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PEPA KOSTIANOVSKY


  DESDE EL OTOÑO, 2005 - Por PEPA KOSTIANOVSKY


DESDE EL OTOÑO, 2005 - Por PEPA KOSTIANOVSKY

DESDE EL OTOÑO

Por PEPA KOSTIANOVSKY

Tapa e ilustraciones: GONZALO GARAY

Editorial Servilibro,

Asunción-Paraguay

2005 (2ª edición) 175 páginas

 
 
 
1

-¿Qué quiere decir adoptiva? ¿Por qué Lili me lo pregunta a mí? Yo soy más chica, soy nueva en el barrio. ¿Qué le digo? Si le contesto que no sé, le va a preguntar a otra nena. Y se lo va a contar.

Mamá me dijo que no tenía que decirlo. Mamá me lo había advertido: "Tu compañerita Lili es adoptada, sus papás no son en realidad sus papás. ¿Viste que son muy viejos? Su mamá murió cuando ella era muy chiquita. Ellos la trajeron y son como si fueran sus papás. Eso se llama adoptar. Pero ella no tiene que enterarse, porque se va a poner muy triste. Si alguien te lo cuenta, vos no le hagas caso -insistió Mamá-. Ni, mucho menos, se lo digas".

Yo sólo tenía cinco años,

Habíamos vuelto del exilio. Después de quedarnos unas semanas en lo de mi abuela paterna, alquilamos una casa, en la calle 25 de mayo.
Era linda. Tenía balcones. Un cuarto para mis padres y otro que compartía con mi hermano. Una sala, un hall y un comedor de diario, además del baño y la cocina que daban a un patio de baldosas rojas, con canteros alrededor y plantas de hojas de colores. Crotos, que a mi mamá le encantaban, porque en Buenos Aires no se veían. Y otra que parecía no tener hojas, sólo ramitas blandas que soltaban un zumo blanco.

Miguela dijo que se llamaba "esqueleto". Y que esa leche quemaba las verrugas. Mi mamá me la puso en una que tenía en la mano. Y era cierto, en unos días la verruga se borró. Entonces se animó a usarla en otra, que apareció en la frente de mi hermano. Y también funcionó la magia.

En la cocina había fogones, para encender carbón. Pero no los usábamos.

Papá había comprado una cocina a kerosén y una heladera: International Harvester.
 

 
En la primavera del 50 se daba una suerte de calma política.

Mi abuela llevaba adelante la Casa de Remates. Y mis tíos, Mario y Rogelio, por entonces veinteañeros, se amañaban para ejercer el oficio de martilleros aprendido de Papá, el hermano mayor.

Nosotros estábamos en Buenos Aires. Papá había tenido que escaparse, en febrero del 47, porque los pynandí (*) venían a buscarlo. Saltó una muralla y se escondió en la casa vecina. Hasta que lo rescataron José Antonio e Hipólito, con el Jeep de un cuñado que era militar.
Lo asilaron en la Embajada Argentina. Y unas semanas después consiguieron cruzarlo a Clorinda.

Mientras tanto, las hordas entraron en la casa. Rompieron papeles y libros.

Mamá decidió seguirlo, con Adolfo que iba a cumplir cinco años. Y su embarazo de cuatro meses.

En Buenos Aires era difícil conseguir trabajo. Para ellos no era una novedad. No era el primer exilio. De hecho, se habían casado en Clorinda y habían vivido un par de años en Formosa.

Para mediados de julio, en que nací yo, Papá había logrado entrar en "Democracia", que era el diario de Evita.

Mamá estuvo cuatro días en trabajo de parto, en la maternidad Sardá. Yo llegué a las seis de la mañana de un helado 18 de julio. Papá ya había salido para el trabajo. Se enteró de que era una nena a la noche, cuando volvió. No había cunas libres y me habían puesto en una viej a pileta de lavar. Dijo que era "una negrita fea".

Cuando la funcionaria del hospital les recordó que había que inscribirme, ni siquiera tenían elegido el nombre. Debía ser en memoria de su padre, José. Era demasiado chiquita para llamarme Josefa. Me pusieron Josefina. Y desde el primer momento fui Pepita.

Las cartas de la abuela Olga eran alentadoras. Los "muchachos" se las arreglaban para mantener el público. El ambiente político estaba más tranquilo.

Papá decidió intentarla vuelta. Debe haber sido por agosto o septiembre del 50.

Le fue bien, pudo entrar y a poco de su llegada se presentaron dos remates grandes. Le mandó dinero a Mamá para que viniéramos de inmediato. Pero ella quiso esperar un mes más, a que Adolfo terminara el año escolar. Y en diciembre embarcamos, en el buque "Ciudad de Asunción".
 

 
Lógicamente, yo no tengo recuerdos de ese tiempo. Pero sé que Mamá compró en Gath & Chaves un juego de copas y dos pretenciosas arañas de luces. Por supuesto, de modesto vidrio "símil cristal".

Colgó las arañas en la sala y en su cuarto. En la casa de la calle 25 de Mayo 563, casi Brasil. El juego de comedor vino de un remate, pero el dormitorio era nuevo, hecho de trébol por don León Rubín. Y tenía un tocador con un enorme espejo de luna.

En la sala, al principio sólo había una mesa, ocho sillas y un aparador cuya parte superior era un cristalero. En el fondo, otro espejo multiplicaba suntuosamente el juego de copas, que tenía jarra y un botellón de diseño espantoso, parecía un avestruz. Nicolás Latourrete se lo compró a Mamá treinta años después, en un remate. Él dice que porque los colecciona. Yo creo que de puro loco.

El juego de living vino más tarde. El tapizado, con flores rojas, me parecía lo más lujoso del mundo. Mamá colocó el sofá grande en forma de hipotenusa. Habrá sacado la idea de alguna película.

También había un "combinado", en el que escuchábamos por las noches los programas de radio de Buenos Aires, tangos y concursos de preguntas y respuestas. Y discos de zarzuelas. Hasta hoy sé de memoria "La verbena de la Paloma", canciones y parlamentos. Cuando quieran, se la canto.

Y un día, Papá trajo un piano. Mamá, siendo joven, se había recibido de profesora, pero era un desastre. Sólo sabía un tango, "Rodríguez Peña". Y lo hacía trizas. Yo me volví loca.

Tenía primas y amiguitas que estudiaban danzas clásicas. Era mi sueño. Siempre ensayaba pasos que veía en las películas. Pero Mamá era inconmovible. No estaba dispuesta a gastar dinero en los trajes y zapatillas que requerían los festivales.

Con el piano no tenía ese pretexto. Por lo demás, algún uso había que darle, ya estaba en la casa. Y la vencí. Consiguió una profesora a cuadra y media. Tenía que cruzar la calle Brasil y dar la vuelta en Mariscal Estigarribia.

Podía ir sola. De hecho, ya iba sola a la escuela. El tiempo se ocupó de corroborar una y otra vez que no tenía talento musical, pese a mis ruegos y a mi persistencia. Seguí intentando aprender a tocar el piano con distintas maestras, hasta que fui adolescente y-me resigné. Nunca pude pasar de las escalas.

Lili era mi compañerita de las clases de piano. Vivía en mitad del trayecto y volvíamos juntas. Lógicamente nos hicimos amigas.

Cuando mi madre se enteró, por otras señoras del barrio, que Lili era adoptada -condición que por entonces era absurdamente vergonzante y ocultada- se preocupó porque yo no fuera a meter la pata. Suponiendo que alguien podía decírmelo y yo, en mi inocencia, repetirlo, me explicó la situación, pero no me dio las herramientas para enfrentarla.

Sabía que no debía decirlo, pero no qué hacer ante el malicioso interrogatorio de otra nena, mucho más grande, que también aspiraba a ser concertista.

-Lili, ¿es cierto que sos hija adoptiva?

-No sé -respondió ella, insegura.

Recorrimos en silencio casi todo el camino de vuelta. Yo creía que estaba salvada. Unos pasos antes de llegar a la puerta de su casa, hizo la temida pregunta.
-¿Qué quiere decir adoptiva?

-Me parece que es "hija única". Porque vos no tenés hermanos.

No sé si alguna vez le revelaron el tremendo secreto. Pero fue la primera responsabilidad que me tocó asumir en la vida. Y mi primer encuentro con la angustia.

(*) Pynandí. descalzo.
 
Era el nombre que se autoadjudicaba el ala más fascista del Partido Colorado.
 
 
 
 
DESDE EL OTOÑO - EPÍLOGO
 

Confieso al que a esta página ha llegado
que en algún tiempo yo también creía
que ser feliz exige compañía.
Concepto muy común y equivocado.
 
Como bien imagina, quien escribe
ha protagonizado bajonazos
que como “mala yerba” sobrevive.
Y puede amanecer quien vio el ocaso.
 
Y si el bajón se pone recurrente,
nada mejor que alguna buena ayuda.
Que cuando un analista es eficiente,
se aclaran, oh sorpresa, muchas dudas.
 
Retomo, entonces, estas correcciones
que más de algún lector quizás reclama.
Esta viuda disfruta condiciones
de dueña de su tiempo y de su cama.
 
No vengo aquí a negar, por cierto pasa,
que la asalta algún brío, de repente.
Mas se da el lujo de ser exigente
y elegir lo mejor que encuentra en plaza.
 
Que no faltan por cierto las ofertas
y siempre hay disponible un voluntario
que cumplido el servicio y el horario,
sepa saber por dónde está la puerta.
 
Líbreme Dios (el mío o el de todos)
de algún pelmazo que instalarse intente
a hacerme compañía permanente
y a inmiscuirse en mis usos y en mis modos.
 
Duermo, como, escribo, leo y me baño
cuando me da la gana. Y es mi nieto
junto con mi trabajo, ya hace años,
el único pautaje que respeto.
 
Por lo demás, soy libre. Y salgo y entro.
Ajenas frustraciones ya no cargo.
Amo mi soledad y mis encuentros,
mi armonía, mis ansias, mi letargo.
 
Lluvia, sol, trueno, luna amanecida,
mi partida de naipes y mi gente
querida ¿un poco loca? ¿diferente?
No quiero concederlos. Son mi vida.
 
( Pepa Kostianovsky - 8 de abril del 2005)
 
 
 
 
 
 
 
INGENIO Y PROFUNDIDAD
 
 
 
 
La voz sonora y decidida de Pepa Kostianovsky entra apresurada al escenario de la narrativa actual de esta zona del mundo, para ser leída ahora desde una intimidad fuerte y espontánea. Es su tiempo, la suma de libros y experiencias que necesitaba para configurar imágenes y símbolos de una época y unos modos de convivencia.

Recuento, memoria encendida, mucho más: esta voluntad que hace a la autora describir y analizar su comunidad desde la radio, el periódico y la televisión, se ensancha ahora con visos de perdurabilidad, porque acepta su destino artístico. El juego libre que plantea no se reduce al conocimiento de una historia que cuenta con las sugerencias del relato "en primera persona". Hay más, y no creo que sea accidental.

Campea aquí el puro testimonio, que se mueve airosamente desde el interior hacia afuera, y viceversa, convocando a varios géneros de la comunicación. Hay aquí algo del más novedoso guión cinematográfico, hay una competencia para el regodeo pícaro con la tragedia humana, en un incesante diálogo con la conciencia. Hay aquí discernimiento, que roza a veces con algunos métodos de la observación científica. Hay análisis afectuoso de los comportamientos de sus mayores. Hay vaivenes caprichosos de regreso ¿al futuro?, como un pronóstico suave, un coqueteo con las palabras, acertijos, un almacén de cuentos sobre su propia personalidad o la de una supuesta protagonista que quizás se piensa a sí misma con el ojo sensible de quien ya está acostumbrada a la faena de recordar los pasos de esta generación del Río de la Plata, la suya.

¡Y qué oficio! Pepa es clara y sencilla. Es opinión colectiva que cuesta mucho ser una escritora o una libre pensadora en situaciones represivas. Quizás sea todo lo contra rio. Tal vez la mediocridad rampante, la ausencia de inter-locución adecuada, la resignación plural, no la hayan contagiado o... hayan logrado que se adjudicara una libertad natural que impacta desde la limpia trayectoria del relato, como si ella lo hubiera bosquejado arquitectónicamente: aquí la sociedad, su abrigo, su miseria y su esplendor, aquí yo con los otros, aquí ellos conmigo, aquí sola.

Con esta predisposición para el entendimiento que la caracteriza, Pepa Kostianovsky se pasea en vuelo rasante por un período de su vida, desde que era muy pequeña hasta no se sabe exactamente cuándo, porque no siempre ordena los tiempos cronológicos y a la vez tiene, como ya apunté, un reflejo de anticipación sobre los hechos que comenta. ¿Comenta? En realidad lo que ella hace es "destriparlas anécdotas verdaderas para convertirlas en amplios frescos sociales, literarios: caben así en sus textos distintos tipos de miradas sobre episodios que nos conmueven a quienes compartimos esta historia como sus contemporáneos.

Heredera de la escritura rápida y filosa de Isaac Kostianovsky, su hija escribe con el "gancho" de la charla de café. Pero no nos engañemos por la aparente facilidad: las reflexiones –a veces encubiertas por el aluvión informativo- navegan en las aguas de la antropología y la filosofía, a las que se suma el rico bagaje de la autora como profesional del Derecho (aunque no ejerza) y periodista, ocupaciones que fueron modelando su prosa.

Sin otros parámetros que los que le sugieren su entusiasmo, su lucidez y su instinto lúdico, Pepa muestra muy despierta la atmósfera en la que se va haciendo a sí misma. Los sustantivos se tornan exiguos a medida que avanza en sus retratos, aplicando una síntesis sobre otra, con espectaculares cierres de cada capítulo. No se puede dejar de reír de la forma en que ella se ríe de las cosas que le van sucediendo. Este humor asociado a su énfasis en los detalles, por más nimios que parezcan, hace que ella sea algo más que testigo rebelde de unos hechos que convierte en extraordinarios.

Da gusto leer este libro. La autora sabe ser muy dura y muy tierna al mismo tiempo. Y tiene clase. Esa clase que tanta falta le hace a la construcción de un estilo. Suele ser fatigoso aunar ingenio y profundidad. Pepa lo ha logrado.
 
(30 de junio 2005)
 
 
 
 
 
 
 
"DESDE EL OTOÑO" DE PEPA KOSTIANOVSKY
 
 
 
Apenas uno entra en la autobiografía (así lo entiendo yo) de la autora, nos entra también la avidez por seguir, si es posible ininterrumpidamente, el hilo de la lectura. Es que Pepa Kostianovsky usa el lenguaje como un eficaz recurso no solamente para sacarse de adentro tantas cosas vividas, sino para atraer la atención del lector, que sigue, puntillosamente, su historia de niña, de mujer, de ser humano, al fin.

Todos los que escribimos con perseverancia tenemos en común un fermento literario que, pasado el tiempo, da buenas, delicadas flores. "DESDE EL OTOÑO" comienza por la niñez de Josefina, o Pepita, o Pepa, leyendo y releyendo libros de autores universales, observando con picardía el submundo de la infancia y poniendo un denuedo casi heroico por aprender a ejecutar piezas musicales en un piano. Como la vida de Pepa Kostianovsky está relacionada con su sangre judía, el periodismo osado y la militancia política, ya puede entrever, por lo menos el lector que conoce la maestría de la pluma de la autora, los distintos, alegres y accidentados caminos que le tocó recorrer.

Su literatura tiene vuelo. El libro está escrito con oficio y tiene toda la sangre apiñada de una mujer que quiero hablarnos de su vida y las vidas de sus amigos, sus novios, sus esposos, su pasado familiar. Pepa rompió el embrujo do las autobiografías, pues escribió, con el espíritu osado que lo caracteriza, una historia libre de adornos, donde al pan se le llama pan y al vino, vino.

Busco al azar una página: "Mi drama era conseguir permiso para bailar en las fiestas grandes. Las de quince. A las que a veces era invitada por la hermana mayor de alguna compañera o una amiga de los cursos superiores. Tuve que esperar casi dos años. En tercer curso, cumplían quince años todas mis compañeras. Y ahí ya fue imposible negar-me la venia. Hasta logré reemplazar los zoquetes por medias de nylon. Con los tacos no hubo caso. Pero, a fin de año, no sólo fui invitada a la Fiesta de Colación de los del Sexto y a la despedida, que les ofrecían los de Quinto, sino que me dejaron ir. Y no `planché' una sola pieza".

Ese decir las cosas como quien habla con una persona, ese desenfado con que ella -munida de su pluma- arremete contra la fiebre barroca que aún sigue siendo punto de partida literario de quienes cultivan la narración, esas maravillosas anécdotas, que las tomamos por nuestras, a veces, pues quién no vivió y sufrió durante la dictadura del General Stroessner.

Quisiera añadir un dato, no profesional, ni mucho menos técnico, por supuesto: cuando empecé a leer "DESDE EL OTOÑO", tumbada sobre la cama, caí en las redes de la magia de su relato. Y es que la muy astuta Pepa Kostianovsky escribe para darse el gusto de atrapar a su desconocido lector y para cumplir cabalmente con la literatura.
 
(ABC, 11-IX-2005)
 

OTROS COMENTARIOS DEL LIBRO:

“Desde el otoño”, de Pepa Kostianovsky, o El Placer de la Nostalgia - Por Helio Vera (ABC, 3-IX-2005);
“Desde el otoño”: Un delicioso paseo de Pepa por su memoria - Por Chiqui Ávalos (Zeta, octubre 2005).
 
 
 

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