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LILIANA M. BREZZO


  JUAN EMILIANO O’LEARY - EL PARAGUAYO CONVERTIDO EN ACERO DE PLUMA, 2011 (LILIANA M. BREZZO)


JUAN EMILIANO O’LEARY - EL PARAGUAYO CONVERTIDO EN ACERO DE PLUMA, 2011 (LILIANA M. BREZZO)

JUAN EMILIANO O’LEARY

EL PARAGUAYO CONVERTIDO EN ACERO DE PLUMA

LILIANA M. BREZZO

Editorial EL LECTOR

COLECCIÓN PROTAGONISTAS DE LA HISTORIA Nº 21

www.ellector.com.py

Tel.: 595 21 491966 // 610639

Director General: PABLO LEÓN BURIÁN

Coordinador Editorial: BERNARDO NERI FARINA

Director de la Colección: HERIB CABALLERO CAMPOS

Diseño de Tapa: DENIS CONDORETTY

Asunción – Paraguay

2011 (160 páginas)

 

 

 

 

CONTENIDO

 

PRÓLOGO

INTRODUCCIÓN

 

PRIMERA PARTE: EL JOVEN JUAN EMILIANO O'LEARY

 

CAPÍTULO 1: EL TRAYECTO PERSONAL

UN CUADRO DE FAMILIA

MAESTROS, REVISTAS Y PERIÓDICOS

DORILA Y LOS AMIGOS DE LA PRIMERA HORA

CLAVES DE UNA CONVERSIÓN POLÍTICA E HISTORIOGRÁFICA

 

SEGUNDA PARTE: LA ESCRITURA DE LA HISTORIA DEL PARAGUAY

 

CAPÍTULO 1: "Y LA POSTERIDAD JUZGARÁ DE ESTA EXTRAÑA LUCHA" LA GRAN POLÉMICA SOBRE LA HISTORIA DEL PARAGUAY

JUAN O'LEARY Y CECILIO BÁEZ: DISCÍPULO Y MAESTRO

EL CONTEXTO DE LA RUPTURA

LOS ARGUMENTOS

LAS CONTRADICCIONES

EL RESULTADO

 

CAPÍTULO 2: LA "CAUSA DEL PUEBLO" O FISONOMÍA DEL "POMPEYISMO"

LAS SOLIDARIDADES

EL VICEPRESIDENTE DEL PARAGUAY DEFIENDE A O'LEARY

EL "PUEBLO PARAGUAYO" SOSTIENE A POMPEYO GONZÁLEZ

POMPEYISMO Y NACIONALISMO

 

CAPÍTULO 3:

"TAN SINCERO Y LEAL AMIGO, TAN ILUSTRE BENEFACTOR, TAN NOBLE Y DESINTERESADO ESCRITOR": JUAN E. O'LEARY Y LOS MECANISMOS DE EXALTACIÓN DEL ARGENTINO JUAN BAUTISTA ALBERDI EN PARAGUAY

LA GUERRA DEL PARAGUAY Y LOS ESCRITOS DE ALBERDI

JUAN BAUTISTA ALBERDI Y EL MARISCAL FRANCISCO SOLANO LÓPEZ

GREGORIO BENITES, JUAN E. O'LEARY Y LAS CARTAS DE ALBERDI

LA REHABILITACIÓN DEL MARISCAL Y ALBERDI

FUENTES CONSULTADAS

BIBLIOGRAFÍA RESUMIDA DE JUAN E. O'LEARY

LA AUTORA

 

 

PRÓLOGO

 

         La colección de PROTAGONISTAS DE LA HISTORIA, incluye la biografía de un destacado referente intelectual no sólo en el ámbito de la historia sino por sobre todo en el plano ideológico paraguayo del siglo XX, se trata de la vida Juan Emiliano O'Leary.

         O'Leary está vinculado en el Paraguay a la reivindicación de la figura del mariscal Francisco Solano López desde la célebre polémica mantenida con su maestro Cecilio Báez. O'Leary fue considerado el cantor de las glorias nacionales, el reivindicador más firme del figura de López, y en algún sentido fue el creador de la corriente denominada lopizmo.

         El trabajo de la doctora Liliana Brezzo nos acerca por sobre todo a los años de juventud en la primera parte de la obra, destacándose el análisis de la influencia de las vivencias de la madre de O'Leary durante la Guerra contra la Triple Alianza (1864-1870). No deja de referirse la autora a la relación de Juan con su padre de origen irlandés Juan O'Leary.

         La primera parte del libro concluye con el estudio detallado y documentado del giro político de Juan Emiliano O'Leary quien abandona al Partido Liberal para afiliarse al Partido Nacional Republicano o Colorado. Así mismo se detalla el origen de su posición histórica con respecto a los sucesos de la terrible guerra.

         La segunda parte de la obra se inicia con la detallada enumeración de los principales hechos de la polémica entre O'Leary y Cecilio Báez, para luego detenerse en el Pompeyismo, es decir en los partidarios de O'Leary que utilizó en la polémica el seudónimo de Pompeyo González.

         Por último, el libro concluye con un capítulo sobre la relación de Juan Emiliano O'Leary, Gregorio Benites y Juan Bautista Alberdi, el prócer argentino que estuvo en contra de la Guerra contra el Paraguay.

         Este libro ameno y sumamente revelador es el resultado de años de estudio por parte de la doctora Brezzo, quien hurga incansablemente en los archivos y bibliotecas de Paraguay y Argentina con el fin de develar nuestro pasado observándolo desde nuevas perspectivas.

Asunción, julio de 2011

Herib Caballero Campos

 

 

 

INTRODUCCIÓN

 

         Afirma el historiador Richard Pipes en su autobiografía: "la propia vida es una larga historia cuyos primeros capítulos se ven ensombrecidos, en la oscuridad". Y a continuación se pregunta: "¿somos los mismos a lo largo de esas décadas? ¿Podemos entender todavía lo que entonces dijimos e hicimos y su porqué?"

         Si "hacer historia" del propio itinerario vital puede ser una tarea difícil, mucho más lo es la pretensión de entender lo que "otro" dijo e hizo y su porqué. Por ello, sintiéndome incapaz de ofrecer, por el momento, un estudio orgánico sobre la compleja personalidad y la larga trayectoria política y cultural de Juan E. O'Leary, y dada la libertad que me han dado los editores de esta colección para escribir estas páginas, he optado por limitarme a comunicar los resultados de una investigación en progreso sobre el trayecto personal, las circunstancias, motivaciones y trabajos intelectuales desarrollados durante su juventud.

         Conocido como "el vocero del lopizmo", "el cantor de las glorias nacionales", "el poeta del Paraguay", "el reivindicador", fue el historiador paraguayo de cuño nacionalista más paradigmático del siglo XX. Su discurso histórico no solo fue informativo, en el sentido de comunicar hechos y eventos del pasado sino que tuvo, fundamentalmente, una función preformativa, puesto que su lenguaje creó realidades en la memoria colectiva paraguaya.

         Estas definiciones me exponen, claro está, a una serie de observaciones. La primera tiene que ver con el mismo concepto de nacionalismo, sus orígenes en el Paraguay y las bases que sustentaron su formulación. En el caso de O'Leary, aparte de su conciencia de pertenencia a esa corriente intelectual, se conocen muy parcialmente las peculiaridades ideológicas de su nacionalismo y de sus transfiguraciones a lo largo del medio siglo que abarcó su vida pública. Existen, no obstante, un conjunto de estudios y de ensayos -los de Guido Rodríguez Alcalá, entre los más sugerentes- que invitan a desarrollar no sólo un debate historiográfico profundo sino investigaciones ortodoxas en torno al nacionalismo paraguayo del siglo XX. Pero por el momento solo puedo sostener que durante los años formativos de O’Leary podemos encontrar las claves para comprender los motivos que lo llevaron a convertirse en nacionalista y que, en esa etapa, su nacionalismo tuvo como objetivos defender la independencia, consagrar una identidad nacional y exaltar un sentimiento nacional. Su posterior trayectoria pública y las modificaciones del contexto de producción muestran, a su vez, que sus principios y motivos variaron hacia otros puntos de vista: el antiimperialismo, el antiliberalismo, la identificación con el fascismo y con algunos de los temas del denominado revisionismo histórico.

         Lo dicho me conduce a resaltar un dato -para mí relevante- desde la perspectiva metodológica: no ha entrado en los propósitos de este trabajo exaltar la personalidad, la actuación y los trabajos históricos del letrado paraguayo. Antes bien, procuro apelar a la biografía -considerada hasta hace muy poco como un ingrediente residual del mundo de las producciones científicas-, incompleta, en este caso, por las razones apuntadas más arriba, como una estrategia para, a través de ella, dar cuenta de un movimiento más amplio: la concepción de la historia en el Paraguay, la dinámica del nacionalismo paraguayo y, en términos más generales, la evolución cultural del país en el siglo XX.

         Una coordenada principal para avanzar en esos objetivos consiste en estudiar las influencias que O’Leary ejerció a través de sus escritos y, en este punto, resulta de sustancial importancia la intencionalidad expresada en los textos que expuso voluntariamente a la consideración del público. Por esto, creo necesario mencionar la valiosa ayuda que han supuesto las recientes iniciativas editoriales que se han ocupado de compilar -y de publicar- el valioso corpus de artículos periodísticos correspondientes a los años juveniles de O'Leary: las series RECUERDOS DE GLORIA y CRETINISMO PARAGUAYO.

         La mayor parte de la obra intelectual de O’Leary se encuentra aún dispersa en la prensa de la época, en innumerables textos mecanografiados, en artículos de revistas y en manuscritos diseminados en su nutrido archivo personal. Estos materiales, suficientemente abundantes, demandan, sin embargo, una hermenéutica rigurosa y gradual que permitan sostener una investigación orgánica sobre su itinerario vital, político e intelectual.

         La primera parte del libro la dedico a estudiar de qué modo las circunstancias familiares, los estudios y las influencias intelectuales e ideológicas condicionaron su quehacer político y cultural. Me interesa, sobre todo, demostrar que experiencias personales e itinerarios académicos suelen estar intrínsecamente unidos.

         En los tres capítulos que componen la segunda parte de la obra, resalto en la visión del pasado esbozada por O’Leary durante su juventud. Para ello analizo, en los dos primeros, los argumentos que confrontara con Cecilio Báez durante la estruendosa disputa que sostuvieron entre 1902 y 1903 y procuro reunir, luego, los atributos de lo que he dado en llamar, por ahora, "pompeyismo", un nacionalismo que tuvo como elemento decisivo de su conformación una reacción patriótica frente a las condiciones sociales de la posguerra.

         En el tercer capítulo estudio la intervención historiográfica de O'Leary vinculada a la exaltación de Juan Bautista Alberdi. Como plataforma privilegiada para conocer esta operación he utilizado la correspondencia intercambiada entre el joven escritor y el diplomático Gregorio Benites -quizás el amigo más estrecho que tuvo el polígrafo argentino en la última parte de su vida- como así también los debates en la prensa y las iniciativas de erudición histórica que ambos llevaron a cabo en el contexto político luego de la caída del régimen colorado, en 1904.

         Este recorrido se apoyará en diversos testimonios, centralmente en los manuscritos que componen el archivo personal del letrado paraguayo.

         Numerosas personas me han ayudado en la elaboración de este texto. Deseo agradecer a Zayda Caballero y al personal de la Biblioteca Nacional por facilitar, invariablemente, la consulta de la valiosa documentación allí depositada, a Jennifer French por haber compartido su texto, aún inédito, sobre escritores paraguayos; a Mary Monte de López Moreira por permitirme hacer uso, generosamente, de una valiosa fotografía proveniente de su acervo familiar para ilustrar esta obra. Martín Romano puso a mi disposición su investigación genealógica sobre la familia de O'Leary. Y todos los amigos y colegas en Paraguay me han ayudado a completar y, sobre todo, a enderezar, incansablemente, muchos de los argumentos, en ocasiones más intuitivos que razonados, en torno a la historia del país.

 

 

 

SEGUNDA PARTE:

 

LA ESCRITURA DE LA HISTORIA DEL PARAGUAY

 

Capítulo 1

 

         "Y la posteridad juzgará de esta extraña lucha" la gran POLÉMICA SOBRE LA HISTORIA DEL PARAGUAY

 

         En el año 1902 Juan E. O'Leary protagonizó, con el prestigioso abogado Cecilio Báez, una tremenda polémica sobre la Historia del Paraguay. Entre el 16 de octubre de ese año y el 14 de febrero de 1903, desde las páginas de los diarios LA PATRIA y EL CÍVICO, sostuvieron una controversia inigualada sobre qué había sido el Paraguay, sobre su organización política y sobre los que habían protagonizado su movimiento histórico.

         ¿Cómo se desencadenó la disputa? ¿Por qué? ¿Quién salió victorioso? ¿Qué significó ese intercambio con el itinerario cultural y político de O'Leary? ¿Qué repercusiones tuvo en la sociedad paraguaya? Y ¿cuáles sus consecuencias?

         Una serie de respuestas a estos interrogantes se ensayan en este capítulo gracias a la reciente divulgación de preciosos materiales diseminados en la prensa asuncena de comienzos del siglo XX: los recogidos en RECUERDOS DE GLORIA (2007), compilación de la serie de textos que O'Leary publicara a partir de mayo de 1902, transcriptos y editados por Ricardo y Sebastián Scavone Yegros; y el tomo titulado POLÉMICA SOBRE LA HISTORIA DEL PARAGUAY (2008), conteniendo los 37 artículos que escribiera el joven escritor en el diario LA PATRIA durante la disputa con Cecilio Báez. Estas fuentes, junto a otras obras producidas por destacados investigadores no pueden menos que entusiasmar al lector que desee precisar y ampliar el conocimiento sobre este crucial intercambio, un propósito que, por la economía de este libro, excede las posibilidades de las páginas que siguen.

 

JUAN O’LEARY Y CECILIO BAEZ: DISCIPULO Y MAESTRO

 

         Como ya ha sido referido en la primera parte de esta obra, entre los últimos años del siglo XIX y los primeros del XX se produjo en el país el salto a la palestra de una generación de letrados, los llamados "novecentistas", quienes en su mayoría, se convirtieron en historiadores. No es que la práctica de la historia estuviera institucionalizada -no existía aún la Academia Paraguaya de la Historia ni otra institución que nucleara a quienes desarrollaban ese tipo de estudios-, tampoco existían posibilidades de profesionalización -en la Universidad Nacional de Asunción no se dictaba la carrera-, sin embargo, la mayoría de los intelectuales paraguayos, incluido Juan O'Leary, se dedicaron a escribir historia soslayando otros géneros como la novela y el teatro. La razón de esta elección, según lo expresado por investigadores destacados residió en que, en esos años de reconstrucción nacional, luego de la guerra, su principal preocupación consistió en la definición de una conciencia histórica, en la educación en un sistema de valores universales que prestase sentido al futuro inmediato. Era, como ha sido apuntado por la escritora Josefina Plá, a todas luces, urgente dar a ese pueblo paraguayo abrumado por las consecuencias de la hecatombe bélica, "desnortado", una fe, un ideario, un rumbo. Y la historia se convirtió en un instrumento idóneo para ese propósito.

         Como también ya ha sido apuntado, el joven O'Leary comenzó a trabajar, a partir del año 1900, en el diario LA PATRIA. En este último, a partir del 2 de mayo de 1902, aniversario de la batalla de Estero Bellaco, principió la publicación de una serie de 26 escritos de índole histórica bajo el título general de RECUERDOS DE GLORIA, cuya divulgación se prolongaría hasta el año 1904.

         El autor declaró que la principal intención que le movió a redactarlos fue la "de exaltar el heroísmo del pueblo vencido en una lucha desigual" y "exponer a las nuevas generaciones las hazañas de los héroes de la Guerra del Paraguay contra la Triple Alianza" quienes "dormían casi olvidados de la patria, después de haber escrito en sangre la estupenda epopeya de aquella defensa sobrehumana". En cada entrega ofrecía un cuadro de las acciones de armas de la guerra: Estero Bellaco, Riachuelo, Corumbá, Mbutuy, el abordaje de los acorazados, Yataity Corá, Sauce y Humaitá, Acayuazá, Piribebuy, Rubio Nu, Yatai, Tebicuary, la entrevista de Yataity Corá, Curupayty, Tatayibá, Tuyutí, Ytororó, Avay, Itá Ybaté, Paso Poí, el pasaje de Ypecuá, Corrales y la muerte del general Díaz.

         El hecho de que esos textos fueran presentados, a simple vista, como una descripción de acciones bélicas sembradas, en todos los casos, por un ramillete de anécdotas heroicas por parte de los soldados paraguayos no debe llevar, en el presente, a su ponderación superficial. Por el contrario, esas narraciones constituían, en conjunto, un importante, fuerte y sobre todo eficaz discurso histórico que configuró la memoria colectiva paraguaya. Vale la pena, dada esta trascendencia, resaltar algunos de los rasgos discursivos sobresalientes.

         La lectura de esos relatos divulgados en LA PATRIA hace el efecto de estar frente a un ejército paraguayo siempre victorioso aunque saliese derrotado en la mayoría de los enfrentamientos armados. Resulta sorprendente la eficacia retórica del joven escritor que era capaz de mostrar las derrotas como inobjetables glorias nacionales. Hay varios tramos que merecen ser citados como emblemáticos de este rasgo; quizás uno de los párrafos magistrales es el que estampara en el artículo dedicado al paso del derrotado ejército paraguayo por los pantanos de Ypecuá luego de las sangrientas jornadas de Itá Ybaté:

         "La historia no registra en sus páginas una retirada más gloriosa. Los soldados de Jenofonte y de Napoleón, en las soledades del Asia y de Rusia, no se aproximan siquiera a los héroes de la retirada del Ypecuá. Nunca se vio sacrificio más desinteresado, ni abnegación más espontánea."

         En el extenso artículo sobre la batalla de Tuyutí, el resultado militar favorable a los aliados era presentado como una "victoria paralítica frente a la gloriosa derrota paraguaya".

         "Numerosos fueron los episodios extraordinarios de esta famosa batalla. En todos ellos alcanzan la nota más alta el arrojo, la serenidad y él valor sin segundo de los paraguayos. Los aliados quedaron estupefactos ante el heroísmo de los asaltantes."

         Asimismo:

         "Nosotros fuimos muchas veces derrotados. Pero tenemos el orgullo de recordar esas derrotas como verdaderas glorias nacionales. No así los aliados. Sus derrotas proclaman su cobardía. Los que fueron vencidos en Tuyuti, proclaman el heroísmo paraguayo."

         Otro eje importante del discurso histórico que se hacía explícito en esa guirnalda de textos es la insistencia de O'Leary a que la sociedad paraguaya se recostase en un pasado ideal para sentir que formaba parte de una nación grande que la guerra había destruido; de esta manera, volviendo una y otra vez a ese tiempo pretérito pretendía hacer consciente la necesidad de recuperarlo. En la narración titulada 9 DE JULIO DE 1868 podía leerse lo siguiente:

         "Los seiscientos mil paraguayos muertos en aquella sangrienta carnicería han dejado algo que vivirá más que el triunfo de los vencedores. Algo que, mientras perdure el culto a la patria y el sentimiento de la dignidad humana hará que el mundo se descubra ante el Paraguay. Levantemos el espíritu de las generaciones con el ejemplo de un pasado poblado de laureles. Hagamos que sepa la niñez que ese apocamiento moral, esa debilidad cívica, esa frialdad patriótica de nuestro pueblo no fue, ni con mucho, el signo característico de los que cayeron en Yataí y vencieron tres veces en Mbutuy y enrojecieron las aguas en la laguna de Yberá y ahogaron el orgullo porteño en Curupayty, lucharon en el Bellaco, murieron en Tuyuti, vencieron en el Sauce, fueron leones en Corumbá y sucumbieron con la espada en la mano en Cerro Corá."

         Y también:

         "Tuyutí es una de las gloriosas acciones que mejor aquilatan la intrepidez del soldado paraguayo. Tuyutí es una página de gloria que haremos leer a nuestros hijos, para que se sientan orgullosos de haber nacido en esta patria que aún existe, después de tantas desventuras, proclamando la gigante vitalidad de nuestra raza. Y también el escudo que mañana habremos de desenterrar, para defendernos tras él, en las grandes luchas históricas, a que estamos llamados en el porvenir."

         Estas dos coordenadas -la conversión de las derrotas en glorias nacionales y la idealización del pasado para superar un presente adverso- entre otras muchas que podrían comentarse sobre el discurso histórico construido por O'Leary en RECUERDOS DE GLORIA remiten, a su vez, según entiendo, a una cuestión de fondo: la tensión entre una reconstrucción razonada del acontecimiento y la invención de un recuerdo. Si hay un texto extremo de esta contradicción es la bella y trágica descripción de los momentos inmediatamente posteriores a la derrota en Itá Ybaté, en diciembre de 1868:

         "El aire fresco de la mañana llegaba cargado de perfumes al campo de batalla, cubierto de cadáveres putrefactos. No se podía dar un paso sin topar con un muerto semicomido por las aves de rapiña. Los gusanos se mezclaban con la sangre y el perfume de los bosques cargados de laureles con el hedor nauseabundo de los cadáveres putrefactos. Era el abrazo de la antítesis, la fusión de lo contradictorio: el héroe y el gusano, el perfume y lo podrido, el invasor sediento de sangre y el ciudadano transfigurado por el amor patrio ¡Extraño cuadro de sombras y de luces!"

         Es, sin duda, la apoteosis del vencido, una representación en la que realidad e invención quedaban tan magistralmente imbricadas que ayuda a explicar por qué, hasta el presente, resulta difícil de revisar. Sin duda el profesional de la historia desearía una acreditación de las afirmaciones y de los datos que desgranaba en estas narraciones, mas sería una exigencia inadmisible porque estos relatos no fueron publicados para ofrecer una reconstrucción rigurosa de la realidad histórica sino hacer de ellos, como el mismo O'Leary diría años después, una "escuela o cátedra del patriotismo, de fe en la patria, de convicción de su honor y de su perenne inocencia".

         Pues bien, en las mismas semanas en que aparecían esos artículos, el 21 de mayo de 1902, el doctor Cecilio Báez arribó al puerto de Asunción procedente de México, donde había representado al Paraguay en la Conferencia Internacional Americana. Una delegación nutrida de representantes del Gobierno y de instituciones culturales esperó su llegada y fue Juan O'Leary quien pronunció el discurso de bienvenida en nombre de todos los allí reunidos. De inmediato, el prestigiado diplomático se reincorporó a su actividad periodística en las columnas de EL CÍVICO en las que divulgaría en los meses siguientes una serie de artículos sobre temas políticos y económicos.

 

         EL CONTEXTO DE LA RUPTURA

 

         A raíz de la difusión en la prensa del balance anual del Banco Territorial, el 16 de octubre de 1902, Báez publicó un artículo titulado "Optimismo y Pobreza. Las ganancias de los bancos. Males y Remedios". Comenzaba diciendo Báez: "Escribo bajo la penosa impresión que me produce la pobreza extrema del país". Luego, en el desarrollo del artículo, se dedicaba a señalar la "desinformación" y la desigual mirada que ofrecían los diarios, en cuyas páginas "parecen querer reflejar que el Paraguay es el mejor de los mundos, porque todos prosperan y todo marcha bien" y, paralelamente, no cesan de denunciar "la carencia de alimentos o dan cuenta de agricultores que emigran por la miseria, la falta de justicia y de garantías". Tal situación, sostenía, era compartida por los bancos, cuyas ganancias eran más ficticias que reales; de hecho, la mayor parte de su capital estaba constituido por inmuebles o tierras, con lo cual operaban con un capital en numerario muy pequeño. Así, concluía:

         "En medio de un pueblo pobre, nadie puede prosperar en realidad. Por eso, al contemplar la pobreza del país, yo digo que todas las ganancias que se ostentan, son aparentes, máxime si se tiene en cuenta que entre nosotros no circula más que papel moneda, bastante depreciado."

         Frente a ese estado social se proponía, a partir de esa entrega periodística, decir la verdad, "único medio para reconocer los defectos y vicios colectivos y luego corregirlos". Y la verdad consistía, sobre todo, en denunciar las causas de esa postración:

         "Necesitamos la verdad en el gobierno, la verdad en la justicia distributiva, la verdad en el sufragio, la verdad en la apreciación de las cosas, la verdad en la instrucción, la verdad en todo. El Paraguay es un pueblo cretinizado por secular despotismo y desmoralizado por treinta años de mal gobierno. Cinco años de titánica lucha pudieron retemplar sus adormecidas fibras por el opio del despotismo. Por eso el pueblo paraguayo desplegó cualidades cívicas en los comicios, a raíz de la conclusión de la guerra; pero la disolución de las cámaras vino de nuevo a matar el naciente espíritu público y he aquí que el pueblo sigue siendo semejante a un cretino, a un ser sin voluntad ni discernimiento."

         Como se lee, no es sólo el pasado, sino también la situación presente era la que llevaba a Báez a estas tremendas expresiones, es decir, el pueblo "cretinizado" era el resultado del despotismo francista y de los López, pero también, según entendía, de 30 años de gobierno colorado:

         "Entre los hombres que han dirigido sus destinos, no se conoce ninguno que haya intentado reformar o encausar las cosas. No solamente les falta la virtud del patriotismo, sino la conciencia de sus deberes. No existe el sentimiento de la responsabilidad, porque es nulo su sentido moral. Esta conducta de los gobernantes y funcionarios públicos, sus abusos y atentados, han desmoralizado a la sociedad, entre cuyos miembros están disueltos los vínculos de la solidaridad, de tal suerte que cada individuo, cada círculo, cada gremio, cada grupo social, se encierra en su egoísmo y no tiene en cuenta sino sus particulares intereses. Véase, pues, que nuestros males son muchos y profundos."

         Más estas anormalidades podrían curarse con "sinceridad", es decir, si quienes gobernaban lo hicieran "Sin ambiciones personales ni egoísmos de círculo, dejando de encubrir los males y luego promovieran la educación pública y el desarrollo de instituciones libres".

         Al día siguiente, el diario LA PATRIA, en un artículo sin firma titulado "Habla el doctor Báez. El cretinismo paraguayo", criticó esas opiniones procurando mostrar, con datos y cifras, que la ganancia del Banco Territorial no era ficticia. Y, a continuación, se dedicaba, mediante un acopio de pruebas, a demostrar la contradicción del discurso de Báez con los contenidos de artículos escritos en los pasados meses en los que se mostraba complaciente con las instituciones bancarias. Por supuesto, como era de esperar, las expresiones sobre el cretinismo paraguayo ocuparon el núcleo principal de la contestación, sobre las cuales el autor se pronunció terminantemente:

         "Nos da vergüenza el reproducir estas palabras escritas por un ciudadano a quien, no hace mucho, hemos recibido con vítores, a quien hemos saludado como el representante legítimo de la juventud paraguaya. Pero este título ya no le pertenece porque no puede una ilustración eximia, un personaje de la importancia del Dr. Báez, ser representante de cretinos, de seres sin voluntad ni discernimiento. Nosotros que somos paraguayos, nosotros que para paraguayos escribimos, protestamos en nombre de todos nuestros conciudadanos indignados por las palabras del doctor Báez, a quien no concedemos derecho ninguno de llamarnos cretinos y cretinizados."

         Así estalló la polémica entre O'Leary y Báez.

 

         LOS ARGUMENTOS

 

         El 18 de octubre apareció en EL Cívico el primero de los artículos de Báez de la serie sobre "La Educación" con el que inició los escritos compilados luego en LA TIRANÍA EN EL PARAGUAY y en los que irá desarrollando un discurso histórico sobre el carácter y los resultados de la tiranía paraguaya con el terminante propósito de "advertir a la juventud y al pueblo sobre los peligros del patrioterismo y la mistificación / adoración del pasado".

         Por su parte, el joven y osado O'Leary lo enfrentó con un discurso histórico completamente opuesto, desde las columnas de LA PATRIA, centrado en un pasado heroico y glorioso, en el que la sociedad paraguaya vivía feliz y próspera hasta que una serie de causas exógenas la habían condenado a la actual postración. Todos los trayectos del pasado paraguayo, desde la época de la Colonia hasta el siglo XIX, así como también el papel de los intelectuales en la reconstrucción posbélica y la función social de la Historia fueron materia de esta apasionante controversia.

         Una primera coordenada del intercambio se concentraba en la afirmación de Báez contenida en los dos primeros artículos titulados "La Educación" según la cual "el pueblo paraguayo es uno de los pueblos más atrasados de América" debido a que nunca hubo escuelas: "durante el sistema colonial no las hubo a excepción de las de los jesuitas, Francia no se ocupó de ellas y las que había fueron abandonadas". Durante el gobierno de Carlos A. López, el colegio de Ildefonso Bermejo recibía pocos alumnos y no se enseñaba "ni los rudimentos de la ciencia política" y de Francisco Solano López "no hay que hablar, sólo mencionar que hizo reimprimir el Catecismo de San Alberto, el código del despotismo".

         Como se ve, este esquema explicativo del estado de atraso en que el pueblo paraguayo se hallaba a comienzos del siglo XX tenía su causa, según Báez, en procesos que se remontaban a la época colonial:

         "El legado de España fue aplastante, terrible. En el plano educativo, las universidades, como las de Córdoba, formaron a Francia, quien llevó a Paraguay dos cosas que son claves de su política: el odio provinciano a Buenos Aires y el odio al español, por su orgullo y cruel despotismo."

         Por lo tanto, la educación jesuítica y el despotismo colonial habrían embotado el espíritu del pueblo, anulando los resortes de su voluntad para luego, bajo el gobierno de Francia sumirlo en un estado de lobreguez y miseria:

         "En el Paraguay no había más libros que los de misa, los catecismos y los devocionarios. Recién después de 1870 puede decirse que el Paraguay ha llegado a incorporarse al movimiento de los pueblos civilizados y tiene escuelas de verdad donde el individuo ilustra su espíritu y adquiere conciencia de su personalidad, que antes no la tenía."

         Báez argumentaba entonces que, si en el presente el pueblo era "cretino", lo era por falta de educación, con lo que parece asimilar, en un sentido, el concepto de cretino con una de las acepciones de barbarie, entendida como falta de cultura y de ilustración.

         "Eduquemos al pueblo por la instrucción y por los actos de buen gobierno, porque un pueblo se desmoraliza por los atentados gubernativos, se corrompe por el despotismo y se cretiniza por la falta de instrucción."

         Y también:

         "Es que las tiranías vuelven cretinos a los pueblos, anulando su voluntad y corrompiéndolos. El despotismo trastorna los fundamentos de la moral, porque hace bendecir el crimen, arrancando del corazón y de la conciencia, así el sentimiento del honor, así la idea de la propia personalidad, como las nociones del bien y del mal. Sólo la instrucción y la libertad son edificantes, solo la escuela de la libertad es el arca de salvación de los pueblos. Eduquemos al pueblo paraguayo para oponer a nuestro pasado de infelicidad y abyección un porvenir de ventura, de regeneración y de progreso."

         Además de la escasez de escuelas y el desinterés del Estado, una línea interpretativa que se advierte en las entretelas de este discurso es que ese pobre estado intelectual se relacionaba, a su vez, con la persistencia de su aislamiento geográfico y lingüístico:

         "Los tiranos se alzan sobre los rebaños humanos, pero no sucede lo propio cuando los pueblos son conscientes de sus derechos. La primera obligación de un gobierno civilizado es fundar escuelas, en tanta mayor cantidad cuanto más atrasado es el pueblo. En el Paraguay se sigue descuidando ese deber. Se ha hecho algo, es cierto, pero se debe hacer mucho más en el sentido de difundir la instrucción pública entre las masas incultas que no hablan la lengua de la civilización, sino el rudimentario lenguaje de la barbarie (...) Por eso mismo el estado intelectual del Paraguay, que habla el guaraní y vive en medio de bosques impenetrables no puede compararse con el de ningún otro pueblo de la tierra. Estamos muy atrasados todavía."

         Pues bien, esos condicionantes que habían atravesado la vida social paraguaya parecían perpetuarse bajo al régimen colorado que, a juicio de Báez, se hallaba empeñado en recrear los rasgos del pasado sistema despótico:

         "(Cuando) en noviembre de 1844 se eligió a López presidente y dictó la llamada Ley que establece la administración política de la República del Paraguay fue la sanción de su despotismo. En esa ley no se reconocían los derechos del individuo, del ciudadano que quedaban sin garantía. Qué pensar de un pueblo, de cuya soberanía y destinos disponían ya oscuros sargentos como Duré y Ocampos, ganosos de adquirir los sueldos del dictador difunto (...) sin participación alguna del pueblo, tal como ocurre en los despotizados países de Oriente ¡Y pensar que hoy se repiten los mismos hechos sin que el pueblo se conmueva! He aquí el triste fruto de la ignorancia y el despotismo."

         Y también:

         "Enseñoreáronse de los destinos de la patria los viejos soldados y seides [sic] del tirano Solano López y comenzaron por implantar de nuevo el sistema de la tortura, con todos sus rigores, al ex ministro diplomático Dr. Gregorio Benítes y a don Eduardo Aramburu encerrados en infectas prisiones (...) Y así como el Mariscal López aseguró todos los tesoros amonedados del Paraguay para su familia y escrituró a su favor más de 3 mil leguas de tierras los nuevos señores de la patria vendieron como 20 mil leguas de tierras y levantaron grandes fortunas sin beneficio alguno para el país. Ellos se suceden en el poder, sin interrupción alguna y se aprovechan de todos los puestos públicos para sí y sus amigos y parientes, en tanto que el pueblo vive en la miseria y el Estado se hunde en la bancarrota. Ellos ocupan la Presidencia y los ministerios, el Senado y la Cámara de Diputados; llenan los juzgados y jefaturas políticas de la República; ellos monopolizan todos los cargos y disponen discrecionalmente de todos los recursos de la nación; y no contentos con la posesión del poder y de la fortuna pública, aspiran a figurar a los ojos de este pueblo desgraciado como sus redentores y como los héroes de una gran epopeya. Se comenzó por halagar la vanidad nacional con el recuerdo de los heroísmos de la guerra, luego se pretendió hacer amar al verdugo del pueblo paraguayo Solano López estampando sus retratos en los cuadernos de escritura que usan los niños en las escuelas; finalmente se ha querido realizar la apoteosis del tirano. Por diez años hace venido haciendo una propaganda activa y persistente en el sentido indicado (...) El heroísmo del pueblo paraguayo no se discute; lo que no podemos consentir es que algunos bribones exploten ese filón para justificar sus verdugos y ceñir las cabezas de algunos bárbaros desalmados con la radiante corona de los héroes."

         A la indiferencia en materia educativa por parte de Francia y de los López se asocia, en estos argumentos otras dos cuestiones referidas sobre todo al gobierno de Carlos Antonio López: el sistema fiscal y el monopolio de la yerba mate, por un lado y las contribuciones forzosas a las que el pueblo era obligado por su propia ignorancia.

         Caracterizados esos gobiernos, Báez continuaba con el análisis de la Guerra con la Triple Alianza, mostrándola como un efecto del propio sistema tiránico.

         "La guerra se hizo de exterminio para el Paraguay, no solamente por obra de los aliados, sino también por obra del mismo López. Los déspotas siempre quieren aparecer como intérpretes de la voluntad nacional o sirviendo los intereses de la Nación. Cualquier hombre de sentido común comprenderá que López ni debió intervenir en el conflicto uruguayo-brasileño ni mucho menos provocar la guerra. Tal fue el desenlace de la tiranía paraguaya. Fue el sacrificio de todo un pueblo. El país quedó arruinado y desmembrado. Toca a la nueva generación reparar lo perdido, por la educación, por el trabajo, por la práctica de la libertad, por el concurso del elemento extranjero, pero principalmente por la educación, para que al rebaño humano lo reemplace un pueblo consciente de sus derechos, que haga imposible la vuelta de las omnímodas y embrutecedoras dictaduras."

         El 20 de noviembre de 1902, paralelamente a la secuencia de los RECUERDOS DE GLORIA, Juan O'Leary comenzó la serie de 37 artículos titulados "El cretinismo paraguayo", que se prolongará hasta el 14 de febrero de 1903. A lo largo de las sucesivas entregas el joven escritor entretejió un discurso histórico para desarticular los argumentos del experimentado contendiente que abarcó, al menos, cinco tramos del pasado paraguayo. Dos aparecen, por la extensión y la minuciosidad de su tratamiento, como los principales: el correspondiente al gobierno de Carlos Antonio López y el de la Guerra con la Triple Alianza; otros tres ocupan un lugar menos destacado: la figura de José Gaspar Rodríguez de Francia, el papel de España en América y la Revolución de los Comuneros. O'Leary dedicó tres artículos a José Gaspar Rodríguez de Francia en los que, más que ocuparse del dictador, se concentraba sobre todo en resaltar las contradicciones discursivas de Báez en el trayecto transcurrido entre el artículo que publicara en LA ILUSTRACIÓN PARAGUAYA en 1888, época en que se situaba, según entendía, como el principal panegirista de Francia, pretendiendo "convencer al pueblo de que aquel monstruo abominable era el más grande de sus benefactores" contraponiéndose con el presente, en el que parecía haber variado totalmente sus juicios, apareciendo como justificador del despotismo: "ayer explicaba la tiranía, la absolvía: hoy, la condena, sin conmiseración, desmintiéndose por completo".

         Además de acusarlo de esta conversión, introducía otros términos a lo largo de estos primeros textos mediante los cuales ofrecía un particular esquema sobre el itinerario intelectual de Báez:

         "Cuando le convino se hizo amigo de Mitre, el único traidor a la Revolución de la Independencia, aconsejó a la juventud que fuera amable con el país para el cual sólo había tenido palabras de condenación. Hoy sólo ve infelicidad y abyección en el pasado de su país: hoy ama a la Argentina y se arrodilla ante el héroe de Cepeda, el único verdugo de nuestra patria."

         Llama la atención ese artificio en el que O'Leary parece enhebrar un discurso a la defensiva: del gobierno de Francia, en todo caso, solo había sido culpable Buenos Aires; si la sociedad vivía en el presente en la infelicidad y la abyección el responsable era Bartolomé Mitre. Sin embargo, como he apuntado más arriba, el interés por Francia aparece, en estos textos, limitado y no se hace visible un pronunciamiento terminante sobre su actuación.

 

         En un segundo momento, O'Leary analizaba el período de gobierno de Carlos Antonio López. Frente a las imputaciones de Báez de "bestialización de los paraguayos" bajo dicha administración, se esforzaba por mostrar que durante ese tiempo la educación fue una preocupación principal, que funcionó un buen número de instituciones de enseñanza superior y que la perspectiva negativa de Báez sobre la Instrucción Pública se debía a que se basó en "el libro de Ildefonso Bermejo y en su mirada del Paraguay como la de una sociedad salvaje". Se ocupaba de hacer lo mismo con la afirmación de aquel según la cual don Carlos había sido un hombre inculto. Sostenía, en cambio, que era un distinguido y estudioso abogado.

         "Ahí están, en el archivo, en libros y en bibliotecas particulares los mil trabajos profesionales, todos ellos revelan al jurisconsulto. Hay que estudiar todos sus actos como gobernante para darse una idea de su gran talento. Todos y cada uno de ellos, revelan al estadista de raza."

         Mientras que Báez, para reforzar su argumento sobre el cretinismo sostenía que esa condición de la sociedad paraguaya era responsabilidad, además de la tiranía, de la misma España que en el siglo XVII "era cretina", de lo que se deducía que el Paraguay también lo era por aquello de "de tal palo, tal astilla", visión que interpretaba el legado hispano como un verdadero lastre, sinónimo de ignorancia, despotismo e iniquidad. O'Leary, por el contrario, proporcionaba una imagen de España asociada a la grandeza para lo cual realizaba una esforzada enumeración de los filósofos, de los especialistas españoles en ciencias jurídicas, sociales y económicas a partir del siglo XVII. Asimismo, utilizaba como recurso para refutar el argumento de Báez según el cual "la historia de la tiranía y la historia de la guerra del Paraguay son la historia de la incurable imbecilidad del pueblo" -supuestos que, por otra parte, enterraban para el joven escritor un profundo desprecio por la nacionalidad paraguaya- a la exaltación de la revolución de los comuneros, como prueba del "primer estallido del alma paraguaya".

         Recién el 13 de enero de 1903, en la entrega número 26, principió O'Leary a abordar la intrincada cuestión de la Guerra con la Triple Alianza, materia que como muy bien afirmaba:

         "Comprendemos que el asunto está por encima de nuestras fuerzas, pero un deber de patriotismo y nuestra misma dignidad de paraguayos, torpemente ultrajada, nos impulsan con fuerza irresistible. Hasta hoy ningún paraguayo de talento e ilustración ha estudiado ese gran drama de nuestra historia. Hemos tenido la mala suerte de que se ocuparan de él sólo los charlatanes, los que por ese camino buscan el perdón de sus víctimas o la migaja del vencedor."

         Dedicó a cada episodio del acontecimiento un artículo completo: la declaración de la guerra al Brasil y a la Argentina, la cuestión oriental, la Misión del Consejero Saraiva, la protesta del Paraguay contra el ultimátum imperial, la política del Imperio del Brasil en el Plata, la condenación a la política imperial en el Brasil, la declaración de guerra a la Argentina, la negativa al tránsito de las tropas paraguayas por territorio argentino, etc. En un esfuerzo hermenéutico dirigido a situar la causa de la guerra en un origen únicamente exógeno; prometía mostrar "quien fue la mano negra que arrojó, sobre el Plata y el Paraguay, el huracán de muerte que hizo añicos de nuestra pasada grandeza y poderío".

         "Diremos que la intervención brasileña en el Uruguay y la guerra de 1865 fue el lógico desenlace de la política absorbente, de las miras ambiciosas del Imperialismo. En efecto, no de otro modo podían concluir las añejas pretensiones del único imperio de la América del Sud - verdadero parásito adherido al suelo del nuevo mundo- que en todos los momentos de su historia amenazó a sus vecinos y más que amenazó, asaltó con invasiones verdaderamente bárbaras, como las de sus mamelucos que han dejado triste memoria en los países limítrofes ¿Con qué país vecino no tuvo disensiones seculares por la cuestión de límites? ¿A qué país vecino no arrebató el Brasil inmensas zonas de territorio?"

         A lo largo de este extenso tramo, O'Leary fue desplegando un conjunto de argumentos eficaces para mostrar que la guerra tuvo su origen en las maquinaciones del Imperio del Brasil y en la complicidad del gobierno argentino de Bartolomé Mitre. Y aunque no se desprende un juicio categórico hacia la figura y la política de Francisco Solano López, tal indefinición:

         "No debe llevarnos hasta cubrir de oprobio a los que se sacrificaron, a los que cayeron, dejando perdurable gloria, en defensa de nuestro país, de nuestro hogar y de nuestra madre, no en defensa del tirano, que no pesaba un adarme en el ánimo de los paraguayos, en la hora trágica de la gran conflagración."

         Para refutar a su experimentado contrincante, O'Leary comenzó por desacreditar, por partes, las fuentes que utilizara y lo acusó de que "sin apoyarse en un solo documento, hace una serie de afirmaciones categóricas con lo que da por probado que el Paraguay -o su gobierno- provocó la guerra, debiendo en consecuencia caer sobre él la responsabilidad de toda la sangre derramada". Parece conveniente, entonces, detenerse en los autores sobre los que sostuvo la tesis opuesta a la de Báez, sobre todo aquellos vinculados con su discurso sobre la guerra, según el cual aquella tuvo sus antecedentes en las maquinaciones y maquiavelismos del general argentino Bartolomé Mitre y del emperador brasileño Pedro II. Una influencia principal provenía de los conceptos desarrollados en el texto LA TIERRA CHARRÚA (1901) que publicara pocos meses antes de la polémica el escritor uruguayo Luis Alberto de Herrera y en el que trazaba, a modo de ensayo, un panorama político del Uruguay desde sus orígenes hasta 1900. En el Capítulo 5, dedicado a analizar el cataclismo bélico, principiaba con un juicio lapidario: "la guerra del Paraguay señala la memoria del crimen internacional más grande que se haya consumado en la América del Sur". Y a continuación Herrera desgranaba la siguiente interpretación sobre los antecedentes y sus consecuencias:

         "La guerra del Paraguay, para nosotros injustificada, en el terreno de la moral y de ley nos deparó verdaderas desgracias a la vez de provocar la ruina de un pueblo amigo, de un pueblo nobilísimo que todavía, después de 30 años, no se ha repuesto del rudo golpe. Fuimos al Paraguay a perderlo todo y a no ganar nada, como lo acreditaron brutalmente los hechos. Desde entonces ha quedado roto el equilibrio político en el Río de la Plata, desde entonces nosotros, diminutos, estamos solos frente a potencias gigantes, desde entonces falta un precioso platillo en la balanza (...) La alianza buscada con el mariscal López no revestía ningún carácter odioso. Ella no iba contra el general Flores, ella se dirigía contra el Brasil, contra el tradicional y común enemigo. Ese contrato de mutua conveniencia tampoco importaba cercenamiento de nuestra autonomía, por el contrario él iba encaminado a fortalecerla."

         O'Leary reprodujo, en el transcurso de la polémica, en varios de sus artículos dedicados a analizar la guerra, fragmentos de ese texto. Por ejemplo, en el número XXVII transcribía:

         "El Brasil monárquico y la República Argentina, que tuvo su Solferino en la batalla de Pavón, se aprestaban para combatir, para aplastar a la nacionalidad paraguaya, agarrándose a ese fin de un pretexto cualquiera que no tardaría en presentarse."

         También en el siguiente, destinado a analizar la misión diplomática del Consejero Saraiva hizo suyos los juicios del escritor uruguayo, al sostener que el representante brasileño no arribó a las playas de Montevideo como nuncio de paz, sino como encargado de buscar una ruptura con el gobierno oriental, para dar pretexto a que entrasen en operaciones contra la débil república, la escuadra y el ejército brasileño y ocuparla militarmente:

         "Desesperante situación, dice Luis de Herrera, la de un gobierno acosado así por un coloso que hacía burla sangrienta de los principios internacionales más rudimentarios, en su deseo, que ya no disimulaba, de llegar a un rompimiento (...) estaba escrito que la Administración uruguaya caería como preámbulo a la guerra a seguirse contra el desdichado Paraguay."

         Estos materiales permiten mostrar que el enfoque de O'Leary sobre la guerra era en cierto modo tributario con el expuesto por Herrera, al privilegiar la explicación de las causas de aquella en las actitudes intervencionistas del gobierno de Mitre y del Imperio brasileño respecto de la guerra civil oriental entre "blancos" y "colorados" y en definitiva a la acción imperialista.

         En los artículos dedicados a estudiar minuciosamente el contenido de la protesta del Paraguay contra el ultimátum imperial y a condenar la política del Imperio del Brasil en el Plata, O'Leary sustentó su discurso en los juicios producidos por Juan Bautista Alberdi en varios de los textos que éste escribiera y divulgara durante la guerra en defensa de la causa paraguaya, aunque resulta curioso, a la vez, que en ninguno de los tramos en los que transcribió fragmentos de tal procedencia hiciera explícito el nombre del autor. Hizo uso, en todos los casos, al comenzar las referencias del argentino, a expresiones como las siguientes: "oíd a un eximio estadista argentino" o bien "como lo ha probado el eminente escritor americano que hemos tenido el honor de dar a conocer por primera vez en el Paraguay" o bien simplemente como el "eminente estadista americano". Por ejemplo, en artículo dedicado a relatar el ultimátum que el Paraguay presentó al Imperio por la invasión al Uruguay, el siguiente texto tomado de LAS DISENSIONES DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA Y LAS MAQUINACIONES DEL BRASIL, publicado en París, en 1865:

         "Montevideo es al Paraguay, por su condición geográfica, lo que el Paraguay es al interior del Brasil, la llave de su comunicación con el mundo exterior. Tan sujetos están los destinos del Paraguay a los de la Banda Oriental que el día que el Brasil llegare a hacerse dueño de este país, el Paraguay podría considerarse como colonia brasileña, aun conservando una independencia nominal (...) El gobierno del Paraguay habría dado prueba de estar ciego si hubiera vacilado en reconocer que la ocupación de la Banda oriental por el Brasil tenía por objeto asegurar las provincias imperiales situadas al norte del Paraguay, así como a esta misma república. Ocupado Montevideo por el Brasil, la República del Paraguay vendría a encontrarse de hecho en medio de los dominios del Imperio. He ahí por qué el Paraguay se ha visto y debido verse amenazado en su propia independencia cuando ha visto amenazada la independencia de la Banda Oriental."

         En otro texto, dedicado a analizar la política del Imperio en el Plata transcribía también largos párrafos de Alberdi para resaltar que aquella obedecía a la necesidad

de contar con tierras habitables porque en su territorio caldeado el Brasil se asfixiaba.

         Hizo suyos también otros planteos de Alberdi: "veamos lo que dice un eminente americano sobre lo del honor argentino, según Mitre, ultrajado por los paraguayos", para refutar, en este caso, el juicio según el cual el ataque de López a Corrientes habría determinado la necesidad, según el presidente argentino, de lavar el honor nacional ultrajado por los paraguayos.

         "Han entendido que la República Argentina quedaba deshonrada para siempre si no dejaba sepultados en el Paraguay veinte mil de sus hombres arrebatados a la industria y sesenta millones de pesos que hubieran bastado para suprimir los Andes ¿para sacar qué? La gloria de haber dejado al Paraguay convertido en un montón de ruinas, la bandera brasileña enseñoreándose en ellas; el Emperador don Pedro II sustituyendo al presidente López en la dominación de esa República y en posesión de un predominio sobre el territorio fluvial argentino, que en doscientos años no hubiera conseguido López ni todo el Paraguay...."

         O'Leary introdujo también en el desarrollo de este tramo de sus argumentaciones en torno a la guerra las de tres escritores brasileños que "han justificado la política internacional del Paraguay" y que atribuían la guerra a la precipitación, a manejos egoístas, a la "ceguera política", a la "falta de elevación mental" a la "vanidad indiscutible" del Emperador. Cita para esto a las obras de Teixeira Méndez, de Alberto Souza y de Raúl Guedes.

         Recién hacia el final, O'Leary hacía un recatado uso de la obra de Blas Garay. En el artículo dedicado a estudiar los hechos que rodearon la declaración de guerra al Brasil citaba textualmente del COMPENDIO DE HISTORIA DEL PARAGUAY:

         "El pueblo, que había recibido con simpatía la intervención de López y su protesta contra el ultimátum Saraiva, recibió con júbilo la noticia de que la guerra estaba declarada de hecho. López marchaba, pues, en este punto, de acuerdo con él y este entusiasmo de los primeros momentos no decayó nunca."

         Parece conveniente hacer notar, luego de los argumentos, un rasgo principal de la polémica: la debilidad heurística. Ni Báez ni O'Leary recogieron en sus argumentaciones, salvo alguna cita, los adelantos historiográficos producidos por Blas Garay ni apelaron a una investigación documental exhaustiva para refutar o demostrar sus aseveraciones. Se remitían, en cambio, a la prueba de autoridad, apoyándose en bibliografía que puede calificarse de ensayística más que de investigación erudita. Esta insuficiencia me lleva a ponderar que ambos se concentraron a lo largo de la disputa en "reinterpretar el pasado" más que en estudiarlo. El interés no estaba principalmente en establecer la verdad de los hechos del pasado -aunque uno y otro reiteren este propósito a lo largo de los polémicos meses-lo que realmente ocurrió; lo que parecía importarles, en el caso de O'Leary sobre todo, era poner a salvo la Nación, ofendida y menospreciada.

 

         LAS CONTRADICCIONES

 

         Además de los contenidos argumentales, una cuestión imbricada en la polémica fue la definición de quienes debían figurar en el panteón de héroes nacionales. A lo largo del intercambio, ni Francisco Solano López surgió como el héroe máximo, ni Carlos Antonio López ni Francia quedaron definitivamente situados en el Olimpo de la Nación. En su lugar, tanto uno como otro se esforzaron por colocar otras figuras. En el caso de Cecilio Báez, los héroes debían ser las "víctimas inmoladas por las tiranías de Francia y los López", sobre todo las de aquellas que cayeron bajo el gobierno Solano López durante la Guerra con la Triple Alianza, como Juliana Ynsfrán, su esposo, el Coronel Martínez o la joven Pancha Garmendia. Para O'Leary, en cambio, debían figurar aquellos militares que durante la guerra dieran pruebas de valor y heroísmo, como el general José Eduvigis Díaz y los generales Patricio Escobar y Bernardino Caballero.

         Los últimos textos de O'Leary en esta "ardiente polémica", como él mismo la calificara, traían a colación una cuestión por demás espinosa y sobre la cual apenas se puede añadir, por el momento, algo que no sean consideraciones frágilmente fundadas. Como la punta de un iceberg surgían las contradicciones discursivas y las mutaciones en las posiciones intelectuales e ideológicas de Cecilio Báez pero también, aunque de forma indirecta, en las de O'Leary. Este último se dedicaba a demostrar el giro discursivo de su experimentado contrincante mediante la reproducción parcial de un conjunto de trabajos de índole histórica que aquel divulgara tiempo antes de la polémica en la prensa asunceña. El primero al que hacía referencia era el titulado POLÍTICA BRASILERA, en el que el abogado había argumentado que el Brasil y Buenos Aires siempre habían mantenido una política de usurpación y absorción respecto del Paraguay y del Uruguay. Luego de exponer los intríngulis diplomáticos paraguayo-brasileños durante el siglo XIX hasta la guerra, Báez concluía que:

         "arruinado y consumadas las usurpaciones, he aquí que argentinos y brasileros pretenden convencernos de que son nuestros amigos, que nos quieren mucho, que nos desean todo bien, etc., etc. Aquellos hechos y estas sangrientas burlas provocan, naturalmente, la indignación y el odio de todo buen paraguayo."

         ¿Cómo compaginar sus ideas de ayer con las de hoy? ¿Cuándo decía la verdad?, preguntaba O'Leary. Otro artículo que transcribía era "El Paraguay en peligro", en el que, en la misma línea discursiva del anterior, Báez sostenía que el verdadero pueblo paraguayo jamás podría estar de parte de la Argentina, "nuestra pérfida enemiga", mientras "conservase en su poder un palmo de los inmensos territorios que nos ha usurpado y que si no usurpó más fue gracias a la oposición del Brasil, nuestro franco enemigo", aunque hubiese sido este último el que "trajo la guerra al Paraguay". Otros trabajos transcriptos: RECTIFICACIÓN HISTÓRICA, GUERRA ADUANERA, EL PARAGUAY Y CHILE, EL PORVENIR DEL PAÍS. LA POLÍTICA DEL RÍO DE LA PLATA, CONSIDERACIONES SOBRE LA POLÍTICA DEL DOCTOR FRANCIA Y EL PARAGUAY Y MITRE, ratificaban, según O'Leary, un mismo discurso histórico: Báez calificaba a la Triple Alianza como "la más infame coalición de que se tenga memoria en los anales del mundo (...) plan de asesinato de un pueblo, bajo el pretexto de liberarle de un tirano", que "la ambición del Brasil y de la República Argentina fue siempre poseer tierras del Paraguay para cosechar los mismos productos que los nuestros, de manera de hacernos ventajosa competencia y reducirnos a triste extremidad" y que los gabinetes de Buenos Aires y de San Cristóbal se entendieron a lo largo de la primera mitad del siglo XIX más de una vez para conquistar el Paraguay y el Uruguay.

         ¿A qué había obedecido este giro historiográfico? El mismo O'Leary había sostenido en el inicio de la polémica:

         "... los viajes, el trato con la gente más civilizada (léase no cretina) el espectáculo de pueblos cultos e instituciones grandiosas, variaron totalmente su personalidad. Después de su primer viaje a Buenos Aires volvió amigo de Mitre y partidario de la Argentina. Después del segundo viaje volvió enemigo del Paraguay, aunque quiera disimularlo."

         La explicación de un giro intelectual tan notable parece demandar, en el presente, un estudio que supere la simplicidad de tal respuesta y que considere las complejidades de un proceso semejante.

         Pero si Báez había argumentado en el pasado que la nacionalidad paraguaya había sido muy combatida desde los albores de su independencia y que a no ser por "la fuerza enérgica de los dos primeros dictadores, no se salvaría tal vez de las asechanzas de sus tradicionales enemigos" para desdecirse luego, en 1902, al sostener que "la guerra se hizo de exterminio para el Paraguay, no solamente por obra de los aliados, sino también por obra del mismo López", la posición intelectual y política de O'Leary también quedaría, a partir de la polémica, en entredicho.

 

         EL RESULTADO

 

         Como ya ha sido expuesto en la primera parte de este libro, el joven O'Leary pasó de estar afiliado al partido Liberal y de condenar a Francisco Solano López por los sufrimientos que había ocasionado a su familia durante la guerra a constituirse en una de las figuras más destacadas del Partido Colorado y a dedicar el resto de su vida a la exaltación del Mariscal.

         Juan O'Leary venció a Cecilio Báez y ambos acabaron enemistados luego de la disputa. No hemos hallado pruebas de que, en adelante, mantuvieran una relación cordial no obstante sus diferencias historiográficas.

         Báez continuó en los años siguientes hasta su muerte, el 18 de junio de 1941, al frente de sus cátedras de Revista de la Historia y de Sociología en la carrera de Derecho de la Universidad Nacional de Asunción, en la que también ejerció el cargo de Rector. Desempeñó, asimismo, importantes funciones oficiales: fue canciller con los presidentes Gaona (1904), Ferreira (1906), Jara (1911) y Paiva (1937), y presidente provisional del Paraguay entre 1905-06, luego que fuera depuesto Juan B. Gaona y, sobre todo, seguiría escribiendo y publicaría más de cincuenta libros, conferencias, artículos, opúsculos.

         El conocimiento de las repercusiones y de las adhesiones cosechadas por el discurso histórico de O'Leary durante la polémica con Báez posibilita profundizar en las razones por las que salió victorioso en esta contienda dialéctica y por las que tuvo una fuerte recepción en amplios sectores de la sociedad paraguaya. Basándonos en una serie de manuscritos recientemente localizados, procuraremos, en el siguiente capítulo, analizar por qué los argumentos de O'Leary se convirtieron en la "causa del pueblo".

 

 

 

CAPÍTULO 3

 

         "Tan sincero y leal amigo, tan ilustre benefactor, tan noble y desinteresado escritor":

Juan E. O'Leary y los mecanismos de exaltación del argentino Juan Bautista Alberdi en Paraguay

 

         En el año 1900 y sin que consten con precisión las circunstancias, Juan O'Leary conoció en Asunción al letrado paraguayo Gregorio Benites. Para el joven escritor constituyó una de las más grandes satisfacciones de su vida. Así lo dejó sintetizado:

         "El anciano llegó al niño y lo estrechó contra su corazón. El niño iniciaba su andar de soñador (...). Los dos eran como el principio y el fin de una trayectoria que venía de muy lejos e iba a proyectarse en el porvenir. El uno era la fe, el otro la esperanza. Sumando los dos una misma ansiedad patriótica. Extraño profesor de Historia para mí. Un actor principal que regresaba de nuestro ayer para re encender las cenizas y dar nueva vida a las cosas fenecidas. El pasado confidente del presente. La historia vibrante en los labios de quien escribió tantas de sus páginas. Y yo, como ante un desfile cinematográfico de sorprendentes acontecimientos. En estas pláticas surgió un día en sus relatos, Alberdi, víctima, como el Paraguay, del odio mitrista."

         A partir de esa fecha y hasta el fallecimiento del diplomático guaireño, acaecido en 1909, ambos cultivaron una amistad fundada en afinidades políticas e intelectuales. Entre estas últimas, los afanes por construir "el edificio de una historia patriótica", como lo definió Benites, ocuparon uno de los contenidos más importantes de ese vínculo. De la índole de éste dan cuenta -pero no solo- la correspondencia que mantuvieron durante esos años y se ha conservado en el archivo personal de O'Leary. Estos materiales, junto a otras fuentes éditas de singular valor permiten mostrar, además del contexto y contenidos de estos lazos amistosos, las difíciles relaciones entre Historia y Política en el Paraguay de comienzos del siglo XX. Y el Epistolario Alberdi-Benites es sin duda una de ellas.

         Entre los empeños intelectuales en que se vieron asociados los amigos resalta el de O'Leary por secundar a Benites en su propósito de dar a conocer la personalidad del argentino Juan Bautista Alberdi y sus escritos a favor del Paraguay durante la guerra; trabajos que no se limitaron a una intervención historiográfica sino, además, en el desarrollo de una serie de impulsos de exaltación de la obra del escritor argentino con el propósito, incluso, de situarlo en el Panteón Nacional del Paraguay.

         En este capítulo se parte del supuesto según el cual en la evolución de esas acciones exaltadoras se produjo un cambio de registro de su memoria y, por consiguiente, de la escritura de esa memoria, es decir, la historiografía. Consistió en que mientras Gregorio Benites, situado como un "historiador testigo", que había conocido y compartido con Alberdi los años de la guerra y presenciado su defensa intelectual del Paraguay sustentará el impulso exaltador en la justicia y la gratitud nacional de la que se hiciera acreedor, el joven O'Leary, en cambio, evolucionará hacia el uso de la figura y la posición del argentino para entretejerlo con su propósito de rehabilitación de Francisco Solano López. Para mostrar esta mudanza comenzaré por una breve referencia sobre la índole de los vínculos de Alberdi con el Paraguay durante la Guerra contra la Triple Alianza y su amistad con Gregorio Benites para analizar, a continuación, los impulsos exaltadores y las polémicas desenvueltas en Asunción en torno a ese tramo de la historia.

 

         LA GUERRA DEL PARAGUAY Y LOS ESCRITOS DE ALBERDI

 

         En el mes de febrero de 1860 Gregorio Benites fue nombrado Secretario de la Legación en Gran Bretaña y Francia, que el gobierno paraguayo acreditó bajo la jefatura de Carlos Calvo. Durante esos años conoció a Juan Bautista Alberdi, quien sería con el tiempo su mentor y más respetado amigo. Éste tenía, por entonces, más de cincuenta años -casi el doble que Benites- y ya había cesado en su cargo de diplomático de máximo representante argentino ante las Cortes de Francia, Inglaterra, España y el Vaticano. Hasta un año antes de su muerte, en 1884, ambos mantuvieron, en circunstancias diversas, una amistad continuada, reforzada por el padrinazgo de Alberdi sobre Susanita, hija de Benites y de su esposa, Susana Aramburú. O'Leary dejó un testimonio del inicio de esta amistad, recogido, según afirmara, de labios del propio Benites. Según éste:

         "...llegó a París en 1860, secretario de nuestra legación, a los veintiséis años. En los círculos intelectuales que frecuentaba no tardó en conocer al gran pensador argentino. Y pronto Alberdi fue el mejor de sus amigos. Su amistad se prolongó hasta la muerte del noble y desinteresado amigo del Paraguay (...) Nadie como Alberdi conoció a Benites."

         Declarada la Guerra a la Triple Alianza, en 1864, el gobierno paraguayo autorizó a Cándido Bareiro, nuevo titular de la representación diplomática en Europa, a efectuar erogaciones destinadas a financiar artículos en la prensa y ediciones de escritos que sustentaran la equidad de la causa del Paraguay y divulgaran una imagen positiva que neutralizara la que los escritores reclutados por los gobiernos aliados pregonaban en las hojas europeas: su "acción civilizadora" en la guerra contra la "barbarie" del Paraguay. La legación procedió, en cumplimiento de esto, a establecer vínculos con representantes de la prensa francesa e inglesa para procurar la inclusión frecuente de artículos y, eventualmente, contrató escritores; tal el caso, por ejemplo, de los servicios abonados al escritor Charles Expilly, propietario del ETHENDART, por su obra LE BRASIL, BUENOS AIRES Y MONTEVIDEO ET LE PARAGUAY DEVANT LA CIVILIZACIÓN. Obtuvo también los servicios del periodista Theodore Mannequin, que publicó INTERESES, PELIGROS Y GARANTÍAS DE LOS ESTADOS DEL PACÍFICO EN LAS REGIONES ORIENTALES DE LA AMÉRICA DEL SUD y financió en parte -puesto que el resto de los fondos necesarios fueron aportados por el mismo autor- la edición, en 1867, de la obra de Benjamín Poucel, LE PARAGUAY MODERNE ET L'INTERÉT GENERAL DU COMERSE FONDÉ SUR LES LOIS DE LA GEOGRÁPHIE ET SUR LES ENSEIGNMENTS DE L'HISTOIRE, DE LA STATISTIQUE ET D'UNE SAINE ÉCONOMIQUE POLITIQUE. Además de la francesa, la legación consiguió, a mediados de 1866, tras varios viajes a Londres y procedimientos complejos y costosos, los servicios de la prensa inglesa. Cándido Bareiro sostuvo en un informe a su gobierno que había logrado "sensibilizar" a aquella, sólo a "costa de sacrificios pecuniarios sensibles en las circunstancias presentes pues había que obsequiar a los hombres que la gobiernan con comidas, cajones de vinos y buenos cigarros".

         En este contexto, la amistad de Benites y Alberdi y la necesidad del Paraguay de divulgar escritos que sustentaran su beligerancia se sumaron al interés de este último por difundir su posición frente a la política de la Triple Alianza y a la cuestión interior argentina. De este modo, en 1865 la representación diplomática paraguaya hizo traducir y editar, con permiso de su autor, la primera edición francesa y dos en español de LES DISENSIONS DES REPUBLIQUES DE LA PLATA ET LAS MACHINATIONS DU BRASIL y dos entregas del texto LOS INTERESES ARGENTINOS EN LA GUERRA DEL PARAGUAY CON EL BRASIL. Al año siguiente sufragó la impresión en español y en francés del folleto LA CRISIS DE 1866 Y LOS EFECTOS DE LA GUERRA DE LOS ALIADOS EN EL ORDEN ECONÓMICO Y POLÍTICO DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA y costeó una tirada del TRATADO DE LA ALIANZA CONTRA EL PARAGUAY FIRMADO EL 1 DE MAYO DE 1865. TEXTO DEL TRATADO Y COMENTARIO CON CARTA.

         Las fuentes disponibles provenientes del archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores de la Argentina, han permitido probar sólo la financiación de estos escritos, si bien, como es conocido, el publicista argentino escribió, en total, entre 1865 y 1869, seis obras principales en las que desplegaba su universo intelectual en torno al acontecimiento bélico: LAS DISENSIONES DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA Y LAS MAQUINACIONES DEL BRASIL, en marzo de 1865; LOS INTERESES ARGENTINOS EN LA GUERRA DEL PARAGUAY CON EL BRASIL, CARTA DIRIGIDA POR J. B. ALBERDI A SUS AMIGOS Y COMPATRIOTAS, julio de 1865; LA CRISIS DE 1866 Y LOS EFECTOS DE LA GUERRA DE LOS ALIADOS EN EL ORDEN ECONÓMICO Y POLÍTICO DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA, febrero de 1866; TRATADO DE LA ALIANZA CONTRA EL PARAGUAY, abril 1866; LAS DOS GUERRAS DEL PLATA Y SU FILIACIÓN EN 1867, en 1867, y EL IMPERIO DEL BRASIL ANTE LAS DEMOCRACIAS DE AMÉRICA, en 1869.

         Si se tuviese que resumir en un par de enunciados el núcleo central de la argumentación diseminada en esos textos, podrían ser los siguientes: en primer término, como Francisco Solano López no representaba ninguna amenaza real para la Argentina, la respuesta desproporcionada de Buenos Aires a sus pretensiones sólo podía ser entendida como una faz de la cuestión interior argentina. Esta era toda la causa y origen de la guerra del Paraguay, que jamás hubiese llegado a existir si Mitre hubiese estado por la unión argentina. Alberdi declaraba que la elite porteña veía a López como un caudillo como todos los demás, y en consecuencia parte del caudillismo argentino. En una palabra, en un momento en que Buenos Aires estaba luchando por librarse de los caudillos del interior, la elite porteña sentía que el único caudillo bueno era el caudillo muerto. De ahí que López, un caudillo popular tenía que ser eliminado y desacreditado, aunque eso significara transformar el Paraguay en un cementerio. En segundo lugar, Alberdi atribuía la guerra a la ambición brasileña, de la que Mitre se había vuelto cómplice. En EL IMPERIO DEL BRASIL ANTE LA AMÉRICA ESCRIBÍA, en esta línea: "El hecho es que todo el fondo de la cuestión que se disfraza con la Guerra del Paraguay se reduce nada menos que a la reconstrucción del Imperio del Brasil"; y en el ensayo LAS DOS GUERRAS DEL PLATA Y SU FILIACION EN 1867:

         "Las manifestaciones de simpatía por el Paraguay durante la guerra no han sido insultos a la República Argentina, sino la protesta dolorosa y oportuna contra una alianza que hacía de los pueblos argentinos los instrumentos del Brasil en ruina de sí mismos: han sido una forma necesaria de oposición, impuesta al patriotismo argentino por la bastarda alianza brasilera. He aquí todo el secreto argentino de mis simpatías por el Paraguay en esta lucha: no significan sino un medio de ayudar al éxito de la causa argentina. Mis escritos desagradan a Buenos Aires, no porque favorecen al Paraguay, sino porque defienden el interés argentino."

         Alberdi tuvo la desgracia de disentir con Mitre y con Sarmiento acerca de la política adecuada a la situación en que quedó el país después de 1852, escenario en el que la guerra del Paraguay y sus consecuencias no fueron una coyuntura menor, lo que nos lleva a afrontar uno de los hechos relacionados con la postura intelectual de Alberdi durante la contienda, cuyas repercusiones fueron sustanciales: la acusación de "traidor a la patria".

 

JUAN BAUTISTA ALBERDI Y EL MARISCAL FRANCISCO SOLANO LÓPEZ

 

         Todo comenzó al finalizar el año 1867 cuando, tras tres años de guerra y fracasadas las negociaciones de paz el año anterior en Yataity Corá, el presidente Francisco S. López ordenó a Cándido Bareiro que regresase a Paraguay y que el secretario de la Legación, Gregorio Benites, quedase como Ministro Plenipotenciario. El nuevo jefe diplomático resolvió, a mediados de 1868, enviar al Paraguay al joven Emilio Gill, estudiante en la Escuela Militar de Saint Cyr, a efectos de informar al Presidente el resultado de las gestiones llevadas a cabo ante los gobiernos de Estados Unidos y Francia para promover su intermediación. Enterado de esta comisión Alberdi envió a Benites una carta -que ha sido transcripta en la reciente publicación JUAN BAUTISTA ALBERDI - GREGORIO BENITES EPISTOLARIO INÉDITO- fechada el 28 de junio de 1868, con la intención de ratificar los conceptos que ya antes había pedido transmitiera a López:

         "Tenga usted la bondad de repetirle lo que cien veces he dicho a usted y al señor Bareiro a este respecto; yo no quiero ni espero del señor Mariscal, ni empleos, ni dineros, ni condecoraciones, ni suscripciones de mis libros. Todo lo que yo quiero me lo ha dado ya en parte: es hacer pedazos con su grande y heroica resistencia, el orden de cosas que formaba la ruina de mi propio país, y para lo venidero, todo lo que quiero de él, es una política tendiente a formar una liga estrecha de mutuo apoyo con el gobierno argentino, que representa la verdadera causa de las provincias, para poner a raya las aspiraciones del Brasil y de Buenos Aires, respecto de los países interiores en que hemos nacido él y yo. "

         Benites agregó esta carta, original, en la valija que Gill debía entregar en Asunción. El enviado paraguayo se puso en marcha hacia América con toda la documentación. Llegó a Arica y prosiguió viaje hacia Santa Cruz (Bolivia), con dirección al río Paraguay pero al hallar bloqueado el paso por las tropas aliadas, comunicó a Benites su intención de trasladarse a la República Argentina, al encuentro de un hermano que residía en Buenos Aires. Ejecutada su intención, pasó a Salta, llevando aún consigo la correspondencia que le fuera entregada en París. En esa ciudad, un enviado del presidente Sarmiento lo escoltó hasta la capital, donde Gill debió entregar la valija a las autoridades. La carta de Alberdi a Benites de fecha 28 de junio quedó en manos de Sarmiento, mientras que el resto de los documentos pasaron al archivo de la cancillería argentina. A comienzos de 1869, la prensa del Río de la Plata comenzó a aludir a la "traición" de un personaje y LA NACIÓN ARGENTINA del 10 de enero publicó una carta de Benites a López, de fecha 25 de junio de 1868 -incluida en la valija diplomática- indicando que dicha misiva había sido capturada por los ejércitos aliados en los Archivos del Mariscal Francisco Solano López con posterioridad a la derrota paraguaya de Lomas Valentinas, en diciembre de 1868.

         Después de la muerte de López en Cerro Corá, el 1 de marzo de 1870, Gregorio Benites, jefe de una Legación de un gobierno que ya no existía, decidió regresar a su país. La correspondencia con Alberdi, que permaneció en Europa, se mantuvo fluida entre ambas orillas del Atlántico hasta que, a mediados del año 1872, el primero regresó al viejo continente en calidad de Ministro Plenipotenciario del Paraguay en Gran Bretaña, Francia, Alemania, Italia y la Santa Sede, con el principal objeto de esclarecer todo lo relativo a la colocación de dos empréstitos de un total de tres millones de libras que habían sido contratados para la reconstrucción de su país, luego de la guerra. Esta misión le valió a Benites críticas, interpelaciones y, finalmente, al regresar a Asunción a dar cuenta de sus gestiones en Europa, el despojo de sus bienes y la cárcel por parte del gobierno paraguayo, que lo acusó de haber desempeñado de modo ilegal y fraudulento su misión financiera.

         Tras quince meses de prisión, en julio de 1875, abandonó su país para trasladarse a vivir a Buenos Aires. En la capital argentina, el ex diplomático buscó sin éxito empleo como periodista o algún puesto público, hasta que decidió, a mediados de la década del 1880-1889, regresar definitivamente a su país. Poco antes de esto, en los primeros días de enero de 1886, Domingo F. Sarmiento escribió una carta al director del periódico de Buenos Aires EL CENSOR, conteniendo los siguientes términos:

         "...sírvase dar lugar preferente en sus columnas a la carta del traidor Juan Bautista Alberdi, cuyo original estará desde la publicación de su diario en la oficina de El Censor para satisfacción de los curiosos."

         A continuación insertaba, como prueba de la traición a la patria, la carta de Alberdi a Benites de fecha 28 de junio de 1868. Dos días después, este último, residente aun en Buenos Aires, se dirigió al director del periódico con la intención de situar la cuestión en sus verdaderos términos. En cuanto a la procedencia sostenía que la misma nunca había llegado al Paraguay y menos a las manos de López, sino que fue tomada en Buenos Aires, por las autoridades argentinas. Y en cuanto a su contenido, Benites afirmaba que:

         "Todo lo que prueba la carta publicada, fuera del noble desinterés de su autor, es que el doctor Alberdi escribió realmente los libros que se le atribuían contra la política de la Triple Alianza, libros que, por otra parte, han circulado en Europa y en América, con el nombre de su autor, doctor Juan Bautista Alberdi [...]. Esa carta formaba parte, como lo dejó dicho, de las correspondencias contenidas en la valija que entregó el joven Gill a las autoridades argentinas y, por lo tanto, pertenece a los archivos públicos de este país. Bien sea que esta carta haya sido sustraída de estos o que se la haya apropiado el funcionario público a quien en tal carácter le fuera entregada."

         El episodio no pasó de este cruce; poco después, como se adelantase, Gregorio Benites regresó a vivir a Paraguay. Pero transcurrido un tiempo, los términos de la relación intelectual de Alberdi con la guerra volvieron a ser discutidos.

        

GREGORIO BENITES, JUAN E. O'LEARY Y LAS CARTAS DE ALBERDI

 

         En el año 1889 se difundió en la prensa de Paraguay la decisión del gobierno argentino de repatriar los restos mortales de Juan Bautista Alberdi, fallecido en París cinco años atrás. Con este motivo Benites encabezó, en Asunción un movimiento de exaltación con el propósito de divulgar el pensamiento y la acción intelectual del que, postulaba, había sido el más "sincero, leal, noble y desinteresado escritor" que durante la Guerra contra la Triple Alianza había sostenido la justicia de la causa paraguaya haciéndose acreedor, incluso, a ocupar un lugar en el Panteón Nacional.

         Tiempo antes de esa iniciativa había divulgado en la revista LA ILUSTRACIÓN PARAGUAYA, una semblanza biográfica destinada a dar a conocer a aquel "cerebro privilegiado" basándose, sobre todo, en el conocimiento que le proporcionara su estrecha amistad. Benites sentía que le incumbía la tarea de trazar los méritos y las virtudes personales que habían "adornado" a Alberdi como ciudadano, como profundo pensador y como estadista:

         "Nos atrevemos a decir que la posteridad nos ha de envidiar el honor que nos cupo de conocerle, de haber cultivado su amistad, por más de 20 años, de haberle admirado y querido de cerca y, sobre todo, de haber tenido la rara suerte de ser apreciado y querido por él. Le hemos conocido y tratado con más intimidad que ningún otro amigo suyo. Sabemos mejor que nadie, cuanto ha sufrido y pensado por su patria, que tanto amaba, y ha sido para él una constante y tierna preocupación. Ha consumido la mejor época de su vida, en aras de esa patria argentina que jamás olvidó un instante."

         Y correspondía, aunque tardíamente, exaltar los servicios que había prestado al país:

         "El noble pueblo paraguayo, de cuya virilidad y patriotismo era un admirador entusiasta y un verdadero amigo, tiene la obligación patriótica de consagrar algún objeto de imperecedero recuerdo a la memoria del ilustre Americano, Doctor Juan Bautista Alberdi."

         El Paraguay, entendía Benites, tenía una deuda de gratitud hacia la Argentina que era preciso saldar, rindiendo homenaje a su memoria; se dirigía, en términos generales, a una comunidad que desconocía la prolongada amistad personal que ambos mantuvieran, las vicisitudes compartidas en Europa durante los años de la guerra y que, sobre todo, ignoraba los escritos que Alberdi había producido a favor del país. Apeló entonces a dos argumentos principales para instalar su propósito: el primero consistió en subrayar el empeño de Alberdi, durante la guerra, por difundir las virtudes del pueblo paraguayo de "heroísmo, constancia y patriotismo" y el segundo la necesidad de reivindicar "el desinterés y la abnegación" con que había abrazado la causa del Paraguay:

         "Me permito preguntar si es posible que ningún paraguayo, verdaderamente patriota, permanezca como indiferente y frío espectador en presencia de los restos venerables del ilustre americano que en vida se constituyó de una manera espontánea y generosa en defensor eficaz de la causa y derechos de la nacionalidad paraguaya."

         Para ese primer homenaje Benites propuso el desarrollo de una serie de actos que "en el futuro cercano podrían ampliarse mediante una campaña que diera a conocer, a través de la prensa y de empresas editoriales, toda la obra escrita de Alberdi respecto al Paraguay". La casi decena de eventos incluían un acto público de homenaje en el que intervendrían reconocidos hombres públicos como Pedro Caballero, Benjamín Aceval, César Gondra y al que concurrirían todos los funcionarios de los poderes públicos, una declaración de día feriado, por parte del Poder Ejecutivo, del día en que se desarrollara dicho acto, ordenándose también que la bandera se mantuviera a media asta en los edificios públicos, la reimpresión de EL IMPERIO DEL BRASIL ANTE LA DEMOCRACIA DE AMÉRICA para ser distribuido en las escuelas públicas del país y el cambio de denominación a la calle ATAJO por la de JUAN BAUTISTA ALBERDI (en la actual ciudad de Asunción la calle se encuentra situada entre las 14 DE MAYO y CHILE). Por impulso de Benites se conformó, además, una Comisión oficial compuesta por el general Bernardino Caballero, Antonio Taboada, y por él mismo, encargada de iniciar una suscripción popular en todo el país para levantar una estatua a Alberdi en el centro de la ciudad.

         Como bien puede deducirse, ese primer impulso exaltador no se trató de una acción popular, sino consciente, liderada por Benites y secundada por un recatado sector de la sociedad paraguaya.

         No se disponen de constancias de la participación que la representación diplomática en Paraguay o la colectividad argentina pudieron haber tenido en el programa, pero a finales del año 1889 el ministro argentino residente en Asunción, Martín García Merou, acabó de redactar un libro titulado ALBERDI. ENSAYO CRÍTICO. En el prefacio advertía que no se trataba de una obra de polémica, sino de comentario y análisis, cuya escritura la había guiado un espíritu de benevolencia y gratitud hacia el biografiado. Así, anticipaba:

         "...el examen de su actitud, durante la guerra del Paraguay, esbozado en este tomo, será completado en el libro que destinaremos al general Mitre, al ocuparnos del papel histórico que le cupo a éste en la campaña de la Triple Alianza."

         En el capítulo XVI, dedicado a afrontar esa cuestión, el escritor ofrecía, para ampliar lo que el biografiado había escrito sobre la guerra y el Paraguay, un testimonio desconocido. La fuente se remontaba a 1865, cuando poco después que se editara LAS DISENSIONES DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA Y LAS MAQUINACIONES DEL BRASIL apareció en París un pequeño volumen titulado LE PARAGUAY, redactado por el escritor Charles Quentin, contratado por la representación del Imperio para defender su política en la prensa europea. Al llegar a sus manos, Alberdi había realizado anotaciones con su letra menuda y jeroglífica en todas sus páginas, procurando resumir lo que consideraba errores capitales de ese escrito, entregándoselo luego a Gregorio Benites. El texto, junto a los apuntes, casi criptográficos, sin destinatario, nunca salieron de esos folios hasta que García Merou lo citara someramente -sólo se limitaba a comentar la primera página- en su obra ¿Cómo llegó a su conocimiento este material? Según él, "la casualidad, ayudada por una atención amistosa" había puesto en sus manos el pequeño volumen. Sobre esta cooperación intelectual se dispone de una carta que García Merou le dirigiera a Benites en momentos en que regresaba a vivir en su país:

         "Sin tener el honor de conocer a usted, la comunidad de un mismo afecto y una misma admiración por el Doctor Don Juan Bautista Alberdi, nos reunió cuando hace cerca de dos años defendí en las columnas del 'Sud-América' la memoria de nuestro eminente estadista, atacada con saña por el Señor Sarmiento. La carta que usted dio a luz en aquel tiempo, con motivo de la polémica sostenida por mí, me hizo desear tener el honor de conocer a usted y tratarlo personalmente. Por desgracia, el ardor de la lucha electoral y el puesto de Secretario del General Roca que ocupaba yo en aquel entonces, absorbiéndome todas mis horas, no me dejaron oportunidad para buscar su relación. Los diarios de esta ciudad, me informan hoy de su llegada. Me apresuro a saludarle y al ponerme a sus órdenes, le pido su valioso concurso para un ensayo crítico sobre el Doctor Alberdi, que tengo en preparación en este momento."

         Pues bien, con posterioridad, ningún otro autor mencionó o amplió las notas intercaladas en el libro de Quentin, no obstante que los ínter textos son más extensos -y más relevantes- que los términos abocetados con los que fueran aludidos por García Merou; de hecho conforman un discurso histórico completo sobre el pasado paraguayo. Por ejemplo, comienza Alberdi por afirmar: que el Paraguay "no es un país de indios, sino de mestizos"; que su realidad histórica es obra de LAS LEYES DE INDIAS; "que por dos siglos hicieron de todo el continente una especie de China, leyes chinas sostenidas por Buenos Aires, que hacían un claustro de una península"; que no fueron los jesuitas los que educaron al Paraguay en el gobierno servil, sino las Leyes de Indias coloniales de los reyes de España; que la independencia de Paraguay fue realizada oficial y militarmente, como en toda Sudamérica; que el aislamiento del Paraguay no había sido la obra de sus gobiernos, sino el resultado de su "resistencia a la política colonial de Buenos Aires y el Brasil, autores únicos del aislamiento que pretendían hipócritamente querer destruir y que en realidad deseaban mantener en su provecho"; que bajo ningún concepto la tiranía de Francia explicaba el Paraguay de la época, "como la tiranía de Rosas no impidió a Buenos Aires decirse liberal y representante de la civilización"; que Carlos Antonio López había sido el "Portales del Paraguay", donde "no faltaron pipiolos propios y suizos o ajenos y voluntarios. López ha hecho todo lo que hace capaz al Paraguay de ocupar la atención general"; y finalmente que Francisco Solano López no era el continuador de Francia y de su padre en el despotismo y el aislamiento, sino que "pelea por derribar las barreras que los monopolistas levantan al Paraguay".

         Es probable que si los términos de esta lectura hubiesen sido divulgados en 1865, hoy contaríamos con algún otro memorable debate retórico, porque la construcción historiográfica de Alberdi se ubicaba en el extremo opuesto a la que prevalecía en esos años en Argentina y a la que se consolidaría inmediatamente después de la guerra: en todos los casos el acontecimiento se explicaba como respuesta a la agresión de López, único responsable, y a sus ambiciones desmedidas de liderar la región; el resultado feliz del enfrentamiento había sido la liberación del pueblo paraguayo del sistema bárbaro impuesto por los gobiernos tiránicos que lo habían mantenido aislado de las naciones civilizadas.

         Ahora bien, por esta razón, el ensayo redactado en el mismo año en que se repatriaban los restos del autor de las Bases y se hacía visible el primer impulso exaltador en Paraguay situaban, a García Merou - aunque no deliberadamente- frente a una cuestión historiográfica crucial: ¿cómo ubicar a Alberdi entre los próceres argentinos? ¿Cómo exaltar su pensamiento y su patriotismo y explicar al mismo tiempo su defensa intelectual de la causa paraguaya? El escritor comenzaba por ubicar a la retórica alberdiana durante la guerra como una segunda época de su campaña a favor de la integridad de la nación argentina y en contra del localismo de Buenos Aires pero acababa su núcleo argumentativo presentando a la defensa del Paraguay como el resultado de una "imaginación sobreexcitada por el ardor de la polémica con Mitre que llevó a Alberdi a un error de percepción sobre lo que realmente era ese país, mostrándolo como sinónimo de libertad fluvial, equilibrio del Plata, civilización y causa de las provincias en contraposición con los intereses de Buenos Aires".

         Y para restablecer ese artificio, procedía a ofrecer, para los lectores, el cuadro verdadero de la Historia del Paraguay: un período de la conquista habitado por una raza nómada, primitiva, con una lengua guaraní limitadísima, no apta para traducir las concepciones del espíritu; el influjo de las misiones jesuíticas como determinante en el carácter nacional del pueblo paraguayo; la Revolución de Mayo llevada desde Buenos Aires, que se estrelló contra el atraso y el aislamiento en que vivía esa provincia bajo el gobierno de Velazco, el surgimiento de la tiranía de Francia como corolario de su situación geográfica, de su sociabilidad mediterránea, de la educación tiránica de los conquistadores y el sometimiento común de la teocracia jesuítica.

         Describía, finalmente, a Francisco Solano López como dominado por la ambición guerrera, con sueños insensatos de un imperium napoleónico y con vértigos delirantes de hegemonía americana. Con este "esclarecedor" discurso concluía que había sido, entonces, la miopía de Alberdi ante la realidad histórica paraguaya lo que lo había conducido a un falso análisis sobre las causas de la guerra, más no un deliberado colaboracionismo:

         "...sólo una ceguedad incurable, por ser voluntaria, puede afirmar que los gobiernos de Paraguay fusilaron, construyeron y artillaron a Humaitá, invirtieron sumas ingentes y se atarearon veinte años para militarizar el país entero, en prevención de las cuestiones promovidas en la República Oriental por don Venancio Flores."

         Esta ceguera parcial que era producto de su alejamiento por tantos años del Río de la Plata, que no le permitía ver la amenaza mayor de aquel poder despótico y formidable, al que, con justicia, se calificaba de "enorme foco reactivo contra la civilización".

         Consta que, independientemente de esta acometida biográfica, Benites había principiado, en los últimos años del siglo, un proyecto editorial consistente en una compilación de escritos de Alberdi sobre el Paraguay, a la que tenía previsto acompañar, para su divulgación, de un perfil biográfico, propósito que lo llevó a tomar contacto en Argentina con el librero Francisco Cruz, editor de los ESCRITOS PÓSTUMOS. Como es conocido, esa empresa editorial había sido iniciada por Manuel Alberdi, hijo de Juan Bautista Alberdi, en 1895. Más, cuando su precario estado de salud le impidió continuarla, la delegó en Cruz, quien después de la muerte de Manuel, en 1900, había comprado el archivo de su padre, a su heredera.

         En esas circunstancias Juan O'Leary conoció y entabló amistad con Benites, una amistad que, como he adelantado más arriba, fue estrechándose con el correr de los años, El joven escritor describió a su amigo como un:

         "...gran señor, con su prestancia de viejo diplomático, cruzó sus calles (de Villarrica) y fue ornato de su culta sociedad. Bello ejemplar de nuestra raza, con su tez sonrosada, su mirada penetrante y sus enérgicos ademanes, era como una evocación constante de su generación. (...) Modesto, pero digno, tenía conciencia de lo que era. No era amargado pero llevaba, en las intimidades de su corazón, el luto de su doliente patriotismo. Y la pesada carga de su patriotismo y la ingratitud, que pagaba con olvido sus sacrificios, no le desvincularon nunca de los arduos problemas del presente. Cronista de la época en que fue actor destacado, en medio de los papeles que pudo salvar a la saña de sus persecutores fueron sus últimos años como una reafirmación a su lealtad a su pasado y a su amor indeclinable a su país."

         Paralelamente a ese encuentro con Benites, en la polémica con Cecilio Báez, O'Leary sustentó parte de sus argumentos en los escritos de Juan Bautista Alberdi. Luego de esto y tras la caída del régimen Colorado ambos fueron desenvolviendo el empeño común por dar a conocer al letrado argentino y a sus escritos a favor del país durante la guerra.

         Así, en los primeros meses de 1905, O'Leary escribió a Benites comunicándole que tenía en preparación un ambicioso proyecto:

         "En estos momentos estoy empeñado en un trabajo que, para Ud., resultará muy simpático: me propongo hacer la historia de todo lo que escribió a favor del Paraguay su grande amigo el Dr. Alberdi (...) Mi idea es atrevida, pero ante todo es patriótica. Nuestra juventud, nuestro pueblo no saben quién fue el Dr. Alberdi. Y es necesario que lo sepan. Uno de los capítulos más importantes de mi futuro trabajo estará destinado a las relaciones de Alberdi con Ud. Para escribir ese capítulo me es indispensable su concurso. Y a usted acudo, mi buen amigo, en demanda de datos. Ruégole me envíe todo lo que pueda, referente a sus relaciones con aquel grande hombre: copia de sus cartas, notas de sus conversaciones, de sus confidencias, detalles de sus intimidades de amigos, todo, en fin, lo que pueda despertar interés y hacer resaltar la eminente figura del gran pensador. Por lo demás, cualquier dato inédito sobre el mismo me sería de gran utilidad."

         La rápida contestación de Benites, felicitándolo, contenía, a su vez, una promesa de incalculable valor:

         "Lo felicito muy de veras por el importante trabajo en que me dice estar Ud. empeñado para hacer conocer la historia de los trabajos de Alberdi a favor del Paraguay. Es muy justo, pues le aseguro que nadie ha servido al Paraguay en su última guerra internacional con más autoridad y más entrega que el gran pensador americano, mi ilustre finado amigo (...) Es preciso haberle conocido y tratado en la intimidad con que nos tratábamos conmigo, para poder apreciar, en la realidad, las simpatías y el interés que le inspiraba la causa del Paraguay. Su interés era noble y generoso. Cuanto más desastrosos eran los reveses militares del Paraguay, mayor fue la decisión de Alberdi en la defensa de la causa de nuestro país. Encontrarse en compañía de Alberdi en aquella coyuntura era para un paraguayo como hallarse en su país, entre sus compatriotas. Nuestra conversación, día y noche, era sobre las cosas de América, especialmente del Río de la Plata y el Paraguay que Ud. habrá leído en sus obras póstumas era el tema permanente y predilecto de nuestras largas y variadas pláticas (...) Con el más vivo placer y la mayor voluntad le voy a proporcionar no sólo los datos que me pide sobre el eminente amigo del Paraguay, sino sobre todo le voy a regalar toda su correspondencia particular que poseo, de puño y letra del finado desde el momento en que tuvo noticia de haber yo recuperado mi libertad del cautiverio en que me tenía el gobierno salvaje de nuestro país en 1874 -1875."

         El 22 de julio de 1905 se produjo el traspaso:

         "Según le he ofrecido, le mando la colección de las cartas confidenciales de mi finado amigo Dr. Alberdi para que V. haga de ellas el uso que juzgue conveniente. Ojalá pudiera V. descifrar correctamente sus jeroglíficos'."

         Al acusar recibo de la encomienda epistolar, O'Leary le escribía que:

         "Lleno de infinito placer saboreé los párrafos llenos de revelaciones históricas de esos valiosos documentos que tuvo Ud. la bondad de poner en mis manos. Mil gracias, mi querido amigo. ¡Feliz de mí si puedo hallarme digno del tesoro que Ud. me ha donado! Tengo esperanzas de que Ud. no se arrepienta de haber sido tan generoso conmigo. Poseedor de datos inéditos, tan interesantes, tengo la seguridad de que mi trabajo sobre el Dr. Alberdi será leído con gusto. Sólo espero de su bondad una última prueba: espero los datos sobre sus relaciones con Alberdi y los que se relacionan con su vida agitada y tormentosa, sean los que fuesen."

         Y Benites:

         "V. debe imaginarse lo que habré pensado antes de destinarle las cartas originales de mi finado eminente amigo Dr. Alberdi, que contienen la expresión espontánea y sincera de sus íntimos sentimientos. A Ud. por méritos reales de buen amigo y de abnegado patriota le he designado para ser el poseedor de esos importantes documentos históricos. Con cuanto placer leía yo y leían todas sus impresiones, no sólo en el Paraguay sino también en el extranjero y especialmente en los países del Plata donde se agita actualmente la idea de levantar una estatua al ilustre americano. Ahora que Ud. me revela su idea de hablar de Alberdi, me permito decirle que la concepción de su proyecto es muy oportuna y patriótica. A los paraguayos nos incumbe la honrosa misión de hacer conocer a nuestros compatriotas quien era Alberdi para el Paraguay. Yo por mi edad avanzada por un lado y por otro por mi insuficiente preparación para emprender tan importante labor, me permito recomendar a su ilustrada competencia la realización de esa obra patriótica. Ocuparse de Alberdi con los documentos originales que Ud. posee será la demostración de su indiscutible valor y de sus elevados méritos. A medida que Ud. lea las cartas de Alberdi se informará del carácter de nuestras relaciones. En ellas está revelado."

         El 29 de agosto de 1905, fecha en la que se conmemoraba el 95° aniversario del nacimiento de Alberdi, O'Leary publicó en LA TARDE una carta abierta a Gregorio Benites para agradecerle públicamente el obsequio a la vez que desgranaba impresiones sobre sus contenidos:

         "Admirable correspondencia en que se refleja, toda entera, la personalidad íntima del genial tucumano. Cada carta ha venido a rebelarme una nueva faceta del prodigioso diamante (...) ¡Cuanto amor por nuestra tierra! ¡Cuánto interés por nuestra suerte! El Paraguay era la obsesión, era la idea fija de aquel hombre que en Ud. encarnaba la personificación, brindándole, en el mundo de la amistad, el cariño y la admiración que brindaba a nuestra patria en el mundo del pensamiento. El sólo hecho de haber sido amigo de Alberdi y haber conseguido su concurso en la defensa del Paraguay, bastaría para hacer destacar triunfante su personalidad sobre la turba anónima de la humana medianía. Al lado del Mariscal López, junto con los más esforzados y heroicos adalides de la gran guerra usted figurará, mi querido amigo, con justo título, en la más brillante página de la historia americana."

         Agregaba en el artículo de prensa que tenía previsto tener lista a finales de ese año una obra en la que diría todo lo que pensaba sobre Alberdi presentando "a nuestros compatriotas, tal como fue, la obra íntegra del gran tucumano que por nosotros murió motejado de traidor y cuya memoria aun hay almas mezquinas que injurian en nuestra patria cuando en la suya los porteños han depuesto todos sus odios para escribir en su monumento este epitafio elocuente: la luz de su pensamiento nos guió a la civilización".

         En la misiva de índole particular que Benites dirigió a O'Leary para agradecerle el contenido de la carta abierta, volvió a subrayar la necesidad de que, entre ambos, consolidasen la corriente intelectual hacia Alberdi y quedaba develada, a su vez, la clave que explicaba la decisión de regalarle la correspondencia:

         "He leído con el más vivo placer su carta abierta publicada en La Tarde el 29 de agosto ppdo. que V. me hizo el honor de dirigirme con motivo del 95 aniversario del nacimiento de mi inolvidable amigo, Dr. Juan Bautista Alberdi, el generoso defensor de la causa del Paraguay en días aciagos. Un millón de gracias, mi querido amigo, por los conceptos galantes con que V. me favorece, al recordar la afectuosa relación de amistad que recíprocamente hemos cultivado por más de 20 años con el eminente pensador americano. Aprovecho gustoso esta oportunidad para expresar a V., que al designarlo como digno destinatario de las cartas íntimas de Alberdi, de muchos años, he querido rendir, de un modo práctico, culto homenaje a las bellas dotes, intelectual y moral, de un joven compatriota, futuro historiador nacional, de brillante porvenir. Según habrá apreciado V. las cartas de Alberdi, ahora de su propiedad, son la biografía intelectual de su ilustre autor. Ellas contienen enseñanzas útiles, de orden público y privado, a la vez que íntimas confidencias de su prodigiosa potencia visiva. (...) Las generaciones paraguayas deben hojear los libros de Alberdi, con respetuosa admiración y eterna gratitud por la justicia que en ellos hace el erudito publicista argentino al derecho del pueblo paraguayo, defendido con heroísmo, contra las huestes invasoras de la triple alianza. Su adhesión a la causa del Paraguay, que le pareció justa, fue inquebrantable hasta la última jornada de Cerro Corá. Los futuros historiadores del Paraguay, desorientados por las opiniones contradictorias, las diatribas acres, las calumnias y ultrajes y las injusticias de los partidos políticos consultarán su libro con provecho y verán en él cual fue la actitud de Alberdi en épocas de disturbios intestinos y de conflictos internacionales en el Río de la Plata en los que fue envuelto artificiosamente el Paraguay."

         Al mismo tiempo que se produjo el traspaso de las cartas, O'Leary protagonizó una polémica mediática con el periodista argentino residente en Asunción, Mariano Olleros. Éste publicó una serie de artículos en el diario EL Cívico en los que pretendía contrarrestar el argumento de O'Leary quien -según postulaba Olleros- subsumía la posición intelectual de Alberdi respecto al Paraguay con una defensa del gobierno de Francisco Solano López y de su decisión de llevar la guerra a la Triple Alianza. Argumentaba, en cambio, que su compatriota no había traicionado a su patria cuando sustentara la justicia de la causa paraguaya, que cuando defendía al Paraguay "no involucraba torpemente en su defensa a los tiranos del Paraguay"; en todo caso no podía haber defendido al Mariscal sino "en cuanto ignoraba que era un tirano abominable".

         "¿Se prostituyó oficiando en los altares del despotismo? ¿Hizo el panegírico de los tiranos sabiendo que hablaba de tiranos? No, no lo defendió a López porque en su convicción los crímenes que se le imputaban a López eran una calumnia fraguada por sus enemigos, de lo cual se deduce que sí le constara lo contrario, su condenación hubiera sido la primera de las condenaciones"; es decir, la causa del Paraguay no era la causa de sus tiranos.

         Por su parte, en tres extensas entregas en LA TARDE tituladas "Alberdi a la luz del legíonarismo", O'Leary se empeñó en probar, contra la argumentación de Olleros, que "Alberdi admiró a López, negó su tiranía y justificó sus crueldades" y que los textos de EL CÍVICO significaban manosear la memoria de Alberdi, lo que equivalía a "manosear los escasos restos de nuestro paraguayismo antiguo".

         "[Alberdi] ha sido elegido como víctima propiciatoria de las ambiciones desmedidas del partidismo interno para decir al Paraguay que ama a Alberdi por haberle defendido: ¡No, pueblo cretino, Alberdi ha errado al defenderte... Alberdi ha defendido a Madame Lynch!"

         EL Cívico llama "tiranófilos" a los que, como nosotros, sin haber defendido nunca ninguna tiranía sostenemos y sostendremos siempre que la Guerra de la Triple Alianza no se trajo contra López sino contra el Paraguay; que aunque se trajera contra el Mariscal se destruyó al Paraguay en el empeño de suprimir a López; y que además el Paraguay es glorioso y su pueblo es valiente y que justamente su gloria y su valentía han alcanzado sus más sublimes alturas en esa guerra que se decía era contra él y hoy todavía se quiere hacer creer, a sangre y fuego.

         Ahora bien, en procura de una mirada poliédrica de este momento de la corriente exaltadora de Alberdi en Paraguay, es necesario referirse al uso que se hizo de su memoria en el particular contexto político en el que O'Leary engarzó la campaña glorificadora con su oposición a los gobiernos liberales cuyos integrantes le merecieron los calificativos de "legionarios y antilopiztas". Así, por ejemplo, O'Leary definió la asunción a la presidencia de Cecilio Báez, en diciembre de 1905, como un "suicidio político" y en un artículo titulado "Juicios Desinteresados", que publicó en LA TARDE, justificó la lapidaria definición en un tejido discursivo de contenido histórico:

         "Todo el mundo conoce las inconsecuencias como hombre de letras del doctor Báez, sus escasos escrúpulos como polemista, su extraviado y siempre mudable criterio como historiador. Después de treinta años de haber abandonado definitivamente el pecho materno, en las puertas del doctorado y después del doctorado, sostuvo la tesis de que el Dr. Francia fue un benefactor de la patria, López I un gran patriota y López II la encarnación de la más santa de las causas frente a un triple enemigo tan cruel como ambicioso. La mitad de su vida se pasó escribiendo sobre esos temas, flagelando implacable a la Argentina y al Brasil sin cansarse de decir con Alberdi - su juicio entonces- que en la guerra el Paraguay representó la civilización y la libertad y los aliados la barbarie y la opresión. Las cuestiones sobre que escribía no eran aquellas sobre las cuales se puede cambiar de opinión, por tratarse de hechos recientes y bien conocidos. Podría cambiarse de criterio en cuanto a ligeros matices pero nunca en la referencia a los hechos fundamentales. Pues bien, el doctor Báez, el hombre de letras, un buen día se desdijo de todo cuanto dijo, afirmando que las glorias nacionales no eran glorias; que las grandes heroicas batallas de nuestra guerra eran las batallas sin gloria de la tiranía, que el pueblo paraguayo era y había sido un pueblo cretino, semejante a esos seres sin voluntad ni discernimiento, afrenta de la humanidad (...) En fin, el Dr. Báez, que en estos últimos tiempos, entregado por entero al culto del risueño dios de los pámpanos, no ha hecho otra cosa que desbarrar como un desequilibrado, como sucedió en la última fiesta de la legación brasileña, mereciendo las censuras de la prensa y en particular de LOS SUCESOS es el único hombre que puede salvarnos, la encarnación de las aspiraciones populares, según el mismo diario."

         El ascenso del Partido Liberal al poder situó, entonces, a la campaña de O'Leary a favor de Alberdi en una posición intelectual de militancia contra lo que calificaba como el legionarismo en el Gobierno. Esta se afirmó, sobre todo, durante la presidencia de Benigno Ferreira, que había integrado el ejército aliado durante la guerra. Es indicativo, por ejemplo, los adjetivos que en el intercambio epistolar con Benites utilizaba para referirse a los liberales: los llamaba "exóticos", es decir, extranjeros, defensores de intereses foráneos; también los definía como "encarnación de las ideas desbaratadas y enterradas en Tacuary", asociándolo al sector de los paraguayos llamados porteñistas que en 1811 postularon la unión con Buenos Aires.

         El mismo proyecto biográfico se hallaba imbricado en la situación política:

         "Con el trabajo que tengo en preparación se habrá iniciado una gran corriente intelectual hacia el Dr. Alberdi. Yo creo que no está lejano el día de la apoteosis nacional de aquel nuestro grande amigo. La revolución al llevar al poder a los que fueron legionarios ha de producir la reacción inevitable contra los principios que estos encarnan. Es un hecho, por tal ¡todo es cuestión de esperar!."

         Junto al uso político de la acción exaltadora, hay otro aspecto vinculado a la situación de Gregorio Benites en el espacio público paraguayo que no puede dejarse pasar por alto. Los entresijos de su trabajo en el sentido de dar a conocer a la persona y los escritos de su amigo argentino parecían constituirse en una tarea por la reivindicación de sus propios servicios que sólo exiguamente le habían sido reconocidos en el país. No se disponen de testimonios irrefutables, ni siquiera explícitos de esta intencionalidad, pero una serie de circunstancias vienen en ayuda de esta conjetura: el conflicto que mantuvo con el senador Teodosio González, a raíz del rechazo, por parte del Congreso, a una petición de financiación para la publicación de sus textos de historia, la denegación por parte del Estado a otorgarle una jubilación y las gestiones, obligado por la estrechez económica creciente en los últimos años de su vida, encaminadas a enajenar parte de su archivo personal a la Biblioteca Nacional de Paraguay y a diligenciar acciones judiciales contra José Segundo Decoud por supuesta posesión fraudulenta de manuscritos provenientes de su acervo particular, a fin de obtener algún resarcimiento económico.

         En el mes de agosto de 1904 Gregorio Benites presentó al Congreso una petición de fondos de 10.000 pesos para la publicación de la HISTORIA DE LOS EMPRÉSTITOS, dos gruesos volúmenes en los que se proponía recoger la historia documentada de los antecedentes de las negociaciones de los años 1871 y 1872 y de su misión fiscalizadora en Londres en 1873 con el objeto de esclarecer los hechos en torno a aquella operación financiera. El senador Teodosio González, en la sesión del 26 de abril de 1905, fue el encargado de fundamentar el rechazo a la petición, argumentando que la publicación sólo tenía como objeto el beneficio personal de Benites, quien la utilizaría para su defensa frente a las acusaciones que, después de treinta años, aún pesaban sobre su desempeño:

         "... Entiendo que si el señor Benites tiene efectivamente idea de escribir esta obra, sería en beneficio exclusivo de él, porque sería su defensa, pues hasta ahora subsiste la acusación, subsiste la ley que le ha condenado y subsiste el concepto público, que es el peor. (...) Dudo, pues, mucho, de la idea de escribir tal historia, ni creo en la existencia de tales documentos y quiero poner al gobierno al amparo de cualquier chasco que pudiese resultar de esto."

         Benites preparó una carta abierta que fue publicada en el diario La Tarde en la que refutaba las acusaciones de González:

         "Si me he permitido solicitar al Congreso esos recursos es porque carezco de los elementos necesarios para imprimir mis manuscritos. Mis compatriotas saben que así como soy el más viejo servidor de la Nación, soy quizás también el más pobre. Jamás he traficado con los puestos públicos de mi país, que he desempeñado desde joven, para labrar fortuna propia."

         A O'Leary le exponía, con más detalle el objetivo de su solicitud económica:

         "Yo creo, y he creído siempre, que el pueblo paraguayo, endeudado, debe conocer quiénes fueron los que han intervenido en la negociación, de su deuda internacional, que pesa sobre él, en qué condiciones fue contratada, y con qué resultado; pero el honorable miembro informante de la Comisión de Legislación del Senado, Dr. González, es de opinión distinta. Es su derecho; como lo fue también al dictaminar en el proyecto de ley, sobre los premios a los que escribieron la mejor historia nacional del Paraguay. El ilustre criminalista ha afirmado que el proyecto de ley en referencia era extemporáneo y perjudicial a los intereses del Estado. Tableau!."

         De esta circunstancia surge que Benites y su actuación pública pasada, seguían siendo cuestionados haciéndolo objeto, aún muchos años después, de un trato injusto. En esta línea se vincula, también, el tema de la jubilación. En efecto, aquel había iniciado, luego de alejarse de sus cargos en el Superior Tribunal de Justicia y en el Senado, un expediente para obtener ese beneficio por parte del Estado, más el asunto parecía haber quedado encarpetado:

         "Negar la jubilación a Benites (escribía éste a O'Leary) significa, de algún modo, desconocer la 'consagración' suya al servicio de su país. Un señor José Antonio Ortiz, que desempeñaba la Fiscalía general del Estado ha dicho, por obediencia o por estupidez, en su dictamen, que 'el señor Benites no puede jubilarse'. Es el caso de preguntar a ese caballerito, Dr. en jurisprudencia y Ciencias Sociales, graduado en la universidad porteña, si sabe que existe en el Paraguay y fuera de él un solo paraguayo que haya servido al país por más largos años, en puestos más elevados y con más lealtad que el suscrito."

         Esta estrechez económica agudizó en Benites la percepción de que sus "servicios y su patriotismo" no acababan de ser reconocidos, algo así como lo que le ocurriera a Alberdi en su propio país. Apeló, en tal circunstancia, a dos recursos para paliar la pobreza. El primero consistió en ofrecer en enajenación a la Biblioteca Nacional, a través de su director, Juan Silvano Godoi, unos materiales procedentes de su archivo privado:

         "Tengo seis gruesos volúmenes de recortes impresos, coleccionados por mí, durante la guerra, de los diarios de América y Europa, por y contra. Contienen artículos de diarios, correspondencias de los ejércitos beligerantes, partes oficiales, proclamas, notas oficiales, cartas particulares de distintos personajes civiles y militares, grabados, etc. En fin, numerosos materiales para confeccionar la historia de la guerra del Paraguay."

         Le envió a O'Leary uno de los volúmenes para que pudiera ponderar su importancia. Argumentaba que sería un "acto de patriotismo" el que se quedaran esos impresos en el país pero que, debido a su situación, si ello no ocurría, estaba dispuesto a venderlos en Buenos Aires:

         "Sírvase V. decir al amigo Don Silvano [Godoi] que practicaría un acto de verdadero patriotismo si adquiriese mi colección de recortes históricos para la institución de su competente administración. Le diré que no he dejado de pensar en ofrecer de regalo a la Biblioteca Nacional mis seis volúmenes de documentos históricos, pero las necesidades personales que tienen cara de hereje me han disuadido de mis propósitos. Por eso he resuelto enajenarlos, de preferencia en el país, si es posible. Sólo en caso extremo los mandaré al exterior, como me los pide un amigo que los ha visto."

         No constan las razones por las que la operación con la Biblioteca Nacional no se llevó a cabo, quedando ese material en su archivo. Fracasado este medio para hacer frente a su penuria, Benites retomó las acciones judiciales contra José Segundo Decoud por posesión fraudulenta de parte de sus papeles privados. El origen de esta demanda se remontaba al año 1874 cuando, como apuntáramos, de regreso a su país luego de su misión diplomática en Londres, fue acusado de mal desempeño de sus funciones, puesto en la cárcel y saqueada su casa. Entre lo robado habría estado un caudal no determinado de cartas de Alberdi correspondientes a los años 1862 a 1869. Cuando preparaba el traspaso de las misivas a O'Leary, en 1905, al explicarle las causas que lo habían privado de la posesión completa de aquella voluminosa e importantísima correspondencia sostenía que:

         "Ese soí disant gobierno era la hechura grotesca de los agentes diplomáticos y militares de los países vencedores y como tal obedecía las órdenes de estos. Y como a mí me cupiera el honor de defender en el exterior, durante cinco años, la causa del Paraguay en su guerra contra tres naciones poderosas era lo que por disposición de estos me aplicasen la pena correspondiente al más famoso criminal de lesa patria. La voluminosa correspondencia epistolar de Alberdi de cinco años que tenía fue saqueada de mi casa con todos mis papeles, libros, muebles, etc., por los inquisidores del año 1874. No sé donde, en qué poder se encontrará esa correspondencia importantísima."

         Pero hacia finales del año 1905 consta que acusaba ya a José Segundo Decoud -quien era uno de los intelectuales más prestigiosos del país- por haber comprado parte del archivo que le fuera saqueado en 1874:

         "Tengo documentos y testimonios personales sobre esa posesión fraudulenta, criminal. Ese caballero es temerario en regalar mis papeles personales que tiene en su poder, mal habidos. Dígame V. ¿en qué forma debemos empezar la gestión con ese señor? Este no podrá negar, sin incurrir en mala fe, que posee mis papeles privados ¿Le puede V. hablar sobre el particular? Según lo que le conteste V. le puede anunciar que la gestión se practicará en otra forma. Que al efecto mandaré poder legal. Entonces  arderá Troya! Decoud tiene más de 500 cartas de Alberdi y la correspondencia confidencial del mariscal López que me pertenecen. Aquellas desde 1862 a 1878 y la última desde 1860 a 1869."

         A lo largo de todas estas circunstancias parece quedar asociada su situación "injusta" con la sufrida por Alberdi:

         "En fin, mi querido amigo -escribía a O'Leary- éste, su anciano amigo, pertenece a la escuela de aquellos viejos patricios que anteponían siempre la dignidad nacional y los intereses de la Patria, a cualquiera consideración de carácter particular, o complacencias de efectos contraproducentes."

 

LA REHABILITACIÓN DEL MARISCAL Y ALBERDI

 

         Benites falleció el 31 de diciembre de 1909 sin obtener el resarcimiento económico ni moral por los que bregó en los últimos años de su vida; el joven O'Leary se constituyó en el depositario de todo su archivo privado. Al año siguiente, con motivo de conmemorarse el Centenario del nacimiento quedó inaugurada una estatua de Alberdi en el centro de Asunción. También, EL DIARIO editó, por primera vez en Paraguay, EL IMPERIO DEL BRASIL ANTE LA DEMOCRACIA DE AMÉRICA cumpliéndose así los objetivos propuestos por en el programa de 1889. Los editores de esta primera entrega ofrecida desde Paraguay expresaban que "es la ignorancia respecto a nuestro pasado" el motivo principal de la publicación, puesto que ya no era posible que hubiese:

         "...dos opiniones diferentes sobre las verdaderas causas del drama -la voracidad del Imperio brasileño entre otras- es inadmisible que continuemos haciendo coro a las imposturas de nuestros victimarios. Y a fin de difundir la luz y demostrar que fuimos víctimas inocentes de una vasta confabulación hemos resuelto reproducir las páginas de nuestro insigne defensor Alberdi."

         Por su parte, el diario EL NACIONAL dedicó un número especial a Alberdi, el 29 de agosto de 1910, en el que los más destacados intelectuales paraguayos de esos años -Manuel Domínguez, Fulgencio Moreno, Carlos Isasi- escribieron semblanzas sobre el argentino y su contribución a la causa de Paraguay durante la guerra.

         Bajo el liderazgo de O'Leary en la escritura de la historia, la memoria de Alberdi, continuamente reconstruida y reescrita, quedó subordinada a un discurso histórico, en el que el polígrafo argentino fue situado como el "más sincero y leal amigo, ilustre benefactor y nobilísimo defensor de la nación paraguaya". Pero, a diferencia de Benites, sujetó tal reconocimiento a la rehabilitación de Francisco Solano López.

 

 

 

FUENTES CONSULTADAS

INÉDITAS:

- REPÚBLICA ARGENTINA, ARCHIVO DEL MINISTERIO DE RELACIONES EXTERIORES, CULTO Y COMERCIO INTERNACIONAL- Serie Guerra de la Triple Alianza

- REPÚBLICA DE PARAGUAY, BIBLIOTECA NACIONAL - Asunción, Colección Juan E Oleary:

- Fondo Gregorio Benites.

- Correspondencia pública y privada: 1898 -1912.

- Diario Personal.

 

BIBLIOGRÁFICAS:

ÁLBUM GRÁFICO DE LA REPÚBLICA DEL PARAGUAY. 100 AÑOS DE VIDA INDEPENDIENTE 1811-1911. 1912. Buenos Aires, Compañía de Fósforos.

Amaral, Raúl. 2006. EL NOVECENTISMO PARAGUAYO. HOMBRES E IDEAS DE UNA GENERACIÓN FUNDAMENTAL DEL PARAGUAY, Asunción, Servilibro.

Amaral, Raúl. 1984. ESCRITOS PARAGUAYOS, Asunción, Mediterráneo.

Amaral, Raúl. 1962. JUAN E. O'LEARY EL POETA, Asunción, Cuadernos Republicanos.

Benítez, Justo Pastor. 1959. EL SOLAR GUARANÍ. PANORAMA DE LA CULTURA PARAGUAYA EN EL SIGLO XX, Asunción-Buenos Aires, Nizza.

Benítez, Justo Pastor. 1957. FORMACIÓN SOCIAL DEL PUEBLO PARAGUAYO, Buenos Aires.

Brezzo, Liliana M. 2010. PARAGUAY 1900-1930, Asunción, El Lector.

Capdevila, Luc. 2010. UNA GUERRA TOTAL: PARAGUAY 1864-1870. ENSAYO DE HISTORIA DEL TIEMPO PRESENTE, Asunción, Centra de Estudios Antropológicos de la Universidad Católica.

Centurión, Carlos  R. 1961. HISTORIA DE LAS LETRAS PARAGUAYAS, Asunción.

Ritter, Rodolfo. 1916. "EL MOVIMIENTO INTELECTUAL EN EL PARAGUAY". En EL ECONOMISTA PARAGUAYO, Asunción, 22 de enero, N° 2.     .

Duarte de Vargas, Alberto. 2001. "Don Pascual de Urdapilleta: arquitecto y constructor de la Catedral de Asunción". En REVISTA CONTRIBUCIONES DESDE COATEPEC, Coatepec, México, N° 1.

González, Natalicio. 1988. LETRAS PARAGUAYAS. EDICIÓN DE HOMENAJE, Asunción, editorial cuadernos republicanos.

French, Jennifer. 2010. "EL PESO DE TANTA PENA": LA GUERRA DE LA TRIPLE ALIANZA COMO TRAUMA INTERGENERACIONAL. Williams College (inédito).

JUAN BAUTISTA ALBERDI- GREGORIO BENITES. EPISTOLARIO INÉDITO (1864-1883). 2006-2007. Edición crítica de Élida Lois y Lucila Pagliai. Estudios históricos de Liliana M. Brezzo y Ricardo Scavone Yegros, Asunción, FONDEC.

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Rodríguez Alcalá, Hugo y Pardo Carugati, Dirma. 2000. HISTORIA DE LA LITERATURA PARAGUAYA, Asunción, El Lector.

Rodríguez Alcalá, Guido. 1987. IDEOLOGÍA AUTORITARIA. Asunción, R.P.

Scavone Yegros, Ricardo y Scavone Yegros, Sebastián (Comp.). 2008. JUAN E. O'LEARY. RECUERDOS DE GLORIA, Asunción, Servilibro.

Scavone Yegros, Ricardo (Comp.), Brezzo, Liliana M. (estudio preliminar) 2008. POLÉMICA SOBRE LA HISTORIA DEL PARAGUAY, Asunción, Tiempo de Historia.

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Velázquez, Rafael Eladio. 1999. BREVE HISTORIA DE LA CULTURA EN EL PARAGUAY, Asunción, U.C.

Warren, Harris Gaylord. 2010. LA RECONSTRUCCI6N DEL PARAGUAY, 1878-1904, Asunción, Intercontinental.

 

 

BIBLIOGRAFÍA RESUMIDA DE JUAN E. OLEARY

Para el lector que desee conocer con mayor profundidad los textos de Juan E. O'Leary ofrecemos a continuación una enumeración cronológica (año de primera edición) que puede facilitar la consulta. Ha sido elaborada sobre la base de un listado preparado por Raúl Amaral:

1911. Historia General de la Guerra de la Triple Alianza. En ÁLBUM GRÁFICO DE LA REPÚBLICA DEL PARAGUAY, Buenos Aires.

1918. A LA MEMORIA DE MI HIJA ROSITA (con ilustraciones de Andrés Campos Cervera) Barcelona.

1919. NUESTRA EPOPEYA. Con un juicio de José Enrique Rodó. Asunción, Biblioteca Paraguaya del Centro de Estudiantes de Derecho.

1920. EL MARISCAL SOLANO LÓPEZ. Primera edición. En CENTENARIO DE CERRO CORÁ, Asunción, Talleres Gráficos de La Prensa.

1922. EL LIBRO DE LOS HÉROES. PÁGINAS HISTÓRICAS DE LA GUERRA DEL PARAGUAY. Con prólogo de Luis Alberto de Herrera, Asunción, Librería La Mundial.

1924. EL PARAGUAY EN LA UNIFICACIÓN ARGENTINA, Asunción, Librería La Mundial.

1925. EL MARISCAL SOLANO LÓPEZ (2da edición ampliada). Prólogo de Rufino Blanco Fombona, Madrid, Imprenta de Félix Moliner.

1929. EL CENTAURO DE YBYCUI. VIDA HEROICA DEL GENERAL BERNARDINO CABALLERO EN LA GUERRA DEL PARAGUAY. Prólogo de Carlos Pereyra, París, Le livre libre.

1930. LOS LEGIONARIOS, Asunción, Editorial de Indias. APOSTOLADO PATRIÓTICO, Prologo de Arsenio López Decoud, Asunción.

EL HÉROE DEL PARAGUAY. EN EL IX ANIVERSARIO DE SU GLORIOSA MUERTE, Montevideo, Talleres Gráficos Prometeo.

1944. LA ALIANZA CON CORRIENTES. APARICIÓN DE SOLANO LÓPEZ EN EL ESCENARIO DEL RÍO DE LA PLATA, Asunción, Biblioteca de las Fuerzas Armadas de la Nación.

 

FOLLETOS:

1904. 24 DE MAYO, TUYUTY, ESTERO BELLACO. Prólogo de Ignacio Pane, Asunción, Imprenta La Tarde.

1916. LOMAS VALENTINAS. Conferencia dada en Villeta el 25 de diciembre de 1915, Asunción.

1916. PÁGINAS DE HISTORIA, Asunción, Zamphirópolos y Cía.

1939. BERNARDINO CABALLERO. APOTEOSIS NACIONAL EN EL CENTENARIO DE SU NACIMIENTO, Asunción.

1953. ILDEFONSO A. BERMEJO, FALSARIO, IMPOSTOR Y PLAGIARIO (mayo de 1931), Asunción, Biblioteca de las Fuerzas Armadas de la Nación.

1954. CONFRATERNIDAD PARAGUAYO ARGENTINA. PALABRAS DE SINCERIDAD QUE ACLARAN EL PASADO Y EL PRESENTE, Asunción.

1957. HOMENAJE DEL PARAGUAY AL LIBERTADOR DE AMÉRICA, Asunción.

 

TRADUCCIONES:

1902. Casabianca, M; EL BUEN ALUMNO. Edición bilingüe, Asunción, 62 páginas.

 

 

LA AUTORA

Liliana M. Brezzo se graduó de Licenciada y Doctora en Historia en la Pontificia Universidad Católica Argentina. Su tesis doctoral LAS RELACIONES ENTRE LA CONFEDERACIÓN Y EL PARAGUAY 1852-1862 recibió la mención honorífica a las obras inéditas de la Academia Nacional de la Historia de la República Argentina. Entre 1989 y 1994 se desempeñó como profesora de Introducción a la Historia y de Historia de América II en la carrera de Historia de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales del Rosario (PUCA). Entre los años 1996 y el 2000, estancias posdoctorales en la Universidad de Navarra (España), facilitaron su especialización en Historiografía Contemporánea. En la actualidad es investigadora científica del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de la República Argentina en la Unidad Ejecutora Instituto de Investigaciones Históricas, Económicas, Sociales e Internacionales (IDEHESI- Nodo Instituto de Historia). Forma parte del Consejo Directivo de dicha Unidad Ejecutora. Sus líneas principales de trabajo son: el análisis del proceso histórico de las relaciones entre Argentina y Paraguay durante los siglos XIX y XX, los vínculos intelectuales entre historiadores paraguayos y argentinos, y los estudios sobre Historia de la Historiografía. Mediante procesos selectivos, sus proyectos de investigación han recibido subsidios, entre otros organismos, del Fondo para la Investigación Científica y Tecnológica (FONCyT, Argentina), de Proyectos de Estímulo a la Investigación (PEI) y Proyectos de Investigación Plurianuales (PIP) del CONICET, del Fondo Nacional de la Cultura y las Artes de la República de Paraguay (FONDEC), del Consorzio Interuniversitario Italiano per 1'Argentina (CUIA, Italia) y de la Dirección General de Investigación Científica y Tecnológica (DGICT), Universidad Nacional de Asunción.

Los resultados de sus investigaciones los ha recogido en obras individuales, en coautoría y colectivas. Entre las recientes figuran: HISTORIAS EN CIUDADES PUERTO (2009), PARAGUAY. EL NACIONALISMO Y LA GUERRA (2009), POLÉMICA SOBRE LA HISTORIA DEL PARAGUAY (2008), JUAN BAUTISTA ALBERDI - GREGORIO BENITES. EPISTOLARIO INÉDITO (1864-1883) TRES TOMOS (2006-2007), AISLAMIENTO, NACIÓN E HISTORIA. ARGENTINA Y PARAGUAY. SIGLOS XVIII-XX (2005), LA ARGENTINA Y EL PARAGUAY: DE LA GUERRA A LA INTEGRACIÓN (1999).

En el ámbito de la docencia universitaria, es profesora de la asignatura Metodología de la Investigación I en la Escuela de Educación de la Universidad Austral (República Argentina) y en el nivel de posgrado es responsable del Seminario Historiografía Social y Cultural en la región del Plata de la Maestría en Historia de dicho centro de estudios.

 

 ARTÍCULOS PUBLICADOS EN ABC COLOR SOBRE EL LIBRO:

 

 

JUAN E. O’LEARY, UN INTELECTUAL DE GRAN INFLUENCIA EN EL PAÍS

“Juan Emiliano O’Leary: El Paraguay convertido en acero de pluma”, de la Dra. Liliana M. Brezzo, es el libro que preparan los responsables de la colección Protagonistas de la Historia, publicada por la editorial El Lector, para el domingo próximo.   

La obra aparecerá con el ejemplar de ABC Color y refleja la vida y la obra de un intelectual que marcó su influencia en el Paraguay del siglo pasado con su impronta nacionalista, reflejada sobre todo en la reivindicación de la memoria del mariscal Francisco Solano López y de los héroes de la Guerra contra la Triple Alianza.   

Según indica en el prólogo del libro el Dr. Herib Caballero Campos, O’Leary está vinculado en el Paraguay a la reivindicación de la figura de López desde la célebre polémica mantenida con su maestro Cecilio Báez.   

O’Leary fue considerado el cantor de las glorias nacionales, y en algún sentido fue el creador de la corriente denominada “lopismo”.   

El trabajo de la Dra. Liliana Brezzo –señala Caballero Campos– “nos acerca por sobre todo a los años de juventud de O’Leary en la primera parte de la obra, destacándose el análisis de la influencia de las vivencias de la madre de Juan Emiliano durante la Guerra contra la Triple Alianza (1864-1870).   

No deja de referirse la autora a la relación de Juan con su padre de origen irlandés, Juan O’Leary”.   

La primera parte del libro concluye con el estudio detallado y documentado del giro político de Juan Emiliano O’Leary, quien abandona al Partido Liberal para afiliarse al Partido Nacional Republicano o Colorado.   

Asimismo, la Dra. Brezzo, en su libro, detalla el origen de la posición histórica de su biografiado con respecto a los sucesos de la terrible guerra.

Una polémica

La segunda parte del texto se inicia con la detallada enumeración de los principales hechos de la polémica entre O’Leary y Cecilio Báez, para luego detenerse en el pompeyismo; es decir, en los partidarios de O’Leary, quien utilizó en la polémica el seudónimo de Pompeyo González.   

Por último, el libro concluye con un capítulo sobre la relación de Juan Emiliano O’Leary, Gregorio Benítez y Juan Bautista Alberdi, el prócer argentino que fue tenaz opositor a la guerra contra el Paraguay.

20 de Julio de 2011

Fuente digital: www.abc.com.py

 

 

EL LIBRO SOBRE O’LEARY ES UN EXCEPCIONAL RETRATO

La biografía de Juan E. O’Leary, escrita por la doctora Liliana Brezzo y que aparecerá el domingo próximo con el ejemplar de ABC Color, constituye un excepcional retrato de la situación política del Paraguay en los primeros años del siglo XX, cuando transcurre la juventud del protagonista del relato.

Este volumen, titulado “Juan Emiliano O’Leary: el Paraguay convertido en acero de pluma”, constituye el número 21 de la Colección Protagonistas del Paraguay, publicado por la Editorial El Lector semanalmente los días domingo.   

Basada en una profusa documentación inteligentemente utilizada, Liliana Brezzo, historiadora argentina conocedora del pasado de nuestro país, se va adentrando en la vida de O’Leary, en su juventud que transcurre en un tiempo apasionante: los albores del siglo XX. Brezzo describe, sobre la base del testimonio dejado por el propio protagonista, los cambios operados en O’Leary desde sus divergencias con Francisco Solano López hasta convertirse en su panegirista, y desde su estado de partidario liberal hasta su “conversión” al coloradismo.   

El año de 1902 fue trascendente para O’Leary: se casó y comenzó a publicar en el diario La Patria una serie de 26 artículos con el título general de Recuerdos de Gloria.   

Según Brezzo, estos fueron, propiamente, sus primeros escritos de índole histórica y tenían el propósito, en sus palabras, “de exaltar el heroísmo del pueblo vencido en una lucha desigual” y “exponer a las nuevas generaciones las hazañas de los héroes de la Guerra del Paraguay contra la Triple Alianza”.   

En el segundo semestre de 1902, O’Leary protagonizó con el prestigioso abogado Cecilio Báez la tremenda polémica sobre la Historia del Paraguay, que significó un fuerte espaldarazo para su actuación político-intelectual.   

En 1904, aún siendo liberal, O’Leary no se sumó a la revolución llevada a cabo por su partido que terminó por tomar el poder de manos del vencido coloradismo. Por ello, en la nueva situación le dieron una sola cátedra en el Colegio Nacional y finalizaron sus colaboraciones con La Prensa.   

Para paliar su mala situación económica, a comienzos de 1906 se fue a vivir con su familia a San Lorenzo, donde se quedó más de un año y trabó vínculos con Viriato Díaz Pérez, Hérib Campos Cervera (padre), el general Bernardino Caballero y Gregorio Benites.   

Pero, sobre todo –señala Liliana Brezzo en su libro–, “es en ese tiempo cuando sienta las bases de las que serían –según entiendo– algunas de sus concepciones historiográficas centrales”.   

22 de Julio de 2011

Fuente digital : www.abc.com.py

 

 

BIOGRAFÍA SOBRE EL HISTORIADOR NACIONALISTA MÁS PARADIGMÁTICO

Conocido como “el vocero del lopizmo”, “el cantor de las glorias nacionales”, “el poeta del Paraguay”, “el reivindicador”, Juan Emiliano O’Leary fue el historiador paraguayo de cuño nacionalista más paradigmático del siglo XX, según señala la doctora Liliana M. Brezzo en su libro.

Este libro, el número 21 de la Colección Protagonistas de la Historia, publicada por la Editorial El Lector, aparecerá con el ejemplar de ABC Color de mañana, con el título de “Juan Emiliano O’Leary: el Paraguay convertido en acero de pluma”.   

Respecto al enfoque de esta obra, la doctora Brezzo señala ha optado por comunicar los resultados de una investigación en progreso sobre el trayecto personal, las circunstancias, motivaciones y los trabajos intelectuales desarrollados por O’Leary durante su juventud.   

En otro punto de la introducción de su libro, la historiadora argentina, gran conocedora de nuestro pasado, apunta que el discurso histórico de O’Leary no solo fue informativo, en el sentido de comunicar hechos y eventos del pasado, sino que tuvo, fundamentalmente, “una función preformativa, puesto que su lenguaje creó realidades en la memoria colectiva paraguaya”.   

Explica, asimismo, que durante los años formativos de O’Leary se puede encontrar las claves para comprender los motivos que lo llevaron a O’Leary a convertirse en nacionalista y que, en esa etapa, su nacionalismo tuvo como objetivos defender la independencia, consagrar una identidad nacional y exaltar un sentimiento nacional.   

“No ha entrado en los propósitos de este trabajo exaltar la personalidad, la actuación y los trabajos históricos del letrado paraguayo. Antes bien, procuro apelar a la biografía –considerada hasta hace muy poco como un ingrediente residual del mundo de las producciones científicas–, incompleta; en este caso, como una estrategia para, a través de ella, dar cuenta de un movimiento más amplio: la concepción de la historia en el Paraguay, la dinámica del nacionalismo paraguayo y, en términos más generales, la evolución cultural del país en el siglo XX”, dice Brezzo en otro aspecto.   

Informa, además, la autora que la mayor parte de la obra intelectual de O’Leary se encuentra aún dispersa en la prensa de la época, en innumerables textos mecanografiados, en artículos de revistas y en manuscritos diseminados en su nutrido archivo personal. Advierte que “estos materiales, suficientemente abundantes, demandan, sin embargo, una hermenéutica rigurosa y gradual que permitan sostener una investigación orgánica sobre su itinerario vital, político e intelectual”.

23 de Julio de 2011

Fuente digital: www.abc.com.py

 

 

APARECE LIBRO QUE DESENTRAÑA EL PENSAMIENTO DE JUAN E. O’LEARY

Aparece hoy, con el ejemplar de ABC Color, el libro número 21 de la Colección Protagonistas de la Historia, dedicado a la biografía de Juan E. O’Leary, escrito por la historiadora argentina Liliana M. Brezzo. En esta entrevista, la autora desarrolla el origen del desaparecido político nacional.

–¿Qué representa Juan E. O’Leary en la memoria histórica del Paraguay?   

–Juan E. O’Leary fue conocido, a lo largo del siglo XX, como “el vocero del lopizmo”, “el cantor de las glorias nacionales”, “el poeta del Paraguay”, “el reivindicador”; fue el historiador de cuño nacionalista más paradigmático de esa centuria. Su discurso histórico no fue solo informativo, en el sentido de comunicar hechos y eventos del pasado, sino que tuvo, fundamentalmente, una función preformativa, puesto que su lenguaje creó realidades en la memoria colectiva paraguaya.   

–¿Cuál es el origen de O’Leary?  

–O’Leary nació el 12 de junio de 1879 en Asunción. Casi una década atrás, en Villa Occidental, territorio argentino por entonces –actual Villa Hayes– el cura vicario Tomás O’Canavery había casado al ciudadano argentino, de ascendencia irlandesa Juan O’Leary, viudo de Dolores Thedy, con María Dolores Urdapilleta, paraguaya, a su vez viuda de don Bernardo Jovellanos, muerto sumariamente durante la guerra contra la Triple Alianza.   

–¿Qué fue el padre de O’Leary?  

–El padre de O’Leary había sido proveedor del ejército aliado durante la guerra y uno de los primeros en entrar a Asunción, siguiendo a las fuerzas de ocupación, en enero de 1869. Al momento del nacimiento del escritor era presidente de la Junta Económico-Administrativa, un órgano de gobierno municipal, desempeñándose también como martillero público.   

–Era un hombre con cierta fortuna.   

–De comerciante “muy rico” pasó a perder toda su fortuna, y acabó en la mayor pobreza. Antes de 1906, decidió regresar a la Argentina, donde permaneció hasta su fallecimiento en la localidad bonaerense de Pergamino, a los 84 años de edad, el 17 de agosto de 1925. El matrimonio tendría, hasta la llegada de Juan Emiliano, tres hijos: Idalina, Andrés y Arturo.   

–Él tenía un alto concepto de su madre.   

–O’Leary mostraba a su madre como “una heroína” y una mujer ejemplar; la describía como “una gran dama. Toda una señora”, de una estipe de la que ya no existía en el Paraguay: “prudente, educada, fina”.

24 de Julio de 2011

Fuente digital: www.abc.com.py

 

 

 

 

 

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