LOURDES ESPÍNOLA

Foto de LOURDES ESPÍNOLA
Nacimiento:
9 de Febrero de 1954

A VINCENT e IN MEMORIAM - Poesías de LOURDES ESPÍNOLA

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A VINCENT e IN MEMORIAM - Poesías de LOURDES ESPÍNOLA

A VINCENT e IN MEMORIAM

Poesías de LOURDES ESPÍNOLA


A VINCENT


Comprendes cómo te

nombro,

con mente quieta y silenciosa

me escucho

cuando no me escuchan,

escribo tu nombre

con el borde de la lengua,

rodando el filo vacío de los labios.

Y te extiendes luchando

en la humedad de mi deseo,

en la resonancia del silencio.

Te aíslo y separo de los otros

sucesivamente incierto,

tiemblas dentro en la garganta,

te atrapo y fortalezco;

como símbolo fresco

te hago mío.

Envuelvo tu nombre en mi contacto,

cuerda vocal que busca su instrumento.

Te estanco en el sonido de mi aliento,

te resistes,

te rindes:

te he nombrado.


De repente, te tropiezo,

te abres hacia mí

y desde el desván del alma

ese papel, esa escritura

indócil me avasalla

y me pierdo a mí misma

en el pequeño orbe de tu carta.

Suspendida en la hoja, gota a gota

salto hacia ti, escafandra en mano,

y me ciño la ropa de los tibios años.

Estoy en todas partes y en ninguna:

fantasmagórica y real,

me seduces y ahogas.

En el beso mortal

con olor a tus manos

me deshaces en caos.

Vuelvo a mi ordenado mundo,

cierro el sobre.


Pero cómo recobrar los gestos del amor,

las olvidadas trampas, las miradas

que se nutren en los ojos del otro.

Cómo despertar a mi dormido cuerpo,

despojado de noches,

amortajado en sueños,

en ardid de silencios.

Cual válvula escondida

hará correr la sangre

para entibiar rincones

e innombrables nostalgias.

Mis manos desperezan

la boca entumecida

que nutriéndose

va de tus palabras.

Apenas ya recuerdo

los ritos,

los gemidos.

Hilvanando memorias

antiguas, aprendidas,

empezará a girar

mi aliento entre tus manos.

Apenas recordando,

ensayando de nuevo las palabras.


Eres nube, eres mar,

eres olvido.

Eres también aquello

que has perdido

Jorge

Luis Borges


No estás al alba,

el diamante de la memoria

sella miradasy mi silencio acuña tu silencio.

Espejos vienen reflejando

en mi pupila lo que fue

del amor atrevido,

del callado que respirando va

en nuestra garganta

y súbito y audaz ya nos atrapa.

El vino rojo de memorias

nos inunda y nos baña

este silencio, este tímpano sordo de tus cartas,

esas claves secretas en tus libros,

esa manzana roja que mordimos,

esos susurros,

esas noches.


Vamos a considerar todas las cosas:

tu mirada empapada de otras noches,

tus manos de semilla

a punto de plantarse en mi costado,

y sobre todo tu fuego, que crea tanto

y temo me destruya;

y también

la puntual muerte del amor,

como me hablaste.

Pero mejor, no consideremos nada

y

extiende

el ramillete de nervios de mi tacto,

sólo para que Dios

no me encuentre dormida.


Insomne en soledades,

las estaciones de mi cuerpo callan,

esperando dormidas en los fuegos.

Al regresar de conquistadas noches,

náutica en fábulas y abismos,

astro demente del amor.

Soy quemante espectro.

Frente a ti,

la piel brillante al aire,

desnuda de los pies hasta el alma

y tú ni te das cuenta,

todavía.


Extraño ritual al tacto,

reconocer el libro con tu nombre:

respiras entrelíneas

y muerdes,

en las marcas de los márgenes.

Las páginas leídas

tornadas grises por tus dedos

son palabras con olor a tus poros,

amoldados, tibios, a tus manos.

La azul tapa cosquillea

cada nervio extendido de mi mano,

al tropezar luego sorprendida

con la doblada página

elegida,

la que resume alientos

y me habla.


A veces en silencio

te nombro con la urgencia de mi desesperanza.

Mi ropa son mis ansias

y están atadas a mi piel,

con esa falta de todo lo que llenas.

Respiro en tus papeles,

al borde de tu cama,

cual desnudo invisible que la sombra acompaña.

Hoy sientes en la tarde

que espejos transparentes

te devuelven mi cara.

Mis pupilas cansadas

mecidas en tus manos

te muerden cada dedo,

vedados como abismos de frutos prohibidos.

Cierro la puerta,

grito,

llamando ese rincón

poblado de tu savia.


Manos abriéndose, como interrogación no terminada

en enigma de opaco crucigrama.

Mirar el rostro y luego...

tus pies nudosos y descalzos,

blancos en la espuma de un mar

que no nos permitió vernos.

Transparencia.

¿Cuál pupila reflejará el verde o el azul?

El antiguo cuervo de tu pelo

batirá sus alas,

sacudiendo mi punto de recuerdo

en el horizonte de la tarde.


Insomnes caminantes, ya caemos,

distraídos casi, en transparencias:

con prodigioso amor

y demoliendo duras cáscaras viejas, carcomidas.

Fulminante resurrección:

así clavada

sencillamente a éste tu costado,

vuelvo

salada de naufragios,

de fantasmas

implacables, tardíos desatinos.

(y me deslizo despacio
de esta isla,

alargándome apenas en tus alas).


Desvelado vives

en los nervios insomnes de mis noches

o en el libro que guardo con tu nombre.

(Redondo y suave tacto

como alas).

Ángel de fuego,

tocas y destrozas las angustias,

asfixias y temores,

enloqueciendo mi médula en secreto.

Inventaste la creación entera

y no existía;

ángel, arcángel, espuma, alas,

antes

de que tu lengua me tocara.

Terciopelo de labios,

caracola,

húmedo, caliente,

tu aliento entre mis manos.


Y cómo contestar

esa confidencia,

de amores enredados, de azoradas esquinas,

de tardes compartidas.

Diciéndote, mi amigo,

que antes te esperaba,

que te espero,

que quisiera enredarme en tus amores,

mantenerte despierto,

que me pienses al alba.

En tu lista de amores,

azares, confidencias,

estoy aquí esperando,

respiro entre tus sábanas

llamándote, mi amigo.


IN MEMORIAM


SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ


Y ser y no.

Ser mujer,

con manuscritos de internas visiones

nombrando la experiencia.

Traduces lenguas de tragedia,

mujer abriéndose

como ostra

que lleva

su cárcel por dentro.

El resto: soledad,

verbo y polvo

masticando los años.


Repetición de ademanes, miradas o palabras.

Con defensas en alto,

con mis viejas trampas

(acechos que creía ya dormidos).

Tus ojos, lengua de Eros,

con su llama verde apenas contenida.

Vienes rompiendo las murallas

de tímpanos vacíos

en las interminables venas del insomnio.


Estabas y no estás:

ni mis amores,

ni el feroz arañazo del recuerdo

te atrapó con tal fuerza y te retuvo.

Ni el hallazgo

de calladas memorias vegetales,

ni las piedras

calientes y redondas.

Ni el asombro del árbol orgullo

somostrandoverdes frutos,

flores,pistilos y raíces.

Nada.

Caminé avergonzada,

Casi como desnuda,

Con mejillas

con párpados,

Con pestañas,

con lágrimas.


Esclava de caprichos de tu verbo

mordiendo las arterias:

me penetras,

me curas,

me sojuzgas.

Fiel, triste, sombra a mi costado,

me cortas con tu filo;

me sangras

y modelas.

Sólo necesito tu venenoso beso, Poesía:

el aire está de más

cuando te tengo.


Como tierra maldita

,el centro de tu útero.

Como interminables esclavos

sin valor de mercado:

mujerespasan a otras manos,

pero nunca las suyas

aprisionarán su propio destino.


Tanto tiempo jugando a tus trampas,

tretas y vestiduras.

Te he mirado, Poesía, en ese instante,

justo antes de que tú me atrapes.

Despacio me seduces;

ni siquiera mi hombre se dio cuenta

que me envenenas

y me llevas traicionera

hasta el nunca más

de mi propio deseo.


IN MEMORIAM



SIMONE DE BEAVOIR


Sojuzgar cada intento vital,

cubrirlo de modestia

como antiguo abanico

escondiendo la boca del deseo.

La palabra sofoca

el furor de la pupila.

Frente

a tanto silencio compartido,

en ardid bien conocido.

La piel, brillante iridiscencia,

en anticipado banquete de los cuerpos.


Desde el útero gritó

este sexo destinado

a morder el polvo de la tierra,

esta herida de futuro trunco.

Ser sometida.

Con pequeñas uñas traté

de rasgar el útero,

desbordar el agua protectora y tibia.

Aún viva

me pregunto:

¿Cuánto tiempo lleva

cada trozo en morir,

para que liberada pueda ser

por fin

yo misma, en mi potencia?


Fui la primera que aprendió

del respirar taciturno,

de la arcilla caliente de la vida.

Nacida de las sombras

fui, infinito delirio

arriesgando vagares siderales

en la callada vena de los tiempos.

Las cuencas de mis ojos ya supieron

de apaciguada quietud,

de futuros rencores, del silencio.

Fue mi cuerpo

huracanado manantial,

cueva pariendo siglos.

Eva, yo cumplo

el destino inmortal,

incertidumbre,

anhelo de los hombres.


Romper la realidad,

desplumarla en desconocidos trozos,

y esperar

el tiempo exacto:

igualdad escondida desde siglos.

Conocerse en los otros,

estar amoratada, atada a los silencios,

fibra nutrida sólo

por su propia savia.

Mujer amortajada, germinal,

ahogada sin término

en pensamiento quieto;

quisieron (hoy y tantos)

que olvidemos.


a G. R. H.


Para llegar al fondo,

(donde la célula,

médula del universo,

está dormida para ser desgarrada),

ayer mordí tantas amargas voces.

Resquebrajada veo

ahogar los ríos,

perpetuar

esta dicha falseada.

A fin de juego,

mi antiguo yo

en dos,

en tres,

en cuatro,

bajo ahogados puños.

Hoy, insomne, pongo de nuevo los pedazos

de este rompecabezas de mi espera.


En mi revés de dicha,

dubitativa soledad,

llegas, como tramposa hazaña.

Tu deliberado signo

es advertencia

de mis pesadillas,

de mis ambiguos monstruos.

Vierto tantas angustias

en la mirada del otro:

universo casual

de imagen y tumulto

que abarca la humanidad

y determina.

Con placer invisible

imagino

remotos territorios

y en ellos me diluyo.


Salto al espejo del otro,

lentamente me fundo

hasta llegar a ti

con el lastimero ramillete de recuerdos,

con el incomprensible hoy

que me amortaja.

Me rodeo

me toco

me meto hasta la isla

explorándome toda...

y me salgo despacio.

Lentamente enumero mis gemidos,

frágiles agonías,

desperezo memorias,

amordazo y sojuzgo mi silencio.


El eco singular recoge el pensamiento

envolviendo el olvido

que hoy estreno.

Me ejercito en silencios

para no descubrir que, enmascarada,

tengo necesidad de un tiempo

indefinidamente abierto y esperado.

Obstinada, descanso el peso de mi vida

sobre mi propio yo,

satisfago mi soledad, pobreza y desesperanza,

orden en el desorden apoyado.

Sin resistencia entrego el tiempo a mis quehaceres,

aprendiendo, ensayando

esta exigencia nueva:

esta soledad con que amordazas.


Dualidades vitales.

Tal vez desesperanza.

Dedicar la vida

a extrañas metas.

Frente a la ternura postergada,

los logros ríen

en ritual cansado,

cuando sólo quisiera

un conocido puerto agudo y silencioso

y respirar de veras

en tu desnudo aliento.


Levantarse

como en la mañana primera,

desperezar el caos, la tristeza,

planchar el optimismo

para verte.

Algo siempre me aguarda,

regalo de la mente,

envoltura de manos pegada a tu costado.

Desenvuelvo tus dedos

y bebo la sorpresa de tus palmas.

Recibo tantas cosas:

lenguas en punta, lanza y fuego.

Regreso,

visitante de la pequeña roca,

y te veo partir

hacia otras noches.


¿Dónde el lugar para el hombre

y su desconcertado descontento

frente al caos errante

de esta tierra?

Tanta muerte sin sangre,

tanto silencio provocado.

Angeles desesperanzados,

buscamos

en noches de caída

la madrugada de la vida.


IN MEMORIAM


ALBERT CAMUS


Meursault con el sol en los ojos,

y la humanidad.

Confrontación,

dicotomía,

todo desde el lejano prisma:

el suicidio y el resto.

Imposibilidad,

indiferencia,

mutilación de miedos, culpa, sueños:

rito

diario y preciso.

El mismo final, pero no más allá,

y el día tan radiante.


Y de nuevo siento vivir

los dormidos nervios

muertos por antiguas manos.

¿Cuándo aprenderán los hombres

a no...? El corazón despellejado

y la espera.


¿Cuándo

la marcada cita?

Hundirme en el maduro

fresco nudo de tu boca

y nacer bajo

demoradas ternuras.


Para C. R. C.,


en Trafalgar Square


La música del agua:

vienen las palomas,

ritual de la tarde.

Baten alas casi enloquecidas,

suben brazos, torso, nuca

de transeúnte ausente

o acaso confundido.

Turistas, forasteros sorprendidos,

son el amigo casual,

por una tarde.

A las ocho se alejan las palomas

dejando solo a Nelson

y sus leones.


La pequeña ciudad

se despereza, boca arriba, al sol,

las columnas extendidas

como catedral rusa con plaza al fondo.

Viejitos aldeanos con pasos diminutos,

o tal vez un granjero sonriendo

entre sandías gigantescas.

Codiciosos arbustos extienden

sus miembros a la brisa,

y tu pelo oliendo a lana dormida,

con semáforos amarillos hacia la felicidad.




A Ch. Mc C. y J. Mc. C.


Y aquella tarde de música,

colores y palabras,

preparamos el festín

y fue el regreso.

Recorrer los lugares, los sonidos-

algunas cosas ayer,

otras ahora-

y la blancura dentro,

a pesar del frío.

Manos grandes, extendidas

como alfombra diciendo bienvenido,

mirada rota por almenas,

el tiempo detenido

cubriendo todo Gales.


IN MEMORIAM


a S. G. S.


Las Damas de Avignon

bailan sobre el puente

en inquebrantable libertad.

(El arte no es verdad,

sino mentira que nos hace ver la verdad).

Formas sin peso, espacio eternizado,

tus mujeres tan vivas y brillantes

en sus celestes carnes,

mientras Dora Maar llora,

tus damiselas con sus vientres verdes

hacen así,

así me gusta a mí.


Empire State,

ciénaga del tiempo,

círculo del ponzoñoso eco.

Rito penitencial

de tal estirpe.

Cronología de quien tuvo que morir

para crearte.

Nos atrapas,

despojas

de bélicas hazañas y eróticos torneos

y en cambio exhalas

patriarcas colosales en invisible costumbre,

mito de centenarias estructuras

procreando fantasmas.


Morder

de las maduras frutas

de tu mano,

la perfecta,

rotunda, la anhelada.

Explorando

tu voz amanecida,

tus gemidos:

tibios deseos

despertando, dormidos,

los corceles antiguos,

los sedientos.


Buscar tu brújula,

ser copa, fruto, receptáculo,

sonido del amor

que se reúne en el agua y la tierra.

Tardías madrugadas

de tejer tu boca en mi almohada

(entre la madeja que recuerdo

y la que olvido).

Tersa despierto,

fecunda hélice perenne:

esta espiral acuática

que siempre posterga tu llamada.

Juego de tímpano y sonido

cargado de humedad y de colinas,

de lengua de deseo

o tensa honda.

Soy la tibia humedad

que no regresa,

soy el deseo que callado espera,

soy la otra que despierta al alba.


Extiendo la memoria

hasta tocar tu lengua,

donde otra boca

borra ya mi tacto.

En la soledad

que cae vertical en esta cama

espero, en callada humedad,

esa llamada, que fue

que no será,

pero que espero.

Me arrepiento del olvidado banquete

de tu cuerpo extendido

en esa cama blanca

que quedó intacta

a pesar del deseo,

a pesar de la noche,

del beso,

de tus manos.


Más profundo que la roja médula,

tu nombre grabado.

El resto, soledad.

El polvo masticado de los años,

clave para descifrar la vida,

oscurece la pupila.

Y comprenderme

sólo rompiendo relojes, calendarios.

Veo tu azulada voz

mirándome,

esperando.


Unas manos certeras

que detienen

el alocado jinete de mis senos,

y en las calladas nupcias

presenciamos tu cuerpo alargándose en el mío.

Brazaletes y párpados te ciernen,

quisieran retenerte

rompiendo noches en gritos y gemidos,

esperando del alocado néctar,

la cita diferida del minuto

para poder, tal vez,

vencer la muerte.


Qué pena que apenas.

Los salados huecos de tus manos

tocaron cuello, senos, corazón y alas,

pero faltaba tanto.

Cada geografía de abandonada isla

por descubrir,

penetrar, marcar el territorio,

que pudo

ser tuyo y mío,

que no fue,

que apenas.

Conocer, adivinar tus dientes, labios

demoradas ternuras

presentidas.

La redondez de cada dedo

hundido en boca melancólica

y a veces alejada.

Imaginar apenas

los murmullos, gemidos,

el secreto lenguaje del momento

que no fue,

que pudo ser.

Hoy te nombro:

qué pena,

apenas.


Y dame una amarilla siesta

de nervios encendidos,

de bocas desatadas,

de pasión taciturna

de hambre que despacio...

Para mí

ni la noche, y menos la mañana:

sólo tu isla y mi sediento mar

citando rompe la tarde.

La secreta nostalgia de la siesta,

la complicidad de las palabras

siempre, a media voz

cuando avanzan las horas.

Tus manos y tu boca

pueden navegar húmedas

cada oculto rincón sin conocer de prisas.

Y después las palabras:

qué tal, cómo te sientes

¿te acuerdas cuando éramos niños,

esa tarde?


¿Cómo atrapar este momento?

La dulce compañía de tu ausencia

lánguida se instala en mi pasado

y a veces se revela en el presente.

Cómo absorber la esencia del momento

en la desnuda isla que me aprieta,

en esta soledad que me acorrala.

Por momentos, a veces me acostumbro.

Sola, salgo de mí,y a mí regreso

en multiplicidades de persona.

No escapo a mi presencia

en la unidad cerrada del silencio.

Me absorbo y dulce me enveneno,

reduciendo palabras, pensamientos,

a esta hora absurda, dilatada,

crecida de infinito.


Hoy hablamos.

No importan las palabras ni los gestos,

pero sí los espacios de silencio.

Azorada te escucho,

extendiendo mis comas y adjetivos,

acariciándote en puntos suspensivos,

anudándote, con un punto final

en cada frase.

Para que no escapes cuando espero,

tocando casi

ese silencio tuyo.


Cada árbol una flauta

y cada flauta una lanza.

Cada ruido sinfonía

y la sinfonía un grito de batalla.

(Quien quiera comprender

que comprenda).

En silencio y sola,

el bosque se enbandera de luna,

el corazón humano

se despoja de temblores y desmesuras.

En memoria de los malos días

-estoy segura-

saldré airosa del Juicio Final:

me lo han prometido

los antiguos dioses.


Fuente: www.los-poetas.com


Registro: Agosto 2010

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