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HIPÓLITO SÁNCHEZ QUELL


  EL TIEMPO QUE SE FUE, 1976 - Por HIPÓLITO SÁNCHEZ QUELL


EL TIEMPO QUE SE FUE, 1976 - Por HIPÓLITO SÁNCHEZ QUELL

EL TIEMPO QUE SE FUE

Por HIPÓLITO SÁNCHEZ QUELL

Ediciones COMUNEROS

Asunción – Paraguay

1976 (173 páginas)

 

 

 

OBRAS DE H. SÁNCHEZ QUELL

ESTRUCTURA Y FUNCION DEL PARAGUAY COLONIAL.

LA DIPLOMACIA PARAGUAYA DE MAYO A CERRO-CORA.

PROYECCION DEL GENERAL CABALLERO EN LA RUTA DE LA PATRIA.

PANORAMA DE LA SOCIOLOGIA AMERICANA (Compilación).

TRIÁNGULO DE LA POESIA RIOPLATENSE.

COMENTARIOS.

FALANDO DO PARAGUAY AO BRASIL.

JORNADAS PARAGUAYAS JUNTO AL SENA.

POR CALLES DE PARIS Y TIERRAS DEL SOL.

EL MINUTO FUGITIVO (Versos). .

ALFREDO STROESSNER, EL PROGRAMA COLORADO Y EL DESARROLLO PARAGUAYO.

EL CARICATURISTA MIGUEL ACEVEDO Y SU EPOCA.

LOS 50.000 DOCUMENTOS PARAGUAYOS LLEVADOS AL BRASIL.

EL TIEMPO QUE SE FUE.

 

 

INDICE

Breve historia de mis libros

Un motín a bordo y un archivo con tres llaves

Ruy Díaz de Guzmán, primer historiador paraguayo

El belga que fue diputado argentino y diplomático paraguayo

Juan Crisóstomo Centurión

Blas Garay

Fulgencio R. Moreno

Juan E. O'Leary

Ignacio A. Pane

Natalicio González

Donde los pajonales juguetean con la brisa

Los "motineros" del Ateneo y la Rosa de Jericó

Por archivos, bibliotecas y museos

Prosigue el transitar por los museos

Mujeres célebres de la historia universal

Mujeres de la Colonia

Mujeres de Mayo y de la época de López

Mujeres del Éxodo y de nuestros días

Alemania, pueblo de pensadores y poetas

La Feria del Libro de Fráncfort

La casa de mi abuelo


 

BREVE HISTORIA DE MIS LIBROS

Quiero presentaros, en una apretada síntesis de 15 minutos, algo así como una breve historia de mis libros.

Mientras transcurrían los días de mi adolescencia sentía una cautivante pasión por la pintura, la literatura y la historia. Ya entonces me encantaban los cuadros, los libros, los mapas, los grabados, los papeles viejos... Y esa vocación fue dando sus frutos a través del tiempo.

Durante 2 años trabajé intensamente en el Archivo Nacional, y buceando en la penumbra de sus viejos anaqueles descubrí numerosos manuscritos inéditos, que resultaron útiles para la prueba de nuestros títulos dominiales y actos de posesión en el Chaco y para desecar numerosas lagunas de la historia patria. Completada esa labor con una copiosa consulta bibliográfica, surgieron mis libros "Estructura y función del Paraguay Colonial" y “La diplomacia paraguaya de Mayo a Cerro Corá". La buena acogida que obtuvieron lo prueban las 5 ediciones que hasta hoy alcanzó cada uno de ellos.

Más tarde, con el objeto de propender a un conocimiento recíproco de la realidad social de los diversos países del Continente, consulté 36 obras y publiqué una compilación titulada "Panorama de la Sociología Americana". Cité a los 36 autores en el texto, cité a los 36 autores en la bibliografía y remití a cada uno de los 36 un ejemplar con dedicatoria del resumen que había realizado. Todos contestaron agradeciendo, menos uno. Este contestó acusándome de plagio. Era el peruano Roberto Mac-Lean, excelente sociólogo pero hombre perverso. El nobilísimo propósito americanista que me guiara al confeccionar esa compilación, no merecía esa artera puñalada. Contesté de inmediato refutando la infame acusación. Y para reforzar la justicia de mi causa, acudí en consulta al Dr. Carlos J. Manzone, especialista en Derecho Autoral. Dicha autoridad en la materia evacuó en esta forma la consulta: "Plagio, según la definición de la Academia, es la acción de plagiar o imitar servilmente una obra. Para los Tribunales de justicia, es la imitación maliciosa de la obra ajena, el trabajo ajeno desfigurado. La obra en cuestión, ni a la luz de la definición de la Academia, ni desde el punto de vista jurídico, no puede considerarse un plagio, por cuanto la cita ejercida no puede bajo ningún concepto considerarse tentativa de hacer pasar por propia la obra ajena, pues el autor citado aparece nombrado al iniciarse la cita, lo que excluye absolutamente la aplicación del vocablo plagio". Y terminaba así: “La cita del nombre de los autores, la mención de las obres transcriptas en la bibliografía, el carácter de antología que reviste la obra, y por sobre todo ello, la buena fe evidenciada al remitir el autor su obra a los autores citados, hacen que el delito no quede en ninguna forma configurado". Pasó algún tiempo. El Perú me honró con la más alta condecoración: la Gran Cruz de la Orden del Sol. Roberto Mac-Lean, que era Secretario General de la Universidad Mayor de San Marcos, fue expulsado por ladrón. Para justicias el tiempo.

Pronto aparecieron otros 2 libros míos: "Triángulo de la poesía rioplatense" y "Comentarios". En el primero de ellos, después de resumir los antecedentes coloniales y románticos de la expresión lírica de Argentina, Paraguay y Uruguay, analicé los movimientos modernistas y vanguardistas producidos en los 3 países que forman la cuenca del Plata, buscando una interpretación de los mismos. Y en el otro, reuní en un volumen las columnas aparecidas en el diario "La Unión" durante el año que estuvo bajo mi dirección. Críticas urbanas, glosas telegráficas, recuerdos de viaje, inquietudes patrióticas, evocaciones históricas, todo pergeñado rápidamente junto a la rotativa.

Más tarde surgieron otros 3. "Falando do Paraguay ao Brasil", que contiene 6 conferencias pronunciadas en Río de Janeiro sobre lingüística guaraní, poesía paraguaya, historia paraguaya, sociología paraguaya, etc., en la Universidad del Brasil, la Academia Carioca de Letras, el Instituto Histórico y Geográfico Brasileño, el Pen Club del Brasil y otras entidades. "Jornadas paraguayas junto al Sena", que comprende 3 conferencias pronunciadas en París -una de ellas en La Sorbonne-, un discurso al inaugurar la Plaza del Paraguay, otro al imponer condecoraciones paraguayas, un reportaje sobre inmigración francesa en el Alto Paraná, un acuerdo comercial y un convenio cultural. Y "Por calles de París y tierras del Sol", en que describo los barrios de la antigua Lutecia, sus muelles, sus islas, sus gentes, sus días y sus noches, y sigo luego por los dulces caminos de España, de Italia, de Atenas, Estambul y Jerusalén.

Luego aparecieron 3 más. "El minuto fugitivo", selección de poesías de los 20 a los 60 años, escritas en diversas latitudes y estados de ánimo. "Proyección del General Caballero en la ruta de la patria", en que recopilé el texto de una conferencia que causó uno de mis destierros por defender las libertades ciudadanas, el Programa del Partido Colorado, la progresista labor gubernativa de Bernardino Caballero, la forma en que él y sus sucesores defendieron el Chaco, el uti possidetis y la mutilación territorial, etc. Y "Alfredo Stroessner, el Programa Colorado y el desarrollo paraguayo".

"El caricaturista Miguel Acevedo y su época" fue mi 12° libro. Se trata de una serie de trabajos sobre pintura, literatura, historia, sociología y relatos de viaje. Es así cómo, ya en la austeridad de la cátedra, o en los caminos polvorientos del destierro, o en mis lejanas andanzas por el Servicio Exterior, o en el cargo que actualmente desempeño, sigo siendo lo que siempre procuré ser: un obrero de la cultura.

Pero, para finalizar esta breve historia, debo una explicación.

En el lanzamiento de mi obra sobre Acevedo, la gentil escritora que hizo la presentación terminó con esta frase: "Que sean muchas más las veces que nos reunamos sus amigos a la espera de nuevos libros suyos. Y que el invierno le halle lúcido y fuerte". Al expresar mi gratitud por sus generosas palabras, como también a mi intrépido editor y al librero que siempre me brinda su cálido albergue, agregué: "No soy supersticioso, pero. .. este 12° libro será el último". Alguien masculló irónico: "No hay que creer en palabra de poeta". Otro, con espíritu de colaboración sugirió: "La solución estaría en lanzar 2 libros juntos". La verdad es que en aquel entonces no tenía material para 2 libros, ni tan siquiera para 1 .

Fue pasando el tiempo. Y he aquí que ahora me encuentro con 2 libros nuevos en las manos. ¿Cómo ha ocurrido esto? Veámoslo. Yo había ido difundiendo en el suplemento dominical de un matutino una serie de documentos desconocidos que produjeron un fuerte impacto emocional en la opinión pública. Varios amigos me aconsejaron que los reuniera en un volumen. "El periódico se extravía; el libro permanece" sentenció uno de ellos. El argumento resultó decisivo. Así nació el libro "Los 50.000 documentos paraguayos llevados al Brasil". Por otro lado, al conjuro del recuerdo y acuciado por el espíritu de indagación, fueron viendo la luz otros numerosos artículos. Inconexos en apariencia, todos ellos están unidos por la nostalgia de ese "buen tiempo de otrora" de que nos habla el vate portugués, de ese "tiempo que pasó y que no vuelve más". Así nació el libro "El tiempo que se fue". Así nacieron el 13° y el 14° libros, listos para ser lanzados simultáneamente.

Tomando, pues, una determinación audaz y terminante, y protegido por estas 2 rodelas, embisto contra la agüería y cruzo el Rubicón.. .


UN MOTIN A BORDO

Y UN ARCHIVO CON TRES LLAVES

 

El Archivo Nacional es el más antiguo y uno de los más importantes del Río de la Plata.

Contiene documentos de gran valor para los historiadores de la civilización indoamericana y para los estudiosos de nuestra emancipación. Allí escudriñaron el pasado y depuraron la historia los hombres que habían de darnos la firmeza de nuestro juicio y la fuerza de convicción con respecto a nuestros derechos territoriales. Allí trabajaron, con paciencia y cariño, intelectuales ilustres como José Falcón, José Berges, Juan Crisóstomo Centurión, Alejandro Audibert, Blas Garay, Manuel Gondra, Fulgencio R. Moreno, Manuel Domínguez, Juan E. O'Leary, Juan Francisco Pérez, Natalicio González y Efraím Cardozo, para no citar sino aquellos cuyos días ya transcurrieron.

***

Existen en el Archivo Nacional manuscritos inéditos que datan de 1539. El más antiguo de todos ellos es la defensa que hace Gaspar de Ortigoza contra la acusación de haber participado en la sublevación estallada en una carabela. Narra éste que el Gobernador don Pedro de Mendoza, fundador de la primera Buenos Aires, le ordenó ir con otros marineros a la Isla de los Lobos a buscar alimentos para los conquistadores. Que habiendo estallado un motín a bordo, Ortigoza y otros compañeros fueron atados y abandonados en tierra, sin armas ni sustento. Que como luego Mendoza ordenó su detención, le hizo perder sus bienes y le declaró traidor, manifiesta que ello es injusto. Primero, "por haberse hecho el proceso y autos en ausencia de parte", y segundo, porque si él hubiese participado en la rebelión, le habrían llevado en la carabela y "no me dejaran y lanzaran en tierra ligado y atado como me dejaron". No sabemos qué fue finalmente de Ortigoza, pero es indudable que su argumentación era lógica y persuasiva. He aquí el interesante documento:

"En 15 de febrero de 1539 años, ante los muy magníficos señores Capitanes Alonso Cabrera y Francisco Ruiz Galán.

Gaspar de Ortigoza, vecino de Córdoba, parezco ante vuestras mercedes y digo: que así es que por mandado del muy Ilustre y muy Magnífico señor don Pedro de Mendoza, Adelantado, Gobernador y Capitán General de la Provincia del Río de la Plata y Mar del sur, en el año pasado de mil quinientos treinta y seis yo fui en una carabela del dicho señor gobernador, la cual iba a la Isla de los Lobos a hacer mantenimiento para la sustentación de los conquistadores de la dicha conquista, con cierta otra gente de conquistadores en la cual iba por Capitán de la dicha carabela y gente Rodrigo Núñez, vecino de Sanlúcar de Barrameda, y por piloto un Juan de León, portugués, con cierto número de marineros, los cuales piloto y marineros se alzaron y levantaron con la dicha .carabela, haciéndonos fuerza y violencia, dejándonos y echándonos en tierra ligados y atados, sin armas ni otra cosa con que nos pudiésemos sustentar ni aprovechar, y ahora es venido a mi noticia que por lo susodicho el dicho señor Gobernador procedió y mandó proceder contra mí y contra los dichos mis bienes por todo rigor de justicia, hasta darnos y mandarnos dar por traidores y en perdimiento de todos mis bienes y todos los otros autos, decretos y pregones tocantes hasta la sentencia definitiva, todo lo cual fue y es en sí ninguno de derecho por dos razones: la primera por haberse hecho el proceso y autos en ausencia de parte y no guardados los términos del derecho y sin bastante informado, lo otro porque caso negado que yo con la dicha carabela me alzara, el dicho piloto y marineros no me dejaran y lanzaran en tierra ligado y atado como me dejaron antes, es visto que siendo yo con ellos en el mismo delito me llevaran con ellos adonde ellos y la dicha carabela fueron.

Luego, porque luego como el dicho piloto y marineros me dejaron en tierra, yo fui en demanda de la Isla de Santa Catalina, porque el dicho señor gobernador haber enviado allá un navío para cargar de bastimento, para en él poder tornar y volver a la dicha conquista, el cual era venido cuando yo llegué y allí estuve hasta que hubo navío para venir, en el cual vine y vengo a pre-sentarme y hacer saber al dicho señor Gobernador y a sus tenientes y jueces todo el caso de la verdad, por todo lo cual el visto de derecho yo ser libre y quito de todo lo contra mí puesto, pedido, alegado y sentenciado, yo y los dichos mis bienes.

Por todo lo cual pido y si necesario es requiero a vuestras mercedes manden reabrir la información que para el descargo de lo susodicho yo diere, y vista mi inocencia y poca culpa manden dar y den todo lo procesado por ninguno y de ningún efecto y valor, y me hayan por libre y quito de toda carga de infamia, y restituyan y me manden restituir en mi honra y buena fama y en todos los dichos mis bienes, los cuales me fueron por la razón susodicha decretados, por lo cual y en lo necesario el magnífico oficio de vuestras mercedes imploro y pido cumplimiento de justicia.

Gaspar de Ortigoza"

***

Habían transcurrido 60 años. Había corrido mucha agua bajo el puente. Muchos papeles se fueron acumulando. Un día -el 25 de Noviembre de 1596- el Cabildo de Asunción se reunió para sesionar. Asistieron no sólo el Justicia Mayor, el Alguacil Mayor y los Regidores, sino además el propio Gobernador Hernandarias de Saavedra. Por lo visto, se iba a tratar algo importante. En efecto, procurando "el bien, pro y utilidad de esta ciudad y república", se resolvió "que se haga una Caja y Archivo de las provisiones de Su Majestad y de más papeles y ordenanzas tocantes y pertenecientes al buen gobierno de esta ciudad" y se encargó la dirección a don Diego de Olabarrieta. Además, para la seguridad del Archivo, se resolvió que éste tenga tres llaves, una bajo la custodia del Alcalde de Primer Voto, otra a cargo del Regidor de Primer Voto y la tercera bajo la guarda del Escribano del Cabildo. El documento lleva la firma del Gobernador Hernandarias de Saavedra, el Justicia Mayor, el Alguacil Mayor y todos los Regidores. Vemos, pues, cómo ya en aquellos toscos y apartados días del siglo XVI, estimaban que era imprescindible la creación de un Archivo donde guardar la memoria de la historia patria.

Dice así el importante documento:

"En la Ciudad de la Asunción, en veinte y cinco días del mes de noviembre de mil quinientos noventa y seis años, se juntaron en su Cabildo y Ayuntamiento, como es uso y costumbre, la Justicia mayor y ordinaria y de la hermandad, Alguacil Mayor y Regidores Capitulares que de uso firmarán sus nombres, y habiendo hablado en cosas tocantes al bien, pro y utilidad de esta Ciudad y República acordaron y se determinó que se haga una Caja y Archivo de las Provisiones Reales de Su Majestad y demás papeles y ordenanzas tocantes y pertenecientes al buen gobierno de esta Ciudad, el cual dicho Archivo y Caja tenga las llaves y se haga por el orden que está en uso y costumbre en todos los Reinos y Señoríos de Su Majestad, la cual dicha Caja y Archivo se haga a costa de los bienes pertenecientes a este Cabildo, a la cual dicha Caja y Archivo se han de poner tres llaves, la una ha de tener en su custodia y guarda el Alcalde de Primer Voto que al presente es y adelante fuere y las otras dos el Regidor del Primer Voto y el Escribano de este Cabildo, y para la solicitud y cuidado de que se haga con la brevedad posible, sus mercedes lo encomendaron y encargaron a su merced el Alcalde Diego de Olabarrieta, y lo aceptó y su señoría de este Cabildo lo firmaron de sus nombres y le dieron poder en forma para ello.

Este dicho día fueron señalados por diputados de este presente mes, a su merced el Alcalde Diego de Olabarrieta y Antonio de Lamadrid y Alonso de los Ríos.

Regidores, a los cuales y a cada uno de ellos daban y dieron poder y comisión en forma para que usen y ejerzan el dicho oficio y cargo de tales diputados como Su Majestad lo manda, y por estar todos en el Cabildo no fue menester la notificación.

Este dicho día, mes y año, dichas sus señorías de este Cabildo trataron en que las vacas que están en comarca del término que por bando de su señoría está proveído y mandado, que las saquen dentro de treinta días, y no se determinó y cesó por este día y lo firmaron de sus nombres.

Hernandarias de Saavedra, Diego Núñez de Prado, Diego de Olabarrieta, Luis de Acevedo, Simón Jaquet, Antonio de Lamadrid, Alonso de los Ríos, Juan Fernández, Pedro Sánchez Valderrama, Diego López de Ayala. Ante mí, Julio Cantero - Escribano Público y Cabildo".

Han transcurrido otros 380 años. Mayor caudal de agua ha corrido bajo el puente. Más papeles se fueron acumulando. Y el Archivo Nacional sigue cumpliendo su útil función. Investigadores, profesores, estudiantes y estudiosos siguen abrevando en su inagotable fuente.


RUY DIAZ DE GUZMAN, PRIMER HISTORIADOR PARAGUAYO

 

Ruy Díaz de Guzmán nació en Asunción hacia 1560, a menos de 25 años de la fundación realizada por Juan de Sálazar. Hijo de Alonso Riquel de Guzmán (sobrino de Alvar Núñez) y de Ursula de Irala (hija de Domingo de Irala y de la india Leonor), su sangre mestiza armonizó a dos razas y reconcilió a sus dos antepasados adversarios. Ruy Díaz de Guzmán fue guerrero y escritor. A las órdenes de Ruy Díaz de Melgarejo participó en la fundación de Villa Rica. Pasó luego a Santa Fe, Santiago del Estero, Salta, Ciudad Real y Tucumán. En 1593 fundó la ciudad de Santiago de Xerez, en la margen derecha del Mbotetey. (Aún hoy, a tanto tiempo de la desaparición de aquella villa, se oye decir a los paraguayos del norte: "Ajhá Jere-ñú pe", o sea "Voy a los campos de Jerez"). En 1612, estando en Charcas, terminó su libro "Historia del descubrimiento, conquista y población del Río de la Plata". En 1620 regresó a su ciudad natal y falleció en 1629, siendo Regidor del Cabildo de Asunción (lo que hoy llamamos Concejal de la Junta Municipal).

Antes que él, habían aparecido Ulrico Schmidel y Alvar Núñez, pero éstos no fueron sino cronistas de hechos vividos personalmente. Y antes que él también habían aparecido Luis de Miranda de Villafaña y Martín del Barco Centenera, pero éstos no intentaron sino situar el relato histórico en forma poética. Ruy Díaz de Guzmán es el primer historiador paraguayo cronológicamente hablando. Y su obra tiene significación fundamental en la historiografía paraguaya.

Su intento, "tan ajeno de mi profesión, que es militar", según el mismo decía, fue contar "cosas dignas de memoria" sucedidas en los        82 años transcurridos " desde el comienzo de la conquista; "por el amor que se debe a la patria". Ruy Díaz de Guzmán, soldado, fundador de ciudades y hombre de gobierno, tomó "la pluma para escribir estos anales" con plena conciencia de la trascendencia de los hechos de que fueron protagonistas "más de 4.000 españoles" de los que no quedaba más memoria "que una fama común y confusa".

La obra. manuscrita de Ruy Díaz de Guzmán se conserva en el Vol. 14, N° 6, del Archivo Nacional de Asunción.

Aunque escrita en 1612, permaneció inédita hasta 1835. En ese año la publicó Pedro de Angelis, pero cambiándole el título. En vez de "Historia del descubrimiento, conquista y población del Río de la Plata", la llamó "La Argentina". (Como ocurriría más tarde con “Letters on Paraguay" de los hermanos Robertson, que apareció bajo el título de “La Argentina en la época de la Revolución". O como ocurre con nuestras polcas y guaranias, bautizadas hoy como "Música litoraleña") .

Don Carlos Antonio López dispuso la impresión de una nueva edición, que fue lanzada en Asunción en 1845 por la Imprenta de la República del Paraguay.

Posteriormente aparecieron sucesivas ediciones del Comercio del Plata, Imprenta de la Revista, Librería de Mayo, Revista de la Universidad Nacional, Editora Colmegna, Librería Lajouane, Coni Hermanos, Ángel Estrada y Cía. y Espasa-Calpe.

De Angelís dice de Ruy Díaz de Guzmán: "Nacido en el centro de una colonia, rodeada de hordas salvajes y privada de todo comercio intelectual con el orbe civilizado, sin maestros y sin modelos, no tuvo más estímulo que la actividad de su genio, ni más guía que una razón despejada. Y, sin embargo, ninguno de los primeros cronistas de América le aventaja en el plan, en el estilo, ni en la abundancia y elección de las noticias con que la ha enriquecido".

Natalicio González afirma: "Cronológicamente hablando, el primer escritor paraguayo es Ruy Díaz de Guzmán, descendiente de india y de español. Criollo inteligente, domina el vasto escenario de la historia con su dual personalidad de escritor y de guerrero. Dejó escrito un libro donde en limpio estilo consignó la historia del descubrimiento, conquista y colonización del Río de la Plata. Esta obra quedó terminada en junio de 1612, y el propio autor la califica de "primera fruta de tierra tan inculta y nueva". El cronista se muestra feliz al pintar la rica y variada naturaleza de su patria. Sus relatos aparecen salpicados de alegres cuadros del paisaje tropical. Parece sentir cierto placer en estas descripciones, y su pluma se entusiasma dando a conocer el clima ideal del Paraguay".

Efraím Cardozo sostiene: "Con Ruy Díaz de Guzmán la conciencia histórica del Paraguay adquiere rotunda madurez. Nació inmerso en una atmósfera de acentuado historicismo y comprendió que había un sentido y una unidad en la sucesión de acontecimientos ocurridos desde que los europeos pisaron sus plantas por primera vez en la tierra que le vio nacer, y donde su padre, su abuelo, su tío, sus parientes y él mismo desempeñaron grandes y pequeños papeles. Ya no es el gobernante o el soldado que escribe sus recuerdos, sin ningún propósito retrospectivo, sino alguien que se propone, siguiendo un plan riguroso, mostrar al mundo que había una historia, integrada por hechos que forman un conjunto armonioso y una unidad indivisible, aunque en ella faltaran epopeyas parangonables a las que encontraron escenarios en México y Perú".

Un acto de justicia sería editar su libro reivindicando el verdadero título que le diera su autor.

Y otro acto de justicia sería construir una plaza con su nombre y erigir un busto en su memoria. Ruy Díaz de Guzmán, desde su busto de bronce, contemplaría así su ciudad natal, donde fuera Regidor del Cabildo, donde se produjo su tránsito a la eternidad, y donde siguen las hermosas arboledas y el río caudaloso que le cautivaban.

En los dulces atardeceres, mientras en las cercanas avenidas los autos locos aturdan con sus agitados rumores, bajo la fronda, cordial de la Plaza Ruy Díaz de Guzmán reposarán los ancianos, se amarán los jóvenes, meditarán los poetas, retozarán los niños y se poblarán de cánticos los nidos.

Y ese ha de ser el mejor himno que Asunción elevará al primer historiador del Paraguay y del Río de la Plata.


EL BELGA QUE FUE DIPUTADO ARGENTINO Y DIPLOMATICO PARAGUAYO

 

DU GRATY, MILITAR Y CIENTIFICO BELGA

El Coronel Alfred Marbais du Graty era nativo de Bélgica y miembro de una aristocrática familia de ese país. Había realizado sus estudios en la Escuela Militar de Bruselas y había actuado en el ejército de línea. demás, era un hombre de ciencia. Miembro Correspondiente de sociedades geográficas, geológicas, de historia natural, de anticuarios, de ciencias, artes e industrias de Prusia, de Copenhague, de París y de La Plata, le habían otorgado las condecoraciones de Comendador de Orden de Cristo, Caballero de las órdenes de Leopoldo I de Bélgica, del Águila Roja de Prusia y de Carlos III de España y Oficial de la Orden de la Rosa del Brasil.

 

DU GRATY, DIPUTADO ARGENTINO

En busca de un medio propicio para sus aspiraciones y atributos, en 1850 se dirigió a la Argentina. Du Graty se adaptó fácilmente al ambiente criollo. Una fotografía de la época lo presenta de corbata y cilindro, pero al mismo tiempo de poncho, faja, chiripá, calzones cribados, espuelas, rebenque y facón.

A poco de llegar ofreció sus servicios profesionales al Gobernador de Entre Ríos General justo José de Urquiza. Este acogió con visible simpatía a Du Graty y le incorporó al Ejército de la Provincia con el grado de Mayor de Artillería. En 1851 intervino en la campaña contra el ejército sitiador de Montevideo y en 1852 participó en la batalla de Caseros, siendo ascendido por su distinguida actuación al grado de Teniente Coronel. Continuó luego desempeñando numerosos servicios en Entre Ríos, Córdoba, Santiago del Estero y Tucumán. En 1854 fue ascendido a Coronel y el Presidente de la Confederación Argentina General Justo José de Urquiza le designó su Edecán, a la vez que desempeñaba un elevado cargo en el Museo Nacional que dirigía el sabio Bravard. Más tarde fue jefe de la Artillería de Rosario, redactor del diario "El Nacional Argentino", Oficial Mayor de la Aduana y Oficial Mayor del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Pero aquí viene el primer dato curioso: el belga du Graty fue Diputado argentino.   

En efecto, César Pérez Colman, en su estudio titulado "El diploma del Diputado du Graty", impreso por Pattarone y Sors, Paraná (Argentina) en 1945, expresa: "Du Graty había sido elegido en 1856 Diputado suplente por Tucumán, cargo que desempeñó hasta que en 1858 resultó electo Diputado titular por Santiago del Estero. Con motivo de esta última elección, un grupo de diputados promovió en el seno de la Cámara una cuestión que conmovió hondamente los círculos políticos y sociales de la Capital de la República. La Incidencia se suscitó con respecto a las calidades de elegibilidad del Coronel du Graty, a quien se le imputaba no poseer la ciudadanía argentina por naturalización, en las condiciones exigidas por la ley de la materia y por la Constitución Nacional, en la parte que ésta especifica los requisitos que deben reunir los miembros de dicha Cámara".

Su diploma de 1856 fue aprobado sin observación alguna. Sin embargo, más tarde, algunos diputados presentaron un proyecto de resolución para que fuera reconsiderada la aprobación del diploma. Entonces Du Graty se dirigió al Senado, solicitando que el Congreso dictara una resolución declarativa de que está en posesión de los derechos de ciudadano argentino naturalizado. El Senado, a los pocos días, resolvió: "Declárase al Coronel Alfred M. du Graty ciudadano de la Confederación Argentina con el goce y ejercicio de los derechos de tal, desde el 15 de Junio de 1850, en que tomó servicios en el Ejército de Entre Ríos". Se reconoció así sus importantes servicios prestados y relevantes méritos contraídos durante 6 años. Pero la Cámara de Diputados rechazó el proyecto. Muchas fueron las manifestaciones de desagravio y simpatía que recibió Du Graty con ese motivo. En vista de ello, resolvió que debía continuar formando parte del Congreso en el carácter de Diputado suplente por Tucumán, en razón de que como tal había sido aceptado y de haber solicitado su ciudadanía.

Pero 2 años después los adversarios de Du Graty volvieron a la carga. Fue en 1858, al ser electo Diputado titular por Santiago del Estero. Algunos representantes impugnaron su nuevo diploma. Entonces él presentó su Carta de Naturalización, firmada por el Vice-Presidente de la Confederación Argentina Dr. Salvador María del Carril. Sus contrarios adujeron que no tenía 4 años de ciudadanía en ejercicio y que la carta le había sido otorgada en fecha posterior a su elección de Diputado. Después de 2 reñidas votaciones, el Presidente de la Cámara desempató por el rechazo del diploma. Entonces Du Graty recurrió al Presidente Urquiza, pidiendo que se declare que la Carta de Naturalización otorgada a su persona le confiere la amplitud de los derechos cívicos. El Presidente de la Confederación declaró que estando otorgado competentemente dicho documento, "reconoce al Coronel Alfred M. du Graty en el goce y ejercicio de los derechos de ciudadano argentino". No obstante, la Cámara de Diputados estableció que Du Graty había dejado de ser Diputado suplente por Tucumán desde el día de la presentación de su diploma como Diputado titular por Santiago del Estero. Así terminó su accidentada actuación parlamentaria.

 

EL LIBRO DE DU GRATY

Poco después de la batalla de Pavón, en 1862, Du Graty se dirigió al Paraguay, cuyo territorio recorrió durante 6 meses, haciendo una buena cosecha de apuntes sobre diversos aspectos de nuestro país.

De regreso a Europa, Alfred M. du Graty publicó ese mismo año un libro fundamental: “La República del Paraguay". Su impresor fue José Jocquin, Grande Rue 14, Besanzón (Francia). Es un grueso volumen de 533 páginas, de las cuales 364 son de texto y 169 de apéndices.

El prólogo del traductor, Carlos Calvo, dice lo siguiente: "Entre las publicaciones modernas, la que acaba de hacer el Sr. Coronel du Graty, bajo el título "La Republique du Paraguay", es incuestionablemente la que reúne mayor número de datos útiles, ofreciendo un verdadero interés bajo el punto de vista práctico. En este interesante trabajo, escrito con talento e imparcialidad, el Sr. du Graty no sólo hace un verdadero servicio a la República del Paraguay, destruyendo por su base erróneas apreciaciones de escritores poco escrupulosos, sino que establece la verdad de los hechos con testimonios irrecusables". Y termina con estas palabras: "El Sr. du Graty ha adquirido verdaderos títulos al aprecio y estimación del pueblo paraguayo, porque es uno de los pocos viajeros imparciales que hasta hoy le han hecho verdadera justicia".

La obra está dedicada al Presidente del Paraguay Carlos Antonio López. "He reunido -dice du Graty- las notas que había recogido sobre el Paraguay durante la residencia que acabo de hacer en él, y he formado un libro que contiene el resultado de mis exploraciones y del estudio de algunas cuestiones que interesan a ese hermoso país". Y agrega: "Me permito hacer homenaje de mí trabajo a V. E., que hace tantos años dirige los destinos del Paraguay por la voluntad uniforme, tan frecuentemente manifestada, de los ciudadanos paraguayos”.

En la introducción, el Coronel du Graty cuenta que Don Carlos, a fin de facilitar su determinación de recorrer el país, puso "a mi disposición vapores, caballos y escoltas para mis exploraciones", las que duraron 6 meses.

El libro se compone de 6 capítulos, que contienen el siguiente material: Bosquejo de la historia del Paraguay desde el descubrimiento hasta 1861. Relaciones internacionales. Geografía e hidrografía. Población, naciones indias y lengua guaraní. Consideraciones climatológicas, observaciones fisiológicas y patológicas. Productos naturales de los tres reinos. Industria y comercio.

La obra contiene además un mapa del Paraguay, 22 ilustraciones y planos y numerosos cuadros estadísticos. Hay una ilustración que constituye una valiosa documental y tiene un apacible sabor evocativo; es la titulada “Mercado de la Asunción, vista tomada de las alturas". Vése allí un heterogéneo conjunto de carretas, bueyes, Jinetes y mujeres de manto blanco, en un espacio encuadrado por casas de recova o corredor techado. A lo lejos, emerge entre la fronda el campanario del Convento de San Francisco. Un poco más allá ya comienza el campo. En él centro del grabado percíbese, en la esquina de Oliva y Alberdi, una casa con su torrecilla y a la derecha los tejados del caserío colonial.

Hoy, donde estaba el Mercado, tiende su espacio verde la Plaza de los Héroes. El chorro de la fuente, los vehículos, peatones y letreros luminosos impregnan de bullicio y de luces la ciudad. Pero el City Bank y el Cine Victoria impiden ver la plaza. El Convento de San Francisco (frente a la actual Plaza Uruguaya) hoy ya no existe. Asunción se ha ido trepando a las lomas y extendiendo hacia él este y hacia el sur. Donde estaban las viejas casonas hoy levantan su geometría de cemento el Ministerio de Obras Públicas, el Edificio Segesa, el Banco del Brasil y el Hotel Guaraní. Sólo la esquina de Oliva y Alberdi ostenta como un desafío su añosa torrecilla.

 

DU GRATY, DIPLOMÁTICO PARAGUAYO

Y aquí viene el segundo dato curioso: el belga du Graty fue diplomático paraguayo.

En efecto, el Presidente del Paraguay Brigadier General Francisco Solano López, considerando el eminente servicio prestado a nuestro país por el libro de Du Graty, resolvió designar a su autor Encargado de Negocios del Paraguay en Bélgica.

Una fotografía de esa época muestra a Du Graty de uniforme y condecoraciones. En la Biblioteca Nacional de Río de Janeiro está la absurdamente denominada "Colección Vizconde de Río Branco", constituida por 50.000 documentos paraguayos llevados al Brasil. Aparece en ella una copiosa correspondencia del tiempo en que Du Graty ejerció su función diplomática.

Su principal preocupación era introducir en Europa el algodón, el tabaco y la yerba-mate del Paraguay. Así, en nota del 17 de Enero de 1864, escribe desde Bruselas al Ministro de Relaciones Exteriores del Paraguay José Berges, refiriéndose al cultivo y comercio del algodón en la India. En oficio del 6 de Febrero hace observaciones sobre el beneficio y envase del tabaco paraguayo. El 7 de Marzo envía la cuenta de venta del tabaco que se le ha remitido. En nota del 23 de Abril insiste sobre el tabaco y el algodón paraguayos. Entre Mayo de 1864 a Mayo de 1865 Du Graty envía al Canciller Berges desde Berlín 69 documentos, lo que prueba su laboriosidad y dedicación. En uno de ellos se refiere al consumo por las tropas prusianas de la yerba-mate donada por el Presidente López al Rey de Prusia Guillermo I. En oficio del 7 de Mayo de 1864 informa que el Estanco Real de Italia le ha pedido muestras de tabaco paraguayo. Insiste en nota del 20 de Junio sobre la conveniencia de introducir en Europa la yerba-mate y el tabaco paraguayos. El 7 de Septiembre informa sobre la venta de tabaco y entrega de yerba-mate al Rey de Prusia. En nota del 31 de Octubre hace referencia al tabaco paraguayo. Y en oficio del 27 de Febrero de 1865 informa sobre el comercio del tabaco paraguayo en Europa.

Hasta el 23 de Febrero de 1864 no había sido recibido por el Gobierno belga en su carácter de Encargado de Negocios del Paraguay, según avisa en oficio de esa fecha. En nota del 7 de Abril manifiesta sus deseos de representar también al Paraguay en Prusia y en las Ciudades Hanseáticas, esto es, Hamburgo, Bremen y Lubeck. El 21 de Agosto comunica su recepción oficial en Prusia como diplomático paraguayo. Y en oficio del 26 de Septiembre vuelve a solicitar credenciales para las Ciudades Hanseáticas.

El 22 de julio hace un pedido de semillas y solicita asimismo el envío del Himno Nacional. Y en nota del 14 de Diciembre se refiere al contrato dé médicos para el Paraguay y a la búsqueda de cáscara sagrada en los mercados europeos.

Du Graty comunica en nota del 3 de julio que en la administración del periódico "Independencia Belga", por la publicación de 24 artículos de 100 líneas, no ha podido obtener un precio más bajo que el de 6.000 francos anuales. Por otra parte, publica constantemente en diarios de Bruselas, Amberes, Berlín, Hannover, Augsburgo, Fráncfort y Viena artículos en que difunde las cosas paraguayas, refuta publicaciones europeas referentes a asuntos del Río de la Plata y defiende la causa del Paraguay en su Guerra contra la Triple Alianza. Todos esos recortes va remitiendo adjuntos a sus notas del 6 de Febrero, 23 de Mayo, 7 de Agosto, 7 de Septiembre, 6 de Octubre, 31 de Octubre y 9 de Noviembre de 1864. Asimismo, a las enviadas el 12 de Febrero, 22 de junio y 6 de Julio de 1865.

El Ministro de Relaciones Exteriores José Berges, en oficio dirigido a Du Graty el 1 ° de Diciembre de 1865, y como presintiendo el trágico fin de la contienda, “le agradece la actividad y el celo empleados en bien de los intereses del Paraguay".

Cuando el vendaval de la Guerra del 64-70 se llevó esa época próspera, culta y dorada, nada más se supo de Du Graty. Su figura elegante, cosmopolita y dinámica se esfumó entre las brumas de su bella y lejana tierra ultramarina.

 

 

JUAN CRISÓSTOMO CENTURIÓN

 

Puede afirmarse que después de Ruy Díaz de Guzmán, Mariano Antonio Molas, Carlos Antonio López, Juan Andrés Gelly y Natalicio Talavera, el primer escritor que surge en el escenario cultural paraguayo es Juan Crisóstomo Centurión. Y, además, que con él se inicia la serie de los clásicos colorados.

Juan Crisóstomo Centurión nació en Itauguá, la tierra del primoroso ñandutí, el 27 de enero de 1840, año en que fallecía el Dictador Dr. José Gaspar de Francia.

En su libro MOCEDADES, el autor narra los días de su niñez en el pueblo natal y los recuerdos de sus padres, se remonta a los tiempos de la expedición de Belgrano, los tres partidos políticos en que se dividía la sociedad paraguaya, la junta Superior Gubernativa y el Dictador Francia, para retomar el hilo con su traslado a la Capital, sus estudios con los maestros Quintana, Dupuy y Bermejo, la fundación del Aula de Filosofía y la creación del Teatro Nacional. Relata luego su designación en 1858 como becario para ir a Inglaterra a estudiar Derecho Internacional, la audiencia de despedida con el Presidente Carlos Antonio López, la partida en el

"Río Blanco", el pintoresquismo de Bahía, el temporal en altamar, la personalidad del Capitán Morris y la llegada a Londres. De la bulliciosa capital británica -donde permanece 5 años- nos cuenta sus diques y sus barcos, la pensión para jóvenes extranjeros, los parques y palacios, su entusiasmo por Milton y por Shakespeare, sus estudios en la Universidad, el jubiloso Good Friday (el Viernes Santo en Inglaterra, que lejos de ser un motivo de dolor, es un día bueno, feliz, glorioso, por cuanto, mediante el sacrificio de Jesús, el género humano se ha salvado) y un premio y un certificado de mérito que personalmente le entrega el Primer Ministro Gladstone. Además, Centurión frecuentaba las sesiones del Parlamento, museos de ciencias y artes, sociedades científicas y literarias, teatros y tertulias familiares. Regresa a la patria en 1863, a los 23 años, y presenta sus saludos al nuevo Presidente, General Solano López, quien le designa Oficial del Gabinete Privado. Finalmente, expone en el libro las causas que produjeron la guerra con el Brasil y termina describiendo la captura del barco "Marqués de Olinda", que constituye el comienzo del fin.

Un año después de reintegrarse al terruño, Centurión se vio envuelto en el torbellino de la Guerra de 1864-1870 contra la Triple Alianza. En la batalla de Tuyutí, mientras llevaba al Mariscal López los partes del Coronel Alén, fue herido en la cabeza con el pedazo de casco de una bomba. A raíz de la eficaz labor cumplida, fue condecorado con la Estrella de Caballero de la Orden Nacional del Mérito. Unos pocos meses después obtuvo el grado de Capitán honorario. El Mariscal le encomendó el establecimiento de una Academia para enseñanza de gramática castellana, geografía y los idiomas francés e inglés, la que funcionaba bajo los naranjales de Paso-Pucú. Cuando se estableció la imprenta, Centurión sugirió la fundación del periódico satírico "Cabichui”. En Itá Ybaté ganó el grado de Mayor efectivo por acción de guerra. Luego fue promovido a Gran Oficial de la Orden Nacional del Mérito. En Ascurra fue ascendido a Teniente Coronel y después a Coronel. En Cerro-Corá, como jefe de la Intendencia, montado a caballo peleó valientemente contra los jinetes de la caballería imperial, cuando una bala le atravesó ambas mejillas y parte de la lengua.

Centurión, que se sentía solidario con el impulso progresista del gobierno de los López, tenía sin embargo sus reparos democráticos al régimen de mano fuerte que entonces imperaba. Pero, al estallar la contienda, sirvió con apasionada fidelidad la causa de la patria y a Magnífico caudillo que con indomable voluntad la encarnaba .

Herido y prisionero, tras una penosa marcha a pie de once días, el Coronel Centurión llega a Concepción, pasa al Chaco y luego a Asunción. Tres semanas después le sacan los grillos que tenía remachados le conducen a Humaitá y de allí sigue viaje a Río de Janeiro. En la capital carioca conoce la miseria y el desamparo, hasta que obtiene su liberación y viaja a Inglaterra en un buque cuyo capitán le brinda generosa protección.

Ya en Londres, contrae matrimonio con una bella cubana, que estudiaba en el Colegio Sacré-Coeur de París y ejecutaba deliciosamente el piano. Se traslada a Santiago de Cuba, y allí ejerce, aunque sin título y haciendo firmar por otros sus escritos, la profesión de abogado. En 1877 Centurión visita Estados Unidos y edita en Nueva York su VIAJE NOCTURNO, que le presenta como precursor de la novela paraguaya y en el que evoca, en una noche de insomnio, la vida y la tierra del protagonista.

Corría el año 1878 cuando se reintegró al seno de la patria, tras 8 años de ausencia. Trabaja en la abogacía, se hace cargo de la dirección del diario "La Reforma", es designado Fiscal General del Estado, redacta en colaboración con otros el Código Militar e integra la Comisión del Colegio Nacional.

El 11 de Septiembre de 1887 acompaña al General Bernardino Caballero en la fundación y organización del partido Colorado. "La gran entidad democrática -dice Natalicio González- donde se refugian el espíritu nacionalista, la vieja concepción de vida de los paraguayos, y que por lo mismo atrae a sus filas a casi todos los ex--soldados de Solano López, y a todos los que buscan el renacimiento del Paraguay sin enajenar los elementos de su poderío ni vender su alma.". Centurión militó hasta el fin de sus días en este partido de los nacionalistas

que logra marcar rumbos al destino del país paraguayos, que logra hasta 1904.

El 28 de Septiembre de 1888 el Presidente General Patricio Escobar designa al estudiante londinense de Derecho Internacional y leal defensor de la patria para desempeñar el cargo de Ministro de Relaciones Exteriores. Durante dos años Centurión permanece al frente de la Cancillería nacional.

En ocasión del incidente producido en Bahía Negra (a la que los bolivianos bautizan con el nombre de "Puesto Pacheco"), el Encargado de Negocios Pinilla formula una protesta, alegando que dicho sitio pertenece a la jurisdicción de Bolivia, por haberse constituido ésta como Estado independiente dentro de la Audiencia de Charcas, y el nuestro dentro de la Provincia del Paraguay.

El Canciller Centurión, bajo la orientación del Presidente Escobar, elaboró la respuesta paraguaya del 3 de Noviembre de 1888, no admitiendo discusión alguna respecto a los derechos territoriales de nuestro país sobre la margen occidental del río Paraguay.

Ya el Presidente Carlos Antonio López, refutando al Encargado de Negocios Benavente, escribía en "El Paraguayo independiente" del 11 de Septiembre de 1852: "No sabemos a dónde irá Bolivia por las pruebas para hacerse ribereña del Paraguay a centenares de leguas de distancia, desde el otro lado de las cordilleras. La República del Paraguay ha poseído siempre el Chaco". Y agregaba: "En el interior del Chaco no se han demarcado límites entre las repúblicas del Paraguay y Bolivia".

Al negar a Bolivia todo derecho a discutir la propiedad del territorio del Chaco, reconociendo sin embargo que en los confines del mismo estaban indivisos los límites, el austero patriarca sentaba ya el tradicional criterio sostenido por el Paraguay, esto es, que el litigio chaqueño no es de reivindicación sino de deslinde, no es de territorio sino de limites, y que por tanto no hay zona alguna que establecer sino líneas.

Y cuando el Presidente Belzú publicó un pintoresco decreto que decía: "Queden abiertos como puertos francos en el territorio boliviano, al tráfico y la navegación de todos los navíos mercantes, cualquiera que sea su matrícula., procedencia y tonelaje, los siguientes: Bahía Negra, Fuerte Olimpo, etc.", también salió don Carlos a refutarle. En efecto, el "Semanario de Avisos y Conocimientos Útiles" del 1° de Marzo de 1856 decía: “El gobierno paraguayo ha probado a la evidencia su derecho al Gran Chaco y la posesión que ha tenido todo el tiempo anterior al establecimiento del gobierno de Buenos Aires en 1620 (se refiere a la división de Hernandarias), y continuó después en la propiedad legitima de todo el territorio que expresamente no le fue quitado para ese gobierno". Y agregaba con zumba: "No ha llegado a nuestra noticia la deliberación del cuerpo legislativo de Bolivia sobre el derecho referido, pero todos saben que en el lapso de más de tres años los premios, excepciones de derechos y adjudicación de terrenos no ha sido parte para obtener el arribo de ningún buque extranjero de vapor, ni de vela, a buscar los puertos habilitados por el gobierno boliviano en territorio paraguayo".

Ahora bien; el brillante alegato del Canciller Centurión sostenía la misma tesis: "Lo que V. S. llama `''cuestión territorial" se refería allá al fondo o confín del Chaco adonde se confunden los límites de ambos Estados, y no podía significar otra cosa que la determinación de la línea divisoria de la respectiva soberanía de las Repúblicas en aquel vasto territorio. La negativa del Paraguay en admitir o reconocer ninguna pretensión posesoria o de dominio a la banda derecha del río, se funda precisamente en la verdad incontestable de que ha mantenido la posesión de ese territorio desde los primeros tiempos de la Conquista, ejerciendo constantemente

sobre él actos de verdadera soberanía". En cuanto al argumento de la Audiencia de Charcas, Centurión refutaba expresando que "las audiencias ejercían jurisdicción general y consultiva, pero no privativa, con respecto a las gobernaciones". Y agregaba que Bolivia, según la autorizada opinión de Manuel Ricardo Trelles, "se ha organizado legítimamente bajo los linderos de las provincias de Potosí, La Paz, La Plata y Cochabamba, hallándose en litigio el valor de la unión a ella de Tarija, Mojos y Chiquitos".

Entre tanto, el Presidente Escobar hacía desalojar a los bolivianos de "Puerto Pacheco".

Así defendían el Chaco los gobiernos colorados.

La importante nota del Canciller Centurión es conocida con el nombre de LOS SUCESOS DE "PUERTO PACHECO".

Agregando a sus remembranzas de los años mozos las referentes a la Guerra de 1864-1870, Centurión comienza a publicar en 1894 sus MEMORIAS, en 4 tomos, en que describe la inmensa hoguera del quinquenio trágico.

En 1895 su partido le brinda una banca en el Senado, y reelecto en 1900, permanece en ella hasta el fin de sus días, ocurrido el 12 de Marzo de 1902.

Soldado, político, diplomático e historiador, Juan Crisóstomo Centurión se destaca con nítido perfil en el acaecer paraguayo. "Era -dice Natalicio González- una figura ilustre, moderado en sus juicios, fino y cortés en los salones, a quien la vida condujo al estoicismo y le enseñó que el perdón de las injurias forma parte de la Sabiduría. Ante todo y sobre todo, Juan Crisóstomo Centurión fue un héroe de la Resistencia y un obrero eminente de la Reconstrucción .


 

BLAS GARAY

 

Entre el estruendo de petardos de la fiesta patronal de San Blas, nacía Blas Garay en Asunción el 3 de Febrero de 1873. Tuvo otros dos hermanos: Eugenio y Juan Jorge, ambos periodistas de extraordinario talento; el primero de ellos, hombre de pluma y de espada a la vez, conquistó, anciano ya, dos de las mayores victorias en la Guerra del Chaco.

A los 7 años, Blas Garay inicia sus estudios primarios en la Escuela Municipal asuncena. Las penurias de la vida le llevan a Pirayú, donde pronto se convierte en el primer alumno y en el primer telegrafista del pueblo. Su sueldo entrega mensualmente a su abuela para ayudar a sostener la casa. Retorna a la capital, ingresa en el Colegio Nacional, y poco después colabora en los periódicos "El Tiempo", "La Patria", "La Unión" y "La Opinión". Tras brillantes pruebas, conquista su título de bachiller. Con una prisa ansiosa, lee infatigablemente novelas, poesías, letras antiguas y modernas, realiza investigaciones en archivos y bibliotecas e inicia su carrera universitaria. Su vida, que no conoce el descanso, discurre bajo el signo de lo vertiginoso; da exámenes tras exámenes asombrando a sus maestros con su preparación profunda y sin fallas; en 3 años recorre los 6 cursos de la Facultad de Derecho, y presenta como tesis "La Junta Superior Gubernativa", meduloso estudio sobre Derecho Constitucional en un período concreto de la historia paraguaya. La tesis se aprueba y Blas Garay recibe su diploma de Doctor en Derecho y Ciencias Sociales en los primeros meses de 1896, a los 23 años de edad.

"Era ya entonces Blas Garay -comenta Natalicio González- una figura de primera magnitud. Su erudición pasmosa, adquirida en vigilias infatigables, ya le había convertido en la mente mejor nutrida del Paraguay; los rasgos brillantes de su genio, la agudeza de sus frases y su audacia e imperio ante la vida, ya delataban al luchador político de envergadura y al conductor de pueblos. Había formado su gusto literario en la frecuentación de la literatura española del siglo de oro; su estilo, con sabor a vieja fabla, a decires añejos, pero ardiente, muy moderno y muy paraguayo bajo la pátina antigua, ya estaba totalmente formado; conocía a los novelistas ingleses, españoles, franceses e italianos de su tiempo. Macaulay; entre los ingleses; Menéndez y Pelayo, entre los españoles; Renán, Taine, sin excluir a Michelet ni a Thiers, entre los franceses, eran los que daban entonces la pauta a los investigadores del pasado. Sin menospreciar a tales maestros, Garay estaba dispuesto a caminar sin andaderas, libre de la coyunda de las admiraciones desaforadas. Y ayudado por su amigo Olascoaga, había paseado su curiosidad por los dominios de la economía y de las finanzas".

A los pocos días de graduarse en nuestra Universidad, Blas Garay, recién casado con doña María Antonia Valdovinos, se embarca rumbo al viejo mundo. El gobierno paraguayo le encomienda la búsqueda en los archivos de Europa de documentos relativos a la historia nacional, principalmente los referentes a límites occidentales, Y le nombra Encargado de Negocios en Madrid y Secretario de Legación en Londres y París.

Garay inicia en el Archivo de Indias, de Sevilla, una labor vertiginosa y brillante. Devora libros, revuelve archivos y bibliotecas, hace copiar miles de documentos, edita obras agotadas o desconocidas sobre el Paraguay, tales como las de Félix de Azara, P. Nicolás del Techo y P. Juan Patricio Fernández, y en los intervalos de esa tarea gigantesca y penosa, tiene tiempo para escribir y publicar 4 libros. Esos días febrilmente atareados se reflejan, en parte, en una carta que escribe desde Sevilla el 27 de Junio de 1897: "No he disfrutado de momento de descanso, ya por los estudios que mi comisión me impone, ya por otros. Desde Abril estoy en Sevilla haciendo con buena fortuna investigaciones en el Archivo de Indias, a la deliciosa temperatura que aquí reina, y que varía entre 48º y 56º centígrados, más rayana en los 56 que en los 48, y sin pizca de viento, ni el consuelo de sudar. Esto es achicharrarse. Hasta ahora he trabajado 6 horas diarias; desde mañana trabajaré 10, pues deseo acabar cuanto antes para abreviar mi permanencia en Europa. Con este mismo objeto he ajustado al segundo jefe para que me ayude en la búsqueda. Figúrate cómo será el empeño que en el asunto pongo, que empleo ya a 11 copistas, habiendo empezado con 4". Como esto le parece poco, trabaja 12 horas diarias, consiguiendo que las autoridades del Archivo le habiliten horario extraordinario. En 6 meses revisa 1.370 documentos que totalizan 14.914 páginas de copias. Prosigue en Madrid sus investigaciones. A su regreso publica en "La Prensa" una serie de documentos bajo el título de "Los derechos del Paraguay al Chaco" y en la "Revista del Instituto Paraguayo" curiosos y preciosos documentos sobre el estado social del Paraguay antiguo. Es el primero, y uno de los más brillantes, de nuestros doctores en límites. Es, además, el primero de los revisionistas paraguayos.

Los 4 libros de Garay se publican en Madrid en 1897. Su "Compendio elemental de Historia del Paraguay" y su "Breve resumen de Historia del Paraguay", síntesis del primero., abarcan nuestro pasado desde los tiempos precolombinos hasta 1870. Ambos fueron escritos con premura, para llenar un vacío que dañaba a la formación cultural de las nuevas generaciones paraguayas.

El propio Garay lo reconoce. Y agrega: “Podrán apuntarse omisiones y desorden, hijos de la precipitación; pero dificulto mucho que se me rectifique nada importante, que está todo muy bien fundado y solo me serví de los autores para colmar los huecos que los documentos dejaban". En cambio, "El comunismo de las Misiones" y "La Revolución de la Independencia del Paraguay" son, como afirma Natalicio González, "dos obras de contextura tan sólida que han resistido al tiempo, y difícilmente serán invalidadas sus conclusiones, porque cada una de ellas descansa sobre abrumadores aportes documentales. Estos dos libros constituyeron un adelanto de lo que sería la Historia del Paraguay que Garay ambicionó escribir; cada hecho, cada afirmación fundamental o debatida, se erige sobre testimonios de primera mano, que en eruditas notas se señalan e invocan. Garay perfecciona a Prescott, y sigue un método que también adoptaron Manuel Domínguez y Fulgencio R. Moreno, creándose una escuela histórica paraguaya, que no por callada y casi oculta ha dejado de ofrecer hondo influjo en el Río de la Plata. Fuera el Paraguay país más poderoso, y alcanzara mayor difusión la obra de sus historiadores, y el nombre de Garay estaría gozando hoy de resonancia más que continental".

Luego de breve gira por Inglaterra, Bélgica y Francia, que emprendió tras sus acuciosas investigaciones sevillanas, Garay llega de regreso al terruño a fines de 1897. Intelecto brillante, genio cáustico, agresivo defensor de la moral pública y de las libertades ciudadanas, se convierte en una de las primeras figuras políticas y en la más alta cabeza intelectual de su patria. Miembro militante del Partido Colorado, cuenta detrás suyo con la masa mayoritaria del país. Y cuenta con el General Bernardino Caballero -glorioso guerrero, probo gobernante y fundador del partido-, quien desde el agreste retiro de su quinta ve complacido surgir este joven extraordinario y está dispuesto a entregarle la custodia de la obra común.

Apenas llegado de Europa, Garay funda el diario "La Prensa". El N° 1 aparece el 1° de Febrero de 1898. Desde el primer día, la nueva hoja ejerce extraordinaria gravitación intelectual y política; severo pero justo, Garay se erige en censor y guía; basta un artículo suyo para derribar al más encumbrado funcionario, porque ataca con justicia y nunca acusa sin pruebas; sus consejos influyen en las decisiones del gobierno, porque les inspiran el saber y la pasión de la patria. Su pluma corre, sin descanso; hoy adoctrina sobre finanzas y economía; mañana señala rutas a la política internacional; otro día evoca hechos y escenas del pasado; y al día siguiente ofrece una acuarela de la vida popular, exaltando lo bueno y condenando lo malo.

Blas Garay combatió el liberalismo económico, por reputarlo funesto en su aplicación a un país de las peculiares condiciones del Paraguay, y propugnó la adopción de leyes que fuesen creaciones vivas de la realidad social. En 1898, a los que sintetizan la misión del Estado en la fórmula "lo mejor que hay que hacer es no hacer nada", les refutaba así:

"La tesis, que pertenece a la escuela liberal, no nos parece defendible. El "laissez faire" puede convenir a países viejos, en donde la regularidad con que todos los organismos funcionan hace innecesaria en la mayor parte de los casos la intervención del Estado; pero no creemos que deba ponerse en práctica en países nuevos, que empiezan a desenvolverse tropezando a menudo en obstáculos, para dominar los cuales no basta la acción natural y libre de los intereses empeñados en vencerlos. Es necesario que el Estado, con los poderosos medios de que dispone, concurra a allanar el camino y hacer más fácil la evolución. Esa misión del Estado es legítima, y más reconocida cada vez como necesaria. Nadie tiene el interés que él para colocar rápidamente el país en situación de progreso. Como primero y principal interesado se justifica su intromisión; como el más poderoso, como el que encaminando bien sus esfuerzos ha de ser el que más haga, se hace esa intromisión necesaria. La repugnancia que a algunos inspira la acción del Estado en el orden económico, procede de la falsa idea de que únicamente existe para lo político. Somos partidarios de la intervención del Estado. La requerimos, si no como absolutamente necesaria, como sumamente conveniente. El Estado debe hacer algo, pensamos nosotros, en contraposición de los que creen que lo mejor que hay que hacer es no hacer nada".

De Garay arranca la grande y decisiva transformación ideológica que se opera en el Coloradismo. Al revés del principio liberal, se antepone la idea de un Estado promotor, organizador, orientador y defensor de los intereses colectivos. Esa línea prosigue a través de las ideas de Moreno, Irala, Pane, Brugada y Mallorquín. Se concreta luego en el Programa del Partido Colorado. Y la pone en marcha y la convierte en realidad el Presidente Stroessner.

"Constituyó -dice Natalicio González- un espectáculo intelectual único el de este joven de 26 años, de viril hermosura, más bien alto, de blanca tez y cabellos castaños tirando a oro, de dicción fácil y seductora, ardiente, audaz, infatigable en el estudio, elegante en los salones, versado en derecho, en literatura, en ciencias económicas y sociales, imbuido de las doctrinas de su tiempo pero al propio tiempo conocedor sagaz de las peculiaridades de su tierra, renovador de los estudios históricos y de las prácticas políticas, que irrumpe en el ambiente paraguayo con la autoridad de un guía intelectual y de un jefe de pueblos".

"Tiene 26 años -cuenta julio César Chaves- y ante él se abren todos los caminos reales que puede ofrecer un país. Es feliz en su hogar; ha tenido un hijo y espera otro. Tiene amigos que le quieren y adversarios que le respetan. Ha publicado libros, dirige un diario, interviene activamente en la política nacional. Es un verdadero gentleman, impecable en su vestimenta. Viste levita inglesa bien .cortada, cuello mariposa y en el plastrón una perla. Así aparece en el Club, en el Tribunal, en el Archivo. Cuando la ocasión no exige tanto, ceremonia, viste chaqueta obscura, pantalón claro, cuello duro y corbata de moño. Así le vemos en un almuerzo, en la fábrica de fósforos, en una reunión política en Concepción y en los ágapes. ¿Y el hombre? ¿Cuál era su diario vivir? Su jornada diaria nos puede ciar una idea de su actividad. Vivía en una mansión de la calle Alberdi entre General Díaz y Haedo, residencia después de la familia Prous, casa que había amueblado con máximo lujo. Durante las primeras horas de la mañana atendía sus asuntos personales. Luego escribía sus artículos para "La Prensa". A las 10.30 salía a la calle pata dirigirse al Centro Español, donde ya le esperaban sus amigos". Agrega que , éstos eran Domínguez, Moreno, Guanes, O’Leary, Pane, López Decoud, Guido Boggiani, Victorino Abente y el fotógrafo San Martin . Y que después de almorzar     en su casa, corregía las pruebas de los artículos de "La Prensa", al atardecer regresaba al Centro Español, y después de la cena hogareña le seguía apasionando la lectura de los clásicos.

El 16 de Diciembre de 1899, cuando apenas faltaban unos días para nacer el nuevo siglo, Garay cae abatido en Villa Hayes por una bala asesina.

Una sensación de estupor y de vacío corrió por la ciudad. Todas las grandes figuras nacionales lloraron su partida en artículos y discursos. Y otro ilustre escritor paraguayo, adversario político de Garay, Manuel Gondra, escribió estas líneas impregnadas de ática belleza y de honda desolación:

"Sale el sol en el horizonte e ilumina la llanura; y el ojo humano la abarca en toda su extensión, y ve lo que ella es, sembradío o erial, fértil vega o desolado yermo; pero la enhiesta montaña no ofrece al astro oriente sino uno de sus flancos y sólo cuando aquél llega a su cenit puede revelar a plena luz los secretos de la ladera opuesta.

Así el hombre y la vida. Hay espíritus que son como los llanos. Aún no alto el sol de la existencia y ya los muestra a la mirada perspicaz hasta en sus más lejanas proyecciones, pero otros como gigantes cordilleras no rinden todos sus tributos sino a la claridad meridional. El Dr. Garay fue uno de estos últimos: su alma tenía culminaciones de montaña. La elevación de

ésta le dio su talento pero no hemos conocido sino una de sus vertientes; la otra ha quedado en las sombras porque el sol se ha detenido cuando se iba acercando al meridiano.

¿Qué nos reservaba esa ladera invisible?

No lo sé; pero, lo que tengo en el espíritu con la evidencia de una realidad es que ya en días de luto o de regocijo, de gloria o de ignominia para la República, el Dr. Garay estaba llamado a llenar muchas páginas de sus anales futuros. Había en él la poderosa virtualidad de los que hacen historia.

¿Y el escritor? Garay hubiera sido un gran historiador y uno de los más ilustres escritores de Sud América. En sus últimos tiempos produjo páginas que, para mí, habían llegado a la perfección dentro del clasicismo español.

¡Qué gran escritor era!

¡Cuánto ha perdido el país y las letras de la América latina!

Más, aun admirando las magnificencias que nos ha ofrecido la falda del empinado monte que el sol iluminó, pienso con mayor dolor en las bellezas invisibles de la falda de la montaña que ha quedado del lado de la sombra".

Así pasó por la vida aquel meteoro luminoso de extraordinario fulgor.

 


FULGENCIO R. MORENO

 

Nació en Asunción el 9 de Noviembre de 1872. Descendiente lejano por la línea paterna de-Daniel O’ Leary, el general irlandés que fue edecán de Bolívar por la línea materna descendía de Fulgencio Yegros, uno de los principales autores de nuestra independencia y Presidente de la junta Superior Gubernativa de 1811-1813.

Pero -como bien señala Natalicio González- "ni en lo físico ni en lo espiritual nada delata en Moreno la ascendencia exótica, y puede decirse en su elogio que pocas individualidades nacidas en tierra guaraní condensan en su persona tantos rasgos típicos de esos que dan carácter al hombre paraguayo. Poseyó en alto grado el genio alegre de la raza, su sentido del equilibrio y de la mesura, su don irónico y festivo, y esa inteligencia penetrante aguzada por la viva percepción de lo real”.

Moreno nació a dos años escasos de terminada la inmensa tragedia colectiva de 1864-70 y perteneció una generación crecida entre las ruinas. Aprendió primeras letras en una escuela y efectuó sus estudios secundarios en el colegio de su ciudad natal. Diminuto vivaz, burlábase con picante ingenio de las humanas flaquezas. Las tiesas columnas de los diarios de entonces resonaban de imprecaciones solemnes y de estridencias románticas; Moreno las matizó por primera vez con la zumba y la ironía de sus versos.

En los días de su adolescencia, en la bulliciosa compañía de sus camaradas, Moreno recorría los suburbios asuncenos y las villas circunvecinas. En alegre cabalgata, guitarra al brazo, en las noches de plenilunio, cantaba al pie de las rejas de las mozas lugareñas. De este modo -comenta el autor citado- "se compenetra de las costumbres populares y se apodera de todos los secretos de la ciudad, domina el misterio de sus sitios apacibles y recatados, goza de la belleza de sus paisajes y de la gracia picaresca de sus tradiciones. Más tarde frecuentará por algún tiempo Tapuá, tan vinculado a las tradiciones históricas y literarias del Paraguay".

Esa región intermedia entre el campo y la ciudad fue siempre para el paraguayo colonial el lugar predilecto de su solaz y sus placeres. Fue allí donde, según el escribano Pero Hernández, el Capitán Domingo de Irala y sus hombres iniciaron los amores con las nativas de carne morena. Fue allí donde, según el propio Moreno, "los jesuitas localizaron el campo de los esparcimientos de Antequera, a quien le atribuían tanta pasión en contra de ellos como a favor del bello sexo de Asunción". Y fue allí donde la guitarra preludió los primeros aires nacionales, "cuyos acordes penetran tan hondo en el sentir del paraguayo y animan su soledad y sus nostalgias, vibrando perpetuamente dentro de su corazón como el eco lejano del terruño".

Fulgencio R. Moreno fue profesor de Historia Griega y de Historia Patria, miembro del Consejo Nacional de Educación, director del Colegio Nacional, director y redactor de varios diarios, director de la "Revista del Instituto Paraguayo", Secretario de Correos y Telégrafos. En 1897 es electo Diputado Nacional por el Partido Colorado. En 1901 es designado Ministro de Hacienda. En 1903 es elegido Senador de la Nación. Fue luego Ministro del Paraguay en Chile, Perú, Bolivia y Brasil. Y durante unos años colaborador y redactor de "La Prensa" de Buenos Aires.

Moreno fue brillante como economista, como historiador y como diplomático.

Siendo Ministro de Hacienda, se distinguió por la audacia de sus ideas que, fundadas en el conocimiento profundo del pasado nacional, tendían a restaurar en lo posible las corrientes políticas y económicas que hicieron la grandeza del viejo Paraguay. Combatió con brillo las ideas liberales dominantes en su tiempo, que empobrecen al pueblo y debilitan la función tutelar del Estado. El joven ministro presentó varios proyectos que concedían al Banco Agrícola la facultad de intervenir en el comercio de exportación y de correr con el estanco de algunos productos, tales como yerba-mate, tabaco y cueros.

"El obscuro campesino -decía- que se inclina diariamente sobre la gleba durante meses enteros; el peón obrajero, el minero de las grandes empresas yerbateras, el pueblo, en fin, trabajador y paciente ¿qué recibe en cambio del producto que extrae de la tierra, de la materia en cuya elaboración contribuye a veces con su vida entera?". Moreno llevó un ataque a fondo a la ideología liberal y demostró que nuestras riquezas básicas se hallaban entregadas a la Industrial Paraguaya, al Ferrocarril Central, al Banco Mercantil y otras empresas extranjeras.

"Para combatir estas anomalías -afirmaba- que surgen del caos de la economía nacional, es indispensable que el Estado intervenga en beneficio de la economía social o nacional. El error de los que todavía propalan la acción negativa del Estado, halla su origen en el falso concepto que de éste tienen y en las preocupaciones ya envejecidas de la escuela clásica. El "laissez faire" ha sido relegado ya en el museo de las antiguallas económicas. La intervención del Estado en la esfera económica es una condición necesaria para el desarrollo progresivo, para la integración constante del cuerpo social. La concepción contraria a estas sencillas verdades ha originado él error de los que quieren resolver todos los problemas con viejísimas recetas, sin tener en cuenta los progresos de la ciencia, la naturaleza de los fenómenos, ni el grado de ciencia, evolución económica en que aquellos aparecen. La teoría de la amplia libertad en la esfera económica, la doctrina del "laissez faire" es, como he dicho, una de las tantas antiguallas relegadas al museo de la ciencia: basta decir ,que ya hace cerca de veinte años que un Congreso de sabios profesores de los Estados Unidos celebrado en Saratoga Springs, ha declarado sin discusión alguna que ella constituye un error económico".

Esas ideas revolucionarias, vertidas por un ministro en pleno Parlamento paraguayo hace 75 años, estaban impregnadas del mismo sentido de justicia social de Blas Garay. Ellas constituyen la esencia ideológica del Coloradismo.

Tres son los "chef-d'ouvre", las obras maestras de Fulgencio R. Moreno. Su "Estudio sobre la Independencia del Paraguay", que vio la luz en 1.911. "La Ciudad de la Asunción", aparecida en 1926 y reeditada en 1968. Y la "Cuestión de límites con Bolivia", en 3 tomos (de los cuales el 2° se refiere a la Geografía Etnográfica del Chaco),  que fue publicada en 1929. Además, publicó "Antecedentes de los tratados y causas de sus fracasos", "La extensión territorial del Paraguay al occidente de su río", "El problema de las fronteras", "La cuestión monetaria" y numerosos artículos en periódicos nacionales y extranjeros.

Del "Estudio sobre la Independencia del Paraguay", Natalicio González ha dicho con razón que es un libro de historia y de sociología a la vez. Allí Moreno "estudia los orígenes de la nación paraguaya, sigue paso a paso los factores que concurrieron a formarla y pinta con rasgos evocadores el drama de un pueblo acosado por fuerzas hostiles, forjado en el dolor, que salva su individualidad contra todos los riesgos hasta erigirse en entidad independiente. Nada escapa al análisis del historiador, ni los factores geográfico y racial, ni el influjo del idioma guaraní en la elaboración del alma colectiva, y sin incurrir en los extremos de la escuela materialista, ni negar la preponderancia de las fuerzas morales y espirituales en el proceso de la historia, determina el papel de los intereses económicos en la orientación de los sucesos humanos".

"La Ciudad de la Asunción" es una obra llena de erudición y de amenidad. Moreno domina a fondo el pasado y lo viste con el velo de la gracia. Su prosa, pictórica y evocativa, tiene reminiscencias de Macaulay. "Desde allí -dice- bajaban diariamente, en largas hileras, con su alba túnica flotante, tras de sus mansos pollinos, las alegres proveedoras del mercado de Asunción; y las ligeras carretillas repletas de frutas, conducidas por mozos imberbes, enamorados y bullangueros; y los macisos carretones de tabaco o miel, que rechinaban-perpetuamente bajo el peso de su carga,. con, la calma imperturbable de sus viajeros "picadores". Y por el mismo camino, que ondulaba entre lomas y hondonadas, entre el verde esmeralda de los sembrados y los tonos obscuros de los bosques, bajo la sombra de una perenne vegetación, pasaban asimismo en alegres cabalgatas los caballeros y las damas de la ciudad, que acudían a una fiesta o tornaban a sus chácaras, lugares predilectos de su actividad o de sus goces”.

La "Cuestión de límites con Bolivia" es producto de su labor intelectual consagrada a la dilucidación del diferendo de fronteras con el país vecino. Desde esté punto de vista, José Falcón, Alejandro Audibert.; Manuel Gondra, Manuel Domínguez y Fulgencio R. Moréno son los eminentes obreros intelectuales de la defensa del Chaco. Sus alegatos histórico-jurídicos fueron hitos qué consolidaron los derechos del Paraguay, en aquella región del. territorio patrio. El Ministro de Bolivia Dr. Ricardo Mujía había preparado y escrito con todo cuidado y prolijidad su voluminosa obra "Bolivia-Paraguay" y se la presentó a Moreno sorpresivamente. El Protocolo vigente entre los dos países estipulaba un angustioso plazo de 4 meses para replicar a la extensa exposición boliviana. Pero el mayor sorprendido fue Mujía cuando Moreno, dentro del plazo estipulado, le presentó su caudalosa réplica "Cuestión de límites con Bolivia", brillante y erudita, cuyo 2º tomo analiza la Geografía Etnográfica del Chaco. El diplomático boliviano no pudo menos que admitir que "el trabajo de V. E. revela la intensa labor consagrada al asunto en debate, por su alta ilustración y reconocido patriotismo" . En el citado tomo, Moreno, con sus valiosas y precisas indicaciones, ubica a las naciones autóctonas en la vasta llanura en diversos momentos de la Conquista, dando así una clave científica para interpretar adecuadamente los documentos antiguos y seguir la huella de las expediciones, a la vez que arroja luz sobre un período misterioso del mundo americano.

Fulgencio R. Moreno unió al rigor científico del historiador honesto la belleza estilística del escritor galano. A lo largo de su labor intelectual asoma la emoción colectiva de su pueblo. Su obra es un fragmento vivo del espíritu nacional. Sus raíces están en el suelo nutricio. Fue un auténtico escritor de raza.

La Guerra del Chaco había estallado. La tierra de los quebrachos, cactus y aromitas se llenó de tanques, lanzallamas y metrallas. Moreno fallecía en su ciudad natal el 17 de Octubre de 1933, en vísperas de la decisiva victoria de Campo Vía, que consolidó para siempre la posesión del Chaco, a la que él tanto contribuyera con su patriotismo y su talento.


 

JUAN E. O'LEARY

 

"¡Muera López!" era el grito que proferían los invasores triunfantes. "¡Muera López!" coreaban los traidores acoplados. "¡Muera López!" era el slogan que se enseñaba en las escuelas. "¡Muera López!" repetían los niños después de la guerra.

Pero más tarde llegaría el reivindicador de su patria, el que iba a enseñar a las nuevas generaciones la falsedad de esa tesis interesada. El que iba a demostrar que el Tratado Secreto de la Triple Alianza había decretado inexorablemente el exterminio del Paraguay. Que le harían pagar cien millones de pesos, que reglamentarían la navegación de sus aguas, que le arrancarían sus fortificaciones, sus parques, sus armamentos, sus buques de guerra, que sería saqueado y devastado, y mutilarían su integridad territorial.

Ese reivindicador de su patria fue Juan E. O'Leary.

Nació el 13 de Junio de 1880. Realizó sus estudios escolares y secundarios en la capital, graduándose de Bachiller en Ciencias y Letras a los 18 años. Abandonó sus estudios universitarios, pero se convirtió en un profesor de energía y en un maestro de nacionalismo.

En el diario "La Patria", que dirigía Enrique Solano López, comenzó a librar, en 1902, en compañía de Ignacio A. Pane, su fogosa lucha por la revisión histórica. Escudriñando en la memoria de los veteranos y en millares de infolios inéditos, construyó la historia de la guerra del 64-70, purificándola de la mentira bajo la que yacía sepultada la verdad a los ojos del mundo. Desde entonces, su batallar no tuvo ya fin. En las plazas y bocacalles, en la prensa, en el libro, en la cátedra, en el Parlamento, propagó la buena nueva, con una laboriosidad sin tregua. Fue un luchador infatigable. Su ardor patriótico era comunicativo. Orador brillante, prosista vigoroso, pensador de aguda penetración, entró hondo en el alma de su pueblo, y así fue obteniendo cada vez más adherentes a la justa causa que defendía.

“La nación no tenía un sólo nacionalista -decía Juan Francisco Recalde—- hasta que surgió el gran O' Leary. Como un gladiador terció armas contra todas las iniquidades y con su fogoso entusiasmo derribó el  andamiaje de las crueles imposturas, para dejar a la luz con sus sombras naturales, al héroe de la defensa, el Mariscal Francisca Solano López. Cada uno de nuestros héroes fue ganando en estatura, en las polémicas y libros de O'Leary y en el corazón de cada auténtico paraguayo".

La palabra de O'Leary resonó en toda América como una viril protesta contra la iniquidad y la conquista, Su mensaje llegó a ilustres escritores de América, que entonces se convirtieron a su vez en fervorosos defensores de la causa del Paraguay. Basta citar al mexicano Carlos Pereyra, al venezolano Rufino Blanco Fombona, al brasileño Sylvio julio, al uruguayo Luis Alberto de Herrera y al argentino José María Rosa.

O'Leary perteneció a la ilustre generación del Novecientos y fue un brillante exponente del resurgimiento espiritual del Paraguay. Blas Garay, Manuel Domínguez, Fulgencio R. Moreno, Manuel Gondra, Ignacio A. Pane y Juan E. O’Leary son astros que brillarán siempre con refulgente luz en la historia de la cultura paraguaya.

O'Leary honró a su patria como orador, periodista, historiador, profesor, político, diplomático y poeta. Sus obras de historia son: "La Guerra de la Triple Alianza", "Nuestra Epopeya", “El Mariscal Solano López", "El Libro de los Héroes", “El Paraguay en la Unificación Argentina", "El Centauro de Ybucuí", El Héroe del Paraguay", "Los legionarios", “La alianza de 1843 con Corrientes" y "Apostolado patriótico".

Para Natalicio González, "O'Leary ha sido un profesor de optimismo, un animador de la resurrección nacional, un reivindicador de las virtudes negadas de su pueblo, de los valores vilipendiados que dan tono a la historia paraguaya. O'Leary es uno de los más elocuentes y amenos historiadores americanos. Se transporta al pasado; sufre, goza, ama, se indigna con sus héroes. Su obra caudalosa forma parte integrante del Paraguay, de esa tierra melodiosa donde el heroísmo de los hombres se atreviera a tanto, y donde sobre los viejos campos atormentados por la guerra reflorece con tanto vigor el ideal de la fraternidad americana",

Ezequiel González Alsina, refiriéndose a O'Leary, agrega: "Pompeyo González fue el nombre de combate que se dio el Maestro para lanzarse a la lucha contra los falsificadores y los réprobos, contra los timoratos y los renegados, cuando la libertad y el orden se entendían sin limitaciones para llenar de vituperio la memoria del Mariscal López y el sacrificio sublime del pueblo que le acompañó hasta el postrer aliento en defensa de la Causa Nacional. Pompeyo González fue el que puso sus oídos en los recuerdos de los sobrevivientes del pavoroso incendio, el confidente del General Caballero, el intérprete de los veteranos de la Diagonal de Sangre, de la Guardia de Hierro de Cerro Corá y de las peregrinas de la Residenta en la ruta del Caudillo sobrehumano hasta la cumbre del martirio".

Justo Pastor Benítez ha dicho con razón: "O'Leary es poeta y prosador de encendida elocuencia. No conoce matices, carece de mesura, pero crea belleza y contagia de emoción. O'Leary es uno de esos grandes agitadores de conciencia que necesitan los pueblos para no debilitarse, para no apartarse de su tradición de lucha. Su palabra tiene rudeza profética y la parcialidad inevitable de la afirmación rotunda. En lugar de foco que ayuda a esclarecer, usa la antorcha que se consume ardiendo y Alumbra con llamaradas. Escribe historia a la manera Michelet, reviviendo los cuadros, resucitando los acontecimientos y hasta interviniendo espiritualmente en ellos, en vez de juzgarlos".

“El Paraguay en la Unificación Argentina" fue una conferencia leída en el Teatro Nacional, él 10 de Noviembre de 1924, aniversario del Pacto de Unión de la República Argentina. El éxito alcanzado fue tan grande, que la prensa lo consideró como el mayor triunfo oratorio que haya conquistado un paraguayo. Y en medio de las aclamaciones delirantes con que fue saludado al terminar el conferencista, surgió, espontáneamente, entre sus admiradores y amigos, la idea de editar sus palabras en un libro. Así lo hicieron, y fue ese un estímulo al infatigable vindicador del Paraguay calumniado y un homenaje bien merecido a su talento, a sus méritos y a su esclarecido patriotismo.

El "Álbum Gráfico de la República del Paraguay", dirigido y editado por Arsenio López Decoud, apareció en Buenos Aires en 1911. Constaba de 544 páginas y exhibía 4.000 fotografías. Fue la obra de mayor envergadura realizada hasta entonces y quizá hasta hoy. Entre las interesantes colaboraciones en él contenidas figuraba "La Guerra de la Triple Alianza" de Juan E. O'Leary. En el prólogo del Álbum, al referirse a la misma, decía López Decoud: "Es entre todos los trabajos, el de más aliento y extensión y el llamado a tener gran resonancia, por ser "la primera vez que se publica una historia completa de esa guerra por un escritor paraguayo, cuyo talento, vasta preparación y autoridad en el asunto son bien conocidos",.

O'Leary fue profesor de Historia del Paraguay y de Literatura Española, y Americana, Director del Colegio Nacional, Diputado, Encargado de Negocios en España, Ministro en Italia, Embajador en el Vaticano, Ministro del Relaciones Exteriores: Falleció desempeñando el cargo dé Director General de Archivos, Bibliotecas y Museos de la Nación.

Era Miembro de Academias dé París, Madrid, Barcelona, Roma, México, La Habana, Caracas, Lima, Santiago de Chile, Buenos Aires, Montevideo y de numerosas Academias, nacionales.

Afiliado al Partido Colorado, llegó a ser Presidente del Ejecutivo Colegiado.

El Mariscal Pietro Badoglio, héroe de la 1º Guerra Mundial, estampó sobre él este juicio: "O'Leary es un profesor de patriotismo, La juventud debe leer sus libros, para aprender cómo se ama y cómo se defiende la tierra natal".

El Mariscal José Félix Estigarribia, conductor de la reconquista del Chaco, al terminar la batalla de Campo Vía le remitió este telegrama: "Usted ha infundido optimismo al alma nacional. La victoria de nuestro glorioso ejército es también suya".

Y el General Alfredo Stroessner -héroe de dicha contienda y Presidente de la República- prendió en su pecho la condecoración de la "Cruz del Chaco".

Sobre un pedestal de la Plaza de los Héroes se erige el busto en bronce de O'Leary y una calle céntrica de su ciudad natal perpetúa su memoria.

Ocupémonos finalmente del poeta.

Su iniciación se remonta a la presidencia del núcleo literario "La Brisa del Porvenir", que unía a los estudiantes del Colegio Nacional. Es el precursor de los temas nativistas en la poesía paraguaya, como lo prueban sus poemas románticos "El alma de la raza" y "¡Salvaje!". Agregó más tarde "Los conquistadores", colección de sonetos en los que cantó a Don Pedro de Mendoza, Ayolas, Salazar, Irala, Nufrio de Chávez y otros capitanes de la conquista. Después surgió el libro elegíaco "A la memoria de mi hija Rosita", en que el poeta logra conmovedores acentos cuando habla de la infancia de su hija, de su alcoba vacía, de su mudo piano, de las aves y las plantas de la casa ensombrecida.

Con posterioridad al deceso del poeta, unos admiradores recopilaron las poesías dispersas que O'Leary escribiera en Europa y las publicaron en un primoroso volumen titulado "Canciones de ultramar".

Ya en las orillas del Sena de la antigua Lutecia, o junto a la Torre de Oro de los navegantes sevillanos, o en los dorados crepúsculos de la Roma eterna, el poeta seguía pensando en su tierra lejana.

En impecables versos parnasianos O'Leary nos habla de la geografía y la historia de París, de la ligera mantilla de la niebla, el incógnito rumor del Sena, el ruiseñor alemán que cantó en París, la casa de Víctor Hugo en la Place des Vosges, la tumba de Alberdi en el Pére Lachaise, la tétrica celda de María Antonieta, el palacio del Louvre y su mística unción ante la Venus de Milo. Nos habla luego del encendido discurso de Camilo Desmoulins en el jardín del Palais Royal, la broncínea columna de la Place Vendóme, la guillotina en la hoy Plaza de la Concordia, los áureos clarines de La Marsellesa, el venezolano Francisco de Miranda, el maravilloso Jardín del Luxemburgo, la dorada cúpula de los Inválidos, la estatua de Bolívar en la Porte de Champerret y la Basílica de Saint Denis.

Nos habla también de España, del alegre otoño madrileño, El Escorial austero y hosco, el Guadalquivir pleno de sugerencias del pasado y la casona y la tierra de sus abuelos. Nos habla después de Italia, de su esplendor de antaño, el Papa y el Jardín del Vaticano, el genio y la gloria de Julio César, el infernal teatro del Coliseo y el ocaso en los jardines de la Villa Borghese. Y finalmente nos habla de los obeliscos de Roma, su evocación en el día de la patria, la Domus Aurea de Nerón, la columna de Trajano, Garibaldi y su esposa riograndense, el recuerdo que florece entre las ruinas y el pajarillo amigo que cantaba en la ventana del poeta.

Este último poema, titulado "¿En dónde estás corochité romano?", pleno de ternura y de nostalgia, dice así:

¿En dónde estás corochiré romano

que en el primer albor de la mañana

venías a cantar en mi ventana

con la dulzura de tu voz de hermano?

 

Te busco y no te encuentro en los castaños

que eran refugio de tu vida errante,

ni a mi reclamo acudes un instante

desde el oscuro fondo de los años.

 

Cantor amigo, te tragó la vida,

y yo, sangrando por mi vieja herida,

estoy de nuevo sin poderte oír.

 

Recuerdo eres nomás, pero, entretanto,

en mí está vivo tu fraterno canto

como una realidad de mi existir.

 

Es así cómo, bajo su caparazón de energía, aquel fogoso orador, vigoroso prosista e infatible luchador ocultaba un alma sensitiva y honda de poeta.


 

IGNACIO A. PANE

 

Hijo de un inmigrante de Sorrento y de una paraguaya, Ignacio A. Pane nació en Asunción el 31 de julio de 1881. Su padre, contratista de obra, trabó amistad con el General Bernardino Caballero y, simpatizando con la ideología del Partido Colorado, se afilió al mismo, contribuyendo a la caja partidaria con una bolsa de libras esterlinas.

Pane militó desde adolescente en la asociación política de su padre. Graduóse de Doctor en Derecho y Ciencias Sociales en la Universidad Nacional. En 1903 fue Secretario de la Legación en Santiago de Chile. Hombre bondadoso y de hogar, era un consumado gourmet y su especialidad ,consistía en preparar calamares con arroz y pimientos morrones. La influencia itálica de su ascendencia hizo que cultivara la poesía y la música. Entre sus poemas figuran "El pombero", "Ybapurú", "Raído poti" y "Pedro Juan Caballero". Con igual maestría tocaba el piano y la cítara, arrancando del teclado y de las cuerdas vibrantes polcas y nostálgicas barcarolas.

Ser leal a sus amigos y justo con sus adversarios, fueron dos cánones invariablemente observados por Pane en su paso por la vida. En esa vida tan fugaz, en esos días tan raudamente transcurridos, pues falleció antes de cumplir los 40 años.

Polifacética fue la personalidad de Ignacio A. Pane. Periodista, profesor, político, parlamentario y sociólogo, toda su labor se caracterizó por su solvencia intelectual y madurez de criterio.

Bajo el pseudónimo de Matías Centella, Pane inició con Juan E. O'Leary y Enrique Solano López la memorable campaña para reivindicar al Mariscal López y a las glorias nacionales. Ejerció la crítica histórica con espíritu científico y fe nacionalista. Fue uno de los iniciadores del revisionismo histórico. "No es al decir de Bacon Duarte Prado- un periodista de periferia, perenne desflorador de lugares comunes, reservorio banal de anecdotarios y cronicones adocenados; es por lo contrario el fiel observador de las costumbres, consecuente defensor de las buenas y flagelador incorrupto de las malas. Su arsenal de recursos retóricos y lógicos es prácticamente ilimitado, de modo que jamás se siente vencido o tentado a emprender la retirada del campo de tiro; siempre le sobran flechas en el carcaj".

Pane ejerció las cátedras de Sociología y Filosofía del Derecho en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, y la de Literatura Preceptiva en el Colegio Nacional y Escuela Normal. Por esos días apareció su libro "Lecciones de Literatura Preceptiva", verdadero monumento de Estética, Retórica, Estilística y Poética. "Si pudiera formulársele un reparo -agrega el citado autor-, por paradoja ha de asentarse que consistía en su abrumadora abundancia de ideas y la exuberancia portentosa de su pensamiento".

En política, ya hemos visto que actuó desde su mocedad en el Partido Colorado. A la doctrina liberal, el individualismo, el lesseferismo manchesteriano, opuso Pane, en la misma línea ideológica que Garay, Moreno, Irala, Brugada y Mallorquín, su doctrina nacionalista y su firme adhesión a los aspectos sociales de los fines del Estado. Se proclamó a sí mismo "socialista" para confirmar su postura antiliberal y antiindividualista. Son conocidas sus conferencias en esa dirección doctrinaria, que versan sobre "Política y obreros", "Solidaridad social", "La mujer ante la causa obrera". Fue además uno de los primeros feministas del Paraguay.

El 22 de Setiembre de 1907 una multitud congregada en la Recoleta, frente a la tumba del General José Díaz, conmemoraba la gloriosa victoria de Curupayty, vibrando de emoción patriótica al escuchar las palabras que pronunciaba O'Leary. Después de haber concluido éste, le sucedía Ignacio A. Pane en la tribuna cuando fue interrumpido por el Ministro de Guerra y Marina, Capitán de Fragata Manuel Duarte, con un grito estentóreo: "¡Muera López!". Pane, sin inmutarse, contestó: "Muerto está, pero seguirá viviendo eternamente en el corazón de sus conciudadanos! ". Entonces, sable en mano, una dotación de soldados atropelló salvajemente a la pacífica reunión.

Electo Diputado por el Partido Colorado, Pane se destacó de inmediato en el recinto del Congreso por su talento y sus virtudes cívicas y morales. Allí luchó con patriotismo y pasión por la justicia y el progreso. Adelantándose a su tiempo y a su medio, presentó un proyecto de ley reduciendo la jornada obrera a 8 horas, como también otras iniciativas de justicia social.

El Dr. Ramón V. Mernes había regresado de Inglaterra especializado en Metafísica y poco después fue electo Diputado por el Partido Liberal. En ocasión de debatirse un proyecto en él Parlamento, Pane y Mernes se trenzaron en una discusión de profundo significado filosófico. El largo debate se redujo a las exposiciones, réplicas y contrarréplicas entre ambos intelectuales. El parlamentario colorado llevaba visible ventaja sobre su contendor. Hacía 7 días que duraba la polémica cuando un cortocircuito puso fin a la sesión. La revista "Fígaro", que dirigía la pluma cáustica de Arsenio López Decoud, se hizo eco del suceso con una caricatura de Pane seguida de estos versos:

 

Orador que pidió luz

en la cuestión mernesiana

y lo dejaron a obscuras

tras de hablar una semana.

 

Ocupémonos finalmente del sociólogo. El pensamiento filosófico de Pane se entronca en el positivismo le Comte, Spencer, Stuart Mill, Littré y sus seguidores, pero expurgando cuidadosamente lo que resulta incompatible con su manera de ver y comprender cosas y fenómenos. Así, a pesar de spenceriano, Pane reniega de su individualismo para proclamar su colectivismo anti-liberal.

Ignacio A. Pane es ampliamente conocido en el exterior por sus estudios sociológicos, etnográficos y antropológicos.

Rufino Blanco Fornbona, el ilustre historiador, poeta, novelista y critico venezolano, dirigía en Madrid la Editorial América. Allí, en la "Biblioteca de Ciencias Políticas y Sociales", que había publicado obras de Juan Bautista Alberdi, Carlos Pereyra, José Gill Fortoul y Francisco García Calderón, lanzó en 1917 el libro "Apuntes de Sociología" de Ignacio A. Pane.

Y Natalicio González, el consagrado escritor paraguayo, en la "Colección Panamericana", de la Editorial Jackson, publicó en Buenos Aires en 1946 el libro "Ensayos paraguayos" de Ignacio A. Pane. Entre los numerosos trabajos allí recopilados se destacan "Geografía Social" y "La mujer guaraní".

En el primer libro citado el autor hace esta advertencia: "Superfluo es advertir que no pretendo haber hecho un trabajo original ni acabado. Lejos de favorecerme las circunstancias generales de la enseñanza (de remuneración y bibliotecas paupérrimas) y las mías personales, con 18 horas semanales de clase, la labor parlamentaria, mi estudio de abogado, etc., todo ha concurrido este año a impedirme el logro de mis deseos de ofrecer a los estudiantes la última palabra de la materia en lo referente a sus preliminares.

Consuélome, sin embargo, anotando que estos Apuntes pueden servir (a los alumnos, que me pidieron su impresión) de base y guía para estudios más definidos y completos, así como a mí me han servido de programa para las conferencias en aulas.

En fin, he hecho más de lo que debía y cuanto he podido. Que cada estudiante haga otro tanto y la patria y la ciencia se verán bien servidas".

Desde luego, Ignacio A. Pane fue calificado por René Worms como uno de los sociólogos más eminentes de la América Española.

Y Natalicio González dijo de él: "Apenas salía de la adolescencia, cuando abandonó sus líricas predilecciones para vivir bajo la advocación de la docta Palas. Más que el ruiseñor o él cisne de los poetas, amó el búho hermético, emblema de la sabiduría. Enriqueció la bibliografía paraguaya con una larga serie de opúsculos y libros. Fue indudablemente la cabeza científica mejor organizada y más alta que produjo el Paraguay. El brillo de su figura científica está embellecido por la suma grandeza de su figura moral. Su vida nos enseña que la ciencia, a la par de elevar el intelecto, purifica y ennoblece el alma de sus sacerdotes fieles".

Tal la personalidad y proyección intelectual y científica de aquel maestro por antonomasia que se llamó Ignacio A. Pane.


 

NATALICIO GONZÁLEZ

 

Calles de Villarrica, siempre verdes

de pasto, viejas de trescientos años.

Qué dulce era a la planta de los pies

desnudos, tu fino césped!

***

¡Oh, el árbol viejo, el guayacán antiguo,

que vio surgirte, mi Guairá,

a la Vida!

 

La rara arquitectura de su tronco

supo avivar el ensueño

y su copa gigante brindó sombra

en el gran patio del hogar paterno.

 

Era como un abuelo bondadoso.

Se hamacaba el ramaje a nuestro peso

y, maternal, al alcanzar su punta,

se inclinaba dulcemente hasta dejarnos en tierra.

***

¡Oh, calles de Villarrica,

donde cantaban las cigarras,

donde bailaban los trompos

y hacíamos volar nuestras pandorgas!

 

Los cocuyos bajaban por la noche

a jugar con los niños bullangueros

como un enjambre de estrellas.

 

¡Qué alegría el derribarlos!

Era lo mismo que cazar un astro!

 

Así evocaba Natalicio González los días felices de su infancia. Había nacido en, 1897 en Villarrica, "la andariega, acogedora y romántica". En esa Villarrica fundada a 60 leguas más al este del Salto del Guairá, y que acosada por los bandeirantes paulistas tuvo que trasladarse 5 veces para no desaparecer. En esa Villarrica famosa por la gracia de sus mujeres, sus paisajes y sus costumbres. En esa Villarrica de donde también surgieron escritores notables como Natalicio Talavera, Delfín Chamorro, Ramón 1. Cardozo, Luis Ruffinellí, Manuel Ortiz Guerrero, Efraím Cardozo y Leopoldo Ramos Giménez. En esa Villarrica de las añosas y venerables casonas, con sus plácidos aleros, sus puertas bilaterales y esquineras, sus ventanas de madera torneada y sus patios con aljibes, helechos y parrales.

A los 18 años Natalicio González se trasladó a la capital, comenzando desde muy joven a dedicarse a las letras, al negocio editorial, al periodismo y a la política.

Su cultura humanística era rica y profunda. Leía intensamente a los grandes filósofos, poetas e historiadores griegos y latinos y era entusiasta admirador de la literatura francesa. Su aporte a la cultura paraguaya está constituido por obras de difusión continental. Es uno de nuestros intelectuales más conocidos en América Latina. Se le reconoce como una de las plumas más brillantes de nuestro tiempo. La pureza ática y la elegancia francesa de su estilo son inconfundibles. Ha escrito páginas dignas de figurar en las más rigurosas antologías. Además, supo señalar un rumbo nuevo a las letras de su país y desempeñó un papel importante en la superación del rezagado modernismo.

Natalicio González publicó 15 libros. Poeta, narrador, escritor político, historiador, sociólogo y geógrafo, su labor es tan múltiple y profunda que por razones de claridad expositiva se hace necesaria una clasificación.

Comencemos por el poeta. Dice Dudley Fitts en su "Antología de la poesía latinoamericana contemporánea". "La poesía nueva es más dura, más intelectualizada: su símbolo es el sapiente búho en contraste al cisne donairoso pero vago y algo decadente que tanto amaban Darío y los simbolistas franceses que le precedían. Esta poesía la han vigorizado los temas y los ritmos indígenas -sean indios, afroantillanos, o gauchescos-, que la han transformado en algo muy criollo y enteramente de nuestros tiempos".

Pues bien, Natalicio González, sin dejar de ser modernista, fue ya un poeta nuevo. Fue el iniciador del nativismo en el Paraguay. Lo autóctono se percibe no sólo en los poemas indios de su libro "Baladas guaraníes", sino también en los posteriores poemas campesinos, incluidos en su libro "Motivos de la tierra escarlata". Este nacimiento de la tendencia agraria, resaltando el valor de lo nacional, es lo que podríamos denominar "la voz de la tierra". Su último libro de versos fue "Elegías de Tenochtitlán", inspirado en la historia azteca.

El narrador produjo "Cuentos y parábolas", "Vida, pasión y muerte de Güyrá Verá" y "La raíz errante", novela que se desarrolla en los yerbales y en que se aborda el tema social.

Como escritor político, Natalicio González ha dado a la estampa "El Paraguay eterno", "El drama del Chaco: el petróleo, la guerra y la oligarquía liberal", "El paraguayo y la lucha por su expresión", "Cómo se construye una nación" y "El Estado, servidor del hombre libre". En este último elabora un anteproyecto de Constitución Nacional.

El historiador luce sus cualidades de investigador sagaz y de interpretador objetivo en sus libros "Solano López y otros ensayos" y "Solano López, diplomático".

Natalicio González se revela como sociólogo en "Proceso y formación de la cultura paraguaya". En este libro medular, publicado en 1940, es el primero en esbozar una filosofía de la cultura paraguaya. Después de exponer la teoría de la cultura, estudia las bases físicas, la génesis de los valores utilitarios, la idealización de los valores, la aparición del espíritu científico, los valores sociales y políticos, la guerra y los dioses, y los rumbos de la expansión guaranítica. Seguidamente analiza la alianza hispano-guaraní, las fundaciones asuncenas, la asimilación de los valores coloniales, la industria agro-pecuarias él intercambio de valores, y la constitución étnica del pueblo. Y finalmente se ocupa de las instituciones sociales y militares, las instituciones seculares y eclesiásticas, la legislación indiana, costumbres, supersticiones y ceremonias, y la instrucción pública y la vida intelectual.

El último libro de Natalicio González fue su monumental "Geografía del Paraguay". Contiene 816 páginas, más de un centenar de fotografías y numerosos cuadros estadísticos. Estudia allí, con criterio científico moderno, la geografía física (geogenia, orogenia, hidrogena, climatología y humanización del medio), la biogeografía (autótrofos, heterótrofos y anthropos), la geografía humana ( población, alimentación, fabricación y circulación), la geopolítica (constitución del Estado, administración y geografía), la geoeconomía (la tierra y los valores; economía geográfica, geografía económica y ordenamiento geográfico) y la geografía aplicada..

Tal el escritor. Digamos finalmente algunas palabras sobre él editor, el periodista y el político.

A Natalicio González se le debe una importante labor de difusión cultural como fundador de editoriales. Al frente de ellas publicó gran número de libros sobre temas nacionales, propios y ajenos. Desarrolló con infatigable energía una labor literaria y editorial que hizo de él figura de relieve internacional. Trabajó primeramente, en 1920, en Ediciones Monte Domecq' en Buenos Aires. Luego, con Tomás Romero Pereira, fundó en 1925 la Editorial de Indias en París. En 1935 fundó la Editorial Guarania en Asunción, que en 1938 trasladó a Buenos Aires y en 1952 a México.

En el periodismo también realizó Natalicio González una intensa tarea. Fue redactor de "Fígaro" (la revista que dirigía Arsenio López Decoud), jefe de redacción del diario "General Caballero", director de "Patria", director de "La Unión" y director de "Guarania", una de las mejores revistas paraguayas, que apareció de 1933 a 1936 y en la que publicó crónicas memorables sobre la vida cultural del país.

Afiliado al Partido Colorado a los 18 años, fue un combativo militante. Conoció largos años de destierro. Y llegó a ocupar los siguientes cargos públicos: Diputado Nacional, Ministro en el Uruguay, Embajador en México, Ministro de Hacienda y Presidente de la República.

En todos los aspectos de su fecundo quehacer, Natalicio González se inspiró siempre en nuestras costumbres y los problemas de la tierra. Convirtióse así en el escritor paraguayo por excelencia. Y en cualquier lugar del exterior donde actuó supo honrar siempre a su patria.

 


DONDE LOS PAJONALES JUGUETEAN CON LA BRISA

 

La trayectoria del arte pictórico paraguayo tuvo sus altibajos. Durante la Colonia, los catecúmenos de las Misiones pintaron bajo la dirección de los jesuitas. De la era francíana nada se conoce. Carlos Antonio López envió como becarios a Europa a Aurelio García y Saturio Ríos, que a su regreso ejecutaron retratos de personajes de la época. Después de la hecatombe de 1864/70 vino una larga estagnación. Pero fue en las primeras décadas del siglo cuando surgió en el Paraguay una generación de brillantes exponentes del arte pictórico. Juan Samudio, en cuyas telas palpita la eglógica quietud de las campiñas paraguayas. Pablo Alborno, enamorado de las fuertes tonalidades de la flora nativa. Julián de la Herrería, vigoroso pintor y ceramista de motivos aztecas, quéchuas y guaraníes. Jaíme Bestard, luminista de tonos claros y avezado captador de la maravillosa policromía de los crotos. Roberto Holdenjara, en cuyas cabezas aborígenes capta el señorío y la tristeza de una raza que se va extinguiendo. Y Modesto Delgado Rodas, de quien nos ocuparemos hoy.

Nacido en Villeta en 1886, Modesto Delgado Rodas estudia pintura en Asunción, Buenos Aires, Roma, Milán y París. Permanece varios años en Detroit. De regreso al país, se radica primeramente en su ciudad natal y luego en la capital. Cultiva asiduamente el retrato, el paisaje y el desnudo. Realiza varias exposiciones individuales en el Gimnasio Paraguayo, en el Centro Cultural Paraguayo - Americano, en Buenos Aires, en Río de Janeiro y en Washington. Y exposiciones colectivas en tres Salones de Primavera, en Buenos Aires y en Cincinnati. En esta última obtiene el Premio Estímulo con su "Cabeza de niño". Fallece en Villeta en 1963.

Josefina Plá dice de él: "Sus cuadros se distinguen por la pincelada suelta y amplia, y por la luz. Es hasta ahora el único pintor en el país que hizo del desnudo su género predilecto. Sus retratos son buenos; el que pintó de Samudio es celebrado con razón".

Y la Dra. Nélida Amábile añade: "En todos sus paisajes podemos notar un verismo impersonal de acuerdo con los cánones de la pintura, aunque con caracteres propios en la composición del color. Los matices cálidos y fríos se mezclan y armonizan estupendamente. En la figura vuelca todo su entusiasmo y demuestra su dominio de la técnica. Sus mujeres son morenas como la tierra; en ellas vierte su propia tristeza y sensualidad. Y en sus desnudos vemos el recuerdo de la Venus clásica, reproducida en la historia del arte desde Giorgíone y Boticelli hasta Goya, Manet y Modigliani".

Conocí a Delgado Rodas en Caacupé durante las vacaciones de 1930. Yo había ido a preparar mis últimos exámenes de la Facultad de Derecho. Nos hospedábamos en la misma pensión. Al amanecer salíamos juntos campo afuera. El llevaba su caballete, su caja de pintura y su silla de tijera. Yo iba munido de códigos y textos. Elegido el sitio y sacando su paleta, pomos y pinceles, el artista comenzaba su tarea. Yo, olvidado de la mía, me pasaba absorto observando cómo el artista, con pinceladas maestras, iba trasmitiendo a la tela la atmósfera, la luz y la armonía del paisaje.

De regreso a la pensión, platicábamos sobre política. Delgado Rodas era de temperamento pasional, vehemente, exaltado. Yo era eleccionista, él abstencionista. Yo tenía fe en el sufragio, él sólo confiaba en la conspiración. Nuestra divergencia era cuestión de técnica, de procedimiento. Pero como los dos éramos colorados, siempre terminábamos llegando a un acuerdo... sin perjuicio de seguir discutiendo al día siguiente.

Durante 15 años, o sea de 1920 a 1935, el artista fue realizando, con renovado éxito, una docena de exposiciones en el Paraguay y en el exterior.

Delgado Rodas era partidario del pluralismo amatorio. Su esposa, norteamericana, no transigía con esa tendencia latino - guaraní. Y un día, liando sus bártulos, retornó a su patria, llevándose a Elena, su hermosa hijita rubia, que el padre adoraba.

Así comenzó la tragedia del hombre y del artista, Delgado Rodas se entregó en brazos de Dionisos. Como antes lo hicieran Van Gogh, Gauguin, Utrillo. Pero no transitando los viñedos del dios helénico, sino los cañaverales de la campiña nativa. Llegó un día en que, a raíz de un obscuro incidente con un vecino, el Comisario local humilló al artista en forma despiadada. Era la época azul. Pero no la época azul de Picasso, sino de la política criolla. Obligándole a subir a una reja y cumplir la pena del "ñakyrá", le expuso en la picota con este letrero infamante: "Yo soy ladrón de gallinas".

La historia no recogerá el nombre de aquel bruto. En cambio, el nombre del artista quedará grabado para siempre en el corazón de sus conciudadanos. Modesto Delgado Rodas vive y seguirá viviendo en sus telas admirables. En sus retratos, que están hablando, que se salen del cuadro, que nos cuentan su alegría, su tristeza, sus luchas, sus hazañas. En sus desnudos, que no tienen la frialdad estatuaria de las academias, sino la cálida morbidez de la carne. En sus paisajes, donde los pajonales juguetean con la brisa mientras los árboles dialogan con los pájaros, con el río y con las nubes.


 

LOS "MOTINEROS" DEL ATENEO Y LA ROSA DE JERICO

 

El Instituto Paraguayo, que sirvió de núcleo aglutinante a la brillante Generación del Novecientos, editó una de las revistas más importantes que existieron en el país y cumplió una función fundamental en la historia de la cultura paraguaya.

El Gimnasio Paraguayo, fundado por ex-becarios en Europa que en la primera década del siglo regresaban a la patria plenos de inquietudes espirituales, también publicó su revista y también cumplió una misión esencial en el área cultural.

Pero, con el andar del tiempo, ambas instituciones cayeron en una inocultable decadencia. Entonces, pana ser fuertes, resolvieron juntar sus debilidades. Se fusionaron en 1933 y constituyeron el Ateneo Paraguayo. Las finalidades perseguidas, según rezaba su estatuto, eran: 1º) Cultivo y difusión de las Ciencias, las Letras y las Bellas Artes, por cuantos medios estén a su alcance; 2º) Compenetración espiritual entre sus asociados; 3º) Vinculación efectiva con los demás pueblos de América, manteniendo un constante intercambio intelectual con escritores, artistas y entidades similares.

Sin embargo, el noble propósito no llegaba a concretarse en realizaciones. El Ateneo Paraguayo vegetaba como un hongo, se aburría como una ostra, los goznes chirriaban de herrumbre en la puerta de la vieja casona que ocupaba en la esquina de Presidente Franco e Independencia Nacional.

Fue entonces que surgió en un grupo de intelectuales la idea de realizar un motín para restaurar el viejo esplendor. Corría el año 1939. En la trastienda de una librería reuniéronse etnólogos, historiadores, dramaturgos, poetas, novelistas, compositores, pintores y periodistas. Allí se tramó la maniobra. El domingo próximo sería la asamblea. Nadie debía faltar. Había que guardar el mayor sigilo. Llegó el domingo. Se movilizaron apresuradamente numerosos vehículos. Y el escrutinio resultó arrollador.

Presidente del Ateneo Paraguayo fue electo el Dr. Juan Francisco Recalde (quien poco después partió al exterior). Vice-Presidente, el que escribe estas líneas (que presidió la institución durante el período 1939¬1941). Tesorero, Jaime Bestard. Secretario, Carlos R. Centurión. Los nuevos Vocales fueron Arturo Alsina, Luis Ruffinelli, Vicente Lamas, Josefina Pla, Hérib Campos Cervera, José S. Villarejo, José Antonio Moreno González y Juan Carlos Moreno González. Al poco tiempo se incorporaban al grupo julio Correa, José Concepción Ortiz, Augusto Roa Bastos e Isaac Kostianovsky. Juntando hombros, se luchó durante 2 años intensamente por jerarquizar y popularizar la cultura. La vieja casona se pobló de animación y de vida. Sus aulas destinadas a la enseñanza de las artes plásticas, la música, el canto, la danza e idiomas, a cargo de competentes profesores, se llenaron de jóvenes entusiastas y bullangueros. Bajo la denominación de "Los Jueves del Ateneo", se organizó un ciclo de 24 conferencias; la variedad de las materias y la versación de los conferenciantes coronaron la auspiciosa iniciativa con el más franco éxito de público y de crítica. Se inauguró la Exposición de Arte Pictórico, se llamó a un Concurso de Pintores Paraguayos para obsequiar un cuadro al Museo de Bellas Artes de Buenos Aires, y se presentaron el IV Salón de Primavera y varias exposiciones individuales. Organizados por el Ateneo, se realizaron en el Teatro Municipal numerosos conciertos de gran brillo. Se contrató la venida de la pianista Marisa Regules, de la recitadora Georgina de Uriarte y de los danzarines Enriqueta de Estrogamou y Antonio de Sevilla, todos ellos de destacados antecedentes artísticos. Se construyeron anaqueles para los libros de la Dotación Carnegie, que fueron incorporados a la entidad. Se designó el jurado que debía elegir la mejor novela paraguaya para ser remitida al Concurso Panamericano organizado por la editorial neoyorquina Farrar & Reinehart. Se efectuaron peñas nocturnas quincenales, consistentes en charlas literarias, números de música, canto y recitación. Se fundó la "Revista del Ateneo Paraguayo", bajo la dirección de José Antonio Moreno González. Se fundó el Elenco Teatral del Ateneo Paraguayo, designándose director a Fernando Oca del Valle. Y se fundó el Coro Polifónico, cuya dirección se encomendó a Carlos Basterreix. Todo esto, en el breve transcurso de 2 años.

¿Qué se ha hecho desde entonces? ...

Poco o nada. La verdad de que, desde tiempo atrás, el Ateneo Paraguayo fluctúa entre alguna esporádica actividad y el Mar de los Sargazos de la apatía.

Y no es justo que así continúe. Los intelectuales deben superar las vallas que los separan del pueblo. "No descendiendo nosotros -como aconseja un maestro- sino elevándolo a él por el arte y la cultura. Hagamos sentir a todos que perseguimos el bien común y no una finalidad de egoísmo y privilegio incompatible con el poder creador que entraña el conocimiento. Debemos transformar y enaltecer a la vida con el estudio perseverante. Elevémonos elevando a los demás, pues en la altura hay siempre más sitio para todos".

¿Cómo lograrlo? Nos permitimos hacer algunas sugestiones para ayudar al Ateneo a salir de su marasmo. Son las siguientes: 1º) Paseo Veneciano por la bahía; 2º) Baile Anual de Primavera en el Teatro Municipal; 3°) Juegos Florales en el Ateneo Paraguayo; 4°) Semana del Libro en el Parque Caballero.

No creemos que ninguna de ellas sea cosa trasnochada y cursi. Consideramos, por lo contrario, que todas ellas son fiestas de juventud y de belleza. "Los jóvenes de hoy -como dice un escritor-, pese al deporte, la lucha de clases, el imperialismo y la guerra, tienen los mismos sueños que teníamos nosotros en nuestra adolescencia. Y aún en el caso que no los tuvieran, es hermoso que nosotros les cultivemos esas expansiones puras del espíritu, que deben tender hacia lo alto, a mirar el cielo sin soñar con aviones".

En nuestra hermosa y olvidada bahía se realizaban antaño, en noches de plenilunio, paseos venecianos o verbenas náuticas. En Asunción, la ciudad que se aleja de su río, reanudar esa costumbre sería un espectáculo interesante y ocasión propicia para que los alumnos de música, canto y danza del Ateneo luzcan sus habilidades deleitando a los que van a bordo.

El Baile Anual de Primavera, que sería organizado cada año por el Ateneo, constituiría una fiesta del buen gusto y la distinción. Deberá ser anunciada con un concurso de affiches con premios alegóricos, y en ella habrá tómbolas en que se sortearán, con el número de la entrada de dama, abanicos con versos de nuestros poetas e ilustrados por nuestros artistas, terracotas típicas, panderetas pintadas, etc.

La justificación de los juegos Florales -llamados también Fiesta del Gay Saber-- es innecesaria, pues éstos son característicos en agrupaciones de arte y letras.

Los poetas consagrados y los que vayan surgiendo demostrarían así su maestría en el lírico torneo que organiza el Ateneo.

Y en el Parque Caballero, bajo el fresco follaje y junto al busto de Rubén Darío, el Ateneo celebraría la Semana del Libro. Todas las naciones del mundo exaltan el comercio glorioso de los sembradores de libros y consagran una fecha para su jubileo anual. Nuestro país necesita organizarlo y es el Ateneo Paraguayo el más indicado para proponerlo. Dicha entidad se encargaría de organizar conferencias sobre el libro, la imprenta, los escritores, etc., y el Estado las emitiría en cadena por todas las emisoras. Organizaría asimismo una exposición de documentos históricos del Paraguay, mapas, actas, tratados, obras paraguayas antiguas, etc. Por otra parte, las librerías establecidas en la capital se pondrían de acuerdo para unificar sus precios y rebajarlos durante esa semana en un 20 %.

Cumpliendo este plan de acción, el Ateneo Paraguayo haría un esfuerzo por la cultura, popularizándola y haciéndola amar.

¿Harán una toma de conciencia sus autoridades actuales? ¿O preferirán fusionarse con "Amigos del Arte" y el "Pen Club" para dejar de desperdigar energías, ya que sus propósitos son afines? ¿O es que esperan como única solución un nuevo motín restaurador?

Lejos está de nuestro anónimo transgredir el espíritu de la Constitución Nacional. No estamos incurriendo en el "delito de sedición", de que habla el Art. 39. "El pueblo -el Ateneo en este caso-- sólo gobierna por medio de sus autoridades" electas en asamblea. No se trata aquí de ninguna "reunión de personas armadas" ni desarmadas. Sólo formulamos preguntas, que en ningún caso constituyen una incitación a la revuelta.

¿Cómo terminará este largo cruzarse de brazos? ¿Reorganización? ¿Fusión? ¿Motín? No lo sabemos. Cuentan que la Rosa de Jericó, que crece en los arenales de Siria y Palestina, tiene la propiedad curiosa de revivir después de seca, cuando se la pone en agua. Sólo anhelamos que estos comentarios sean como un rocío para el Ateneo Paraguayo, a fin de que reviva como la Rosa de Jericó.


 

POR ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS

 

El Archivo Nacional, situado en la esquina Mariscal Estigarribía e Iturbe, cuenta con 6.220 volúmenes encuadernados, que contienen 2 millones de documentos.

Desgraciadamente, cuando la Guerra del 64-70 fueron llevados al Brasil 50.000 documentos. Además, muchas hojas han sido arrancadas de los volúmenes; otras piezas encuadernadas caprichosamente, sin responder a una guía histórica ni compaginación de fechas; fragmentos pegados burdamente con engrudo, que han servido de excelente material para las polillas y los roedores.

Durante los años 1970 y 1971 concurrieron al mismo 5.800 lectores, habiendo consultado unos 13.800 volúmenes.

Debido a la construcción de la 2º. planta del edificio -que también alberga al Museo de Bellas Artes- el Archivo Nacional tuvo que sufrir una clausura forzosa de 2 años.

Pero, defendiendo él patrimonio documental del país, y para salvar piezas que estaban destinadas a perderse (clima, desidia, deterioro natural del tiempo), se procedió entre tanto a la microfilmación íntegra de los manuscritos (de Pedro de Mendoza a Solano López) . Ademes, a continuar la catalogación de los mismos, a la limpieza y desinfección de la sala de lectura, a mejorar las condiciones lumínicas y a barnizar totalmente anaqueles, mesas y sillas, para comodidad de los lectores.

La importante institución ha sido recientemente rehabilitada.

Fundada por el humanista paraguayo Juansilvano Godoi el 25 de Marzo de 1909, la Biblioteca Nacional fue posteriormente adquirida por el Estado.

La valiosa colección cuenta actualmente con 40.000 volúmenes.

La importante sección dedicada a libros paraguayos contiene las obras de Charlevoix, Techo, Ruiz de Montoya, Lozano, Dobrizhoffer, Ruy Díaz de Guzmán, Azara, Robertson, Rengger y Longchamp, Du Graty, Demersay, Bermejo, Thompson, Masterman, Bliss, Nabuco, Washburn, Schneider y Taunay, muchas de ellas agotadas.

Aparecen también colecciones de revistas y periódicos de todas las épocas de la imprenta paraguaya. Así, "El Paraguayo Independiente" y el "Semanario de Avisos y Conocimientos Útiles", desde cuyas columnas tanto luchó don Carlos Antonio López por el reconocimiento de nuestra independencia y por la libre navegación de los ríos internacionales. "La Aurora", dirigida en 1860 por Bermejo, donde hacían sus primeras armas Natalicio Talavera y otros noveles discípulos del Aula de Filosofía. La "Revista del Instituto Paraguayo", que nucleaba a la brillante generación del Novecientos. "Crónica", con su literatura de opio y boulevard, fundada en 1913 por Leopoldo Centurión, Roque Capece Faraone y el caricaturista Miguel Acevedo. "Fígaro", que dirigía en 1918 el atildado, castizo y cáustico Arsenio López Decoud . "Juventud"; donde volcaban sus inquietudes Heriberto Fernández, Raúl Battilana y demás poetas de la generación de 23. Y "Guarania", la ilustrativa y amena revista fundada por Natalicio González en 1933.

Recientemente se ha incorporado la rica colección Enrique Solano López, como asimismo libros donados por el Instituto de Difusión Argentina en el Exterior y por las Embajadas de Chile, Alemania e Israel.

Durante los años 1970 y 1971 concurrieron a la Biblioteca Nacional alrededor de 2.800 lectores.

La Biblioteca Nacional, que funciona en un moderno edificio de cemento, acero y vidrio de la calle de la Residenta N°. 842, acaba de ser restaurada. Y su mobiliario, obsoleto y escaso, ha sido Totalmente renovado con mesas, sillas, vitrinas, anaqueles y ficheros modernos.

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Sabido es que el factor afectivo y el factor topográfico desempeñaron un papel preponderante en la Revolución de la Independencia. Benjamín Velilla demuestra que la casa de Martínez Sáenz constituyó un núcleo aglutinante de parentesco, de amistad y de vecindad entre los autores de los sucesos de Mayo. En esa apacible casona vivía Pedro Juan Caballero (era la casa de sus primos). Enfrente, sobre Presidente Franco, vivía Vicente Ignacio Iturbe (en casa de una tía). Y al otro lado, sobre Palma, vivía Juan Bautista Rivarola (en casa de su suegra). Los tres eran ex-alumnos del Colegio de San Carlos. Los tres conspiraban allí con otros patriotas. Y de allí salieron, en la noche de un 14 de Mayo inolvidable, para emancipar al Paraguay.

Esa sagrada reliquia fue tenida por los gobiernos anteriores en el más ruinoso y criminal abandono. Las paredes carcomidas, las vigas rotas, las tejas despedazadas, el patio convertido en un yuyal. Dolía el alma ver que un país que se considera civilizado tratara así la memoria de los que nos construyeron la patria. Era la única reliquia arquitectónica de valor histórico que nos quedaba, y por cierto la más preciada.

Comprendiendo la necesidad impostergable de poner manos a la obra, se inició la restauración de la Casa de la Independencia y se creó en ella un Museo. Esas puertas de tableros tallados, esas rejas de madera torneada, esos evocativos faroles coloniales, nos transportan a aquellos días gloriosos de 1811. Contribuyen a formar el ambiente de una casa-vivienda de la época, valiosos objetos adquiridos: restos del solar de Pedro Juan Caballero en Aparypy; un Cristo tallado en madera y la espada de Fulgencio Yegros; dos arcones, un reclinatorio y el abanico de la esposa de Juan Bautista Rivarola; el escritorio, la cama y una imagen de Fernando de la Mora; un arcón y un grupo escultórico en madera de Antonio Tomás Yegros, como asimismo retratos y documentos de los miembros de la junta Superior Gubernativa. Se han adquirido además un juego de sala, arañas, espejos, tapices, sillas fraileras, imágenes franciscanas y jesuíticas.

Visitan el Museo delegaciones de universitarios, colegiales, escolares, clubes y grupos de turistas, alcanzando en 1973 a 19.400 personas.

Así la patria de ayer se va transmitiendo a la patria de mañana.


 

PROSIGUE EL TRANSITAR POR LOS MUSEOS

 

En el pueblo de Yaguarón fue creado el Museo José Gaspar de Francia. Para ello, se adquirió el predio y se restauró el edificio que fuera durante la época colonial residencia del Capitán García Rodrigues de Francia y administración de la Real Hacienda de Tabacos. Allí su hijo José Gaspar de Francia pasó temporadas de su niñez. El nuevo museo fue amueblado con importantes piezas históricas, algunas pertenencias de nuestros próceres y el sagrario de la primitiva iglesia de Yaguarón. Existen retratos del Gobernador Pedro Melo de Portugal, el Teniente Coronel Anastasio Cabañas, el médico Estigarribia, Francia, Yegros y Caballero. Asimismo, estatuas del Dr. Francia (estudiante, alcalde, dictador y jinete) y retratos de sus descendientes. Y además un libro y una tabaquera del Dictador, un sillón frailero que perteneció a Fray Francisco Xavier Bogarín, un nicho, un retablo, un sofá colonial, una consola, una lámpara de bronce, telas cuzqueñas y platería colonial. Visitaron el Museo en 1973 unas 7.800 personas.

En la ciudad de Pilar fue creado el Museo del Cabildo. Encontrándose en mal estado el Cabildo colonial de la ciudad de Pilar, el Dictador José Gaspar de Francia ordenó en 1817 la erección de un nuevo edificio para la sede de la Casa Capitular. En 1821 se efectuaron elecciones para elegir las nuevas autoridades del Ayuntamiento. Y en 1822 finalizó la construcción. Pero en 1824 fue suprimido el Cabildo. Más tarde, en 1845, el entonces Coronel Francisco Solano López hizo allí el juramento a la bandera.

El edificio tiene el estilo que tenía el Cabildo colonial de Asunción, y es el único que subsiste en todo el país. Consta de tres lances y una planta alta, con un largo balcón delantero y baranda, de madera tallada. Se encontraba totalmente abandonado, ofreciendo un aspecto deplorable. Se iniciaron los trabajos de restauración. El Museo, recientemente inaugurado, está alhajado en la planta baja con muebles y objetos de la época del Mariscal López y en la planta alta con objetos coloniales, reconstruyendo una Sala Capitular.

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Hablemos finalmente del Museo de Bellas Artes. Fundado igualmente por Juansilvano Godoi en 1909, fue posteriormente adquirido por el Estado.

“Con mucho menos hemos empezado en Buenos Aires", nos decía Benito Quinquela Martín en ocasión de la visita que realizara a nuestro Museo.     `

Esta pinacoteca contiene obras de arte famosas, tales como un autorretrato del Tintoretto; una Virgen de Murillo; el "Calvario de Sagunto" de Rusiñol; “II terzo incómodo" de Favretto; un "Pasaje del Gil Blas" de Moreno Carbonero; una "Escena callejera" de Lancerotto y un retrato de la esposa de Luna Novicio. Contiene asimismo obras de artistas paraguayos, como Samudio, Alborno, Herrería, Bestard, Delgado Rodas, Holdenjara y otros.

A ello hay que agregar esculturas, grabados, cerámicas, caricaturas y vitrinas que contienen miniaturas, numismática y curiosidades históricas.

Poquísima gente frecuentaba el Museo cuando funcionaba en la esquina de Presidente Franco y O'Leary. En un destartalado local, en piezas pequeñas, obscuras y húmedas, estas joyas no lucían como debieran, y muchas de ellas comenzaban a deteriorarse.

El traslado del Museo de su antiguo local a los salones contiguos del Archivo Nacional fue una medida acertada. La inauguración se realizó el 29 de Diciembre de 1969. Decíamos en aquel acto: "Nuestro propósito es que el público asunceno adquiera el hábito de concurrir a museos, bibliotecas y archivos. Que estas instituciones abran sus puertas de par en par a escritores, artistas, estudiosos y estudiantes. Y que podamos mostrarlas con decoro y dignidad a los extranjeros que nos visitan".

Felizmente, ese propósito se ha logrado. Durante los años 1970 y 1971 concurrieron al Museo de Bellas Artes cerca de 40.000 turistas extranjeros y transeúntes asuncenos. Además se confeccionó el Catálogo, se imprimieron postales en colores y affiches, se pronunciaron 20 conferencias, se realizaron 6 exposiciones y se recibieron 45 donaciones del exterior.

Pero el local ya le resultaba estrecho al Museo. Una biblioteca o un museo no puede ser algo estático, inerte, sino una escuela en constante e ininterrumpida evolución para coadyuvar al progreso cultural de la comunidad. De ahí que se resolvió construir la 2á planta del Museo. Lamentablemente, la obra significó una clausura forzosa de 2 años.

Hoy el Museo de Bellas Artes reabre sus brazos fraternos al pueblo. Sin contar la sala donde funciona el Archivo Nacional, el Museo cuenta ahora con lo siguiente: Sala Europea, Sala Americana, Sección Escultura, Grabado y Cerámica, Sala Paraguaya, Sala Miguel Acevedo, Atelier, Dirección General, Secretaría y Patio Andaluz.

Una de las innovaciones ha sido la creación del Atelier o taller de restauraciones. Se le destinó especialmente el entrepiso. Una Conservadora tiene la misión de salvar la vida de las obras de arte. La sociedad "Amigas del Museo de Bellas Artes", además de organizar actos culturales, realiza festivales para ir adquiriendo el instrumental del Atelier.

Para solaz de los visitantes, en el Patio Andaluz, entre naranjos, césped y lajas, el chorro que fluye de un surtidor hace oír su apacible y sedante susurro.

Con el objeto de capacitar a los funcionarios para que sean útiles a investigadores, lectores y visitantes, y por tanto al pueblo, desde 1975 se dictan Cursillos de Archivología, Bibliotecología y Museología.

Como dice el museólogo argentino Dr. Julio César Gancedo: "En todo Museo debe estar viva la conciencia de perpetuar, es decir, de conservar y transmitir el patrimonio cultural, por lo que, en esencia, el Museo es la institución del gran rescate de un pasado en viaje al futuro. El Museo así, más que mausoleo, es Arca en que se salva un mundo de objetos tangibles para no perecer en un diluvio de tiempo".

 


MUJERES CELEBRES DE LA HISTORIA UNIVERSAL

 

La Organización de las Naciones Unidas ha proclamado a 1975 como Año Internacional de la Mujer. Y el Congreso Nacional ha declarado el 24 de Febrero Día de la Mujer Paraguaya.

No puede haber, por tanto, ocasión más propicia que hoy, 24 de Febrero de 1975, para celebrar ambos acontecimientos.

Debemos, pues, comenzar pasando revista a las mujeres célebres de la historia universal. Y luego constatar cómo la caravana femenil va atravesando la historia paraguaya.

Empecemos por María, la madre de Dios. El milagro de la Nochebuena en Belén revive en todas las imaginaciones. Bajo el mesón estaba la gruta, y en ella el pesebre donde nació Jesús. "Le envolvió en pañales -dice San Lucas- y acostóle en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón". Luego vinieron los días de Nazareth. Una gruta les servia de vivienda y taller. Mientras el Hijo del Carpintero, el dulce y luminoso Jesús, ayudaba a su padre, María, de amplia única flotante, iba todas las tardes con su cántaro a buscar agua en la fuente. En esa tierra florida de Galilea, montado en un borrico, Jesús recorría predicando la santidad de la pobreza y de la sencillez del corazón. Y la multitud que le seguía aumentaba constantemente. Y viene el Sermón de la Montaña, y la entrada en Jerusalén en medio del chasquido de las palmas y ramos de olivos, y la Ultima Cena, y el Monte de los Olivos, y los azotes y las bofetadas ante Poncio Pilatos, y la pesada cruz por el Vía Crucis. Y aquí María se encuentra con su hijo tan querido, arrastrándose acardenalado y sangrante. Y luego la cumbre del Gólgota, con el tormento infamante de la cruz, donde padeció las angustias de la sed y de la sofocación. Y el tétrico final. María, con los siete puñales del dolor clavados en su corazón, recoge en sus brazos el cadáver de su hijo bienamado. Han pasado 1942 años desde aquellos días. Y, sin embargo, María, la madre de Dios, sigue siendo la mujer más famosa de la historia.

Hay mujeres célebres por la fe.

Juana de Arco, humilde, piadosa y patriota, liberó a Francia de la ocupación inglesa, fue traicionada y muerta en la hoguera a los 19 años de edad.

Santa Teresa de Jesús, la Doctora de Avila, cuya infatigable actividad de reformadora la llevó a recorrer a lomo de mula y en carreta los caminos de España, a pesar de lo cual supo hallar el tiempo necesario para componer algunos de las más altos escritos de la literatura mística de todos los tiempos.

Sor Juana Inés de la Cruz, mexicana, autora de delicados relatos, versos y obras de teatro. Bernardette Soubirous, pastora cuyas visiones dieron origen a las peregrinaciones a Lourdes.

Otras son famosas por su belleza.

Helena, princesa griega, esposa de Menelao, que fue raptada por Paris y provocó la guerra de Troya. Cleopatra, reina de Egipto, que cautivó sucesivamente a Julio César y a Marco Antonio.

La Fornarina, romana, amante y modelo de Rafael Sanzio, que hizo de ella un retrato célebre, que se conserva en el Palacio Pitti, en Florencia.

Monna Lisa, esposa del florentino Francesco del Giocondo, que inmortalizó Leonardo da Vinci en la obra maestra que figura en el Museo del Louvre, en París.

Beatriz Portinari, dama florentina, inmortalizada por Dante Alighieri en su "Divina Comedia" y en la "Víta nuova".

Lucrecia Borgia, que protegió las letras, las ciencias y las artes, pero le acusa la leyenda de crímenes no comprobados y de una vida licenciosa.

Hay mujeres célebres en la política.

Isabel la Católica, reina de Castilla, que ordena al tesorero Santángel entregar a Cristóbal Colón 1.140.000 maravedíes para organizar una expedición marítima hacia el ignoto occidente. Y el navegante genovés consigue realizar así la estupenda hazaña de descubrir la más codiciable de las especias: todo un nuevo mundo.

Carlota Corday, heroína de la Revolución Francesa, que apuñaló a Marat para vengar a los girondinos y fue guillotinada.

Josefina de la Pagerie, nacida en la Martinica, viuda de Beauharnaís, casada con el General Bonaparte y que llega luego a Emperatriz de Francia.

Manuela Sáenz, patriota quiteña, amiga de Simón Bolívar, a quien salvó la vida, por lo que es llamada la Libertadora del Libertador.

Mariana Pineda, heroína española, condenada a muerte por haber bordado una bandera con el emblema de la libertad. Su figura ha sido poetizada y llevada a la escena por Federico García Lorca.

Golda Meier, que llegó a ser Primer Ministro de Israel.

Indira Gandhi, que es actualmente Primer Ministro de la India.

María Eva Duarte de Perón, reivindicadora de los humildes y desamparados.

Y María Stella Martínez de Perón, Presidente de la República Argentina.

Otras son famosas por la ciencia.

Marie Curie, química y física francesa, autora de notables trabajos científicos, descubridora del radium, Premio Nóbel.

Concepción Arenal, filántropa y socióloga española, que durante 30 años visitó las cárceles, procurando por todos los medios aliviar la suerte de los presos, y cuyos libros revelan su profundo amor a los humildes.

Hay mujeres célebres por el arte.

Isabel Vigée Lebrun, pintora retratista francesa.

Sarah Bernhardt, artista dramática francesa.

Ana Pavlova, bailarina rusa, creadora genial de "La muerte del cisne".

Otras son famosas por sus novelas.

Madame de Staél, escritora francesa, autora de la novela "Cerina" y del libro "De Alemania", que contribuyó poderosamente a difundir las corrientes románticas.

La Marquesa de Sevigné, escritora francesa, cuyas célebres "Cartas" a su hija constituyen uno de los monumentos de la literatura francesa.

Aurora Dupin, llamada Jorge Sand, inspirada novelista francesa, cuyos amores con Musset y Chopín fueron célebres.

Harriet Beecher-Stowe, escritora norteamericana, autora de la novela antiesclavista "La cabaña del tío Tom".

Cecilia Bohl de Faber, llamada Fernán Caballero, autora de relatos de carácter costumbrista español, tales como "La gaviota" y "La familia de Alvareda".

Emilia Pardo Bazán, escritora española, autora de novelas, cuentos y estudios de carácter social y literario. Selma Lagerloff, Premio Nóbel, que nos deleita con "El viaje maravilloso de Nils Holgerson a través de Suecia".

Y hay mujeres célebres por sus versos.

La griega Safo, la primera poetisa de la historia, que vivió 600 años antes de Jesús, dejó epitalamios, himnos y elegías.

La Condesa de Noailles, poetisa francesa, autora de poemas plenos de melancolía e inquietud. Marcelina Desbordes-Valmore, poetisa francesa, cuya vida angustiada le inspiró delicados versos. Rosalía de Castro, poetisa gallega, autora de "Folhas novas", obra llena de ternura y nostalgia. Juana de Ibarbourou, poetisa uruguaya, diáfana y musical.

Alfonsina Storni, poetisa argentina, simbolista y trágica.

Y Gabriela Mistral, poetisa chilena, Premio Nóbel, con sus hondos poemas impregnados de amor universal, amor a Dios, a la naturaleza, a los niños, a los humildes. Aquella que en su "Plegaria por el nido" pide al Señor;

"Dulce tu brisa sea al mecerlo,

dulce tu luna al platearlo,

fuerte tu rama al sostenerlo,

bello el rocío al enjoyarlo.

 

De su conchita delicada

tejida con hilacha rubia,

desvía el vidrio de la helada

y las guedejas de la lluvia.

 

Desvía el viento de ala brusca

que lo dispersa a su caricia

y la mirada que lo busca,

toda encendida de codicia.

 

Guarda su forma con cariño

y pálpala con emoción.

Tirita al viento como un niño;

¡es parecido a un corazón!"


 

MUJERES DE LA COLONIA

 

Pasando de lo universal a lo particular, de lo foráneo a lo nativo, hablemos ahora de las mujeres de nuestra tierra.

ISABEL DE GUEVARA

Estaba prohibido que viniesen mujeres en las expediciones a América. Con gran excepción, en la de Don Pedro de Mendoza vinieron algunas mujeres. Una de ellas, Isabel de Guevara, escribió una carta a la Princesa doña Juana, gobernadora de España en ausencia de su hermano Felipe II. Esa carta que, como dice Enrique Larreta, impresiona "por la grandeza trágica de la situación que describe y por lo que dejan imaginar sus toques admirables", cuenta que las mujeres no sólo hacían la comida y lavaban la ropa, sino que - tal era la flaqueza en que habían caído los hombres - hacían centinela, rondaban los fuegos, armaban las ballestas y daban alarma por el campo a voces.

Pero escuchemos directamente a Isabel de Guevara: "Determinaron subir el río arriba, así flacos como estaban, y en entrada de invierno, en dos bergantines, los pocos que quedaban vivos; las fatigadas mujeres los curaban y los miraban y les guisaban la comida, trayendo la leña a cuestas de fuera del navío y animándolos con palabras varoniles que no se dejasen morir, pues pronto darían en tierra de comida, metiéndolos a cuesta en los bergantines con tanto amar como si fueran sus propios hijos, y como llegamos a una generación de indios que se llamaban timbúes, señores de mucho pescado, de nuevo les servíamos en buscarles diversos modos de guisarlo porque no les diese en rostro. Todos los servicios del navío los tomaban ellas tan a pecho que se tenía por afrentada la que menos hacía que otra, sirviendo de marear la vela, y gobernar el navío y sondar de proa y tomar el remo al soldado que no podía bogar. Verdad es que a estas cosas ellas no eran apremiadas, ni las hacían de obligación, y las obligaba sí, solamente, la caridad".

ANA DIAZ

Hacía casi cuarenta años que la primera Buenos Aires, la de Mendoza, había desaparecido. Incendiados los últimos ranchos, avanzó el pasto y, cubriendo las cenizas, la borró del mapa. Ante la vista sólo se extendía de nuevo el infinito verde de la pampa y el infinito azul del mar.

Fue de Asunción de donde saldrían los fundadores de la segunda Buenos Aires. El Gobernador Juan de Garay decidió establecer en el Río de la Plata un puerto para unir España a Asunción y al Perú. Se realizó, pues, en Asunción la ceremonia de levantar un estandarte, tocar trompeta y tambor y con voz de pregonero llamar a todos los habitantes qué quisieran tomar parte en la jornada. Se alistaron 56 "nacidos en la tierra", es decir, mestizos paraguayos y 10 españoles.

Entre los fundadores de Buenos Aires se encontraba una mujer: Aria Díaz. Era hija del gallego Mateo Díaz y de la india Savé. Josefina Cruz se la imagina así:

"Se asemejaba a una. española, graciosa, alegre y gorjeaba igual que los surucuá y los guyrá campana. Sus ojos, de un verde brumoso, iluminaban su cara de ángel mestizo y tenían la misma luz que las rías gallegas antes de volcarse en el mar".

La citada escritora evoca así la entrevista con Juan de Garay:

"Lo que más recuerdo de mi madre son sus manos, y su voz dulcísima. Ella me cantaba en guaraní mientras me mecía en sus brazos. Sus manos sabían cultivar la tierra. Ella me hizo gustar el maíz, que siempre llamaba avatí. ¡Cuántos sabrosos platos preparaba con granos de sol!... Hoy iré a ver al Caraí-guazú para pedirle que me permita tomar parte en la expedición... ¡Quiero fundar con vos ese poblado, Caraí-guazú! Yo labro la tierra y ordeño y guiso como la mejor y sé de telares, de remiendos, de hierbas curativas y de emplastos y, si viene al caso, pues sé tender el espinel y disparar el arcabuz. ¡Quiero ayudaros, señor! No tendréis queja de mí. ¡Dejadme acompañaros! ".

El jefe vasco vacila, se mece las barbas, echa a andar por el aposento y cede al fin.

Parten de Asunción los expedicionarios, acompañados de sus ganados, sus semillas, sus instrumentos de labranza y sus esperanzas. Y el 11 de junio de 1580 fundan la segunda Buenos Aires, "realizando una hazaña que hoy se pierde en el murmullo de los autos y entre las cumbres de los rascacielos".

Juan de Garay le adjudicó un solar, el de la esquina suroeste de Florida y Corrientes. Allí Ana Díaz levantó su rancho de paja y barro, cultivó su huerto, luchó; sufrió y amó.

LORENZA DE MENA DE LLANAS

Los jesuitas ejercían el monopolio de las industrias básicas del Paraguay. Poseían extensos yerbales, ricas estancias de ganado, variados cultivos agrícolas, no pagaban salario a los 160.000 indios, ni diezmo al Rey, ni flete, pues transportaban sus mercaderías en embarcaciones propias, construidas por los indios. Esto causaba una competencia ruinosa al resto de la Provincia. Por otra parte, el Virrey del Perú ejercía una política de absolutismo centralista. Como una reacción contra todo ello estalla la Revolución Comunera. El Cabildo, los franciscanos, el pueblo asunceno, los pueblos del interior defienden la causa popular. Se predica ruidosamente en las calles asuncenas. Hay batallas en la ciudad y en los campos. Los jesuitas tocan todos los resortes para imponerse (el Papa, el Rey, el Virrey, la Audiencia de Charcas) hasta que la causa de la comunidad, desmayada y agotada, es ahogada en sangré.

El ilustre caudillo comunero Dr. José de Antequera y Castro sufre 5 años de cárcel en Lima y luego perece camino del cadalso. Y es ejecutado Juan de Mena, su leal compañero. La llegada de estas noticias causa inmensa indignación en los comuneros asuncenos. El Colegio Jesuítico es asaltado y los miembros de la orden expulsados. El pueblo se reúne en la Plaza Mayor. Allí se presenta Lorenza, la hija de Juan de Mena, viuda de Llanas. Y dirigiéndose a la multitud, dice así:

"Yo llevaba luto por mi esposo, Ramón de las Llanas. Vosotros sabéis cómo luchó bravamente por la causa comunera. Hoy nos llega la noticia del suplicio de nuestro ilustre jefe el Dr. José de Antequera. Y del suplicio de mi padre, Juan de Mena, su fiel camarada. Los tres fueron héroes, los tres fueron mártires de una noble causa. Yo acabo de arrojar mis negras vestiduras y me presento ante vosotros de blanco, porque no es bien llorar vidas con tanta gloria tributadas a la patria".

JUANA DE LARA DE BEDOYA

La inmensidad del imperio colonial español, su alejamiento de la metrópolis, el grado de prosperidad económica relativa de esas colonias, los efectos del sistema económico y político de la metrópolis con las colonias, la intervención de Napoleón en España, los principios proclamados por la Revolución Francesa, el ejemplo de la emancipación de las colonias inglesas de América y el sentimiento de amor por el suelo natal, fueron factores que influyeron decididamente en la emancipación de las colonias hispanoamericanas.

Las discrepancias latentes en el Paraguay contra el régimen colonial se precipitaron. Había, pues, que canalizarlas en un solo anhelo, en una sola aspiración. Y la desembocadura de la situación no podía ser otra que ésta: formar un Estado autónomo. Los patriotas comprendían que era necesario administrarse libremente, participar directamente en el gobierno, no pagar impuestos onerosos, anular los monopolios, hacer que los gravámenes y rentas no vayan a ultramar, sino a poder de la nación. Y que era necesario establecer la independencia y la democracia, esto es, la autonomía en lo internacional y la soberanía del pueblo en lo interno.

El Capitán Pedro Juan Caballero vivía en la casa de sus primos los Martínez Sáenz (la hoy denominada Casa de la Independencia). El Capitán Vicente Ignacio Iturbe vivía en la casa de su tía Juana de Lara, viuda de Bedoya, situada enfrente. Y el Capitán Juan Bautista Rivarola vivía en la casa de su suegra, la viuda del Regidor Blas de Acosta, situada a la vuelta de la esquina (actual almacén "La Perla" de Ruggero Hnos.) . Los tres miembros del glorioso trinomio revolucionario eran ex-alumnos del Colegio de San Carlos, amigos y vecinos. El sitio más cómodo y disimilado donde reunirse era la casa de los Martínez Sáenz. Allí conversaban, pues, con otros patriotas preparando el movimiento contra el gobernador español para emancipar al Paraguay.

Pese a la derrota de Belgrano, el peligro porteño subsistía. Por otra parte, el gobernador Velasco andaba en sospechoso contacto con los portugueses, que le estaban por enviar 500 soldados en calidad de auxiliares. La revolución imponíase, por tanto, no sólo como insurgencia contra España, sirio también como un golpe preventivo contra Portugal. El Capitán Troche pronto sería relevado en la guardia del Cuartel. Además, un pariente de Iturbe le advirtió que el gobernador estaba ya enterado de la conspiración. Iturbe dio de inmediato aviso a Caballero. Y éste resolvió, sin pérdida de tiempo, dar esa misma noche el golpe. Pero ¿cómo avisar a los demás patriotas la hora y el santo y seña? Una mujer se ofreció a cumplir la importante y peligrosa misión. Doña Juana de Lara, viuda de Bedoya, la tía de Iturbe, se dirigió rápidamente a la Catedral, arrodillándose junto a la pila de agua bendita y desde allí iba transmitiendo a los patriotas la hora y el santo y seña:

"Hoy a las 7 de la tarde en la casa de Martínez Sáenz. ¡Independencia o muerte! A las 8 se tomará el Cuartel de la Ribera".

Así fue transcurriendo aquella noche memorable, en medio de zozobras y esperanzas. "Noche del 14 de Mayo constelada de estrellas; fecha de luz, Navidad de un pueblo fuerte".

Y el 15 de Mayo - rosado amanecer de patria - la ilustre dama, haciendo con sus finas manos una guirnalda de claveles, jazmines y campanillas, se presentó al Cuartel a ofrendarla con estas palabras:

"Estos colores - encarnado, blanco y azul turquí - que fueron defendidos con honor por el contingente paraguayo en la defensa de Buenos Aires y Montevideo contra los invasores ingleses, sean los de esta patria que hoy nace radiante y gloriosa".


 

MUJERES DE MAYO Y DE LA ÉPOCA DE LÓPEZ

 

FACUNDA SPERATTI DE YEGROS

Surgía el primer gobierno patrio bajo los mejores auspicios. El Teniente Coronel Fulgencio Yegros, Presidente de la junta Superior Gubernativa, contaba con la colaboración del Capitán Pedro Juan Caballero, el animoso y decidido jefe de la Revolución de Mayo, y de tres hombres formados en la Universidad de Córdoba: Dr. José Gaspar de Francia, Presbítero Dr. Francisco Xavier Bogarín y don Fernando de la Mora.

En 2 años escasos realizaron muchas útiles obras de gobierno. Señalaron él derrotero que seguiría en adelante el Paraguay en sus relaciones con las provincias que habían integrado el extinguido Virreinato del Río de la Plata, firmaron el tratado del 12 de Octubre de comercio y límites con Buenos Aires, consolidaron la independencia política con la independencia judicial, establecieron que "el 15 de Mayo, día de nuestra nativa libertad, será de tabla y gala, ahora y siempre", declararon la libre navegación de los ríos 3 años antes de la famosa declaración del Congreso de Viena, protegieron la primera empresa de navegación a vapor, propulsaron la educación popular, crearon la primera sociedad literaria, iniciaron la primera biblioteca pública, adquirieron la primera imprenta, proclamaron la Independencia Nacional, adoptaron el nombre de República del Paraguay y adoptaron la Bandera y Escudo nacionales.

Uno de los hermanos Martínez Sáenz se hallaba casado con una Speratti. Con estos cónyuges vivía la señorita Facunda Sperattí, novia del Teniente Coronel Fulgencio Yegros. Curiosidades históricas: la finura esposa del futuro Presidente del Paraguay vivía en la futura Casa de la Independencia.

Seis meses después de la Revolución de Mayo, el Presidente Yegros y Facunda Sperattí se casaban en la Catedral. Habrá constituido sin duda un brillante acontecimiento social, del cual lamentablemente no ha quedado crónica alguna.

El Fuerte Borbón (hoy Olimpo), fundado por el Paraguay en 1792, fue sorpresivamente ocupado por los portugueses del Brasil en 1812. La noticia cundió rápidamente por la ciudad. Reuniéronse de inmediato los miembros de la junta Superior Gubernativa, el Cabildo, los oficiales del Cuartel y algunos veteranos y milicianos. La junta promulgó un bando designando al Vocal don Fernando de la Mora Jefe de una expedición para recuperar el Fuerte Borbón. "¡A retomar Borbón"! era el grito que se escuchaba por todas partes. El Cabildo resolvió que sus miembros den donaciones para ayudar a costear la expedición. Muchos vecinos dieron también donativos con el mismo objeto.

La esposa del Presidente Yegros, doña Facunda Speratti, al dar su aporte, envió al Vocal de la junta Capitán Pedro Juan Caballero una carta en que se trasluce, junto al cultivado espíritu de su autora, la épica grandeza del momento. Decía así:

"La defensa de la patria es tan natural a la criatura humana como el deseo de su existencia. El hombre libre no nació pasa sí sólo, sino para su patria.

Estos obligantes preceptos, es de primera necesidad significarlos en los apuros de esta dulce madre. El gobierno, mirando el honor y decoro de la patria, determinó mandar una expedición para desalojar del Fuerte Borbón a los que lo tomaron quebrantando el Derecho de Gentes. Mi sexo no me permite salir al campo del honor, y deseando estar en él, encontré él secreto de verificarlo en el corto donativo de 25 pesos mensuales durante dicha expedición, para que se invirtiesen en aquellos gallardos jóvenes que con denuedo y bizarría se distinguiesen en las acciones que se presentasen. Dígnese Vuestra Merced pasar orden al ministro tesorero general de real hacienda, don José Elizalde, descuente de mi esposo los 25 pesos de este mes presente, Agosto. Esta es mi voluntad expresa, y este el consentimiento de mi ya dicho esposo. Sírvase Vuestra Merced dispensarme esta corta oferta, pues fuera mayor si no fuesen tan limitadas mis facultades. Pero yo en todo tiempo estoy dispuesta a socorrer siempre a mi patria en sus apuros, aunque quede sujeta a la sola ración de mi amable esposo".

ELISA LYNCH

Elisa Lynch -la bella irlandesa que fue durante 17 años la compañera del Mariscal Solano López-ejerció gran influencia en la cultura y sociabilidad paraguaya, y se solidarizó integralmente con la suerte de la patria en los días trágicos del 64-70.

Su casa, con planos del Ing. Francisco Wisner de Morgenstern, fue construida en la esquina de San Blas y Fábrica de Balas, hoy Yegros y Mariscal Estigarribia.(Actualmente ocupa el edificio la Facultad de Derecho). Como en las tertulias de Madame Recamier y de Mariquita Sánchez de Thompson, a las de Elisa Lynch concurrían diplomáticos, cónsules y la gente de arte y letras de la época.

“En menos de diez años -dice Concepción de Chaves- Elisa Lynch había transformado las costumbres asuncenas. Sus gustos creaban nuevas necesidades y se reflejaban en la vida de su tiempo, en lo que esa vida tenía de cómoda, ornamental y ligada a las necesidades humanas. Su peluquero, sus modistas, por más que hacía traer la ropa de Buenos Aires y París y se las confeccionaba ella misma, ostentaban el pomposo título de "tailleur" y "coiffeur" de Madame Lynch. La moda, ese dominio multiforme de la mujer, ella la imponía con soltura y elegancia. Desde el más grande hasta el más pequeño objeto llegaba a la capital bajo su advocación. Su personalidad latía en los palacios que se edificaban, en la suntuosidad de las mansiones estrenadas por los López, en las flamantes berlinas, en los aderezos de piedras preciosas que Luis Manette importaba de París, en las "toilettes" de brocados y de blondas, que substituían a las sayas rameadas y a las blusas de linón. Reposteros y cocineros rivalizaban en la preparación de platos y confituras. Ella enseñaba el amor a los jardines: hacía traer claveles de España y rosas, de la Malmaison.

Emanaba de ella un soplo de esa cultura europea que exaltó el ambiente de la pre-guerra. Si en sus salones aromatizados de diamelas y de nardos se jugaba al ajedrez, también se concurría a la formación del intelecto de la época. Allí se discutía sobre revistas y libros europeos, sobre teorizadores franceses y novelistas de Londres y Pares. Allí Natalicio Talavera recibió estímulos para traducir "Grazíella" de Lamartine, y fundar su revista "La Aurora". Para Elisa Lynch fue la primera caja de música y el primer piano un Blondell, en el cual Dupuis y Parodi ensayaron por vez primera el Himno Nacional.

Ella difundió la moda de los retratos pintados o a daguerrotipo, que hacía Rosetti en su escuela de dibujo y pintura. Invitaba a concurrir a la casa de don Cayetano     donde José Batiglione, todas las noches desde las siete, permitía por dos reales el acceso a un llamado "Gabinete Diorámico" en el cual la linterna mágica proyectaba vistas de Londres y París, de Nápoles y Turín".

Terminado el vendaval del 64-70, en que participó hasta el último momento, Elisa Lynch fue víctima de la calumnia y la difamación. Entonces ella, en su "Exposición y protesta", se defendió así:

"He sido acusada de los actos internos de la política del Mariscal López y se me ha responsabilizado de la guerra que llevaron al Paraguay tres naciones, como del sacrificio heroico con que ese pueblo se inmortalizó, pereciendo con su jefe, en más de cinco años de guerra, sin ejemplo en América, y puede decirse, en el mundo... El pueblo que supo morir sin quejarse, prefirió el sepulcro a la humillación, y adquirió una página tan heroica en la vida de la humanidad, no ha de tener por sucesores a los que reniegan y guardan sus bríos para insultar bajo el anónimo a mujeres en la desgracia ... La persona que es criminal      no busca quien la juzgue, huye de la justicia y yo no sólo la desafío en Buenos Aires, sino que voy a desafiarla a la misma Asunción. Allí espero encontrar a mis acusadores y a mis calumniadores; lo único que les pido es que se presenten a probar lo que vienen vociferando desde hace cinco años, embozados en el anónimo y huyendo hasta de la responsabilidad de sus calumnias ... Lejos de haber sido apedreada, fui recibida con las manifestaciones más conmovedoras de las mujeres que viven allí de su trabajo, que tienen la virtud de estar dispuestas al sacrificio en todos los lances que ponen en peligro la nacionalidad; de las mujeres virtuosas y madres de aquella generación que enseñó a morir por la patria... Los que me han hecho cargos fueron los que desertaron del ejército, los que se pusieron en las cartucheras de los aliados para entrar a la conquista de su patria, los que sirvieron de guías a los brasileños para penetrar en el Paraguay, y acelerar así el exterminio de un pueblo que ha de cubrir con su grandeza y su heroicidad las manchas que arrojaron sobre su nombre los traidores a su bandera".

LAS DONANTES DE JOYAS

Hace hoy exactamente 108 años, a esta misma hora (8 de la noche), se realizaba en Asunción, en la Plaza 14 de Mayo, una gran asamblea femenina.

Allí se labró un acta, que fue firmada por 200 mujeres. Dicho documento expresaba que "con el propósito de concertar los medios de llevar a debido efecto él patriótico sentimiento que ha nacido en su seno, todas las ciudadanas han manifestado con noble espontaneidad y generoso desprendimiento los sentimientos de abnegación y patriotismo de que se hallan animadas, ofreciendo todas las alhajas que hacían el adorno personal de la ciudadana paraguaya en los días de la paz pública. No podían tener en los de prueba destino tan hermoso, ni colocación más conveniente, que forjando la ofrenda de las hijas de la patria para contribuir a la defensa y afianzamiento de la soberanía nacional".

Se acordó asimismo "mandar hacer un libro elegante para consignar en él el documento de ofrenda del bello sexo nacional, en términos convenientes, que firmarán 200 señoras y señoritas. En el mismo libro se consignarán las copias de las actas respectivas, tanto de la reunión de la Capital como de las de la campaña". Se resolvió que el libro debía ser con tapa de oro finamente trabajado y repujado.

Ese "Libro de Oro", que contiene el acta de la Capital y las 72 actas de las poblaciones de toda la República, fue llevado durante la. Guerra del 64 - 70 al Museo Histérico de Río de Janeiro.

Asimismo, 50.000 documentos paraguayos del Archivo Nacional sobre nuestra historia colonial, las invasiones bandeirantes, las cuestiones de límites, etc., fueron también llevados y, bautizados con el nombre de "Colección Vizconde de Río Branco", se encuentran hoy en la Biblioteca Nacional de Río de Janeiro.

Esa noche, en la gran asamblea femenina de la Plaza 14 de Mayo; se pronunciaron numerosos discursos. Uno de ellos, el de la señora Teresa Silva de Lamas, decía así:

"En esta guerra cruel que nos hacen tres naciones he perdido a mi esposo y a otros seres queridos, no quedándome en la desgracia más que mis hijos y mis alhajas. Demasiado pequeños los primeros para ofrendarlos, vengo a depositar en el altar de la patria todas mis joyas para que ellas contribuyan a la defensa de nuestra bandera".


 

MUJERES DEL EXODO DE NUESTROS DIAS

 

LA RECONSTRUCTORA DEL 70

Durante la Guerra del 64-70, que sostuvo el Paraguay en defensa de su independencia, fue necesario desocupar el litoral y, por tanto, evacuar la capital. Un decreto del 22 de Febrero de 1868 ordenaba "que dentro de las 48 horas la población se retire a los puntos que señalará el Departamento de Policía".

Ello significaba hambre, miseria; agotamiento, muerte, pero todo era preferible a quedar a merced del enemigo.

Se asignaron a los peregrinantes distintas residencias por zonas. Los diversos puntos de residencia se fueron trocando por otros situados cada vez más al noreste, hasta llegar a Cerro Corá. Como ya tenían fijados con antelación sus diferentes destinos, su residencia, nació el nombre de "Residenta", dado que la mayoría eran mujeres. Esta palabra, inexistente en el diccionario, es contraria a lo que debiera significar. El patético éxodo fue emprendido, en pos de la bandera, por las mujeres, los ancianos y los niños ante la inminente llegada del invasor.

Esa admirable mujer de nuestra tierra, que participó con abnegación en la epopeya, se consagró después por entero a la reconstrucción del país. A la etapa peregrinante se agregó la portentosa labor de la post-guerra.

Tras 5 años de lucha la patria quedó hecha escombros. "Ella -como dice una escritora- se multiplicó en mil partes para ser madre y padre; maestra y educadora; empuñó el arado; fundó escuelas y asilos para acoger a los niños en total orfandad; fue artesana y sentó las bases de la economía nacional.

Ahogando el llanto y reprimiendo el dolor por tanto duelo, la Reconstructora del 70, con abnegación y sacrificio admirables, obró el prodigio de gestar una patria nueva. Esa mujer, humilde o encumbrada, que tras perder todos sus afectos y sus bienes, supo sacar fuerzas de flaquezas y escribió una de las páginas más bellas y dramáticas de la historia americana".

LAS EDUCADORAS

La mujer paraguaya desempeñó un papel preponderante en la educación del pueblo. Citar a todas sería una tarea fatigante. La limitación de tiempo nos obliga a compendiar en unos pocos nombres ese meritísimo sector de nuestra comunidad.

Asunción Escalada de Sosa, descendiente de educadores, que fundó la 1a Escuela Normal. Rosa Peña de González, que fundó 24 escuelas y el Asilo Nacional. Adela Speratti, que fundó la Escuela Normal de Profesores. Y María Felicidad González, que dirigió dicho establecimiento durante tantos años y escribió varios libros sobre Pedagogía.

LAS ENFERMERAS DEL CHACO

Cuando el Chaco Paraguayo fue hollado por plantas extranjeras, que avanzaban con un moderno equipo de ametralladoras, cañones, morteros, tanques y lanzallamas, los paraguayos se aprestaron una vez más a defender la patria. También las mujeres, las enfermeras, dieron su invalorable aporte. Su abnegación no tuvo límites. Pero fueron también tantas que sólo las condensaré en dos nombres. Pastora Concepción Céspedes, enfermera del Chaco, que luego levantó su rancho al lado de la tumba de su hijo y vivió allí muchos años hasta que Dios la llamó a su seno. Y Marietta Carnevale, la del eufónico nombre itálico, que en los hospitales de Asunción no sólo atendía día y noche a heridos y enfermos, sino que fue un médico de almas que les llevaba consuelo y alegría.

LAS INTELECTUALES

Teresa Lamas Carísimo de Rodríguez Alcala, con sus libros "Tradiciones del Hogar" y "La Casa y su sombra", y Concepción de Chaves, con sus obras "Tava-í", "Río Lunado" y "Madame Lynch", inician la serie de notables literatas que surgen en nuestro país. Las sigue la española Josefina Pla, poetisa, cuentista, autora teatral, crítica y ceramista, que trabaja intensamente por la cultura paraguaya desde hace 48 años. Y posteriormente aparecen Ana Iris Chaves de Ferreiro, novelista de garra, y Beatriz Rodríguez Alcalá de González Oddone, de prosa castiza y armoniosa.

La primera paraguaya. que obtiene el título de Profesora Titular de la Universidad es la Dra. Elva Colunga de Fuster.

La primera que llega a Decano de una Facultad, la de Filosofía, es la Dra. Gladys Solano López.

Entre las muchas destacadas historiadoras que han publicado interesantes trabajos de investigación podemos citar a la Dra. Idalia Flores de Zarza, la Dra. Olinda. Massare de Kostianovsky y la Lic. Julia Velilla de Arréllaga.

Una paraguaya es actualmente Presidenta de la Comisión Interamericana de Mujeres: Isabel Arrúa Vallejo.

LAS ARTISTAS

El Paraguay cuenta con excelentes pintoras, tales como Ofelia Echagüe Vera, Olga Blinder, Alicia Bravard, Lily del Mónico, Edith Jiménez, Monserrat Solé y Lotte , Schulz.

También cuenta con concertistas de la talla de Susana Elizeche de Codas, María Victoria Alfaro y Nelly Jiménez.

Cantantes hondas y dulces como Sofía Mendoza, María Clotilde Balmelli, Amelia Gómez del Puerto y Amambay Cardozo Ocampo.

Actrices que desde el tinglado y entre bambalinas y candilejas nos hacen reír y llorar, como María Elena Sachero, Edda de los Ríos y Emigdia Reisofer.

Y recitadoras de la categoría de Gloria Gavilán de Bordenave, María Elena Villagra de Gill y Gloria España de Gutiérrez.

 

 

EL PROGRAMA COLORADO

 

Cuando en 1930 un grupo de jóvenes se afilió al Partido Colorado, presentó un proyecto de Programa. El Art. 9 decía: "Intensificación de la protección de la maternidad". Y el Art. 13 decía: "Prohibición del trabajo de las mujeres en todas las industrias que hagan peligrar la maternidad y la salud general". Dicho Programa fue aprobado en la Convención del 2 de Marzo de 1938.

En otro Programa, aprobado por la Convención del 23 de Febrero de 1947, el Art. 9 decía: "Igualdad civil y política de ambos sexos". El Art. 92 decía: "Pago a la mujer de igual salario que al hombre por igual trabajo". El Art. 93 decía: "Permiso a la mujer, con goce de sueldo, 26 días antes y 30 días después del nacimiento del niño". Y el Art. 96 decía: "Prohibición del trabajo de las mujeres en las industrias que hagan peligrar la maternidad".

Algún tiempo después, cuando el Partido Colorado advino al gobierno, el Congreso Nacional dictó leyes que concretizaron esos anhelos.

Y, más tarde, la Constitución Nacional de 1967 en su Art. 51 dice: "Esta Constitución consagra la igualdad de derechos civiles y políticos del hombre y de la mujer".

 

 

PALABRAS FINALES

 

Al proclamar a 1975 como Año Internacional de la Mujer, la Organización de las Naciones Unidas procura integrar a la mujer en el esfuerzo del desarrollo y acentuar la contribución que ella puede aportar en el fortalecimiento de la paz.

Como decía días atrás un matutino: "Dos mil años de pensamiento cristiano aún no han bastado para que cesen discriminaciones y menoscabos de todo orden, desde los que la relegan a un rol social inferior al del hombre hasta los que la diferencian económicamente en la retribución de un trabajo exactamente igual. La contribución que la mujer puede brindar a la causa mundial de la paz -hoy más que nunca necesaria- es incalculable. Ella mejor que nadie puede comprender y valorar el bien supremo de la paz".

Y refiriéndose a la mujer paraguaya, agregaba: "Ella fundó la raza; trabajó y combatió junto al hombre y, cuando las circunstancias se lo exigieron durante y después de dos sangrientas guerras, siguió trabajando sola, incluso en el desamparo y la miseria, hasta volver a levantar a la nación. Y esa mujer paraguaya de ayer no ha cambiado en la de hoy. Es siempre fundamentalmente la misma: la que no conoce de penas ni cansancios que puedan quebrar su temple. Es imposible, pues, negarle ninguno de sus legítimos derechos, sea en el hogar, en el trabajo o en la educación, ni hacerla objeto de ninguna discriminación".

En efecto, deben merecer todo nuestro respeto y toda nuestra simpatía tanto las escritoras como las artistas, las profesionales, las maestras, las amas de casa, las funcionarias, las empleadas, las artesanas, las obreras y las campesinas.

Porque hoy, como ayer, con talento, con amor, con abnegación y sacrificio, la caravana femenil sigue atravesando la historia paraguaya.


 

ALEMANIA, PUEBLO DE PENSADORES Y POETAS

 

Una rápida visión de la historia de Alemania demuestra que ésta se caracteriza por sus altibajos.

Con la coronación de Carlomagno como Emperador por el Papa, el año 800, surgió el Sacro Imperio Romano Germánico (formado por Alemania, Francia e Italia), que dio a los pueblos del centro de Europa una estructura homogénea y una paz duradera.

Luego el Imperio se dividió. En la rama alemana se fueron destacando Otón I (936), Maximiliano (1493) y Carlos V (1519).

La Guerra de los Treinta Años (1618-48), originada por motivos religiosos, terminó con el Tratado de Westfalia (firmado simultáneamente en Munster y Osnabruck).

El territorio germánico se repartió en 2.000 enclaves. "Una chapucería extravagante, una obra de remiendos" como dice H. G. Wells.

Por el predominio dentro del Sacro Imperio Romano Germánico entablaron dura lucha (1740) Federico II el Grande de Prusia y María Teresa de Austria. Si bien el primero se posesionó de Sílesia, no logró substituir la dinastía reinante del Imperio.

Napoleón derrumbó toda la antigua estructura de los países germánicos. El emperador Francisco II de Austria abdicó la corona y fue abolido el Sacro Imperio Romano Germánico (1806).

A la caída de Napoleón, el Congreso de Viena (1815) se encargó de reconstruir la trastornada Europa, pero no satisfizo las aspiraciones de las nacionalidades.

Guillermo I de Prusia (1861), bajo la inspiración del Primer Ministro Bismarck, venció sucesivamente a Dinamarca, Austria y Francia. En el Palacio de Versalles fue creado un Imperio Alemán y Guillermo I, Rey de Prusia, recibió el título de Emperador (1871) . Así quedó fundado el II Reich.

Federico III, su sucesor, murió a los 3 meses de su reinado. Le sucedió su hijo, Guillermo II (1888). Para terminar con la oposición democrática del Parlamento, sujetar a su pueblo a la obediencia, ganarse los mercados exteriores y reivindicar territorios en África, desencadenó la I Guerra Mundial (1914-18). Después de las primeras victorias, ante el cerco de los aliados, huyó a Holanda. El Tratado de Versalles impuso la paz. Así terminó el II Reich.

La Constitución de Weinzar (1920) organizó la República, cuyo primer Presidente fue el socialista Federico Ebert. Le sucedió el Mariscal Paul von Hindemburg. El austriaco Adolfo Hitler supo arrastrar a los descontentos prometiendo el advenimiento de una "comunidad popular" y la liquidación del Tratado de Versalles. El Presidente Hindemburg designó a Hitler Primer Ministro (1933). Así comenzó el III Reich.

Hitler transformó la República democrática en una dictadura y dominó con el terror. Hizo incendiar el Parlamento, creó campos de concentración, dictó leyes para perseguir a los judíos y creó un Estado totalitario, apoyado en un partido único.

Ocupó Renania, Austria, los Sudetes (parte de Checoslovaquia) y luego el resto de ese país. Pero cuando ocupó Dantzig (Polonia), desencadenó la II Guerra Mundial (1939-45). Después de apoderarse de casi toda Europa Occidental, Hitler fracasó ante una gran ofensiva aérea de los Aliados y se suicidó. Así terminó el III Reich. La II Guerra Mundial causó 50 millones de muertos.

Los criminales de guerra hitlerianos fueron condenados por el Tribunal de Nuremberg. Los. vencedores rompieron sus lazos de unión después de la victoria. Y Alemania fue dividida en 2 Repúblicas: Occidental (democrática) y Oriental (comunista). La primera de ellas, bajo la experta dirección de estadistas cómo Adenauer; Erhard y Willy Brandt, puede sentirse orgullosa de sus

éxitos económicos, de su reconstrucción interior y de su expansión industrial.

***

El arte alemán arranca de la época de Carlornagno, con la arquitectura monumental de piedra. La construcción fundamental es la Catedral de Aquisgrán (804).

La arquitectura, románica, que se inició en 1030, está representada por las catedrales de Maguncia, Worms, Tréveris y Bonn.

El arte gótico, la arquitectura ojival, fue en Alemania de importación francesa. Así surgieron las catedrales de Colonia y Estrasburgo.

El siglo XV y la civilización burguesa dan un lugar de honor a la arquitectura civil, a causa del desarrollo extraordinario de las ciudades. Algunas de estas adquieren entonces su aspecto pintoresco, justamente famoso.

Albrecht Dürer (Alberto Durero) personifica el Renacimiento alemán. Nacido en Nuremberg en 1471, estudió en talleres alemanes y luego de visitar Italia, publicó la serie de xilografías del "Apocalipsis", grabó sus primeros cobres y pintó sus primeros óleos importantes. Después de un segundo viaje a Italia, produce las famosas láminas del "Caballero con la Muerte y el Diablo", la "Melancolía" etc. Después de haber pasado varios años secundando las empresas artísticas del Emperador Maximiliano, se traslada a Holanda. Luego, aunque enfermo, produce sus mejores retratos y los dos cuadros de los "Apóstoles" (Pinacoteca de Munich.), que constituyen su testamento intelectual. "Compleja es la naturaleza de este hombre, dice Pierre du Colombier. Ya ha dejado de ser el artesano de la época precedente; ya es él artista del Renacimiento, amigo de los sabios, recibido por los grandes, ávido de ahondar, con sus escritos, en los problemas del arte, ávido asimismo de un perfeccionamiento moral que se figura hallar en las doctrinas de Lutero. Dibujante prodigioso, más dibujante que pintor, conserva una afición natural a los arabescos complicados, a las formas nerviosas del siglo XV; pero, al propio tiempo, por haber estudiado con pasión el desnudo y por haberse familiarizado con el arte antiguo, de manera más o menos inmediata, forma parte de los grandes renacentistas de su época, Vinci o Rafael, en su ideal de sencillez plástica y de belleza regular''.

Entre los grandes pintores alemanes no puede dejar de citarse a Lucas Cranach (1472) y a Hans Holbein (1479).

Alemania fue terriblemente castigada por el azote de la Guerra de los Treinta Años.

Esto hizo que durante largo tiempo el arte quedara estancado.

Una paz y una prosperidad bastante generales durante todo él siglo XVIII permitieron una resurrección brillante en la arquitectura. Cabe distinguir 2 corrientes principales: la italiana y la francesa. Los alemanes supieron realizar con ellas una síntesis original. Es en esta época que Federico II el Grande de Prusia, amigo de Voltaire; hace construir el palacio de Sans-Souci, de estilo barroco o rococó. Se generalizan las residencias principescas rodeadas de jardines y parques magníficos. E infinidad de fábricas alemanas produjeron esos graciosos grupitos de porcelana impropiamente denominados "de Sajonia".

A fines del siglo XIX florece el "jugendstil" (estilo de la juventud), movimiento decorativo, de motivos inspirados en formas vegetales, que floreció asimismo en otros países con el nombre de "Art Nouveau". El catalán Gaudí lo exageró en su templo de la Sagrada Familia, el Parque Güell y numerosos edificios de Barcelona.

Lembach (1836), de técnica prodigiosa y preciosista, fue el retratista oficial de los vencedores de 1870, Guillermo I y Bismarck.

Los bombardeos aéreos de 1944 destruyeron parcialmente antiguas ciudades, de inapreciable mérito histórico y artístico.

***

La filosofía y la literatura alemanas han dejado profundas huellas en la cultura universal. Entre los filósofos basta citar a Kant, Fichte, Schelling, Hegel, Krause, Schopenhauer, Marx, Nietzsche y Heidegger. Y entre los literatos a Klopstock, Lessing, Goethe, Schiller, Hoffmann, Heine, Thomas Mann, Remarque y Hermann Hesse.

Johann Wolfgang Goethe, genio universal, escritor fecundo, una de las más altas inteligencias que han existido, nace en Fráncfort en 1749. Pasa su infancia en su ciudad natal y va luego a Leipzig y Estrasburgo a estudiar Derecho. Allí publica sus bellísimos "Lieder" o canciones de amor, que ponen ya de manifiesto lo que será toda su poesía íntima y la frescura y armonía de sus emociones. Posteriormente, "Las cuitas del joven Werther", novela epistolar, alcanza un éxito sin precedentes. Más tarde, Goethe es nombrado en Weimar consejero de la corte del duque Carlos Augusto; la vida palaciega tiene allí un sabor francés, imitación de Versalles. "La larga estancia de Weimar -dice Ortega y Gasset- rompió el auténtico destino de Goethe, que era el de crear una verdadera literatura alemana, y lo convirtió en un gran poeta universal, pero no genuinamente germánico". Pasa luego dos años en Italia. A su vuelta publica "Fausto", el drama filosófico-poético que constituye su obra cumbre. Y después su poema "Hermann y Dorotea" y sus novelas "Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister" y "Las afinidades electivas". Aparece finalmente la segunda parte de "Fausto". Un viejo sabio, Fausto, decide entregar su alma al diablo, Mefistófeles, a cambio de la juventud. El demonio ayuda al rejuvenecido Fausto a seducir a la ingenua Margarita, que se ve posteriormente abandonada en beneficio de Elena. En la segunda parte, llena de abstracciones y simbolismos, Fausto es absuelto de todos sus errores y pecados gracias a la intercesión de Margarita.

"Pueblo de pensadores y poetas" se ha llamado con razón a Alemania. La honrosa denominación se debe a los logros de los grandes alemanes de todos los tiempos. Y se debe también al hecho de que con la invención de la tipografía (impresión con caracteres móviles) dio Johann Gutemberg desde 1445 un gran impulso a la difusión del libro.

El panorama cultural es en Alemania extraordinariamente variado. No obstante las enormes destrucciones causadas por la guerra, el país ha sabido conservar su legado cultural, Escritores, compositores, pintores y arquitectos extranjeros van a Alemania, mientras que los alemanes se trasladan a otros países.

A los aficionados a las artes plásticas se les ofrece en casi todas las ciudades exposiciones de artes y salas privadas, magníficos museos y, en conexión con los archivos municipales y provinciales, interesantes colecciones de incunables y manuscritos. Los museos más importantes de Alemania se hallan en Berlín, Colonia, Wiesbaden, Fráncfort, Stuttgart y Munich.

Actualmente hay en Alemania 43 Universidades, 5 Universidades de Teología Evangélica y 9 de Teología Católica, 27 Academias de Arte y 43 Escuelas Superiores de Pedagogía.

Agréguese a esos datos los siguientes: en Alemania hay 2.458 editoriales, 6.580 librerías y el año pasado se publicaron 42.957 obras.

Así es Alemania, pueblo de pensadores y poetas.


 

LA FERIA DEL LIBRO DE FRANCFORT

 

Sonó el teléfono. Levanté el auricular. Era la voz amiga del Dr. Raúl Peña, Ministro de Educación, que me ofrecía ir como Representante del Paraguay a la Feria del Libro de Fráncfort. Me encomendaba elaborar una lista de 124 libros paraguayos seleccionados y buscarlos en las librerías asuncenas para ser remitidos a dicha feria. Algunos meses después, volando sobre el Brasil y sobre el mar, debía ir de Asunción a Fráncfort y organizar allí el Stand "Libros del Paraguay".

En la Feria del Libro de Fráncfort, la más grande del mundo en su género, participaron el año anterior 59 países, presentando 250.000 títulos; y concurrieron a la exposición 122.313 visitantes. Quizá por primera vez el Paraguay iba estar representado. Allí se brindaría a los visitantes amplias informaciones sobre la materia y al regreso se trasmitiría al mundo del libro paraguayo las experiencias adquiridas.

La invitación era tentadora. "Hijo y nieto de camborios", decía García Lorca con su gitano gracejo. Librero y nieto de librero, podrían decir de mí. En efecto, paralelamente a mis labores de escritor y profesor universitario, algunos años trabajé como tal. Fundé en Asunción "Casa América" y más tarde la "Librería Salazar". En mis días de destierro en Buenos Aires colaboré en la "Librería Kraft" y después en la "Librería Anticuaria El Retiro". Y más tarde, Embajador del Paraguay en París, era asiduo visitante de los bouquinistes de los muelles. Acepté, pues, gustoso el encargo del Ministro Peña.

Poco después recibí, por intermedio del distinguido Embajador Christoph Becker von Sothen, una honrosa invitación del Gobierno de la República Federal de Alemania para, terminada la Feria de Fráncfort, visitar museos, bibliotecas y universidades en Bonn, Heidelberg, Munich, Hamburgo y Berlín. El itinerario comprendía, además, viajes por el Rhin, castillos medievales, teatros, fin de semana en la granja de alguna familia alemana, etc. Y finalmente pronunciaría en el Instituto Ibero-Americano de Berlín conferencias sobre temas paraguayos.

La tentación se hizo, pues, más intensa. Aquello significaba recorrer la patria de Kant, de Goethe y de Dürer, cumbres de la filosofía, la literatura y la pintura alemanas. La palpitante vida y el bullicio de las metrópolis. Las pequeñas y románticas ciudades llenas de ensueño. Alegres excursiones en barco por los ríos, entre selvas y viñedos. Castillos rodeados de foso, con puente levadizo y chimeneas de crepitante fuego. Espectáculos famosos de ballet y opereta. Rústicas cabañas de madera de los labradores. Buhardillas que cobijan a pintores y poetas que sueñan con la fama y a sus compañeras que sueñan con el anillo de matrimonio….

***

El vuelo a Europa es una maravilla. Los desagradables "pozos de aire" de antes han sido superados, volando bien alto. A 11.700 metros de altura el avión se desliza con la suavidad de una pluma. El crepúsculo se esconde tras la curvatura de la tierra como una inmensa llamarada de fuego. Descendiendo luego, Sao Paulo y Río de Janeiro brillan en la noche como dos joyas cubiertas de diamantes. Y a ascender de nuevo, viendo ahora una película en la ancha sala de la aeronave. A las 4 de la mañana nos despierta una dulce aurora que se eleva, no sobre el mar, que no se ve, sino sobre un espeso colchón de nubes que lo cubre todo. Hacemos escala en Dakar, que nos recibe con su vegetación exuberante, su calor intenso y sus negros ataviados de fez y chillonas túnicas bordadas. Luego Munich, con sus verdiobscuros bosques de pinos y sus miles de casas de inclinados techos rojos o azules. Y, finalmente, Fráncfort.

La Feria del Libro de Fráncfort es algo grandioso. Dentro de un pabellón gigantesco, resplandeciente de luces, un laberinto de pasillos conduce a les diversos stands, mientras un público de miles de visitantes se renueva constantemente. Este año concurrieron 3.700 editoriales del mundo, provenientes de 43 países. De éstos, 7 eran hispanoparlantes: España, México, Nicaragua, Venezuela, Bolivia, Paraguay y Argentina.

La inauguración se realizó el 9 de Octubre, en el Congresshale. La feria funcionó desde el 10 hasta el 15, de 9 a 19 horas, es decir 6 jornadas de 10 horas diarias.

El Burgomaestre de la Ciudad ofreció el 10 una recepción en la Sala de los Emperadores, del Romer (Municipalidad). El Director de la Feria agasajó el 12 con una cena en su residencia de Maíntal-Hochstadt. Y el Magistrado de la Ciudad brindó el 13 una función en el Teatro de la Opera.

Un alemán, al ver el letrero "Libros del Paraguay", exclama eufórico: "Un gran saludo a ese hermoso país!". Un joven mennonita paraguayo expresa su deseo de volver: "aquí estoy trabajando, estudiando, preparándome; pero yo debo regresar a mi patria". Muchos editores extranjeros y estudiantes paraguayos informan y preguntan.

Los temas más solicitados por el público son: lengua guaraní, música paraguaya, folklore paraguayo, mapas del Paraguay, además de oportunidades para la inversión de capitales.

Una editorial desea firmar contrato con escritores paraguayos para publicar una antología de cuentistas modernos. Otra quiere traducir al alemán la obra de un autor paraguayo. Otra interesa hacerlo en inglés. Otra desea adquirir libros sobre música paraguaya. Otra quiere adquirir mapas del Paraguay. Otra interesa publicar un libro con ilustraciones sobre el Paraguay...

Terminada la Feria del Libro de Fráncfort, el Gobierno del Paraguay donó 100 libros al Instituto Ibero-Americano de Berlín y 24 libros a nuestra Embajada en Bonn.

Esperamos que la Feria del Libro de Fráncfort contribuya para la madurez en las relaciones de ambos países, vinculando a escritores, editores y libreros, a fin de que la cultura y el arte paraguayos abran el camino hacia Europa.

 


LA CASA DE MI ABUELO

 

El Ministro de Educación me había designado Representante del Paraguay en la Feria del Libro de Fráncfort. El Gobierno de la República Federal de Alemania me invitaba a visitar museos, bibliotecas y universidades en varias ciudades.

Pero surgía un hueco, una laguna, algo trunco en la perspectiva de aquél magnífico viaje. Me resultaba absurdo visitar la tierra de mi abuelo y regresar sin conocer su casa solariega.

Juan Quell era de Bederkesa, un pueblecito situado entre Bremen y Hamburgo. Nació en 1857, siendo un adolescente vino a Asunción en 1870, aquí constituyó su hogar y aquí fundó la "Librería Nacional" de Quell y Carrón, la primera establecida en el Paraguay, que pasó durante 50 años irradiando cultura.

En su libro "El Paraguay en marcha" decía José Rodríguez Alcalá: "La Librería Nacional ha sido uno de los factores más eficaces del desenvolvimiento intelectual de la República. Como introductor de libros y a la vez como editor, son incalculables los beneficios que la cultura del país debe a la librería del señor Juan Quell. Es éste un nombre que quedará vinculado para siempre a la historia de la intelectualidad paraguaya". Su hermano Enrique se había dirigido a Estados Unidos y residía en Brooklyn, donde formó familia. El otro hermano, Germán, permaneció en Bederkesa. Transcurrieron muchos años. Un día, los tres hermanos se citaron en su pueblo natal. Allí celebraron con emoción el reencuentro fraterno. Y luego los dos viajeros regresaron a América.

El problema consistía en esto: ¿cómo encontrar la casa de mi abuelo? En el Registro Civil, al inscribir a un niño ¿existiría la modalidad de indicar la calle y el número de la casa donde nació? Con la defunción de Germán ¿quién sería ahora el propietario de la casa? De dos hermanos que partieron a América hace 100 años y de un tercero que murió hace 50. ¿Tendrían noticias

los actuales habitantes de Bederkesa?

En realidad, la búsqueda no dejaba de resultar una fascinante aventura.

Y, acicateado por la incertidumbre, partí a Alemania.

***

Concluida la labor de la Feria del Libro, que duró una semana, aproveché el único día libre que tenía en Fráncfort para conocer sus lugares célebres y rincones pintorescos.

Ciudad tradicional y moderna, Fráncfort cuenta con casas medievales, palacios rococo, edificios "Jugendstil" y numerosos rascacielos. Posee grandes tiendas e intenso tránsito. En materia de finanzas tiene el monopolio de Alemania. Todos los grandes bancos tienen allí su sede central. Anualmente organiza la mundialmente famosa Feria del Libro. Y es el centro de una gran zona industrial.

Los árboles otoñales lucen sus copas doradas y bermejas. La mañana gris y fresca convida a deambular, recorriendo con paso reposado las viejas calles de la ciudad.

En el centro se encuentra la Catedral Gótica de San Bartolomé. Construida en el siglo XIII -o sea, hace 700 años- en la greda roja del río Main; levanta su torre de 94 metros que ofrece una hermosa vista sobre la ciudad extendida a sus pies. Es allí donde eran electos y coronados los emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico. El magnífico monumento de piedra nos habla de aquella época lejana.

El Rómer es una residencia con 3 frontispicios escalonados en estilo gótico, situado frente a la plaza principal. Su nombre viene del antiguo propietario de la casa, que hizo un peregrinaje a Roma. "Haus zum Römer", la casa del romero, del peregrino, del que hizo un viaje por devoción. En 1405 -hace 500 años- la vieja mansión burguesa fue adquirida para instalar en ella la Municipalidad. En la primera planta se encuentra la Sala de los Emperadores. Allí los monarcas del Sacro Imperio Romano Germánico ofrecían el banquete de la coronación. En los nichos de la sala se encuentran sus retratos, vistos por los pintores del romanticismo.

Cerca del Rómer se encuentra la casa de Wertheim, primorosa arquitectura medieval de 3 plantas, con fachada entramada y grandes buhardillas en lo alto. Su venerable antigüedad tiene 500 años, pues fue edificada en 1479. Un almuerzo en el restaurant típico de la planta baja, con sus muebles rústicos, faroles multicolores, cerámicas lugareñas y grabados antiguos, es algo inolvidable.

Al salir y regresando frente al Rómer, más allá se encuentra la plaza de San Pablo, donde se transita bajo grandes arcos sobre los cuales destacan su silueta severa y elegante edificios que completan la Municipalidad.

La Torre de Eschersheim, pintoresco vestigio de las antiguas fortificaciones medievales, construida en 1426, se eleva con sus 5 picos desde hace 500 años, formando hoy un original contraste con los modernos rascacielos que la rodean.

Finalmente se llega a la rasa de Goethe, que se ha convertido en un lugar de peregrinación de la humanidad culta. Todo el mundo queda profundamente impresionado al pasar por los sitios donde vivió el ilustre poeta. La decoración de sus interiores, su mobiliario perfectamente conservado, sus ricas colecciones, pinturas y manuscritos trazan un retrato de Goethe y su familia. Son interesantes también desde el punto de vista histórico y social, pues constituyen un testimonio de la civilización burguesa del siglo XVIII.

Pero lo más evocativo es su amplia biblioteca, cuyos gruesos volúmenes cubren 3 paredes. En ese ambiente de recogimiento y meditación, están en un rincón la mesa y la silla donde él escribía. Unos tenues rayos de sol se filtran tímidamente por la ventana. Mientras, en la tarde otoñal, como en los tiempos de Goethe, un castaño va deshojando lentamente su follaje bermejo. . .

***

Está visto que el azar, lo fortuito, lo imprevisto, es un factor decisivo tanto en la vida de los hombres como en la de los pueblos. Terminaba mi paseo de aquel día por las calles de Fráncfort cuando súbitamente caí enfermo. Me vi obligado a cancelar la gira que debía comenzar al día siguiente y de inmediato regresé a la patria.

Ciudades hermosas, museos, bibliotecas, universidades, paseos náuticos, teatros, granjas, castillos medievales ... en castillos en el aire se convirtieron en unos minutos. Y lo mismo ocurría con la casa de mi abuelo.

Yo había adelantado algo en mis investigaciones respecto a ella. Según parece, Germán Quell (hermano de mi abuelo) no nació en Bederkesa, sino en un pueblecito cercano, Neuendam. (Probablemente también sus dos hermanos). Luego Germán se trasladó a Iselersheim, donde nació su hijo, a quien puso el nombre de su hermano: Johann Henrich Quell (exactamente el nombre de mi abuelo). Años después la casa se incendió y la familia se mudó entonces a Bederkesa. (Allí se produjo el reencuentro de los tres hermanos). Dos nietos de Germán (Ernst y Willi Quell), primos segundos míos, aún viven en Bederkesa. Ellos me habrían conducido quizá a la casa solariega de Neuendam. Y yo habría podido perpetuar en la cámara fotográfica su añosa imagen.

Me la figuro con su fachada entramada, sus ventanas con vidrios de colores, su techumbre inclinada de pizarra luciendo una coqueta buhardilla, sus interiores con muebles y enseres de la época y un patio donde; recostado contra el tronco de un álamo, un niño rubio de ojos celestes sueña con la lejana América... Pero estaba escrito que no la conocería.

Y allá se queda la casa de mi abuelo, intacta, suspendida en el aire, flotando en el tiempo y la distancia, esfumada de nostalgia y lejanía.

 

 

 

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