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JUAN BAUTISTA RIVAROLA PAOLI


  LAS MISIONES JESUÍTICAS - Por JUAN BAUTISTA RIVAROLA PAOLI


LAS MISIONES JESUÍTICAS - Por JUAN BAUTISTA RIVAROLA PAOLI

LAS MISIONES JESUÍTICAS

Por JUAN BAUTISTA RIVAROLA PAOLI


LLEGADA DE LOS JESUITAS AL BRASIL

FUNDACION DE SAN PABLO

Refiriéndose a los orígenes de las misiones jesuíticas, Juan Bautista Rivarola, manifiesta: "La documentación brasileña al respecto es profusa. Citaremos solamente una fuente de información, sin duda inobjetable, la del Padre Serafín Leite, el que afirna que el propósito de organizar en el Paraguay una misión jesuítica arranca del año 1551, y que para el año 1552 hallándose preparados con el Padre Manuel de Nóbrega a fin de iniciarlas".

"Cabe señalar que los jesuitas portugueses no sólo se habían propuesto evangelizar a sus indígenas, sino a los guaraníes del Paraná y llegar al Río Paraguay a fin e "reintegrar" a la soberanía portuguesa las tierras que decían les pertenecía, y llegar hasta la Ciudad de la Asunción".

"Proyecto tan vasto no tuvo sin embargo éxito. Los jesuitas portugueses no levantaron por las regiones del Guayrá ni doctrinas ni reducciones y así la Corona de Portugal no pudo seguir adelante y triunfar en el conflicto que mantenía con la Corona española desde hacía más de medio siglo".

"Este éxito reservó el destino a los bandeirantes paulistas" (431).

"Después de haber edificado a la orilla del mar la Ciudad de San Vicente –nos cuenta el P. Charlevoix–, habían enviado desde allí los portugueses, conquistadores del Brasil, algunas colonias a las tierras cercanas. Fundándose con esto algunas poblaciones, siendo una de las más célebres entre ellas la de San Pablo, que fue fundada en una comarca denominada por los naturales del país: PIRATININGA, de donde tomó la población su sobrenombre. Poco después de su fundación, habiendo hallado el P. Manuel Nóbrega, enviado al Brasil por San Ignacio, donde fue el Provincial de la Compañía, que aquella pequeña población estaba muy convenientemente situada para formar numerosa cristiandad de indios brasiles, que pensaba fueran más dóciles que los de las cercanías de San Vicente, transportó allá el colegio de esta ciudad; y por haber llegado la vigilia de la fiesta de la Conversión de San Pablo en 1554, dedicó la iglesia del nuevo colegio al Apóstol de las naciones, cuyo nombre con el tiempo vino a ser el de la villa y en adelante se llamó siempre SAN PABLO DE PIRATININGA".

"Con el auxilio espiritual –prosigue el P. Charlevoix–, y ayuda de los jesuitas de aquel colegio, se conservaron sus habitantes piadosos por algún tiempo, y los indios de aquel distrito, que fácilmente lograban los Religiosos evitar que fueran maltratados, abrazaban a porfía la religión católica. Mas esto duró poco, y la colonia portuguesa de San Pablo de Piratininga, en la cual habían fundado su mayor esperanza los Misioneros, vino a ser muy luego un obstáculo a sus conquistas espirituales. El mal procedió al principio de otra colonia inmediata a la de San Pablo, y en la que la sangre portuguesa estaba muy mezclada con la de los brasiles. El contagio de su mal ejemplo cundió rápidamente en San Pablo, y de esta mezcla salió una generación perversa, cuyos desórdenes en todos sentidos llegaron a tal extremo, que a estos mestizos se dio el nombre de MAMELUCOS, a causa de su semejanza con los antiguos esclavos de los Soldanes de Egipto. Estableciéronse entre ellos gran número de bandidos de diversas naciones, portugueses, españoles, italianos y holandeses, que huían a la persecución de la justicia de los hombres y no temían la de Dios. Acudieron muchos indios brasiles, y habiéndose apoderado de ellos la aficción a la vida de bandoleros, se entregaron a ella sin límites y llenaron de horrores una inmensa extensión del país".

Más adelante, el P. Charlevoix, culpa a las Coronas de España y Portugal, no haber puesto coto a las depredaciones de los Mamelucos paulistas. Pero ocurrió todo lo contrario. "De modo que sólo el espíritu de libertinaje y el atractivo del bandolerismo, es por lo que durante largos años han andado recorriendo aquellas vastas regiones salvajes, en medio de increíbles fatigas y continuos riesgos, despoblándolas de dos millones de hombres (432). Por otra parte, nada más miserable que la vida que llevaban en aquellas correrías, que a menudo duraban varios años sin intermisión, pereciendo en ellas gran número de ellos mismos, y hallando otros a su regreso que sus mujeres habían tomado ya otros maridos. Finalmente, su mismo país hubiera quedado bien presto sin habitantes, si a los que no volvían no se hubiesen substituido cautivos, que traían de sus correrías o indios con quienes tenían hecha alianza".

"No padecieron menos de parte de estos salteadores los españoles del Paraguay que las naciones indias que se hallaban a su paso. Mas no podían quejarse sino de sí mismos; hubiérales bastado defender las Reducciones contra los asaltos de los Mamelucos, quienes nunca hubiesen podido franquear aquella barrera. Su desgracia fue que se dejaron cegar del interés. No veían en aquellas nuevas cristiandades más que un obstáculo puesto a su codicia, y no conocieron la ventaja que de ellas podían sacar legítimamente, sino cuando vieron toda aquella frontera despoblada y arruinada completamente" (433).


LOS COMIENZOS


"El esbozo de los planes para el establecimiento de misiones entre los guaraníes del Paraguay –dice Magnus Mörner–, se inició a mediados del siglo XVI, casi 30 años antes de la unión hispanoportuguesa y en una época en que los jesuitas, recién establecidos en el Brasil, aún no tenía representación en las colonias españolas de América. Por entonces unos españoles de Asunción habían llegado ya a San Vicente, y, según los miembros portugueses de la Orden, instaron a los jesuitas a ir al Paraguay para ocuparse del cuidado espiritual de indios y blancos. Nóbrega, el padre provincial, se mostró entusiasmado ante el proyecto, especialmente porque, como patriota portugués, vislumbraba la posibilidad de intensificar así los reclamos de Portugal sobre el Paraguay que, por cierto, se hallaba dentro de la siempre variable línea de demarcación". Más adelante apunta Mörner: "En 1556, el secretario de Loyola analizó la situación en una carta dirigida a un jesuita de la Corte de Felipe II: allí sostiene que si Nóbrega envía sacerdotes al Paraguay, ha de contar con la previa autorización expresa del Rey de España. Todos los intentos de los jesuitas en pos de la obtención de tal permiso del Consejo de Indias resultaron infructuosos: el proyecto paraguayo no prosperó" (434).

"Francisco de Victoria, un dominicano portugués de origen judío, que antes de convertirse en religioso había actuado como comerciante en Perú fue el obispo de Tucumán en la década de 1580. Hemos comentado ya cómo, en 1585, envió el primer barco de carga desde el Río de la Plata a Brasil; por medio de ese barco dirigió, asimismo, un mensaje al jesuita provincial de Bahía solicitando sacerdotes dispuestos a trabajar en las misiones de la región del Plata, y, simultáneamente formuló un pedido similar al provincial peruano. Se ha señalado ya que los jesuitas estaban establecidos en el Perú desde 1560, de ellos, unos pocos llegaron a Tucumán en 1585; dos años más tarde, procedente de Brasil, arribó un nuevo grupo a bordo de la nave Victoria, tras haber sido interceptada por piratas ingleses que se apoderaron de todos los bienes pertenecientes a los jesuitas y al obispo. Inicialmente los jesuitas portugueses supusieron que la región del Río de la Plata integraría la provincia jesuítica del Brasil: la presencia de los jesuitas peruanos, sin embargo, dio por tierra con su proyecto, y, en consecuencia, el superior que había sido asignado a esa zona regresó a Brasil, mientras que los restantes, tres en total, fueron destinados a las misiones que rodeaban Asunción. De acuerdo con las instrucciones generales de Felipe II que establecían la separación de las misiones españolas y las portuguesas. Aguaviva, General de la Orden, emitió un decreto, según el cual, la región del Río de la Plata pertenecía a Perú, lo que, al menos provisionalmente, resolvía el problema" (435)

Por su parte, J. C. Chaves, citando a Astrain, expresa: "Llegaron desde el Tucumán en agosto de 1587, los tres primeros jesuitas: padres Saloni, Ortega y Field. No pudieron ser recibidos por el obispo Guerra que en consecuencia de su conflicto con el adelantado se había ausentado al Perú. Fue bien recibidos por el provisor, un fraile dominico, Mendigorria, quien los recomendó al pueblo de Asunción".

"Enseguida, los jesuitas comenzaron a trabajar predicando a los españoles y adoctrinando a los indios. Al cabo de unos meses el padre Saloni se quedó en la ciudad y los padres Ortega y Field fueron en misión a los campos del Este".

"En 1593 llegaron otros tres jesuitas: los padres Juan Romero, Marcel de Lorenzana y el hermano Juan de Aguila. Al año siguiente el padre Romero pidió y obtuvo del gobernador permiso para abrir una casa en Asunción (436).

En calidad de visitador por el general de la Orden, Esteban Páez, llegó a Perú en 1599, con el objeto de encontrar la manera y los medios de mantener la disciplina interna en la extensa provincia jesuítica, cosa que el provincial no había conseguido. Un extraordinario e íntimo colaborador que desempeñaría importantes sucesos en la vida de las Misiones en el Paraguay, acompañaba a Páez, el jesuita Diego de Torres Bollo, nacido en Castilla en 1550, hombre talentoso, idealista y extraordinariamente vigoroso. Sin embargo, le tocó una tarea ingrata, zanjar las diferencias entre jesuitas, solicitando la división de la provincia jesuítica del Perú en dos subprovincias: Nueva Granada al norte, y un sector que incluyera la región del Plata, luego denominado Santa Cruz de la Sierra, al Sur. El único jesuita que quedaba en el Paraguay fue el irlandés Fields, quien permanecía en Asunción. A las quejas de éste y de otros jesuitas del Río de la Plata, se sumaron para que Aquaviva, cambiara de opinión y decidiera que la región del Río de la Plata y Chile constituirían una provincia jesuítica independiente, denominada Paraguay. En marzo de 1604, notificó a Torres su decisión que se hallaban entonces en España y lo nombró provincial. Aquaviva había autorizado a Torres a reclutar 45 jesuitas italianos y españoles, pero fue necesaria la intervención del todopoderoso duque de Lerma –obtenida por los jesuitas– para que el Consejo de Indias permitiera su partida hacia América.

No obstante Torres, sufrió en América una serie de persecuciones de gente de la misma orden jesuítica, causándoles diversos problemas, hasta que intervino nuevamente con órdenes terminantes Aquaviva. y en 1607, Torres llegó con doce misioneros a la nueva provincia jesuítica del Paraguay o "Paracuaria", según su denominación en los textos latinos.

Es de destacar que cuando Torres asumió su cargo de provincial, el único colegio perteneciente a la provincia jesuítica del Paraguay estaba situado en Santiago de Chile, y allí tuvo lugar en 1608. la primera congregación provincial.

Por otra parte, como una manera de mantenerse, los jesuitas apelaron al pedido de una "licencia para enviar cueros al Brasil e importar de allí, esclavos negros –dice Magnus Mörner– e insistía a Buenos Aires desde donde retornarían con cueros que podían ser cambiados por azúcar en Brasil. Probablemente –sentencia Magnus Mörner– nada se podía hacer, en esa época, para lograr el incremento del comercio que. eventualmente, habría coincidido con los intereses de los jesuitas (437).

Si bien es cierto, que se carece de material disponible para la realización de cálculos cuantitativos sobre la propiedad de los jesuitas en el Paraguay, existen algunos elementos aislados, que a titulo de ejemplo podemos citar. "Ya en 1599, consta una MERCED DE TIERRAS de Hernandarias al colegio de Asunción, en MCA (Manuscrito de Coleqao de Angelis) I,l36. El jesuita Iturri comenta, en uno de sus informes sobre los colegios de la provincia jesuítica paraguaya y sus posesiones –compilados por algunos jesuitas exiliados en Italia hacia l771–, que dos haciendas ubicadas en Tacumbú, de una milla cuadrada aproximadamente habían sido donadas por Roque González. (Hernández, Notas). El Colegio compró una cantidad de esclavos negros en 1613 (Cartas Annuas, I, 284). En la Carta Annua de 1612, el provincial agradece la donación del fondo del hermano Hernando de León (I, 148). Un año más tarde se menciona un aporte en dinero del propietario del único molino existente en Asunción, que posibilitó el pago de una deuda de 2.000 pesos. El Colegio no poseía otros haberes (!) (ibíd. 280). Según la Carta Annua de 1614, nada se había recibido de los bienes de León y, a raíz de la falta de caridad de los ciudadanos, el colegio sufría serias penurias (ibíd, 449). En ese mismo año, el provincial Oñate escribió a Escobar, procurador general de Sevilla, que los jesuitas de Paraguay consideraban poco práctico retener el interés de 1.000 ducados en España "y correr riesgo de la navegación cada año, y hazer la costa en traer los réditos, y que como de España nunca viene en plata, sino en mercadurías sería grande ruido y contra la edificación reciuir cada año una cargazón, y andar hechos mercaderes vendiéndola para el sustento del Colegio; principalmente siendo aquella tierra tan corta y pobre, q. por esto no podía dejar de dar en ella gran estampido; y que así sería mejor vender essa renta o allá en Sevilla o en Potosí donde se hallarán muchos que la compren y cessará el riesgo de traer la plata de allá, y echarla acá en renta. comprando posesiones" (Pastells, I, 408). Véase además, el memorámdum de Oñate al rector de Asunción el 1 de enero de 1616, CPA (Biblioteca Nacional de Río de Janeiro Colección de Angelis), I-29-I-17. Durante los primeros años, los fondos recibidos debían ser empleados en la compra de negros". (438).

En cuanto a los salarios percibidos por cada jesuita, en 1605 una carta real encomendó a Hernandarias que dispusiera, en cambio, el envío a Guairá de un par de misioneros españoles –sin aclarar si serían o no jesuitas– quienes recibirían un buen salario de la Corona. En 1608, una nueva carta real ordenó el empleo de un grupo de jesuitas que acababa de partir desde España con destino –vía Perú– al Río de la Plata para desempeñarse como misioneros en la provincia de Hernandarias, también con retribución pecuniaria. (439).

"En abril de 1610, Torres llegó a un acuerdo con el nuevo gobernador y los oficiales reales: cada par de misioneros –los jesuitas siempre trabajan en parejas– recibiría el mismo ingreso que habitualmente se pagaba a solo párroco secular, es decir 300 PESOS ENSAYADOS, moneda de cuenta, suma que al parecer era el equivalente de los 466 pesos de a ocho x 5 reales que hasta 1767 se pagaban regularmente a cada reducción jesuítica, aprobada por la Corona en el área del Río de la Plata. El índice de remuneración y el monto de un fondo inicial para la adquisición de campanas, cálices, etc., fue sometido al Consejo de Indias y aprobado en 1611". (440).

"El virrey del Perú, que en 1616 debía zanjar la cuestión por encargo del Consejo de Indias, acordó un fondo anual de 300 pesos ensayados para cada misión, con lo que quedó resuelto el problema (441). Es importante destacar –prosigue Magnus Mörner– que ya en 1610 Torres, había señalado en sus cartas al rey, el valor que para las finanzas de la Corona en el Río de la Plata asumirían lo tributos que los numerosos indios conversos habían de pagar tras los diez años de exención. Indudablemente esperaba –y suponía– que las misiones jesuíticas serían liberadas de toda relación con el sistema de encomiendas y llegarían, en cambio, a depender directamente de la Corona. (442).

Se sabe que las famosas Ordenanzas de Alfaro, que habían de regular las condiciones sociales de los indígenas del Río de la Plata, evidentemente estaban basadas sobre un proyecto de Diego de Torres y otros jesuitas (443).

En otra parte se examina con más detalle dichas Ordenanzas; sólo queremos hacer acá referencia a la cuestión del trabajo, ya que de cada doce indios aptos para el mismo, podía ser destinado a la MITA si se lo pedía al cacique: a su vez los indígenas podían elegir a sus empleadores. Los salarios mínimos para la mita o el trabajo eran estipulados por contrato: la paga diaria ascendía a un real y medio por mita. Además según la versión paraguaya de las Ordenanzas, el encomendero recibiría, anualmente, cinco pesos en especie, uno de los cuales estaba destinado al cura (se ha señalado ya que un peso equivalía al valor de seis reales de plata).

En conclusión, los indios con su trabajo contribuían también a la manutención de los jesuitas, especialmente cuando expresamente el oidor don Francisco de Alfaro consideró necesario mencionar especialmente los diez años de exención de tributos.


ORÍGENES DE LAS MISIONES JESUÍTICAS EN EL PARAGUAY


Los primitivos historiadores de la Compañía –afirma el P. Carlos Leonnardt, S.J.– nos han referido extensamente los orígenes de la antigua provincia del Paraguay. Los PP. Antonio Ruiz de Montoya, S.J., Nicolás Techo, S.J., Pedro Lozano S.J. y Francisco Javier de Charlevoix, S.J. lo comprueban. Idéntica tarea han realizado los más modernos, a saber: Pablo Hernández, S.J. y Antonio Astrain, S.J. (444).

"En el año 1541, los territorios que comprendía la antigua provincia del Paraguay tomaron su nombre del primer gobierno fundado por los españoles en la Asunción del Paraguay. Esta gobernación pronto abarcó los extensos territorios que hoy forman las repúblicas del Paraguay, Argentina y Uruguay y las provincias meridionales del Brasil y Bolivia.

"Precisamente en los lindes de Bolivia y la Argentina, comenzó la actividad de la provincia jesuítica del Paraguay, entrando los religiosos de la Compañía por el Alto Perú, a semejanza de los primeros colonos españoles de la región llamada del Tucumán.

En los años 1585 y 1586, a ruegos del Obispo de Tucumán, penetran en aquel país los PP. Francisco Angulo y Alonso Barzana, venidos desde la provincia del Perú, con un hermano coadjutor. Estos jesuitas, llegaban no sólo para los pocos colonos, sino también para los cien mil indios de aquel rincón. El obispo Francisco de Victoria, de Santiago del Estero, tenía en aquel entonces sólo cinco sacerdotes a su disposición. Había además, unos conventos de dominicos, a cuya Orden pertenecía el Obispo, de franciscanos y de mercedarios.

"Este prelado no se contentó con los dos Padres, sino que envió al activo canónigo Francisco Salcedo, más tarde insigne bienhechor de la Compañía, al Brasil para traer más religiosos que poseyeran la lengua de los indios guaraníes. Después de muchas penurias llegaron a Córdoba del Tucumán, en 1587, los PP. Juan Saloni, catalán, Manuel Ortega, portugués y Tomás Fields, irlandés, constituyendo todos ellos por su vida, trabajos y hasta diferente nacionalidad, el prototipo de los beneméritos misioneros del Paraguay que vendrían más tarde".

"En 1588 entran estos primeros apóstoles al Paraguay propiamente dicho y lo recorren en varias direcciones, misionando entre blancos e indios. Poseían modestas residencias y vivían de limosnas".

"La residencia de la Asunción del Paraguay fundóse jurídicamente en 1594.." (445).

La erección definitiva de la nueva provincia del Paraguay, fue decretada en 1604 por el A.R.P. general Claudio Aquaviva, designándose un poco más tarde al P. Diego de Torres como primer provincial.

En 1609, el provincial P. Diego de Torres, inició la serie de reducciones de indios en las selvas del Paraguay, colaborando el Gobernador Hernando Arias de Saavedra, con unos 400 pesos al año, para el sustento de 2 misioneros en cada una de las reducciones.

"En el mes de julio de 1619 –nos dice Juan Bautista Rivarola–, fundaron los referidos jesuitas (Masseta y Cataldino), la primera reducción con el nombre de Nuestra Señora de Loreto. Acompañábales como intérprete el Padre Rodrigo Ortiz de Melgarejo. guaireño, hijo de Ruiz Diaz de Melgarejo y de doña Elvira de Contreras. Es conveniente consignar que la reducción de Loreto no fue la primera fundada en el Paraguay. La primera fue la de San Ignacio Guazú, fundada el 29 de diciembre de 1609, por el Padre Marcial de Lorenzana, guiado por el asunceno Fray Hernando de la Cueva, cura párroco de la Iglesia de Yaguarón".

"Tiempo andando, los PP. Simón Masseta y José Cataldino fundaron la reducción de San Ignaciomini. A los dos años de esta fundación incorporáronse a la misión los PP. Antonio Luis de Montoya y Martín de Ortazún". (446).

Refiere Félix de Azara sobre los primeros jesuitas: "Viéndose la extrema necesidad de eclesiásticos, los solicitaron con las mayores instancias, hasta que el año de 1611 llegaron los padres jesuitas, a quienes el juez eclesiástico encargó inmediatamente las atenciones parroquiales de toda la provincia de Guairá, que aún no había tenido párroco alguno, no obstante haber en ella una ciudad española y trece pueblos numerosos de indios fundados cuarenta y cuatro años antes. En el propio caso –continúa Azara– estaban los antiguos pueblos de Tarey, Bomboy y Caaguazú que se encomendaron a otros dos jesuitas llegados después en 1632 y el de S. Ignacio-guazú a otro el de 1609".

Más adelante Azara afirma: "Llegaron los padres Jesuitas al país de mi descripción el año de 1639 y administraron temporal y espiritualmente a treinta y tres pueblos de indios guaraníes o tapés que es lo mismo. Tres de ellos que son los últimos de la tabla al fin de este capítulo, están a la parte del Norte de la Provincia del Paraguay y los treinta restantes componen la provincia de Misiones del Paraná y Uruguay. De los treinta y tres citados pueblos, sólo fundaron los padres los veinte y ocho de la citada tabla; porque los cinco restantes son los que hoy existen de los que les encargaron a su arribo, ya formalizados mucho antes, y aún repartidos en encomiendas, según se dijo en el precedente capítulo núm. 11 y consta de los papeles del archivo de la Asunción, por cuyo motivo se ha anotado entre los de dicho capítulo" (447).

Los primeros Padres Jesuitas llegaron sin embargo al Paraguay en el año 1588, con la misión de evangelizar la región del Guayrá.

Los antecedentes inmediatos de las Misiones se van gestando de a poco, primero con la fundación de uno de los principales pueblos misioneros, el de San Ignacio-Guazú, que tuvo lugar el 29 de diciembre de 1609. De esto último Juan Francisco Aguirre nos refiere: "El obispo rehusó enviar clérigos y fue por fin el P. Marcial de Lorenzana, acompañado del P. Francisco San Martín que entraron por tierra en el Paraná en Diciembre de 1609 y en 163.0 empezaron y entablaron la reducción de Sn. Ignacio con 30 familias, habiéndose bautizado los caciques Arapizandú y Anangará con sus mugeres" (448).

"Por este tiempo –nos indica Aguirre, quien nos merece plena fe– ya estaba por llegar al Paraguay aquel buen ministro Dn. Francisco Alfaro, que trataba de poner en planta las recomendables exenciones con que S.M. alivió a los indios y particularmente abolir al servicio personal, por lo que el P. Lorenzana, empezó a dar a los Paranás buenas esperanzas a su voluntad. La fama de éstas trajo desde el Uruguay diversas embajadas con la misma solicitud y en este caso, estando ya en la Asunción el visitador, avisó el P. Lorenzana a su Provincial Diego de Torres de cuanto ocurría. El asunto se trató en junta del Gobernador, visitador Hernán Darias, el provincial y el P. Lorenzana, que se hizo llamar a ese propósito, éste dijo que ofrecían los indios de ambos Ríos Paraná y Uruguay ser cristianos, como se les guardase la condición de incorporarlos a la corona y no ser encomendados a particulares; y en su consecuencia fue uniforme la resolución de que se les empeñase la real palabra de así se cumpliría y de lo acordado se dio parte a la Real Audiencia. En esta junto hizo Hernán Darias un elogio del valor de los Paraná, hasta decir que por su amistad convenía complacerles en lo que pidiesen".

Después refiere Aguirre, que para esta resolución se tuvieron presentes dos Cédulas, una del 18 de diciembre de 1601, y la otra del 30 de mayo de 1607, de que ningún indio recién convertido se encomiende a particular y que por el tiempo de 10 años no paguen sus tributos a S.M.

Llevada a los Paranás la resolución referida por sus misioneros se consiguió el fruto que se había prometido pues sucesivamente se fueron fundando diferentes reducciones" (449).

Siguiendo los datos aportados por Aguirre, los Jesuitas fundaron en la margen derecha del Río Paraná ocho pueblos: San Ignacio Guazú, en 1610, por el P. Marcial de Lorenzana; Santa Rosa; Santiago; Itapúa, se fundó el 11 de junio de 1615; Santa María de Fe, Jesús, Trinidad y San Cosme y Damián.

En la margen izquierda del río Paraná hasta la margen derecha del río Uruguay, se fundaron alrededor de 15 pueblos, siendo los más conocidos: San Ignacio Miní, Loreto, Corpus Cristi, Candelaria, Santa Ana, Santa María, Apóstoles, Mártires, Santo Tomé, Yapeyú, y otros.

En la margen izquierda del río Uruguay fundaron siete pueblos: San Borja, San Luis, San Nicolás, San Miguel, San Carlos, Concepción y otros.

En cuanto a su organización interna, las Reducciones o Misiones como más adelante se las llamarían, tenían, a) Un Cura rector o PA’I TUYA. Era el que tenía mayor responsabilidad en la planificación de la economía, de las construcciones, los aspectos administrativos de la reducción; b) Un Cura doctrinero o PA’I MINI, quien tenía más responsabilidad en cuestiones de orden espiritual, catequesis, atención de enfermos, servicio religioso. En las reducciones había también dos o tres hermanos. En una población de tres a siete mil habitantes, los religiosos no pasaban de tres a cinco; c) Un Corregidor, que ejercía las funciones de justicia; d) El Cabildo indígena que era la autoridad civil de la población. Su función era servir como canal de comunicación entre los religiosos y los indígenas del pueblo, con el acento de autoridad en los padres jesuitas.

"Más tarde se creó el cargo de Superior de las reducciones, cuando aumentó el número de ellas. En un primer tiempo tuvieron su asiento en San Ignacio Guazú y más tarde en Candelarias. El Provincial estaba en la Ciudad de Córdoba; el General de la Compañía, en Roma".

En cuanto a la forma de organización del trabajo, nos refiere Gerónimo Irala Burgos, de que el principio fundamental es de que cada indio tenía alguna función que cumplir. Todos trabajaban, solamente los niños menores y los ancianos estaban liberados. El trabajo estaba planificado para todo el año, teniendo en cuenta las diversas épocas: siembra o cultivo, limpieza o recolección o cosecha. También de acuerdo a quienes lo hacían.

La planificación estaba a cargo del Pa’í Tuyá. En cuando al Sistema de Propiedad, existían tres grandes áreas de propiedad a saber:

1. AVAMBAE. Cosa o propiedad del indio; era una forma de propiedad familiar. A cada pareja al casarse, se le daba una parcela de tierra para cultivar, la cual no podía ser regalada ni vendida. Lo producido era de la familia y, para que ésta no la utilizara en forma imprevisora, se guardaba en silos y se les daba en forma racionada dos o tres veces a la semana.

2. TUPAMBAE. Cosa o propiedad de Dios. Ciertos días de la semana se trabajaba en predios que eran de toda la población y lo producido sería para los gastos del COTY GUAZU (asilos de ancianos, viudas, huérfanos) y las necesidades religiosas (construcción de templos, liturgia esplendorosa de mucho brillo y colorido). La liturgia, en las reducciones, se hacía con el despliegue, como en las grandes épocas (los europeos que llegaban se asombraban de ésta).

3. TAVAMBAE. Propiedad del pueblo. Formaban parte de ella extensas tierras, estancias, yerbales, gran parte de las áreas cultivadas y servía para pagar los tributos al Rey, solventar las necesidades del pueblo y ayudar a otras poblaciones misioneras.

"Practicaban entre ellos una efectiva solidaridad. Cuando un pueblo tenía necesidades, otros lo ayudaban". "En suma, en la propiedad imperaba un concepto comunitario, con fuertes tendencias sociales y respeto de los derechos fundamentales personales y familiares, y una forma altamente humanizadora y productiva, cosa que llama la atención hoy en día a economistas, sociólogos y politólogos".

"El sistema era predominantemente social, con un fuerte carácter familiar. Este sistema funcionó y no sólo funcionó sino que tuvo una altísima productividad" (450

Sobre este sistema de organización nos dice Blas Garay: "Además de la agricultura, los jesuitas sacaban pingües beneficios de la ganadería, del laboreo de la yerba mate y del comercio de artículos extranjeros, en el cual nadie podía hacerles competencia, pues abusando de los privilegios que se les concedieron, se sustraían a todo impuesto, y no pagaban gastos de transporte, porque lo hacían en embarcaciones propias; y como el mantenimiento de las Misiones costaba poco, pues tenían en ellas todo género de fábricas e industrias, realizaban anualmente una utilidad líquida de 1.000.000 de pesos, mientras por las mismas razones que favorecían a los Padres, languidecía y se arruinaba la Provincial del Paraguay".

"En la suya eran los jesuitas completamente independiente –prosigue Garay–, pues ni los Gobernadores ni los Obispos se atrevían a visitarla, a pesar de tener derecho a ello, sin su venia, y solamente la daban de tarde en tarde y cuando les convenía. Su influencia en la corte preponderaba, y cuando ella no bastase, el soborno la suplía. Además, obtuvieron para sus indios la concesión de usar armas de fuego, con pretexto de defenderse de los mamelucos, y desde entonces convirtieron cada reducción en una plaza militar, cerrada por las noches, y en la cual no podía entrar ningún extraño sin permiso ni permanecer más de tres días. Así las aislaron absolutamente de toda influencia que no fuese la suya." (451).

Blas Garay en su renombrado libro "El comunismo de las Misiones", dice: "...a la vuelta de algunos años, y a la par que crecieron sus progresos, cambiaron los jesuitas de conducta: los que fueron en un principio humildes y abnegados misioneros, tornáronse ambiciosos dominadores de pueblo, que poco a poco sacudieron todas las naturales dependencias a que debían estar sujetos: afanáronse por procurar riquezas materiales en menoscabo de su misión cristiana y civilizadora; persiguieron a los que intentaron poner coto a sus abusos o quisieron combatir su influencia; se hicieron dueños de la voluntad de los gobernadores y de los obispos, ya porque éstos les debían sus nombramientos, ya porque el cohecho y la promesa de pingües ganancias se los hacían devotos, y convirtieron su república en una inmensa sociedad colectiva de producción, arruinando, amparados en los grandes privilegios que supieron obtener, a la Provincia del Paraguay, a cuyos beneméritos debían reconocimiento por muchos conceptos".

Y en otra parte del mismo libro Garay expresa: "El cohecho y la intimidación eran las columnas principales en que en América descansaba el poder de los jesuitas. Gobernadores y obispos habrían de escoger entre tenerlos por amigos generosos o por encarnizados y crueles enemigos. Gracias a la amistad con los misioneros, los gobernadores de Buenos Aires y del Paraguay disfrutaban de crecido sobresueldo: no tenían reato alguno para dedicarse al comercio y como lo hacían por las hábiles manos de los discípulos de Loyola, y bajo todos los privilegios a éstos concedidos, las ganancias eran fáciles y considerables" (452).

En cuanto a las riquezas de las Misiones, el Padre Furlong, expresa sobre el particular: "Barúa y Anglés, en los tiempos antiguos, Blas Garay y Leopoldo Lugones, en los mas recientes, han ponderado las riquezas infinitas que producían las Reducciones. El postrero de los nombrados, barajando las cifras a su talante, llegó a la conclusión de que entre 1707 y 1767 los jesuitas extrajeron de los pueblos guaraníticos la suma de 100.000.000 de pesos en ganancias, lo que, en un siglo suponía UNA GANANCIA DE 1.600.000.000 de francos líquidos" (453).

"Blas Garay, más cauto, asegura que los misioneros llegaron a acumular considerables riquezas y cálculos autorizados estiman en un millón de pesos españoles de plata el rendimiento anual de las doctrinas, y en menos de cien mil lo que para mantenerlas se gastaba en efectivo (454). Más generoso, Lugones escribe: "Pongamos un millón en gastos. En realidad 668.000".

"Con relación a ese millón –prosigue el P. Furlong–, anual, agrega Blas Garay que "sobrante tan cuantioso permitió a los Padres asistir generosa y pródigamente, con el fruto del trabajo de los indios, a los crecidos gastos que la Orden tenía en Europa, a fin de conservar el edificio de su poderío... Los Procuradores generales, cada seis años despachados para el viejo continente, eran siempre portadores de importantes sumas de dinero" (455).

"Esto último es parcialmente cierto, –afirma Furlong–, pero todo lo anterior es totalmente falso, y supone en el autor o autores un desconocimiento absoluto del engranaje económico que siempre ha regido en la Compañía de Jesús, y un desconocimiento lamentabilísimo de lo que fue la situación económica así en las Reducciones como en las ciudades rioplatenses durante los siglos XVII y XVIII" (456).

Alberto Montezuma Hurtado, refiere que no consta en anales que don Hernando Arias de Saavedra... fuera otro válido de los misioneros y su obsecuente servidor. En cambio, en tal situación prebendaria y obediente figuraron entre otros, los gobernadores Gregorio de Hinestrosa, Diego de Escobar Osorio, Sebastián de León, Diego Reyes de Balmaceda, este último de indigna y muy baja memoria" (457).

"Mientras los pueblos de las Misiones prosperaban, –dice Justo P. Benítez–, la Colonia empobrecía, víctima de trabas en su comercio, de gabelas y de restricciones. No podía hacer competencia a la industria jesuítica que disponía del trabajo gratuito de 160.000 indios. Algunos de los gobernadores se convirtieron en elementos de la poderosa Compañía, exacerbando el espíritu de los encomenderos y comerciantes libres. Tal ocurrió con Gregorio de Hinestrosa y Diego de los Reyes Balmaceda, principales provocadores de las dos revoluciones comuneras" (458).

"Los efectos comerciales, –expresa el P. Gregorio Funes–, así en natura, como manufacturados, entraban en el giro de la negociación. Los más considerables de estos artículos eran la yerba del Paraguay, la cera, la miel y los lienzos de algodón. Entre los indios era desconocido el uso de la moneda. Estos artículos salían fuera de la provincia, y se despachaban la mayor parte en Buenos Aires. Con su producto se pagaban los tributos y los diezmos, el sobrante se retornaba para el consumo de los pueblos, adorno de los templos y galas dispendiosas de que usaban los indios de oficios públicos en sus festividades".

"Eran estas repúblicas –prosigue Funes–, las únicas del mundo donde reinaba esa perfecta igualdad de condiciones que templa las pasiones destructoras de los estados y suministra fuerzas a la razón. La habitación, el traje, el alimento, los trabajos, el derecho a los empleos, todo era igual entre estos ciudadanos".

Más adelante el mismo Funes afirma: "Algunos han creído que este sistema de gobierno tenía por objeto aprovecharse los jesuitas de los trabajos y sudores de estos neófitos. Imputación injuriosa y mal fundada. Para los que se hallan instruidos en la cuenta y razón de los caudales de estas reducciones, siempre será un objeto de admiración la pureza de este manejo, llevado constantemente hasta el escrúpulo " (459).

Por su parte, don Mathias de Angles y Cortari, Corregidor de Potosí, recibió de sus superiores jerárquicos el encargo de elevar un informe sobre los Jesuitas del Paraguay, afirmando: "me va como interiormente compelido, e inescusablemente forzado a decir clara, abierta e individualente a V.S.I. que los Reverendos Padres de la Compañía son los únicos émulos de la Provincia del Paraguay y por consiguiente son opuestos y contrarios a todos aquellos vecinos, que con zeño Español y justo han procurado mantener y conservar la Provincia en su primitivo estado, para el buen gobierno de ella...". Y más adelante apuntaba: "...y especialmente en las tres Provincias del Paraguay, Buenos Aires y Tucumán, sube a muchos grados de desproporción el grande predominio, que tienen dichos Reverendos Padres; y de esto resulta el que los Gobernadores, los Cabildos y los Jueces callan todo quanto debieran decir, y antes dán a dichos Padres todos los informes que imaginan, y hacen las diligencias jurídicas del modo que le apetecen..." En otra parte afirma: "...tiene más de quatrocientas mil bacas con su torada correspondiente para la procreación". "En la Estancia de los dichos Padres de YARIGUA o PARIGUARI tienen tres rodeos de bacas separados unos de otros; y cada uno tendrá á lo menos de nueve a diez mil bacas, con los toros correspondientes para cría y multiplicación, y continuamente esta vendiendo el Pedro Rector las porciones que le compran, y con su libramiento las entregas al Padre Estanciero, y las dichas bacas son el mejor y más apetecido efecto para el Paraguay, por la grande escasez que hay ellas para la manutención de tan numerosa gente, y se vende a cuatro pesos cada una, que se paga en yerba, en tabaco, azúcar...". "En el Colegio de esta expresada Ciudad de la Asunción –continúa el mismo autor– tienen los Padres dos Almacenes Públicos; ...en los cuales se venden todos los géneros de Castilla gastables en la Ciudad y el pais; y ropa de la tierra, y paños de Quito, y con la vara en la mano dan despacho á quanto se ofrece por menor y mayor. Y como los padres conducen estas memorias de géneros y ropa de la tierra desde Buenos-Ayres y la Colonia sin costo alguno con sus indios, y en sus embarcaciones, y no pagan fletes ni alcabalas ni otros derechos, ni impuestos, aunque sean muy precisos y obligatorios, baxan un poco del precio corriente, á que los pueden vender los comerciantes que pagan y contribuyen con todas estas pensiones... y de esta suerte venden los dichos padres memorias crecidas de géneros y ropa en perjuicio considerable de los haberes Reales y gran quebranto y atraso de los comerciantes...". "Los Padres de dicho Colegio tienen abarcado todo ó la mayor parte del comercio de la Provincia, y recogen la substancia de quanto produce...".

De las investigaciones realizadas por la Misión encomendada al General Mathías Anglés y Gortari, resumió el mismo en las siguientes conclusiones: EL PRIMERO, que aquellas Provincias no gozan ni utilizan cosa alguna de ellos. EL SEGUNDO, que se les quita esta sustancia a los vecinos. EL TERCERO, que de las posesiones y tierras, que compran y adquieren los dichos padres por empeños y herencias, que pagaban antes Diezmos y alcabalas, no pagan ni satisfacen éstos, ni algunos otros derechos, aunque producen mucho más en poder de dichos Padres. EL QUARTO, que de tan crecidos caudales no participa nada el Reyno, ni tampoco el Rey. EL QUINTO, que dexa su Magestad de percibir gruesas cantidades, que importarían las Alcabalas de todo lo que los Padres manejan, y venden en sus crecidos comercios, y podría con ellas asistir y fomentar la defensa de aquellas Provincias, en las quales hace tantos estragos y muertes el enemigo infiel por falta de fomento y socorro. EL SEXTO, que tampoco se aprovecha, ni utiliza España de todos estos copiosos caudales; sino es que sea en alguna corta cantidad por algún oculto negociado en la Corte. EL SEPTIMO, que toda o la mayor parte de tan crecidas porciones de plata, que se recoge en sus comercios, se extravían y enagenan de la Monarquía, y la llevan y conducen los dichos Padres a Reynos extraños, principalmente a Roma para las grandes negociaciones y manejos, que siempre tienen y para conseguir las Bulas y privilegios que traen los Padres Procuradores, que van de aquellas Provincias de seis a seis años a llevar este tesoro: que es el principal asunto de su viaje y romería" (460).

"Pocos asuntos han sido objetos de tantos debates os dice Justo ito –, como los actos de los discípulos de San Ignacio en el Paraguay. Muchos de los acontecimientos de la época han quedado definitivamente ignorados, pues numerosos documentos, en virtud de sentencias y de órdenes de ellos mismos, fueron destruidos por el fuego".

"Muchos reproches –continúa Prieto–, formulados a los jesuitas no carecen de fundamento, y quienes le buscan una explicación razonable, no se desplazan de la época en que aquellos hechos se desarrollaron.

"A las congregaciones de Santo Domingo, San Francisco (en cuyo convento se daban clase de Filosofía y Teología) y La Merced, se les atribuye sin excepción haber desenvuelto una buena política de caridad y gobierno espiritual. La estada de los jesuitas, aun cuando su conducta no siempre se caracterizó por tal política, rindió estimables beneficios a la colectividad. Dejaron allí lo que no es corriente entre los mercaderes: huellas de su ciencia, de su arte y de su destreza que, aunque no fueron aprovechados por los indios, lo fueron por la posteridad" (461).

Mucho se ha discutido acerca de si los Jesuitas pagaban o no los impuestos. Algunos afirman que sí pagaban, pero parte de ellos ocultando su real tráfico comercial, otros directamente que nunca lo hicieron. Por nuestra parte, encontramos una prueba documental, que no hace sino dar cumplimiento a la Cédula Real dada en Madrid el 14 de agosto de 1684, que ordenó pagar tributos a los Jesuitas. Al respecto, el Sargento Mayor, Juan de Salas Martínez, Teniente de los Oficiales y Juez de la Real Hacienda de le Ciudad de la Asunción, certificó que los Jesuitas pagaron su tributo según el libro de entradas de todos los ramos a Fs. 63, de los pueblos de Santa María: Santiago, Sta. Rosa y San Ignacio, siendo la primera partida de asientos de 15 folios de 1705 que hizo el Padre Pedro Cano de la Compañía de Jesús, 44 varas y cuarto de lienzo grueso de algodón por el Tributo que debían por los nombrados pueblos y que debían de los años 703, 704, 705, a razón de 14 8/4 por cada año. Dado en Asunción, a 9 de setiembre de 1722, Juan de Salas Martínez" (462).

El 23 de junio de 1747, se da cuenta a la Real Hacienda de los tributos de indios que adeudan los 4 pueblos de Misiones: Nuestra Señora de Fe, San Ignacio, Santa Rosa, y Santiago (463).

El P. Charlevoix, da cuenta "que sus Misioneros recibirían para su sustento el mismo honorario que los Curas del Perú, (464) pagándose de las Cajas Reales. Pero el P. Torres le pidió que lo redujese a la cuarta parte, asegurando que aquello bastaba a religiosos que sabían limitar sus gastos (465). Hemos visto –continúa Charlevoix–, que desde hace mucho tiempo se paga a los Curas de las Reducciones lo que les concede el Rey para su subsistencia del producto de los tributos de sus neófitos" (466).

Conviene aclarar que el término "REDUCCIONES", se daba al pueblo de indios recién formado (tít. 3, lib. 6, R.O.) por "reducirse" así a población los moradores divididos primero en sierras y montes. A veces conservaban nombre de REDUCCION aun los pueblos antiguos. Posteriormente en dos Cédulas Reales de Felipe IV, fechadas en 1650 y 1652, son declaradas DOCTRINAS las Reducciones de que vamos hablando –nos refiere el P. Charlevoix–. Doctrina es el nombre que en la América Española tienen los curatos o parroquias (467), propiamente tales... "En las dos primeras, dirigidas a la Audiencia Real de los Charcas, dejaba el Rey al Provincial la libertad de cambiar los Curas que le pareciera a propósito, sin obligarle ni aun a expresar las razones... Hasta se encuentra tan frecuentemente empleado el término de REDUCCION, como el de DOCTRINA en las últimas Cédulas y otros rescriptos de los Reyes de España" (468).

"Llamamos reducciones a los pueblos de indios, que viviendo a su antigua usanza en montes, sierras y valles, en escondidos arroyos, en tres cuatro o seis casas solas, separados a legua, dos, tres y más, unos de otros, los redujo la diligencia de los Padres a poblaciones grandes y a vida política y humana, a beneficiar algodón con que se vistan" (469).

"La idea de reducción no es una originalidad jesuítica, –afirma Bartomeu Meliá–, juntar a los indios en pueblos es una idea que se remonta por lo menos al año 1508, cuando ya se señala expresamente que "por lo que cumple a la salvación de las ánimas de los dichos indios. es necesario que los indios se repartan en pueblos en que vivan juntamente, y que los unos no estén ni anden apartados de los otros por los montes". Sólo la reducción podrá remediar a la "irracionalidad" de andar los indios desparramados por los montes, "viviendo bestialmente y adorando a sus ídolos".

"El indio disperso, se piensa, no puede ser ni "político" ni "humano".

"Es por estas razones –dice más adelante el citado autor– entre otras, que la reducción, se consideraba un instrumento esencial para el cambio que se pretendía en los indios, que era hacerlos pasar de la "infidelidad" cristianismo y de la barbarie a la vida política". Históricamente, sin embargo las reducciones del Paraguay fueron, y fueron incluso relativamente un éxito (470).


LAS LEYES APLICADAS EN LAS REDUCCIONES


Para organizar metódica y económicamente esta explotación, se estableció el sistema de las encomiendas y reducciones. La segunda es la forma ideada para traer los pueblos errantes a la vida sedentaria, agrupándolos por tribus, para defenderlos contra la voraz población europea, que, como aves de rapiña, merodean alrededor del salvaje. Las leyes de Indias, adoptando las reglas establecidas por los jesuitas en sus misiones, disponían: 1º. Que se nombrasen alcaldes y regidores indios, cuya jurisdicción alcanzaría solamente para inquirir, aprehender y traer los delincuentes a la cárcel del pueblo de españoles de aquel distrito; pero que se les cometía castigar con un día de prisión o seis u ocho azotes al indio que faltase a la misa en día de fiesta, o se embriagase, o hiciese otra falta semejante, y si fuera embriaguez de muchos, pudiera castigarse con más rigor. 2º. El gobierno de los pueblos reducidos se dejaba a cargo de los dichos alcaldes y regidores indios, quienes podían también prender a negros y mestizos en ausencia de la justicia. 3º. Que no se pusiese en las reducciones mayordomos sin aprobación del gobernador o audiencia del distrito y fianzas, y que no llevasen la vara de la justicia. 4º. Que en los pueblos de indios no se vendieran los oficios ni los hubiera propietarios. 5º. Que los sitios destinados para constituir pueblos y reducciones habían de tener comodidad de aguas, tierras y montes, entradas y salidas, y un ejido de una legua de largo, donde los indios tuvieran sus ganados, sin mezclarlos con otros de españoles. 6º. Que no pudieran quitarse a los indios reducidos, las tierras y granjerías que anteriormente hubieran poseído. 7º. Que se procurara fundar pueblos de indios cerca de donde hubiese minas. 8º. Que las reducciones se hicieran a costa de los tributos que los indios dejaran de pagar por título de recién poblados. 9º. Que si los indios deseasen permanecer en las chacras y estancias donde residían, al tiempo de reducirles, pudieran elegir entre lo primero o marcharse al sitio donde ubicase la primera reducción o pueblo; pero si en el término de dos años no hicieren lo segundo, había de asignárseles por reducción la hacienda donde hubieran asistido, sin que por esto se entendiera dejarles en condición de yanaconas o criados de los chacareros o estancieros. 10. Que las reducciones no pudieran mudarse de un sitio a otro sin orden del virrey o audiencia. 11. Que las querellas suscitadas con motivo de la ejecución de reducciones, tendrían apelación únicamente ante el Consejo de Indias, compensándose a los españoles las tierras que se les quitaran para repartirlas entre los indios reducidos. 12. Que ningún indio de un pueblo se trasladará a otro; que no se diera licencia a los indios para vivir fuera de sus reducciones. 13. Que cerca de las reducciones no hubiera estancias de ganados y se prohibiera a los españoles y a los negros mestizos y mulatos, vivir en las reducciones, aun cuando poseyeran tierras de su propiedad en ellas. 14. Que ningún español transeúnte estuviera más de dos días en una reducción y que los mercaderes no estuvieran más de tres. 15. Que donde hubiese mesón o venta, nadie parase en casa de indio, y que los caminantes no tomasen a los indios ninguna cosa por fuerza (471).


EL SISTEMA PRODUCTIVO DE LAS MISIONES JESUÍTICAS


Mucho se ha escrito y discutido el sistema de producción de las Misiones Jesuíticas –una vez afirmadas en sus asentamientos–. Pero, lo que no podemos dejar de aceptar como cierto es su sistema de organización económica que no sólo permitió la subsistencia, sino la continuidad del sustento, para lograr el fin misional que perseguían las Reducciones.

El trabajo obligatorio para la totalidad de los indígenas en edad y condiciones" porque si alguno no podía trabajar era alimentado públicamente y, si podía, era obligado al trabajo" (472).

La tarea primordial de la población era la agrícola y a ella se trasladaban los indígenas, pernoctando junto a sus cultivos. Si las tierras quedaban cerca pasaban 2 a 3 días sembrando y luego regresaban a trabajar sus propias tierras.

Las mujeres entretanto, se dedicaban al hilado del algodón y a la artesanía y trabajos propios en sus casas y recolección en época de cosecha.

Lo importante era el resultado de este esfuerzo generado por el trabajo indígena. Una parte era destinado al consumo interno de las mismas, y la otra a la exportación, como el algodón, la yerba y el tabaco.

"El beneficio de la yerba", como figura en todos los documentos oficiales de la época compulsados en el Archivo Nacional de Asunción, fue su primera generación de riqueza y en el capítulo relativo al estudio de la yerga, nos extendemos más en el tema. Sólo diremos que comenzó en los yerbales de Mbaracayú, siendo éste bastante insalubre por lo que las Ordenanzas de Alfaro limitaron su explotación de diciembre a marzo.

Recién a partir de fines del Siglo XVII, se plantaron yerba en cercanías de los pueblos, para evitar los costosos gastos de movilización de mano de obra y abastos. Se sabe que en 1704, el Padre Arce dio instrucciones para que en todas las Misiones se cultiven la yerba, aunque el resultado fue de baja calidad, pero desde l720 el bajo costo permitió entrar en competencia ventajosa para los Jesuitas.

La semilla obtenida de los yerbales naturales era trasplantada en huertas, y luego que las plantitas tenían dos a tres años eran llevadas a su lugar de crecimiento decenal, para luego extraer sus hojas y obtener el "beneficio de la yerba".

No se descarta la posibilidad que este tipo de cultivo masivo de los Jesuitas de los yerbales, entrara en franca competencia con los Españoles residentes y sus descendientes, quienes seguían explotando los ricos yerbales del Mbaracayú, pero a un costo muy superior. Son numerosos los testimonios recogidos del Archivo Nacional, que dan cuenta de la continua preocupación de las autoridades coloniales, para el cuidado de la zona, de sus caminos, y sobre todo de la amenaza siempre subsistente de los mamelucos y de los indígenas rebeldes siempre acechantes en las selvas milenarias del Alto Paraná.

Coinciden casi todos los cronistas –especialmente jesuitas–, sobre el cultivo de la Yerba. Así, refiriéndose a la principal industria creada en las Misiones, en su "Historia del Paraguay, Río de la Plata y Tucumán", el Padre Guevara de la Compañía de Jesús habla de la hoja del CAA, yerba mate, descubierta una talega conducida por los indios al Gobernador del Paraguay Don Hernando Arias de Saavedra durante su primer gobierno en 1592, yerba de la que también habla en "La Argentina" de 1612 Ruy Diaz de Guzmán, mencionando su uso por los indígenas de Mbaracayú. La explotación de los yerbales –continúa Emilio J. Schleh–, fue comenzada por los jesuitas poco después de su instalación, beneficiándola en molinos movidos por ruedas hidráulicas instalados en arroyos. Había reducciones o pueblos como el de Jesús, donde aquéllos elaboraban de 10.000 a 12.000 arrobas de yerba al año".

"En su "Descripción del Río Paraguay", escrita en 1744, el Padre José Quiroga de la Compañía de Jesús, habla de los "barcos cargados de yerba Procedentes de los yerbales de Curuguati, que navegaban con mucho trabajo". En 1726 exportaron al Paraguay, 12.500 quintales de ella, con destino a Chile, Perú, Quito, y Potosí; alcanzando esta exportación en 1738 a 50.000 quintales. En su "Descripción de la Provincia de Santa Cruz de la Sierra", el Gobernador Intendente de 1793 Don Francisco de Viedma, menciona "la yerba del Paraguay llamada mate, que tiene mucho consumo y se trae de Buenos Aires" desde años atrás. Los Jesuitas no sólo procedían a la explotación de los enormes yerbales existentes en una gran extensión del territorio, sino que, con toda previsión realizaban plantaciones nuevas donde no existían" (473).

Ante esta disyuntiva, puede considerarse como un hecho detonante la ruinosa competencia que significaba para el colonizador español o "el mancebo de la tierra", el precio de la yerba en franca competencia en los mercados del exterior, y que originaría la Revolución de los Comuneros. El uno cargado de gabelas, sometido a rigurosos controles, a expoliadoras formas de explotación en Santa Fe y Buenos Aires, con pretextos baladíes, subsistentes hasta promediar el 1800, vivía constreñido en su mediterraneidad a rumiar sus desengaños en la tierra que él conquistara y que tan amargamente costara colonizarla. La injusticia era patente, y sólo fue liberado de ella con el grito de independencia de 1811, y no antes. La Corona española, nunca tuvo interés real en el Paraguay, como observamos en e1 curso de este trabajo.

En cuanto a la explotación ganadera, era el elemento fundamental de sustento para los pueblos de las Misiones. En las Reducciones del Tape, existía una Vaquería del Mar, que inicialmente abastecía a las Misiones del Norte, pero fue saqueada sistemáticamente por los mamelucos, y terminando con la extinción de ese pueblo.

En la zona de lo que hoy sería el Uruguay, Yapeyú y San Miguel existieron después importantes vaquerías, pero también fueron sometidas a intensos saqueos y depredaciones.

"Diversos autores –dice Gutiérrez–, han definido los tres circuitos de comercio existentes en las Misiones que responden a la vez a tres niveles de necesidades".

Siguiendo pues a este autor diremos que el primer circuito comercial, es el interno de los pueblos que en general carecen de importancia y se limita a algún trueque entre cacicazgos o familias y más comúnmente, entre excedentes de producción individual y bienes de consumo.

El segundo circuito mucho más importante es el del comercio entre los pueblos de las Misiones. Ya se ha señalado que cada uno de los pueblos por sí tendía a la autosuficiencia económica, pero la tipificación de sus productos estaba en directa relación a las posibilidades del medio físico de emplazamiento.

Pueblos predominantemente ganaderos fueron Yapeyú, San Miguel, San Borja, otros como La Cruz y Santo Tomé, con fuerte desarrollo de la ganadería ovina y otros, como Loreto, con famosos yerbales. Por otra parte los pueblos "de abajo" cercanos al camino Asunción–Corrientes tenían más frecuente trato con comerciantes españoles y por ende un trueque fluido y variado que luego generalizaban entre todos.

El tercer sistema de comercio se vincula a las relaciones con el exterior de la estructura jesuítica. Aquí debemos notar –sigue Gutiérrez–, claramente diferenciadas dos líneas de flujo: una ocasional y otra inducida.

La línea comercial ocasional es la dada por las relaciones comerciales con los españoles que esporádicamente visitaban los pueblos.

Desde la Real Cédula del 25 de agosto de 1681 estaba prohibido que en las Reducciones y Pueblos de indios viviesen españoles, negros y mulatos o mestizos, "porque se ha experimentado que algunos españoles que tratan trajinan, viven y andan entre los indios son hombres inquietos y de mal vivir". Sin embargo, ya con anterioridad los jesuitas habían cerrado profilácticamente las relaciones de los indios misioneros con los comerciantes españoles.

Esta línea tuvo en sus comienzos el prácticamente total control del comercio exterior de las Misiones, originado en las necesidades de los mismos de contar con moneda para pagar el tributo Real anual.

Originariamente los mercaderes que venían del Perú proveían las divisas, pero luego la yerba no la quisieron pagar más "en plata sino que vienen cargados de cabos de tiendas y cosas inútiles para los indios." Con esto quieren comprar la yerba y no de otra suerte.

De esta manera, aumentando los precios de sus productos deterioraban los términos de intercambio y explotaban a las Misiones facilitándoles elementos no útiles y que a su vez estos. deben vender para poder pagar el tributo de plata.

En efecto, si bien una Real Cédula del 16 de setiembre de 1679 autorizaba a pagar el tributo en "géneros de la tierra" ello en la práctica nunca pudo lograrse de tal manera que los jesuitas debieron seguir vendiendo la yerba, "no por negociación sino por necesidad de dicho tributo" (474).

Esta coyuntura llevó a alterar el sistema de comercio externo y a instalar las Procuradurías en Santa Fe y Buenos Aires que se encargarían de la venta del grueso de la producción misionera.

"El comercio en los pueblos –continúa Gutiérrez–, se restringió así muchísimo. Los españoles o criollos podían permanecer no más de tres días en cada pueblo exhibiendo en los tambos donde se hospedaban, sus mercaderías. De todos modos toda operación comercial de los indígenas debía ser aprobada por los Padres que de esa manera controlaban que no se les explotara" (475).

Los productos de venta de las misiones eran, como se ha señalado, la yerba, tabaco negro y tejidos de algodón; la importación de bienes para la comunidad comprendía la sal, el hierro, las herramientas para trabajo; sierras, picos, azuelas, martillos, hachas, cinceles, agujas, cuchillos, pastas de colores, plata y oro para dorar, etc. aceite, géneros de lino y seda para ornamentos, paños, bayetas y otros "géneros de Castilla", cera y vino.

Como puede apreciarse el grueso de la inversión económica de la exportación misionera constituida por las 12.000 arrobas de yerba. iba destinada al pago del tributo Real.

"Ello revaloriza el sentido de la verdadera finalidad productiva –concluye Gutiérrez– de las Misiones dada en el autoabastecimiento y no en la obtención de un lucro emergente y determina el objetivo concreto del sistema misional" (476).

Vázquez de Agüero, en Carta a José Patiño, informa el estado de Pueblos de las misiones paraguayas a cargo de la Compañía de Jesús. Asimismo le recuerda sobre las condiciones económicas y sociales; de la inspección realizada por el Obispo Pedro Fajardo en 1718. Período cubierto, 1715-1735. Buenos Aires, 16 de mayo de 1735 (477).

Antonio Alvarez de Abreu, le informa por carta a José Patiño sobre la visita del ministro Juan Vázquez de Agüero a los indios de las Misiones paraguayas. Madrid, Octubre 7 de 1735. También incluye instruccionesa Vázquez de Agüero y un sumario de sus noticias (478).

Juan Vázquez de Agüero. Informa sobre la numeración de los pueblos que correspondieron a la provincia del Paraguay y se empadronaron el año de 1715 pr. Dn. Juan Bazán (¿de Pedraza?). Gobernador de aquella provincia. Buenos Aires, Octubre 20 de 1735 (479).

Juan Vázquez de Agüero, escribe carta a José Patiño sobre el estado de los pueblos de las misiones del Paraguay de la Compañía de Jesús: número de indios tributarios, frutos, granjerías y gobierno. Buenos Aires, Marzo 25 de 1736. Además comprende los años 1715-1736 (480).

ANONYMOUS. Carta a S.M. quejándose de los privilegios e inmunidades económicas, disfrutadas de los padres de la Compañía de Jesús. Aranjuez, abril 25 de 1756. Antecedentes de demanda de apoyo, datada desde el Consulado de Lima, 1583 (481).

Felipe V. Cédula Real al Gobernador de Buenos Aires, sobre que los quatro Pueblos de Indios de la Compañía de Jesús, más inmediatos a la Ciudad de la Assumpción esten sujetos en adelante al Govierno del Paraguay. San Ildefonso. Setiembre 5, de 1733 (482).

Antonio Ruiz de Arellano. Certificación de que los indios de las doctrinas en la Provincia del Paraguay, son sumamente maltratados y tiranizados de los gobernadores. Buenos Aires, junio 29 de 1738. También refiere la separación de las familias; uso de los negros y mulatos (483).

Bruno José de Urquiza. Certificación de que los gobernadores sacan los indios de los pueblos franciscanos y otros pueblos para conducir las barcas que bajan a Buenos Aires. Buenos Aires, Julio 20 de 1738. Comercio sobre el Río Paraná; forzamiento de la labor indígena (484).

Por otra parte, en una monografía realizada por Emilio J. Schlech, da cuenta de la producción de algodón que era de 2.000 arrobas por término medio (siguiendo en esto al P. Charlevoix); que la caña de azúcar, y la miel se fabricaban en las misiones. Félix de Azara, en su "Descripción e Historia del Paraguay y Río de la Plata", menciona que "se cultiva la caña dulce y el algodón sólo en el Paraguay y Misiones. El azúcar es de buena calidad pero prefieren muchos reducirla a miel y aguardiente, que una y otra tienen muchos apasionados; y se lleva el sobrante a Buenos Aires, cuyo clima no lo produce".

"La industria del tabaco, fue otra de las organizadas por los Padres de la Compañía en las Misiones. Félix de Azara en su "Diario de la Navegación y Reconocimiento del Río Tebicuarí", señalando que en todos los pueblos recorridos se obtenía "buen tabaco en hoja y torcido parte de cual se remitía a las factorías de San Lorenzo y Asunción".

"En cuanto a la industria vitivinícola, iniciada en el interior por los Jesuitas en los alrededores de Córdoba, inmediatamente después de la fundación de la casa y colegio en 1599, se trató de extenderla también en las Misiones Guaraníticas. El Padre Lozano, refiere que "en el Paraguay desistieron el cultivo de la vid y dejaron perder las muchas viñas que tenían plantadas y que fructificaron maravillosamente por muchos años, hasta que abundaron irresistiblemente las hormigas", abandono que también obedeció por atender preferentemente el cultivo de la yerba mate. En la "Memoria histórica, geográfica, política y económica sobre la provincia de Misiones de indios guaranís", de 1785, refiere el Teniente Gobernador de Concepción, don Gonzalo de Doblas, que "en otros tiempos se ha hecho algún vino en los pueblos que lo han intentado, particularmente en el pueblo de la Cruz, en donde consta se hacía bastante y muy bueno en tiempo de los Jesuitas".

"Existían igualmente en las Misiones –continúa Schleh–, otras industrias creadas por los Jesuitas como la de la elaboración de harina de trigo, la curtiduría de cueros y el aprovechamiento industrial de las maderas, aparte de las explotaciones mineras que ellos iniciaron cerca de los pueblos de Candelaria y Santa Ana, aprovechando el cobre para la fabricación de las campanas de las Reducciones, y de las canteras de varias clases, de donde los Padres misioneros sacaron algunas columnas de cuatro... Por todas partes se percibía los campos cultivados de trigo, maíz, mandioca, porotos, habas, batata, arroz, cacao; los frutales introducidos de Castilla: naranjos, limoneros, granados, limas cidras, higos, melones y toda clase de verduras de que se recogían cosechas abundantes aparte de los cultivos de plantas industriales mencionadas anteriormente".

"Todos los productos –prosigue el mismo autor– de las Misiones alcanzaron un tráfico intenso. La enorme distancia hasta Buenos Aires era salvada en ITAPÄS, unos armatostes de tirantes y trozos de cedro, o sea las actuales jangadas cuyo servicio no ha podido resolverse por hoy nuevamente; y en GARANDUMBAS y PIRAGUAS, especie de embarcaciones muy propias para navegar con mucha carga en poca agua, conduciendo aquellas hasta 10.000 arrobas de yerba o sea más de la mitad del volumen de la embarcación. Estos transportes recorrían el Paraná llevando los frutos a Corrientes, Santa Fe y Buenos Aires, y de este punto se destinaban a Mendoza, Chile, Tucumán, Santiago, Perú y otros puntos, de donde retornaban en pago otros productos, pues no corría la plata" (485).

"Es innegable que en las misiones hubo un comercio activo, escribe el profesor Popescu, pero agrega que es necesario precisar con atención esencia y su alcance. Su esencia se cristaliza en tres principales corrientes comerciales: una circunscripta al interior de cada pueblo, otra extendida a las relaciones de los pueblos entre sí, y la última de carácter exterior" (486).

El P. Furlong S.J. da cuenta de que en los pueblos de las Misiones se construyeron lo que se llamó la hospedería, y que en el "lenguaje vulgar entonces se llamó TAMBO, y era donde, con toda comodidad podían los viajeros comerciantes o mercachifles españoles pasar tres días, que era lo permitido por la ley a los europeos que llegaban a pueblos de indios".

"El TAMBO tenían los mercaderes amplio espacio para almacenar sus productos y para exhibirlos a los posibles compradores. Así los almaceneros o superintendentes de los almacenes del pueblo, como los indios todos, acudían a hacer compras o trueques de productos, sin dificultad alguna de parte de los misioneros, aunque éstos cuidaban de que los indios no fueran engañados por los avivados comerciantes de la Asunción o Villarrica".

Más adelante expresa el mismo autor: "En Buenos Aires desde 1627 en Santa Fe, desde 1666, habían los jesuitas establecido lo que se llamó Proveeduría de Misiones, a cuyo frente había un Padre, conocedor de las mismas, y con habilidad comercial, y de él dependían unos galpones o almacenes, en los que se depositaba cuanto venía de las Reducciones, y el dicho Procurador, según fueran favorables las circunstancias, lo iba vendiendo a los interesados" (487).

"Existe, sin embargo, –dice Magnus Mörner– un informe de especial interés que describe como el Colegio de Asunción compraba algodón en Parraguay para enviarlo luego a las reducciones, cuyos indios lo hilaban y, a cambio de la retribución usual, tejían las telas que el mismo colegio vendía luego en la provincia, por cuenta propia y con considerables ganancias" (488).

"La riqueza material de las reducciones –prosigue Magnus Mörner– fue considerable a comienzos del siglo XVIII. En 1699 cuando se esperaba una inspección del gobernador, el superior aconsejó a los misioneros que por ningún motivo se jactaran ante los españoles de las valiosas posesiones de las reducciones y que, en cambio, procuraran mantener los talleres cerrados durante la inspección" (489).

Magnus Mörner, da cuenta de que en 1690, la provincia paraguaya obtuvo una importante donación de José Campero, un rico encomendero, para llevar a cabo el establecimiento de un colegio en la ciudad y las actividades propias de su misión" (490).

La cría de mulas era otro de los rubros importantes en las reducciones jesuíticas, y eran utilizadas preferentemente como bestias de carga en las expediciones yerbateras (491).

"Durante el período 1679-1693, más de 190.000 pesos fueron transferidos –dice Magnus Mörner–, a Europa por los procuradores, parte de los cuales, sin embargo, pertenecía a extraños o era devuelto por la Corona. Las grandes sumas de dinero que casi todos los procuradores paraguayos enviados a España debían pedir prestadas a la Procuraduría de Indias en Sevilla o Madrid, estaban sujetas a un 12 por ciento de interés, lo que causaba grandes pérdidas a la provincia jesuítica. Quizá convenga mencionar que los procuradores compraban algunos artículos en España para venderlos con ganancia, a su regreso, en Buenos Aires, pero la importancia de estas transacciones, es decir, las ganancias de la estancia y el obraje del noviciado, resultaron hacia fines del siglo XVII, no sólo insuficientes sino también inseguros, ya que el ganado sufría frecuentes epidemias y el precio de las mulas bajaba constantemente".

"En 1687, el padre General González sugirió que la provincia invirtiera capital en Europa para obtener así, los medios destinados a financiar a sus procuradores. Los jesuitas paraguayos respondieron que, dada la precaria situación de España, la idea de invertir capitales allí resultaba poco atractivo y evocaban la desafortunada experiencia del colegio de Asunción... Al principio, el General se mostró partidario de esta propuesta, pero luego, en 1695, sugirió otra solución: la provincia paraguaya prestaría, si ello fuera posible, la suma de 100.000 pesos al colegio jesuita de San Hermenegildo de Sevilla, que estaba en quiebra desde hacía varias décadas; si se lograba que la transacción permaneciera en secreto, sería posible concertar un acuerdo más favorable con los acreedores. Para obtener el capital necesario, la provincia estaría autorizada a cobrar 300 pesos de cada una de las veinticuatro reducciones y 12.000 pesos del fondo común de los misioneros, con el interés del tres o el cuatro por ciento sobre la hipoteca de Sevilla, la provincia obtendría, de la manera más práctica, los fondos requeridos para contribuir al pago del trabajo de sus procuradores. No existen pruebas, sin embargo, –prosigue Magnus Mörner–, de que este plan, tan tentador para las provincias jesuíticas tanto del Paraguay como de Andalucía, haya llegado a realizarse; es probable que los recursos de los jesuitas no alcanzaran para pagar las deudas del colegio. La estancia del noviciado siguió suministrando el aporte principal a los ingresos comunes de la provincia jesuítica".

"De la misma manera que las letras de cambio fueron empleadas con gran frecuencia, según parece, entre los establecimientos de la provincia paraguaya, se llevaron a cabo transferencias de capital entre ésta y otras provincias, dentro y fuera del imperio español. Ha sido imposible investigar –dice Magnus Mörner– todas las transacciones de carácter económico realizadas entre los jesuitas paraguayos y sus colegas brasileños y portugueses, pero se supone que han sido considerables. Los gobernadores de las provincias del Río de la Plata, depositaban su dinero en los colegios jesuitas, y si era necesario, tomaban de ellos dinero, en préstamo. Resulta difícil obtener una imagen completa de las actividades bancarias de los jesuitas, que, aún cuando probablemente tuvieron un alcance bastante modesto, eran, sin duda, únicas en las primitivas provincias del Río de la Plata" (492).

"Frecuentemente, se alega que las ganancias de las reducciones constituían una considerable fuente de ingresos para los superiores de la Compañía en Roma. En relación con el proyecto ya comentado, sobre fondos comunes para la provincia preparado hacia fines del siglo, hemos dado un ejemplo de la cantidad de dinero que las reducciones –aparte de los bienes comunes de los misioneros– podían poner a disposición de la provincia jesuítica. Los 7.200 pesos exigidos entonces a las reducciones no constituían una suma pequeña, la cual sin embargo, era menor que el 10 por ciento del total que aportarían en conjunto los establecimientos de la provincia jesuítica. Sin duda, la mayor parte de las ganancias de las reducciones era empleada dentro de las mismas para aumentar de maneras diversas la magnificencia de las ceremonias religiosas con el fin de cumplir con conocido lema de los jesuitas AD MAOIREM DEI GLORIAM. Aunque los edificios de las Iglesias eran más modestos en el siglo XVII que en el XVIII, se gastaban considerables sumas en ornamentación como lo demuestran unos pocos ejemplos tomados de las cuentas de las procuradurías de las reducciones".

"La economía de los colegios jesuitas –prosigue Magnus Mörner–, que según las reglas de la Orden debían poseer ingresos regulares dependía, en la provincia jesuítica del Paraguay –y por cierto, no sólo allí sino también en las otras provincias– esencialmente de sus propiedades. Al principio, obtuvieron las tierras como concesión de las autoridades o como donación procedente de fuentes privadas. Por otra parte, en muchos casos, las donaciones obedecieron a razones de índole personal, por ejemplo, con el propósito de obtener el ingreso en la Orden. Más tarde, la compra de tierra aumentó el volumen de sus propiedades". Y más adelante, Magnus Mörner afirma que los jesuitas se "encontraban en una situación comparativamente favorable en cuanto a la propiedad de tierras, ya que gran parte de la herencia de los descendientes de los conquistadores y los fundadores de las ciudades llegó a sus manos" (493).

En cuanto al alquiler de las propiedades de los jesuitas en las ciudades, se sabe que practicaban este tipo de transacciones para afianzar sus ingresos financieros.

Si el préstamo de dinero, que los jesuitas practicaban en contradicción a las reglas de la Orden, si era de significativa importancia como hemos venido viendo. Ya sea como elemento de enlace entre las autoridades seculares y los colegios jesuíticos, o como medio de operaciones comerciales como la compra de bienes a los navíos de permiso.

La actuación de sus procuradores en Europa, donde siempre consiguieron sus propósitos, da pie a pensar en toda gama de artilugios para la consecución de los objetivos perseguidos. Hasta se hacían traer de vuelta en los "navíos de permiso", donde no pagaban nada, sino venían por cuenta de la Corona (494).

"Generalmente –opina Magnus Mörner–, cuando un procurador jesuita regresaba a América en un navío de permiso con nuevos misioneros, había llegado ya el momento en que un nuevo procurador debía partir hacia Europa en el mismo barco, y era absolutamente natural que quienes estaban relacionados con él, tanto en el campo de la administración como en el del comercio, le encomendaran numerosos asuntos, de índole secular, en especial, la transferencia de capitales, a lo que el procurador, por diversas razones no se podía negar. El jesuita tenía cierta oportunidad de ahorrar a su principal el pago del ALMOJARIFAZGO, dado que el equipaje personal de los eclesiásticos no pagaba impuestos. Los viajes regulares de los procuradores eran una consecuencia directa de la centralización de la Orden, que en ninguna otra tenía parangón".

"En cuanto a los sobornos –afirma Magnus Mörner–, sus adversarios empleaban idénticos métodos en la medida en que podían afrontarlos. Más importantes que los favores materiales, particularmente en el caso de los funcionarios superiores, fue el hecho de que los jesuitas pudieron, a menudo plantear personalmente sus problemas como confesores de personas influyentes, por ejemplo, apelando, con no poca frecuencia, al fervor religioso de esas personas, aun cuando los asuntos que así promovían era de naturaleza puramente material. Por otra parte, las peticiones formuladas por los jesuitas eran de nivel superior, en cuanto a lógica, estilo erudición, a las generalmente presentadas por las autoridades, las corporaciones, o los individuos de las provincias del Plata. Este hecho, que un somero estudio de los documentos confirmará inmediatamente obedecía a la excelente educación de los jesuitas" (495).


LA ERA DE LOS BORBONES Y LA ACTUACION DE LOS JESUITAS


"Con e siglo XV1II –dice Magnus Mörner– comienza el período más dramático y más controversial de la historia jesuítica en el Río de la Plata. La historia de los jesuitas es también algo mejor conocida en cuanto a esta época se refiere por las fuentes documentales son más abundantes y más accesibles".

"Hasta fines del siglo XVII la Vaquería del Mar –prosigue Magnus Mörner–, había sido explotada por los pueblos de los guaraníes lo mismo que por los porteños y los lusitanos de Colonia sin que hubiese empezad a escasear este "beneficio gratuito". Pero la situación cambió a principios del siglo XVIII. Durante la Guerra de Sucesión la Compañía Francesa de Guinea fue autorizada a desembarcar 3.475 esclavos negros en Buenos Aires y los cargamentos de retorno estaban, en gran parte, constituidos por cueros. Luego a partir de la Paz de Utrecht, empezó sus operaciones en Buenos Aires la factoría de la Compañía inglesa del Mar del Sur. Hasta 1739 los ingleses habían desembarcado a unos 10.480 negros, y a esta mercancía humana hay que añadir grandes cantidades de contrabando. El resultado fue un enorme auge de la exportación de cueros. Entre 1708 y 1714 los franceses se llevaron 174.000 cueros, entre 1715 y 1726 el asiento inglés exportó 218.242. Esto causó la extinción del ganado cimarrón de la Banda porteña y a partir de ella la explotación acelerada de la Vaquería del Mar en la Banda Oriental, iba a exceder el incremento vegetativo del ganado. Al mismo tiempo, estaba aumentando la necesidad de los pueblos guaraníes de abastecerse de carne de la Vaquería. En l716 había 121.000 indios en los treinta pueblos y alrededores de 100.000 piezas de ganado cimarrón eran traídas anualmente a las poblaciones guaraníes".

"La ansiedad de los jesuitas fue claramente expresada –prosigue Magnus Mörner–, en la Congregación Provincial de 1717. Los jesuitas consideraban que los guaraníes poseían los títulos legítimos a la Vaquería del mar, y creían que no sería posible abastecer a los treinta pueblos sin recurrir a esta vaquería". La amenaza guaraní hizo al gobierno de Portugal tomar la medida extraordinaria de quejarse directamente al padre General Tamburini. Este escribió entonces al padre provincial del Paraguay prohibiendo a los jesuitas de los pueblos guaraníes "inquietar" a los vasallos del rey de Portugal establecidos en Colonia" (496).

"Mientras tanto continuaba la destrucción de la Vaquería del Mar. En 1720 el gobernador Bruno Mauricio de Zabala prohibió a los santafecinos, lo mismo que a los porteños, la saca y matanza de ganado cimarrón. En cuanto a los guaraníes se refería, Zabala se contentó con exhortarle a realizar sus faenas con moderación y sólo para su propia subsistencia. En esta situación, el camino estaba abierto para negociaciones directas entre las partes interesadas. A principios de 1721 se llegó a un acuerdo conocido bajo el nombre de "concordia", según el cual se fijaba una saca anual máxima de 50.000 animales para porteños y santafecinos. Los guaraníes de los pueblos de la Compañía podían seguir sacando lo que se necesitaba para el abasto de los indios pero nada para la venta a terceros. Cuando todos empezaron a advertir que el ganado cimarrón continuaba disminuyendo, surgieron nuevamente tensiones entre los jesuitas y el cabildo porteño, pero los indios de los pueblos, a la sombra de la Concordia, se apresuraron a sacar de la Vaquería del Mar unas 80.000 cabezas para fundar con ellas otra vaquería llamada de Pinares, al sur del Río Pelotas y cerca de 400 kilómetros al este de los pueblos, en una región circundada de montañas y bosques". Sin embargo, pronto los lusitanos, fueron los principales encargados de su consumo, especialmente para alimentar las regiones de Cuiabá y de Goiás. De esta manera encontraron en 1729 –prosigue Magnus Mörner– la Vaquería de los Pinares, que bien pronto quedó saqueada. Pero los jesuitas habían tenido la precaución de llevar ganado cimarrón de la Vaquería del Mar también a los siete pueblos que se habían establecido al sur del río Uruguay entre 1686 y 1707".

Precisamente esta circunstancia sumamente importante para la sustentación de los pueblos jesuíticos sería sin embargo, el factor detonante del rompimiento de relaciones con Portugal. Estos –como dice Magnus Mörner– se daban cuenta de que los siete pueblos sureños de los jesuitas españoles con sus vastas estancias constituían la principal amenaza contra el flanco del avance lusitano hacia el Río de la Plata. Esta comprensión mutua iba a formar el punto de partida para el Tratado de Límites de 1750 de funestas consecuencias para los pueblos guaraníes y para toda la Compañía de Jesús" (497).

Es evidente, y lo venimos precisando, las diferentes actividades en que se hallaban comercialmente involucrados los jesuitas. Pero, es recién en la primera mitad del siglo XVIII, que el incremento general del comercio del Río de la Plata –Buenos Aires especialmente–, traería aparejada una mayor expansión de las reducciones jesuíticas y vivirían su máximo de esplendor. Entre estos negocios pueden citarse: la valorización del cuero; el efecto estimulante de los Asientos francés e inglés; la inmigración; el comercio de esclavos; los continuados viajes desde Cádiz de los navíos de registro, desde 1720, y la decadencia de la Minería del Alto Perú.

Los jesuitas, no obstante la diferencia de confesión, no vacilaban en vincularse económicamente con los ingleses del Asiento.

"El procurador de las Misiones en Buenos Aires Diego García, presentó un crédito de 16.000 pesos contra los bienes confiscados de los ingleses. Dos años más tarde, el procurador de Misiones (ahora el padre Jerónimo de Herrán) obtuvo del Asiento una letra de cambio sobre Londres por valor de 12.000 pesos: casi todo el importe fue abonado por don Baltasar Qarcía Ros, jefe de la Guarnición. Después de la segunda represalia contra el asiento en 1727, observamos otra vez la conexión entre jesuitas y esclavistas ingleses, en que estaban interesados también altos oficiales españoles como García Ros. Parece que los jesuitas prestaban ayuda a los ingleses facilitándoles los servicios del padre procurador en Potosí para la internación de esclavos. Los jesuitas mismos aparecen como compradores de un total de 120 esclavos del Asiento entre 1716 y 1733. Costaban éstos entre 200 y 225 pesos por cabeza. Considerando que la introducción total del Asiento entre 1715 y 1738 arrojaba un total de 10.480 esclavos; aquella Cantidad parece bien pequeña, pero hay que tener en cuenta que por lo menos 7.296 de los esclavos importados se internaron fuera de las provincias del Río de la Plata. Sólo en la ciudad de Córdoba los jesuitas tenían entonces más de mil. Los ingleses, por su parte, según parece, solían ayudar a los jesuitas a efectuar las transferencias de fondos necesarias para las gestiones de los procuradores en Europa".

"El número de jesuitas aumentó de 238 y 274 en 1720, hasta 352 en 1735. La gran mayoría de los nuevos jesuitas se reclutaban en Europa y los viajes de los procuradores eran más costosos que nunca. El de los padres Diego García y Juan José Rico a mediados de la década de 1740 costó 107.000 pesos (y trajo 68 sujetos). Más adelante Magnus Mörner, apunta que en 1740, por ejemplo, el gobernador del Paraguay fue autorizado a sacar yerba caamini de los pueblos guaraníes bajo condiciones favorables con el fin de su venta en el Perú, pudiera liberarse de una deuda de 12.000 pesos que había contraído en España".

En cuanto a la Provincia del Paraguay, seguía pobre y aislada del mundo y las rebeliones comuneras (1722-1735) reflejaron en parte la frustración debida a este estado de cosas" (498). Por su parte, el Colegio jesuita tenía una vasta estancia en el centro de la Provincia con grandes cantidades de ganado, yeguas y ovejas, y participaba asimismo de la exportación de yerba. Muestran los CATALOGI RERUM que su inventario de esclavos subió de 239 en 1710 hasta 570 en 1753. Según el padre Sebastián de San Martín, el Colegio de Asunción en 1749 era "el más rico" de toda la provincia de la Orden "o el único que lo es". Refiere cómo el Colegio asunceño dio "de limosna", en 1740, 4.000 pesos al endeudado Colegio Máximo de Córdoba. En dos años había exportado 17.000 arrobas de yerba. "Esta abundancia tan grande la atribuyó a las continuas limosnas que hacemos en esta tierra que nos quieren como el dolor de tripas y que en este siglo han echado ya dos veces", comenta el padre San Martín (499). De lo que no se puede dudar es del fuerte contenido económico del conflicto entre o Paraguayos y los jesuitas expresado externamente en la rebeldía comunera. Es también significativo que el desarrollo económico del Colegio aparentemente no haya sido afectado en gran medida ni aún por las dos expulsiones ya mencionadas, que los padres sufrieron de los comuneros" (500).


LA CEDULA GRANDE DE 1743


Después, de un largo proceso de investigación –dice Magnus Mörner–, el rey Felipe V, el 28 de diciembre de 1743 firmó una Cédula aprobando casi todos los aspectos de la administración jesuita en los pueblos guaraníes y confirmando sus privilegios, incluso el tributo de sólo un peso por cabeza. No es sorprendente que este decreto haya llegado a ser conocido. Según los historiadores favorables a los jesuitas esta Cédula fue el resultado de un escrutinio escrupuloso y objetivo y los adversarios han sido capaces de probar lo contrario".

Los antecedentes de la Cédula, pueden resumirse así: Un capitán Bartolomé de Aldunate, había insinuado al gobierno Real en 1726 que los 150.000 (!) indios de los jesuitas no pagaban ningún tributo. El rey pidió que emitiera su parecer el gobernador interino del Paraguay, Martín de Barúa. Este informó en 1730 que probablemente no había más de 40.000 tributarios en los pueblos guaraníes pero que pensaba que el tributo debía de alzarse a dos pesos por cabeza (lo que todavía sería sólo la mitad de lo que pagaban otros indios de su jurisdicción). Barúa alegó, además, que los guaraníes estaban debiendo a la Real Hacienda nada menos que 3.200.000 pesos en tributos conforme a la tasa impuesta en 1679. El Consejo de Indias decidió entonces enviar al Río de la Plata a un funcionario de la Corte de nombre Juan Vázquez de Agüero para investigar el asunto. Al parecer, hombre poco enérgico, Vázquez de Agüero, nunca llegó a visitar los treinta pueblos. Se contentó con entrevistas en Buenos Aires con el provincial Jaime Aguilar, los obispos José Palos del Paraguay y Juan de Arregui de Buenos Aires y otros personajes de relieve. Informó al Consejo en 1735 que según le había informado el provincial, había 30.000 tributarios en los treinta pueblos. Según el mismo, las exportaciones anuales de los pueblos arrojaban alrededor de 100.000 pesos. Agregaba el visitador que al parecer los indios no eran debidamente instruidos en castellano, ni pagaban diezmos, y no existía en los pueblos propiedad privada. Cuando propuso al padre Aguilar un alza del tributo, éste replicó que ello causaría la deserción o rebeldía de los indios".

El texto de la Cédula Real, dada en Buen Retiro, el 28 de diciembre de 1743, es la siguiente: EL REY, hacía un pormenorizado repaso de los acontecimientos en el Río de la Plata y el Paraguay, y dice en una de sus partes: "... En efta inteligencia, y conftando por los Autos e informes referidos, que los Pueblos fon treitna, (los diez y fiete de ellos en la jurifdiccion de Buenos-Ayres, y los trece reftantes en la del Paraguay). Que el número de indios de todos ellos fera de CIENTO VEINTE A CIENTO TREINTA MIL; yque fegun las Certificaciones de los Curas, eran el año de Fetecientos y treinta y quatro habiles al tributo, DIEZ Y NUEVE MIL CIENTO DIEZ Y SEIS: Que el año de mil feifcientos y quarenta y nueve aviendofe declarado, y recibido por Vasallos demi Real Corona á eftos Indios, y por Prefidiarios, y Qpofitos de los Portuguefes del Brasil, fe mando fueffen refervados de mita, y fervicio perfonal, y que pagaffen á mi Real Corona en reconocimiento del Señorio UN PESO DE OCHO REALES DE PLATA en efta efpecie, y no en frutos, lo que fe aprobó y ratificó por Cédula del año de mil feifcientos y fefenta y uno, mandando, que el fynodo de los P.P. Doctrineros fe cobraffe de efte tributo."

"EL SEGUNDO PUNTO SE REDUCE A EXPRESAR QUE FRUTOS PRODUCEN AQUELLOS PUEBLOS; EN QUE PARAGES SE COMERCIAN; Y RESPECTIVAMENTE SVS PRECIOS, QVANTA PORCION DE YERBA SE COGE ANVALMENTE, Y ADONDE LO CONDVCEN, COMO TAMBIEN A QVE VSOS SE DESTINA, Y EL PRECIO A QUE SE VENDE. Y refultando por la Información recibida por el mencionado D. Juan Vázquez, y sus Informes, que el total producto de la Yerva, Tabaco, y demás frutos, montará anualmente CIEN MIL PESOS; Que los Procuradores de los P.P. corren con efta Recaudación y Venta de Generos á plata, por la incapacidad que queda expreffada de eftos Indios: Que por Cédula del año de mil feifcientos y quarenta y cinco, fe les concedió facultad para que libremente pudieffen beneficiar, y traginar la Yerva, con calidad de que no la comerciaffen para fus Doctrineros: Que por otra Real Cédula del año de mil feifcientos y fetenta y nueve, fe advirtió al Provincial del Paraguay el exceffo, de que los P.P. comerciaban en efta Yerva: Que por otra del mifmo año, para ocurrir á la quexa de la Ciudad de la Affumpcion, que hizo preferente el perjuicio. que le caufaban los P.P. baxando crecidas porciones de Yerva de Fus Pueblos, por cuya circunftancia dexaba de tener la Ciudad de la venta correfpondiente, fe mandó, que folo baxaffen DOCE MIL ARROBAS TODOS LOS AÑOS, para pagar el Tributo, que era el motivo que los P.P. avian dado para efte Comercio, con calidad de quefe reconocieffen, y regiftraffen en las Ciudades de Santa Fé, y Corrientes, y que no llevando Teftimonio de efte Regiftro, fe defcaminaffe, como fe hacia con la Yerva de Particulares: Y conftar afsimismo, que eftos Indios eftán exemptos de la paga de todos Derechos, por la venta de la Yerva, y demás Generos, que benefician en fus Pueblos, por lo mandado en Cedula de quatro de julio de mil feifcientos ochenta y cuatro, renovada en la Inftrucción, que el año de mil fetecientos y diez y feis fe expidio a Don Bruno de Zavala; y resoltar.....Y ultimamente tenido presente, que el total beneficio, y venta de la Yerva, y demás frutos, fea de los cien mil pefos, que expreffan los mifmos P.P. y que fegun afirman, no fobra nada para mantene treitna Pueblos de á mil vecinos, que al refpecto de cinco perfonas cada vecino, montan ciento y treinta mil, y tocan al año de los cien mil pefos, á fiete reales á cada perfona, para inftrumentos de labor, y mantener las Iglefias con la decencia que lo practican, cuya demostracion califica, que tos Indios no tenian fondos para pagar, ni aún el corto tributo de un pefo que pagan: HE TENIDO POR CONVENIENTE, EN CONFIDERACION A TODO LO QUE QUEDA EXPREDDADO, QUE FE CONTINUE EL MODO DE COMERCIO POR MANO DE LOS P.P. COMO HAFTA AORA, fin novedad alguna; y que los Oficiales de mi Real Hacienda de Buenos-Ayres, y Santa Fe, informen anualmente, que cantidad, y calidad de frutos fe venden en fus refpectivas Ciudades de los Pueblos del Paraguay, como fe les previene en Defpacho de efte dia, para su puntual obfervancia"...

"EL QUARTO PVUNTO SE REDVCE, A SI LOS INDIOS EN SVS BIENES TIENEN EN PARTICVLAR DOMINIO O SI ESTE, U LA ADMINISTRACION DE ELLOS CORRE A CARGO DE LOS P.P. fobre cuyo affumpto cofta por los Informes, conferencias y demas documentos de efte Expediente, que por la incapacidad y defidia de eftos Indios para la Adminiftración, y manejo de las Haziendas, fe señala á cada uno una porción de Tierra para labrar, á fin de que de fu cofecha pueda mantener fu familia, y que el refto de fementeras de Comunidad, de Granos, Raizes comestibles, y Algodón, fe administra, y maneja por los Indios dirigidos por los Curas en cada Pueblo; como tambien la Yerva y Ganados; y que del todo de efte importe fe hacen tres partes, la una para pagar el Tributo á mi Real Erario, de que fale el Synodo de los Curas; la otra para el adorno, y manutención, de las Iglesias; y la tercera para el fuftento, y veftido de las viudas, huerfanas, enfermos, e impedidos; y finalmente para focorrer a todo necefsitado; puede la porcion de Tierra aplicada a cada uno para fu fementera, apenas ay quien tenga baftante apara el año.... HE TENIDO POR CONVENIENTE DECLARARLO AFSI, Y MANDAR (como lo hago) no fe altere en cofa alguna el methodo con que fe goviernan eftos Pueblos en efte particular".

"EN EL QVINTO PVNTO SE EXPRESSA, SI LOS CITADOS INDIOS DE ESTAS MISSIONES TIENEN OTRAS JUSTICIAS MAS QVE SVS ALCALDES INDIOS, Y QVIENES LOS NOMBRAN. Y refpecto que la providencia de poner en eftos Pueblos Corregidores Efpañoles traería graves inconvenientes, como don Martin de Barua informó á mi Confejo de las Indias. EN EFTA CONFlOERACION HE TENIDO AFSIMISMO POR CONVENIENTE NO HACER NOVEDAD FOBRE EFTE PUNTO, Y MANDAR (COMO LO HAGO POR EFTA CEDULA) FE OBFERVE LA PRACTICA QUE HAFTA AORA HA AVIDO".

"EL SEXTO PUNTO COMPREHENDE DE LO QUE SE HA INFORMADO A QVE OFICIOS NOBLES O MECANICOS AYAN ENSEÑADO A LOS INDIOS DE ESTAS MISIONES; QUE GENERO DE ARTEFACTOS AY EN ELLOS: COMO TAMBIEN SI FABRICAN ARMAS, POLVORA, U OTRAS MUNICIONES; Y SI TIENEN ALGUNAS MINAS; DE QUE CALIDAD DE METALES Y ASSIMISMO SV BENEFICIO, Y GOCE.... POR CUYOS MOTIVOS he resuelto que en todas las efpecies que compreende efte Punto no fe haga tampoco novedad alguna en lo que actualmente fe efta practicando. fino que fe continue como hafta aqui, afsi en el manejo de Armas, como en la Fábrica de ellas, y de las Municiones que mencionan. Y a fin de precaver qualesquiera inconvenientes, que de efto puedan refultar; fe previene por Cédula de efte dia á los P.P. de la Compañia, que el Provincial en su Vifita comunique con los Doctrineros, fi convendrá tomar alguna providencia, por fi le desgracia hicieffe, que ay alguno levantamiento de Indios informando a mi Consejo de las Indias el medio que difcurrieren oportuno".

"ES EL SEPTIMO PUNTO SOBRE SI SE HA ESTABLECIDO DIEZMAR ENTRE AQUELLOS NATURALES; Y SI CON ALGUNA PARTE DE ESTE DERECHO ACUDE AL REVERENDO OBISPO Y CATHEDRAL, O EN QUE FORMA SE DISTRIBUYE. HE RESUELTO, que por aora no fe haga novedad alguna fobre efte particular, previniendo por Cedula aparte al Provincial, q fiendo tan jufto el derecho de Diezmar, trate con sus Doctrineros el modo, y forma con q eftos Indios podrán contribuir alguna porción por razón de Diezmo".

En el Octavo punto de la expresada Cédula, en que entienden y se aplican tantos Padres en Misión al Paraguay, respondiendo que era su real ánimo que no haga tampoco novedad alguna en este particular. En los demás puntos, se refiere a si el Obispo del Paraguay visita las Misiones; sobre el estado de las Iglesias que están a cargo de los P.P,, su asistencia y culto divino; a la antigüedad que tiene cada uno de los pueblos y que en pasando de diez años debe pasar a doctrina secular y dejar de ser misión, dejando el Rey en este punto que todo siga en poder de los jesuitas, sobre el motivo que pueda haber para no estar sujetos al Gobierno del Paraguay, los pueblos que contiene su jurisdicción, dispuso el Rey que era su ánimo no se haga tampoco novedad en este particular; por último recomienda cuidado en la vida de los jesuitas de origen extranjero, para no tener problemas con potencias sobre todo de mar (501).


LOS TRIBUTOS DE LOS INDIOS DE LAS REDUCCIONES


Arduas fueron las discusiones suscitadas con motivo del pago o no de los Tributos a la Corona, por parte de los indios de las reducciones jesuíticas.

Según una Cédula de 1642, el gobernador y el obispo del Río de la Plata debían sugerir, de común acuerdo, el monto del tributo que habían de pagar los indios de los jesuitas. Lariz –comenta Magnus Mörner– cuyo altercado con el obispo de Buenos Aires, excluyó toda posibilidad de colaboración, estimó en 7.500 el número de indios que, aptos para portar armas, debían pagar tributo y propuso ame el Consejo de Indias de fijación de un monto de 3 pesos (de a 8 reales) per cápita".

En el año 1657, el oidor Juan Blázquez de Valverde, visitó todas las reducciones jesuíticas, siendo una de sus conclusiones, la de que 7.500 indios debían pagar tributo, a razón de un peso por cada indio.

Recién en 1661, se emitió el decreto, por el Consejo de Indias y solicitado por Valverde del pago del tributo indígena, de un peso durante un plazo de seis años.

En el año 1664, se recibió un AUTO de la Audiencia de Buenos Aires, que exigía el pago por 8.000 indios de las reducciones a razón de tres pesos a ocho reales per cápita, ya fuera en bienes o en efectivo. Sin embargo, un año después, en 1665, la propia Audiencia de Buenos Aires, lanzó un nuevo decreto por el cual el monto fue fijado en 12 realesY debía ser pagado por 9.000 indios. En 1666, finalmente, la Audiencia y o jesuitas acordaron que las reducciones pagarían a los oficiales reales de Buenos Aires la suma de 9.000 pesos de a ocho por año, en efectivo. No se descarta que tan exigua suma haya sido producto del permiso concedido por la Audiencia de Buenos Aires de autorizar a las reducciones a exportar anualmente 12.000 arrobas de yerba, es decir casi 140 toneladas a Santa Fe, mediante el cual el pago del tributo sería allanado sin dificultad.

"Desde el comienzo del pago del tributo –dice Magnus Mörner–, en 1667, la cantidad de yerba ofrecida en venta aumentó, sin duda, en medida considerable. Naturalmente, los productores paraguayos de yerba atribuyeron la gran caída de los precios, que se manifestó hacia fines de la década de 1660, a la importante competencia de las reducciones jesuíticas: una de las razones de esta evolución fue, probablemente la exportación de yerba desde las reducciones. Por añadidura, los indios estaban exentos de alcabala, lo que también debía influir sobre los precios y la calidad de su yerba era además casi seguramente muy superior a la de la ofrecida por los otros productores. Asimismo, es posible que en virtud de factores pasajeros, el precio de la yerba haya sido exageradamente alto a comienzos de la década de 1660. En cualquier caso, la diferencia entre el valor de la yerba como unidad de cambio en Asunción –el equivalente de alrededor de dos pesos de a ocho por arroba– y su precio de mercado en Santa Fe desapareció, según todo lo indica, durante la década de 1670. Desde que la comunidad productora de yerba de Villa Rica fue despojada de su mano de obra por la invasión portuguesa, se temió que los indios de las reducciones explotaran el distrito yerbatero de Sierra de Mbaracayú. En consecuencia, en 1677, el gobernador Rege Corvalán consideró su deber pedir al Consejo de Indias que impusiera una radical restricción a las exportaciones de yerba de las reducciones: en lugar de las 12.000 arrobas que hasta entonces podían exportar a Santa Fe, debían ser forzados a transportar por tierra, hasta Asunción, únicamente 5.000 arrobas, cantidad estimada suficiente para el pago del tributo. En cuanto al costo de sus diversas necesidades, las reducciones debían recurrir, para afrontarlo, a la venta de otros productos –maderas, tabaco, tejidos de algodón, etc.–, en Santa Fe y Buenos Aires".

Si bien el comercio jesuítico estaba prohibido por el Papa Clemente IX, en 1669, y ser acusados los jesuitas de exportar mayor cantidad que la autorizada, y dejando de lado las quejas del gobernador Rege Corvalán, la Corona autorizó nuevamente a las reducciones a exportar las 12.000 arrobas como anteriormente (502).

"La producción de yerba de la provincia de Paraguay aumentó únicamente cuando, después de las acciones de los portugueses en 1676, Villa Rica, perdió su monopolio y los asunceños iniciaron el comercio del artículo en gran escala. En Santa Fe –prosigue Magnus Mörner–, los precios de la yerba paraguaya seguían bajando; según el gobernador Monforte de Asunción, durante la década de 1680 el precio bajó sólo un peso por arroba: alrededor de 60.000 arrobas eran enviadas a Santa Fe".

"La exportación de yerba de las reducciones jesuíticas a la misma ciudad llegó, durante las décadas de 1680 y 1690, a 6.000 y 9.000 arrobas anuales, según certifican periódicamente las autoridades, a pedido de los jesuitas. El informe correspondiente a este período, del auditor de la Procaduría de Misiones en Buenos Aires, muestra que, en general, las reducciones disponían de aproximadamente 20.000 pesos a su favor, y dado que exportaban principalmente yerba, se supone que enviaban considerables cantidades a Buenos Aires; sin embargo, aún quedan varios puntos poco claros al respecto".

"En la década de 1690, la primera mención explícita del tema que se halla en las fuentes, alude a una importante diferencia de calidad entre la yerba de las reducciones y la de los productores paraguayos; según se afirma, la de las reducciones, denominada YERBA CAAMINI, era mas seleccionada que la gruesa YERBA DE PALOS de los paraguayos. En tanto los consumidores del Perú preferían la yerba caaminí, los de las provincias del Río de la Plata se habían aficionado a la yerba de palos. La yerba caaminí de las reducciones llegaba a Santa Fe donde los comerciantes, que luego la enviaban al mercado peruano, pagaban un precio bastante bueno, alrededor de 2 pesos 4 reales por arroba en 1680. Si se considera que los indios de las reducciones habían sido eximidos de alcabala y sisa para el período 1680-1685, la posición favorecida del comercio de yerba de los establecimientos jesuíticos resulta obvia. Los paraguayos en el mejor de los casos, debían esperar que toda la yerba caaminí estuviera vendida para exportar su propia yerba a Perú. El gobernador Monforte protestó enérgicamente contra la superproducción de los paraguayos, y en la década de 1690, se intentó limitar la exportación de yerba o al menos, obligarla a que pasara por la ciudad de Asunción, donde se cobrarían los impuestos para beneficiar al Paraguay. En ocasiones, la yerba era transportada desde Villa Rica, Yutí o Caazapá por tierra directamente hasta el Río Paraná: los jesuitas recibieron órdenes estrictas de suspender este tráfico" (503) (504).


EL COMERCIO ILEGAL


En los comienzos del establecimiento de los Jesuitas del Paraguay, éstos contaban con dos buenos aliados, el Gobernador del Paraguay Manuel de Frías y el de Buenos Aires, Diego de Oóngora.

"A su partida de España hacia el Río de la Plata –narra Magnus Mörner–, el gobernador Góngora entabló negociaciones con ciertos comerciantes portugueses resuelto a unirse a ellos en la práctica del comercio ilegal vía Buenos Aires. En conocimiento de estos hechos. el Consejo de Indias encomendó su investigación a un pesquisidor general, que una vez en Buenos Aires, discutió el problema con el rector del colegio jesuítico, quien en virtud de los privilegios concedidos a los REGULARES llegó hasta el extremo de convocar a un JUEZ CONSERVADOR en contra del pesquisidor, medida ésta enérgicamente criticada por los superiores de la Orden. Es indudable que el colegio jesuita. como la gran mayoría de los habitantes de la ciudad y las restantes organizaciones religiosas, estaba mezclado en el comercio ilegal por cuyo intermedio se procuraba el aumento de los estrictamente limitados recursos accesibles por vía legal. Tras la muerte de Góngora en 1623, otro visitador, enviado por la Audiencia de Charcas emprendió una nueva investigación del contrabando en Buenos Aires, a cuyo término reveló que el procurador del colegio jesuítico, quien disponía de una licencia especial para la compra, en Brasil, de materiales de construcción y cierto número de esclavos negros, todo ello destinado al colegio, había importado secretamente más esclavos y otro contrabando. Posteriormente, fue posible establecer, asimismo, que otro jesuita actuaba en 1624 como agente de los contrabandistas porteños, y, en ese carácter, había vendido esclavos negros tanto en Tucumán como en Perú. Al respecto, un distinguido estudioso jesuita ha señalado que la desobediencia de los miembros de la Orden respecto de las leyes de la Iglesia y del Estado era inevitable si algo habían de hacer en Buenos Aires. Para quien no asuma ante ella una actitud rígida y moralista y, en sentido estricto, anacrónica tal afirmación será, indudablemente, correcta (505).

"La aplicación del patronato real, amén de otros motivos, suscitó al parecer, un serio desacuerdo entre el obispo dominicano de Asunción, Tomás de Torres y Frías, quien contaba con el apoyo de los jesuitas de la ciudad, prosigue Magnus Mörner. En 1623, el rector Pastor recurrió al superior del monasterio franciscano para que actuara como juez conservador contra el obispo; así, precisamente cuando Torres acababa de excomulgar al gobernador y a los jesuitas, fue a su vez excomulgado por el juez conservador y se vio obligado a abandonar su diócesis para presentar personalmente su queja ante la Audiencia de Charcas. El dictamen de la Audiencia, en 1624, expresaba que la bula del Papa Gregorio XIII sobre la cual basaban los jesuitas su designación de un juez conservador, había sido interpolada por el rector jesuita. En consecuencia, las autoridades eludieron la tarea de solucionar definitivamente el complicado conflicto mediante el expediente de trasladar a Torres al obispado de Tucumán en 1625. Tiempo después el nuevo provincial Durán, un napolitano hábil, logró la reconciliación del prelado y los jesuitas".

"A la luz de este conflicto, LAS ORDENACIONES preparadas por Durán para la provincia jesuítica en 1623 resultan particularmente interesantes. Los jesuitas debían esforzarse por mantener en términos amistosos su relación con los gobernadores, acerca de los cuales les estaba vedado emitir crítica alguna, ni verbal ni escrita; en cuanto a las quejas contra funcionarios, debían ser radicadas ante las autoridades tras su consulta con el provincial. Debían asimismo, conquistar la buena voluntad de los colonizadores para impedir la aparición de obstáculos en su tarea. Con el objeto de evitar que los gobernadores se vieran obligados a instalar supervisores blancos en los PUEBLOS, los jesuitas debían impedir el ingreso en las reducciones a todo indio que hubiera desertado de las encomiendas, y en los casos en que los indios de las reducciones habían de servir a los encomenderos –como ocurría entonces en dos reducciones de Guairá –su deber era enviarlos ante ellos sin demora. Por otra parte, los jesuitas debían mantener una buena relación con los franciscanos; la acción común contra el obispo Torres había demostrado la existencia de una estrecha, si bien ocasional, colaboración entre ellos" (506).

"Un año después (1628) –recuerda Magnus Mörner–, Roque González fue asesinado por los indios en el transcurso de uno de sus viajes. A González se debió fundamentalmente, la determinación de las líneas generales del así llamado "Estado Jesuítico" y es probable, asimismo, que de él emanaran algunos de los rasgos característicos de la organización interna. Sobre todo, había comprendido claramente que el establecimiento de una sólida base económica era el requisito esencial de cada reducción. Habitualmente, una vez que los indios habían preparado nuevos predios, cada familia recibía, del misionero a cargo del sector, herramientas de hierro –hasta entonces desconocidas para ellos– y una porción de tierra para el cultivo del maíz y mandioca. Por otra parte, la reducción de Itapúa, que poseían ganado y cereales, estaba en condiciones de suministrar carne y pan a las restantes para variar su dieta. Se sabe, además, que desde 1620, los indios de las reducciones del Alto Paraná acostumbraban viajar hasta Santa Fe, donde vendían sus productos a través de la agencia del colegio jesuítico; existen razones para suponer que entre esos productos se contaba, ya entonces, la yerba cuya producción era incansablemente combatida por Montoya en Guairá, donde estaba en manos de los encomenderos. Hacia 1628 existían diez reducciones, por lo menos, en el área comprendida entre los Ríos Paraná y Uruguay" (507).

"La posición de las reducciones jesuíticas en la región del Río de la Plata respecto de la Iglesia y las autoridades fiscales comenzó a cobrar importancia en la década de 1620. Las reducciones más antiguas comenzaban a perder su primitivo carácter de misiones y, de acuerdo con los principios de la Orden, se imponía su entrega a los sacerdotes seculares; no obstante la carencia de tales sacerdotes en la región del Río de la Plata justificó a juicio del padre General Vitelleschi, la permanencia de los jesuitas a cargo de las reducciones en calidad de curas párrocos. En 1622, el papa Gregorio XV decretó que estos curas regulares estarían bajo la jurisdicción del obispo, disposición que fue anulada pocos años más tarde por su sucesor: aún en calidad de curas párrocos, los regulares se consideraban exentos de las reglas del patronato real referentes a la designación de clérigos" (508).

No solamente ingresaban jesuitas de origen español en las Misiones del Paraguay, sino que además lo hacían extranjeros, tras haber adoptado nombres españoles y sin previa licencia, se trasladaron a América. "Según cierta afirmación –comenta Magnus Mörner– probablemente correcta el hecho tuvo lugar en secreto acuerdo con las autoridades españolas y estaba destinado a disimular ante los otros regulares, el amplio favor de que disfrutaban los jesuitas, que, transcurrida la primera mitad del siglo XVII, se manifestará a través de reglamentaciones especiales en su beneficio" (509).

En 1628 había aproximadamente 150 jesuitas en la provincia, y cuya mayor parte eran europeos trasladados por la Corona con pasaje pago. En Córdoba, se mantenía de 40 a 60 jesuitas y de 50 a 70 esclavos negros. "El de Asunción, por su parte, que recibía un considerable ingreso adicional procedente de España, transfería el sobrante de sus fondos a las misiones. El trabajo indígena fue reemplazado en estas propiedades, dentro de lo posible por el de esclavos negros, hecho que no concuerda con la usual actitud de los jesuitas respecto de los indios: a mediados de la década de 1620, sus colegios poseían cerca de 150 esclavos" (510).

Lo cierto es que de esta centena de jesuitas llegados a estas tierras, aproximadamente cuarenta solamente fueron ocupados en las misiones propiamente dichas, distribuidos en un cierto número de reducciones, cada una de ellas habitada por cientos de indios (511).

"Dado que la manutención de los misioneros en las reducciones resultaba sumamente económica, los ingresos asignados a los curas, en cuyo pago –como en el de los asignados a gobernadores– se empleaba dinero procedente del contrabando confiscado por la Corona, podían ser destinados, por ejemplo, a la compra de armas para los indios. Las reducciones guaraníticas ya no recibían, ni necesitaban, la ayuda del colegio de Asunción. Por otra parte, los jesuitas habían comprado en Perú, para las reducciones ciertas propiedades que debían proveer un ingreso anual de 3.000 pesos. Si bien el superior administraba los negocios de aproximadamente 50 misioneros bajo la supervisión del provincial, estaba autorizado –a la inversa de los rectores de los colegios– para realizar compras importzntes sin su previa aprobación" (512).

"La estabilidad económica de los distintos colegios –prosigue Magnus Mörner–, aumentó durante la conducción de los provinciales Vázquez Trujillo Boroa, y su sucesor Zurbano; toda ganancia obtenida por un colegio era destinada a la incorporación de nuevos jesuitas o a la adquisición de nuevas tierras para el colegio. A comienzos de la década de 1640, en los colegios trabajaban aproximadamente 100 jesuitas; bastará dividir el monto de los costos de administración de uno de esos colegios por el número de jesuitas residentes dentro del mismo para obtener una cifra promedio de 200 a 300 pesos anuales".

Por otro lado, "es muy probable que los bienes peruanos de los jesuitas paraguayos hayan sido comprados mediante la exportación de ganado de los colegios, aunque asimismo pueden ser el producto de donaciones de peruanos ricos, a despecho de los jesuitas locales" (513).

En síntesis, los gastos generales de la provincia jesuítica procedían de una cuota pagada por las diferentes casas de la Orden. Así tenían establecimientos textiles, estancias, donaciones, etc.

Por otra parte, los viajes de los procuradores de la Compañía a Europa. representaban serios gastos para la misma, pues no sólo contaban los de viaje de ida y vuelta, sino la compra de artículos para los integrantes de la Orden. No se descarta tampoco la posibilidad de servir de intermediarios financieros transportando capitales entre las provincias del Río de la Plata y Europa, por lo cual percibían sus comisiones.

Lo cierto es que hasta 1640, que llega la consolidación política y económica de las reducciones jesuíticas, se vuelve la Orden una fuerza independiente sumamente eficiente, y serían continuos los choques con los encomenderos y las propias autoridades provinciales, así como los comerciantes locales, en aras de la defensa de sus intereses recíprocos.

No obstante, la decadencia de España debido a las revoluciones de Cataluña y Portugal, que culminó con el Tratado de los Pirineos en 1659, y el reconocimiento de la independencia de Portugal en 166S, fueron acontecimientos que marcaron definitivamente la decadencia de la vida de España. Continuas quiebras y devaluaciones de la moneda y los JUROS, impuestos por la Corona a sus deudores, contribuyeron a menoscabar y erosionar la monarquía española. "Según parece –apunta Magnus Mörner–, los jesuitas, como muchos otros en España, en lugar de colocar sus ahorros en el comercio y en la industria, los habían invertido en juros, y, como es natural, tampoco ellos lograron eludir, pese a su posición privilegiada el rudo golpe de la crisis. La deshonestidad de un procurador fue suficiente, en 1645, para causar la ruina de uno de los más importantes colegios jesuíticos españoles, el de San Hermenegildo de Sevilla" (514).

"En 1653, Pedro Baigorri Ruiz, –afirma Magnus Mörner–, quien como juez de residencia había condenado a Lariz a severas penas por su complicidad en el contrabando, sucedió a éste en el cargo de gobernador de Buenos Aires. Según la información de que se dispone, sin embargo, el mismo Baigorri autorizó, durante los siete años que permaneció en funciones, la entrada de no menos de veintisiete naves extranjeras cargadas de contrabando en el puerto de Buenos Aires".

"Dado que el rector jesuita Juan de la Guardia era asimismo confesor de Baigorri, nada hay de sorprendente en el hecho de que el obispo Mancha y Velasco entre otros, los acusara ante el gobierno central, de participar, en los delitos del gobernador. Se afirmó, también, que los jesuitas habían comprado armas para sus reducciones a los contrabandistas y que, por otra parte, con la ayuda del gobernador, habían obtenido numerosos caballos donados por los habitantes de la ciudad a fa Corona, para la guerra chilena".

"Probablemente –prosigue Mörner– las acusaciones contra Guardia y el colegio no carecían de fundamento. Se ha comprobado que el gobernador había confiado grandes sumas de dinero a los jesuitas, y es significativo, además, que las crónicas jesuíticas registren un juicio sumamente favorable acerca de Baigorri" (515).

Por otra parte, en diciembre de 1600, el CONSEJO DE ESTADO de Madrid resolvió el envío de un visitador que haría una investigación de los asuntos de la provincia jesuítica paraguaya.

"Evidentemente –dice Magnus Mörner– las acusaciones de Mancha y Velasco respecto del contrabando y el patronato real constituían los motivos principales de la investigación" (516).

En enero de 1680, una escuadra portuguesa, apareció en el Río de la Plata, frente a la isla de San Gabriel. En una península frente a la isla, se levantó una base fortificada fuertemente, que recibió el nombre de Colonia de Sacramento. A pesar de que la Colonia fue asaltada y tomada por tropas del gobernador español de Buenos Aires, José Garro, ante protestas de Portugal, España cedió en forma humillante y firmó el tratado del 7 de marzo de 1681, en Lisboa, en donde el Monarca se comprometió a devolver la Colonia y el castigo de Garro.

¿Qué actitud adoptaron los jesuitas –se pregunta Magnus Mörner– ante tal curso de los acontecimientos? También en 1683, Diego Altamirano fue enviado a España como procurador de la provincia jesuítica, con orden de observar la máxima prudencia en sus apreciaciones sobre la decisión –sumamente desfavorable para los jesuitas paraguayos– concerniente a Colonia. En un memorándum dirigido al Consejo de Indias, sin embargo, criticó duramente el tratado, señalando que los portugueses de Colonia podían vender bienes de contrabando a la mitad del precio de los transportados por los navíos de permisos españoles, bienes, estos últimos, cuyo precio era ya la mitad del de los que llegaban a las provincias del Río de la Plata desde España a través de las Antillas y Perú" (517).


JESUITAS Y ENCOMENDEROS


Es de indudable importancia analizar los aspectos más resaltantes del problema suscitado entre ambos a lo largo del trajinar colonial. Es que las Reducciones jesuíticas del Paraguay, "poco a poco se colocaban fuera de la práctica colonial y se manifestaban, a medida que la colonia definía sus intereses específicos, como utopía, lo que equivale a decir, sin lugar y sin posibilidad de tener un lugar dentro de la misma colonia que las había engendrado. Como lo harían ver los años, la práctica concreta de ese "idealismo histórico" no era viable (518).

Era de esperar, desde la instauración de las encomiendas por Irala –aunque tardíamente en 1556–, llevara consigo una serie de vicios que lo particularizarían durante toda la historia colonial del Paraguay. Aunque el régimen lo estudiamos en el Capítulo relativo a las "Encomiendas", no está demás rememorar la transcripción de una Cédula Real de 1583, que inserta en uno de sus libros don Enrique de Gandía, donde son severamente sentenciados los encomenderos:

"Somos informado –dice el rey al obispo del Río de la Plata, y lo mismo repite su gobernador– que en esa provincia se va acabando los indios naturales de ella por los malos tratamientos que sus encomenderos les hacen y que, habiéndose disminuido tanto los dichos indios que en algunas partes faltan más de la tercia parte, les llevan las tasas por entero... y los tratan peor que esclavos y como tales se hallan muchos vendidos y comprados de unos encomenderos a otros y algunos muertos a azotes, y mujeres que mueren y revientan con las pesadas cargas, y a otras y a sus hijos les hacen serviren sus granjerías y duermen en los campos y allí paren y crían, mordidos de sabandijas ponzoñosas, y muchos se ahorcan y otros se dejan morir sin comer, y otros toman yerbas venenosas, y que hay madres que matan a sus hijos en pariendolés, diciendo que lo hacen para librarlos de los trabajos que ellos padecen, y que han concebido los indios muy grande odio al nombre cristiano y tienen a los españoles por engañadores y no creen en cosas que les enseñan ...y ya que por haberse hecho, ha llegado a tanta corrupción y desconcierto conviene que de aqui adelante se repare con mucho cuidado" (519).

El mismo Gandía da cuenta de que Hernandarias tomando sobre sí esta denuncia en 1603, no viendo otro remedio que dar ordenanzas para que se hagan reducciones, de acuerdo al dictamen del primer Sínodo que se realizara en Asunción el mismo año (520).

Hernandarias piensa todavía la reducción como complemento del sistema encomendero, una manera de perfeccionarlo, evitando sus abusos. Y es dentro de este contexto –dice el P. Meliá –, donde se desea la presencia de los los jesuitas, quienes podrán contribuir a extender la obra reduccional".

"Ahora bien, el provincial de los jesuitas, padre Diego de Torres Bollo, el verdadero iniciador de las reducciones en 1609, es un anti encomendero convencido y un fanático defensor de la libertad absoluta de los indios. Según él, reducción y encomienda, lejos de complementarse, se destruyen y anulan mutuamente".

Y más adelante acota el mismo autor: "Muy pronto los encomenderos, y el mismo Hernandarias, no tuvieron dudas sobre la intención antiencomendera con que se estaban desarrollando las reducciones nuevas de los jesuitas. Para ello los jesuitas no sólo recurrían a instrumentos jurídicos incontrovertibles, que insistían en la prohibición del servicio personal (521), sino que practicaban concretamente la legislación del dualismo social y la separación de no-indios e indios".

"A través de no pocas vicisitudes y tensiones que duraron desde casi la misma fundación de las primeras reducciones jesuíticas en 1609 hasta la expulsión de los jesuitas en 1768, los jesuitas entendían crear y organizar un espacio de libertad para el indio guaraní contra el encomendero colonial. Porque si la reducción era una libertad reducida respecto a aquella libertad más auténtica que tenía el pueblo guaraní antes de la entrada colonial, era también una liberación respecto a la amenaza continua de las agresiones encomenderas".

"Y así como la producción del nuevo espacio urbano de las reducciones quería producir vida "política y humana" para los indios guaraníes el conjunto de los treinta pueblos guaraníes sobre un área compacta libre de otras intromisiones coloniales, producía un espacio político que llegó a parecer un Estado dentro del Estado; lo que era una fuerza para defenderse de las amenazas coloniales particulares, pero que vino a ser la realidad que el mundo colonial como tal no podía aceptar" (522).

"En septiembre de 1627, los jesuitas de San Pablo informaron a sus colegas de Paraguay que los paulistas preparaban una incursión armada a las reducciones de Guairá. El único resultado –según narra Magnus Mörner– fue según parece, la cédula de 1628 que, dirigida al gobernador Francisco de Céspedes en Buenos Aires, le encomendaba la prevención de la violencia en Guairá, tarea que para él distaba mucho de ser sencilla".

"Entretanto, el nuevo gobernador de Paraguay. Luis de Céspedes Jeria, en viaje a su provincia, había hecho un alto en el Brasil donde contrajo enlace con la hija de un alto oficial y, según los jesuitas. compró una importante plantación de azúcar. En San Pablo presenció la movilización de cuatro BANDEIRAS, integradas por no menos de 900 paulistas y 2.000 indios tupíes, que, al mando de Manuel Preto, un respetable propietario de plantaciones, se disponían a marchar hacia el oeste. Céspedes elevó una protesta, al parecer meramente formal contra la temida violación del territorio español, tras de lo cual partió hacia Guairá –en compañía de las BANDEIRAS durante la primera parte del trayecto– alertó a las reducciones sobre el peligro que las amenazaba y llegó, finalmente, a Ciudad Real en septiembre de l628" (523).

"Más adelante Magnus Mörner expresa: "Entretanto, la acusación de los jesuitas contra Céspedes había llegado a la Audiencia de Charcas; según el documento, no sólo había descuidado la defensa de las misiones de Guairá, lo que era indiscutiblemente cierto, sino que, además, había concertado una alianza con los paulistas, y recibido de ellos parte de los esclavos con destino a sus plantaciones brasileñas. La audiencia encomendó la investigación de estos cargos al anciano Hernandarias. En la indagación, llevada a cabo por intermedio de un diputado, Céspedes fue declarado culpable. En 1613, la audiencia eligió un gobernador interino para Asunción, en tanto iniciaban las acciones legales contra Céspedes, quien pronto se vio obligado a admitir su responsabilidad en la forzosa evacuación de Villa Rica, Ciudad Real, y Santiago de Jerez, en 1632, ante la creciente presión de los paulistas. Finalmente, en 1636, fue multado y suspendido, castigo que, si bien parece suave, probablemente estaba en armonía con la costumbre de la época. Por otra parte, aun cuando es muy posible que haya concertado acuerdos secretos con los paulistas, el solo testimonio de los jesuitas no proporcionaba absoluta certeza de tal hecho".

"Designado gobernador –prosigue Magnus Mörner– de Asunción en 1633, Martín Ledesma Valderrama se convirtió en vocero de los intereses de los colonizadores: sostenía que, originariamente, los indios de –por lo menos– dos reducciones sobre el Alto Paraná, Corpus e Itapúa, no habían sido conquistados mediante la "Palabra" sino mediante las armas de los españoles, y por lo tanto, debían integrar las encomiendas.

"No obstante, fue imposible evitar que la audiencia emitiera en 1686 una disposición, según la cual todo aquel que estuviera en condiciones de demostrar su derecho a una encomienda en cualquiera de esas reducciones, la obtendría con la expresa condición de no exigir servicio personal, y los indios pagarían tributo únicamente al encomendero en cuestión. Al parecer, momentáneamente, al menos, esta condición protegió a las dos reducciones de los pedidos de encomiendas" (524).

"En mayo de 1631, correspondió al virrey, por consejo del fiscal Luis Henriquez de la Audiencia de Lima, emitir la orden según la cual los indios convertidos al cristianismo por los jesuitas, tanto en el Río de la Plata como en el Paraguay, dependerían directamente de la Corona y eludirían, por lo tanto, el régimen de encomiendas, en 1633, la ordenanza fue ratificada por el Consejo de Indias. Esta disposición nació como consecuencia de que los misioneros habían prometido a los indios la exención del servicio de encomienda, y que, a su vez, los indios habían hecho, de tal exención, la condición para su conversión: la promesa debía ser cumplida".

"La medida que la Audiencia de Charcas –prosigue Magnus Mörner– adoptó para eximir a las reducciones jesuíticas del sistema de encomiendas, fueron interpretadas por los gobernadores de Buenos Aires y Asunción, como una limitación de su derecho de otorgar encomiendas; no obstante sus protestas resultaron inútiles frente a las apelaciones de los jesuitas ante las autoridades superiores" (525).


ATAQUES DE LOS VICENTINOS A LAS REDUCCIONES ESPAÑOLAS DEL GUAIRA.

LA VERSION BRASILEÑA DE LOS SUCESOS.


"Desde los primeros años del Siglo XVII –nos dice Helio Vianna– realizaron algunos moradores de la Capitanía de San Vicente, sus incursiones por tierras de la región del Guairá, a fin de en ellas traer indios destinados a sus Estancias. Se registra en 1602, la Bandeira de Nicolau Barreto que autorizada por el Gobernador D. Francisco de Sousa, con el pretexto de procurar oro y plata, descendió los Ríos Tieté y Paraná, llegó al Guairá y donde apresó a numerosos indígenas que trajeron a Sao Pablo, dos años después. Contra su realización, inútilmente protestaron los españoles del Paraguay, ante aquel Gobernador General, entonces Gobernador apenas del Sur del Brasil".

"En 1611 –prosigue Vianna–, autorizada por el nuevo Gobernador del Sur, D. Luis de Sousa (Henriques), una nueva Bandeira (526) con el mismo objetivo fue al Guairá, comandada por Pedro Vaz de Barros, que a la región volvió otras veces, más tarde, en compañía de otros depredadores".

"Figuran entre éstos, en el segundo o tercer decenio del Siglo, Sebastián Preto, que murió allá, su hermano Manuel Preto, y principalmente, Antonio Raposo Tavares. Verificaron ellos, una gran ventaja que había en el apresamiento de indígenas ya aldeados, con hábitos de trabajo rural, en gran número, en las reducciones jesuíticas españolas, en vez de buscarlos en sus esparcidas tabas, siempre de mucho menor población".

Para alcanzarlas, además de la vía de acceso fluvial del Tiete y Paraná, ya mencionada, las otras se tornaron conocidas, una que ligaba directamente dos ríos, desembocando el segundo en las alturas de las Siete Quedas, y otra que llegaba a las cabeceras del Parapanema, llegaba hasta el Ivaí, y por éste, al Piquirí y Paraná. Denominábase CAMINO DEL PIABIRU".

"En 1628, organizó Raposo Tavares, una gran Bandeira, con cuatro compañías de portugueses y vicentinos, notoriamente mamelucos, y gran número de indios auxiliares. Comandaba ellas, aparte de Raposo Tavares, Pedro Vaz de Barros, donde surgió un conflicto con los jesuitas y españoles de la reducción de Santo Antonio, determinó su ataque, ya en 1629, y en seguida de otros, siendo prisioneros millares de aldeanos. Conducidos a Sao Paulo, vinieron acompañados de dos de aquellos Ignacianos, los Padres Mansilla y Masseta, que protestaron contra la incursión junto a sus colegas portugueses".

"A consecuencia de esos ataques de los bandeirantes vicentinos, resolvieron los jesuitas españoles abandonar el Guairá, llevando a sus restantes neófitos para el Sur, para las regiones del Uruguay y del Tape, y para el Oeste, zona de Itatim.

"Decayeron, simultáneamente las poblaciones de Ciudad Real y Villa Rica que hasta 1632 fueron abandonadas por sus habitantes después de ser desvastadas por los vicentinos en sus incursiones".

"En él se consiguió el primer soborno –dice Justo Prieto–, de Luis Céspdes Jeria por los mamelucos, a los que dejó invadir la provincia del Guairá para destruir sus pueblos y arrear 60.000 habitantes que fueron vendidos como esclavos en el Brasil en 1628" (527).


SIMILAR ATAQUE A LAS REDUCCIONES DEL TAPE Y URUGUAY


Así llama el historiador brasileño a los ataques de los bandeirantes, prosiguiendo su narración: "Después de los ataques de los bandeirantes vicentinos a las reducciones jesuíticas españolas del Guairá, resolvieron los ignacianos llevar los neófitos que pudieran preservar, para otras regiones aún no alcanzadas por los depredadores. Inclusive en el Tape, en el centro del actual Río Grande del Sur. Más o menos limitábase esa zona, al Norte por la Sierra General, al Este por el Río Caí, al Sur por la Sierra de los Tapés, al Este por el Río Ibicuí. Para llegar allí pasarían por el Río Uruguay en un trecho que nada tiene que ver con el actual país de ese nombre, exactamente en el punto que más se aproxima al Río Paraná, donde está hoy el territorio argentino de Misiones y al noroeste de aquel Estado brasileño. Fue esta región entonces denominada URUGUAY, en la cual también vinieron a establecer nuevas reducciones los jesuitas españoles, inclusive más tarde, los SIETE PUEBLOS DE LAS MISIONES ORIENTALES DEL URUGUAY, en tierras hoy nuestras".

"En la época que tratamos, el cuarto decenio del Siglo XVII, quince fueron las reducciones establecidas en Tape y nueve las del Uruguay; congregando no solamente a los neófitos traídos del Guairá mas también a otro de aquellas regiones, hoy gaúchas".

"Sabedores, los vicentinos, de esa migración, el nuevo establecimiento de los ignacianos, el Tape fue a tener, en 1635, en exploración, al bandeirante Luis Dias Leme. Siguióle al año siguiente, con 120 blancos y mamelucos, y 1.000 indios amigos, Antonio Raposo Tavares, quien atacó las reducciones de los vecinos del Río Jacuí, apresando muchos aldeanos que llevó a San Pablo".

"Otra bandeira, bajo la jefatura de Francisco Bueno, comenzando por el Río Tacuarí, en el Tape, en 1637, alcanzó las reducciones del Uruguay, atacándolas y venciéndolas, hasta regresar dos años después con numerosas presas".

"Provocaron esas incursiones verdadero pánico entre los indígenas, determinando providencias de los padres en el sentido de aldearlos o nuclearlos en menor número posible de reducciones, en el citado Uruguay, donde pudiesen armar a los neófitos para la defensa contra los depredadores".

"En ese sentido solicitaron y obtuvieron licencia del REY Felipe IV; para hacerlo, distinguiéndose mucho, en la respectiva preparación guerrera el Padre Diego de Alfaro".

"Dotados de armas de fuego –continúa Vianna–, pudieron rechazar a los vicentinos comandados por Pascual Leite Pais en 1639 que los atacaron en Caasapaguacu... El derrotado formaba parte de la bandeira, que comandada por su hermano Fernando Dias Pais, desde 1637 había atacado reducciones del Ibicuí".

"Lo mismo ocurrió en 1637, en la margen del Río Mbororé u Once Vueltas, a la bandeira de Manuel Pires. Es en 1651, en los Pinhais de Santa Teresa, a Domingo Barboza Calheiros".

"A consecuencia de esas derrotas, dejaron los bandeirantes vicentinos de frecuentar la referida región del Uruguay, única, aliada del Brasil, en que por más tiempo pudieron florecer las reducciones de los ignacianos españoles".

"En el actual Sur de Mato Grosso donde hace años existió el Territorio Federal de Ponta Porá, también intentaron establecer una población y reducciones jesuíticas los españoles del Paraguay".

Aquella fue la de Santiago de Xerés, en la margen del Río Mbotetey (hoy Miranda), fundada por Ruy Díaz de Melgarejo [Guzman] en 1580 [1593], mas de precaria duración. Allí pretendían crear una Provincia, que se denominaría Nueva Viscaya".

"En cuanto a las reducciones, subiendo los ignacianos el Río Paraguay ya en 1632, fueron a organizar cuatro en la región denominada Itatim, situada encima de la confluencia del Río Apa, por tanto en territorio después brasileño, al oeste de la Sierra, hoy limítrofe del Amambay. No tardaron en ser atacadas por los bandeirantes vicentinos, al año siguiente, lo que motivó su concentración en dos, más para el Sur".

"Después del éxodo del Guairá, aumentaron las reducciones de Itatim. Habían alcanzado eventualmente el Río Pardo. Consta entre tanto, que en 1644 llegó a la margen del Río Paraguay el bandeirante Francisco Bueno, allí fallecido".

"Cuatro años después cupo a Antonio Raposo Tavares el decisivo ataque y destrucción de las reducciones del Itatim, en una bandeira de doscientos blancos y mamelucos y más de mil indígenas. Atacados en el Río Mboimboi, a pesar de que resistieron fueron vencidos los padres y neófitos. A su auxiliar André Fernandes le cupo destruir las reducciones de la Sierra de Mbaracayú".

"Fue después de esa incursión de 1648 que Raposo Tavares, realizó, allá por 1651, su famosa vuelta por todo el Oeste del Brasil y Amazonia, subiendo el Río Paraguay y descendiendo el Grande o Guapaí (en la actual Bolivia), o Mamoré, Madeira, y Amazonas, en Pará, regresando a San Vicente. Al llegar a Curupá la bandeira estaba reducida a apenas 59 blancos y algunos indios. Fue este el primer periplo interno del Brasil".


LOS JESUITAS Y LA ESCLAVITUD DE LOS

INDIGENAS AL SUR DEL BRASIL


"Luego de los primeros ataques de los vicentinos a las reducciones del Guairá, no dejaron los jesuitas españoles del Paraguay de protestar, junto a las autoridades civiles del gobierno general, en Bahía, contra ellos, para eso obteniendo el apoyo de sus hermanos de hábitos portugueses, lo que motivó inmediata reacción de las poblaciones vicentinas y cariocas, interesadas en la mantención de los apresamientos, contra todos los ignacianos. Las autoridades civiles, no dieron importancia, ni gran atención a esas protestas, comenzando por el Gobernador General Diogo Luis de Oliveira".

"En vista de eso, resolvieron los jesuitas españoles, enviar emisarios, con sus quejas, directamente al Rey de España, Felipe IV, como al Papa Urbano VIII".

"A Madrid fue enviado el Padre Antonio Ruiz de Montoya, que llevó documentos de las autoridades del Paraguay atestiguando los ataques de los vicentinos y sus grandes perjuicios a los dominios españoles en la región platina. Atendiendo la reclamación, el Rey autorizó a que se armasen para su defensa a los neófitos haciéndolo por intermedio de Cédula dirigida al Vice-Rey del Perú, del cual dependía el gobierno del Paraguay. Ya vimos anteriormente, las consecuencias de esa autorización en la región del Uruguay, donde pasaron a ser repelidos los atacantes vicentinos".

"De Roma fue enviado el Padre Francisco Diaz Taño, que el citado pontífice obtuvo un Breve, mandando publicar en el Brasil como Bula VERITAS IPSA, del Papa Paulo III, de 1537, en que se determinaba la libertad de los indígenas de América, con la prohibición de ser esclavizados".

"Llegando a Río de Janeiro en 1640, presentó el Padre Taño el referido Breve al Administrador Eclesiástico del Sur del Brasil, Pedro Homen Albernaz, para que fuese tomado estado público. Motivó esa providencia tales protestas de la Cámara y del pueblo que el Gobernador de la Capitanía, Salvador Correia de Sá e Benavidez, tuvo que tomar sobre su protección al emisario jesuita, negociando un acuerdo según el cual los ignacianos de Río de Janeiro asumirían el compromiso de no inmiscuirse en la administración de los indígenas, ejercida por legos, limitándose a cuidar los que ya se encontrasen en las aldeas a su cargo. También la Villa de San Vicente celebró un acuerdo idéntico, entre los jesuitas y los moradores por intermedio de la respectiva Cámara".

"En 1647 –termina Helio Vianna–, poniendo término provisoriamente a la cuestión, se decretó una amnistía para todos los que cumpliesen órdenes reales referentes a la libertad de los indígenas del Brasil" (528).


LOS PRIMEROS ATAQUES DE LOS MAMELUCOS PAULISTAS


Esta es la versión de los españoles sobre el tema.

Como consecuencia inmediata de la división de la Provincia del Paraguay, en dos Gobernaciones se desencadenaron una serie de hechos de singular significado, que dejaron en estado de postración y miseria a la Gobernación del Paraguay.

En efecto, a la pérdida o abandono definitivo de la Ciudad de Concepción en 1632, cuando sus pobladores pasaron a integrar la Ciudad de Corrientes, se sumó la del Guairá.

Según el P. Nicolás dei Techo, la pérdida de dicha Ciudad se debió al Gobernador Luis de Céspedes Geria y españoles guaireños que por la ganancia de vender los indios, trataron con los Mamelucos de San Pablo, a quienes dejaron obrar aquella ruina (529).

Juan Francisco Aguirre, nos refiere que "Los pueblos que hubo y se perdieron en Guairá fueron doce: el primero Sn. Antonio en enero de 1629, por Simón Alvarez, subalterno del Capitán Mayor Antonio Raposo. Otro subalterno llamado Vicudo acometió a Sn. Miguel, pero los padres Cristóbal de Mendoza y Juan Mansilla pudieron salvar la mayor parte del pueblo en el de la Encarnación; y otro subalterno llamado Mauro fue contra Jesús María. Cuentan horrores de inhumanidad cometidos en esta ocasión y otros por los paulistas. Basta decir, mataron los hijos que embarazaron la marcha de sus padres".

"Creyéndose volverían los paulistas, transmigraron los padres a los pueblos de Sn. Ignacio y de Loreto; los condujo al P. Antonio Ruiz de Montoya por la costa abajo del Parana, con hambres, miserias y muerte de muchos indios, y los asentaron donde hoy están en el Departamento de Candelaria".

"Volvieron los Mamelucos –prosigue Aguirre–, destruyendo sucesivamente los demás pueblos y a lo último dieron también contra los mismos Villenos españoles en tiempo que se hallaba de visita (530) el obispo Dn. Fr. Cristóbal de Aresti, quien con ellos salió a contenerlos. Eran superiores los Villenos; se contuvieron los paulistas: dijeron, venían sólo contra los indios y se retiraron. El obispo creyendo con los villenos [que éstos se] volverían más fuertes en lo sucesivo, despoblaron la Villa y el Guairá, y se vinieron a Mbaracayú el año 1631".

Más adelante apunta Aguirre: "Poco después de la despoblación del Guairá, aconteció la ruina de Xerez por los mismos Mamelucos de Sn. Pablo. En la información citada del procurador Francisco Sánchez Cabrera, consta que Xerez fue sorprendida y presos sus moradores, que atacados los pueblos tuvieron muchos la misma suerte y se amontonaron los demás. El General Dn. Martin de Ledesma y Valderrama habiendo sabido la entrada de los paulistas envió una armada al cargo de los capitanes Cristóbal Ramírez y Felipe de Torrillas y Linares pero no los alcanzaron. No obstante fue de gran utilidad porque se recogieron los naturales del patriarca del Sr. Obispo Aresti y otro Na. Sa. de Fée, bien que vulgarmente los conocían con los nombres de Caaguazú y Aguaranambi, que se situaron en el asiento de este nombre cercanos a los de Petin y Guarambaré.

Aguirre cuenta que a principios de 1633, se recibió interinamente del Gobierno el Maestre de Campo Dn. Martin de Ledesma Valderrama. En su tiempo se acabaron de arruinar las ciudades de arriba, que así llamaban las de Guairá y Xerez. Consta envío socorros en balsas a los puertos de Mharacayú y es el que dio parte a la superioridad del lamentable estado del Paraguay. Copiaremos un extracto tan interesante a nuestro propósito.

"Escribía a la Real Audiencia en la Asunción a 6 de junio de 1633 acompañando los debidos documentos. "Quedaba en gran riesgo la provincia, así por las entradas que cada día hacen los portugueses de Sn. Pablo llevándose los indios en colleras para sus ingenios de azúcar, por lo que se habían quedado la Asunción en gran aprieto, por estas desarmada e indefensa, pues se tenía verdadera relación de que los dichos portugueses volvían con ánimo de entrar a saquearla y hacerse dueños de la provincia y que si acaecía peligraban las de Potosí y Buenos Aires".

"A lo referido se reduce la historia de la desolación dei Paraguay que así puede llamarse porque en tan poco tiempo se redujo a casi su capital y perdió un considerable número de naturales. Concedemos que en hora buena se llevaron los portugueses, pero que fuesen tantos como 60 no es creíble".

Más adelante Aguirre refiere: "Ciñeron los Felipes con la corona portuguesa el estado del Brasil, pero la parte de Sn. Pablo parece estuvo exceptuado de su dominación, según observamos la libertad de sus moradores. Y en tal manera se miró el referido estado que se tuvo como si no fuera parte de los reinos de Indias. Absolutamente se mandó prohibir toda comunicación con él, que se abandonara todo descubrimiento y camino hacia él, y que todo género que por él entrase, fuese Contrabando".

"No obstante el contrabando fue siempre considerable. En un bando que se publicó en Buenos Aires a 31 de mayo de 1632 y en la Asunción a 4 de enero del siguiente por el visitador de Cajas Reales y Oidor de Chile Dn; Andrés de Leon Garavito, se dice que desde 1635, ES MUCHO EL CONTRABANDO QUE ENTRA EN BUENOS AIRES POR EL BRASIL Y ANGOLA., contra lo mandado por el Rey en Cédula pública por el oidor de Chile Dn. Alonso Perez de Salazar, cuya comisión le estaba confiada".

"Las maldades de los Mamelucos nos han ocasionado tratar los puntos anteriores, pero siempre son ilustrados a la historia de estas provincias. Después que arruinaron las de Guairá y Xerez atacaron las de los Tapes, donde los padres Jesuitas verdaderamente obraban maravillas. Cometieron los mismos estragos y sucedieron las transmigraciones trabajosas de los pueblos retirándose de sus fronteras" (531).

El Padre José Cardiel, nos da una visión panorámica más completa de aquella época narrando que en los primeros años del Siglo XVII poco después que llegaron los jesuitas al Paraguay, fueron dos de ellos a los infieles de la región del Guairá, encima del salto grande del gran Río Paraná. Que hacia el año 1610 fueron otros a convertir los indios guaraníes del Paraná cercanos al Paraguay.

Entretanto, los portugueses del Brasil habían formado una población llamada PIRATININGA O SAN PABLO en los confines del Brasil como diez jornadas del Guairá. Sus pobladores en mucha parte al principio, y después de su fundación, eran forajidos y huidos de otras ciudades. Como no tenían mujeres, se casaron con las indias bárbaras de aquel territorio. De esta junta nació un mixto de hombres que por sus malas calidades, los demás portugueses comenzaron a llamarlos MAMELUCOS O MAMALUCOS. Estos entraban a las tierras de indios infieles, como quien iba a caza, y los cogían y llevaban a San Pablo y al Río de Janeiro no muy distante, y los vendían como esclavos quedándose con los necesarios para su servicio. Al modo de cazar indios le llamaban maloquear, a la caza de ellos MALOCA.

"Estos mamalucos, cuando estaban en el fervor de sus públicas malocas, llegaron hasta los trece pueblos de los cristianos catecúmenos del Guairá. De esta manera, en varias irrupciones destruyeron aquellos trece pueblos, que tenían como cincuenta mil almas". Los que pudieron liberarse de la esclavitud fueron transmigrados por los padres a las cercanías de los pueblos del Paraná, no muy distantes del Paraguay, y de los que quedaron en casi 200 leguas después de muchos trabajos de hambre y peste, que fueron cuatro mil, formaron los dos pueblos de Loreto y San Ignacio Miní, que ora subsisten. Al tiempo que unos misioneros evangelizaban en el Guairá otros hacían lo mismo en el Tape, (532), donde los jesuitas acababan de formar ocho pueblos de indios. Todo esto de las tres destrucciones sucedió por los años de 1629 hasta 1632. Los padres transmigraron también el residuo de estos ocho pueblos, poniéndolos con los demás entre el Paraná y Uruguay".

"Hasta que el año de 1644 echaron todo el resto de su poder. Juntáronse hasta cuatro mil entre portugueses blancos, mestizos, mulatos y tupíes con intento de acabar con todos los pueblos. Quedaron los portugueses del todo derrotados y vencidos. Desde entonces dejaron los portugueses a estos pobres indios por más de cien años, hasta que el año de 1750, por el tratado de la Línea Divisoria de trueques de tierras con nuestro Rey don Fernando VI se les dieron siete pueblos de la banda oriental del Río Uruguay (533).

Los historiadores brasileños exaltan la obra de esos aventureros que ampliaron el horizonte geográfico de su patria, mientras los demás reprueban su bárbara actuación. Los jesuitas sobre todo, tuvieron que deplorar "el furor salvaje de los brasileños" (534).

El gobernador de Buenos Aires, Pedro Esteban de Avila, calculaba que entre 1628 y 1630 los portugueses se habían apoderado de 60.000 indios. El virrey del Perú decía en 1632 que los indígenas cautivados pasaban de 200.000. Historiadores brasileños estiman en 300.000 el número de indios apresados durante el ciclo de las bandeiras (535).

En las Cartas Anuas de la Provincia del Paraguay, se habla de "... contra la pérfida y proscripta turba de lusitanos" los cuales en pocos años con sus violencias han arruinado en estas reducciones más de 200.000 almas" (536).


CRONOLOGÍA DE LOS SUCESOS PROVOCADOS POR LOS PORTUGUESES


Luis de Céspedes Jeria, informa al estado de esta Ciudad de la Asumpción y su jurisdicción y lo que los Portugueses han hecho entrando en esta mi jurisdicción, fechado en Asuncion, el 29 de mayo de 1629. Necesidad del Gobernador en las Misiones Jesuíticas, San Pablo (537).

Francisco Vázquez Trujillo, envía Carta a S.M. sobre las incursiones portuguesas en las misiones guaraníes, fechada en Buenos Aires, el 12 de junio de 1632, y dándole cuenta de los ataques sufridos en las Misiones del Guairá (538).

Cristóbal de Aresti, remite Carta a S.M. sobre informe de Villarrica de los males causados por los portugueses, fechado en Asunción, 21, 4, de diciembre de 1632 (539).

Carta a S.M. sobre las incursiones portuguesas en las Misiones Guaraníes, fechada en Madrid en 1632? Además se refiere al Método de los Portugueses en la caza de esclavos, cargos de complicidad contra Luis Céspedes Jeria: actividades alemanas en Brasil; argumentos para reducciones en el Paraguay (540).

Francisco de Crespo. Sobre las molestias que reciben los indios del Paraguay de los Portugueses del Brasil. ¿1632? Además se refiere a las incursiones dentro de las Misiones Guaraníes (541).

Fernando Ruiz de Contreras. Carta a S.M. sobre la agresión que cometen los portugueses de la villa de San Pablo en el Brasil con los indios del Paraguay. Madrid, 25 de marzo de 1638 (542).

Pedro de Lugo y Navarra, eleva una Información de la batida hecha en 1639 por el gobernador Pedro de Lugo y Navarra a los Mamelucos de San Pablo en Caazapá guazú, misiones del Uruguay, a requerimiento de los Padres Jesuitas de aquéllas. Asunción, 1 de abril de 1639. También incluye en su informe la usurpación portuguesa; el uso de Indios Tupíes; naturales colonizadores porugueses cercanos a San Pablo; noticias de la campaña, testimonios desde Caazapá guazú, testimonios de Francisco De Espinola, Cristóbal de Valbuena y Ocampo, Sebastián de León, Rodrigo de Ibarrola, Bartolomé Velazquez Ocampo, Rodrigo de Osuna, Juan de Valle, Pedro Franco de Obelar, Juan Vallejos Osorio, Diego de Almisón, Francisco de Esquivel, y Bernardino Avalos y Mendoza" (543).

Pedro de Lugo y Navarra, en Carta a S.M. informa dándole cuenta de la entrada que hizo en la prov. del Uricay. Abril, 20, 1639. Además incluye sobre la búsqueda de portugueses desde San Pablo; descubrimiento de Caazapá guazú; protección dada al Padre Diego de Alvaro de las Misiones Jesuitas del Paraná; su muerte a manos de Portugueses; fabricación de armas" (544).

Felipe IV, emite una Cédula Real reprimiendo las invasiones de los Paulistas y declarando la libertad de los indios robados y vendidos y modo de castigar a los autores de los malones. Madrid, Setiembre 16, 1639. También se refiere a las invasiones portuguesas; crueldad a Españoles e Indios; destrucción de propiedad de Antonio Raposo Tavares; perjuicios en Itapúa y Uruguay; avances a Paraguay, Tucumán, Revi, Itatín, Potosí, y Santa Cruz, protesta del Santo Oficio en Lisboa, Tribunal en Río de Janeiro y Gobernador de Bahía; evacuación desde Brasil de Españoles y de portugueses de ciudades del Paraguay; deportación de varios ciudadanos; orden de confinamiento de Portugueses a los límites brasileños. Firmado: Fernando Ruiz de Contreras" (545).

Felipe IV, emite Real Cédula al Virrey del Perú para que vea si conviene proveer de armas a los pueblos de las misiones como lo pide el procurador cie la Provincia del Paraguay y Río de la Plata, Ruiz de IVlontoya. IUladrid, mayo 21, 1b40. Protección contra Portugueses" (546).

Gregorio de Henostroso (¿Hinostroso?). Necesidad de armar las misiones contra los avances portugueses. Asunción, setiembre 6, de 1641. Refutación de guerreristas contra Indios armados (547).

Felipe IV, emite Cédula Real al Virrey del Perú dando contestación afirmativa a la petición de Antonio Ruiz de Montoya, de la Compañía de Jesús, sobre que a los indios de la provincia del Río de la Plata se les permita manejar armas de fuego. Zaragoza, noviembre, 25, 1642 (548).

Antonio Ruiz de Montoya formula petición para que los indios de las misiones jesuitas se permita el manejo de armas para la defensa contra los portugueses. Lima, noviembre 8, 1644. Petición al Virrey Pedro de Toledo y Leiva, Marqués de Mancera, Alianza Tupí con Portugueses" (549).

Pedro de Lugo Navarro. Petición al Virrey que mande dar un testimonio sobre el manejo de armas por parte de los indios. Los Reyes, noviembre 24, 1644. Los Portugueses amenazan al Paraguay" (550).

José de Cáceres y Ulloa. Acuerdo general de hacienda para proveer de armas y municiones para los indios, fechado en Los Reyes, Marzo 23 de 1645 (551). El mismo Cáceres y Ulloa, informa sobre un Decreto del Virrey sobre las armas y municiones que se embarquen para Arica con propósito de fortalecer las reducciones del Paraguay. Los Reyes, Enero 19 de 1646. También se refiere al envío de la lista de armas (552).

Antonio Ruiz de Mlontoya, eleva un Memorial y petición al Virrey para que despache armas y municiones a Buenos Aires y al Paraguay para defensa contra los portugueses. 1646 (553).

Felipe IV, emite una Cédula Real sobre los alivios impuestos a los indios misioneros que ha menester para defenderse de los portugueses. Madrid, febrero 14 de 1647. Incluye además, un informe de Juan Pastor S.J. sobre ataques portugueses a las misiones del Paraná y Río Uruguay, esclavitud de Indios; peligro a Paraguay (554).

Comunicación sobre la incursión de portugueses a la Villarrica, Asunción, Agosto 29, 1671 (555).

Capítulo de Carta anónima sobre los avances de los portugueses en dominios españoles y la indiferencia por parte de los jesuitas de Mojos (1675?). También se refiere al Río Madera, Matogroso, San Lgnacio de los Chiquitos Marañon, la Bahía de Todos Santos. Lsla de Santa Catalina, Río de la Plata; Minas dei Brasil; Santa Uruz de la Sierra Popayári (556).

Acuerdo y Auto del Cabildo de Asunción, de Febrero 20 de 1676. Contiene Acta de Cabildo con nombramiento e investidura de facultad de guerra en Diez de Andino; cuenta de las invasiones y depredaciones de Mamelucos; necesidad de usar fuerzas militares para resistir el avance, lista de los Tupí, Guicurús, y Mbayás indios; ataques sobre San Pedro de Terecañé, San Francisco de Ibirá Parigá, Nuestra Señora de la Canaelaria y Villarrica; noticias de Inocencio (?) de Casase: avances sobre Ypané y Guarambaré. Firman: Rodrigo de Rojas Aranda, Alonso Fernandez Montiel, Francisco Martinez del Monte, Antonio Gonzalez Freire. Testigos: Pearo Villasanti y Juan de Herrera y Abreu" (557).

En la Ciudad de Asunción se decreta la Junta de Guerra, el 21 de febrero de 1676. Se hallaba ausente en ese entonces Reje Corvalán; experiencia de Diez de Andino en Catalonia y Portugal; peligros desde Guicurús y Mbayás; declaración de varios participantes en San Miguel de Tapúa Guaú, petición de ayuda desde Tucumán y Río de la Plata; Navíos a Buenos Aires, protección de ciudades del Uruguay del Paraná contra los Tupíes y Mamelucos; aceptación del comando por Diez de Andino. Firmado: Manuel Flores. Testigos: Juan de Herrera y Abreu, Juan Rodriguez de Vilasboa" (558).

Bando del Cabildo de Asunción, del 25 de febrero de 1676. Ausencia de Reje Corvalán; orden para las milicias de reunión con Vallejo Villasanti en Pirayú para expedición ordenada por Diez de Andino contra los Mamelucos y Tupíes; necesidad de auxilio a Villarrica; Memoriales dados a José de Rojas Aranda, Deigo Delgado de Irala y Manuel Báez; órdenes de Villasanti y Juan de Vargas Machuca. Firmado: Rodrigo Rojas Aranda, Alonso Fernandez Montiel, Francisco Martinez del Monte, Gabriel Riquelme de Guzmán, Antonio Gonzalez Freire, Juan de Brizuela. Testigos: Juan Herrera y Abreu y Francisco Gomez de Sosa" (559).

Francisco Martinez del Monte. Promulgación del Bando del 25 de febrero de 1676, ordenado por el Cabildo; decreto para que las milicias de Pirayú vayan en la expedición de Diez de Andino a Villarrica; Interprete por Santiago Indio Ladino (560).

Alonso Fernandez Montiel. Convocatoria del Ejército. Asunción, febrero 26 de 1676. Reunión de tropas delante de Vallejo Villasanti para la expedición de Diez de Andino a Villarrica: Trabajos de Gabriel Riquelme de Guzmán y Antonio González Freire en Pirayú; refuerzos desde Atirá, Ipané, Guarambaré, Yaguarón, Itá; lista de nombres y armas por ellos compradas y sigue una larga lista de individuos (561).

Juan de Mongelós Garcés, escribe carta al Gobernador, el 6 de marzo de 1676, desde Villarrica, informando de que los Mamelucos, Portugueses y Tupíes avances sobre Villarrica, Terecañe, Maracayú, (¿pueblo, o Tribu indígena?); Embarcaciones sobre el Río Amambay" (562).

Juan Diez de Andino. Banco. Villarrica, 12 de marzo de 1676. Noticias sobre la expedición en auxilio de Villarrica desde Asunción; Portugueses trasladan a 4 pueblos (563).

Felipe Reje Corvalán. Carta a S.M. anunciando la invasión de los portugueses a Villarrica en número de 2.000 y 1.000 indios Tupís, desde Santa Fe, marzo 13 de 1676. Noticias sobre condiciones de llegada (564).

El Cabildo de Asunción, formula una exposición sobre el estado de renta de la provincia, usurpaciones portuguesas y amenazas de indios, pedido de armas y promoción del gobernador. Marzo 19 de 1676. También se refiere a la campaña de Felipe Reje Corvalán; captura de los pueblos de San Pedro de Terecañe, San Francisco de Ibirá, Pariyará, Candelaria; Campaña de Ruy Díaz Melgarejo y otros (565).

El Cabildo por oficio a S.M. informa sobre la amenaza de los portugueses y las advertencias dadas a los gobernadores de Buenos Aires, para aprestarse a su defensa, fechado en marzo 19 de 1676. Administración de Felipe Reje Corvalán y Andrés de Robles. Portugueses capturados de Villarrica, Terecañe, San Francisco de Ibirapariará, Nuestra Señora de la Candelaria, y San Andrés de Baracayú; campaña de Juan Diez de Andino (566).

Juan Diez de Andino. Formula un Auto, desde Nuestra Señora de la Candelaria, el 4 de abril de 1676, donde hace una revista de la expedición de Diez de Andino en persecución de los Mamelucos y Tupís desde San Pablo; marcha a la Estancia de Sebastián de Luces; Yaquí: misión de Francisco de Avendaño a Yuty y Caazapá; Teyopoguazú, Monte Grande, Guarambaré; informe de Rafael (esclavo de Juan de Barcelona); Indios de Mbaracayú; diversos encuentros entre indios y mamelucos por parte de los españoles (567).

Felipe Reje Corvalán, envía Carta a S.M. sobre el atropello de los portugueses a Candelaria, Terecañe, Ibiraparianá y Mbaracayú, Cobardía de la guarnición española, fechado en San Juan de Vera de las Siete Corrientes, abril 4 de 1676 (568).

El mismo Reje Corvalán, dirige Carta a Francisco Fernandez de Madrigal en que acusa recibo de varias cédulas y provisiones reales, desde San Juan de Vera de las Siete Corrientes, 4 de abril de 1676. Narra el ataque de los portugueses a Villarrica (569).

Nicolás del Techo, en una exposición al Gobernador Andrés de Robles sobre el peligro en que encuentran las misiones con los frecuentes ataques de los portugueses. Desde San Ignacio del Tababiré, mayo 10, 1676. También se refiere a la administración de Andrés de Robles, Pedro de Baygorri y Francisco de Sepulveda; recomendaciones para defensa de las misiones (570).

Juan Diez de Andino, en Carta a S.M. informa sobre el peligro de invasión por parte de los portugueses y los indios enemigos, fechada en Asunción, 24 de mayo de 1676. También se refiere a la pobreza general y a la carencia de caballos en Paraguay; expedición de Andino a forzar a Portugueses desde Candelaria, Villarrica, Ipané, y Guarambaré, peligro de los Guaicurús y Mbayás" (571).

Juan Diez de Andino, dirige carta a S.M. informando sobre la campaña militar contra los portugueses e indios aliados que habian invadido hasta los territorios de la Villarrica del Espíritu Santo, fecha en Asunción, 24 de mayo de 1676. Hostilidad de los Tupís, y Guaicurús; datos sobre plazas y distancias en Brasil (572).

Felipe Reje Corvalán, dirige carta a S.M. sobre la ubicación de Villarrica, Ipané y Guarambaré desalojados por los mamelucos, fechado en Febrero 4 de 1677. También se refiere al trabajo de Faustino de las Casas y a la hostilidad de los Guaicurús (573).

Juan González de Santiago, formula una petición a la Audiencia de la Plata que mande hacer un informe sobre lo que conviniese al resguardo de la provincia contra los portugueses mamelucos, su aprobación y autos concernientes. 1677. También se refiere al avance portugués a Villarrica y pueblo de indios; ataques por Diez de Andino. También con Decretos de la Audiencia de Charcas, La Plata, abril 30, 1677, como evidencias de estar amontonados en Asunción (574).

Felipe Reje Corvalán, en carta a S.M. informa sobre las invasiones portuguesas y la necesidad de armamento, y de fundar un presidio con 100 hombres de Guarnición, Asunción, Mayo 9 de 1677 (575).

Audiencia de Charcas. Sentencia pronunciada en la causa de los capítulos puestos por el capitán José (Sebastián) de León y Zárate contra el gobernador Felipe Reje Corvalán, fechado en La Plata. Setiembre 14 de 1677. Se refiere además al abandonamiento de Villa Rica; precio de la Yerba; mudanza de Ipané, Guarambaré, y Atirá (576).

Felipe Reje Corvalán, en carta a S.M. informa sobre el estado de la Provincia, el 20 de octubre de 1677. Se refierea la fuerte oposición de Asunción por la defensa contra de los indios del Chaco; incidentes con Portugueses en Igatimi; Ministerio de Alonso de Solórsano y Velasco; administración de Juan Diez Andino y Alonso Sarmiento de Figueroa; servicios médicos; ataques de Francisco Pedroso Xavier sobre pueblos españoles, regulación de el comercio de la yerba en las misiones jesuíticas, agricultura y comercio entre misiones (577).

Andrés de Robles, en carta a S.M. informa sobre la provisión de armas contra los portugueses, desde Buenos Aires, el 20 de enero de 1678 (578).

Juan González de Santiago, envía carta a S.M. sobre la administración de Corvalán y la campaña de Diez Andino contra los Mamelucos, fechado en La Plata, Febrero 22 de 1678 (579).

El Cabildo Eclesiástico, envía una carta a S.M. sobre el estado de la diócesis, fechado en marzo 20 de 1678. Además se ocupa de Cita concernientes a Artículos de Consumo; necesidad para la unión de las dos provincias; elogio de colonizadores; Invasiones Portuguesas. Firmado: José Bernardo Cervin, Clemente Sanchez Delbra, Gregorio Suárez Cordero, Francisco Jiménez y Juan Caballero y Larrazábal" (580).

Juan Diez de Andino, en carta a S.M. da cuenta de haberse trasladado de la Gobernación del Paraguay a la de Tucumán y las necesidades de éstas, fechado en Córdoba del Tucumán, 7 de noviembre de 1678. Además se ocupa de la invasión portuguesa a Villarrica; capturas de 16 indios tupís, comercio con la ciudad de Esteco; aliados Chiriguanos, peligro de inundaciones" (581).

Carlos II, emite una Cédula Real sobre la ubicación de Villarrica, Ipané y Guarambaré desalojadas por los mamelucos, fechado en Madrid, el 25 de julio de 1679. También se refiere a la Administración de Felipe Reje Corvalán; novedades de los Portugueses en San Pablo" (582).

Felipe Reje Corvalán, en informe a S.M. sobre los inconvenientes que acarrearía la mudanza de las mil familias de indios de las reducciones del Paraná y Uruguay para llevarlos a Buenos Aires, fechado en Asunción, junio 1 de 1681. También se refiere a la invasión portuguesa; adherencia de los Indios a el país; pueblos de Itatines, doctrina de San Ignacio; Ataques portugueses de 1676. Gobernador Garro de Buenos Aires" (583).

Juan Diez de Andino. Auto sobre la relación de los portugueses que se poblaron o pretendían poblarse en el sitio de Jérez de esta banda del Salto del Río Paraná, fechado en Asunción, 22 de febrero de 1682. Además se refiere a la destrucción de los pueblos de españoles; invasión por Antonio Raposo Tabares; crueldad de los portugueses, invasión por Francisco Pedrozo; batalla en las montañas de Amambay, colonización de la isla San Gabriel" (584).

El mismo Diez de Andino, en carta a S.M. da cuenta que los vecinos y moradores de San Pablo y otros lugares hicieron desde el año 1614 varias entradas tierra adentro del Brasil y al Puerto de Potros y Río Grande, fechada en Asunción, 30 de abril de 1682. Además informa de Jerez y Guairá; invasión por Francisco Pedrozo; expedición punitiva de Marcos de León; colonización de la Isla de San Gabriel" (585).

Juan Diez de Andino sigue con sus cartas a S.M., contando datos autobiográficos, fechado en Asunción, el 30 de abril de 1682. Informa sobre los servicios en defensa de la provincia contra Mamelucos, Guaicurús y Mbayá; asunción del cargo de Gobernador; destrucción del Guairá; gobierno provisional de Tucumán; Castigo a los Payaguás y otros piratas de río; guarnición de Arecayá, Tapuá, San Ildefonso, Atirá, Ipané, y Guarambaré contra Portugueses y Monteses (¿Caainguás?); despoblación de Villarrica" (586).

Diez de Andino, eleva un informe a S.M. sobre el resultado de la campaña contra los portugueses, fechada en Asunción el 2 de mayo de 1682. También informa de la invasión al Paraguay y Uruguay por los portugueses; traslado de 1.000 familias de indios a Buenos Aires" (587).

Melchor de Navarra Rocaful, dirije una carta a S.M. sobre el asunto del traslado de 1.000 familias de indios del Paraná y Uruguay a la ciudad de Buenos Aires, fechado en Lima, el 30 de noviembre de 1682. Informa también que los Jesuitas se oponen al traslado" (588).

José de Herrera y Sotomayor, en carta a S.M. informa los inconvenientes que presenta el cumplimiento de la real cédula sobre la extracción de 1.000 familias de indios del Paraná y Uruguay, fechada desde Buenos Aires, el 2 de enero de 1683. Además da cuenta de la actitud contemplativa del traslado de familias a Buenos Aires; actitud de los Jesuitas, peligro desde portugueses a San Gabriel; reducción de familias a 300; desaprobación de Indios" (589).

Melchor de Navarra Rocaful, Duque de Palata, envía carta a S.M. en que comunica que el Gobernador Francisco de Monforte ha hecho reconocer si en el paraje de la antigua Jerez había población de portugueses, fechado en Lima el 6 de octubre de 1683 (590).

Faustino de Casas, eleva un informe a S.M. sobre la ejecución de la orden que los vecinos de la Villa del Espíritu Santo volviesen a su población antigua, fechada en Asunción, el 24 de julio de 1686. Además se refiere al temor de la invasión portuguesa; provisión real para la conversión de los Indios Monteses; reedificación de iglesias con dinero de Potosí; erección de 2 canongías; cédula concerniente a prelados regulares; conmemoración de la muerte y la memoria del Obispo de las Islas Canarias; uso del vino y aceite en las misiones; ropaje gastado de miembros de las misiones" (591).

Francisco de Monforte, en carta a S.M. solicita recursos para la guerra contra los Payaguás y los Portugueses, desde Asunción, 29 de julio de 1686. También informa sobre la expedición a investigar la colonia de Jerez, asociación de Portugueses y Payaguás" (592).

El mismo Monforte, en carta a S.M. comunica la entrada de 300 españoles hasta las cercanías del río Confuso, desde Asunción, 24 de setiembre de 1686. También informa sobre expedición a Guicurús, Guanás y Mbayás, castigo por asalto sobre Españoles, relato sobre actividades de Portugueses" (593).

Monforte, en carta a S.M. refuta lo informado por Juan Diez de Andino en varios cargos, fechado en Asunción, 15 de marzo de 1687. Además, se refiere al castigo de los indios payaguás; reducción de los Guaicurús y Mbayás; establecimiento de Jérez por Portugueses, colonización de la Isla de San Gabriel" (594).

Carlos II, emite una Cédula Real sobre aprobación de la fundación de Villarrica en Ibitiruzú, fechada en Madrid, el 21 de junio de 1691. Trabajos de Sebastián Félix de Mendiola (595).

Carlos II, también emite una cédula real sobre. la nueva fundación de Ipané y Guarambaré y repoblación de la Villarrica, fechado en Madrid, 28 de julio de 1691. También se refiere a Carta de Felipe Reje Corvalán. Invasión Portuguesa de Villarrica; carta de Faustino de las Casas" (596).

Gabriel de Aldunate y Rada, escribe a S.M. en donde aconseja que los Portugueses sean confinados a Ntra. Sra. de Talavera de San Carlos de Esteco. 1694 (597).

Manuel de Robles, escribe a Bernardo Arria (Guerrero) de la Escalera en que pide armas contra los portugueses mamelucos y aprobación de las medidas que piensa tomar sobre las encomiendas vacantes de indios notarios y originarios, fechado en Asunción, el 23 de mano de 1709.

También se refiere a la invasión portuguesa de la jurisdicción de Jerez; trabajos de Juan Rodriguez Cota y Juan Rodríguez Villar" (598).

El mismo, Manuel de Robles, escribe a S.M. dando cuenta de la invasión portuguesa en la jurisdicción de Jerez (599).

Diego de los Reyes Balmaceda, escribe a S.M. en que expone las hostilidades a que es objeto por los enemigos de su Gobierno y la injusta medida dictada contra él por la Audiencia de Charcas, fechada en Asunción, 8 de marzo de 1721. También se refiere a actitudes en Villarrica y Curuguaty; protección de los Guaranís contra los Monteses (Caainguás); incursiones portuguesas, reconstrucción de Arecutucuá y Peñón; expedición dentro del Chaco" (600).

Juan José Rico, formula su parecer sobre los reparos para reprimir las invasiones portuguesas en las provincias del Paraguay, Perú, Quito y Santa Fe, fechado desde el Colegio Imperial, julio 3 de 1723 (601).


LA CUESTIÓN DE LÍMITES CON PORTUGAL


Terminadas las invasiones portuguesas iniciadas desde los prolegómenos de la conquista y proseguida sin descanso durante dos siglos por las Malocas Paulistas, o Mamelucos, destrozando pueblos y ciudades construidas ya por el celo de los jesuitas o por algunos gobernadores españoles, la hostilidad pasó del terreno de las armas, al diplomático, demostrando la sutileza que es la característica peculiar del Imperio Portugués, cuyas instituciones formadas a través de siglos trajeron a estas tierras de América, con una eficacia sin igual, imposible de competir con los españoles cuya improvisación fue la característica de todos los actos de la vida colonial. Si sumamos a todo ello, el grado de pobreza de la Provincia del Paraguay, su situación distante ya sea de la Audiencia de Charcas, o de la Provincia del Río de la Plata, la sujeción en que vivía era de lo más asfixiante. Ponerse a pensar en las circunstancias que rodeaban el entorno de aquel tiempo, no hacen sino lamentar el balance precario a que arribamos a nuestra era independiente. La herencia del pasado, pesó y pesa sobre la suerte de la nación paraguaya, como un signo determinante de su política en general. De allí, que el cuidado que se debe tener de las enseñanzas del pasado son pocas en comparación a otros pueblos, cuyo desenvolvimiento aceleraron su proceso de rápido y sostenido desarrollo que nosotros aún hoy no hemos podido lograrlo. Valgan estas disquisiciones para entrar a analizar el problema de límites creado con motivo de las numerosas cuestiones suscitadas con el Brasil muy especialmente.

Luis Antonio de Souza, en carta a Carlos Morphi, plantea la cuestión de límites entre el Brasil y los territorios de España, en carta fechada en San Paulo, el 21 de noviembre de 1769. Se refiere también a la orden al Bandeirante Joao Martin Barros la entrada sin derecho sobre territorios españoles. En portugués." (602).

Carlos Morphi, escribe a Luis Antonio de Souza sobre la cuestión de límites entre el Paraguay y el Brasil, fechada en Asunción, el 18 de setiembre de 1770. Se refiere también a la legitimidad de Portugueses en Igatimí, Colonia de Sacramento; pueblos del Uruguay; Minas de Cuyabá (603).

Manuel de Amat y Junyet. Informe a Carlos Morphi, Gobernador del Paraguay, relativo a la población clandestina de los Portugueses Paulistas en las Costas de Igatimí, datado en Lima, enero 22 de 1771 (604).

El mismo Amat, escribe a Carlos Morphi, sobre el desalojamiento de los portugueses que se habían fortificado en el Igatimí. Desde Lima, enero 30 de 1771 (605).

Sigue Amat, escribiendo a Carlos Morphi, enviándole un Auto encargándole, el castigo de los portugueses invasores de la costa de Igatimí. Lima, enero 31 de 1771 (606).

Carlos Morphi. Relación sucinta de los sucesos y estado actual de la Colonia de los Portugueses Paulistas fundaron en el año 1767, en las márgenes del Río Gatimí, remitida por el Governador del Paraguay al de Buenos Aires. Fechada en Asunción, febrero 24 de 1771. Además contiene referencias sobre la revuelta contra oficiales en Curuguatí. Contactos con San Pablo por ayuda o auxilios Portugueses, Mensaje de Bucarelli acerca de Portugueses sobre el Río Grande, origen de la disputa entre Morphi y el Virrey (607).

El mismo Morphi, escribe, a Juan José de Vertiz sobre avances portugueses y fundaciones en la margen del Río Igatimí, fechado en Asunción, 24 de febrero de 1771. Hace una descripción de fuerzas, colonias de San Francisco de Paula; proximidades a Curuguaty; Tropas Portuguesas en San Pablo y el Paraná; destrucción del Guairá" (608).

Cabildo de Asunción, Carta a SM. en que da noticia de la invasión de los portugueses a las márgenes dei Río Igatimí, treinta leguas de la Villa de San Isidro de Curuguati, fechado el 13 de julio de 1772. También informa sobre la insubordinación de residentes de Curuguatí" (609).

Consejo de Indias. Dictamen Fiscal aprobando la fundación de la nueva población entre los ríos Ipané para contener a los indios bárbaros e impedir el avance de los portugueses. Madrid, Enero 29 de 1774 (610).

José Benancio de la Rosa, escribe al gobernador Agustín Fernando de Pinedo informando sobre las amenazas portuguesas en las márgenes del Igatimí y del Jejuí, y el estado de las defensas españolas. Desde Curuguati, febrero de 1774 (611).

Agustín Fernando de Pinedo, escribe carta a Juan José Vertiz sobre amenazas portuguesas por el lado de Curuguatí e Igatimí. Asunción, marzo 4 de 1774. Apelan a los hombres y armas (612).

Juan José de Priego y Caro, envía carta a S.M. dando noticias de probables invasiones portuguesas y el medio de contrarrestarlas. Fechado en Plata, enero 8 de 1775. También incluye datos sobre tropas paraguayas, pobreza de Chiquitos, peligro de Buenos Aires desde Portugueses; dificultad de proteger misiones de Perú, Mojos y Chiquitos; facilidades de acceso desde Mato Grosso; peligro de Santa Cruz, Reyes (Provincia de Mojos) y la Paz; expedición punitiva de Juan de Pestaña acerca de Estacada, requisito ayuda desde Buenos Aires; contrabando negocio vía Tucumán y provincia de Chiquitos, necesidad para misiones bajo el cuidado de los franciscanos" (613)

El Consejo de Indias. Carta sobre las disposiciones para el gobierno de los Mojos y Chiquitos, y la cuestión de límites con el Brasil. Madrid, setiembre 20 de 1775. Además, cita la representación de Juan Bartolomé Verdugo sobre el estado de decadencia de Mojos y Chiquitos Misiones" (614).

Marqués de Valdelirios y Domingo Orrantía. Informe sacado del expediente de las Misiones de Mojos y Chiquitos sobre el asunto de erigirlas en gobernaciones, sutrayéndolas a la Santa Cruz. Madrid, abril 24 de 1776. También se refieren a los detalles administrativos de la propuesta de cambio; efectos sobre las misiones de Guaranís en Paraguay; relato sobre misiones de Mojos y Chiquitos por Verdugo; problemas de política administrativa, inspección por el Obispo de Santa Cruz; propuestas de la Audiencia de Charcas; transferencia o traslado del obispo a Cochabamba; comparación con el gobierno de las misiones Guaraníes (615).

Por Real Cédula, del 10 de agosto de 1776, dada en San Ildefonso, el Rey dispuso. "Para mandar las expediciones que se apresta en Cádiz con destino a tomar satisfacción de los insultos cometidos por los portugueses en las Provincias del Río de la Plata, ha nombrado el Rey por comandante en Gefe al Teniente General D. Pedro Cevallos nombrándole al mismo tiempo Virrey, Gobernador y Capitán General de las Provincias de Buenos Aires, Paraguay, Tucumán, Potosí, Santa Cruz de la Sierra, Charcas y de todos los corregimientos... quedando por esta razón sujetas y con subordinación inmediata a sus órdenes y mediante a que por las facultades que S.M. le ha concedido debe como Superintendente de la Real Hacienda, librar sobre todos los ramos y productos de ella, para que en los casos que lo tenga por conbeniente se le franqueen los caudales, que hubiere menester para atender los gastos que se les ofrezcan." (616).

Agustín Fernando de Pinedo, Copia de carta ord. al Capn. Dn. Josef Benancio de la Rosa, Teniente de Gobernador en la Villa de Curuguati en 16 de diciembre de 1776. Asunción. Además se refiere a la colonización de Portugueses sobre bancos del Igatimí; erección de un fuerte, servicio de García de Francia, capitán de Artillería" (617).

Agustín Fernando de Pinedo. Carta al Gobernador de los Placeres de Igatimí en que demanda la rendición de la plaza. Campamento a frente a dicha plaza, octubre 26 de 1777. También se refiere a la rendición de la Isla Catalina y Colonia de Sacramento a Pedro de Ceballos" (618).

Rendición de Igatimí. Capitulacoens que Fazen ó M.R.P. Vigario Antonio Ramos Barbay ex Tente. Jerónimo da Costa Tavares Regtes. da Praca Igatimí con ó Exmo sor D. Agosto. Fendo. de Pinedo Gnal. da Codte, de Paraguae. Plaza de los Placeres de Igatimí, octubre 27, de 1777" (619).

Estado que tenía la Plaza de los Placeres de Igatimí en su rendición a las armas de S.M. mandadas por el Coronel Don Agustín Fernando de Pinedo... en 27 de octubre de 1777. Lista del botín" (620).

Antonio Barbas Planás y Jerónimo de Acosta Tavares. Relación de los Pertrechos de Guerra y demás útiles que se hallaron en los Almacenes de la Plaza de Nuestra Señora de los Placeres y San Francisco de Paula del Rio Igatimí al tiempo de su rendición a las armas de España. Octubre, 28 de 1777 (621).

Agustín Fernando de Pinedo. Carta a Pedro de Ceballos dando cuenta de la rendición de Igatimí por los portugueses, Plaza de Igatimí, octubre 30 de 1777. Concerniente a José de Espinola; enfermedad de Pinedo (622).

Pedro de Ceballos. Carta a Agustín de Pinedo ordenando la cesación de armas contra los vasallos y territorios de Portugal en consecuencia de una armas con orden del rey transmitida por José de Gálvez. Buenos Aires, Noviembre, 20 de l777 (623).

Agustín Fernando de Pinedo. Carta a José de Gálvez sobre ataque a Igatimí ocupada por los portugueses, Asunción, noviembre 29 de 1777. Armisticio entre España y Portugal (624).

Otra carta de Pinedo a José de Gálvez en que da cuenta de la llegada de ]as noticias del armisticio entre España y Portugal. Asunción, Noviembre de 1777 (625).

Pinedo escribe a Pedro de Ceballos dando cuenta de la expedición fructuosa a Igatimí y el subsecuente armisticio entre los reyes de España y Portugal. Asunción, Diciembre 4 de 1777. Concernientes a José de Espinola y José de Gálvez (626).

IGATIMI. Tropa arreglada que se hallaba de Guarnición en la Plaza de Igatimí a su toma y rendición el 27 de octubre la que vajo Capitulación se embarcó para la ciudad de San Pablo. Asunción, Diciembre 5 de 1777 (627).

Agustín Fernando de Pinedo. Publicación y cumplimiento de la orden del virrey que se reponga la Plaza de Igatimí en el estado en que se hallaba al tiempo de su rendición. Asunción, diciembre 23 de 1777. Deseos de prisioneros de retornar a San Pablo; expectativas del arribo del sucesor de Pinedo, Pedro Melo de Portugal" (628).

Pinedo, envía carta al Virrey D. Pedro de Cevallos en 28 de Diciembre de l777. Rendición de la Plaza de Igatimí (629).

Pinedo, envía carta a Pedro de Ceballos contestando la suspensión de armas y reposición a los prisioneros portugueses en Igatimí, Asunción, diciembre 28 de 1777 (630).

El mismo Pinedo, envía carta a José Gálvez en que anuncia el envío de unos documentos sobre la toma y rendición de la Plaza de Igatimí. Asunción, diciembre 29 de 1777 (631).

Pedro de Cevallos, escribe carta a José de Gálvez sobre desalojo violento de los Portugueses de Igatimí durante cesación de hostilidades. Buenos Aires, enero 26 de 1778 (632).

Pedro Melo de Portugal, envía carta a José Gálvez sobre las fundaciones de Fernando de Pinedo en prevención de avances portugueses. Asunción, Febrero 14 de 1778 (633).

Consejo de Indias. Carta a Agustin Fernando de Pinedo comunicando aprobación real sobre toma de la plaza de Igatimí, dado en Aranjuez, junio 3 de 1778 (634).

Pedro de Ceballos, envía carta a José de Gálvez sobre la ocupación de Igatimí por los portugueses. Buenos Aires, Noviembre 28 de 1778 (635).

En el decenio comprendido entre los años 1778 y 1787 se realizó una "Cuenta en relación de los gastos pagados en la Thesoxexía gxal. del Paxaguay causados en el reconocimiento en establecimientos Poxtugueses y toma e la Plaza delos Plazeres del Rio Igatimi".

En efecto, entre los gastos más comunes figuran partidas de Tabaco, Yerba y Ganado, a los comerciantes Manuel Miguel Domeque, Juan Batalla, José Diaz de Bedoya, Joseph Coene, alcanzando la suma total de 11.499-1-23, pesos y reales moneda de plata (636).

José Sá y Faría. Informe a Nicolás de Arredondo sobre las fortalezas establecidas por los portugueses en las tierras españolas. Buenos Aires, marzo 24 de 1790 (637).

Martin Boneo, en carta a Antonio José Pintos de Figueredo, comandante del presidio de Coimbra, requiriéndole no estorbar la navegación de este río. Río Paraguay, setiembre 9 de 1790 (638).

Antonio José de Pintos, en carta a José Boneo, relativa a la navegación del Río Paraguay. Real Presidio, Setiembre 9 de 1790 (639).

Martin Boneo, en carta a José Antonio Pintos de Figueredo informa sobre las inconveniencias de conferenciar en el lugar señalado. Río Paraguay setiembre 11 de 1790 (640).

José Antonio Pintos de Figueredo, en carta a Martin Boneo reiterando el tenor de sus órdenes a la navegación del Río Paraguay. Setiembre 11 de 1790 (641).

Martin Boneo, escribe a José Antonio Pintos de Figueredo que incluye la del Gobernador del Paraguay que ordena que los portugueses evacúen las tierras españolas al oeste del Río Paraguay. Río Paraguay, setiembre 11, de 1790 (642).

José Antonio Pintos de Figueredo, en carta a José Boneo en contestación a evacuación de portugueses de la banda occidental del Río Paraguay. Real Presidio, Setiembre 11 de 1790 (643).

José Antonio Pintos de Figueredo, envía carta a Joaquín de Alós que contesta pedido de desalojo de ese fuerte diciendo que consultará con sus jefes. Nueva Coimbra, Setiembre 11 de 1790 (644).

Martin Boneo. Carta de 13 de noviembre de 1790... á Don José Varela y Ulloa sobre la expedición... al Norte del Río Paraguay para reconocer los establecimientos portugueses. Asunción, noviembre 13 de 1790. También informa sobre Félix de Azara; Joaquín de Alós, viaje arriba del río, empleo de Ignacio Paros como Piloto" (645).

Martin de Boneo, eleva un informe a Joaquín de Alós sobre el resultado de su misión a desalojar a los portugueses de Coimbra. Asunción, 1790 (646).

Nicolás de Arredondo. Respuesta al anterior oficio sobre que resista el que los Portugueses ocupen el Itapucú. Buenos Aires, marzo, 4 de 1792. Dicho fuerte o presidio siempre fue considerado por los españoles como los verdaderos dueños, de acuerdo a la Topografía del área y la descripción del pueblo, realizada por el Gobernador Intendente del Paraguay, Joaquín de Alós el 19 de junio de 1792 (647).

Nicolás de Arredondo, responde al anterior oficio de Joaquín de Alós, previniéndole la detenida reflexión con que debe proceder. Buenos Aires, junio 18 de 1792. Proyecto de colonización próximo al Río ltapucú" (648).

Joáo D’Albuquerque de Melo Pereira e Caceres. Oficio a Joaquín de Alós que abstuviese de poblar la banda oriental al norte de la villa de Concepción, Villa Bella, Junio 18 de 1792 (649).

Joaquín de Alós. (Carta del Gobernador del Paraguay al Virrey Nicolás de Arredondo sobre haber dispuesto se suspenda población de estancias al norte de nuestros establecimientos en la banda oriental del Paraguay). Asunción, junio 19 de 1792 (650).

Nicolás de Arredondo. Formula respuesta al Gobernador del Paraguay sobre suspender ocupaciones al norte y proceder a las del este de la Villa de la Concepción. Buenos Aires, agosto 18 de 1792 (651).

Joaquín de Alós. Carta al Virrey Nicolás de Arredondo en que dice que las principales estancias que se están fundando son hacia el este de la Concepción, sobre que los Portugueses no pueden arguirnos. Asunción, setiembre 19 de 1792 (652).

José Antonio Zavala v Delgadillo. (Carta al Gobernador Intendente dando noticia de una carta patente enviada por los portugueses. Presidió de Borbón, Setiembre 30 de 1792. Visita de Juan Quema de Albuquerque con indios aliados y transmisión de la carta del gobernador de Mato Grosso (653).

Nicolás de Arredondo. Oficio del Virrey de Buenos Aires de 6 de octubre de 1792, remitiendo otro del Gobernador del Paraguay... sobre... el establecimiento del fuerte de Borbón a los 21º Buenos Aires, octubre 6 de l792. Temor o recelo de Portugueses de Nueva Coimbra y Albuquerque y de los Indios Chiquitos, fortificación del Río Mbotití y Río Igurey (654).

Joaquín de Alós. Carta y propuesta... (al Virrey Arredondo para recompensar los servicios prestados en la fundación del fuerte de Bordón). Asunción, noviembre 13 de 1792.

El mismo Joaquín Alós. Relación de los sugetos que han contrahido merito en la expedición y establecimiento de Fuerte Borbón. Asunción noviembre 13 de 1792 (655).

Nicolás de Arredondo. (Carta al Gobernador del Paraguay sobre requerimiento que le pasó el Capitán General de Mato Grosso para que se abstenga de poblar en esa banda oriental del Río Paraguay). Buenos Aires, Noviembre 15 de 1792 (656).

Audiencia de Charcas. Auto mandando la construcción en el pueblo de Saipurú de un fuerte con el título de San Carlos. La Plata. Diciembre 6 de 1792 (657).

Audiencia de Charcas. Mandamiento al gobernador intendente de Cochabamba que cumpla con el auto de 6 de diciembre de 1792, sobre construcción de un fuerte. La Plata, diciembre 11 de 1792 (658).

Francisco de Biedma. (Acto de obediencia a la real provisión expedida en La Plata el 23 de diciembre de 1789. Oropeza, enero 8 de 1793. Suspensión de trabajos en el fuerte de Saipurú (659).

Joaquín Alós, Oficio... del Gobernador del Paraguay (al Virrey Nicolás de Arredondo) sobre relaciones con los Portugueses y sus manejos con los indios. Asunción, enero 19 de 1793. También se refiere a la organización de las tribus de indios, nombres de los caciques; esfuerzo de Portugueses para hacer la paz y alianzas (660).

El mismo Alós, en Oficio... del Gobernador del Paraguay (al Virrey de Buenos Aires, Nicolás de Arredondo) acompañando una patente expedida por el Gobernador de Matogroso á los Inctios guanazúes. Asunción, enero 19, de 1793. También incluye un Mapa de Ignacio Paros; locación encuesta por Manuel de Flores, fortificaciones por Portugueses, relato de Francisco Rodríguez Posta; descripción del fuerte, organización de las tribus de indios y nombre de caciques, rutas a Albuquerque (661).

Miguel Antonio de Herrero, envía carta como comandante del fuerte de Borbón... (a Lázaro de Rivera) de 23 de enero de 1798, dando noticias de los Portugueses... Fuerte Borbón. Se refiere también a los Portugueses en Coimbra (662).

Pedro Antonio Mier. Relación exacta que demuestra quanto he podido reparar, advertir y observar en el Fuerte de Coimbra... Fuerte Borbón, enero 23 de 1798. También relato de las fortificaciones de Coimbra (663).

Francisco Chupe (Declaración) de otro Cazique Don Francisco Chupé. Pueblo de Atirá, Enero 31 de 1798. Incluye también el esfuerzo de los Portugueses para instigar la guerra contra los Españoles (664).

Etiganoité (Zavala), Luis. Declaración del Cazique don Luis. Pueblo de Atirá, Enero 31 de 1798. También testimonio de jefes indios sobre los esfuerzos de Portugueses para instigar la guerra contra los Españoles (665).

Tomás Ortega Fernández y Fermín Arredondo y Lobatón. Nombramiento de Intérpretes. Pueblo de Atirá. Enero 31 de 1798. Además, empleo de intérpretes por Mbayá e Indios Guaraní; Pascual Aritucú, García Rodríguez de Francia, Juan Vicente Montiel y Francisco Avalos (666).

Lázaro de Rivera. Auto (en que da comisión a Tomás Ortega Ramírez, y Fermín de Arredondo y Lobatón para investigar los intentos de los portugueses entre los Mbayás y guanás, aliados de los españoles. Pueblo de Atirá. Enero 31 de 1798 (667).

José Domador. Declaración de José Domador. Asunción. Febrero 9 de 1798. Incluye testimonios de jefes indios sobre colonización Portuguesa en Cubayá y esfuerzos para investigar la guerra contra los españoles (668).

Cacique Maquida. Declaración de Maquida. Asunción, febrero 9 de 1798. Testimonio de jefe indio sobre esfuerzos de Portugueses para instigar la guerra contra los españoles (669).

José Espínola. (Decreto sobre las declaraciones de los indios caciques, Maquida y José Domador y juramento de intérpretes). Asunción, febrero 9 de 1798 (670).

José Espínola. Devolución de las declaraciones de Maquida y José Domador y decreto de Lázaro de Rivera. Atirá, febrero 10-12 de 1798 (671).

Nombramiento de un intérprete. Atirá, febrero 12 de 1798. Empleo de Pedro José Benítez en reemplazo de Rafael Aguayo (672).

Cacique Maquida. Declaración de Maquida. Atirá, febrero 12 de 1798. Incluye el testimonio adicional tomado de Maquida sobre colonizadores portugueses de Coimbra (673).

Lázaro de Rivera, Decreto ordenando copias del expediente de los testimonios verificados últimamente en el pueblo de Atirá. Atirá, febrero 19 de 1798. También se refiere a la ocupación de los territorios españoles por los portugueses (674).

El mismo Rivera, Gobernador del Paraguay escribe al Virrey de Buenos Aires (Antonio Olaguer Feliú) en 24 de marzo de 1798, sobre los portugueses, Santa Rosa del Paraguay. Incluye armamento de la frontera por portugueses (675).

Rivera, en una Minuta de comunicación a propósito del gobernador del Paraguay, fechó a 24 de marzo de 1798 y sus anexos. También incluye Paz con los indios, erección de fuertes sobre frontera, incursiones de portugueses (676).

Lázaro de Rivera, en carta al Virrey de Buenos Aires informa sobre la fundación de San Juan Nepomuceno de indios Chabaranás. Pueblo de Itapúa del Paraguay, febrero 25 de 1799. Además informa sobre la instigación de indios por Portugueses, dificultades para contenerlos a ellos, trabajos de educación de Delfino Hernández; Antonio Bogarín y Mariano Bordón (677).

El mismo Rivera (Decreto ordenando que alisten los buques para navegar prontamente, a bordo de la Sumaca. N. Sra. del Carmen), Set. 24 de 1801. Incluye la preparación para el retorno a Asunción.

Consejo de Guerra. Dictámen de los Capitanes y Prácticos (de la Expedición contra el fuerte de Coimbra). Sitio de Coimbra, a bordo de la capitana Nuestra Señora del Carmen, Setiembre 24 de 1801 (678).

Lázaro de Rivera. En carta al Virrey de Buenos Aires, Joaquín del Pino da un resumen de la expedición contra el fuerte de Coimbra a bordo de la sumaca Nuestra Señora del Carmen, octubre 7 de 1801. También informa sobre la escaramuza de la artillería; tiempo tempestuoso; descripción del fuerte y José Espínola en el cargo con acuerdo de Villa Real (679).

El mismo Rivera escribe carta al Virrey, dando cuenta del plan general de Mato Grosso de arruinar las haciendas españolas e incitar a los indios. ¿1802?. Además refiere la organización de las fuerzas españolas para repeler los ataques (680).

García Rodríguez Francia, en Carta al Gobernador Lázaro de Rivera, da cuenta de lo referente a soldados para fuerte Borbón, Río Apá, y Villarreal. Asunción, mayo 7 de 1803 (681).

El mismo Rodríguez Francia, escribe al Gobernador Lázaro de Rivera referente al resguardo de los fuertes y fronteras. Asunción, junio 22 de 1803 (682).

Francisco Requena: (Memoria sobre las usurpaciones portuguesas y plan para contenerlas). Madrid, febrero 25 de 1804. Se refiere también a Juan José Vértiz, Nicolás de Arredondo, Juan Fernández Cornejo, José Espínola; ruta de los Indios Guaraníes del Paraguay; comunicación con el Perú; líneas de aprovechamiento de la frontera brasileña (683).

Lázaro de Rivera (Extracto de una carta a Santiago Liniers sobre los medios de que se han valido los portugueses para dilatar su dominación en este Nuevo Mundo). San Nicolás de los Arroyos, abril 25 de 1808 (684).

Santiago de Liniers (Extracto de carta al Príncipe Generalísimo Almirante sobre la traslación de la familia real de Portugal al Brasil. Buenos Aires, mayo 31 de 1808. También se refiere al esfuerzo de incremento de los portugueses para incrementar sus posesiones, asignación de tropas adicionales a la frontera (685).

Javier Elio, envía carta a la Serenísima señora Carlota Joaquina Borbón. Montevideo, mayo 1 de 1811. Además le recuerda la dependencia sobre Fernando VII; tropas de Velasco en Paraguay; oposición de Marqués de Casa Irujo al uso de tropas portuguesas, actitud de Marchal Vigodet; trabajo de la Junta de Buenos Aires; ataques sobre el fuerte de Santa Teresa (686).

El Marqués de Casa Irujo, escribe a Carlota Joaquina Borbón, Río de Janeiro, mayo 2 de 18I1. Le informa del uso de 200 Portugueses soldados en el paso de Candelaria para oponerse a Belgrano (687).

El Conde de Liñares, escribe a Carlota Joaquina Borbón, Rio de Janeiro, mayo 3 de 1811. Además informa sobre la petición de Velasco para que los portugueses auxilien contra Belgrano; influencia de Lord Strangford (688) .

Antonio Tomás Yegros. (Carta muy reservada sobre la victoria realizada por caballerito). Cúnaca, mayo 17 de 1811. También se refiere a la intervención portuguesa (689).

Buenos Aires. ¿Junta Gubernativa? (Oficio a Bartolomé Coronel en Candelaria manifestando la disposición de la Junta de ir en auxilio de los paraguayos contra los portugueses). Junio 6 de 1811. También carta enviada a la Junta por Luis Caminos (690).


LA POBLACIÓN DE LAS MISIONES GUARANIES ENTRE 1702-1767


"Sobre la población de estos pueblos –escriben Maeder y Bolsi–, se han publicado cifras y datos aislados, pero no se ha realizado un estudio integral de los mismos (691).

"Los datos demográficos continúan más adelante estos autores –contribuyen a entender mejor el desarrollo de las misiones y sirven también para disipar la visión frecuentemente ahistórica con que suele concebirse la REPUBLICA GUARNITICA. Esta imagen iLusoria de una sociedad estática y aislada, apta para el manipuleo ideológico, debe ser sustituida por una apreciación histórica que ubique las misiones guaraníes como una sociedad dinámica sujeta a la influencia del mundo colonial yque vivió y padeció los problemas regulares de toda comunidad organizada. Una comprensión en definitiva, que parte de los hechos, en que se muestre la riqueza, la complejidad y las contradicciones que entrañaba la vida guaranítica durante el siglo XVIII".

"Como consecuencia de este movimiento poblador quedaron constituidos los 8 pueblos que subsistieron en el Paraguay, los 7 de Río Grande do Sul, en el Brasil, y los 15 de la Argentina. La expansión a partir de este momento no sufrirá ya nuevas alternativas, salvo la efímera fundación de San Antonio de Padua en 1734, con indios de Loreto, que no prosperó, y los nuevos pueblos de indios guaraníes del Taruma, llamados San Joaquín y San Estanislao, iniciado entre 1746 y 1750, pero que se mantuvieron aparte del núcleo guaraní de los 30 pueblos".

"ESTIMACION DE LA POBLACION GUARANI DE LAS MISIONES JESUITICAS EN RELACION CON LA POBLACION ARGENTINA Y PARAGUAYA (sin incluir a los indios del Chaco y la Patagonia).


Año

Población

Total

Población Misionera

Población Argentina

Población Paraguaya

1680

181.000

62.000

100.000

19.000

1767

349.000

89.000

210.000

50.000


Entre las fuentes de información demográfica de los pueblos guaraníes –Maeder y Bolsi–, refieren: "En principio, la obligación de tributar que tenían los indígenas varones mayores de 18 años, obligó a practicar recuentos prolijos para control de la real hacienda. En el caso de las misiones de guaraníes, éstas se hallaron inicialmente exentas en razón de tratarse de catecúmenos, pero más tarde se ajustó el tributo anual según el acuerdo 1660 y la visita de 1677. Como consecuencia de ello, visitadores reales, y en Ocasiones gobernadores y aún obispos, empadronaron no calcularon la población guaraní en diferentes oportunidades del Siglo XVII y aun del XVIII, tales como el gobernador Jacinto de Lariz en 1647, el oidor Blazquez de Valverde en 1657; el visitador Diego Ibáñez de Faría en 1676/7; el gobernador del Paraguay Juan Gregorio Bazán de Pedraza en 1715; el obispo fray Pedro Fajardo en 1718; el gobernador Diego Reyes Balmaceda en 1721 y el empadronamiento hecho a pedido del alcalde de corte Juan Vázquez de Aguero en 1735 (692). A ellos deben agregarse las cartas anuas y las estimaciones de la población misionera debidas a los propios jesuitas que completan este panorama.


Año

Total de Reducciones

Total de almas

Total de tributarios o familias

Fuente

1647

20

28.714

9.180

Lariz

1657

19

36.147

7.417 t

Valverde

1677

22

58.118

14.437 t

Faría

1690

24

77.646

_______

Furlong

1702

27

89.501

22.857

Catálogo


"Pero la información mejora sensiblemente a principios del Siglo XVIII gracias a los recuentos anuales que los propios padres llevaron de la población aborigen. El reglamento de 1689, por ejemplo estableció que "Cada reducción tenga un libro donde se escriban las órdenes generales y partes. y otro en la Iglesia, donde se asienten con distinción los bautismos, casamientos y el catálogo de los difuntos" (693).

"Lo cierto –prosiguen Maeder y Bolsi–, es que se conocen cifras totales de las reducciones desde 1702, y desde esta fecha en adelante están redactadas con regularidad. Salvo algunas atribuibles a pérdidas o dispersión de la documentación jesuítica, la información se torna de una asiduidad abrumadora hasta 1767".

"Estas planillas, tituladas generalmente "Catálogo de la numeración anual de las misiones" o a veces "Estado", "Anua" o "Almas y Familias", se conservan en gran medida inéditas. Una buena parte de los originales, o sus copias de época, se han encontrado en los papeles que pertenecieron a Andrés Lamas y que existen hoy en el AGN, bajo el rubro Misiones jesuíticas (694). Otro lote considerable se halla copiado en los documentos que pertenecieron a la Biblioteca Nacional –hoy en AGN– y que provienen de los manuscritos de la Colección Pedro de Angelis (695). Otros catálogos se han obtenido de los legajos correspondientes a la Compañía de Jesús, en el mismo AGN, o a veces impresos en alguna obra jesuítica (696).

"Por esta misma dispersión en que se halla la documentación demográfica no es aventurado creer que las lagunas existentes (1703-1706; 1709-l713; 1718-1721; 1723; 1725-1727 y 1734) tal vez puedan ser resueltas al menos parcialmente, con nuevos hallazgos en esos mismos repositorios" (697).

"Los estados o catálogos brindan un conjunto de informaciones muy variadas. En su gran mayoría están redactados en castellano y agrupan los datos en los 13 pueblos del Paraná y los 17 pueblos del Uruguay (698). En esas planillas generalmente bien dibujadas consta el número de familias y de almas, así como las cifras de viudas, viudos, muchachas y muchachos, todo ello pueblo por pueblo y con los totales correspondientes. En algunos casos como los estados de 1714 a 1717 la planilla distingue en adolescentes, y pueri. Incluyen también los registros anuales de bautismos, defunciones, casamientos, y comuniones. Por separado constan igualmente los datos demográficos de las reducciones de San Estanislao y San Joaquín, ubicadas en la región del Tarumá".

Los autores –Maeder y Bolsi– dividen para una mejor comprensión del problema, la evolución de la población guaraní en cuatro etapas bien diferenciadas y que son:

Primera etapa (1702-1732).

"Entre 1702 y 1732 la población guaraní –dicen dichos autores– alcanzó la cifra más alta de todo el período considerado: 141.182 habitantes en 1732. Esta tendencia sostenida de crecimiento sufrió una brusca interrupción en 1719 como consecuencia de la peste. De 121.168 habitantes en 1717, descendió a 103.158 en 1719, para recuperarse a partir de 1720".

"En síntesis, la etapa 1702-1732 constituye un momento de recuperación demográfica, en el cual los índices tienden a equilibrarse o a alcanzar los valores medios, y donde se observa un acentuado crecimiento natural apoyado, además, por un saldo migratorio positivo".

Segunda Etapa (1733-1740).

"La nota principal de esta etapa está dada por la grave crisis que diezmó la población guaraní provocando un DECRECIMIENTO SOSTENIDO. Los valores absolutos y relativos fueron los más bajos de todo el proceso, ya que de 141.182 habitantes en 1732, la población descendió a 73.910 habitantes en 1740 lo que significa un saldo negativo de más de 67.000 habitantes. Esta última cifra representa un 47,7% del total inicial".

"El problema fue en buena medida provocado por el alzamiento comunero del Paraguay. Durante los años 1731 a 1735, en que el conflicto se agudizó, las milicias guaraníes fueron movilizadas en todos los pueblos para hacer frente a los sublevados" (699).

"Las consecuencias de la hambruna –prosiguen Maeder y Bolsi– se hicieron sentir sobre todo, en los pueblos cercanos al conflicto como San Ignacio Guazú, Santa Rosa, y Nuestra Señora de Fe, que fueron los más afectados, y luego gradualmente en el resto (700). La crisis alimenticia se agravó en 1735 a consecuencia de la elevada mortandad de bovinos causada por la sequía y las langostas en las grandes estancias del Uruguay, así como por una epizootia en el ganado caballar" (701).

"Los estragos del sarampión y la viruela añadieron numerosas víctimas al ya debilitado pueblo guaraní. En 1729 el padre Cattaneo señala a su llegada a Yapeyú la gravedad de la epidemia en los pueblos meridionales, zona donde según Peramás, "recrudece allí a pequeños intervalos". Ambas pestes se extienden a los restantes pueblos causando elevada mortalidad en 1733 y en 1738-39 (702).

Tercera Etapa (1741-1755).

"Superada la crisis de los años anteriores la población de las misiones se recupera rápidamente. Entre l741 y 1755, el total de habitantes pasa en un proceso de crecimiento sostenido, de 76.960 a 104.483 almas respectivamente".

"Estas cifras demuestran que la población guaraní, libre de los conflictos y plagas que la afligieron, tiende natural y rápidamente a recuperarse. La paz y el orden misionero favorecieron en estos 15 años ese crecimiento demográfico".

Cuarta Etapa (1756-1767).

"La última etapa de la historia demográfica guaraní se destaca por la presencia de GRANDES OSCILACIONES DEL TOTAL DE LA POBLACION. Sólo en 1756 la población desciende abruptamente de 104.483 a 89.536, mientras que en 1759, la población alcanza otra vez 104.184. Hacia el fin de la etapa aparecen nuevamente valores bajos que oscilan alrededor de las 78.000 almas. Es indudable que en estas variaciones han jugado un papel muy importante el movimiento migratorio y la elevada tasa de mortalidad. En el primer caso la emigración está motivada por un suceso externo pero de extraordinaria repercusión en la vida de los pueblos, el tratado de Madrid de 1750, que fijó los límites con Portugal y que cedió a cambio de Colonia del Sacramento, los 7 pueblos orientales de los mismos".

"Las consecuencias de este conflicto en la historia demográfica se hacen notorias desde 1755 a 1756 y se caracterizan por las deserciones, desbandes y víctimas de los desórdenes ocurridos. La guerra en sí arrojó un saldo cuantioso de muertos guaraníes, que completó este cuadro desolador" (703).

"La aplicación del tratado obligó a los jesuitas a concentrar la población de los 7 pueblos orientales en 21 pueblos occidentales y repartirla según las posibilidades de cada uno. Allí permanecieron hasta que la anulación del tratado en 1761 permitió la repoblación de los pueblos abandonados".

"En el trienio 1763-1765, la tasa de mortalidad fue muy elevada, ya que coincidió con la epidemia de viruela que asoló los pueblos guaraníes en esos años. De ella dice el padre Dobrizhoffer que "originó la muerte de un gran número de habitantes de las colonias españolas, azotó la provincia en toda su extensión como un torbellino y extinguió en los 32 pueblos guaraníticos alrededor de 12.000 individuos" (704),

En conclusión del estudio realizado por Ernesto J. Maeder y Alfredo S. Bolsi, se extraen las siguientes:

1. Las fuentes de información demográfica de los jesuitas son dignas de crédito.

2. Contrariamente a lo supuesto, la historia demográfica de las misiones de verdadero interés, en la medida en que lejos de hallarse estabilizada la población presenta una evolución oscilante, donde las variaciones de la mortalidad y no la inmigración juegan un papel decisivo.

3. La mortalidad refleja las condiciones de vida del Siglo XVIII y las peculiaridades de los guaraníes en particular, pero sus modificaciones más profundas se beben a la incidencia "catastrófica" de factores externos a la vida de los 30 pueblos, y que tienen su origen en problemas de la política colonial española o en cuestiones internacionales, tales como la rebelión comunera, los sitios de Colonia del Sacramento, el tratado de Madrid, la guerra guaranítica y la expulsión de los jesuitas. Mas, como resultado de las bajas en la guerra, la mortalidad surge del ciclo que se desencadena a partir de la movilización de los hombres, cuya ausencia provoca la disminución de ganados, siembras y cosechas y la consiguiente crisis de alimentos con su secuela de hambres y pestes.

4. En el proceso se observaron cuatro etapas diferenciadas entre sí, dos de las cuales se caracterizan por un crecimiento acentuado de la población y las dos restantes por un decrecimiento de desigual magnitud.

5. El comportamiento demográfico de los guaraníes, en comparación con la suerte de las poblaciones aborígenes sujetas más directamente a la estructura colonial, pone de manifiesto una diferencia notable. En efecto, mientras que estas poblaciones decrecen constantemente en toda América, los guaraníes al menos durante el siglo XVIII, acusan dos momentos de crecimiento sostenido. El régimen de las misiones y la armonía de relaciones entre éstas y el mundo colonial favorecieron estos momentos. Por el contrario, cuando entran en colisión y se acentúa la subordinación a los intereses coloniales, en detrimento tanto del ideal misional como de la sociedad guaraní, surgen hondas crisis de crecimiento como las de 1732-1740, 1756 y 1768" (705).


NOTAS - CAPITULO VI


431) RIVAROLA, Juan Bautista. "Las Misiones Jesuíticas del Guairá" (Síntesis histórica). Asunción, 1956. Inédita.

432) Mur. Consta que la ley promulgada en Lisboa por el Rey Fidelísimo y refrendada por el Ministro real Carvallo a 6 de junio de 1755, que los habitantes de aquella comarca hicieron esclavos muchos millones de indios, y que número de los naturales disminuyó de tal modo que son muy pocos los pueblos de indios que quedan, y en cada pueblo muy pocos habitantes, siendo tan miserable su vida, que ahuyentan a los demás y los arredran para que no se sujeten; faltando los necesarios para servir, así a la República como a los particulares. Y la causa de todo esto se atribuye allí a haberles quitado la libertad. De modo que no parecerá inverosímil lo que aquí y en otras partes refiere el autor. Cit. de Charlevoix.

433) CHARLEVOIX, P. Pedro Francisco Javier de. Historia... Ib. ib. Tomo II. pp. 174-176.

434) Leite. Historia da Companhia, I, 333-347; Mateos, Antecedentes, pp. 129-135. Mateos. (p. 132) atribuye a Nóbrega la intención de interrumpir, mediante las misiones paraguayas, las comunicaciones marítimas españolas en San Vicente. Al parecer, en este punto no han comprendido a Leite, quien señala (pág. 337) que el gobernador General Sousa, según Nóbrega, resolvió interrumpir las comunicaciones entre Santa Catalina, San Vicente y Paraguay para evitar que los portugueses abandonaran las zonas costeras obedeciendo a vagos rumores sobre depósitos de oro y plata en el interior y, simultáneamente, para impedir que los españoles se posesionaran de las disputadas regiones de la costa sur. En consecuencia, Sousa, naturalmente se negó a autorizar la expedición de los jesuitas hacia Paraguay. La carta de Polanco a Ribadeneira, 3 de marzo de 1556.

435) MORNER, Magnus. Actividades políticas y económicas de los Jesuitas en el Río de la Plata. Buenos Aires: Editora Paidos, 1968, pp. 30, 31.

436) ASTRAIN, Antonio. Historia de la Compañía de Jesús. IV. p. 614. cit. por Julio C. Chaves, en "Historia General..." Ibidem. ib. p. 349.

437) Furlong, Juan Romero, pág. 434. Romero presentó ante Aquaviva un memorándum que proponía: "De tratar con el Rey o su Consejo de los agravios de los Indios y de algunos medios que parecen de provecho y de que se avra el Puerto de buenos ayres, y se les de Licencia para llevar sus frutos al Brasil y Angola, y traer negros y otras cosas en Retorno". El 14 de abril de 1609, Aquaviva respondió: "El primero se haga con prudencia y secreto y sin ofensión. También el segundo haziendose intra limites permutationis con edificación", lo que al parecer alude al comercio de los jesuitas vía Buenos Aires".

438) MORNER, Magnus. Actividades... Ibídem, ib. p. 169. Nota Nº. 11.

439) Hernandarias al rey, 5 de abril de 1604. RBN, I, 81, 96. El 5 de mayo de 1607 recomienda nuevamente llamar a 6 jcsuitas de Brasil. (ibíd. 154). El rey a Hernandarias, 24 de octubre de 1605, 5 de julio de 1608, Pastells, I, 111, 139. En Ibíd., 126-132 hay un resumen de una carta sin fecha del obispo Lizárraga de Asunción con la noticia de que Diego de Torres había enviado misioneros al Guairá. Erróneamente, Pablo Pastells fecha la carta en 1607: Lizárraga no llegó a Asunción hasta mayo de 1609 (Ubaondo, Diccionario, pág. 508. Citado por Morner, Magnus, "Actividades..." Ibídem, ib. p. 169. Nota Nº. 12.

440) Oficiales Reales al Rey. 15 de mayo de 1610, con respecto a la decisión de dar 1.400 pesos a los 6 jesuitas "asta que Vm. d prouea otra cosa" (Pastells, I, 176). AGI, Charcas, leg. 146. Probablemente se refiere a pesos de a ocho, es decir 466 pesos 5 reales para cada reducción. Un certificado concerniente al establecimiento de las misiones otorgado por Hernandarias, a pedido de Torres, el 13 de abril de 1610, aclara que, si se hubiera empleado a sacerdotes seculares, la paga de cada uno de ellos habría ascendido a 400 ó 500 pesos de a ocho. (Pastells, I, 7176-177). Lozano (Hist. Comp. II.306-307) señala que, durante la reunión del 2 de abril de 1610, el gobernador y los oficiales reales, ofrecieron 600 pesos ensayados para cada reducción, suma que equivalía al salario normal de un cura párroco en Perú, pero Torres opinó que era innecesariamente elevado "para sustentar a los que se profesaban pobres Religiosos y no buscaban ganancia temporal en la conversión de los infieles sino que se bastaría se señalase la mitad de esse sinodo para cada dos Missioneros Jesuitas...". CF. Del Techo, Hist. II, 204. De acuerdo con esto, Cardiel (Org. soc. II. 548) señala que los jesuitas renunciaron voluntariamente a los 933 pesos de a ocho ofrecidos y, en vista del bajo costo de vida (!), consideraron que la mitad de esa suma sería suficiente para cada reducción. Véase también la nota de Muriel en Charlevoix, Hist. II, 48. Las fuentes contemporáneas no prueban que los jesuitas hayan renunciado voluntariamente a la suma ofrecida, lo que, a la luz de las discusiones suscitadas por el problema de los salarios durante el período 1613-1616, parece poco probable. Citado en MORNER, Magnus. "Actividades..." Ib. ib. p. 171. Nota Nº. 14.

441) Con referencia a la RC del 20 de noviembre de 1611, un representante jesuita declaró, el l de febrero de 1613., que los oficiales reales de Buenos Aires debían pagar 600 pesos de a ocho a cada una de las tres reducciones y señaló a manera de ejemplo, que en Paraguay, un Párroco común recibía entre 500 y 600 pesos de a ocho. Los oficiales reales y el gobernador Marin Negrón no concedieron, sin embargo, más que 1.400 pesos en total, es decir 466 pesos 5 reales por cada reducción (Pastells, I, 236-237). En una declaración del 5 de marzo de 1614, Torres destaca que, para cada una de las tres reducciones, "no an querido los officiales de buenos ayres dar mas de sinodo quatrocientos y setenta pesos de a ocho reales cada año, suma excesivamente escasa para el mantenimiento de los jesuitas" por ser la tierra tan cara" y que por otra parte con destino a la ornamentación de las iglesias concedían tan sólo 460 pesos, lo que era insuficiente (MCA I, 154-156). En una carta dirigida al rey, Hernandarias informa el 15 de agosto de 1615, que, según comprobó al controlar las cuentas de los oficiales reales, la suma pagada a las misiones jesuíticas entre enero de 1612 y julio de 1615 ascendía a 7.400 pesos corrientes "que por auersele dado con poca justificación no los passe en quenta porque los dichos padres no deuen leuar la cantidad que a Vuestra Magestad an ynformado por quanto por sinodos y ordenanças esta señalado que cada indiose leue vn peso de doctrina y en las tres (reducciones) que a su cargo tiene lleuan mucha plata más de la que derechamente les pertenece y la relación que a Vuestra Magestad an hecho en esta raçon es gouernarse por vna doctrina que ay en esta gouernación que vale quinientos pesos ca vn año y con la cantidad que Vuestra Magestad les da pueden acomodarse y sustentar otras tres reducciones mas pués los religiosos de san francisco tiene a su cargo todas las demás de esta pruinçcia sin este estipendio" (RBN, I, 787-788. Cf. II. 13).

442) En una carta dirigida al rey, Torres observa, el 14 de setiembre de 1610, que el "Real patrimonio pudiera ser muy interesado con el tributo y tassa... de tantos Vasallos." (AGI, Charcas, leg. 146).

443) Lozano, Hist. Comp. II, 301: "En este particular se valió principalmente del consejo y dirección del Padre Provincial y del Padre Marciel de Lorenzana, encomendándole que fuessen apuntando las cosas más conducentes al remeido de los males, y entable de la reformación deseada. Y como se reconoce ahora por el borrador (que se guarda original) de dichos apuntamientos segun la avisaban, iba disponiendo el Visitador las Ordenanzas, que salieron tan acertadas..." También los estudiosos jesuitas contemporáneos han omitido esta afirmación de un historiador que, en este caso, se basó, sin duda, sobre una fuente primaria, ahora probablemente perdida. Véase por otra parte, Bagú, Economía.., págs. 186, 222. Cf. Azara, Descripción, pág. 169.

444) RUIZ DE MONTOYA, S. J. Antonio. Conquista espiritual hecha por los religiosos de la Compañía de Jesús en las provincias del Paraguay, Paraná, Uruguay y Tapé. Madrid, 1639, habiéndose editado nuevamente en Bilbao, 1892; TECHO, Nicolás S. J., Historia provinciae Paraquariae Societatis Jesu. Leodi, 1673; LOZANO, Pedro S. J. Historia de la Compañía de Jesús en la provincia del Paraguay. Madrid, 1754-1755; CHARLEVOIX, Francisco Javier S. J. Histoire du Paraguay. París, 1757, existiendo la edición castellana del HERNANDEZ, Pablo S. J. Madrid. Organización social de las doctrinas guaraníes, Barcelona, 1913 y ASTRAIN, Antonio S. J. Historia de la Compañía de Jesús en la Asistencia de España, Madrid, 1913 y siguientes especialmente en los tomos IV y V.

445) Documentos para la Historia Argentina. Tomo XIX. Iglesia. (1609-1614). Ibídem, ib. pp. LXVIII y LXIX.

446) RIVAROLA BOGARÍN, Juan Bautista. Las Misiones Jesuíticas del Guairá (Síntesis histórica). Asunción, 1956. Inédita. pp. 3-4.

447) AZARA, Félix de. Descripción e Historia... T. I. pp. 261-269.

448) AGUIRRE, Juan Francisco. Diario... Ibídem, ib. T. II. Primera parte. p. 451.

449) AGUIRRE, Juan Francisco. Diario... Ibídem, ib. T. II. Primera parte.

450) IRALA BURGOS, Gerónimo. Historia de las Reducciones Jesuíticas. Asunción: Artes Gráficas Minerva. Publicación de la Segunda Escuela de Jefes de la Juventud masculina de Schoenstatt del Paraguay, 18 de noviembre de 1983. pp. 11-16.

451) GARAY, Blas. Historia del Paraguay. Impreso en 1897. Reimpreso en 1982. Editorial El Foro. pp. 15, 16.

452) GARAY, Blas. El Comunismo en las Misiones. 3ed. Asunción, 1921. (Biblioteca paraguaya del Centro de Estudiantes de Derecho)

453) "El imperio Jesuítico", ed. 1907, pp. 165-166.

454) GARAY, Blas. Introducción al libro "Historia de la Provincia del Paraguay, de la Compañía Jesús", por el P. Nicolás del Techo, Madrid, 1897.

455) GARAY, Blas. Ibidem, ib. CIX.

456) FURLONG, S. J. Guillermo. MISIONES Y SUS PUEBLOS DE GUARANIES. 2ed. Posadas, Argentina, 1978. p. 431.

457) MONTEZUMA HURTADO, Alberto. Comuneros del Paraguay. Bogotá, Colombia: Ediciones Tercer Mundo, setiembre de 1983. p. 73.

458) BENITEZ, Justo Pastor. Los Comuneros del Paraguay 1640-1735. Asunción: Editorial Casa-Libro, Talleres Gráficos Emasa, 1976. p. 30.

459) FUNES, Gregorio Dr. Ensayo de la Historia Civil del Paraguay, Buenos Aires y Tucumán. 3ed. ilustrada. Notas de José Arturo Scotto. Buenos Aires: Talleres Gráficos L. J. Rosso y Cía., 1910. Tomo Primero. pp. 292-297.

460) ANGLES Y GORTARI, Mathías de. Los Jesuitas en el Paraguay. Asunción: Librería y Casa Editora de A. de Uribe y Cía., 1896, pp. 33-45, 72-87, 93-105. Este autor fue corregidor de Potosí y ex gobernador de Tucumán, y su libro está basado en un informe, que produjo el 10 de enero de 1731. "Elevado al Santo Oficio de la Inquisición – expresa Cardozo – de Lima por su autor que había sido comisionado para entender judicialmente en la causa contra Antequera, es un análisis de las causas que motivaron la lucha entre el vecindario de Asunción y la Compañía de Jesús, con gran acopio de datos históricos y detallada relación de acontecimientos contemporáneos". CARDOZO, Efraím. Historiografía Paraguaya. México: Instituto Panamericano de Geografía e Historia, 1979. p. 380.

461) PRIETO, Justo. PARAGUAY, La Provincia Gigante de las Indias. Buenos Aires: El Ateneo, 1951.

462) Volumen Nº. 102 S.H. A.N.A. Fol. 137 y 138. Ver al respecto el título "El Tributo", de este mismo libro, donde se analiza pormenorizadamente el tema.

463) Volumen Nº. 123-Nº. 5. S.H. A.N.A.

464) Mur. El sínodo, así llamado, del Perú es, por lo menos de 600 pesos ensayados, esto es, de 932 pesos y 5 reales de la moneda ordinaria.

465) Mur. Para que el Doctrinero regular no estuviera sin testigo y auxiliar de su misma profesión, se le puso un compañero, y para alimentos de éste se destinó la otra cuarta parte del canon del Perú hasta llegar a la mitad, de suerte que a cada pueblo se daban 300 pesos ensayados, que son 466 pesos 2 1/2 reales de moneda usual, fuera el que quisiera el número de sujetos, siendo así que en todos los pueblos había dos, en algunos tres, y a veces cuatro. El sínodo se pagaba últimamente de los tributos.

466) CHARLEVOIX, P. Pedro Javier de. Historia del Paraguay... Ib. ib. p. 133.

467) Mur. DOCTRINAS [no] se llaman a cualesquiera parroquias, sino las que lo son de indios y foráneos.

468) CHARLEVOIX, P. Pedro Francisco Javier de. Historia... lbídem ib. pp. 36-49, 50-51.

469) MONTOYA, Antonio Ruiz de. Conquista Espiritual... Madrid, 1639, p. 6.

470) MELIA, Bartomeu. Las reducciones jesuíticas del Paraguay: un espacio para una utopía colonial, en Revista "Estudios Paraguayos", vol. Asunción, 1978. VI, Nº. 1. pp. 157-167.

471) BAUZA. Historia de la dominación española en el Uruguay. Leyes de Indias. Solórzano, Política.

472) PERAMAS, José Manuel. La República de Platón y los Guaraníes. Buenos Aires: Emecé Editores, 1946, p. 86 ss.

473) SCHLEH, Emilio J. Fomento de la Agricultura y de las industrias por los jesuitas en las misiones guaraníticas. Buenos Aires: Talleres Gráficos Schenone Hnos. y Linari, octubre 17 de 1922, en "Revista de Derecho, Historia y Letras. Bs. As. Año XXV Tomo LXXIV, 1925, p. 355.

474) Carta del Padre Tomás Báez, Cit. FURLONG, Guillermo S. J. Misiones y sus pueblos guaraníes. Buenos Aires, 1962. 2ed. Posadas 1978.

475) CARDIEL señala que algunos españoles vivían en las estancias actuando como Mayordomos.

476) GUTIERREZ, Ramon, Arq. Estructura socio-política, sistema productivo y resultante espacial en las misiones jesuíticas del Paraguay durante el siglo XVIII en "Estudios Paraguayos", Revista de la Universidad Católica "Ntra. Sra. de la Asunción", vol. II, Nº. 2. Asunción diciembre de 1974. pp. 83-140.

477) 32 AGI. 124-l-9-B (MG 1706).

478) AGI. 124-1-9-B (MG 576).

479) AGI. 124-1-9-W (MG 1705d).

480) AGI. 124-1-9-G (CM 1705f).

481) AGI. 120-4-8-B (MG 591).

482) MG. 2055.

483) AGI 76-5-10 (MG 421d).

484) AGI 76-5-10 (MG 421c).

485) SCHLEH, Emilio J. Fomento de la Agricultura y de las industrias por los jesuitas en las misiones guaraníticas, en "Revista de Derecho, Historia y Letras". Buenos Aires. Año XXV. Tomo LXXIV, 1925. pp. 354 ss.

486) POPESCU, Oreste. El sistema económico en las Misiones Jesuíticas. Bahía Blanca (Argentina), 1952. p. 83.

487) FURLONG, S. J. Guillermo. MISIONES Y SUS PUEBLOS DE GUARANIES. 1610-1813. 2ed. Posadas (Argentina), 1978. pp. 419 ss.

488) Rojas señalaba que una vara de tela de algodón equivalía a un peso en moneda de la tierra, y que, aun cuando éste era el valor que regía para el pago de salarios en Paraguay, dado que el mismo debía ser efectuado en monedas de plata, resultaba difícil conseguir más de 4 reales. De la tela de algodón que el colegio de Asunción obtenía con la ayuda de los indios de las reducciones, "se pagaban los oficiales todos q trabajaban en la obra" – probablemente alude a la construcción de la iglesia jesuítica de Asunción – "q por la mayor p.te eran indios de las Reducciones (!)".

489) El superior M. Sánchez, escribe el 15 de mayo de 1699 (CPA, I-29-3-42) "Y como ya en otro común insinúe a V.R. s q nadie en su Pueblo haga alarde ni ostentación de ricas alajas, ornamentos, grandes conveniencias de su Pueblo, ni ira mostrando las oficinas donde se hacen cosas curiosas (antes deseo q el tiempo que durare la visita esten cerradas) porq mostrar semejantes cosas y offcinas no sirve mas de abrirles las puertas a los seglares paraq pidan quanto ven... y en orden a esto encargo q... ninguno haga trato con el Sr. Gor... y los indios se encargara no hagan ñemus (negocios, en guaraní) con los españoles".

490) MORNER, Magnus. Actividades de los jesuitas... ib. ib. p. 97.

491) El provincial Aragón, el 8 de setiembre de 1671, autorizó al procurador de la provincia jesuítica paraguaya en Potosí a pagar sobornos más allá de los 100 pesos anuales que ya se destinaban a tal fin: "Si fuere necesario hazer algún presente de Mulas, o de otro género de mas cantidad para conseguir buena venta de alguna tropa, o géneros que se entran desta Provincia vender al Perú o para conseguir alguna cobranza", después de haber consultado al provincial peruano o al rector en Potosí. (BNM, MS, 6, 976, pág. 71).

492) Un decreto emitido por el padre General González, el 12 de marzo de 1697, demuestra que el rector jesuita de Río de Janeiro recibió 11.467 pesos del procurador paraguayo Frías, que éste debía cobrar en Lisboa. Después de una diferencia de opinión sobre el monto, se apeló al General (FG CG, Vol. 443, pág. 1.008). De acuerdo con las cuentas de la Procuradería de Misiones en Buenos Aires, el gobernador Monforte de Paraguay tomó prestados 348 pesos en una ocasión y en otra entregó en depósito 2.974 pesos a los jesuitas. (AGBA, Vol. 1304).

493) Probablemente, las donaciones a la Compañía, tanto en la provincia paraguaya como en la de México (Chevalier; FORMATION, págs. 333-334) fueron hechas, a menudo, en forma de CENSOS. Pero ha sido imposible probar, que los jesuitas paraguayos, como sus colegas mexicanos, vendieran esos censos para financiar la adquisición de nuevas tierras. Cuando los jesuitas paraguayos obtenían dinero en préstamo, la causa era, en general, la penuria en que se encontraban, o bien como en los casos en que ellos prestaban el dinero, el simple deseo de favorecer a la otra parte. Se ha de considerar que la demanda de formas de inversión de dinero era más importante en México que en las primitivas provincias del Plata".

494) HARING, COMERCIO. Págs. 180-181, hace la interesante observación de que tal vez, resultaba beneficioso para los comerciantes de Sevilla que realizaban su tráfico mediante los navíos de permiso, que los productos autorizados para la venta legal y sujetos a impuestos fueran limitados a pequeñas cantidades, ya que esto permitía embarcar cargas más importantes de bienes destinados al contrabando. Y es probable, en consecuencia, que las licencias otorgadas por razones religiosas, y no en virtud de las necesidades económicas del Río de la Plata, fueron particularmente valiosas para ellos.

495) MORNER, Magnus. Actividades de los Jesuitas. ib. ib. p. 118.

496) FURLONG, Guillermo P. Misiones y sus pueblos guaraníes. Bs. As., 1959. pp. 647, 648.

497) MORNER, Magnus. Actividades de los Jesuitas... ib. ib. pp. 121-125.

498) Según un censo de indios tomado en 1750-1754, había en el Paraguay 89 encomiendas, con 6.126 indios mitayos. Además, había 658 originarios encomendados en 46 señores asunceños. UTG, MSS 1078, 1098. Pastor, COMUNEROS, págs. 17-18. Paradójicamente, el populismo que tanto debía a los grandes teólogos jesuitas (Suárez, Mariana y otros) parece haber inspirado la ideología de los rebeldes antijesuitas del Paraguay. Cardozo, PARAGUAY, págs. 179-180. )

499) En 1771 el padre Francisco Javier Iturri envió al padre Cardiel una interesante relación sobre el Colegio de Asunción (Hernándes, NOTAS, IV, del Archivo del Colegio de Loyola). Según Iturri, el Colegio no tenía riqueza "si bien no padecía pobreza... se adeudó en 3.000 pesos el año del arresto, por no bastar el producto de los frutos". Cada dos años se despachaban 6.000 arrobas de yerba a Buenos Aires "a manos de un secular quien reduciéndolo a dinero, proveía al Colegio de los géneros necesarios". Afirma que los esclavos (975, en 1767) se multiplicaban más de lo que los jesuitas podían usar con provecho. No obstante, el Colegio se veía precisado "a conservarlos, pués, sin gravísimos motivos, no podía venderlos".

500) MORNER, Magnus. Actividades de los Jesuitas... Ibídem, ib. pp. 126, 127.

501) A.N.A. S.H. Volumen No 55. f. 33.

502) García, Ciudad Indiana. págs. 95-96, señala que en 1661 la yerba se almacenaba e Buenos. El precio que durante el período 1621-1659 había sido fijado en 2 reales por libra fue aumentado por el Cabildo, en 1662, a 3 reales y en 1665, a 4 reales. Zabala y Gandía, Buenos Aires, I, 287, 305. En 1669 llegó tanta yerba desde Paraguay que el Cabildo de Buenos Aires redujo el precio de 3 a 2 reales por libra. Cervera, Santa Fe, II, 194. El Cabildo de Santa Fe fijó el precio de la yerba en 3 reales en 1664 y en 1 real y medio en 1679. Rege Corvalán al rey, 20 de octubre de 1677 (AGI, Charcas, Vol. 282. La versión que consta en Pastells, III, 131, 135, es muy incompleta). El gobernador señaló que en Asunción resultaba imposible controlar cuanta yerba se enviaba desde las reducciones: "solo se reconose por el poco balor que ocasiona la abundançia cuando Aora dies años balia en Aquella ci.d (Santa Fe) A siete y ocho pesos de plata corriente y estos años que é Governado A balido a menos preçio que en esta ciu.d (!) que su preçio hordiario es dos patacones bendiendose Alla A dose y catorse Reales en que se verifica la mucha que deue de bajar. Y aunque de esta ciu.d se Abran embarcado A cuarente mill Arouas mas o menos desde el tiempo que estoy en ella cada vn año no es cantidad para que si bajase solo esta dejase de baler como antes y aún más... Los indios de las reducciones debían pagar el tributo en Asunción y "...segun represen tienen bastante con cinco mil Arouas por no ser más que nuebe mil pesos los que pagan". Desde Asunción, la yerba sería enviada a Santa Fe, donde se pagarían los salarios de los curas. RC del 28 de diciembre de 1743. (Org. Soc. I, 268-274, 482), señala que mediante una RC de 1679, "se advirtió al Provincial del Paraguay el exceso de que los Padres comerciaban en esta yerba". Según se afirma, en el mismo año fue emitida otra RC "para ocurrir á la queja de la ciudad de Asunción", decretando que "sólo bajasen doce mil arrobas todos los años". Una fuente tan tardía como la RC de 1743 no constituye suficiente razón para interpretar la reglamentación relativa a las 12.000 arrobas como una restricción a las actividades económicas de las reducciones. Como ya se señaló existen motivos para creer que las reglamentaciones al ser emitidas en 1664, obedecían a intenciones favorables. Por otra parte, se justifica suponer que los autores de la RC de 1743 tuvieron acceso a un documento del Consejo de Indias, emitido en 1679, que confirmaba el límite de 12.000 arrobas.

503) Los mismos jesuitas informaron que en el período 1671-1673 vendían la yerba caaminí a 17 pesos por arroba (Pastells, III, 473). Una petición del Cabildo de Asunción al gobernador Mendiola, 14 de diciembre de 1695, pedía que Monforte suspendiera la exportación de yerba a través de las reducciones jesuíticas de San Ignacio Guazú, Nuestra Señora de Fe y Santiago. Mendiola prohibió esta exportación que resultaba tan lesiva para los ingresos de Alcabala de Asunción (ANA, vol. 39, Nº. 8).

504) MORNER, Magnus. Actividades de los Jesuitas... ib. ib. pp. 91, 92.

505) El informe del juez conservador designado por el rector Pedrino en la demanda contra el pesquisidor Delgado Flores está citado en Medina, INQUISICION EN LA PROVINCIA DEL PLATA, págs, 166-168. Véase, también, Carbia, HISTORIA ECLESIASTICA, I, 133-134. Ha sido imposible verificar la versión más dramática incluida en Del Techo. Hist. III, 63-65 y en Charlevoix, Hist, II, 193-195. Véase, asimismo, Pastells, I, 407 y NHNA, III, 466-471. Ya en 1616, la provincia jesuítica paraguaya pidió al General de la Orden que decidiera si los jesuitas de Buenos Aires podían o no dedicarse al cultivo de cereales para su exportación a Brasil (ARSI, Congr. Prov. Vol. 33, págs. 181-182). Si bien no se ha encontrado respuesta alguna a este pedido, el General declara en una carta del 17 de mayo de 1621, dirigida al Provincial que la exportación de harina del colegio de Buenos Aires a Brasil debía cesar, aún cuando, si era esencial "podremos disimular, aunque por la edificación gustara que se diese traza como esto se excusase" (Furlong, Colegio del Salvador, I, 51). Hemos de señalar que, durante esos años, la exportación de harina a Brasil puede haber sido legal, Probablemente, Vitelleschi consideraba el caso desde el punto de vista de la moral eclesiástica. En una memoria elevada al general de la Orden alrededor de 1620, se menciona, "El cuydado que el P. e P. o Marin tiene (cuasi como ajente) de la plata que el Gouernador (Góngora) (de quién es confesor el dicho P.e.)... trae el trato de negros de Angola el qual aunque más secreto se quiera hazer no es posible y los seglares de una dia a otro se disguntan... También entendí que el P.e André (¿Jordán?) le guarda la plata y el libro della con el cuydado de escreuir la entrada y salida" (ARSI, Congr. Prov., Vol. 61, pág. 269). En 1622, el General creyó oportuno ordenar que en Buenos Aires "no se compre nada para vender, ni se esconde ropa, ni cosa de contrabando" (Furlong, op. cit., I, 52) La confesión del procurador Sayas al visitador Pérez de Salazar, en 1624, se cita en ibíd. 53. Preocupado Vitelleschi señala en 1628: "Escribenme que alguno o algunos de los Nuestros han encubierto negros de los que entran por el puerto (de Buenos Aires) y los han enviado a otras partes a vender secretamente" (ibíd.) Comprobar la verdad de esta afirmación es posible: en AGBA, C de J., leg. I. pág, 124, consta la copia de un documento fechado el 4 de marzo de 1624, en el cual el jesuita Lope de Mendoza cuenta a otro jesuita la venta de 45 esclavos negros "que estaban a mi cargo del amigo"; por lo menos 11 fueron comprados por los Colegios de Córdoba y Mendoza, en tanto los jesuitas se hicieron cargo de la venta de los restantes en Perú, y quizás en otros lugares, por cuenta "del amigo". Góngora murió el 21 de mayo de 1623, lo que hace suponer que el "Amigo" debe haber sido otro personaje destacado de Buenos Aires. El estudioso jesuita aludido es Furlong (op. cit. I, 53).

506) Una copia de las ORDENACIONES DE DURAN, en ARSI, Paraq. XII, pág. 143, publicada en Pastells, I, 391-394. De acuerdo con las Ordenanzas de Alfaro tales como fueron confirmadas, en todos los PUEBLOS DE INDIOS; debían instalarse administradores blancos, con el fin de controlar el cumplimiento, por los indios, de sus obligaciones. En el mismo legajo, pág. 157, figuran, sin fecha, otras ORDENACIONES DE DURAN, con recomendaciones de prudencia: "1. Ningún P. e aunque sea Superior procure entrarse mucho en la amistad y comunicazión de los gouernadores por los daños q se han experimentado con lo contrario, el 2.o daño es no podernos librar por las importunaziones del Pueblo. 2. La murmurazion porque dizen q todo lo queremos gouernar. 3. que es imposible dar contento a todos los pleitantes y pretensores, quedando siempre alguno quxosso de nosotros. 4. enfadar a los mismos gouernadores queriendo entremeternos en todas sus cosas por lo qual conuendra visitarlos raras vezes, todo se entiende también con los S.res Ob.pos j Justicias mayores... 18. No se permita que seamos tan amigos de nuestros amigos, de modo que nos obliguemos de ser enemigos de sus enemigos, porque esto es mas de hombres de capa y espada, que de religiosos, que han de profesar ser amigos de todos."

507) CARTA ANNUA para el período 1626-1627 (II, 250), acerca del colegio de Santa Fe, "que sirve como de venta a los indios de las reducciones que suelen bajar por el (Paraná) de ciento en ciento aciendoles muy buena acogida y acudiendoles con lo necesario, en principal a los nuevamente reducidos para aficionarlos mas...". En la CARTA ANNUA para el período 1618-1619 (II, 210) consta que los indios de San Ignacio Guazú "yban a la yerua"; la misma observación, referida a los indios de Concepción, consta en la CARTA ANNUA para el período 1626-1627 (II, 360). Aludiendo al uso de la yerba mate, Durán señala que "este vicio a cundido fuera del Paraguay a las provincias del Rio de la Plata, Tucumán, Chile, y aún llegado a Potosí, i al Perú donde vale 4 pesos la libra desta ierva." (ibíd., 307). Véase, además, la CARTA ANNUA, II, 269, 368.

508) Org. soc., I. 324-327; Astrain, V, 521; Pastells, I, 5-8, 353.

509) Aspurz, Aportación, págs. 189-190, 252-253. Aún el nombre español del provincial Durán, miembro de la familia italiana Mastrilli fue adoptado antes de su llegada a América. La obra de Aspurz muestra excepcional perspicacia y objetividad en cuanto se refiere a la reciente bibliografía española sobre historia colonial.

510) En 1623, el colegio de Asunción, que recibía anualmente 1.200 ducados del capital depositado en España, albergaba a 19 jesuitas y 30 esclavos. En Cat.rerum 1626, se destaca que la condición para el otorgamiento de esos fondos, había sido el mantenimiento de las misiones por parte del Colegio, que además poseía estancias con ganado vacuno y ovino y cultivaba azúcar, algodón, cereales y vid.

511) MORNER, hfagnus. "Actividades." Ibídem, ib. 45.

512) Por razones desconocidas, el gobernador Dávila pretendía confiscar toda la yerba que los indios de las reducciones llevaban a Buenos Aires (Fernández Ramos, Misiones, pág. 93), según una carta de 1636, de Boroa a Díaz Taño. Cf. Romero, Hist. Económica, pág. 223. RC del 11 de junio de 1645 (Pastells, II, 107). Naturalmente, se prohibió a los indios efectuar el comercio en beneficio de sus misioneros. Pedido del jesuita Juan de Salas, del 10 de agosto de 1637, en Asunción, de una licencia para cosechar yerba, con destino a la compra de caballos y de algodón para la vestimenta (AGBA, C. de J. Leg. I, pág. 291)... el 16 de junio de 1639, declaran que, aún cuando anteriormente durante un período de 5 años, se había recibido de Buenos Aires un total no menor de 294.524 pesos; suma "proçedida de Derechos R.s de esclauos", que había permitido afrontar el pago de esos salarios, "de algunos años a esta parte an faltado estos embios con que se acrecienta este gasto a esta caxa" (ibíd.). RC. del 7 de septiembre de 1632, dirigida al visitador de Buenos Aires, León Garavito (AGBA, c. de J. Leg. I, pág. 300). El "Catálogo de los Collegios y sus rentas de la Prov.a del Paraguay" 1638-1644 (FGCG, Vol. 14 86), establece: "La renta, que tienen (las reducciones) de la limosna del Rey 7.000 y de vnas poseciones de Casas en el Perú tendrán presto más de 3.000. No deben, y pueden bien sustentar todos". Respecto a los bienes peruanos de las reducciones, cf. el resumen de un informe de Diego de Torres en 1631, "acerca del derecho de las Misiones de el Paraguay a la renta de Ju.n del Campo..." en FGCG, Vol. 720. ¿Sería ésta, tal vez, la donación que ahora pasaba de las manos de los jesuitas peruanos a las de los misioneros paraguayos? Ninguna información existe, sin embargo, acerca de los haberes peruanos de la reducciones, en el material disponible respecto del período siguiente.

513) MORNER, Magnus. Actividades de los Jesuitas... Ibídem, ib. p. 58.

514) Un francés Acarette (debe ser Azcárate) du Biscay, visitó el Río de la Plata en 1658, y partió, con nombre español, hacia Potosí. Aunque, ocasionalmente describe hechos inverosímiles muy exagerados, por ejemplo, la riqueza ganadera de Buenos Aires, su RELACION constituye una fuente inapreciable. Según Acarette, cuando un barco llegaba, el capitán, o aun el gobernador, enviaba un mensajero a Perú con la noticia. En realidad los comerciantes de Potosí recibían una lista en la que constaba la mayor parte del cargamento, lo que demuestra el carácter de mero puerto de tránsito de Buenos Aires (págs. 37-38). Después de la habitual inspección aduanera del barco en cuestión – el navío de permiso de Maleo –, una vez embarcada la cantidad autorizada de cueros y plata, el resto de la plata, resultado del viaje de negocios de Acarette a Perú, era llevada secretamente a bordo (págs. 87-89). No obstante los importantes gastos incluido el alquiler de la nave, los socios de Maleo en la expedición obtenían una ganancia no menor del 250 por ciento (págs. 92-93). En este caso, pasajeros que zarparon de España fueron los jesuitas del procurador Ojeda. En cuanto a los navíos de permiso de Vizcaya y el transporte de misioneros, es decir, jesuitas, a Buenos Aires, cf. Carrera Pujal. ECONOMIA, II, 137-139. Mercado, RELACION; Métraux, CHACO, págs. 197, 202-203. Véase también el EXCURSUS.

515) Según Mancha y Velasco, Díaz Taño, procurador de los jesuitas paraguayos en España, había intentado obtener una prolongación del período de funciones de Baigorri. Mancha y Velasco, por su parte, se habían opuesto al jesuita "porque trae mucho dinero y es gran pleitista y se ha hallado en todos los litigios que se han ofrecido en aquellas provincias, y se valdrá de cuantos medios le fueren posibles para sus intentos". Las autoridades hallaron un recibo, firmado por Guardia y Vázquez de la Mota, por un considerable depósito de oro, plata y bonos pertenecientes a Baigorri; más de 69 marcos de oro de este depósito fueron confiscados por la Corona.

516) MORNER, Magnus. Actividades de los Jesuitas... ib. ib. p. 73.

517) MORNER, Magnus. Actividades de los Jesuitas... ib. ib. pp. 89, 90.

518) MELIA, Bartomeu, s.j. Las reducciones jesuíticas... Ibídem, ib. p. 165.

519) GANDIA, Enrique de. Francisco de Alfaro y la condición social de los indios. Buenos Aires, 1939, p. 347.

520) GANDIA, Enrique de. Francisco de... Ibídem, ib. pp. 353-363.

521) Prohibición del servicio personal dada por Felipe III, 24 de noviembre de 1601, en KONETZKE, Richard, "Colección de documentos para la historia de la formación social de Hispanoamérica" II, Madrid, 1953. pp. 72-73.

522) MELJA, Bartomeu, S.J. Las reducciones... ib. ib. p. 167.

523) El informe de Céspedes sobre este viaje, con apéndices, Asunción, 23 de junio de 1629 (AMP, II, 15-221). Céspedes al rey, 8 de noviembre de 1628 (ibíd. I, 182-186). Su demanda ante el Juez Amador Bueno, 22 de junio de 1628 (ibíd. 172-179). Boxer, Salvador de Sá, págs. 83-84. Documentos de la época (MCA, I, 401, 419) demuestran que la ruta San Pablo-Guairá, que había tomado el gobernador, estaba prohibida. En cuanto al número de BANDEIRANTES, cf. AMP, II, 317. El Administrador de la diócesis paraguaya al rey, 4 de abril de 1631, (ibíd, 264-267). La esposa de Céspedes, sobrina del gobernador de Río de Janeiro, Martín de Sá, llegó a Asunción en 1630, con Salvador Correia de Sá, hijo del gobernador, y una partida de paulistas.

524) MORNER MAGNUS. Actividades de los Jesuitas... Ibídem, ib. pp. 48-51.

525) Org. soc. II, 153-154; Cardozo. GUAIRA, págs. 113-117, La PROVISION REAL del 28 de mayo de 1631, la RC del 23 de febrero de 1633, sobre la que se basa la RL, lib., VI, tit. 43, y la PROVISION REAL del 13 de julio de 1634 (Ejecutoria) están reproducidas en Org., soc. II, 681-686. Véase, asimismo, PASTELLS, I, 463, 490-492, 499-501. En Conquista espiritual... de Ruiz de Montoya, publicada en 1639, se observa acerca de la transferencia "...nuestro deseo ha sido que estos indios los ampare su majestad, como lo hace... y que le paguen el tributo justamente debido. No ha faltado quien avise á esta Corte que nos alzamos con los indios y que no queremos que entren españoles a sus pueblos..." Estos elementos antijesuíticos consideraron, entonces, las medidas tomadas por el rey como "descrédito nuestro, queriendo persuadir a los señores de esta corte, que nos servimos en el Paraguay de los indios para nuestras granjerías" (págs. 199-200).

526) Los BANDEIRANTES paulistas eran mestizos del sur de Brasil, del estado de Sao Paulo, quienes formaban bandas para la caza de esclavos en los inmensos espacios abiertos en los confines móviles de los dos imperios. Chocaron en Paraguay con la resistencia de los jesuitas. La palabra BANDEIRA designaba en la Edad Media portuguesa el conjunto de 5 ó 6 "lancas" que comprendía cada una 7 hombres: comprendía, por lo tanto, un conjunto de 35 a 40 hombres. La implantación de los regimientos de los Capitanes mayores y de las compañías de gente a caballo hizo que la palabra se divulgara como sinónimo de compañía militar de ataque, exploración y reivindicación de la soberanía política. En CHAUNU, Pierre. Historia de América Latina. EUDEBA. Octava Edición, 1976, p. 41.

527) PRIETO, Justo. Paraguay, la Provincia Gigante. pp. 90, 91.

528) VIANNA, Helio. Historia do Brasil, Ibídem, ib. pp. 192-196.

529) DEL TECHO, Nicolás. Historia de la Provincia del Paraguay de la Compañía de Jesús. Madrid, 1897. Libros 9 y 10.

530) AGUIRRE, Juan Francisco. Diario. Ibídem, ib. T. II. Segunda Parte, pp. 394, 395.

531) AGUIRRE, Juan Francisco. Diario. Ibídem, ib. T. II. Segunda Parte, pp. 394, 395.

532) A.N.A. Volumen Nº. 4. Nº. 2. Año 1642. Cédula Real que concede únicamente a la Compañía de Jesús una reducción para la conversión de los indios Itatines. fs. 8 al 43.

533) CARDIEL. José. Compendio de la Historia del Paraguay (1780). Buenos Aires: "Fundación para la Educación, la Ciencia y la Cultura", abril de 1984. pp. 69-73.

534) Brasilorum immanis furor, dice la Carta Anua de 1637, en "Documentos para la Historia Argentina", XX, 531, Buenos Aires, 1929. Sobre las bandeiras: AFONSO D’ESGRAGNOLLE TAUNAY, Historia geral das bandeiras paulistas, Sao Paulo, 1924; ALFREDO ELLIS, Junior. O bandeirismo paulista e o récuo do meridiano, 3ed. São Paulo, 1938, CASSIANO RICARDO, Marcha para Oeste, Rio de Janeiro, 1940; PEDRO CALMON, Historia do Brasil, II, 129-153, 297-303, Sao Pãulo, 1941; AURELIO PORTO. História das missões orientais do Uruguay. 79-134, Rio de Janeiro, 1943, etc.

535) SIMONSEN, Roberto C. Historia económica do Brasil, 1500-1820, I, 329 y 378. 2ed. São Paulo, 1944.

536) CARTAS ANUAS, de la Provincia del Paraguay, 1637-1639. Instituto de Investigaciones Geohistóricas (IIGHI), bajo la dirección de Ernesto J. A. Maeder. Buenos Aires, 1984, f. 76 v. p. 152.

537) AGI 74-4-15-C (MG 1509a)

538) AGI 74-3-26-A (MG 1224)

539) AGI 74-6-47-R (MG 1199)

540) AGI 74-3-26-B (MG 1223c)

541) AGI 74-3-26-B (MG 1223b)

542) AGI 74-3-26-B (MG 1223a)

543) AGI 74-4-15 (MG 284)

544) AGI 74-4-15 (MG 733)

545) AGI 76-3-5-A (MG 1034c)

546) AGI 76-3-8-A (MG 1017)

547) AGI 76-3-8-A (MG 1164)

548) AGI 76-3-8-A (MG 431b)

549) AGI 76-3-8-A (MG 431a)

550) AGI 76-3-8-A (MG 431c)

551) AGI 76-3-8-A (MG 431d)

552) AGI 76-3-8-A (MG 431f)

553) AGI 76-3-8-A (MG 431f)

554) AGI 76-3-8-A (MG 1169)

555) AGI 74-4-15-GG (MG558)

556) MG 970

557) AGI 74-4-15-EE (MG 1194a). Impreso: AEZ I, 348-350 (En Inglés).

558) AGI 74-4-15-EE. (MG 1194b). Impreso: AEZ I, 350-351(En Inglés).

559) AGI 74-4-15-EE (MG 1194e).

560) AGI 74-4-15-EE (MG 1194f).

561) AGI 74-6-15-EE (MG 1194g).

562) AGI 74-4-15-EE (MG 1194i).

563) AGI 74-4-15-BB (MG 212).

564) AGI 74-[borroso]

565) AGI 74-4-18-L (MG 1202a).

566) AGI 76-3-8-C (MG 1162).

567) AGI 74-4-15-EE (MG 1194k).

568) AGI 74-4-15-Z (MG 878).

569) AGI 74-4-15-I (MG 213).

570) AGI 76-3-8-E (MG 1037).

571) AGI 74-4-15 (MG 1284b).

572) 39 AGI 74-4-15 (MG 1284b).

573) AGI 74-4-15 (MG 553).

574) AGI 76-3-8-F (MG 1167).

575) AGI 74-4-15 (MG 1284c).

576) AGI 74-4-8 (MG 1227f).

577) AGI 76-3-8-B (MG 1036).

578) AGI 76-3-8-G (MG 1168).

579) AGI 74-4-8-B. y AGI 74-4-15 (MG 1284a).

580) AGI 74-6-50-H (MG 1206).

581) AGI 76-3-9-E (MG 430).

582) AGI 76-3-8-K (MG 1165).

583) AGI 74-6-40-C (MG 606).

584) AGI 76-3-5-A (MG 1034b).

585) AGI 76-3-5-A (MG 1034a).

586) AGI 76-3-5-B (MG 1033)

587) AGI 74-6-40-D (MG 605).

588) AGI 74-6-40-B (MG 611).

589) AGI 74-6-40 -Jesuitas- (MG 603).

590) AGI 76-2-22-M (MG 495).

591) AGI 76-3-8-P. (MG 493).

592) AGI 76-3-9 (MG 494).

593) AGI 76-2-22 (MG 497).

594) AGI 76-2-22 (MG 436).

595) AGI 76-I-33-B (MG 1142).

596) AGI 76-I-33-B (MG 1143).

597) AGI 74-6-40-Y (MG 1203).

598) 42 AGI 76-I-33-H (MG 1155).

599) AGI 76-I-33-F (MG 1154).

600) AGI 76-I-34-C (MG 1015).

601) AGI 77-3-18-E (MG 765).

602) AGI 122-5-6-C (MG 847b).

603) AGI 122-5-6-D (MG 55).

604) (MG 2101e).

605) (MG 2101g).

606) (MG 2101f).

607) AGI 122-5-6-B (MG 849).

608) AGI 122-5-6-A (MG 828).

609) AGI 123-3-18-C (MG 302a).

610) AGI 123-4-18 (MG 447).

611) AGI 122-5-7-A (MG 794b).

612) AGI 122-5-7-A (MG 794a).

613) AGI 120-7-24-E (MG 791).

614) AGI 120-7-27-D (MG 777d).

615) AGI 120-7-27-H (MG 767).

616) A.N.A. S.H. Volumen Nº. 64.

617) AGI 122-5-1-D (MG 805b).

618) AGI 125-4-17-B (MG 1900).

619) AGI 125-4-17-B (MG 181).

620) AGI 125-4-17-B (MG 177).

621) AGI 125-4-17-B (MG 1657f).

622) AGI 125-4-17-B (MG 1657c).

623) AGI 125-4-17-B (MG 1657d).

624) AGI 125-4-17-B (MG 1134).

625) AGI 125-4-17-B (MG 1657e).

626) AGI 125-4-17-B (MG 1657b).

627) AGI 125-4-17-B (MG 1136).

628) AGI 125-4-17-B (MG 1136).

629) AGI 124-4-17-b (MG 1657g).

630) AGI 125-4-17-b (MG 180a).

631) AGI 125-4-17-B (MG 1658).

632) AGI 122-5-11-B (MG 800).

633) 45 AGI 122-5-1-C (MG 796).

634) AGI 125-4-17-B (MG 179).

635) AGI 125-4-17-A (MG 1656).

636) A.N.A. S.H. Volumen Nº. 155.

637) AGI 122-7-12-E (MG 852).

638) MG 1739a.

639) MG 1739b.

640) MG 1739c.

641) MG 1739d.

642) Archivo Histórico Nacional de Madrid. Legajo 14500. (MG 1719a).

643) Archivo Histórico Nacional de Madrid. Legajo 4500 (MG 1719b).

644) MG 1737.

645) MG 1740.

646) MG 1736.

647) MG 1748h y MG 1748e.

648) MG 1748k.

649) MG 1748p.

650) MG 1748l.

651) MG 1748m.

652) MG 1748n.

653) Papeles de Est. Aud. Bs. As. Leg. 4. Nº. 15. (MG 1122a).

654) MG 1733.

655) MG 1747b.

656) MG 1748s.

657) MG 618c.

658) AGI 1-13- (MG 618d).

659) AGI 123-1-13 (MG 618e).

660) MG 1746b.

661) AGI 123-1-15 (MG 1528).

662) Papeles de Estado. Leg. 3389. Doc. 24 (4). (MG 1753a).

663) Papeles de Estado. Leg. 3389. Doc. 24 (4). (MG 1753b).

664) MG 1751d.

665) MG 1751c.

666) MG 1751b.

667) MG 1751a.

668) MG 1751h.

669) MG 1751g.

670) MG 1751f.

671) MG 1751i.

672) MG 1751j.

673) MG 1751k.

674)) MG 1751f.

675) Papeles del Estado. Leg. 3389, Doc. 29 (6). MG 1755.

676) MG 1727e.

677) MG 1727e.

678) MG 1727c.

679) MG 1727b.

680) MG 1983d.

681) MG 51.

682) MG 52.

683) AGI 124-4-16-A (MG 1116).

684) MG 2069.

685) Papeles del Estado, B.S. Leg. 3. Nº. 108. (MG 2078).

686) AGI 122-6-14 (MG 860b)

687) AGI 122-6-14 (MG 860c).

688) AGI 122-6-14 (MG 860d).

689) Legajo Paraguay 1811 (MG 2042n).

690) Legajo Paraguay 1811 (MG 2042m).

691) Sobre la población guaraní de las Misiones, Guillermo Furlong S. J. ha publicado los totales de las familias y las almas entre 1702-1767, aunque con algunas lagunas, en MISIONES Y SUS PUEBLOS GUARANIES, Bs. As. 1962, pp. 629-630; sobre el mismo asunto, Angel Rosemblat, LA POBLACION INDIGENA Y EL MESTIZAJE EN AMERICA, Bs. As., 1954, T.I. pp. 229-230 y 232-233; Horacio Difreri, SUMA DE GEOGRAFIA, Bs. As., 1961, T. VII. Cap. I, POBLACION INDIGENA Y COLONIAL, pp. 41-44; Magnus Morner, ACTIVIDADES POLITICAS Y ECONOMICAS DE LOS JESUITAS EN EL RIO DE LA PLATA, Bs. As 1968, p. 148; Jorge Comadran Ruiz, EVOLUCION DEMOGRAFICA DE LA ARGENTINA DURANTE EL PERIODO HISPANICO (1535-1810). Bs. As. 1969, pp. 6-61. También algunas referencias en Nicolás Sánchez Albornoz y José Luis Moreno, LA POBLACION DE AMERICA LATINA, BOSQUEJO HISTORICO, Bs. As. 1968, pp. 68-69.

692) Las cifras de Láriz pueden consultarse en el Archivo General de Indias (AGI) 74-6-29 y han sido reproducidas por Pablo Hernández en su ORGANIZACION SOCIAL DE LAS DOCTRINAS GUARANITICAS DE LA COMPAÑIA DE JESUS, Barcelona, 1913, t II, p. 615; Blázquez de Valverde en el Archivo General de la Nación (AGN) 8-18-7-3 y en Pastells y Mateos, HISTORIA DE LA COMPAÑIA DE JESUS EN LA PROVINCIA DEL PARAGUAY, Madrid, 1912-1949, T. II, pp. 460, 505-506, 471-501; Ibáñez de Faria en AGN 9-45-5-10/11 y 9-18-7-8 y 9-18-8-1 reproducido en resumen de Hernández, ob. cit. II, 615; Bazan de Pedraza y Diego de los Reyes Balmaceda, citados en informe del P. Jaime Aguilar de 1735, nota 26; el obispo Fajardo en Pastells y Mateos. cit. VI, pp. 173-176; y Juan Vázquez de Agüero en AGN, 9-18-8-2/4. Una buena reseña de las fuentes puede consultarse en Nicolás Sánchez Albornoz y Susana Torrado, PERFIL Y PROYECCIONES DE LA DEMOGRAFIA HISTORICA EN LA ARGENTINA, en ANUARIO DEL INSTITUTO DE INVESTIGACIONES HISTORICAS DE LA UNL., Nº. 8 (Rosario, 1965, pp. 31-56 Llama la atención que allí no consten los numerosos catálogos jesuíticos de la población guaraní y se anoten como "desconocidos" en el renglón de los estados anuales de origen eclesiástico, p. 40.

693) P. Hernández, ob. cit. II, 595, regla 31.

694) La colección Lamas conserva los originales de los "Catálogos" de 1742, 1750, 1752-1756 y de 1761-1764. Otro lote de la misma colección está integrado por copias hechas por Pedro de Angelis, en planillas impresas especialmente para tal fin y llenadas de su puño y letra. Se conservan las de 1741, 1743, 1751 y 1757-1760.

695) Dichos documentos que se conservan en la Biblioteca Nacional de Río de Janeiro fueron copiados en 1902 para la Biblioteca Nacional de Buenos Aires. Este volumen se conserva en el AGN, Ms. Bibl. Nac. 5094. Allí se hallan los catálogos de 1702, 1707-1708, 1714-1717, 1719-1720, 1724, 1728-1729, 1731, 1733, 1735-1736, 1737-1741, 1744-1749, 1753, 1757, 1762 y 1765-1766.

696) Particularmente los legajos 3 a 6, correspondientes a 1703 a 1756. En general, son duplicados o triplicados que repiten los datos arriba consignados, como por ejemplo los de 1715-1717 y 1720. No se conservan en los legajos más que catálogos aislados. Las cifras de 1732 fueron tomadas de Martín Dobrizhoffer, HISTORIA DE LOS ABIPONES, Resistencia, 1767/70, T. III; los datos de 1767 en José M. Peramás, LA REPUBLICA DE PLATON Y LOS GUARANIES, trad. Juan Cortés del Pino y prol. de G. Furlong, Bs. As. 1946, p. 22. que difiere en 63 habitantes con la consignada en la copia de la Biblioteca Nacional.

697) En este sentido es posible que la Colección de manuscritos Pedro de Angelis, de la Biblioteca Nacional de Río de Janeiro, arroje algunas sorpresas. En su COLECCION DE OBRAS IMPRESAS Y MANUSCRITAS QUE TRATAN PRINCIPALMENTE DEL RIO DE LA PLATA, Bs. As. 1853, y que sirve actualmente de índice a la Colección, de Angelis enumera entre otros, los "Estados de las reducciones del Paraná y Uruguay", correspondientes a los años 1691, 1698, 1699, 1700, y 1707, pp. 202-203. Tampoco podrá extrañar que algunas copias más aparezcan en los legajos del AGN o acompañando las cartas anuas cuyo archivo fotocopiado se conserva en el Colegio Máximo San Miguel, Provincia de Buenos Aires y que no hemos podido consultar.

698) Los 13 pueblos del Paraná fueron: San Ignacio Guazú, Santa María de Fe, Santa Rosa, Santiago, San Cosme y San Damián, Encarnación o Itapúa, Trinidad, Jesús, Santa Ana, Loreto, San Ignacio Miní, Corpus y Candelaria. Los 17 del Uruguay eran: San José, San Carlos, Santos Apóstoles, Concepción, Santa María la Mayor, San Francisco Javier, Mártires, San Nicolás, San Luis, San Lorenzo, San Miguel, San Juan Bautista, Santo Angel, Santo Tomé, San Francisco de Borja, La Cruz y Yapeyú.

699) Según el prolijo informe del Provincial P. Jaime Aguilar, fechado en Candelaria el 2-XII-1735, 6.000 indios permanecieron 8 meses en el Tebicuarí, desde marzo de 1732, mientras que 3.000 lo hacían en el Aguapey durante 16 meses. A fines de 1734, el gobernador Bruno M. de Zavala pidió 12.000 indios de los cuales utilizó 5.400 en campaña por otros 7 meses. En ese mismo año, desde Buenos Aires se requirió un contingente de 3.000 indios para iniciar el sitio de Colonia: los indios partieron de Misiones en agosto de 1735 y se les agregaron otros 1.000 de refuerzo a fines de noviembre. Permanecieron allí hasta marzo de 1736 en que se los despidió. CDPA (Colección de Documentos Pedro de Angelis), T. V., pp. 314-316.

700) La carta anua de 1730-1734 da cuenta de estos problemas y de las patéticas escenas a que dio lugar el hambre entre los guaraníes, en CDPA T. V., pp. 174-175.

701) Anua de las doctrinas del Paraguay, 1735, en CDPA, T. V. p. 333.

702) La descripción de la peste en C. Cattáneo y C. Gervasoni, BUENOS AIRES Y CORDOBA EN 1729 SEGUN LAS CARTAS DE LOS PADRES. Estudio preliminar de Mario J. Buschiazzo, Bs. As. 1941, pp. 178 ss. José Peramás. ob. cit. p. 32. y nota l, indica que en el 1722 "murieron a causa de pústulas menores (sarampión dicen los españoles) 18.773. Y en 1737 murieron 30.000 de pústulas menores (viruela) sin contar los que murieron por otras enfermedades. "Las cifras dadas por Peramás corresponden en rigor al 1733 para el sarampión y al 1738-1739 para la viruela. Es de interés señalar que algunas epidemias coinciden o se anticipan en ciudades españolas como por ejemplo la viruela en Corrientes de mayo de 1736, AGPC, Actas Capitulares de 1736.

703) La batalla de Caybaté coptó a los guaraníes 1.511 muertos, y constituyó una verdadera masacre. AGN, Campaña, cit. T. III.

704) Martín Dobrizhoffer ob. cit. T. II. pp. 234-235. El catálogo de 1764 registra para ese año 7.414 muertos por la peste. Hubo pueblos como Santa Rosa, que perdieron en esa oportunidad, el 49 por ciento de sus habitantes.

705) MAEDER, Ernesto J. y BOLSI, Alfredo S. La Población de las misiones guaraníes entre 1702-1767. Estudios Paraguayos. Revista de la Universidad Católica "Ntra. Sra. de la Asunción", vol. II. Nº. l, 1974. pp. 111-137.

 

 

 
 
Asunción, Paraguay, 1986.
 
 
 
 

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LA ECONOMIA COLONIAL

Por  JUAN BAUTISTA RIVAROLA PAOLI

COLECCIÓN: Tratado de Historia Económica del Paraguay.

Se acabó de imprimir el 12 de abril de 1986

en los Talleres gráficos de Editora Litocolor.

 

 

 

 

 

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