CORAZÓN DE HIERRO
Autora: SOFÍA ALVARENGA GIOSA
ISBN: 978-99953-50-94-9
Editor: ARANDURÃ EDITORIAL
Páginas: 128
Tamaño: 13 x 19 cm
Año: 2010
Literatura paraguaya
Libro paraguayo
Prólogo………………………………………………………………………............................................…… 9
Introducción……………………………………………………………………………………………………… 13
I La carta………………………………………………………………………………………………………….. 17
II Salvada por el Timbre ………………………………………………………………………………………....32
III El plan……………………………………………………………………………………………………………49
IV Y llegó el gran día ¡La venganza!…………………………………………………………………………...67
V Mejor prevenir que lamentar, Luci………………………………………………………………………..….74
VI Las horas parecían días, los días parecían años, y tal vez los años nunca pasarían………….......…78
VII Aún no comprendo si la soledad fue una simple amiga o una dura enemiga………………........……88
VIII ¿De qué yo me lamentaba? ……………………………………………………….………….………....…104
IX El día después del ayer……………………………………………………….………….……………….…..112
X Un nuevo corazón, sin cadenas de acero……………………………………………………….…………..123
UNA MARIPOSA QUE ROMPE LA CRISÁLIDA
La adolescencia es aquella época de nuestra vida cuando la crisálida de la niñez se rompe y deja salir a la mariposa que escapa a ese infinito de allí y que la envuelve con el aroma de la vida extendida ante ella con una voluptuosidad de espacios como nunca antes tuvo y que probablemente nunca vuelva a poseer.
¿Acaso alguno de nosotros, aún el más curtido por la vida, aquella persona, como hay tantas, aprisionada dentro de los barrotes que imponen, a veces la carencia, otras la abundancia, es capaz de olvidar esa etapa de su vida, causal de dolorosos sinsabores y dulces ilusiones, esa etapa que cruzamos día a día con el inconsciente sacrificio de transformarnos en nosotros mismos, ese sacrum facere que recordamos con nostalgia, con una sonrisa furtiva o con una lágrima secreta y nunca derramada?
Ese mundo doloroso e ingenuo pero siempre cruel, es el que describe Sofía Alvarenga Giosa en este su primer libro, tan adolescente como ella, tan lleno de sueños encantadores y horrorosas pesadillas, donde a través de sus páginas, con lenguaje sencillo, se encarga de hacer desfilar ante los ojos del lector que, por momentos, puede quedar sorprendido al percatarse que el libro es obra de una jovencita de 13 años, inmersa ella misma en ese universo y al que recurre para hacer su propia catarsis, lo que permite sumar, a los méritos de la novela, el haber sido escrita por una persona que está viviendo ese momento mágico que atraviesa entre inquietudes torrenciales para mañana recordarlo con la llovizna de la melancolía.
Sofía Alvarenga Giosa es la mariposa que da los primeros aleteos en el mundo de la literatura al que se acercó, desde un tiempo atrás siendo todavía una niña, al descubrir en sí la necesidad de crear y exhibir su creación a través de la palabra escrita.
Corazón de hierro es el resultado de esa inquietud propia a todo aquel que escribe y transforma en imperativo categórico la necesidad de traspasar las fronteras limitantes de la persona para trascender al universo de la realidad externa donde la obra – hija de sus afanes – será evaluada y juzgada.
Sin embargo, el verdadero escritor, no se arredra ante la opinión ajena, por muy importante que pudiera parecer quien la emite. El verdadero escritor es conciente de su don, de su capacidad y de su fuerza y sabe que el camino de la vida le proveerá de la materia prima necesaria para seguir el proceso de la creación.
Yo cuento con que Sofía Alvarenga Giosa, que hoy comienza a correr la difícil carrera de las letras, sea uno de ellos. Y por lo poco que la conozco como persona empeñada en producir, creo no equivocarme al pronosticar que podrá llegar muy lejos, si se surte de la voluntad de hierro que requiere el trabajo literario. Arrestos, le sobran.
I
LA CARTA
Un día me puse a escribir. Trataba de poner mis pensamientos en un mismo orden. Relajar la tensión, tranquilizarme, saciar mi sed con un vaso de agua y estirar los brazos, con el lápiz en la boca y mis manos tensas sobre el papel, aplicando cada pensamiento en aquella arrugada, descolorida y manchada hoja de papel.
Soñaba simplemente que algún influjo, aunque fuese sobrenatural, llenase mis pensamientos con excelentes ideas listas para ser aplicadas sobre el papel, pero sólo logré escribir: Había Una vez.
Era tan repetitiva aquella frase que me reí de la semejante mediocridad de mis inspiraciones, ésta frase se encontraba tan gastada y utilizada que no podía empezar un libro con la misma frase con el que miles antes habían empezado, era poco entusiasmante.
Así que empecé a pensar en otros títulos tal vez:
Un Día Como Cualquiera, Volví a reír dentro mío al recordar que no era nada interesante comenzar un párrafo como un día como cualquiera por mi mente paso luego:
Existía Una Vez.
En verdad me encontraba muy corta de inspiración. Suspiré y bajé el lápiz por un momento para chocar mis dedos con mi frente, acariciarme la cabeza y arreglar aquel desastre que tenía por pelo.
No había notado antes lo mucho que evitaba los malos ratos que atravesaban mi mente al observar el álbum familiar que parecía estar allí esperando pacientemente a que lo abriera y empezara a Hojear, espiar por aquellas páginas sucias y llenas de polvo, si así se las podía llamar.
Después de todo para mí eran basura y nada más, las fotos solo mostraban los supuestos momentos felices que había pasado. Eran nada más mascaras que utilizábamos para simular ser una familia feliz de mamá, papá e hija, pero la realidad era distinta, era otra. Era una realidad que yo quería olvidar.
En ese momento pasó una ráfaga brillante por mi mente como una película. Hasta podía recordar las voces:
Cuando terminará al fin la pelea.- susurraba entre sollozos.
Aún no lo sé mi niña. Confiemos en que todo termine rápido.- era Luz la que me hablaba siempre atenta, cariñosa y cuidadosa, siempre dándome fuerzas para seguir adelante.
Era muy difícil negar que el ambiente familiar digámosle, era una parte débil dentro de mi hogar. Era siempre pelea tras pelea, pero solo trataba de evitarlo, ignorarlo completamente y guardar mis sentimientos muy dentro mío, encerrarlos allí para que no salgan más, llavearlos y tragarme la llave para nunca recuperarla.
Eran conflictos bastantes fuertes pero me sentía con la obligación de evitarlos. Allá ellos con sus problemas, ya total ni me importan, si la vida decidía ponerme obstáculos, yo no me quedaría allí chillando si caía, al contrario; me levantaría, seguiría adelante. No importaba cuantas veces caía o cuanto dolía, el sufrimiento no debía acosarme y mucho menos vencerme. No me sentía ni un poquito identificada con algún ser superior después de todo si de verdad existían, ¿Dónde está?, mientras miles de personas morían de hambre, sed, frío, qué más sabía yo. Después de todo ``esas personas´´ no sabían de mi existencia, no me daban de comer y mucho menos yo dependía de ellas, así que, en vano me preocuparía, debería resultarme indiferente, ¿porque yo debería preocuparme por ellos?:
¡Qué más da!- Susurré de manera drástica, negativa incluso, enfadada. – Ellos no se interesan por mí, yo no me interesaré por ellos. De pronto recordé que lo que estaba logrando era que mis sentimientos más íntimos se revelasen para cualquier espectador dichoso de escucharme :
Vale, Guardaré silencio ya. ¡Caray! Lo había hecho de nuevo, vaya boca mía, por suerte me percate que mi mente era la única desquiciada que hablaba en voz alta, ya que mi habitación estaba llena, repleta de peluches inertes. Ningún ser que respire merodeaba por allí.
Había olvidado por completo en lo que me concentraba con tanta ansiedad:
¡Ah cierto!- Grite extasiada de nuevo.
¡Uy>!- Luego cerré mi boca tan molesta y me concentre de nuevo en el lápiz, el papel y en mi ya tan desquiciada mente. Cuando iba a empezar al fin el primer párrafo del que sería ``Mi Gran Éxito´´, empecé a observar de nuevo aquel viejo álbum familiar, y de vuelta perdí toda noción del tiempo y del espacio.
Viaje con la mente entre mis vagos recuerdos, recordaba los brazos acunadores de Luz cuando trataba de tranquilizar mi llanto. Era Luz mi única mejor amiga en ese entonces, la que me escuchaba y comprendía con cierto aire maternal. Gracias a ella seguí adelante, aunque su deseo no sería que mi corazón se volviese tan frío, sólido como si fuese de piedra, pero esta era la única manera de que me sintiera bien, con un corazón de Hierro.
Pensaba de nuevo en voz alta:
Si existiese por ahí algún ser mágico, sobrenatural quiero que sepa usted, que le estoy muy agradecida de que haya puesto a Luz en mi camino. Gracias realmente.
Eché una risilla que logré ocultar con la mano cuando me percaté que en verdad estaba de nuevo hablando sola:
Que más me importa si sólo peluches inertes son los que me miran con atención. – de vuelta había pegado un buen grito. En verdad me encontraba loca para hablar de esa manera, encontrándome a solas en aquella pequeña habitación sofocada de peluches, hasta sentía pena de ellos a los que llamaba seres inertes. Después de todo, de cierta manera, ellos eran los únicos que miraban con cierta curiosidad cada locura que pasaba por mi mente y que repetía con la boca.
Cuando me acerque a la vieja ventana que se encontraba encima de mi cama, noté que el sol se ocultaba con rapidez detrás de aquellas desparejas y casi invisibles nubes que lo cubrían muy bien a pesar de su inmenso tamaño y el excesivo calor que provenía de él. Admiraba con cierta dulzura aquel hermoso atardecer, parece que incluso añoraba tener la mano de Yasser entrelazada con la mía, luego recordé lo tonta que me debería estar viendo con aquella mueca de dolor, abrazando un peluche con tal ternura que hasta parecería mi hijo si no estuviese inerte:
Y métele a lo de seres inertes, pero por favor ¿acaso mi mente no podía guardar mis sentimientos, solo para mí? –de vuelta había chillado como si alguien estuviera escuchándome. Me retiré rápidamente de la ventana y me recosté bruscamente en mi cama. Lo hice con tanta fuerza que hasta golpeé mi cabeza con aquel colchón con resortes, y creí escuchar cómo chillaban hasta el punto de que parecían estar por salir disparados por toda la habitación.
¡Oh No! ¿ahora por loca me quedaría sin cama? -grité cuando me percate que del colchón parecía haber escapado algo– ¡debo ser más atenta! Hay Alicia, Alicia ¿cuándo llegará el día que seas más cuidadosa?, hablaba de nuevo solo para mí y para aquellos seres inertes mientras me acercaba a observar aquel raro objeto que sobresalía de la parte superior del colchón
¡ Cada sorpresa que me trae la vida!-grité ya sin temor en voz alta, solo bastaba con que estirase el brazo que colgaba de mis hombros, pero decidí incorporarme, levantarme y dar la vuelta entera para recuperar la sangre en la cabeza, era muy tonto que me alarmase así por un ligero contacto con los resortes del colchón pero esa era la Alicia que yo conocía y como todos me llamaban, siempre exagerada, un poco loca pero aceptable desde el punto de vista de muchos, me llevaba sin cuidado lo que pensarán tres víboras cizañeras huecas, Zula, Lumi y Rabel, que se creían reinas sin corona, tan huecas hasta el punto que las moscas volaban muy a gusto dentro del vacío cráneo que tenían, donde se suponía debería estar su cerebro. Genial, Genial pero la gran pregunta es ¿porque las odiaba tanto? Es simple, por qué se creían el ultimo vaso de agua en el desierto, eran malas, muy malas, no solamente conmigo sino con todo aquel que caminaba a su alrededor, su mundo giraba en torno a ellas tres, el dinero y mucho labial, eran muñequitas imperfectas, sin corazón, dominadas como títeres por el dinero, en fin dominadas por Lucifer, si existía el tal Lucifer, claro.
No puedo negar, yo no era una santa, pero tampoco pretendía hacer daño a quien no me lo hiciera, al contrario, los ayudaría, Las únicas personas que odiaba en toda la tierra era a esas tres víboras presumidas que creían que el mundo estaba en sus manos, en fin, no me percaté de todo lo que había pensado en cuestión de segundos:
¿Es que en verdad me estoy volviendo loca? –empecé a hablar de nuevo como si aquellos peluches me escuchasen, pero qué más da al fin y al cabo podían formar parte de mi lista de mejores amigos de no ser por el hecho que son:
Seres Inertes –repetí de nuevo, sonreí ocultándolo con la punta de mis dedos apresuradamente y algo exaltada, corrí hacía aquel objeto raro.
Me percate que se trataba de un sobre algo arrugado, sucio y deforme, manchado con tinta sobre él:
``Para mi Querida Alicia´´
Decía con una excelente caligrafía, recorrí las letras con la punta de los dedos desde la primera comilla hasta la última. Luego de cinco segundos de repetir el gesto, una oleada de preguntas sumergió a mi mente como si estuviera a punto de entrar en coma. ¿Cómo no percibí el sobre antes?, ¿ Es que acaso el sobre estaba entre los resortes de la cama?, ¿ Tan fuerte fue el golpe que me di para hacer aparecer desde entre ellos de tan mágica manera a este sobre?, ¿Por qué me estaba haciendo tantas preguntas?.
¡Basta ya! - repliqué - ¡Ya Suficiente! - grité de vuelta.
Decidí tranquilizarme. Es sólo un sobre más, no tiene nada de novedoso
Sólo un sobre – Susurré.
Me acerqué cuidadosamente repasando con la yema de los dedos el contorno del sobre, hasta que al fin decidí abrirlo. No pude evitar una lágrima, que corrió por mi mejilla hasta caer en el papel. Apenas había leído el primer párrafo cuando mis lágrimas habían mojado casi todo el papel. La Carta decía Así:
Querida hija mía:
Si encontraste esta carta es por pura coincidencia ya que la oculte muy bien debajo del colchón. Quisiera haberte dicho todo esto personalmente, pero mi corazón no lo aguantaría pues como debes saber, no estoy ahora físicamente contigo, pero mi corazón está allí, perdóname, no debí abandonarte de esa manera pero sabes mejor que nadie cuánto sufría estando allí con tu padre, no podía aguantarlo más, quiero una vida mejor para ti y para mí y sé que no la encontraría allí, por eso partí, ahora estoy muy lejos, no te diré dónde pero te aseguro que volveré, lejos o cerca siempre pienso en ti mi Alicia.
Mi niña, la fuerte, la que nunca se da por vencida, recuerda que yo siempre estoy allí contigo, siempre.
Siento mucho lo cobarde que fui al huir sin ti pero no quería que tuvieras que pasar todo un cambio por un capricho mío. No es fácil estar en un lugar lejos de tu hogar, niña mía. Estoy segura de que la tía Liz te cuida muy bien, y que el tío Marcos te da todo su amor como un padre y me siento mucho más tranquila por qué esté contigo Luz. Sin duda ella ha sido un gran apoyo para nuestra familia, más bien para ti, ya que mi única familia en esta vida eres tú mi niña, y no me perdonaría jamás que algo te sucediera.
Por eso creo que estarás mejor allí, con ellos que conmigo, pero te prometo que cuando sea el día indicado, yo volveré por ti, o al menos me quedaré allí contigo.
No sufras, yo me encuentro muy bien, sea donde sea que esté, no te olvido, siempre estás en mis pensamientos, en mi corazón, y todo lo que haré será por ti, para tu felicidad.
Estaré siempre, no sé si físicamente pero el día que me marché deje una parte de mi en ti y tu dejaste una parte de tí en mí.
Perdóname.
Mamá
En ese instante, al terminar de leer la carta que había mandado mamá, recordé todo lo que me había acontecido en la vida, todas las peleas, los maltratos, hasta la mañana que no encontré a mi madre y mucho menos sus pocas pertenencias. Me envolvió el dolor.
No yo…no…puedo – susurré.
Oculté mi dolor, como siempre lo hice antes, no quiero sufrir, qué más da, soy fuerte y el dolor no puede entrar en mí, mi corazón aguanta lo que sea, mi corazón es de hierro.
Traté de guardar todos mis sentimientos muy profundos, dentro de aquel corazón que creía yo de hierro, encadenarlos, olvidarlos. Me incorporé como siempre, sequé unas cuantas lágrimas y me recosté contra la ventana, recogí mis piernas y subí sobre la madera de la ventana me quedé observando y recordando todos los momentos dolorosos, venían a mi mente, no podía evitarlos.
Ni las cadenas más fuertes, retendrían aquel dolor, era inevitable. Mi corazón no era lo suficientemente fuerte para retenerlos, así que me di por vencida y dejé que fluyeran, como si fuera algo totalmente natural.
Recordaba perfectamente las constantes peleas entre mamá y papá, compadecí a mamá, nadie aguantaría, ella sólo quería un futuro mejor para mí, recordé también como Luz me arrullaba entre sus brazos tratando de evitar que escuchase todo eso, no olvidé aquella noche en que mamá recogió sus cosas, para nunca más regresar. Sólo que yo no sabía, y pensé que salía a tomar aire, no que ella se fuera y se olvidara de mí, lo único que dijo fue:
Alicia, es hora que duermas, Quiero que vayas te acuestes y pienses en cosas lindas, mañana veremos qué sucede. Recuerda que te amo con toda mi alma, mi niña, mi tesoro, pequeña princesita de mamá. –había besado mi mejilla y me había cubierto con las cobijas.
Recordé la mañana siguiente en que no la volví a encontrar, la tía Liz me había buscado para que fuera a vivir con ella y el tío Marcos. No me puedo quejar la tía Liz era una madre muy amorosa, ya que no podía concebir hijos, no olvido que Luz recogía todas mis cosas y peluches rápidamente como si estábamos huyendo de algo o de alguien, creo que así era, sólo que sé de quién huíamos. Comprendí con el tiempo que huíamos de papá.
Rememoré también a mis tres víboras preferidas. Zula la cabeza líder de las huecas se habían enterado rápidamente del abandono de mi madre. Aún no comprendo cómo, pero se enteró un día después, que no tardaron en llamarme: La Huérfana , hasta hoy, continúan llamándome así.
Recordé todos los malos momentos, pero así también recordé los buenos, esos que valían la pena guardar en una cajita como si fuesen un tesoro, pues para mí, eso era un tesoro, recordé todos los besos y abrazos de mi madre, el apoyo constante de mis amigas Luci, Ceci y por supuesto Luz, también recordé a Yasser, mi mejor amigo, que tanto me apoyo, Yasser era muy especial para mí, se comportaba como si fuese mi hermano, lamenté los ratos que no aproveché, cuando el entrelazaba sus dedos con los míos y yo rápidamente decía:
Te quiero como si fueses mi hermano.
Yo te quiero porque eres el amor de mi vida.
Me sonrojaba y retiraba rápidamente mis dedos de entre los suyos, con el codo le daba un pequeño golpecito en el brazo y le estiraba del cabello, muy suavemente, hasta que la conversación tomaba un rumbo distinto.
En el colegio no me podía quejar, pues así como existían tres víboras: Zula, Lumi y Rabel, existían tres ángeles que me protegían: Luci, Ceci y Yasser.
Académicamente no me iba tan mal así que puedo decir que me encontraba en paz, excepto por los constantes malos ratos que me hacían pasar Zula, Lumi y Rabel, pero era simple lo que hacía cuando me molestaban, y generalmente lo más ético era ignorarlas, pero Alicia no sería capaz de eso, al contrario le devolvía la misma ponzoña que le lanzaban e incluso el doble si ellas gritaban yo les gritaba el triple más fuerte, ellas ofendían yo les ofendía más, así que si rozábamos, era pelea, una pelea de palabras una más ofensiva que la otra, por lo que siempre terminaba en la Dirección frente al libro de disciplina en que decía:
Pelea con su compañera de clases durante el periodo escolar.
Recordé entre risas que un día normal de colegio, Zula había gritado en el pasillo:
Huérfana – y se echó a reír
Víbora Sssss –imité el sonido de una serpiente
Fue tan rápido que antes de que llegue el profesor, me incorporé de vuelta mientras ella gritaba una serie de palabrotas en mi Dirección. El profesor nos llevó a las dos a la dirección así que las dos tuvimos que hacernos cargo de las consecuencias de nuestros actos. Sólo que por suerte quedó bien claro quién era la víbora.
No podía olvidar lo bien que me sentía escribiendo, creando historias, títulos, párrafos y todo lo que me gustaba, escribir. Pero a pesar de que parecía que yo lo tenía todo, siempre sentía un vacío muy dentro mi, no correspondía a la ausencia de mi madre, porque a cambio de una, yo tenía tres, La tía Liz, Luz y por supuesto mi mamá, y mucho menos la ausencia de un padre porque el Tío Marcos se comportaba como tal, aparte mi padre me abandono sin ninguna explicación y si aparecía era para maltratar a mamá, así que me daba igual si seguía vivo o no, ese vacío tan grande , parecía que sólo yo lo experimentaba, ya que ni la tía Liz ni Luz lo sentían:
Ellas nunca sufrieron- Susurré.
Bueno, Bueno Alicia, basta de melancolías, la vida continúa - grité, mi boca de vuelta me había traicionado.
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