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GILBERTO RAMÍREZ SANTACRUZ


  GOLPE DE POESÍA– ESTADO DE ÁNIMO –TRIBUTARIO, 2001 - Poesías de GILBERTO RAMÍREZ SANTACRUZ


GOLPE DE POESÍA– ESTADO DE ÁNIMO –TRIBUTARIO, 2001 - Poesías de GILBERTO RAMÍREZ SANTACRUZ

GOLPE DE POESÍA– ESTADO DE ÁNIMO –TRIBUTARIO

Poesías de GILBERTO RAMÍREZ SANTACRUZ

Ediciones COMUNEROS

Asunción – Paraguay

 

 

Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes Saavedra

Universidad de Alicante

Copyright © Universidad de Alicante,

Banco Santander Central Hispano 1999-2001.

Accesible desde http://cervantesvirtual.com

Año 2003

 

CLAVES PARA UNA POESÍA

No estamos muy convencidos acerca de la utilidad de los prólogos. Pensamos que si un libro tiene valor, nada de lo que se diga le agregará brillo, y si no lo tiene, será inútil cualquier esfuerzo para enaltecerlo en la estimación de los lectores. Borges, en este sentido, tiene razón: el único, el verdadero crítico es el tiempo. No obstante, nada nos impide querer compartir algunas reflexiones inspiradas por poemas nuevos como los de Gilberto Ramírez Santacruz, reunidos en este libro.

En primer lugar, creemos que para la consideración de estos poemas debe descartarse todo prurito cientificista, apearse de los DERRIDAS Y BAJTINES de turno para dedicarse lisa y llanamente al disfrute de esta experiencia estética. Es lo que hacíamos cuando los diversos estructuralismos no habían enturbiado nuestra inocencia, y podíamos recibir sin anteojeras las sugestiones de las «Locas» y los «Partos» diseminados por nuestra infancia. Todavía hoy, tanto Ortiz Guerrero como Julio Correa nos conmueven, y de ningún modo sus evidentes imperfecciones resultan óbice para la admiración que les profesamos.

En un sentido más amplio -y tal como lo propone Fernández Retamar- probablemente para evaluar la producción literaria de nuestros países subdesarrollados necesitemos de parámetros menos rígidos que los que se usan en Europa. No buscamos la perfección técnica ni estilística en nuestros textos, sino apenas dar salida a esa urgencia por esgrimir las razones y las impaciencias que nos consumen. Demasiado acosados estamos -6- por carencias y necesidades elementales, y entonces no nos importa mucho que nuestros escritos tengan la brillantez de un Borges o de un Neruda. Prima casi la necesidad de expresión por sobre la de comunicación. Dentro de nuestro país, sin embargo, hay ahora una enorme preocupación por la forma. Nuestros poetas están mejor preparados, y evidentemente están al tanto de las últimas novedades estéticas. Todo esto se suma un poco a esa conocida dificultad para la expresión directa, y entonces el discurso se afina en una modulación que quiere ser aséptica, no «contaminada». Curiosamente, los más perfeccionistas son los menos ganados por la cuestión social. Pero están también los otros, los que se preocupan por el testimonio o el compromiso, y de ahí esa bifurcación en los caminos de nuestra poesía que ya señalara Josefina Plá hace varios años. Matizada, esa distinción puede ser todavía valedera. La poesía de Gilberto Ramírez Santacruz pertenece obviamente a la segunda vertiente, como casi toda la literatura que se produce en el exilio. Tiene, quizás, sus raíces en escritores «sociales» como Barret y Julio Correa (también en alguna poesía guaraní), pero enlaza, sobre todo, con la gran poesía rebelde de nuestro tiempo. Hay, en efecto, una atmósfera, un clima universal de protesta en el cual, por supuesto, también están inmersos nuestros poetas mayores; los Campos Cervera, los Elvio Romero, algún Roa Bastos y, últimamente, Carmen Soler. Sin duda hay otros nombres importantes como los de Dimas Aranda o Luis María Martínez, con los cuales Ramírez Santacruz parece tener mayor afinidad. Su voz, sin embargo, es bastante personal, y si hemos de creerle, sus devociones particulares se dirigen a los nuevos poetas como Ramón Silva o Miguelángel Meza, que hoy mismo están haciendo llamativos aportes al desarrollo de nuestra poesía dentro del Paraguay. Se trata evidentemente de una cuestión generacional, en la cual tienen mucha importancia otras manifestaciones estéticas como por ejemplo la música. Ramírez Santacruz, en efecto, es también músico, y lo mismo esgrime la palabra que el canto. (Alguna vez afirmamos que nuestra forma natural de expresión es la música, y todavía creemos que esta sospecha encierra algo de verdad: nos resulta más fácil el canto que la palabra). Pero, ¿qué es en definitiva lo que nos propone Ramírez Santacruz con este nuevo libro, el tercero de su autoría? Indudablemente, profundizar en sus intuiciones anteriores, para lo cual nos ofrece un poemario dividido en tres partes. En la primera, se ciñe a la temática del artista exiliado, que habitualmente se aferra a sus vivencias originarias que son percibidas como una pérdida y como un despojo. En el afán de recuperar esas vivencias, dice Ramírez Santacruz:


«... la siesta paraguaya es un silencio de fuego
poblada de gorriones sedientos...
y niños promiscuos en los yuyales en llamas»,

o también, la patria se dibuja como «un árbol caído / tumbado por hachas mercenarias». Es decir, el sentimiento de pérdida y la necesidad de reparación se conjugan con los sentimientos de rebeldía para dar nacimiento a esa esperanza liberadora que anima al poeta.

En su Golpe de poesía, que abre el libro proyectando el clima general de la propuesta, Ramírez Santacruz dice:
«... levantemos la victoriosa bandera de la razón
y sembremos el mundo de poemas satisfechos», sobreponiéndose de ese modo a la sensación de soledad y abatimiento que a veces ensombrece sus poemas («Pueblo triste», «Hombre y mujer», «Lamento»). Aparece también una cierta potenciación de los modos reflexivos o filosóficos, características que ya asomaban en algunos versos anteriores, pero lo importante es que el poeta consigue sobreponerse a sus caídas, y transmite finalmente esa confianza en la felicidad futura que es el centro de sus preocupaciones. Su canto -y su protesta-, si bien tienen su origen en la patria paraguaya, podrían trasladarse -8- a todo el continente, porque como dice en un poema, «Latinoamérica defiende un solo canto común y general». Los temas no son, pues, enteramente locales, sino que tienen validez para el resto de América Latina. Tales, por ejemplo, los temas del ansia y la necesidad de la paz, los del disfrute pleno del amor, o los del simple sentido de projimidad, tan perturbados en nuestros días.

En la segunda parte del libro predomina, en cambio, el tono lírico. Así en los poemas a la amada («te hablo con el corazón mojado / y con mi alma llena de goteras / para confesarte que estoy contigo en la lluvia»); o en el poema denominado «Volver juntos», donde dice:


«... ya volveremos cantando, amada mía,
cuando levante los párpados
el sol nuevo de nuestro pueblo».

O cuando se refiere a la ausencia, como en el poema «Pero sin vos», o bien cuando le impone condiciones a la amada como sucede en el poema de este nombre que proclama:


«... si amas al pájaro y no a su canto
si amas al hombre y no a la humanidad
si amas al poeta y no a la poesía...» etcétera.

Pero para el autor no se trata solamente de exaltar el amor, sino de poetizar sobre los diversos interrogantes que plantea la vida, como se ve en el poema «Cuestiones»:


«... no es cuestión de existir nada más
sino es cuestión de vivir la vida...
no es cuestión de dormir nada más,
sino es cuestión de soñar la vida...»,

o también, en este otro donde se lee:


«... no quiero saber
que la vida no tiene importancia
que la liberación todavía no es factible
que la justicia está del lado del más fuerte
y que mi lucha con ellos es inútil...».

Ramírez Santacruz consigue aliar la poesía lírica con la problemática social, desembocando siempre en un sentimiento de identificación y pertenencia con las clases más desposeídas por la vida. Como en Mallarmé, todo para Ramírez Santacruz conduce al poema, y éste a su vez se refracta sobre su país para rescatar vivencias tan entrañables como las que se refieren al primer amor, o a la necesidad y tristeza de partir hacia otros horizontes como se ve en el poema «El tren hacia el viento sur». Como sucede a menudo en los poetas de extracción popular -y Ramírez Santacruz lo es- muchos de sus versos no son perfectos, pero se salvan por la gran carga de humanidad que traen y que muestran, de todos modos, un notable enriquecimiento de su sensibilidad poética. (Cf. p. ej. el poema «Para cuando preguntes todo», dedicado al hijo).

Pero no quisiéramos abusar de esta suerte de «discurso sobre el discurso» que venimos practicando, ya que sólo se trataba de ubicar algunas claves para el disfrute de esta poesía. No podemos sin embargo soslayar la última parte del libro que se titula «Tributario», donde el poeta rinde homenaje a los padres cantores que le acompañan en la aventura, vivos o ya desaparecidos como es el caso de José Asunción Flores y Manuel Ortiz Guerrero. Apoyado en estas figuras tutelares, el poeta sale en busca de esa ardiente comunión que sólo puede darse en el corazón de la sensibilidad colectiva. Tradicionalmente los poetas suelen fungir como los profetas de sus pueblos, y unas veces de manera clara, otras de manera oscura, preanuncian la belleza que se esconde en el futuro. Tal vez ésta sea, en definitiva, la motivación más importante en la poesía de Gilberto Ramírez Santacruz. Si el lector lo percibe así, sin duda habrá conquistado el galardón más alto a que puede aspirar.

EDGAR VALDÉS
Buenos Aires, Noviembre de 1986.


Fuente:  www.elanotadordegilberto.blogspot.com

Registro: Enero 2011



GOLPE DE POESÍA


«Triste país sin vientos,

casi país del llanto,

déjenme que le cante.

 

Déjenme que le llore,

déjenme que le hable,

déjenme que lo aliente,

déjenme que lo mueva,

déjenme que lo alegre,

triste país sin vientos».

Luis María Martínez



GOLPE DE POESÍA


Hagamos el golpe

y derribemos a los cuervos verdes

de su nido hediondo

de huesos inocentes

y almas combativas.


Demos el golpe

pero con guardapolvo, overol

y si es posible con sotana,

pero la de Camilo Torres y Ernesto Cardenal:

un golpe de pan y poesía.


Hagamos sonar las campanas

pero las libertarias,

no las de los redobles fúnebres,

golpeando de tal manera...

que escuchen hasta nuestros muertos

y los N.N. recobren sus rostros de pueblo.


Demos el golpe

y reventemos el ojo al cíclope verde

y arranquemos sus garras una por una

y asistamos a su agonía imperialista

y levantemos la victoriosa bandera de la razón

y sembremos el mundo de poemas satisfechos

y por fin sabremos explicar a nuestros hijos

y padres, el significado del vocablo: INDEPENDENCIA.


Hagamos el golpe

pero un golpe de vida y poesía,

un golpe con orden del pueblo

pero nunca en nombre de Dios

y arañemos el suelo con la mirada aguda

y descubramos el rostro unánime de nuestros hermanos

sonriendo, sobre y bajo la tierra madre.



PARAGUAY DE SIESTA


El sol está en todo,

hasta en mis huesos que los creía guarecidos;

mi alma no es más que sombra de los 42 grados

y no queda un recoveco que no calcine Enero.


El desasosiego reina en la modorra quieta.


La siesta paraguaya es un silencio de fuego,

poblada de gorriones sedientos,

de duendes marginados,

lagartos jadeantes

y niños promiscuos en los yuyales en llamas.


El mediodía guaraní mensura realidades,

la frustración deja ver su silueta delimitada,

el aburrimiento adquiere su verdadera dimensión,

la impotencia se yergue como un muro de lamentos

y el sol se perpetúa las 24 horas;

mientras la lluvia amenaza y no llega;

mientras los perros lamen su nariz y jadean;

mientras el pueblo traga la última saliva

y se dispone a llover sobre la dictadura.


INTEMPERIE


Busco un techo

cualquiera,

un árbol impermeable,

la sombra de un gorrión

en vuelo puro,

una mirada apacible

de muchacha inmojable,

un hogar tibio

para mi alma fría

y mi pecho de heladera

y mis pies sin agua caliente.


Busco un techo,

pero con paredes

intransparentes y sordas,

en lo posible,

porque soy tímido

y quiero hacer el amor

lejos del mundo

y encapsulado con ella

-en el cuarto oscuro-

y que nos trague el fuego

de nuestra tentación divina.


Busco un techo,

porque soy un jilguero sin nido,

porque soy un pájaro embarazado:

de poemas a punto de nacer,

canciones a punto de parir

y una guitarra hermosa

que se arruina en la intemperie

y una espalda empachada de rocíos

y el espíritu que está cariado

de tanta dejadez.


Busco un techo

cualquiera,

un departamento en donde quepa:

mi guitarra,

una muchacha,

un amigo de la calle:

todos mis sueños

y que mi bolsillo pueda soportar.


Busco un techo de igualdad.


... MAS ÁRBOL SEMILLERO


Árbol caído, llamo yo a mi patria,

tumbado por hachas mercenarias.


Durmiente corroído, bajo las vías

y las botas del tren imperialista.


Quebracho talado, por su ejemplo de duro

y firmeza en su porte y como poste.


Tronco trozado hace más de un siglo,

retoñando cada segundo y vuelto a trozar.


Tajy derrumbado, por su valor indoblegable,

por su madera olorosa y flor a veces azul.


Planta hecha leñas y rajas

pero con el fuego durmiendo en los carbones.


Madero frutal y de simientes;

¡pronto las raíces olvidadas tocarán las nubes!


Palo desnudo de ramas y hojas dispersadas;

horquetas de nidos irrumpidos.


Árbol arrancado, llamo yo a mi patria,

mas árbol semillero:


El rollizo, sólo es el cadáver del árbol,

con los sacudones -el alma- se diseminó en millones

por la tierra que empieza a resquebrajarse con los brotes.


INDIGNACIÓN


Me indigno...

porque cada vez que quiero ser bueno

me escupen en la cara,

porque cada vez que quiero gritar

me anudan la garganta,

porque cada vez que quiero empezar

me cierran el paso,

porque cada vez que quiero trabajar

me clausuran las manos

y porque cada vez que quiero descansar

me sacuden la cama.


Me indigno...

porque cada vez que quiero soñar

me roban la luna,

porque cada vez que quiero cantar

me enmudecen la guitarra,

porque cada vez que quiero amar

me espantan con burlas,

porque cada vez que quiero vivir

me fusilan con mentiras

y porque cada vez que quiero morir

me condenan a llorar.


PUEBLO TRISTE


Hace tiempo divisé un horizonte,

voy para allá con todo a cuestas:

con mi alma desgarrada,

con mi honradez desencajada,

con mi juventud carcomida,

con mi guitarra lastimada,

con mi canción de notas grises,

con mi ilusión a punto de jubilarse,

con mi esperanza desvencijada,

con mi tristeza flameante,

con mi mirada envejecida

y con mi sol ya enlutado

por las eternas promesas cotidianas,

por las cotidianas promesas eternas,

por llamarme Pueblo, a secas


-«hombre común», «hombre de la calle»-


y no mencionan en sus estadísticas

los litros de lágrimas que he sangrado

y los poemas que he llorado.


Es cierto que me llamo Pueblo

pero olvidaron mi apellido, Triste:


Pueblo triste que empuña su lágrima

para conquistar su sonrisa.


SALIR AUSENTE


Estaba acostumbrado.

Supo que lo iban a llevar.

Ya no había tiempo para correr.

Entonces, enterró la guitarra,

desempolvó el coraje

y puso en su lugar la idea

y untó en su piel la causa...

Le abrieron la puerta.

Le hablaron como otras veces

con modales verdes y lenguaje militar:

culatazos, bofetadas y empujones.

Afuera lo recibió un puño cerrado

y un coche abierto de par en par.

Pronto pasó al baúl,

con boca y ojos clausurados

y una impotencia que usurpaba todo su ser.

No sintió miedo

a pesar del aire raro que respiraba,

pero sí una insoportable bronca,

bronca de hallarse una vez más atado

y saber, como es habitual,

que sería triturado a palos.

Es cuestión de esperar

y soportar, sobre todo. Pensó.

Luego, sintió que el baúl

era un útero del universo,

en donde un Cristo guerrillero

rompía el cordón umbilical

como una cadena herrumbrada de la opresión.

Lo que no imaginó,

entre el aire oloroso,

es que saldría del baúl ausente.


HOMBRE Y MUJER


El mundo es un jardín

La vida es una planta de rosa

La mujer es una flor efímera

pero una madre eterna

El hombre es una espina sin tiempo

cuanto más marchito

más ponzoñosa la púa

El hombre es el dolor mismo

El amor es una lluvia oportuna

y necesaria para la fotosíntesis

La tristeza es una hierba maldita

que crece a escondidas

a espaldas del hortelano miope

La esperanza es una brisa húmeda

que besa cada amanecer

la frente a la siembra sedienta

El miedo es un viento inclemente

que arrastra todas las hojas caídas

privando al suelo del milagroso humus

El mundo es un jardín

La vida es una planta de rosa

La mujer es una flor

El hombre, la espina

Y Dios es un espantapájaros

que, atalayado, mira indiferente.


DERECHOS HUMANOS


Tiene los sesos transpirados

de llorar en el alma

y sonreír con los labios

en la ventana sin brisa

de la vida diaria.

Tiene los huesos humedecidos

de crujir los dientes a solas

y lamentar en silencio

los avatares eternos

del andar cotidiano.


Tiene las sienes aplastadas

de postergar los latidos

y gritar a los cielos

sus «derechos humanos»

violados a cada paso.


Tiene sus días intervenidos

por querer decir la verdad

o por exigir la justicia

y de soñar en la libertad,

tiene las alas caídas.


CÁPSULA


Incertidumbre, palabra extensa

como una cordillera de rocas negras,

habitante perenne del alma humana,

lienzo transparente y enlutado

que cubre el rostro a la esperanza

y atraganta a la fe en el momento mismo

de tragar a Dios, sin masticarlo.


LAMENTO


No me lamento por haber nacido pobre

ni por haber temblando de miedo

ni por haber llorado de frío.


No me lamento por haber nacido campesino

ni por haber crecido a pesar de todo,

ni por haber vivido en la miseria.


No me lamento por haber nacido indigente

ni por haber sufrido la marginación

ni por haber callado el dolor.


No me lamento por haber nacido triste

ni por haber pasado hambre

ni por haber esperado tanto.


No me lamento por haber nacido oscuro

ni por haber soñado en vano

ni por haber sido entonces bueno.


Pero sí me lamento por haber nacido adulto

y lamento haber muerto niño

y lamento por los que están muriendo

y lamento por mi infancia que no volverá.


Me lamento porque aún no puedo remediarlo.


MONSTRUOS VERDES


En el Siglo Veinte existe una especie de seres,

-animales de pelo corto y sin ideas-

seres poco favorecidos por la evolución,

-bestias con forma humana y verdes-

orangutanes que quedaron a mitad de camino de la conciencia,

-gorilones carnívoros, sobre todo, primates caníbales-

seres corpulentos y mínimos de cabeza,

-monstruos con uniformes y asesinos recibidos en escuelas extranjeras-:

el homo faber y sus ametralladoras.


El Siglo Veinte es una centuria pintoresca,

-en contraste, existen seres indefensos e ilusos-

centuria habitada por tres Pablos,

-seres de segunda clase denominados civiles y víctimas-

centuria dibujada por uno de los Pablos,

- homo sapiens son los acribillados por el homo faber -

centuria poematizada por el otro de los Pablos,

-indefensos son los científicos, artistas y obreros-

y centuria musicalizada por el último de los Pablos.


En el Siglo Veinte también existe otra especie de seres,

-humanoides pálidos y campeones en elegancia-

seres dueños de las fieras verdosas y depredadoras de almas humanistas,

-proceden del Imperio norteño y necesitan que los rehagan humanos-

seres que cubren sus cuerpos con trapos y un pedazo de los mismos penden de sus cuellos

-especímenes que dan órdenes de muertes, hambres y dioses miserables-

seres muy temidos por su crueldad y diplomacia,

-adiestradores de los militares y cancerados de creerse amos del planeta-:

homo erectus y prestidigitadores de los monstruos verdes

Monstruos verdes, defecaciones de San Martín;

Monstruos verdes, color de la mucosidad de Bolívar;

Monstruos verdes, distintivos de los «boinas» asesinos de Sandino;

Monstruos verdes, caimanes mercenarios contra Solano López;

Monstruos verdes, «marines» criminales de la libertad de Granada;

Monstruos verdes, matones de Lorca, amante del verde;

Monstruos verdes, contra la esperanza azul del pueblo.


 *****************************************

ESTADOS DEL ÁNIMO


«Hoy quiero volver a poner la camisa

que me cosió mi madre al revés

mientras estaba soñando».

Ramiro Domínguez

 

«Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos».

Pablo Neruda



ESTADOS DEL ÁNIMO


Es probable que algún escuelero

trasnochado, haya pintado el mundo

en una de sus travesuras nocturnas,

con estos colores tan entusiastas,

para contagiarme optimismo:

al cambiarme el techo pálido

por un cielo con ojos de muchacha,

al encontrar en mi ventana vacía

una mirada azul y enamorada,

al cambiarme el presente negro

por un futuro verde y sonriente,

al encontrar en mis paredes oscuras

un horizonte de rosas sin tiempo,

al cambiarme el mundo nublado

por un planeta lleno de soles,

al encontrar en mi mañana muda

un amanecer de gorriones

y cambiarme la vida en blanco y negro

por un universo de todos los colores.


Es muy probable que todo sea mentira

y que sólo suceda en mi mirada camaleónica

o simplemente hoy me siento bien.


INVASIÓN CON VERSOS


Yo te encontré, muchacha tierna,

en la mesa de mi existencia de poeta,

como una hoja de papel en blanco,

en el momento justo de mi inspiración impertinente

que cubrió tu vida clara

con metáforas de piel enturbiada,

que llenó tu cuerpo de tiza

con sonetos viejos pero recién afeitados,

que diseminó tu vientre de campo

con lluvia infinitamente dulce,

que sembró tus mejillas fértiles

con besos de labios agricultores,

que cultivó tu alma de jardín

con manos tibias y morenas,

que trazó los límites de tu mirada

con horizontes de poemas grises,

que pintó tus ilusiones marchitas

con colores aún inmaculados,

que rompió tu silencio de luna tímida

con sonrisa blanca de dientes roedores

e invadió con versos ilustrados

tu corazón de cuaderno colegial.


 **************************************

TRIBUTARIO


«... y el canto de ustedes que es el mismo canto

y el canto de todos que es mi propio canto».

Violeta Parra


POR DONDE TU CANTO PASÓ

a Rudi Torga


Las calles recobraron sus multitudes olvidadas,

las flores quedaron armadas de futuro y coraje;

el campo sacudió sus alambrados de púas feudales,

y la guitarra retomó su oficio de herramienta.


La realidad volvió desnuda al escenario pueblero,

con la sonrisa cómplice del grandote Julio Correa;

la poesía reflotó sus camalotes libertarios,

de la mano de Natalicio, Hérib, Manú y Elvio.


El arado indicó el camino a la pluma,

las paredes son los cuadernos del pueblo,

el sombrero del campesino es la aureola del luchador

y el obrero en su andamio hamacó su columpiada pena

y el Avá (6) gritó por fin su «ara pyahú» (7)


La canción sembró sus arpegios combatientes,

con las manos llenas de Maneco, Flores y Emiliano;

el canto cosechó sus mieses solidarias,

en la garganta de Llorens, Juglares y Vocal Dos.


El Paraguay resurge de sus escombros heroicos,

por donde tu canto pasó...

gritó por fin su «ara pyahú»


6 Avá : hombre, en guaraní.

7 Ara pyahú : tiempo nuevo, en el mismo idioma.


CONSTRUCTOR DE AURORAS

a Félix de Guarania


Siempre te veo igual,

arriando los pliegues de la noche,

enterrando los cadáveres del miedo,

plantando abecedarios en cada paso,

cabalgando libre sobre el optimismo

y hablando siempre de la victoria segura.


Nunca te he visto de otra forma,

siempre te veo escribiendo esperanzas,

siempre te veo portando la libertad,

siempre te veo organizando las letras,

siempre te veo agremiando los sueños,

siempre te veo distribuyendo poesías.


Desde que te conozco te veo igual,

domando, sonriente, el corcoveante exilio,

alisando sereno las canas de la espera,

criando cientos de hijos literarios en la desgracia,

empuñando la palabra como machete

y cortando en mil pedazos el analfabetismo.


Siempre te veo igual,

combatiendo en la colina de la dignidad,

cubriendo a la patria de poemas ejemplares,

repartiendo pasajes para el retorno inminente,

fabricando futuro para tu pueblo olvidado

y levantando tu canto con sapukái guaraní.


Desde que te conozco, Félix, te veo igual,

construyendo auroras para nuestros días felices.


PYCHÄI (8)

a Mauricio Cardozo Ocampo, abogado de la

guarania y defensor de José Asunción Flores

ante los Caifás de la tiranía


Dijo Atahualpa Yupanqui:


«Dijo Neruda una vez en México...

'morir es caerse del alma'

y nos agarramos de sus palabras».

Como si el alma fuese una cama.

Claro que es una cama o catre

pero demasiada apacible,

en donde el cuerpo hace piruetas

y practica la postura más cómoda

para el descanso que aguarda

(un poco más abajo, en la tierra)

y baja de ella, milagrosamente,

cuando tiene que bajar

y no antes ni después.

Pero cuando el cuerpo cae

queda el alma límpida

como una cama recién tendida

y en ella soñando una guitarra

de bruces, que no se despertará nunca

y cantará siempre.


Eres como esa cigarra, don Mauricio,

que cuando llega el verano,

algo cae y algo sube, y cantas.


No. Eres más que esa cigarra, Pychäi ,

porque tu canto, tu “Yo soy purahei” (9)

no depende del verano ni caerá nunca

porque no tiene cáscara ni cuerpo

y su tiempo es siempre siempre:

mientras exista el hombre.


8 Campesino, en guaraní.

9 «Yo soy canto», canción de M. C. Ocampo.


TETAGUÁ OMYANDYVA

Ramón Silva ha Miguelángel Meza-pe


Tové tohypyi pe nde ha'í kuatiá mboypýri,

tové toikytí pyharé poyví pe nde â kysé,

tové to kañy kyhyjé rová pe nde pyapýgui

ha topá ñe'ê poravó apytépe yvoty reí.


Pehejá tosoró mboriahú sapukái pe nde purahéipe,

pehejá ta itímbú mbaretépe oicóva hapichá ruguýre;

pehejá toñaní pe nde âhomí huaitepevé

ha anivé o îti ñe'é poty tecotevê'yva.


¡Neike!, Ramó, ko'ê ko'êre katupyry ta ne moirû

ha kataî ne mandu'a ñande «kambá kambí» kuérare.

¡Neike!, Mingué, eipykúike aveí Perú Rimá kua'a rapé,

eipeha'â kuarahy ha eme'ê ndohecháivape.


¡Neike!, lo mitâ, ñaguâñáke ojavé ñehâ'â guasú,

jepytasó marangatú tetâguá omyandyva;

oñondivepá jajoká ñande retâ ñe'â kéra poty kuru,

pe ñande ha'í ha purahéi to juhú hapé te'é.



RÉQUIEN AL MBARETÉ (11)

a Armando Almada Roche


El sol achicharra los retoños de la dictadura.

La dictadura se arruga como una vieja de mil años.

Mil años después, la raza vislumbra el alba sin mal.

Sin mal imperialista, sin mal de la dictadura.

El pueblo de pie abre los ojos, mira y ve.

Ve que la aurora es tan segura como la muerte.

La muerte del mbareté , mueca del Siglo Veinte.

Siglo Veinte que el Paraguay culminará sonriendo.

Los quebrachos están más firmes que nunca.

Nunca quebraron tantas hachas represoras como ahora.

Ahora que es posible concebir la esperanza.

La esperanza auténtica de un puño en flor.

Las campanas en Paraguay doblan por la dictadura.

La dictadura que patalea como un dinosaurio enorme.

Enormes zarpazos agonizantes, certeros y mortales.

Mortales hombres que no mezquinan vidas por la libertad.


(11) Mbareté , la ley del más fuerte, en guaraní.

Según Amnesty International,

«La ley suprema del Paraguay»: el Paraguay


 


 

 

 

 

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