ALBERTO MANUEL SISA DA COSTA

Foto de ALBERTO MANUEL SISA DA COSTA
Nacimiento:
6 de Octubre de 1966

PEATÓN ALUCINADO, 2010 - Poesías de ALBERTO SISA

situación
PEATÓN ALUCINADO, 2010 - Poesías de ALBERTO SISA

PEATÓN ALUCINADO


Poesías de ALBERTO SISA

© Alberto Sisa


© Editorial Arandurã


Telefax (595 21) 214 295

Foto portada del libro: Amancio Ruiz Díaz


Asunción – Paraguay. Abril 2010 (116 páginas)



Mis pasos en esta calle


Resuenan


En otra calle


Donde oigo mis pasos


Pasar en esta calle


Donde


Sólo es real la niebla.


OCTAVIO PAZ



Imaginar y recordar...


hay un momento que no es mío,


no sé si en el pasado, en el futuro,


si en lo imposible... Y lo acaricio,


1o hago presente, ardiente,


con la poesía.


JOSÉ HIERRO


(Del Libro de las Alucinaciones)



"PEATÓN ALUCINADO" DE ALBERTO SISA


La poesía es fundamento del ser humano, al cual corresponde una realidad eterna. Su expresión entraña una función espiritual propia, de imaginación y creación. Es convertir el pensamiento en materia, expresar el ideal, descubrir la realidad, excitar la curiosidad, producir en nuestro ser un movimiento parecido a las mareas que provoca la luna al ejercer una atracción gravitatoria sobre nuestro planeta, determinando el caudal de las aguas en la inmensidad de los mares.


El poeta manifiesta en "PEATÓN ALUCINADO" sus ansias de libertad. Los poemas buscan escapar y elevarse como un sonido que flota sobre la muchedumbre lejos de la burocracia de los días. Su lenguaje fluye conciso en su variedad asumiendo una subjetividad policontextual o en el mensaje que aborda cuestiones ético-filosóficas, para luego lanzarse a la yugular a través de la denuncia social, condenando la injusticia, la guerra, las asimetrías y desigualdades, la contaminación y el daño al ecosistema.


El peatón busca poner en valor al ser humano, encontrar el espacio y el tiempo necesarios para disfrutar de la vida. Es el intérprete que nos interpela y concilia con la memoria.


El alucinado en su alumbramiento, deslumbramiento, tiene visiones o sensaciones irreales, pero es una falta de razonamiento relacionada con el burilar sagrado, como cuando los chamanes de todas las culturas utilizan elementos alucinógenos con fines lúdicos o místicos; pretende perder la lucidez y el raciocinio de la realidad, y así poder ver, oír y dar una explicación a un enigma, duda o aportando las soluciones a las dificultades.


"PEATÓN ALUCINADO" nos invita a la aventura de transitar de a ratos sendas oníricas, en el límite del expresionismo. Todo es mundano en su universo. El clímax se da en la evocación, invocación de los manes referenciales en el poema "VISIONES DE RODAR A LO INFINITO" y nos insufla de esperanza, concordia y amor en "TESTAMENTO Y EPITAFIO DEL PEATÓN ALUCINADO".


Recomendación para el leyente: sean peatones, caminen más, es un disfrute saludable; y también sean un poco alucinados, porque de ellos será el reino de la felicidad.


ARIEL VERA - Gestor Cultural



TRAJINARLO


El alba desciende en la ventana


de mi cuarto en sombras,


mi cuerpo soñoliento salta


del mullido lecho de los días


para enfrentar los embates cotidianos


que insomnes acechan las mañanas.



Es hora de vestir, desayunar y partir,


es hora de perderme en el tráfago diario,


tras papeles sellados y boletines


diseminados en el escritorio;


por la lenta agonía de los minutos


escapan mis ojos tras selladas ventanas


buscando un horizonte de plazas,


jardines y parques.



Desmembraciones


diurnas y noctámbulas,


angustioso prisionero


de cámara cenicienta


y herméticas puertas


sin escape a patios recreativos


ni conversaciones para el despiste.



Existen manos solidarias


obrantes de amor y paz


para así sentir el yo


proyectado en otros,


pues hay veces que con el alba


despierta una sonrisa sincera


que fraterniza y pasea


por el claustro de luces artificiales;


ajena a la odiosa burocracia


de todos los días.



El teléfono no calla,


los mensajes de texto ocupan casilla llena,


los e-mail invaden el correo electrónico


exigiendo respuestas urgentes,


el celular suena con su tonta cancioncilla;


la computadora se despereza


luego del pulse de arranque,


la oficina empieza a llenarse de gente,


la jefatura convoca a reunión del pleno


para trazar los planes del día;


trajín de máquinas y hombres


en la ciudad sonámbula,


las tiernas miradas se apagan,


las hormonas pasionales se diluyen,


los huesos que nos sostienen


se niegan a ser cenizas.



Vorágine de letras aletean


traviesas en la blanca hoja,


notas, dictámenes, gacetillas y cartas


inundan el escritorio,


esperando que ágiles manos


solucionen los problemas,


en medio del inexorable


devenir de los acontecimientos.



La imperiosa poesía


sueña su sueño sin dueño,


florece a cada minuto


como algo urgente, necesario,


en medio del trajín cotidiano;


sin esperar permisos ni excusas


surgen las palabras de futuro


cargadas de imágenes


traspasando los altos muros


atravesando caliginosas paredes


y complicadas redes sensoriales,


es que la palabra lleva consigo


el misterio de su encantamiento.



Desanudo la fiel corbata de los días,


desabrocho los botones de la camisa,


sentado en el banco dejo caer


los pies cansados


en el pastizal del parque


que caen como dos pesadas anclas;


extiendo mi cuerpo exhausto


y cierro mis ojos al paisaje


para sumirme en la contemplativa


levedad que ofrece el mediodía.



Transcurren monótonos los días


en círculos de indolencias,


el corazón late urgencias


desvelado por los avatares


de amores no correspondidos.


Tras biblioratos del debe y haber


suman las largas noches de vigilia,


cumplir lo asignado en lugar y hora


es la fiel tarea de todos los días,


es cuando conjuro la jornada


con baladas y epigramas de amor


para seguir sonriendo en el camino.



El presente en una mirada


reflexiva tendida al horizonte;


las ojivas de la muerte


cronometran nuestra vida


en el reloj del juicio final,


la aguja fatalista que cae


sobre nuestras cabezas


¡sea anatema!



Somos frágiles barcas


en la breve estancia terrenal,


nuestros pasos tambalean


en la cresta de inciertos designios;


el destino no juega a los dados.



***



El filósofo optimista Leibnitz cultivó el bien en el mejor de los mundos posibles, pero no esperó que crecieran los espinosos cardos del real, en los cándidos jardines de su morada.



Por el boulevard


de los sueños rotos


sucumben los ángeles caídos,


sin flashes ni maquillajes


ni luces technicolor.



De su boca brotaron


cantilenas de amor


hasta embriagar


mis sentidos


con el sutil lenguaje


de tiernas palabras


empapadas de sol.



Latidos de sombra


bajo el apacible sopor


de ardientes siestas,


fabulación de amores


y estremecidas elegías


al morir la tarde.



En rostros iluminados


de aparente sosiego


van encubiertos por la senda


los siete pecados capitales.



Alucinado sació falsos placeres.


Por caminos extraviados


desanduvo sus pasos


para disipar las tinieblas,


y así encontrar el resplandor


que ofrece venturoso el horizonte.



Bruscos bocinazos, ulular de sirenas,


vértigo de azoteas, extravío de pasos


aleteantes, gente que va y viene


con pasos sonámbulos


en la pequeña metrópoli;


efervescente extravío humano


bajo el indeleble signo


de amar y ser amado.



La busqué noctámbulo y perdido


por los viejos boulevares clandestinos,


no la encontré, ni ella a mí,


sin darme cuenta hace tiempo


que viajo por sus venas,


exalto en ciego delirio.



Prófugo del tiempo


sólo la desmemoria


vence a la muerte.



Como sediento argonauta


deseo amerizar


en tu mar de la tranquilidad


y sonámbulo deambular


por tu vasta geografía lunar


de insondables misterios.



Que en la hora conciliar


la fatiga y el esfuerzo


multipliquen los dones del pan.


De las entrañas de la tierra


brotarán los raigales de simientes


para en abierta floración al sol


ser cálices de venero alivio.



Vencedores de la angustia


sobrevivieron a terribles naufragios


e izaron banderas de redención


con el timonel enfilado a la libertad.



Rosales, mirtos, naranjas y limoneros


de la Alhambra de profundas querencias,


piel morena de ojos brunos


esencia morisca enraizada



POR ESAS VIEJAS CALLES


Calles de quemantes estíos,


fulgentes paisajes pintados


de quietud y silencio,


voces del ayer quebradas


en el calcáreo silencio


de pedregales ateridos,


naranjales ausentes,


veredas con antiguos signos


desleídos en el suelo polvoriento


que trazan los círculos del tiempo.



Antiguo itinerario de la memoria,


patrimonio del anónimo


viandante de gastadas suelas,


es preciso volver


tras los pasos anhelantes,


perdidos en tiempo y lejanía.



Calles de quemantes estíos,


breviario de salmos


de soledad infinita


derramado en vastedad


de arena y sol.



Usurpadas canteras


de pretéritos cerros,


convertidos en gastados


empedrados,


por donde transitan


mis cansados ojos.



AQUEL CUARTO EN PENUMBRAS


Ay.. quemante realidad,


solo en aquel cuarto en penumbras,


ausente de voces augurales,


el espejo roto, la vieja corbata,


un viejo rouge,


pelos y cenizas en el suelo,


el sonido del silencio


en aquel cuarto en penumbras,


y aquellos viejos rostros


en el espejo roto,


distorsionado destello de luz


la belleza surcada de arrugas


en las paredes desnudas agrietadas


por tanto dolor,


la desdicha habitada en los sombríos


párpados de unos ojos que se alejan.



BAJO SU SOMBRA


Añejo árbol de enmelenado follaje,


fronda de conventual silencio,


confabulación idílica


de alados amores.


Lorca oculto tras los gajos


canta su oda verdecida


sumido en su verde delirio,


verde viento, verde sinfonía,


verde sonido vegetal.



En su ramaje empozan los estíos


con escarchas de fugaces otoños,


flamear de alas


y trinos augurales;


concierto de canto y luz,


luciérnagas y cigarras estelares


en el melancólico mes de diciembre;


centenario tallo memorial


con vestigios de amor grabados


en su rugosa corteza de fuego.


Añejo árbol de raíz profunda


extendida al centro de la tierra,


bendecidas lágrimas caídas del cielo


que germinan sombras del querer,


pencas de hojas por donde migran


los sueños, que viajan lejos, muy lejos,


bajo la luminiscencia


de su fecunda corteza.



COLOQUIO MATUTINO


Marité, que en las mañanas


broten de tu boca palabras


de bienaventuranzas,


que la brisa bañe por siempre tu rostro


con el gesto ameno y cordial,


que el sol alumbre en tus ojos


con todo el fulgor de tu serena mansedumbre,


y que las camelias crezcan


sonrientes en el sereno de tu cabellera proletaria;


hoy no me pidas hablarte


de proyectos, notas, números, ni del debe hacerse;


háblame de tus sentimientos, aspiraciones, quebrantos,


miedos y esperanzas,


háblame de tus fantasmas,


de la vertiginosa carrera contra los avatares de la existencia,


hambre, miseria, intolerancia,


erigidos jinetes apocalípticos en el globalizado


horizonte en sombras;


háblame de tus preocupaciones,


de las llamadas ibéricas puertas del porvenir,


de todo lo que representa el éxodo y desarraigo de sideral dolor,


háblame de tus desvelos de madre,


de tus urgencias en este tiempo de esperas,


háblame de tender puentes


con palomas, mariposas y colibríes,


lo esencial es también invisible en los ojos,


decías parafraseando al Principito;


Marité, caminemos juntos por la vida


para anunciar como aquel poeta beat


"que el peso del mundo es amor,


el deseo final es amor".


Sí es cierto, veo que tus ojos ya no son los mismos,


el polvo gris del sufrimiento traza


surcos ojerosos en tus párpados


por noches de insomnios,


amaneceres de ausencias


y mañanas embargadas


de cariño, leche y pan.


Marité, no desfallezcas,


no claudiques, no desesperes,


unámonos a las encendidas palabras de Vinicius,


quien nos dice en profesión de fe:


es preciso reconquistar la vida.



PEATÓN EN LAS ALTURAS


"Zaratustra tensa el delgado hilo entre el bien y el mal".



Peatón suspendido en el cordel


de alta tensión,


asido a la vara de equilibrio


sobrevuela a su propia sombra;


allá arriba solo en el vaivén


de lo absoluto,


balanceándose en las alturas


sin cabos de amarre,


tensa el filo del coraje


sacudiendo el hilo del desvarío


por encuna de torres y tejados;


sobrevive a las brumas de los días,


al tendal de odios, mentiras y avaricias,


extendidos en los bifurcados


rieles existenciales;


sobrevive


a vacíos bolsillos, falsos besos,


árboles mutilados, asexuados viandantes,


a mujeres de cautivos destellos,


ceñidos encajes y sinuosas caderas,


orinados panteones, piratas del asfalto,


al puñal de las blasfemias,


a blancas humaredas del apocalipsis,


granos envenenados en las sementeras,


y ondas magnéticas corriendo por las venas;


allá arriba en las alturas


que también es abajo,


comprometido a encontrarse el mismo,


con la bullente sangre apuntando


al corazón del desamor y la indiferencia,


camina sobre la transparente línea


que separa el abismo del cielo,


bamboleándose a cada paso


hasta el final incierto de la última línea;


mitad hombre, mitad marioneta,


mitad ángel, mitad bestia,


oscilando alucinadamente


entre la fe, la sinrazón y el deseo.



DESDE EL PUENTE


El calmo y frío rostro del torrente me pidió un beso.


Langston Hughes



Eran dos pequeños ojos crispados de penas


subiendo al barandal de los desterrados,


equilibrista de cornisas y azoteas de fuego,


decidido a romper el cordón umbilical


que lo une a tierra;


el no ser de frente al vacío


decidido a cruzar la otra orilla


que separa la vida de lo desconocido.


¿Quién lo escucha en la noche tan inmensa


como el silencio mismo?


Extraño animal nocturno


dispuesto a precipitarse al abisal lecho del olvido,


para dormirse bajo un manto de musgos


junto a los duendes del río;


descansar tal vez, poner fin al desamor,


al tedio de la rutina de ir muriendo


lentamente todos los días;


abajo, el turbio remolino de las aguas,


a su frente, el viento silba desquiciado


a los oídos; a lo lejos,


miríadas de luces de la ciudad


lo guiñan en la noche enajenada;


los labios resecos y partidos,


parecen murmurar la sentencia


de Maiakowski, en su noche final,


"La barca del amor se ha estrellado


contra la vida cotidiana";


el corazón latiendo como tropeles


de caballos desbocados en fuga,


con la mirada puesta en el horizonte,


ser o no ser, en la ineluctable encrucijada


en la noche aleve al destino;


un relámpago de lucidez


compendia su vida fragmentada


en gimientes de ausencias;


la conciencia retrocede hacia la negrura infinita;


el dilema de hundirse en el lino del lecho sombrío,


o seguir respirando el hálito de auroras boreales;


el remolino gira en vertiginoso círculo


devorador bajo sus pies,


abriendo sus tenebrosas fauces


de blancos y sedientos dientes de espumas,


en la glacial mudez de la noche cómplice.



TRES PERSONAS EN UNA


En un café de Lisboa, Fernando Pessoa reúne a sus


amigos, los poetas Alberto Caeiro, Ricardo Beis y


Alvaro de Campos. Voces Habitadas desde el yo,


diletancia poética surgida en las voces del propio


desasosiego. Café de por medio y unos puros


cubanos. Pessoa dice que todos los ocasos se


fundieron en su alma, y quienes leen lo que escribe


sienten en el dolor leído. Ricardo, el helenista,


sentencia que quien quiere poco, tiene todo; quien


quiere nada, es libre; quien no tiene y no desea, siendo


hombre, es igual a los dioses. Alberto, el panteísta,


afirma no creer en Dios porque nunca lo vio, la


divinidad está en los árboles y las flores, la luz, la luna y


el sol. Alvaro, el futurista urbano, afirma que el


hombre debe abarcar la humanidad de todos los


momentos, simpatiza con una piedra, un ansia, sea una


flor o una idea abstracta. Pessoa absorbe sus propios


fantasmas en el vuelo imaginario de otras vidas,


amores, filosofías, ilusiones, desencantos, en un


solo hombre, todos, o tal vez nadie.



Y NOS QUEDA LA PALABRA


En el vértigo de los días


mis ojos desvaídos


transpiran tristezas


de impotencia y dolor,


ver al mendigo hambriento,


al niño abandonado,


a la madre desarraigada,


los bosques consumidos


por la voracidad del fuego


en el horizonte crepitante


en llamas;


impotencia y horror


con un cielo ceniciento


de viciadas nubes de hollín


envejeciendo nuestras sienes,


impotencia y horror,


el dióxido de carbono cegando


el aire, rostros, pulmones;


impotencia y horror,


de la mano del hombre


las dispersas semillas del mal


descienden siniestras por surcos


de viento, fuego y agua,


sentenciando al hombre


a la muerte congénita;


acorralados, envenenados,


intoxicados, asfixiados,


emboscados por los


altos muros de la avaricia


y las jaurías sedientas de poder;


silenciados por pensar diferente,


injuriados por apuntar al alba


con la verdad única;


al final, la palabra nos libera


con el vaticinio


de los antiguos profetas;


la palabra victoriosa


que atraviesa círculos y


complicados laberintos,


la que horada con el verbo fraternal


los fríos corazones


e ilumina las mentes de oscuros designios,


para ser alfa y omega,


tierra y cielo, amor y odio,


beso y afrenta, flor y marchitez.


El poder de la palabra


convertida en velo intangible


de incandescencias,


que busca inacabados


refugios de amor,


la que proclama un reino de paz


desde la cumbre del Tabor,


la palabra que mece triunfante


las olas del Leteo y el Aqueronte,


la que predica por los


ardientes caminos de


La Meca y Compostela,


la que acciona los dormidos resortes


del coraje y la pasión,


la que manda cumplir


los Diez Mandamientos,


la palabra exacta y salvífica


que combate la impiedad,


enamora, idolatra,


alienta a desamparados,


ayuda a desvalidos


y redime a pobres y ricos;


¡ay, la palabra!


que camina al compás


del latir ciudadano,


que danza, ríe,


llora, libera, dialoga y apacienta


en la insondable luz del alba.



TESTAMENTO Y EPITAFIO DEL PEATÓN ALUCINADO


Señoras, señores, madres, padres,


jóvenes, adultos y ancianos,


dejen atrás los insultos, rencores,


enojos, odios e injurias,


entiérrenlos en el cieno profundo


con el humus del olvido;


llenen sus días


con tiernos salterios


que hacen al buen vivir;


sean portadores de Buenas Nuevas,


sobre todo amen y celebren


el prodigio de la naturaleza,


que las palabras sirvan al bien,


pacifiquen, hermanen, armonicen,


restañen heridas de guerras,


traiciones e infamias;


testamenta un peatón alucinado


agobiado por el peso de gritos


y silencios sin respuestas,


que por único LEGADO


deja grabadas con suelas de fuego


en el destemplado rostro del asfalto,


estas sinceras palabras de ofrenda:


Por aquí pasó un hombre que amó.



LAS EDADES EN EL TIEMPO (A MANERA DE EPÍLOGO)


Las edades transitan su ciclo vital en el tiempo consumido por los años. Nacemos y crecemos con el ansiado devenir fijado en horizontes venturosos, pero con caminos anegados de contratiempos, cumpliéndose aquel aserto de Ortega y Gasset, "el hombre y sus circunstancias". Los espejos transparentan la edad biológica, pero no reflejan el interior nuestro donde anida la conciencia, esa luz nunca dormida en las intrincadas redes cerebrales, dispuesta a despertarse con la estrella de las buenas acciones que naturalmente predispone y obra en el hombre, pues somos seres llenos de pasión, imbuidos de nobleza y buenos sentimientos. ¿Podrán ser alguna vez los espejos, reflejos de nuestra alma? Venimos desnudos al mundo y desnudos vamos a esa dimensión desconocida, henchidos de eternidad ¿Acaso en vida no debemos transparentarnos desnudos, libres, sanos, con la límpida conciencia despierta frente al "yo" de nuestra existencia, de cara al sol? Los niños juegan, ríen, se divierten sin malicias. Los jóvenes adquieren sus emociones y sentimientos agudizados por el desarrollo de sus hormonas que hacen al pleno vivir, radiantes, desbordantes, llenos de energía y con el despegue in crescente dula facultad del razonamiento. La juventud lleva consigo el sello indeleble de amar intensamente y el de gozar a plenitud ese enamoramiento tan natural del ser, pero a la vez se encuentra con un mundo conflictivo, en el que debe medir sus impulsos para no colisionar contra "los muros de la vida cotidiana", pero no por ello deja de fijar la vista en la conquista de sus metas con determinación y coraje. El niño será siempre niño, el joven será siempre joven, en su etapa biológica, pero siempre los mismos en esencia. Mirándonos al espejo debemos transparentar el ser y no obrar como un mero reflejo alucinatorio de perfiles y poses en falso. El hombre debería transfigurar su propia realidad siendo auténtico y consecuente consigo mismo, para de la tristeza dar paso a la alegría. Y qué mejor energía vital que la propia poesía como expresión de cambio para que este mundo sea más habitable. Todos podemos aportar una estrofa al mundo, nos decía el viejo Whitman. El niño que sonríe jugando, el joven que sueña, que ama y lucha por sus conquistas creciendo en el inexorable tránsito a la adultez, paso a las edades del tiempo con los invisibles tensores que sostienen los huesos del tiempo. La candidez de un niño; la juventud y sus energías transformadoras; el sosiego y la madurez del hombre adulto, son círculos del tiempo que se cumplen, así como la inevitable encrucijada de la conciencia y el ser, formando un poderoso ente unitario que orientado hacia los nobles fines humanitarios, podrá navegar victorioso dejando atrás el proceloso mar de la incertidumbre y la angustia. Qué es la vida, sino una florescencia de sentimientos atesorados en la viva presencia de los días.



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