la eligieron presidenta...
TUGA: (interrumpiendo.) ¿Presidenta? ¡Qué bueno! ¡Con la falta que hace una presidenta en el Paraguay!
ABUELA: Sí, presidenta de la Asociación de Mujeres del barrio ... (Donde se actúa.)
TUGA: (Desilusionado.) Aaah. ¿Y cómo fue eso, Abuela?
ABUELA: (Empezando a salir de escena, por la izquierda, seguida de Tuga) Mira. (le señala el telón de fondo.) Todo empezó acá, en esta casa... Mi nieta Sara se casó con Ponciano. (La Abuela y el Tortugo van saliendo.)
TUGA: ¿Con Ponciano, ah sí?
ABUELA: Sí, con él. Y tuvieron una hija y un hijo, Victoria y Pepe. (La Abuela y el Tortugo han salido de escena. Sólo se escucha su conversación.)
TUGA: Victoria... Pepe... ¡qué lindos nombres!
ABUELA: ¡Oh, sí, muy lindos! ¡Cuidado! ¡Atención, atención!, que está llegando Ponciano...
(Sonido: Una puerta se abre, chirriando. Aparece Ponciano por la izquierda. Está nervioso.)
PONCIANO: (Llamando a su esposa.) ¡Sara! ¡Sara! ¡Dónde estará! (Al público.): ¡Hola Chicas y Chicos! ¡Qué suerte que los veo! ¿Han visto por casualidad a mi esposa Sara?.., ¡Dónde se habrá metido! ¡Qué andará haciendo a estas horas por la calle! ¡Eh!... ¡Seguramente que de tecó-reí por ahí! Pero les digo una cosa: Esto va a cambiar. ¡Ya va a saber quién manda en esta casa!
(Entra Sara, tiene ruleros y un pañuelo en la cabeza. Está nerviosa.)
SARA: Hola, Ponciano.
PONCIANO: (Increpándole.) ¡Y vos dónde estuviste! ¡De dónde venís! ¡Qué andabas haciendo a estas horas por la calle! ¡Eh! ¡Seguro que macaneando! ¡Eh, segurito que sí!
SARA: (Con temor) No Ponciano, vengo de casa de Luz, mi amiga, la peluquera...
PONCIANO: (Interrumpiéndola con vehemencia.) ¡Y qué tenés que hacer vos, a estas horas, en casa de Luz! ¡Eh! En vez de estar esperándome acá, en tu casa, con la cena lista, como es tu obligación. ¡Eh!
SARA: Es que Luz me está enseñando a marcar, cortar y peinar, para que pueda ayudarla en la peluquería. Así también yo voy a ganar un poco de dinero para ayudar en la casa.
PONCIANO: (Burlándose.) ¡já, já, já! ¡Con cuatro guaraníes que vas a ganar... gran sueldo vas a traer a esta casa! ¿Sabés lo que te digo?: ¡Buena peluquera vas a ser vos que no servís para nada! (Ponciano sale intempestivamente por donde había entrado.)
SARA: (Lamentándose.) ¿Por qué siempre me tiene que decir que no sirvo para nada? (Al público.) ¿Es verdad que no sirvo para nada? (Entra, alegremente, su hija Victoria.)
VICTORIA: ¡Hola mami! ¿Qué tal?
SARA: (Con ternera) Hola Victoria mi amor. Bien, estoy bien. ¿Y vos mi cielo? (Se besan.)
VICTORIA: Bien también. Pero mamá, escucha: Tengo hambre. ¿Qué preparaste para cenar?
SARA: Voy a hacer una pizza, con queso y tomate, como les gusta a ustedes.
VICTORIA: (Saltando de alegría.) ¡Viva, una pizza! ¡Con lo que me gusta a mí la pizza! (De pronto, se detiene bruscamente y recapacita.) Pero mamá, a papá no le gusta la pizza... ¡Qué vamos a hacer!
SARA: (Tranquilizándole.) No te preocupes, hija mía. Le voy a hacer un mbejú y ya está. Y ahora, me voy a la cocina, para preparar todo.
VICTORIA: Espera mami un poco. (La madre .se detiene y escucha a su hija.)
SARA: ¿Sí? ¿Qué?
VICTORIA: En la escuela nos pidieron que llevemos algo de ropa y de comida para dar a la gente más necesitada. (En ese momento entra Ponciano, pero se oculta detrás de la puerta para escuchar lo que están hablando su esposa e hija.)
SARA: Ay, sí, mi hija. A mí también me gustaría ayudar a la gente con lo que se pueda. Es tan hermoso darse a las personas más necesitadas. Pero... no sé si tu papá va a querer que salga de casa... (Irrumpe Ponciano.)
PONCIANO: (Gritando y gesticulando.) ¡Pero qué estás diciendo! ¡No ves que confundís a la niña! ¡Sos una tonta, tonta y tonta! ¡Tavyronga!
SARA: Pero, Ponciano...
PONCIANO: ¡Cállate ya de una vez! ¡Victoria! ¡Vení acá! (Victoria se le acerca temblando de miedo.)
VICTORIA: S... ¿sí pa-pá?
PONCIANO: ¡No tiembles, miedosa! ¡No hay que ser miedosa, caramba! ¡Por qué temblás! ¿Eh, por qué?
VICTORIA: (Muy asustada y casi llorando.) Porque me vas a pegar. No me pegues por favor papi...
PONCIANO: Yo no te voy a pegar ahora. ¡Llorona! Escuchame bien. Yo, yo, te voy a dar diez mil guaraníes, para que lleves a tu escuela y le des a tu maestra, ¡eh! ¿Entendiste? VICTORIA: (Temblando.) S... sí, papi, sí.
PONCIANO: ¡Y ya está bien, eh! ¡Basta ya de tanto bla, bla! ¡Estoy harto! ¡Siempre lo mismo, siempre lo mismo! ¡Ya estoy harto, harto y harto! (Les ordena.) ¡Y ahora, las dos, a la cocina! ¡Vamos, vamos!
(Victoria y Sara salen de escena murmurando algo entre dientes. Ponciano continua quejándose. Entra, por la izquierda, Pepe.)
PEPE: (Con cierto temor.) Hola papá...
PONCIANO: Hola. ¡Qué querés vos también!
PEPE: Papá... ¿me vas a llevar a la cancha el domingo?
PONCIANO: Bueno, sí. Y vos ¡anda a peinarte! ¡Me oíste! Parece que estás peleado con el peine. ¡Plumero! Si no, ya sabes. Vas a cobrar. (Pepe se arregla el pelo como puede.)
PEPE: ¿Así está bien?
PONCIANO: Sí, así.
PEPE: Papá, ¿te puedo preguntar algo? Pero no me vayas a pegar, ¿no?
PONCIANO: Qué lo que querés ya otra vez.
PEPE: (Con mucho miedo.) Papi ¿por qué mamá y vos discuten tanto?
PONCIANO: (Colérico.) Porque tu mamá tiene que saber quién manda en esta casa. Se cree que porque va a ganar cuatro guaraníes de porquería ya puede entrar y salir cuando le da la gana... ¡Pero esto se va a acabar! ¿Me entendiste? (Y como Pepe volvió a despeinarse, Ponciano le grita.) ¡Plumero! ¡Vaya a peinarse! ¿Siga pues! ¡Y déjese ya de macanear.!
PEPE: (Lloriqueando.) Sí, papá, sí papá, pero no me vayas a pegar... (Pepe va saliendo de escena por donde entró. Ponciano le sigue.)
PONCIANO: (Amenazándole, con mano en alto.) ¡Garrote, eso es lo que te mereces! ¡Garrote te voy a dar! (Pepe sale de escena temblando y murmurando algo. Ponciano sigue rezongando y camina de un lado a otro. Entra Sara con una pizza en la mano izquierda.)
SARA: ¡Ya está la cenaaaaaaaaaa! ¡A cenar todo el mundooooooooo!¡Victoriaaaaaaa!¡Pepeeeeeeeeeeeeee...!
(Ponciano, que ve a Sara con una pizza en la mano. Le increpa.)
PONCIANO: ¡Qué es lo que preparaste para cenar! ¡Una pizza!
SARA: (Queriendo calmarlo.) Pero Ponciano, esta pizza es para nosotros. Para vos hice mbejú, que tanto te gusta... (Ponciano no escucha razones. Se vuelve colérico).
PONCIANO: ¡Pizza! ¡Otra vez pizza! ¡Sabes bien que a mí no me gusta la pizza!
SARA: Pero Ponciano, calmate...
PONCIANO: Ya te dije: No me gusta la pizza. Pero vos seguís haciendo pizza. (Al público.) ¿A ustedes, les gusta la pizza? A mí noooo, me da asco la pizza. (A Sara.) Y vos querés pizza, ¿verdad? ¿Te gusta, verdad? ¡Mira lo que yo hago con tu pizza de porquería...! (Ponciano da un manotazo a la pizza, la tira sobre el brazo de Sara.)
PONCIANO: ¡Toma pizza! ¡Dale! ¡Toma pizza! (Sara llora de dolor. Se ha quemado el brazo.)
SARA: ¡Ayayayyyyyyyyyyy! ¡Ayyyyyyyyy! ¡Mi brazo! ¡Mi brazo! ¡Ay mi brazo!
PONCIANO: ¡Eso es para que aprendas...! (Sara sale corriendo par la derecha. Va quejándose. Llora. Le duele nuaclío el brazo Ponciano sale por la izquierda, remedando a Sara.)
PONCIANO: ¡Ay mi brazo! ¡Ay mi brazo! ¡Ayayayyyyyyyyy! (Suena música triste, melancólica. Fin del primer acto.)
SEGUNDO ACTO
PERSONAJES:
JUAN - LUZ - SARA -PONCIANO
ESCENARIO: En casa de Juan y de Luz. Telón de fondo: La pared de una casa con el nombre: Calle de la Música. Y una ventana dividida en dos.
(Se oye a Juan llamando a su esposa.)
JUAN: ¡Luz! ¡Luz! ¿Dónde estás?
LUZ: Ya voy Juanetto, ya voy mi amor... (aparece Juan en la ventana, por la izquierda. Saluda al público.)
JUAN: ¡Hola Chicas y Chicos! ¿Qué tal están? Estoy esperando a Luz. Tengo que ir a trabajar. (Aparece Luz en la ventana, por derecha.)
LUZ: Hola amor. ¿Qué tal estás? (Luzy Juan se besan.)
JUAN: Hola cielo. Bien, estoy bien. ¿Y vos?
LUZ: Bien también.
JUAN: Bueno amor, ya me voy al circo. Hoy tengo mucho trabajo allá. ¡Chau!
LUZ: Sí amor. Yo también me voy a la peluquería. Tengo que abrir más temprano. ¡Chau! (Se besan y, antes de que Juan se vaya, Luz le habla.)
LUZ: ¿Oíste a Sara y a Ponciano anoche? ¡Qué lío armaron!
JUAN: Sí. Me preocupa esa familia.
LUZ: Ya que sos amigo de Ponciano ¿por qué no hablás con él? Hablale un poco para que no se comporte más así con su familia. ¿Sí?
JÚAN: Sí, no hay problema. Pero ya le conoces, es el tipo más argel (ay) del barrio. Dale, cuando pase, decile que me espere. Yo, mientras, voy saliendo. Ya es tarde.
(Juan desaparece detrás de la ventana. Se queda Luz, asomada, mirando la calle, esperando ansiosa que pase ponciano. (Interactúa con el publica preguntando si lo ven por ahí, si no que le avisen... Ponciano entra, por la ízquierda.)
LUZ: ¡Ponciano! ¡Ponciano!
PONCIANO: (Poco amable.) Qué querés ahora...
LUZ: ¡Esperale a Juan para ir juntos a trabajar!
PONCIANO: (Burlándose.) Yaa, síi... Para ir de la manito los dos... (Aparece Juan, por la izquierda.)
JUAN: Ponciano, esperá chamigo, que quiero hablarte.
PONCIANO: ¡Buée...!
JUAN: Oíme che, Ponciano, anoche escuchamos la pelea que tuvieron Sara y vos.
PONCIANO: (Restándole importancia al hecho.) No fue nada che. No te preocupes. Las mujeres, ya sabés...
JUAN: Decime Ponciano. ¿No se quieren Sara y vos?
PONCIANO: (Con vehemencia.) ¡Miró Juan, lo que pasa en una casa no te importa ni a vos ni a nadie! ¡Cada uno con sus problemas! Eso es un asunto privado. ¿Me entendés? JUAN: Sí, te entiendo. Pero quiero decirte que ya no es privado. Todo el mundo sabe. Es que Sara y vos se llevan muy mal, ¿y quiénes son los que pagan las consecuencias, Ponciano?
PONCIANO: ¡No sé ni me importa!
JUAN: Tu hijo Pepe, tu hija Victoria. Tu esposa... son las personas que sufren. También Luz y yo tenemos nuestras diferencias, no estamos de acuerdo en todo. Pero tratamos de resolver esos problemas, sin gritarnos, sin ofendernos, sin faltarnos nunca el respeto.
PONCIANO: (Amenazando con la mano a Juan.) ¡Escuchá metido! Si querés seguir siendo mi amigo, no te metas más en mis cosas. Estoy harto de tus consejos. ¿Entendiste Juan Bonete Meterete?
JUAN: Sí, entendí. Pero quiero decirte que si seguís maltratando a tu familia te pueden denunciar, y te van a aplicar la Ley 1600; que protege a la mujer y a la familia contra la violencia doméstica. Y, querido amigo, te digo algo más: ¡Esto no puede continuar así, hay que acabar con la violencia! ¡Esto ya es una vergüenza!
PONCIANO: Bueno, dejame ya en paz, prefiero seguir caminando solo.
JUAN: Bueno, como vos quieras. ¡Hasta luego Chicos y Chicas! ¡Hasta luego Ponciano!
(En eso, asoma Luz por la ventana.)
LUZ: ¡Juan, Juan! ¡Espera!
JUAN: ¿Sí? ¿Qué pasa Luz?
LUZ: ¡Te llamaron del circo! Quieren que vayas rápido porque se escapó Ñakaniná, la serpiente gigante.
PONCIANO: (Burlándose de Juan.) ¡Ja, jaja! A ver si te pica en el cucurucho. ¡Ja,jaaa!
LUZ: ¡Dale Juan, apurate!
JUAN: Sí, ya voy. Hasta luego. Hasta luego Ponciano.
PONCIANO: (Burlándose una vez más.) ¡Uy, uy, uy ...! ¡Cuidado!, ¡que no te asuste la serpiente! (Juan sale de escena por la derecha. Ponciano se queda solo Y hace al público la siguiente reflexión.)
PONCIANO: ¡Bueno, bueno! ¡Por fin estoy solo! ¿Verdad que es mejor andar solo? A mí me parece que sí. Porque se puede hacer lo que uno quiera. Por ejemplo, si quiero bailar, puedo bailar. ¡Mírenme! (Baila haciendo movimientos exagerados.) Y ahora, si quiero saltar, puedo saltar. A ver, cuenten hasta tres...
¡Uno, dos y tres! (Salta.) ¡Ya está! ¡Otra vez! ¡Uno, dos y tres! (Salta de nuevo.) ¡Ya está! ¡Y otra vez! ¡Uno, dos y tres! (Pero, al terminar de saltar, algo pisó. Se mira los pies y, con asco, exclama). ¡Ay! ¡Ay! ¿Qué pisé? ¡Aaag! ¡Qué asco! ¡Caca de perro! ¡Pisé caca de perro! ¡La pinta! ¡Todo está lleno de caca de perro! (Al público.) ¿Ustedes sacan a pasear a sus perros que ensucian las veredas? ¡Como yo vea al perro que ensució mi vereda, no se va a olvidar de mí! (En eso, por la derecha, entra un perrito, orína en varios rincones. Ponciano al verlo le dice con exagerada amabilidad.) ¡HOOla, perrito liiindoo! (El perrito le responde con un par de ladridos amables y sigue orinando.)
PERRITO: ¡Guau! ¡Guau!
PONCIANO: Escuchame perrito lindo: ¿Fuiste vos el que hizo caquita en esta veredita? (El perrito le responde ladrando, al tiempo que asiente con la cabeza.)
PERRITO: ¡Guau!
PONCIANO: (Al público.) Ahora verán lo que pasa. Fíjense bien nomás. Sigan mi ejemplo. (Se acerca al perrito y, con malicia, le dice.) ¿Sabes, hermoso perrito, lo que hago yo, Ponciano Pura Pose, a los perritos que ensucian las vereditas con caquita? (El perrito le lame la panza. Ponciano se retira. Luego se acerca y le da unos cuantos golpes.) ¡Toma! ¡Toma! ¡Toma! (El perrito llora de dolor y del susto que se pegó. Ponciano salta de alegría.) ¡Ja, ja, jaaaa! ¡Me vengué! ¡Me vengué! ¡Me vengué!... (El perrito se calma, pero, de pronto, ataca a Ponciano. Le muerde las nalgas mientras lo persigue.) ¡Ay, ayayayyyyy! ¡Me mordió! ¡Me muerde! ¡Me está mordiendo las nalgas! ¡Ayyyyyy! ¡Ayúdenmeee! (Ponciano sale corriendo. El perrito sale detrás de él, persiguiéndolo. Pausa breve. Aparece Luz en la ventana. Pregunta al público.)
LUZ: ¡Hola Chicas y Chicos! ¿Han visto pasar por acá a mi hermana Sara? (En eso pasa Sara. Tiene el brazo derecho con quemaduras en la piel.) ¡Sara! ¡Sarita!
SARA: (Pensando en voz alta.) ¡Ay, ya me vio! ¡Qué vergüenza!... Que no se dé cuenta que tengo el brazo lastimado... (A Luz.) ¡Eh, hola Luz!
LUZ: Che Sara, ¿vas a venir al curso de peluquería hoy?
SARA: No Luz, ahora no puedo.
LUZ: Pero, ¿por qué?
SARA: Me voy al hospital...
LUZ: ¿Al hospital?... Esperame que voy a verte. (Luz baja rapidito a la calle junto a su amiga Sara.)
SARA: (Al público.) ¡Ay, qué vergüenza!, ¡qué va a decir ahora...!
LUZ: Hola Sarita.
SARA: Hola: Luz.
LUZ: Decime ¿para qué vas al hospital, qué te pasó?
SARA: (Con vergüenza.) Es que... me duele este brazo. (Le muestra el brazo derecho que está con heridas de quemadura.)
LUZ: Pero, ¿qué te pasó, a ver?
SARA: (Mostrándole el brazo.) Anoche, discutimos Ponciano y yo, como siempre. Que no le gusta la comida. Que no quiere que trabaje. Que quiere que me quede en casa, siempre. Y así, un día, y otro, y otro... (Sollozando.) ¡Ay, querida amiga, ya no puedo más. ¡Ya no puedo más! ¡Ya no puedo más!
LUZ: (Poniéndole un brazo sobre los hombros.) Mira Sara, hace muchos años que somos amigas... Y un día apareciste con un moretón en los ojos diciendo que te caíste; otro día que te dolía una pierna; otro día es el brazo... Vos siempre estás con alguna lastimadura por culpa de los malos tratos... ¡Esto no puede continuar así, hay que acabar con la violencia! ¿Me entendiste? (Al público.) ¿Qué les parece? ¡Basta ya de tanta violencia! ¿Verdad?
SARA: (Más animada.) Sí Luz, tenés razón.
LUZ: (Con mucho cariño.) No te preocupes amiga, todo tiene solución. Vamos, que te acompaño hasta el hospital, para que te cure el brazo un médico.
SARA: Muchas gracias amiga mía. Muchas gracias. ¡Qué suerte que tengo amigas como vos!
LUZ: Yo también te quiero, Sara. Vamos, vení, que yo estoy contigo. (Suena música alegre, ambas amigas, ,salen de escena, por la derecha están contentas y bailan al son de la música. Fin del segundo acto.)
TERCER ACTO
PERSONAJES:
SARA -EL MÉDICO - EL PERRITO
ESCENARIO: El interior de un consultorio médico.
(La música decrece lentamente. Entra el médico, por la izquierda, tarareando una canción.)
MEDICO: ¡Laaaa, soool, faaaa, miii, reee, dooo! ¡Hola Chicas y Chicos! Yo soy el médico y estoy aquí para curar. ¿Ya se vacunaron ustedes este año contra...? ¡Muy bien! Así me gusta. (Mira hacia ambos lados.) Parece que todavía no vino nadie. ¡Qué suerte! Entoncesvoy a poder hacer lo que más me gusta. ¿Y saben qué es? ¡Cantar! ¿Quieren que cante? Bueno, entonces tienen que contar hasta tres: ¡Uno, dos y tres...! (En el preciso momento que el médico aspira aire para empezar a cantar, entra, por la derecha, Sara. Se queda en el umbral de la puerta, de espaldas al médico, y se despide de su amiga Luz, a quien no se la ve.)
SARA: Gracias Luz por acompañarme hasta aquí. Ya está el doctor. ¡Chau! Después nos vemos. (El médico, que quedó con todas las ganas de cantar, le dice al público.)
MÉDICO: (Un poco triste) Y bueno, voy a cantar después. Ahora no puedo. Tengo que atender a esta señora ... Pero si es mi querida amiga Sara... ¡Hola Sarita! Pasa, pasa nomás.
SARA: Gracias, gracias doctor.
MÉDICO: ¿Venís por alguna vacuna para Victoria o Pepe?
SARA: No doctor. Vengo para que usted me cure este brazo. (Sara le muestra el brazo herido.)
MÉDICO: A ver, a ver. ¡Uy, qué quemadura! ¿Qué pasó, Sara?
SARA: Me quemé, doctor.
MÉDICO: ¿Y cómo te quemaste, Sara?
SARA: Anoche, Ponciano dio un manotazo a la pizza y se me cayó la salsa caliente encima de mi brazo.
MÉDICO: Vení, vamos a bajar por estas escaleras hasta el botiquín, para curarte el brazo. (Ambos bajan. Siguen hablando, sólo se escuchan sus voces.)
VOZ DEL MÉDICO: Bueno Sara, ahora te voy a poner una pomadita, para que te alivie el dolor. ¿Ya no te duele tanto, verdad?
VOZ DE SARA: No, doctor, ya no me duele. Está fresquito.
VOZ DEL MÉDICO: Ahora te voy a poner una venda y vas a dejar así tu brazo por unos cuantos días. No hagas nada en la casa. pedile a Pepe, a Ponciano y a Victoria que se encarguen de los que haceres de la casa. Todos pueden hacerse cargo de las tareas del hogar...
VOZ DE SARA: (No muy convencida.) Y bueno doctor, les voy a decir. Y gracias por todo. ¿Ya puedo salir?
VOZ DEL MÉDICO: Sí Sarita, ya podés salir... Subí con cuidado por las escaleras. (Ambos suben por el mismo sitio que habían bajado, Sara esta con el brazo vendado.)
SARA: (Despidiéndose.) Bueno, doctor, ya me voy.
MÉDICO: No Sarita, espera un momento, que quiero revisarte un poco más. (El médico acerca el estetoscopio a la espalda de Sara). A ver. Respirá hondo. (Sara respira tres veces.) Está bien. Ahora tosé un poco. (Sara tose dos veces.) Muy bien. Ahora decí treinta y tres.
SARA: Treinta y tres.
MÉDICO: Y también decí treinta y cuatro por si acaso.
SARA: Treinta y cuatro por si acaso.
MÉDICO: Bueno Sarita, te encuentro bien, bien. Pero tengo que decirte algo muy importante. (Sara se asusta y le pregunta al médico.)
SARA: ¿Qué es, doctor? ¿Tengo alguna enfermedad incurable?
MÉDICO: No Sara, no Sarita, no es eso. Pero te tengo que decir que tienen que evitar los disgustos en tu casa. Porque los disgustos son malos, hacen mucho daño al corazón, lo vuelven de piedra. Uno sufre mucho porque se queda muy triste. Y la tristeza sí es una enfermedad incurable. (Al público.) ¿Verdad que sí?
SARA: (Con tristeza.) Sí, doctor, tiene razón.
MÉDICO: Y también tengo que decirte algo más: Esto no puede continuar así, hay que acabar con la violencia. Decile a Ponciano que yo le hago decir que venga a hablar conmigo. La violencia es mala, porque los hijos y las hijas que crecen viendo que sus padres resuelven los problemas a golpes, después, cuando sean grandes, van a hacer lo mismo.
SARA: Sí doctor, le entiendo. Voy a decirle a Ponciano. A ver si quiere venir.
MÉDICO: Bueno Sara, ahora ya te podés ir a tu casa. Volvé dentro de una semana para ver cómo está la quemadura, ¿sí?... Y aquí está el diagnóstico médico, en el caso que quieras hacer una denuncia.
SARA: Sí doctor, y muchas gracias por todo. Hasta luego doctor.
MÉDICO: Chau, Sara.
SARA: Chau, Chicos y Chicas... (Sara sale por la derecha. El médico vuelve a quedar solo en el consultorio y dice al público.)
MÉDICO: Bueno, Chicas y Chicos, ahora sí voy a cantar. Pronto, antes de que venga otra persona, cuenten hasta tres: ¡Uno, dos y tres...! (En el preciso momento que el médico aspira aire para cantar, irrumpe el perrito, ladrando y corriendo por toda la escena. El médico no puede cantar.). ¡A la pinta! ¡Un perro en el consultorio! ¡Esto no puede ser! Pero tengo que llamar al guardia para que eche a este perrito de aquí. Cantaré otro día... (El médico va saliendo de escena en busca del guardia.). ¡Qué lástima! Con lo que me gusta a mí cantar. ¡Guardiaaa! ¡Hasta luego Chicos, hasta luego Chicas! (Sale el médico, el perrito le sigue. Fin del tercer acto.)
CUARTO ACTO
PERSONAJES:
SARA, EL COMISARIO POLICARPO, EL PERRITO
ESCENARIO: El interior de una comisaría de policía (Entra Sara por la izquierda. Va camino de su casa con el brazo vendado le sigue el perrito. Sara lo ve y le habla.)
SARA: ¡Ay qué perrito tan lindo! ¿De quién será? (Al público.) ¿Es de alguno de ustedes? (El perrito le lame la mano a Sara repetidas veces y le hace mimitos. Sara también.) Hola perrito lindo. ¿De dónde venís? ¿Quién es tu dueña o tu dueño? ¿No serás un perrito abandonado? (El perrito sigue lamiendo a Sara y ella no deja de mimarlo tampoco.)
SARA: (Pensando en voz alta.) ¿Qué puedo hacer para salvar a este perrito? ¡Oh, pero si estoy frente a la comisaría! A lo mejor el comisario sabe algo. Voy a llamarlo. (Sara llama.) ¡Buenaaaaas...! ¡Oigaaaaaaa! ¡Comisarioooooo! (Entra el Comisario por fondo.)
COMISARIO: Sí. Aquí estoy. ¡Hola Sara!
SARA: ¡Hola Comisario Policarpo!
COMISARIO: ¿Qué querés Sara? ¿Qué te pasó? ¿Venís a presentar una denuncia por algo?
SARA: (Dubitativa.) Este... no, no. Bueno, no, no. ¿Es tuyo este perrito, Policarpo?
COMISARIO: No, no es. Hace unos cuantos días que anda dando vueltas por acá, por el barrio. Su dueña o su dueño no aparecen. Seguramente lo abandonaron.
SARA: (Con tristeza.) ¡Pobrecito!
COMISARIO:Sí, pobrecito. Pero tengo que cumplir con mi deber. Voy a llamar a los de la perrera.
SARA:(Preocupada) ¡Ay Policarpo! No vayas na a llamarle. Allá le van a dejar en una jaula y nadie va a buscarle, seguro que después lo van a matar.
COMISARIO: Muchas personas quieren tener perros, pero después los perros crecen y estorban en la casa, o no pueden mantenerlos... porque comen mucho, o no los pueden sacar a pasear. A veces katú se tienen que mudar a otra casa y los pueden llevar... Entonces, los abandonan. (Al público.) ¿Ustedes tienen perros?, ¿pero no los abandonaron ni los van a abandonar, verdad? Ellos se quedan muy tristes. SARA:Oí Policarpo, ¿puedo llevarlo a mi casa? No aparece luego su dueño, o su dueña. ¿Le puedo llevar conmigo?
COMISARIO: Sí, llevale si querés, pero te quiero decir a vos y a los que están acá, que: "Un perrito es para toda la vida, no sólo para Navidad".
SARA: Sí, tenés razón, Poli. Y gracias.
COMISARIO: Bueno, ya me voy porque hay gente que me está esperando adentro. ¡Hasta luego Chicas y Chicos! ¡Hasta luego Sara!... y cuidale bien que, éh! (Mientras el Comisario va saliendo por donde entró, Sara se despide de él.)
SARA: Sí, claro, por supuesto, Poli. (Sara queda con perrito haciéndole caricias. El perrito está muy contento con Sara.) ¡Uy, qué lindo que sos!... Y qué fuerte que sos también. ¿Sabés qué? Porque sos así de lindo y tan fuerte, te voy a llamar... Hércules... ¡Hércules! ¡Hércules, vamos a casa, vamos perrito lindo, vení conmigo!
(Sara y el perrito salen de escena. El perrito ladrando amorosamente y Sara tarareando una canción. Sin música. Fin del cuarto acto.)
QUINTO ACTO
PERSONAJES
PONCIANO - SARA -HÉRCULES - LA SERPIENTE
ESCENARIO: El interior de la casa de Sara y Ponciano.
(Sonido: Se oye chirriar una puerta, entra Ponciano, por izq. Nervioso como siempre, y se pone a llamar a toda su familia.)
PONCIANO: ¡Sara! ¡Sara!... ¡Victoria! ¡Pepe!... ¡Dónde están metidos otra vez. ¡Nunca están en casa cuando yo llego! ¡Son unos vagos! (Al público.) ¿Ven? ¡Siempre hacen así!... ¡Y para peor, me mordió un perro en las nalgas! ¡Ese perrito de porquería que anda por ahí! (Haciéndose el mimoso.) Y también me duele la garganta, y no hay nadie en mi casa para cuidarme. (En esa se oye una voz suave, casi en secreto, que dice...)
VOZ: ¡Poncianoooooo! ¡Poncianoooo! (Ponciano se estremece.)
PONCIANO: ¡Uy!, ¿qué será eso? Una vocecilla que me llama... (Recorre la estancia de un lado a otro, busca en los rincones, mira por todas partes, cada vez más nervioso.) Ponciano (Con más miedo.) ¡Sara! ¡Sara!... ¿Sos vos? ¡Pepe! ¡Victoria! ¡No me gustan las bromas, eh! ¡Basta ya de bromas! ¡Salgan de su escondite, ya! (La voz vuelve a escucharse.)
VOZ: ¡Poncianoooo! ¡Poncianooo!
PONCIANO: (Temblando de miedo.) ¿Quién me llama? ¿Quién sos? ¿Quién sos, decime quién sos?
VOZ: ¡Ñakanina! ¡Soy Ñacaniná!
PONCIANO: (Dando un salto hacia atrás.) ¡Chaque mboi he-í juí! ...¡Y ahora qué hago!
VOZ: ¡Vení más cerca! ¡Acercate a la rejaaaa! (Ponciano, que no deja de temblar, se acerca a la reja con mucho miedo luego da un salto grande hacia un lado.)
PONCIANO: ¡Ayayayayyyyyyyyyyyy! ¡La serpiente del Circoooooooooooooo! (Aparece la serpiente, atacando a Ponciano.)
ÑACANINÁ: (Atacándole.) ¡Ssss5SSSS! ¡Vengo a buscarte, porque sos irrespetuoso...! ¡Sssssssss!
PONCIANO: (Esquivándola.) ¡No, no! ¡Por favor!
ÑACANINÁ: (Atacándolo de nuevo.) ¡Vengo a llevarte, porque tenés el corazón de piedra... ! ¡Ssssss! ¡Vos no querés a nadie, pero yo sí te quiero! ¡Sssssssss!
PONCIANO: (Esquivando (otro ataque.) ¡Ay! ¡No! ¡Espera!... ¡Quién te dijo eso!...
ÑACANINÁ: (Sin dejar de atacarlo.) Me dijeron las palomas del circo, los gorriones y las mariposas de los balcones...
PONCIANO: (Huyendo despavorido ante los ataques de la serpiente.) ¡No, no! ¡No me trates así! ¡Yo no quiero ser asíiiii! ¡Ay! ¡Ayyyy! ¡Yo no quiero ser asíiiii! ¡Ayúdenme por favooooor! (Ponciano cae al suelo, en ese instante entra Sara.)
SARA: (Sorprendida.) ¡Ndebárbaro! ¡Ponciano! (Sara llama al perro, gritando.) ¡Hércules! ¡Hércules! ¡Neique che memby! ¡Pronto que! (El perritoentra corriendo y persigue a la serpiente hasta que la hace huir. Los gritos y lamentos de Ponciano no cesan. Sara busca a Ponciano.)
SARA: (Buscando a Ponciano.) ¡Ponciano! ¡Ponciano! ¡Dónde estás! PONCIANO: (Gritando desde abajo.) ¡Sara, Sara... acá estoococooyyyyy!
SARA: (Preocupaday buscándole afanosamente.) ¡Pero dónde estás Ponciano!
PONCIANO: ¡Acaaaaaa! ¡Debajooco!
SARA: ¡Debajo de quéeeee! ¡Dóndeeee!
PONCIANO: (Gritando desesperadamente.) ¡De la he-laderaaaaaaaaa! ¡Debajo de la heladera! ¡Ayudame a salir! ¡Ayudame!
(Sara ayuda a Ponciano a ponerse de pie, Ponciano se incorpora gimiendo, luego empieza a buscar a Hércules por toda la estancia, va de un lado a otro mirando en todos los rincones.)
PONCIANO: (Descontrolado.) ¡El perrito! j El perrito! ¡Dónde se metió ése jaguá-í! ¡Ése me mordió! ¡Ese va a cobrar! ¡No le voy a dejar luego!... (Sara trata de detener a Ponciano siguiéndole los pasos.)
SARA: Pero Ponciano, ¡esperá ! A ese perro yo lo traje.
PONCIANO: (Buscando afanosamente al perro.) ¡Y a mí qué!
SARA: Lo encontré en la calle. Estaba abandonado.
PONCIANO: ¡Y a mí qué! ¡Ése me mordió!
SARA: ¡Te salvó de la serpiente, Ponciano!
PONCIANO: ¡Y a mí...! (Ponciano empieza a reflexionar.)
SARA: Si no hubiera sido por él, no sé qué te hubiera pasado, Ponciano.
PONCIANO: ¡Y...!
SARA: Él te salvó la vida...
PONCIANO: (Más calmado.) Bueno, sí, es cierto... Y vos también Sara. Vos me ayudaste mucho. Si no fuera por vos, seguro que me mordía la serpiente. ¡Segurito!
SARA: Esteee, llegué justo a tiempo nomás...
PONCIANO: (Visiblemente arrepentido.) Puede ser. Pero lo importante es que estuviste en el momento que más necesité de vos. Gracias Sara, muchas gracias.
SARA: (Con tristeza y mostrándole el brazo vendado.) Mira Ponciano ¿ves esto?... Bueno, esto no puede continuar así, hay que acabar con la violencia ¿Me entendiste? ¿Me entendiste? (Saca sale por donde entró. Ponciano va detrás de ella. La llama, pero Sara no vuelve.)
PONCIANO: ¡Sara! ¡Sara! Saritaaa. Saruchiiii. (Entonces Ponciano reflexiona con el público, camina de un lado a otro apretándose la cabeza con las manos. Compungido.) La verdad, Chicas y Chicos... la verdad es que no me porté bien con Sara, ¿no es cierto? Fui un grosero... y un maleducado... ¡Qué vergüenza! Le di un manotazo a la pizza... ¡Qué mala conducta la mía! Además, no quiero que trabaje fuera de la casa... ¡qué egoísta! Hasta Pepe y Victoria me tienen miedo, porque les trato mal... Nunca quiero escuchar las razones de nadie... ¡Uy, qué mal me siento! Tengo que darle una alegría a Sara y a Victoria y Pepe... (Al público.) ¿Qué debo hacer? ¿Qué puedo hacer? ¿Qué es lo que tengo que hacer, eh? (Sale de escena, cabizbajo y triste. Silencio total. Fin del quinto acto.)
SEXTO ACTO
PERSONAJES
ABUELA - TUGA - SARA -PONCIANO - VICTORIA Y PEPE
ESCENARIO: Una plaza donde hay mucha gente, en el barrio de Sara y Ponciano
(Aparece la Abuela por la izquierda. Llama a Tuga.)
ABUELA: ¡Tugaaa! ¡Tugaaa!, vení pues che... ¡Hola Chicas y Chicos...! (Aparece Tuga por derecha.)
TUGA: Ya voy Abuela, ya voy. Soy lento, ya sabés. ¡Hola Chicos! ¡Hola Chicas!
ABUELA: Tuguita, vos me dijiste que querés decir algo a las Chicas, a los Chicos y las demás personas que están hoy acá...
TUGA: Ah sí, es verdad... Traigo un mensaje -para todas las personas que están hoy acá- de parte de mis amigas las tortugas que viven en el agua. Les piden, que nunca más tiren bolsas de plástico a los ríos, ni a los arroyos, ni a los lugares donde nosotros vivimos... ¿Saben por qué? Porque nosotros nos alimentamos de muchas cosas que flotan en el agua, pero como no vemos muy bien (somos cortos de vista) entonces confundimos las bolsas de plástico que flotan en la superficie del agua con nuestra comida. Y las tragamos. Entonces, no podemos digerirlas y nos morimos asfixiados...
ABUELA: ¡Ay, pobrecitos los animalitos!... ¡Qué tristeza!
TUGA: (Al público.) Pero ustedes no lo van a hacer ¿verdad? ¡Bieeennn! ¡Vivaaan las Chicas y los Chicos de ...! (Lugar donde se actúa.) ¡Tres hurras! ¡Hep-Hep! ¡Hep-hep! ¡Hep-Hep!
ABUELA: Espera Tuguita, oí. Ya están llegando. Viene mucha gente. Vamos a ponernos allá detrás... que también viene Sara. (La Abuela y Tuga van saliendo por la izquierda. Al público.) ¡Viva Saraaaaa! ¡Viva Sara que es mi nietaaa!
TUGA: ¡Tres burras a Saraaaa! ¡Hep-Hep! ¡Hep-Hep! ¡Hep-Hep! ¡.Saca! ¡Saca! ¡Saca!... (Entra Sara, alegremente por derecha.)
SARA: (Agradeciendo los vítores con una reverencia.) ¡Gracias, muchas gracias! ¡Queridos amigos, queridas amigas, niñas y niños...! Muchas gracias doy a todos, y a todas, por esta demostración de solidaridad y de cariño. ¿Verdad que ustedes sufrían cuando yo sufría? ¿Verdad que sí? ¿Y que disfrutan ahora que estoy mejor...? ¿Sí?
VOZ DE TUGA: ¡Viva Saraaaa!
SARA: (Agradece con otra reverencia.) ¿No les parece que hay muchas personas que sufren porque se las trata mal? Como las niñas y los niños, que son muchas veces castigados por su papá o su mamá... Debemos respetar a los niños y a las niñas también. Porque son como todo el mundo, es decir, son seres humanos, son personas... ¿O no? Muchas personas mayores no quieren decir que maltratan a su esposa o a su esposo, pero no les importa decir que castigan a sus hijos y a sus hijas... ¿Por qué? ¿Eh? ¿Porque son pequeños y no tienen tanta fuerza para defenderse...?
VOZ DE TUGA: ¡Viva Saraaaaa! ¡Viva Saraaaaa!
SARA: (Agradece de nuevo con reverencia.) Todos podemos pensar de forma diferente. Entonces tenemos que aprender a respetar las ideas y los pensamientos de las otras personas. ¿No es cierto? Tenemos que tratarnos bien, sin gritarnos, sin pegarnos, sin ofendernos, sin faltarnos nunca el respeto. Ahora les quiero decir algo muy importante: Nosotras las mujeres tenemos que luchar para que nos respeten en nuestro puesto de trabajo, en nuestra casa, en la sociedad. Que no nos ofendan ni nos traten mal... Así vamos a construir una sociedad más justa y con más amor....
VOZ DE TUGA: ¡Viva Saraaaa! ¡Viva Saraaaa!
SARA: (Prosigue agradeciendo con reverencia.) Y, para finalizar, les quiero decir, que ninguna persona es superior a otra. Mujeres y hombres tenemos los mismos derechos. Debemos tratar de solucionar nuestros problemas y diferencias de forma cooperativa, sin hacernos daño, sin lastimarnos, sin quedarnos tristes... Pero sí con buena voluntad, con decencia, con cariño y con todo nuestro amor hacia las demás personas... ¿Verdad que es mejor así? Entonces vamos a compartir todos juntos un mundo mucho más feliz... ¡Muchas gracias! (Sara .se inclina ante el pública.)
VOZ DE TUGA: ¡Viva Saraaaaa! ¡Tres hurras!... ¡Hep-Hep! ¡Hep-Hep! ¡Hep-Hep! (Sara agradece con una reverencia, luego dice al público).
SARA: Y ahora ¿qué les parece si bailamos en esta hermosa fiesta? ¡Música! ¡Música maestro! (Suena la música y Sara empieza a bailar: Luego aparece su hija Victoria y bailan las dos, después aparece Pepe y bailan los tres, cuando termina la música y dejan de bailar, se oye la voz de Ponciano.)
VOZ DE PONCIANO: ¡Cuidado que quemo, cuidado que mancho! ¡Déjenme pasar por favor!
SARA: Pero, pero esa voz yo conozco. Es la de Ponciano. (Aparece Ponciano con una pizza en la mano.)
PONCIANO: Sara, vengo a pedirte disculpas por lo mal que me he comportado contigo.
SARA: ¿De verdad, Ponciano?
PONCIANO: Sí, Sara. Estoy arrepentido por mi conducta. No he sido una persona digna.
SARA: Así decís siempre, pero después volvés a hacer lo mismo...
PONCIANO: Sí, es cierto, pero estuve conversando con las chicas y los chicos de... (Lugar donde se actúa.) y me hicieron ver que realmente fui grosero contigo. (Al público.) ¿Verdad que ustedes me ayudaron? ¡¡Gracias!! ¡Muchas gracias por la ayuda!
SARA: ¿Cuántas veces me dijiste esto, Ponciano? ¿Eh?... Que vas a cambiar, que no vas a comportarte más así...
PONCIANO: No tengo paciencia tampoco con Victoria ni Pepe. ¡Mis hijos!, y me tienen miedo. Yo represento para ellos y para vos la represión. Un castigo... La intolerancia, la brutalidad.
SARA: Todos sufrimos en la familia, Ponciano, por tu forma de ser. En vez de vivir la vida con buen humor, apoyándonos, solucionando nuestros problemas de forma cooperativa, dialogando, sin violencia...
PONCIANO:Sí, Sara, por eso es que vengo a pedirte disculpas. Y entiendo que no creas más en mis promesas... Pero te prometo que voy a hacer lo imposible por mejorar. Te juro, Sara.
SARA:Yo quiero hechos, Ponciano... hechos. Basta ya de promesas. Para construir esta sociedad tenemos, Ponciano, fuerza, firmeza, fraternidad y solidaridad... cooperación. ¿Por qué no poner en práctica estas virtudes entonces? Nadie es más o menos que otro.
PONCIANO: Sí, tenés razón. Yo estoy arrepentido. Voy a pedir ayuda a un profesional y también espiritual. Voy a hacer todo lo se debe hacer. (mostrando la pizza a Sara.) Mira. Preparé una pizza, para que la comamos juntos. Sé que te gusta. Y a mí también ya me gusta la pizza.
SARA: ¡Gracias! ¡Ay Ponciano, qué alegría me das!
PONCIANO: Eso es lo que quiero, darte una alegría. Y ahora, Sara. ¿Querés bailar conmigo?
SARA: Sí, quiero, estamos en una fiesta.Pero después vamos, porque tenemos mucho de qué hablar.
PONCIANO: ¡Música maestro! (Suena la música. Sara y Ponciano bailan hasta despedirse del público. Salen los dos de escena, por la izquierdo. Cuando la música se detiene aparece la Abuela.)
ABUELA: (A publico) Bueno, ya han visto lo que ocurrió entre Sara y Ponciano.
(Aparece, repentinamente, laSerpiente y quiere atacar a la Abuela. Pero la Abuela la espanta con firmeza y coraje.) ¡Zape! ¡Zape! ¡Zape! (La Serpiente sale corriendo. Después, mientras cierra el libro, la Abuela dice al público.) Y yo voy a cerrar ya este libro, no vaya a ser que vuelva a escaparse la Serpiente. Pero también quiero decirles algo: ¡Nunca más violencia! ¡Ni en la casaaa! ¡Ni en la calleee! ¡Ni en el fútbol! ¡Ni en ninguuunnnaaaaa paaaarteeee! ¡Chauuuu...!
(Suena la misma música del principio, la del baile de las manos. La Abuela cierra el libro grande y aparece en la contratapa la palabra...
FIN
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HISTORIA Y ANTOLOGÍA DEL TEATRO
Autor: VÍCTOR JULIÁN BOGADO AYALA
Municipalidad de Asunción,
Fondo Municipal de Investigación de las Artes y la Cultura
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@ Editorial Arandurã
Asunción- Paraguay
Telefax (595 21) 214 295
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Asunción, marzo de 2007