LA PUERTA
Poesía de DELFINA ACOSTA
LA PUERTA
Cualquiera llama a mi pequeña puerta.
Cenar suelo con reyes y mendigos.
Ay, cómo me atareo en repartir
en dos iguales partes lo servido.
Y es entre gente que a mi casa llega
contándome unos casos divertidos,
cuando me acuerdo yo de tu anunciada
visita, bienamado, y ahorro el vino.
Mi hogar aseo día a día y pongo
sobre la mesa aroma de jacintos.
Mientras te aguardo, ¿quién también te aguarda?
Y si tú llegas, ¿cena quién contigo?
Señor, que me confundes o enterneces
con tus palabras puestas en mi oído.
¿Las cosas que me dices son las mismas
que oyen las otras y les da lo mismo?

Fuente: http://www.conplumaypapel.com ,
Registro: Julio 2010.
OTRAS POESÍAS DE LA AUTORA
ALEGRÍA
DELFINA ACOSTA
Ha sido necesario que cayera
en tierra de lombrices la semilla
y que lloviera y que pasara el tiempo
para que nos volviéramos un árbol.
Las oscuras hormigas nos trajinan.
El viento del otoño nos arranca
las hojas pero pronto llegará
la primavera y flores como rosas
nuestras delgadas ramas poblarán.
Los hombres morirán, se irán cayendo
las viejas casas y este mismo pueblo
querrá tumbarnos con el hacha un día.
Qué importará pues tras las golondrinas
aunque seamos árbol volaremos
y posaremos sobre un camposanto.
¡Y en ese sitio nos convertiremos
en sombra, aroma, trino y alegría!
AVANTI
DELFINA ACOSTA
Por poco no caí. Espantosas flores
crecieron donde fui a regar jazmines.
Las noches se volvieron en mi contra
y cuando en derredor los animales
dormían santamente yo observaba
la Luna y un temor de pobre bestia
que sabe que será sacrificada
de mí se apoderaba. Pero vino
un agua sosegada a mi existencia.
Y el cielo me acercaba sus estrellas.
Y pude retener con ambas manos
los astros que otros días vi tan lejos.
¡Si sientes que tus días no son tuyos,
que todo está perdido y que la Tierra
se abre bajo ti, recuerda hermano,
que no caerás en tanto estés con vida!
ÓYEME
DELFINA ACOSTA
Mi voz va en busca ya de tus oídos.
Yo sé que te castiga ese silencio
de Dios. No hay rama seca que se rompa
haciendo suponer que Dios camina
detrás de ti, por tan oscuro bosque,
y encienda en tu mirada una esperanza.
Pero no importa, súbete a mi canto.
Y cree. Sólo cree y se abrirán
las olas a tu paso y se pondrán
los cielos a tu diestra. La tristeza
se irá por donde entró y algún jazmín
ocupará su sitio y nuevamente
las flores imposibles de tu vida
darán su aroma en tu pequeño huerto.
Estoy aquí llamándote mi hermano.
Tan sólo calla al viento y óyeme.
Fuente en Internet: delfinaacosta.blogspot.com/